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Sitges 2013: The rambler, tras los pasos de Lynch

17 octubre 2013 Deja un comentario

Dermor Mulroney (Stoker) es el errabundo, the rambler, una especie de judío errante en busca de hogar. Hogar que estaría representado por el reencuentro con su hermano en Oregón. Ahora bien, cuando llega a su destino, después de haber padecido unas cuantas exóticas peripecias en las carreteras de la América profunda, se da cuenta de que para él no puede haber más hogar que el propio deambular errático que le ha llevado hasta allí. Lo importante es el camino aunque conduzca a la nada, parece decirnos  Calvin Reeder en esta su segunda obra, The rambler, película que mezcla varios géneros, es una roadmovie que tiene toques de western y salpicaduras de gore, todo ello mezclado en la coctelera de la alargada sombra de David Lynch.

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Si algún calificativo se ajusta a The rambler, es el de extraña, y quizás sea por eso que fue incluida en Noves Visions, sección que podría llamarse también “rarezas a tutiplén” pues parece que en ella sólo puedan figurar las obras más extravagantes como si lo no convencional fuera un valor en sí. Cierto es que es de la experimentación pueden salir propuestas que abran nuevos caminos a la expresión cinematográfica, al margen de que hayan sido inaugurados en un filme irregular, pero de ello no se debe deducir que si una obra es experimental ya merece por ello sólo reconocimiento. The rambler sería uno de esos casos, Calvin Reeder parece buscar recursos expresivos novedosos y consigue aciertos, pero su película no termina de cocinarse bien y acaba pareciendo poco viaje para tantas alforjas.

the rambler pósterEfectivamente, su inicio es intrigante, no tanto por lo que narra sino por cómo lo hace. Nos sorprende el ingenio que construye para agilizar las elipsis, no sólo procede por jumcuts sino que en algunos de esos saltos son tratados de modo que simulan interferencias algunas de las cuales parecen incluso contener imágenes subliminales. Más tarde vendrán los ralentís y las transparencias para crear una atmósfera más que onírica surrealista (no en vano fueron ellos quienes usaron de esos recursos por primera vez). Y junto a la excentricidad del montaje y la planificación está el absurdo de personajes y situaciones. Mientras el errabundo se entrega a su viaje iniciático va tropezándose con personajes grotescos, un seudocientífico que viaja con una máquina capaz de grabar los sueños y un par de momias, un boxeador con un garfio, un asilo de ancianos en el que los habitantes se borran directamente en la pantalla… Este entramado visual y narrativo compone un retrato fantasmagórico y aberrante de la América profunda, que nos hace remontarnos a la estela de David Lynch. Un planteamiento interesante pues. El problema es que extravagancia es también sinónimo de disparate y en él acaba desembocando el filme.

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Si la primera mitad puede cautivarnos por su estética, pasados cincuenta minutos empieza a resultarnos cargante y artificiosa. Se diría que hay un punto en el que Calvin Reeder pierde las riendas de su película y abandona a los espectadores en una confusión que no parece conducir a puerto alguno. Se pierde el referente de qué es “real” en la ficción y qué onírico, se rompe la lógica incluso de lo inverosímil y el relato hace aguas. La sombra de Lynch acaba siendo un auténtico lastre porque el universo de The rambler no acaba de cuajarse con entidad propia.

En suma, estamos una vez más ante una equivocación, ante un engaño, ante una promesa rota. La película circulará por festivales sólo porque todavía hoy, a cien años del despertar de las vanguardias, se toma la experimentación como valor en sí, cuando debiera ya contemplarse sólo como lo que muchas veces es, una forma de ensayar que puede conducir a lo innovador pero también a lo vacuo.

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Sitges 2013: V/H/S 2, el found Footage se resiste a morir

17 octubre 2013 Deja un comentario

Si tuviésemos que definir las emociones que nos provoca el Found Footage, uno de los calificativos sería sin duda: ¡¡tremenda pereza!! Porque eso es lo que sentimos a la hora de abordar este artículo sobre la secuela de la obra colectiva V/H/S 2, cuya primera entrega pudo ser vista durante la edición de 2012 del Festival de Sitges. Y en vista de qu parece que hay a quien no le genera el mismo cansancio y la misma desidia que a nosotros, mucho nos tememos que a esta secuela le seguirán más hasta convertirla en una saga que promete ser tan nefasta como la de Paranormal Activity.

vhs2-posterArmémonos de valor y entremos en materia. La impresión general que nos deja esta película de episodios es de que la pureza del Found Footage original se está perdiendo. Sólo el segmento Alien Abduction Slumber Party de Jason Eisener la respeta, en los demás el montaje resulta obvio, los cambios de punta de vista están mal justificados desde la lógica de este género y en ningún caso se reproduce la textura de VHS que pretende el título colectivo. Por lo demás, como suele ocurrir en las películas de episodios, el desnivel entre unos y otros resulta patente, aunque, en verdad, para quien esto escribe no hay ninguno que tenga un interés remarcable.

Como ya ocurría en la primera, en esta V/H/S 2, la peor historia resuelta ser  Tape 49 de Simón Barrett , precisamente la que sirve de  nexo para aglutinar el conjunto. En ella nos encontramos con dos detectives privados que están investigando la desaparición de un estudiante pertrechados con cámaras con las que  filmar hasta los detalles más nimios (el verismo ante todo, ¡ja!). En  la casa del joven descubrirán un complejo de cámaras, reproductores de vídeo y cintas. Esa será la pobre excusa para ir insertando el resto de relatos, cuyo denominador común pretende ser la filmación de vivencias escabrosas que por arte de birlibirloque han llegado a manos del desaparecido (quien se diría está interesado en ir hasta más allá del snuff ). Tape 49 no posee entidad propia ni casi se diría que lo pretende, su resolución y su interés son paupérrimos y consigue ser más insuficiente que la Tape 46 de Adam Wingard de la primera entrega.

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El resto de relatos, pues, se irán superponiendo conforme vayan siendo insertadas sus cintas por parte de los investigadores. El primer relato, vhs 2 clinicalClinical Trials de Adam Wingard , nos cuenta la peripecia de un individuo al que se le ha implantado una cámara como prótesis en un ojo tras un accidente. Se trata pues de un ejercicio de cámara subjetiva que ya tuvo su precedente en La dama del lago (Lady in the Lake, 1947 Robert Montgomery). El verismo está logrado en lo que respecta al punto de enfoque, pero llama la atención lo firme de los movimientos del sujeto incluso en los momentos de mayor sobresalto (los barridos casi están ausentes). A destacar que los modernos de hoy son más pusilánimes que los modernos de antaño, porque Adam Wingard no se atreverá  a ofrecernos el plano del ojo seccionado a diferencia de lo que hicieran Dalí y Buñuel en El perro andaluz en el lejano 1929. Lo innovador no lo es tanto.

Y es que, aunque para algunos el conjunto hace gala de violencia, está no es mostrada con la valentía que parecería adecuada a una supuesta cámara verista. Así, en el segundo segmento, vhs-2-a-ride-in-the-park2A Ride In The Park de Eduardo Sánchez y Gregg Hale, los actos más escabrosos suceden fuera de campo. En este caso nos encontramos ante la enésima película de zombies, zombies campestres en esta ocasión, cuya plaga se extiende entre los excursionistas de un parque nacional. Sobre ella hay que anotar, que además de esconderse en el fuera de campo, es la que peor justifica la presencia de la cámara y los cambios de punto de vista a lo largo de su (excesiva) duración.

Zombies acabarán apareciendo también en la historia de Timo Tjahjanto y Gareth Evans, Safe Haven, lo que muestra la escasa imaginación de la que algunos hacen gala, porque el tema, (la grabación de la vida secreta de una secta) podía haber tenido otro desenlace más original. Nos encontramos, pues con un nuevo ejemplo de falso documental, con el toque asiático que le imprime Tjahjanto, que se atreve con el terrorífico tema de los suicidios colectivos de las sectas. Es el mejor de la colección, pero con todo, podría habérsele sacado más partido.

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Y todo termina (por fin) con Alien Abduction Slumber Party de Jason Eisener, la única narración que respeta la lógica original del Found Footage.  Un grupo de amigos decide grabar bromas pesadas que se gastan entre ellos mismos. Al final una invasión alienígena se incorporara a las gracietas girando la tortilla hacia el “sálvese quien pueda”. Fiel a las características del género, es la más gamberra de las historias. Pero no es tampoco un ejercicio destacable ni mucho menos original, se le agradece, eso sí, que en esta ocasión sean extraterrestres y no zombies, aunque en honor a la verdad su estética nos recuerda a… ¡los zombies de Fulci!

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En suma, en nuestra opinión, V/H/S 2 es una película apta exclusivamente para los fanáticos del recurso, cuyo balance hace que la primera entrega resulte mucho más brillante y equilibrada. Nos tememos que este concepto se convierta en saga y que en cada nueva entrega el interés vaya decreciendo. No recomendamos su visionado, pueden limitarse a ver su trailer que es mucho mejor que la cinta completa.

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