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Prende una nueva edición del Fire!! cargada de buen cine

(Foto: Serendipia)

De nuevo Proyecto Naschy en Fire!!! un festival de cine, en muchos casos, invisible. Ya no únicamente por las opciones sexuales LGBT que trata ; o porque muchos de sus títulos no se estrenan en nuestras pantallas; sino también porque pocos o nulos son los medios de comunicación acreditados o que se hagan eco de este festival fuera de los propios medios LGBT. Aunque al parecer algo está cambiando en este aspecto. De ser prácticamente unos de los pocos (por no decir los únicos) heterosexuales que se acercan a este festival para informar sobre las cintas que se proyectan, este año hemos podido encontrarnos con algún compañero más, lo cual hablando de la edición número 22 ya resultaba alarmante. Y no porque pensemos que haya que sumarse al evento en aras del buenrollismo y de la ley de lo políticamente correcto, sino porque, a fin de cuentas, estamos hablando de un festival de cine que se celebra en nuestra ciudad desde hace más de 20 años, con un equipo que trabaja impecablemente para organizar y seleccionar un lote de cintas muy variadas, independientes, de diversos géneros, y cuyo trabajo no parece estar tan reconocido como el  otros festivales, que parecen tener más querencia entre los elementos contraculturales de turno. Y preferimos no barajar los motivos.

UN PASEO POR EL FIRE!!

Esta edición del Fire!!, que de nuevo ha tenido como sede L’Institut Francès, ha ofrecido al público asistente un buen número de propuestas de lo más variado: 16 largometrajes, 8 documentales y 28 cortometrajes. Diversas visiones de esas otras sexualidades provenientes de lugares tan dispares como Estados Unidos, Brasil o Mongolia. De entre todas ellas podemos resumir esta selección, que mostramos sin orden ni concierto:

I Am Michael (Justin Kelly, 2015), nos cuenta la increíble historia de Michael Glatze, un reconocido activista gay juvenil interpretado por James Franco que dejó de “ser” homosexual para hacerse pastor cristiano. Un viaje por los laberintos mentales de este antiguo activista hipocondríaco en su intento de encajar la fe religiosa con su identidad sexual que terminará viajando a un extremo radicalmente opuesto. Y una nueva ocasión de comprobar que James Franco es uno de los más interesantes actores de su generación, que igual se transforma en el Duendecillo Verde como en el también demencial protagonista de Spring Breakers. Comprometido con el cine más independiente, no dudó en dirigir Interior. Leather Bar, una fantasía en forma de mediometraje sobre el rodaje de A la caza (Cruising, William Friedkin, 1979). Informado por su amigo Gus Van Sant de la historia de Michael Glatze, que había leído en una revista, no dudo en ser uno de los productores de esta cinta, previo acuerdo monetario de 75.000 dólares con Glatze. El resultado es una interesante cinta en la que también interviene Zachary (Mr. Spock) Quinto y realiza un minúscula aparición Daryl Hannah. Aunque correctamente narrada, el arco de transformación del protagonista resulta, de tan minucioso, bastante lento, casi tedioso, estirando la situación más de lo recomendable. Con todo, es interesante este retrato de una desesperada búsqueda de voz propia que acaba, paradójicamente, en la negación de sí mismo. Justin Kelly ha vuelto a la temática homosexual con su segundo largometraje, King Cobra (2016), en el que también interviene y produce James Franco.

Que una película ingeniosa, divertida e inteligente como Pushing Dead (Tom E. Brown, 2016) se estrene en España un año después de producirse y que sea dentro de un festival con una temática muy concreta, resulta un tanto vergonzoso. Y es que a pesar de que no sea un producto totalmente redondo, algo que achacar (y disculpar) a su condición de tardía opera prima, Pushing Dead es una muy saludable comedia que trata temas tan graves como son  el VIH con una magnífica naturalidad, sin permitir que la presencia de la enfermedad la convierta en la protagonista absoluta de esta cinta que, sobre todo, habla de la soledad, el amor y de esa familia adquirida (y libremente elegida) que conforma nuestra existencia. Diálogos ágiles e ingeniosos, buenas interpretaciones, personajes sólidos y empáticos. ¿Una comedia sobre el sida? en parte, pero mucho más, que no es poco. Una comedia sobre esa inhumana burocracia que es capaz de condenar a muerte al individuo por no poder pagar los medicamentos o los tratamientos médicos. Y también, de rebote, una magnífica crónica urbana que entre sus secundarios cuenta con rostros tan familiares como los de Danny Glober o Khandi Alexander, junto a otros que lo son menos pero que realizan un trabajo sumamente eficaz como  Robin Weigert y James Roday, sus protagonistas.

Amnistía Internacional colaboró con el festival recomendando y presentando uno de los títulos, el muy interesante, y original en su forma, documental La sociologue et l’ourson (Mathias Théry, Étienne Chaillou, Francia, 2016) que narra los nueve meses previos a la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo en Francia. Durante esos nueve meses de gestación legislativa, la reputada socióloga Irène Théry explica lo que está en juego en un delicioso diálogo con su hijo Mathias (uno de los directores de la cinta), que graba estas reflexiones sobre la historia del matrimonio y lo absurdo de los argumentos en contra del proyecto. Mathias y su cómplice, Étienne Chaillou, articulan estos testimonios mediante muñecos, juguetes y cartulinas de colores, mezclándolo todo con imágenes reales y obteniendo un resultado sorprendente y divertido, que también ironiza sobre algunas reacciones, como las ofrecidas por los sectores más conservadores, un espectáculo lamentable de entre los que destacan los de la excómica Frigide Barjot con sus declaraciones incendiarias, que tan solo buscaban la propia notoriedad. Magnífica propuesta, original y muy ilustrativa, justa merecedora del premio a mejor documental de la muestra.

Marco Berger escribe y dirige con Martín Farina Taekwondo, cinta argentina que tiene, como pueden suponer, de todo menos artes marciales y una de las propuestas que obtuvo mayor afluencia de público junto a Tom de Finlandia (Tom of Finland, Dome Karukoski, 2017). Taekwondo es un juego inocente, pero con unas gotas de malicia. Ya no por lo que cuenta, sino por la forma de hacerlo. Berger, de todos modos, ya nos había demostrado en la edición anterior del Fire!! con Mariposa, que es aficionado a jugar con sus personajes y con el público.

En esta ocasión Berger y Farina nos encierran en una bonita casa de campo cercana a Buenos Aires, junto a un grupo de amigos, muchos de los cuales se conocen desde la infancia, que, lejos de sus trabajos, estudios y mujeres, dedican unos días a bañarse en la pileta, fumar porros, beber y hacer el vago mientras hablan de lo humano, de lo divino y de coger minas. Se trata de una reunión habitual de esta pandilla de amigotes, pero esta vez uno de ellos, Fernando, ha traído a Germán, un amigo de su clase de taekwondo, del que pronto sabremos que se siente atraído por su anfitrión.La historia se nos ha narrado muchas veces, pero la cámara (nuestro ojo) tiene la particularidad de detenerse, e incluso deleitarse, en los cuerpos semidesnudos de los muchachos, en sus pechos, en sus genitales, obligando al espectador a compartir la visión homoerótica del protagonista, que es también la de los directores, sobre esos cuerpos jóvenes (hermosamente fotografiados). Ese es el juego: contagiarnos la mirada de un homosexual sobre el cuerpo masculino hasta hacerla nuestra, sea cual sea nuestra orientación sexual.  Se nos antoja que es un excelente mecanismo para detectar la homofobia, o al menos para desconfiar de los que se escandalicen ante esa forma de retratar los cuerpos masculinos.

Rodada la desnudez masculina con toda naturalidad, nos habla, pues, de la homosexualidad a través  de la tensión sexual latente entre Fernando y Germán, una tensión que determina toda la intriga del filme y que se sostiene hasta el plano final. La resolución de la misma es una magnífica catarsis y, como tal, fue celebrada sonoramente por el público en sus dos proyecciones dentro de la muestra.

About Ray, también conocida como 3 Generations, cinta dirigida por la londinense Gaby Dellal, será una de las pocas propuestas ofrecidas en esta edición del Fire!! que tendrá estreno en España (como Tres generaciones) de la mano de DeaPlaneta.

Cinta mainstream,  trata el tema de un adolescente transgénero de quince años (interpretado por Elle Fanning) que, pese a las dudas de su madre Maggie (Naomi Watts) y su abuela lesbiana (Susan Sarandon) decide someterse a una operación de reasignación de sexo. Con ciertos toques de comedia añadidos (casi todos protagonizados por la pareja lesbiana), la cosa no finalizará ahí, y la cinta continuará cargando quizás demasiado las tintas en este tiovivo ascendente de problemas que, como suele suceder, terminará teniendo un final feliz.

¿Demasiado feliz el final? Pues más bien sí. Pero, si no como gran película, que no lo es, 3 Generations al  menos servirá para acercar el tema de la transexualidad a todo tipo de público y demostrar algo que ya sabemos desde que la vimos en Súper-8 (J. J. Abrams, 2011): que Elle Fanning puede ser más que esa magnífica diosa de la belleza que fue en la inmediatamente posterior The Neon Demon (Nicolas Winding Refn, 2016). Y porqué nos encanta Naomi Watts. Lo de que Susan Sarandon es grande no hace falta recalcarlo. Viene por defecto. Eso sí, nos corroe un tanto el misterio de por qué se programó una sola vez y a una hora tan poco afortunada (domingo 22.30 horas), algo que pasa automáticamente a formar parte de los numerosos misterios insondables del maravilloso y hermético mundo de los festivales de cine.

Jonathan fue, en nuestra opinión, una de las mejores (si no la mejor) cintas ofrecidas durante esta edición de Fire!! Con una temática innegablemente dura, pues narra, hasta la agonía, los últimos días de uno de sus protagonistas. No se detiene ni mucho menos ahí, ni hace de este trance el punto central de la historia, aunque sí uno de los principales motores de su guión. La película nos cuenta el día a día de Jonathan (Jannis Niewöhner), un joven de 23 años que pasa su vida cuidando de su padre Burghardt (André Hennicke), aquejado de un cáncer terminal, y haciéndose cargo de la granja familiar. Vive con ellos su tía Martha (Barbara Auer), hermana de Burghardt, con el que no se habla desde hace años. Un día a día monótono del que Jonathan escapa diseñando en su buhardilla lámparas y diversos objetos de arte. Anka (Julia Koschitz), una cuidadora, que llegará para ayudar al joven en los últimos días de su padre, pondrá amor y alegría en su vida, además de descubrirle sus virtudes artísticas. Un día llegará Ron (Thomas Sarbacher), un amigo de Burghardt del pasado, un extraño, un intruso que abrirá la caja de Pandora donde se escondía, enquistado, el secreto de la familia que no permitía la comunicación entre padre e hijo.

Jonathan cuenta con unos interpretes innegablemente carismáticos, especialmente el joven Jannis Niewöhner, un James Dean teutón que a pesar de su juventud cuenta con mucho oficio, consiguiendo fácilmente que el espectador empatice con su personaje. Nos conmoverá en su desesperada búsqueda del amor, del reconocimiento de su padre y de la verdad de por qué y cómo murió su madre, un tema tabú en esa casa. El padre del muchacho, que interpreta un convincente André Hennicke, es un tipo brusco, aparentemente falto de sentimientos hacia su joven hijo, pero, como descubriremos,  lo que realmente hay entre ellos es una bomba de puro amor, de sacrificio del uno por el otro, en esta historia magníficamente narrada. Tanto, que convierte escenas que podrían resultar extremadamente sórdidas (ese encuentro amoroso entre Burghardt y Ron casi en puertas de la muerte) en momentos de infinita belleza, de estremecedora humanidad.

Esta magnífica cinta, con la que debuta en el largometraje el joven director polaco Piotr J. Lewandowski, también escritor y guionista, no debería permanecer ‘aislada’ en festivales pues es de largo merecedora de ser estrenada en salas y de ser vista por espectadores con un mínimo de sensibilidad cinematográfica. Una muestra de que el cine es mucho más que un entretenimiento y que todavía tiene mucho que decir. Tan dura como bella.  

Mucho más convencional fue la comedia italiana Io e lei (Maria Sole Tognazzi, 2015), retrato de la relación entre dos mujeres maduras tan diferentes como son Federica (Margherita Bui), exitosa arquitecta, y Marina (Sabrina Ferilli), ex-actriz. La tímida e introvertida Federica estuvo en el pasado casada con un hombre con el que tiene un hijo en común; mientras que Marina ha sido siempre una lesbiana orgullosa y vitalista. Tognazzi, que ya dirigió en su anterior trabajo, Viajo sola (Viaggio sola, 2013), a Margherita Bui, nos muestra la madurez de una relación lésbica, sin provocación ni transgresión, dando valor y belleza a la naturalidad y normalidad con que se cuenta una historia de amor sencilla entre dos seres humanos.

Tom de Finlandia es un correctísimo biopic sobre el influyente artista Touko Laaksonen, que fue conocido como Tom de Finlandia, todo un icono de la cultura gay y más concretamente de la estética Leather. La historia parte desde su experiencia desgarradora y heroica en la Segunda Guerra Mundial, donde descubre su homosexualidad y un submundo de lugares de encuentro clandestinos entre hombres. Pero tras la guerra tendrá que lidiar otra lucha en su propio país, pues en Finlandia la homosexualidad fue considerada delito desde 1894 hasta 1971. Así que Touko se refugia en su arte, liberador y centrado en dibujos eróticos de hombres musculosos y desinhibidos. Con el tiempo sus imágenes acabarán publicándose en Los Ángeles, a donde será invitado por unos admiradores y donde descubrirá hasta que punto ha influido en la creación de toda una estética basada en sus dibujos de modelos musculosos, cubiertos con cuero, uniformes… una parafernalia que lo llevarán al éxito comercial en los años setenta y ochenta, enturbiados después con la eclosión del sida. Dome Karukoski lleva a la gran pantalla la vida y obra de este artista contando con gran sensibilidad, un buen diseño de producción, unos competentes intérpretes y sobre todo un magnífico guión que no cae en lo folklórico ni en lo más fácil, mostrando los colores apagados y los grises del Helsinki de los cincuenta y sesenta en contraste con la California multicolor de los setenta y ochenta donde se desarrolla la segunda parte de la cinta.  Una historia de rebeldía y reivindicación magníficamente retratada que se alzó con el premio del público.

Y de un buen biopic a un excelente documental: Chavela (Catherine Gund, Daresha Kyi, USA/México/España, 2017). Un completo recorrido por la vida y obra de esta innovadora y universal cantante que rompió esquemas con su imagen y forma de cantar y que tuvo que ganarse el respeto de sus compañeros de escenario y de barra -un submundo muy masculino y misógino- siendo la más macha de todos, cantando mejor y bebiendo más. La protagonista y sus amigos y compañeras hablarán de su condición de lesbiana, un secreto a voces desde el escenario que debía mantener con discreción fuera de él; de su encuentro deslumbrante con Frida Kahlo; de sus muchas amantes y sus aventuras. Su caída en desgracia por su alcoholismo severo y su vuelta a los escenarios, primero en un México que volvería a descubrirla y más tarde ,y a lo grande gracias al apoyo de Pedro Almodóvar, en los escenarios de los teatros de España y Francia, donde vivió los últimos mejores momentos de su vida. Un magnífico documental repleto de imágenes de archivo inéditas que nos muestran a una Chavela Vargas vital, divertida, sentimental. Enorme.

Heartstone (Hjartasteinn, Guðmundur Arnar Guðmundsson, 2016), vuelve a conducirnos  por el despertar sexual en la adolescencia, el descubrimiento del amor y de la muerte, en esta ocasión con idílicos escenarios islandeses como marco, cuyos atardeceres contribuyen a elevar el tono melancólico del relato. Un pequeño pueblo en el que todos se conocen y en el que se sabe todo de todos, será el escenario en el que crecerán Christian (Blær Hinriksson) y Thor (Baldur Einarsson), con los que viviremos pequeñas tragedias y alegrías: peleas con chicos mayores, habladurías y chismes, además de los primeros juegos en los que tímidamente aparecerá el sexo. Un verano en el que con el primer beso se iniciará un despertar sexual con el que tanto Thor como Christian perderán para siempre esa inocencia que nunca volverán a recuperar.  La cinta cuenta con unos actores infantiles realmente fantásticos y con una gran sensibilidad por parte de su director, que con este, su primer largometraje (que también ha guionizado) demuestra un firme pulso narrativo y visual.

Heartstone  nos habla del rechazo al diferente que provoca la no aceptación de uno mismo y el miedo a ser señalado y menospreciado, un miedo que puede conducir incluso al deseo de estar muerto. Un verano de iniciación y crecimiento que se alzó con el premio de la crítica.

Un nuevo documental y una nueva reivindicación. En The Death and Life of Marsha P. Johnson su director, David France, nos introducirá en una investigación posterior (y en paralelo con reivindicaciones actuales) sobre la extraña muerte de la activista trans Marsha P. Johnson, Drag Queen de leyenda, veterana de Stonewall y cofundadora del movimiento para los derechos trans que fue encontrada muerta en el río Hudson hace 25 años. Un caso que fue archivado como suicidio. Entraremos en la historia de la lucha por los derechos de los homosexuales, en la cual los trans fueron relegados a un segundo plan a pesar de la labor de activistas como Sylvia Riviera o la propia Marsha, críticos, como eran, con un movimiento que se estaba convirtiendo en una fiesta para la clase media blanca y en el que se movía un dinero que no revertía en ayudas para los sectores más indefensos.

Imágenes de archivo junto a entrevistas servirán a esta investigación que (como era de esperar) no resolverá mucho, pero que dejará claro que, la muy insatisfactoria resolución en falso del caso cuando este aconteció, pudieron tener papeles relevantes la mafia en connivencia con la desganada labor de la policía. Un interesante documental (ficcionado en parte) que, aunque quizás termina yendo a la deriva y acusando un cierto desorden expositivo, resulta valioso para conocer más sobre esta lucha y sus olvidados héroes.

Finalmente, en este repaso no nos olvidamos de algunos de los cortometrajes que pudimos ver, de entre los que destacamos Una noche (En Aften, Soren Green, Dinamarca, 2016), un sensible retrato de la homosexualidad no asumida o pospuesta. Nueve minutos muy bien aprovechados repletos de languidez y sutileza. El retrato de los problemas para salir del armario en ciertos ámbitos y comunidades, una temática que protagoniza el cortometraje australiano Clan (2014) de Larissa Behrendt, que de forma imaginativa (y presentado por el propio protagonista de la historia) nos narrará como James Saunders, un joven aborigen australiano, se unió al equipo de Rugby de los Convicts, compuesto exclusivamente por gays, con los que ganó tres Copas Bingham convirtiéndose, de paso, en un modelo para los jóvenes aborígenes gays de su país. My Gay Sister (Lia Hietala, Suecia, 2017) retrata escenas de normalidad entre parejas homosexuales, en esta ocasión desde el punto de vista de una niña, la hermana pequeña de una de las chicas que componen la pareja. no faltó la animación con el breve Et ta prostate, ça va? (Jeanne Paturlem y Cécile Rousset, 2016), o de temática trans como el español Siempre fui Álex (2016) de Sancho Ortiz de Lejarazu y Roberto Ruiz Céspedes, que nos habla del descubrimiento de la identidad sexual en la infancia de forma muy interesante. Y, finalmente, el español Grávido (Alejandro Durán, 2016) que tiene buenas ideas, pero empañadas por la posible bisoñez  de su director y por la posible urgencia de Durán, porteño afincado en Barcelona,  de mostrar una realidad vivida durante un rodaje en Alemania.

CONCLUSIONES FINALES Y PALMARÉS

PALMARÉS 22 EDICIÓN DEL FIRE!!

Premios del público:

Mejor largometraje: Tom of Finland (Dome Karukoski)

Mejor documental: Chavela (Catherine Gund y Daresha Kyi)

Premios del equipo del Festival:

Mejor largometraje: Heartstone (Guðmundur Arnar Guðmundsson)

Mejor documental: La sociologue et l’ourson (Mathias Théry y Étienne Chaillou)

Mejor cortometraje: My Gay Sister (Lia Hietala)

Descontando algunos pequeños problemas en la organización de los tiempos, lo que retrasó 45minutos el comienzo de una de las sesiones, el buen ambiente ha primado durante toda esta edición del Fire!!, que ha contado, además, con mayor afluencia de público y de más crítica generalista.

La selección de títulos se nos antoja más interesante y ajustada que la del pasado año, combinando películas independientes junto a títulos mainstream, algunos de los cuales se estrenarán en nuestras pantallas durante las próximas semanas.

El tiempo no dio para mucho más que cine y más cine, así que algunos coloquios y presentaciones debieron suprimirse o acortarse. Inconvenientes o ventajas de un festival que tiene muchas propuestas que ofrecer y que, como otros, diversificará, posiblemente, en el futuro su oferta de actividades paralelas ampliándola (además de a  fiestas y muestras fotográficas, como la que se ofreció en el mismo Institut Francés de Frédéric Noy, que ya comprende) a charlas con los directores de algunas de las cintas o presentaciones de publicaciones y libros que pueden estar relacionados con la temática del festival.

Keep the Fire Burning!

 

 

 

Categorías:FIRE!!

FIRE!!: mucho cine y diversidad en la 21 edición de este festival

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FIRE!! 2016: Liberté, égalité, diversité

Bajo este lema de innegable raigambre revolucionaria se celebró en Barcelona la edición numero 21 de este festival que del 30 de junio al 10 de julio ofreció cintas interesantes en varios espacios, siendo su principal pantalla la del Institut Francés de Barcelona, que proyectó la mayoría de los  15 largometrajes de ficción, 7 documentales y 30 cortometrajes en riguroso estreno en España, que componían la muestra. Se ofrecieron películas e historias de todo pelaje y calidad, pero siempre con los lemas del festival como bandera.

FIRE2016-imagen-graficaFIRE!! 2016: PELÍCULAS DESTACADAS

Aunque nos fue imposible por coincidencia con otro festival asistir a todos los pases que se ofrecieron y visionar todos los títulos, pudimos ver un buen número de ellos, resultando un balance muy positivo en cuanto a selección, calidad de los mismos y presencia de un participativo público, más numeroso, curiosamente, durante las sesiones que pudimos ver los días laborables. Participaron películas de Chile, Lituania, Japón, Suecia, Kenia, México, Estados Unidos, Austria, Filipinas y España, que ofrecieron un amplio espectro de temáticas y formas de ver el cine. Demos pues un itinerario por los títulos que pudimos ver, deteniéndonos en los que llamaron más nuestra atención.

La producción francesa Un amor de verano (La Belle Saison, 2015) de Catherine Corsini, inauguró con todos los honores este festival con la presencia de su directora. Como las producciones de temática lésbica tienen menos presencia, ya no solo en el Fire!!, sino en la cinematografía mundial en general, es remarcable Un amor de verano por su innegable calidad y por tratarse de uno de los pocos títulos exhibidos durante Fire!! que tiene carrera comercial en nuestras salas.

Un amor de verano es una película con mujeres, en torno al movimiento feminista, con una historia de amor entre dos mujeres. Estamos en los años 70, el movimiento feminista está en alza, los nuevos aires traídos por el mayo francés han hecho salir a la calle las reivindicaciones por los derechos humanos, es el momento de la revolución sexual y la liberación de la mujer, pero hay mucho camino por recorrer, la normalización de los anticonceptivos es todavía algo por conquistar, igual que la despenalización del aborto o la igualdad salarial. Catherine Corsini, la directora, ha querido traernos un retrato solar, fresco, de esas mujeres luchadoras poniéndolas en su contexto, pero a la vez atemporalizándolas pues el camino todavía no ha sido recorrido plenamente. Una escena es decisiva para captar el tono que la autora ha querido darle a su relato, la reunión de mujeres en el anfiteatro de La Sorbona: “Me apetecía mucho rodar esa escena, reunir a todas las mujeres, verlas hablar, discutir. Claro que gritaban, porque para una mujer que nunca ha hablado no es fácil tomar la palabra y hacerse oír. Más aún, rehusaban que alguien dirigiera los debates y pusiera orden. Pero la energía que desprende el grupo es bella, alegre e iconoclasta. También debemos recordar que su actitud militante era muy arriesgada. A menudo acababan en comisaría“. Vivacidad juvenil  y mucho desenfado para hablar de una lucha que todavía reviste gravedad, es la forma que emplea la directora para hacernos tomar conciencia de un movimiento que sigue siendo el nuestro.

Al retrato social se le teje el relato íntimo. Se trataba de mostrar las contradicciones: cómo era posible comprometerse políticamente, hacer prueba de valor hacia los demás y tener dificultades en defender “su propia causa” en la vida privada. Ahí es donde entra en juego la historia de amor entre Delphine, hija de campesinos, que va a París para huir del yugo familiar y conseguir emanciparse económicamente, y Carole, la mujer parisina del momento, que vive con un activista de izquierdas y defiende activamente los principios del feminismo.

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La suya será una historia de descubrimiento, cada una le abre a la otra nuevas perspectivas de sí mismas, descubren sus sentimientos, su sexualidad y sus propios cuerpos. “Jugar con la desnudez casi formaba parte de la lógica y de la escritura de esos años. De pronto, era normal mostrar la desnudez, el vello en las axilas (…) En cierto modo, Cécile me llevó hacia la idea con su encarnación de Carole. Me encantaba su look con la melena rubia loca. Luego decidimos que no usaría sujetador, y empezó a dibujarse el personaje de una parisina liberada que se siente cómoda con su cuerpo, que se pasea desnuda por el piso. Cécile me dio una libertad que me parece muy bella y que encajaba a la perfección con el personaje de Carole, una chica valiente, sin tabúes (…)  al contrario de Delphine, que no se siente cómoda con su cuerpo, quizá porque aún no asume su homosexualidad”. Polos opuestos destinados a encontrarse y complementarse, a abrirse un mundo y a marcarse sus trayectorias para siempre.

Un amor de verano es la primera película de Catherine Corsini en la que trata abiertamente la homosexualidad, un tema necesario porque, aunque la gente se esconde mucho menos, sigue siendo doloroso para algunos vivir y pregonar su homosexualidad. La cinta de Corsini, en su frescura, nos hace tomar conciencia de lo que supone vivir una sexualidad fuera de los roles tradicionales, las dificultades con las que todavía se tiene que luchar (a veces la propia censura de los implicados, como en el caso de Delphine). Sin corsés ni clichés, totalmente cercana y verosímil, la historia de estas dos mujeres tiene mucho de nuevo comienzo, así la veía su autora y así nos lo transmite.

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Una película que habla de mujeres que no están contra los hombres (los papeles masculinos no son en absoluto planos) sino que están por ellas, que están buscando su protagonismo y reivindicando su propia voz. Dos actrices en estado de gracia nos conducen por la complejidad de sus personajes, de la época que les tocó vivir, de lo difícil que era (y aún es) vivir su amor en ciertos círculos (magistral ahí haber localizado parte de la historia en un medio rural) y nos transmiten su energía, sus ganas de luchar y sobre todo de vivir según sus propios valores. Absolutamente vigente y necesaria.

That’s not Us (USA, 2015) de William C. Sullivan muestra la relación de tres parejas de amigos (una heterosexual, otra gay y otra lésbica) durante un fin de semana. Una exploración de los sentimientos íntimos de cada una de ellas rodado con una cámara inquieta, nerviosa, que nos muestra cercanos y naturales a los jóvenes protagonistas, sin artificios. De un modo cercano al documental la cinta nos mostrará momentos divertidos y las dudas, tensiones e inseguridades por las cuales atraviesan las tres parejas.  Firmada en tan solo ocho días y con mucho de improvisación MV5BMTkxNzY3ZjgtNzUyNi00MGI5LWEyYTQtNjIzNjA3YWNjMzM4XkEyXkFqcGdeQXVyMjIzODgzMjQ@._V1_SY1000_SX700_AL_que añade frescura a la propuesta. Algo más experimental en su forma de narrar, Like you Mean It (USA, 2015), dirigida por su también guionista y protagonista Philipp Karner, retrata la crisis de madurez de su protagonista y la desintegración de su relación de pareja. Una película un tanto irregular que no acaba de comunicarnos las emociones que pretende. Mucho más interesante fue la argentina Mariposa, todo un what if? que nos desarrolla en paralelo los dos posibles destinos de una misma historia, exponiendo como simples decisiones azarosas puede llevar a muy distintas resoluciones. Con sutiles gotas de humor, veremos que muchas circunstancias son inmutables como si en nuestro existir además del azar actuase la predestinación. Así, el deseo y el amor entre los protagonistas será el mismo, aunque en una de las realidades se hayan criado juntos como hermanos. El simple aleteo de una mariposa puede conducir a la tragedia o al final feliz.  Un filme muy bien narrado por el experimentado Marco Berger  que se hizo con el premio Sebastiane Latino en el festival de San Sebastián y en la que destaca la gran interpretación de la pareja protagonista, Ailín Salas y Javier de Pietro, quienes construyen su doble destino con solvencia y convicción.

Those People (USA, 2015), película escrita y dirigida por Joey Kuhn y con la que debuta en el largo  no es más que un melodrama carente de interés, de esos que pueden protagonizar la sobremesa de un comatoso domingo, sin llegar siquiera a la dignidad de muchos productos televisivos menores. Con una relación adictiva y el Upper East Side de Manhattan como telón de fondo, la acción se desarrolla en un ambiente de pintorescos petimetres por los que es difícil sentir simpatía.

MV5BNjU1ODYyMjU1MF5BMl5BanBnXkFtZTgwMDU0NzA3MzE@._V1_El documentalista Randall Wright, que ya se había adentrado en el universo de David Hockney en 2002, ofrece con su documental Hockney (UK, 2014), un tratamiento en profundidad de la vida y obra del pintor inglés. Ha contado con el beneplácito del artista, que ha dejado al director entrar en su archivo de fotografías y filmaciones, que sin duda enriquecen este exhaustivo análisis de su obra y su biografía. Los archivos del pintor se suman al profuso material de archivo proveniente de entrevistas televisivas y realizadas por Wright a amigos, familia y colaboradores. El documental  se aleja  de ser la mera sucesión de bustos parlantes en la que otros, por falta de derechos o material, terminan cayendo. Dinámico, bien montado, nada aburrido, interesa incluso a los que no conozcan la obra y figura del protagonista, quien además de dejarse entrevistar, demuestra que todavía hoy, a sus 77 años, sigue pintando y, sobre todo, investigando y experimentando con las nuevas tecnologías. Viviendo el color intensamente, podría ser el lema resumen de la vida y obra de Hockney, y el documental sabe transmitírnoslo muy bien.

Enmarcada dentro del cine fantástico está la muy interesante producción sueca Girls Lost (Pojkarna, Alexandra-Therese Keining), que si bien no llega a ser una creación redonda   (pierde en su segunda parte el pulso del relato, hasta entonces impecable) resulta saludable por su ingenioso argumento. Girls Lost es una fantasía lisérgica sobre la vivencia de la diferencia durante la siempre difícil adolescencia. Posiblemente (y sería de desear por su interés) podrá verse en nuestras pantallas de la mano de Surtsey Films. Con un punto de partida casi de película de terror, cuenta la historia de tres adolescentes lesbianas, Kim (Tuva Jagell), Bella (Wilma Holmén) y Momo (Louise Nyvall), que sufren bullying en su escuela y que, por medio de la sabia de una extraña planta, cambian, cual  Jekyll y Hyde, de sexo. Una historia con bastante de fábula en la que no todas las muchachas saludarán el cambio de rol de igual forma. De la diversión y la liberación que ello representa,  pasarán a tomar partido incluso por el mal (como el propio Hyde) convirtiéndose en toda una adicción que incrementará la confusión, en especial, de Kim.

Por su osadía y singularidad, terminamos este repaso con la ya estrenada en circuito comercial Theo & Hugo, París 5:59  (Théo et Hugo dans le même bateau, Francia, 2016).

París, la ciudad con más epítetos del mundo, puede no enamorarnos a primera vista, pero a poco que deambulemos por sus calles y nos dejemos llevar por su especial atmósfera, acabará calándonos como lluvia fina para quedarse impregnada en nuestra piel. París nunca se acaba y siempre termina haciendo suyos a los que la viven. Olivier Ducastel y Jacques Martineau en Theo & Hugo, París 5:59  (Théo et Hugo dans le même bateau, Francia, 2016), nos retrata como si fuera un personaje más ese París que, aunque sea el que no sale en las guías turísticas, lo envuelve todo como un regazo, una ciudad anónima que cobija la independencia de sus habitantes. Todo es posible en París.

Sobre esas calles filmadas con angular para darles aún más grandiosidad, se despliega el viaje de Theo y Hugo. Un viaje que va desde el final de la noche celiniano al amanecer, desde las tinieblas de un cuarto oscuro a la luminosidad de un nuevo día. Rodado en tiempo real, su trayecto es un camino de peregrinación y descubrimiento. Ducastel y Martineau nos muestran las criaturas de la noche de la mano de los dos jóvenes mediante leves pinceladas de retrato social, por sus fotogramas transitan el personal de urgencias nocturnas, el turno menos codiciado al que son relegadas fundamentalmente las mujeres, inmigrantes que cumplen horarios inhumanos como peaje para su endeble integración, trabajadores que no pueden retirarse por la parquedad de su cotización… Y en medio de todo ello Theo y Hugo van theo_et_hugo_dans_le_meme_bateau-267551339-largedescubriendo sus sentimientos, van trenzando sus destinos a partir de un fogonazo de pasión e imprudencia. Estamos ante una historia de amor revertida, tiene su inicio en el descubrimiento del cuerpo y concluye cuando se conocen las mentes, una historia atípica que va desde la práctica del sexo a la comunión de las almas.

Con cierto aire de Higiene Film, esta película ganadora del Premio del Público Teddy Award en la pasada Berlinale recuerda a aquellas cintas exploitation americanas que, aprovechando el mensaje (ya fuera para prevenir enfermedades de transmisión sexual, como embarazos no deseados o evitar caer bajo la influencia de las drogas), se permitían mostrar lo que estaba ‘prohibido’ en las pantallas aprovechando, de paso, para mostrar imágenes nada habituales en las pantallas comerciales. La sombra del sida es alargada y los directores orquestan un relato casi didáctico que parte del temor de haber contagiado y haberse contagiado para exponer los protocolos a seguir después de una práctica de riesgo. Pero no es este rasgo el que la identifica y la hace especial, lo que la particulariza es el pulso que los cineastas tienden al público en su acto inicial.

El arranque del filme es de impacto (curiosamente el antro donde se conocen los protagonistas recibe ese nombre, Impacto). La cinta se abre con una secuencia inicial de veinte minutos en la que se nos muestra de forma bastante explícita qué ocurre en el cuarto oscuro de un local de contactos. Una auténtica marea de cuerpos desnudos entregados a la práctica sexual orgiástica y desenfrenada entre hombres, que puede atacar al pudor de los más pacatos e incluso de más de un liberal bienpensante. Una secuencia sin diálogos, además, que nos obliga a mirar lo que quizás no quisiéramos ver. No hay romanticismo en ese entorno, sólo procacidad que se agota en sí misma, y ahí es donde se pone en marcha el barómetro para detectar el grado de tolerancia real de la audiencia.

Ducastel sabe dónde poner la cámara para no perder detalle de ese punto de partida sin mostrar más que lo justo. Episodio sin texto, el cineasta hace hablar a la cámara y la iluminación para hacer creíble lo que parece imposible.  Bastan unos pocos planos para construir a esos dos personajes condenados a encontrarse, el tímido neófito que está viviendo su primera experiencia y el asiduo desinhibido con su frescura casi insultante. Polos opuestos llamados a abigarrarse por la ley de la atracción entre contrarios. Y el director obrará la magia de la luz para capturar brillantemente el punto exacto del flechazo: un foco de luz cegadoramente blanca les aísla del rojo tenebroso del cuarto oscuro, rodeados por todos están perfectamente solos el uno con el otro. El suyo será un amor inoculado a primer contacto carnal, esa es la propuesta trasgresora que rompe voluntariamente con toda lógica. El amor es una fuerza que no entiende de verosimilitudes ni las necesita para existir y ser contado.

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Theo&Hugo, París 5:59 es todo un ejercicio de provocación desarrollado desde la insolencia y la desvergüenza, que es tanto como decir que supone un soplo de frescura y originalidad en el trillado camino de las películas románticas. Una provocación, un saltarse los límites desde la festividad, que tanta falta le hace a nuestro cine occidental, cada vez más timorato y encorsetado por la corrección política. Ducastel, desde la ligereza, se aproxima a cineastas como Fassbinder, Pasolini, Waters, o nuestro Eloy de la Iglesia, todos ellos homosexuales, todos ellos rompedores con la moral dominante. Se diría que la discriminación, la represión (sí, todavía), da alas a la rebeldía y concita la voluntad de abrir nuevos caminos a la libertad de expresión. La salud del arte sale fortalecida por el trabajo de estos francotiradores que, cada uno en su estilo, han sumado su obra a la lucha por hacer visible una forma de entender la sexualidad que todavía demasiados quisieran ver censurada.

No sólo de largomentrajes vive el cine. En Fire!! también hubo una buena muestra de cortometrajes que se presentaron como complemento a los largos. Danza en Feeling a Little Blue (D. Cuní y R. Rodríguez, España, 2016) y Wind (Adam Kalderón, Israel, 2015). O pequeñas viñetas cotidianas, entre las que destacó Partners (Joey Ally, USA, 2015), siete minutos  sobre la relación entre dos chicas repletos de humor y cotidianidad que fue financiado por crowdfunding y escrito e interpretado por sus protagonistas, Jen Tullock y Anna Pearl Hutt protagonistas, por cierto, de la serie Disengaged (2015-16) en la que también encarnan a una pareja lesbiana.

PALMARÉS Y CONCLUSIÓN

Los premios honoríficos de la dirección del festival FIRE!! 2016 han ido a las siguiente películas:

– Mejor largometraje: La Belle Saison

– Mejor documental: Suited

– Mención Especial: Flores de Mazapán

Los premios del público FIRE!! 2016 han sido:

– Mejor largometraje: Stories of Our Lives, de Jim Cuchu

– Mejor documental: Hockney, de Randall Wright

Inmejorable ambiente y una importante participación de público, hizo del Fire!! un más que correcto festival.  Una interesante selección de títulos que, además de las proyectadas en el Instituto Francés (su sede principal) además de en el Zumzeig Cinema y, las propuestas venidas de Asia,  en los Cines Girona (en colaboración del Fire!! con Casa Asia)se completaron con proyecciones en salas de Terrassa, La Garriga y Sabadell .

No faltaron actividades paralelas como exposiciones (una fotográfica en el mismo Institut Francés), mesas redondas, espectáculos y  fiestas. Todo lo que hace del Fire!! un festival asentado (que no apalancado). Un certamen que merecería más presencia de  medios generalistas, ya que de lo que se trata es de cine, sobre todo de cine.

 

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