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Con ‘Haunted Love’ llegan los mejores comics de terror americanos Pre-Code

Ya llegó el momento. Diábolo Ediciones inicia su espectacular biblioteca de comics de terror Pre-Code de los años 50 con Haunted Love. Si adoras los EC Cómics y el terror más descarnado,  Haunted Love debe de estar en tu biblioteca. Pero no se detienen ahí las novedades, pues Diábolo edita el más completo estudio que se ha realizado sobre Final Fantasy, y reedita, de forma ampliada, Generación Goonies, un libro que abarca los años dorados de la productora Amblin Entertainment. Pasen pues y vean:

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Las lecturas de Serendipia: Entrevistamos a los autores de ‘La hierba del estío’

La hierba del estío, segunda novela gráfica realizada conjuntamente por Raquel Lagarto y Julio César Iglesias es una de esas piezas de orfebrería con la cual podría hacerse callar a todo aquel que todavía no considere el noveno arte como literatura de pleno derecho. También una lección de narración gráfica, de delicadeza de lineas, de expresividad, de arte, que nos ha gustado tanto que hemos querido saber más sobre los autores y su obra, uno de los más claros ejemplos de la calidad y la buena salud, a nivel creativo,  con la que cuenta el cómic español. 

ENTREVISTA A RAQUEL LAGARTOS Y  JULIO CÉSAR IGLESIAS

¿Cómo nace vuestra colaboración?

Raquel: Nos conocemos casi desde la época del colegio. Por aquel entonces Julio ya escribía y yo dibujaba en la parte de atrás de las libretas, pero no nos planteamos trabajar juntos en un cómic hasta hace unos pocos años, cuando yo terminé la escuela de arte. Desarrollar algunos proyectos de los que llevábamos tiempo hablando fue un paso bastante natural, porque compartimos una visión muy similar de la narrativa gráfica y de sus posibilidades.LA

¿Qué tal funcionó vuestro primer trabajo conjunto, Mary Shelley: la muerte del monstruo?na

Julio-César: Estamos muy contentos de la reacción de la crítica y del público. Se puede decir que es una obra de estructura compleja, que exigía bastante implicación intelectual, pero bastante gente nos comentó que había llegado a emocionarse leyéndola, incluso a llorar. Nos hace muy felices haber conseguido transmitir, aunque sea en parte, la emoción que nosotros mismos sentimos al escribir el cómic y al sumergirnos en la vida de Mary Shelley y su criatura.

R: Algunas personas también nos dijeron que, tras leerse el cómic, se leyeron, o releyeron, la novela de Mary Shelley. Puede que no haya mayor halago, porque uno de nuestros objetivos era reivindicar a Mary como una gran creadora, que vivió a la sombra de su creación más famosa, pero cuyo talento merece ser recordado y reconocido.

¿Cómo surge la idea de hacer La hierba del estío?

R: Ambos tenemos un interés común en Japón, en su historia, sus costumbres, su sociedad y, desde luego, su producción cultural. Hemos viajado en varias ocasiones a Japón y siempre tuvimos en mente ambientar una historia allí. El año pasado, por desgracia, murió Jiro Taniguchi, un referente para ambos, autor de algunos de los mejores cómics jamás escritos, como ‘El gourmet solitario’, ‘El caminante’ o ‘El almanaque de mi padre’. Escribimos ‘La hierba del estío’, entonces, como un pequeño, pero muy sentido, homenaje a Taniguchi.

¿Cual es la idea central que queréis expresar con La hierba del estío? ¿Por qué escogisteis ambientar la historia en Japón?

J: La historia que queremos contar en ‘La hierba del estío’ tiene mucho que ver con las segundas oportunidades y la capacidad del ser humano para tomar sus propias decisiones, incluso en situaciones límite. Pretendemos capturar ese momento crucial en la vida de cualquier persona en el que se pregunta qué significa ser feliz. Es una historia universal y, por tanto, podría haber sucedido en cualquier pueblo del mundo, y en cada cual tendría sus particularidades. Las peculiaridades japonesas nos parecían especialmente interesantes, en parte por la riqueza que proporciona la compleja interacción entre la figura del samurái y la del campesinado. El protagonista, Sanosuke, está tan atrapado por conceptos como el honor o la lealtad como lo pueden estar los campesinos por la miseria e incertidumbre características de la vida en el campo. Encontrar el propio camino siempre es arriesgado y puede costarnos, incluso, la vida, pero siempre merece la pena romper las cadenas para intentar ser felices. Ese es el tema profundo de la historia.

¿Ha sido difícil documentarte a la hora de realizar el guión?

J: Fue bastante exigente comprobar que los rituales, las canciones o, por ejemplo, las técnicas para luchar contra las plagas, tanto las religiosas como las primeras fórmulas químicas, se ajustasen al período en el que se ambienta el relato. Raquel se encargó de documentar gran parte de la vida material del pueblo, incluyendo la cosecha, cuyos ritmos eran fundamentales para adaptar el guión al color del relato. Hay bastante trabajo de fondo también en aspectos como la vida política, la estructura social o las diversiones de la aldea, y aunque no ocupan un lugar predominante en el relato, era importante que reforzasen la verosimilitud del cómic.

¿Elegiste premeditadamente algún tipo de dibujo, técnica en concreto, color, textura… a la hora de traspasar la historia a imágenes?

R: Suelo trabajar con tinta y acuarelas, y procuro utilizar el color como un elemento narrativo más. En este caso, a diferencia del cómic anterior, los fondos tienen un papel importante a la hora de contar la historia, la naturaleza es un personaje más, así que el dibujo es más detallado que en ‘Mary Shelley’ y el entintado más jerarquizado. En ‘Mary Shelley’ toda la tinta está hecha con un mismo pincel con la intención de dar una sensación de ambiente más opresivo. Sin embargo, en ‘La hierba del estío’ utilicé diferentes calibrados y pinceles para dar más profundidad a los planos.

¿Habéis utilizado alguna influencia pictórica o cinematográfica oriental en La hierba del estío?

R: Me gusta mucho el ukiyo-e, y fue una de mis fuentes de documentación. Precisamente este verano tuve la suerte de ver en Londres una exposición con una recopilación de los trabajos de Hokusai en diferentes épocas de su vida. Sus bocetos de campesinos, soldados, gente en tabernas o haciendo labores cotidianas fueron muy inspiradores a la hora de abordar el proyecto.

J: Soy muy fan del cine de Kurosawa -incluyendo sus obras más costumbristas, como ‘Ikiru’-, de Shindo, Mizoguchi, Oshima… De hecho, una de las viñetas más importantes del cómic es un homenaje directo al baile de los campesinos de ‘Los Siete Samuráis’. También tendríamos que referirnos a la animación y a series como Saraiya Goyou o a las películas de la Ghibli.

¿Habéis quedado satisfechos con la edición de Diábolo? ¿Está teniendo ‘La hierba del estío’ una buena aceptación de crítica y público?

J: Hemos llegado a más medios que con el anterior cómic, y las reseñas están siendo muy positivas. Nos alegra especialmente que varios medios dedicados a la cultura japonesa hayan encontrado interesante nuestro cómic, y parece que entre el público también está gustando. En ese sentido, estamos muy contentos.

¿Está difícil el mercado actual de cómic en España? ¿Cómo está siendo vuestra experiencia?

R: Sólo llevamos dos cómics publicados, el primero en diciembre de 2016, y el segundo ahora en 2018, así que aún no nos ha dado tiempo a formarnos una perspectiva completa del asunto. De todas maneras, nuestra experiencia hasta la fecha ha sido muy buena. Dicen que nadie es profeta en su tierra, pero en Asturias, desde el primer momento, hemos sido muy bien recibidos y nos han llamado para participar en casi todos los eventos que ha habido. Estamos francamente contentos.

¿Nos queréis comentar algún nuevo proyecto en el que estéis enfrascados?

R: Tenemos varias ideas en cartera, pero es pronto para comentar nada.

¿Cual es el tipo de lectura (cómic o literatura) que más os gusta?

R: La verdad es que me gusta leer de todo, de García Márquez a Manu Larcenet, pasando por Abercrombie, Sienkiewicz o Rabagliati. Si está bien hecho, suele gustarme.

J: Comparto la respuesta de Raquel, cualquier tema o autor me puede interesar si hay calidad, desde Virginia Woolf, Bradbury y Ray Loriga hasta Larcenet, las Tamaki, Mark Millar o Warren Ellis.

Añadid lo que queráis.

Os agradecemos mucho haber contado con nosotros para esta entrevista y esperamos que a vosotros y vuestros lectores os haya resultado de interés.

RAQUEL LAGARTOS: Licenciada en Matemáticas y titulada en Ilustración por la Escuela de Arte de Oviedo. Ha colaborado con diversas publicaciones e instituciones locales y ha participado en varias exposiciones, entre ellas, la dedicada a Mary Shelley: La muerte del monstruo (Diábolo Ediciones) en el Salón Internacional del Cómic de Avilés de 2017.

JULIO CÉSAR IGLESIAS: Licenciado en Historia. Escritor y guionista. Ha colaborado con diversos medios dedicados al análisis literario y a la novela gráfica..

Su primer cómic juntos, Mary Shelley: La muerte del monstruo, se publicó en España con Diábolo Ediciones a finales de 2016. La hierba del estío (Diábolo Ediciones, abril de 2018) es su segunda publicación juntos. También han colaborado en el homenaje colectivo Frankenstein resuturado (Ediciones Alrevés, marzo de 2018).

Diábolo editará en lujosos tomos los mejores Horror Comics de los años 50

ATENCIÓN: NOTICIA BOMBA

Categorías:Cómic y Manga

Las lecturas de Serendipia: ¡Qué modernos fuimos en los 70!

¡QUÉ MODERNOS FUIMOS EN LOS 70¡

Moda, música, juguetes y otras extravagancias de la década prodigiosa

GUILLEM MEDINA

Diábolo Ediciones. Encuadernación en tapa dura. 288 pág. Repletas de ilustraciones a todo color. 

Antes de nada avisar de que, cuando se enfrasquen en el multicolor universo de los setenta que nos propone Guillem Medina, no deben ser exigentes en cuanto a la profundidad de campo abarcada. Lo que nos propone este último monstruario pop editado por Diábolo Ediciones es un viaje al kitsch que dejó tras de sí esa década, representada en especial por su desmesurada moda, pero también por los objetos pop más variados y, naturalmente, la música, el cine y la televisión.

¡Qué modernos fuimos en los 70! es un libro en el que prima la imagen, marca de fábrica de la editorial, pero también incluye un un texto explicativo. Especialmente indicado para todos aquellos que no vivieron aquella época, que posiblemente alucinarán ante los modelitos que nuestras madres nos obligaron a lucir, el libro les ayudará a entender nuestro actual estado mental y porque muchos de nosotros terminamos, en los ochenta, metidos en tribus urbanas de diferentes pelajes. Pero, por supuesto, también servirá el libro de Guillem Medina como repaso (¡Oh, no!) para nostálgicos que quieran sumergirse en aquellos tiempos.

Medina mantiene al principio cierta cronología en sus páginas, partiendo de los sesenta del Swinging London, Twiggy y Mary Quant para meternos, sin anestésicos y de cabeza, en un universo en el que ocupan el mismo espacio Las Grecas, los pantalones de pata de elefante, el cine quinqui, el Glam, Leif Garrett o la Jet Set marbellí, todo puesto a lo loco, sin demasiado orden ni concierto, con sus imágenes a-saltándonos a la vista con tan solo girar una página, algo que, por otra parte, en nuestra opinión y tratándose del tipo de libro que es, representa  un factor sorpresa que añade emoción y encanto a la obra.

El libro, al no ser una obra detallada sino tan solo una amplia panorámica, colorista y canalla, eso si, puede servir para que el lector se anime a profundizar en los diferentes aspectos que hicieron de esta época una de las más olvidables en cuanto a estética se refiere.

El libro contiene algunas entradas que debieran haberse excluído por ser más  representativas de otras épocas, como la dedicada a la musa Edie Sedwick (¡murió en 1971!); o a Teresa Gimpera, cuya época más pop y recordada se desarrolló en los sesenta de Bocaccio y de la Escuela de Barcelona; o el muy 60’s look de Mia Farrow en La semilla del diablo (1968); o las referencias al Pop-Art, movimiento artístico que vivió su época de máximo esplendor a mediados de los sesenta  pero, ya les advertimos que no fueran muy puntillosos a la hora de juzgar esta obra, pues no está en su ánimo el resultar definitiva sobre aquellos años ¡Mucho nos tememos que habrá más! Eso sí, el libro también sirve para demostrar los conocimientos que tiene el autor sobre moda y juguetes, pues estos, en especial las muñecas, tienen un gran protagonismo en el libro, aunque sea en detrimento de otros muchos juegos que hubo en aquella época.

¡Qué modernos fuimos en los 70!, que cuenta con un destacable prólogo de Plàcid García-Planas, también contiene, en nuestra opinión, algún pequeño gazapo visual, como algunas imágenes pertenecientes a DVD o CD en lugar de a pósteres y discos originales; o fotografías con marcas de agua de populares portales de venta de segunda mano que podrían haberse disimulado con facilidad; o una imagen de un Madelman karateka que… nunca existió, al menos más allá del prototipo o de las buenas manos del aficionado mañoso.

Pero son minucias en un universo plagado de Blaxploitation, peinados imposibles, ponchos de labores de punto, Georgie Dann, David Bowie y musas del destape ibérico, entre otras monstruosidades,  hasta llegar ¡Bendito sea! al Punk, que trajo tras de sí (aunque con su influencia marcada), la New Wave, el Power-Pop… y lo que nos ofrecieron los años ochenta, también con sus propios monstruos y fantasmas.

Por lo pronto embarquen, junto al prolífico Guillem Medina y de la mano de Diábolo Ediciones, en ¡Qué modernos fuimos en los 70! un viaje al pasado más multicolor, en una nueva entrada en este universo nostálgico que a unos fascina, a otros deleita, a otros aburre, pero a todos, a todos, sorprende.

Novedades Diábolo marzo 2018

Suculentas novedades de Diábolo para esta Semana Santa porque… ¿Qué mejor forma de pasarla que dejando el móvil de lado y cogiendo una buena lectura? ¿Qué mejor que reírnos de los bizarros años 70 con una espléndida colección de imágenes de otro mundo? O ¿Por qué no un buen cómic? Diábolo nos propone cuatro novedades que sin lugar a duda harán que estos tiempo de descanso resulte mucho más agradable…

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MÁS INFORMACIÓN Y PEDIDOS: http://www.diaboloediciones.com/

¿Quieres un chicle? de Vicente Pizarro, el libro que huele a fresa

¿QUIERES UN CHICLE? REGALOS Y SORPRESAS CON SABOR EXTRALARGO

VICENTE PIZARRO

Diábolo Ediciones. Encuadernación en tapa dura. 

Parece que hay cierto acuerdo en querer demostrar que cualquier tiempo pasado fue mejor a base de traer de vuelta la televisión de nuestra niñez o la música de nuestra juventud. Personalmente no creo que así sea. El pasado es el pasado y conviene mirar hacia adelante porque, sobre todo, se tiende a recordar lo bueno de nuestra niñez y olvidar todo lo malo, que lo hubo y en abundancia. Santones de la nostalgia se esfuerzan en clamar las ventajas del VHS respecto al  DVD como si hubiera punto de comparación en cuanto a calidad (algo que sí sucede entre vinilo y CD) y no fuera mucho mejor disfrutar del cine digital. Ventajas que no están en el sistema en sí, sino en que aquellos cacharros y cintas le traen de nuevo la ilusión de descubrir y ver por vez primera todas aquellas películas. Una experiencia que, por otra parte, no se puede repetir por muchas veces que se ponga la misma película en el mismo viejo magnetoscopio. Los video-clubs  y toda aquella época finalizó como se terminó el cine de los domingos como única posibilidad de distracción de nuestros padres o de los que tenemos ya los cincuenta. Y, entre otras cosas, porque se ha enriquecido con otras propuestas.

Pero si de algo sirve todo este viaje al pasado, esta nostalgia, es que al menos se editan algunos trabajos de investigación tremendamente pop que no podrían haberse afrontado de no haber este interés general por todo ello. Libros como los dedicados a Editorial Novaro, al merchandising español de La Guerra de las Galaxias, a la muñeca Nancy o a programas televisivos como Un, dos, tres, responda otra vez no se hubieran escrito o no se hubieran publicado de no haber todo este interés en el pasado más próximo, así que, como toda moda, hay que aprovechar lo bueno que deja tras su paso y entre ello se cuentan varios de los libros que Editorial Diábolo dedica a la cultura popular y que, realizados por coleccionistas y estudiosos con auténtico afán completista y espíritu de catálogo, se están publicando. Libros en los que, como no podría ser de otra forma, predomina la imagen.

Uno de los más curiosos que ha editado y con el que más ha disfrutado el que todo esto les cuenta es el dedicado a los cromos y obsequios que se daban con la bollería industrial que, en muchos casos, no estaban al alcance del escolar medio de bocadillo en recreo. Muchos envidiábamos a nuestros compañeros cuyas madres (quizás menos dedicadas que las nuestras), compraban Grisines de Panrico, Bonys de Bimbo, o Phoskitos de Cropán a sus hijos. Pero les mirábamos con envidia, sobre todo,  por el cromo que salía. Así que cuando Vicente Pizarro reunió todas aquellas colecciones en su libro ¡Andá!, la merienda… no pudimos más que celebrarlo.

Pues bien, ahora el mismo autor ha afrontado, con idéntica meticulosidad,  las colecciones de cromos y objetos que ofrecían las diferentes marcas de goma de mascar. Huelga decir que a nuestras madres, velando siempre por la salud de sus pequeños, no les gustaba nada que comiéramos chicles. Como tampoco agradaba a muchos profesores el efecto de rumiante que ofrecíamos. O las pompas que los más diestros hinchaban. Ni a donde iba a parar una vez agotado su sabor… Así que completar una colección de cromos era una labor titánica por no decir imposible, por lo que resulta más que interesante poder ver, en ¿Quieres un chicle?  todas estas colecciones.

Vicente Pizarro enumera las diferentes marcas de goma de mascar que estuvieron a la venta desde los años 70 hasta la actualidad, y a continuación las colecciones que ofreció cada una de forma cronológica: Bazoka, Cheiw, Dunkin (la marca estrella por sus figuritas de Lucky Luke, Asterix y Looney Tunes, entre muchas otras), Dubble Bubble… gracias a este libro algunos hemos podido descubrir que existió un chicle Pulga y Linterna (¡Con más de 22, 22, 22 adhesivos!) y  otros como Robocop, Kung-Fu y, el más bizarro, Sabrina, dedicado a la cantante que tantos despertares sexuales causó en aquella Nochevieja de 1987.

El libro cuenta, además de con infinidad de imágenes a todo color de todas las colecciones y sus álbumes, con ejemplos de pósteres y objetos promocionales, propaganda, envoltorios, todo ello hilvanado con un texto explicativo que detalla, además, la historia de las diferentes empresas fabricantes. En resumen: otro loable trabajo de arqueología pop publicado por Diábolo Ediciones en el que tan solo se echa en falta, puestos a ser exigentes, que hubiera incluido una introducción explicando la historia y el origen de tan llamativa golosina, cuyo aroma el lector también podrá rememorar y saborear con el libro, pues sus páginas huelen, y casi saben, a chicle de fresa, lo que añade otro aliciente a este auténtico viaje sensorial a otra época.

 

 

 

Novedades de ‘Diábolo Ediciones’ para enero de 2018: Manga, Anime y cómic

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Que la cultura japonesa y en concreto el Anime y el Manga han llegado para quedarse es algo que en Diábolo Ediciones saben muy bien, tal y como demuestran con la constante edición de libros dedicados a ellos. En esta ocasión le toca el turno, por segunda vez, al universo Sailor Moon. Pero también celebraremos con ellos el centenario del Anime y sin olvidar el cómic, otro de los puntales de la editorial, con la edición del noveno tomo de Last Man. ¡A empezar el año con energía!

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Categorías:Cómic y Manga
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