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Archive for the ‘Las lecturas de Serendipia’ Category

Las lecturas de Serendipia: Biblioteca de Cómics de Terror de los años 50. Momias

26 noviembre 2019 Deja un comentario

BIBLIOTECA DE CÓMICS DE TERROR DE LOS AÑOS 50: MOMIAS

Seleccionados por Steve Banes

Diábolo Ediciones. Encuadernación en tapa dura. Formato magazine, 144 páginas a todo color

Si la anterior entrega de la Biblioteca de Cómics de Terror de los años 50 estaba dedicada al zombie, muerto andante moderno por autonomasia y paradigma del cine y literatura de terror del siglo XXI, el cuarto volumen, que recientemente ha salido a la venta, se centra en un muerto viviente de origen más romántico y que marcó una época a comienzos del siglo XX plena de maravillas y descubrimientos: la momia egipcia.

La leyenda que gira alrededor de las maldiciones faraónicas y la maldad inherente a estos seres se remonta a las expediciones británicas por Egipto y sus descubrimientos, más concretamente al de la momia de Tutankamon en 1921 por parte de la expedición del Museo Británico dirigida por Howard Carter, con el auspicio de Lord Carnarvon. Este hallazgo dio pie a la que se llamó maldición del faraón, creencia que se basa en que cualquier persona que profane la tumba de un faraón del Antiguo Egipto cae en una maldición por la que morirá en poco tiempo. La maldición asociada al descubrimiento de la tumba del faraón de la XVIII dinastía Tutankamón es la más famosa en la cultura occidental. Muchos autores (incluido el propio descubridor de la tumba, Howard Carter) niegan que hubiese una maldición escrita, pero algunos investigadores del caso aseguran que Carter encontró en la antecámara un sello en la pared cuya inscripción decía: «La muerte golpeará con su miedo a aquel que turbe el reposo del faraón» Por supuesto había mucha literatura en todo esto, pues no en vano unos años antes, en 1892, en el cuento El lote núm. 249  Arthur Conan Doyle abordó por primera vez la figura de una momia como elemento terrorífico, siendo el relato precursor de futuros filmes, entre los que destaca el primero de ellos y el mejor, La momia (The Mummy, Karl Freund, 1932), protagonizada por el gran Boris Karloff para Universal Pictures en la que interpretaba a Im-ho-tep, sacerdote egipcio momificado en vida que retornaba de la tumba para buscar a la reencarnación de su amada. Pero el personaje no siempre fue así de activo y romántico y pasó a ser, película tras película, poco más que un criado al servicio del malvado de turno.

Steve Banes, recupera y selecciona un buen número de historias protagonizadas por momias y las reúne en este cuarto volumen de la Biblioteca de Cómics de Terror de los años 50. Con un extenso prologo de Banes y una introducción de Steven Thompson, el libro cuenta con un buen número de historietas inéditas en nuestro país ilustradas por Frank Giusto, Sy Grudko, Iger Shop o Bob Powell, entre otros, seleccionadas de oscuros comic books de títulos tan sugerentes como Web of Evil, The Beyond, The Thing o Spook. El tomo se cierra con un buen número de portadas de comic books reproducidas a tamaño original.

Editado, como es habitual en Diábolo Ediciones, con un papel de buen gramaje y a todo color, este tomo es una adición imprescindible para todo aficionado al buen cómic de terror.

 

Las lecturas de Serendipia: Ortega y Pacheco Deluxe Vol. 4

26 noviembre 2019 Deja un comentario

ORTEGA Y PACHECO DELUXE Vol. 4

Pedro Vera

¡Caramba!, 2019. 200 páginas. B/N y color. Cartoné. 20.0 x 25.6 cm

Hay que decirlo bien alto y sin ningún tipo de rubor: Pedro Vera es lo mejor que le ha pasado al cómic humorístico español en los últimos años. Pero también es lo más grande que le ha sucedido a los futuros estudiosos que quieran saber como era y de donde salió el español del siglo XX y XXI, pues el dibujante manchego ha sabido capturar mejor que nadie todos los guiños, costumbres y frases que nos unen, que nos aúnan, pese a quien pese, a todos los habitantes de esta península ibérica que recientemente ha validado su eterno grado de ranciedad convirtiendo, con su voto, en tercera fuerza política al paradigma del cuñao iletrado que siempre tiene que opinar sobre todo aunque no tenga ni la más somera idea de lo que habla. Ese cuñado que todos tenemos y junto al que volveremos a sentarnos durante estas ‘fiestastanentrañables‘ para escucharle decir las mismas frases y sentencias de cada año. Pedro Vera ha sabido captar la esencia de la España rancia, tanto la que palpita en la calle y  en la empresa, como la que se reúne en tascas o en la intimidad del hogar.

Naturalmente hablamos de la serie Ranciofacts, que cada semana se ofrece desde las hojas de la revista El Jueves y que ¡Caramba! reúne regularmente en imprescindibles -y muy esperados- tomos, de los que la editorial ya lleva editados cuatro volúmenes. Pero antes de la obra maestra que, sin lugar a duda es Ranciofacts, Pedro Vera creó unos personajes que ya conectaban con ese ideario cañí, Ortega y Pacheco, dos cazurros que ponían justicia a base de zurriagazos ahí donde hiciera falta: tertulianos, políticos, personajes de la jet… y todo de la manera más políticamente incorrecta, por supuesto.

Dibujante muy acertado en el arte de la caricatura, ¡Caramba!, también ha estado reuniendo en lujosos tomos la integral de Ortega y Pacheco, que se publicó originariamente en El Jueves entre 1998 y 2012 y que con su cuarto volumen llega a su final. El libro reúne todas las últimas historias publicadas en el El Jueves, muchas de ellas no incluidas en los recopilatorios Pendones del Humor. El libro se completa con mas de sesenta páginas que reúnen una larga y reveladora entrevista con el autor, en la que confirma que hay ranciofacts para largo -incluidos unos tomos recopilatorios sobre cine que prometen ser muy grandes-; además de un buen puñado de ilustraciones a todo color, cameos de Ortega y Pacheco en historietas de otros personajes y mucho más,  todo un festín para el fan de la obra de Pedro Vera en particular y del amante del cómic de humor en general. No es que la obra de Pedro Vera sea recomendable: es imprescindible.

Las lecturas de Serendipia: ‘¡Anda! la merienda… Vol. II’

8 noviembre 2019 Deja un comentario

¡ANDÁ!, LA MERIENDA… VOL. II

Más deliciosas colecciones de nuestra niñez

Vicente Pizarro

Diábolo Ediciones, 2019. Tapa dura, 17 x 24 Color. 

En ¡Andá!, la merienda Vicente Pizarro abría la caja de los truenos de nuestra memoria más arcaica mostrándonos viejas colecciones de cromos que pudimos completar a base de dejarnos la salud, adquiriendo de paso unas eternas lorzas que nos acomplejarían durante el resto de nuestra adolescencia y más allá. Y todo gracias a los productos Bimbo, Cropán y Panrico, entre otros. Y es que los niños de los sesenta, setenta y ochenta adquirimos el hábito del coleccionismo, del que todavía sufrimos diversas secuelas, gracias a estas colecciones y las de quiosco. Pero, ¡ay!, las que venían en la bollería y pastelería industrial tenían un nosequé, que las hacía mágicas, especiales para aquellos tiempos de carencias: superhéroes; discos diminutos que sonaban narrando las grandes hazañas de los guerreros del pasado; adivinanzas; figuras; brutos mecánicos troquelados… fantasía desatada.

Tiempo después el mismo autor trajo a nuestra memoria los cromos y las colecciones que venían en aquella pesadilla de nuestras madres (y alegría de dentistas) que era la goma de mascar con el libro ¿Quieres un chicle? Una amenaza menor para sus vástagos si la comparamos con la de las drogas, el sexo y el alcohol, claro. Pero eso sería después.

Ahora, Vicente Pizarro retorna y devuelve al lector al universo de los productos alimenticios de nuestra infancia y sus objetos promocionales con ¡Andá! la merienda II en el que enumera y analiza las promociones incluidas en productos como quesitos, pipas, mermeladas, chocolates solubles, cremas de cacao y snacks, volviendo así a nuestra perjudicada memoria aquellos minerales que daba Cola-Cao en sus tapas; los Pitufos troquelados (y acolchados) de Matutano; o los adhesivos pasotas de Bollycao. Además de descubrirnos colecciones más oscuras,  como las que se ofrecían en las bolsas de pipas o por los productos Ortiz, y reservando sus últimas páginas para ofrecer algunas imágenes de colecciones y productos que quedaron sin reseñar en la primera entrega.

En resumen, todo un milagro, un maravilloso viaje en el tiempo, cuidado hasta el detalle, que destila un gran amor del autor por el objeto del libro y que más allá del dichoso factor nostálgico y del deleite para los sentidos que supone, ofrece un impagable estudio sobre el impacto de la televisión y el cine sobre los niños de la época, la marcha y la competencia en el mercado entre las diferentes marcas, así como el nacimiento del merchandising en España. Así que ¡Andá, la merienda… II funciona a varios niveles, de ahí que sea un interesante libro que merezca ocupar un espacio en nuestra Biblioteca de Serendipia junto a los dos anteriores.

Las lecturas de Serendipia: ‘El destape en el quiosco’

28 octubre 2019 Deja un comentario

EL DESTAPE EN EL QUIOSCO.

Revistas y cómics que revolucionaron nuestra líbido

Guillem Medina

Diábolo Ediciones, 2019. Tapa dura, 17 x 24 Color. 312 páginas.

Para quien no haya vivido los años inmediatamente posteriores a la muerte de Franco, puede resultarle complicado comprender la fiebre del desnudo, eminentemente  femenino, que inundó los quioscos y los cines españoles a mediados de los setenta. Algo inimaginable en la actualidad, pero que tiene una explicación sencilla si nos desplazamos a aquellos tiempos.

Y es que a los que la ‘ola de erotismo’ nos pilló con los primeros picores venéreos la viñeta de un cómic; un inocente anuncio de lencería femenina y, en especial, un reportaje central de Interviú, revista más o menos permitida en los hogares españoles por aquello de los interesantes reportajes de índole político-social, podía abrirnos las puertas al misterio femenino y… a múltiples sesiones de onanismo. No digamos ya si dábamos de manera casual con el escondite de las revistas de nuestro hermano mayor o de nuestro padre. Eso representaba la perdición eterna, o al menos contribuía a aumentar nuestro sentimiento de culpa y el miedo a ir, tras una vida de vicio y depravación causada por la lectura de semejantes inmundicias, a parar a las calderas de Pedro Botero, tal y como el catolicismo nos había inculcado.

En el cine, habituado a la censura, los desnudos comenzaron a permitirse  “por exigencias del guión“, que era la manera culta y elegante con la que las actrices y los directores intentaban  justificar desnudos gratuitos. Surgieron divas que vivieron, y en muchos casos padecieron, esta época como simple carne de cañón, como fue el caso de María José  Cantudo, Agatha Lys, Barbara Rey o Nadiuska, por decir tan solo las más conocidas entre muchísimas más. Y tanto jóvenes estrellas, como una Maribel Verdú de 17 años o Pepa Flores; como veteranas de la talla de Carmen Sevilla, Lola Flores o Sara Montiel, llegaron a mostrar en mayor o menor medida sus encantos, ofreciendo en unos escasos años, toda la carne que el españolito había deseado ver durante aquellos cuarenta años que fueron de pan negro a desarrollismo. A muchas de estas grandes divas las vimos mediante “robados pactados” pero también en bellos reportajes fotográficos realizados por experimentados artistas de la talla de César Lucas o José María Castellví, que dotaron de arte a la fotografía erótica.

Al calor de todo ello llegaron a los quioscos, hasta textualmente inundarlos, una ingente cantidad de publicaciones, muchas de efímera vida, con el sexo como reclamo. Unas, a imagen y semejanza de clásicos  como Playboy, mezclando reportajes fotográficos con artículos periodísticos; otras, ya existentes, introduciendo los desnudos entre sus páginas, como Fotogramas, El Jueves o El Papus; también en forma de cómic, dejando de censurar sus páginas las ya conocidas y editándose muchas nuevas, especialmente provenientes de Italia; y finalmente las revistas y publicaciones íntegramente dedicadas al sexo, que poco después dieron paso directamente a las revistas pornográficas, primero de importación y más tarde incluso en su edición española, como fue el caso de la emblemática Private (de la que, por cierto, reunir las imitaciones chuscas daría para otro libro). Pero ese es otro cantar, pues Guillem Medina en El destape en el quiosco lo que analiza y reúne son aquellas primeras pubicaciones surgidas al calor de la Transición y la, ejem, desaparición de la censura. Revistas como Party, Siesta, Stop, Bocaccio, Lib y muchas otras de cuya existencia había que dejar constancia. Publicaciones que explican mucho más y mejor el pulso de aquella época que todos los libros y estudios que queramos reunir. Sin olvidar el mundo gay y trans. Y es que todavía no se ha hablado nada sobre la curiosidad que despertaban los transformistas y Travestís, que actuaban en sus propios y populares locales en Barcelona y Madrid. Artistas de fama como Pierrot o Paco España, cuyas actuaciones se desarrollaban ante un público compuesto, mayormente, por parejas heterosexuales. Pues bien, también hubo revistas como Party o Pierrot que dieron puntual noticia sobre estos temas y abrieron, más bien entornaron,  el armario.

De toda aquella ola de erotismo y de todas las publicaciones, que en consonancia con los tiempos lo que aireaban a los cuatro vientos era, a fin de cuentas, el ansia de libertad y apertura, poco queda ahora. Interviú desapareció recientemente, y la única que se publicaba en aquella época y prosigue es El Jueves. Los tiempos han cambiado, pero es de agradecer que alguien, con el detallismo y completismo que demuestra Guillem, realice un primer inventario de muchas de aquellas publicaciones, revistas, cómics. Labor que redondea repasando a las principales protagonistas de aquellas publicaciones y películas. Actrices que padecieron y vivieron aquella época en su esplendor y tras la cual vieron como, para la mayoría, se cerraban las puertas del cine.

Diábolo Ediciones, como es habitual, redondea la obra con abundancia de imágenes a todo color, imprescindibles para disfrutar de los diseños ‘vintage‘ y de las sugerentes imágenes de aquellas cabeceras. Pero que no se engañe el lector, la imagen están al servicio del documentado texto del autor, que ayudará al neófito a situarse en aquella época y al estudioso a conocer los entresijos editoriales y socioeconómicos que se vivían en aquellos años.

 

Las lecturas de Serendipia: ‘Viviendo del cuento’

25 octubre 2019 Deja un comentario

VIVIENDO DEL CUENTO

Juanjo Sáez

Astiberri, 2019. Rústica con solapas. 18 x 21.5. Color. 176 páginas.

He de admitir que este libro lo adquirí a ciegas. No solo no sabía quien era Juanjo Sáez, sino que tampoco conocía su obra. O eso pensaba, pues lo cierto es que me he llevado una grata sorpresa, y no solo al reconocer entre sus hojas algunos flyers que en el pasado me había encontrado en el camino, sino porque habla de un tema que viví, en cierto modo, y de gente que conocí. Y me ha sorprendido muy gratamente. Sobre todo porque se mete con la vacuidad que había tras todo ello y les saca los colores. Me explico.

El barcelonés Juanjo Sáez vivió una época previa a las redes sociales que ya anunciaban lo que se nos venía encima: infinidad de gente presumiendo de lo que no es, explicando lo fenomenales que son desde publicaciones de diseño y tendencias. Aquellos periódicos gratuitos que florecieron como los champiñones y desde los que muchos músicos mediocres, artistas que solo ellos sabían que lo eran, diseñadores de moda y creadores de tendencia asaltaron los cielos. Páginas en las que los colaboradores no cobraban, pero  en las que, eso sí, había cuchilladas por publicar. Eso sin olvidar la famosa ‘cultura de club’. Todo eso lo conoció el que todo esto les cuenta en el ocaso de su juventud, a finales de los noventa, cuando ya el salir de noche dejó de ser divertido para convertirse en poco menos que una pesadilla. Por los bares de Barcelona me topé en muchas ocasiones con octavillas (entonces se llamaban así)  y publicidad de lugares como el Nitsa, el Astin, el Apolo, algunas dibujadas por Juanjo Sáez, como he podido comprobar ahora. Lugares a los que me llevaron amigos químicamente incansables y desde los que aburrido/asqueado/ciego preparé mi lenta, pero obligada, retirada.

Tuve amigos que iban al Sonar. Ese lugar al que todavía hay que ir, aunque sea a hacerse la foto. Un festival que presume de progresivo, aunque programe a Los Chunguitos. Un festival que he oído que también programa sesiones infantiles. Todo ello, por entonces, pues volvemos a los noventa, con el Britpop y el niñopop de fondo, a base de flequillos, delgadez, palidez, Adidas y chicas vestidas como alumnas de un colegio de monjas de los sesenta. Mucho dinero y mucha pose. El nacimiento del ‘postureo’. Con grupos y amigos que conocía de la escena mod de la que yo estaba saliendo y ellos también, aunque reciclándose en editores de revista de tendencias,  como Yolanda -ABarna- Muelas o los Sidonie, sin ir más lejos. Y todo eso, toda esa salsa, todo aquel ambiente y todo aquel postureo antes del postureo, Juanjo Sáez lo retrata de manera milimétrica, con sus dibujos sencillos, pero personales, y un léxico sencillo, el suyo, el mío. Su libro es biográfico y sincero y por eso se siente. Se vive. Y en él nos cuenta cómo, partiendo de los fanzines (eso que ahora se llama autoedición) unos remansos de libertad a pequeña escala en la que uno hacía lo que le daba la gana sin grandes pretensiones más allá de pasarlo bien, fue escalando, a veces sin pretenderlo, introduciéndose en exposiciones y revistas hasta terminar convirtiendo su pasión en su profesión. Y todo ello en un libro publicado cuando ya aquella época ha pasado, recuperando tiras de prensa que publicó en diversos medios y, mucho más allá de la simple recopilación, convirtiendo este libro en una reflexión sobre una época, una profesión y, en Imagen relacionadageneral, la vida y la familia.

Pero también es un libro que anticipa el infierno en la tierra que representan las redes sociales, en las que todos escriben sobre todo, en las que todo el mundo es bello y tiene una vida tan interesante que tiene que retransmitirla en directo. Compartir continuamente. Una arena en la que todos saben de todo, están a la última y opinan de todo. Resumiendo, vaticina la vida moderna (o postmoderna, como quieran). Y lo hace con mucho humor, ironía y mala leche, pero también inocencia, porqué no, y a pesar de todo, madurez.

Publicado originalmente por Ramdom House  en 2004, Astiberri reedita Viviendo del cuento con un nuevo prólogo de 12 páginas del autor. 

Las lecturas de Serendipia: ‘Los Estados Divididos de Histeria’

17 septiembre 2019 Deja un comentario

LOS ESTADOS DIVIDIDOS DE HISTERIA

Howard Chaykin

Dolmen Editorial, 2019. Encuadernación en tapa dura.  21×29. Color. 160 páginas.

Sinopsis: EE. UU. ha pasado por cuatro años de crisis económica que han culminado en el asesinato del Presidente y de todo su gabinete, un presidente despreciado dentro y fuera del país cuyo mandato solo exacerbó una situación social, política y económica que parecía no poder ser más desastrosa…

Es en ese ambiente en el que el agente de la CIA Frank Villa, adúltero y ególatra, descubre un complot para convertir Washington DC en un páramo nuclear… y comete un terrible error que acaba por sumir el país, y su propia vida, en un infierno aún mayor.

La única forma que tiene de enmendarlo un poco es recurriendo a cuatro criminales de la peor especie, condenados a cadena perpetua sin condicional.

Estamos ante una obra densa, confusa. Que merece más de una lectura para comprenderla en toda su integridad. Como la situación que refleja. Una situación no demasiado alejada de la que vivimos actualmente. Puede que incluso más fácil de entender y menos compleja. En Los Estados Divididos de Histeria Chaykin lleva al extremo aquella máxima de que la política hace extraños compañeros de cama, y lo hace con tal maestría que el lector adulto y maduro al que va dirigida la obra no se extrañará de las diferentes combinaciones de aliados que formarán los frentes de esta guerra. Una guerra declarada en la que el que posee la información -o la desinformación- tiene el poder. Y Howard Chaykin, como autor comprometido con su tiempo, combate la situación con las armas que tiene:

El deber de un artista es mostrar la realidad tal y como la ve, por muy desagradable que sea. Su deber es ofender si es necesario. Nunca se callará para no ofender a mentes débiles, incapaces de afrontar la dura realidad. Esa es la clase de gente que piensa que una portada concebida para estremecer al lector es en realidad una apología de la extrema derecha.

A sus 68 años Chaykin podría vivir plácidamente de su fama, labrada con míticas colaboraciones con las dos grandes majors, Marvel y DC, en las que ha dejado obras prestigiosas y conocidas por todo lector medianamente serio de cómics. Memorable entre todas ellas es, por ejemplo, aquella Conexión Escorpio que reunió a Lobezno y Nick Furia. Pero su consagración llegaría  en los años noventa con la serie American Flagg (1983-86) y, sobre todo, Black Kiss (1988-89) que nos descubriría un Chaykin autor total y con la que conocería ya el poder de la censura, del que este Estados Divididos de Histeria tampoco ha estado exento, pues una de sus portadas tuvo que ser cambiada, como explica detalladamente el propio autor en el tomo.

Apasionante, con una narrativa muy cinematográfica  y una libertad creativa de lo más saludable, esta magnífica obra maestra, que ha editado de manera lujosa Dolmen Editorial, merece ocupar un puesto de honor en la biblioteca de todo amante de la buena literatura que viva preocupado por el ascenso de los populismos de carácter fascista que están teniendo lugar en diferentes partes del mundo ante la casi total indiferencia de todos. Una pesadilla que, a pesar del tono de su obra, ni el mismo autor pensaba que terminaría siendo casi profética.

“Escribí y dibujé Los Estados Divididos de Histeria suponiendo que Hillary Clinton ganaría la presidencia, y que Donald Trump empujaría a sus partidarios a la violencia y la agitación social. 

No imaginaba que Trump ganaría las elecciones, y que, al ganarlas, permitiría y empoderaría una mentalidad de linchamiento que solo estaba esperando una oportunidad para retomar el mundo en nombre de la  supremacía blanca, y devolver al fascismo su puesto como potencia internacional.

Por supuesto, Estados Unidos no es la única que saluda el regreso del autoritarismo, el fascismo, el racismo y el nacionalismo… y vuelven a recordarme una infancia pasada escuchando a esos antiguos veteranos de las Brigadas Internacionales que sobrevivieron a la Guerra Civil española, y vuelvo a desesperar” 

 

 

Cita ineludible con el mejor ‘Cine-Bis’

Los hijos le están dando muchas satisfacciones a Javier G. Romero. En mayo de este mismo año durante la XXV edición del festival FANT de Bilbao, del que fue creador, recibió un merecido reconocimiento en forma de Fant de Honor. Su hijo mayor, la publicación especializada en cine fantástico y terror Quatermass, ha cumplido el cuarto de siglo (¡25 años ya!), y su hermano pequeño, Cine-Bis, puede presumir de nueve magníficos números en su haber, el último de los cuales acaba de salir a la venta con un extenso artículo sobre la labor que Javier ha desarrollado por amor al cine. Porque que se desengañen los que piensen que se puede hacer dinero publicando fanzines, escribiendo sobre cine u organizando modestos festivales. No, todo esto se hace por amor, y cuando se hace así, se nota en los resultados. Javier repasa en el artículo toda su actividad: fanzines, proyecciones, programas de radio, un festival que le fue arrebatado justo cuando comenzaba a caminar solo, artículos robados por sobrinos de golpistas… Pequeños y grandes momentos. Unos dulces y otros agrios, pero que reflejan  todo el cariño, trabajo y dedicación puesta en ello: ahí están los números antológicos de Quatermass, bibliografía obligada para todo estudioso del cine fantástico que se precie; el festival Fant de Bilbao, creciendo de manera exponencial año tras año; y Cine-Bis, la mejor publicación estatal sobre cine.

Todo ello en un número, el noveno, muy especial para Serendipia, pues Operación Dragón (Enter the Dragon, Robert Clouse, 1973) es una de nuestras películas de cabecera, así que con esa magnífica portada ya nos tenía más que ganados. Pero más allá del inolvidable póster de Bob Peak, el artículo que se ha marcado el propio Javier sobre el film es mucho más que una reseña, en él repasa la vida y obra del Pequeño Dragón, aportando datos poco o nada conocidos sobre el rodaje de su obra maestra.

Otro artículo que personalmente nos ha llegado bien hondo ha sido el dedicado al cine sobrenatural de los años cuarenta. Y ha sido así porque es un tema que nos ha interesado íntimamente desde hace unos años. Ese fantastique amable que muchos no incluyen casi como cine fantástico y que comprende un buen puñado de joyas provenientes de todas las cinematografías. Nos interesaba tanto el tema que nos planteamos escribir largo y tendido sobre él, recopilando toda información y cinta. Y no fue fácil, pues es un temática que, como pudimos comprobar, apenas interesaba a nadie, motivo este de que aparcáramos el proyecto. Un tema que les aseguramos da para mucho y que Juan Carlos Vizcaíno ha desarrollado en su articulo, centrándose en una época muy concreta: los años cuarenta en Estados Unidos, o lo que es lo mismo, durante la II Guerra Mundial.

Este número también cuenta con dos entrevistas. Dos grandes entrevistas, pues es difícil no disfrutar con la elocuencia y simpatía del recientemente desaparecido José Luis Merino, ni con la profesionalidad y humildad del gran Herbert Lom. Dos aportaciones de David Pizarro y Carlos Aguilar, respectivamente.

De entre los artículos destaca una extensa aproximación a la carrera de John Hough realizada por Tonio L. Alarcón; la segunda entrega dedicada al golpe perfecto y que se centra en las aportaciones norteamericanas al tema, gentileza del siempre eficaz José Luis Salvador Estébenez; un acercamiento pormenorizado al revalorizado Spaghetti Western analizando la saga -oficial y bastarda- de Sartana, escrito por José Manuel Romero Moreno y, finalmente, la primera entrega de cine y toros, una faena realizada “mano a mano” entre Ángel Comas y Javier G. Romero, que introduce al lector en la extensa filmografía que ha ofrecido esta entente. Y no únicamente en España. Esta primera entrega se centra en el cine silente, analizando y descubriendo apasionantes piezas, algunas desaparecidas irremediablemente y otras poco conocidas. Toda una delicia para el estudioso sin prejuicios que guste de la arqueología cinematográfica.

Y todo ello con el magnífico diseño que caracteriza esta publicación (¡Oh, negro sobre blanco!) y la fantástica y abultada selección de imágenes (¡590!), por las que ya valdría la pena adquirir Cine-Bis. Tan solo debemos señalar una nota negativa, y es que a pesar de su extensión (228 páginas a todo color), su lectura es tan apasionante que se devora en un suspiro

¡Muchas felicidades a Javier por 25 años de pasión cinéfila y trabajo bien hecho! Si se atreve con 25 más, nosotros seguiremos otros 25 encantados.

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