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Serendipia’s Sitges Film Festival 2017. Sexta cápsula

MARTES 10 DE OCTUBRE                                                           

La jornada comienza con La piel fría de Xavier Gens, adaptación de la exitosa obra de Albert Sánchez Piñol, que cumple sobradamente su misión, respetando la novela y trasladando eficazmente la narración al lenguaje cinematográfico. Gens escoge dos ritmos narrativos distintos según avanza la acción, cercano al relato de aventuras tipo Robert Louis Stevenson o Julio Verne en su inicio, para pasar después a sumergirse en lo abisal con toques del Lovecraft más imbuido en sus mitos. Todo ello finaliza con un mensaje anti colonizador y pacifista que aboga por el respeto a la diferencia.

          Xavier Gens y, si, Aura Garrido

Alimañas nocturnas de piel húmeda, mitad pez/mitad hombre serán la única compañía de dos hombres que lucharán noche tras noche contra estos seres, movidos por el instinto de supervivencia, pero también luchando por recobrar el sentido de sus vidas. La cautividad y la continua lucha les llevan a un viaje al centro de sus entrañas, donde se entremezcla lucidez y enajenación, rechazo y deseo, crueldad y amor, hacia lo desconocido.

La piel fría de Gens es una película de atmósfera, su factura visual es impecable y nos hace sentir el aislamiento en el que viven sus personajes, sentimos frialdad, la frialdad abismal que pende sobre las existencias de sus protagonistas. Sin embargo, esa atmósfera es tan acaparadora que los hilos de la historia se pierden, parece que no todo quede contado y así se hace difícil la lectura del mensaje último que quiere transmitirnos. En su haber positivo, merece, y mucho, destacarse el maquillaje y la actuación de Aura Garrido pues el de Aneris (sirena a la inversa), el ser anfibio retenido en el faro, es un difícil y arriesgado papel que sin lugar a dudas habrá supuesto un tan gran trabajo a la actriz como escaso reconocimiento, pues su rostro está totalmente oculto y la actriz resulta irreconocible. Sin lugar a dudas un reto actoral que supera con nota.

Y de ahí a otra propuesta totalmente diferente. Radical. La película ‘escándalo’ del festival nos presentaba un futuro cyberpunk, situado en 2060, en el cual el semen infectado por el VIH es la droga de moda. Así que Fluido (Shu Lea Cheangofrece al espectador un extenso catálogo de genitales, sexo, semen, masoquismo, orina y suciedad con la pretensión de resultar trasgresora, aunque los únicos que parecieron escandalizarse un poco fueron los estudiantes de la ESCAC que, entre otros, se sumaron a las prolijas deserciones de la proyección. Si la pornografía underground de los años setenta nació como producto de la rebeldía hippy (en la que, ya como negocio, se introdujo más tarde la mafia, pero esa ya es otra historia), todavía hoy sigue siendo utilizada como objeto trasgresor con el que epatar al espectador. Y sigue funcionando, pues cierta parte del público tiende a escandalizarse ante este tipo de imágenes aunque sean, como en este caso, de tipo experimental y reducido al ámbito del circuito de festivales. Una hora larga de felaciones, sodomía (homosexual y heterosexual), fist-fucking, pissing, skirting… todo regado en semen y diálogos marcianos para esta saludable y extrema broma.

Retornamos al mejor cine con A Day (Ha-roo, Cho Sun-ho), una historia de bucles temporales durante los cuales el protagonista de nuestra historia intentará cambiar un final, al parecer inexorable, que concluye con la muerte de su pequeña hija en accidente de tráfico atropellada por un taxi. Pero, en un salto sin red de guión, todo se complicará, aún más, cuando otro personaje se encuentre en similar situación, así que deberán ponerse de acuerdo para cambiar los acontecimientos. Nada parece ser efectivo, sin embargo, porque allí donde consiguen introducir una variación de la secuencia siempre parece haberse adelantado el taxista. Y es que el conductor también estará atrapado en el bucle dispuesto a consumar siempre su venganza. Toda una versión de la mítica Atrapado en el tiempo conducida aquí con ritmo de thriller. Y, a lo que es ya de por sí una emocionante historia, manejada con maestría por su director, se le añadirá la necesaria reconciliación paterno-filial y un mensaje positivo sobre el perdón que distinguirá esta cinta más allá del mero entretenimiento. Otra muestra del buen hacer del cine coreano y un sonoro debut en la dirección para Cho Sun-ho.

Y finalizamos esta jornada, en la que nuestra particular selección no tuvo la garra de otros días, con el neonoir , Sweet Virginia (Jamie M. Dagg, 2017) el cual cercano también al neowestern nos propone la historia de Elwood (Christopher Abbott), un gélido asesino a sueldo que, al no recibir el pago convenido por parte de su cliente, Lila (Imogen Poots), irá en su búsqueda. Una producción indie con una trama fácil de contar que el trabajo de guion de los hermanos China convierte en una pesimista y melancólica cinta de personajes remarcables, los cuales se moverán en el reducido y frío escenario de una pequeña localidad de Alaska. La película contará con las actuaciones competentes de John Bernthal y el nombrado Christopher Abbott en un registro en el cual no estábamos acostumbrados a verle y que superará con nota dándole mucha credibilidad a su rol. Modesta e interesante a partes iguales, la cinta tendrá estreno comercial de la mano de A contracorriente films.

 

Categorías:Festival de Sitges
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