Inicio > FANTATERROR, Paul Naschy > Los Cántabros: un péplum en la filmografía de Paul Naschy

Los Cántabros: un péplum en la filmografía de Paul Naschy

Tras ser uno más de los géneros producidos en la España de los sesenta, principalmente en régimen de coproducción, el peplum, las populares ‘películas de romanos’, hacía tiempo que habían dejado de producirse en nuestras tierras, así que la aventura de rodar un peplum en la España de los ochenta era todo un anacronismo y una aventura de lo más descabellada.

Dan Barry (Joaquín Gómez Sáinz de Rozas) actor, guionista, productor y director cántabro comenzó su andadura, al igual que Paul Naschy, en el mundo del deporte, obteniendo galardones en halterofilia y lucha grecorromana. Su físico le llevó a realizar papeles en el cine como actor y especialista en diversas producciones internacionales y españolas, la mayoría de género, hasta que en 1980 tuvo la oportunidad de poner en marcha un proyecto largamente acariciado, Los Cántabros, que narraba la lucha entre las tribus cántabras acaudilladas por Corocotta y las tropas romanas lideradas por Marco Vespaciano Agripa.

cantabros80001

Un magnífico cartel de Mac, aunque algo extraño en su concepción con el personaje de Naschy de espaldas.

La tesis tradicional presenta a Corocotta como héroe de la resistencia ante Roma, como unificador y caudillo local durante las Guerras Cántabras de Augusto durante los años 29 a 19 a. C., pero la única constancia de la existencia de Corocotta se basa en una cita del historiador romano Dión Casio, que tradujo Adolf Schulten:

“Irritóse tanto [Augusto] al principio contra un tal Corocotta, ladrón hispano muy poderoso, que hizo pregonar una recompensa de doscientos mil sestercios a quien lo apresase; pero más tarde, como se le presentase espontáneamente, no solo no le hizo ningún daño, sino que encima le regaló aquella suma.”[1]

Este episodio, que naturalmente se muestra en el largometraje, es el que ha creado toda la leyenda sobre el supuesto cántabro Corocotta (hay quien dice que su origen es norteafricano) motivando que su figura sea realzada como símbolo cultural y turístico de Cantabria. Y apoyándose en esta tesis, la más conocida y difundida, Dan Barry quiso inicialmente realizar una serie televisiva, aunque desechó la idea optando por un largometraje, que comenzó a dirigir el veterano Amando de Ossorio, tal y como recuerda el propio Barry:

Amando de Ossorio, en efecto, incluso llegó a rodar una primera versión, pero cuando acudimos a los lugares de Cantabria que yo había escogido como escenarios del rodaje, como los Picos de Europa y otros, no hubo forma de hacerle llegar a aquellos parajes; siempre quería rodar los planos desde la carretera, por lo que no me quedó más remedio que sustituirle.”[2]

Dan Barry y Verónica Miriel en un fotocromo de Los Cántabros

Dan Barry y Verónica Miriel en un fotocromo de Los Cántabros

Con Amando de Ossorio fuera del proyecto, hubo que buscar rápidamente un sustituto. Paul Naschy asegura que la dirección del filme se la ofreció Augusto Boué, jefe de producción de Los Cántabros, pero según Dan Barry, fue él mismo el que se lo propuso a Jacinto Molina, por entonces compañero suyo en el gimnasio Guzmán el Bueno. En todo caso Paul Naschy no aceptó utilizar lo rodado por Ossorio, y quiso reescribir el guión de este proyecto, que sin duda también le atrajo por las favorables condiciones de rodaje: “Por primera vez voy a trabajar con un presupuesto por encima de los treinta millones, que no podía ni soñar. Por primera vez dispongo de cinco semanas para rodar.”[3] Un holgado presupuesto que cuesta apreciar tras ver los resultados del film en pantalla. Cuestión que también ha sabido ver Adolfo Camilo Díaz al definir Los Cántabros como “un cómic con pocos medios y muchas ideas.”[4] El mismo director narró como se las tuvo que ingeniar para suplir la falta de vestuario: “Carecíamos de suficientes armaduras y cascos romanos, y logré un ataque de la caballería de Marco Vespasiano Agripa  -mi maravilloso personaje- haciendo pasar al mismo grupo de caballistas una y otra vez, emergiendo de un gran montículo.”[5] Quizás esta pobreza de medios sea la responsable de que una lucha entre gladiadores tenga lugar en el salón del palacio del César y no en el habitual circo romano. O que la batalla final entre ambos ejércitos se represente con un solitario duelo entre Corocotta y Marco Vespasiano.

c3

Sin olvidar los problemas ocasionados por una huelga de extras y el accidentado rodaje a 40 grados bajo cero, que causó la muerte de algunos caballos.

Lo cierto es que con la reescritura del guión el personaje de Marco Vespasiano Agripa, encarnado por Paul Naschy, resultó muy reforzado, erigiéndose en auténtico protagonista de la trama y restando protagonismo al líder cántabro interpretado por Dan Barry. El personaje de Naschy también protagoniza el romance con Elia (Verónica Miriel), la hermana de Corocotta. Y aunque se ha comentado que Paul Naschy fue el responsable del giro argumental hacia el subgénero de ‘espada y brujería’, este era un ingrediente supuestamente aportado al guión por Amando de Ossorio, que declaró su intención de: (…) hacer una película de ‘espada y brujería’ con druidas, magia, los romanos en contra de todos estos ritos, etcétera.”[6] Aunque naturalmente Naschy dotó al guión de Los Cántabros de elementos fantásticos, así como de pequeñas dosis de humor. Es posible que el director se dejara influenciar por el Asterix de Uderzo y Goscinny, algo que resalta especialmente en las caricaturas de los romanos, de entre los que destaca un muy improbable Luis Ciges.

c2

Al recaer la dirección en Paul Naschy, este se rodeo de actores habituales en sus películas. Como Andrés Resino que intervino en La noche de Walpurgis (León Klimovsky, 1971) y Jack el destripador de Londres (José Luis Madrid, 1975), y que en Los Cántabros interpreta eficazmente a César Augusto. Sobre el rodaje de este film, el actor comentó un curioso detalle al especialista cinematográfico norteamericano Mirek Lipinski: (…) Naschy no se aprendía sus líneas por estar muy ocupado haciendo y planeando esto y aquello, por lo que usaba un apuntador cuando tenía que hablar. Así que uno tenía que esperar a que el apuntador hablara primero y luego Naschy. Esto afectaba al otro actor, pero bueno, si Naschy no memorizaba sus diálogos es porque estaba muy liado con la producción y negociando cosas. Esto es lo único reprochable, pero hay que perdonarle porque tenía muchas cosas que hacer en esta película.”[7]

Verónica Miriel y Paul Naschy en un fotocromo de Los Cántabros.

Verónica Miriel y Paul Naschy en un fotocromo de Los Cántabros.

El film también contó con la ya mencionada Verónica Miriel, una preciosa y aniñada actriz a la que también pudimos ver en La maldición de la bestia (Miguel Iglesias, 1975); Julia Saly, que mantenía una relación profesional con el actor y director que se extendió durante diez años; la encantadora Blanca Estrada, una de la actrices más populares en la época del ‘destape’ y que intervino junto a Naschy en El francotirador (Carlos Puerto, 1978), El caminante (Jacinto Molina, 1979) y, tras Los Cántabros, en Misterio en la isla de los monstruos (1981) de Juan Piquer Simón; el veterano Alfredo Mayo, como el druida, uno de los personajes más pintorescos de Los Cántabros, mezcla de Panorámix y Gandalf. Pepe Ruiz y Ricardo Palacios, representan el contrapunto cómico de la película con un papel similar al que realizaron en El retorno del hombre lobo (Jacinto Molina, 1981).

También intervienen otros actores habituales en el cine de Naschy realizando pequeños papeles, como Antonio Iranzo, Paloma Hurtado, Frank Braña, Mariano Vidal Molina, el ya nombrado Luis Cigés, o Jenny Llada. Así como Antonio Mayans, que recuerda como: “gracias a Juana de la Morena y Augusto Boué [Naschy] me volvió a contratar en Los Cantabros. Yo hacía de mensajero que llegaba, entregaba el mensaje y moría.”[8] Y David Rocha, cantabros1que mantiene un buen recuerdo de su también breve participación en el filme:   “recuerdo, además de a Paul que la dirigió e interpretó y con el que me sentí muy unido, a otros actores con los que coincidí en alguna otra película y de los que tengo bonitos recuerdos. Por ejemplo Frank Braña, que trabajó en Los Cántabros y en La herencia del mal, que dirigió Dan Barry; Blanca Estrada, con la que coincidí en El Caminante; y a algunos otros actores que trabajaron conmigo en doblaje en diferentes series y películas que dirigí. Pero a quien recuerdo con más cariño es a Antonio Iranzo.”[9].

En la parte técnica también encontramos rostros familiares en el cine de Paul Naschy como Ángel Arteaga, responsable de la banda sonora que también compuso las de La marca del hombre lobo (Enrique López Eguiluz, 1968) y La furia del hombre lobo (José María Zabalza, 1972) y al que el propio director confió la de El huerto del francés (Jacinto Molina, 1978) y Alejandro Ulloa, director de fotografía que tanto contribuyó a crear las mágicas atmósferas de El caminante y El retorno del hombre lobo, en la que también participaron el montador Pedro del Rey y León Revuelta diseñando vestuario.

c8

Lamentablemente no hubo un buen ambiente de rodaje, y los dos antagonistas en la ficción también lo fueron en la realidad. Dan Barry se arrepintió de haber contado con Paul Naschy como director, llegando a declarar que “hubiese sido mejor seguir con Ossorio que con Paul Naschy, que a la hora de la verdad rodó cantabros2casi toda la película en Torrelaguna, en paisajes que nada tienen que ver con los cántabros.[10] Por su parte Naschy se quejaba de la poca fotogenia de Dan Barry (cuya voz fue doblada por José Guardiola): “No sé (…) si es que fui muy autoritario en el rodaje y él no estaba acostumbrado o si es que le llegaron unos comentarios del equipo de fotografía sobre que era imposible fotografiarlo de lo feo que era, pero la tomó conmigo y se vengó quitándome el nombre de los carteles.”[11]

Según Ángel Sala, para quien Los Cántabrosfue un más que aceptable film de aventuras que recuperaba en parte el espíritu del peplum clásico de los años sesenta[12]”, la película resultó un fracaso comercial que “casi no pudo verse en su estreno, lastrada por unos distribuidores y exhibidores que no confiaron en el proyecto[13]

cantabros4Para Paul Naschy fue un dignísimo peplum de acción sin buenos ni malos y una muy bella película, rodada en una época en la que Naschy estaba profesionalmente en estado de gracia, ejerciendo como director, guionista y actor en sus películas, había estrenado poco antes dos de sus mejores títulos: El huerto del Francés y El caminante e iniciaría una relación con una productora cinematográfica japonesa que le llevaría a rodar varios documentales y largometrajes, ofreciéndole unos años de estabilidad y prosperidad que, lamentablemente se truncaron en 1984 con el fracaso de Operación Mantis.

Por su parte Dan Barry, tras interpretar pequeños papeles en varias cintas, intervino en 1982 en Estirpe de dioses (Diego Santillán), film de espada y brujería, un subgénero muy en boga por entonces gracias al estreno ese mismo año de Conan el bárbaro (Conan, the Barbarian, John Milius), pero que no llegaría a estrenarse. Al año siguiente dirigirá Tunka el guerrero, rodada en 1983 pero estrenada tres años después, otra cinta de espada y brujería pura y dura con gotas de cine apocalíptico que será seguido en 1987 por La herencia del mal, película de terror que tampoco llegará a estrenarse y tras la que la labor cinematográfica de Dan Barry se limitará a la dirección de algunos docudramas de carácter cultural durante los años noventa.

41448482

[1] Schulten, A. Fontes Hispaniae Antiquae, vol. V. Emporium, Barcelona, 1940. Pág. 335
[2] Salvador Estébenez, J. L.: Dan Barry, el Conan español. https://cerebrin.wordpress.com/2008/01/07/dan-barry-el-conan-espanol/
[3] Sáinz, S.: ‘Diálogos de la luna llena’. Transilvania Express Nº 2, 1981. Pág. 51
[4] Camilo Díaz, A.: El cine fantaterrorífico español. Santa Bárbara, S.L., Gijón, 1993. Pág. 159.
[5] Molina, J.: Paul Naschy. Memorias de un hombre lobo. Alberto Santos Editor, Madrid, 1997. Pág. 132.
[6] Olano, J. y Crespo, B.: ‘Entrevista a Amando de Ossorio’. Cine fantástico y de terror español 1900-1983. Donostia Kultura, S. Sebastián, 1997. Pág. 371
[7] Lipinski, M.: ‘The Andrés Resino Interview’. Latarnia Fantastique International Nº 1, 2010.
[8] Mensaje personal al autor de este artículo.
[9] Mensaje personal al autor de este articulo.
[10] Salvador Estébenez, J. L.: Opus cit.
[11] Agudo, A.: Paul Naschy. La máscara de Jacinto Molina. Scifiworld, Pontevedra, 2009. Pág. 225.
[12] Sala, A.: Profanando el sueño de los muertos. Scifiworld, Pontevedra, 2010. Pág. 67
[13] Ibídem.
Categorías:FANTATERROR, Paul Naschy
  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: