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Migoya o revienta: la entrevista (casi) definitiva

22 noviembre 2019 Deja un comentario

Foto: Johanna Valcárcel

Hernán Migoya nace en Ponferrada en 1971, pero pronto se deja caer por Barcelona y estudia periodismo en Bellaterra. En 1992 y por tanto con tan solo 20 años entra en La Cúpula, refugio de dibujantes y/o crápulas, algunos de los cuales, como Mariscal, había ascendido a los infiernos del diseño con su Cobi, que ese mismo año sobrevolaría el mundo. Hernán es contratado con la delicada misión de reflotar El Víbora, que atraviesa un bajón de ventas. Y lo que hace es renovarla buscando nuevos talentos y dando así la oportunidad a, por ejemplo, Miguel Ángel Martín, Javier Rodríguez, María Colino, Iron, Mauro Entrialgo, Álvarez Rabo, Gat, etc. También se encarga de otras cabeceras de la casa como Kiss Comix y lanza la colección Brut Comix, con la que pone a disposición de los lectores los talentos de Peter Bagge, Daniel Clowes o Chester Brown, además de nuestros Martín, Sequeiros o Juaco Vizuete. Si han leído algo de todos estos, que deseamos pensar por su salud mental que así ha sido, fue gracias a la visionaria iniciativa de Hernán, al que con todo ese lío aún le quedó tiempo para ver muchas películas… ¡cientos!… ¡miles! y realizar un extenso listado alfabético de actrices señalando todas las escenas de sus películas en las que se les puede ver un pecho o algo más, recopilando ese tórrido inventario en ¡Desnudas!, editado por Midons. Una empresa que en tiempos del VHS y, recuerden, sin internet, tenía mucho mérito.

El libro se publica en 1996 y dos años después decide abandonar La Cúpula para dedicarse exclusivamente a escribir. En 2002 obtiene el premio del Salón del Cómic al mejor guión por El hombre con miedo, con dibujo de Manolo Carot y a partir de ahí es un no parar, ya sea publicando con La Cúpula o Norma Comics, entre otras editoriales.

Realiza sus primeros pinitos en el cine rodando cortometrajes, el primero de los cuales es D.N.I en 1998. Escribe su primera novela. Y se lía parda. Todas putas, que reúne una colección de relatos que publica la editorial El Cobre, de la que era copropietaria Miriam Tey, directora del Instituto de la Mujer, recibe todos los bofetones, puñetazos y el fuego cruzado por parte de feministas y partidos de izquierda, culminando con su retirada después de que la Asociación de Mujeres Juristas Themis pida su secuestro por vía judicial. Algo escaldado escribe ensayos sobre el escritor Charles Williams y una biografía de la stripper Chiqui Marti, entre otros. Cuando salta el escándalo por su libro Hernán trabajaba en la sección Brigadoon del Festival de Sitges, que dirigió durante cuatro años y también había autoeditado la revista Ojalatemueras junto a Rubén Lardín, que publicó tres sicalípticos números centrados en cine, cómic, literatura, música, mocedades, ocio tonto y paparruchas. Así que quieto, lo que se dice quieto, no ha estado nunca nuestro amigo, que probó también a rodar un largometraje, que bautizó con un más que premonitorio título, Soy un pelele. Sucedió en 2008 y ocasionó un nuevo escándalo en su haber que culminó cuando denunció a sus productores en los medios con una carta abierta por los trapicheos realizados con su película. Unos arreglos con los que estos buscaban forrarse a base de subvenciones.

¿Y después de eso creen que Hernán tuvo suficiente?¿Piensan acaso que se estuvo quieto? Pues no, ha seguido publicando buenos comics y libros y en 2013 se instaló en Lima (Perú), donde continuó trabajando compaginando su actividad entre España, Francia, Lima y donde le llamaran. Eh…también secuestraron a su compañera durante tres días al llegar a Perú, tal y como relató exhaustivamente en la novela gráfica Plagio: el secuestro de Melina, pero oigan, aquí hemos venido a escucharle hablar a él, que para eso le hemos interrogado durante casi dos horas con la excusa de Nuevas Hazañas Bélicas, el lujoso libro que ha editado Norma Editorial del que ya les hablamos detenidamente aquí. Así que, sin más dilación, con ustedes… ¡Hernán Migoya: la entrevista!

De dónde surgió la idea de resucitar Hazañas Bélicas.

Siempre me gustaron los tebeos, también los tebeos españoles. De niño veraneaba en Villagarcía de Arosa y me pasaba horas leyendo los cómics de mi tío Juan Luis y las novelas policíacas de mi tía Mita. Él tenía muchos ejemplares de Hazañas bélicas, El pequeño luchador, Purk, el hombre de piedra… y yo de niño leía eso, en cuanto a historietas se refiere. En casa, algún retapado del TBO de los 70, en plena etapa dorada del equipo El Habichuelo, que tanto me influyeron con sus deliciosas absurdeces, y alguno yanqui a cuentagotas. Mi primer cómic no lo compré conscientemente hasta los 14 años, que ya comencé a coleccionar series Marvel contemporáneas.

Pero no sé por qué casi siempre he leído cosas pertenecientes a una generación anterior a la mía, por lo menos veinte años anterior, porque El Coyote lo leía a los doce años, en la edición de Fórum de 1983. Y de mi generación y entorno sólo he encontrado a otra persona que lo haya leído, el coordinador editorial Alejandro Viturtia. Y mi libro sobre el autor clásico de novela negra Charles Williams suele ser valorado por personas quince o veinte años mayores que yo, porque El arrecife del Escorpión y otros títulos señeros del género que sacó Bolsilibros Bruguera y El Club del Misterio los leían adultos: yo en cambio los leí desde los 10 a los 13 años, básicamente. O El increíble hombre menguante y Soy leyenda, la cumbre cincuentera de Richard Matheson, antes de los quince tuve la suerte de que cayeran en mis manos: para mí eran libros juveniles. Así que sí, creo que tengo una sensibilidad especial hacia la cultura popular añeja: siento más curiosidad por lo que existía que por lo nuevo que llega, porque además con el tiempo por medio es más fácil diferenciar el oro de la morralla, así como

“Foto con Will Eisner tomada en 1992 en la ComiCon de San Diego. Llevo una camiseta de El Mazas, personaje del autor Gambarte que guionicé para él una temporada para el Makoki y que significó mi primer guion profesional publicado”

contextualizar la obra. ¡Y el pasado cultural olvidado es una mina inagotable! La gente que sólo consume obras de su época termina creyendo que la moral predominante es cosa de siempre. Pero lo malo de mi formación cultural es que casi todos mis héroes y heroínas ya están muertos… Por cierto, llevo especialmente fatal la ausencia reciente de dos grandes de la cultura pop como George Michael y Tony Scott, no me acostumbro a vivir en un mundo sin nuevas obras suyas. Solía creer que los profesionales del cómic son olvidados antes, y me fuerzo a mencionar siempre que puedo a guionistas de referencia como Carlos Trillo y artistazos como Didier Comès, pero en realidad nos acabamos olvidando de todos por igual, independientemente de la mayor proyección que haya tenido su medio o carrera (Brian Clemens es otro héroe personal caído hace poco, el guionista televisivo de las series Los vengadores y Tensión), porque lo que conservamos muchas veces de ellos no es su obra, sino solamente una cáscara. La sociedad ni siquiera lee a los clásicos, sólo respeta su reputación: pero la mayoría no están vivos dentro de sus urnas. Por eso le tengo más pánico al olvido que a la muerte. Cuando era niño y quería ser escritor, creía que la obra quedaba: pero la obra también se esfuma. La vida es un continuo insoportable que borra los pasos de nuestros maestros con una celeridad de vértigo.

Siempre  los clásicos: Galería de personajes de una precuela del Corsario de Hierro que nunca salió adelante: ‘El Corsario de Hierro: los años dorados’, con dibujo de César Carpio.

Y finalmente en eso coincidía con el editor de Nuevas Hazañas Bélicas, Joan Navarro: cuando comencé a colaborar con Glénat vimos que ahí compartíamos una afinidad de gustos por el tebeo antiguo. Yo había coleccionado de adolescente la etapa de El Capitán Trueno que él coordinó, la dibujada por el grandioso Luis Bermejo. En folclórico contraste con sus convicciones independentistas, considero que Joan Navarro es la persona que más sabe de tebeo español y al que más le apasiona: siempre me gustaron las personas así, con rasgos chocantes en su personalidad, y adoro esas particularidades en él. Así que juntos empezamos a soñar a inicios de esta década con la idea de remozar viejos éxitos tebeísticos, como hacen los yanquis, e intentar ponerlos de nuevo de moda, o al menos darles nueva carta de vigencia para que las generaciones de hoy los conozcan, no dejarlos como anécdotas de un pasado que en nuestro país siempre cae en el limbo antes de tiempo.

En realidad mi primera idea como editor para Navarro fue proponerle un equipo artístico con el que resucitar El cachorro de Iranzo, que de niño era mi personaje favorito de los tebeos. De hecho siempre me ha sorprendido que Iranzo no esté superreeditado, es un autor muy interesante y está demasiado sepultado en nuestro presente cultural. Entonces organicé un pequeño equipo con Santiago Arcas al frente, pues es uno de los pocos guionistas, más o menos de mi generación, con cuyas inquietudes me identifico de pleno. Y me hubiera encantado que hubiéramos editado El Cachorro con su concepto y guion, pero el propietario de los derechos del personaje pedía una barbaridad de dinero, una suma absolutamente ridícula en comparación con la demanda que hay de tebeos de El Cachorro en la sociedad española (risas). Río por no llorar. No se pudo hacer y fue una lástima, pero vimos que Hazañas Bélicas era mucho más factible, así que se lo propuse a Navarro.

Una de las primeras ideas “goyescas” de Daniel Acuña para la portada de ‘Nuevas Hazañas Bélicas’

¿Y por qué la particularidad de situar la nueva etapa en la guerra civil española?

Comencé a releer los viejos Hazañas Bélicas y repasando e investigando los números de Boixcar pensé que lo que molaría sería situar la nueva versión en nuestra guerra civil. Ese fue el germen. El concepto real. Primero escribí dos álbumes situados en el contexto de la II Guerra Mundial pero con protagonistas españoles: una monja catalana que se alista en la División Azul para encontrar a sus violadores (Unidos en la División, con dibujo de Bernardo Muñoz) y un republicano asturiano que va a Hendaya a matar a Franco y Hitler (Dos águilas de un tiro, con dibujo de Beroy, Joan Fuster y Perro). Esos dos álbumes ya incluían de regalo los dos primeros cuadernos apaisados, que contaban el origen de los personajes, con dibujo de Diego Olmos y Joan Marín, respectivamente. Y entonces me puse a escribir más tebeos apaisados para su propia colección.

La idea de partida para Dos águilas de un tiro procede de la historia real de mi tío abuelo Vicente García, quien presenció el fusilamiento de su padre -mi bisabuelo- y su hermano por los franquistas y se pasó ocho años preso en un campo de concentración en el Bierzo; Unidos en la División, en cambio, nació de una anécdota extrañísima que me sucedió en Barcelona hace diez años: un día ejercí de guía nativo para un amigo estadounidense y, al cruzar de camino hacia las Ramblas frente a la Parròquia de Betlem de la calle del Carme, decidimos entrar y me agencié un folleto municipal para explicarle sobre la historia particular de esa iglesia, historia que yo desconocía. El folleto, impreso por el ayuntamiento, destacaba las riquezas artísticas, retablos y pinturas de la iglesia, para a continuación informar de que “lamentablemente, un incendio en los años 30 destruyó ese patrimonio por completo”. Yo le traduje la explicación a mi amigo yanqui al pie de la letra y, hasta varios minutos después de leído el folleto, cuando ya andábamos tan campantes por la estatua de Colón por lo menos, no caí en la cuenta de que ese “incendio en los años 30” no podía ser más que un pillaje en toda regla típico de los disturbios de la guerra: ¡en plena democracia, mi ayuntamiento había convertido un acto de violencia en un accidente! Ahí comprendí que el veneno de la mentira histórica y el embellecimiento del pasado puede ser un vicio inoculado en todos. Y de resultas empecé a coquetear con darle el protagonismo de mi segundo álbum “bélico” a una monja barcelonesa. Y así nació Àngels, uno de mis personajes favoritos de la colección.

Decidí situar las Nuevas Hazañas Bélicas en ambos bandos porque tal premisa me ofrecía una ocasión única de bucear y explorar sin miedo en todas las motivaciones bajo el manto de la guerra: y como autor que juega limpio, honestamente no puedes resignarte a que los individuos de un bando sean buenos sin matices y todos los otros caricaturas. En mi infancia me impresionó muchísimo El puente, la película de Bernhard Wicki: me dejó muy tocado esa historia real de unos chicos alemanes enrolados a la fuerza en su escuela para suplir las cuantiosas bajas de su ejército. Me parecía insólito poder asomarme a sus tragedias entra tanta película bélica y tópica de Hollywood. También me acordaba de cuando vi de niño El fuera de la ley [1], la película de Clint Eastwood en la que hacía de forajido confederado enfrentado a un grupo de yanquis que viola y mata a toda su familia: la novela, por cierto, publicada recientemente por Valdemar en su colección Frontera, que tan brillantemente coordina Alfredo Lara, es buenísima.

Entiendo que cualquier autor, cualquier artista, narrador o escritor tiene que ponerse en la piel de todo tipo de personaje sin cosificarlo ni deshumanizarlo de partida, da lo mismo que este personaje vista un uniforme sudista o yanqui, sea franquista o etarra: lo entiendo así y lo veo natural. Hasta Marlon Brando hizo en 1958 de militar nazi en El baile de los malditos y los sectores más retrógradas le reprocharon que su retrato era demasiado “simpático”: como si, para empezar, un monstruo no pudiera ser simpático en apariencia (lo más denunciable de su actuación en realidad era ese horrible teñido rubio que se hizo…).

Tampoco he sentido nunca que un personaje esté obligado a representar a todo un grupo: soy demasiado individualista para eso, igual que no me siento parte de ningún colectivo. Digo anecdóticamente que soy charnego porque me siento mestizo de muchas culturas y porque abogo por el mestizaje cultural y social: el mestizaje es mi única causa. Pero en cualquier caso, supone un reto para un autor que el lector entienda cualquier personaje suyo y comprenda sus motivaciones internas, si son dignas de comprender; o comprenda lo abominable de su interior, cuando es el caso, sin necesidad de darlo por sentado al recurrir a clichés: mi ficción apunta de entrada a que el germen de la monstruosidad está dentro de todos nosotros. Y que los monstruos conviven con nosotros como personas normales. Por eso la era de las redes sociales significa el momento dorado para todos los lobos con piel de cordero, donde fingir que eres buena persona y estás del lado correcto es lo único que importa.

Así que para mí fue un ejercicio lógico desde el punto de vista creativo fabular historias con protagonistas desde ambas perspectivas. Ya lo volvió a hacer el propio Eastwood en su díptico sobre la II Guerra Mundial, desde la óptica gringa y la japonesa; o uno de mis cineastas favoritos, Paul Verhoeven, contando una historia de amor entre una miembro judía de la Resistencia holandesa y un oficial alemán en la extraordinaria El libro negro. Además, en las Hazañas originales había una Serie Azul y una Serie Especial, que era de color rojo, así que en nuestro caso tenía todo el sentido. Recordé las novelas que me impresionaron de niño de Sven Hassel y Tom T. Chamales sobre lo que era la guerra y cómo ellos escribían desde el punto de vista de los pacifistas, de los excluidos, de los parias, y eso me sirvió también. O el Tuareg de Vázquez-Figueroa, que es una maravilla.

Escribiste dos guiones por mes para Nuevas Hazañas Bélicas durante todo un año.

Resultó una experiencia muy interesante, porque fue a partir de ahí cuando comencé a documentarme y leí el que para mí es un libro fundamental sobre la Guerra Civil, El laberinto español de Gerald Brenan, que nos retrata como si nos hubiera parido. Debería ser lectura recomendada en los institutos, puesto que prevé muchos de nuestros futuros tics de conducta. Ahí te das cuenta de que obtener la visión de una sociedad desde fuera siempre resulta un ejercicio muy sano: ese ensayo entiende muy bien lo que nos sucede y cómo los extremos en España no solo se tocan, sino que en ocasiones también se merecen el uno al otro. Brenan hace hincapié en hasta qué punto estamos marcados por el catolicismo, por la noción interiorizada del bien y el mal sin matices, por el pecado y la pureza, por la demagogia, por el afán de opinar con absolutos, destruir y proyectar negatividad sobre cualquier anhelo de construcción… y cómo demonizamos al que piensa distinto con reacciones algo primitivas. O sea, por qué somos casi todos un hatajo de radicales fanáticos cuando hablamos de política. Y eso, siempre con matices, lo hacen los dos bandos: el franquista de base, puesto que para empezar la suya ya es una ideología totalitaria; y parte del bando republicano también, dado que muchos no albergaban ningún interés en respetar la voluntad de una sociedad conjunta. La cuestión es que me pareció muy interesante meterme en la piel del otro y ver adónde me podía llevar…

En Nuevas hazañas bélicas se incluyen multitud de historias sobre las atrocidades cometidas por los nacionales, la futura España dictatorial, pero intenté abarcar un rango tonal un poco más amplio. Así, cuando escribes la Serie Roja, te das cuenta de que te posicionas mucho más contra el abuso moral y planteas historias que proponen una fuerte toma de conciencia, con las que humanamente te puedes identificar por completo… Pero la épica despiadada, los bajos impulsos sin justificaciones morales, te pedía a veces la Serie Azul. Ese lado irracional y salvaje que tenemos y que quemamos viendo películas anglosajonas, perfectamente aceptables hoy por nuestra sociedad porque las despacha el imperio de nuestros días, los EEUU, nación de “pioneros” que cuenta con una tradición cotidiana en el uso de la violencia y de la imposición por la fuerza mucho más interiorizada y aceptada oficialmente que la sociedad española. Por eso generan títulos de crueldad nihilista pero espíritu lúdico como Harry el Sucio, Rambo, The Punisher o John Wick. Es decir, con nuestro prisma moral, tú ves ese cine USA desde los tiempos de Murieron con las botas puestas[2] y es superfacha. Si nosotros hiciéramos algo similar, nos acusarían de glorificar la violencia de un modo inaceptable.

Paradójicamente, podemos decir que Conan el Bárbaro es una gran película, pero si fuera española nadie se atrevería a decir que le gusta, renegaríamos de ella en cuanto el héroe empezara a pronunciar ese parlamento de “¿Qué es lo mejor de la vida? Aplastar enemigos, verlos destrozados y escuchar el lamento de sus mujeres…”. ¡A ver quién se atreve a presentar un guion así a las subvenciones! Lo triste es que lo que celebramos con espíritu abierto e inteligencia para relativizar si viene de fuera, lo sancionamos indignados si nos llega de dentro. Las fantasías violentas solo son aprobadas si proceden de los canales aceptados por años de imperialismo interiorizado. Pero Frank Miller es mucho, muchísimo más radicalmente reaccionario opinando que aquí lo era un Arturo Fernández, por ejemplo: si no aguantas lo que decía el segundo, tendrías que denunciar lo que dice el primero. Y al lado de James Ellroy, Pérez Reverte es el Che Guevara. Así que me parece bien que los progres de postal del mundillo del cómic pierdan ahora el culo por tomarse una foto con Miller… pero serían los mismos que promoverían su veto como autor si hubiera nacido en nuestro país. De hecho, ya estaría vetadísimo.

Opinando uno puede nadar y guardar la ropa cuando habla de un autor estadounidense o inglés porque desde hace décadas nos sentimos inferiores a ellos -por eso siempre hay gente que se mata por descubrir lo último que está de moda en la industria anglosajona, aunque provenga de su cultura rural (la que si es española denominamos “caspa” sin derecho a réplica), porque siente que eso le eleva sobre los demás-, pero no admitiríamos lo mismo si el autor fuera de aquí. ¿Quién celebraría sin miedo ni reticencias a un Chesterton cañí, tan catoliquísimo y superconservador como era? Tendríamos que mofarnos de él para ser aceptados en la tribu cultural.

O por ejemplo Érase una vez en Hollywood, el notable filme de Tarantino. Si fuera español, recibiría aún más palos de los que ya está recibiendo en los USA: se sumarían además las acusaciones de visión complaciente y sin una sola crítica a Hollywood como industria de masas; la de otorgar un protagonismo heroico a dos patanes blancos conservadores, mientras la visión ofrecida del hipismo y cualquier pensamiento subversivo es totalmente negativa; la de recreación nostálgica de una era completamente heterohedonista -¿dónde está el Hollywood gay?- y de un sector privilegiado y despreocupado socialmente; es más, la única mención a la tragedia del Vietnam sale de la boca de una menor dispuesta a regalar sus favores sexuales y con el cerebro lavado por una secta asesina… Lo que más me intriga de todo sería comprobar cuántos de mis paisanos defensores del filme echarían a su director a los perros si el tipo hubiera nacido en Vallecas. Somos muy miserables para los nuestros.

Y esa es la situación anómala, esa especie de sectarismo por el que no puedes ponerte en la piel del otro porque está prohibido por tu propia cultura, si ese otro pertenece a nuestra sociedad. Pero si está bendecido por los USA no pasa nada y nos permite además dárnoslas de enteradillos. Así funcionamos.

Por ejemplo, en la progresía española no encontramos aceptable el patriotismo como motivación legítima de un protagonista (como lo es en James Bond, por ejemplo), a no ser que ese patriotismo provenga de la periferia. En España los únicos que hacen simbología épica del acto de guerrear son la derecha franquista y cierto independentismo (aún recuerdo al empresario y presentador catalán Miquel ‘Mikimoto’ Calçada proclamando con fe ciega en TV3 en los años 90 que él estaba dispuesto a “morir por mi patria”: yo que era superfán de su etapa televisiva, me quedé traumatizado con esa declaración tan a lo José María Pemán…). Me refiero a esa simbología épica que también poseen Estados Unidos y Gran Bretaña en su cultura, como potencias colonialistas que son. Por eso la épica per se la delegamos en Hollywood.

Y así se entiende por qué casi no hay género épico en España desde hace 30 o 40 años. Todo lo que rodee al Cid y a figuras épicas “unificadoras” a lo Alatriste se considera una caspa derechona. En la tele hemos tenido a Curro Jiménez y a Águila Roja, que más allá de la eventual ridiculización de los invasores franceses en el primer caso, hacían épica basada sobre todo en la lucha de clases, nuestra causa por antonomasia, y sin exaltación patriótica: o luchas y matas recalcando que es en favor de los pobres o aquí no te dan el sello de aprobación moral. Por eso oficialmente abundan las historias desde la óptica del victimismo -dado que a la cultura de invernadero promovida por el Estado también le interesa mostrarse de continuo del lado del “pueblo”, tomado el concepto de pueblo desde ese sentido compasivo y algo maniqueo que lo percibe como una masa pseudorrevolucionaria, aunque luego resulte que en nuestro caso el pueblo nos salió más inmovilista y conservador de lo que pensábamos-. Por su parte, las comunidades autónomas llevan una década produciendo material épico autóctono muy interesante, productos televisivos divertidos, al menos en el caso catalán, como Serrallonga o Bruc el desafío o ese fantástico espagueti western que fue la versión de Terra baixa dirigida por Isidro Ortiz. Y tenemos un superescritor independentista como Albert Sánchez Piñol. El nacionalismo catalán y vasco pueden generar todavía obras épicas muy chulas en terrenos que desde hace décadas ya le están vetados al nacionalismo español por desacreditación de su concepto. Sólo Pérez Reverte está ahí solo, escribiendo géneros sin complejo y con éxito arrollador, un fenómeno insólito en sí mismo. Bueno, y en cómics tenemos nuestros mejores héroes épicos: el Capitán Trueno, El Jabato y el Corsario de Hierro, cortesía del catalán Víctor Mora. El Corsario es el que me tocó a mí generacionalmente. La vida española sin los dibujos de Ambrós hubiera sido mucho más gris.

Eso sí, todavía no hemos llegado al extremo gringo de John Wick, donde el héroe de la película puede ser un asesino a sueldo y matar a dios es cristo porque ya ha demostrado amor por un perro. A nosotros nos queda todavía un largo camino…

¿Cómo fue el proceso de documentación de Nuevas Hazañas Bélicas?

De partida, traté de explorar más allá de lo superficial: busqué episodios curiosos de la Guerra Civil que no fueran los de siempre y, según su naturaleza, los conducía a una representación realista o a la más pura sátira, incluso al delirio. O, como dijo la única voz crítica que se ha posicionado en contra de las Nuevas Hazañas Bélicas, “no es pulp, ¡es un desmadre!”. Lo cual en sí es una frase gloriosa que me gustaría que añadieran como faja promocional en la portada del cómic. Me hubiera encantado poder regalar un ejemplar a Berlanga y a Armando Matías Guiu; pero bueno, a cambio tengo un prólogo de uno de mis maestros, Enrique Sánchez Abulí.

Por ejemplo, desde el inicio quería confeccionar específicamente un guion sobre el Alcázar de Toledo, así que probé a plasmarlo bajo un punto de vista centrado en la escaramuza bélica. Pero al final, cuando ahondé en el drama humano desencadenado dentro… Era imposible no subrayar el destino de las víctimas republicanas atrapadas allí. De esa base surgió Con el Moscardó tras la oreja, con espléndido dibujo de Kim.

 

La inspiración para otros guiones la busqué por internet, en libros… Mi padre colecciona muchos ensayos sobre el tema, pues le encanta leer sobre la Guerra Civil, sobre todo desde la perspectiva comunista. Así que si yo encontraba alguna anécdota interesante la investigaba y de ahí veía cómo podía llevarla a mi terreno. Luego descartaba las que veía 100% claras, las que pensaba que iban a salir muy planas, las que iban a parecer un cómic con buenos y malos de una pieza, subrayando lo obvio… Creo que los únicos villanos de una pieza que incluyo son el golpista Queipo de Llano y el falangista Yagüe, el “carnicero de Badajoz”. ¡A esos no los humaniza ni Dios! Pero por lo demás se trataba de darle la vuelta a cualquier amenaza de situación trillada, ya sea desde el punto de vista satírico o épico. Y luego adaptarlo al dibujante: ésa era la segunda fase del proceso.

Alguna vez el cuerpo me pedía algo de acción, otra algo más de humor negro o incluso coqueteamos con el romance. La cuestión era jugar, bailar, “orgiar” con los géneros.

¿Fue fácil contar con la colaboración de tantos grandes dibujantes?

Fue asombrosamente fácil. La mayoría aceptó jugar, creo que porque ya casi no hay cultura de evasión en el cómic de hoy que no sea derivativa del cómic comercial USA. Ahora lees una maravilla como ¡Universo! de Albert Monteys y de pronto te das cuenta de la cantidad de años que el cómic español lleva dándole la espalda al tebeo de puro entretenimiento. He sido muy afortunado de contar con tantos talentos de nuestra historieta. Lo siento, tengo que mencionarlos a todos: Daniel Acuña, Monteys, Seguí, Calpurnio, Cels Piñol, Danide, Diego Olmos, Edmond, Javi Fernández, Escandell, Joan Marín, Juaco Vizuete, Juanjo Sáez, Kano, Keko, Kim, Miguel Ángel Martín, Miquel Fuster, Natacha Bustos, Pedro Rodríguez, Pere Joan, Sequeiros, Enrique Ventura… Después de haber trabajado con semejante plantel de estrellas, mejor ya retirarse, ¿no?

Una vez escogido el autor, yo pensaba el tipo de historia para adaptarme a él, porque eso sí lo tengo muy claro: el guionista está al servicio del dibujante, así que tienes que adaptarte a su narrativa, a su estilo, a lo que ves que es su fuerte a nivel dibujo.

Empecé trabajando con los dibujantes que tenía a mi lado, con los que ya me había emparejado profesionalmente y sabía que me entendía bien: Vizuete, Marín, Piñol… Otros los propuso Navarro, como Kim, Calpurnio o Pere Joan. Pere Joan y yo estamos en las antípodas de intereses, de estéticas y gustos, y precisamente el que dibujó es uno de los episodios con el que más satisfecho estoy, Rossi de Palma. Fue con quien más me costó encontrar el tipo de historia que le pudiera encajar, porque su grafismo es muy personal, poético y surrealista. No quería cagarla presentándole un planteamiento que no estuviera a su enorme altura artística. Y así acabamos llegando a esta historia semiabsurda del Conde Rossi, que además se basa en un suceso real: un caudillete italiano, excreción del Fascio mussoliniano, que sometió Palma de Mallorca y organizaba desfiles en su propio honor al que sólo podía asistir la población femenina, bajo amenaza de fusilar a cualquier hombre que asomara.

“Aquí con parte del equipo de dibujantes de Nuevas Hazañas Bélicas: Joan Marín, Kim, Pedro Rodríguez y Sequeiros. La foto es de Flor Castellanos”

¿Qué ha supuesto para ti en lo personal esa exploración de las dos Españas?

Pues me he dado cuenta de que soy mucho más de izquierdas de lo que me había atrevido a confesar ante mí mismo. Casi diría que soy de izquierdas a mi pesar, porque al provenir de la clase baja y proletaria de extrarradio, le tengo mucha rabia al entorno de izquierdismo de salón que me encontré en una parte significativa del mundo cultural metropolitano. Me hacían sentir como el protagonista emigrante de América, América de Kazan, cuando contempla a las parejas pijas que bailan en la cubierta del barco donde él viaja hacinado y en la mayor miseria. Realmente no he tenido nunca contacto vivencial con el facherío ni la ultraderecha, ni siquiera familiarmente he vivido situaciones de intolerancia o imposiciones, pues mis padres son rojos de origen rural que siempre me dejaron elegir lo que deseaba hacer. Sólo conozco al pijo progre citadino, inevitable en mi entorno gremial. Y contra ese estereotipo reacciono visceralmente, pero luego confronto mis convicciones y resulta que en mi trayectoria personal he sido mucho más de izquierdas e íntegro que ellos y por eso me cabrean. Aunque sigo pensando que los artistas no deberíamos poder votar por ley, estamos demasiado locos.

En verdad soy demasiado ácrata para cualquier ideología. Estoy a favor de la diversidad cultural y sexual, de la libertad absoluta de creación sin barreras, apoyo la inmigración, la educación gratuita y la sanidad pública (viviendo en un país casi sin estado como el Perú, esos detalles se aprecian), pero encima soy apátrida: a mí me pones una bandera en la mano y me entra la risa, no lo puedo evitar. Todas las banderas son patéticas, porque todas son excluyentes. Ah, y ateo: no creo en Dios y, si Dios existiera, consideraría mi deber el combatirle. Todos los artistas, los interesantes al menos, somos ángeles caídos y debemos escupir al poder establecido.

A ver, tampoco es que ningún grupo político haya querido exhibirme a su lado, porque soy como ese soldado que vuelve a su patrulla con una granada sin espoleta en las manos… Todos los partidos me quieren lejos, por suerte para mí. Siempre he sido un punk de corazón y tanto la izquierda como la derecha lo han advertido intuitivamente. Por fortuna, porque me daría mucho pudor tener que confesar que soy de izquierdas y arriesgarme a que me confundan con uno de esos niñatos calvos de 50 años que votan a Podemos y luego lloran viendo una peli del Capitán América… ¡Qué horror! Eso sería como ir a una manifestación contra la explotación infantil vistiendo ropa de Nike de la cabeza a los pies. Como dirían en España, “un poquito de por favor”… O como dicen en el Perú, “¡tampoco, tampoco!”.

Como no tengo pareja ni descendencia ni la tendré, me siento un nihilista desapegado de un “futuro esperanzador”. No me importa el futuro y detesto cualquier fundamentalismo, proceda de donde proceda. Sospecho que yo en la Guerra Civil hubiera luchado junto a los anarquistas: pero sí me hubiera puesto uniforme, por pura coquetería. O sea, hubiera sido un anárquico entre los anarquistas y ellos mismos me hubieran fusilado por desacato a su autoridad. (¿A quién quiero engañar? Hubiera desertado, pero no por pacifista, sino de puro cobarde.)

Ya desde el arranque de Nuevas Hazañas Bélicas me di cuenta de que cogía las reglas del bando azul y las subvertía de alguna manera, como en el primer episodio, dibujado por un Diego Olmos en estado de gracia, Furia Roja, con el que en realidad, con una fanfarria, una caligrafía solemne y unas reglas narrativas del cómic franquista de los años cuarenta y cincuenta, hemos construido un romance interclasista de lesbianismo y una reivindicación de la tolerancia sexual. Ese punto de giro también me gusta mucho, “it’s so you”, como decía Freddie Mercury.

A mí me gusta mucho meterme en voces narrativas que sean hijas de puta y que no resulten necesariamente simpáticas para el lector, por eso genero tantos problemas. Así, en Furia Roja me meto en la voz de un narrador que es un Matías Prats Senior extirpado de los deportes, un portavoz franquista con el tono mayestático de los imperialismos, pero a la vez un subtexto con el que el lector va descubriendo que estamos ironizando, porque se ve claramente que lo que se cuenta es una historia de amor entre dos tías, y que ahí hay “marro”… Me gusta mucho ofrecer en ese contexto una apariencia de cómic antiguo, superrancio y carrinclón, y luego insuflar una vidilla subterránea que diga que aquí hay algo más: ¡la vida es otra cosa!

Hay muchos juegos ahí dentro. Y no es necesariamente el subtexto de una mentalidad moderna: la tradición cultural está repleta de ejemplos de la época donde se ve esa “vida real”. Sin ir más lejos, el beso que le propina Marlene Dietrich a una espectadora en Marruecos, ¡nada menos que en 1930! O las novelas gays que publicaba hace un siglo nuestro Álvaro Retana, a quien homenajeo en el último ‘Carvalho’. Hoy día me paso la vida leyendo novelas y viendo películas de siglos anteriores y descubriendo esas aguas cristalinas recorriéndolos. Cada noche miro películas que yo llamo “de fantasmas”: anteriores a 1940, donde todos sus participantes, intérpretes y responsables ya están muertos. Me generan mucha paz.

En un episodio parodias Tintin para contar la vida de Juan Antonio Samaranch.

Reconozco que no soy muy fan de Tintín -ya desde niño me mataba de aburrimiento-, así que me hizo mucha gracia disfrazar a Samaranch del héroe asexuado de Hergé. Me apetecía matar dos pájaros de un tiro. Destrozar dos personajes (risas) que no me caen bien, Tintín y Samaranch. Ambos cumplen sendas paradojas que no lo son tanto: uno, personaje tradicionalista y blanco en todos los sentidos, se erigió como héroe predilecto de la élite cultural progreurbanita europea; el otro, exfalangista y franquista no arrepentido, logró los Juegos Olímpicos para Barcelona y paradójicamente inició el proceso que la ha convertido en la megaciudad símbolo de la modernidad y el buenrrollismo, así como del turismo mundial. Hace seis años que no vivo allí y no extraño mucho eso de Barcelona… ¡pero sí sus fabulosas bibliotecas!

Lo de Tintín y Samaranch fructificó en una mezcla muy bonita gracias a su dibujante, Joan Escandell, quien además cuenta con 82 años: trabajar con un señor que dibujó tantas Joyas Literarias Juveniles para Bruguera fue un privilegio. Y se adaptó al grafismo con una gracia e ilusión propias de un dibujante veinteañero.

¿Qué te faltó por hacer en las Nuevas Hazañas?

Me gusta mezclar tonos y llevar mis voces narrativas hasta la esquizofrenia, lo cual crea un recipiente donde caben muchos artistas. Yo quería también escribirle una historia a Purita Campos, a la que admiro como artista y como temperamento, pero fue imposible porque estaba atadísima a Esther y su mundo. Me hubiera encantado que Acuña se hubiera lanzado, además de con las portadas, a dibujar también un cómic. O Irene Roga, la mangaka. Me faltó que hubiera un manga en Nuevas hazañas bélicas y admiro muchísimo el estilo de Irene, para mí ella es la Miguel Ángel de nuestro cómic. O los magníficos dibujantes españoles que dibujan superhéroes: Carlos Pacheco, David Aja, Mikel Janín, Jorge Jiménez. Daría un brazo por escribirle un guión a José Luis Munuera. Y el torso por escribirle otro a Alfonso Font. También fue mi primera toma de contacto con Tomeu Seguí y ahí vi lo bien que trabajaba, así que hice lo posible por volver a ser su pareja artística y de ese precedente surgió lo de Carvalho[3].

Y claro, sueño con que Nuevas hazañas bélicas tenga continuidad. No lo he hablado nunca con la gente de Norma Editorial, pero si esto funcionara me encantaría escribir otra tanda de historias de la guerra civil. Por ejemplo, ahora que he vuelto a trabajar con el dibujante Manolo Carot, con quien gané mi segundo premio en el Salón del Cómic de Barcelona y con el que este año acabo de publicar en Francia el álbum Venus Pop, no paro de pensar en que le podría escribir un superhistorión de Nuevas Hazañas Bélicas.

Hay un sector del establishment en el mundo del cómic al que no le interesan las visiones controvertidas, porque les pone a ellos también en un compromiso, y muchos quieren llevarse de maravilla con las instituciones públicas para vivir de ellas. Así que básicamente hacen como si no existiéramos los que vamos por libre. Aquí se aplica la ley del silencio a todo lo que el ministro de Cultura de turno no le pueda poner su sello de aprobación para regalarle una medallita al autor y hacerse la foto con él. Todo lo demás molesta. En el fondo el estatus cultural que tenemos es muy biempensante y asustadizo y en cuanto te sales un poco rebrota aquello de “ya está el Migoya haciendo una de las suyas”. Y te silencian completamente. Averigua en cuántas antologías/exposiciones del cómic español me han incluido en mis 30 años de carrera y, si me ves en alguna, avísame. Luego, eso sí, todo sonrisitas conmigo. Cuando los veo, pienso el viejo dicho que una vez leí a Stephen King en los 80: “Si me vas a mear en la pernera, no me digas que está lloviendo”.

¿Qué personajes históricos te impresionaron en el curso de la documentación?

Cuando comienzas a investigar la Guerra Civil te das cuenta de que hay pocos realmente admirables, a los que te puedas aferrar con la mentalidad antibélica que hoy tenemos. En mi caso fue Manuel Azaña el que para mí marcó un poco la diferencia con el resto. Azaña tenía una conciencia clara de lo que estaba pasando e intentaba, con unos valores demócratas, llevar la cosa adelante. Pero aquello era un torbellino de pasiones, de sangre y fuego. Es imposible reflotar un país cuyas comunidades sólo están unidas por el pegamento del odio entre sí. He de añadir que si mi carrera como cineasta continuara, me hubiera encantado llevar al cine la historia de los amores homosexuales de Azaña.

 

Desde niño siento simpatía por Federica Montseny, por su look de empollona gafotas como era yo también, por su antiestatismo, su frenética labor en el poco tiempo que fue ministra y porque escribía novelas rosas. Y también le tengo cierta simpatía chancera a Millán Astray. Es un personaje esperpéntico digno de Valle Inclán, lo cual demuestra que por no ser, la épica española no tiene derecho ni a ser estética. Me parece un espantajo como persona real, pero como personaje seduce su entrega a la guerra. Él lo único que quería era guerrear y ya a los 17 años se fue a Filipinas a pegar tiros. Y todo eso desde la distancia y desde el punto de vista romántico y literario resulta muy atractivo.

A mí cuando escribo me pone la épica, me ponen las películas de John Milius y de Sergio Leone, los cómics de Frank Miller y Howard Chaykin. Crecí escuchando corridos de la revolución mexicana y leyendo novelas sobre gente despiadada de comunistas como Dashiell Hammett y Jean-Patrick Manchette, de libertarios como Ayn Rand o Andrew Vachss, y de derechones como James Ellroy. Ojo, también me seduce la veta lírica de un Coppola o una Jane Campion, o el melodrama tipo La rosa de versalles de Riyoko Ikeda, que es una biblia para narrar un buen cómic. Siempre me arrastra ese tono de ficción más grande que la vida. Por desgracia, cuando se aplica la épica a la realidad es un desastre, porque resulta imposible cantar una gesta violenta o “epopeyizar” sin saber que estás aplastando la perspectiva de alguna víctima…

¿Fue difícil reflotar el proyecto para recopilarlo en libro?

Estoy muy asombrado con Norma Editorial, porque tras la hecatombe de la editorial original de la serie, EDT, había cierto resquemor lógico entre algunos de los autores que se habían quedado sin cobrar. Hubo que resolver eso y Norma se hizo cargo del asunto financieramente y la verdad es que además apostó mucho por la obra. También apoyó que Joan Navarro ejerciera de maestro de ceremonias de la presentación barcelonesa: me emocionó mucho verle allí presentando nuestra obra junto a varios de los dibujantes. Sólo tengo palabras de agradecimiento para mi editor Luis Martínez y el director de Norma, Óscar Valiente, prácticamente un compañero de trinchera con el que comparto muchas alegrías y cicatrices a través de tres décadas de profesión.

Yo les ofrecí el proyecto después de la buena experiencia con Carvalho, pero no me esperaba el entusiasmo despertado en la redacción. Creo que conseguimos disipar todo el recelo que hubiera podido quedar entre los veintitrés dibujantes, con quienes ahora estoy en deuda de por vida. Los veintitrés se portaron de primera. Todos nos pusimos de acuerdo enseguida y a partir de ahí comenzó la producción del tomo recopilatorio.

Cuando llegué de vacaciones desde el Perú me encontré con el tocho editado y me quedé alucinado, porque yo me esperaba el formato original apaisado, pero mucho más reducido, así que cuando vi esto… Verdaderamente, Norma ha hecho una edición formidable y se ha volcado a nivel promocional. El único reproche que le hago es que tengo que volver dentro de dos semanas a Lima y no me puedo llevar conmigo casi ejemplares, porque pesan un montón (risas).

¿Qué nos puedes contar de tu ya vieja etapa como redactor jefe en El Víbora?

Cuando entré en El Víbora me dijeron claramente que se estaba hundiendo y que había que conseguir que vendiera. Al tiempo que los artistas de la generación anterior iban pillando un perfil mucho más reposado, más comprometido socialmente de una manera más poética y reflexiva, también con más ambición premeditadamente artística desde el punto de vista esteticista, notabas que la revista iba cayendo en picado en el quiosco, y me dijeron que había que remontarla. Yo tenía 20 años cuando entré, así que lo primero que hice fue sondear lo que estaba dibujando gente nueva por ahí. El consejo de redacción lo formábamos el editor Josep Maria Berenguer, el jefe de producción Emilio Bernárdez y el director de arte Pablo López: todos fuimos a una en esa búsqueda. Y dentro del espíritu underground legítimo hicimos todo lo que pudimos y renovamos la generación de autores. En mi etapa se publicó desde el cinismo de Miguel Ángel Martín a la hiperviolencia de Iron (otra de las víctimas del puritanismo ideológico comiquero, que entonces también había inquisidores del gremio que se ofendían a la primera); y de las soflamas independentistas de Gat al humor superizquierdista de Álvarez Rabo y de Mauro Entrialgo. Publicamos de todo sin imponerles nada. Eran libres de expresar lo que les diera gana. Mi único baremo para defender una obra ante el consejo de redacción es que ofrecieran algún aspecto de interés, ya fuera en cuestiones de ingenio, artístico o expresivo. Y a ser posible, que no fuera cultura autocomplaciente. Que se oliera la libertad en ella.

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Una portada de El Víbora ilustrada por Paco Roca perteneciente a la etapa en la que Migoya estaba al frente

Casi toda la crítica y muchos lectores antiguos se persignaban ante lo que estábamos haciendo, una infamia según ellos. Y hasta exigieron mi dimisión por carta, cartas que yo publicaba sin problemas. Pero la revista remontó los escollos y empezó a venderse mejor. Yo estuve siete años como redactor jefe, el tercero en el cargo después de Onliyú y el ya fallecido Jesús Benavides, a quien siempre me gustar recordar, porque no se le suele tener muy en cuenta. Creo que gracias a nuestra labor y a la de los redactores jefes que nos siguieron, Félix Sabaté y Sergi Puertas, bajo la batuta de Bernárdez y Berenguer y merced al esfuerzo de un equipo en verdad entregado con entusiasmo (en mi caso, debo destacar al diseñador Pablo López o Pablópez, como firmaba, quien por desgracia tampoco está ya entre nosotros), El Víbora duró hasta 2005, trece años más de lo que hubiera durado de no practicársele esa operación a corazón abierto. También contamos con la lealtad y el respeto de varios autores de la primera época, que en todo momento se portaron de modo exquisito en la nueva etapa, como Max, Laura Pérez Vernetti o Nazario.

En aquella época también tuvisteis encontronazos con la censura.

Los problemas de censura o con la justicia no se sobredimensionaban entonces tanto como ahora: hombre, es que todavía no habían desaparecido los ecos de la dictadura, aquello sí había sido hardcore de verdad. Sí hubo un problema con nuestros envíos a Venezuela: al librero que distribuía El Víbora allí lo querían meter en la cárcel, creo que por considerarse el nuestro un material obsceno o algo así, y durante semanas nos tuvieron retenido todo el pedido en la aduana. En España, lo más curioso tenía que ver normalmente con la revista Kiss Cómix, la de historietas porno. Cuando algún autor estadounidense llegaba a España invitado por La Cúpula, solía quedarse pasmado con las revistas pornográficas abiertamente expuestas en los quioscos: ahí me di cuenta de la sana relación con el cuerpo desnudo que realmente disfrutamos en nuestro país.

¿Crees que el cómic se sigue valorando menos que el cine o la literatura?

Sí, y gracias a eso el cómic en España es un arte mucho más libre que la novela o el cine, porque todavía no hay tanta injerencia del gobierno ni de las instituciones ni goza de tanto prestigio. Pese a todos los intentos de una minoría interesada por elitizarlo, de momento aún sigue siendo un medio que todo el mundo puede leer, disfrutar y tirar, como una peli de Hollywood. Y por ese motivo el poder aún no le da tanta importancia. ¡No hace tanto que una ministra de Cultura, Carmen Alborch, decía que el cómic era un arte menor, ja ja ja, qué candidez la suya!

Mis obras más duras son cómics y nunca ha pasado nada: en cambio, cuando he intentado hacer lo mismo en literatura, el sistema se ha llevado las manos a la cabeza, escandalizado… porque en el fondo dentro de todo escritor hay un pequeño hijo de puta que quiere ser prestigioso y sentarse al lado de un político y que le den subvenciones y viajar gratis por todo el mundo con el Instituto Cervantes sufragándole sus charlas. En cambio, el cómic sigue siendo, pese a que hay gente por ahí que todavía quiere “dignificarlo”, un frente abierto y mucho más libre. Todavía es, afortunadamente, un arte de trinchera. Su objetivo principal no es pedagógico ni pretende quedar bien. Imagínate un Liberatore o un Corben domesticados por el dinero público… ¡qué horror! Desde las instituciones ya dicen que el cómic es arte, sí, pero por suerte aún no lo leen.

Para mí los cómics son para leerlos. Está muy bien que se pueda ver un original en la vitrina de un museo y que a su autor le paguen tanto como a un pintor moderno cotizado que no le importa a nadie excepto a cuatro cabrones ricachones, pero creo que la gente no debería olvidar que los cómics son para ser leídos. Yo no quiero que valoren tanto el cómic como arte hasta llegar a un punto en que a la gente le acabe importando una mierda el cómic, que es lo que está pasando con el rock, que al final la gente joven tira hacia otros estilos musicales porque son los que ahora están vivos. Hay museos de rock, pero por suerte todavía no los hay dedicados al pop latino que hoy gusta a la gente y que el clasismo español tanto desprecia (como hace con casi toda la cultura popular latinoamericana). Pero a ver, cuando se empezó a decir que el cómic era arte, ¿qué hicieron los jóvenes? Se tiraron de cabeza al manga. Y los autores consagrados reaccionaron diciendo que en la industria del manga todos dibujaban igual y que ese estilo era una puta basura. El manga fue el reggaetón de la historieta en los años 90.

Los japoneses no odian el dinero o lo popular ni explotar una saga como se odia desde nuestro sector cultural. Aquí, cuando vendíamos veinte o veinticinco mil ejemplares al mes de Kiss Comics en los años 90, cuando ya había una crisis comercial generalizada en el sector historietístico, bastantes críticos siempre te decían lo mismo, ¡que se vendía porque era porno! ¿Y El Jueves? Porque es humor. ¿Y Marvel y DC? Pues porque son superhéroes. Pero los cómics se vendían, ¿no? Así que me parece absurdo ese argumento. Un medio artístico, como la propia palabra lo define, es un “medio”, no un fin en sí mismo. Y eso sólo lo ratifica el consumo popular.

Así que está muy bien lo de los museos, pero yo voy a seguir comprando algo que vea en la calle. Es lo que me interesa. A mi este complejo del cómic con respecto a la literatura y la “alta cultura” me fastidia un poco. El equilibrio entre cultura popular y consideración artística no lo hemos resuelto todavía, eso está claro.

¿Te preocupa la crisis de los cómics de superhéroes?

Para mí la auténtica Marvel española de nuestros días es Sálvame. Yo veo Sálvame con mi madre y me digo: “Éste es el mejor universo que se ha montado nadie desde el tinglado de Stan Lee”. De hecho, Paolo Vasile es el Stan Lee de nuestra televisión, y creo que ambos comparten la misma ética comercial. Y encima lo de Sálvame reviste mayor mérito, ¡porque todos son supervillanos! No hay ni un puto héroe ahí metido. Se han montado una tele con villanos dándole a la lengua todo el rato. Todos pelean contra todos verbalmente, lo cual también requiere mucho talento creativo para lograr mantener el interés argumental. E influyen mucho más en la población, a nivel de masa, que todo lo que escribamos nosotros en toda nuestra vida. Eso me parece fascinante, un universo que funciona solo, se autoagrede y se retroalimenta, de programa en programa. Es la Marvel de la mayoría silenciosa. Tú ves hoy una reunión de fans de los cómics de superhéroes y son cuatro cincuentones nostálgicos de la cultura de masas primermundista de los 80; la masa que sigue Sálvame, en cambio, es mucho más numerosa, rica y diversa: desde las amas de casa a los gays más modernos. ¿Cómo asimilamos culturalmente ese fenómeno? Tengamos en cuenta que, en el fondo, no hace tanto que Stan Lee también estaba considerado un vendedor de hamburguesas: así que es probable que en veinte años más, Paolo Vasile y su etapa de Sálvame sean valorados como un momento álgido, añorado e irrepetible de la cultura televisiva.

¿Y cómo ves el futuro del cómic en España?

Con todo, la situación del cómic autóctono con respecto a cuando yo era editor está mucho mejor ahora. Actualmente se ha abierto un abanico de editoriales y opciones de edición mucho mayores y publican un montón de autores de todos los sexos. Y curiosamente en España somos mucho más abiertos a nivel de temáticas de cómic que, por ejemplo, Estados Unidos, donde se les desmoronan los superhéroes y se hunde el 80% de su industria. Si te pones a mirar con lupa, el cómic independiente nunca dejó de ser minoritario en Estados Unidos, lo compran cuatro gatos en proporción -excepto el superfenómeno de ventas que ha supuesto ahora la autora Emil Ferris, además desde la sana reivindicación de la monstruosidad como alegato por la diferencia-, así que dentro de eso sí me parece que aquí el cómic está en un buen momento porque se edita mucho y hay mucha riqueza temática y estilística: sólo tenemos que resolver esa “pequeña cuestión” pendiente de que el autor de cómic pueda vivir de su obra para que no tenga por obligación que hacer las Américas en Marvel/DC o tomar la ruta franco-belga. O sea, que no volvamos simplemente a ser una buena cantera de mano de obra para industrias culturales ajenas, sino que podamos establecer el soporte económico que al autor le permita crear su obra personal (si eso es lo que desea, claro: cada artista decide cuál es su obra personal, que por descontado puede consistir en dibujar Superman toda la vida).

Mi lucha como editor en lo personal siempre ha sido que dejemos de ser mercenarios de la industria foránea. Porque yo siempre tuve claro, cuando nos criticaban por Kiss Comics, que las ventas de esa revista daban de comer a sus autores y además nos permitía que se publicara el Brut Comix, línea consagrada a autores minoritarios[4], tanto extranjeros como nacionales. No entiendo esa dicotomía entre alta y baja cultura, ese miedo a perder prestigio, que es un rasgo muy común de sociedades culturalmente clasistas y anquilosadas.

Como guionista, siempre has apostado por contenidos propios.

Nunca he intentado guionizar para Marvel, aunque sé que probablemente estuviera condenado al fracaso por lo impermeable que es la cultura estadounidense a cualquier contenido extranjero y por la estricta censura que aplican: siempre he preferido jugar con una mitología nacida de mi propia cultura, ya sea con la serie Carvalho adaptando las novelas de Vázquez Montalbán, ya sea con las Nuevas Hazañas Bélicas, con el universo de periferia barcelonesa que desarrollé junto a Manolo Carot en Kung Fu Kiyo o incluso con la parodia/homenaje de Julio Iglesias y la canción melódica que pergeñé junto a Juaco Vizuete en Julito el cantante cojito. Siempre he usado las herramientas narrativas o conceptuales de otras culturas mayoritarias y las he aplicado a mis historias, casi siempre muy locales y entresacadas de mi entorno, aunque sepa que de entrada partiré con desventaja comercial, porque viste más mirar a la temática estadounidense y realizar pseudoexplotations (ojo, de vez en cuando de esa amalgama salen resultados formidables y con sabor propio, como la serie televisiva Vis a vis). Pero creo que ahí, en el caldo de cultivo en el que creces y vives, es donde nace la obra verdadera, al menos en mi caso.

Sigo pensando, pese a todo, que en lo creativo y a nivel de cómic en España estamos en un momento superdulce. La prueba está en que hay decenas de autores que todavía tienen los ovarios de currarse una novela gráfica entera a cambio de una remuneración ridícula. Ojalá pronto puedan hacerlo pero cobrando el dinero que merecen.

Hay muchas más editoriales y muchos más canales abiertos para trabajar para mercados extranjeros. En los ‘80 no había autores españoles trabajando para Marvel o el mercado franco-belga, y ahora muchos se pueden colocar allí laboralmente, hasta el punto de que la mayoría se van directamente fuera y esperan a que sus obras publicadas en Francia o los USA vean sus derechos adquiridos por cualquier editorial española para que salga aquí de rebote, como si fueran autores originalmente franceses o yanquis. Aquí empieza a cambiar poco a poco la mentalidad, nuestro complejo hacia lo mercantil está por suerte mudando a una actitud menos talibana por parte de las generaciones jóvenes, y ya hay un sector de editores y autores que quieren abiertamente construir industria propia con el cómic (insisto: una industria óptima es aquella en la que el artista puede vivir de su obra y eso todavía no lo hemos logrado). Pero todavía subsiste también una especie de marxismo católico con la noción sectaria de que la industria es mala, un enfoque que llevamos en nuestro adn. Cuando comencé a finales de los ochenta a escribir algún guion para la revista Makoki, siempre oía que Bruguera era una puta mierda. Una fábrica de chorizos. Y ahora se considera la edad dorada del tebeo español. Siempre había ese menosprecio hacia lo mercantil, eran casi todos unos exquisitos desde el punto de vista teórico y opinaban que el cómic no se tenía que rebajar: asociaban sin matices la pureza artística al desapego comercial. De ahí que en nuestra cultura el intervencionismo estatal -y el desvío de fondos públicos, inherente a nuestra catadura real- sea una de nuestras características casi idiosincrásicas. Y por eso nuestra cultura actual respecto a la USA parece un poco mortecina: porque en muchos casos nace muerta.

La generación de autores anterior a la mía vivió muy bien. La generación de un buen puñado de grandes artistas como Carlos Giménez o Josep Maria Beà ganó mucho dinero trabajando para editoriales del primer mundo (Fleetway, Warren, etc.) con el visionario de Toutain, figura con su cuota de controversia, al timón. Creo, de hecho, que son los que más dinero ganaron. Pero aquí había arraigada una actitud antiindustrial y a mí me llamaban vendido porque pensaba que la cultura tenía que ser autónoma en base a sus ventas y no subsistir supeditada a una dependencia del poder público. Porque si nos basamos solo en cultura subvencionada, esa que está hecha para que el poder presuma de ella… Yo no quiero que el poder presuma de lo que hago ni que me dicte los contenidos que debo enfatizar a su servicio. Yo no quiero que el gobierno me pague las Nuevas Hazañas Bélicas porque me van a censurar todo. Quiero que invierta millones en la difusión de la cultura, pero no en su producción. Y, en eso, siempre he tratado de ser coherente.

Parece que nunca te has tomado muy en serio a ti mismo, ni siquiera como cineasta.

A mí no, pero a mi trabajo sí: he sacrificado toda mi vida personal por mi obra. Y claro que está bien que nos sepamos reír de nosotros mismos. Si llega el momento en el que la cultura por la que hemos luchado la sacralizamos hasta el punto de que no podemos reírnos un poco y mantener una actitud desenfadada, estaremos cayendo en lo mismo que cuando nos cabreábamos porque Ángel Fernández Santos pontificaba en sus críticas de cine que El imperio del sol era una pálida imitación de David Lean y La madre muerta era cine falso. Ahora tengo que aguantar a ochenta mil Fernández Santos de mi generación diciéndome que no hay cine como el de los 80… Mientras, el pueblo de verdad está viendo Sálvame, más cuatro exquisitos diciendo “¡Ay, Houellebecq! ¡Cómo mola el último de Houellebecq!”. Y si Houellebecq fuera español lo estarían corriendo a boinazos en todos los suplementos literarios, gritándole “¡Deja de hacerte pajas, idiota! ¡¡¡Y a ver si te lavas!!!”…

Por suerte, en el presente, la gente joven está disfrutando peliculones gracias a la hornada desprejuiciada que ha llegado siguiendo la senda de superdirectores como Maria Ripoll, Bayona o Collet-Serra: Fernándo González Molina, Oriol Paulo, Paco Plaza, Guillem Morales, Miguel Ángel Vivas… todos ellos, si no tenemos ya el alma embalsamada, nos compensan por las obras maestras que Juanma Bajo Ulloa nos dejó a deber después del hito de La madre muerta. Yo aún soy su devoto, aviso.

¿Qué opinas de los tiempos revueltos que se viven en nuestro país?

A nivel político, ahora mismo hay en España un remolino de cabreos que yo estoy flipando, vamos, y que se traduce en un recorte de libertades. Y en el aspecto cultural, sobre todo, se está imponiendo una antinaturalidad al enfocar los temas y contenidos. Lo natural, el desenfado, la relativización, son actitudes hoy prohibidas: la denuncia de la equidistancia no es más que la exigencia de una militancia ciega. Y ése es el inicio del autoritarismo y del mal rollo que degenera en conflicto y enfrentamientos, en un estallido masivo de pus.

Me alegro de no vivir en España. Políticamente todo se está volviendo a repetir, es verdad, en el sentido de que las fuerzas, al final, juegan a ser las mismas y el discurso ha variado muy poco, además. Hay un término medio, que aquí no existe, que es el liberalismo anglosajón, muy difícil de implementar en nuestro país, porque se sigue considerando que o eres de derechas o eres de izquierdas. O eres facha o eres rojo. Y de ahí la gente no quiere salir porque le resulta mucho más fácil proyectarse contra alguien que cuestionarse y evolucionar. Y el carácter español es muy de proyectarse contra alguien. Tu identidad inamovible es fuerte mientras tengas a alguien que consideres un hijo de puta y con el que aparentemente no compartas ningún punto de afinidad, para poder mantener un enfrentamiento ilusorio con él, un enfrentamiento que te garantice vender que estás del lado de los buenos. De ahí decía que los extremos se tocan y se merecen, porque en el fondo yo los veo a todos muy parecidos: actúan como creyentes con un fin absoluto. Y aun en democracia están en un bando para liquidar al otro, no para convencerlo. Ni para convivir. Eso sí, luego todos a fichar y a competir en ego dentro del Facebook. Por lo demás, en cine y cómic se están haciendo cosas fantásticas, apasionantes, tal vez porque los tiempos revueltos siempre producen buena cultura.

Tú también tuviste tu “recorte de libertades”.

Con mi libro de cuentos Todas putas hubo gente que me dejó de hablar, que me dijo que no me podía reír de ciertas cosas. Y me censuraban moralmente al afirmar que era reprochable lo que yo escribía. ¿No es fantástico, en pleno siglo XXI, recibir la reprobación de adultos serios, hechos y derechos? Me asombró la actitud puritana en los medios de unos cuantos “opinadores” profesionales que se creen legitimados a prohibir una obra de ficción. De los conservadores ya te lo esperas, pero de los otros… Si no estuvieran forrados de dinero gracias a sus sermones, me caerían todos mucho mejor, ja ja. En fin, yo creo que la gente ya percibe de qué corcho están hechos… Que me hayan excomulgado de su círculo fue en realidad un honor.

Tu paso por el cine español tampoco fue un camino de rosas.

¡Soy un pelele!, la única película que he dirigido, reveló una situación aún peor que mi intento de censura literario: fue como chocar contra la barrera de la delincuencia establecida. Con Todas putas hubo su escándalo y se me cerraron muchas puertas, muchísimas, pero lo del cine casi me dio más rabia, porque ahí sí había una mafia. He recibido correos de algún director famosete diciéndome que me callara la boca sobre la corrupción. Y me llevan los demonios cuando encima se le celebra como moderno y demócrata y sólo con escarbar un poco sabemos que es un mafioso: lo sabe todo el mundillo. Eso jode mucho porque responde a la ley del silencio y a un desentendimiento de la sociedad. ¿Qué se puede decir de nuestro panorama cultural cuando un veterano crítico de cine escribe un artículo hace tres años, en un diario nacional, afirmando que si el director de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas ha de ir a la cárcel, procesado como fue por fraude y corrupción, debería entonces ir preso todo el mundo en el cine español, y que cómo va a permitirse eso? El crítico estaba justificando que tantos profesionales fueran delincuentes en nuestro cine… ¡y a los medios de comunicación les parece bien!

Mi película no existe oficialmente. Sólo existe como película catalana rodada en catalán, lo cual es mentira. Çomo al parecer había recibido una fuerte subvención de la Generalitat como filme rodado en lengua catalana, a mí me exigió el productor que, cuando se estrenara en el Festival de Sitges, dijera a la prensa que estaba rodada en catalán pero muy bien doblada, tanto que parecía que se hubiera rodado en castellano (risas). Ése es el nivel… ¿Qué puedes pensar de un país así? Y que el Estado lo permita y que te llamen todos los responsables de las instituciones cinematográficas españolas diciéndote “¿Cómo te atreves a revelar esto?”. Y tener que aguantar encima a algún periodista cultural diciendo “este tipo, el Migoya, lo único que busca es darse publicidad”. Periodistas que han estado alojados en festivales y comiendo a dos carrillos con todos los gastos pagados con dinero público… ¡Cómo tenéis la vergüenza de minimizar eso!

Hernán Migoya (centro) con Jordi Ordóñez y los hermanos Calatrava. “La productora organizó un falso pase de prensa para hacerme creer que la iban a publicitar, ¡y no avisó a ningún periodista! Sólo acudieron Jordi Costa, Fausto Fernández y Luis Martínez, porque les avisé yo personalmente”. Foto: D. Sinova

Tú ya tenías experiencia en el cine español, pero en el sector festivales.

Trabajé cuatro años como miembro del comité de selección en el Festival de Cine Fantástico de Sitges y en la dirección de Brigadoon: cuando Ángel Sala entró como director, el festival era poco menos que una aldea gala de resistencia tenaz en pro de los géneros de terror y fantasía; y, aunque al principio criticaban a Ángel por el tono más expansivo que insufló al festival, Sitges se ha consolidado hace ya años como una referencia internacional indiscutible. Y todo es gracias a Ángel Sala y su equipo: él se negó a venderse a las instituciones y transformar el festival en un escaparate de buenrrollismo esclerótico. Mantuvo el marchamo de festival de fantasía y horror, un caso único y admirable cuando lo fácil hubiera sido venderse y chupar del bote público, y dedicarse a programar películas buenistas.

También me encanta cómo se ha continuado la sección de Brigadoon: Diego López la ha dimensionado mucho más. Yo lo hice lo más dignamente que pude, pero creo que Diego López le ha dado una categoría mítica a Brigadoon.

¿Qué opinas del nacimiento de tantas pequeñas editoriales de género?

Lo de la eclosión de pequeñas editoriales es un fenómeno inevitable, como cuando todo el mundo comenzó a rodar con video, es lo mismo en el fondo. Y por entonces también la gente se quejaba diciendo que “ahora todo el mundo se cree que es director”, pero eso son rasgos puristas y yo no soy purista ni prejuicioso. Si algo no me interesa no lo compro o no lo leo, pero prefiero que esté a que no esté. Hace poco circulaba en las redes un artículo muy celebrado en el que se denunciaba que hoy todo el mundo se creía que era escritor y que no, que para serlo hacía falta algo “especial”… ¡No hace falta nada! Para ser escritor hace falta escribir y ya está. En todos los humanos está esa semilla.

Y cuando empiezas a mirar a todos los escritores, al menos a los que yo admiro -que no son precisamente de los que reciben medallitas en vida-, casi todos llevaron una existencia de puta pena, y en muchos casos los consideraban una mierda en sus tiempos. Robert E. Howard murió a los 30 años y lo que escribía era tachado de subliteratura. Igual que Daphne du Maurier en los años 40-50 o Stephen King en los 80, o como le sigue pasando a Alberto Vázquez-Figueroa, que para más inri nació aquí. Pienso en todos los autores sin domesticar que yo leía de niño: José Mallorquí, Patricia Highsmith, Jim Thomson, Maurice Leblanc, James Hadley Chase, Agatha Christie, Gaston Leroux, Mickey Spillane, Giorgio Scerbanenco… ¿Te los imaginas escribiendo una columna de opinión y vendiéndose como ciudadanos ejemplares? Son escritores indómitos, como debe ser. Cuando llegué al mundo literario, me quedé perplejo ante la cantidad de autores que conciben sus columnas de prensa como hojas parroquiales, como un púlpito desde el que proyectar una imagen intachable, soltando discursos moralistas y cívicos para obtener una cuota de influencia y poder que revierta en ventas de sus libros. No soporto a los escritores que opinan como curas.

Además, me gusta la literatura basada en la imaginación, y por desgracia procedemos de una tradición cultural acomplejada que desprecia la imaginación y obliga a intelectualizar la ficción para poder considerarla digna. Yo no encajo en esa manera de pensar. A mí dame autores sin domesticar, que los demás se repartan su anhelado prestigio.

Para terminar, haz una valoración de tu trayectoria hasta ahora.

Yo entré en la industria con El Víbora con 20 añitos y a mí me fue muy bien. No es que ganara mucho dinero pero sí seguridad. Si hubiera querido podría haber seguido con contrato fijo en La Cúpula toda la vida, pero presenté mi dimisión tras siete años, en 1998, porque tenía una depresión brutal por no poder dedicarme sólo a escribir ficción, que era lo que quería. En el impás puse el dinero ahorrado para editar a fondo perdido el fanzine cultural Ojalatemueras que codirigía Rubén Lardín, me llamaron del Festival Erótico y también me metí en el de Sitges. Y bueno, me iban pagando bien y eso podía compaginarlo mejor con el tema de la escritura. Mi única condición desde 1998 para entrar a trabajar con empresas ha sido que no me hagan contrato: así luchaba contra la tentación de quedarme apalancado en ellas. En eso, mi espíritu es muy libertario y respeto la precariedad de la vida, no trato de saber ni controlar dónde voy a estar dentro de diez años.

Por medio me pilló el trolebús de Todas putas y no supe gestionar bien esa súbita fama que podría haber adquirido. No supe demostrar una actitud más cínica o más confiada, me acojoné vivo y me cerré totalmente a la proyección pública. Ya cuando me atreví a volver, lo siguiente que escribí, Observamos cómo cae Octavio, fue tan distinto que no tuvo pegada y ha sido con el tiempo cuando de repente la gente me comienza a considerar como autor, con una obra desplegada en muchos frentes.

A decir verdad, no estoy obsesionado con el fantasma de Todas putas, su espectro no me persigue: yo escribo muy libre y tranquilo a ese respecto. Si me entra una crisis, leo las duras represalias que padecieron autores que sí son admirables, como Milan Kundera o D.H. Lawrence, y se me pasa la tontería… Gracias a mi amor por fabular he sacado más de veinte obras desde entonces. Para mucha gente ahora seré el de Nuevas Hazañas Bélicas, para otros el de los cómics de Carvalho, o el de la novela que sacaré el año que viene con Reservoir Books. Y veo que las nuevas generaciones me tratan mucho mejor, algo que agradezco infinito.

Hace unas semanas ha salido a la venta ‘La soledad del mánager’, segunda adaptación a cómic que Seguí y yo hemos realizado de los casos del detective Pepe Carvalho. La novela original es mi favorita de la primera etapa que escribió Manuel Vázquez Montalbán. El género negro fue mi primer amor y en esta saga de cómic trato de reflejar no sólo mi pasión por el insuperable Montalbán policíaco, sino también por sus enormes coetáneos Andreu Martín, Juan Madrid, Pérez Merinero… Intento tomarme el guion y mi storyboard de ‘Carvalho’ como si filmara un polar barcelonés. Pienso en la tranquilidad aparente y la tensión interna de un Melville, un Verneuil, un Becker, esa naturalidad rellena de pulso. Imagino cómo lo harían ellos y me pongo manos a la obra. Encima, es un lujazo poder trabajar junto a un talento artístico para el dibujo, la plasmación de ambientes y la narración visual con la categoría de Bartolomé Seguí. Nuestro ‘Carvalho’ es puro noir cañí.

Yo con poder escribir en la soledad absoluta de mi casa en Lima y que suene en el ordenata un instrumental de Francis Lai o de Bruno Nicolai o de cualquier compositor cuyo apellido acabe en “lai”, ya estoy contento. Con menos se construye un edén.

Gracias.

[1] The Outlaw Josey Wales (Clint Eastwood, 1976)

[2] They Died with their Boots On (Raoul Walsh, 1941)

[3] Con Hernán Migoya en el guión y Bartolomé Seguí en el dibujo, Norma ha comenzado a editar una colección de álbumes de cómic basados en el popular detective de Vázquez Montalbán. Por el momento se ha publicado Tatuaje, con gran éxito de crítica y público.

[4] M. A. Martín, Peter Bagge, Chester Brown, Daniel Clowes, Thomas Ott, entre otros.

Octavio López Sanjuán nos habla de ‘Noches de Halloween. La saga de Michael Myers’

25 noviembre 2018 Deja un comentario

A Octavio López Sanjuán le venimos siguiendo la pista desde que publicara con Tyrannosaurus Books  su primer libro,  ¿A quien vas a llamar?. Un exhaustivo repaso del universo Cazafantasmas. Tras la debacle de la pequeña, pero audaz, editorial barcelonesa, Octavio se dirigió a Roseta, que editó Cinezoico, una completísima guía sobre el cine de dinosaurios. Pero dada su pasión por escribir sobre películas, era cuestión de tiempo que recalara en Applehead Team, que ha editado su último libro: un tocho de más de 500 páginas con todo lo que siempre ha querido saber sobre Michael Myers: Noches de Halloween. La saga de Michael Myers, un nuevo título de la colección ‘Noche de Lobos’ de Applehead Team de inminente publicación, por lo que nos ponemos en contacto con el autor para que nos presente a su nuevo y obeso tercer hijo de papel.  

¿Cómo surge la posibilidad de realizar este proyecto?

Fue al terminar de escribir mi primer libro ¿A quien vas a llamar?, sobre los Cazafantasmas en cine y televisión, cuando empezaron a rondarme nuevas ideas que llevar a cabo. Nuevos recorridos a sagas cinematográficas que pudieran ser interesantes ver recogidos en un libro. Entonces fue cuando pensé que La noche de Halloween, y la figura de Michael Myers, podía ser susceptible de convertirse en un amplio texto. Pero solo fue una idea, realmente no me lo planteé en serio hasta que acabé mi segundo libro, titulado Cinezoico y que trataba en esta ocasión sobre dinosaurios en el cine.

Llegado ese momento, mi objetivo principal para el libro era tratar de entrevistar a la mayoría de directores de la saga, y hacerles una serie de preguntas en común. Con ello, se conseguiría una especie de mesa redonda donde tenía pensado que sus respuestas lograrían plasmar una suerte de caleidoscopio sobre Michael Myers muy interesante. Eso fue Noches de Halloween: el origen, y de hecho el último capítulo del libro es esta mesa redonda “ficticia”. Pero como me ocurrió con el libro de Cazafantasmas, pensé que cuanta más información consiguiese, mejor iba a quedar el libro. Y eso me llevó a contactar y entrevistar también a compositores, actores, directores de fotografía y editores. El resultado obtenido pasa de las quinientas páginas, el doble de lo que tenía inicialmente pensado. Pero es que gran parte de las entregas tuvieron una producción muy interesante, fascinante en algunos casos, atravesando mil y una historias hasta que se estrenaron. Y quería contarlo de la mejor manera posible.

¿Por qué precisamente Michael Myers?

Siempre me ha llamada la atención su figura. Su manera de moverse, su forma de materializarse. Hay algo muy sugerente en este personaje, violento, maligno y asesino que sin embargo sigue atrayendo la atención del público. Mi idea era tratar en el libro de desmenuzar sus distintas apariciones en pantalla, para ofrecer una comparación entre cada una de ellas, y comprobar cómo a pesar de los años y las secuelas que emergen, algo de él sigue intacto. Traspasa la barrera del tiempo.

¿Cómo lo has enfocado?

Foto: Cortesía Octavio López Sanjuán

La estructura básica del libro presenta una introducción donde se explica la relación entre la festividad de Halloween y la cultura popular, para pasar a continuación a los respectivos capítulos. Cada uno de ellos, de manera cronológica, aborda cada una de las correspondientes entregas. De la primera película de 1978 —y que posee el capítulo más amplio del libro— hasta llega a la última producción de este 2018.

A su vez, cada capítulo se divide en varios apartados: la evolución del guion, el rodaje y la repercusión de la película en concreto, para concluir con un pequeño análisis.

Después de las películas, se incluye un capítulo dedicado a las apariciones de Michael Myers en otras facetas de la cultura popular, esto es, novelizaciones, cómics y videojuegos.

Todo ello va trufado de las declaraciones de los entrevistados, con el objetivo de crear una interesante dinámica entre la historia de cada largometraje y sus protagonistas.

Al final, es donde encontramos esa “mesa redonda” de la que hablaba al principio, donde los entrevistados van ofreciendo su correspondiente opinión a las preguntas expuestas. Por ejemplo, me encantaba la idea de que contaran su experiencia con Donald Pleasence, y de hecho esa es la primera pregunta de ese último apartado.

 

¿Cuál es la peor y la mejor película que has tenido que repasar?

Creo que la mejor película sin lugar a dudas es la primera. En su sencillez está esa fórmula que valdría millones. Ahora bien, volver a ver Halloween II de Rob Zombie y analizarla ha supuesto un pequeño redescubrimiento, pues cada vez que la veo encuentro matices nuevos. En cuanto a la menos destacable, me sigue pareciendo que Halloween: Resurrection es lo menos acertado que se ha hecho con diferencia en la saga. Hay un intento de conjugar un montón de tonos diferentes y públicos distintos, y el resultado es muy irregular.

¿Por qué crees que estas películas y este personaje interesan más allá de la moda de los slashers de los ochenta?

Aparte de lo mencionado sobre el icónico Michael Myers, tocan elementos con los que es fácil empatizar, por ejemplo, el mal en el vecindario. Pero sobre todo, porque gran parte de ellas tienen una gran sensación de persecución que las hace muy divertidas (si a eso se le añade de fondo el famoso tema musical de John Carpenter, la sinergia es total), además de unos finales muy catárticos que para el espectador supone toda una experiencia recompensatoria.

Octavio y su alter ego durante la presentación de la colección ‘Noche de lobos’ de Applehead Team en el Festival de Sitges (Foto: Serendipia)

Tras una puesta al día del personaje por parte de Rob Zombie, con la reciente entrega de Halloween el personaje y la saga vuelve a los orígenes ¿Qué te pareció el trabajo de Rob Zombie y esta reciente película?

Como decía, Halloween II, y también Halloween: el origen, me encantan, y me parece una excelente actualización de la historia, siempre bajo la óptica tan particular de Rob Zombie. Una apuesta valiente que se dirige hacia la dirección contraria que había marcado Carpenter, esto es, desmitificando el personaje hacia su humanidad más pútrida.

En cuanto a La noche de Halloween 2018, es más clásica y sencilla, pero me lo pasé genial viéndola. Es el espíritu de la primera (y segunda) entrega actualizado, y creo que la  misión que tenía de acercarse al público actual ha funcionado más que bien, visto los resultados económicos que ha tenido.

Escarbando en esta saga ¿has encontrado alguna joya que te haya sorprendido? ¿Que desconocieras?

Pues la única que no había visto de hacía tiempo es el montaje del productor de Halloween: la maldición de Michael Myers. Es una versión muy diferente al montaje estrenado en cines —especialmente el tercio final— con un tono y una dinámica muy diferente ¡Y con un poco más de Pleasence, que eso siempre se agradece!

Por otro lado, una película que no había visto pero que era necesaria visitar de cara a comprender el recorrido de la festividad a lo largo de la historia del cine ha sido El hombre de mimbre, de 1973. Me ha entusiasmado lo peculiar de la propuesta, su atmósfera malsana y el personaje interpretado por Christopher Lee.

¿A quién te hubiera gustado entrevistar y no ha sido posible

Como decía, las entrevistas fueron el motor del libro, y por ello se ha entrevistado a John Carpenter, Rick Rosenthal, Tommy Lee Wallace, Nick Castle, James Jude Courtney, Brad Loree, Daniel Farrands, Larry Brand, Michael Jacobs, Dwight Little, John Ottman, Danny Lux, Alan Howarth, Robert Draper, Billy Dixon, Glenn Garland, Dominique Othenin-Girard…así hasta más de treinta entrevistas relacionados con la franquicia ¡Sin olvidar el magnífico prólogo que nos ha brindado P.J. Soles! Tenemos guionistas, directores de fotografía, realizadores, editores, actores…un amplio repertorio que ofrecen una detallada visión de los respectivos largometrajes en los que trabajaron.

Y puesto que el objetivo era conseguir a todos los directores posibles, pues he de admitir que me hubiera gustado conseguir entrevistar al resto: Joe Chappelle, Steve Miner, David Gordon Green y Rob Zombie. Lo hemos intentado a fondo pero no ha podido ser.

¿Estás satisfecho con la edición que ha realizado Applehead Team? ¿Qué te llevó a publicar este libro en esa editorial?

Pues aún no lo he visto físicamente, pero las maquetaciones y la portada se ven espectaculares. Creo que la gente de Applehead Team sabe a la perfección lo que los seguidores quieren leer, y cómo lo quieren ver presentado, y en ese aspecto es brutal su implicación.

En cuanto al trato con ellos, no tengo más que palabras de agradecimiento y generosidad. Son muy comprensivos, y me he sentido muy arropado en todo momento.

La decisión de trasladarles la propuesta surgió del escritor Carlos Díaz Maroto, que pensó —como así ha sido— que podría encajar a la perfección con su línea editorial.

Estoy expectante porque el libro llegue a las estanterías y se pueda observar el grado de dedicación, detallismo y cariño que le he hemos dedicado. Creo que los seguidores de la saga, y los amantes del cine de terror, van a disfrutar.

Gracias a Octavio López Sanjuan por su disposición a hablarnos de su libro. Hemos tenido ocasión de leer sus anteriores obras y sabemos de su minuciosidad sobre todo tema que investiga. De su manera de tratar exhaustivamente hasta el más mínimo detalle o curiosidad. En resumen, estamos seguros de que Octavio ha escrito un completo libro sobre la saga de Michael Myers, exactamente el que le hubiera gustado haber comprado él mismo, de haberlo escrito alguien. Sin duda una obra de referencia que saldrá a la venta el día 10 de diciembre y que, ya en pre-venta,  pueden adquirir en la tienda de la editorial Applehead Team.  

Entrevistamos a John Tones autor de ‘Empire: El cine de Charles Band Vol. 1’

23 septiembre 2018 Deja un comentario

Dentro de la colección La generación del Videoclub de Applehead Team, John Tones, un nombre más que reconocido dentro del fandom y la crítica cinematográfica publica ‘Empire: El cine de Charles Band Vol. 1‘, un estudio en profundidad, y cuando decimos en profundidad hablamos de 500 páginas, con todo lo que ha dado de si el sello Empire, que tutelado por Band, produjo cosas como Ghoulies, Trancers, Eliminators, Creepzoids, TerrorVision, Dolls, Robot Jox, Troll y, claro, Re-Animator y From Beyond, títulos que hicieron ganar mucho dinero al productor, tanto en salas cinematográficas como después en los videoclubs de todo el mundo. Y cuyas ganancias engorilaron a  Band de tal modo que llegó a comprar en Italia un castillo del siglo XII con intención de utilizarlo como base europea de operaciones y lugar de rodaje. Charles Band también compró Dino de Laurentiis Cinematografica, el estudio fundado por Dino De Laurentiis en 1946. Y todo ello sucedió en un periodo que cubrió de 1983 a 1988, año en el que los problemas financieros hicieron que Empire se fuera a pique… y Charles Band se embarcar en Full Moon. Pero esa es otra historia y otro libro y de momento, John Tones y Applehead Team han lanzado este primer y voluminoso tomo con el que el autor nos lo cuenta todo sobre Empire.

Dejemos pues que sea el propio John Tones el que nos explique como ha podido repasar toda la filmografía del sello Empire y sobrevivido a semejante exposición al cine fantástico y de terror de los años ochenta.  

¿Cómo surge la posibilidad de realizar este proyecto?

Applehead ya tenía un proyecto de características similares en mente, y yo llevaba tiempo dándole vueltas a la idea de revisar todo el cine de Empire y Full Moon y publicarlo de algún modo, quizás en algún blog. Surgió esta oportunidad y no me lo pensé demasiado, pese a que el trabajo ha sido considerable: he revisado todas las películas de Empire, muchas no las había vuelto a ver desde los tiempos del VHS y algunas muy concretas no había podido verlas aún. El resultado son quinientas hermosas páginas de repaso de todo el cine de Empire, y me ha llevado un par de años porque no siempre he tenido la disponibilidad que me habría gustado para avanzar con el tocho.

¿Cómo has enfocado el trabajo?

Al ser un número limitado de películas, algo más de sesenta, y de todas poder decir algo relevante o significativo dentro de la historia de Empire, simplemente las he analizado en orden cronológico. Dentro del comentario de cada una, iba incluyendo las disgresiones necesarias para contextualizarlas en la historia de Empire. Así, en un momento dado de principios de los ochenta, hablo del nacimiento de Wizard Video, la distribuidora de VHS de Band, y según se va acercando el final de los ochenta de sus problemas financieros. He intentado también ir revisando por encima el trabajo fuera de Empire de sus muchos colaboradores técnicos e intérpretes recurrentes. Bajo una apariencia de videoguía o listado cronológico de películas he intentado hablar de por qué es tan importante Empire: más allá de los títulos que produjo, lo fue por el entramado de artistas que en algún momento colaboraron con Band, lo que arroja una perspectiva bastante amplia sobre la producción de serie B de la época en Estados Unidos.

¿Cuántas películas te ha supuesto escribir estos libros?

La producción de Charles Band Productions y Empire es de 64 películas, que he vuelto a ver en su integridad (con mucho gusto en la mayoría de los casos, la verdad). A ello se suma el típico completar algún fleco aquí y allá para redondear el texto. Parece mucho, pero el drama va a venir con el libro de Full Moon, donde claramente no podré seguir una estructura tan exhaustiva.

¿Cual es la peor y la mejor película que has tenido que repasar?

Las mejores son las que sabemos todos que son las mejores: Re-Animator, Dolls, Re-Sonator, Ghoulies, Trancers… son las que median entre el bombazo de Ghoulies, el afortunado encuentro de Empire con Stuart Gordon y la inversión generosa en presupuestos no enormes, pero sí lo suficientemente holgados como para que las películas no se resolvieran de forma apresurada. Mi favorita es, sin duda, Re-Animator, una auténtica película-milagro que significó la confluencia de muchísimos talentos creativos y una mezcla explosiva de valor, sentido del riesgo y suerte.

Por otra parte, las peores también son fáciles de identificar: en la segunda mitad de los ochenta, cuando a Band le entraron las prisas por producir películas que se rodaban en diez días con presupuestos bajísimos. Les tengo manía a muchas, pero me resultan especialmente cargantes las comedias de Gorman Bechard como Psychos in Love, Galactic Gigolo y Cemetery High. También es muy odiosa Arma mortal, una pseudo-secuela de la estupenda El rayo destructor del planeta desconocido.

¿Ha ganado el cine de Charles Band con el tiempo o es un fenómeno exclusivamente de su época, destinado ahora a nostálgicos?

Particularmente pienso que no es un cine exclusivamente para nostálgicos, pese a que la estética, medios y circunstancias de la mayoría de sus producciones son muy de su época. Sus mejores películas mantienen intactos sus valores: la perfección de los efectos especiales de animación de David Allen y el descaro de los muñecos de goma de Ghoulies o Troll. La agudeza del guión de Trancers o la explosión de creatividad de Re-Animator o Re-Sonator, absolutamente incomparables con la mayoría del cine de terror actual. No hace falta perdonarles la vida ni echar mano de la nostalgia para disfrutar de ellas. Son películas directas y baratas, la mayoría en torno a los setenta minutos y que en casos abiertamente de explotación y buscando el dinero rápido, como Creepozoides, Rawhead o El morador de las tinieblas, brillan por su desvergüenza y por un ir al grano del que carece la serie B actual, digital, feísima y demasiado autoconsciente.

¿Qué crees que tiene aquel cine para que se siga hablando y escribiendo de él?

El cine de serie B de los ochenta tiene un espíritu muy difícil de describir y que creo que se resume en que no necesitaba justificarse para ser loco, ridículo, imaginativo o extraño. No pedía permiso al espectador ni necesitaba contenerse para no pasarse de la raya. Por eso a veces las películas tienen esas explosiones de ideas que no se sabe de donde salen, o tienen tantos altibajos, la sensación era que se echaban los restos, también en espíritu, con cada película (en las buenas, claro), y ahora el género no funciona así. Exigimos a los monstruos que den mucho miedo y que estén muy torturados para autoconvencernos de que no estamos perdiendo el tiempo, o todo lo contrario, exigimos el cartel de la ironía y la nostalgia con letras fluorescentes para que nos quede claro que todos participamos del chiste. Creo que ese espíritu tan libre, que se perdió con la desaparición de los presupuestos medios y con la sobredosis actual de información, es lo que nos hace volver una y otra vez a ese cine. Re-Animator, Re-Sonator, Dolls, Presidio, Terrorvision, recuperadas ahora siguen sorprendiendo por su descaro y atrevimiento, lo que hace que no envejezcan tanto como producciones de ayer mismo.

Escarbando en los cajones de Empire y Full Moon ¿has encontrado alguna joya que te haya sorprendido? ¿Que desconocieras?

Me ha sorprendido que algunas películas con las que temía reencontrarme me hayan gustado incluso más que en su día: algunas como Terrorvision, El rayo destructor del planeta desconocido, Creepozoides o Rawhead conservan su frescura y su potencia, para mi sorpresa. Descubrimientos absolutos ya ha habido menos, pero alguno ha habido: Mujeres caníbales in the Avocado Jungle es quizás la parodia más frenética e inteligente de Empire, oculta bajo una apariencia de explotación selvática. Catacombs no la conocía y también ha sido una sorpresa total, con una atmósfera y unos efectos que son una delicia.

¿Incluyes entrevistas? 

Por desgracia no he incluido, aunque sí hay gran cantidad de declaraciones procedentes de fuentes muy diversas. Mi intención para el libro de Full Moon es hablar con los responsables del sello para que me cuenten su experiencia en primera persona.

¿Estás satisfecho con la edición que ha realizado Applehead Team? 

Sí, las ediciones de Applehead son estupendas y destacan sobre todo por su amplísima documentación gráfica. En un tema como Empire, donde las portadas brillaban con tanto ímpetu como las propias películas, es un aspecto importante, y lo han trabajado mucho, intercalando carátulas en color con cada ficha.

¿Tendrá presentación tu libro durante el inminente Festival de Sitges?

¡Sí! Miércoles 10 de octubre a las 18 horas.

Pues esto es todo. Añade lo que quieras

El libro está hecho desde la devoción absoluta a un cine irrepetible. Si ese entusiasmo se ha conseguido comunicar y contagiar al lector, misión cumplida. Y nos leemos en el volumen 2.

Se publican muchos libros sobre cine, pero pocos cuentan con la garantía de estar escritos, ya no solo por un  cinéfago y cinéfilo de categoría, sino además, por alguien que narra y escribe de manera tan ágil como John Tones, cuyas 500 páginas a buen seguro serán una compañía deliciosa… y delirante.

Pedro José Tena nos cuenta todo sobre ‘Demons: la pesadilla retorna’

20 septiembre 2018 Deja un comentario

Ya hace un tiempo les hablamos de la editorial Applehead Team y entrevistamos a sus responsables, que definían el sello como una editorial con espíritu de video-club. Desde entonces muchas han sido las alegrías que esta pequeña editorial ha ofrecido al lector. Desde estudios sobre los clones surgidos del boom Star Wars a los muchos salidos a la sombra de Bruce Lee; Completas obras dedicadas desde a Akira Kurosawa a Joe Dante pasando por José Antonio de la Loma; De novelas de terror a aventuras juveniles. Sin complejos. Con calma pero sin pausa, Applehead ha sabido ir llenando huecos en la biblioteca cinéfila del aficionado más atípico, y ahora lanza una nueva colección, Noche de lobos, que centrada en el cine de terror rinde pleitesía al mítico programa con el que una primitiva Antena-3 TV despertó la pasión hacía este tipo de cine en muchos espectadores. La colección la abre un suculento título: “Demons: La pesadilla retorna”, escrito por uno de los fundadores de la editorial, Pedro José Tena, que recoge la historia de cómo se rodaron Demons y Demons 2, dirigidas por Lamberto Bava y producidas por Dario Argento en 1985 y 1986 respectivamente, así como su influencia en el cine de terror posterior y su importancia dentro del cine de género italiano. Así que siendo una estupenda noticia, hemos hablado con Pedro José, ya no tan solo de su interesante obra, sino también de la colección y la editorial de la que forma parte.

Comencemos hablando de Applehead Team. La primera vez que tuvimos ocasión de hablar, en junio de 2016, habíais editado once libros ¿Cómo va en la actualidad vuestra editorial? 

“Demons: La pesadilla retorna” hace el libro número 28 de nuestra editorial y tenemos firmados ya para sacar libros como mínimo durante todo 2019, así que podemos decir que vamos bien. Desde luego, no nos podemos quejar, ya que lo que empezó como un pequeño proyecto surgido de la pura visceralidad se ha acabado convirtiendo en una empresa pequeña que cada vez cuenta con un grado mayor de confianza por parte de los lectores, los autores y los libreros. Además, actualmente trabajamos con dos distribuidoras, que es un paso muy importante que nos asustaba dar hace un par de años. Pero hemos comprendido que si queremos seguir creciendo y darle mayor visibilidad a nuestros libros, no nos queda más remedio que trabajar con distribuidoras que nos ayuden a colocar nuestros trabajos en la mayor cantidad posible de espacios. También va mejorando nuestra relación con los medios generalistas, y ya es habitual que hablen de nuestros libros en revistas como Imágenes de Actualidad, Dirigido Por o Acción, programas de televisión a nivel nacional como Días de Cine o programas de radio de RTVE. Eso sin olvidar nuestra buena relación con los podcasts y páginas webs en las que también tenemos presencia.

¿Siguen siendo los libros dedicados a Cannon Films los más vendidos de Appehead Team?

Pues no sabría decirte exactamente, porque después de estos hemos tenido otros superventas como los libros dedicados a Joe Dante o Michael Jackson, por poner dos ejemplos. Pero sí es cierto que los de Cannon Films, especialmente el primero, siguen vendiéndose relativamente bien. No al mismo nivel que cuando los lanzamos, obviamente, pero todavía se mueven. Y supongo que los pedidos se reactivarán con más fuerza todavía cuando saquemos la tercera parte…

Demons: la pesadilla retorna’ se centra en Demons y Demons 2, dos películas dirigidas por Lamberto Bava ¿Qué encontraremos en sus páginas?

El libro tiene dos grandes bloques: en el primero explico quiénes fueron los artífices de Demons, cómo se gestó la idea de la película y cómo se rodó (explico las localizaciones, anécdotas del rodaje, etc.), después la analizo y hago lo mismo con la segunda parte, además de hablar sobre la influencia de este díptico en títulos posteriores y repasar también las falsas secuelas que tuvo y la que estuvo a punto de ser la secuela oficial (El engendro del diablo, de Michele Soavi). En el segundo bloque tenemos más de 180 páginas de entrevistas exclusivas a miembros del equipo técnico y artístico de la película (Lamberto Bava, Dardano Sacchetti, Sergio Stivaletti, Urbano Barberini, Bobby Rhodes, Geretta Geretta, Fabiola Toledo, Claudio Simonetti, Simon Boswell, Coralina Cataldi-Tassoni… ).

¿Por qué Demons y no otras películas de Fulci o Argento o…?

Sobre Argento y Fulci ya hay varios libros publicados (algunos de ellos muy buenos, además), pero no hay ninguno tan específico que hable sobre dos películas concretas y tenga tantas entrevistas. Me gustan los libros así, aquellos que son muy específicos y que intentan profundizar lo máximo posible en temas muy peculiares, para así poder llegar a conocerlos bien. Mi idea con el libro es rendir homenaje a dos películas que me apasionan y a toda la gente que las hizo posible. También responder a ciertas preguntas que tanto yo como otros fans nos hemos hecho siempre sobre esta saga: ¿qué pasó con Demons 3? ¿Por qué no se hicieron más partes? ¿Qué ha sido de sus protagonistas? Al final, ha resultado ser un vehículo perfecto para todo ello, al menos en cuanto a las intenciones que yo tenía con el proyecto. Y a nivel fan, pues te tengo que reconocer que hablar por teléfono con Lamberto Bava, Fabiola Toledo, Urbano Barberini o Bettina Ciampolini y conocer en persona a Bobby Rhodes ha sido una experiencia maravillosa.

¿Cómo has enfocado el proyecto?

Durante los últimos años he intentado recopilar toda la información posible que he encontrado en libros, audiocomentarios, hemerotecas… He procurado contrastar varias fuentes para evitar errores, aunque en este sentido he de decir que si el lector encuentra alguna incongruencia entre los datos que expongo, en muchos casos se debe a que los propios responsables de Demons y Demons 2 no tienen muy claro cómo sucedieron determinados acontecimientos. Ese es uno de los motivos por los que he decidido dejar las entrevistas íntegras, en lugar de insertar las declaraciones de los entrevistados en el cuerpo del ensayo. Ya que las declaraciones de algunos de ellos aportan información contradictoria entre sí, prefiero que el lector saque sus propias conclusiones al respecto, aunque siempre intento aportar mi opinión sobre cada caso y explicar por qué creo que es de un modo o de otro.

El proceso de conseguir las entrevistas ha sido bastante arduo y en ocasiones ha requerido que tuviera que ser bastante insistente. Esto ha hecho que algunas de las entrevistas se hayan cerrado casi a última hora, cuando ya estaba en pleno proceso de maquetación. Casi todo el mundo con el que he conseguido contactar me ha puesto facilidades para ser entrevistado, pero es cierto que algunos me han ignorado o que han rechazado amablemente la propuesta. En otros casos, ha habido cambios de idea: primero sí, luego no, luego sí… luego no otra vez. Así que se me han caído varias que tenía previstas y que hubieran estado bien (la más importante de todas, la de Argento, que ha sido imposible de realizar por mucho que lo he intentado).

¿Qué puedes decirnos de la parte gráfica del libro? 

La parte gráfica de los libros de Applehead siempre es importante, porque nos ayuda a contextualizar el texto y, en algunos casos, nos aporta una información extra muy relevante. Este caso no es una excepción, y he intentado por todos los medios acceder a fotografías inéditas. Tras mucho luchar por ello, he conseguido algunas fotos extraídas directamente de los negativos de la persona que fue fotofija del rodaje de ambas cintas, Franco Bellomo.

Cuéntanos algún tesoro sobre el universo Demons al que hayas podido tener acceso durante tu investigación.

Otra magnífica imagen basada en Lamberto Bava y su universo realizada por Jairo Moreno

Pues, además de esas fotos a las que hacía mención en la pregunta anterior, Lamberto Bava me ha pasado también fotografías de los tratamientos originales de Demons, en los que aparecen unos títulos alternativos que no se habían filtrado hasta ahora.

¿Estás satisfecho con el resultado del libro? 

Estoy muy satisfecho. Es el producto de varios años de trabajo y, sobre todo, es fruto de una pasión que no ha remitido con el paso del tiempo y que necesitaba explorar. En cuanto a la portada, que es una verdadera maravilla, escogí a Jairo Guerrero porque me gusta su trabajo y hace tiempo hizo una ilustración de Demons que me encantó. Cuando contacté con él, le expliqué que quería algo similar a esa ilustración y esa fue la base desde la que partió para llevar a cabo este encargo.

El libro se encuentra actualmente en preventa ¿Qué ventajas podrá tener el lector adquiriéndolo así?

En Applehead nos gusta agradecer la confianza de todas las personas que reservan los libros en el periodo de preventa, y en este caso lo hacemos regalándoles un pack de chapas exclusivas diseñadas para la ocasión, y un marcapáginas que imita el estilo de la mítica entrada del cine Metropol.

Tu libro abre una nueva colección, Noche de lobos ¿Qué tipo de libros tendrán cabida en ella?

La premisa es hablar de sagas de cine de terror, sobre todo de las décadas de los 70 y 80, que son las fechas a las que pertenecían las películas que, en su mayoría, se emitían en Noche de Lobos. ¡Aunque también es cierto que algunas de esas sagas han resultado ser tan largas que han llegado hasta nuestros días con nuevas entregas!

¿Nos puedes decir algunos de los próximos títulos a editar dentro de esta colección?

Te puedo decir los que ya tenemos confirmados, que serán dedicados a las sagas Halloween, Pesadilla en Elm Street, Posesión infernal, Hellraiser y Estoy vivo.

¿Tiene prevista Applehead, en vista de sus inmediatas y próximas novedades, hacer alguna presentación durante el Festival de Sitges?

Sí, yo no podré ir a presentar Demons por motivos familiares, aunque me hubiera encantado ir. Pero lo primero es lo primero. Y eso no significa que no estará presente, ya que el día 12 de octubre, a las 19:00 horas, habrá una presentación colectiva de la colección Noche de lobos en la que sí estarán los otros autores que forman parte de los primeros títulos que saldrán bajo este sello. También tendremos una presentación de la novela Sangrario ese mismo viernes 12, a las 12:00 h., con el autor Andrés Abel y el ilustrador Mike Ratera. Y antes, el miércoles 10, a las 18:00 h., John Tones y su prologuista Xavi Sánchez Pons presentarán el libro Empire: El cine de Charles Band Vol. 1. Todo ello en la carpa FNAC situada junto al Melià.

Pues eso es todo, añade lo que quieras.

Larga vida al fantástico y a los libros de cine.

…y ¡Corten!

Muchas gracias por a Pedro José Tena por su tiempo. Desde Proyecto Naschy queremos felicitarle a él y al resto del equipo de Applehead Tem por la inestimable labor realizada, apostando por libros atípicos, diferentes, raros… como el lector al que van, en su mayor parte, dirigidos: los buenos aficionados al cine fantástico y al terror.

http://appleheadteam.com/category/preventas/

David J. Skal: Algo en la sangre

18 diciembre 2017 Deja un comentario

Han trascurrido 120 años desde que se publicara Drácula, la inmortal novela de Bram Stoker, y David J. Skal, uno de nuestros autores favoritos, ha vuelto a escribir sobre el personaje y su creador.  Y es que como ya dijera Bela LugosiDracula never ends‘ y así parece estar sucediendo también en el caso de Skal, al que conocemos por magníficos libros como Tod Browning. El carnaval de las tinieblas, Monster Show y Hollywood Gótico, pero  también responsable de otros, inéditos en nuestro país, todos ellos centrados en nuestro chupasangre favorito: Dracula: The Ultimate, Illustrated Edition of the Worl-Famous Vampire Play by Hamilton Deane, que reproduce el guión teatral en el que también se basó la película de Tod Browning; V is for Vampire: The A to Z Guide to Everything Undead, en el que se repasa todo lo que han dado de sí los vampiros en el cine; o una completa edición de  Drácula anotada y que ahora, a los 20 años de su publicación, va a ser actualizada. A David J. Skal pertenece también el mérito de que, entre otras cosas, podamos disfrutar del Drácula hispano rodado por la noche por George Melford en los estudios y decorados de Universal mientras se filmaba, durante el día, la cinta de Tod Browning, ya que investigando para uno de sus libros se topó en la Filmoteca de Cuba con la única copia completa que quedaba en el mundo, pudiendo así recuperarse el trozo extraviado de los baúles de Universal Pictures.

Drácula-Bram Stoker-David J. Skal. Unidos entre sí por la sangre, pero a los que hay que sumar también a Oscar Palmer, responsable de Es Pop Ediciones, que no solo ha tenido el buen gusto de traducir y editar en nuestro país Hollywood Gótico y Algo en la sangre: la biografía secreta de Bram Stoker; asimismo tradujo Monster Show, que editó en su momento Editorial Valdemar y, por si todo esto fuera poco también tradujo para Valdemar su edición de Drácula, ofreciendo un soberbio volumen repleto de notas y, como se dice ahora, extras de incalculable labor. Lo dicho: Drácula-Stoker-Skal-Palmer… y Sitges. Pues el Festival en su 50 edición dedicada a Drácula tuvo a bien traer como invitado (y jurado) al autor de Algo en la sangre: la biografía secreta de Bram Stoker que junto a Oscar Palmer ofrecieron una charla sobre Stoker y el legendario vampiro que resumimos a continuación.

DAVID J. SKAL: ALGO EN LA SANGRE

Fotos: Serendipia

En la tradición folklórica los vampiros no son aristócratas. Muy al contrario solían provenir de baja extracción social y regresaban de la tumba para convertir en vampiros a sus propios familiares. El concepto de vampiro como aristócrata no nació hasta la literatura romántica. Tenemos ejemplos en El vampiro, escrito por John Polidori, amigo de Lord Byron. Así que Bram Stoker convirtió también a su vampiro en aristócrata continuando el patrón establecido por sus predecesores y no pretendía hacer ningún tipo de alegoría política, de lucha de clases. Esa ha sido una lectura que se ha hecho de la novela a posteriori.

Creo que Bram Stoker no reconocería a Drácula en la mayoría de las adaptaciones cinematográficas y en particular en el caso de Lugosi. A diferencia de lo que mucha gente cree, Drácula no era un seductor. De hecho siempre tengo que corregir a los que creen que Drácula es una historia de amor. Coppola convirtió Drácula en una especie de ‘La bella y la bestia’ que Stoker, sin lugar a dudas, no hubiera reconocido.  También es interesante indicar que Stoker no se inspiró en Vlad Tepes, el personaje histórico, aunque diera la casualidad de que ambos fueran bastante sanguinarios. De hecho Stoker descubrió a Tepes cuando ya llevaba tiempo trabajando en su novela. Stoker nunca describe detalladamente a Drácula. El personaje está siempre envuelto en sombras, dejando que el lector tenga su propia idea de Drácula.

Suele pensarse que la enfermedad que mantuvo a Stoker de niño durante siete años en cama tenía un origen psicosomático. Tengo la teoría de que en la época Victoriana los padres suministraban opio y otras drogas a su hijos para protegerles de las enfermedades convirtiéndolos en pequeños toxicómanos. La propia madre de Stoker sobrevivió al cólera y estaba convencida de que fue gracias a las dosis diarias de whisky que recibía. De hecho Stoker permaneció durante esos siete años en estado de ensoñación, sin posibilidad de interactuar con el mundo, y el único consuelo lo encontraba en su propia imaginación y los cuentos que le contaba su madre. A Bram Stoker le encantaban los cuentos de hadas que su madre le contaba de pequeño. Más adelante descubrió las tradicionales pantomimas navideñas de su Irlanda natal. En estas funciones había un  personaje, el rey, en el que yo estoy convencido que se inspiró Stoker para su Drácula.  Más tarde, cuando Bram Stoker ejerció de crítico teatral escribió una serie de artículos sobre la pantomima y la importancia de esta para los niños como primer punto de contacto con la fantasía, algo que sin duda definía su propia experiencia de niño. En Drácula encontramos claras referencias a cuentos clásicos como Caperucita Roja. De hecho creo que la mejor forma de definir Drácula es como cuento para adultos.

Bram Stoker no dejó ningún diario escrito sobre sus motivaciones para escribir su obra más famosa, por lo tanto escribir el libro ha sido más difícil de lo que pensaba. Me ha llevado seis años terminarlo, siendo el que más tiempo me ha costado. Durante su escritura he aprendido, entre otras cosas, que es dificilísimo escribir una biografía a menos que se tenga la capacidad de viajar en el tiempo. Así que aunque he intentado ceñirme en la medida de lo posible a los hechos probados, gran parte de la biografía se basa en especulaciones. 

Todo comenzó a encajar cuando tomé en cuenta la figura de Oscar Wilde, conocido de Stoker y rival amoroso (Nota: de hecho, Stoker se casó con la novia de Oscar Wilde). También, aunque desconocemos muchos detalles, se ha planteado la posibilidad de que Bram Stoker fuera homosexual, pues se conserva correspondencia que así parece darlo a entender. Nosotros siempre buscamos nuestro propio reflejo  y el hecho de que Drácula no pudiera ver su imagen reflejada en el espejo parece indicar nuestra propia dificultad para vernos a nosotros mismos. De hecho hasta 60 años después de su publicación no se vieran los trasfondos freudianos y sexuales de la novela. Desconozco cuales eran sus demonios personales, pero intento descifrar algunos en el libro. En cierto modo la biografía tiene algo de ficción, pues hay que encontrar un modo atractivo de contar una historia, que a fin de cuentas es lo que todos queremos leer: más que hechos en sí queremos historias. Pero mi libro es mucho más que una simple biografía de Stoker. Supone una completa inmersión en el mundo artístico, social y sexual victoriano y espero que sirva para descubrir como se concebían en aquella época conceptos como la sexualidad, la vida y la muerte.

Como se ha indicado Bram Stoker fue crítico teatral y también secretario del actor Henry Irving. De hecho quería llevar Dracula al teatro y tenía en mente como protagonista ideal a su jefe, pero este no estaba interesado en el papel. Stoker falleció antes de que su novela llegara al teatro, pero estoy seguro de que de haber existido el cine en aquella época, Bram Stoker hubiera estado de acuerdo en que su novela era un material que se prestaba para ser llevado a la pantalla.

No creo que a Bram Stoker le gustara especialmente escribir. Más bien se sentía obligado a hacerlo. Escribía de forma obsesiva y los pensamientos le asaltaban a tal velocidad y tan frenéticamente los trasladaba al papel que su letra costaba de descifrar.

El novelista comentó a sus amistades la intención de escribir una secuela de Drácula, así que posiblemente a ello se deba el final alternativo existente y que es el que se publicó finalmente. En el manuscrito original el vampiro moría cuando el castillo volaba por los aires por culpa de una erupción volcánica. Un final que hay quien opina que fue cambiado por el que conocemos a efectos de dicha segunda parte.

Lo cierto es que recientemente se ha encontrado el primer borrador de Drácula. Con una extensión del doble de la novela que conocemos, podría ser que todo el material suprimido lo reservara Stoker para la secuela, posibilidad que personalmente no descarto. Formo parte del equipo que está trabajando con ese borrador. Una labor que nos llevará años pero que confío va a responder muchas preguntas sobre Drácula y su autor, así que valdrá la pena esperar.

Creo que me precipite cuando pensé que este sería el último libro que escribiría relacionado con la inmortal novela de Stoker. Y es que nunca terminaría de hablar sobre ella, pues es como un gran agujero negro. Es como el político perfecto, que da a todo el mundo lo que desea.

Aprovechando la ocasión, dando mucho trabajao al sr. Skal

 

 

 

 

 

 

 

 

Terror y paradojas temporales: ‘Paradoja en Renfield Street’ la nueva novela de Lluis Rueda

                                                         

La esperada nueva novela de Lluís Rueda, Paradoja en Rendfield Street, puede adquirirse en preventa en la tienda online de Hermenaute con un descuento del 5% sin gastos de envío. La publicación oficial de la novela será el próximo 6 de abril de 2017.

Sinopsis: Glasgow, año 2000. El joven Andy Telfer despierta en su apartamento de Renfield Street enfrentado a dos enigmas casi irresolubles. A su lado duerme una joven galesa que parece venir del pasado, al menos así lo atestiguan su vestido de época y su documentación. El otro enigma hace referencia al viejo manuscrito que sostiene ante él un misterioso agente literario llamado Edgar Grainger: el texto contiene el primer capítulo de una novela, al parecer escrita por el propio Telfer y protagonizada por la joven que yace a su lado, Sarah Aveling.

Paradoja (del griego parádoxa) es una proposición en apariencia verdadera que conlleva una contradicción lógica o una situación que va en contra del sentido común.

En Paradoja en Renfield Street se dan cita las criaturas más extraordinarias del folclore escocés, hindú y japonés. Una novela de terror esotérico y alteraciones temporales que abarca más de doscientos años, se sitúa en varios continentes y atraviesa portales a otros mundos que la literatura no había mostrado hasta la fecha.
Dos de los aspectos singulares de la novela son la presencia de personajes históricos perfectamente integrados en la trama y un pormenorizado trabajo de documentación en el tratamiento de elementos esotéricos y mitológicos. Con esta obra, el autor aparca el género de ciencia ficción que abordó en su primera novela, El columpio negro, para adentrarse en el ámbito del terror y la magia oscura.


Críticas:
Paradoja en Renfield Street es un thriller sustentado en dos pilares fundamentales: una estructura narrativa que espolea la curiosidad del lector por conocer cómo se desarrolla la historia y la capacidad de evocación de los elementos herméticos y esotéricos que Rueda ha deslizado en sus páginas ofreciendo un nivel de lectura adicional que vibra en una frecuencia distinta al de la trama y los personajes”. David Aliaga, escritor y editor.

Sobre el autor:
Lluís Rueda (1973, Barcelona). Editor, escritor, guionista y analista cinematográfico. Director de la Editorial Hermenaute y de la web Hermenaute-Proyecto Hermético. Ha sido director de la web de cine fantástico Judex. Colaborador en diversos medios: radio, televisión, revistas culturales y magazines. Entre sus obras destacan el ensayo
Monstruos eléctricos: El cine de terror y la ciencia ficción en la Universal (Arkadin Ediciones, 2012) y la novela de ciencia ficción El columpio negro (Tyrannosaurus Books, 2012). También ha participado en el ensayo Steampunk Cinema y es coautor del libro Crimen en la noche/Muertos y enterrados (ambos publicados en Tyrannosaurus Books, 2014). Ha colaborado además en las antologías de relatos Ovnipresentes (Ediciones Dédalo, 2013) y Dimensión B (Ediciones la Pastilla Roja, 2014), y ha sido coordinador, editor y escritor en Momias y embalsamados (Editorial Hermenaute, 2014). Le apasiona viajar y la antropología cultural.

Miguel Ángel Plana investiga en ‘El cine y los expedientes X’

22 febrero 2017 Deja un comentario

plana

Autor del libro Carlos Aured, nostalgia y pasión (Ediciones Museo Fantástico) y la antología de relatos Serie B (El fantasma de los sueños), Miguel Ángel Plana es, además  de un erudito en cine fantástico y de terror, un gran tipo. Y muy inquieto. Lo primero que Serendipia supo de él vino de la mano del imprescindible tercer número del fanzine Flash-Back, un maravilloso monográfico dedicado al cine de terror español realizado cuando este era poco menos que ignorado. Miguel Ángel tuvo la gran fortuna de poder entrevistar a todos aquellos directores y actores (Naschy, Aured, Piquer Simón, Jack Taylor, Víctor Israel…¡Qué sé yo!) en lo que ya era desde entonces una pieza imprescindible. Luego le perdimos la pista, pero el seguía dale que te pego ejerciendo de crítico cinematográfico en diversos medios, tanto escritos como audiovisuales, de su ciudad, Valencia, entre los que se encuentran Las Provincias, Más que TV, Canal 9 o Diario de Valencia, así como en programas radiofónicos como El cine, su música y tú, La claqueta, El gallinero, La puerta secreta, La claqueta metálica o Abierto al mediodía.

Tuvimos al gran suerte de conocerlo en persona durante un festival de Sitges y, desde entonces, no nos hemos podido despegar de él. Sobremesas interminables, Fantasti’CS, colaboración en proyectos comunes como los libros  Juan Piquer, mago de la serie B, Los mundos perdidos de Willis 0´BrienDe Narciso Ibáñez Menta a Narciso Ibáñez Serrador o siguiendo muy de img_9972cerca sus colaboraciones en libros como Tras las huellas del planeta de los simios y  fanzines como, además del mentado Flash-Back, Halloween, Monsterworld, Neutrón, Exhumed Movies, Westernworld o Killer Toons 2.0. Y no para. Ya sea escribiendo también para nuestro blog amigo, La abadía de Berzano, como colaborando en el podcast cinéfilo El perfil de Hitchcock, o imaginando y escribiendo relatos de género que  han visto la luz en diversos formatos y medios, siendo el más reciente, la antología de ciencia-ficción Ins-omnium e Imaginario y las antologías  Mañana a la misma hora y Un día de fiesta. Y es que, como ya les hemos dicho, este tío no para. Quizás por ello en 2014 le fue concedido el premio Fantasti’CS de Castellón en reconocimiento a su labor de estos años.

¿Más? ¿Les parece poco? Pues actualmente tiene pendiente de edición el trabajo colectivo cinematográfico Ópera Prima, entre otros proyectos, y acaba de publicar Cine y Expedientes X  con Ediciones Rosetta. Y nosotros nos callamos ya y dejamos que el propio Miguel Ángel nos cuente de qué va su libro.

ABRIENDO LA PUERTA SECRETA

lbro-cine-y-expedientes-xCuando era adolescente mis intereses culturales estaban mediatizados por mi afición a las películas y las novelas de terror.  Pronto descubrí que algunas de aquellas experiencias de ficción podrían tener un soporte real y comencé a interesarme por lo oculto y los enigmas.  Fui acumulando saber (J.J. Benítez, Jiménez del Oso, la Enciclopedia de las Ciencias Ocultas y la Parapsicología, Mundo Desconocido).  Eran los benditos años setenta.  Un día me propusieron participar en un programa de radio sobre la temática (en la misma emisora ya colaboraba en uno sobre cine).  ¿Cómo podría conciliar mis dos preferencias, el cine y los enigmas?  El nombre del programa: “La puerta secreta”.  La mía: la de las imágenes y las palabras.  Este libro es fruto de esa colaboración.  Películas sobre misterios y los misterios que inspiraron esas películas.    Espero que disfruten leyéndolo tanto como yo escribiéndolo… y radiándolo.  Porque al mismo tiempo, amable y curioso lector, estas páginas podrán serviros de guía para profundizar, y ampliar, desde diversas fuentes, en todo el universo de misterios que se encuentran al abrir esta puerta…    La cultura popular asociada a estas temáticas es ingente, y sumamente interesante.

Cine y Expedientes X pueden adquirirlo pidiéndolo a  la propia editorial: http://www.edicionesrosetta.es o por encargo en grandes superficies como Fnac o El Corte Inglés.

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