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Las lecturas de Serendipia: ‘Los Estados Divididos de Histeria’

17 septiembre 2019 Deja un comentario

LOS ESTADOS DIVIDIDOS DE HISTERIA

Howard Chaykin

Dolmen Editorial, 2019. Encuadernación en tapa dura.  21×29. Color. 160 páginas.

Sinopsis: EE. UU. ha pasado por cuatro años de crisis económica que han culminado en el asesinato del Presidente y de todo su gabinete, un presidente despreciado dentro y fuera del país cuyo mandato solo exacerbó una situación social, política y económica que parecía no poder ser más desastrosa…

Es en ese ambiente en el que el agente de la CIA Frank Villa, adúltero y ególatra, descubre un complot para convertir Washington DC en un páramo nuclear… y comete un terrible error que acaba por sumir el país, y su propia vida, en un infierno aún mayor.

La única forma que tiene de enmendarlo un poco es recurriendo a cuatro criminales de la peor especie, condenados a cadena perpetua sin condicional.

Estamos ante una obra densa, confusa. Que merece más de una lectura para comprenderla en toda su integridad. Como la situación que refleja. Una situación no demasiado alejada de la que vivimos actualmente. Puede que incluso más fácil de entender y menos compleja. En Los Estados Divididos de Histeria Chaykin lleva al extremo aquella máxima de que la política hace extraños compañeros de cama, y lo hace con tal maestría que el lector adulto y maduro al que va dirigida la obra no se extrañará de las diferentes combinaciones de aliados que formarán los frentes de esta guerra. Una guerra declarada en la que el que posee la información -o la desinformación- tiene el poder. Y Howard Chaykin, como autor comprometido con su tiempo, combate la situación con las armas que tiene:

El deber de un artista es mostrar la realidad tal y como la ve, por muy desagradable que sea. Su deber es ofender si es necesario. Nunca se callará para no ofender a mentes débiles, incapaces de afrontar la dura realidad. Esa es la clase de gente que piensa que una portada concebida para estremecer al lector es en realidad una apología de la extrema derecha.

A sus 68 años Chaykin podría vivir plácidamente de su fama, labrada con míticas colaboraciones con las dos grandes majors, Marvel y DC, en las que ha dejado obras prestigiosas y conocidas por todo lector medianamente serio de cómics. Memorable entre todas ellas es, por ejemplo, aquella Conexión Escorpio que reunió a Lobezno y Nick Furia. Pero su consagración llegaría  en los años noventa con la serie American Flagg (1983-86) y, sobre todo, Black Kiss (1988-89) que nos descubriría un Chaykin autor total y con la que conocería ya el poder de la censura, del que este Estados Divididos de Histeria tampoco ha estado exento, pues una de sus portadas tuvo que ser cambiada, como explica detalladamente el propio autor en el tomo.

Apasionante, con una narrativa muy cinematográfica  y una libertad creativa de lo más saludable, esta magnífica obra maestra, que ha editado de manera lujosa Dolmen Editorial, merece ocupar un puesto de honor en la biblioteca de todo amante de la buena literatura que viva preocupado por el ascenso de los populismos de carácter fascista que están teniendo lugar en diferentes partes del mundo ante la casi total indiferencia de todos. Una pesadilla que, a pesar del tono de su obra, ni el mismo autor pensaba que terminaría siendo casi profética.

“Escribí y dibujé Los Estados Divididos de Histeria suponiendo que Hillary Clinton ganaría la presidencia, y que Donald Trump empujaría a sus partidarios a la violencia y la agitación social. 

No imaginaba que Trump ganaría las elecciones, y que, al ganarlas, permitiría y empoderaría una mentalidad de linchamiento que solo estaba esperando una oportunidad para retomar el mundo en nombre de la  supremacía blanca, y devolver al fascismo su puesto como potencia internacional.

Por supuesto, Estados Unidos no es la única que saluda el regreso del autoritarismo, el fascismo, el racismo y el nacionalismo… y vuelven a recordarme una infancia pasada escuchando a esos antiguos veteranos de las Brigadas Internacionales que sobrevivieron a la Guerra Civil española, y vuelvo a desesperar” 

 

 

Cita ineludible con el mejor ‘Cine-Bis’

Los hijos le están dando muchas satisfacciones a Javier G. Romero. En mayo de este mismo año durante la XXV edición del festival FANT de Bilbao, del que fue creador, recibió un merecido reconocimiento en forma de Fant de Honor. Su hijo mayor, la publicación especializada en cine fantástico y terror Quatermass, ha cumplido el cuarto de siglo (¡25 años ya!), y su hermano pequeño, Cine-Bis, puede presumir de nueve magníficos números en su haber, el último de los cuales acaba de salir a la venta con un extenso artículo sobre la labor que Javier ha desarrollado por amor al cine. Porque que se desengañen los que piensen que se puede hacer dinero publicando fanzines, escribiendo sobre cine u organizando modestos festivales. No, todo esto se hace por amor, y cuando se hace así, se nota en los resultados. Javier repasa en el artículo toda su actividad: fanzines, proyecciones, programas de radio, un festival que le fue arrebatado justo cuando comenzaba a caminar solo, artículos robados por sobrinos de golpistas… Pequeños y grandes momentos. Unos dulces y otros agrios, pero que reflejan  todo el cariño, trabajo y dedicación puesta en ello: ahí están los números antológicos de Quatermass, bibliografía obligada para todo estudioso del cine fantástico que se precie; el festival Fant de Bilbao, creciendo de manera exponencial año tras año; y Cine-Bis, la mejor publicación estatal sobre cine.

Todo ello en un número, el noveno, muy especial para Serendipia, pues Operación Dragón (Enter the Dragon, Robert Clouse, 1973) es una de nuestras películas de cabecera, así que con esa magnífica portada ya nos tenía más que ganados. Pero más allá del inolvidable póster de Bob Peak, el artículo que se ha marcado el propio Javier sobre el film es mucho más que una reseña, en él repasa la vida y obra del Pequeño Dragón, aportando datos poco o nada conocidos sobre el rodaje de su obra maestra.

Otro artículo que personalmente nos ha llegado bien hondo ha sido el dedicado al cine sobrenatural de los años cuarenta. Y ha sido así porque es un tema que nos ha interesado íntimamente desde hace unos años. Ese fantastique amable que muchos no incluyen casi como cine fantástico y que comprende un buen puñado de joyas provenientes de todas las cinematografías. Nos interesaba tanto el tema que nos planteamos escribir largo y tendido sobre él, recopilando toda información y cinta. Y no fue fácil, pues es un temática que, como pudimos comprobar, apenas interesaba a nadie, motivo este de que aparcáramos el proyecto. Un tema que les aseguramos da para mucho y que Juan Carlos Vizcaíno ha desarrollado en su articulo, centrándose en una época muy concreta: los años cuarenta en Estados Unidos, o lo que es lo mismo, durante la II Guerra Mundial.

Este número también cuenta con dos entrevistas. Dos grandes entrevistas, pues es difícil no disfrutar con la elocuencia y simpatía del recientemente desaparecido José Luis Merino, ni con la profesionalidad y humildad del gran Herbert Lom. Dos aportaciones de David Pizarro y Carlos Aguilar, respectivamente.

De entre los artículos destaca una extensa aproximación a la carrera de John Hough realizada por Tonio L. Alarcón; la segunda entrega dedicada al golpe perfecto y que se centra en las aportaciones norteamericanas al tema, gentileza del siempre eficaz José Luis Salvador Estébenez; un acercamiento pormenorizado al revalorizado Spaghetti Western analizando la saga -oficial y bastarda- de Sartana, escrito por José Manuel Romero Moreno y, finalmente, la primera entrega de cine y toros, una faena realizada “mano a mano” entre Ángel Comas y Javier G. Romero, que introduce al lector en la extensa filmografía que ha ofrecido esta entente. Y no únicamente en España. Esta primera entrega se centra en el cine silente, analizando y descubriendo apasionantes piezas, algunas desaparecidas irremediablemente y otras poco conocidas. Toda una delicia para el estudioso sin prejuicios que guste de la arqueología cinematográfica.

Y todo ello con el magnífico diseño que caracteriza esta publicación (¡Oh, negro sobre blanco!) y la fantástica y abultada selección de imágenes (¡590!), por las que ya valdría la pena adquirir Cine-Bis. Tan solo debemos señalar una nota negativa, y es que a pesar de su extensión (228 páginas a todo color), su lectura es tan apasionante que se devora en un suspiro

¡Muchas felicidades a Javier por 25 años de pasión cinéfila y trabajo bien hecho! Si se atreve con 25 más, nosotros seguiremos otros 25 encantados.

Biblioteca de Cómics de Terror de los años 50: Zombis

BIBLIOTECA DE CÓMICS DE TERROR DE LOS AÑOS 50: ZOMBIS

Seleccionados por Steve Banes y Craig Yoe

Diábolo Ediciones. Encuadernación en tapa dura. Formato magazine, 144 páginas a todo color

Por fin llega una nueva entrega de la Biblioteca de Cómics de Terror de los años 50 que edita Diábolo Ediciones, una lectura adictiva que en esta ocasión dedica sus páginas al monstruo por excelencia del siglo XXI: el zombi. El muerto andante. Y ese simpático e inquieto cadáver protagoniza las 17 terroríficas historias de este tercer tomo de gloriosos cómics clásicos seleccionados por Craig Yoe, ganador de un premio Eisner, y Steve Banes, propietario del famoso blog The Horrors of It All. Ambos han revuelto entre los sepulcros, apartando gusanos y otras liendres y quitando mortajas para desvelar las mejores historias seleccionadas de viejos y raros cómics pre-code como Adventures Into The Unknown, The Beyond, Blac Cat, Dark MysteriesEerie, que no hay que confundir con el más famoso y posterior editado por Warren. Ofreciendo autores de la talla de Wally Wood, Gene Colan, Jack Cole o Basil Wolverton, todo ello en un magnífico tomo que muestra aquellas historias tal y como se publicaban, con el color original, pues las reproduce directamente de las páginas de los cómics. Pero no solo eso, este tercer tomo presenta una agradable sorpresa, pues incluye dos historietas reproducidas directamente de los o originales entintados en blanco y negro. Dos auténticas piezas supervivientes pertenecientes a la colección de Bill Leach que permiten admirar los delicados trazos de los ilustradores, Vic Donahue y Al Eadeh, trazos que en muchos casos quedan sepultados ante el color y sus tramas, tal y como podemos comprobar, por ejemplo, en la historieta Ken Shannon, ilustrada por un casi irreconocible Reed Crandall, cuyo talento afloraría en todo su esplendor primero en EC y más tarde en Creepy.

En cuanto a las historias, tenemos vudú, mucho vudú, pues antes de que George A. Romero abriera la puerta a los zombis degustadores de vísceras y cerebros, este era el zombi habitual, el tradicional, que tan bien supo llevar el cine a las pantallas ya desde tan temprana fecha como 1932 con White Zombie de Victor Halperin, con un inolvidable Bela Lugosi, a la que siguieron algunas cintas menores, en su mayor parte de serie B, hasta culminar con la gran obra maestra pre-Romero: Yo anduve con un zombie (I Walked with a Zombie, 1942) de Jacques Tourneur. Pero aquí hemos venido ha hablar de un magnífico libro repleto de cadáveres mugrientos que regresan de la tumba para vengarse, como en La criatura del mar y La cripta de los muertos vivientes; o de difuntos que deberán enfrentarse a detectives  e investigadores aguafiestas como Ken Shannon y Purple Claw; o periodistas y escritores que en busca de historias lúgubres meterán sus narices en lugares prohibidos, como sucede en La misión de las almas perdidas y Experto en los no muertos.

El volumen se completa con dos introducciones de Yoe y Banes y un buen puñado de putrefactas portadas de cómics, auténticas reliquias reproducidas a toda página e ilustradas por Lee Elias, Frank Frazetta o Basil Wolverton, este último todo un precedente de los cómics underground de los setenta.

Es posible que alguna de estas historias le resulte familiar a los lectores más talluditos, y es porque fueron publicadas por una de las editoriales antepasadas de Marvel, Atlas, y recicladas como complemento de los cómics Marvel editados en España por Vértice, así como en las colecciones de terror que la misma editorial barcelonesa lanzó en los años setenta, como Fantom y Espectros.

Escalofriantes relatos que poco después sufrirán el peso de la censura, como ya explicamos cuando comentamos el primer tomo de esta colección, y que daría al traste con todo este imaginativo terror, unas veces tétrico, otras naíf, pero siempre entrañable de aquellos viejos cómics que Diábolo Ediciones pone a disposición de los lectores españoles en cuidadas ediciones de corte temático que sin duda ayudarán a combatir la canícula que se nos viene encima. Y prepárense, porque el siguiente tomo también estará repletos de muertos andantes, pero de otro tipo. No se pierdan Biblioteca de Cómics de Terror de los años 50 Vol. 4: ¡momias!

Las lecturas de Serendipia: La divina comedia de Oscar Wilde

LA DIVINA COMEDIA DE OSCAR WILDE

Javier de Isasi

Astiberri Ediciones, 2019. Encuadernación en tapa dura. 376 pág. 15×21 cm. Color. 

 

Oscar Wilde fue un genio que dejó varias obras maestras para la posteridad, entre ellas su propia existencia. Una existencia repleta de anécdotas y momentos felices que finalizó en olor de malditismo. Condenado a dos años de prisión culpable de indecencia grave, tras su liberación partió inmediatamente para Francia, donde escribió su última obra La balada de la cárcel de Reading. En noviembre de 1900, dos años después de salir de la cárcel y a la temprana edad de 46 años murió, sumido en la total indigencia y el alcohol.

Ahora, Javier de Isasi recompone, con dosis de fantasía y admiración, los últimos días del poeta. Días oscuros en los cuales Wilde ya era la sombra de su pasado. Incapaz de escribir y mantener la joie de vivre que le caracterizó como personaje de moda en el Londres de antaño. Con él nació la modernidad y con su muerte se inició el siglo XX.

Por las páginas de La divina comedia de Oscar Wilde desfilan nombres clave de la literatura como Paul Verlaine, Arthur Rimbaud, los hermanos Antonio y Manuel Machado o André Gide, además de otros personajes de la bohemia parisina como el artista Toulouse-Lautrec. Todos ellos y muchos más entran y salen libremente de las viñetas de Javier de Isasi sin necesidad de pedir permiso, pues el autor no las delimita con lineas, dando todos ellos voz al autor irlandés, cuya dolorosa decandencia traspasa las páginas, traspirando desde cada página del tomo y llegando al lector, hasta su fallecimiento, en compañía de uno de sus amantes más fieles que será el encargado, además, de hacerle su último retrato.

Javier de Isasi realiza un trabajo ágil, de lectura apasionante, intercalando entrevistas con varios de los personajes que compartieron los últimos días del escritor, añadiendo anécdotas y vivencias que contribuyen al cariño que sentimos por su figura, desgastada por el alcohol, sombra de lo que fue pero, todavía, manteniendo esa dignidad que distingue a los grandes genios.

Javier de Isasi, que ya adaptó al noveno arte y también para Astiberri El retrato de Dorian Gray, ha tardado cinco años en finalizar esta magnífica obra, con un mimo que se nota en cada una de sus páginas ilustradas con un trazo suave que contiene momentos altamente sugerentes y poéticos en los que deja que sean las imágenes, sin ningún tipo de texto, las que narren todo, como ese momento en el que, con el fin cercano, el poeta atraviesa el espejo y viaja a su pasado y presente. O ese final, antológico y perfecto, que cierra el tomo y que pone en imágenes aquello de que la vida es puro teatro.

Pero hay más. El libro cuenta con una introducción de una de las mayores, sino la mayor, eminencia sobre Oscar Wilde que hay en España, Luis Antonio de Villena, que ofrece acertadas observaciones sobre la obra. Finalmente se han incluido unos útiles apéndices con apuntes biográficos sobre Wilde, una galería de los personajes que aparecen en el libro, así como bibliografías.

Una obra que ejemplifica cuan cercanas están la literatura y el cómic y como este puede ser un vehículo perfecto para contar vidas literarias, como la de Oscar Wilde o, en Astiberri también, la de ese otro genio irlandés que fue James Joyce y que tan bien recreó Alfonso Zapico en el también recomendable Dublinés.

Escribí cuando no conocía la vida. Ahora que entiendo su significado, ya no tengo que escribir. La vida no puede escribirse; sólo puede vivirse.

Oscar Wilde

 

Las lecturas de Serendipia: ‘Dracula’ de Mike Mignola y Roy Thomas

En 1992 se estrenaba Bram Stoker’s Dracula, monumental homenaje de Francis Ford Coppola más que a la propia novela del escritor irlandés, al universo cinematográfico creado por las diferentes versiones que sobre el personaje rodaron desde F. W. Murnau a John Badham sin descuidar, naturalmente, a Tod Browning y Terence Fisher.

La película agradó y desagradó por igual, pues si bien por un lado era visualmente rica y respetaba el modelo epistolar de la novela, por el otro la traicionaba a lo grande mostrando al vampiro como un ser enamoradizo y pasional, algo que el personaje original no lo era ni por asomo, poniendo además en su boca (o mejor dicho, en la de Gary Oldman), algunas frases que han pasado a engrosar el museo de los horrores. Pero en todo caso y dejando al margen la escasa fidelidad al texto original algo, por otra parte, habitual en todas las adaptaciones de la novela de Stoker a la pantalla, creemos firmemente que el tiempo ha tratado bien la cinta, poniéndola en su lugar entre las mejores versiones del mito.

Un año después de su estreno, la película de Coppola fue adaptada al noveno arte por un equipo compuesto por el dibujante Mike Mignola y el guionista Roy Thomas y publicado en formato miniserie de cuatro números por Topps Comics con una tirada, sino limitada, si bastante reducida. El resultado fue magnífico. Soberbio. Pues ambos creadores resultaron ideales para convertir esa adaptación en mucho más que una copia rotoscópica del filme. De hecho Mignola había participado en la producción cinematográfica, por lo que captó en sus viñetas la atmósfera del filme, enriqueciéndola con la oscuridad que tan bien sabía desplegar, tal y como había demostrado en su magistral interpretación del hombre murciélago: Gotham by Gaslight (Batman. Luz de gas, publicado en 2003 por Norma), trazo que confirmaría en su creación maestra, Hellboy, y en otros comics como el reivindicable The Amazing Screw-On Head (El asombroso cabeza de tornillo) publicado también en España, al igual que la serie Hellboy, por Norma Comics. Pero el trabajo de Mignola en Drácula resulta de especial importancia, pues tanto el dibujo como la atmósfera fueron, sin ningún género de duda, un punto de partida para Hellboy.

Roy Thomas, por su parte, tiene su nombre unido al sello Marvel desde los años sesenta, donde ha realizado sobre todo guiones para personajes de espada y brujería como Red Sonja, Salomon Kane y,  especialmente, Conan, así que está habituado a las atmósferas sobrenaturales. Además,  no sería esta la primera ni única ocasión en la que se toparía con el no muerto, pues participó tanto en la serie Drácula Lives! de Marvel en los setenta como, posteriormente y junto a Esteban Maroto, en Dracula: Vlad the Impaler (2019), donde volvería a encontrarse con el personaje histórico que inspiró a Bram Stoker.

El Dracula de Topps salió en España en forma de tomo de la mano de Ediciones B, y al igual que en el resto del mundo, no pudo volver a ser editado desde entonces por problemas legales, provocando que se convirtiera en uno de los comics más buscados y cotizados por los coleccionistas, algo que afortunadamente se ha visto solventado con la lujosa edición que ha efectuado Norma tan solo unos meses después de que lo hiciera IDW en Estados Unidos.

Editado en tapa dura, con lomo de tela, un tamaño bastante más grande que el habitual y un papel excelente, que destaca aún más los cortantes contrastes entre el blanco y negro, entre la luz y la oscuridad con la que Mignola tiñe la historia, ya serían estas características más que suficientes como para considerar la edición de Norma mucho más que una simple reedición. Pero sin duda lo que la hace especial es que, al igual que la versión americana, ha sido reproducida en blanco y negro y no en color, como el original, dando una nueva dimensión al productor acercándolo a los viejos cómics de terror de Warren, que tantas alegrías dieron al aficionado, así como al mejor cine clásico, en el que como hemos señalado, se inspira la cinta de Coppola.

Personalmente somos de la opinión de que el blanco y negro sienta de maravilla a la historia. Las líneas de Mignola y sus manchas de negro resultan más impactantes, ofreciendo una experiencia más intensa al lector. Lector que si a pesar de todo prefiere tener el álbum en color, tan solo deberá ser paciente, pues al parecer también se editará de esa forma en un futuro.

El propio Mignola celebra esta nueva edición de Drácula:

“No puedo expresar qué alivio es poder volver a editar este cómic. La gente ha estado preguntando por él durante años, más que cualquier otro cómic mío, y sinceramente pensaba que no iba a ser posible ver una nueva edición, pero aquí llega. No suelo ser fan de mis antiguos trabajos, pero creo que éste se sostiene por sí mismo. Dejando de lado que estaba adaptando una película (lo cual tiene su propio abanico de problemas), creo que hay algo de buen dibujo y narrativa en él. Es una de las pocas viejas obras de las que estoy bastante orgulloso”.

Cada plancha del álbum merece ser vista detenidamente, disfrutada. Además, el libro incluye algunas fotocopias realizadas por el encargado de entintar el trabajo de Mignola, John Nyberg, efectuadas antes de realizar su trabajo y que servirán para admirar el trabajo a lápiz del artista.  También podremos disfrutar de los originales de algunas de las portadas de los comic book de Topps.

En resumen, una pieza que no debería falta en la biblioteca de todo aficionado serio al cine fantástico y al menor cómic y que gracias a Norma Comics vuelve a estar disponible.

Las lecturas de Serendipia: ‘Robots de cine. De María a Alita’

ROBOTS DE CINE

DE MARÍA A ALITA

Jordi Ojeda

Diábolo Ediciones. Encuadernación en tapa dura. 304 pág. repletas de ilustraciones en blanco y negro y a todo color. 

Que todo un doctor en ingeniería industrial con Máster en Producción Automatizada y Robótica escriba un libro de cine no debería espantar al lector, pues Jordi Ojeda es también un apasionado del cine fantástico y de terror, y como docente que es, está habituado a hacerse entender. Robots de cine, primer libro no técnico que escribe, posee una prosa ágil, con un lenguaje preciso pero cercano al lector, que ayudará y, lo que es mejor, motivará al profano a adentrarse en tan extenso como apasionante universo.

Didáctico y repleto de datos, la obra está mucho más allá de el clásico listado de películas al haber optado el autor por dividir el libro en diferentes capítulos temáticos. Arranca con entradas dedicadas a los autómatas, antecedente del robot, descubriendo un mundo cuanto menos fascinante; continuando con un acertado repaso a las leyes de la robótica, lo que obliga al lector a adentrarse, de manera superficial pero eficiente, en los universos literarios de Asimov, Bradbury o Philip K. Dick; pasando de los primeros robots cinematográficos y televisivos a los modernos androides y ciborgs. De Robby, B9 y Klaatu a C3PO y Alita. De Metrópolis (Fritz Lang, 1927) a La momia azteca contra el robot humano (Rafael Portillo, 1958). Todos estos ingenios más o menos elaborados, más o menos aparatosos, más o menos creíbles. Todos, tienen su espacio, ocupado de manera natural, en las páginas de Robots de cine. Un libro de lectura ágil y cómoda, al estar dividido, como hemos señalado, en capítulos no demasiado extensos, algunos de los cuales ha utilizado el autor para hablar detenidamente sobre películas fundamentales dentro del tema que está tratando, como 2001: una odisea del espacio (2001: A Space Odyssey, Stanley Kubrick, 1968), La guerra de las galaxias (y sus derivados más o menos afortunados) o Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979). Sin olvidar el campo de la animación.

Cíborgs, exoesqueletos, drones, ginoides, robots orgánicos, realidad aumentada… encontraremos mucho más que robots en las páginas de este libro que, como es natural, también plantea las eternas dudas morales que conlleva la coexistencia del individuo con estas máquinas hechas a imagen y semejanza de su creador. La extrañeza y el denominado valle inquietante que sin duda estamos destinados a experimentar. Y es que, como bien dice el propio autor en el preámbulo de su libro, “no es un sueño, ya estamos viviendo en la era de la robótica“, así que hay que estar preparado y no se nos ocurre mejor forma de hacerlo que de la mano de un autor que, además, sabe muy bien de lo que habla: de robots y de cine.

 

‘Nuevas Hazañas Bélicas’: Jugando con viejos conflictos vigentes

Publicadas inicialmente por Glénat en formato cuadernillo coleccionable en 2011, las Nuevas Hazañas Bélicas son recuperadas ahora por Norma Comics en un lujoso tomo que añade, además, dos historias inéditas. Y todo ello respetando el formato apaisado e incluyendo las portadas originales al final del tomo. Presentado durante la reciente edición de Comic Barcelona, Nuevas Hazañas Bélicas es una de las perlas del reciente cómic español. 

Serendipia nunca ha sido lector de cómic bélico o del oeste. Por eso cuando su padre, gran lector de tebeos de todo tipo, le pasaba un cuadernillo de Hazañas Bélicas o un Zona de Combate, acostumbraba a despreciarlo. Y aunque debo confesar que de todos los dibujantes dedicados al género Boixcar me parece, con diferencia, el mejor de todos ellos, me terminaba resultando acartonado, con una magnífica técnica a la hora de retratar aviones y armamento de combate, pero no en sus personajes, que resultaban demasiado similares. Si leía algún tebeo de guerra, eran los del Sgt. Gorila, personaje que obtuvo serie propia tras ejercer de secundario, precisamente, en Hazañas Bélicas

Hazañas Bélicas comenzó ha editarse en 1958 con  España apoyando, tras haberse alineado en su momento con los países del eje, a los aliados. Inspirado en esos deliciosos tebeos apaisados, las Nuevas Hazañas Bélicas comparten con aquellas el formato y la temática, pero con la particularidad de que Hernán Migoya (1), su guionista, las ha ambientado en los dos frentes de la Guerra Civil española: Serie Azul con historias situadas en la zona rebelde. Y Serie Especial, bajo el punto de vista del bando republicano.

Para ello Migoya, perro viejo en el mundillo del cómic español, repite la operación que realizó cuando se convirtió en editor de El Víbora: mezclar artistas clásicos con los más modernos; lo académico con lo experimental, pero todo ello con un alto nivel de calidad. El resultado no podía ser más interesante, pues Nuevas Hazañas Bélicas ofrece unos guiones con garra, nada panfletarios y repletos de humor y rabia, ilustrados por un variopinto plantel de dibujantes, uno por cuadernillo, que convierten esta obra en una auténtica antología del cómic español contemporáneo.

Clásicos como Miquel Fuster, Joan Escandell o Edmond, comparten páginas con artistas surgidos y consolidados en la revista satírica El Jueves como Ventura (2) y Kim; junto a nuevos elementos como Danide o Javier Fernández; enfants terribles como Miguel Ángel Martín; y perros verdes  como Calpurnio, Cels Piñol o Juanjo Sáez. Pero también Keko, Monteys, Kano, Sequeiros… un sólido grupo de 23 dibujantes que ofrecen lo mejor de sí mismos y que a priori  uno diría que difícilmente encajan entre sí, precisamente por su diversidad, pero que consiguen realizar una de las propuestas más sólidas e interesantes que nos ha dejado el último cómic español. Y una de las más originales dentro del cómic enmarcado en la Guerra Civil.

Estas Nuevas Hazañas Bélicas no hubieran sido posibles sin los guiones de Hernán Migoya, que ha sabido conjugar drama, acción, humor y una importante labor de documentación histórica, pues en sus guiones se dan cita desde el fantasma de Muñoz Seca a Durruti; del General Conde Aldo Rossi a Millán Astray; del horror infligido por las tropas regulares, a las aventuras falangistas de un joven -y Tintinesco– Samaranch.

Como expone Hernán Migoya en el epílogo del libro: “Algunos episodios se ríen de los dos bandos, sí; y algunas caricaturas humanizan a personas con cuyos principios no tenemos por qué coincidir. (…) El conjunto de estas Nuevas Hazañas Bélicas juega con un pasado común teñido de sangre, y eso es lo bonito de la cultura no institucional: que podemos jugar“.

Y de eso se trata, de jugar. Juguemos que todavía se puede. Y riamos que todavía hay lugar para el humor en esta polarizada sociedad nuestra que parece no escarmentar nunca. Pero no olvidemos nunca jugar  ¡Jugando, que es gerundio, coño!

NOTAS
(1) En breve el propio autor nos lo contará TODO sobre Nuevas Hazañas Bélicas y el resto de su obra en una larga entrevista.
(2) Por cierto, durante los años ochenta Ventura realizó una parodia de Hazañas Bélicas que se regaló con la revista El Jueves, Castañas Bélicas, que reproducimos en este enlace por su rareza y en el que reproduce, con su maestría habitual, el estilo de dibujo de Boixcar.
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