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Serendipia’s Sitges Film Festival 2017. Séptima cápsula

MIÉRCOLES 11 DE OCTUBRE                                                  Fotos: Serendipia

Más productiva para Serendipia que la jornada anterior fue la del miércoles 11, ya que trajo buenas y variadas películas además de, relegada en una sección equívoca que le restó el protagonismo que en nuestra opinión hubiese merecido, la gran sorpresa.

Con ecos de La noche del cazador (The Night of the Hunter, Charles Laughton, 1955) y El jinete pálido (Pale Rider, Clint Eastwood, 1985), llegó Brimstone (Martin Koolhoven, 2016), drama naturalista narrado en clave de western atmosférico con una Dakota Fanning que reclama nuestra atención tras haber sido relegada a la fila del fondo en beneficio de su ascendente hermana. El punto fantástico de la cinta viene de la mano del diabólico reverendo que encarna Guy Pearce, con mucho en común con aquel otro interpretado por Robert Mitchum en la mencionada película de Lauhgton. Una presencia que representa el mal absoluto y de la que nos preguntamos, llegado cierto punto de la trama, si no habrá venido de la muerte (ahí está su similitud con El jinete pálido) para cumplir su implacable persecución. Un monstruo real, muy real, que no cejará en su acoso a la protagonista en esta fábula terrorífica. Narrada en capítulos que rompen la linealidad del tiempo, culmina con final abierto en el que no sabemos si, acaso, todavía no ha sido derrotado el villano y su aura seguirá cayendo implacable sobre los descendientes de la protagonista. Brimstone fue, sin lugar a dudas, una de las grandes de esta edición del festival.

A continuación llegó el turno del estupendo debut en la dirección del actor Bill Watterson, Dave  Made a Maze, una propuesta totalmente surrealista cargada de más significado del que a priori aparenta y sazonada con mucho humor e ingenio, que nos narra como Dave se construye un laberinto con cartones en medio del salón y en el cual no falta siquiera su propio Minotauro. Tanto él como sus amigos y novia se perderán para atravesar verdaderas peripecias dignas del mejor survival salvo que plasmadas con imaginativos recursos ¡Si hasta hay un momento en que los protagonistas se convierten en figuras de Stop-motion! Con toques, pues, de parodia a las películas de terror, la cinta de Watterson va mucho más allá, y nos trae toda una reflexión sobre la necesidad de realizarnos en nuestras obras, sobre los sueños, sobre la amistad y la pareja, y, en suma, sobre el sentido de la propia vida. La vida no es más que una sucesión de momentos incompletos de los que no podemos salir, ese es su mensaje. Un filme redondo que, en nuestra modo de ver, hubiera merecido un mayor reconocimiento compitiendo en Sección Oficial. Afortunadamente no se fue de vacío como quedará detallado en nuestro repaso del palmarés.

“La vida es una sucesión de momentos incompletos de los que no se puede salir”.

No sin cierto recelo por su extenso metraje, nos embarcamos después en Salyut- 7 (Klim Shipenko) que acabó manifestándose como una muy interesante aventura espacial  rusa basada en la epopeya real por la que pasaron en 1985 unos astronautas soviéticos para evitar que una estación espacial (la salyut 7 que le da título) cayera sobre la Tierra. Con la carrera espacial y la guerra fría como telón de fondo (sin faltar una crítica del sistema comunista), la película se centra en los personajes,  ofreciendo de ellos un retrato psicológico y humano que ayudará a que nos situemos junto a ellos como si fuéramos un miembro más de la tripulación. Durante 40 de los 120 minutos flotaremos, además, a gravedad cero. Toda una superproducción elegantemente rodada, veraz y que mantiene la intriga hasta su último fotograma.

Presentado su película, los directores junto a Itziar Castro y David Pareja

¿Y qué mejor manera de terminar el día que con una comedia negra? Pues eso es lo que ofreció Matar a Dios, de Albert Pintó y Caye Casas, dos jóvenes talentos que tras el multipremiado cortometraje Nada S.A. (2014) se embarcan en este, su primer largo, en el que han contado con el actor principal de aquel otro filme weird que fue El milagro de P. Tinto, Emilio Gavira. Aquí el interprete encarna a un Dios vengador y cruel que ofrecerá, a una familia de merluzos que se disponen a celebrar el fin de año, la oportunidad de escoger a los dos únicos supervivientes tras el fin del mundo que planea desatar. Con un escenario de bizarra estética y  unos personajes tan disparatados como realistas, la película (algo alargada) decae en su segunda mitad tras una deliciosa hora inicial totalmente costumbrista, de cuyo disfrute tiene gran parte de responsabilidad la pareja formada por los muy convincentes Itziar Castro y Eduardo Antuña, así como el diseño de producción y los afilados diálogos. Una de las películas más celebradas por el público que le concedió el honor de ser la más votada hasta alzarse con el premio.

Un fin de fiesta perfecto para una jornada redonda en la cual ya Serendipia comenzaba a sentir los efectos del cansancio, que le obligó a ejercer de montador involuntario al fundir a negro alguna de las películas. La edad no perdona…

Categorías:Festival de Sitges
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