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La lego película, todo es fabuloso
Yo pertenezco aún a la generación Exín Castillos, pero recuerdo las cajas de Lego que regalé a mi sobrino. Y recuerdo como jugaba con mi padre, como críos ambos, y mi sobrino afirmaba que de mayor sería inventor. Todo un canto a la imaginación, y mucho más, es La lego película.
Emmet, el protagonista, es una figura Lego absolutamente normal, sosias del hombre gris y adocenado que somos la mayoría en nuestra sociedad de masas. Fiel a las normas, sigue todos los consejos para encajar y a su alrededor la mayoría son cómo él y todos bailan al son de la canción de moda, tan cargada de ideología, auténtico himno al inmovilismo y a generar obreros que abracen jovialmente su adocenamiento como epsilons que acuden al trabajo en un mundo feliz. Todo va a cambiar cuando por azar sea confundido con el especial destinado a salvar el mundo de su destrucción, según rezaba una leyenda que se revelará inventada más tarde. En su aventura le acompañarán Supercool/Lucy, Batman, una gata rosa y blanca, un pirata con cuerpo de robot y Vitruvius, el mago que estaba detrás de la leyenda. Durante su hazaña descubrirá (y nos revelará a nosotros) el valor de la creatividad, pero también el de las normas y el trabajo en equipo cuando es bien entendido, un mensaje que encontrábamos ya en AntZ y que es común a la animación que no quiere perder al público adulto aún estando destinada a los más pequeños. Y habrá vuelta de tuerca cuando por fin encuentre al “señor de arriba”, un niño que ha osado jugar con la maqueta que ha construido su padre con piezas Lego. Lo que decíamos, todo un canto al poder de la imaginación y a la fe en nosotros mismos que nos hará ser especiales aunque no seamos más que un peón en el engranaje.
Pero es mucho más. La cinta está llena de guiños, desde la imaginería de Harryhausen a Star wars y la Tierra Media rodada en Nueva Zelanda por Peter Jackson, pasando por el Carpenter de Están vivos, la ciencia ficción ochentera y todo el universo DC (con Batman a la cabeza, como ya decíamos); todo un placer para quienes estén atentos a todas sus referencias. Hay también humor a raudales, la película no se toma en serio a sí misma (por eso es aún más efectiva) ni a los fans que se retratan en los personajes. Gustará a los más pequeños, pero sobre todo gustará a los adultos jóvenes (como mi sobrino) que recordarán su infancia creativa en la que jugaban a tejer historias con piezas de Lego y que se verán retratados en la figura del padre fetichista de la película que coincide con el que son ahora muchos de ellos.
Phil Lord y Christopher Miller (Infiltrados en clase, Lluvia de albóndigas) construyen un universo cúbico (hasta el humo y el agua lo son) creado en un 3D pensado, sobre todo, para provocar sensación de volumen. Como en Lluvia de albóndigas, nos sumergen en un mundo de colores intensos en el que la acción no cesa, perfecto sentido del ritmo que impide la caída en momentos anticlimáticos. Un guión lleno de momentos irónicos en toda lo polisemia del término, no sólo por lo paródico, sino también por el giro brechtiano del final (del que ya hemos desvelado incluso más de lo necesario). Con personajes que, siendo arquetípicos, no resultan planos, capítulo en el que no se ha descuidado el retrato de los villanos, siempre tan fundamentales o más que los héroes. En suma, en La lego película, todo es fabuloso como reza el tema central de su banda sonora. Una sana diversión recomendable para todos los públicos.
The grandmaster. Honor, amor y artes marciales
Hace años, en mis tiempos de universidad, un catedrático afirmaba que todo el cine es occidental porque los códigos de su sintaxis se habrían establecido según esa sensibilidad. No estuve de acuerdo entonces, ni lo sigo estando ahora, y añado ahora que ese profesor nunca había reflexionado bastante sobre el cine de Ozu, todo un símbolo de la tensión entre dos sensibilidades con esa cámara situada a la altura de un hombre sentado ante una mesa japonesa.
No, más allá de que el invento fuera alumbrado en occidente, sus recursos son permeables para captar el espíritu de distintas culturas. Hay un modo de hacer oriental, tan rico y plural como el de Occidente. Expertos habrá que lean esto y sepan describir sus directrices principales, yo lo traía a colación para poder expresar mi impotencia. No suelo tener problemas de comprensión y empatía con la mayoría de propuestas orientales, especialmente con las más clasicistas, pero sí los tengo con Wong Kar-Wai: sencillamente me exaspera.
Aunque yo no simpatice con el director de Shangai, tengo que reconocerle que tiene estilo propio. Sus rasgos de autoría son suficientes como para descubrir que estamos ante un filme suyo aunque no nos hubieran informado de ello antes de la proyección. El problema, mi problema, es que su estilo se construye en base a un esteticismo que se me antoja relamido y cansino. No es por la lentitud, eso no necesariamente lo veo siempre como defecto, no, es más bien por sus modos de imprimir esa ralentización (inventándome un palabro). Me carga esa profusión de planos detalle a los que no les veo pleno sentido narrativo, su repetición minimalista (y mira que no es una tendencia artística que me desagrade) pensada para forzar (más que generar) sensaciones, los encuadres más esteticistas que preciosistas, el uso de la cámara lenta, su cargar las tintas en la recreación de atmósferas melancólicas con recursos trillados como la lluvia o la nieve… Releo mi listado y reconozco que aisladamente no me parecen recursos deleznables, es la saturación, la suma de todo el conjunto macerado por la visión de Kar-Wai, lo que me irrita.
Y en The Grandmaster está todo eso y más. Porque en esta ocasión los saltos temporales y las elipsis no acaban de cuajar como en otras de sus cintas (pensamos en 2046), las costuras son demasiado visibles (lo que equivale casi a postizo) y así algunas de las subtramas (toda la historia de El Navaja) resultan forzadas y no ayudan a avanzar la narración. La medida del tempo no parece justificada según un plan trazado para darle un determinado ritmo, al contrario, resulta totalmente arbitrario que en algunas secuencias se eternice empalagosamente, mientras que para contar otros momentos de la biografía recurra directamente a los cuadros de texto para ventilárselos atropelladamente. El resultado es una narración confusa que hace perder al espectador en su laberinto. No cabía esperar una película de artes marciales al uso y no lo es, Kar-Wai la personaliza como hace siempre con sus películas, pero no siempre personalizar es sinónimo de calidad, yo le acuso, además, de haber usado la figura de Ip Man como excusa para endiñarnos nuevamente una historia de amores contrariados y fatales, que en mi opinión desvían la atención de lo que debiera haber sido su centro: la complejidad de lo marcial en la cultura oriental.
Sería injusto, sin embargo, afirmar que no hay ninguna reflexión sobre la filosofía de las artes marciales en The Grandmaster. Está clara la conexión de las mismas con una forma de interpretar el honor y la búsqueda de unificar estilos como una forma de paliar las diferencias entre el norte y el sur. Ocurre que ese es un tema bastante hermético y no sé si la película logra hacerlo comprensible a quien no parta de algunos conocimientos previos. Las coreografías no abusan en demasía de efectos imposibles y saltos sobrehumanos (quizás sí en el combate entre Ip Man y la hija del antiguo maestro) y en general son bastante creíbles, aunque se echa de menos, a pesar de que la frase promocional hace referencia a que Ip Man fue maestro de Bruce Lee -de hecho el primero-, la presencia del Pequeño Dragón.
Las favoritias de Serendipia 2013
El año que acaba siempre quedará en mi memoria como aquel a partir del cual ya no podré decir que nunca me he roto un hueso. Ha sido un año bien surtido de médicos y hospitales, aunque todas esas visitas han acabado con final feliz. Eso prueba que por mal que vayan las cosas, antes de que la parca nos llame, siempre hay remansos de bondad. Y a la hora de los balances siempre cabe destacar lo positivo, aunque sólo sea como ejercicio para forzar el optimismo y arrinconar el miedo.
En cine, 2013 no ha alumbrado ningún título absolutamente incuestionable, pero sí ha dado filmes notables para todos los gustos, tanto para el cine en general como para el género en especial. La singladura personal de Serendipia se estrenaba con Amor de Haneke y todo apunta a que habrá terminado con Paranormal Activity: Los señalados, un viaje, pues, que va desde un polo a su contrario. Desde la obra que busca permanecer en la historia hasta su filme opuesto, aquel pensado para el consumo rápido y el olvido. Desde el cuidado por el encuadre perfecto, llevado hasta el paroxismo del plano fijo de larga duración, a la cámara en mano temblorosa y en constante movimiento para adscribirse, una vez más, en el found footage. Así de eclécticos son sus gustos, así lo son también las tendencias del cine actual.
De invierno a invierno y tira porque me toca, ha llegado el momento de elegir las favoritas del año, no por ánimo de juzgar y sentar cátedra, sino más bien de hacer recuento y dejar constancia en la memoria escrita de aquello que pasó a formar parte de nuestra historia particular. Y, claro, el listado por coherencia con este blog-proyecto lo hemos confeccionado exclusivamente con las cintas de género que más huella nos dejaron.
De mayor a menor preferencia hemos elegido los siguientes diez títulos (diez el número mágico de los pitagóricos):
1,- Gravity, Alfonso Cuarón
2,- Siete psicópatas, Martin McDonagh
3,- The Conjuring, James Wan
4,- The Congress, Ari Folman
5,- Jodorowsky’s Dune, Frank Pavich
6,- Stoker, Park Chan-wook
7,- You are the next, Adam Wingard
8,- Pacific rim, Guillermo del Toro
9,- The Dead 2: India, Howard J. Ford, Jonathan Ford
10,- Mamá, Andrés Muschietti
Y además queremos dar una mención especial a Tanatomorphose con cuyo director, Éric Falardeau tuvimos ocasión de conversar (y hasta bailar) durante su presentación en el Cryptshow. Esta es una lista que marcará coincidencias con otras, pero que también mantendrá discrepancias, especialmente por Mamá, pero a nosotros nos gusta que directores noveles tengan ocasión de llegar al gran público y consideramos que aunque sólo fuera por su segmento inicial debía de haber recibido mejor trato por la crítica.
En suma, ha sido un año en el que hemos disfrutado del cine en pantalla grande, esa gran fábrica de sueños e ilusiones que nos ayuda a encontrar sentido en nuestros días. Esperamos que así siga siendo en el 2014 que ya mismo empieza. Feliz año de cine para todos!!!!
Gravity, es necesario siempre intentar vivir
El subtítulo que le hemos dado a este comentario es la traducción del último verso de El cementerio marino de Paul Valery. El mismo verso que me sirve desde ni sé cuándo para dejar constancia de mis condolencias en cada funeral al que acudo. Es el resumen más conciso del optimismo trágico que me ayuda a levantarme cada mañana a esta existencia diseñada para llegar a la muerte como único destino infalible. Valery es mi excusa para armarme de valor y encarar día a día mi existencia nada ajena al pensamiento de la muerte. Si lo traigo aquí es porque siento que esa filosofía de vida es la misma que imprime Alfonso Cuarón a su última odisea cinematográfica, Gravity.
Gravity, tras su éxito en el Festival de Venencia, ha sido comparada al Avatar de James Cameron y el 2001, una odisea del espacio de Kubrick. Durante un paseo espacial rutinario, dos astronautas sufren un grave accidente y quedan flotando en el espacio. Una es la doctora Ryan Stone (Sandra Bullock), una brillante ingeniera en su primera misión espacial en la Shuttle. Su acompañante es el veterano astronauta Matt Kowalsky (George Clooney). Durante el paseo algo sale mal y ocurre el desastre: el shuttle queda destrozado, dejando a Ryan y Matt completamente solos, momento a partir del cual intentarán por todos los medios volver a la Tierra (argumento extraído de Filmaffinity). La respiración de la doctora Stone se agita cuando se ve flotando sin rumbo en el espacio y con ello se nos anuda la angustia en el estómago como espectadores y no nos despegamos de nuestras butacas hasta que termina la proyección. Si se la puede emparejar con 2001 es porque como la película de Kubrick la de Cuarón es más que una película del espacio, es toda una metáfora del sentido de estar vivos como humanos. Todos sabemos que vamos a morir, todos estamos en la piel de la protagonista, todos sentimos su miedo y todos aprendemos con ella a aceptar la muerte y la vida a la misma vez. Porque tanto la una como la otra son experiencias límite y limítrofes. Gravity nos habla de renacer y de alzarnos heroicos sobre nuestros pies aunque bajo ellos sólo se extienda una superficie resbaladiza de transitoria belleza.
La película de Cuarón funciona como metáfora, pero no es un filme discursivo ni retórico. Se trata de un guión en el que sólo queda lo esencial, esa fue la aportación de Jonás Cuarón a este trabajo con su padre: “El experimento del guion era despojar todo de narrativa y crear un viaje visceral y emocional donde el espectador se convierte en otro personaje”. Para su director la película había de funcionar como thriller pero también como drama y ese difícil equilibrio está perfectamente logrado, asistimos a noventa minutos de tensión continúa, pero a la vez empatizamos con ese personaje cuya psicología va perfilándose sin subrayados y esa conexión emocional es la que nos lleva al trasfondo, a los temas profundos que hemos esbozado. Gravity funciona como un mecanismo de relojería perfectamente engranado. Y todo ello rodeado de un derroche visual de altos vuelos en el que la ingravidez espacial está filmada como si realmente el filme estuviera rodado en atmósfera cero.
La idea de Gravity fue concebida antes de que hubiera la tecnología suficiente como para grabarla, en verdad se ha tenido que ir inventando y desarrollando durante los cuatro años y medio que duró el proceso de concepción, rodaje y postproducción del filme. Sobre los
aspectos tecnológicos declaró Alfonso Cuarón para La Vanguardia que: «Es una combinación de muchas cosas. Depende de qué tomas. Lo principal es una combinación de robótica, que son esos robots que están para construir autos, que aquí usamos para mover las luces y las cámaras, junto con unos robots especiales donde estaba Sandra y que la movían de una manera absolutamente milimétrica. Por otro lado utilizamos un cubo perfecto de 3×3 metros donde todas las paredes internas son luces LED. En ese cubo se presentaba lo que básicamente era el punto de vista de Sandra cuando flotaba en el espacio. Pero, como ella está girando, ese punto de vista se está moviendo y eso es lo que ilumina al personaje. El cubo tenía agujeros por donde la cámara podía ver al personaje. Era todo una combinación, pero tenía que estar todo perfectamente programado. Las luces, la cámara, el movimiento de los robots y toda la logística de Sandra. En esta película ella fue como una bailarina que tuvo que aprenderse cuarenta y cinco pasos para cada fragmento. Y lo que resultó impresionante de ella era que se los aprendía a la perfección para tenerlos muy claros, para después preocuparse únicamente por la parte emocional.«
Cuarón destaca justamente el trabajo de Sandra Bullock porque la actriz salda con excelentes resultados el reto de sostener casi la totalidad del metraje. Bullock que en 2009 aceptó simpáticamente la concesión del razzie a la peor actriz a la vez que recibía el óscar por The Blind Side, compone para Gravity un trabajo modulado y preciso para encarnar a esa joven ingeniera que puede estar acometiendo el último día de su vida. Demuestra su excelente estado físico para llevar a término la acción trepidante del filme, además de belleza suficiente como para llevar a cabo un pseudo estreaptease que recuerda al de Jane Fonda en Barbarella, y la sensibilidad necesaria para hacernos comprender el calado emocional del drama que está viviendo. El nombre de Bullock empieza a sonar ya como uno de los favoritos para la nominación a los Óscars por este papel. Por otra parte, su único compañero de reparto, George Clooney, le da convenientemente la réplica interpretando al veterano Kowalsky cuyo carácter vitalista y extrovertido tendrá un peso definitivo en uno de los momentos más decisivos del filme.
Gravity, apabullante en lo visual, emotiva en lo humano, con mimbres de tragedia griega, inscribe el nombre de Cuarón con letras de oro en el género. La mejor película del espacio para James Cameron, según declaraciones a Variety. Un filme ingrávido y sutil que nos encoraja para seguir intentando vivir.
R.I.P.D. la policía del más allá
R.I.P.D. departamento de policía mortal viene anunciada con un jugoso argumento: Nick Walker (Ryan Reynolds) y Roy Pulsipher (Jeff Bridges) son dos policías especiales. Nick acaba de morir, pero es llamado para trabajar con Roy, un agente que murió hace cientos de años. Ambos formarán el Rest In Peace Department y se encargarán de perseguir a los demonios que habitan en el mundo de los vivos y de mandarlos al infierno. Se trata pues de una buddy movie con tintes sobrenaturales, que nos lleva al purgatorio de los policías que aún no están preparados para el juicio final. Y aunque no vaya a convertirse en película de culto no decepciona en sus planteamientos.
La película adapta un cómic de Dark Horse Comics escrito por Peter M. Lenkov (responsable también de los guiones de C.S.I) y es fiel al espíritu cartoonesco de la aventura gráfica. Típica historia de compañeros tiene como eje central de la trama la relación entre el recién muerto Nick Walker y el experto Roy Pulsipher y como tal nos irá mostrando el crecimiento del iniciado y la evolución del mentor. La posibilidad de crear un mundo muy intrincado entusiasmó a Neal H. Moritz: “A nivel conceptual, R.I.P.D. era una historia única acerca de un departamento de policía dedicado íntegramente a encontrar a los muertos que viven entre nosotros y llevarlos al otro lado para ser juzgados. Pero a otro nivel, está directamente relacionada con películas de compañeros como Límite: 48 horas o Arma letal. Hay una dinámica genial entre los dos actores. Decidimos hacer una película del tipo pareja de policías con mucha acción, asegurándonos de que hubiera mucho en juego y de que se convirtiera en una de las películas de este verano”.
Aunque se mantiene fiel al cómic que adapta, el filme aporta la creación de los villanos a los que se enfrentan los protagonistas. Se trata de los Diñados. Fue una idea de Robert Schwentke (director que recibió el encargo de llevar al cine la historia) y de los guionistas Phil Hay y Matt Manfredi, y gira en torno a una nueva amenaza para el género humano. Además de los demonios de la novela gráfica, los Diñados pueden pasar de un mundo a otro. Los guionistas y el director estaban seguros de que el concepto añadiría otro toque al apocalíptico enfrentamiento final.
Básicamente, se trata de almas destinadas al infierno que rehúsan andar hacia el vórtice de luz y pasar al otro lado. Los Diñados prefieren esconderse en el mundo de los vivos mientras puedan. “Queríamos que los Diñados, los malos de la historia, pareciesen humanos al principio antes de exponerlos”, explica Matt Manfredi. “Se nos ocurrió que si alguien muere y no quiere pasar al Más Allá, podríamos ayudar a la historia enseñando qué ocurre si alguien debe morir y no lo hace: el alma adopta curiosas manifestaciones”.
El director de producción Alec Hammond, y los diseñadores de criaturas Crash Mccreery y Eddie Yang, así como la productora de efectos visuales Juliette Yager, se encargaron de diseñar las decenas de Diñados una vez que aparecen y revelan su auténtica naturaleza. Gracias a las oportunidades ilimitadas que ofrecen las imágenes digitales, pensaron en crear una multitud de criaturas malvadas, amenazantes y a menudo de aspecto humorístico. Solo era necesario respetar una sencilla regla: un Diñado aparecido debía recordar al ser humano que fue en la vida real. En otras palabras, debía ser una manifestación exagerada de su maldad anterior. Por ejemplo, si era un ladrón en la vida real, el monstruoso Diñado tendría unas manos enormes en cuanto se revelara su auténtica naturaleza. Y el tono cómico se refuerza por su alergia al comino que es el que les arrebata su camuflaje humano.
La imagenería visual que desarrolla R.I.P.D departamento mortal se redondea en su proyección 3D. Un 3D que sin ser de los más espectaculares (no se trata, pues, de un caso como el de Pacific Rim) es eficaz para rematar la puesta en escena muy hábil para transmitir el espíritu de aventura gráfica, el alma pop del relato. Se diría que pese a gozar de un buen presupuesto el equipo técnico, presidido por los productores, se han esforzado en darle a la cinta ese aire de serie B que se echa de menos en el cine actual. Otra de sus bazas es que la película no se toma en serio a sí misma y así se ingiere como un caramelo refrescante. En suma, estamos ante una película menor que no deja de sorprender y permite pasar un rato agradable.
Hit Girl y Kick Ass vuelven a la acción en Kick Ass 2… y esta vez no vienen solos
De abril de 2008 a marzo de 2010 se publicó una mini-serie de 8 números en Estados Unidos, Kick-Ass, que dejó boquiabierto a más de uno (entre los que me incluyo), pero también recibió los varapalos de turno por las altas dosis de violencia que contenían, protagonizados en su mayoría, para más inri, por Hit-Girl, una niña de 11 años. Pero a los que nos encantó nos dejó con ganas de más. Pero sin estropear lo leído, rogando que no bastardizaran el concepto y se convirtiera en una de esas series regulares anodinas creadas para explotar el filón y en la que a los pocos números los creadores pasan el testigo a otros autores con los que, irremediablemente, se aboca hacia el aburrimiento. Crucé los dedos para que no fuese así y por suerte Kick-Ass ha visto publicadas dos secuelas en forma de mini serie manteniendo a sus creadores y llevando todo con mucha dignidad.
Pero hagamos un poquito de historia. El escocés Mark Millar, guionista en diversas series Marvel, llegó al corazón del lector con The Ultimates, serie que modernizó el concepto de Los Vengadores sin traicionar a los fans y recreando unos personajes cuyas caracterizaciones son las que han sido llevados al cine con tanto éxito. Millar y el dibujante Bryan Hitch fueron los responsables, entre otras cosas, de que ya desde el cómic Nick Furia tuviera la apariencia de Samuel L. Jackson. Tras realizar guiones para los principales iconos Marvel, Spiderman y Lobezno, Mark Millar la volvió a liar con otra serie limitada, Civil War, con cuyo dibujante, el excepcional Steve McNiven, realizó la mini serie El viejo Logan, entre otras.
Y si Mark Millar destacó y se dio a conocer con estas series, no pasó lo mismo con John Romita, Jr. un viejo conocido del lector de cómics Marvel y portador de un apellido capital, ya que su padre es el creador de las imágenes definitivas de todos los personajes de Spiderman tras dejar su creador, Steve Ditko, la serie en el número 38, Romita rediseñó los personajes con especial cuidado a los secundarios y en particular a las damas: Mary Jane y Gwen Stacy aún hoy se siguen dibujando como las diseñó Romita, así como el propio Peter Parker. En definitiva, Spiderman no tendría el aspecto que tiene si no hubiera tenido el placer de conocer a John Romita.
Así que, con toda una vida mamando cómics y viendo a su viejo dibujando sin pausa, no es extraño que John Romita, Jr. escogiera el trabajo de su padre. Si bien al principio era un tanto mediocre en su labor, cuando decidió soltarse el pelo y dar personalidad a sus dibujos, especialmente durante su última y larga etapa con el personaje Spiderman, es cuando se convierte en uno de los dibujantes más importantes del cómic americano.
Y estos dos tipos son los que juntaron sus talentos para crear Kick-Ass, serie basada en el sueño adolescente del propio Millar de vestirse de super-héroe y hacer justicia que, aunque bebe del Peter ‘mequetrefe’ Parker de los sesenta, da la vuelta al tema y se llena de mala leche, violencia, mucha sangre, litros y litros… ¡cubatazos de sangre! y varios compañeros adorables entre los que destaca la sanguinaria y retaco Hit-Girl, personaje que, tanto en el cómic como en la pantalla se come al protagonista. La serie tuvo tanto éxito que se convirtió en una más que correcta película de la que, en su momento, ya les hablamos aquí. Film que, si bien se ahorraba algunos detalles realistas y sórdidos de la versión impresa, nos ofrecía toda la violencia con una tremenda Chloe Moretz, que nos robó el corazón a golpe de katana.
Millar y Romita Jr. tenían claro que la secuela, Kick Ass 2, tenía que estar a la altura de su predecesora. Y en diciembre de 2010 salió a la venta el primer número de la segunda mini serie, en esta ocasión de siete números que, si bien no resulta tan atractiva como la primera, si que da un continuidad digna a la serie, reincidiendo en esa violencia tan brutal que casi llega a la parodia y con un final de infarto que, por cierto, la película no ha respetado (así como la carga violenta que desde las páginas del cómic despliega el antagonista de Kick Ass, Motherfucker), prefiriendo dejar un final abierto para una nueva entrega. De agosto de 2012 a abril de 2013 se publicó un tercer y hasta el momento último acercamiento a los personajes con la mini serie Hit-Girl, que se sitúa entre las dos series anteriores y de la que se han tomado varias situaciones para el guión de la película Kick Ass 2, que es bastante fiel al argumento de la segunda serie, excepto, tal y como hemos indicado, en el final, en cambiar algún personaje y ciertos brochazos de sangre que se han ahorrado.
Y ahora, lejos de fetichismos, dejemos que la parte seria de Serendipia analice la película en sí…
Esta continuación de las aventuras del quijote de los cómics nos cuenta que la loca valentía de Kick-Ass (Aaron Taylor-Johnson) inspirara a toda una oleada de nuevos defensores del bien dirigidos por el implacable Coronel Barras y Estrellas (un, afortunadamente irreconocible, Jim Carrey). Nuestro héroe decide unirse a ellos. Pero cuando Bruma Roja (Christopher Mintz-Plasse), que regresa con el nombre de El Hijoputa, decide deshacerse de esta panda de superhéroes aficionados, solo Hit-Girl (Chloë Grace Moretz) podrá impedir que los aniquile… [argumento extraído de Filmaffinity]. Ya la misma sinopsis hace entrever algo que habremos de comentar: aunque se supone que estamos ante la saga del héroe del traje de neopreno verde, la que roba más metraje y centra más interés es Hit-Girl; y no es que no se agradezca esa usurpación de protagonismo pero ello conducirá a que la película resulte irregular.
Pacific Rim & Elysium, un tandem para el verano
Para los que nos quedamos en la city, agosto es como un largo y aciago domingo, un gloomy sunday como aquel que dio título a una vieja canción de suicidas. Si algo puede salir mal, si algo puede complicarse en una ciudad en la que no está de turno ni el sereno, saldrá mal como en las peores pesadillas de Murphy. Sudor, calles desiertas llenas sólo de tiendas cerradas y, lo peor, de bares cerrados. Un paisaje apocalíptico en el que las hordas de turistas descamisetados actúan como una auténtica plaga bíblica. Calor, vacío y sensación de que somos los únicos desamparados de la mano de Dios que no tenemos playa o piscina que echarnos a la espalda entre siesta y cerveza fresca.
Agosto es un secarral en el que todo parece quedarse entre paréntesis hasta que la nueva vida se ponga en marcha con la vuelta al cole en El Corte Inglés. Pero todo desierto tiene su oasis y los cines, pese a sus precios, siguen siéndolo para muchos. O como mínimo son su doble perverso, el espejismo, porque ya se sabe que cine y verano es una suma que da como total blockbuster. Las salas oscuras en verano son cómplices como nunca del placer culpable y es que, ya se sabe, blockbuster es depauperado entretenimiento para la masa, producto industrial que no arte, insulto para la inteligencia incluso para según quien, pero, ay, ay, a veces alguno está tan bien facturado que es difícil resistirse a su canto y, por apelar a lo más básico, acaban por gustar incluso a quienes no quisieran. Ese es el caso de Pacific Rim (2013, Guillermo del Toro) y de Elysium (2013, Neill Blomkamp), dos películas destinadas a aliviarnos los calores y a deshacernos los malos humores si sabemos entrar en su juego, películas que cosecharán críticas furibundas y parabienes a partes iguales, porque son lo que son, productos de perfecto alicatado programados para hacernos evadir.
«No éramos los más deportistas ni los mejores de la clase, sólo teníamos la virtud de ser óptimos en el combate» así se describe en off el protagonista de Pacific Rim en el apretado prólogo de la cinta, y parece toda una declaración de intenciones de del Toro sobre el filme. El mexicano se plantea su película homenaje al cine de los Kaiju eiga como un colosal combate contra los sentidos del espectador, se trata de pegarnos a la butaca y dejarnos anonadados tal como nos quedábamos en nuestra infancia al ver aquel cine de bestias gigantes. Por eso esta vez es imprescindible que vayamos a verla al cine con la mayor pantalla y el mejor 3D posible, porque sino nos habremos quedado sin apreciar sus mejores mimbres y elementos (si hay que sacrificar la V.O., creánnos, ¡sacrifíquenla!). Pacific Rim es espectáculo, espectáculo visual, el placer que pretende depararnos es el de ver cómo gigantes, robots, personajes y objetos, dinamitan continuamente la cuarta pared, ahí es donde está su poesía y su razón de ser.
Se trata de encasquetarnos las gafas y dejarnos arrollar, porque si lo hacemos la cinta nos irá revelando sus pequeños secretos. La acción nos cuenta que la tierra padece una invasión alienígena surgida de una brecha en el fondo del océano a través de la que salen monstruos (Kaijus) cada vez más espectaculares, invasión que es combatida por poderosos engendros mecánicos (llamémoslos robots o mechas según el grado de especialización que deseemos darle a nuestras palabras) pilotados por dos tripulantes conectados neuronalmente (Jaegers, palabra alemana que significa cazador, pero que habrá sido elegida por su proximidad fonética a eiga en un guiño al espectador avisado). Cuando la amenaza de los Kaijus parezca superar las fuerzas de los Jaegers de última generación digital, se habrá de poner toda la esperanza en un antiguo Jaeger analógico (y nuclear) pilotado por Raleigh Becket (Charlie Hunnam) vieja gloria que se había retirado y la neófita Mako Mori (Rinko Kikuchi) brillante alumna que aún no ha entrado en combate. La trama tiene todos los tópicos propios del género y del Toro no va a hacer nada por evitar que sean superficiales personajes y situaciones, así habrá quien diga que en temas como el honor, la lucha, el compromiso con la patria, el respeto a la autoridad o la importancia del desacato, el méxicano adopta un punto de vista ramplón e incluso patriotero. No, no es en los trazos gruesos de la trama donde cabe buscar el mensaje, se diría que para del Toro eso no es más que una excusa superflua para abordar lo que verdaderamente le interesa: los propios Kaijus y Jaegers; esto es, la propia imagenería que va a desplegar virtuosísticamente a lo largo de las más de dos horas de metraje. Pacific Rim es un homenaje al mundo del anime, mejor aún, del anime que empezó a exportarse desde Japón en los años 70 y que llenó las pequeñas pantallas de muchos hogares haciendo las delicias de quienes eran niños, como el propio del Toro, por entonces, a todo el subgénero de los mechas (seamos precisos aquí) con Mazinger Z a la cabeza. Y siendo un homenaje a ese género lo es, por tanto, a la infancia, o mejor aún, a la necesidad de conservar la visión infantil en esta época de tanto adelanto técnico y tanta crisis de valores; así, quedándonos en la superficie es como mejor conectamos con el verdadero quid, y como aflora el del Toro autor desde el mejor del Toro artesano.
Sin tomarse en serio a sí misma, Pacific Rim resulta un ejercicio de épica pop que comunica diversión y entretenimiento festivo. En el otro extremo del ring (pero sin ser su opuesta) se alza Elysium como un intento de tejer una ciencia ficción comprometida, pero igualmente mainstream, pop y popular.
El sudafricano Neill Blomkamp se daba a conocer en 2009 con su ópera prima Distrito 9, película que con un modesto presupuesto abordaba el lamentable tema del apartheid en clave de ciencia ficción. Se perfilaba, pues, como un autor capaz de conjugar reflexión y evasión. En esa misma línea le vemos avanzar cuatro años más tarde con Elysium, una distopía que acierta a plantear algunos de los temas candentes de nuestra realidad actual. Estamos en el siglo XXII, la tierra se ha convertido en un planeta contaminado, superpoblado y enfermo; las clases pudientes lo han abandonado para instalarse en la base espacial Elysium, construida por la empresa Armadyne, allí gozan de una vida paradisíaca en grandes mansiones rodeadas de verdes espacios y a la que no afecta ni la enfermedad gracias a los avances tecnológicos. Max (un Matt Damon fornido como un toro bravo) es un huérfano acostumbrado a buscarse la vida desde niño que trabaja como obrero para las instalaciones de la compañía en la tierra y que, como todos, desearía poder emigrar a la base. Cuando sufra un accidente radioactivo en la fábrica, Max se verá inmiscuido en una peligrosa misión de la que acabará dependiendo el destino de la humanidad. En su aventura es perseguido por Kruger (Sharlto Copley componiendo un interesante villano), un mercenario que trabaja a las órdenes de Rhodes (Jodie Foster) la ministra de defensa de Elysium, que prepara un golpe de estado que va a endurecer aún más las diferencias y la persecución de los ilegales que acuden a Elysium en busca, sobre todo, de los tratamientos que la sanidad terrestre no cubre. La enfermera Frey (Alice Braga), cierra la trama introduciendo el elemento romántico.
Son varios los temas actuales sobre los que reflexiona Blomkamp en esta su segunda película (en la que ha contado con un amplio presupuesto), de entrada asistimos a la polarización de la sociedad en prácticamente dos clases, claro reflejo de la crisis que atraviesa el mundo desarrollado y que está acabando con las clases medias. Basta con extrapolarlo al máximo y tendremos la situación que predice la cinta, porque la brecha que separa a las clases conduce ya a existencias paralelas en las que los pudientes casi parecen vivir en otro mundo. Es también un reflejo de la pérdida de derechos sociales, ahí estamos todos sufriendo los recortes que afectan a áreas tan básicas como la sanidad. Y, por supuesto, plasma las diferencias entre el primer y el tercer mundo que conducen al problema de la inmigración ilegal (esas naves que son como pateras). Ahora bien, que nadie espere un análisis profundo, de todo ello se exponen sólo las líneas básicas sin expandirse en las múltiples aristas de estos problemas, amén de que la resolución del filme es harto simplista. Hay compromiso por parte de Blomkamp, pero como ya decíamos, es un compromiso mainstream que nos da una distopía popular (y populista, si se quiere) que sólo será suficiente para complacer al público más mayoritario.
Y es que de eso se trata, porque como el propio director ha manifestado, de lo que se trata es de hacer género, diferente, porque el mundo está cambiando, pero haciendo prevalecer siempre al entretenimiento por encima de todo. En ese apartado, el de la acción y la evasión, la película brilla con luz propia: hay explosiones, combates, evasiones, naves que aterrizan forzosamente arramblando con todo lo que se ponga por delante… Todo un lujo pirotécnico con efectos FX realistas como ya no se ven y que, junto con la ambientación futurista de Syd Mead (sí, el ambientador de Blade Runner) para la estación espacial, son lo mejor que presenta la obra de Blomkamp. Matt Damon prueba de nuevo que es un todo terreno, para esta película ha tenido que machacarse horas y horas en el gimnasio para conseguir ese cuerpo musculado y rotundo, y resulta convincente en su interpretación del personaje mesiánico que viene a liberar a los más pobres, exoesqueleto incluido. Algo más de hora y media de acción continúa que fue recibida con aplausos en el pase de prensa de Barcelona.
Tanto Pacific Rim como Elysium vienen como anillo al dedo para sofocar los calores caniculares, son dos películas estivales que nos traen aire fresco y que bien valen que les dediquemos nuestro tiempo porque con ellas el tedio se suspende junto a la incredulidad, y eso lo agradecerá siempre nuestro cuerpo y hasta nuestra mente.
Expediente Warren, The Conjuring: revisitando las casas encantadas
Movimientos de cámara que nos acercan al personaje, movimientos de cámara que nos muestran aquello que se presiente, movimientos de cámara que acompañan al personaje en sus propios movimientos… Movimientos de cámara que se bastan por sí mismos para crear la intriga. El padre de Saw construye en The Conjuring (Expediente Warren en español) un relato con buen pulso que nos lleva a atravesar todos los estadios de una invasión paranormal en una casa encantada, desde su inicio (ruidos, puertas que se abren o se cierran, luces que se apagan, todo el rosario de poltergeist) hasta la posesión demoníaca, pasando por el miedo y la debilidad que sienten quienes los viven en primera persona. Nada que no hayamos visto antes, pero eso no importa, al fin y al cabo las historias que componen los humanos son casi siempre las mismas, lo que les da valor no es tanto el qué nos cuentan sino el cómo. Y ahí, en los modos de narrar, James Wan aprueba con nota.
Ed y Lorraine Warren han sido dos de los investigadores de fenómenos paranormales más célebres que han existido, en buena medida por haber intervenido en los sucesos de Amityville especialmente conocidos por los amantes del terror. The Conjuring es la adaptación de otro de los casos en el que los parapsicólogos intervinieron: las aterradoras vivencias de la familia Perron en su granja de Rhode Island. Como reza su argumento: «Ed y Lorraine Warren, investigadores de renombre en el mundo de los fenómenos paranormales, son llamados por una familia aterrorizada por una presencia oscura en una granja aislada. Obligados a enfrentarse a una poderosa entidad demoníaca, los Warren se encontraron atrapados en el caso más terrorífico de sus vidas… (FILMAFFINITY)». Un matrimonio y cinco niñas de diferentes edades que darán mucho juego para la creación de alarmas que no siempre acaban en susto (cosa que es de agradecer) en una historia en la que se combinan los tópicos de las películas sobre casas encantadas y las de posesiones demoníacas, exorcismo incluido coincidiendo con el clímax del filme.
Hechos reales que acontecieron en 1971, la película cuenta con una cuidad ambientación y está perlada de esmeradas interpretaciones. Especial mención merecen Vera Farmiga (los aficionados al fantástico la recordarán por su intervención en Código Fuente) en el papel de Lorraine Warren, y Lily Taylor interpretando a esa madre que adora a su familia y que va a tener que enfrentar al mal dentro de sí.
Pero el auténtico protagonista es el propio James Wan que demuestra que es uno de los grandes nombres en el cine de terror actual. Wan maneja con precisión el ritmo (la acción es un crescendo continuo), la composición de personajes (logra retratarnos su psicología interna) y, sobre todo, la puesta en escena midiendo bien qué muestra y qué sugiere. En este sentido, aunque la cinta no olvida los sobresaltos (no podían dejar de estar en un filme de casas encantadas) no cae en el exceso y sabe jugar la baza de la sugerencia, esos planos con aire en un lado que no siempre se llenan con la presencia de la aparición y que nos intriga aún más cuando es así dejando a nuestra imaginación completar el resto. En una historia de fantasmas es fácil caer en la tentación de mostrar las apariciones con lujo de detalles y derroche de efectos especiales (cayendo así muchas veces en lo grotesco), James Wan sabe controlar ese impulso y jugar con la insinuación, dejando las visiones para los momentos exactos; es así como logra agarrar al espectador que ve cómo no disminuye su interés a lo largo del metraje. Y es así también como consigue comunicarnos el crisol de sensaciones que podría llegar a despertar un lugar verdaderamente encantado. Alguna risa nerviosa en el pase de prensa hace evidenciar que la cinta alcanza su objetivo, transmite miedo. Y nos hace reflexionar sobre el mismo.
El miedo es nuestra reacción ante la inminencia de un peligro, actúa como alerta que estimula nuestra prudencia y nos hace buscar soluciones que nos eviten salir malparados. Somos hijos del miedo porque los temerosos sobreviven más que los temerarios, sin embargo, el miedo es también un arma de doble filo porque si se perpetúa en nosotros nos vuelve débiles, vulnerables. Paradoja. Entonces, al debilitarnos, si hubiera un ente portador del mal, sería fácil hacernos presas. ¿Contesta The Conjuring sobre la existencia de una fuerza maligna? Dejaremos que el espectador lo descubra.
Stoker, enigmático thriller familiar
India es una joven adolescente reservada que contiene dentro de sí un profundo apasionamiento al que sólo ha accedido su padre que a la vez es su mejor amigo. Desafortunadamente en su dieciocho aniversario su padre fallecerá en un accidente automovilístico. La muerte de su padre coincidirá con la irrupción en su vida de su tío Charlie del que hasta entonces no había tenido noticia. La conducta de su tío es extravagante y pronto se producirá la tensión entre su madre y él, pero también India se irá sintiendo atraída por él y en esta relación acabará descubriendo su pasión más allá de donde la había experimentado con su padre en su afición común, la caza. Cuando se revelen las intenciones de tío Charlie en el último acto de la cinta, India y nosotros con ella descubriremos que les une un mismo impulso hacia una caza que ya no tendrá por presa a animales. Este es a grandes rasgos el argumento de Stoker, la primera película americana de Chan-wook Park, filme que tiene su mejor baza en la puesta en escena pues se trata de una película en la que son los recursos visuales los que van trenzando la historia entroncando así con lo que ocurría con el mago del suspense, Stoker como la mayoría de las películas de Hitchcock se construye en su puesta en escena más allá de lo que pueda aportarle el guión de Wentworth Miller (aunque dicho guión figuró en la blacklist como uno de esos grandes guiones que merecían ser llevados a la pantalla).
El director de la trilogía de la venganza no esconde sus débitos con el director inglés, no es siquiera casual (o en todo caso se trata de una casualidad afortunada) que el extravagante tío se llame Charlie, ese es el nombre de Joseph Cotten en La Sombra de una Duda, con la que Stoker guarda claros paralelismos. Salvo que la película del coreano es aún más perversa y en la revelación de las proximidades entre tío y sobrina no va a ganar, precisamente, el bien. Todo lo contrario es un viaje hacia el fin de la inocencia como reza su propio subtítulo. Sin embargo, al público más avezado no va a ser este giro de guión el que le va a cautivar sino que lo que va a subyugarle son los elaboradísimos movimientos de cámara de Park que consiguen por sí mismos sumergirnos en una atmósfera enigmática e inquietante. Y junto a ellos el trabajo de la fotografía, de su habitual colaborador Chung-honn Chung, perfectamente estudiada para conseguir con variaciones en la iluminación transmitir los estados de ánimo de los personajes. Este propósito era todo un reto si tenemos en cuenta que la película se desarrolla la mayor parte del tiempo dentro del escenario que representa la mansión de los Stoker, el propio Chung lo relata así: “La mayor parte de la historia tiene lugar en la mansión Stoker”, apunta. “Normalmente, construimos un escenario para poder acomodar la casa a las cámaras y a la iluminación. Debido a que la casa Stoker es real, me preocupaba que los ángulos y la iluminación quedaran muy repetitivos. Pero como el espacio era tan limitado, me di cuenta de que podía comprender mejor sus características. Al igual que los actores se ven diferente dependiendo del ángulo de la cámara, yo descubrí que la casa podía parecer triste o llena de esperanza dependiendo de la perspectiva”.
Esta casi unicidad de escenarios junto con el tratamiento atemporal del tiempo de la acción son dos características destacables del filme que contribuyen a hacerla única en su especie. La mansión de los Stoker tiene un amplio protagonismo dentro de la historia, ayuda a construir la impresión de encierro en sus circunstancias que viven los personajes, a la par que sirve para pincelar la psicología de los mismos (el contraste entre la habitación de la madre, abigarrada y sinuosa, frente la simetría luminosa de la habitación de India, por ejemplo) e igualmente sirve como reflejo de las tensiones que pesan sobre sus relaciones, Park veía a Evie (la madre) e India como una reina y una princesa de un cuento de hadas atrapadas en un gran castillo. Por otro lado, aunque la cinta esté ambientada en el presente y en EE. UU, el tratamiento que se le da al tiempo hace que la película cobre esa atemporalidad propia de las fábulas, así Stoker se representa como un cuento perverso y cruel.
Stoker es un dechado de recursos visuales y técnicos, pero no se puede olvidar el trabajo de sus interpretes. En el papel de India nos encontramos con Mia Wasikowska, joven actriz australiana a la que los espectadores recordarán por su papel en la Alicia de Tim Burton y su trabajo en Jane Eyre de Cary Fukanaga, pese a su juventud es una actriz concienzuda capaz de expresar todas las emociones que el personaje requiere. La actriz asegura que le encantó el proyecto. “El guión de la película es excelente; el director Park y el equipo de creación son brillantes. Es la primera vez que veo una historia como esta. La dinámica entre los personajes esconde un gran misterio. India es una joven muy complicada. Está completamente desconectada del mundo sin su padre. Es una forastera por naturaleza, cerrada al resto del mundo. Aunque todavía es una jovencita, se está convirtiendo en una mujer con sueños y fantasías, pero unos sueños de naturaleza diferente al resto”, afirma la joven.
Sobre otra australiana recae el rol de Evie, la ya veterana Nicole Kidman. La escalofriante elegancia de Stoker y sus complejas relaciones hicieron que resultara una proposición irresistible para la actriz. “No hay nada corriente en la película”, comenta Kidman. “Tiene una cadencia inusual en el diálogo. El ritmo no es el típico. Me encantó el guión porque cuando lo estaba leyendo, no sabía nunca lo que iba a ocurrir a continuación». La desesperada y necesitada Evie era un personaje que Kidman no había desempeñado nunca. “La película empieza con el funeral de su marido”, apunta. “Queda patente que la relación madre-hija ya está llena de resentimiento y rabia. Cuando la conocemos, se encuentra en un estado inerte, y Charlie se ocupa de llenar el vacío».
El enigmático hombre que se vuelve el centro del conflicto familiar es representado por Matthew Goode, un fichaje británico, conocido por la aclamada película de Tom Ford Un Hombre Soltero, que protagoniza junto al ganador del Oscar Colin Firth, y por Watchmen, en la que hace de Ozymandias, un superhéroe semi-dios griego. “Matthew es muy gracioso”, afirma Wasikowska. “Nuestra relación fuera de las cámaras era completamente opuesta a la que era delante de ellas. Puede llegar a ser muy payaso, por lo que fue un desafío mantenerse centrado cuando trabajaba con él«.
El tío Charlie está envuelto en un halo de misterio durante toda la película. Sus intenciones permanecen ocultas hasta casi el final. «La audiencia nunca sabe seguro lo que está pasando por su cabeza”, asegura Park. “Quería muchísimo a su hermano, y ese amor se trasladó luego a su hija India. Alegóricamente, vi al tío Charlie como Juan el Bautista. Es la figura de un mentor que aparece para completar a India. Matthew coincidía con la imagen que tenía en la cabeza –la inocencia, el humor, la travesura–. Tiene la chispa traviesa y la elegante delicadeza de alguien que no haría daño ni a una mosca. Esas son las cualidades perfectas del tío Charlie«.
La película de Park mezcla lo primitivo y lo poético para hablarnos de individuos que viven las emociones intensamente hasta llegar a su intersección con la violencia. Y lo relata en clave de enigma, crea una atmósfera embriagante que nos atrapa como a esa araña que vemos subir por las piernas de India en un plano que se repite varias veces. Bocado exótico que nos deja su regusto siniestro y atractivo mucho después de abandonar la sala. Película para ser vista y archivada en un lugar privilegiado de nuestra memoria.
Evil Dead 2013: más sangre y menos humor
Cuando los amiguetes Sam Raimi, Bruce Campbell y Robert Tapert, tras rodar varios cortos, se emperraron en sacar adelante su Book of the Dead (previamente convertido en 1978 en un corto de 30 minutos, Within the Woods, que sirvió como muestra para conseguir financiación) seguro que no sabían hasta donde podría llegar su alocada aventura. De una forma u otra Book of the Dead se convirtió en 1982 en Posesión infernal (Evil Dead), una película rodada en 16 mm. que mezclaba en principio un cóctel nada original: adolescentes, posesiones demoníacas, sangre y mucho speed. Pero no era así, ya que contaba con un añadido que la hacía (y hace) más atractiva: grandes dosis de comedia hasta el punto de transformar a su protagonista, Bruce Campbell en un personaje de dibujos animados. Y todo ello, no hay que olvidarlo, sin dejar de ser un atmosférico y terrorífico film.
Posesión infernal triunfó en los video-clubs de medio mundo y posibilitó que Raimi pasara a la primera división de su profesión. Esa bienvenida incluyó que rodara una secuela de su film, naciendo Evil Dead 2 (Terroríficamente muertos, 1987) que no resultó ser finalmente una secuela sino un remake con todas las de la ley, aunque más loco si cabe, con más medios y mejores resultados en los maquillajes y efectos especiales (cosa en la que tuvieron mucho que ver la santa trinidad Berger, Kurtzman y Nicotero). Ese primer remake daría pie a (ahora sí) una secuela, El ejército de las tinieblas (Army of Darkness, 1993).
No acaba ahí la historia, en mayo del 2012 se iniciaba el rodaje de un nuevo remake, el que este viernes llega a nuestras pantallas. Esta vez Raimi no está al frente de la dirección, el equipo inicial (Raimi, Tapert y Campbell) ha preferido ocuparse únicamente de la producción y dar la alternativa al joven debutante Fede Álvarez, del que ya os hablamos en este blog. El propio Fede Álvarez, junto a Rodo Sayagues (colaborador suyo desde los tiempos de Ataque de Pánico, corto con el que se dieron a conocer) se ha ocupado de adaptar el guión, así que nos ofrece una relectura personal de la obra de Raimi. Rodada en Nueva Zelanda, algo habitual en Raimi, el reparto de esta nueva Posesión Infernal está compuesto por eficientes actores jóvenes: Jane Levy (Mia), Shiloh Fernández (David), Lou Taylor Pucci (Eric), Jessica Lucas (Olivia) actriz ya conocida para los productores por Drag me to hell (2009) y Elizabeth Blackmore (Natalie). Protagonismo tienen también los 25.000 litros de sangre artificial que han sido necesarios para el filme, muuuuuucha hemoglobina, pues, es la que nos ofrece esta nueva versión.

Esta Posesión Infernal de 2013 no es una mera repetición sino toda una reinterpretación del tópico de la cabaña en el bosque parodiado en la de 1981 (en puridad más que un remake es un reboot). Sin renunciar a los elementos fundamentales (la cabaña, el libro de los muertos o Necronomicón) Álvarez ha pretendido dotar a los personajes de una mayor profundidad psicológica, ya no son unos jóvenes cuasiadolescentes que van al bosque en busca de experiencias etílicofestivas sino un grupo de amigos que se han reunido para ayudar a Mia, la protagonista, a desengancharse de la droga (en el extremo opuesto, pues). Hay también drama familiar, el hermano de Mia es uno de los integrantes del grupo, cosa que supone un reencuentro entre ambos después de que él la hubiese dejado pasar sola el trance de la muerte de la madre en un centro psiquiátrico. No hay que esperar un análisis exhaustivo de los recovecos de las relaciones, sólo un esbozo que sirve al fin de explicar el porqué de sus conductas cuando se haga manifiesta la presencia (así, por ejemplo, la primera en tener evidencias de la fuerza que les acosa será Mia y los demás creerán que son causadas por su síndrome de abstinencia). Ocurre que este mayor naturalismo de los personajes no se ha dado sin eliminar esa comicidad cartoonesca que tenía la original y que, en nuestra modesta opinión es lo que la hacía especial. En la película de Ávarez no hay apenas lugar para el humor, todo está tratado con seriedad, y a nosotros se nos antoja que eso supone una pérdida del remake frente a la original. Podemos decir que, al tratar de darle alma a los personajes, es la película la que se ha quedado huérfana de ella. Esto no significa que a nuestro juicio sea una mala película, simplemente opinamos que el remake no consigue superar al original.
Así pues, aún sin tener el carisma que identificaba a la saga Evil Dead, la Posesión Infernal de Álvarez cautivará a los aficionados al género. A los conocedores de las de Raimi porque está repleta de guiños a elementos del guión que las caracterizaban. Ahí están esos bellos travellings subjetivos desde el punto de vista de la presencia atravesando al bosque; la violación en el bosque y por el bosque; la amputación de la mano; y, cómo no, la motosierra. Pero creemos que sobre todo gustará a los más jóvenes que quizás ni siquiera hayan conocido sus precedentes, por su factura, su ritmo trepidante por momentos y esos miles de litros de sangre y gore bien entendido. Tanto los iniciados como los neófitos agradecerán que no se haya abusado de la imagen digital, al contrario Álvarez se ha inclinado por conseguir los efectos con la cámara siempre que le ha sido posible y dejar a los de maquillaje hacer el resto. Y mención de honor merecen estos últimos junto a la banda sonora del español Roque Baños. En suma, puede decirse que Fede Álvarez no defrauda las esperanzas depositadas en él.
La pregunta del millón sería responder a si era necesario este remake (o reboot) tratándose como se trata de una película de correcta ejecución. Para quien esto escribe no se trata de una revisión que aporte ingredientes relevantes al original, como sí podía darse en el Maniac de, ni sirve para darle mayor actualidad (después de todo la original sigue igual de vigente que en su presente), de modo que no podemos considerarlo como necesario. Ahora bien, la buena factura del filme evita que se le pueda tildar de prescindible y, sobre todo, muestra las dotes de su joven director, más elogiable él que su propia ópera prima. Deseamos ver pronto a Fede Álvarez al frente de una obra personal que no se deba ya a ningún trabajo previo.
Serie B: Richard Vogue vuelve cargado de sangre, acción, sexo y comedia
SOBRE RICHARD VOGUE
Serie B es una sana gamberrada que lo único que pretende es hacer pasar un buen rato al espectador, algo nada fácil no se crean, y que se agradece en estos a veces pretenciosos tiempos. Excesiva, sexy y sangrienta, uno adivina que su director y guionista, el nunca suficientemente ponderado Ricard Reguant, se lo pasó bomba imaginándola y dirigiéndola.
Y es que Serie B representa el retorno a la pantalla como director de Richard Vogue, alter ego de Ricard Reguant. Un niño grande de sonrisa contagiosa y conversación inagotable repleta de anécdotas. Es una de esas personas que uno escogería para tomarse unas cañas en esos cuestionarios que alguna vez hacen los periódicos y en los que indefectiblemente salen escogidos tipos tan interesantes como futbolistas, modelos o competidores de Formula-1.
Polifacético hombre-orquesta de extensa carrera en musicales, obras de teatro y trabajos para televisión, Reguant se inicia en el cine como meritorio de Iquino, dura escuela donde las haya, con el que hace de casi todo hasta que se decide a dirigir, naciendo en ese momento Richard Vogue, pseudómino con el se adentra en el cine erótico clasificado “S”: «Yo venia del mundo de la interpretación en teatro y en televisión, y como seguía trabajando en los escenarios prefería no mezclar cosas… sobretodo si pensamos que hacer películas “S” estaba muy mal visto para la profesión intelectual del momento, aunque gracias a estas películas durante años se mantuvo la industria en España y estos intelectuales podían rodar sus películas, más minoritarias».
Richard Vogue dirige algunos títulos como Sueca bisexual necesita semental (1982) o No me toques el pito que me irrito (1983), comedias sexys y alocadas como indican sus nombres, dentro de «un género cinematográfico que tuvo su momento como los spaghetti-western, los pseudo-Bonds o las de terror». De rápido rodaje, poco presupuesto y alta rentabilidad, no en vano «Sueca bisexual necesita semental fue la película más vista el año que se estrenó».
Ricard es un veterano que ha llegado a trabajar en más de 60 producciones desempeñando diversas tareas como ayudante, guionista o director.
Pero Serie B no es solamente un film erotico (aunque tiene sus gotas), es una mezcla de terror, película de acción con venganza y sobre todo comedia, aunque de forma soterrada y casi irónica. Reguant ya había tocado el género de terror, habiendo dirigido al mismo Paul Naschy para un capítulo de la serie televisiva Desenlace (2001, Ricard Reguant y Tito Álvarez), pero Antena 3 la emitió incompleta y a altas horas de la madrugada, una de esas decisiones contradictorias que, lamentablemente, son tan habituales.
COMO NACE SERIE B
“Un día un amigo mío me invito a su casa en los Pirineos. Era una autentica mansión, enorme, fantástica. Pasamos la noche de cháchara, divirtiéndonos imaginando cosas que podían ocurrir en aquel sitio. La casa estaba en medio de la nada a kilómetros del primer pueblo. Solitaria. Así que se me ocurrió una historia que podría ocurrir allí. Mi amigo, entusiasmado con lo que le contaba, me sugirió de hacer un filme. Yo le dije que aquel tipo de historias pertenecían a las llamadas películas de SERIE B, o lo que es lo mismo, películas de bajo presupuesto, de género (terror, ciencia ficción, westerns…), que servían de relleno a los grandes estrenos, naturalmente en la época en la que los cines hacían dobles sesiones.
En algunas ocasiones los filmes de SERIE B, eran mas interesantes y divertidos que los que se suponían eran los estrenos buenos, de clase A.
Con el tiempo estas peliculitas de SERIE B, se fueron convirtiendo en objeto de culto, y grandes directores actuales les hacían un sentido homenaje, como Quentin Tarantino por ejemplo. Claro que sus películas tenían presupuestos de Clase A. Muchos directores famosos se iniciaron en aquellas películas pequeñas de poca producción (casi siempre con la marca de ROGER CORMAN, el rey de las Series B): James Cameron, Martin Scorsese, Jonathan Demne e incluso Steven Spielberg. Pero estamos hablando de EEUU donde una película de poco presupuesto equivalía a dos nuestras de Gran Presupuesto. Luego aparecieron artistas que intentaron crear una industria de SERIE B en nuestro país. Paul Naschy, Jesús Franco son las cabezas más visibles de aquel intento… Pero los intelectuales, que todo lo fastidian, vinieron a aguar la fiesta y decidieron que el cine tenía que ser serio… Y lentamente estas pequeñas joyas (quizás no era buenas películas pero cumplían su doble cometido: distraer y mantener la industria), fueron desapareciendo de las pantallas y se convirtieron en piezas rebuscadísimas en los estantes de los vídeo-clubs de todo el mundo.
Animado por mi amigo recogí el reto y escribí el guión. Lo pasé a dos compañeros de profesión Jesús Liedo y Toni Badimon. Estos se animaron y nos vimos con mi amigo, que estaba dispuesto a convertirse en productor.
Hemos tirado adelante el proyecto y después de pensar en muchos títulos nos hemos quedado con el más lógico: SERIE B. Ya que el film es sobre todo un homenaje a aquellas películas sencillas, hechas con más pasión que dinero y con más imaginación que medios, que tanto nos sorprendieron y divirtieron en sus días. Si conseguimos algo parecido estaremos más que satisfechos.
Mi «alter ego» RICHARD VOGUE reclama ser el artífice de este «retorno» a las andadas. Y, naturalmente ante un «autor» que parió títulos como «NO ME TOQUES EL PITO QUE ME IRRITO» o «SUECA BISEXUAL NECESITA SEMENTAL», no podía negarme”.
Serie B es la primera película producida por Olwyn films, productora fundada en 2011 por Jesús Liedo y Ricard Reguant y el film, con un presupuesto estimado de 1,6 millones de euros, es la primera producción de la compañía, que nace con vocación de producir películas españolas de género con proyección internacional.
LOS ACTORES
En Serie B destaca sin duda el protagonista, Manuel Zarzo, todo un veterano de 85 años que debuta en 1951 y en cincuenta años de profesión llega a participar en más de 145 títulos de todo género (spaghetti western, comedia…), además de en televisión. Es un rostro familiar para el cinéfilo que sin duda da cachet al film. Aunque se barajaron otros nombre para el papel, como Omar Sharif y Helmut Berger, finalmente Reguant vio más acertado contar con su amigo Zarzo, que realmente borda el papel de Willie Molina (¿homenaje a Jacinto Molina?).
Roger Pera es un consolidado actor todoterreno que tanto hemos podido disfrutar en comedia como en otro tipo de registros, como es el caso de Serie B, donde interpreta a un bastardo de gatillo fácil.
Pero también juegan un papel (y muy interesante), las actrices del film: Sonia Monroy (sí, esa Sonia Monroy que les viene a la cabeza), hace el tipo de papel que les gustará ver: lo pasa muy, muy mal. Sangra mucho durante el film y… nos muestra sus poderosos encantos. Al igual que las demás intérpretes, la bella Marta Simonet y Cata Munar, actrices ambas de extensa formación.
Sin olvidar ¿Cómo hacerlo? a Nuria de Córdoba, que borda su enigmático papel con nutritivo final sorpresa…
También intervienen Jaume Fuster y Eva Losada.
El nuevo milenio nos traido de vuelta a Richard Vogue y ¿era necesario? Pensamos que sí tras ver Serie B y agradecer un poco de locura, despiporre, sexo, sangre y sobre todo entretenimiento bien realizado. Tanto que a veces uno tiene la tentación de pensar la película está hecha en serio… pero nada más lejos de la realidad, ya que lo que Reguant (o debo decir Vogue) propone es una película excesiva y con toques surrealista con la que pasar un rato loco. Y pensamos que lo consigue.
Bajo presupuesto, mucha imaginación, sangre (sin abusar de casquería), sexo (sin llegar a ser explícito) y un único escenario: Serie B
Proyectada en la última edición de la Semana de cine fantástico y de terror de San Sebastián con éxito por parte del público (no tanto de crítica, ya que parece no todos supieron ver el juego que pretende el film), llega el 19 de abril a las pantallas así que, si quieren ver como hacen callar a Sonia Monroy (además de hacerle pasar por otras lindezas no menos dolorosas), les recomendamos que entren en el juego de Serie B.
SINOPSIS
Willie Molina (Manuel Zarzo) es un actor ya retirado que ha pasado parte de su vida en Hollywood interpretando películas de SERIE B. Su mayor hobbie es la caza, y mientras esta en el monte dispara sin querer contra unas chicas que estaban caminando entre los arbustos, Lidia y Mabel (Sonia Monroy y Marta Simonet), hiriendo a una de ellas. La herida es superficial, pero Willie las invita a pasar el día en su finca. Al llegar a la mansión, las chicas descubren que están ante un hombre muy rico. En realidad, las jóvenes ejercen de gancho en la carretera a hombres ingenuos a los que desvalijan valiéndose de sus encantos. Su protector, Robín (Roger Pera), llega a la casa junto a Katy (Cata Munar), una nueva chica. Acorralan al viejo actor amordazándole y golpeándole. Las cosas se ponen feas para el hombre. Aunque mientras los demás se distraen curioseando por la casa, Willie consigue liberarse… y entonces empieza una cacería llena de sorpresas en donde no se llega a saber hasta el final quien es más malvado de todos ellos.
Más información en: www.seriebfilm.es y http://www.facebook.com/SerieBfilm
Y más detalles sobre la carrera de Ricard Reguant (y por ende Richard Vogue) en la entrevista que publicamos en este mismo blog.
7 psicópatas: la (de)construcción de un guión
Si quieren disfrutar plenamente de la película, dejen de leer en este punto. Y no porque vayamos a hacerle una crítica negativa, todo lo contrario, pero es que 7 psicópatas (Martin McDonagh) es de esas películas que se gozan todavía más cuando acudimos a verlas como tábula rasa, desde la virginidad que da no tener datos previos.
¿Qué decir del argumento? Si acudimos a Google, además de encontrar la habitual proliferación de resúmenes idénticos, y de sospechar que algunos han escrito sin haber visto el filme, descubriremos que pretender resumir la trama es harto difícil. Nos encontramos por un lado con Marty (Colin Farrell), un guionista que no acaba de encontrar la inspiración para escribir un guión titulado, precisamente, 7 psicópatas. Por otro lado, está Billy (Sam Rockwell) su mejor amigo, actor en paro que se gana la vida secuestrando perros junto a su socio Hans (Christopher Walken). Billy está empeñado en ayudarle a toda costa a terminar ese guión. Todo va a complicarse cuando secuestren a Bonny, el perro de un mafioso sin escrúpulos que idolatra a su mascota (Woody Harrelson). Pero este bosquejo no le hace plena justicia porque lo que distingue al argumento de 7 psicópatas es cómo se va construyendo mientras se va desarrollando el guión de Marty, en un ejercicio de metareferencialidad que es casi un enlace de Möebius.
El arranque del último trabajo de Martin McDonagh (Perdidos en Brujas) se ampara bajo la estela de Tarantino, ya saben esos largos y exóticos diálogos entre matones (salvo que esta vez no es una hamburguesa sino la muerte por penetración en el globo ocular) que culmina en un acto de violencia extrema y pulp. Desde su inicio, pues, declara su intención de adentrarnos en el mundo de la comedia de acción con un humor radicalmente negro, propio de la raíz irlandesa del director. Delirio será la palabra que se instalará en nuestra mente porque hay mucho de ello en este ejercicio de cine dentro del cine que se va a caracterizar por los constantes giros de guión expuestos desde la ironía en su sentido propio, esa actitud de distanciamiento de la obra que nos permite mostrar su anverso y su reverso. En ella tienen cabida los gangsters enamorados de sus mascotas; los psicópatas que crían conejos blancos y se pasean con uno bajo el brazo; el actor metido a dar carne real al asesino-personaje para que el guionista encuentre material para su trabajo en la prensa; los anuncios por palabras; los efectos del peyote; los polacos, tan blancos, que son cuáqueros y se casan con negras; la inquietud por el más allá; las prostitutas que leen a Chomsky; y la necesidad de los sueños. Y lo vamos viendo surgir desde el guión que se escribe en la película, que bien podría ser el guión de la propia película.
Prostitutas que leen a Chomsky es la broma con la que se denuncia el escaso papel que tienen las mujeres en el cine de acción, en muchas de ellas son meros elementos decorativos en apariciones fugaces y sin peso en el desarrollo del filme. Así 7 psicópatas se burla de sí misma a la vez que es crítica con todo un género, a la vez que denuncia deficiencias de una sociedad como la nuestra, menos igualitaria de lo que desearía, a la vez que se cuestiona la razón de escribir historias, a la vez que va más allá y se plantea (nos hace plantearnos) qué sentido nos espera a nosotros mismos en nuestras vidas, la gran pregunta por el sentido a secas, si se quiere. Caja china o muñeca rusa, la película juega a muchos niveles, pero si funciona es porque parece no tomarse en serio a sí misma, es un juego de ingenio que puede decaer en algún momento pero que se rehace en su apelación continúa al absurdo, en su juego con el dentro y el afuera de la historia.
La película funciona también gracias al acertado trabajo de todo su elenco. Colin Farrell, que repite con el director, construye con efectividad su personaje, ese alcoholizado escritor que persigue una idea y se enreda vitalmente en ella. «De cuando en cuando, las palabras le van a la perfección a un actor. Es el caso de este guión.Te ofrece un remojo, un puntapié en las nalgas y un paseo inolvidable. Entonces, sin ninguna duda, no puedes rechazarlo», se entusiasma el intérprete irlandés. El mismo entusiasmo por los diálogos de McDonagh muestra Cristopher Walken: «Usted sabe, que los actores adoran los diálogos cincelados, y Martin escribe diálogos formidables»; por su parte Walken encarna el más tierno de los personajes, paradójicamente tierno dado que descubriremos que él es uno de los siete psicópatas, «Es solo un tipo que roba perros y que los devuelve a cambio de una recompensa», explica sobriamente el actor. Representante de la fe y sus dudas, la interpretación del veterano actor es posiblemente la más matizada. Encarnando a Billy nos encontramos con Sam Rockwell (a quien recordarán por su papel protagonista en Moon de Duncan Jones) muy convincente en su rol, esa réplica del guionista que nos recuerda al Chazz Palmintieri de Balas sobre Broadway (Bullets Over Broadway, 1994, Woody Allen). Cerrando el reparto de actores principales tenemos a Woody Harrelson dando cuerpo al mafioso adorador de su perro Bonny, a él debemos algunos de los episodios más hilarantes del filme.
Pero, obviamente, si 7 psicópatas resulta ser la película que es, es por la impronta indeleble que imprime en ella Martin McDonagh. McDonagh inició su carrera en el teatro especializándose en comedias negrísimas en las que ya se encuentra presente su universo abigarrado. Su salto al cine no pudo haber sido dado con mejor pie, su primera incursión fue el cortometraje Six Shooter y con él obtuvo el Óscar de 2005 en esa categoría, (puede verse completo en este enlace). Su debut en el terreno del largo vino con Escondidos en Brujas (In Bruges, )que quienes la hayan visto la recordarán también por su barroquismo (visual y formal) y su humor delirante (marciano, en coloquial), características que se encuentran presentes en esta su última obra hasta el momento. 7 psicópatas resulta difícil de calificar, es comedia, pero también película de acción, cine dentro del cine y hasta cierto punto es incluso fantástica (no en vano pudo verse en el último Sitges); habrá quienes resuelvan optar por resumirlo incluyéndola dentro de esa categoría difusa cine de autor.
Cine de autor, curiosamente Serendipia (que no había leído nada sobre la película y no sabía qué iba a ver) discutía entre sí sobre qué significa justo eso, cine de autor, y lo primero que asoció a tal denominación fue la de todo tipo de filmes extravagantes y plúmbeos (sobre todo cuando se dice así, en francés, auteur). Se podría considerar que denominamos así a toda producción que se presente como ajena a cualquier género (y de hecho en ese sentido se oye aplicar el término), pero eso sería una memez porque, ¿ acaso Ford, Hitchcock, o Wilder (por mencionar sólo algunos) no imprimían inconfundibles rasgos de autoría en sus películas por mucho que la práctica totalidad pusiera adscribirse a algún género (y en su pureza, además)? Digamos que sólo aceptamos pulpo como animal de compañía si por cine de autor se entiende aquellas obras que con sólo empezar a verlas ya sabemos quién está tras su dirección aunque lo desconociéramos antes de entrar. Si es así, sí, aceptamos que 7 psicópatas es también cine de autor.
Categorizaciones al margen, de lo que no nos cabe duda es de que quienes vean esta cinta la recordarán (algunos para odiarla) porque es un producto que se aparta de la media, tiene vida propia, ése alma que es tan difícil que posean las películas. Quien esto escribe intuye que 7 psicópatas estará entre sus diez películas favoritas vistas en este año que acaba en 13. Y si no, al tiempo.
Mamá: nueva vuelta de tuerca

Mamá, el largo, es un relato sobre las dimensiones del pánico y, como antes hizo Henry James, presenta una nueva vuelta de tuerca al tomar como protagonistas a dos niñas. Victoria y Lilly son secuestradas por su padre homicida en una oleada de terror colectivo, cuando el padre muere por causas extrañas las dos niñas quedan abandonadas en una cabaña perdida en el bosque, estarán allí durante cinco años cuando las rescaten se descubrirá que han sobrevivido gracias a su imaginación. Son encontradas gracias a la contumacia de su tío paterno que acabará adoptándolas gracias a un programa psiquiátrico destinado a estudiar fenómenos como los de niños salvajes. En ese marco se presenta la extraña comparecencia que las lleva a huir. Así el argumento del corto se convierte en motivo del largo.
Hitchcock 2013: el alma de un director
«Mi principal satisfacción es que la película ha impresionado al público, y eso es lo que pretendía. En Psycho, el argumento me importa poco, los personaje me importan poco; lo que me importa es que la unión de los trozos de la película, la fotografía, la banda sonora y todo lo que es puramente técnico consiguen hacer gritar al público. Creo que es una gran satisfacción para nosotros utilizar el arte cinematográfico para crear una emoción de masa. Y, con Psycho, lo hemos conseguido. No es un mensaje lo que ha intrigado al público. No es una gran interpretación lo que lo conmueve. No era una novela muy apreciada la que lo cautiva. Lo que emociona al público es la película pura». Alfred Hitchcock
Como cine en estado puro calificábamos Psicosis cuando celebró su cincuentenario, coincidiendo, pues, con lo que el propio director afirmó sobre ella. Más allá de juzgar si es su mejor película (quedarse con una sola es casi un delito en una filmografía como la del londinense) puede afirmarse que es la que más trascendencia tiene para la historia del cine en general (por esa autoconciencia de la importancia de las partes técnicas para crear emociones) y para el de terror en particular. Esta película cambió la dirección del género hacia parámetros más realistas y oscuros en un momento en el que el cine fantástico americano se había inundado de invasores del espacio y monstruos gigantes. Supone el nacimiento del thriller tal como lo conocemos hoy. De gran importancia para el séptimo arte, no lo es menos dentro de la obra de Hitchcock: tras Con la muerte en los talones, film anterior en el que se repasaba lo que se entendía (y todavía hoy se entiende) como el cine de Hitchcock, el director se embarcó en un proyecto más personal y oscuro. Sin héroes ni, según como se vea, villanos. Ya no había tramas internacionales ni asuntos de espionaje ni glamour. Por no haber no había ni technicolor. Sir Alfred hizo un alto en su estilo, el mago del suspense, abandonaba en Psicosis su clave principal (que el público sepa más que los personajes) para adentrarse en el terror, cosa para la cual necesitaba prescindir de la complicidad del público. En esta ocasión se nos engañaba como espectadores desde el mismo principio con pistas falsas que nos llevaban a un final inesperado. Nada era como esperábamos. Y para proteger ese juego, esa sorpresa final, se puso en los cines y prensa la advertencia de que nadie podría entrar en los salas donde se proyectara una vez comenzada la película, aunque fuera la mismísima Reina de Inglaterra (dedicamos en su día todo un artículo a esa campaña publicitaria). A la vez que se rogaba que no se contara su final a nadie.
Si tal es la importancia de Psicosis no es de extrañar que sea su rodaje el punto de partida del biopic facturado por Sacha Gervasi. Tal como Spielberg se centra en la aprobación de la decimotercera enmienda para su biografía de Lincoln, también en Hitchcock (2013) un episodio especialmente nuclear es tomado como motivo central para desplegar a su alrededor las claves de toda una vida y un personaje. Sin llegar a la excelencia de la última cinta de Spielberg, Sacha Gervasi nos ofrece un filme correcto que se disfruta más cuánto más familiar no es la figura del biografiado.
La historia dirigida por Gervasi se basa en el libro Alfred Hitchcock and the making of Psycho, escrito por Stephen Rebello, que relata detalladamente todos los vaivenes de la montaña rusa que fue la realización del emblemático filme. Pero que nadie espere un «Así se hizo…» al uso o el biopic le va a decepcionar. En verdad Psicosis y su entorno no es más que una excusa para desvelar el carácter del genio.
Una excusa argumental bien tratada, eso sí: viendo la película de Gervasi nos hacemos una idea de cómo funcionaba la industria del cine en el Hollywood del fin de los cincuenta con la política de estudios al borde de su declive pero aferrándose todavía a su poder, de hecho para realizar Psicosis Hitchcok tuvo que autofinanciarla porque la Paramount no quiso hacerse cargo de esa empresa demasiado temeraria para sus intereses (aunque si accedió a distribuirla). Conocemos también el funcionamiento del Código Hays, las directrices que imprimía y la perspicacia de los directores para violarlo respetándolo; Hitchcock, con su ironía británica, era especialmente hábil en burlar a los censores. Y, por supuesto, está perfectamente recreado el ambiente del rodaje, así como el destacado de las principales secuencias del filme dentro del filme, ahí está Marion Crane huyendo en su coche, los nervios por cumplir las indicaciones del inglés sobre la secuencia del asesinato del detective Arbogast y, cómo no, todo lo relacionado con la escena de la ducha (70 planos y siete días de rodaje para unos cuantos segundos).
Los más informados descubrirán inexactitudes, no se señala la importancia de Saul Bass, por ejemplo, pero se trata de licencias «poéticas» para centrar más los intereses de la historia. A Gervasi le interesa dar pinceladas sobre las obsesiones de Sir Alfred: la culpa, las madres dominantes y castradoras, las rubias inalcanzables y el cine como ejercicio de voyeurismo en el que se descargan y se diluyen nuestros impulsos más violentos. Se retrata su dilección por los recovecos más perversos de la mente humana recurriendo a la presencia onírica de Ed Gein, rizando así el rizo de lo metacinematográfico. Pero sobre todo lo que le interesa al director del biopic es el lado más humano del genio. Nos muestra su yo más vulnerable, sus vacilaciones llevadas, eso sí, elegantemente bajo una capa de flema e ironía y, sobre todo, descubrimos esa presencia fundamental que fue, para su vida y su obra, su esposa Alma Reville.
En verdad, este biópic, esconde en su interior una comedia romántica, pues su punto central es la historia de amor entre el director y su esposa, y, aunque el sujeto biografiado sea él, casi podría decirse que la protagonista es ella. Un protagonismo en segundo plano el de Helen Mirren en el film, como lo fue el de Alma Reville en la vida. Alma era una prometedora y joven montadora de cine, además de una gran amante del séptimo arte, que se casó con Hitchcock en 1926 y durante los siguientes 54 años fue su esposa, confidente y silenciosa colaboradora. A no ser que fuera importante, ella nunca iba al set donde rodaba su marido, pero jugó un papel esencial a lo largo de toda su carrera como montadora y asesora de guion, y probablemente era la opinión que Hitchcock más tenía en cuenta en cada uno de sus filmes. La película la retrata como una mujer de carácter capaz siempre de estar a la altura y de confiar en su esposo quizás incluso más de lo que confía él en sí mismo. Sexagenaria ya, sigue conservando su atractivo, más por sus virtudes que por su belleza física, en la obra de Gervasi se insinúa que, llegado el punto decisivo para la carrera de su esposo que supuso embarcarse en el rodaje de Psicosis, Alma vivió un momento de duda y rebeldía y quiso probar sus alas al margen de él (incluido un elegante galanteo con un escritor, de cuya veracidad no tenemos noticia), cosa que habría agudizado las inseguridades de Hitch (como se hacía llamar familiarmente). Hitchcock, la película, no pasa de ser una amable producción hollywoodiense y resuelve el conflicto con el reconocimiento de la importancia que cada uno tenía para el otro y la aceptación de Alma de ser la fuerza en la sombra. La película no destaca en cuanto a lo que a profundización psicológica se refiere, pero al menos hay que reconocerle que nos deja con ganas de saber más de esa mujer que acompañó al maestro durante más de cincuenta años.
Lo que si destaca en Hitchcock es el trabajo de casting. Hopkins da el perfil panzudo del director gracias a su perfecta y sobria interpretación. Preguntado por su relación personal con el universo Hitchcock respondía «Siempre me ha fascinado Hitchcock. (…)Mi primer trabajo a nivel profesional fue en el teatro en 1960, en la ciudad de Manchester, y recuerdo que solía ir al cine y que en las salas ponían PSICOSIS. Fui a ver la película un domingo por la noche, en octubre de ese año, y no creo que me haya asustado más en toda mi vida. Probablemente fue la mejor película que vi durante aquella época. LA VENTANA INDISCRETA y PSICOSIS son mis dos películas favoritas». Sin desmerecer el trabajo del actor británico hay que poner también en su lugar el importante trabajo de caracterización a cargo de los grandes especialistas Berger y Nicotero. Howard Berger trabajó muy duramente durante semanas para idear un proceso que no resultara demasiado gravoso para Hopkins, aunque señala que la disposición del actor era plena. “Tony estaba dispuesto a dejarse hacer prácticamente cualquier cosa, pero a todos nos satisfizo mucho lograr un proceso de caracterización cuya aplicación solo llevaba finalmente 90 minutos”.
Scarlett Johansson consigue recrear a la atractiva Janet Leigh, sus expresiones, encanto y gestos. Al investigar sobre su papel, Johansson dice que se dio cuenta de que Janet Leigh
tenía una relación muy singular con el director, una relación que rompió los moldes de Hitchcock. “Ella era diferente porque estaba casada con Tony Curtis y tenía tres hijos, por tanto, no se ajustaba mucho a esa categoría de rubia inalcanzable. De hecho, no estaba disponible porque era esposa y madre, pero también era una chica divertida y sexy, así como una confidente con la que Hitchcock pudo tener algo muy parecido a una amistad”, observa Johansson. “En la película, la relación profesional entre ambos brinda la oportunidad de ver el lado más pícaro de Hitchcock, su lado más travieso e infantil” Para preparar la producción, Johansson pasó un tiempo con la hija de Janet Leigh, Jamie Lee Curtis, que le dio una perspectiva más amplia de su progenitora. “Jamie fue tan encantadora conmigo y me ayudó tanto que claramente se notaba que era un hija orgullosa”, recuerda Johansson. “Jamie me envió unas preciosas fotos de familia y me habló extraordinariamente bien de su madre, como lo hace todo el mundo dentro de la industria. Por todo lo que he oído y leído sobre ella, Janet era una mujer modesta, con los pies en la tierra y, antes que nada, una madre maravillosa, lo cual creo que me aportó mucha información”.
A la altura están otros compañeros de rodaje como Jessica Biel en el papel de Vera Miles, James D’Arcy dando vida a un convincente Anthony Perkins y una irreconocible Toni Collette como la también fundamental secretaria del director, Peggy Robertson. Sacha Gervasi quería, además, rendir tributo a Bernard Herrmann, interpretado por el actor Paul Schackman, un auténtico sosias del compositor. Pero en el apartado musical no quería una mera imitación, quería también que el filme tuviera su propia y distintiva sensibilidad en ese terreno; que fuera tan ocurrente, enigmática y sorprendentemente romántica como la historia de Hitch y Alma. Para ello, Gervasi recurrió a Danny Elfman,
compositor nominado al Oscar en cuatro ocasiones, conocido sobre todo por su trabajo en una ecléctica e inolvidable serie de películas, sobresaliendo siempre en sus colaboraciones con Tim Burton. La fuerte química entre Hopkins y Mirren se convirtió en el punto de partida del trabajo de Elfman, lo que le alejó bastante del más obvio terreno de la nostalgia o el simple homenaje a la música del cine hitchcockiano. El compositor no dudó en absoluto de que lo último que quería hacer era intentar repetir como un loro la perfecta banda sonora compuesta por Herrmann. “Sacha y yo hablamos mucho al principio sobre esa idea de no intentar nunca repetir lo que ya hizo Herrmann, ni siquiera que sonara parecido”, manifiesta Elfman.
Para el final hemos dejado el trabajo de Helen Mirren, una de las pocas actrices que ha ganado los 4 premios principales dentro del cine comercial por una sola película, The Queen (Óscar, BAFTA, Globo de Oro y Premio del Sindicato de Actores) y que nuevamente opta a la estatuilla por su interpretación de Alma Reville. “Su naturalidad al interpretar a este personaje es realmente extraordinaria”, señala Gervasi. “Es increíblemente mordaz, pero también muy sincera. El toque Mirren es efectivamente mágico, y no es posible explicar exactamente en qué consiste ni puede entenderlo un simple mortal como yo”. Para interpretar a Alma, Mirren dispuso de muy pocas referencias; quedan pocas imágenes suyas que describan su particular gestualidad. Pero Mirren encontró intuitivamente una manera metiéndose directamente en la piel del personaje. Para la actriz la clave estaba en el sentido del humor, Alma habría coincidido con su marido en ese modo negro y mordaz de entenderlo, y en nuestra opinión, la actriz ha sabido hacer traspasar la inmensa ternura que suele velarse en ese tipo de sarcasmo. Dicho con sus propias palabras: «yo creo que Alma y Hitch conformaban, a su modo –divertido y poco sofisticado–, una especie de gran sociedad de Romeo y Julieta. Fueron increíbles compañeros de vida, y yo creo que nos podrían enseñar algo a todos sobre cómo lograr el éxito en el matrimonio». Helen Mirren es lo mejor de la función, gracias a ella se consigue el objetivo de la película y nos sentimos atraídos a investigar a esas «cuatro» personas a las que Hitchcock dedicó el único premio recibido como homenaje a toda su carrera: “Les ruego que me permitan mencionar el nombre de sólo cuatro personas, que me han brindado su más profundo afecto, compresión y aliento, además de su permanente colaboración. El primer nombre corresponde a una montadora, el segundo a una guionista, el tercero a la madre de mi hija Pat [Patricia Hitchcock] y el cuarto es el de una cocinera tan extraordinaria que es capaz de hacer milagros en la cocina. Y el nombre de todas ellas es Alma Reville”
Las favoritas de Serendipia 2012
Pues ahora que ya ha pasado la fiebre de las fiestas navideñas, se han cerrado las listas de propósitos y se han acabado los recuentos de lo más del 2012, nosotros nos descolgamos con nuestra propia lista. No hay mejor criterio (en nuestra opinión) para confeccionar un listado que dejarse llevar por el recuerdo y destacar aquello que ha dejado huella en nuestra memoria, porque así es como les llegará a las generaciones venideras: los hitos de la historia los forja la memoria colectiva. No hemos hecho distinción sobre si han sido estrenadas o no en nuestras salas, se trata sólo del humilde resumen de lo que más nos ha agradado entre lo mucho visto en este pasado año. Ahí va:
1 – LA INVENCIÓN DE HUGO (Martin Scorsese)
Porque es puro cine e ilusión. Una película con mayúsculas que todos los que amamos el cine sentimos en nuestro corazón. La vimos con la boca abierta. Además de tener un 3-D inteligente. al que se le extrajeron sus mejores posibilidades. Obra maestra indiscutible que fue acogida con grandes aplausos por la crítica presente en el pase de prensa en el que estuvimos. Nuestro juicio sobre ella lo podéis encontrar aquí.
2 – COSMÓPOLIS (David Cronenberg)
En esta nuestra era de la información hemos entrado en barrena hacia una crisis sistémica que ya define lo que va de siglo. Si una obra de arte lograra explicitarlo como imagen, como símbolo, esa sería la obra de arte que expresara el espíritu de nuestro tiempo (el zeitgeist) y eso es precisamente lo que ha conseguido Cronemberg en Cosmópolis de la mano de la novela de Don DeLillo. Podría decirse sin exagerar (o así nos lo parece) que la última cinta del canadiense es la primera que logra hablar del S. XXI.
3 – CHAINED (Jennifer Lynch)
La destacamos dentro de nuestro comentario al Sitges 2012 porque Lynch hija se revela como una cineasta con mucho talento y muchas cosas que contar. Mención especial del jurado en el Festival de la Blanca Subur, Chained supone una sumersión en lo más sórdido de un asesino serial desde el punto de vista de una de sus víctimas. Porque todavía se puede inquietar desde la pantalla aunque la realidad sea siempre peor que la ficción, no podía faltar en nuestra lista de favoritas. Una aproximación al mal puro desde parámetros realistas.
4 – ARGO (Ben Affleck)
Más cine dentro del cine. Inteligente y emocionante. Se sabe que todo terminará bien pero, uno no puede menos que seguir pegado a la butaca hasta el último momento. Ben Affleck se revela como un director con muy buen pulso narrativo, le deseamos una larga trayectoria.
5 – CABIN IN THE WOODS (Drew Goddard)
Juego con el espectador de cine de género pero muy, muy inteligente. Mucho más que los distribuidores españoles, que no han llegado a adquirirla para su exhibición en salas. Una disfrutable cinta como pudo comprobarse durante su pase en el Festival de Sitges. Ha generado largos debates en foros y blogs por esa manipulación de las convenciones hasta convertirlas en un vehículo para la originalidad más absoluta.
6 – MANIAC (Franck Khalfoun)
A priori daba mucho miedo este posible sacrilegio del gran clásico de William Lustig, pero esta adaptación supera con nota lo que se podía esperar. Gore, mal rollo y un punto de vista que, no es la primera vez que se utiliza, pero que resulta muy valiente en estos tiempos. Nos quitamos el sombrero.
7 – HARA-KIRI (Takashi Miike)
En puridad se trata de una película del 2011, pero como se ha estrenado en salas comerciales justo en el año que acabamos de abandonar la incluimos en nuestro Top Ten. Miike nos sorprendía con esta cinta (remake del film de 1962) por su dominio de la narración clásica japonesa, si nos hubieran dicho que se trataba de una película de Kurosawa lo creeríamos. Cinta crepuscular, nos habla del ocaso de los samurais con una tonalidad trágica adecuada a ese canto de cisne. Por criticar algo, diríamos que el 3D era innecesario.
8 – COMPLIANCE (Craig Zobel)
Ya les hablamos de esta detenidamente. Nos gustó y nos perturbó. Una película realizada con escaso presupuesto pero con una inquietante premisa como punto de partida. Y lo peor es que todo es real. Hubo quien no se lo creyó. Nosotros sí.
9 – SHAME (Steve McQueen)
Más realidades. Estas más ocultas. Un fantástico actor haciendo un viaje a los infiernos de la obsesión. Merecidamente tuvo repercusión. Incómoda. Libre. No deja indiferente.
10 – ARRUGAS (Ignacio Ferreras)
Agraciada con el Goya a la mejor cinta de animación, Arrugas cómic y película, nos propone un viaje a la vejez, al drama de la pérdida del yo, pero lo hace con ternura y señalando que ese periplo que todos hemos de recorrer tiene más de agridulce que de trágico. Y es mucho más que un sondeo del retiro al que estamos abocados, es una historia sobre la amistad, sobre el amor que podemos profesarnos unos a otros, y sobre cómo éste puede ser el amable compañero que dulcifique nuestro tránsito. Tuvimos ocasión de comentarlo en este mismo blog.
Y MENCION PARA ANTIVIRAL (Brandon Cronenberg), CHRONICLE (Josh Trank) Y THE DARK KNIGHT RISES (Christopher Nolan).
Ya que no queríamos cerrar este artículo sin incluir una mención a estas tres películas que también merecían figurar en nuestro particular palmarés, si no hubiésemos decidido acotarlo a diez por aquello de la magia de los números redondos.
















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