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Serendipia’s Sitges Film Festival 2019: Sexta cápsula

8 noviembre 2019 Deja un comentario

MARTES 8 DE OCTUBRE                                                     (Fotos: Serendipia)

Retomamos el festival donde lo dejamos con un nuevo día y cinco propuestas a estrenar: dos de Oficial Fantàstic Competició (Synchronic y The Antenna); dos Noves Visions (Harpoon y Patrick); y una Anima’t (sección que este año, por cierto, no tuvo su habitual postal promocional) con White Snake.

Synchronic es una ingeniosa historia dirigida por Juntin Benson y Aaron Moorhead, dos viejos conocidos del festival, pues dos de sus películas, Spring (2014) y El infinito (The Endless, 2017) fueron seleccionadas en su momento. La cinta narra como, mediante una droga de diseño, una ayahuasca sintética de venta legal, puede llegar a abrirse una puerta al pasado. Todo mediante teorías cuánticas que podría explicarles, pero que no entenderían con su limitado intelecto. El resultado es un tan competente como mainstream thriller de ciencia-ficción repleto de psicodélicos viajes en el tiempo. Una propuesta que funciona como excelente cinta de aventuras, cruzada con el policíaco, con personajes que mueven nuestra empatía, y un punto de partida suficientemente creíble como para que nos sea fácil suspender la incredulidad. Apta para todos los públicos, de tan entretenida se nos hace incluso extraño que no haya tenido un estreno ‘normal’ en nuestro país. Pero ¿qué es normal en nuestro país? ¿qué es normal en el mundo?

Báishé: Yuánqi (White Snake, Amp Wong y Ji Zhao, 2019), es otra de las películas de animación que pudieron verse en el Tramuntana, además de en su habitual ubicación del Retiro. Esa cercanía a l’Auditori facilitó que Serendipia pudiera tomar sus habituales dosis de animación, en este caso 3-D, de manera más cómoda. La cinta de Amp Wong y Ji Zhao es una propuesta muy imaginativa y con una estupenda animación al servicio del relato. Argumentalmente nos trae la historia de Blanca, una mujer que ha perdido la memoria y recibe la ayuda de Sean, un cazador de serpientes, junto al que intentará conocer su identidad. Por el camino, tendrán que superar diversos obstáculos, a la vez que el afecto va creciendo entre ellos. Justo cuando están a punto de descubrir quién es Blanca, se produce el desastre. Adaptación de la Leyenda de la serpiente blanca, mezcla la mitología local, la rica iconografía de la China milenaria, con una poderosa historia de amor dando lugar a un todo fabuloso de impecable factura técnica. Un dibujo por ordenador preciosista, con elaborados y coloridos fondos, es una cinta capaz de hacer las delicias de los aficionados al género tanto como al público general. Fantasía a raudales impregnando sus bellas imágenes en las que se equilibran perfectamente la acción vertiginosa y la apasionada historia de amor de sus protagonistas. Una delicia.

Los mejores platos del día vinieron de la mano de Noves Visions. En la producción canadiense Harpoon (Rob Grant, 2019) vemos como un idílico fin de semana en un yate entre dos amigos y la novia de uno de ellos se convertirá en un infierno cuando los celos hagan acto de presencia. Y los celos y los ataques de ira irreprimibles son una mala combinación, sobre todo si se tiene un arpón a mano. Una trama sencilla en la que se pone al límite a sus tres personajes bien caracterizados, con giros de guión bien introducidos y un perfecto desenlace, hacen de la cinta de Rob Grant una resultona comedia negra de fácil ingesta y ligera digestión.

Tras este ligero y satisfactorio entremés, le llegaba el turno a De Patrick (Tim Mielants, 2019) una de las cintas que más expectación había generado en los corrillos previos al festival. Y es que su  bizarro argumento hacía despertar la curiosidad de muchos. ¿Qué cabía esperar de la historia de Patrick, su no tan joven protagonista que todavía vive con sus padres en el camping nudista que gestionan y que, cuando su padre muere, se encuentra de repente a cargo de él, aunque tenga otras cosas en su cabeza, como el haber perdido su martillo favorito? Serendipia no podía más que caer rendida y darle cabida en su selección ya que  le encantan las películas marcianas y cuando detecta una, procura que no se le escape. No hubo decepción. Detengámonos un poco más.

La cinta del belga Tim Mielants venía avalada por su participación en la sección oficial del International Film Festival Karlovy Vary (uno de esos festivales que uno querría visitar antes de entrevistarse con la Parca) donde tuvo buena acogida, la suficiente como para hacerla apetitosa a los ojos de cualquier programador. Aunque sea el de un festival dedicado al fantástico. Y aunque tenga que plantearse después cómo justificar su inclusión en el género. Con De Patrick estamos, pues, de nuevo a vueltas con los límites del fantástico, porque de entrada no hay elemento mágico alguno (sobrenatural o no), no es un thriller, ni siquiera se puede englobar dentro de la comedia negra. Los más estrictos, ante esto, concluirán que no es género. Pero ¿qué pasa si ampliamos el espectro? De Patrick es comedia (aunque tenga pinceladas de drama), un tipo de comedia muy concreta, la que pivota sobre el humor de lo absurdo, se aleja del realismo, se acerca al dibujo surreal de personajes y situaciones, y ese dibujo sí es susceptible de ser visto como una connotación de lo fantástico ¿O acaso el esperpento no es un subgénero del fantástico? Dejamos la pregunta al aire, sugerimos el debate, sin mediar en el mismo, porque lo cierto es que, como sea, es una suerte que los festivales se hagan eco de este tipo de productos que tiene más difícil su llegada a los cines comerciales de no ser así. De Patrick fue una de las mejores cintas de esta edición, hubo bastante unanimidad sobre ello, porque bajo su estrafalario envoltorio se esconde una interesante reflexión sobre qué nos hace ser nosotros mismos, cómo afrontar las pérdidas, cómo alcanzar la madurez, cómo situarnos dentro de la comunidad y asumir nuestras responsabilidades. Una reflexión que viene facilitada por la caracterización de su personaje protagonista, al que podríamos aproximar al Míster Chance de Hal Ashby. Un tipo estrambótico, casi un pelín retrasado, pero cuya actitud es susceptible de ser tomada por los otros personajes como un envidiable sentido del verdadero valor de la existencia. Un personaje que es un auténtico caramelo para cualquier actor y que aquí encarna un inmenso Kevin Janssens, que hizo doblete como protagonista también de The Room, totalmente irreconocible. Una interpretación memorable para una película destinada a permanecer en nuestro recuerdo.

Si el debut en cine de Mielants (procedente de la televisión) fue celebrado con unanimidad, no corrió la misma suerte la ópera prima de Orçun Behram. Bina (The antenna, 2019) nos sitúa en un futuro distópico que recuerda mucho el paisaje de la Europa del Este antes de la caída del muro y que, a buen seguro, se pretende también como una crítica al régimen de Erdogan. Como si fuera la 13 rue del pércebe en tonos grises, Behram nos trae a través de la vida de un bloque de pisos la enésima revisión del Gran Hermano. El gobierno lo dispone todo para hacer llegar a la audiencia un nuevo canal de partes y noticias que prometen la mejora de la emisiones, para ello es necesario instalar nuevas antenas a fin de que se reciba la señal. Y ese es el punto de partida, la acción nos sitúa ante el día en que se instala la nueva antena en una comunidad vecinal. Todo empieza mal, pues el instalador perderá la vida al precipitarse al vacío. A partir de ahí iremos siguiendo la peripecia de un crisol de vecinos del bloque que hacen sus vidas ajenos a la extraña sustancia que se filtra desde la azotea a todas las tripas del edificio. Una presencia casi demoníaca que penetrará incluso el cuerpo de los personajes. El conserje será el protagonista a través del cual llegaremos a descubrir los efectos de esas nuevas emisiones que, obvio, lo que pretenden es adocenar a los espectadores haciendo domesticables las masas. La crítica social a la manipulación de los medios por los entes gubernamentales como un modo de controlar y someter a la población es evidente. Demasiado evidente. Algunos críticos nos hablan de guiños al surrealismo de David Lynch, de continuación de la nueva carne de David Cronemberg, incluso de inspiraciones en Dario Argento, y, sí, claro, esas son sus fuentes, otra cosa es que haya logrado ensamblarlas en un producto sólido con entidad propia. The antenna está plagada de imágenes sugerentes, especialmente aquella que reproduce su póster promocional, pero no pasan de la buena intención, porque la trama se entretiene en demasiados entresijos y las vidas de los personajes no se resuelven bien, el mensaje se vuelve demasiado obvio, y el desenlace excesivamente previsible. Dos horas de duración son demasiadas en manos del director novel que parece inconsciente de que, a veces, menos es más. La idea es buena, las imágenes inquietantes, pero no el ritmo ni el manejo de la curva de interés. Una auténtica lástima y una de las pocas decepciones de Serendipia en esta edición.

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Serendipia’s Sitges Film Festival 2019: Quinta cápsula

31 octubre 2019 Deja un comentario

LUNES 7 DE OCTUBRE                                                     (Fotos: Serendipia)

De nuevo calma tras la tempestad del fin de semana. Y de nuevo al cine con cinco propuestas bien diferentes entre sí : Corporate Animals, El hoyo  y Judy & Punch, títulos pertenecientes a la sección Oficial Fantàstic a competició y Starfish e It Comes (Kuru), adscritas en Noves Visions. Comencemos

Ciertamente apetecía comenzar con una comedia negra como Corporate Animals (Patrick Brice, 2019) que nos cuenta como, basándose en absurdas teorías, en este caso el team-building, unos empleados y su jefa bajan a una cueva con intención de estrechar lazos entre el grupo y superar dificultades. Pero también alimentar la competitividad y rivalidad entre ellos. El problema comienza cuando se quedan incomunicados y sin comida. Es entonces cuando saldrá lo peor de todos. Con una Demi Moore maravillosamente odiosa como jefa de todos, Corporate Animals funciona a la perfección como una deliciosa comedia que demuestra la hipocresía y mezquindad que todos llevamos dentro, lista para saltar ante el  primer obstáculo.

Tras este entremés lúdico-festivo le llegaba el turno a una de las apuestas personales de Serendipia: El Hoyo. Y es que la sinopsis argumental la hacía apetitosa: Goreng (Iván Massagué) se levanta junto a Trimagasi (Zorion Eguileor) en la planta treinta y tres de un lugar con aires de prisión, atravesado por un agujero por el cual una plataforma baja los restos de comida de los pisos más altos. Trimagasi conoce las reglas: si vas hacia arriba, sobrevivirás… pero si piensas demasiado no tardarás en descender de nuevo. Y, claro, nadie quiere llegar al fondo, donde la comida es escasa y sólo queda confiar en tus agallas. Estos mimbres nos hacían pensar que nos encontraríamos con una de esas distopías tramadas en torno a un espacio simbólico sobre el que se proyecta una crítica social a nuestro propio presente. Y venían a nuestra mente ejemplos como Snowpiercer (Bong Joon-ho, 2009), la fundacional novela de J. G. Ballard, Rascacielos, que fue llevada al cine por Ben Wheatley en 2016, con una acogida dispar, o, la más cañí, Después de tanto tiempo de José Luis Cuerda, pieza que carece, quizás, de la chispa de su clásico Amanece que no es poco, pero que no deja de agradar a los más fans del subgénero. El Hoyo no decepcionó nuestras expectativas, aunque, en verdad, nos negará la mayor, porque no es una distopía ya que nada hace pensar que la acción se sitúe en un futuro, más bien está alegoría podría remitirse a cualquier lugar del tiempo, por eso afirmamos que se trata de una parábola ucrónica.

Próxima al corto de Denis Villeneuve, Next floor, la ópera prima de Galder Gaztelu-Urrutia nos habla de la mezquindad inherente a la condición humana. El mal no parte, necesariamente de arriba, en la planta superior ignoran a los niveles que les siguen, viven sin saber de ellos inmersos como están en su mundo de colores. Los de abajo, o mejor, su desorganización y su falta de solidaridad, son cómplices de la situación en la que viven. Todas las miserias humanas están representadas en El Hoyo, pero sobre todo lo está el hobbesiano Homo homini lupus, en su estado de naturaleza la vida humana es una guerra de todos contra todos. Cada uno vela exclusivamente por su necesidad individual y, paradójicamente, al ponerse por delante del interés colectivo, lo que hace es cavarse su propia desdicha. Solo si se consigue poner coto a egoísmo personal, se hará llegar el mensaje de las demandas sociales a los de arriba. Ese será el propósito de Goreng y sólo lo logrará con todas sus armas, sin despreciar el uso de la fuerza cuando las palabras se manifiesten insuficientes. No se trata de que el fin justifique los medios, sino de tomar conciencia de que, sin lucha, los de arriba nunca reconocerán a los de abajo. Nunca se ampliarán los derechos sin reclamarlos organizadamente. Obvio, como repite Trimagasi una y otra vez al protagonista. Y a nosotros.

Todo esto nos lo cuenta Gaztelu-Urrutia con un diseño de producción esmerado, una fotografía que saca el mayor partido a los geométricos decorados y con una elaborada caracterización de los personajes, especialmente el de Trimagasi, esa especie de conciencia sardónica que introduce el punto de humor necesario para que el mensaje sea efectivo. Destaca en el apartado de guion, Pedro Rivero, que ya nos demostró su imaginación desbordante y sensibilidad en sus películas de animación La crisis carnívora (2007), Psiconautas, los niños olvidados (2015) y el cortometraje Birdboy (2011). Pero, sobre todo, El hoyo demuestra la gran valía de su novel director. Toda una revelación que el festival supo premiar como merecía.

Les dejamos con la rueda de prensa de El hoyo, por gentileza del Sitges Film Festival. A donde nosotros no llegamos, llega la tecnología:

Todavía con el buen sabor de boca de esta cinta nos dispusimos a deglutir la siguiente: Judy & Punch (2019), opera prima de la también actriz Mirrah Foulkes. Una fábula deliciosamente narrada que denuncia en su primera parte la violencia contra la mujer, cayendo en su segunda parte, y sin paracaídas, en un feminismo, bienintencionado, pero postizo. El desarrollo de la trama no hace más que recalcar lo que el espectador está viendo y de manera exasperantemente didáctica. Con un notable diseño de producción y una magnífica Mia Wasikowska, lo más increíble es que, precisamente, su guión recibiera, tal y como veremos, el máximo reconocimiento en el palmarés del festival.

Y el día terminó con dos cintas pertenecientes a la sección Noves Visions. La produccion Indie Starfish (A. T. White, 2018) nos habla de la pérdida y el duelo. La ausencia del ser querido, que todos hemos sufrido alguna vez y que hemos sentido, virtualmente, como el fin del mundo. Algo que, en esta ocasión, dejará de ser simbólico pues la (no) acción se desarrolla en un escenario apocalíptico. Lenta, esteticista y plagada de imágenes sugerentes, en las que su director se recrea, casi consigue que el espectador caiga en el más soporífero aburrimiento, estado del que es rescatado, en parte, gracias a la esforzada  actuación de su protagonista, Virginia Gardner. ¿Opera prima? Si, y se nota.

Finalmente volvemos a Japón para ver Kuru (It Comes, 2019) una cinta que, enmascarada como historia de exorcismos, pone el dedo sobre la llaga de la paternidad responsable. Dirigida por Tetsuya Nakashima, que tiene en su haber piezas de prestigio como Confessions (Kokuhaku, 2010) y El mundo de Kanako (Kawaki, 2014), consigue que nos perdamos en algún momento (o es posible que acusáramos las secuelas de un cansancio acumulado), pero su conclusión, tras 135 minutos, con el exorcismo más espectacular y de más alto nivel que ha dado la historia del cine, consigue cautivar al espectador. Un fin de fiesta delirante.

También estuvo Asia Argento, pero fue en otro festival, no en el de Serendipia…¡Lástima! otra vez será.

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Serendipia’s Sitges Film Festival 2019: Cuarta cápsula

28 octubre 2019 Deja un comentario

DOMINGO 6 DE OCTUBRE                                                     (Fotos: Serendipia)

El domingo trajo otra de nuestras películas favoritas The Lighthouse, la segunda película de Robert Eggers, el director hipster -único de estos que merece vivir-  que nos enamoró con The  Witch. Pero también cine español actual (Amigo) y pretérito (¡Vaya luna de miel!), además del retorno del cine fantástico italiano con la esperanzadora The Nest y la más que interesante The Room. Cinco descargas de cine en vena que nos dejó poco tiempo para más. Pero ¿para qué más? 

Cuando investigamos la carrera de Javier Botet para la entrevista que le realizamos el pasado año, pudimos comprobar el buen número de pequeños sketches cómicos que  había realizado con su antiguo compañero de piso, el también actor David Pareja. En ellos podía verse la compenetración que había entre ambos, una sintonía que puede comprobarse en Amigo, ópera prima de Óscar Martín y el largometraje que los reúne. Con guión de los dos actores y el director, Amigo  supone un tour de force interpretativo para ambos actores y se muestra como un excelente debut para su director que demuestra la pericia y buen hacer de los mejores cineastas. Ambientada en algún momento de los años ochenta, la cinta retrata un horror que, no por cotidiano, lo es menos, y lo hace, como no podría ser de otra manera, cargado de un humor negrísimo que impregna la narración.

Rodada en una casa aislada en un paraje rural, ante la amenaza de un temporal que va arreciando conforme avanzan los días y va incomunicando a los personajes, Amigo desprende sordidez por todos sus poros. Es incómoda y opresiva, con un argumento que va desentrañándose conforme avanza la acción y descubriendo paulativamente los motivos que mueven a los dos ‘amigos’ (que se van convirtiendo en enemigos íntimos conforme avanza la trama) a obrar como lo hacen. Javier Botet consigue trasmitir angustia y patetismo en su actuación. Una interpretación merecedora de ‘ese’ reconocimiento que otorga el cine español a las mejores actuaciones del año. En suma, una de las mejores cintas de esta edición, aunque no se tradujera en premios, cosa que ha solventado el festival Nocturna concediéndoles tres galardones: mejor película, mejor director y mejor actor para David Pareja.

Por su parte The Room (Christian Volckman, 2019) transporta al espectador a una vieja mansión retirada, donde se traslada la pareja protagonista. Allí descubrirán que hay una habitación secreta que les concede todos sus deseos. Incluso uno que pensaban que no podría materializarse nunca. Pero claro, todo tiene su reverse negativo, y la pareja no tardará en descubrirlo. Misterio y retorno a la temática primigenia del cine de terror, las casas encantadas, en una cinta que engancha hasta el final  con una Olga Kurylenko que ilumina la pantalla cada vez que sonríe -y que también alumbró y deslumbró Sitges con su presencia- y un Kevin Janssens que mostró dos caras bien diferentes en el festival: la de un atractivo escritor en crisis en esta cinta; y la de un desgarbado propietario de un camping nudista que pierde uno de sus martillos preferidos en Patrick (Tim Mielants, 2019) una de las grandes sorpresas que ofreció esta edición y que comentaremos en su momento.

The Lighthouse no defraudó, aunque dividió a parte del público y la crítica. Serendipia disfrutó de una obra que recupera, en cierto modo, los mejores modos del arte mudo. Rodada en un soberbio blanco y negro y en 1.37:1, el formato de pantalla vigente desde los años treinta hasta los cincuenta, antes del nacimiento oficial del cine panorámico en 1952, todo está dispuesto para transportar al espectador a otra época, a la que  se encarga de retornarla puntualmente uno de sus protagonistas, Willem DaFoe a base de sonoros pedos y el director, con sus perturbadoras escenas sexuales ¿La historia? El descenso a la locura de un farero y su aprendiz cuando tengan que pasar ambos unas semanas en el faro de una alejada isla de Nueva Inglaterra en las postrimerias del siglo XIX. ¿El resultado? Un film excepcional dotado de una gran fotografía, una gran historia, una dirección impresionante y dos grandes actores, DaFoe y Robert Pattinson, que lo dan todo. Un hito que confirma que nos encontramos ante el que podría ser uno de los más importantes directores de los últimos tiempos. Veremos. Por lo pronto opinamos que, de haber participado en competición, es posible que el palmarés hubiera sido muy diferente. Y si no hubiera sido así, y a pesar de que a nosotros esto de los premios nos resbala, nos habría disgustado un poco y todo.

The Nest (Il nido) supuso toda una sorpresa para Serendipia. Con el amor que profesamos al fantástico italiano en esta casa, pues tanto el bueno como el malo nos gusta, fue un placer disfrutar de una de las escasas muestras de fantástico trasalpino que se rueda en la actualidad. Y la experiencia fue completa gracias a que antes del pase, el director Pupi Avati recibió un merecido Premio Nosferatu como reconocimiento a toda su carrera.

Volviendo a The Nest (Il nido), todo en ella es 100% italiano: los actores -fenomenales los dos niños-, el idioma, las localizaciones, la cultura, la fotografía, la suntuosa mansión… y todo está al servicio de una misteriosa historia que termina resultando ciertamente predecible, pero rodada con tal sensibilidad y elegancia que no defrauda, a pesar de ese final que no gustó a la parte más bella y culta de Serendipia, pero emocionó a la otra por el sincero homenaje que supone a aquella serie-B italiana de los ochenta y en especial a Lucio Fulci, algo que nos confirmó su director, Roberto De Feo, que debuta en el largo con este filme.

El director de The Nest (Il nido) Roberto de Feo, y los protagonistas Justin Korovkin Francesconi y Francesca Cavallin.

Y otra pequeña escapadita a la carpa Fnac, pues se presentaban dos libros que nos interesaban especialmente y que incorporamos raudamente a nuestra biblioteca. Por un lado Apocalypse domani. La década dorada de la exploitation italiana de ciencia-ficción (1977-1990), el libro oficial de Sitges 2019 que, editado primorosamente y a todo color por Hermenaute, analiza el fenómeno de la exploitation italiana que tantas películas repletas de diversión nos ha legado. Cintas apocalípticas descaradamente inspiradas en Mad Max 2: El guerrero de la carretera y 1997 Rescate en Nueva York, pero todo pasado por la idiosincrasia -y caradura- de la que hicieron gala en los años ochenta un nutrido grupo de cineastas italianos. Y todo bajo la coordinación de Ángel Sala y con la participación de Manlio Gomarasca, Diego López, Jesús Palacios, Domingo López, Xavi Sánchez Pons, Lluís Rueda, Mònica Garcia i Massagué, Desirée de Fez. También se presentó Más allá del cine de Sebastià D’Arbó, concienzudo y voluminoso libro que ha escrito nuestro amigo Diego Peñalver y editado Applehead Team. Un repaso a la labor de D’Arbó en todos los ámbitos: televisión, literatura, radio… deteniéndose, especialmente en sus películas. Serendipia tuvo la ocasión de colaborar con el autor realizando la crítica cinematográfica de sus filmes, llegando a conclusiones que sabemos de buena tinta no agradaron demasiado al homenajeado pero… En todo caso procuren hacerse con una copia de esta primera edición (100 ejemplares), no vaya ser que la segunda salga ‘revisada’. Asimismo se presentó la edición en DVD de El pionero (2018), documental dirigido por nuestro amigo Luis Esquinas y producido por el propio D’Arbó en el que se analiza la vida del cineasta y sus cuatro primeras películas. Un documental editado también por Applehead que supuestamente iniciará la edición en DVD de  filmografía completa de Sebastià D’Arbó.

Álex Mendíbil presentando ¡Vaya luna de miel!

Con buen sabor de boca Serendipia hace una de las pocas visitas, pero obligadas, al entrañable cine Prado, marco ideal para disfrutar en toda su amplitud la propuesta que traía Álex Mendíbil directamente desde los sótanos de la Filmoteca de Madrid. Y traía todo un milagro, pues se trataba de una película perdida de Jesús Franco ¡Vaya luna de miel! (1980), que en diversas filmografías del director figuraba como El escarabajo de oro al adaptar, en cierto modo, la novela de Poe. Álex se topó con este hallazgo mientras realizaba su labor de programador de la Sala-B de la Filmoteca madrileña, donde ha conseguido ofrecer unos magníficos programas dobles dedicados al cine español más invisible. Allí pudo comprobar que la película de Jesús Franco, que se consideraba inacabada, estaba totalmente lista y dispuesta para proyectarse. Y así se ha hecho en contadas ocasiones siendo, por tanto, esta sesión en el Prado todo un privilegio para los espectadores. Y no solo para los admiradores de la obra del cineasta, pues lo cierto es que el pase de ¡Vaya luna de miel! fue una de las sesiones más felices que se ofrecieron durante esta edición del Festival de Sitges pues, a pesar de ser una producción extremadamente modesta, los actores y el director consiguen sobrepasar los fotogramas y trasmitir su alegría de vivir. Viendo esta película se nota a la perfección que el equipo se lo pasaba de miedo rodando. vala-luna-de-miel-6En pantalla podemos ver a una joven, carnal y divertida Lina Romay; a un Antonio Mayans de lo más canalla; o a unos chinos que no son chinos y que vaya usted a saber de donde salieron. En resumen: Una sesión deliciosa y delirante que había que disfrutar en una sala de cine y acompañado de público dispuesto a pasárselo bien, porque ¿Qué más da que se nos quiera hacer pasar papel de aluminio por oro? ¿Qué más da que se haga pasar por chinos a individuos que claramente no lo son? ¿Qué más da que algunos personajes sean interpretados por diferentes actores? ¿Qué más da que se justifique la ausencia de pandilleros diciendo que están de vacaciones? Qué más da todo o, al revés, cuanto da cuando gracias a ello se consigue trasmitir al espectador la pasión y el oficio y entender porqué nos gusta tanto el cine. Cine fantástico como los trucos de un prestidigitador.

 

 

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Serendipia’s Sitges Film Festival 2019: Tercera cápsula

24 octubre 2019 Deja un comentario


SÁBADO 5 DE OCTUBRE                                                     (Fotos: Serendipia)

Sábado. Tercer día y primero fuerte del festival, pues a la afluencia de público hay que sumar la ya tradicional Zombie Walk (de la que procuramos estar alejados) y que Serendipia tiene una agenda de cinco películas seguidas. Así que comencemos:

Ventajas de viajar en tren (Aritz Moreno, 2019) ya la había visto parte de la crítica en San Sebastián, así que llegaba a Sitges seguida de buenos augurios. Y ciertamente no defraudó. Protagonizada por un amplio ramillete de rostros conocidos, comandados por Pilar Bravo y Ernesto Alterio y secundados por los omnipresentes Belén Cuesta y Luis Tosar, esta comedia surrealista y muy loca, que puede hacernos pensar en Relatos salvajes (Damián Szifron, 2014) al tener una estructura episódica (aunque aquí con un nexo común que hilvana la cinta convirtiéndola en un todo), está cargada de un humor negro y disparatado que se apoya en situaciones extrañas. Algunas de ellas con la pornografía infantil, la coprofagia, la zoofilia y las películas snuff como motivos principales. Y no es broma. Todo un fresco sobre los extravagantes modos de la insania contado con buen pulso y mejor ritmo. Con un magnífico y sucio diseño de producción de Mikel Serrano (ganador del Goya el año pasado por Andia), y que aquí nos recuerda los apocalípticos decorados de Arrizabalaga y Biaffra para Álex de la Iglesia, la cinta de Aritz Moreno, que adapta una exitosa novela de Antonio  Orejudo, representa todo un soplo de aire fresco para la cinematografía española y un sonado debut en el largometraje que participó en la Sección Oficial a competición.

Les dejamos, por gentileza del Sitges Film Festival, con la rueda de prensa que ofreció el equipo del film español:

A continuación deberíamos haber podido ver nuestra primera opción y acudir al pase de prensa de Vivarium (Lorcan Finnegan, 2019), otra de las cintas de la Seccion Oficial protagonizada por la adorable Imogen Poots pero, por el tema de la extraña gestión de la organización del festival con los pases de prensa que les detallamos en el artículo anterior, tuvimos que tirar de Noves Visions e ir a la sala pequeña a ver Carmilla (Emily Harris, 2019), cinta basada en la conocida historia gótica de vampirismo y lesbianismo de Sheridan Le Fanu ubicada en la época victoriana, con sus estrictas tradiciones y su moral puritana. La película retratará el paso a la edad adulta y, claro, el despertar al sexo de la joven Lara (Hannah Rae), que se confirmará con la irrupción de Carmilla (Devrim Lingnau). De ritmo pausado y bastante fiel al relato original, la historia sabe jugar en tono ambiguo con el supuesto vampirismo. Todo podría ser fruto de la mente sucia de la institutriz. Harris sabe emular en su cinta ese tono mórbido que adornaba la excelente The Innocents de Jack Clayton. Más que correcta, destaca su delicada fotografía en la que la naturaleza muestra esa sensualidad que pintaron en ella los prerrafaelitas. Posiblemente Serendipia salió ganando con la posibilidad de poder ver esta interesante película, que probablemente permanecerá inédita en nuestras pantallas mientras que Vivarium, cuyos derechos ya han sido adquiridos por A Contracorriente, será estrenada en los próximos meses. En otro orden de cosas, el que esta cinta, cercana en su narración a los modos clásicos, formara parte de la sección Noves Visions, permanecerá entre los muchos misterios del comité de selección.

Excepcionalmente Serendipia pudo disfrutar de una pequeña pausa durante la cual se dejó caer por la carpa Fnac para, más o menos, ver las presentaciones de dos libros tras los que están algunos amigos nuestros: La casa de los horrores de Tobe Hooper, coordinado por Carlos Díaz Maroto y José Luis Salvador Estébenez editado por Vial of Delicatessens y Cuando las carátulas tenían sentimientos, libro que recopila carátulas de video de cintas de género fantástico y de terror españolas e italianas. Un trabajo editado por Javier Perea, el entrañable capo de Imagen Death, quien lo presentó con la colaboración de Diego López.

Tras este espejismo de calma, este leve oasis de tranquilidad, volvemos a las colas y a los cines. Y precisamente para ver una de las películas que más ilusión hacía a Serendipia. No solo por la temática, sino también por la amistad que nos une con uno de sus responsables, Paco Limón. Nos hacía especial ilusión porque hemos sido un poco testigos de la evolución del proyecto, así que no podíamos perdernos la puesta de largo de Sesión Salvaje (Paco Limón y Julio Cesar Sánchez, 2019) EL DOCUMENTAL sobre cine de género español de los años setenta y ochenta que, partiendo del Spaghetti Western repasará la época dorada del Fantaterror, deteniéndose en la comedia de Ozores y el cine Quinqui. Llevando al espectador de Paul Naschy a Piquer Simón, deteniéndose significativamente en el reivindicativo y reivindicable, Eloy de la Iglesia y finalizando el trayecto con la llegada de la Ley Miró. Todo pespuntado con maestría, gracias, sobre todo, a su excepcional montaje que evita convertir la cinta en un simple ensartado de documentos. Aquí los entrevistados parecen hablar entre sí, no es una simple sucesión de entrevistas, el montador logra remitir al espectador la sensación de diálogo, un diálogo que se da entre los participantes, pero incluso entre las declaraciones y la imágenes que las ilustran. Así, los diálogos de las películas reseñadas logran abrir y cerrar los capítulos de este trabajo como si fueran secuencias lógicas que se desprendieran de ellas mismas. Todo ello hace que este documental sea una experiencia feliz y amena para el espectador, sin olvidar su labor didáctica que logra despertar el interés incluso de aquella parte del público que, probablemente, desconocía el tema en la profundidad con la que aquí se aborda. No es un mero ejercicio de nostalgia. Sesión Salvaje es una obra de amor por el cine, todo el cine, pero especialmente ese cine de nuestra infancia que nos esforzamos en recuperar cada vez que cerramos las luces y vemos en nuestra pantalla una de aquellas películas realizadas por artesanos como León Klimovsky, Carlos Aured o Amando de Ossorio. Cine de género, de consumo, carne de sesión doble. Serie-B en muchos casos por formar parte de ese programa doble como la película que acompañaba a ‘la americana’, pero que en muchos casos permanecían en nuestra joven memoria mucho más que la cinta supuestamente principal. Y todo de la mano de varios de sus protagonistas, como los directores Eugenio Martin, Jordi Grau, Javier Aguirre y Mariano Ozores; los actores Fernando Esteso, Lone Fleming, Loreta Tovar, Simón Andreu, Antonio Mayans, Esperanza Roy o Álvaro de Luna, entre muchos

El productor Enrique López Lavigne y los directores Paco Limón y Julio Cesar Sánchez

otros, que rememoran aquellos tiempos, junto a la opinión de jóvenes directores actuales, que crecieron con aquellas películas y que las sitúan en su justo lugar más allá de la nostalgia, como Paco Cabezas, Álex de la Iglesia, Miguel Ángel Vivas y, sobre todo, Nacho Vigalondo, que comparte con Serendipia su opinión sobre la desaparición de esas películas más allá de, simplemente, echar la culpar a Pilar Miró y su ley. También Vigalondo describe, mejor que nadie, la falsa nostalgia actual con respecto a aquellas películas, que cabe situar en su época como productos de consumo rápido, sin que ello resulte peyorativo. Categoría que alguna de estas películas trascendió situándose como obras maestras del cine español.

El documental, modélico y emocionante, llamado a ser de referencia, gracias también a haber podido contar con los medios suficientes para acceder a los archivos de imágenes necesarios, evita

Paco Limón y Julio Cesar Sánchez paralizados por el flash

ser una sucesión de bustos parlantes, por lo que, repetimos, resultará ameno para el neófito o el interesado casual sobre el tema. Sesión salvaje  se cierra abriendo, a su vez, un interesante discurso sobre el consumo actual de audiovisual y la facilidad de poder disfrutar de tanto cine con un simple click. Pero ese es tema, quizás, para otro documental.

Con gran satisfacción, pero también disgusto, tuvimos que abandonar la sala al terminar la cinta, perdiéndonos la sesión de questions and answers que hubo con los directores con posterioridad al pase. Pero tocaba volver a hacer cola. Tocaba volver al cine.

Little Monsters (Abe Forsythe, 2019) hace referencia a los niños que protagonizan esta nueva vuelta de tuerca al tema de los zombies, en una película en la que también tendremos como protagonistas a un inmaduro treintañero (Alexander England), que todavía aspira a ser una estrella del rock y al que acaba de dejar la novia por no querer tener descendencia; y una pizpireta profesora, que junto a un nutrido grupo de niños verán como un día de excursión al parque, con sus canciones y diversiones, se convertirá en un festival de sangre y vísceras. Un divertimento poco inspirado que se diría indicado para toda la familia a pesar de que el presupuesto no ahorra ni un dolar en tripas. La protagonista, una empoderada Lupita Nyong’o, está todo lo encantadora que puede estar, pero el resultado no deja de ser bastante liviano y casi fuera de lugar en un festival como Sitges, al menos en su Sección Oficial. Es la cinta de zombies que podrán ver con gusto todos aquellos a quienes, en verdad, nunca les han interesado. Eso sí, hay que reconocérselo, el Auditori estaba lleno hasta la bandera y los espectadores (ese público de fin de semana) saludaron con risas todo el metraje.

Mucha más suerte, y un inmejorable colofón para esta jornada, tuvimos con la producción chino hongkonesa Chen mo de zheng ren (Bodies at Rest, 2019) dirigida por un Renny Harlin que parece haber cogido gusto a rodar en China, pues con está ya son tres las producciones que ha rodado allí. La historia se desarrolla en uno de los lugares más sugestivos en el que puede rodarse una película: una morgue. Allí y durante la noche de Navidad, tres enmascarados entraran para recuperar, a cualquier coste, una bala incriminatoria que permanece todavía en un cadáver. Un forense y su ayudante no se lo pondrán nada fácil ¿el resultado?: un magnífico thriller de acción, un mecanismo de relojería que milimetra las secuencias engarzándolas en un ritmo vertiginoso. Todo entra en el momento justo y el interés no decae si quiera cuando se cruzan los elementos más sentimentales. Diversión máxima en  una cinta ideal para disfrutar durante las próximas fiestas (o quizás al fresco en un cine de verano), protagonizada por unos explosivos Nick Cheung y Zi Yang. Y es que, de un tiempo a esta parte, el cine oriental está resultando ser el que más alegrías  y garantías ofrece a Serendipia, si más no, al menos en lo que hace referencia al entretenimiento, y esta película, que se ofreció dentro de la sección Órbita, es un claro ejemplo de ello. Fue el bonito fin de un sábado lleno de contrastes en las más de doce horas que pasamos en la sala oscura.

No queríamos despedir esta crónica sin una pequeña desiderata. Si bien antes teníamos ciertas reticencias respecto al cine asiático, ahora vivimos con él un auténtico idilio. Esperamos que con la marcha de Mike Hostench, subdirector y máximo valedor del cine oriental en el Festival de Sitges, no desaparezcan las películas locas y los thriller tensos de acción provenientes del continente amarillo.

 

 

 

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Serendipia’s Sitges Film Festival 2019: Segunda cápsula

23 octubre 2019 Deja un comentario

VIERNES 4 DE OCTUBRE                                                     (Fotos: Serendipia)

Un nuevo día y cuatro títulos más esperan a Serendipia. Pero antes de de continuar permitan que les contemos algo que, aunque puede que les resulta ciertamente extraño de entender, sucede habitualmente en este festival y en especial y con mayor grado durante esta edición. Hablamos de…

EL MISTERIO DE LOS PASES DE PRENSA SIN ACCESO PARA PRENSA

Les explicamos: la prensa acreditada tiene derecho, tras abonar la cantidad estipulada, a pedir los pases que estime necesario dentro de unos límites que marca la categoría de la acreditación. Los pases reservados para prensa pero abiertos al público, matinales, no deberían plantear ningún problema a la hora de reservar las entradas pero… hubo problemas. Y más que en otras ocasiones. Prensa tiene que solicitar todos los pases que desee un día concreto, así que, quien más quien menos, está atento al comienzo del plazo para que no se terminen las entradas, pues son limitadas. Pero resulta que a los diez minutos de comenzar el plazo muchos vimos como varios de estos pases de prensa se habían agotado. En el caso de Serendipia nos quedamos sin siete de estos pases, teniendo que optar, en estos casos y siempre que coincidiera más o menos el horario, a pedir entradas de otras salas (la mayoría en el Tramontana al ser la más cercana de l’Auditori) y de títulos pertenecientes a otras secciones como Novas Visions. Cierto es que luego dice la organización que ‘se liberan’ entradas -por no haberse vendido- y así sucedió que hubo entradas para algunas de estas cintas, así como sesiones con poco público y prensa sin entradas… pero el planing es el planing y Serendipia es un ente organizado, así que nos quedamos con los pases que conseguimos durante el plazo de solicitudes inicial, haciendo honor a nuestro apodo, aceptamos las serendipias que el azar ponía ante nosotros, seguros de que a veces lo inesperado es el mejor tesoro. Hay que añadir que de aquellas cintas que nos parecían de visión obligada en nuestra selección inicial y no obtuvimos pase, compramos la entrada. ¡Somos así de flamencos!

Eso si, esperamos que estos desbarajustes vayan solventándose en futuras ediciones.

Comenzamos el día con un título del que teníamos tan pésimas referencias que no pudo más que gustarnos. Paradise Hills (2018) es una parábola feminista muy bien orquestada (ya les hablaremos más adelante de Judy & Punch, ya), con guión de nuestro admirado Nacho Vigalondo  que se desarrolla en una isla llamada Paradise, donde se encuentra un centro de rehabilitación, spa, resort comandado por La Duquesa (Milla Jovovich). Allí las ovejas descarriadas de las clases privilegiadas son reeducadas y convertidas en bellas y serviciales princesas. La insultantemente joven Alice Waddington (27 años), firma este debut en el largo tras su exitoso Disco Inferno (2015) que, dejando aparte que para Serendipia toda película en la que salga la Jovovich es digna de visionado, nos pareció un cuento de hadas bien resuelto y delicioso en su delirio de colores pastel. Y más allá de eso consigue intrigar y sorprender con ese universo de princesa Disney mezclado con El prisionero (1967-68) una serie que muchos de ustedes no han visto y que demuestra que lejos de descubrir la sopa de ajo, las series interesantes y barrocas ya existían en la infancia de Serendipia.

Les dejamos con la rueda de prensa posterior al pase:

La cinta, que realmente nos dejó buen sabor de boca, fue seguida por otra de Sección Oficial Fantastic Competition, The Lodge (2019) de los austríacos Severin Fiala y Veronika Franz, viejos conocidos por el público del festival gracias a Goodnight Mommy (2014) y que firman aquí otro nuevo e impactante relato de relaciones materno-filiales protagonizado por dos niños que tendrán que vivir la tragedia de quedar huérfanos de madre y tener que habituarse a convivir con su joven e inquietante madrastra. El frío del exterior de la casa competirá con la gélida frialdad de los niños hacia ella, pero nada preparará al espectador para la extraña situación que sucederá al amanecer. La película mejora conforme vuelve a nuestra memoria. Y es que los  austríacos se manejan a las mil maravillas en estos relatos que mezclan infancia y terror, en The Lodge administran con inteligencia la intriga sabiendo mantener en el aire todas las hipótesis del espectador sobre la trama, incluida la sobrenatural, y consiguiendo así que el final nos resulte coherente a la par que inesperado, como corresponde a los buenos relatos. Un buen filme, atmosférico con arranque impactante y que nos va helando el corazón según avanza la gélida tormenta exterior e interna a los personajes. Una producción Hammer que los directores, por cierto tía y sobrino, confiesan haber rodado de forma cronológica y en localizaciones reales. Es posible que les resulte familiar el rostro de la actriz que abre la cinta interpretando a la madre de los pequeños. Si, es Alicia Silverstone. Y si, el tiempo es inclemente.

Con la siguiente sesión llegó el primer cambio, pues deseábamos ver Ready or Not (Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett, 2019) también de la sección Oficial pero, al agotarse por lo que les hemos contado en el recuadro de arriba, tuvimos que tirar de Noves Visions. Y pensamos que en esta ocasión salimos ganando, pues Bor Mi Vanh Chark (The Long Walk, Mattie Do, 2019) demostró ser, además de una de las más estrambóticas coproducciones que conocemos (Laos, España, Malasia), una película atípica que combina historias de fantasmas, futuros distópicos y paradojas temporales. Mattie Do, nacida en Laos y criada en Estados Unidos, nos ofrece una mirada personal sobre la irreversibilidad (o no) del destino a través de la historia de un anciano (Yannawoutthi Chanthalungsy) a quien se le atribuye la capacidad de hablar con los espíritus en paralelo con la de un niño (Por Silatsa) que presencia un accidente y acompaña a la joven herida en su muerte. Pronto descubriremos que ambos son el mismo personaje en dos líneas temporales distintas que el anciano puede atravesar gracias a la presencia del espíritu de la joven accidentada (Noutnapha Soydara) que le acompaña como una sombra al no haber recibido sepultura. Asistiremos a los intentos del anciano de intervenir en su propio pasado interactuando con el niño que fue, quiere, sobre todo, impedir la dolorosa muerte de su madre, un ensayo que resulta infructuoso, porque, aunque se llegan a modificar circunstancias fundamentales, lo inevitable sucede y descubrimos que, en verdad, el personaje está condenado a vivir continuamente en bucle su ciclo. Do combina de forma inimitable la ciencia ficción con el budismo rural mientras nos retrata los contrastes entre la pobreza del campo y los adelantos de la ciudad (que no llegamos a ver pero se insinúan sus altos edificios en el lejano horizonte), para ello desplaza el relato a un futuro de tiempo indefinido que no ha erradicado la pobreza pese a los avances tecnológicos. La cinta resultó ser una delicia merecedora (en nuestra humilde opinión)de haber participado en Sección Oficial y nos preparó el cuerpo perfectamente para nuestra última ración cinematográfica de la jornada, el nuevo desmán del japonés Sion Sono, The Forest of Love (2019) otra producción original Netflix.

La cinta de Sono fue incluida también en la sección Noves Visions, ese cajón de sastre que parece amparar, además de nuevas formas de ver el fantástico, y propuestas marcianas, algunas piezas que parecen no haber tenido espacio en la Sección Oficial aunque su calidad las haría merecedoras de figurar en ella.  Dejarse llevar por los títulos de esta sección puede representar todo un bálsamo contra el cine más mainstream. Así, el último Sono no nos defraudó, pues, sobre la falsilla de los crímenes de un asesino serial inspirada en hechos reales, el inclasificable director ofrece sus constantes y sus salidas inesperadas, con escenas de comedia, pero también con sangre, colegialas y feliz transgresión. Nos deja un personaje icónico, Jo Murata (Kippei Shîna), un hombre despiadado que usa su carisma para manipular a la gente, sobre todo a las mujeres que parecen contraer una auténtica adicción a su figura dejándose arrastrar a dolorosos juegos sadomasoquistas, una constante del japonés, relatados aquí en clave de comedia salvaje plagada de sabroso gore. Es también cine dentro del cine, uno de sus ejes centrales es el rodaje de unos jóvenes aspirantes que tomarán, precisamente, a Murata como personaje, conforme avanza el metraje veremos cómo Murata acaba haciéndose con el control absoluto de la película que ruedan, mientras que la que protagonizan va convirtiéndose, también, en una loca cinta de fugas hacia adelante en el que van dejando atrás varios cadáveres que descuartizan con todo lujo de detralles. No le faltan dosis de crítica contra la hierática sociedad japonesa de la que se burla convirtiendo a una familia burguesa, de altos miramientos, en una pandilla de punks enloquecidos seguidores de, cómo no, Murata. Pero sobre todo denuncia la imposibilidad del amor romántico a través de la imposible adaptación de Romeo y Julieta por las jóvenes protagonistas en su adolescencia, un ítem que marca el desarrollo de sus personajes y da lugar a algunas de las escenas más impactantes del filme (como ese suicidio colectivo desde la terraza del instituto). En suma,151 minutos de locura que nos acompañaron mientras terminaba una jornada más de cinefagia en Sitges.

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Serendipia’s Sitges Film Festival 2019: Primera cápsula

22 octubre 2019 Deja un comentario

La pasada edición del festival de Sitges fue sencillamente grande en invitados y títulos, tanto que consiguió eclipsar la edición número 50, que tan especial se las prometía. Pero también resultó ser agotadora, tanto que nos propusimos que esta fuera más sosegada. Alejados de los saraos, el falso glamour y las alfombras rojas que pueden ver en los diferentes making of diarios que incluímos al final de cada artículo, no quisimos ni perseguir autógrafos para no ser tratados como unos roba peras a nuestros más de cincuenta años. Y tan solo pedimos una entrevista, que no pudo ser por ausencia del invitado, así que ¿se ha dormido Serendipia en su décima edición como prensa acreditada? ¡Ni mucho menos! Nos hemos metido entre pecho y espalda la friolera de 44 películas, lo cual no nos ha dejado mucho tiempo para otras cosas, la verdad. Y todo para narrarles nuestro festival particular compuesto por una extensa muestra del mejor cine seleccionado por el equipo del festival de entre lo más granado proveniente de todos los continentes. Así que apriétense los cinturones que salimos:

JUEVES 3 DE OCTUBRE                                                       (Fotos: Serendipia)

Con la despensa llena y sin internet, pues somos enemigos de estar pendientes del smarthphone y se había producido una avería en la wifi de nuestro piso habitual, que por cierto no se solventaría durante todo el certamen (cosas que pasan) dejándonos incomunicados, Serendipia comienza su maratón particular de diez días de películas con la cinta que el festival había escogido para la Inauguración, In the Tall Grass, producción Netflix basada en un cuento de Stephen King y Joe Hill (hijo del escritor), dirigido por Vincenzo Natali. A priori una interesante propuesta que se estrenaría, en su canal, al siguiente día. A imagen y semejanza de la inauguración oficial, que tendría lugar en una gala nocturna, durante este primera pase, reservado a prensa y público, se ofreció también el cortometraje Reality, como si se tratara de una nueva Historia para no dormir. Dirigido por Alejandro Ibáñez, hijo de Chicho. Reality es una pieza bienintencionada y bien realizada, pero no demasiado inspirada y con un final bochornoso que pretende denunciar el sufrimiento de los niños en los conflictos bélicos, algo que su padre hizo de manera mucho más sutil y efectiva tan solo con los títulos de crédito de ¿Quién puede matar a un niño? (1976). El corto de veinte minutos está protagonizada por Lydia Bosch y Dani Rovira, este último todo un error de casting, pues aunque recita diálogos serios, cada vez que aparece en la pantalla, es recibido por el público con risas cómplices. Secuelas de ser caricato. En todo caso estaremos pendientes de Urubú, debut de Ibáñez en el largometraje.

Mucho más interesante resultó el filme de Natali, que sitúa su acción, al igual que en su mítico debut, Cube (1997), en un único y asfixiante escenario, aunque ahora con el contraste de situarlo un prado de hierba inusitadamente alta, por tanto exterior y con gran parte de su acción a plena luz del día, lugar en el que, una vez se entra, no parece haber salida. Y todo eso es lo que atrajo especialmente al director, “la ambigüedad del campo, que pudiera ser hermoso y terrorífico al mismo tiempo”, dando como resultado una historia que en otras manos no hubiera dado para mucho más que un cortometraje o, por poner símiles históricos, un episodio de The Twilight Zone. Natali ha querido acercar el relato original al terror cósmico de H. P. Lovecraft, pues para él, “el desconocimiento del universo y nuestra presencia microscópica es sin duda un motor para buena parte de mis películas y el centro temático de Lovecraft“. Entre sus intérpretes destaca Patrick Wilson, que junto a Natali fueron invitados del festival. Para un comentario más pormenorizado os dejamos este enlace.

Y sin tiempo para acudir a la rueda de prensa que Vincenzo Natali ofreció, y  que gracias al propio festival podemos disfrutar a posteriori en el video que adjuntamos arriba, Serendipia vuelve a la oscuridad del cine para ver Bloodline (Henry Jacobson, 2018) otra vuelta de tuerca al tema del Serial killer que se inicia de manera modélica, con unos ecos de giallo que darán entrada a la historia de un psicólogo infantil que, a punto de ser padre de familia, descarga su ira sobre los padres maltratadores que denuncian en su consulta los alumnos del colegio donde trabaja. Algo que sin duda Dexter Morgan aprobaría. Con esta cinta, incluida en la Sección Oficial del festival, Jacobson debuta en el largometraje. Una película que va de más a menos en la que la curva de interés desciende a medida que va volviéndose más y más predecible, todos esperamos ya la conclusión de que “la familia que asesina unida permanece unida”, así que llegamos al desenlace sin ápice de emoción.

Y seguimos: Serendipia no espera mucho de Rob Zombie más allá de una simpática serie-B de esas que hace tan bien. Y es que, por mucho que se esfuercen sus seguidores en tacharlo de genio, para nosotros no es otra cosa que un director de películas simpáticas de terror de serie-B. Y eso es lo que es Three From Hell, cinta que se ofreció fuera de competición: más de lo mismo que el filme del que es secuela, Los renegados del diablo (The Devil’s Rejects, 2005) aunque, eso si, se echa de menos más metraje del Capitán Spaulding, al que Rob Zombie ejecuta al comenzar la cinta por estar Sid Haig muy enfermo ya por entonces ¿El resto?: cámara lenta para ofrecer cierto dramatismo y épica; diálogos supuéstamente trasgresores a base de muchos ‘Fucks‘ y ‘Motherfuckers‘; metraje de diferentes texturas; suciedad, mucha suciedad; una Sheri Moon de lo más loco, casi paródica; y el retrato de un México de opereta, que roza la ofensa, con sus habitantes viviendo en un eterno Día de los muertos y con villanos luciendo máscaras de luchador. Claro. Y como no muere nadie, es posible que Rob Zombie se anime con otra secuela más. ¡Que el cielo nos pille confesados!

La cuarta sesión del día nos puso frente a uno de los títulos más interesantes de esta edición: Zombi Child (Bertrand Bonello, 2019), producción francesa que devuelve a la pantalla la magia de  la que Val Lewton y Jacques Tourneur dotaron a los zombies, dándoles cierto halo poético muy alejado del comecerebros que tantas veces ofrece el moderno cine de terror y humor. Bertrand Bonello, cineasta y compositor, narra dos historias en paralelo alejadas en 50 años. Una se desarrolla en Haití en 1962, donde Narcisse, un joven a punto de contraer matrimonio, es convertido en zombie y vendido como esclavo. Y la otra en un internado femenino en el que conviven varias alumnas bien diferentes, una de ellas de procedencia haitiana. Dos historias  aparentemente con escasa relación, pero que  terminarán convergiendo. Con escenas de innegable belleza, como las que muestran al solitario zombie vagando por lugares en ruinas y cementerios desolados. Pero es más que belleza plástica lo que nos trae Zombi Child, la contraposición de las historias sirve a efectos de reflexión sobre el colonialismo, vista desde los dos ángulos: el de la metrópoli que se loa a sí misma como exportadora de las luces de la razón alrededor del mundo, tal como se muestra en los planes de enseñanza que siguen las jóvenes, y el otro, el punto de vista del colonizado que demuestra que el sueño de la razón produce monstruos. Y no es el zombi el monstruo, precisamente, este no es más que la víctima de la explotación en manos de los favorecidos por la colonización. La tesis de fondo no es inédita, pero lo que le da relevancia es la forma escogida para servirla, una película inteligente que juega con diferentes registros visuales y que entrelaza e interpola recursos narrativos diversos. Buen ritmo, buenas interpretaciones, y buen planteamiento formal. En suma, un buen filme, que se ofreció dentro de la sección Noves Visions, y un buen comienzo para la recién nacida distribuidora Flamingo Films, creada por nuestros amigos del Americana Film Fest.

Esto fue todo lo que nos ofreció este primer día de festival. Cine y más cine. Película tras película. Ignorando photocalls (que cada vez ubican más lejos) y sin sentir la presencia de actores y directores invitados, que eran los que protagonizaban la prensa escrita y los informativos televisimos. Nosotros estuvimos en otro festival paralelo. Un festival de cine. Nuestro festival de cine.

 

 

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El Festival de Sitges anuncia las fechas de la próxima edición y hace balance

22 octubre 2019 Deja un comentario

El certamen hace un balance muy positivo de su 52ª edición, celebrada entre el 3 y el 13 de octubre

Sitges 2019 despidió hace una semana una edición que ha mantenido las buenas cifras de los años anteriores y que confirma el excelente estado actual del cine fantástico. La organización ya empieza a ponerse manos a la obra de cara a la próxima edición, que se llevará a cabo del 8 al 18 de octubre de 2020.

Las 66.278 entradas vendidas suponen el tercer mejor registro en la historia del Festival, situando la recaudación final del Festival en 707.502 euros. En el ranking de films más demandados por el público se han situado finalmente The LighthouseNoche de bodas (Ready oro Not)The LodgeColor Out of Space o la ganadora El hoyo.

Sitges 2019 ha programado cerca de 300 largometrajes y cortometrajes; más de veinte actividades destinadas a la industria, y ha contado con más de 300 invitados llegados de todos los puntos del planeta.

La directora general de la Fundación Sitges – Festival Internacional de Cinema de Catalunya, Mònica Garcia Massagué, valora muy positivamente estas cifras: “El balance final demuestra el amor por el cine fantástico que nos muestra año tras año el público de Sitges, que ha respondido con entusiasmo a una programación original. Por su parte, la industria cinematográfica ha reiterado también su cita anual con Sitges, haciendo honor a su reputación de excepcional espacio para networking y descubrimiento de nuevos talentos”.

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