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Serendipia’s Sitges Film Festival 2018: Séptima cápsula

12 noviembre 2018 Deja un comentario

JUEVES 11 DE OCTUBRE                                                            (Fotos: Serendipia)

Serendipia ya se encuentra en la recta final del festival. Quedan todavía interesantes títulos que ver, que parecen concentrarse en estos últimos días. La jornada la comenzamos en l’Auditori con dos cintas fuera de competición.

Overlord (Julius Avery) está narrada de manera ágil y ya desde la escena inicial, en los momentos previos a saltar en paracaídas, se nos presenta a los diferentes personajes que protagonizarán la acción. Con ellos  entraremos en el epicentro de la 2ª Guerra Mundial, con Francia ocupada por los nazis, que protegen celosamente una torre fortificada en la que se está realizando un experimento ultasecreto: la creación del superhombre ario. Con unos  nazis malignos de manual; un antihéroe negro; experimentos genéticos a lo Menguele; unas gotas de Re-Animator (aunque el fluido, en esta ocasión no sea verde fosforito) y, sobre todo aventuras con sabor pulp y momentos Grand Guignol,  Overlord es un divertimento producido por Bad Robot, la compañía de J. J. Abrams, y sus casi dos horas pasan volando. Al igual que pasa volando -y no se trata de un chascarrillo fácil- Superlópez.

Cuando supimos que Javier Ruiz Caldera, responsable de la muy digna Anacleto: Agente Secreto (2015) y de dos comedias tan interesantes como Dos bodas de más (2013) y Promoción fantasma (2012) iba a hacerse cargo de este arriesgado proyecto, respiramos con cierto alivio. Un alivio que se incrementó al saber que tras el guión iban a estar Borja Cobeaga y Diego San José. Pero todo quedó en suspenso cuando se anunció que Superlópez estaría encarnado por Dani Rovira. Ahora estamos en condiciones de decir que no se debe temer nada, pues Rovira  interpreta su personaje con total solvencia, de tal forma que parece estar escrito para él,  al igual que el resto del reparto, en el que destaca Alexandra Jiménez y el siempre eficaz Julián López. Con buenos efectos especiales, esta parodia del Superman de Richard Donner deja un poco de lado la fidelidad al cómic de Jan (según nos han contado, con cierto desdén, los que lo conocen mejor), pero eso es algo que también se hizo en el tratamiento de Anacleto y al igual que aquella, el resultado ha quedado simpático e ideal para ver en familia.

El día continúa en el cine Retiro donde Serendipia entra de nuevo en el mundo de la animación con la tan divertida como extraña Penguin Higway, una producción japonesa en la que las simpáticas aves no son más que una excusa para contar un relato de crecimiento repleto de una desbordante fantasía, en la que tendrá cabida un océano circular situado en un campo de heno o la obsesión del precoz protagonista, Aoyama, por el tamaño de los pechos femeninos. Adaptación de la novela homónima de Tomihiko Morimi, es toda una obra de divulgación en la que la aventura, la investigación del misterio, es una excusa para repasar las reglas del método científico en el que los protagonistas no son detectives ocasionales sino pequeños aprendices de científico.  Humorística y filosófica a partes iguales, Penguin Highway es el primer largometraje de Hiroyasu Ishida, de quien seguro volveremos a saber.

Seguimos con la sección Panorama a la que pertenece Abrakadabra,  la última entrega de la trilogía neo-giallo de los hermanos Onetti. En esta ocasión los argentinos introducen los códigos del subgénero italiano en el mundo de la magia, con un enrevesado guión decorado con todos los elementos clásicos, la textura, el color, la narrativa audiovisual, la música e incluso el idioma de procedencia de este tipo de películas, doblándola al italiano. Asesinatos, drogas, alcohol (J&B, por supuesto) y erotismo feísta en todo un homenaje al Giallo que en forma de trilogía, finaliza  con esta cinta. Hay que añadir que los Onetti están trabajando en una nueva versión de El pulpo negro, una serie televisiva protagonizada por Narciso Ibáñez Menta que dejó sin respiración a los telespectadores argentinos de mediados de los ochenta, entre los que seguro se encontraban los propios directores, que siguen pues, anclados firmemente en el cine de género.

María Eugenia Rigón y Nicolás Onetti, actriz protagonista y director de ‘Abrakadabra’

Y ¿Qué mejor forma de concluir la jornada que con un clásico? Pues esto es lo que Serendipia tuvo ocasión de hacer viendo, nada más y nada menos que al propio Santo, el enmascarado de plata en la primera de sus aventuras, o al menos, la primera que se estrenó, pues forma parte de dos películas que se rodaron en Cuba justo antes de que Fidel Castro entrara con sus barbudos en La Habana. Santo contra ‘Cerebro del Mal’ (Joselito Rodríguez, 1959) es una fantasía kitsch muy influenciada por los seriales norteamericanos de la Monogram en la que, precisamente, no destaca el Santo, que casi hace de comparsa, sino otro luchador enmascarado, El incógnito. Una delicia fantásticamente remasterizada en glorioso blanco y negro por la compañía de Nicolas Winding Refn  con su Mad Doctor, un luciferino villano, humor involuntario y en medio de todo ello ‘la fórmula de la desintegración de las células’ y el riesgo de que el abyecto traidor la ponga en manos de los soviéticos. Todo esto en el marco del encantador cine Prado que ha sido reformado respetando toda su  arquitectura. Uno de los placeres más exquisitos que Serendipia tuvo ocasión de disfrutar  durante esta edición del festival.

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Serendipia’s Sitges Film Festival 2018: Sexta cápsula

12 noviembre 2018 Deja un comentario

MARTES 9 DE OCTUBRE                                                   (Fotos: Serendipia)

Tras una jornada cinematográficamente hablando magnífica, como fue la del día anterior, pasamos a una menos memorable que se inicia con Dragged Across Concrete, la última película de S. Craig Zahler, responsable de Bone Tomahawk (2015) y Brawl in Cell Block 99 (2017). En este thriller, incluido en la Sección Órbita del festival, Zahler repite con el protagonista de la última, Vince Vaughn y añade a un eficaz Mel Gibson como pareja de policías desencantados que decidirán tomarse la justicia por su mano. Con buenos diálogos, personajes ásperos, duros y de actitud reaccionaria, caras conocidas (como la del propio Gibson, Udo Kier y Don Johnson), tiene el lastre de que durante sus 159 minutos el fuego se cuece demasiado lento, tanto que cuando la acción llega, sabe a poco. Y, sin embargo, ese lastre es, en verdad, una auténtica marca de estilo a través de la cual nuestro director da cuenta de la imposibilidad de la épica en una época, la nuestra, en la que el acceso a la acción donadora de sentido es inalcanzable, no es tiempo de héroes ni en la ficción ni en lo real, estamos abocados a ver y ser antihéroes perdidos en un mundo burocratizado según la definición kafkiana del término. El uso de la lasitud como tempo del desarrollo de la trama, que enmarca unos diálogos lacónicos, es un perfecto recurso para dar cuenta del desencanto como actitud dominante ante el mundo que nos tocó vivir. Con sólo tres títulos en su haber como director, S. Craig Zahler se nos muestra como un autor que tiene mucho que decir sobre nuestro tiempo.

Y de nuevo excursión al pueblo para recalar en el Retiro con dos producciones pertenecientes a la Sección Panorama. No tuvimos tanta suerte con ellas como en la jornada anterior.

Seth Michaels y Sara Sometti presentando St. Agatha

St. Agatha (Darren Lynn Bousman), que fue presentada por dos de sus productores, Seth Michaels y Sara Sometti, es una de esas películas cuyo cartel resulta más atractivo que la propia película. Su guión convierte una residencia de monjas para futuras madres solteras en poco menos que una cárcel, pudiendo así adscribirse al subgénero WIP (Women in Prison): malos tratos a las internas, desapariciones sospechosas, venta ilegal de niños a parejas pudientes… Pero ni por el lado puramente Exploitation llega a funcionar esta producción de escaso presupuesto y, lo que es peor, escaso ingenio. Por su parte He’s out There explota de nuevo el tema de las casas alejadas acechadas por un loco-con-máscara armado con…¡exactamente!: un hacha y dotado además de mucho tiempo para hacer cupcakes envenenadas y llenar el bosque de cepos y trampas. Una peliculita de terror simpática y predecible que al menos sabe jugar bien sus cartas manteniendo la tensión y resultando, al menos, entretenida. Además, está protagonizada por Yvonne Strahovski, cuyo rostro les puede resultar familiar por su papel como Hannah McKayen en las dos últimas temporadas de la serie Dexter o por su participación en la reciente Predator (Shane Black, 2018).

MIÉRCOLES 10 DE OCTUBRE ____________________________________________________________________

Una mujer aparece caminando por el túnel del metro, sube a la estación y orina haciendo caso omiso a todas las personas que están esperando el próximo convoy. No recuerda ni quien es ni nada de su pasado. Dos años después las autoridades que se han hecho cargo de ella descubren que tiene una familia y la llevan de vuelta con ellos a lo que fue su hogar, donde vivirá con un marido y un hijo que no recuerda. Ha perdido su identidad. No es la que era y tan solo quiere marcharse. Es otra persona diferente. De madre y esposa modelo ha pasado a ser una especie de punk asocial. Finalmente el misterio que habrá dentro del misterio se resolverá y todo encajará, dejando con su conclusión un poso de tristeza en el espectador.

Fuga, producción checa dirigida por Agnieszka Smoczynska, directora también de Córki dancingu (The Lure, 2015), aquella extraña película con sirenas cantantes, está escrita y protagonizada por  Gabriela Muskala y es una excelente cinta, profunda y muy bien narrada que conseguirá que compartamos la confusión de la protagonista y su familia ante la situación que todos atraviesan. Una sorpresa demoledoramente triste. Porque la muerte del amor siempre lo es.

Radicalmente diferente fue el tono de Assasination Nation (Sam Levinson, 2018) que nos muestra una autentica caza de brujas en el Salem contemporáneo. Redes sociales, sexo, sexo e hipocresía. ¿Qué sucedería si todos nuestros secretos, todas nuestras imágenes y todos nuestros mensajes fueran difundidos y puestos a disposición de todos? ¿Seguro que ustedes no tienen nada que ocultar? Quizás no lo recuerden pero… ¿seguro que no tienen algún secreto que les pondría en un aprieto si se difundiera en las redes sociales? Una interesante propuesta con un final algo descontextualizado pero que agradó mucho a gran parte del sector femenino del público. Grandes verdades y un alegato feminista necesario contra esta sociedad tremendamente hipócrita que hemos heredado y que las redes sociales parecen haber empeorado. A cada época le corresponden nuevos terrores y también nuevos monstruos, Levinson hace un buen retrato de nuestro temor ante la exposición en redes, donde podríamos caer en manos de las desalmadas prácticas de aquellos que, amparados por el anonimato que ofrece la Web, son capaces de ponernos ante la cuerda floja animados tan so lo por la búsqueda del mayor número de likes. El monstruo puede ser cualquiera, incluso el que parezca más inofensivo. Bien, bien.

Dennison Ramalho, autor del guión de la última película de Zé do Caixao (Encarnaçao do Demonio, 2008) es el director de la producción brasileña Morto Não Fala. Presente en el festival, antes que presentar su película prefirió denunciar la situación que se avecina en su país ante la (por entonces) presumible victoria en la elecciones del ultraderechista Jair Bolsonaro, previsión que finalmente se ha cumplido.

En cuando a la película, se trata de un alegato en contra de la violencia que impera en Brasil. Un trabajador del turno de noche de la morgue descubre que puede hablar con los cadáveres y estos les cuentan las circunstancias de su muerte. Por ellos también se enterará de que su mujer le engaña con el dueño de una tienda, y utilizando la información que recibe de los difuntos preparará una venganza. Sórdida, sucia, con mucho de quadrinhos, que es como se denomina a los comics en Brasil, tipo EC, con los muertos reclamando su venganza de ultratumba, Morto Não Fala no está exenta de cierto humor, negro, por supuesto, pero es sobre todo el reflejo de un universo de pandilleros, de cadáveres en las calles y de favelas vigiladas por niños con pistola. Una continuación del malsano mundo que nos presentó en su cortometraje Ninjas (2011).

Y para terminar el día y animar un poco la jornada ¿qué mejor que un movido thriller coreano? Pues eso es lo que es Dok-Jeon (Believer, Lee Hae-young). Un torbellino de acción, tensión, mafiosos muy peligrosos con secuaces más peligrosos aún y todo ello en una trama a la que le cuesta arrancar pero que una vez se dispara, se suceden importantes balaseras. Ideal colofón para otra  jornada de cine.

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Serendipia’s Sitges Film Festival 2018: Quinta cápsula

31 octubre 2018 Deja un comentario

LUNES 8 DE OCTUBRE                                                        (Fotos: Serendipia)

Durante este lunes Serendipia vería una de las películas que esperaba con más expectación. No le defraudaría: The House that Jack Built fue la bomba. Además iría, por primera vez en este año, al Retiro, sala en la que sus posaderas se resentirían gravemente tras cuatro películas seguidas…

Vamos con ello:

La jornada comenzaba con la producción argentina Animal, cinta que compite en la Sección Oficial y que está dirigida por Armando Bo. Si les suena el nombre es porque su abuelo se llamaba también Armando Bo y su esposa era la legendaria Coca Sarli, actriz a la que dirigió y con la que protagonizó un buen número de éxitos del cine argentino que son en la actualidad películas de culto por derecho propio. Su hijo, Víctor Bo, protagonizó también alguna película junto a su madrastra. Armando, tercera generación de los Bo que pertenece al negocio cinematográfico se ha hecho un nombre por sí mismo produciendo, dirigiendo y colaborando en los guiones de Biutiful (2010) y Birdman or The Unexpected Virtue of Ignorance (2014) de Alejandro G. Iñárritu. Con su segunda película nos propone un intenso drama, el de un hombre

que lleva una vida perfecta, ideal, pero al que un día le hace falta un riñón. Tras dos años de espera siente que el sistema no funciona y que merece una solución a su problema, así que busca un riñón por otros cauces. La película de Bo contiene un poderoso discurso político y social que quizás se ceba con la parte más desfavorecida del drama, el joven pobre, todo un parásito que va a venderle la víscera que el protagonista tan urgentemente necesita, mostrándolo como un necio y un egoísta, tanto a él como a su compañera en este descenso a los infiernos de un burgués que verá como las cosas son más frágiles de lo que aparentan y que, por un caprichoso giro del destino, todo su futuro puede derruirse. El de Animal es un aciago retrato que calibra perfectamente su ritmo, un avance in crescendo en la espiral que de degradación humana en la que se sumen los

personajes y que es una punzante denuncia de nuestras burocráticas sociedades. Si tuviéramos que quedarnos con un sólo momento del filme (y sería injusto) habríamos de decantarnos por su plano secuencia inicial, la cámara de Bo se cuela en la rutina de una familia de clase media en una mañana que podría haber sido la de cualquier día, de un personaje a otro como un perfecto baile, entreteniéndose en los detalles que aportan pistas sobre la circunstancia de los personajes, ese calendario en el que se anota los días que hace que el padre dejó de fumar, él se convierte en el principal objeto de seguimiento, un mar en calma que, sin embargo, por la duración de la secuencia y el magnífico uso de una vibrante aria operística nos hacen contener el aliento, con razón, salimos de la casa tras la carrera matutina de ese hombre anónimo, el aria concluye, el protagonista se desploma; somos conscientes de que a partir de ahí ya no volveraá a existir esa calma nunca más. Magnífica película pero, ¿Sección Oficial? ¿Dónde está el Fantástico? Por mucho que lo buscamos no lo encontramos, a pesar de ello aplaudimos su proyección sólo nos apena una cosa: ¿será Sitges el mejor escenario para que el público la valore?

Y llegó el momento de ver la última barrabasada del danés loco Lars von Trier que demuestra, una vez más, que tiene un retorcido sentido del humor con la deliciosa The House that Jack Built, un completo catálogo de tropelías cometidas por un excéntrico asesino en serie. Veremos desde sus primeros y chapuceros asesinatos, a su evolución como artista del crimen. Finalizando con su declive y caída. Y von Trier nos lo mostrará todo de manera muy explícita y con altas dosis de humor negro. Negrísimo. Tanto que uno sale del cine sintiéndose peor persona por haberse reído a carcajadas con algunas de sus escenas más brutales. Pero esto es Sitges, amigos, y afortunadamente lo que pasa en Sitges se queda en Sitges, así que sin remordimientos podemos calificar a The House that Jack Built como una de las mejores películas que tuvimos ocasión de ver durante esta edición del Festival, pero también comprendemos que no es indicada para todos los públicos. Y podemos entender que los espectadores del Festival de Cannes salieran de la sala indignados y asqueados. Comprendemos, pero no compartimos, su indignación pues The House that Jack Built es misógina, cruel, provocativa y tremendamente divertida, sí, pero también es una reflexión sobre la sociedad, el arte y la vida. Todas las obsesiones filosófico-existenciales del narciso danés se dan cita abiertamente, con descaro formal podría llegar a decirse, y es que no están ahí como subtextos que hayan de ser inferidos a partir de la trama, no, un ingenio formal les permite estar al mismo nivel que la narración principal: von Trier engarza la acción, dividida en episodios/incidentes, en el transcurso del descenso al infierno del protagonista, conducido por Virgilio, la conversación en off entre los dos personajes pauta la trama y ahí es donde las reflexiones juegan a pie de igualdad con la peripecia argumental. Entre asesinato y asesinato vemos circular cuestiones como la naturaleza del arte, la implicación de la destrucción en la creación, la descomposición como magma, el nazismo como paradigma en su querer perdurar en la historia no en su imperio sino en las ruinas del mismo (con las ruinas del Imperio Romano como modelo)… Cuestiones todas a las que se remite ese asesino serial y su obsesión compulsión por el orden y la pulcritud (aspecto que aporta algunos de los episodios cómicos más brillantes), un ingeniero (interprete de lo artístico) que quiere convertirse en arquitecto (creador sumo). Frente a él Virgilio se erige como portavoz del discurso humanista que ve al amor como la única fuente de inspiración última. Ambos personajes dan cuenta en su debate de las principales dialécticas que han definido nuestra cultura y von Trier mantendrá la tensión entre los polos hasta el final cuando Jack se enfrenta al fin del infierno y el puente roto que ascendía desde el noveno círculo hasta el paraíso. Un final cerrado que no vamos a revelar.

The House that Jack Built es una cinta compleja y barroca en la que el autor repasa toda su obra demostrando que el cinismo y la frescura no está reñidos. Y de paso con el título rinde homenaje ¿involuntario? a una famosa canción que popularizó la recientemente fallecida Aretha Franklin.

Con episodios basados en crímenes reales cometidos por Jeffrey Dahmer y Ted Bundy, el espectador llegará a alcanzar cierta complicidad con el asesino que interpreta modelicamente Matt Dillon, sobre todo porque varias de sus víctimas parecen ganarse a pulso el serlo. Lo piden a gritos. Así, cuando llega la cuchillada, o el martillazo en la cabeza, en lugar de dar paso al horror, l’Auditori estalló en carcajadas. ¿Estamos enfermos? Francamente lo dudo, pero el debate está abierto.

Tras la cinta de Lars von Trier, que se ofreció en Sección Oficial fuera de competición, Serendipia se desplazó a la ciudad de Sitges, donde están las antiguas sedes del festival. En este caso al Retiro, sala que fue el escenario de nuestro particular tour de force cinéfago.

Comenzamos con animación, pues Serendipia procura preparar un programa en el que tengan  cabida todos los ingredientes que se cocinan en el Festival. Liz & The Blue Bird es la historia de una  adolescente solitaria que lee un cuento sobre una adolescente solitaria. Busca ser popular en su colegio juntándose con una de las alumnas más inquietas, pero el final desvelará que a veces las cosas no son como parecen y que hemos de dejarnos volar aunque suponga separar nuestro camino del de aquellos que queremos. Con dos modos de animación diferentes, con trazos más pictóricos e indefinidos cuando estamos en el cuento, con tonos brillantes, y más acabado cuando nos sitúa en el mundo real de la protagonista, un mundo dominado por un cromatismo degradado. Sutil y elegante, la película peca, sin embargo, de un tempo excesivamente pausado, algo que no sucedía con la anterior cinta del director A Silent Voice, que pudimos ver durante la pasada edición del Festival y que también se desarrollaba en un entorno similar.

Isaac Ezban presentando su película Parallel

A continuación tocaban dos cintas incluidas en la sección Panorama, una de las que pueden dar más disgustos por la calidad de sus películas, pues no siempre está al nivel de lo que esperamos de Sitges. Afortunadamente, en esta jornada, no fue así. Parallel, del mexicano Isaac Ezban es una ingeniosa cinta en la que un grupo de amigos que comparten casa descubrirán un antiguo espejo que resultará ser un portal a otras dimensiones paralelas. Explorar las características del portal será el objetivo de este grupo de nerds, sus descubrimientos, al principio, servirán tan solo a la inocente picaresca que les da ser jugadores de ventaja, pero, poco a poco, cuando aumente su ambición y/o quieran resolver antiguos traumas en alguno de los universos paralelos donde no se han producido, entrarán en una espiral en la que ni siquiera el asesinato está vetado. Una pequeña producción independiente norteamericana resuelta con ingenio y soltura que el propio director se encargó de presentar.

Sin apenas pausa viajamos al Oriente más mágico para ver Yao Mao Zhuan (Leyend of the Demon Cat), una imaginativa fantasía dirigida por Chen Kaige (Adiós a mi concubina, Tierra amarilla) repleta de exorcismos, encantamientos, sortilegios, gatos mágicos y demás parafernalia, todo ello  en una lujosa producción, de fastuosos decorados, pura maravilla visual colmada de color e imaginación protagonizada por un equipo compuesto por un monje japonés y un poeta chino, que deberán investigar y combatir a un gato demoníaco que está causando estragos en la corte imperial. Lamentablemente los subtítulos incrustados eran en inglés (no hay previsto estreno en nuestro país), así que, quienes no dominan esta nueva lengua franca, se veían en ocasiones obligados a elegir entre dejarse invadir por el plasticismo de Kaige o seguir el diálogo. Si el cine es el arte de narrar con imágenes, ya pueden suponer cuál es la elección que proponemos. Una obra inconmensurable que merecía haber sido proyectada en la gran pantalla de l’Auditori.

Y para finalizar el día, una de las grandes favoritas, Under the Silver Lake, una cinta multireferencial y de difícil catalogación, con mucho de comedia, pero más de cine negro. Un  seductor disparate que nos presenta un asesino de perros, una chica desaparecida, conspiraciones descabelladas y verdades como puños. ¿Piensa usted que posee una gran personalidad y gustos diferentes a los del resto? ¿Se cree mejor que los demás? Under the Silver Lake dejará su enorme ego a la altura del betún. Protagonizada por Andrew Garfield, que definitivamente colgó su traje de Spiderman y se embarca en proyectos que demuestran su capacidad como actor. Basta con recordar su participación en Silencio (Silence, Martin Scorsese, 2016) o el drama bélico Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge, 2016) de Mel Gibson. Con esta cinta demuestra que también puede meterse hasta las orejas en el cine indie y seguir el juego que le propone David Robert Mitchell, que cambia totalmente de registro tras la muy interesante It Follows (2014) y se adentra en una obra que adopta los modos narrativos del cine clásico, rinde tributo a Hitchcock hasta en su banda sonora, que podríamos pensar que ha salido de las manos de Bernard Herrman, para construir un filme rabiosamente moderno (¿o debiéramos decir postmoderno?) en el que la cultura pop se convierte en magma del que extraer reflexiones de alto calado. Una pieza de orfebrería que hay que ver más de una vez para disfrutarla en su totalidad.

Sin duda semejante atracón de cine mereció bien la pena, sobre todo si se coronaba con una cinta como Under the Silver Lake. Todavía el cansancio no había hecho mella en el espíritu de Serendipia, aunque, eso sí, las butacas del entrañable Retiro dejaron secuelas físicas en su anatomía más recóndita…

 

 

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Serendipia’s Sitges Film Festival 2018: Tercera cápsula

25 octubre 2018 Deja un comentario

SÁBADO 6 DE OCTUBRE                                                      (Fotos: Serendipia)

Dia fuerte para Serendipia: cinco películas seguidas. De nueve de la mañana a 7 de la tarde. Vamos allá:

Y comenzamos bien. Mandy, segunda película de Panos Cosmatos tras sorprender al público de Sitges con su opera prima, Beyond the Black Rainbow, es pura psicodelia visual y sonora. Dividida en dos partes bien diferenciadas, ninguna defrauda. Imágenes con grano nos mostrarán el paraíso terrenal durante la primera parte del filme, con una protagonista, Mandy (Andrea Riseborough) no exenta de cierta aura extraña. Esas imágenes presagiarán la bajada al infierno de su compañero, Red,  interpretado por un Nicolas Cage desatado que se enfrentará al mal en estado puro, atávico. Los monstruos invadirán el paraíso dejando desolación tras de sí. Como elefantes en una cacharrería. Ecos de la pesadilla hippie que tiñó de sangre Los Angeles aquel 9 de agosto de 1969. Monstruos ridículos que Cage pondrá en su lugar. Monstruos patéticos que Cage eliminará.

LA nueva imagen icónica de Nicolas Cage al final de Mandy

Polémica, Mandy despertó (y seguirá despertando), apegos y desapegos entre los espectadores. Para algunos lo mejor del festival, para otros ni mucho menos, en definitiva: una cita obligatoria.

Demián Rugna, director de ‘Aterrados’

A Serendipia le gusta el cine artesanal. Y le gustan las películas sudamericanas. Así que Aterrados nos pareció una cinta muy digna. Visceral y efectiva, es una película de terror sobrenatural con algunos elementos de comedia, pero ante todo nada tímida a la hora de mostrar hemoglobina, con golpes de efecto de la vieja escuela, sombras y sobresaltos. Inquietante. Una de esas cintas que hacen que el espectador se revuelva nervioso en la butaca. Fresca como la primera entrega de Insidious, nos muestra a unos parapsicólogos con más dudas que sentencias, unos especialistas que saben muy poco más que los profanos, sus (des)conocimientos redundan en la comicidad que impregna la cinta y que tiene en  Maximiliano Ghione, como comisario  Maza, su ejecutor más brillante. Gente que desaparece, muertos que vuelven de sus tumbas, entes invisibles, movimientos magnéticos sin explicación alguna… Grandes dosis de enredo y susto, combinación que la hace destacar pese a su modestia.

Nueva carrera y Piercing, un perfecto ejemplo de cine indie norteamericano que La Aventura distribuirá en nuestras pantallas. El punto de partida no deja de ser inquietante: el protagonista quiere cometer un asesinato y en su imaginación su propio bebé y su esposa le animarán a ello, así que contratará a una prostituta con la que hacer realidad su sueño. Inspirado en una obra de Ryû Murakami, la cinta cuenta con la participación de Christopher Abbott, Mia Wasikowska y Laia Costa y posee, además, una fantástica selección de temas en su banda sonora, entre ellos el motivo principal de Tenebre (Dario Argento, 1982) compuesto por Simonetti, Morante y Pignatelli. Comedia, patetismo, masoquismo y mucho ingenio. Un nuevo jalón en ese río de thrillers en clave de comedia loca y nocturna, en el que la irrealidad y lo real se dan la mano en una vorágine de acontecimientos divertidos y tristes a la vez, patéticos y simpáticos a partes iguales.

Summer of 84 es la nueva película de los creadores de Turbo Kid (François Simard, Anouk Whissell y Yoann-Karl Whissell), cinta que se sumó, ¡y de qué manera! al revival ochentero que nos está asolando. Y está nueva propuesta del trío, como bien delata el propio título, también tiene mucho de eso, pues los protagonistas son un arquetípico grupo de adolescentes de vacaciones que, como pueden suponer, incluso van en bicicleta. Uno de ellos sospecha que delante de su casa vive un asesino de niños, que lejos de ser un individuo siniestro, es conocido y querido por todo el vecindario ya que, además, es policía. Entre amoríos adolescentes, humor y niños desaparecidos, nuestros protagonistas hablarán de lo que hablan todos los adolescentes: de sexo, de sexo y de sexo. Todo está dispuesto para que nos entreguemos a un ejercicio de nostalgia, disfrutando de ese subgénero de púberes enfrentados a un misterio que les hará pasar la aventura de su vida (subgénero que ya viene de lejos y que tiene en Tom Sawyer de Mark Twain su primer gran título), pero… El final viene a sacarnos de  nuestra inocente complacencia, Summer of 84 no es Los Goonies posee un trasfondo tenebroso y una conclusión inesperada que nos obliga a retroceder sobre lo visto porque a la luz de esa coda todo cobra una nueva dimensión. La premisa, cualquiera de nuestros vecinos puede ser un asesino, acaba teniendo una concreción amarga, el fin de la infancia no llega por superar la aventura de crecimiento, sino por darse de bruces con lo que comporta afrontar a un asesino. Y no revelamos más, mejor déjense sorprender y vayan a verla, pues A contracorriente la distribuirá pronto en los mejores cines.

Los simpáticos François Simard, Anouk Whissell y Yoann-Karl Whissell recibidos en Sitges con ovación

¿Y qué mejor forma de terminar el día que con zombies? ¿Que están hartos de ellos? Nosotros también. Sin embargo, nos gusta el enfoque que se les da en la francesa La nuit a dévoré le monde, de Dominique Rocher, un joven director que debuta en el largometraje con esta historia que, más que enlazada al tópico apocalipsis zombie, es cercana en espíritu a Soy leyenda de Richard Matheson. Protagonizada por el único sobreviviente que, enclaustrado en un edificio, deberá luchar por sobrevivir, protegerse de los muertos vivientes y combatir la terrible soledad. La cinta se recrea en la evolución que sufrirá el protagonista de esta historia de superación y supervivencia, pero para decirnos mucho sobre nosotros mismos, sobre el valor y el dolor de la soledad, sobre la necesidad de arriesgar y apostar por abandonar nuestra zona de confort si queremos tener la esperanza de completarnos en comunidad con el otro. La nuit a dévoré le monde parecerá repetitiva, casi aburrida, a quienes busquen pirotecnia fácil, pues es de esas cintas en las que parece no pasar apenas nada, pero eso es mera apariencia, en este viaje interior nada permanece quieto, no es un survival al uso, es una lectura humanista sobre los significados de sobrevivir.

Y ejercicio puro de supervivencia fue el que realizó Serendipia en esta apretada jornada. Diez horas seguidas de proyección mina la resistencia del más aguerrido de los cinéfagos. Ayudó, y mucho, a superar la prueba, que ese encadenado de imágenes en movimiento fueran ejemplo de cine con mayúsculas. De buen cine.

Mientras estábamos en la oscuridad, en el exterior la no-vida seguía. Tuvo lugar la particular y tradicional Sitges Zombie Walk, y entre película y película lo mejor: encontrarse con amigos y algún conocido como Jack Taylor, al que saludar sin que la organización nos aparte a manotazos. Que de todo hubo. También hubo glamour, pero eso no lo vimos porque nos pillaba lejos.

 

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Serendipia’s Sitges Film Festival 2018: Segunda cápsula

23 octubre 2018 Deja un comentario

VIERNES 5 DE OCTUBRE                                                     (Fotos: Serendipia)

Con los ecos de Suspiria y Climax todavía resonando en nuestra mente, Serendipia se mete de nuevo en harina de buena mañana con La sombra de la ley, el nuevo filme de Dani de la Torre tras la estupenda El desconocido  que formaba parte de la sección Órbita del festival. En esta ocasión el director ofreció una producción de más enjundia en cuanto a presupuesto, que se desarrolla en la conflictiva Barcelona de los años veinte, en la que convivían los conflictos laborales con la irrupción del pistolerismo protagonizado por los partidos anarquistas, en contraste con los aires golpistas provenientes de un ejército cada vez más revuelto y con ganas de hacer olvidar el desastre de Annual. La ciudad está magníficamente retratada, con esa Sagrada Familia en construcción y con los burgueses dándose la gran vida en la Barcelona nocturna del Eden Concert. En este escenario se mueven los protagonistas, un grupo de policías corruptos a los que se une, proveniente de Madrid, ‘el vasco’, personaje que encarna Luis Tosar que desprende cierto aroma al Rick de Casablanca, un ser desengañado y cínico que ha perdido la sonrisa y parece haber perdido también los ideales. A él se suman unos memorables personajes, con mención especial para ‘el tísico’ de Ernesto Alterio y una Adriana Torrebejano que como Lola, la vedette del Eden Concert, se come en protagonismo a la propia Michelle Jenner, todo ello en un clima de  corrupción, drogas, prostitución y conflictos sociales en este creíble y solvente thriller dirigido con buen pulso que podría tener su peso en la próxima ceremonia de los Goya. Cinta de corte clásico, por su temática, pero sobre todo por la formas narrativas que adopta (en las que no faltan citas a títulos consagrados del género), se resiente, tal vez, de exceso de celo. Se diría que el director ha querido dejarlo todo bien atado, sin fisuras, y utilizar todos los recursos estilísticos que adornan al género, con lo cual cae en ocasiones en el manierismo, como si quisiera desaparecer como autor en aras de realizar un ejercicio impecable. Echamos en falta la frescura de su primer largo, más imperfecto, pero más personal, con más alma. La belleza preciosista de La sombra de la ley se antoja excesiva, con esa cámara que no deja de moverse en elegantes travellings y no cesa de alumbrar encuadres matemáticos, un trabajo maximalista que ahoga al espectador que pide algo más que un buen argumento y una buena actuación. Lo peor de este celo por dar a luz una puesta en escena perfecta, es que acaba resultando de manual, lastrando la originalidad que hubiésemos querido encontrar. Tal como le ocurre a este ser doble que es Serendipia, algunos quedarán satisfechos con sus virtudes, otros, sin negárselas, hubiésemos querido menos pulcritud y más riesgo, un producto menos convencional y con más personalidad. Hubiese querido que me gustará más, pero ello no obsta para considerar que es un producto altamente recomendable y merecedor de todo el apoyo que pueda dársele.

Tras este convincente comienzo de jornada, sin pausa, Serendipia vuelve a Sección Oficial con Apostle, película dirigida por Gareth Evans, responsable de la trepidante The Raid (2011), con la que el director nos ofrece un registro totalmente diferente. La cinta, ambientada a principios del siglo XX, nos narra las vicisitudes de Thomas (Dan Stevens), que se infiltra en una secta para rescatar a su hermana. Con una intriga bien construida, contiene elementos sobrenaturales y escenas brutales que no consiguen, a pesar de todo, alumbrar un filme redondo. Quizás porque la parte sobrenatural se vuelve demasiado explícita, perdiendo capacidad de sugerencia, casi dividiendo la cinta en dos. En su primera incursión en el terror, Evans cae en el error de quererlo abarcar todo, no le basta con construir un relato eficaz sobre el mundo de las sectas destructivas, busca un punto de vista más ambicioso, quiere que nos planteemos el sentido de la fe, pero se nos antoja que para  hilarlo ha incurrido en una escritura de trazo grueso, como si dudara de la capacidad de deducción del espectador, en la que todo ha de tener correlato visual, cosa que hace que la efectividad se sacrifique en manos del efectismo. Deja planos y escenas memorables, pero no logra que el conjunto brille por igual. Un filme fallido pese a ser interesante.

Más sección oficial con Elizabeth Harvest (Sebastian Gutierrez), una cinta que con estética e imaginería de fábula futurista, nos introduce en una variación de la leyenda de Barba azul, haciendo hincapié en la atracción que ejerce lo prohibido en nuestro subconsciente. También tiene puntos en común con la creación de Mary Shelley, cuyo bicentenario también se  homenajeó en el certamen, con una criatura que se revelará contra su creador. Lamentablemente el exceso de metraje lastra el resultado. Y es que, no renunciar a ninguno de los giros que sugiere el guión, hace que la intriga se dilate y se desluzca a partes iguales. Interesante es que nuestro barba azul/mad doctor se vea las caras con un personaje femenino sólido que evoluciona a lo largo del relato, pero falta definición del resto de personajes y sobra enredo en la trama. Sus imperfecciones hacen que al final el conjunto resulte tedioso. Toda una lástima.

Pero poco duró el tedio, pues a continuación llegó una de las sensaciones de Sitges 2018, The Night Comes for Us, una cinta indonesia repleta de luchas espectaculares y acción a destajo en la que predomina el sonido de los huesos al romperse. Pura adrenalina y diversión, este ejercicio de ultraviolencia no da respiro al espectador y está dirigido por Timo Tjahjanto, realizador que compartió metraje con Gareth Evans en la colectiva VHS 2 (2013). Otra coincidencia con el director de The Raid es la aparición de sus actores protagonistas, Iko Uwais y Joe Taslim. Con apenas excusa argumental, nada más que la tópica redención del protagonista por mor de la revelación del valor de la vida encarnada en la pequeña superviviente de una masacre ejecutada por él mismo, este thriller indonesio es un auténtico festín para los amantes de la acción de infarto repleta de momentos políticamente incorrectos como lo es que hasta la niña tenga su minuto de violencia. Como artífice, decimos, no como víctima. Una cinta desmesurada que no da respiro. Puro cine de evasión.

Mientras tanto llegaban las estrellas al festival. Fugazmente vimos a Nicolas Cage, que hizo una entrada de lo más humano: salió corriendo del coche buscando un lavabo. Más cerca pudimos estar de Ron Perlman y Pam Grier, estrellas a las que la organización se encargó celosamente de proteger para que nadie pudiera acercarse a ellos. Así que guardamos nuestras carátulas de Hellboy y Scream Blacula Scream y seguimos a lo nuestro.

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Serendipia’s Sitges Film Festival 2018: Primera cápsula

22 octubre 2018 Deja un comentario

La pasada edición del festival de Sitges, con la que el certamen celebraba su medio siglo de existencia, quedó,  en opinión  de Serendipia, algo coja en cuanto a invitados. También estuvo, y esto no es achacable al festival, un tanto floja en cuanto a la calidad de sus propuestas cinematográficas. Pues bien, la edición número 51 ha sido todo lo opuesto. Tal y como iba anunciándose la impresionante lista de invitados, posiblemente sin parangón con respecto a otros años, Serendipia parecía confirmar que estaba formada por muchos que no pudieron estar presentes en la edición anterior. También la cosecha fantástica ha sido arrolladora. Excelente. Se ha ofrecido una gran cantidad de títulos de los cuales se va a estar hablando lo que resta de año y más allá. Puede decirse que hemos sobrevivido a este Sitges. No ha sido fácil, pues ha resultado agotador, pero aquí estamos para narrarles nuevamente nuestro festival particular. Les hablaremos de felices reencuentros, de amenas charlas, de buenos y no tan buenos momentos, pero sobre todo de cine, del mejor cine seleccionado por el equipo del festival de entre lo más granado proveniente de todos los continentes, un buen puñado de títulos de entre los cuales Serendipia pudo ver 44 y sobrevivir para contarlo.

 JUEVES 4 DE OCTUBRE                                    (Fotos: Serendipia)

Aunque la película que inauguraba l’Auditori era la esperada Suspiria a las 11,45 h., Serendipia no perdió el tiempo y con la despensa llena, la barba rasurada y las piernas depiladas, afrontó su primera cinta del festival en la sala Tramuntana a las 9,15 h. Por duración era humanamente posible y apaciguaría los nervios ante las ganas de cine. Y de Suspiria. Au Poste!, nueva cinta del canadiense Quentin Dupieux con la que vuelve a introducir al espectador en su peculiar mundo. Dupieux, que sorprendió a todos en 2010 con Rubber, aquella cinta protagonizada por un neumático, propone ahora una comedia negra surrealista en la que una cadena de terribles acontecimientos parecerán culpar a un inocente del asesinato de un policía. Diálogos veloces e hilarantes en lo que sin duda fue un inicio perfecto de festival.

Y de ahí, ahora sí, a l’Auditori para ver la nueva Suspiria. Previamente se había proyectado la habitual sesión infantil para escuelas, y en esta ocasión cabe felicitar a la organización pues se desalojó la sala a tiempo y por la salida posterior, evitándose así las habituales aglomeraciones que en otros años retrasaron el comienzo de la sesión inaugural.

Eh…sí, vamos a hablar de Suspiria y de Luca Guadagnino. Después de su sonoro debut en el largometraje de ficción con Melissa P. (2005), con María Valverde encarnando a una adolescente que narra sus experiencias sexuales y tras su primera colaboración con Tilda Swinton en Yo soy el amor (Io sono l’amore, 2009), vino Cegados por el sol (A Bigger Splash, 2015) en la que repetía con Swinton e incorporaba en el reparto a Dakota Johnson y con la que Guadagnino abordaba su primer remake, en este caso de La piscina (Le piscine, Jacques Deray, 1969). Pero la consagración  llegó con la excelente Call Me by Your Name (2017). A pesar de todo ello, el anuncio de que se disponía a abordar una obra tan personal como Suspiria, de Dario Argento, se antojaba un tanto absurda y despertaba cierto temor.

¡Brujas, más que brujas!

Pero bueno.

La acción de Suspiria se desarrolla en el convulso Berlín de 1977, el mismo año en el que se estrenó la original de Argento. Tenemos también una escuela de danza dirigida por inquietantes damas que trasmiten su condición de hermandad de brujas, con el baile y las coreografías como aquelarres, invocaciones. La Suspiria de Guadagnino se enmarca en ese grupo de películas de terror de última hornada en las cuales parece no pasar nada, pero lo extraño se oculta en cada fotograma y lo maligno acecha en lo más cotidiano, teniendo en el clímax su eclosión.  Respiren tranquilos los fans de Argento, pues la película que ha dirigido el palermitano poco o nada tiene que ver con la original más allá de la presencia de las tres madres y el marco de acción desarrollado en una escuela de danza. Guadagnino ha sido lo suficientemente inteligente como para no intentar hacer algo parecido al original y su película tiene gran belleza, pero… Sí, ya llegaron los peros: abre tantas subtramas y caminos sin salida que consigue que el espectador se pierda intentando comprenderla. Y a todo esto llega su conclusión, su bella, delirante y excesiva conclusión que dejó, a esta parte de Serendipia, with the distorted ass y con la necesidad de repetir la experiencia, más que nada para ver si en esta ocasión le parece todo menos confuso. En todo caso la otra parte de Serendipia, infinitamente más juiciosa que esta que les está hablando, ha escrito sus impresiones sobre esta película y es posible que estén más  de acuerdo con lo que ella explica.

Todavía confuso tras los 152 minutos de Suspiria, Serendipia se metió de lleno en Climax, una agotadora -por intensa- película de Gaspar Noé basada en un hecho real que narra los trágicos sucesos que tuvieron lugar en una fiesta en la que alguien había puesto una extraña droja en el ponche. Perfectas coreografías, no tan solo por parte de los danzarines, sino también de la cámara con numerosos planos-secuencia que van haciéndose más cortos conforme la acción avanza y el efecto de la droga va subiendo. El interés no decae, es imposible apartarse de la acción, no lo permiten ni los personajes ni la hipnótica cámara de Noé, que va sumergiendo al espectador en un infierno que muchos hemos visitado alguna vez. Una pesadilla lisérgica magníficamente contada repleta de una  intensidad traumática que contagia al espectador. Con todos los elementos que definen ese género en sí mismo que es el cine de Noé. Seductoramente hipnótica.

También capaz de irritar a bastantes, a aquellos que muerden el anzuelo de esa provocación que se tiene a sí misma por objetivo desde los mismos rótulos que salpican la cinta haciendo las veces de marcadores de sus capítulos (esos créditos a modo de intermedio son especialmente inspirados), pero que a algunos les parecen sentencias pseudointelectuales que buscan evangelizarnos (sic). Al cine de Noé hay que leerlo desde la ironía, desde el distanciamiento sarcástico que imprime en él su autor, porque no es un catecismo sino, en todo caso, una exposición de la insoportable levedad del ser que define a lo (pos)moderno.

El propio Gaspar Noé lo explica (casi) todo:

La jornada se relajó con Asher (Michael Caton-Jones), un modesto thriller en el que Ron Perlman encarna a un sicario crepuscular con pocos vicios más allá de una buena copa de vino y sacar lustre a sus zapatos. Con un reparto que incluye a Framke Janssen (la Jean Grey de los X-Men de Bryan Singer), Richard Dreyfuss y Jacqueline Bisset, la película cuenta con una eficaz banda sonora de Simon Boswell.

La sección Noves Visions se inauguró con  la cinta española Ánimas, de José Ortuño y Laura Alvea de la que ya les hablamos largo y tendido en este artículo. Un día intenso que tan solo sería el amanecer de una edición que reservaría muchas alegrías al cinéfilo.

La presentación de Suspiria resultó menos lucida al no contar con la presencia, a pesar de estar confirmados, del director del filme y de Jessica Harper. Quien sí se presentó fue Tilda Swinton, todo ello a pesar de que su padre había fallecido poco antes, y que recibió de manos de J. Bayona, el Gran Premi Honorific del certamen. También hubo glamour y todo eso, pero nosotros lo vimos de lejos. En este vídeo y los sucesivos que compartiremos en las siguiente píldoras lo podrán ver.

 

 

 

 

 

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Sitges 2018: Suspiria, el cine como sinestesia

22 octubre 2018 Deja un comentario

Honesto es admitir que salí de L’auditori desconcertada, sin saber bien, bien, qué había visto, igual que le ocurrió a gran parte de los asistentes a esa proyección, pero tardé muy poco en concluir que aquello que se había representado ante mis ojos, fuera lo que fuera, me había gustado. Y es que el cine de Luca Guadagnino es una puerta a lo sensorial, no solo nos ofrece una acendrada fotografía (que también) sino imágenes que trascienden la pantalla hasta rozarnos la piel. Suspiria en sus manos no es un remake, no pretende repetir la obra de Argento (cosa que, por otra parte, es imposible), sino una adaptación libre que ofrece una lectura personal de su precedente hasta convertirse en un otro distinto, una cinta autónoma que sólo tiene de la anterior algunas excusas argumentales. Cine que adapta cine como quien adapta una novela haciéndola suya, entre Guadagnino y Argento hay el mismo vínculo que entre Lampedusa y Visconti, una relación de fiel infidelidad. Ambas Suspiria son inabarcables, incomprensibles y singulares. Ambas son grandes.

Incomprensible. Ese fue el calificativo más extendido para desacreditar el filme, hasta el Jaume Balagueró de Musa la catalogó como texto mal narrado, y yo no voy a negar que es una obra absolutamente desmesurada. En un primer visionado, la nueva Suspiria nos exige suspender la intelección, nos obliga a deponer el ansia de entender la trama en aras de dejarnos llevar por su poder de sugerencia. Y desde aquí lo que voy a desarrollar son mis fragmentadas conclusiones a partir de la percusión de las esquirlas de narración que se prendieron en mis sentidos y en mi entendimiento.

“Cuando las mujeres os dicen la verdad, decís que es un delirio” se dice en un momento del filme. Una frase que podría haber pertenecido a Häxan (1922, Benjamin Christensen) perfectamente, porque también Guadagnino aborda su particular historia de la brujería a través de los tiempos en esta Suspiria en la que desde el principio sabemos del lado oculto de la escuela de danza en la que se desarrolla la acción. Sumándose a la vindicación de la mujer como discurso ascendente, en la película se lee a la bruja como manifestación de la rebelión femenina ante la convulsión de los tiempos: la Alemania de la posguerra para el primer aquelarre, la otra convulsa de la guerra fría, el muro y el estallido terrorista, para el segundo, son el marco temporal y contexto que sirven como sinécdoque de una situación que se ha perpetuado a lo largo de la historia. Alemania como epítome de Europa, Europa como epítome del mundo occidental. La brujería es una metáfora de la rebeldía de la mujer contra su secular represión, aspecto que en la narración que nos ocupa ha querido subrayarse más al convertir a la protagonista, Susie Bannion, fenomenal Dakota Johnson, en  una joven amish, esa secta protestante oriunda de Alemania en la que las mujeres no tienen los mismos derechos que los hombres. La brujería aparece como una hermandad/rivalidad entre mujeres de la que emana su poder. Un poder primordial que ha sido sojuzgado y que ahora volverá a emanar tras el relevo generacional, que es tanto como un retorno al origen (del exilio de los suyos en EE.UU regresa a Alemania la joven que reniega de su ascendencia, como contrapunto argumental de la idea que expresamos).

“Una madre puede sustituir a cualquiera, pero nadie puede sustituir a una madre”, Guadagnino exprime el discurso de Argento y pone de mayor relevancia todavía el mito de las madres que ocupa la trilogía del segundo (Suspiria, Inferno, La terza madre). Las madres son anteriores a Dios y al diablo, como ocurre en la segunda parte del Fausto de Goethe, son las fuentes de las que emana el ser. Antes del bien y del mal, de ellas se van a desprender las formas de la representación puesto que a ellas pertenece el magma del mundo como voluntad. Las madres ponen lo real, por eso es importante que nadie las finja. Dos madres moribundas envuelven a Susie Bannion, la suya biológica, que abjura de ella, y la madre Marco, en la escuela, que busca utilizarla para revivirse a sí misma, y entre ambas otra figura maternal, Madame Blanc, aristocrática Tilda Swinton, una suerte de ilustrada que intenta reconciliar la hechicería con la razón a través del arte. Pero la verdadera Madre Suspiria eclosionará en el último acto de nuestra cinta (Guadagnino secuencia la historia en seis actos y un epílogo) como nueva savia de la que se inferirá la nueva fuerza que subvertirá el antiguo régimen y pondrá a la mujer una vez más en el centro.  El renacido orden de las madres se manifiesta, así, como subversión de la mixtificación Nazi y de todo lo que de él se desprendió.  Y la danza será el vehículo de la invocación, la vía por la que el cuerpo femenino se deshará de la sospecha y aflorará renovado y bello en toda la extensión del término.

La danza ya no es una mera circunstancia como lo era en la Suspiria original y Guadagnino pone todo su saber cinematográfico al servicio de que así lo percibamos. A través de su cámara coreográfica quiere que aprehendamos el papel liberador que ese arte escénico posee, no en vano es una de las artes más primitivas, más cercanas a nuestros orígenes, menos adulteradas por el paso del tiempo y de la historia. Volk es el título del ballet que llega a su última representación y a su apoteosis con el estrellato de Susie Bannion, un título nada aleatorio pues se trata, precisamente, de devolver a la Volksgemeinschaft su sentido original despegándole todas las costras que sobre ella había dejado el nazismo. La irrupción de la Madre Suspiria recupera la noción de comunidad popular, el ideal de una sociedad armoniosa y libre de conflictos.

Esta es la Suspiria que vi y esta es la que les he contado. ¿ Se non è vero, è ben trovato? Ustedes dirán.

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