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Homenaje a Paul Naschy en el Festival de Cine Fantástico de Canarias

El Festival de Cine Fantástico de Canarias Isla Calavera rendirá tributo en su tercera edición -que tendrá lugar del 23 al 30 de noviembre- al prolífico actor, director y guionista madrileño especializado en cine de terror Paul Naschy, cuando se cumple el décimo aniversario de su fallecimiento, precisamente el día de la clausura del certamen. Su hijo Sergio Molina, director del Festival Internacional de Cine Fantástico Nocturna Madrid, visitará Isla Calavera para recordar al artista y presentar al público la proyección de uno de los títulos clave en la filmografía de Jacinto Molina Álvarez, quien desde su participación en la película ‘La marca del hombre lobo’ (Enrique López Eguiluz, 1968) adoptó el nombre artístico de Paul Naschy.

Asimismo, el Festival Isla Calavera contará también como invitado con Ángel Sala, director desde el año 2001 del Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña – Sitges, el encuentro dedicado al género más importante del mundo que alcanza el próximo mes de octubre su 52ª edición. El también escritor, guionista y crítico de cine participará en el programa de actividades paralelas.

La inscripción de obras a concurso para las secciones oficiales de largometraje y cortometraje del Festival Isla Calavera se encuentra abierta a través de las plataformas digitales Festhome y Filmfreeway. El plazo de registro finaliza el 10 de octubre.

Pronto se darán a conocer más novedades e invitados de la tercera edición del Festival de Cine Fantástico de Canarias Isla Calavera, una iniciativa de la Asociación Cultural Isla Calavera, la Asociación Cultural Charlas de Cine, la publicación especializada TumbaAbierta y Multicines Tenerife.

Helga Liné, diosa del cine de género

De pequeño Serendipia ya era muy enamoradizo. Les hablo de la vertiente platónica del tema, por supuesto. Inma de Santis, Emma Cohen, Maribel Martín, Marisol … Me enamoré de todas ellas y puedo decir que lo sigo estando. Incluso a una de ellas pudo conocerla y confirmar lo que suponía: que era un tipa fenomenal. Pero Helga Liné era otra cosa. Cuando la veía en el Súper-8 de El espanto surge de la noche o en el de El asesino de muñecas le sugería otras cosas. Por lo pronto ya no era tan joven como sus queridas Emma e Inma (que también salían en esas películas, por cierto). Su mirada no era, ni mucho menos, inocente y sus formas… no tardó en entender lo que le sugerían. Si, a Serendipia Helga Liné le imponía respeto pero también le abrían un mundo de sensualidad situado más allá de pasear por el campo cogido de la mano de su amada.

 

(Archivo Serendipia)

Y cómo no iba  a hacerlo si ya lo traía de nacimiento, pues, Helga Lina Stern nació en Alemania, concretamente el 14 de julio de 1932 en un Berlín convulso que veía como, tan solo tres meses antes, el partido nazi ganaba las elecciones y poco después el ridículo personaje de bigote a lo Chaplin era nombrado canciller. Y ya saben lo que vino a continuación. Así que la familia de Helga decidió poner pies en polvorosa ante el cariz que estaban tomando los acontecimientos y en 1940 se refugiaron en Portugal, donde se crió la pequeña Helga, a la ya desde pequeña y alentada por su madre se le despertó la faceta artística, destacando primero por el baile, más tarde como modelo, contorsionista y acróbata, lo que la llevó a trabajar en el circo. Una disciplina que le ocasionó algunas secuelas en la espalda de las que todavía hoy se resiente. Y de ahí a realizar sus primeros pinitos en el cine gracias a un concurso que gana, debutando en Porto de Abrigo (1941) de Adolfo Coelho, lo que dio pie a varias películas más, algunas en régimen de coproducción con el país vecino y otras enteramente españolas, en las que Helga desempeñaba una función poco menos que decorativa (El negro que tenía el alma blanca, La trinca del aire, El gran galeoto…). En 1951 protagoniza en Portugal la que todavía hoy es su película favorita: Para mí la mejor película en la que participe fue la primera que hice, que se llamaba ‘Saltimbancos’, una película de circo rodada antes de que Fellini hiciera La Strada. Y si bien no es la primera película en la que participa, si que es la que le proporciona su primer papel importante, además de retratar un mundo que la actriz conocía bien. Saltimbancos fue la opera prima de su director, Manuel Guimarães, que dedicaría gran parte de su carrera al documental.

Una jovencísima y rubísima Helga Liné demonstrando sus dotes como contorsionista

Helga compaginaría el cine con su trabajo como vedette en la Compañía de Revista del Teatro Albéniz, con la que sale de gira por España a mediados de los cincuenta protagonizando Una rubia peligrosa y Mujeres de papel, comedias musicales dirigidas por Manuel Paso. Esta temporada de escenarios dejó una profunda huella en la actriz, que considera que “El medio en el que estoy más a gusto es el teatro. Es más directo y me gusta mucho más. El cine, ya sabes, puedes empezar a rodar primero el final, cortar… es otra cosa. El cine es otra cosa, es una técnica.”

Helga ya va adquiriendo la expresión y mirada que la convertirán en leyenda (Archivo Serendipia)

Ya en los años sesenta Helga Liné vuelve al cine, trabajando prácticamente en todo lo que le proponen. Había enviudado y debía sacar adelante ella sola a sus dos hijos. Rueda películas en España como apoyo a las niñas prodigio Rocío Dúrcal (Canción de juventud, Rocío de la Mancha) o Maleni Castro (Las gemelas),  participando en un buen número de cintas interpretando al interés romántico del héroe, muchas de ellas coproducciones hispano-italianas como El capitán intrépido (Mario Caiano, 1963), Los invencibles (1963) de Alberto de Martino o Espartaco y los diez gladiadores (1964) y El triunfo de los diez gladiadores (1964) de Nick Nostro, además de participar en su primera película de terror, la poco vista Horror (Alberto de Martino,1963). Es en esa época cuando la actriz marcha a Italia, donde en seis años hace la friolera cifra de 36 películas, inscritas en  los más diversos géneros: espías (La muerte espera en Atenas, Operación Poker: agente 05-14, Operación Mogador, Operación Lady Chaplin…), peplum (Ercole contro i tiranni di Babilonia), bélico (Los leopardos de Churchill), aventuras (El arquero de Sherwood), comedia (con los inefables Franchi y Engrassia en Brutti di notti) y también terror, coincidiendo con Barbara Steele, otra ilustre refugiada en el cine de género italiano, en Amantes de ultratumba (Amanti d’oltretomba, 1965) dirigida por su viejo conocido, Mario Caiano.

Operación Mogador ( Terence Hathaway -Sergio Grieco, 1966)

El máximo de películas que llegué a rodar en un año fueron seis. Por eso ahora no me gusta levantarme muy temprano, porque entonces me levantaba todos los días a las cinco de la mañana, viajaba y a lo mejor debía rodar en un sitio en verano vestida de invierno o de verano en pleno invierno. Y te metían hielo en la boca para que cuando hablaras no te saliera vapor… ¡Esto es el cine!

En la práctica totalidad de estos títulos Helga Liné participa como coprotagonista, o al menos figura en una posición destacada del reparto, pero conforme su nombre comienza a bajar, decide instalarse en España. Estamos en 1970 y la actriz tiene 38 años y, no lo olvidemos, dos hijos que mantener.

Pronto demuestra que no tiene miedo a nada ni nadie y confirma, como ya lo había hecho en Italia, su lugar de honor como leyenda del cine europeo de género, “Me daba igual todo. Yo aceptaba todo menos pornografía”. Interpreta comedias picantes como señora estupenda que hace desfallecer a José Luis López Vázquez o Alfredo Landa; y también aventuras, western y sobre todo terror. En 1972 rueda a las órdenes de Eugenio Martín Pánico en el Transiberiano (1972) de la que recuerda con cariño “las escenas que tuve con Peter Cushing, maravillosas” aunque no conserva tan buen recuerdo de Christopher Lee. Y Pánico en el Transiberiano es tan solo la primera de una lista que incluye El espanto surge de la tumba (Carlos Aured, 1973), Las garras de Lorelei (Amando de Ossorio, 1973), La saga de los Drácula y La orgía nocturna de los vampiros ambas de 1973 y dirigidas por León Klimovsky, cintas dirigidas por la flor y nada del Fantaterror español, realizadores de los que la actriz guarda, en general, buenos recuerdos “Klimovsky es un amor dirigiendo. He hecho muchas películas con él. Con Amando de Ossorio también. El mejor para mí es Carlos Aured, que es alumno de Paul Naschy, que en su momento no fue reconocido y ahora sí.” Eso sí, cuando Serendipia le mostró a Helga Liné una radiante copia alemana en Blu-ray de Las garras de Lorelei, le dejó bien claro que no figuraba precisamente entre sus películas favoritas, “Ay, esa la odio, ¡Las garras de Lorelei no me gusta nada!”. Recordaba entre divertida e irónica que le gustaba hacer cine de terror, “Me divertía abrirle el pecho a un muñeco y fingir que me comía su corazón, que en realidad era de cerdo”.

Lobby Card alemán de El espanto surge de la tumba (Carlos Aured, 1972)

También reconoció que de estas películas se rodaban escenas con desnudos destinadas a la exportación, algo que “no estaba en el contrato, pero se hablaba. No creas tampoco que eran desnudos totales ni cosas de esas, pero sí, se hacían dobles versiones. Algunas actrices se lo tomaban

Helga en la época ‘señora estupenda’ del cine español. 

bien, otras mal. Yo me lo tomaba mal pero lo hacía. Pero pornografía no”.

En 1974 obtiene el premio del Sindicato Nacional del Espectáculo a la mejor actriz de reparto por El chulo de Pedro Lazaga. Y poco después, con la muerte de Franco, desaparece la censura y se desata la fiebre del destape, moda que afecta la carrera de la estrella, “Mira, yo solo hacía lo que estaba en el guión. Si pasaba de ahí, no lo hacía. No me gustaba, y bastaba si el guión era bueno. Con Paul Naschy nunca tuve problemas”, y junto a él encarno a una fascinante Zanufer en La venganza de la momia (Carlos Aured, 1975), última colaboración de la actriz con Naschy y Aured. Ese mismo año también se estrenó la peculiar El asesino de muñecas, que “no me gusta, porque querían que hiciera cosas que no estaban en el guión. Y por ahí no paso. Yo me he llevado bien con todo el mundo siempre y cuando me respetaran. Pero que no me pisaran porque entonces me enfadaba”.

Mucho tiempo pasó antes de que los españolitos de a pié pudiéramos ver aquellas dobles versiones. En la imagen, El espanto surge de la tumba.

Y es que como vemos, quizás por su edad, Helga Liné tenía claro hasta donde quería llegar, por eso no se mostró de acuerdo con que las actrices denunciaran los abusos sufridos por parte de productores o directores años antes, lo conocido como ‘Mee Too’:

“Eso es una tontería ¿Por qué no lo han dicho en su momento? En mi época la que quería se destapaba y hacía lo que quería. La que sabía comportarse y poner la manita para que no pasara nada o para que no se atrevieran, no le pasaba nada. Y ahora dirán ‘Ay, me han obligado’, no, yo no estoy de acuerdo. Que lo digan en el momento. Y yo soy feminista, me gusta que la mujer trabaje y que llegue a ser directora, que haya productoras… en fin, que haya mujeres en el mundo del cine. Pero eso de quejarse de lo que pasó hace veinte años, me parece una tontería”

Flanqueada por Antonio y Mariano Ozores

Helga Liné quizás se encontraba en aquella época encasillada en papeles de señora estupenda -que indudablemente lo era- y villana, pero eso no parecía importarle “es más fácil hacer de villana que de buena. Pues de buena tienes que estar maravillosa y de villana… en fin. No me importaba hacer de villana, me daba igual. Puede que estuviera encasillada, pero así fue la cosa. Y fueron más de cien películas”.

La actriz pasó los años setenta y ochenta tomando parte en todo tipo de producciones, algunas de ellas de alto contenido erótico. También participa en Laberinto de pasiones (1982) de Pedro Almodóvar,  además de hacer teatro y televisión, donde destaca su papel como madre de Javi (Juanjo Artero) en la popular serie  Verano azul (1981). En 1987 vuelve a ser llamada por Almodóvar con quien rueda La ley del deseo, de la que no guarda buen recuerdo por el trato recibido por el director.

A comienzos de los años noventa, durante una gira por Argentina con Luís Aguilé y su espectáculo teatral Escándalo en el Grand Hotel, decide instalarse allí, donde permanece en la actualidad,

Un alto en el rodaje de la serie ‘Verano azul’

volviendo cuando es llamada para algún trabajo puntual, ya sea en el medio teatral: La Hermana Pequeña (1999), adaptación de una obra de Carmen Martín Gaite; Ellas, la Extraña Pareja (2001), versión de un texto de Neil Simon de la que la crítica ponderó su labor (1); o El Cianuro… ¿Solo o Con Leche? (2003), de Juan José Alonso Millán. También televisión: El comisario (2001), Hospital Central (2004) y Vientos de agua (2006). Y, por supuesto, cine: Torrente 3. El protector (Santiago Segura, 2005). Aunque naturalmente va espaciando sus trabajos, pero sin descartar nada: “Tuve la manía de dirigir. Pero se me quitó y ya se acabó. Ya soy muy viejita”.

Para Helga Liné, que en la actualidad tiene una vida de lo más tranquila en Buenos Aires, acompañada de sus mascotas, le resulta curioso que su trabajo sea recordado y que sus películas

En Sitges, radiante (Foto: Serendipia)

de terror sean consideradas de culto, “me parece muy extraño, porque aquí en España en aquella época no les hacían mucho caso”, así que cuando le propusieron visitar en 2018 el Festival de Cine Fantástico de Sitges para recoger el Premio Nosferatu “me sorprendió muchísimo. Fueron dos veces a Buenos Aires. La primera vez dije que no, y la segundo vez Diego (2) me convenció. Y aquí estoy, (…) feliz de que me hayan invitado. Hay pocos festivales de cine dedicados exclusivamente al cine fantástico”.

Y allí Serendipia tuvo ocasión de, como le pudo expresar a ella misma, cumplir uno de sus sueños, algo que ella tildó de exagerado. Pero no. Conocer a Helga Liné ha sido una de las circunstancias más felices que Proyecto Naschy le ha ofrecido a Serendipia. Fotografiarla mientras le indicaba donde debía de ponerse para sacarla con la mejor iluminación. Y hacerla sonreír. Ver sonreír a aquella mujer de rasgos duros y gélida mirada. Ver transformar su rostro en la expresión de la dulzura. Y ser testigo de su gran profesionalidad y experiencia con los medios, dejándose preguntar todo pero respondiendo, diplomáticamente, lo que quiso. Una experiencia realmente deliciosa. “Tengo muy buenos recuerdos. Me he llevado bien con todo el mundo.  Si empiezo a contar anécdotas… mejor que no”. Y ya es una lástima. Pero no hubo tiempo. Helga Liné, con gran temple, tuvo que hacer frente a cinco medios que la entrevistaron conjuntamente durante diez minutos. De ahí han surgido las declaraciones textuales de la actriz incluidas en este artículo, además de otras confidencias que comentó a Serendipia cuando, una vez pasados esos veloces minutos, todos abandonaron la sala y quedó la actriz y su reducido séquito de amigas, entre ellas la maquilladora y peluquera cinematográfica Toñy Nieto y Serendipia, recogiendo sus cosas.

Todo había acabado. O eso pensé cuando me despedí dándole las gracias por todo. Pero Helga me sonrío y, de forma inesperada, me plantó dos besos en la cara. Y Serendipia retomó el día como el protagonista de Jupiter’s Moon, levitando.

¡Gracias Helga!

(1) : “Helga Liné vuelve a demostrar sus singulares dotes cómicas. Su belleza, elegancia y sofisticación, en contraste con la aguda ingenuidad de su carácter, la convierten en un personaje y una actriz de comedia deliciosa e indispensable” Juan Antonio Vizcaíno en: http://elmeteoritodelteatro.blogspot.com/2010/07/entre-amigas-anda-el-juego.html
(2) Diego López, responsable, entre otras cosas, de la Sección Brigadoon del Festival de Sitges, editor del fanzine ‘El Buque Maldito’ y autor de libros y documentales dedicados al cine fantástico y de terror español.

Cine apocalíptico español: el fin del mundo y el ocaso del régimen franquista

Las explosiones nucleares que tuvieron lugar en Hiroshima y Nagasaki en 1945 abrieron un nuevo pulso por la supremacía mundial entre Estados Unidos y la Unión Soviética y sus países de influencia, alineados en la OTAN y el Pacto de Varsovia respectivamente. Mientras tanto la carpetovetónica España vivía entonces en tierra de nadie y no padecía un temor especial a sufrir un ataque nuclear, lo cual no significaba que no existiera una preocupación por el tenso equilibrio ocasionado por el nuevo orden mundial. Así al menos dos magníficas producciones españolas abordaron el tema: Calabuch (1956) de Berlanga y Bombas para la paz (1959) de Antonio Román, una gema a redescubrir, dos comedias de cariz pacifista que abrían una puerta a la esperanza.

Y es que el temor era más que fundado, pues en octubre de 1962 la humanidad estuvo a un tris del holocausto atómico cuando Estados Unidos descubrió una base de misiles nucleares de alcance medio soviéticos en territorio cubano. La que sería conocida como la Crisis de los misiles puso, en plena Guerra Fría, en Defcon 2 a los Estados Unidos. La crisis se supero con el desmantelamiento de los misiles y su traslado a la Unión Soviética, pero el mundo contuvo la respiración y nunca más recuperó la tranquilidad.

Mientras tanto, España seguía a lo suyo: si por un lado el gobierno franquista iniciaba una tímida apertura hacia el exterior; por otro lado, mandaba ejecutar en 1963 al militante Comunista Julián Grimau. Todo ello el mismo año en el que ante el creciente aumento del turismo exterior el ministerio del ramo acuñaba el recordado eslogan “España es diferente”, que aún hoy resulta válido para definir la idiosincrasia propia del país y de su paisanaje.

No resulta difícil asegurar que a Mariano Ozores la tensión entre las potencias nucleares le preocupaba. Y también que le había impresionado La hora final (On the Beach, 1959), filme de Stanley Kramer sobre el holocausto nuclear. De hecho, tanto le gustó que decidió, por primera y última vez, dejar de lado los ingresos asegurados por sus comedias y rodar una historia similar a la que escribiera Nevil Shute pero, a la española y sin renunciar al humor, encarnado especialmente por los personajes interpretado por sus hermanos Antonio y José Luís Ozores. En La hora incógnita Mariano Ozores refleja el apresurado éxodo que se produce en una ciudad, claramente española, ¿el motivo?: por un error de cálculo va a caer, sobre las diez de la noche, una bomba nuclear en ella. Así que, con la ciudad desierta como fondo, iremos descubriendo a varios personajes que todavía permanecen en sus oscuras calles, prolongando su estancia antes de marchar en el último tren, que como averiguarán más tarde, ha sido cancelado: un borracho porque se ha dormido; un ladrón para desvalijar algunos museos y tiendas; unas ancianas para cotillear en casa de sus vecinos; una prostituta porque duerme de día y no se ha enterado; un criminal porque huye; un policía porque lo persigue; unos amantes porque quieren hacer el amor sin que nadie les pueda descubrir; un anciano para librarse de su mujer con la excusa de buscar a su gato Agustín… un variopinto plantel de personajes cuyas motivaciones son magníficamente retratadas por el director, que irá de un personaje a otro de forma modélica informando al espectador, en todo momento, del paso del tiempo y de como los personajes van acercándose a las diez, la hora final.

La ciudad en sombras, magníficamente retratada en un matizado blanco y negro y realzada por la acertada y jazzística partitura de Adolfo Waitzman, consigue dotar a La hora incógnita de una modernidad ejemplar, en contraste con los caracteres, castizos e inconfundiblemente ibéricos de sus personajes, de un costumbrismo muy de la época. Una disparidad que funciona a la perfección, al menos hasta que topamos con la Iglesia y su beatífico cura, encarnado por Fernando Rey, que consigue aglutinar a los supervivientes bajo su techo. Pero en contra de lo que cabía esperar, el sacerdote demostrará su soberbia escogiéndose como juez y salvador con potestad para decidir quien, de los diez individuos, merecerá salvarse huyendo de la ciudad en su moto. Acción que ganará el rechazo de los demás, no reconociéndole ese derecho.

Como es previsible, pues todos tienen cuentas y pecados que saldar, todos morirán por la explosión redentora, convirtiéndose en mártires y ejemplo de lo que pasa cuando se juega con fuego. Finalizando la película con una, como veremos, profética advertencia: “Es lo que puede suceder en cualquier ciudad… En cualquier momento… Ahora mismo”.

La hora incógnita permanece, a pesar de la inevitable moralina y la redención de los personajes, como una interesante e insólita propuesta de cine apocalíptico con toques de comedia netamente española que, desgraciadamente, no tuvo continuidad. Entre otras cosas por su batacazo en taquilla, lo que hizo jurar y perjurar a su director que “a partir de entonces nunca haría una película porque me gustara a mí. Haría lo que el público quisiera ver, como siempre había hecho mi familia”. Y así lo hizo.

Pero si lo de la crisis de los misiles podría sonarle al españolito medio como algo lejano, de rusos y americanos, el incidente de Palomares demostrará que, como predijo Ozores, el desastre “Puede suceder en cualquier ciudad… En cualquier momento… Ahora mismo”.

El 17 de enero de 1966, en una maniobra de aprovisionamiento, explosionó un bombardero norteamericano B-52 y un avión nodriza KC-135 (cargado con 110.000 litros de combustible), perdiendo las cuatro bombas termonucleares Mark 28, de 1,5 megatones cada una, en la costa de la pequeña localidad almeriense de Palomares.

Ya teníamos pues aquí, en plena España del Desarrollismo, un accidente nuclear de los gordos. De hecho, el más gordo, pues todavía es considerado el Broken Arrow (pérdida total de armas nucleares) más grave de la historia. Y es que “España es diferente”. Lo que sucedió a continuación ya lo habrán visto en el NO-DO: tres bombas fueron recuperadas en tierra y la que cayó en el mar, tras una búsqueda infructuosa por parte de la Armada norteamericana, que desplegó un gran operativo con buceadores, 34 buques y 4 minisubmarinos, fue encontrada gracias a la inestimable ayuda de un pescador, Francisco Simó, que desde entonces fue conocido como “Paco el de la bomba”. Y para cerrar el tema y demostrar la inexistencia de contaminación nuclear en la zona, el gobierno español y el estadounidense iniciaron una campaña, muy recordada, que consistió en bañarse conjuntamente Manuel Fraga (ministro de Información y Turismo) y Angier Biddle Duke (embajador estadounidense) en la playa de Quitapellejos (¡ejem!) en Palomares.

Pero ni mucho menos las cosas estaban bien, pues en la actualidad se calcula que una quinta parte del plutonio que se esparció en 1966 todavía contamina la zona, que permanece como la más radiactiva de España.

Poco después de este incidente Fata Morgana, la siguiente cinta española de tintes apocalípticos, se exhibió en el Festival de Cannes, concretamente en mayo de 1966, aunque no fue estrenada hasta noviembre de 1967 en Barcelona y estrictamente en salas de arte y ensayo. Y es que Fata Morgana es una película más bien extraña.

 “Esta fábula tiene lugar después de lo acontecido en Londres”. Naturalmente nunca se nos explica lo sucedido allí. Lo que sí vemos es que la ciudad está siendo abandonada por sus habitantes, algo que servirá de fondo para contar la historia de Gim (Teresa Gimpera con su apodo de modelo), con la que viviremos un intenso día durante el cual profetizarán su muerte y finalizará con un lacónico: “Y entonces sucedió lo mismo que en Londres”.

La película, que contiene alguna referencia visual a El hombre invisible (The Invisible Man, James Whale, 1933), e incluso al, tan en boga por entonces, cine de agentes secretos, supone un intento de sumarse a las vertientes progresistas del cine europeo, algo que consigue con éxito ofreciendo un resultado no exento de gracia y también glamour, aportado por la prometedora Marianne Benet y Teresa Gimpera en su mejor momento. Toda una boutade que respira el divertimiento de sus autores, el clima de broma privada en el que brillan los referentes cultos que debieron perlar las conversaciones de esos jóvenes artistas que tenían en Bocaccio su cuartel. De fondo aparecen ya algunas de las obsesiones de Gonzalo Suárez, su querencia por los mitos románticos, su indagación sobre la dialéctica entre el bien y el mal desde la perspectiva de lo maldito. Así, la tesis de fondo de la cinta (las víctimas son las que atraen a sus verdugos) nos hace recordar la expresionista El asesino esperanza de las mujeres, pieza teatral que firmó Kokoshka y que fue convertida en ópera por Hindemith, una de las cimas del movimiento die brücke, la forma más radical y salvaje del expresionismo. Y todo ello hilvanado con una especie de humor que nace del extrañamiento.

Rodaje de Fata Morgana

Calificada en su momento de “Kafka mediterráneo”, “pesadilla en estado de vigilia” o incluso de “osadía, casi provocación, un atrevimiento”, lo que no se puede negar es que la película de Aranda se apoya en sistemas narrativos diferentes y posee un tono de pesadilla regado de una atractiva estética pop que le ha impedido envejecer, muy al contrario, sigue siendo una cinta de lo más moderno y sorprendente. No en vano el guión era de Aranda y Gonzalo Suárez y la película representa uno de los mejores y más sólidos ejemplos de lo que dio de sí la denominada Escuela de Barcelona. A partir de ahí Vicente Aranda iniciaría una carrera más convencional, aunque aún persistieran ramalazos de esta estética en La novia ensangrentada (1972), película realizada en pleno boom del cine de terror español, que tendría su apogeo y cúlmen durante esa década.

Y el cine de género no podía dejar escapar el cine de temática apocalíptica, abordándolo en tres ocasiones y de forma harto similar con El refugio del miedo, Último deseo y La casa. Tres producciones que se desarrollan, en su mayor parte, en un único escenario en el que los protagonistas holgazanearán, cometerán infidelidades, beberán como cosacos y lucharán por el liderazgo, conflictos que se desarrollarán con más o menos violencia. “Algo que quizás podría suceder mañana”

La productora barcelonesa Profilmes, especializada en el cine de género (fantástico, terror, aventuras…), estrenó El refugio del miedo (José Ulloa, 1974), que se desarrolla en su mayor parte en el refugio del título, en el que los protagonistas se protegen de la radiación del exterior. La acción se sitúa en Estados Unidos, tal y como se esfuerzan de demostrarnos en los títulos de crédito mediante la técnica de rodar unas cuantas escenas allí o, directamente, sacarlas de archivo. La película cuenta nuevamente con Teresa Gimpera, en esta ocasión acompañada de su marido en la vida real, Craig Hill, Fernando Hilbeck, Patty Sheppard y Pedro Mari Sánchez, como hijo de la Gimpera.  Rodada directamente en inglés, pues Profilmes tenía un buen mercado en Estados Unidos, la película cuenta con discretos desnudos de Patty Sheppard, actriz que por otra parte realiza el mejor y más intenso trabajo de los cinco protagonistas.

Con una intriga bien manejada y unos diálogos que no resultan sonrojantes, tan solo sabe mal que se desechen esos sonidos espectrales, como lamentos, que coge la emisora a modo de interferencia, lamentos a los que no se vuelve a hacer referencia antes de que comiencen a sucederse las muertes de los habitantes del refugio en extrañas circunstancias a la manera de los whodunit.

La casa (1976) de Angelino Fons parte, al parecer, de un guión que compró el productor a… Pedro Mari Sánchez. Y en vista de las similitudes existentes entre El refugio del miedo, en la que, no olvidemos, actúa Pedro Mari Sánchez y la cinta de Angelino Fons, no parece disparatado pensar que, de ser verdad, se trate de un desarrollo del guión de la anterior. En esta ocasión los habitantes (¿o mejor decimos tripulantes?) descubrirán que se encuentran en una nave espacial, con mobiliario futurista pero bastante estándar, aunque sin llegar a los recios muebles castellanos que pueden verse en El refugio del miedo.

Esta producción hispano-italiana que se inicia con explosiones atómicas por obra y gracia de los efectos especiales de Emilio Ruiz se ubica también en Estados Unidos, donde conoceremos a tres parejas que progresivamente descubrirán que se encuentran en un OVNI con aspecto de olla a presión y con comida para unos 40 días, al parecer un plazo razonable para volver a la Tierra si la radiación ha disminuido.  Diálogos pretensiosos y supuestamente trascendentes a porrillo, crítica social, lucha por el liderazgo, ridícula lluvia de meteoritos y unas actrices como Helga Liné y Magda Konopka desaprovechadas, serán tan solo algunos de los detalles a destacar de este adorable delirio kitsch.

Increíble el drama… y sin embargo cualquier día… aquí o más lejos”. Con esta confusa frase promocional nos adentramos en Último deseo (León Klimovsky, 1976), tercera muestra de Fantaterror hispano con la que conoceremos a varios ricos ociosos (médicos, empresarios, traficantes de drogas…), con mucho de secta o sociedad secreta de adoradores del divino Marqués, que se disponen a pasar un fin de semana en una mansión centroeuropea junto a un volquete de prostitutas compuesto por, entre otras, Julia Sali, Nadiuska y… ¡Teresa Gimpera!, capitaneadas por Maria Perschy como madame lesbiana y su sádico y homosexual secretario. Mucho vicio y depravación.

Paul Naschy y Alberto de Mendoza viéndolas venir en Último deseo

Pero la orgía no llega a comenzar pues en la bodega de la mansión, excavada bajo los cimientos de la casa “igual que hacen los chinos”, se produce un temblor. Más tarde averiguarán que también se ha producido un gran resplandor que ha dejado ciegos a todos los habitantes de la zona. La casa, pues, servirá de refugio hasta tener más datos de lo sucedido y ya allí comenzarán a producirse las habituales rencillas entre los habitantes. Todo ello en un guión que ha tomado elementos de Soy leyenda de Richard Matheson, El día de los trifidos de John Wyndham y de La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, George A. Romero, 1968), a lo que ha añadido algunos elementos de crítica social nivel párvulos.

Último deseo pretende venderse como filme erótico, ya no únicamente por su título, sino también por el póster, que explota la presencia de la diva Nadiuska. Algo, por cierto, absurdo, pues en la película apenas hay desnudos, y menos en la versión que pudo verse en los cines españoles. Algunas ediciones videográficas potenciaron aún más la vertiente erótica engañando al respetable con títulos como La mansión del deseo (Video Cine) o La mansión del deseo oscuro (Whisky Home Video), cuando sin lugar a duda resultaba más acertado el título que tenía durante el rodaje, Planeta ciego.

El atractivo cartel del estreno norteamericano de Último deseo

En todo caso, Último deseo tiene todo el encanto del cine de aquella época, con sus virtudes y defectos, que no hacen más que añadirle valor y encanto: todos los que han quedado ciegos por la explosión llevan gafas de sol y bastón (¿?) y muestran la proverbial mala leche que se les otorga, tradicionalmente, a los invidentes. A esos lugareños cegados por la explosión los vemos protagonizar una escena hilarante: todos se hallan reunidos en la iglesia del pueblo dando vueltas cual musulmanes en La Meca, blandiendo sus bastones y dándose trompazos dignos de un tebeo de Bruguera, a buen seguro no era intención de los autores mover a risa al público, pero, sea como sea, logran que se nos quede marcada a fuego en la retina.

La película contó con aportación norteamericana, concretamente de Sean S. Cunningham Films, la compañía que llenó los cines y video clubs de medio mundo de Viernes 13, House y sus secuelas y remakes, además de producir La última casa a la izquierda (The Last House on the Left, 1972-2009). En Estados Unidos se estrenó como The People Who Own the Dark y fue distribuida por Cinematic Realeasing Corporation, responsables de poner en los cines la infausta Last House on Dead End Street (Roger Watkins, 1977). De todos los títulos que hemos comentado hasta ahora, y también de los que quedan por comentar, este es el único que cuenta con edición digital, aunque tan solo ha sido publicada en Estados Unidos.

“Esta historia no es de ciencia ficción, es de ciencia angustia” Sin lugar a duda una frase antológica para promocionar el siguiente filme apocalíptico que dio la cinematografía española. Más allá del fin del mundo (Espectro), película dirigida por Manuel Esteba entre rodajes con los Hermanos Calatrava y películas clasificadas ‘S’, se contagia del mal hacer del director. Y es que, sí amigos, Esteba es el culpable de El E.T.E y el Oto (1983) y de otras lindezas, entre las que destaca, como una rara avis a recuperar, Viciosas al desnudo (1980).

Pero vayamos con el filme que nos atañe, Más allá del fin del mundo inicia su acción en mayo de 1989 y narra como dos hermanos, Antón (Eduardo Fajardo) y Daniel (Daniel Martín) bajan a una sima para batir el récord de permanencia. Tras tres meses, durante los cuales averiguaremos que Antón, el mayor, odia a Daniel a causa de unos terribles celos, volverán a subir a superficie averiguando que todo está desierto. Cuando lleguen a la ciudad verán que nunca anochece y que todos están muertos y con los ojos en blanco. Así que la participación de actores de la talla de Julián Ugarte y Víctor Israel se limitará a unos pocos planos iniciales antes de ponerles las lentillas. Los hermanos, presas de un ataque agudo de verborrea pseudo científica, dirán un buen puñado de barbaridades ininteligibles con las que explicar el extraño fenómeno que ha sucedido, hasta que se encuentren con Mary Ionesco (Inka María), una científica que resultará ser, ¡ejem! la avanzadilla de unos extraterrestres que buscan un planeta que poblar. La científica tiene un perro (que la protege de los avances de los cada vez más calientes hermanos) y dos monos, que luego sabremos para qué están ahí.

El extraño diseño para la carátula de la edición VHS del filme

Todo contado con gran torpeza por un Esteba que no se preocupa demasiado en mover la cámara, consiguiendo unos resultados que, precisamente, no son los mismos que obtiene Haneke. Cada vez que un personaje tropieza, descubre algo. Cuando cae, encuentra un libro y este se abre por un pasaje que hace referencia a la historia que estamos viendo. La luz viene y va. Y en una de estas se enchufa un magnetófono que explica, precisamente, algo sobre la historia que se está desarrollando. Todo muy burdo.

El único escenario decente que consigue perfilar el director es el del lugar donde vive la profesora Mary Ionesco, interpretada (es un decir) por una señora con aspecto de vedette de verbena (con posible sorpresa) y que cuenta con una breve filmografía que comprende títulos como Haz la loca…  no la guerra (José Truchado, 1976) y La isla de las vírgenes ardientes (Miguel I. Bonns, 1977). Así que mal vamos si la Tierra deber ser repoblada por esta señora y los dos hermanos, que, en lugar de ponerse de acuerdo, se pelearán por los favores de la dama. Al final todos morirán y tan solo quedarán vivos los dos chimpancés, que ya les dijimos que estaban ahí para algo.

¿El resultado de todo esto? Un desenlace totalmente opaco al que la falta de presupuesto posiblemente impidió el uso de efectos especiales, pero es el nulo ingenio del artífice el que convierte el final en un jerogrífico de planos cortos cuyo significado es imposible descifrar, sobre todo cuando la trama no permite presumir la dirección del relato. Para más INRI el filme fue presentado en el Festival de Sitges de 1977 y obtuvo una Mención Especial del jurado de ese año, presidido por Dario Argento, “por lo que significa el contenido espiritual de la esperanza de una nueva vida”. Ahí queda eso.

Como vamos viendo, progresivamente la calidad de las películas va descendiendo y llega a su sima más profunda con Animales racionales (1983) de Eligio Herrera. Toda una bomba como colofón a este listado ibérico-apocalíptico. La guinda perfecta para semejante pastel.

“…Porque todo final, es el comienzo de un principio” De nuevo explosiones atómicas, paisaje desolado y tres personajes jóvenes. Dos que parecen salidos de un cóctel de lujo y uno rockero de barrio. Los dos elegantes son hermanos, pero los convencionalismos sociales quedan de lado ante la lucha por la supervivencia. Y la lucha por ser el macho alfa será encarnizada entre el hermano, el proletario y… un perro que aparecerá por allí. El que provea alimento tendrá derecho a ser pagado con las atenciones de la hembra. El que traiga la presa más grande o sabrosa, tendrá derecho a sexo. Incluido el perro (interpretado por el perro Larry). Seremos testigos del nacimiento del oficio más antiguo del mundo. Y del segundo, el de macarra.

Una de las denominadas, por algunos, películas de culto en la que los buenos son rubios y con clase, mientras que el papel de villano será adjudicado al proletario, moreno y con bigote. Todo ello en una narración muy surrealista. En la que nadie habla, así el espectador se ahorra unos diálogos que podrían estar a la altura de la película. Al menos esta metáfora, no sabemos muy bien de qué, pero importante metáfora, está muy bien rodada. Resulta un pelín pedante y tiene espíritu trasgresor al incluir incesto, zoofilia y unas gotas de homosexualidad.

Rodada en Lanzarote y Las Palmas, algo que salta a la vista, la banda sonora está compuesta por una selección de temas pertenecientes al catálogo de Harmony Ed. Musicales.

¿Los protagonistas? Geir Indvard y Carole Kirkham, que encarnan a los hermanos, participaron en Jane, mi pequeña salvaje (1982), la otra película del director de Animales racionales, también rodada en Lanzarote. Carole puede presumir de haber tomado parte en perlas del calado de Yo amo a Hitler (Ismael González, 1984) uno de los higos chumbos del cine español. Por su parte José Yepes tiene una extensa filmografía a sus espaldas, la mayoría compuesta por pequeños papeles, de entre los que posiblemente Animales racionales sea su película más importante. Lástima que sea un despropósito con ínfulas que puede continuar en la oscuridad.

Como hemos visto, el cine español se ha aproximado a la temática apocalíptica adaptándose en todo momento a la corriente imperante. Y si bien son pocos los largometrajes que han abordado el tema, estos resultan muy representativos de cada época, ya sea del cine español de los cincuenta; como de las corrientes experimentales de los sesenta; el cine de género de los setenta; o de, finalmente y en este caso, nuevos discursos cinematográficos con cierto aire exploitation, de los ochenta.

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“Los Resucitados” verá la luz veinte años después

Veinte años después de terminar su rodaje, iniciado en 1995, “LOS RESUCITADOS” de Arturo de Bobadilla, verá la luz el próximo otoño de la mano del sello RedRum de Tema Distribuciones.

Considerada por unos como una leyenda urbana y por otros como la película “más maldita y de culto del fantástico español”, el título que Arturo de Bobadilla comenzó a filmar con Paul Naschy y Santiago Segura, durante la producción de “El día de la bestia” de Álex de la Iglesia, ha despertado siempre la curiosidad de los aficionados al fantástico.

Bobadilla consiguió en su momento reunir a grandes nombres del fantaterror, como Paul Naschy o Antonio Mayans, con algunas de las jóvenes promesas de aquel entonces, como Santiago SeguraManuel Tallafé o Zoe Berriatúa, en una barroca historia sobre un soldado de los Tercios de Flandes que es poseído por el demonio, con muertos vivientes incluidos. El propio Segura la ha definido como “demencial” en los medios, encantado con que Arturo de Bobadilla haya perseguido su sueño.

Veinte años después, “LOS RESUCITADOS” acaba de terminar su nuevo doblaje con las voces de los actores originales como Santiago SeguraAntonio Mayans o Toni Fuentes, que se han reencontrado dos décadas después. La nueva sonorización ha contado con otras ilustres colaboradoras como las actrices Lone Fleming y Sandra Alberti, dos clásicas del fantástico español que también han prestado su voz a este título. Por su parte, para poner voz al fallecido Paul Naschy se ha contado con el veterano Héctor Cantolla, actor que ha doblado a Marlon Brando o Arnold Schwarzenegger entre otros, y quien habitualmente ponía voz a Naschy en películas como “El retorno del hombre lobo” o “El carnaval de las bestias”.

“LOS RESUCITADOS” comienza con la siguiente leyenda que resume el tortuoso proceso del proyecto:

“Madrid, año 1994. Comienza el rodaje del largometraje Los Resucitados de Arturo de Bobadilla inspirado en leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer, un proyecto plagado de misterios. La película se rueda en varios formatos.

Tras un proceso tortuoso, en 1997 la película se edita, pero poco tiempo después la primera copia desaparece y los materiales originales parecen inencontrables, como por arte de magia.

Décadas después, el material de rodaje, mudo, vuelve a aparecer también como por arte de magia, y a pesar del deterioro sufrido se decide volver a editar y postproducir en base al guión original, con el fin de que la película exista.

Veinte años después, que diría Alexandre Dumas. Cosas de brujas y otros misterios”.

Sin duda “LOS RESUCITADOS” es una auténtica rareza que no dejará a nadie indiferente. Estad atentos.

LOS RESUCITADOS
Director: Arturo de Bobadilla
Guión: Arturo de Bobadilla, inspirado en leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer
Reparto: Santiago Segura, Paul Naschy, Toni Fuentes, Antonio Mayáns,

Sinopsis: España. Mil seiscientos dos. Los caballeros de la orden de la espada de Juana de Arco han sido derrotados.  Tras generaciones de lucha encarnizada contra el heraldo del infierno, El Caminante, que ha quebrado las armaduras y los corazones de los generales de la Fe. Poseyendo al más célibe y virtuoso de todos ellos el enemigo ulterior ha conseguido lo que ni mil leviatanes y brujas jamás soñaron. La posesión demoníaca y espiritual del líder de la orden, el General Molina. Retirados y mutilados; encarcelados y medio locos, los veteranos tercios de Flandes que antaño lucharon por la cristiandad en mil cruzadas en nombre de la Fe, conseguirán reunir de nuevo el valor necesario para evitar el más atroz de los crímenes: La caída del reino de Dios en la tierra.Pero el demonio no se lo pondrá fácil… Los muertos han comenzado a levantarse.

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Rossana Yanni, el delicado erotismo

Esta actriz argentina de contundente físico y de presencia tan familiar en el cine de género que se  hizo en la España de los 70, comenzó formando parte de repartos de comedias dirigidas por Pedro Masó, Pedro Lazaga o Fernán Gómez en las que interpretaba a señoras estupendas, de ensueño, muchas veces la sueca o la alemana liberada. El sueño imposible del españolito medio. Aunque también tuvo oportunidad de interpretar registros dramáticos en cintas como El paseíllo (Ana Mariscal, 1969) o Cuadrilátero (1970), drama pugilístico de Eloy de la Iglesia. Y naturalmente también ha participado en algunos de los títulos favoritos del degustador de cine fantástico y de terror español. Jesús Franco la dirige a finales de los años sesenta en El caso de las dos bellezas y Bésame, monstruo, formando tándem junto a Janine Reynaud. Cae fulminada bajo las garras del licántropo en La marca del hombre lobo (Enrique López Eguiluz, 1969), coincidiendo nuevamente con Paul Naschy en El gran amor del conde Drácula (1972) y El jorobado de la morgue (1973) de Javier Aguirre. A las órdenes de Amando de Ossorio interviene en Malenka, la sobrina del vampiro (1969), compartiendo reparto con nada menos que Anita Ekberg.

Con la irrupción del destape el físico de Rossana no pasa desapercibido para los directores, y su presencia en pantalla se incrementa hasta 1980, año en el cual decide retirarse tras ser madre. A partir de ahí ha realizado alguna intervención esporádica en el cine, ya que el veneno de la actuación nunca le abandonó y su recuerdo siempre ha estado en la memoria de los directores que decidieron contar con ella, como Antonio Giménez Rico o Berlanga.
Merecidamente homenajeada en 2015 con el premio Nosferatu a toda su trayectoria durante la 48 edición del Festival de Sitges, allí tuvimos ocasión de conversar con ella.

INICIOS

img319b_editado-1Era modelo y vine a España desde Italia en 1962 sin idea de entrar en el cine. Un día fui  al teatro con unas amigas a ver un musical de un argentino que se llamaba Alfredo Alaria (1), que era una estrella. Estuvimos en un palco y al día siguiente me llamó un señor que se llamaba Hugo Ferrer, que era representante. Me preguntó que cuanto tiempo me quedaba en España, ya que quería presentarme a los productores de una película que se iba a llamar ‘Sol de verano’ (Juan Bosch, 1963), que iba a protagonizar Arturo Fernández. Yo le contesté espantada que tan solo tenía 23 añitos, que no era actriz, que era modelo, pero no le importó, me dijo que cuando me presentara a estos productores les dijera que había trabajado en varias películas en Italia y Argentina. Como era la época franquista y había una fuerte censura no llegaba casi nada,  y lo que llegaba estaba todo cortado. Tuve el valor de seguir el juego, decir que sí y me contrataron para ‘Sol de verano’, donde debuté en el cine con Arturo Fernández. Fue un regalo que me hizo España, porque yo cómo me iba a imaginar que se me abrirían las puertas del cine.

A partir de entonces fue un sin parar. Hacíamos en poquísimo tiempo, de dos a cuatro semanas, una película y era la época de las comedias de José Luis López Vázquez, Alfredo Landa y de todos estos grandes actores en las que nosotras éramos las chicas guapas. Yo siempre hacía de sueca (risas), la extranjera, y era la que se ponía el bikini, ya que las extranjeras se lo ponían, las españolas no. Entonces ya teníamos a veces doble versión: la película con traje de baño entero para España, y la que se vendía a Sudamérica  en bikini. ¡Qué época! ¿Eh? (risas)

21776496Era una época muy especial, por ejemplo, recuerdo que con Fernando Fernán Gómez, ya sabes como era, tuve una escena en la que estaba frente a Gracita Morales y ella en contraplano me daba el diálogo a mí. Yo tenía la manía de pestañear mucho cuando hablaba y Gracita, que estaba  delante de mí, me avisaba haciendo muecas para que no lo hiciera. Nos dio tal ataque de risa que Fernando nos echó del plató “¡Estas señoritas fuera!”. Nos hizo volver, repetimos y… ¡Otra vez! (risas).

El primero que me propuso doble versión con desnudo creo que fue José María Forqué. Analía Gadé y yo hicimos juntas ‘El ojo del huracán (1971), y eran los primeros destapes. Pero era algo muy difícil de hacer en esa época, era arriesgado, siempre me daba un poco de… porque yo no era española  y había que tener siempre una conducta impecable y un cuidado. Y entonces pensé “Ya verás tú…”. Pero tenían mucho éxito. Recuerdo una anécdota: fui a cargar gasolina en aquellos primeros tiempos del destape y entonces el señor de la gasolinera me dijo “Rossana Yanni, he visto la película que has hecho con Analía Gadé…” como diciendo, a ver si se destapa aquí (risas). La gente te confundía…

EL TERROR

De ‘Malenka, la sobrina del vampiro’ (1969) me acuerdo. Aprendí mucho con Amando de Ossorio, porque yo era bastante novata y era un hombre de una gran sensibilidad y muy cariñoso. Buen director. En algunas fuentes 1969 Malenka, la sobrina del vampirofiguro como productora, pero es un error, no produje. Con Anita Ekberg llegué a coincidir alguna vez durante el rodaje, era una mujer abierta y natural. Muy natural, me hizo el rodaje muy cómodo porque, claro, ella ya era una estrella, pero para nada tenía aires de diva, era una compañera genial y una buenísima actriz que te hacía sentir bien. Siempre la tendremos presente en la mente en la Fontana di Trevi. Es su imagen inmortal.

Jesús Franco era un hombre especial,  muy especial. Pero era muy cariñoso, un buen director que supo sacar lo mejor de mí, ya que no hay que olvidar que todavía era una novata en esa época. Me enseñó muchas cosas y con él lo pasé agradablemente bien. Tenía muy buen humor.

Con Paul Naschy hice una colaboración en ‘La marca del hombre lobo’. Fue inolvidable. Hay una escena dramática, de terror, en la que me entra el pánico y yo no estaba acostumbrada a ese tipo de escenas, ya que venía de la comedia y me costó. Pero él me enseñó muchísimo, y al finalizar la escena los técnicos aplaudieron, y yo extrañada preguntaba ¿Qué pasa? ¿A quien aplauden? Y me dijo que era a mí, porque lo había hecho muy bien. Paul era un hombre generoso.

Rossana descubierta por Paul Naschy tras haber sido atacada por el licántropo en 'La marca del hombre lobo'

Rossana descubierta por Paul Naschy tras haber sido atacada por el licántropo en ‘La marca del hombre lobo’

Para Javier Aguirre hago ‘El gran amor del Conde Drácula’ y ‘El  jorobado de la Morgue’. A Javier lo quiero mucho, éramos muy buenos amigos y sacaba lo mejor de nosotras. A Mirta Miller la introduje yo en el cine cuando llegó de Buenos Aires. Nos conocíamos

Foto: Serendipia

Foto: Serendipia

de allí, le dije que si quería trabajar en el cine le podía presentar a un productor, Pedro Masó. La protagonista, Haydeé Politoff desapareció, no se supo nada más de ella. Pasamos muy buenos momentos con todas estas películas de terror. No tiene nada que ver el terror de aquella época, el terror de entonces, con el de ahora. Técnicamente ha cambiado todo enormemente, así que el valor de esas películas era grande. Es que estaban bien hechas para los medios que tenían. Yo me las tomaba muy en serio. Estas películas eran la moda de ese momento y eran películas serias, de éxito. Qué valor tenían todos estos directores entonces, no les era fácil, no, ahora me doy cuenta.

No tenía ni idea de que hubiera este cariño por este cine, por el que se hace ahora sí, pero no pensé que por el de mi época los jóvenes se interesaran tanto. Y lo que me gusta de este festival es que dedica homenajes a toda esa época para que no nos olvidemos.
Hace más de treinta años que me retiré del cine y cuando me llamaron para  decirme que me daban un premio en el festival de Sitges lloré al colgar el teléfono. Mi marido me miraba. Es que no me lo podía imaginar. Si me lo hubieran dicho hace años no me lo habría creído. Esto es un regalazo que me habéis hecho. Toda la vida oyendo hablar de este festival tan importante, como voy a pensar que me iban a rendir este homenaje. No tengo palabras y todavía no me lo creo. Cuando termine el festival, seguro que me lo creeré.

1.- Alfredo Alaria (1930-1999) fue un actor, bailarín y coreógrafo argentino que protagonizó Diferente (Luís María Delgado, 1961) primera película que abordó la temática homosexual en el cine español y que, sorprendentemente, se estrenó en la época sin problemas de censura.

EXTRAS

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En marcha ‘O Apóstolo – Secretos de un rodaje’

Se pone en marcha un Verkami con intención de editar un completo libro sobre la gestación y rodaje de O Apostolo, mostrando toda la magia del cine de animación stop-motion a través del proceso de desarrollo creativo, de realización y producción de esta maravillosa película de misterio y fantasía. Sin duda una interesante iniciativa de la que damos algunos detalles. 

La historia

La leyenda de la Santa Compaña, con sus almas en pena vagando por los bosques, nos trasladará a un pueblo con una maldición centenaria. El origen de esta historia tiene que ver con el propio origen del Camino de Santiago y las tradiciones milenarias de origen celta.

El rodaje con los actores

Durante 15 días se realizó un rodaje con los actores para capturar su interpretación y que sirviese de referencia para los animadores. También se consiguió una versión original que aporta una calidad muy superior a la de un doblaje en estudio.Tendremos anédotas, opiniones y entrevistas a grandes actores como Geraldine Chaplin, Paul Naschy, Luis Tosar, Celso Bugallo y Carlos Blanco.

La construcción de los muñecos

Alta tecnología y desarrollo para unos puppets realizados en silicona y con esqueletos totalmente artículados. Descubriremos los secretos de un equipo de modelmakers internacional proveniente de películas como La Novia Cadáver o Coraline.

Los decorados

Disfrutaremos del arte y la artesanía del impresionante proceso de creación de decorados y atrezzo. Aprenderemos los procesos, así como las diferentes técnicas y materiales utilizados. La dificultad añadida de la pequeña escala y el rodaje frame a frame será superada con mucho ingenio y creatividad.

El rodaje

Un equipo internacional de casi 200 personas trabajando a lo largo de 4 años, consiguió un gran trabajo pionero gracias a que cada miembro del equipo aportó su experiencia, su arte y su talento. Un rodaje para el que se realizaron 25 sets, más de 90 puppets y cerca de 50 decorados diferentes. Descubriremos todas las dificultades de realización, los retos superados y la difícil tarea de coordinar una gran producción con un bajo presupuesto.

La música

La Banda Sonora compuesta por Philip Glass, Xavier Font y Arturo Vaquero nos envolverá en ese ambiente de misterio y fantasía. Para su grabación se contó con la Real Filharmonía de Galicia y el Coro Orfeón Terra a Nosa

La estereoscopía

Detallaremos cómo ha sido el complicado proceso de desarrollo para la captura estereoscópica de la animación stop-motion. Esta es la segunda película a nivel mundial realizada con esta técnica, tras Coraline de Henri Sellick

Características del proyecto, objetivos y recompensas 

Aquí os detallamos las características técnicas del libro:

  • Medidas 21x21cm .
  • Nº páginas: 240 páginas interiores mas cubiertas
  • Papel interior:Estucado mate 130 gr.
  • Papel portada: Estucado brillo 170 gr.
  • Impresión: 4/4 tintas (A todo color)
  • Encuadernación: Tapa dura al cromo con sobrecubierta polastificada mate 1c. Incluirá el DVD de la película, con versión original en español y galego, así como subtítulos en 8 idiomas.

El objetivo de esta campaña es cubrir los gastos de producción e impresión de la primera edición en español del libro, incluyendo las previsiones de empaquetado, envios y gastos de la propia campaña de verkami.

Como agradecimiento al apoyo de este proyecto recibiréis en casa el libro, que como ya comentamos, incluye el DVD de la película. Será una edición limitada y numerada, con cada ejemplar personalizado con nombre y apellidos del mecenas, y firmado manuscrito por el director de la película.

Una vez que todo esté listo, se realizará un acto de presentación del libro en Santiago de Compostela, estará presente Fernando Cortizo, director de la película. Todos los mecenas podréis asistir y recibir el libro de manos de su autor.

Los que no podáis asistir, recibiréis el libro en un plazo máximo de dos meses desde que haya finalizado la campaña. Necesitaremos como mucho unos 45 días para trabajar en las tareas pendientes de texto, diseño y maquetación. Una vez rematado, la imprenta quedará resuelta en 10 días y damos 5 días de margen para el empaquetado y el envío.

Más información:

Verkami

Scifiworld

Premios e info de la película

Web de la película

Talamanca de Jarama, escenario de fantasmagorías

156wtbnmapa-talamanca-3Existen algunos escenarios que se han repetido en diversas películas y que, a fuerza de verlos, se han convertido en familiares para el fan. En el cine de terror español, y particularmente en el de Paul Naschy, Talamanca es, sin ningún género de duda, el lugar donde localizó la mayor parte de sus películas, donde más ha vivido sus personajes, donde se han desarrollado esos míticos rodajes: “Talamanca ha sido para mí, mi casa cinematográfica preferida. Cuantas horas, cuantos días, cuantos meses he pasado en su bodega, en su desván, en sus escaleras, en sus  salas… En aquellos escenarios hice realidad muchos de mis sueños y mis guiones adquirieron vida.” (1)

Y es que Talamanca de Jarama, población situada a 45 Km. de Madrid, dispone de varios puntos que han servido de escenario para diversas películas, como la Iglesia de San Juan Bautista o el puente romano, pero todos van a remolque de la Cartuja, emblemática construcción religiosa destinada a la actividad agraria construida en el siglo XVII que, dotada de una extensión de 17.437 m2, dos plantas y un desván, ha sido testigo de más de 200 rodajes.

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Foto: ¿?

Más de diez veces visitó Paul Naschy la Cartuja para rodar sus inolvidables cintas y actuar en las de otros directores. La marca del hombre lobo (Enrique López Eguiluz, 1968),  la primera aparición de Waldemar Daninsky no recurrió a este escenario, pero si tuvo días de rodaje en Talamanca, y pueden verse tanto el puente romano como la chopera, que está justo al lado. De hecho, los arcos del puente son testigos de la primera aparición de la bestia que inmortalizaría Paul Naschy. Después vinieron más películas: Dr. Jekyll y el hombre lobo (León Klimovsky, 1971), El espanto surge de la tumba (Carlos Aured, 1972), El gran amor del conde Drácula (Javier Aguirre, 1973), Los ojos azules de la muñeca rota (Carlos Aured, 1973), El mariscal del infierno (León Klimovsky, 1973) y Último deseo (León Klimovsky, 1975). Una vez que Naschy accede a dirigir sus propias películas, demuestra que la Cartuja es su escenario predilecto, ya que allí rueda su primera cinta tras las cámaras, Inquisición (1976), que es seguida por muchas más: El caminante (1979), El carnaval de las bestias (1980), Los cántabros (1980), La bestia y la espada mágica (1983) y, sobre todo, El retorno del hombre-lobo (1980), que está rodada casi enteramente en las distintas dependencias de la Cartuja.

Más allá de las cintas de y con Naschy, Talamanca, y particularmente su Cartuja, han sido escenario de muchas más películas desde que inició su actividad como plató cinematográfico en 1964 con el filme Los cien caballeros (I Cento Cavalieri) de Vittorio Cottafavi. Sus estancias han sido testigo (tan solo hablando de cine de terror), del rodaje de El monte de las brujas (Raúl Artigot, 1972),  La orgía nocturna de los vampiros y La saga de los Drácula (León Klimovsky, 1972), Una vela para el diablo (Eugenio Martín, 1973),  La cruz del diablo (John Gilling, 1975), El extraño amor de los vampiros (León Klimovsky, 1975), La noche de las gaviotas (Amando de Ossorio, 1975), Akelarre (Pedro Olea, 1983), La lengua asesina (Alberto Scimma, 1995), 99.9 (Agustín Villaronga, 1997) y El espinazo del diablo (Guillermo del Toro, 2001).

Por sus dependencias han deambulado actores como Marlon Brando (Cristóbal Colón, el descubrimiento, John Glen, 1992); Natalie Portman (Los fantasmas de Goya, Milos Forman, 2006); Arnold Swarzenegger (Conan, el bárbaro, John Milius, 1982) o Michael York, Oliver Reed y Richard Chamberlain (Los cuatro mosqueteros, Richard Lester, 1974), entre otros.

Siempre había sido un sueño personal pasear por ese escenario, sobre todo por su bodega. Finalmente en el verano de 2015 tuvimos ocasión de hacerlo y de entrevistar, además, a su actual propietario, José Carlos Rodríguez, que nos abrió gentilmente las puertas de la Cartuja gracias a la inestimable colaboración de nuestro amigo el escritor y director de cine Víctor Matellano, que nos puso en contacto con él.

ENTRANDO EN LA CARTUJA

DSC_0597Esto era de los frailes cartujos, y con la desamortización de Mendizábal (2), el Estado lo saca a subasta a particulares. Ha convergido en mi llegando de una tía abuela política de mi abuela y de mi madre, o sea, tres partes han muertos en mí, digamos. Mi madre murió en el 1998; mi abuela en los años setenta; y la señora en los años ochenta o así. Pero he sido testigo de la actividad que había en estas paredes desde mucho antes de heredar, porque estaba aquí mi padre y mi madre y yo he vivido aquí de pequeño. Luego me fui a estudiar a Madrid, pero venía aquí los veranos. Los primeros rodajes los firmaba mi padre, pero yo estuve en muchos y me he encargado de los rodajes y todo eso desde 1982, porque mi padre estaba muy mal. O sea, que llevo ya  unos años. Empezó a funcionar como plató en los años sesenta, en 1964, y ha habido, entre series, películas  y demás, más de 250 rodajes”.

PATIO DE ENTRADA

Lo primero que el visitante se encuentra al atravesar el portón de entrada es el patio. Una extensión que ha servido en muchas ocasiones para recrear calles y mercados medievales. José Carlos me comenta que “En la parte de atrás Paul Naschy hizo un cementerio”. Una ventana me resulta familiar y la identificamos como el lugar por el que se escapan María Kosty y  Víctor Petit de los Templarios en La noche de las gaviotas (Amando de Ossorio, 1975), aunque algo cambiada por el paso del tiempo: “Ahí donde está la casa de madera había una casa de barro que no tenía nada que ver con la casa original. La hizo un antepasado en 1900 para poner una máquina de vapor para una prensa de aceituna y se cargó el edificio”. Y es que su actual propietario no es partidario de conservar pegotes o partes que no fueran originales del edificio: “Yo tengo 63 años, lo que ves hundido, está hundido desde entonces, menos una fachada que se ha caído hace poco y que yo estaba deseando que se cayera. Sí, porque no era original  de la casa, era un pegote, pero si algún día tengo muchos cuartos, reharé el claustro, que el antepasado este que te digo también se lo cargó.”

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CUADRA

José Carlos echa mano de un enorme llavero y abre la puerta de un edificio. La primera estancia que visitamos es la cuadra, que consta de dos pisos unidos por una escalera de madera. “Esta cuadra se conserva prácticamente igual a como la dejaron los frailes. Lo último que se ha rodado aquí ha sido para ‘El Ministerio del Tiempo’. En los setenta había tantos rodajes que perdimos muchas películas porque no se  podían atender. Ahora está volviendo. Yo he tenido un contrato con la serie ‘Águila Roja’ cinco años, pero claro, si en esos cinco años no hubiera estado ‘Águila Roja’, pues habrían sido unas 30 películas”. Le pregunto por una secuencia que sé que se rodó en la cuadra, de Los ritos sexuales del diablo (1982) coprotagonizada por un macho cabrío. Y me señala el lugar a la primera, ya que él estuvo presente cuando se realizó: “Aquí se rodó la de Larraz. Larraz era muy duro (risas). Ha rodado aquí bastante. Fue concretamente en esa columna. La acción está aquí”.

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 CLAUSTRO

Salimos de la cuadra y entramos en un segundo edificio, la Cartuja en sí, en cuyo interior está el Claustro, ajardinado y en bastante mal estado, lleno de escombros. “El antiguo claustro se me ha hundido a mí, pero no tengo interés en arreglarlo. Como sabes un claustro se compone de cuatro partes iguales para que los monjes recen. Se cayó una parte, yo puse unas columnas y se fabricó ahí un pasillo, pero yo siempre estuve acojonado de que alguien pasara por allí y… Hace años lo tenía ya vallado y por fin se cayó, con lo cual me alegré mucho. Pero viene el bueno de Terry Gilliam, ve los escombros y todo el follón y quiere rodar aquí. Quiere ponerme al Quijote por aquí, por ahí arriba ¿Cómo voy a dejar yo, con los problemas de seguro que puede dar? Depende de si la productora se empeña. Esas columnas que tienen el plátano arriba son las originales, el resto las he puesto yo, incluidas las de arriba, porque sabía que tarde o temprano iba a caer”. El claustro puede verse claramente en, por ejemplo, Alatriste (2006) de Agustín Díaz Yanes.

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LA COCINA

Entramos en otra estancia de la Cartuja, la cocina, donde rápidamente José Carlos me localiza una escena de la película Polvos mágicos (1983), también de Larraz. Como veo que el aspecto es muy diferente, con las paredes pintadas, José Carlos me explica: “Hacer obra no puede hacerse, ya que esta casa  está protegida, es monumento, pero todo lo que sea poner pintura es proteger la pared, así que no tengo ningún problema. Luego tienen que dejar todo como estaba. Aquí también se rodó hace tiempo uno de los capítulos de ‘El Ministerio del Tiempo.’ Como rodaron con sonido directo colocaron unas guatas colgadas grapadas para que no hubiera eco”.

El propietario me dice que tanto Paul Naschy como Larraz han rodado en la cocina. Para comprobarlo tan solo hay que visionar, por ejemplo, El caminante (1979) de Jacinto Molina.

En una esquina hay unas hojas de guión utilizadas en un rodaje. Tienen anotados cambios en los diálogos. José Carlos intuye (y más tarde comprobé que así era), que pertenecían a lo último que se había hecho allí, un episodio de ‘Amar es para siempre’. Resulta ser un bonito souvenir y un testigo silencioso de la actividad en ese  escenario.

EL GRANERO

El granero está sobre la bodega y tiene una estructura similar a esta, como comprobaremos cuando bajemos. Encima está el desván. Al ser el granero una estancia bastante amplía y despejada, ejerce como estudio. Así que a José Carlos le vienen a la cabeza sus admirados decoradores, directores de arte y técnicos de efectos especiales: “El granero es donde más se rueda, pero queda irreconocible. Aquí se ha rodado de todo, desde escenas del oeste (Al este del oeste de Mariano Ozores), a series. Retocan los arcos, lo que haga falta. Mi amigo Gil Parrondo (3), el decorador, montó ahí el interior de un chalet que le decías ‘Oye Gil, déjamelo montado que  me quedo a vivir aquí’. Y ahí delante un bosque, pero un bosque con un forillo bestial, que lo hizo Julianín (4), que aquello era un monstruo. Te metías dentro del chalet, mirabas por la ventana y estabas en el bosque. Eso es arte. A Emilio (5) , el maquetista, yo lo he visto hacer una maqueta del Castillo de Loarre (6) que te quedabas patidifuso. Era una maquetita pequeña y luego lo veías proyectado en panorámica y no cantaba nada. Los cromas cantan más. Eso hoy en día no saben hacerlo. He conocido a gente de los clásicos, escayolistas, y esos para mí eran los verdaderos artistas. Tengo una anécdota de ‘El regreso de los mosqueteros’ (The Return of the Musketeers, Richard Lester, 1989): habían hecho un torreón alto. El día antes del rodaje viene mi cuñado que conoce bien la casa y me dice ‘¿Cómo te has dejado hacer esto aquí? Ya sé que es para la película pero…’  no se daba cuenta de que era escayola, no pensaba que lo fuera. Genial. Las calidades que yo he visto en películas de hace 20 años, no las he visto ahora. Y que me perdonen los técnicos de ahora, que también hay gente muy buena, pero como los de antes… Ahí detrás se hizo el pueblo de ‘Don Quijote’, la serie protagonizada por Fernando Rey (7) . Si no fuera porque picabas en el decorado y sonaba hueco, colaba. Repito, para mí esos eran los artistas”.

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‘El retorno del hombre lobo’. en esta imagen puede verse la escalera y la puerta del granero de fondo.

Hablamos sobre el respeto a la profesión y de ahí la conversación derivó hacia la conservación del patrimonio cinematográfico, algo que parece no se respeta tanto como se podría:

Hace 10 o 12 años empecé a coleccionar todas las películas y series que se habían hecho aquí. Habré llegado a conseguir una tercera parte, porque hay cosas que… mira, hablaba con Juanjo Puigcorbé, que lo conozco mucho y que ha rodado aquí la serie que hizo sobre Miguel Servet8, y le decía: ‘Juanjo, lo que daría por encontrar la serie esa en DVD’ y él me decía ‘Toma, y yo’. Esa serie ha desaparecido, no se sabe bien porqué, y era una buena serie, pero no queda nada. El Ayuntamiento de Talamanca organiza cada año la Semana del Cine y el penúltimo premiado fue Juanjo. Esa conversación fue aquí donde estamos. En este país pasa de todo. Yo conozco a uno que ha trabajado en Radio Exterior de España y estaba escandalizado: llegaron allí un día,  cogieron los archivos del NODO de no sé que año a que año, hicieron una pila y les prendieron fuego. No se dan cuenta de que eso es historia”.

También hablamos de las facilidades que Talamanca ofrece para rodar, tanto en cuanto a espacio e infraestructura como en cuanto a personal:

Si quieren meter 200 camiones detrás, los pueden meter, ya que hay espacio casi hasta el arroyo. El ayuntamiento aquí no pone pegas, al contrario. Tú dices que vas a rodar, vas al ayuntamiento, pagas un canon más o menos simbólico y te cortan la calle para que no tengas ruidos. Aquí tienen facilidades de rodaje. En la Cartuja hay habitaciones que son normales que se usan como oficinas de producción, vestuario…Y no solo ya el personal técnico, los actores también se sienten cómodos porque cuando paran, o no tienen que rodar, y van a tomar una cerveza vestidos de romano nadie les dice nada. Tú puedes entrar en un bar y ver a cinco legionarios romanos y a gente del pueblo y aquí no pasa nada. Así que los actores están muy relajados. Recuerdo… no sé… en ‘Águila Roja’ preguntó Francis Lorenzo: ‘¿Dónde podemos comer por aquí?’, y se fueron a comer Francis, el chaval que hace de Águila Roja (David Janer), y el ayudante (Javier Gutiérrez), no porque el catering estuviera mal, sino porque querían ellos tres… y se fueron vestidos de romano, y aquí no ha pasado nada. Aquí la gente está vacunada (risas). Mira, yo era joven y se rodaba la versión que se hizo de ‘La Celestina’9 para televisión con Gemma Cuervo, entonces contrataron figuración del pueblo. Yo estaba de vacaciones, venía de estudiar de Madrid y me apunté. Se pusieron unas mesas representando una tasca, un tugurio, y recuerdo que a mí me tocó con otros tres o cuatro en la mesa de al lado de los protagonistas y estuvimos ahí metidos cuatro o cinco días. Sin embargo, el resto de la gente del pueblo que estaba en las otras mesas no se veía en el plano , así que se marchaban a casa, cobrando claro, pero a mí me tocó el muerto… (risas). Ahora a casi toda la figuración la traen de Madrid, porque bueno, como la tienen que dar de alta en la Seguridad Social, pues con las compañías de figuración se apañan mejor, pero antiguamente la pedían aquí. Llegaban y decían ‘Mañana hay rodaje y se necesitan 30 hombres, 20 mujeres…” Entonces, no digo ya de mi edad, sino mucho más jóvenes, raro es el que no haya rodado alguna película”.

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EL DESVÁN

Estamos, ni más ni menos donde se instaló el laboratorio del Dr. Jekyll (Jack Taylor) en Dr. Jekyll y el hombre lobo (León Klimovsky, 1971); o en el mismo lugar donde se rodaron escenas de Brujas Mágicas (1981), cinta cómica ambientada en la Edad Media con Pajares, Antonio Ozores y, entre otras actrices, Azucena Hernández y Pilar Alcón. José Carlos me cuenta una anécdota de esa cinta. En un descanso del rodaje le pregunta Mariano Ozores, el director, a su hermano Antonio que va disfrazado de monje medieval ‘¿Tienes hora?’ y Antonio, con toda naturalidad, mira su reloj y le dice la hora, a lo que Mariano añade: ‘¿Ves como eres gilipollas?’. Esto viene a cuento de algunos gazapos que se colaban en los rodajes de aquellas épocas, muchos por culpa de los figurantes:

Cuando rodaron ‘La caída del Imperio Romano’ (Anthony Mann, 1964) o ‘55 Días en Pekín (Nicholas Ray, 1963)… las de Bronston, venían por estos pueblos con autobuses recogiendo gente para llevarla a los rodajes para hacer de extra. Les decían, ‘Dejen aquí su reloj’ y nada. Así que a la hora de la verdad en las películas se ven relojes, gafas…. Se ve de todo” (risas).

Y hablando de ver de todo: “Imagínate a un chico con 14 o 15 años que llega aquí cuando no había ni revistas de despelote ni nada y  veías a una docena de señoras desnudas caminando por la galería y cosas de esas… ¡Una sobredosis! (risas). Y eso que aquí a veces había temperaturas de 16 grados bajo cero. Yo creo que a las actrices las ponían ligeras de ropa para joder, con perdón. En invierno todas en bikini, por no decir otra cosa, y en verano con abrigo de visón” (risas).

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LA BODEGA

Finalmente bajamos a la bodega. Con sus arcos en el techo y sus columnas de las que tantas antorchas han colgado. Y sobre todo sus enormes tinajas, que como me cuenta José Carlos eran para el vino que hacían los Cartujos. Estamos donde volvieron a la vida Alaric de Marnac (Paul Naschy) y Mabille de Lancré (Helga Liné) en El espanto surge de la tumba; o donde, dentro de una tinaja, Judy Geeson descubría a las víctimas de las hermanas homicidas de Una vela para el diablo; o donde se celebraban los orgiásticos banquetes de El caminante, Último deseo y El mariscal del infierno. Por allí deambularon la condesa Elisabeth Bathory (Julia Saly) y sus huestes vampíricas salidas de El retorno del hombre lobo. También los templarios realizaron en la bodega de la Cartuja un sangriento sacrificio a su extraño ídolo en La noche de las gaviotas. Y este escenario fue testigo de terrores más contemporáneos, como los vividos en El espinazo del diablo (Guillermo del Toro, 2001) o Vampyres, de Víctor Matellano, hasta ahora la última cinta de terror que se ha rodado allí.

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Aquí finaliza nuestro itinerario. Al salir, José Carlos me cuenta que, gran aficionado a la fotografía, dispone de un archivo fotográfico de los distintos decorados y rodajes que guarda celosamente. Me indica el camino para llegar a la chopera y al puente romano, señalando que por el camino encontraré el paseo del cine, donde hay un homenaje a las distintas personalidades que han sido premiadas por el Ayuntamiento de Talamanca de Jarama durante su Semana del Cine. También me informa sobre un lugar en el que comer. Agradecido me despido de José Carlos. Todavía quedaban cosas por ver y momentos que vivir en Talamanca, pero marcho sabiendo que había pisado un escenario cinematográfico de leyenda. Pura historia del cine español.

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Fotos: Serendipia

NOTAS
1.- Naschy, P. ‘Epílogo’ en Un plató de siglos. Talamanca de Jarama, escenario cinematográfico. Ayuntamiento de Talamanca de Jarama, 2007.  Pág. 166
2.- Que en 1835 obligó a la Orden a vender todas sus posesiones y abandonar la zona. Por cierto, la Iglesia tomó la decisión de excomulgar tanto a los expropiadores como a los compradores de las tierras, lo que hizo que muchos no se decidieran a comprar directamente las tierras y lo hicieron a través de intermediarios o testaferros.
3.- El más importante director artístico del cine español con dos Oscar y cuatro premios Goya en su haber
4.- Julián Martín “Julianín” comenzó a trabajar con Francisco Prosper a finales de los años 50 y rápidamente aprendió el oficio de pintor trabajando entre otras en las películas de Samuel Bronston. Ha trabajado bajo las ordenes de Francisco Prosper y Francisco Asensio para directores de arte como Gil Parrondo o Enrique Alarcón. (http://efectosespecialescinespaniol. blogspot.com.es/2012_07_01_archive.html)
5.- Emilio Ruiz del Río era uno de los técnicos de efectos especiales del cine español más importantes. Su carrera abarca multitud de títulos entre finales de los años cincuenta hasta el momento de su fallecimiento en 2007. Ha trabajado con Piquer Simón e incluso con Guillermo del Toro.
6.- El castillo abadía de Loarre es un castillo románico situado en la localidad del mismo nombre, en la sierra de Loarre, en la provincia de Huesca  (Aragón)
7.- El Quijote, de Miguel de Cervantes (Manuel Gutiérrez Aragón, 1991-92) Serie de 5 episodios protagonizada por Fernando Rey y Alfredo Landa como Don Quijote y Sancho Panza respectivamente.
8.- Miguel Servet, la sangre y la ceniza (José María Forqué, 1989) Serie de 7 episodios protagonizados por Juanjo Puigcorbé, José Luis Pellicena y Pepe Soriano.
9.- La Celestina (Juan Guerrero Zamora, 1983) Mini-serie de tres episodios protagonizados por Gemma Cuervo, Miguel Ayones, Toñi Soler y Nuria Torray.
Categorías:FANTATERROR, Paul Naschy
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