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Archive for the ‘Las lecturas de Serendipia’ Category

Llega el octavo número de ‘Cine-Bis’

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Para abordar este número de Cine-Bis que, como es habitual, ha paralizado todas las lecturas que tenía iniciadas, he realizado un experimento: no he ojeado los contenidos. Ni siquiera he dado un vistazo a las imágenes de su interior. No se lo que me voy a encontrar al pasar cada página. Ignoro los contenidos. A ver que tal…

Tras varias páginas centradas en diversas presentaciones de publicaciones amigas y cartas de los lectores, leemos el panegírico que ha escrito el director de Cine-Bis, Javier G. Romero, con motivo del reciente fallecimiento de Ramón Freixas, autor de capital importancia en el mundo de la crítica cinematográfica y literaria de nuestro país. De Freixas es, precisamente, ‘Crimen perfecto. El crimen siempre paga‘, el artículo que abre este octavo número de Cine-Bis y en el que, junto a Joan Bassa, analizan perlas de la categoría de La jungla de asfalto (The Asphalt Jungle, John Huston, 1950), Atraco perfecto (The Killing, Stanley Kubrick, 1955), Rififí (Du rififi chez les hommes, Jules Dassin, 1955) o Los dinamiteros (L’ultimo rififi, Juan G. Atienza, 1962), entre muchas otras. Y es que el tema da para mucho, tanto que contará con una continuación y conclusión en un próximo número de Cine-Bis. Sin duda un buen comienzo.

Pasamos página y…¡un Ninja!: Sí, las artes marciales han llegado a nuestra publicación y por la puerta grande. Escrito por Jesús Manuel Pérez Molina, autor de Golden Ninja Operation. Los secretos de la IFD y la Filmark, el artículo, completo, desde luego, pero quizás también un tanto farragoso, analiza el origen de estos ‘asesinos silenciosos’ en la historia del Japón, así como sus primeras apariciones en el cine nipón. Y de ahí a su participación en la saga James Bond y al todo vale de los ochenta, con ferrallas de video-club protagonizadas por Franco Nero y Michael Dudikoff. Puro Cine-Bis.

Y comienzan a llegar nuestros artículos favoritos, como la magnífica entrevista con Tonino Valerii que ha realizado Carlos Aguilar. Maravillosa. Como también lo es la segunda entrega del estudio que, también Aguilar, ha realizado de la saga del Dr. Mabuse, en esta ocasión atendiendo a sus bastardos, dirigidos por Harald Reinl, Wermer Klingler, Paul May y Hugo Fregonese. Un artículo en el que desfilan grandes nombres del cine europeo de género como Lex Barker, Karin Dor, Daliah Lavi, Gert Frobe, Peter van Eyck o Klaus Kinski. Y no cesa la felicidad, de nuevo gracias a Carlos Aguilar, con otra fenomenal y extensa entrevista (de hecho es una síntesis de tres), a Aldo Sambrell, un actor de vuelta de todo que no se calla nada…

‘Aulas conflictivas’, el siguiente artículo, es un erudito estudio sobre las películas basadas en esa temática que ha escrito el crítico Quim Casas. Desde los clásicos del género de los años cincuenta y sesenta (Semilla de maldad, Rebelde sin causa, Los jóvenes salvajes o Rebelión en las aulas) a las Serie-B de Roger Corman protagonizados por estudiantes díscolas y las de los ochenta como Curso 1984 (Class of 1984, 1981) de Mark L. Lester o su vuelta de tuerca Curso 1999 (Class of 1999, 1989) del mismo Lester. Sin olvidar las últimas muestras estrenadas en nuestras salas, como El profesor (Detachment, Tony Kaye, 2011) y Profesor Lazhar (Monsieur Lazhar, Philippe Falardeau, 2011). Delicioso, sin ánimo completista y con la solvencia que caracteriza al autor.

Con esa gozada de artículos, uno no puede más que sentir cierto desconcierto y sensación de frenazo ante los ‘perros verdes’ de este número: ‘Gorod Zero. Ciudad sin salida’, en el que Javier G. Romero analiza esta extraña y poco conocida película rusa; y ‘Oldrich Lipský. Farsa y estilo ante todo’, en el que Pablo Herranz disecciona la filmografía de este director checo. Cine extraño y desconocido para gran parte de los lectores y que gracias a estos artículos muchos descubrimos.

Y para terminar un fin de fiesta que vuelve a elevar el tono: ‘Cuerpos copiados. La clonación humana en el cine’, un tan completo como ameno estudio realizado por Pedro Triguero-Lizana en el que repasa algunos títulos harto conocidos sobre esta temática (Los niños de Brasil, El quinto elemento…) y nos descubre alguno menos popular o que se nos pasó por alto como La isla (The Island, Michael Bay, 2005) o Nunca me abandones (Never Let Me Go, Mark Romanek, 2010). Un buen artículo que tiene una parte mala, pésima, nefasta: que es el último de este Cine-Bis, así que con él quedamos a la espera, deseando que esta no se prolongue mucho y tengamos pronto a nuestra disposición una nueva entrega, la novena, de esta imprescindible publicación, que ya valdría su precio tan solo por su magnífica selección de imágenes (olvídense de fotografías cutres pixeladas o carteles de dudoso origen) y la exquisita maquetación  que la caracteriza.

Pedidos: quatermass@hotmail.com

 

Las lecturas de Serendipia: ‘Haunted Love’… Horror is in the Air

BIBLIOTECA DE CÓMICS DE TERROR DE LOS AÑOS 50: HAUNTED LOVE

Seleccionados por Steve Banes

Diábolo Ediciones. Encuadernación en tapa dura. Formato magazine, 144 páginas a todo color

¡Por fin un interesante cómic con el que refrescarse durante esta dura canícula! Y además muy indicado para esta época, en la que el amor parece estar en el aire, pues este tomo recopilatorio reúne historietas de terror de los años 50 con el  común denominador del amor. Sí amigos, 142 páginas llenas de amor. Pero el amor tal y como se entendía en los cómics de terror pre-code. O sea, con putrefactos cadáveres que vuelven a la vida para pasar toda la eternidad junto a su amado o amada; enamorados que disecan a su pareja fallecida para que les haga compañía; mandriles que se enamoran de sus dueños y se vuelven locos de celos… sí, hablamos de historias de amor condenadas a terminar mal y que abordan la necrofilia y la zoofilia junto a otras, digamos que más convencionales, protagonizadas por vampiros y muertos vivientes.

Todo ello en un tomo a todo color con páginas de buen gramaje que contiene un total de 22 historietas seleccionadas por Steve Banes provenientes de cabeceras como Journey into Fear, Mysterious Adventures,  Adventures Into the Unknown, Tomb of Terror o The Beyond, ilustradas por artistas como Gene Fauzette, Nick Cardy o Carmine Infantino  nombres que, con excepción de Infantino, han sido en su extensa mayoría olvidados. Títulos editados a rebufo del filón que había abierto William M. Gaines y sus EC Comics tras el fin de la edad de oro de los superhéroes. Unas publicaciones valientes y de gran calidad dedicadas al terror, pero también a la ciencia ficción, la crónica negra, el género bélico y otras temáticas tratadas con un enfoque que llegó a incomodar, ya no solo a las mentes biempensantes de turno, sino también a la propia industria por su osadía. Hasta que en primavera de 1954 el psiquiatra austriaco Frederic Wertham publicó The Seduction of the Innocent, un sensacionalista libro que prácticamente echaba la culpa a los cómics de toda la violencia que inundaba la sociedad norteamericana, dando pie a una investigación del comité del Senado que motivó que la propia industria se autocensurara mediante un  código, cuyo sello, a partir de entonces, se incluiría en todas las portadas de los Comic Books. Este conservador código iba claramente dirigido contra muchas de las cosas que habían contribuido al éxito de la EC y de los comics de terror en general. Vean si no: además de la prohibición de palabras como “horror” y “terror”, se prohibió la representación de sangre, violencia, lujuria y “escenas e instrumentos relacionados con muertos vivientes, torturas, vampiros, demonios necrófagos, canibalismo y licantropía“, vamos, prácticamente todo lo que el lector va a encontrar en las páginas de Haunted Love, que Diabolo Ediciones ha publicado a todo lujo, respetando los colores originales y reproduciendo estas antiguas planchas en todo su imperfecto esplendor, para que el acercamiento del lector a estos incunables sea lo más fiel al espíritu de aquellos tiempos.

Un tomo que será el primero de una serie, ya que Diábolo tiene pensado continuar editando nuevas entregas de esta linea de cómics. Sin duda una buena noticia para el lector más inquieto.

GALERÍA DE PORTADAS 

Y para cerrar este artículo, qué mejor que mostrar algunas portadas pertenecientes a los cómics incluidos en Haunted Love, todos y cada uno todavía sin el sacrosanto sello del código de censura. Posteriormente estos títulos desaparecieron o tuvieron que reconvertir sus contenidos para adaptarse a los dictados del Comic Code.


 

Las lecturas de Serendipia: Entrevistamos a los autores de ‘La hierba del estío’

La hierba del estío, segunda novela gráfica realizada conjuntamente por Raquel Lagarto y Julio César Iglesias es una de esas piezas de orfebrería con la cual podría hacerse callar a todo aquel que todavía no considere el noveno arte como literatura de pleno derecho. También una lección de narración gráfica, de delicadeza de lineas, de expresividad, de arte, que nos ha gustado tanto que hemos querido saber más sobre los autores y su obra, uno de los más claros ejemplos de la calidad y la buena salud, a nivel creativo,  con la que cuenta el cómic español. 

ENTREVISTA A RAQUEL LAGARTOS Y  JULIO CÉSAR IGLESIAS

¿Cómo nace vuestra colaboración?

Raquel: Nos conocemos casi desde la época del colegio. Por aquel entonces Julio ya escribía y yo dibujaba en la parte de atrás de las libretas, pero no nos planteamos trabajar juntos en un cómic hasta hace unos pocos años, cuando yo terminé la escuela de arte. Desarrollar algunos proyectos de los que llevábamos tiempo hablando fue un paso bastante natural, porque compartimos una visión muy similar de la narrativa gráfica y de sus posibilidades.LA

¿Qué tal funcionó vuestro primer trabajo conjunto, Mary Shelley: la muerte del monstruo?na

Julio-César: Estamos muy contentos de la reacción de la crítica y del público. Se puede decir que es una obra de estructura compleja, que exigía bastante implicación intelectual, pero bastante gente nos comentó que había llegado a emocionarse leyéndola, incluso a llorar. Nos hace muy felices haber conseguido transmitir, aunque sea en parte, la emoción que nosotros mismos sentimos al escribir el cómic y al sumergirnos en la vida de Mary Shelley y su criatura.

R: Algunas personas también nos dijeron que, tras leerse el cómic, se leyeron, o releyeron, la novela de Mary Shelley. Puede que no haya mayor halago, porque uno de nuestros objetivos era reivindicar a Mary como una gran creadora, que vivió a la sombra de su creación más famosa, pero cuyo talento merece ser recordado y reconocido.

¿Cómo surge la idea de hacer La hierba del estío?

R: Ambos tenemos un interés común en Japón, en su historia, sus costumbres, su sociedad y, desde luego, su producción cultural. Hemos viajado en varias ocasiones a Japón y siempre tuvimos en mente ambientar una historia allí. El año pasado, por desgracia, murió Jiro Taniguchi, un referente para ambos, autor de algunos de los mejores cómics jamás escritos, como ‘El gourmet solitario’, ‘El caminante’ o ‘El almanaque de mi padre’. Escribimos ‘La hierba del estío’, entonces, como un pequeño, pero muy sentido, homenaje a Taniguchi.

¿Cual es la idea central que queréis expresar con La hierba del estío? ¿Por qué escogisteis ambientar la historia en Japón?

J: La historia que queremos contar en ‘La hierba del estío’ tiene mucho que ver con las segundas oportunidades y la capacidad del ser humano para tomar sus propias decisiones, incluso en situaciones límite. Pretendemos capturar ese momento crucial en la vida de cualquier persona en el que se pregunta qué significa ser feliz. Es una historia universal y, por tanto, podría haber sucedido en cualquier pueblo del mundo, y en cada cual tendría sus particularidades. Las peculiaridades japonesas nos parecían especialmente interesantes, en parte por la riqueza que proporciona la compleja interacción entre la figura del samurái y la del campesinado. El protagonista, Sanosuke, está tan atrapado por conceptos como el honor o la lealtad como lo pueden estar los campesinos por la miseria e incertidumbre características de la vida en el campo. Encontrar el propio camino siempre es arriesgado y puede costarnos, incluso, la vida, pero siempre merece la pena romper las cadenas para intentar ser felices. Ese es el tema profundo de la historia.

¿Ha sido difícil documentarte a la hora de realizar el guión?

J: Fue bastante exigente comprobar que los rituales, las canciones o, por ejemplo, las técnicas para luchar contra las plagas, tanto las religiosas como las primeras fórmulas químicas, se ajustasen al período en el que se ambienta el relato. Raquel se encargó de documentar gran parte de la vida material del pueblo, incluyendo la cosecha, cuyos ritmos eran fundamentales para adaptar el guión al color del relato. Hay bastante trabajo de fondo también en aspectos como la vida política, la estructura social o las diversiones de la aldea, y aunque no ocupan un lugar predominante en el relato, era importante que reforzasen la verosimilitud del cómic.

¿Elegiste premeditadamente algún tipo de dibujo, técnica en concreto, color, textura… a la hora de traspasar la historia a imágenes?

R: Suelo trabajar con tinta y acuarelas, y procuro utilizar el color como un elemento narrativo más. En este caso, a diferencia del cómic anterior, los fondos tienen un papel importante a la hora de contar la historia, la naturaleza es un personaje más, así que el dibujo es más detallado que en ‘Mary Shelley’ y el entintado más jerarquizado. En ‘Mary Shelley’ toda la tinta está hecha con un mismo pincel con la intención de dar una sensación de ambiente más opresivo. Sin embargo, en ‘La hierba del estío’ utilicé diferentes calibrados y pinceles para dar más profundidad a los planos.

¿Habéis utilizado alguna influencia pictórica o cinematográfica oriental en La hierba del estío?

R: Me gusta mucho el ukiyo-e, y fue una de mis fuentes de documentación. Precisamente este verano tuve la suerte de ver en Londres una exposición con una recopilación de los trabajos de Hokusai en diferentes épocas de su vida. Sus bocetos de campesinos, soldados, gente en tabernas o haciendo labores cotidianas fueron muy inspiradores a la hora de abordar el proyecto.

J: Soy muy fan del cine de Kurosawa -incluyendo sus obras más costumbristas, como ‘Ikiru’-, de Shindo, Mizoguchi, Oshima… De hecho, una de las viñetas más importantes del cómic es un homenaje directo al baile de los campesinos de ‘Los Siete Samuráis’. También tendríamos que referirnos a la animación y a series como Saraiya Goyou o a las películas de la Ghibli.

¿Habéis quedado satisfechos con la edición de Diábolo? ¿Está teniendo ‘La hierba del estío’ una buena aceptación de crítica y público?

J: Hemos llegado a más medios que con el anterior cómic, y las reseñas están siendo muy positivas. Nos alegra especialmente que varios medios dedicados a la cultura japonesa hayan encontrado interesante nuestro cómic, y parece que entre el público también está gustando. En ese sentido, estamos muy contentos.

¿Está difícil el mercado actual de cómic en España? ¿Cómo está siendo vuestra experiencia?

R: Sólo llevamos dos cómics publicados, el primero en diciembre de 2016, y el segundo ahora en 2018, así que aún no nos ha dado tiempo a formarnos una perspectiva completa del asunto. De todas maneras, nuestra experiencia hasta la fecha ha sido muy buena. Dicen que nadie es profeta en su tierra, pero en Asturias, desde el primer momento, hemos sido muy bien recibidos y nos han llamado para participar en casi todos los eventos que ha habido. Estamos francamente contentos.

¿Nos queréis comentar algún nuevo proyecto en el que estéis enfrascados?

R: Tenemos varias ideas en cartera, pero es pronto para comentar nada.

¿Cual es el tipo de lectura (cómic o literatura) que más os gusta?

R: La verdad es que me gusta leer de todo, de García Márquez a Manu Larcenet, pasando por Abercrombie, Sienkiewicz o Rabagliati. Si está bien hecho, suele gustarme.

J: Comparto la respuesta de Raquel, cualquier tema o autor me puede interesar si hay calidad, desde Virginia Woolf, Bradbury y Ray Loriga hasta Larcenet, las Tamaki, Mark Millar o Warren Ellis.

Añadid lo que queráis.

Os agradecemos mucho haber contado con nosotros para esta entrevista y esperamos que a vosotros y vuestros lectores os haya resultado de interés.

RAQUEL LAGARTOS: Licenciada en Matemáticas y titulada en Ilustración por la Escuela de Arte de Oviedo. Ha colaborado con diversas publicaciones e instituciones locales y ha participado en varias exposiciones, entre ellas, la dedicada a Mary Shelley: La muerte del monstruo (Diábolo Ediciones) en el Salón Internacional del Cómic de Avilés de 2017.

JULIO CÉSAR IGLESIAS: Licenciado en Historia. Escritor y guionista. Ha colaborado con diversos medios dedicados al análisis literario y a la novela gráfica..

Su primer cómic juntos, Mary Shelley: La muerte del monstruo, se publicó en España con Diábolo Ediciones a finales de 2016. La hierba del estío (Diábolo Ediciones, abril de 2018) es su segunda publicación juntos. También han colaborado en el homenaje colectivo Frankenstein resuturado (Ediciones Alrevés, marzo de 2018).

Las lecturas de Serendipia: ‘Universo Twin Peaks’ (Ranas/polilla, Logia Negra, doppelgängers, tulpas, leñadores siniestros, humor-terror-surrealismo y David Bowie convertido en una tetera)

Hace unos años me enfadaba rotundamente y me sentía estafado y ultrajado cuando no entendía una película. Supongo que me atenazaba un profundo complejo de inferioridad cuando sucedía. Vamos, que pensaba que no la entendía porque sencillamente yo no llegaba. Que no daba más. Otras veces pensaba que el director se había pasado de listo o que, sencillamente, era un inepto y no había sabido contar la historia de manera coherente.

Han pasado muchos años y, sobre todo, muchas películas desde entonces. Y todavía a veces sigo pensando tras ver una película que el director es un botarate o que, sencillamente, yo no llego. Pero ya no me enfado. Y menos con David Lynch. Con este genio y su universo más abstracto –el ‘normal’ me encantaba-,  hice las paces tras ver Twin Peaks: fuego camina conmigo (Twin Peaks: Fire Walk With Me, 1992), cinta cuyo terror íntimo entendí a la perfección. Y también Carretera perdida (Lost Highway, 1997) y, sobre todo, Mulholland Drive (2001). Y no solo hice las paces con él, sino que se convirtió en uno de mis directores de cine favoritos. De acuerdo, en una primera visión de, sobre todo, las dos últimas nombradas, no me enteré mucho de que iba la cosa, pero me quedé encandilado con sus imágenes y aprendí a gozar con las visiones producidas por la imaginación desatada de David Lynch. Así que ahora, cuando me pierdo viendo una de sus más enrevesadas películas, no hay dolor: pongo el botón de comprensión en OFF y me dejo mecer por las imágenes. Y ese grado de disfrute no lo consigo con muchos directores. Es un placer y una forma de disfrutar del cine situado en otro nivel. Ya no me molesto en intentar comprender lo que el director me quiero contar o porqué suceden esas cosas tan extrañas en la pantalla. Incluso me da por pensar que que el propio director no entiende lo que cuenta o, sencillamente, no desea que el espectador lo haga. Y no me enfado. Me dejo mecer. Me dejo llevar.

Así que cuando veo algo que me resulta ininteligible y un, digamos, crítico de cine o un, pongamos, cuñado intenta explicarme, ya sea vía revista, libro o red social, lo que he visto, sencillamente no le hago mucho caso. Estoy seguro de que tampoco lo ha entendido, pero a diferencia de mí, se niega a reconocerlo porque para él eso representaría quedar a la altura del espectador medio.

Sin embargo, todo esto no significa que no lea y me documente sobre lo que me gusta. Lo hago y mucho. Pero tan solo si la información proviene de los más cualificados. Y esas voces más cualificadas casi siempre resultan ser también las más humildes. Como me parece la de  Javier J. Valencia, sin lugar a duda la persona más indicada para contarnos absolutamente TODO sobre el universo Twin Peaks. Y es que tras ver el último capítulo de la serie, que me coincidió con la edición de Universo Twin Peaks, tenía una más que enfermiza curiosidad por poner cosas en claro. Y quien mejor que Javier J. Valencia, especialista en la serie y autor del único otro libro que tengo sobre ella, para que me explicara lo que él había sacado en claro de los complejos delirios de David Lynch y Marc Frost, los cuales consiguieron que tanto la crítica televisiva como la cinematográfica exclamaran, unánimemente, que Twin Peaks: The Return fue la mejor ficción rodada en 2017.

Y por supuesto que Universo Twin Peaks no defrauda. Ofrece todo lo que el seguidor y no seguidor de la serie de Lynch y Frost pueda desear y mucho más. Javier inicia su libro analizando el complejo mundo de la televisión o, mejor dicho, de las series, como nuevo paradigma del entretenimiento, el único que podría desbancar al cine. Y es que desde que Javier escribiera en 1999 Twin Peaks: 625 líneas en el futuro, las cosas han cambiado. Y mucho. Por entonces Twin Peaks había sido una serie adelantada a su época, que tras un merecido y desaforado éxito, fue languideciendo hasta desaparecer. En otras palabras: Twin Peaks fracasó, sí, pero permaneció en la mente de sus fieles seguidores y, lo que es más importante, su influencia perduró en posteriores ficciones televisivas. Han tenido que pasar 25 años, justos los que predice Laura Palmer al agente Dale Cooper, para que ambos se volvieran a encontrar y, por medio de esta nueva e inesperada temporada, Twin Peaks ocupara su lugar como reina y pionera de ese nuevo e inabarcable orbe de series. Y ha tenido que volver con una temporada cuyos 18 episodios han conseguido dejar en actitud ojiplática al espectador, demostrando que sigue siendo la más imaginativa, libre, bella, inquietante e ininteligible ficción visual creada por un artista.

Hacía falta un nuevo tipo de espectador. Lynch y Frost no andaban desencaminados y lo han demostrado a la televisión actual, en la que el papel que juegan las series como producto de entretenimiento, es ya más popular, influyente e importante que el que puede producir el cine entre los espectadores del nuevo milenio. Pues para todo ese nuevo y viejo espectador, Lynch y Frost han preparado una bomba,  un revulsivo que no acepta comparaciones y que ha vuelto a dinamitar la ficción mediante una obra de arte que puede o no gustar, pero que definitivamente no deja indiferente. ¿Ha merecido la pena el retorno de Twin Peaks?: Rotundamente SI. ¿Debería continuar?: Rotundamente NO…o al menos hasta dentro de 25 años.

Sin embargo, el cambio en los modos de entretenimiento y el papel que jugará The Return, el tiempo lo dirá. Por el momento, Javier J. Valencia intenta poner un poco de orden en todo este desconcierto, revolviendo en los cascotes y ofreciendo al lector TODO lo que quiere saber sobre Twin Peaks. Y lo que es mejor, de manera atractiva. Nos habla, ya lo hemos mencionado, de televisión. Analiza la tercera temporada y nos narra como ha encontrado un campo abonado, un lugar ideal en el que su vuelta era esperada con auténtica ansia como pionera de ese mundo interminable de series de este nuevo milenio. Nos cuenta como se gestó lo que parecía un imposible. Analiza también los viejos episodios de la serie clásica y todo lo que le rodea. Ofrece sus tesis, personales, sobre lo que él entiende que pueden significar los diferentes enigmas. Intenta desentrañarlos pero ya avisa que lo que le gusta es ejercer de “fontanero de la continuidad”, trabajando a jornada completa para intentar atar cabos entre el pasado y el futuro. Buscando claves y nexos de unión. Y aún a pesar del ingente trabajo realizado, es posible que el autor no pueda explicarnos o hacer encajar todo. Tampoco es necesario. Uno de los atractivos, sino el más grande de Twin Peaks, se encuentra en el enigma. El misterio. Coincidimos con el propio Lynch cuando dijo: “El misterio es lo que más amo, es el magnetismo de la vida y me resulta maravilloso saber que de la mayoría de las cosas no conocemos absolutamente nada”.

El libro, impecablemente editado con el buen gusto que caracteriza a Dilatando Mentes Editorial,  no habría podido recibir mejor nombre que Universo Twin Peaks, pues en él el lector encontrará, además de un pormenorizado comentario de cada uno de los episodios y del largometraje, TODO sobre la serie: merchandising, comentarios de escenas descartadas o no rodadas del largometraje, pero incluidas en el guión; libros que se suman al canon de la serie; bandas sonoras; trading cards, curiosidades, campañas publicitarias… Y todo ello sin resultar engorroso o pedante. Pues ante todo el autor se descubre como un sincero enamorado de Twin Peaks y de todo lo que rodea a la serie. Y ese amor lo trasmite al lector gracias a su escritura ágil, que ha ganado con el tiempo desde que escribiera aquel primer acercamiento a la serie, Twin Peaks: 625 líneas en el futuro que ha sabido desbrozar añandiéndolo a Universo Twin Peaks, ampliando lo necesario y eliminando lo superfluo, ofrecieno como resultado la que sin lugar a duda ya es LA obra de referencia sobre el universo Twin Peaks.

“Todo lo que han leído ha sido mi/mis teoría/teorías sobre el final, y apuntes diversos sobre todas las puertas que abre. Pero, por supuesto, es probable que usted tenga la suya y tenga mucho más sentido que todo lo que acaba de leer: el puzle existe desde que se emitió el episodio piloto en 1990 (…)”

Javier J. Valencia

Las lecturas de Serendipia: Alan Moore despierta a la serpiente

EL LIBRO DE LA SERPIENTE

Los libros iluminados de Alan Moore

ALAN MOORE

La Felguera Editores. Encuadernación en tapa dura. 184 pág. ilustradas. 

Quizás ustedes piensen que alguien que al cumplir los 40 años se proclame mago podría ser una muestra de que ha perdido el entendimiento. Es posible que si se enterasen que este mismo individuo escogió como deidad a la que adorar a la serpiente Glycon, una especie de muppet protagonista de rituales organizados por su creador y falso profeta, el griego Alejandro de Abonutico, piensen que pudiera ser que este mago no se tomara demasiado en serio a sí mismo. Pero quizás no pensarían igual si supieran que, Alan Moore, el sujeto del que estamos hablando, escogió precisamente a esta deidad porque pensó que “Si voy a tener un dios, prefiero que sea un absoluto fraude y un títere, porque así es improbable que empiece a creer que ese títere creó el universo ni nada peligroso por el estilo”. 

Nosotros creemos a Alan Moore cuando se proclama mago y  anarquista. Porque este escritor británico ha demostrado a los incrédulos que el cómic, incluso el de superhéroes, puede ser literatura de primera si se aborda seriamente. Varias de sus obras se encuentran entre las mejores que ha dado el noveno arte, ya sea con proyectos más personales como Miracle Man (1982-89), V de Vendetta (1982-87), Watchmen (1986-87), o su etapa en Swamp Thing, como abordando personajes clásicos como Batman o el último hijo de Krypton, entre otros. En todas esas páginas y muchas más, Alan Moore dejó muestras sobradas de su genialidad. Obró pues prodigios. Pero es con From Hell (1989-99) donde el mago de Northampton comienza a adentrarse en un universo que conecta perfectamente con los dos libros que ha puesto a disposición del lector más audaz la editorial La Felguera: Ángeles Fósiles y el que vamos a presentarles: El libro de la serpiente. No en vano, el propio Eddie Campbell se encargó de adaptar e ilustrar en formato cómic The Birth Caul y Snakes & Ladders, dos de las invocaciones/representaciones de Alan Moore incluidas en El libro de la serpiente.

Sabemos que es posible que, incluso tras leer los cómics nombrados, piensen que la magia no existe. Pero nosotros sabemos que sí. Y más sabiendo que Alan Moore está adscrito a la magia más libre que existe: La magia del caos, en cuyos ritos cabe todo lo que el practicante quiera incluir ¿Runas? ¿El universo Lovecraft y sus mitos de Cthulhu? Todo lo que el mago quiera en ese momento y en ese día. Y Alan Moore cuenta con un riquísimo y atractivo cosmos del que extrae su magia: de las calles de Withechapel a la obra de William Blake; desde personajes reales y trágicos como Joe Meek o los siameses Chang y Eng a Cromwell y Arthur Machen. Y todo ello y mucho más observado por el ángel de Highbuy, con las proclamas de las sufragistas como fondo y, siempre siempre, el omnipresente Crowley dejando como testigo de su presencia la fragancia de su pipa de opio.

Todo esto y mucho más es lo que tuvo cabida en las cinco performances que conformaron El Gran Teatro Egipcio de las Maravillas de la Luna y la Serpiente, ejecutadas  entre 1994 y 2001 y en las que Moore se acompañaba de música, danza e incluso tragafuegos. Representándolas para la Golden Dawn Society o en lugares como la Tate Gallery y el Bridewell Theatre. Unas performances  que La Felguera tiene a bien reunir, por primera vez en castellano, en un lujoso volumen que ha contado con la supervisión del mismísimo Mago del Caos y con el que nos contagiaremos de la pasión de los textos que allí fueron leídos y de la envolvente prosa poética de Moore, en la que mezcla tiempo y espacio; ficción y realidad; poesía e historia. Caos. Anarquía. Magia. Todo ello regado con fascinantes imágenes que ha seleccionado con mimo La Intendencia de La Felguera, ilustraciones realizadas ex-profeso para este libro por Mario Rivière y una introducción, e impecable traducción/adaptación, de Javier Calvo. Y todo ello, muy importante, impreso en un papel de gran calidad que convierte este libro en un objeto de culto por sí mismo y en una obra fundamental para el lector más inquieto.

¿Todavía no creen en la magia?

ISBN: 978-84-948305-1-8 | Colección Zodiaco Negro | Cubierta por Mario Rivière | Traducido y prologado por Javier Calvo | 184 páginas | 23 euros | Tapa dura | 200 x 240 mm.

 

Las lecturas de Serendipia: ¡Qué modernos fuimos en los 70!

¡QUÉ MODERNOS FUIMOS EN LOS 70¡

Moda, música, juguetes y otras extravagancias de la década prodigiosa

GUILLEM MEDINA

Diábolo Ediciones. Encuadernación en tapa dura. 288 pág. Repletas de ilustraciones a todo color. 

Antes de nada avisar de que, cuando se enfrasquen en el multicolor universo de los setenta que nos propone Guillem Medina, no deben ser exigentes en cuanto a la profundidad de campo abarcada. Lo que nos propone este último monstruario pop editado por Diábolo Ediciones es un viaje al kitsch que dejó tras de sí esa década, representada en especial por su desmesurada moda, pero también por los objetos pop más variados y, naturalmente, la música, el cine y la televisión.

¡Qué modernos fuimos en los 70! es un libro en el que prima la imagen, marca de fábrica de la editorial, pero también incluye un un texto explicativo. Especialmente indicado para todos aquellos que no vivieron aquella época, que posiblemente alucinarán ante los modelitos que nuestras madres nos obligaron a lucir, el libro les ayudará a entender nuestro actual estado mental y porque muchos de nosotros terminamos, en los ochenta, metidos en tribus urbanas de diferentes pelajes. Pero, por supuesto, también servirá el libro de Guillem Medina como repaso (¡Oh, no!) para nostálgicos que quieran sumergirse en aquellos tiempos.

Medina mantiene al principio cierta cronología en sus páginas, partiendo de los sesenta del Swinging London, Twiggy y Mary Quant para meternos, sin anestésicos y de cabeza, en un universo en el que ocupan el mismo espacio Las Grecas, los pantalones de pata de elefante, el cine quinqui, el Glam, Leif Garrett o la Jet Set marbellí, todo puesto a lo loco, sin demasiado orden ni concierto, con sus imágenes a-saltándonos a la vista con tan solo girar una página, algo que, por otra parte, en nuestra opinión y tratándose del tipo de libro que es, representa  un factor sorpresa que añade emoción y encanto a la obra.

El libro, al no ser una obra detallada sino tan solo una amplia panorámica, colorista y canalla, eso si, puede servir para que el lector se anime a profundizar en los diferentes aspectos que hicieron de esta época una de las más olvidables en cuanto a estética se refiere.

El libro contiene algunas entradas que debieran haberse excluído por ser más  representativas de otras épocas, como la dedicada a la musa Edie Sedwick (¡murió en 1971!); o a Teresa Gimpera, cuya época más pop y recordada se desarrolló en los sesenta de Bocaccio y de la Escuela de Barcelona; o el muy 60’s look de Mia Farrow en La semilla del diablo (1968); o las referencias al Pop-Art, movimiento artístico que vivió su época de máximo esplendor a mediados de los sesenta  pero, ya les advertimos que no fueran muy puntillosos a la hora de juzgar esta obra, pues no está en su ánimo el resultar definitiva sobre aquellos años ¡Mucho nos tememos que habrá más! Eso sí, el libro también sirve para demostrar los conocimientos que tiene el autor sobre moda y juguetes, pues estos, en especial las muñecas, tienen un gran protagonismo en el libro, aunque sea en detrimento de otros muchos juegos que hubo en aquella época.

¡Qué modernos fuimos en los 70!, que cuenta con un destacable prólogo de Plàcid García-Planas, también contiene, en nuestra opinión, algún pequeño gazapo visual, como algunas imágenes pertenecientes a DVD o CD en lugar de a pósteres y discos originales; o fotografías con marcas de agua de populares portales de venta de segunda mano que podrían haberse disimulado con facilidad; o una imagen de un Madelman karateka que… nunca existió, al menos más allá del prototipo o de las buenas manos del aficionado mañoso.

Pero son minucias en un universo plagado de Blaxploitation, peinados imposibles, ponchos de labores de punto, Georgie Dann, David Bowie y musas del destape ibérico, entre otras monstruosidades,  hasta llegar ¡Bendito sea! al Punk, que trajo tras de sí (aunque con su influencia marcada), la New Wave, el Power-Pop… y lo que nos ofrecieron los años ochenta, también con sus propios monstruos y fantasmas.

Por lo pronto embarquen, junto al prolífico Guillem Medina y de la mano de Diábolo Ediciones, en ¡Qué modernos fuimos en los 70! un viaje al pasado más multicolor, en una nueva entrada en este universo nostálgico que a unos fascina, a otros deleita, a otros aburre, pero a todos, a todos, sorprende.

¿Quieres un chicle? de Vicente Pizarro, el libro que huele a fresa

¿QUIERES UN CHICLE? REGALOS Y SORPRESAS CON SABOR EXTRALARGO

VICENTE PIZARRO

Diábolo Ediciones. Encuadernación en tapa dura. 

Parece que hay cierto acuerdo en querer demostrar que cualquier tiempo pasado fue mejor a base de traer de vuelta la televisión de nuestra niñez o la música de nuestra juventud. Personalmente no creo que así sea. El pasado es el pasado y conviene mirar hacia adelante porque, sobre todo, se tiende a recordar lo bueno de nuestra niñez y olvidar todo lo malo, que lo hubo y en abundancia. Santones de la nostalgia se esfuerzan en clamar las ventajas del VHS respecto al  DVD como si hubiera punto de comparación en cuanto a calidad (algo que sí sucede entre vinilo y CD) y no fuera mucho mejor disfrutar del cine digital. Ventajas que no están en el sistema en sí, sino en que aquellos cacharros y cintas le traen de nuevo la ilusión de descubrir y ver por vez primera todas aquellas películas. Una experiencia que, por otra parte, no se puede repetir por muchas veces que se ponga la misma película en el mismo viejo magnetoscopio. Los video-clubs  y toda aquella época finalizó como se terminó el cine de los domingos como única posibilidad de distracción de nuestros padres o de los que tenemos ya los cincuenta. Y, entre otras cosas, porque se ha enriquecido con otras propuestas.

Pero si de algo sirve todo este viaje al pasado, esta nostalgia, es que al menos se editan algunos trabajos de investigación tremendamente pop que no podrían haberse afrontado de no haber este interés general por todo ello. Libros como los dedicados a Editorial Novaro, al merchandising español de La Guerra de las Galaxias, a la muñeca Nancy o a programas televisivos como Un, dos, tres, responda otra vez no se hubieran escrito o no se hubieran publicado de no haber todo este interés en el pasado más próximo, así que, como toda moda, hay que aprovechar lo bueno que deja tras su paso y entre ello se cuentan varios de los libros que Editorial Diábolo dedica a la cultura popular y que, realizados por coleccionistas y estudiosos con auténtico afán completista y espíritu de catálogo, se están publicando. Libros en los que, como no podría ser de otra forma, predomina la imagen.

Uno de los más curiosos que ha editado y con el que más ha disfrutado el que todo esto les cuenta es el dedicado a los cromos y obsequios que se daban con la bollería industrial que, en muchos casos, no estaban al alcance del escolar medio de bocadillo en recreo. Muchos envidiábamos a nuestros compañeros cuyas madres (quizás menos dedicadas que las nuestras), compraban Grisines de Panrico, Bonys de Bimbo, o Phoskitos de Cropán a sus hijos. Pero les mirábamos con envidia, sobre todo,  por el cromo que salía. Así que cuando Vicente Pizarro reunió todas aquellas colecciones en su libro ¡Andá!, la merienda… no pudimos más que celebrarlo.

Pues bien, ahora el mismo autor ha afrontado, con idéntica meticulosidad,  las colecciones de cromos y objetos que ofrecían las diferentes marcas de goma de mascar. Huelga decir que a nuestras madres, velando siempre por la salud de sus pequeños, no les gustaba nada que comiéramos chicles. Como tampoco agradaba a muchos profesores el efecto de rumiante que ofrecíamos. O las pompas que los más diestros hinchaban. Ni a donde iba a parar una vez agotado su sabor… Así que completar una colección de cromos era una labor titánica por no decir imposible, por lo que resulta más que interesante poder ver, en ¿Quieres un chicle?  todas estas colecciones.

Vicente Pizarro enumera las diferentes marcas de goma de mascar que estuvieron a la venta desde los años 70 hasta la actualidad, y a continuación las colecciones que ofreció cada una de forma cronológica: Bazoka, Cheiw, Dunkin (la marca estrella por sus figuritas de Lucky Luke, Asterix y Looney Tunes, entre muchas otras), Dubble Bubble… gracias a este libro algunos hemos podido descubrir que existió un chicle Pulga y Linterna (¡Con más de 22, 22, 22 adhesivos!) y  otros como Robocop, Kung-Fu y, el más bizarro, Sabrina, dedicado a la cantante que tantos despertares sexuales causó en aquella Nochevieja de 1987.

El libro cuenta, además de con infinidad de imágenes a todo color de todas las colecciones y sus álbumes, con ejemplos de pósteres y objetos promocionales, propaganda, envoltorios, todo ello hilvanado con un texto explicativo que detalla, además, la historia de las diferentes empresas fabricantes. En resumen: otro loable trabajo de arqueología pop publicado por Diábolo Ediciones en el que tan solo se echa en falta, puestos a ser exigentes, que hubiera incluido una introducción explicando la historia y el origen de tan llamativa golosina, cuyo aroma el lector también podrá rememorar y saborear con el libro, pues sus páginas huelen, y casi saben, a chicle de fresa, lo que añade otro aliciente a este auténtico viaje sensorial a otra época.

 

 

 

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