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Sitges 2013: Only god forgives, un desafío al espectador

only-god-forgives-poster-3Plano cenital de un cuadrilátero, niños peleando en un combate de boxeo thailandés, rojo, pasillos interminables, la impasibilidad del rostro de Ryan Gosling, jóvenes (casi niñas) prostituyéndose, planos de composición milimétricamente geométrica, una violación en elipsis, un policía hacedor de justicia como un dios vengativo…  Ya el prólogo de Only god forgives deja claro que en esta ocasión Nicolas Winding Refn no se lo va a poner fácil al espectador. El danés nos enfrenta a una historia de venganza para la que ha elegido una puesta en escena estilizada hasta rayar lo críptico que le ha valido más de un bufido de la crítica (y el abucheo en Cannes, según leemos). Es una de esas películas que echan un pulso al espectador, a sus sentidos y a su inteligencia, no sólo para poder entender las imbrincaciones de su historia sino también las elecciones formales para contarla.

Ryan Gosling es Julian, hijo menor de Crystal (Kristin Scott Thomas), que ha huido a Thailandia prófugo de EE.UU. para encargarse del negocio de estupefacientes bajo la tapadera de un club de boxeo. Su hermano mayor es asesinado (¿ajusticiado?) tras haber violado y matado brutalmente a una prostituta adolescente. Crystal llegará a Thailandia sedienta de venganza, decepcionada por la actitud de Julian. Al otro lado como némesis encontramos a Chang (Vithaya Pansringarm) policía retirado (como revela su atuendo, según afirma Refn), auténtica figura arquetípica que se erige como símbolo de una justicia que está por encima del bien y del mal.

Esa trama de venganza que podría ser el argumento de una película de kárate de los setenta, en manos de Refn deviene un relato mitológico sobre el pecado, la culpa (del protagonista, pero también de un Occidente que convierte a Oriente en su tercermundista esclavo sexual), la relación edípica, la impotencia emocional, la autodestrucción y la redención a través del castigo que no del perdón, porque sólo los dioses podrían perdonarnos. Todo ello enmarcado con grandes dosis de violencia y de momentos visuales de profunda carga simbólica, a destacar la pelea entre Chang y Julian (auténtica paliza del primero al segundo) rodada con planos generales que permiten ver toda la fisicidad del combate.

only god forgives

Old god forgives no es una película fácil y ha dividido tanto al público como a la crítica, para algunos sólo puede odiarse visceralmente o amarse incondicionalmente. Para quien esto escribe, sin embargo, se emplaza en una «tercera vía», no la ubicaríamos entre las películas que pueden agradar o no, porque no le habla a las emociones sino que es un jeroglífico dirigido al ingenio. Insana e hipnótica a partes iguales se quedará adherida a nuestra reflexión hasta mucho después de su visionado.

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