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Sitges 2014: objetos malditos, Annabelle y Oculus

20 octubre 2014 Deja un comentario

Annabelle cartelSi en el panorama actual del terror estamos asistiendo al renacimiento de sus manifestaciones más clásicas (casas encantadas, fantasmas, ambientes góticos… ), no podían faltar en Sitges buenos ejemplos de ello. Ejemplos que han resultado de factura y acogimiento (por parte del público) dispares. Uno de los autores que más ha contribuido a ese renacimiento es James Wan, con sus dos entregas de Insidious y, sobre todo, con The Conjuring. Es por eso que Annabelle era una de las películas que más interés había generado a priori. No en vano venía dirigida de la mano del director de fotografía de las aclamadas cintas de James Wan, John R. Leonetti, avalada por la producción del propio Wan y con el reclamo de la muñeca Annabelle (que ya tenía un papel episódico pero intenso en The Conjuring). Tal vez era esperada también porque la pediofobia, ese miedo irracional a las muñecas, es uno de los temores más extendidos. Todas esas expectativas se vieron frustradas: la película no pasó de ser una exploit desleída del subgénero y el público la despidió (en el auditorio) con la pitada más unánime. Abucheo no totalmente justo porque no deja de jugar honestamente con las claves de la serie B.

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Annabelle es un producto pop que busca calar en el segmento más joven del público, terror para adolescentes como se ha puesto de manifiesto en Francia, altercados incluidos. Como tal no carece de las típicas escenas de impacto (lamentablemente desveladas casi todas en el trailer), algunos sustos bien filmados y bien coreografiados que podrían redimirla si no fuera por el exceso de ingredientes que se dan cita en su guión. Efectivamente, el argumento de Annabelle resulta complicado (que no complejo) con una sobrecarga de elementos que no acaban de tener buena resolución. En Annabelle se dan la mano sectas destructivas (con la sombra de Manson en el horizonte), asesinatos brutales (en fuera de campo), invocaciones satánicas, posesiones diabólicas y hasta inmolaciones altruistas para salvar a la protagonista. Acumulación de tópicos que acaba empañando el esperado protagonismo de la muñeca maldita, que era lo que a priori prometía este filme concebido como spin off (y a la vez especie de precuela) de The Conjuring. Y, por si fuera poco, el cóctel viene aderezado por un mensaje moralista y conservador.

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Annabelle en Sitges (Foto: Serendipia)

En resumen, sin que pueda considerarse como despropósito, Annabelle tiene (casi)todos los números para acabar decepcionando. Mucho más redonda resulta Oculus (Mike Flanagan), aunque dividió al público en dos grupos irreconciliables: los que le dedicaron grandes, y hasta excesivos, elogios y los que prácticamente la abominaron. Entre los comentarios positivos el más exagerado fue el de un espectador que la calificó de nuevo hito del terror como en su día fuera El exorcista (William Friedkin), basando su juicio en las reacciones de pánico que había observado durante la proyección. Podemos testimoniar que parte de la platea disfrutó pasándolo verdaderamente mal, pero Oculus no pasa de ser oculus carteluna película efectiva que (para nosotros) tiene su mejor baza en la perspectiva narrativa bajo la que se desarrolla. Su argumento no es original (ni lo pretende): tiempo atrás, un asesinato dejó dos niños huérfanos. Las autoridades culparon al hermano, mientras que la hermana creció creyendo que el verdadero culpable fue un antiguo espejo maldito. Ahora, completamente rehabilitado y con veinte años, el hermano está listo para empezar de nuevo, pero la hermana está decidida a demostrar que fue el espejo lo que destrozó a su familia (FILMAFFINITY). No es, pues, más que una típica historia de objetos encantados que extienden su maldición a lo largo de los tiempos en la que se mezcla terror y suspense a partes iguales. No es un hito ni va a serlo. Ahora bien, sí tiene suficientes valores como para merecer ser bien considerada dentro del subgénero al que se adscribe.

Lugar común en este tipo de relatos es que los hechos terribles sucedan en dos momentos distintos del tiempo, uno pasado en el que se gesta la maldición y otro presente en el que se repite el embrujo pudiendo quedar resuelto o, al contrario, reforzado para seguir dándose. Del pasado se puede dar noticia en una secuencia inicial que funcione a modo de prólogo o mediante una serie de flashbacks; Oculus opta por lo segundo. Lo que la hace peculiar es que los flashbacks no suponen una ruptura del tiempo de narración sino que se trenzan totalmente con el presente al estar montados en paralelo y secuenciados a la par. El espectador va descubriendo a la vez el antecedente y la peripecia actual, coincidiendo, además, su descubrimiento con el del propio protagonista que va rescatando sus recuerdos mientras vuelve a pasar por situaciones parejas. Flanagan sabe desarrollar las dos tramas haciendo coincidir sus clímax y consiguiendo que la intriga se extienda por igual a ambas. Recurso que consigue por sí mismo crear la atmósfera y la tensión. Los sobresaltos no dejan de estar en un segundo plano respecto a la estratagema narrativa, pero ello no los desmerece sino que los coloca en el punto de mira exacto para que resulten efectivos y no chirríen (ni siquiera son vergonzantes las apariciones fantasmales).

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Oculus confirma a su director como hábil orquestador capaz de dar un toque personal a materiales usados muchas veces antes. Y sin duda fue el mejor filme adscrito al terror clásico de los que se presentaron en la 47 edición del Festival. A tener en cuenta.

Categorías:Festival de Sitges

Terror en el cine negro: El demonio bajo la piel (The Killer inside me), una crítica con spoilers

14 enero 2011 2 comentarios

A veces es difícil determinar los límites del cine negro y el de terror, cada uno tiene sus propias claves de género que los distingue, pero comparten figuras y temas. Ahí estaría por ejemplo (y ocupando un lugar de honor en la historia del cine) El cabo del terror (Cape Fear, 1962, J. Lee Thompson) con un Robert Mitchum interpretando magistralmente al psicópata Max Cady, film que fue versionado por Scorsese sin desmerecer la original. Por eso siempre nos ha parecido un gran acierto que nuestros amigos del Fecinema incluyan una sección de cine fantástico dentro de un festival consagrado al cine negro.

En ese linde se mueve El demonio bajo la piel, adaptación de la obra maestra de Jim Thompson, la novela negra The Killer inside me, título que es compartido por la cinta de Michael Winterbottom en su idioma original. En España algún listillo habrá decidido que no era suficientemente poético, pero nos resulta mucho más acorde con el tono de novela y película el título con el que bautizó la historia el novelista (El asesino dentro de mí en español, pero que sería mejor traducir como El asesino que hay dentro de mí). Este clásico de Jim Thompson ya fue llevado al cine en 1976 por Burt Kennedy, desconocemos con qué resultado, respecto a la actual nuestros críticos profesionales han sido poco amables, algunos calificativos como muestra: “La cinta habría necesitado un estilo menos neutro, menos convencional (…) un «thriller» oxidado que nunca acaba de transmitir la sensación de amenaza hiperbólica de la novela.” (Sergi Sánchez: Diario La Razón); “Sobra la machacona insistencia sobre los traumas infantiles de esta gélida bestia, sobra una larga y provocadora secuencia (…) una agresión innecesaria a la paciencia del asqueado espectador. (…) posee atmósfera enfermiza y causticidad.” (Carlos Boyero: Diario El País); “Las buenas ideas del director se pierden entre la confusión y el simple delirio (…) La película termina por resultar redundante, imprecisa, barroca y demente. Más sencillo: no funciona, no emociona, no engancha” (Luis Martínez: Diario El Mundo). Nosotros somos aficionados y lo somos en toda la polisemia del término, no nos mueve la obligación a hacer nuestro trabajo ni escribimos críticas presumiendo de no haber visto la película (caso Boyero/Almodóvar); ver cine es nuestra pasión y esa es la que ponemos en nuestras críticas. El demonio bajo la piel no es una película redonda pero complacerá a gran parte del público, lo que es quien escribe esto pasó un buen rato en la platea.

Se dice de Jim Thompson que es el escritor de novelas criminales más escalofriante que existe; aunque sólo fuera por habernos descubierto esa laguna en nuestros conocimientos literarios ya valdría la pena haber visto la película. Según sus lectores Thompson crea un universo salvaje, sombrío, oscuro, donde nada es nunca lo que parece, con personajes ambiguos: esos policías sin alma, pura mentira, cuya apariencia de buena persona esconde a seres desalmados, sin sentimientos, que matan sin pestañear, que torturan para cumplir con sus planes con absoluta frialdad y desafección. Sin poder juzgar hasta qué punto es fiel la película a ese universo, sí podemos decir que logra crear una atmósfera enfermiza que acompaña al creciente delirio del protagonista, sumiéndonos en una incómoda familiaridad con ese psicópata que se recrea en sus crímenes igual que la cámara de Winterbottom lo hace en la violencia.

Tras unos créditos iniciales con reminiscencias pop, la película se abre con la voz en off del protagonista: Lou Ford (Casey Afleck), Sheriff adjunto de una pequeña ciudad norteamericana sureña (la película ha sido rodada en Oklahoma) con ese ambiente de doble moral. Bajo una apariencia de respeto por los protocolos de la cortesía se esconde una realidad de viejas rencillas y caciquismo. Lou Ford es un personaje a escala de su propia ciudad: un hombre guapo, encantador, sin pretensiones, pero sin alma. Favorito del sheriff del condado (Tom Bower) y bien considerado por sus vecinos, esconde secretos de su infancia y una venganza pendiente contra el “dueño” de la ciudad, el constructor Chester Conway (Ned Beatty). Cuando reciba la orden de detener a Joyce Lakeland (Jessica Alba), que ejerce la prostitución a las afueras del pueblo, se le brindará la ocasión de llevar a cabo su venganza. Inicia con ella una tórrida relación que le hace llevar más lejos sus inclinaciones sádicas de lo que afloran en su relación clandestina con la rica heredera Amy Stanton (Kate Hudson). Así va emergiendo el asesino que lleva dentro, un asesino frío, impasible y extremadamente cruel, que no vacila en dar muerte a quienes confían en él cuando empiezan a fallarle las coartadas. No es la violencia la que escala, esta es ya brutal en su primer episodio (una larga secuencia que superó las tragaderas del pobre Señor Boyero, qué cosas), lo que aumenta a lo largo del film es la enajenación del protagonista quien conforme avanza la película va desprendiéndose de su fachada amable y formal, para dar salida al monstruo que late en él desde su más tierna infancia.

La película que factura Winterbottom rehuye de esos esquemas tradicionales en los que la tensión crece hacia un clímax tras el cual se desciende hasta el desenlace; bien puede decirse que carece de clímax, puesto que su espectacular final no es tanto la resolución de un conflicto como el cumplimiento de la fatalidad del personaje central. El director entendió que bajo la apariencia de novela negra, en verdad, lo que escribió  Jim Thompson es una tragedia, pero una tragedia sin catarsis porque no se busca expiar el lado oscuro de nuestros deseos y actitudes. No, el escritor simplemente constata que las personas, por cualquier razón, son destructivas, y así nos deja con nuestros demonios fuera y sin poderlos negar, sin poder eludirlos. Eso es lo que dejó prendado a Winterbottom de esta novela que Stanley Kubrick definió como la más escalofriante y verosímil narración en primera persona de una mente retorcida por el crimen. El británico logra plasmar ese narrador protagonista haciendo que Lou Ford esté presente en todas y cada una de las escenas del film, nada es presentado por los otros personajes, así nosotros vamos descubriendo la trama de la mano de su protagonista. Para acentuar esa primera persona narradora acude a uno de los elementos característicos del negro, la voz en off que es criticada desafortunadamente por algunos comentaristas. Esta sabia combinación de presencia constante del protagonista más la voz en off le permite a Winterbottom transmitirnos el punto de vista del personaje central sin tener que acudir a la cámara subjetiva. Así no llegamos a ponernos en su piel pero sí se nos hace suficientemente familiar como para que se estimule nuestro yo más perverso como espectadores: no llegamos a querer que se salve, pero tampoco queremos que le descubran. Es por ello que nos mantenemos pegados a nuestras butacas esperando ver cómo va a culminar la película. Y el final no es un desenlace sin más, es un auténtico apoteosis que rebasa nuestras expectativas a la vez que nos parece de una verosimilitud perfectamente coherente con lo que hemos visto en la pantalla.

No, esto no es el final

Cassey Afleck se ve en la difícil tarea de dar carne a la compleja psicología de Lou Ford, un personaje que destruye a personas que parecen amarlo y a quien él parece querer y con quien podría ser feliz. Este potencial para el amor parece desencadenar en él el deseo de matarlos, de destruirlos. Tiene que soportar además todo el peso de la película al participar de todas las escenas y ello logrando transmitir de alguna manera que lo que está sucediendo dentro de su cabeza no es necesariamente lo mismo que lo que está haciendo. Lou es este personaje que pretende ser algo que no es y que interactúa con las personas casi como si fuera un juego. Reflexiona acerca de las cosas de manera muy consciente. Winterbottom pensó en Cassey desde el principio, estaba seguro de que sería capaz de transmitir esa sensación del mundo complejo e interesante que ocurría dentro de su cabeza. Y verdaderamente lo logra. El propio Cassey contaba en una entrevista cómo pudo soportar esa presencia continua, ese constante mostrar una apariencia de persona amable y a la vez comportarse como un ser de una violencia extrema, cosa que le obligaba a tener que distanciarse de esa violencia a fin de conseguir el contraste adecuado: No tuve que hacer gran cosa porque existían ciertas circunstancias atenuantes: hacíamos estas escenas violentas y, a continuación, hacíamos otra escena en la que algunos de los sentimientos de la escena anterior se desbordaban un poco, y, a continuación, pasábamos a una escena de amor y, a continuación, a otra cosa. Al final del día, tenías un montón de sentimientos, diluidos por muchos otros sentimientos.

Jessica Alba y Kate Hudson le hicieron más fácil interpretar ese temperamento de máxima violencia, fue más fácil de lo que pensé que sería porque Jessica lo hizo todo muy creíble y ella estaba muy comprometida con las escenas, estaba dispuesta a hacer todo lo posible por hacerlas lo más reales posible. Ella hizo que todo me resultara mucho más fácil (Cassey Afleck). Ambas actrices completan, con excelentes resultados, la tríada protagonista. Jessica Alba es conocida por no aceptar papeles de prostituta ni desnudos, por eso, quizás, le habían ofrecido el papel de Amy Stanton, la chica de buena familia novia clandestina de Lou. Sin embargo, tras leer el guión, decidió interpretar a Joyce Lakeland, cuando me dieron el guión me gustó más el papel de Joyce. Pensé que era más interesante para mí. En primer lugar, supongo que siempre es divertido interpretar el papel de una niña mala. Pero nada es totalmente blanco o negro, y creo que eso es lo que es tan interesante acerca de la película: nadie es lo que parece. Realmente no pienso en Joyce como en una chica mala, sino más bien como en una chica triste. Me encantó la tragedia de la historia de amor, el hecho de que ella es la que enciende la pasión y la esencia de lo que él es en realidad: un asesino. Pensé que era una forma realmente interesante y oscura de desarrollar una historia de amor. Efectivamente, si uno de los tópicos del cine negro es la presencia de la buena chica frente a la chica mala, la mujer fatal, que introduce el conflicto y perturba al protagonista en El demonio bajo la piel esos roles son más difusos. Joyce, la prostituta, no es sólo la tentadora que arrastra a Lou a la fatalidad, es también una joven verdaderamente enamorada con el deseo real de contraer matrimonio con él e iniciar una vida ordenada y feliz. Y a la inversa, Amy Stanton, una más que correcta Kate Hudson, la niña buena y de buena familia, no  busca sólo la estabilidad que aporta contraer un matrimonio que los incluya en la buena sociedad, al contrario, la mueve un deseo sexual abrasador que no se conforma con un sexo convencional sino que busca llegar hasta el límite de lo violento, al masoquismo del maltrato. Kate Hudson ve a su personaje como la chica alegre, feliz y perfecta de siempre, que tiene todo organizado y proviene de una buena familia, pero por debajo de todo esto está una mujer muy desesperada que desea ser amada por este hombre. Ella es muy frágil. Ella ‘ama demasiado’ y sin embargo, debajo de todo esto, está una chica muy propensa a los malos tratos y que necesita algo de ese tipo de relación. En realidad ambas mujeres sienten deseos complejos y contradictorios. Ambas desean estar con Lou de verdad. Ambas están enamoradas de Lou de una manera muy profunda.

Junto al elaborado perfil de los personajes, contribuye a la creación de esa atmósfera, viciada y enajenada, la excelente dirección artística que reproduce a la perfección la estética de los años cincuenta y la turbulencia de las ciudades pequeñas del sudoeste oculta siempre bajo una apariencia de caballerosidad y valores tradicionales. Se nos enseña la doble moral característica de los ambientes provincianos, pero está tratada de tal modo que la comprendemos no sólo como el problema de una época, sino en su atemporalidad. No es algo pasado, es rabiosamente actual. Igualmente destaca el esmerado tratamiento de la banda sónora, especialmente de la música diegética y el uso de música popular como el bluegrass y ese lado oscuro del folk que son las murder ballads. Pero no usa sólo música popular reforzando lo que ya expresa el score original de Melissa Parmenter y Joel Cadbury, sino que también la música clásica tiene su lugar. Así  Winterbottom acude al último lied de los Cuatro últimos lieder de Richard Strauss: In abendrot (en el crepúsculo). Este lied para soprano y orquesta, que pone música al poema homónimo de Joseph von Eichendorf, expresa de que modo un sentimiento vivido desde el inicio como un ocaso conduce a la máxima pasión, como si fuera un instante robado a una eternidad extática inaccesible, sabiendo que no hay posibilidad de continuidad ninguna. Es un abrazo al amor que es un abrazo a la muerte. En la película sirve como contrapunto musical a una de sus frases más significativas, pronunciada por el Sheriff  Bob Maples: es antes del ocaso cuando más brilla la luz; con esa frase el sheriff Maples sentencia ya que Lou no va a librarse de su némesis, del castigo a su desmesura. Pero hay más, ni el sheriff Maples ni el espectador cuando la escucha son conscientes de que lo que se está anticipando es la culminación ardiente y dramática de una pasión que desde siempre ha jugado a hacer del dolor amor. El ocaso de un amor que se sabe muerte, como es el cantado en In abrendod, ha planeado desde el pricipio sobre Lou Ford y el personaje interpretado por Jessica Alba. En El demonio bajo la piel Winterbottom da a la banda sonora sentido narrativo, como han hecho siempre los buenos cineastas, y tal como lo había hecho ya él mismo en películas como 9 canciones (2004) que sigue la interacción sexual de una pareja mientras asiste a varios conciertos de rock en los que suenan las nueve canciones del título; o Wonderland (1999) la historia de tres hermanas y sus familias durante el fin de semana de Guy Fawkes en Londres y cuyos dispares elementos se relacionan entre sí mediante la banda sonora compuesta por Mychael Nyman, mención a parte merece, claro está, 24 Hour Party People (2002) donde documenta el anárquico ascenso y la caída del influyente sello Factory Records, siguiendo, a la vez, la deriva de la escena musical de Manchester.

Lou Ford es casi un melómano, su amor por la música se ve reflejado en varias escenas, como cuando obsequia a Elmer Conway (Jay R. Ferguson) con una improvisada exhibición de las variaciones de una melodía según se toque al modo negro, al modo asiático etc. Pero es sobre todo en la secuencia final cuando se nos revela su devoción por la música. Con su frialdad acostumbrada, Lou Ford va preparando el escenario del que va a ser el último acto de esta tragedia y lo hace acompañado por Una furtiva lácrima, el aria más conocida de la ópera de Donizetti, L’elisir d’amore. Con ese fondo musical Lou Grant parece decirnos que quiere convertir su vida en la obra de arte total que es la ópera. Lou es una versión extrema de la condición autodestructiva presente en casi todo humano; en Lou su potencia para amar se convierte en fuerza destructora. Ha destruido a quienes le amaban o confiaban en él, aunque también él parecía quererles desde su gelidez. Ama matando y es amado muriendo; esa es la única forma posible de concluir su tragedia. Pero elige el aria de una ópera cómica para su última actuación, es como si indicara que toda la terribilidad que ha desatado, y que es, en verdad, el lado más tanático (y por tanto más erótico) de la vida, no ha sido más que una pesada broma.

Cielo, si può morir…! Di più non chiedo, non chiedo. Ah! Cielo, si può, si può morir…! Di più non chiedo, non chiedo. Si può morir… Si può morir d’amor!

Entrevista a Ángel Agudo: Biógrafo de Paul Naschy

22 noviembre 2010 Deja un comentario

No contento con la excelente biografía de Paul Naschy que Scifiworld editó el año pasado, Paul Naschy, La máscara de Jacinto Molina, su autor, Ángel Agudo sigue profundizando en la vida de desaparecido actor con el documental El hombre que vio llorar a Frankenstein, un entrañable repaso a la vida y carrera del creador de Waldemar Daninsky que da amplia voz a los amigos, familiares y compañeros de fatigas del Sr. Molina.

Tras ser presentada en Sitges con unanimidad de buenas críticas, aprovechamos la ocasión para abordar a Ángel y pedirle esta pequeña entrevista. 

¿Como te interesas en la figura de Paul Naschy?

Pues lo cierto es que no tengo ni idea, de igual forma que no sabría decirte cómo pude interesarme por Bardem, Berlanga, Buñuel o Larraz. Paul es parte de la historia de nuestra industria cinematográfica y el suyo es uno de esos nombres que tarde o temprano acaban saliendo y que merecen que hagas un alto en el camino para intentar comprender su vasta filmografía.

¿Cual es la primera película que recuerdas haber visto de él?

Es curioso porque yo entré a la carrera de Paul por una puerta rara ya que la primera película suya que vi fue Madrid al desnudo. Se trata de una peli muy curiosa de la que creo que no he hablado lo suficiente ni en el libro ni en el documental, y que aunque pueda ser que haya envejecido bastante mal, su planteamiento dice muchas cosas de cómo Paul se rebelaba contra cualquier orden impuesto.

¿Como nace el proyecto del libro?

Había estado publicando artículos repasando la filmografía de cineastas en Scifiworld pero todo el contacto que había mantenido con Luis Rosales -el director de Scifiworld- había sido a través de teléfono y correo, ya que él vive en Vilagarcía de Arousa y yo estoy en Madrid. No nos conocimos hasta el festival de Sitges de hace, creo, tres años y allí, Luis, que acababa de coeditar el libro de John Philip Law, le estaba dando vueltas a proseguir con la idea de los libros y había hablado con Paul para sacar una biografía, ya que éste no estaba muy contento con las anteriores. Luis me preguntó si yo estaría interesado y al volver a casa le puse un correo diciendo que si se tiraba a la piscina, me tiraba con él. Luis habló con Paul y nos puso en contacto. Un par de días después crucé por primera vez la puerta de su casa.

Presentación del libro en Sitges 2009. Entre los presentes Luis Rosales, Ángel Agudo, Ángel Gómez, Paul Naschy y Javier Trujillo.

¿Como ha sido recibido? ¿Qué tal las ventas?

Creo que muy bien. No lo sé, vosotros sois los lectores y tendréis una mirada más objetiva que la mía. Yo creo que ha ido bastante bien y no me puedo quejar. La edición está prácticamente agotada. Incluso creo que puede que sobre el “prácticamente”.

¿El increíble material gráfico pertenecía al actor?

Sí, casi en su totalidad era material del propio Paul, aunque hubo que completarlo con cosas de coleccionistas extranjeros o con imágenes que yo mismo fui encontrando en lugares como la Academia de Cine, que se portó estupendamente con nosotros dándonos muchas imágenes.

¿En tantas conversaciones con Naschy, tienes alguna anécdota o un recuerdo especial?

Tantas que casi podría escribir un libro paralelo. Recuerdo muchas cosas, momentos alegres y momentos tristes, pero las más interesantes, las que de verdad importan, ya están en el libro, con lo que tampoco puedo contaros nada excesivamente novedoso.

¿Como nace la idea de realizar un documental?

Era una vía natural y casi que a todos se nos ocurrió la idea a la vez en cuanto vimos que la propuesta de rodar una pieza de 10 minutos para SHOTS empezaba a tomar forma. De alguna forma era el paso lógico porque la literatura sobre cine, o sobre historiografía del cine, siempre tiene el handicap de que uno no puede tener delante las escenas en movimiento, por lo que se convierte en una especie de contrasentido.

El proyecto de realizar un documental ya se había planeado con anterioridad, contando incluso con la posible dirección de Juanma Bajo Ulloa. ¿Te basaste, o utilizaste  algunas de estas ideas preliminares o tu trabajo es totalmente diferente?

Me temo que eso no es del todo exacto. El proyecto al que estuvo vinculado Juanma Bajo Ulloa y algún otro director, era un biopic sobre Paul, una peli biográfica que tenía bastante de ficción. Me habría gustado profundizar en aquel proyecto a la hora de hacer el documental y rendir homenaje a gente que estuvo trabajando en él como José María Benítez o Claro García, que fue el guionista. Sin embargo, haberme metido ahí habría supuesto restarle potencia al final, con lo que tuve que elegir…

¿Hubo alguna entrevista más que te hubiera gustado incluir en el documental y con las que no pudiste contar?

Claro, hubo gente que no pudo estar por problemas de agenda, pero creo que al final el producto ha quedado bastante redondo y que, en términos futbolísticos, hemos sacado una alineación de Champions League.

¿Que tal la reacción del público y de la familia?

Foto: (Copyright) Sergio Morales.

Yo creo que muy bien. Cuando trabajas con tan poca distancia como la que yo tuve, tienes que crearte un espectador en la cabeza, alguien concreto al que le cuentas la historia y que te imagines cómo reacciona. En mi caso, ese espectador era Elvira Primavera, por muchas razones, pero principalmente por cariño y profundo respecto. Que ella me dijera que le había gustado fue suficiente como para sentirme contento.

¿Va a visitar tu película muchos festivales? ¿Se estrenará en cines?

Varios, creo que tras Sitges hemos cerrado una gira bastante interesante por Europa que se iniciará a finales de noviembre con la proyección en el Cinemad de Madrid. Creo incluso que ya hay fechas cerradas al otro lado del Atlántico, como un pase en Brasil, pero todo a su tiempo.

¿Está planeada su edición en DVD?

Sí, estará en DVD. Ya veremos si en solitario o como “extra” de alguna película, pero puedes contar con que esté en ese formato.

¿Algún nuevo proyecto?

Alguno nuevo y alguno viejo que se había quedado aparcado. Ahora tengo que sentarme y retomar muchas cosas que se habían quedado estancadas. Espero que tengáis noticias pronto.

De nuevo L’atelier 13 nos ofrece tres fantásticos lanzamientos

16 noviembre 2010 2 comentarios
Atelier 13 incrementa su gran colección con otros tres volúmenes, el 56, 57 y 58  tres títulos muy esperados y de gran calidad y dos de ellos no estrenados en España, ya que en la época sólo se estrenó Los 5000 dedos del Dr. T:   
THE WORLD, THE FLESH AND THE DEVIL   (EE UU, 1959, Ranald MacDougall) ( 95 min.)
Dirección y guión : Ranald MacDougall.
Música:Miklòs Rózsa.  .
Con : HARRY BELAFONTE, INGER STEVENS Y MEL FERRER
Después de quedar aislado en una mina durante cinco días, Ralph Burton, de raza negra, logra salir por sus propios medios al exterior, pero se encuentra con una realidad aterradora: Nueva York se ha convertido en un espacio fantasmagórico, sin rastro de humanidad…

Inspirada en el clásico de la literatura de principios del siglo pasado, La nube púrpura, de M. P. Shiel, THE WORLD, THE FLESH AND THE DEVIL (1959) es una impactante y emotiva historia que describe un mundo postapocalíptico devastado por el efecto de un cataclismo nuclear. Harry Belafonte, Inger Stevens y Mel Ferrer son los únicos protagonistas de esta cinta de ciencia-ficción que asimismo plantea un tema muy en boga en el momento de su estreno, las relaciones interraciales en un marco singular, el de una ciudad de Nueva York desértica en consonancia con el mostrado años más tarde en El último hombre… vivo  (The Omega Man,1971 Boris Sagal). Por tanto, medio siglo después nos llega esta joya oculta del fantástico con trasfondo social.Y ADEMÁS…

A DAY CALLED X (EE UU, 1957, 27 min.), narrado por Glenn Ford y  DUCK AND COVER  (EE UU, 1952, 9 min.)

 Dos filmes “educativos” propagandísticos producidos durante la guerra fría para intentar de eliminar los temores de la población hacia la bomba atómica.

Contiene además trailer, libreto y  filmografías.

Inglés con Subtítulos: Español – Francés / Imagen: Blanco y negro / Sonido: Mono

ME CASÉ CON UN MONSTRUO DEL ESPACIO EXTERIOR (EE UU, 1958) 78 min

Título original: I Married a Monster From Outer Space

Dirigida por Gene Fowler Jr.

Con TOM TRYON, GLORIA TALBOTT, CHUCK WASSIL, MAXIE ROSENBLOOM

Argumento: En una pequeña ciudad de provincias, Marge espera a su novio para celebrar su boda, pero éste se retrasa. Cuando por fin llega su actitud es extrañamente distante. Un año más tarde Marge descubre que su marido es un extraterrestre. Sospecha también que otros habitantes han sido poseídos por entidades alienígenas que preparan una invasión. ¿Se estará volviendo loca? Y en ese clima de psicosis, ¿a quién puede acudir?

A pesar de su ridículo título, ME CASÉ CON UN MONSTRUO DEL ESPACIO EXTERIOR no tiene nada de birrioso. Muy al contrario. Dirigida por Gene Fowler Jr., antiguo montador de Fritz Lang y director de I Was a Teenage Werewolf (1957), esta película con toques de cine negro compone, junto a Los invasores de Marte (Invaders from Mars,1953 William Cameron Menzies) y La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the Body Snatchers, 1956 Don Siegel), una trilogía ideal de la paranoia, además de ser una crítica contra el matrimonio. ¡No se le ocurra regalársela a su pareja! 

¡Y además…! THE MAN FROM 1997 (48 min., 1956), con Johnny Vlakoz, James Garner y Gloria Talbott de Me casé con un monstruo.

En los años 50, un inmigrante encuentra un almanaque del año 1997 en una librería. Piensa ganarse la vida apostando en las carreras hípicas y otras competiciones deportistas, hasta que recibe la visita de un hombre del futuro. Un drama televisivo de ciencia ficción que influenció Back to the Future (Regreso al futuro, 1985)

Contiene además:
Filmografías de GENE FOWLER Jr., GLORIA TALBOTT y TOM TRYON /Libreto (Historia de la película ilustrada)

Idiomas: Inglés /Subtítulos: Español – Francés /Formato: Widescreen anamórfico 1.33:1.

Imagen: Blanco y negro /Sonido: Mono

LOS 5.000 DEDOS DEL DR. T (EE UU, 1953) 89 min.

Dirigida por ROY ROWLAND

Con PETER LIND HAYES, MARY HEALY, HANS CONRIED, TOMMY RETTIG

Argumento: El pequeño Bart Collins odia el piano. Pero su madre le impone lecciones interminables con el tiránico profesor Terwilliker. Mientras repite de forma mecánica sus ejercicios musicales, Bart se duerme sobre el teclado y, tal como Dorothy en El mago de Oz, empieza para él una terrible pesadilla.

Los 5.000 dedos del Dr. T es una de las más peculiares muestras del cine de la década de los cincuenta, extraña mezcla de cine fantástico, musical y ciencia ficción, con doble lectura freudiana y con una imaginería visual que la ha convertido en todo un film de culto. Dirigida por el gris Roy Rowland y producida por el ambicioso Stanley Kramer, es una rara avis que no deja muy claro a quién fue debido el misterioso genio que trasluce, y que muy bien pudiera provenir del autor de la idea en que se basa la película, el muy peculiar Dr. Seuss, creador de El Grinch.

“¿Por qué la película más hermosa sobre el sueño y la infancia, la obra con las situaciones más poéticas y los decorados más sorprendentes, el más original de los musicales (¡ah, el prodigioso ballet de los “no pianistas”!), sí, por qué esta obra maestra del humor y del fantástico onírico que es Los 5.000 dedos del Dr. T se ha quedado tan escandalosamente desconocido por el público y la crítica? ¿La imposibilidad de clasificar esta producción en una categoría específica (como La noche del cazador)? ¿El título enigmático? ¿La ausencia de personalidades conocidas en los créditos? Hace tiempo que esta maravillosa película tendría que tener el sitio que merece en las Historias del Cine.”
– Jean-Claude Romer, Ecrans, n° 17, Julio-Agosto 1973.

¡Y además…! THE HORN (22 min., 1952), un episodio de la mítica serie televisiva de ciencia ficción TALES OF TOMORROW, con Franchot Tone y Barbara Joyce. Un brillante científico inventa un instrumento musical supersónico que tiene el poder de dictar las emociones humanas.

Contiene además:
Filmografías de ROY ROWLAND, PETER LIND HAYES, MARY HEALY, HANS CONRIED, TOMMY RETTIG / Libreto (Historia de la película ilustrada)

Idiomas: Inglés – Español – Francés /Subtítulos: Español – Francés /Formato: FULLSCREEN 1.33:1. /Imagen: Color (Película) y Blanco y negro (Extra) /Sonido: Mono

   
Categorías:DVD / BLU-RAY

Sitges 2.0, nuevos miedos llegan al cine

14 octubre 2010 Deja un comentario

Pesadilla de Fusilli

Sebastián Serrano afirma que somos hijos del miedo, porque los temerosos extremaron la prudencia y así pudo perpetuarse la especie; todos llevamos sus genes. Sin embargo, el miedo tiene también su vertiente negativa, si se nos presenta en exceso puede inmovilizarse, por eso todas las generaciones desde Altamira y antes incluso han tenido la necesidad de exorcizar sus fantasmas contando cuentos al calor de la hoguera.  Algunos miedos son atávicos, nos acompañan desde que el hombre es hombre, otros nacen con cada nueva sociedad muchas veces fruto de los mayores avances de una época, porque lo nuevo no nos es plenamente conocido y porque advertimos los peligros que nos vienen incrustados en el progreso; ahí está la criatura de Frankenstein como sospecha de los males que arroja la ciencia.  Uno de los mayores avances (si no el mayor a secas) de nuestro Siglo XXI es Internet. Sin la red de redes no podría difundirse la información a la velocidad en que lo hace hoy y la información siempre ha sido clave en la evolución y la supervivencia.  Pero Internet tiene también sus incógnitas y su ganga, no todo es virtud, y de sus aspectos oscuros nacen nuevos miedos.  Esos miedos dan lugar a nuevas leyendas que necesitamos contarnos para que no nos alcancen.  Y ahí está el cine para reflejar esos temores y ahí está el Festival de Sitges para recoger nuevas formas de terror.

¿Cuántas veces no habrá recurrido la ciencia ficción a la existencia de universos paralelos? A día de hoy ese universo paralelo existe: se llama Second Life, y Life 2.0 (2010) el documental de Jason Spingarn-Koff, que se presenta en Sitges en la sección Noves Visions categoría no ficción, nos acerca a esa realidad de segundo grado que puede llegar a superar la impresión de verdad de la propia vida 1.0, otro modo, mundo que se pisa.  Su sinopsis nos la resumen así: ¿Les suena de algo “second life”? Si desconocen este universo virtual que ha causado auténtico furor Life 2.0 les ofrece la oportunidad de ponerse al día. Si conocen esta isla en la que la gente vive bajo la apariencia de un vistoso e irreal avatar, el documental les permitirá penetrar en los secretos de este peligroso artilugio internáutico. Una mujer obesa que habita en un sótano y que vive en “second life” como la estilizada dueña de una línea de productos de lujo, un chaval que se hace pasar por una adolescente y una pareja que debe trasladar su relación virtual a la realidad son los protagonistas de este impagable documental. Second Life ha dado anécdotas que hacen reflexionar, hace un par de años Jean Marie Le Pen abría sede de su partido en ese mundo virtual, la reacción tardó poco en hacerse esperar: se organizó una manifestación dentro de Second Life mediante la cual sus usuarios, revestidos con sus avatares, consiguieron que el político ultraderechista tuviera que batirse en retirada. En Second Life se proyectan aspiraciones y se llevan a cabo acciones que no nos atreveríamos a llevar a cabo en nuestro mundo cotidiano. Jason Spingarn-Koff selecciona tres historias con las que logra ofrecernos una panorámica casi completa de lo que se da en esa vida paralela.  Así nos enfrenta a ese par de casados que busca en la red una forma de evadirse al tedio de sus matrimonios y cree descubrir el amor verdadero en unos cuantos encuentros virtuales; a la obesa diseñadora gráfica que compensa las limitaciones de su obesidad y su extracción social duplicándose en la figura de una diseñadora de modas de estilizada silueta; y a un joven que encontrará en Second Life el modo de enfrentarse a fantasmas del pasado desarrollando parcelas de su personalidad que en su día a día no manifiesta, no sin pasar antes por una auténtica adicción que pone en peligro su vida sentimental y su vida laboral.  Aunque se trata de una cinta de no ficción, en su arranque tenemos la impresión de estar ante una película de animación, porque el relato se construye intercalando las vivencias en Second Life con aquellas que se dan fuera de la red por parte de los protagonistas. Pero no es animación, claro, lo que recoge la pantalla es la representación que confeccionan los usuarios mediante sus avatares. Cada usuario se proyecta en un doble mejorado de sí mismo que aparece en la pantalla como un retrato animado, pero no son meros dibujos como los que nos daban horas de diversión en nuestra infancia, son prolongaciones gráficas de ellos mismos y las experiencias que les permiten sus dobles se les hacen tan vividas como las que les llegan por los sentidos en nuestro mundo empírico.  Eso es lo fascinante de Second Life: que inaugura una realidad paralela a la propia vida y que es percibida, incluso, como más verdadera que la cotidiana por quienes la construyen al conectarse.  Nada está prohibido en esa vida 2.0, no existen las reglas de la naturaleza que nos impiden hacer todo cuanto nos venga en gana.  Si nos apetece volar, lo hacemos; si deseamos cambiarnos sexo y edad, nada nos lo impide; si queremos disfrutar de una vida acomodada, llena de lujos, y poseer un físico envidiable, no tenemos más que construirlo con las herramientas que el programa ofrece; incluso podemos convertir esa actividad fantasiosa en algo que nos reporte beneficios monetarios en nuestro mundo cárnico. Jason Spingarn-Koff nos muestra en su documental que al Mito de la Caverna platónico le ha nacido un correlato empírico y, al igual que en la alegoría del ateniense, ese mundo de sombras es una copia perversa  del otro del que provienen los usuarios. Y es que cuando se les ha ofrecido a los humanos la posibilidad de crear un universo desde la nada, no han hecho otra cosa que recrear las lacras que definen nuestras sociedades. Pudiendo construir en la apariencia, en la virtualidad, un mundo en el que no existieran las diferencias sociales, donde el dinero no fuera necesario y la propiedad fuese compartida, donde los modelos estéticos no primaran sobre las virtudes del individuo, en Second Life todo ello se mantiene y hasta hace más fáciles los abusos al no existir un código de derecho que rija las actuaciones en Internet.  Llega un punto en que la utopía dentro de ese mundo que habría podido ser paradisíaco, al menos en su fantasmagoría, es no rebasar los límites de nuestra existencia cotidiana, hacer que lo rijan las mismas leyes naturales, ponerle cercos a la imaginación para evitar sus desmanes.  Lo real se vuelve ideal cuando lo ideal llega a encarnarse .

El documental de Spingarn-Koff no esconde, pues, los rostros perversos de Second Life ni los grandes interrogantes que surgen cuando hay que compaginar dos planos de realidad distintos en un mismo individuo, pero no se queda sólo en ello.  Second Life nos brinda también la ocasión de inventarnos, como un niño que juega con Madelmans y les inventa vidas, salvo que nosotros somos los jugadores y el juguete.  Para algunos equivale a una segunda oportunidad, a una forma de superar problemas proyectándolos en la imaginación, imaginación que crea, más que un álter ego, un yo mismo bajo circunstancias distintas.  De todo ello también se da cuenta en Life 2.o. El documental va pasando por todas las dimensiones mediante la evolución de los entrevistados a lo largo del tiempo, nos muestra desde su viaje de la decepción a la aceptación, hasta su inversa, pasando por la estable satisfacción de la diseñadora gráfica.  Montado con ritmo de film de ficción, va acompañando a los entrevistados por su peripecia en ambos planos de su realidad, se les entrevista tanto en el campo virtual (el propio periodista se presenta bajo un avatar) como en su primera vida, consiguiendo así transmitir como los usuarios mezclan en su quehacer las dos realidades fundiéndose en un todo sus recuerdos de ambas.  El propio espectador se sumerge en los mundos virtuales y comprende, a la vez que se extraña de, esa vida desdoblada como si él mismo participara.  En definitiva, Life 2.0 nos muestra que las especulaciones de futuro de la ciencia ficción han pasado a ser vivencias de nuestro presente.

Pese a todo, Second Life no ha tenido el crecimiento que se preveía, la red es un fenómeno tan cambiante que se hace difícil predecir su evolución.  Lo único que es posible con rigor es hacer revisión de su historia y analizar su presente.  Antes de Second Life fueron los chats y aún hoy es uno de los modos habituales de interactuar socialmente.  Hideo Nakata nos ofrece en Chatroom (2010) un drama juvenil que tiene su escenario en un chat de banda estrecha. El film, que fue rodado en inglés, sigue a un grupo de adolescentes que se introducen a través de internet en un juego peligroso, siguiendo los pasos de William, un tipo al que ellos en seguida toman como modelo a seguir. Hideo Nakata cambia con Chatroom, su habitual percepción del terror y nos sumergue en un thriller psicológico, que adapta de la obra teatral escrita por Enda Walsh, quien también se encarga del guión para la versión cinematográfica.  Tachada por algunos de película de encargo, esta cinta que se presentó en Un Certain Regard en la pasada edición de Cannes, recurre a una inteligente ambientación para reproducir el mundo de los chats: Nakata los compara a un hotel en el que hay numerosas habitaciones, por los pasillos deambula un gentío, cada cual elige una habitación, William (Aaron Johnson, a quien acabamos de ver en Kick Ass) abre la suya propia esperando que lleguen a ella adolescentes de su mismo barrio. Allí llegarán Eva (Imogen Poots) , Jim (Matthew Beard) , Emily (Hannah Murray) y Mo (Daniel Kaluuya).  William se erige en líder con la complicidad cercana de Eva e inicia un juego de sugestión y acoso a los miembros más frágiles de la sala. Cifra su objetivo especialmente en Jim, un joven en tratamiento psiquiátrico que todavía se siente culpable por el abandono de su padre. El mérito de Nakata es haber sabido desarrollar la mayor parte de la película en el entorno on line y mostrar las características de los chats, que tan bien conocemos quienes iniciamos nuestras singladuras internautas en ellos.  Las salas que conforman el portal de chat muestran su tendencia mediante la decoración, así el de Eva, que trabaja como modelo está pintado en rosas fuertes  y nos recuerda la frivolidad de la pasarela; un grupo de jóvenes violentos se reúnen en el canal La última sala y allí se comportan como trolls traduciendo Nakata sus agresiones verbales en forma de violencia física; la sala de Emily reproduce el mundo elegante de los buenos modales que su madre está empeñada que aprenda y de las paredes cuelgan retratos de las grandes mujeres que se le exige que sean sus modelos; etc. Por la actitud que mantienen los usuarios sabemos que algunos se entretienen en privados; el vocerío simultáneo nos da idea del scroll; el permanecer en el grupo pero para  sostener una charla entre unos pocos nos habla de como en el general no se mantiene una única conversación y como, aun que se esté hablando en público, se tiene la sensación de estar en un aparte con los amigos; figuras solitarias contemplando la sala desde una esquina reproduce la actitud de los lurkers; el desplazarse en grupo por los pasillos entrando en diferentes habitaciones reproduce esas invasiones que todo asiduo a los chats ha vivido. En suma, quien conoce los entresijos de los chats ve retratadas sus experiencias.  Por último el uso del color  transmite esa sensación de qué lo vivido en la red es más intenso y real que aquello que conforma nuestra cotidianidad en el mundo de la calle.  Efectivamente, ese hotel que representa el hábitat on line, está fotografiado en colores cálidos, una atmósfera ocre, casi dorada donde se adopta un aspecto más atractivo que el que se posee fuera, ese exterior, ese off line, fotografiado en tonos fríos con predominancia de los grises y los colores degradados.

William es el líder de su grupo de amigos internautas, ante el relativo anonimato se crece. Posee habilidades que en la red son motivo de admiración: es capaz de hacer cortos de animación con plastelina que cuelga en youtube y muestra a sus amigos; conoce los trucos para sabotear sistemas de seguridad y eliminar de la sala a visitantes molestos, domina la tecnología lo suficiente como para actuar como un hacker; pero sobre todo es maestro en el arte de persuadir con la palabra.  Su identidad virtual es totalmente opuesta a su personalidad real. En el mundo que se pisa William es un adolescente aquejado de un Trastorno de Personalidad Límite propenso a autolesionarse, acomplejado por el carisma de su hermano mayor que, a sus ojos, es preferido por sus padres, especialmente por su madre escritora que le ha dado el nombre de su hermano a su personaje más famoso.  Acude a psicoterapia familiar y miente sobre su recuperación, incapaz como es de sobreponerse a sus traumas.  Flirtea con el suicidio, pero sublima esa inclinación viendo vídeos en Internet donde otros jóvenes se suicidan. Valiéndose de su liderazgo en la sala de chat, se muestra como confidente de sus compañeros, pero no le interesa ayudarles sino someterles y dominar sus vidas. Llega un momento en que el juego se vuelve peligroso, pero ni quiere ni sabe pararlo aunque esté poniendo en peligro vidas ajenas.

En algunos círculos se ha tildado a la película de moralista y de lanzar un mensaje alarmista.  A quien esto escribe le parece que la red es igual de peligrosa que la vida, no más pero tampoco menos. Ocurre sin embargo que en la vida tomamos precauciones para evitar percances y en Internet, más allá de tener instalado un cortafuegos y un antivirus, no tomamos ninguna porque nos creemos a salvo detrás de la pantalla.  Si  se frecuentan foros de opinión, se leerá muchas veces argumentos del tipo: “no hay que tomarse esto en serio”, “con no leer es suficiente”, “bastantes reglas hay en la vida como para que aquí también haya de haberlas”; sin embargo, el ciberacoso es suficientemente dañino como para no menospreciar sus características y sus efectos.  La cultura digital toda

Megan Meier muestra de los peligros de la red

vía no está suficientemente desarrollada y cuando se trata de adolescentes la desinformación no es suya solamente, también aqueja a sus padres.  Es un medio nuevo y se desconocen todas sus consecuencias, en cualquier caso está claro que el anonimato es campo abonado para llevar a término conductas que no podríamos en práctica en otros espacios.  Tras el teclado nos sentimos impunes.  Del anonimato pueden derivarse efectos beneficiosos: ayuda a hablar sin temor al qué dirán, facilita la creación de obras colectivas que no obedezcan a intereses particulares como la Wikipedia, permite ejercer la libertad al margen de las imposiciones sociales. Pero también sus contrarios.  Vease por ejemplo el caso de Megan Meiers, adolescente estadounidense que fue inducida indirectamente al suicidio por la madre de una amiga oculta bajo la falsa identidad de un joven inexistente. Se puede debatir sobre qué límites legales cabe imponer a la red, pero los peligros existen y con ellos aparecen nuevas formas de miedo. Películas como Chatroom nos hacen reflexionar sobre ello.

Categorías:Festival de Sitges

Buried (Enterrado): Rodrigo Cortés o el nuevo Hitchcock renacido

30 septiembre 2010 2 comentarios

Cartel que confirma la voluntad de emular a Samuel Bass

Después de disfrutar de un final vertiginoso y adrenalítico, escucho el comentario de un calvo sentado dos filas por delante de mí: regular, no está mal, pero me esperaba más; y pienso, con qué facilidad un crítico de oficio criticón se puede cargar en dos segundos un trabajo de meses. Mientras, yo sentenció que el de Rodrigo Cortés es un buen trabajo, un muy buen trabajo. Y lo afirmo desde la autoridad que me da haber visto, quizás no tantas películas como el crítico, pero sí las suficientes como para tener un criterio fundado que soy capaz de defender.  Serendipia no es más que una juntaletras aficionada que ama el cine, no pertenece a la prensa especializada, pero representa la voz del público cinéfago que, pese a las muchas horas pasadas ante una pantalla, todavía conserva la suficiente inocencia como para disfrutar de un espectáculo.  Digan lo que digan los especialistas, el público va a acoger Buried con la misma ovación que recibió en Sundance.

Víctor Reyes, a la derecha, en su Salamanca natal

Y hay razones para que el público goce.  La producción de Cortés cuida la puesta en escena hasta el mínimo detalle, su esmeradísima película obtiene una auténtica Matrícula de Honor desde los créditos iniciales.  Porque Buried tiene títulos de crédito, tan ausentes en el cine actual, y que para quien esto escribe no debieran faltar nunca.  Esos créditos recuerdan los de Saul Bass, especialmente los que creo el genio para Con la Muerte en los talones (North by Northwest, Alfred Hitchcock, 1959) y la música de Víctor Reyes está igualmente a la altura del maestro Herrmann.  La sombra de Hitch es alargada, afirmaba Rodrigo Cortés en una entrevista concedida a Juan Luis Sánchez para Decine21, y reconocía haber tenido al mago del suspense como manual de cabecera, Cortés quería que su cinta tuviera el ritmo sincopado de, precisamente, Con la muerte en los talones y creedme que lo consigue.  La Banda Sonora es fundamental para obtener ese resultado, Reyes ha compuesto un Score clásico con reminiscencias herrmannianas donde a cada emoción le corresponde un tema, desde el lirismo para los episodios más sentimentales (esa llamada a la madre que va perdiendo la memoria en un asilo) hasta los épicos que acompañan los actos más dramáticos del protagonista (su habilidad para librarse de una molesta compañera de entierro).  La música entra en los momentos precisos participando de la narración, aumentando su efectismo, pero en aras de ese efectismo Cortés no vacila en rodar planos y secuencias sin más sonido que el del propio personaje.  Excelente tandem es el que forman Rodrigo Cortés y Víctor Reyes, que ya habían trabajado juntos en El concursante (2007), y de ellos cabe esperar mucho cine con mayúsculas.

Presencia de música y ausencia de la misma se alternan para intensificar la tensión.  Así la película se abre con un plano negro, una absoluta oscuridad en la que la cámara se mueve mientras escuchamos una respiración agitada, gemidos sordos, golpes secos, el sonido de un Zippo y con la llama se hace la luz. Ahí está Paul Conroy (Ryan Reynolds) atado y amordazado en el interior de un ataúd de madera, ese es el punto de partida del argumento: Paul Conroy, un transportista civil que trabaja para una compañía (CRT) ocupada en la reconstrucción de Irak, recupera la conciencia en el interior, sólo recuerda que su convoy ha sido asaltado y pronto descubre que él es el único superviviente y ha sido secuestrado por insurgentes, ahora sólo sabe que está enterrado en algún punto del desierto y que sólo tiene hora y media para pagar el rescate y ser liberado; como únicas herramientas para subsistir cuenta con un mechero, un móvil que no es el suyo con la batería a medias, una navaja y una linterna.  Un único escenario y un solo personaje, todo un reto para actor y director resuelto brillantemente por ambos. Ryan Reynolds no debe ser envidiado sólo por su matrimonio con Scarlett Johanson y por su imponente figura, en Buried da muestras de un gran talento interpretativo que le permite mantener la atención de los espectadores durante ochenta y cinco  minutos, pese a la importante limitación de movimientos, teniéndose que valer casi exclusivamente de su expresión para transmitir toda la complejidad de su personaje y la angustia que padece. Cortés es tan protagonista como Reynolds, la película es un pas a deux, un dúo en el que los pasos de ballet son ejecutados conjuntamente por la coreografía de la cámara y la interpretación del actor. Pese a lo limitado del escenario Cortés no escatima recursos para lograr comunicar aquello que desea, así habrá travellings, planos cenitales, grúas, cámara al hombro, según le convenga a la narración y al tempo.  Se llegó a construir un artilugio hidráulico para poder rodear a Reynolds y conseguir el plano deseado, él propio Cortés se lo contaba a Juan Luis Sánchez en la entrevista citada: A veces filmábamos desde huecos imposibles, usando ataúdes distintos, con los huecos que necesitábamos. O por contra, algunos momentos de la narración se volvían más intensos si dejábamos la cámara completamente quieta durante cuatro minutos, así que elegía esa opción. Los movimientos de cámara vienen marcados por las necesidades dramáticas y no por el espacio físico en el que transcurre la acción.

Pas à Deux

Cortés en Buried bebe de Hitchcock, le tiene presente en todo momento e invoca su fantasma cada vez que lo cree conveniente.  De Hitchcock aprendió que en una película no importa ni el tiempo real ni el espacio real, sobre lo que hay que trabajar es sobre el tiempo y el espacio fílmico, es por eso que ambos acuden al artificio técnico (lo contábamos a propósito del cincuenta aniversario de Psycho) para poner en situación al espectador.  Artificio, además, que pasa inadvertido al público mayoritario, igual que nunca se descubren los trucos de un prestidigitador.  Hitchcock y Cortés no hacen cine, hacen magia, en el ourensano tiene el maestro británico su relevo.  Sólo Hitchcock podía rodar una película como Náufragos (Lifeboat, 1944), sólo Cortés podía conseguir esta filigrana de suspense y acción que es Buried.  En verdad, el guión había llegado a manos de Versus Entertainment (productora del film) y lo habían dado a leer a personalidades relevantes (no revelan a quién), pero nadie se había atrevido a filmarla: el guión era perfecto, pero era imposible de rodar.  Sin embargo, Cortés logró lo imposible y eso le valió ser incluido por Variety en su lista  10 Directors to Watch en la que se referencia a los directores más prometedores de este 2010.

Suspense y acción constante sin salir de los escasos metros cuadrados de un ataúd, a favor de la película juega el tratar uno de los miedos atávicos del ser humano: ser enterrado vivo.  A Buried la preceden numerosos ejemplos literarios y cinematográficos anteriores sobre los que pregunto a mis otras dos manos.  Sí, claro, antecedentes tiene: desde el literario de la mano de Poe y su Entierro Prematuro que inspiró el film de Roger Corman Premature Burial (1962), la clásica Vampyr (Carl T. Dreyer), La serpiente y el arco iris (The Serpent and the Rainbow, 1988 Wes Craven), pasando por Miedo en la ciudad de los muertos vivientes (Paura Nella Città Dei Morti Viventi, 1980) del maestro Fulci que posiblemente sirvió de inspiración al Tarantino de Kill Bill Vol. 1 (2003), todo ello sin olvidar el soberbio capítulo doble de la serie CSI,  Peligro Sepulcral (Grave Danger, 2005) dirigido por el mísmisimo Tarantino. Y ya en otro orden de cosas, ¿Porqué no hablar de la incomunicación? eso me lleva hasta la castiza y genial La Cabina (1972, Antonio Mercero), con un José Luís López Vázquez atrapado en un ataud con forma de cabina telefónica armado únicamente de un teléfono que le resulta del todo inútil… Y con mi mano de uñas pintadas añado que no debe olvidarse el episodio 18 de la segunda temporada de la serie Alfred Hitchcock presenta, Final Escape de 1964 que tuvo su remake en 1985.  La gran diferencia de Buried con todas ellas es que no hay un sólo plano fuera del ataúd, no se ve la acción que transcurre fuera de él, ni hay flashbacks para rememorar un momento anterior, Cortés reconoce haberse inspirado en la célebre escena de Kill Bill, ocurre que lo que Tarantino limita a siete minutos, Cortés lo eleva a un largo de ochenta y cinco.

Incomunicación me soplan mis otras manos, pero más que de incomunicación yo hablaría de la impotencia, de la inutilidad de la comunicación para evitar catástrofes.  Ni las continuas llamadas consiguen que las autoridades competentes cambien su modus operandi, ni las 47.000 visitas que recibe en Youtube el vídeo que graba Paul Conroy permiten una acción ciudadana.  Nuestro destino escapa a nuestro control, políticos y magnates deciden sobre nosotros y por nosotros.  Porque Rodrigo Cortés no olvida la crítica social que impregna su cine desde su ópera prima El Concursante. Si allí veíamos los entresijos perversos del capitalismo, aquí vemos como los gobiernos sólo se mueven en defensa de los intereses de los lobbys, y la compañía CRT para la que trabaja Conroy nos dará el momento más cruel de toda la cinta. Pero no creáis que toda esa trama no es más que un Macguffin para llevarnos al discurso más político, Cortés no olvida en ningún momento que está realizando una película de género y, lo que es aún más importante, no olvida el humor que salpica aquí y allá a la película haciendo todavía más humano al personaje y permitiéndonos mejor la empatía con él.  Nos ponemos en la piel de Conroy y junto a él llegamos a sentir casi un Síndrome de Estocolmo, porque los secuestradores son villanos, como no pueden faltar en una cinta de suspense, pero al menos ellos son personas de a pie, como el propio Conroy, que lo único que pretenden es mejorar su vida, gentes sencillas que no tienen responsabilidad en los acontecimientos que marcan la historia pero sí pagan las consecuencias.  Al pueblo le toca las de perder, los villanos son otros.

Mis manos femeninas pecan siempre de pedantes, pero no os dejéis desanimar por ellas, la película merece que la veáis en pantalla grande y en versión original para no perder ni uno sólo de los matices del trabajo de actor y director.  Dejad que os convenzan mis manos masculinas, tan arrebatadamente apasionadas ellas:

Emocionante, angustiosa, ingeniosa, crítica, inteligente, técnicamente impecable: CINE, todo ello es Buried, algo más que una triquiñuela o experimento cinematográfico elitista con ínfulas de autor. Sencillamente CINE que me ha mantenido en vilo durante toda la proyección, con un nudo en el estómago que he tardado casi una hora en deshacer. PURO CINE como hacía tiempo que no veía, del que te envuelve, del que te hace revolverte en la butaca, disfrutar, sufrir… todo ello es Buried. A pesar de toda influencia pajera que le queramos buscar, Buried es fresca, original y una pieza muy valiosa realizada en España que puede dar esperanza a los que no vamos a ver películas de Amenabar y tenemos a Balagueró como un santo patrón.

Esperemos que este impecable trabajo no quede enterrado entre tanta mediocridad.

http://experienceburied.com/index.html

Categorías:CINE CLUB, FANTATERROR

Se presentará en Sitges el libro Profanando el sueño de los muertos

28 septiembre 2010 Deja un comentario

CON PROFANANDO EL SUEÑO DE LOS MUERTOS, ÁNGEL SALA FIRMA UN COMPLETO VOLUMEN QUE REPASA, DE MANERA EXHAUSTIVA, LA HISTORIA DEL CINE FANTÁSTICO PATRIO.

Conservar el patrimonio cinematográfico nacional, más aún cuando se habla de fantástico, no es tarea sencilla. Las inercias de público y crítica en torno a este género, la valoración negativa a priori de un film adscrito a terror, ciencia ficción o fantasía por estar rodado en nuestro país, se suma al gran desconocimiento que el común de los espectadores aqueja sobre nuestro erario cinematográfico más devoto a lo mágico, onírico o extraordinario. En PROFANANDO EL SUEÑO DE LOS MUERTOS, Ángel Sala, crítico, escritor y director del Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya, invita al aficionado del fantástico a sumergirse en el pasado, presente y futuro de nuestra cinematografía nacional. Con más de 600 fotografías y carteles y el recorrido más detallado y profuso en títulos, tanto de los remotos precursores del mundo como de los postreros y más relevantes cineastas españoles, realizado jamás sobre este género en nuestro país, PROFANANDO EL SUEÑO DE LOS MUERTOS ofrece una oportunidad única para rendir cuentas con el gran e injustamente olvidado de nuestro cine. El volumen se presentará durante el próximo Festival de Sitges, en una fecha todavía por confirmar, tras la cual se procederá a una firma de ejemplares a cargo de su autor y de los componentes de la mesa. PROFANANDO EL SUEÑO DE LOS MUERTOS es un título indispensable para los amantes del cine fantástico y un libro necesario que pone de manifiesto la indispensable labor que ha tenido el género en nuestro cine. Y como no podía ser de otra forma editado por Scifiworld, la casa del fantástico. Características: Tamaño 170 x 240 mm 352 páginas Más de 600 fotografías y posters a todo color Cubierta rústica con solapas. Encuadernación cosida Páginas interiores 150 grs. mate PVP: 25 € Fecha de venta en tiendas: 2ª quincena de octubre 2010

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