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Archive for the ‘Las lecturas de Serendipia’ Category

Jack Taylor recuerda: ‘Cuento lo que mi disco duro me permite’

CUENTO LO QUE MI DISCO DURO ME PERMITE

Jack Taylor. Prólogo de Eugenio Mira

Fundación Aisge. Colección Memoria de la Escena Española 90. Encuadernación en rústica. 150 páginas

Los que hemos tenido la suerte de conocer a Jack Taylor coincidimos en que se trata de una persona extremadamente educada y atenta. Un actor de estirpe y clase al que le gusta narrar, con su fantástica dicción, anécdotas y vivencias. Una dicción, por cierto, que no siempre hemos podido disfrutar en la pantalla, pues antiguamente se tenía la costumbre de doblar su voz, pero que igualmente con su imagen ha sabido trasmitir una distinción, carente de presunción, a sus personajes.

Pongo esto a colación porque Cuento lo que mi disco duro me permite, el libro de memorias de Jack Taylor que acaba de publicar Aisge, es el equivalente a escucharlo narrar, con ese delicioso acento, sus vivencias personales y los recuerdos que conserva de otros actores y directores con los que ha coincidido y trabajado en sus numerosos rodajes a través del mundo. Leyéndolo queda claro que a Jack Taylor le gusta escuchar más que hablar, aprender más que dar lecciones, sobre todo de sus colegas más veteranos. Así, en la páginas de este agradable libro nos relata sus encuentros y veladas con estrellas como Claudette Colbert, Clark Gable, Jack Benny, Marlene Dietrich, Pola Negri o Marilyn Monroe. Dioses y diosas del celuloide de otras épocas. Pero también de sus rodajes con Jesús Franco o Eugenio Mira.  Y todo lo explica desde la humildad, pues Jack Taylor es la discreción, el respeto y está exento de cualquier rastro de presunción.

Comienza su biografía remontándose a sus antepasados y su llegada a la tierra de las oportunidades. Poniendo en orden los recuerdos de infancia en su Oregón natal. Su descubrimiento del arte, del cine. Sus primeros pinitos en la escena y en televisión. Su estancia en México cuando vio que en Norteamérica no tenía muchas posibilidades de destacar como actor y su desembarco en la que sería su tierra de adopción, España. Un itinerario muy ameno, sin malas caras ni chismes, a veces sin dinero para comer o coger el metro, pero siempre cargado de optimismo y mucho trabajo. Muestra de la humildad que caracteriza a Jack Taylor es que lo que más se lee en Cuento lo que mi disco duro me permite, son palabras de agradecimiento a compañeros y amigos, y tan solo recuerda un mal momento, que también explicó en la entrevista que tuvimos ocasión de hacerle, con Amando de Ossorio. No en vano una de las máxima incontestable que podemos leer en el libro es que “Lo que necesita nuestro mundo son menos conflictos y más educación.” Y desde luego Jack da ejemplo de entrañable bonhomía, siendo una de esas pocas personas que sonríen con  la mirada y con la que es imposible estar incómodo.

Se queda francamente corto el libro, como se pasa rápidamente el tiempo cuando se está con Jack Taylor, con esa mirada azul y limpia que resulta imposible borrar de la memoria. Una delicia de libro. Una delicia de persona.

Nada de lo que sucede se olvida jamás: Descifrando El viaje de Chihiro

EL VIAJE DE CHIHIRO. NADA DE LO QUE SUCEDE SE OLVIDA JAMÁS…

ÁLVARO LÓPEZ MARTÍN. Prólogo Marta Fernández.

Diábolo Ediciones. Encuadernación en tapa dura. 280 páginas a todo color

 

La primera vez que oí hablar de El viaje de Chihiro fue gracias a un compañero de trabajo. Hasta entonces consideraba el Anime como poco menos que un entretenimiento destinado a niños, que incluso había disfrutado en mi infancia gracias a series como Marco, Heidi y sobre todo Mazinguer-Z. Ya como adulto quise darle un margen de confianza y en 1992, cuando se estrenó en nuestras salas Akira (1988) de Katsuhiro Otomo, acudí a verla no agradándome, a excepción de su animación.

Este amigo me vendió la película de Hayao Miyazaki como una aventura lisérgica muy imaginativa. Sabía que yo entendía lo que quería decir. Mientras su hija la disfrutaba a un nivel, él encontraba otra lectura que convertía la película en una experiencia totalmente diferente. Así que intrigado le hice caso y la vi. Y me conquistó. Hice las paces tan profundamente con el Anime que, con diferencia, es el cine de animación que más disfruto.

Pero El viaje de Chihiro continúa siendo mi favorita, todo ello a pesar de las numerosas cosas que no acabo de entender (que para mí añaden atractivo por estar abiertas a mil conjeturas), así como las exóticas referencias culturales que se escapan a los occidentales. Y es que El viaje de Chihiro, ganadora del Óscar y el Oso de Oro de Berlín, es una de las películas más aclamadas de la historia del cine, pero también de las más complejas y profundas, por lo que se hacía más que necesario que alguien escribiera un libro, en concreto este libro, que nos explicara y detallara estas referencias, que intentara explicarnos qué simbolizan y les pusiera nombre. Y no es que saber todo ello sea realmente imprescindible para disfrutar de esta maravillosa historia, pero estimo que el autor de El viaje de Chihiro. Nada de lo que sucede se olvida jamás… puede ofrecer al lector una visión de la película que podría tornarse también en apasionante, ayudándole a entender ese mundo y su entorno cultural, enriqueciendo así el visionado de esta obra capital del cine.

Lo que el espectador experimenta cuando ve El viaje de Chihiro, además de múltiples lecturas, son los estados de ánimo que sus imágenes trasmiten. Cuando oscurece y aparecen los fantasmas la atmósfera nos contagia cierta desazón, que aumentará ante esas criaturas que aparentan haber surgido de un cuadro de El Bosco; O ante esas máscaras benefactoras silenciosas, quejumbrosas; o ante el melancólico discurrir del tren en su viaje imposible por el mar.  Un sentido de la maravilla que esperamos entender más, comprender gracias a El viaje de Chihiro. Nada de lo que sucede se olvida jamás…

Y, para emprender ese viaje, Diábolo no nos podría haber puesto en mejores manos. Álvaro López Martín tiene dos libros sobre el arte de Miyazaki a sus espaldas (Mi vecino Miyazaki  y Antes de mi vecino Miyazaki, escritos junto a Marta García Villar y publicados por Diábolo) y dirige un blog de referencia como es, Generación Ghibli, avales más que suficientes como para resultar el autor ideal con el que adentrarnos en los distintos viajes de Chihiro y con el que descifrar todos sus misterios sumergiéndonos, nuevamente pero en su compañía, en esta historia única y fascinante que, como bien indica Álvaro López, es una historia de detalles.

Junto al autor analizaremos cada escena, deteniéndonos en las partes que, ya sea por merecer una interpretación (o más de una) o por hacer referencia a algún detalle perteneciente a la cultura oriental en general, y japonesa en particular, merece ser explicado. Recurriendo incluso en diversas ocasiones a la voz del propio Miyazaki, ya sea mediante declaraciones extraídas de diversos medios o de su autobiografía.

Álvaro nos descubre o confirma algunas de nuestras sospechas, incluidas las más descabelladas ¿Es la casa de baños un lupanar? Pues al parecer sí, con Yubaba como madam del establecimiento, lo cual no significa que contenga trasfondo pedófilo, con el Sin Cara como cliente encaprichado con comprar a toda costa a Chihiro. Pero no deja de ser una lectura apasionante, sugerente y sorprendente.

Cierto es que El viaje de Chihiro es sobre todo una historia de crecimiento personal, de maduración, pero también de respeto hacia las tradiciones ancestrales y al exceso de occidentalización que invade la cultura japonesa. Es una oda a la naturaleza y una fuerte crítica también al capitalismo exacerbado que domina nuestra sociedad y que tantos monstruos ha creado. El viaje de Chihiro es todo eso y mucho más. Son experiencias personales de Miyazaki; son leyendas japonesas; son elementos culturales del japón más tradicional… un maremágnum de referencias que Álvaro López nos aclarará, haciendo asequibles al lector los múltiples mensajes del filme de Miyazaki.

Bien es cierto que muchas veces el cariño y la erudicción no garantizan que la obra resultante sea valiosa. No es este el caso, Álvaro López es, además de un gran especialista y amante del cine de animación de Miyazaki, un estudioso de la cultura oriental, nos muestra escenarios, nos descifra claves y nos traduce palabras y símbolos. Y consigue narrarlo todo de forma ordenada y apasionante. Viajar junto a Álvaro López al extraño mundo de El viaje de Chihiro es viajar hasta el alma y el corazón de esta obra de Hayao Miyazaki que no se olvida jamás…

¡Andá!, la merienda…: un sabroso viaje al universo de los cromos Cropan, Bimbo, Panrico…

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¡ANDÁ!, LA MERIENDA… LAS DELICIOSAS COLECCIONES DE  NUESTRA NIÑEZ

Vicente Pizarro

Diábolo Ediciones. Tapa dura. A todo color. 

A pesar de que uno comienza a estar bastante aburrido y hasta en cierto modo en contra de la operación nostalgia que desde todos los ámbitos se nos está inculcando, desempolvando desde los más infames y felizmente enterrados VHS a incluso gran parte de la música de los años ochenta, precisamente la más horrible y comercial que dio la época, -pues sabido es que lo bueno nunca pasa de moda-, tengo que admitir que cuando supe de ¡Andá! la merienda… , la nueva propuesta de Diábolo Ediciones, algo en mi interior hizo ¡click! Así que, de forma excepcional deseé bucear en el tiempo y revisitar las texturas que nos ofrecía todo aquel universo de cromos de plástico, superhéroes, calkitos y adhesivos. Y es que ¡Andá!, la merienda… es más que un libro: es un amalgama de sentimientos encontrados, de momentos recuperados de otra época, de pequeños detalles que hicieron más felices algunos momentos de nuestra infancia que, personalmente me tocaba de cerca así que, abusando de su paciencia ruego me permitan pasar durante unos instantes al plano personal (lo pondré en azul y así podrán saltarlo pasando directamente al comentario del libro si, comprensiblemente, les importa un bledo lo que pueda contarles)

En mi casa, y la mayor parte de mis compañeros, fuimos niños de bocadillo en el recreo. Algo que no se hacía tan solo con la intención de frenar mi tendencia a la obesidad, se hacía más que nada porque la naciente bollería industrial, que unos pocos niños traían ante nuestra envidia, costaba un dinero que muchas familias no podían permitirse. Envidia doble en mi caso, pues en mi familia se nos inculcó el espíritu coleccionista y tres generaciones de Benítez la cultivamos concienzudamente, algo de lo que daba fe una abultada maleta gris que reposaba encima de un armario repleta de álbumes de cromos completos. Una, a su vez, colección de álbumes que cubría desde finales de los cincuenta a principios de los ochenta. Pues bien, si en principio no había problema en coleccionar y completar las series de kiosco y librería, las de los sobres de toda la vida, cambiando en clase los repes y rematando en el Mercado de Sant Antoni (Barcelona), mucho más difícil era completar las series que ofrecían todas esas meriendas de, especialmente, Cropan. Ni en el Mercat de Sant Antoni se podían encontrar cromos para comprar. Ni con quien cambiarlos en los recreos. Definitivamente era difícil. Y lo que es peor es que eran, además, muy, muy chulos. Aún así mi hermana mayor completó las series Bimbo de primera generación, desde Conocimientos del Universo, Nuestro Mundo al primer Porqué de las cosas, momento en el cual mi hermano y yo tomamos el relevo coleccionando sus dos secuelas y los dos volúmenes de El libro de las adivinanzas, así como las fichas de inventos, récords, Un, dos, tres y las diapositivas Bimbovisión, entre muchos otros. 

Pero Cropan…¡Ay! era otra cosa y mucho más difícil. Como Panrico. Aún así recuerdo haber completado Te hablan los grandes guerreros y Descubre a tus héroes fantásticos de Cropan y todos los troquelados de Mazinger Z de Panrico. Y todo ello gracias a un amiguete que me los regalaba. Un cordobés hijo único de militar que, supongo que algo mimado, tenía acceso a todo ello y no dudaba en dármelos. Tanto que llegué a compler las tres series. Las de los perros y mariposas troqueladas de Panrico no hubo problema, se hicieron muy populares y en Sant Antoni podían cambiarse sin problema. Los de Marco de Danone se podían completar con picardía: cuando un camión de reparto de Danone se detenía ante un supermercado, se pedía género al conductor, que casi siempre nos daba álbumes y sobres de cromos, y así pudimos completar los dos volúmenes. Con el resto de promociones ya no me atreví. El tiempo corría irremediablemente…

La pregunta que se harán será “Debes de tener entonces una fortuna en colecciones de cromos, ¿no?” Pues me temo que no, pues mi padre se dedicaba a la compra venta de antigüedades y todo tipo de objeto de colección en Els Encants, el Rastro de Barcelona, así que un día, cuando por edad dejamos de interesarnos por los cromos, vendió aquella maleta completa en El Mercat de Sant Antoni. Fue un día que recuerdo gris. Pero otros intereses habían tomado el relevo a aquellos entrañables álbumes: música, cine, ropa, chicas… Eso sí, me quedé con unas pocas colecciones: Los tres El porqué de las cosas; los dos El libro de las adivinanzas y… Descubre tus héroes fantásticos. Álbumes todos ellos que forman parte del universo que Vicente Pizarro nos propone en su magnífica recopilación ¡Andá!, la merienda… 

¡ANDÁ!, LA MERIENDA… LAS DELICIOSAS COLECCIONES DE  NUESTRA NIÑEZ

Vicente Pizarro

Diábolo Ediciones. Tapa dura. A todo color. 

Diábolo Ediciones, con la colaboración en esta ocasión de Vicente Pizarro lo ha vuelto a hacer. Ha desbaratado los cajones más recónditos de nuestra memoria trayéndonos recuerdos que considerábamos perdidos;  refrescando otros que estaban ya desdibujados por el paso del tiempo y, por supuesto, nos ha dado a conocer datos que ignorábamos. Pizarro, un tipo para nada desocupado a tenor de su ficha biográfica, ocupa el breve espacio de tiempo que le permite su trabajo y sus dos hijos en recopilar datos e imágenes en su blog Cropan, coleccionando sueños, donde demuestra su devoción por todas esas colecciones que hicieron un poco más feliz nuestra infancia. Y lo que ha hecho con este libro ha sido, además de  reunir muchas de esas imágenes del universo Cropan, sumarle otras de Danone, Bimbo o Panrico. ¿El resultado? Un libro sobre todo visual, en el que el texto, necesario, es el justo para indicarnos fechas y detalles sobre las colecciones, huyendo de frías fichas que, si bien podrían haber hecho el mismo servicio, hubieran restado calor y complicidad a la obra .

Sin buscar ser exhaustivo el autor consigue serlo en algunos casos mostrando, por ejemplo, colecciones completas de cromos, así como otros objetos relacionados como son anuncios promocionales y posters. Si algo hemos echado de menos son algunos datos como la identidad de los ilustradores de estos cromos, pues dejando aparte a López Espí, claramente Burne Hogarth es el responsable de las imágenes de las postales de Tarzán de Panrico, imágenes surgidas de sus comics y no de una serie de televisión. Por otra parte, aunque no llegamos a saber quien dibujó algunos de estos cromos, la mayor parte anónimos,  hay algunos dibujantes cuya identidad puede intuirse ¿Es Manel Ferrer responsable de las imágenes de Cromosmágicos, Veo veo y Ríete del miedo con Chocostein?

Y no vayan a pensar que estos detalles de viejo puntilloso empañan el magnífico resultado de esta obra, cuyas imágenes incluyen también, además de los propios cromos y álbumes, hojas promocionales y obsequios que podían obtenerse al completar la colección. En resumen, un maravilloso viaje en el tiempo, cuidado hasta el detalle, que destila un gran amor del autor por el objeto del libro y que más allá del dichoso factor nostálgico y del deleite para los sentidos que supone, ofrece un impagable estudio sobre el impacto de la televisión y el cine sobre los niños de la época, la marcha y la competencia en el mercado entre las diferentes marcas, así como el nacimiento del merchandising en España. Así que ¡Andá, la merienda…. funciona a varios niveles, de ahí que sea un interesante libro que merezca ocupar un espacio en nuestra Biblioteca de Serendipia.

Las lecturas de Serendipia: Un viaje por el universo Novaro

21 diciembre 2016 Deja un comentario

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CUANDO BRUCE WAYNE SE LLAMABA BRUNO DÍAZ. UN VIAJE POR NOVARO

JORGE GARD

Diábolo Ediciones. Encuadernación en tapa blanda con 352 páginas a todo color

w-423_num1_cuando_bruce_wayne_se_llamaba_bruno_diazPocos libros sobre cómic hacían más falta que este. La mexicana editorial Novaro conforma por si sola todo un fenómeno nostálgico para los que fueron niños en España y toda Sudamérica durante los años cincuenta, sesenta y setenta. Y es que más que por la calidad, es el factor nostalgia el que juega a favor de los tebeos Novaro. Muchos descubrimos a los súper-héroes gracias a estos cuadernos, que adquiríamos con nuestra magra paga semanal. Recuerdo haber comprado más de uno de ellos a 7 pesetas. Concretamente uno de Superman en el que volaba con una llave gigante dispuesto a abrir su Fortaleza de la soledad. Una portada que gracias a internet he podido recuperar para reproducirla aquí. No recuerdo ninguno más. Pero tenían un olor característico y un tipo de papel que los hacía inconfundibles.

Además, estaba su chocante lenguaje.

Y es que  los cómics Novaro, que se exportaron a toda Sudamérica y España, son todo un objeto de estudio para los lectores actuales. Al igual que los cómics editados por Vértice, los de Novaro carecían de la calidad que tienen los actuales. Los diálogos estaban retocados y reducidos a la mínima expresión. Y todo estaba castellanizado, tanto los nombres de las ciudades como los de los personajes, lo que ya entonces resultaba muy chocante. ¿Cómo iba a llamarse Robin, el compañero de Batman, Ricardo Tapia? ¿O Oliverio Reina Flecha Verde cuando no iba de uniforme? ¿Y qué diablos es eso de llamar Marvila a Wonder Woman? Chocante, muy chocante. Pero  sin duda forma parte del encanto actual que pueden tener estos cómics. También a favor jugaba el que fueran los primeros cómic books que conocimos, con un formato aproximado al original y a todo color (a diferencia de Vértice que los editaba, en aquella época, en blanco y negro).

51587565-2En 1964 la censura española prohibió los súper-héroes, así que dejaron de importarse los cuadernillos de Superman y el resto de luchadores en mallas hasta finales de 1971, momento en el que volvieron a los kioscos españoles. Cuatro años después el formato cómic book dio paso a uno más  reducido, que fue publicándose hasta la desaparición de la editorial en 1985. Mucho antes, en España, los cómics Novaro habían pasado a un segundo plano ya que Vértice, por fin, había publicado en color, ordenada y regularmente, a sus personajes. Y tras una olvidable etapa en la que Bruguera se hizo con los derechos de DC y Marvel, Forum (Planeta) consiguió dar orden y concierto a las cabeceras de la ‘casa de las ideas’ mientras Ediciones Zinco lo intentaba con DC.

Pero Novaro fue mucho más que súper-héroes, tal y como nos narra Jorge Gard en su libro. Añadiendo humor y también los propios recuerdos de infancia en su Uruguay natal, donde tuvo acceso a las publicaciones de esta editorial que comenzó su andadura como SEA y sumó pronto otros sellos al grupo como EMSA, ER y Alegría, hasta llegar al definitivo y más conocido de EN, Novaro inició la adaptación de cómics americanos en México en 1949, publicando los personajes de Walt Disney, que fueron seguidos más tarde por los de Warner, Walter Lantz o los Terrytoons, entre otras historietas de animales antropomórficos que con su éxito motivaron que Novaro continuara atreviéndose con los súper-héroes de DC cómics, con Superman y Batman a la cabeza, lo que supuso todo un bombazo para la editorial. Tan solo  hace falta ver un dato: Superman se comenzó a publicar de forma mensual en marzo de 1952, y de ahí pasó a quincenal y finalmente semanal, publicándose continuadamente hasta el cierre de la editorial en 1985. La editorial mexicana también publica en castellano los cómics de Dell y Gold Key, que adaptan en formato cómic las películas y series televisivas más conocidas, como Misión Imposible, Mis adorables sobrinos, The Green Hornet, Bonanza o El supeagente 86, por decir unas pocas. Casi todos los personajes más populares del cómic, televisión y cine pudieron verse en las portadas de los tebeos Novaro, porque lo tuvieron casi todo: La pantera rosa, Tarzán, Spirit, los personajes de Hanna-Barbera, la pequeña Lulu o Archi. Incluso durante un tiempo publicaron dos personajes editados por  Marvel: La masa y Conan, el bárbaro.

37050016w-423_domingos_alegres_sea_novaro_1954_745Todo esto y mucho más pueden descubrirlo detalladamente en el libro de Jorge Gard, que también ofrece datos poco conocidos, como la curiosísima colaboración entre la editorial mexicana y la barcelonesa Selecciones Ilustradas de Josep Toutain cuyos artistas realizaron para Novaro, durante diez años, historias del oeste, adaptadas o no de personajes televisivos e ilustradas por artistas de la talla de Fernándo Fernández, López Espí, Cortiella o Rafael Auraleón. O la colaboración entre Bruguera y Novaro, que durante diez años editó el material de la revista Sissí en su colección Susi.

Si algún pero hay que ponerle es cierta falta de rigurosidad  (No era Fred Astaire el que bailaba con el ratón Jerry, era Gene Kelly; y fue Ediciones Vértice la que bautizó a Hulk como La masa, no Bruguera). Errores pequeños, pero que empañan el conjunto y que con una revisión hubieran sido interceptados. Como la imagen repetida en dos páginas seguidas (224-225). Pero ya lo habíamos dicho al principio, pocos libros sobre cómic eran tan necesarios como este, y afortunadamente Gard ha realizado un estudio completo y detallado al que tan solo le hubiera hecho falta un buen inventario con el total de títulos publicados por la editorial con el número y año en el que se publicó cada serie para darse por completo. Pero con los datos que nos ofrece el autor, eso está en mano del lector. Toca investigar y profundizar, Jorge Gard nos ha ofrecido un detallado acercamiento, muy bien editado, como es habitual, por Diábolo ediciones. Ahora le toca al lector, estudioso y coleccionista interesado el sumar y aportar más datos y completar este trabajo. Difícil tarea, si, pero sin lugar a dudas apasionante.

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Las lecturas de Serendipia: ‘El imperio del miedo’ de Antonio José Navarro

19 diciembre 2016 Deja un comentario

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EL IMPERIO DEL MIEDO. EL CINE DE HORROR NORTEAMERICANO POST 11-S 

Antonio José Navarro

Editorial Valdemar. Colección: Intempestivas / INT-028
año: 2016
ISBN: 97884-7702-836-9
págs: 528

Sabido es que cada convulsión en el pulso de la historia ha tenido repercusión en el cine. Y más concretamente en el fantástico y de terror. La Alemania de la profunda crisis entre guerras fue cuna del expresionismo, que produciría las primeras obras maestras del cine fantástico y las más sombrías y tenebrosas pesadillas. El crack del 29, seguido por la Gran Depresión, propició el nacimiento en Estados Unidos del ciclo de terror de la Universal. El estallido de la bomba atómica y, más tarde la guerra fría, trajo un cine repleto de insectos gigantes, colosos antediluvianos y amenazadores mutantes provenientes de  otros mundos. Finalmente la guerra de Vietnam, los hippies y los crímenes cometidos por la familia Manson propiciaron la pesadilla que desató Tobe Hooper con La matanza de Texas  en 1974, continuada por sus muchos hermanos bastardos en lo que se conoce como American Gothic.

14344086_1104384482930843_4257602703834804379_n-2Antonio José Navarro demostrará en este  bien documentado ensayo que, tras los trágicos atentados del 11 de septiembre de 2001 contra el World Trade Center de Nueva York, el impacto provocado propició que el cine de horror norteamericano profundizara en ciertas temáticas y formas de entenderlo y de acometerlo. Posesiones, zombies, exorcismos, porno torture, found footage , brutales vampiros similares en intereses a los grandes grupos corporativos, locos hillbilies , terrible houses y bosques habitados por desconocidos salvajes casi invisibles son algunas de las temáticas que el cine de horror influido por los eventos del 11-S ha desarrollado en lo que va de nuevo milenio. Temáticas que si bien en algunos casos resultan innegablemente influenciadas por el trauma causado en la sociedad americana, en otros casos se antojan forzadas, aunque no por ello se debilite la tesis que el autor quiere demostrar.

Así que, a pesar de no estar al 100% de acuerdo con las teorías del autor, lo que es incuestionable es que el libro funciona magníficamente como muestra de lo que el cine norteamericano de horror ha venido ofreciendo en lo que va de milenio, algo que, naturalmente, nos habla claramente de la evolución de la sociedad y de los hábitos de consumo del público. Nos ofrece un buen campo en el que investigar. Profundizando y recuperando algunos títulos que podrían haberse escapado entre la basta producción norteamericana de terror, ofreciendo interesantes lecturas a sagas y películas como  La casa de los 1.000 cadáveres (2003) y su secuela Los renegados del diablo (2005), la serie Saw (2004-2010) y la trilogía Hostel (2005-2011). Sin olvidar remakes como La matanza de Texas (2003), Las colinas tienen ojos (2006) o Amanecer de los muertos (2004). Y películas como Expediente Warren: The Conjuring (2013), El exorcismo de Emily Rose (2005), La tierra de los muertos vivientes (2005), Paranormal Activity (2007), Los extraños (2008), La cabaña en el bosque (2011), La Bruja (2015) o No respires (2008). Todo lo que convierte a El imperio del miedo en una lectura imprescindible para entender el cine de terror que se hace actualmente en Estados Unidos. Además de ser uno de los cada vez más escasos libros de tesis, que hacen descubrir al lector, por el análisis que realiza, interesantes lecturas paralelas en algunas películas que, de otro modo, podrían pasar desapercibidas como intrascendentes. Otra nueva propuesta, impecablemente editada como es norma de la casa, por Editorial Valdemar.

ANTONIO JOSÉ NAVARRO (Barcelona, 1966). Historiador y crítico cinematográfico, miembro de la Asociación Española de Historiadores del Cine (A.E.H.C.) y del consejo de redacción de la revista especializada Dirigido por. Actualmente colabora en Imágenes de actualidad, Blow Up (Italia) y el suplemento cultural del diario Ara. Es autor de los libros Alien/Los inconquistables (1995) y, en colaboración con Tomás Fernández Valentí, de Frankenstein. El mito de la vida artificial (2000). Fue miembro del comité de selección del Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya-Sitges (2001-2002 y 2007-2011) y responsable del Departamento de Publicaciones, donde coordinó y participó, entre otros, en los siguientes libros publicados en VALDEMAR: La nueva carne. Una estética perversa del cuerpo (2002), El demonio en el cine (2007), Explorando mundos: el cine de ciencia-ficción (2008), King Kong 75 años después (2008), Las sombras del horror, Edgar Allan Poe en el cine (2009) y Pesadillas en la oscuridad. El cine de terror gótico (2010).

Hablando con Miguel Herrero: ‘Un, dos, tres, responda otra vez’ y televisión de culto

23 noviembre 2016 Deja un comentario
 cartadeajustetveMiguel Herrero San José es un fanático de la televisión. Mejor dicho, del mundo que rodea a todos esos programas que se materializan al apretar el botón de ese, para unos invento del diablo, y para otros caja de sorpresas. Su gran afición le ha llevado incluso a trabajar en ese medio como presentador durante 9 años en Castilla y León TV. Pero no se detiene ahí  la actividad de Miguel en conexión al mundo de la televisión, pues también ejerce como bloguero en ‘El retrovisor’ de Teleprograma.tv y colabora en Es Radio. Además, ha escrito cuatro libros sobre su mayor hobby, todos ellos publicados por Diabolo Ediciones: “Revisitando los 80″, “Los 80 responden otra vez“, “Telepasión por los 90” y “La historia del Un dos tres“, reciente novedad que nos ha decidido a ponernos en contacto con él para hablar un rato sobre la llamada ‘caja tonta’, que tanto odio como amor parece despertar. 

miguel_herrero_2014Lo primero ¿Qué es para ti la televisión?

La televisión es mi mejor hobbie. Desde pequeño siempre me fascinó el medio debido a los diferentes atractivos que proporciona. Las cabeceras, logotipos, las sintonías, la evolución de contenidos, los géneros… No sé qué hubiera sido de mi vida sin televisión, a qué le hubiera dedicado tanto tiempo. Porque no sólo es saber de ella y escribir sobre ella. Es coleccionar su merchandising, conocer a sus protagonistas, memorizar sus mejores o peores momentos… Todo el mundo tenemos que tener algo que nos apasione, que nos distraiga, que nos tenga pensando en esa actividad. Es una manera de ocuparse y de preocuparse. Curiosamente, ver la televisión no es mi intención primordial. Es saber de ella y compartirla con amigos, lo cual demuestra que no tiene por qué ser un medio alienante y disuasorio, sino todo lo contrario, que sirva para asociar y unir.

¿Como has planteado la investigación a la hora de realizar el libro?

Este libro de la historia del “Un dos tres” lo planteé hace justo un año de manera cronológica. Es lo primero que hago antes de escribir mis libros. La organización inicial es básica para que no te encuentres perdido durante el camino de desarrollo del volumen. El concurso se podía haber tratado por temáticas o por personajes que pasaron por el mismo pero creí que era más interesante entender el desarrollo de la idea que tuvo Chicho desde su nacimiento. Que un programa de televisión puede nacer con el concepto de circunstancial, efímero, como un concurso más de la programación y cómo el público va haciendo ese “monstruito” cada vez más grande, como una especie de niño que se va haciendo mayor, asume mayores conocimientos y crece con el cariño de quienes le rodean. El “Un dos tres” va evolucionando con la sociedad española, del blanco y negro y la dictadura a la televisión digital y las libertades. Cada capítulo se centra en una etapa del concurso, en todo lo que abarcó a lo largo y lo ancho de sus emisiones, con una guía de “episodios” final, puesto que cada semana se centraba en una temática y resulta entretenido saber de ese listado. El proceso abarcó el verme todos los programas que se conservan a la par que iba incluyendo entrevistas, reportajes y demás material de la época para ir contextualizando todo al unísono.

historia_undostres¿Cual es el primer recuerdo que tienes del concurso?

Mi primer recuerdo del programa está asociado a la segunda tanda de la tercera etapa (1983-84), es decir, la considerada “era Botilde”. Es parte de mi infancia la bota en la cabecera del concurso, con su alegre sintonía, además de todo el merchandising que generó el “Un, dos, tres” como juegos, muñecos, discos, llaveros, cromos y pegatinas, siendo la “botibota” el objeto más característico de esa época. Su color morado y su bonito diseño reflejan a la perfección el espíritu infantil del programa, engordado en la cancioncilla que Mayra le cantaba a un robot de la mascota, “eres tú, Botilde amiga” en los especiales infantiles que hacía el concurso. Todas las mascotas del programa, así como azafatas, cómicos o presentadores, tienen su encanto pero en este caso, el que sea mi primer recuerdo de infancia lo hace aún más grato.

Has llegado a acudir a la grabación del ‘Un, dos, tres…’ como público ¿Cómo recuerdas la experiencia?

Efectivamente cumplí mi sueño en 2004 de vivir por dentro cómo eran las grabaciones del “Un dos tres”. Hasta los 90 se daba el caso de que yo era demasiado pequeño para participar en las ediciones de adultos pero demasiado mayor para poder estar en las ediciones infantiles. Pero siempre soñé con estar en el “Un dos tres” aunque fuera como mero espectador. Estar cerca de lo que se vivía allí. El concurso en sí, las maratonianas grabaciones, el carácter de Chicho… Cuando supe de la vuelta del programa en el nuevo siglo, me movilicé junto a otros amigos fans del “Un dos tres” para acudir cuantas más semanas fuera posible como una ocasión única y, tal vez, irrepetible de sentir que estabas dentro del “Un dos tres”. No era fácil trasladarse cada semana a Madrid y compaginarlo con el trabajo, pero así lo hice en 12 mhchichode las 19 entregas que conformaron aquella temporada. La experiencia fue muy grata, uno de los mejores momentos de mi vida cuando vi ese plató reconstruido en sus elementos clásicos de parte negativa, set de concursantes, set de azafatas, mesa, graderío… Conocer de cerca a todos sus integrantes, que nos pusieran perdidos de guarrerías… Cosas mejores y peores, pero algo de lo que siempre me sentiré muy feliz por haber vivido. Es como llevar a un fan de Disney a Disneyworld.

¿Te gustan las películas de Chicho? ¿No crees que perdimos a un gran director de cine?

Las dos películas de Chicho me parecen dos joyas de nuestro cine. “La residencia” muy especialmente no parece ni una producción española si no fuera por los nombres en los títulos de crédito. Se rodó de una manera absolutamente maravillosa, muy cuidadosamente, con doblaje para asemejarse a una película extranjera, con grandes interpretaciones y planos. En el caso de “¿Quién puede matar a un niño?” también hablamos de una temática muy arriesgada e interesante, con ciertas semejanzas a producciones del género como “Los pájaros”, tomada como una invasión de pequeños seres con manía persecutoria. Ciertamente hemos perdido a un gran director de cine, tal vez por esa necesidad del público porque nos diera nuestras raciones de concurso entrañable. Pero bien es cierto que la producción de Chicho abarca tanto episodios de series como “Historias para no dormir”, especiales aquí y fuera de nuestras fronteras, tipo “Los bulbos”, que podríamos considerar una cinematografía aunque no fuesen oficialmente películas, siendo su última incursión al género “La culpa”, dentro de las “películas para no dormir” de Telecinco.

¿Crees que esa memoria sentimental catódica está potenciada por el hecho de que tan solo había dos canales?

revisitandolos80los-80-responden-otra-vez-cubierta-baja-590x590telepasionporlos90Yo creo que el hecho de que haya tanta “telenostalgia” sí tiene que ver en la emisión de solo dos canales. O uno y medio ya que la Segunda Cadena solo emitía unas horas. Evidentemente los programas los conoció todo el mundo, sus sintonías y “momentazos” están más presentes en la memoria común que otros vividos ya con la llegada de las cadenas privadas. Pero también es verdad que la programación era más entrañable. Sus melodías no son comparables con las de ahora. No es lo mismo que veas un refrito con las sintonías de “La bola de cristal”, “Sabadabadá” y “La cometa blanca” a que lo hagan en el futuro con el “Club Megatrix”, “Art attack” o “TPH Club”. Las mascotas, los presentadores, su forma de hablar y dirigirse al público, las revistas que informaron sobre la tele, como TP o Tele Indiscreta. Todo es susceptible de ser “culpable” de que la tele del pasado sea mejor. Que actuaran grupos como Mecano o Los Secretos le da un aire de prestigio que no lo tienen en la actualidad ni Melendi o Los Gemeliers. El hecho de que vayamos sobre seguro a emisiones que fueron un éxito o de gente que se hizo muy popular ya gana terreno a cosas que hemos visto en los últimos tiempos como “Levántate All Stars” o “El amor está en el aire”.

¿Qué piensas de la televisión actual?

La televisión actual peca de repetirse demasiado en cuanto a formatos de éxito. Si una cadena triunfa con un programa sobre cocina pronto aparece otro con algo parecido y casi el mismo título. Los programas del corazón, las series de época, los concursos  de preguntas rápidas y los de nuevos talentos están omnipresentes en nuestras teles. Ahora les toca el turno a los de las primeras citas. Yo no soy de los críticos a los que todo les parece mal. A mi me han interesado espacios como “Hay una carta para ti” pero creo que la mejor televisión actual está en formatos de entretenimiento como “Tu cara me suena”, de los que en el futuro aún les puedes sacar provecho para mostrar los mejores momentos o reunir a sus integrantes, como ha hecho TVE con “Operación triunfo”. El error de la tele moderna está en ese tipo de espacios que cuando han pasado cinco años no sabes de qué hablaban o quiénes eran aquellos personajes. Aún siendo relativamente cercanos, todo cuanto ocurrió en “A tu lado” o en los primeros tiempos de “Sálvame” es absolutamente inservible para el archivo de la cadena que lo emite. Porque ni resultará entrañable ver a Kiko Hernández cómo se enfadaba en ese espacio ni la amante de un actor que contaba sus trapos sucios. Por eso, la tele clásica nos da entrevistas a Christopher Reeve o a Richard Gere mucho más atemporales que cualquier espacio de actualidad de hoy en día.

Presentando el libro del 'Un, dos, tres...' junto a Raúl Sender, Mayra Gómez Kemp y Alejandra Grepi (foto archivo Miguel Herrero)

Presentando el libro del ‘Un, dos, tres…’ junto a Raúl Sender, Mayra Gómez Kemp y Alejandra Grepi (foto: archivo Miguel Herrero)

¿Qué piensas de esa nostalgia hacia los setenta, ochenta e incluso noventa que se nota por la edición de libros que hablan sobre el tema?

La moda por lo retro se está manteniendo desde hace muchos años. Ya Guillermo Summers hizo programas muy interesantes en los 90 denominados “Mitomanía”. De esa mitomanía parecía que el nuevo siglo se despegaba un poco pero en los últimos tiempos, el archivo de RTVE ha rescatado numerosas y valiosas joyas, siendo perfecto acompañamiento de espacios como “Cachitos de hierro y cromo “, “Cómo nos reímos”, “Viaje al centro de la tele”, “Ochénteame otra vez” o el nuevo “Espinete no existe”. Hace cuatro años abrí la veda de libros retro previos a otras experiencias en pro de años de EGB y similares. Mi primer libro, “ReVisitando los 80” salió al mercado cuando apenas había libros que hubieran tratado única y exclusivamente esa maravillosa década. Continué con los 90 y ahora estoy inmerso en la historia del “Un dos tres”. Pero, desde luego, que me parece estupendo que haya florecido todo ese fenómeno por recuperar el pasado. Es bueno no olvidarse de donde venimos para conocernos mejor y homenajear a quienes han sido nuestros maestros.

¿Has publicado tu libro como deseabas o has tenido que recortarlo un poco?

En la versión final de todos mis libros siempre hay que recortar respecto al material que he escrito en origen. Mi capacidad de síntesis no es demasiado buena. Yo escribo sin límites puesto que no me serviría una plantilla para adaptarme. Es cierto que tener que recortar es muy duro pero siempre hay matices que no son necesarios o que, incluso, alargan el texto innecesariamente cuando no necesitas un incunable. En este caso, la historia del “Un dos tres” recoge lo que todo fan del programa debe saber y lo que quien no lo haya conocido en profundidad deba saber. Anécdotas, curiosidades, recuerdos personales, declaraciones de sus integrantes, fotos, capturas, el impacto mediático y social de sus personajes y frases… Kiko, Mayra, Jordi y Míriam, Garó, el dúo Sacapuntas, don Cicuta, las Tacañonas, las azafatas, los números de baile, los mejores y los peores premios, la magia de Tamariz, Ruperta, el Chollo, la “faz más ododosa”, el “Un dos tres” en otros países europeos, los invitados, los especiales con famosos o infantiles, los desfiles folklóricos… ¿Queréis más? El libro del “Un dos tres” es la solución.

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La historia del mejor programa de nuestras vidas: Un, dos, tres, responda otra vez. Un libro de Miguel Herrero

22 noviembre 2016 Deja un comentario

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UN, DOS, TRES, RESPONDA OTRA VEZ. La historia del mejor programa de nuestras vidas

Miguel Herrero (Tapa dura, 296 páginas a todo color. Diábolo Ediciones)

Los que rondamos los cincuenta y los sobrepasamos recordamos perfectamente lo que significaba la llegada del viernes, día mágico en el que, además de terminar la semana lectiva y laboral (en muchos casos), toda la familia se reunía ante el televisor para vivir una nueva emisión del concurso ‘Un, dos, tres, responda otra vez‘. Con ese programa nos reímos, aprendimos y también, ¿por qué no? algunos niños nos enamoramos por primera vez, ya que todos teníamos a nuestra presentadora favorita. No nos parecían tan lejanas como realmente estaban. Eran como esa vecina a la que veíamos y adorábamos en silencio. Hasta nuestras madres las apreciaban. Las conocíamos, al igual que a los cicutas, tacañones y tacañonas, a los que, esos sí, teníamos más cerca de lo que quisiéramos. Queríamos a Chicho, que nos había espantado con sus ‘Historias para no dormir‘ y queríamos, en resumen, un mundo mejor, esa vida en la que todos sonreían y que cada viernes nos llegaba, primero en blanco y negro y más tarde a todo color, desde esa pantalla a la fantasía que entonces era el televisor.

historia_undostresSin lugar a dudas, el ‘Un, dos, tres…’ forma parte de la memoria sentimental de muchos españoles. Sobre todo de los más mayores, ya que las generaciones posteriores ya lo conocieron en la época de las televisiones privadas, y no cuando la gris televisión franquista constaba solo de dos canales, que parecían llenarse de  vida y color gracias a este concurso. Y todo, realmente todo, lo que envolvió a ese universo creado por Chicho Ibáñez Serrador es lo que ha reunido Miguel Herrero en las páginas de Un, dos, tres, responda otra vez. La historia del mejor programa de nuestras vidas. Un voluminoso libro, editado por Diábolo Ediciones, que se añade a la colección de obras con las que la editorial rescata la maltratada cultura popular española. Miguel Herrero, como ha demostrado en otras de sus obras dedicadas al ente televisivo (varias de ellas editadas también por Diábolo), es todo un especialista que demuestra un gran conocimiento sobre el medio, y sobre el concurso en particular, y ha realizado EL LIBRO sobre este espacio televisivo. Un libro en el que se recoge, repito, absolutamente todo y más: todas las etapas, los personajes, la mecánica del concurso en cada edición, anécdotas, merchandising, temática y fecha de emisión de cada espacio… Todo. Y el autor lo ha hecho de la mejor manera posible, escarbando en prensa y revistas  de la época. Buscando el dato curioso, entrevistando a algunos personajes conectados con el concurso como la encantadora Aurora Claramunt o el entrañable Pepe Carabias (quien ya por si solo merecería un libro por ser historia viva de la televisión, del cine y del doblaje) y contando, además, con material gráfico proveniente de los archivos personales de los implicados.

Miguel abre nuestra memoria mientras leemos el libro, nos inunda de datos contagiándonos su propio entusiasmo. Se nota que ha disfrutado encontrando esa pequeña nota que desconocía, esa declaración contenida en aquella añeja publicación, esa portada tan curiosa. Y también se nota que goza al compartir todo ello con el lector. Por eso este es un libro valioso, apabullante y desmesurado en su contenido, pero también necesario para entender a un país que quería cambiar y que lo hizo a caballo de las distintas ediciones del concurso.

Leeremos sobre las diferentes etapas, de cómo se tuvo que enfrentar el programa a las cadenas privadas llegando a poner demasiada carne en el asador (¿recuerdan a Gloria Trevi?). Averiguaremos que la neumática Sabrina actuó antes en el concurso que en aquel inolvidable programa de fin de año; veremos como Chicho siguió apostando por que su programa no dejara de ser un espacio familiar en tiempos de mamachichos. Y veremos como el fin llegó con su apuesta personal por la cultura en la décima temporada, que quizás fue un suicidio buscado, premeditado, en un momento en el cual la más pura telebasura inundaba las parrillas televisivas.

Victoria Abril, Aurora Claramunt, Agatha Lys, Beatriz Escudero, Britt, Blanca Estrada, María Casal, Kim, Silvia Marsó, Lydia Bosch…; las coletillas que formaron parte de las conversaciones cotidianas de los españoles y que, todavía actualmente permanecen ya como lugares comunes de nuestro imaginario: ‘Veintidos ‘ ‘La plaza estaba abarrotaaa’, ‘¡Y eso duele…!’ ‘¿Porqué será?’, ‘Hasta aquí puedo leer’, ‘Hemos venido a jugar’,’¡Campana y se acabó!’… Los presentadores que fueron y los que no llegaron a ser pero cuyos nombres se barajaron; Doña Ruperta, Botilde, El Chollo, El Antichollo… todo recorre las páginas de este libro. Si hay que buscarle un pero, este sería la ausencia de pies de fotos, que nos aclararían quienes son algunos de los personajes que muestran.

Hay quien, como yo, piensa que la dedicación al concurso terminó truncando una muy interesante carrera cinematográfica. El mismo Chicho lo ha llegado a declarar, pero ahí queda el conjunto de su obra, que trasciende al hombre, importante en todos sus aspectos: su ficción televisiva con Historias para no dormir, recuperadas  por el sello 39 Escalones en un magnífico pack en DVD; su obra cinematográfica que, lamentablemente, se limita a dos largometrajes (La residencia y ¿Quién puede matar a un niño?); su poco conocida faceta teatral (con obras como El agujerito y Aprobado en castidad/inocencia); y sus espacios televisivos (concursos y otros programas multipremiados que merecerían una edición en condiciones como Historias de la frivolidad).

Sin duda los estamentos oficiales maltratan y ningunean la cultura popular, los cómics, el cine y la televisión que muchos tenemos en nuestra memoria pero que oficialmente parece no haber existido, mientras otras épocas se están entronizando de manera desaforada. Así que mientra haya estudiosos entusiastas como Miguel Herrero y editoriales como Diábolo Ediciones parece que habrá un reducto donde quedará resguardada. Porque aunque Serendipia está un poco harto de esta operación nostalgia  (video clubs, los ochenta, la movida, EGB’s…) siempre estará a favor si se hace desde trabajos escrupulosamente realizados que escarben y vayan más allá de un simple desempolvar el pasado.

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