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VAMOS DE ESTRENO (O NO) Viernes 06-03-2015

* SELMA  *****

Año: 2014 Duración: 128 minutos País: Reino Unido Género: Historia. Director: Ava Duvernay. Guión: Paul Webb. Reparto: David Oyelowo, Tom Wilkinson, Carmen Ejogo, Andre Holland, Omar J. Dorsey, Tim Roth y Oprah Winfrey. Distribución: Wanda Films.

hd-1421832118Selma retrata la lucha histórica de Martin Luther King para garantizar el derecho de voto de todos los ciudadanos y la peligrosa y terrorífica campaña que se cerró con una larga marcha desde la ciudad de Selma hasta la de Montgomery, en Alabama, y que llevó al presidente Johnson a firmar la ley sobre el derecho al voto en 1965.

Obra repleta de buenas intenciones sobre la guerra racial que nunca termina. Bien ambientada, bien interpretada y saturada de discursos históricos que, en la línea del film Lincoln (Steven Spielberg, 2012), toma un episodio relevante y concreto de la biografía del personaje para retratar toda su lucha y su compromiso, pero en correlato con su vida íntima, buscando un retrato del hombre y no tan solo del líder.  Respetuosa y casi un monumento a la obra de Martin Luther King, también nos muestra ligeras sombras que dejan entrever infidelidad hacia su esposa Coretta, fantásticamente interpretada por la bella Carmen Ejogo. O su ausencia durante la primera marcha hacia Montgomery, que se saldó con graves incidentes. Siempre es importante recordar que los derechos no han sido regalados, que otros antes han luchado duro por obtenerlos y que conviene no dejar que se pierdan.

* MAPS TO THE STARS (David Cronenberg, 2014) (*****)

maps-to-the-stars-poster (1)Año: 2014  País: Francia, Canadá, Estados Unidos, Alemania Duración: 111 min Género: Drama, Thriller Dirección: David Cronenberg Reparto: John Cusack, Robert Pattinson, Julianne Moore, Mia Wasikowska, Olivia Williams, Sarah Gadon, Evan Bird, Carrie Fisher, Niamh Wilson, Amanda Brugel Distribuidora: Vertigo Films Productora: Integral Film, Prospero Pictures, SBS Productions

Un cuento moderno sobre la obsesión por la popularidad. Stafford Weiss es terapeuta y escribe libros de autoayuda. Tiene una mujer sobreprotectora, un hijo antigua estrella de la TV en rehabilitación y una hija que acaba de salir del psiquiátrico. La principal cliente de Stafford es una famosa actriz, a punto de interpretar el papel que hizo su madre en los años 60.

David Cronenberg crea una diabólica trama sobre el sexo, el poder, los fantasmas del pasado y la obsesión por la fama, (Crítica completa aquí).

* CALVARY ( John Michael McDonagh, 2014) (*****)

País: Reino Unido, Irlanda Director de fotografía: Larry Smith Guionista: John Michael McDonagh Montador: Chris Gill Producción: Chris Clark, James Flynn Duración: 100 min. Género: Drama, Comedia Distribuidora: 20th Century Fox

Reparto: Chris O’Dowd, Domhnall Gleeson, Kelly Reilly, Aidan Gillen, Brendan Gleeson, Dylan Moran, Isaach De Bankolé, M. Emmet Walsh, Marie-Josée Croze, David Wilmot, Gary Lydon, Orla O’Rourke, Mark O’Halloran

Calvary-252161359-largeEl padre James Lavelle (Brendan Gleeson) siempre se ha mantenido bajo las estrictas reglas de la fe eclesiástica y nunca ha osado ir contra los designios del Señor. Pero cuando es amenazado durante una confesión, el padre Lavelle tendrá que dar un giro de 180 grados a su vida de piedad y enfrentarse con el lado oscuro. Su particular calvario acaba de comenzar.

Calvario así, con minúsculas, que es tanto como decir una experiencia u ocasión de intenso interrogatorio o transformación mental a través de la angustia. Una angustia que la película comunica desde su arranque de impacto. Calvary empieza desgranando el núcleo del conflicto para agarrarnos y no soltarlos hasta su final sin concesiones. ¿Qué haríamos si supiésemos que una amenaza de muerte pesa sobre nosotros para consumarse tras un plazo de siete días? El padre Lavelle lo tiene claro, hay que poner todos los asuntos de su parroquia en orden, el sacerdote marcado recorrerá su feligresía –cuyos miembros están devorados por las dudas– desagraviando y reuniéndose con los distintos sospechosos hostiles que parecen estar en todos los rincones de la aldea: desde un cáustico, agnóstico y dogmático doctor, pasando por un especulador financiero corroído por la culpa, que tiene una “propuesta comercial” para el sacerdote, hasta un esposo celoso y un novio infiel que no desea ser juzgado. Un ambiente cada vez más siniestro parece ir cerrándose en torno a él, mientras va dándose cuenta de la fortaleza que halla en la práctica, perdida, de la gracia, el perdón y la humildad.

“El tic-tac del reloj de la trama es, a la vez, una referencia al Yo confieso de Hitchcock y a las cinco etapas de la aflicción (negación, ira, negociación, depresión y aceptación)”, comenta McDonagh. Existe, de principio a fin, una creciente sensación de suspense, casi igual a la de una película del Oeste… en la que se vislumbra la proximidad de un momento propio de Sólo ante el peligro. Estamos ante un relato profundamente estructurado en el que la comedia macabra se disuelve constantemente en la oscuridad existencial y viceversa.

Concluyendo, sumen una buena historia y un impecable guión: a veces tierno, otras duro, con momentos cómicos, pero siempre ingenioso. Un buen director que sabe extraer los mejor de sus actores y de una localización envidiable, que es retratada con una fotografía magnífica y, con todo esto obtendrán Calvary, segundo largometraje de John Michael McDonalgh con el que repite el privilegio de tener como protagonista a un actor tan solvente como Domnhall Gleeson, con el que ya contó en su ópera prima, El irlandés (The Guard, 2012).

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VAMOS DE ESTRENO (O NO) Viernes 27-02-2015

27 febrero 2015 Deja un comentario

FUERZA MAYOR (Turist, Ruben Östlund, 2014) *****

Duración:118 min. País: Suecia, Francia, Dinamarca, Noruega. Guión: Ruben Östlund. Música: Ola Flottum. Fotografía: Fredrik Wenzel. Distribución: Golem. Género: Drama familiar.

Reparto: Johannes Bah Kuhnke, Lissa Loven Kongsli, Clara Wettergren, Kristofer Hivju y Fanni Metelius.

Una familia va a esquiar a los Alpes. Están almorzando en un restaurante cuando se produce una avalancha y todo el mundo cae presa del pánico.. Ebba, la madre, llama a su esposo Tomas para que la ayude a proteger a sus hijos, pero Tomas ha huido para salvar su vida. La avalancha se detiene sin ocasionar daños; sin embargo, el universo familiar no volverá a ser el mismo.

Que los suecos son raros, todo el mundo lo sabe o debería saberlo. Sino ¿cómo es posible que a pesar de que en apariencia son fríos como témpanos, Private, la revista pornográfica más cerda del mundo provenga de allí? ¿O Pippi Calzaslargas? Por no hablar de las suecas devoradoras de españolitos que, cuenta la leyenda, asolaron las costas españolas durante el boom turístico de los sesenta y primeros setenta. Para el cine Suecia nos legó célebres actrices como Greta Garbo o Ingrid Bergman. Además de, claro, el director favorito de los pedantes de los setenta, Ingmar Bergman. Así que ya saben que a la hora de hacer cine son mucho de hablar, y hablar. Y Fuerza mayor no se libra de ello, pero tiene muchas virtudes: durante el primer tramo crea tensión y mantiene al espectador embobado y sumergido en un terrorífico paisaje blanco repleto de silencios en el que un hecho imprevisto desencadenará  una seria crisis en la aparentemente idílica familia protagonista, con una situación que los pondrá al límite y que hará que nos preguntemos qué haríamos en una situación semejante. Pero no se crean, también hay lugar para el humor. Humor sueco, eso sí, pero humor.

Su bien construido y detallista argumento; las actuaciones  naturales (incluso de los niños); y su sugerente ambientación, con notable utilización del sonido, hacen de Fuerza mayor una película difícilmente catalogable pero muy disfrutable.

http://www.dailymotion.com/video/x2eqtyd_fuerza-mayor-trailer-subtitulado-en-espanol-2015-hd_shortfilms

EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS (Le meraviglie, Alice Rohrwacher, 2014) *****

Duración:111 min. País: Italia. Guión: Alice Rohrwacher. Fotografía: Hélène Louvart. Distribución: Karma Films. Género: Drama familiar.

Reparto: Alexandra Lungu, Sam Louwick, Alba Rohrwacher Sabine Timoteo, Agnese Grazioni, Luis Huilca Logroño, Eva Morrow y Monica Belucci.

images_materiales_Poster EL PAIS DE LAS MARAVILLASSinopsis: Gelsomina vive con sus padres y sus tres hermanas pequeñas en una granja destartalada de la Umbría italiana en la que se dedican a la producción artesanal de miel. Las chicas crecen alejadas de todos pues su padre prefiere el contacto directo con la naturaleza alejado de la modernidad de la gran ciudad y la sociedad de consumo. La llegada a la región del equipo de un concurso de televisión conocido como “El país de las maravillas” – que ofrece un premio monetario y un crucero de lujo a la familia más tradicional – alterará la tranquila vida de la región.

La película dirigida por la cineasta italiana Alice Rohrwacher llega a las salas avalada por el Grand Prix de Cannes y el Premio Especial del Jurado en el Festival de Sevilla. El filme es una pieza de realismo mágico, una fábula autobiográfica sobre la vida en el campo, sobre el amor de un padre a sus hijas y sobre los inicios de la adolescencia, una historia conmovedora mezcla de realidad y ensoñación que ha levantado ya numerosos aplausos y elogios.

La película está protagonizada por la joven María Alexandra Lungu – Mejor Actriz exaequo en el Festival de Cine de Sevilla y Mención Especial del Sindicato italiano de periodistas cinematográficos – en el papel de Gelsomina. Junto a ella la actriz italiana, y hermana de la directora,  Alba Rohrwacher (Yo soy el Amor, 2009; La Soledad de los Números Primos, 2013) en el papel de Angelica, la madre. El País de las Maravillas (Le Meraviglie) cuenta además con la participación de todo un icono del cine italiano, la actriz Mónica Bellucci en el papel de una exuberante presentadora de televisión que visita la región para encandilar a sus habitantes con su presencia y con la grabación de un famoso concurso televisivo.

Retrato impecable del inexorable paso del tiempo y la irrupción de los cambios, sociales y personales, a los que el personaje del padre parece ser impermeable. Un niño más en una miríada de ellos entre los que solo parece haber dos personajes maduros, el de la madre y sobre todo su hija Gelsomina, competentemente interpretada por María Alexandra Lungu. El filme cuenta, además, con la más que bienvenida participación de ese monumento del cine italiano que es Monica Bellucci, protagonista injusta de la promoción del filme y su cartel español.

EX MACHINA (Alex Garland, 2015) (*****) (ver aquí)

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VAMOS DE ESTRENO (O NO), Viernes 20-02-2015: El francotirador

20 febrero 2015 Deja un comentario

EL FRANCOTIRADOR (American Sniper, Clint Eastwood, 2014) *****

Duración: 134 min. País: USA. Guion: Jason Dean Hall; basado en el libro de Chris Kyle. Producción: Bradley Cooper, Clint Eastwood, Andrew Lazar, Robert Lorenz y Peter Morgan. Fotografía: Tom Stern. Montaje: Gary D. Roach. Warner Bros. Género: Bélico.

Reparto: Bradley Cooper, Sienna Miller, Jake McDorman, Luke Grimes, Navid Negahban, Keir O’Donnell.

El_francotirador-943269662-largeSinopsis: El marine del grupo de operaciones especiales de la Marina de Estados Unidos, Chris Kyle, es enviado a Irak con una sola misión: proteger a sus compañeros de ejército. Tirador de precisión milimétrica, salva incontables vidas en el campo de batalla y, a medida que se extienden sus valientes hazañas, se gana el apodo de “Leyenda”. Su reputación también crece detrás de las líneas enemigas, de manera que ponen precio a su cabeza y se convierte en objetivo prioritario de los insurgentes. A la vez se está enfrentando a otra batalla en casa: ser un buen marido y padre desde el otro lado del mundo.

El francotirador está basada en la novela homónima American Sniper: The Autobiography of the Most Lethal Sniper in U.S. Military History escrita por su propio protagonista, Chris Kyle, considerado el francotirador más letal de Estados Unidos que llegó a causar la muerte de hasta 255 insurgentes iraquíes. Eastwood moldea este material convirtiéndolo en una solvente película bélica, su puesta en escena del combate (siempre desde el absoluto dominio de la sintaxis clásica) es intachable. Sabe manejar la acción y la intriga de manera que nos tiene en tensión durante todo su prolongado metraje, a la vez que compone un personaje central digno de figurar en la galería del padre de  Walt Kowalski (Gran Torino, 2008), el Crhis Kyle de Eastwood es otra máscara más del héroe americano que nos ha ido dibujando nuestro director en toda su producción: defensor de los valores tradicionales de la democracia americana, un conservador dispuesto a intervenir si algo ataca contra esos pilares, usando una analogía expresada en esta película, un perro pastor que nunca atacará si no es en defensa de su propio rebaño. Todo perfectamente ajustado a la convención del género y a las claves del autor, sin embargo, El francotirador deja tras su visionado un rastro de decepción. Y es que ya no estamos dispuestos a creer que los buenos son los «nuestros» ni que la guerra pueda llegar a ser justa. Por eso, incluso habernos dejado seducir por su ritmo nos acaba resultando un placer culpable.

En esta ocasión, el autor del díptico Banderas de nuestros padres (Flags of Our Fathers, 2006) y Cartas desde Iwo Jima (Letters from Iwo Jima, 2006), no ha sabido o no ha querido (elijan lo que más les convenza) hacer la película que podía haber hecho. El espectador avezado ya sabe que no nos vamos a encontrar con una lectura antibelicista como la de Erich Maria Remarque (Sin novedad en el frente, 1930; Tiempo de amar, tiempo de morir, 1957), pero tampoco nos esperábamos una cinta más en sintonía con películas protagonizadas por Stallone y  Chuck Norris (y sus clones) que con las suyas propias.francotiradorY es que en El francotirador hay mimbres que la alejan de esos ejercicios pirotécnicos de gloria a la acción, pero quedan deslavazados y sin trenzar. Ahí están los interludios en los que el protagonista regresa a casa y le descubrimos temeroso de salir al exterior, con problemas de salud de los que no quiere oír, haciendo una auténtica negación (en términos psiquiátricos) del problema. No falta la carta del soldado caído llena de desesperanza y de repudia, o el regreso a casa de su propio hermano traumatizado por lo que ha vivido, pero son sólo momentos que no se desarrollan suficientemente (no volvemos a saber nada del hermano, por ejemplo). Eastwood nos muestra que el héroe más bien es víctima de un trastorno obsesivo compulsivo que le lleva a querer volver una y otra vez al combate, pero no profundiza, no le saca a ello el suficiente rédito narrativo, porque él mismo parece obsesionado en filmar esmeradamente la gesta épica una y otra vez.

El francotirador podía haber sido al cine bélico el equivalente a lo que Sin perdón es al western, todo un canto crepuscular, pero para ello tendría que habernos contado la historia que nos sugiere pero que a la vez nos escatima. Crhis Kyle no murió en el campo de batalla, le asesinó en Estados Unidos uno de los veteranos a los que él trataba de ayudar; y no podemos evitar sentir que ese es el verdadero relato que merecía ser contado, que ahí está la clave de la historia y de lo que puede ser dicho sobre la guerra (sobre todas en general y la de Irak en particular). Y no tenemos nada en contra de la sutileza de la insinuación, ni creemos que haya que masticarlo todo al espectador, pero es que en esta ocasión lo insinuado queda ahogado por una melodía principal estentórea. En El francotirador hay un problema de acentos, la tilde debiera haber sido puesta sobre el subtexto más crítico, pero no es así, de modo que el mensaje que nos habría gustado oír se pierde en la atonía. Es un problema de armonía, en esta ocasión Eastwood no ha calibrado como él sabe la relación entre la tónica y la dominante, todo un fallo en un músico de su condición.

Aïda Ballmann, nueva estrella en el firmamento del cine

17 febrero 2015 Deja un comentario

Descrita por el crítico de La Vanguardia como pieza para coleccionistas, The Extraordinary Tale ha sido una de las sorpresas más gratas que han llegado a nuestra cartelera en este 2014 y que ahora Cameo ha puesto a nuestra disposición en DVD. Hablamos sobre ella en este blog y entrevistamos a uno de sus directores, Jose F. Ortuño, pero nuestro trabajo no estaría completo si no le dedicásemos un artículo completo a Aïda Ballmann su protagonista y auténtica estrella del filme. Aïda nos enamora en su interpretación de la chica (sin nombre en la película), ella es la auténtica alma del relato presente en casi todos los planos, todo un trabajo actoral de gran calado. Sin duda una actriz que se entrega totalmente a su papel, pero también una mujer interesante en sí misma, Aïda ha tenido la amabilidad de responder a nuestras preguntas, sus propias palabras son su mejor carta de presentación. Os dejamos con ella y sus interesantes respuestas, espero que disfrutéis de su entrevista tanto como lo ha hecho quien escribe.

aida_016Tu infancia transcurrió en el idílico paraje de El Hierro, en un ambiente propicio al arte y la cultura debido al trabajo de tus padres, ¿qué es lo que te marcó más de esa época?

La libertad para desarrollarme tal y como necesitaba, gracias a la educación recibida. Obviamente, no existe nada perfecto y todo tiene sus dificultades o decisiones erróneas que se toman frente a ciertas situaciones en la vida, pero todo depende de cómo uno se las toma: El mayor regalo de mis padres ha sido entender que soy responsable de mi realidad y que, frente a cualquier situación tengo la posibilidad de elegir mi postura (positiva, para encararla y superarla, o negativa y victimista).

Para mí, la sociedad representa muchas veces una cárcel donde las normas sociales, protocolos, etc. no te permiten ser como realmente eres y te tienes que adaptar. Mi infancia, sin embargo, ha sido todo lo contrario: Un camino de descubrimientos. Pude probar muchas disciplinas artísticas, viajar desde muy joven, conocerme, plantearme el por qué de la existencia, etc.

Pronto te revelaste como una auténtica trotamundos, ¿cuántos países has conocido? ¿tu condición de viajera te influyó en tu decisión de ser actriz?

Mis viajes se iniciaron desde muy pequeña con mis padres, a los trece años ya hacía algunos viajes sola a Alemania y por las Islas Canarias.

Al cumplir dieciocho años, necesité volar y descubrir mundo. Había crecido en un entorno muy seguro y paradisíaco, en El Hierro, pero sabía que eso no lo era todo. Cogí la mochila y, junto a mi hermana melliza, me fui a Iglaterra, Irlanda, Holanda e hice el Camino de Santiago. Luego cruzamos el charco y nos introdujimos en la cultura de los países latinos por los que pasábamos (íbamos sin rumbo fijo: Si un lugar concreto nos gustaba, nos quedábamos). Pasamos por Brasil, Paraguay, Chile, Argentina, Bolivia, Perú y México.

En ese año sabático, conocí de cerca ese gran monstruo que azota a gran parte del planeta: La pobreza. Las desigualdades e injusticias que compartí de cerca al integrarme en las diferentes formas de vivir distintos lugares por los que pasaba, me hicieron plantearme cuál podría ser mi misión en este mundo. Sentía la necesidad de aportar algo bueno a la humanidad. De ahí que decidí ser actriz: Mi ilusión es recrear realidades, llamar la atención sobre ellas y hacer que las personas vivan una catarsis a través de ellas, se hagan preguntas e, incluso, busquen sus propias soluciones a ellas.

Aïda primer plano

Nada más volver a España, me matriculé en Gijón en Arte Dramático pero el vicio de viajar no lo perdí nunca pues para mí es muy interesante observar la sociedad de cada cultura, compararla y sacar a relucir lo positivo de cada una. Es casi un defecto profesional el inspirarme en la gente gracias a la observación y el análisis.

Así que, mientras estudiaba o trabajaba, me escapaba siempre que podía a descubrir algún rincón del mundo, como Japón, Colombia, Chile, Perú, Suiza, Estados Unidos, Portugal, Francia, etc.

Espero hacerme un buen mapamundi en mi cabeza antes de morir y entender a la humanidad… Me encanta la diversidad, hace que cada lugar y persona sea único e irrepetible, pero en el fondo todos somos muy parecidos en nuestros funcionamientos. Actuamos por motivación, por amor, por búsqueda de aprecio, por autosuperación, por supervivencia, por curiosidad,… En cualquier caso: Todos merecemos y necesitamos amor.

a004Estudiaste arte dramático en Asturias y Sevilla, tus primeros trabajos, sin embargo, fueron en los espectáculos de Isla Mágica, donde te formaste como acróbata. ¿Cómo conjugaste tu formación teórica y tu experiencia práctica? ¿Cómo han influido tus conocimientos circenses en tu oficio de actriz? ¿Está todo relacionado?

Mis primeros pasos en el mundo laboral fueron realmente en Gijón con la compañía de teatro infantil La sonrisa del lagarto, donde la comicidad y el teatro gestual fueron los pilares de expresión. Ahí me di cuenta de que, aunque con los estudios se aprende mucho, la mejor profesora es la experiencia.

Una vez que comencé a trabajar en Isla Mágica, la mayor parte de la teoría acumulada en mi mente durante años, me sirvió de muy poco para enfrentar un público demandante y cambiante con cada día que pasaba.

Por otro lado, viví la rutina en el arte, la mayor muerte para éste. Pasé por el proceso de convertir mi interpretación en algo mecánico a romperlo de nuevo y recuperar su frescura. Perfilé el arte del engaño a la manera de Al Pacino cuando dice: “Siempre digo la verdad, incluso cuando miento”. Es decir, daba igual cómo me sentía en mi vida personal, al espectador le tenía que transmitir lo que le ocurre al personaje con la mayor veracidad posible, aunque para ello tenga que recurrir a técnicas de interpretación. (Considero difícil hablar sobre técnicas, para mí se trata más bien de buscar caminos para expresar algo y estos “caminos” se pueden analizar y desmenuzar para convertirlo en una expresión consciente. En ese sentido, los cuatro años que me pasé formándome en la escuela, fueron más bien para descubrirme las herramientas que tengo, mis virtudes y defectos y aprender a canalizarlos hacia el resultado deseado).

VueloIsla-Magica

A nivel personal, opino que una persona es más completa cuanto más cosas sabe ya sea a nivel general o en relación a su profesión. Este pensamiento lo llevo a mi trabajo como actriz: Cuantas más disciplinas y habilidades domine, más herramientas tengo para enriquecer mi interpretación. Por suerte, he empezado a desarrollar estas facetas desde muy joven de manera autodidacta. Mientras estudiaba, seguía formándome en cursos puntuales que me interesaban y, durante los años que trabajé en el parque temático, seguía practicando mucho. Pude probar casi todo lo que aprendía con el público… Hasta que llegó el momento en el que me comencé a aburrir porque no sabía qué más hacer para seguir creciendo… Y fue entonces cuando apareció “The extraordinary tale” en mi vida.

Tu primer papel protagonista te llega de la mano de The Extraordinary Tale of the Time Table. ¿Qué te llamó la atención del proyecto? ¿Fue duro el casting?

El casting lo hice como uno más de los muchos que solía hacer, sin esperar ser seleccionada, casi como si formara parte de mi entrenamiento interpretativo. Después de unos meses, me llamaron para un segundo casting junto al que sería mi compañero de reparto, Ken Appledorn.

Tengo que decir que odio los casting, suelo pasarlo fatal porque no me gusta que me analicen de arriba a abajo. Pero en esta ocasión, decidí disfrutarlo y dar lo mejor de mí. Si les gustaba mi trabajo, bien, si no, tampoco perdía nada. Y resultó que les gusté y que decidieron confiar en mí con este gran proyecto.

Cuando leí el guión no entendí mucho: Era un mundo raro en el que sólo alcanzaba visualizar algunas imágenes de escenas concretas. Pero me atrapó y, en los primeros ensayos comencé a vislumbrar el camino a seguir.

aida_018Tu personaje en el filme apenas usa la palabra oral, se comunica escribiendo y, sobre todo, con sus expresiones faciales. ¿Tenías conocimientos sobre el arte de la mímica? ¿Cómo te ayudó tu condición de acróbata en la interpretación?

Sobre el arte de la mímica sabía lo justo que había aprendido en la escuela de arte dramático. Aunque siempre me gustó expresarme con el cuerpo, creía que mi gestualidad era poco precisa y que no transmitía con suficiente claridad el mundo interior de mi personaje. Me obsesioné con esa idea: Durante dos meses no hacía más que pensar en detalles a mejorar en la película desde que me levantaba y hasta que me acostaba y , aunque seguía trabajando en el parque temático, éste dejó de importarme. Lo mismo pasó con mis amistades. Pobres, qué paciencia.

La acrobacia no fue más que un suplemento que introduje aquí y allá en algunas escenas para darle más color al personaje y resultó que calzó muy bien.

Es imposible ver The Extraordinary Tale y no salir enamorado de tu actuación. ¿Cómo preparaste el papel? ¿Hubo alguna escena que te pareciera especialmente complicada? Hay un momento en el filme en el que caes al suelo desde los hombros de tu compañero, ¡¡hace daño verlo!! ¿Fue tan real la caída como lo parece?

La caída fue un accidente. Como rodamos en 13 días no hubo tiempo para la improvisación: Tuve que llevar cada escena ensayada al dedillo para no equivocarme. Pero ésta fue la última que rodamos y me permitieron improvisar. Me dio tiempo de decirle a Ken: “Me voy a subir a tus hombres, me tienes que agarrar de los tobillos y caminar”, no tuve tiempo para decirle más nada porque en medio de los “¿qué, quéeee?” de Ken, escuchamos el “¡acción!” y me subí a sus hombros. Ken hizo todo como ordenado, pero empezamos a tambalearnos. Ken, asustado, no me soltó los tobillos en ningún momento, un compañero muy protector; hizo lo que cualquiera que nunca hubiera hecho acrobacia… Lo correcto hubiera sido que me soltara los pies para saltar, pero, en lugar de ello, fueron mis rodillas lo primero que tocaron el suelo. Me di tal golpe que estuve cojeando durante dos meses. Por supuesto, le resté importancia: Tocaba celebrar el final del rodaje y no tener a todo el mundo preocupado por mi, por mi falta de noción del peligro: Me gusta rozar los límites para que éstos se expandan. Pero ese riesgo a veces supone pequeños accidentes.

El papel me lo preparé de la siguiente forma: Cogí el guión y, tras leerlo varias veces, apunté con un verbo cada acción del personaje. Cuando ensayábamos, uno de los directores me iba leyendo los verbos, yo los iba ejecutando (sin objetos, normalmente, sólo el gesto) neutralmente y el otro director me iba grabando. Luego recibía correcciones y lo repetía hasta dos o tres veces más, empapando cada vez más estas acciones con las emociones y pensamientos del personaje. De ahí fue surgiendo su particular manera de expresarse y de moverse.

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Una vez terminado el ensayo, apuntaba hasta el mínimo detalle lo que había hecho para releerlo y practicarlo yo sola.

Prepararme las escenas fue relativamente fácil una vez que entendí cómo era y cómo se expresaba el personaje. En los ensayos tuve tiempo de probar y de desechar lo que no funcionaba. De esta manera, en el rodaje iba a tiro hecho. Pero sí que hubo dos escenas que se me atravesaron: Una en la que Ken y yo nos besamos por primera vez donde, entre el agotamiento y la cara de éste, no podía parar de reírme. Cada vez que giraba la cara hacia él, me quería morir. Verlo tan manchado de chocolate a las cinco de la mañana y con esa cara de inocente era demasiado para mí.

La otra escena que se repitió más veces de la cuenta (normalmente íbamos a toma única o dos tomas) fue aquella en la que recojo la ceniza de mi madre del suelo y la voy colocando en vasos en el borde del fregadero mientras hablaba. La escena en sí no tenía gran dificultad para mí pero o fallaba yo o lo hacía el cámara: Nos costó ponernos de acuerdo para la toma buena.

Zancos1Jose-Wela¿Cómo fue tu relación con la pareja de directores? Rodasteis en apenas dos semanas, ¿Fueron duras las sesiones? ¿Qué anécdotas divertidas nos puedes contar?

Ser dirigida por dos artistas fue sublime: Odio sentirme perdida como actriz con falta de indicaciones. En este caso y, aunque ambos caminaban en la misma dirección, ambos me enriquecían desde su perspectiva.  Generalmente, Laura me daba muy buenas notas sobre el mundo interior del personaje mientras que Ortuño era más técnico.

El rodaje fue duro por las largas jornadas (la primera semana rodamos de noche y la segunda de día) pero, como estaba haciendo lo que más me gusta, se me hizo muy ameno. Una vez finalizado el rodaje, me di cuenta del enorme desgaste que supuso para mí: Lo di todo y me quedé vacía. Durante el rodaje, no me permitía fallar, fueron muchas horas de máxima concentración, tenía que tener la energía justa que requería cada escena aunque mi cuerpo no podía más (durante la primera semana, encima, trabajaba de día en el parque temático), etc.

A todo esto, se sumó una ola de calor. Esto supuso que en plató, hiciera de cincuenta grados para arriba, por los focos. Había que evitar ver los chorros de sudor en cámara y salir a la calle a los 48 grados era “coger el fresco”.

Recuerdo con mucho cariño la noche en que me vistieron de novia para casarme con Ken. Él tenía que cogerme en brazos, conseguir meterme por la puerta de la casa y darme un beso. No lo lograba, me quedaba atascada golpeando con los pies la pared de la casa y haciendo que temblase entera. Ken se fue poniendo nervioso y, en una de esas, me dio un beso con más intensidad de la esperada y mi labio empezó a sangrar con tal ímpetu que me tuvieron que proteger del vestido para no mancharlo.

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Del rodaje hay poco que contar porque iba todo sobre ruedas y no podíamos perder el tiempo. Pero rodar con el niño de dos años fue una experiencia muy dura: Cada vez que me veía se echaba a llorar y salía corriendo, así que no pudimos grabar juntos casi nada. Al final, optaron por hacerle jugar sólo en plató y, cuando hacía algo que cuadraba con la escena, me lo contaban y yo reaccionaba ante cámara como si lo tuviera delante.

The Extraordinary Tale es toda una prueba de fuego en la que se ve todo el talento que posees, ¿Qué vendrá ahora? Cuéntanos tus proyectos de futuro.

Ahora mismo tengo tres proyectos de películas a rodar de aquí a un año y una serie: Protagonizaré “Muerte Súbita” de Domingo Doreste, así como “El Sendero Bimbache” de Iván López y haré un secundario en Uno de Alejandro Marcos. La serie es “The Holy Fountain” de José F. Ortuño y Laura Alvea.

No puedo imaginarme en otra profesión, así que espero poder seguir desarrollándome como actriz e investigando sobre mis limitaciones para romperlas: Desde la incomodidad y el suelo inestable salen las mejores sorpresas.

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Categorías: PIN UP, VAMOS DE ESTRENO

Jose F. Ortuño, un director a descubrir, nos habla de The Extraordinary Tale

14 febrero 2015 Deja un comentario

the-extraordinary-tale-of-the-times-table-547x600Ya has contado muchas veces que el germen de vuestra película fue una tentativa de catarsis personal, pero ¿por qué precisamente hablar de la paternidad-maternidad en clave de cuento?

Creíamos que contar una historia con ese desenlace, con ese clímax, o se contaba como cuento, envuelto en ese tono, o sería insoportable para el espectador. Esta misma historia contada de forma realista hubiera sido demasiado dura, o eso creemos nosotros. Además, nosotros somos muy fans de los cuentos clásicos.

La película habla también de la complejidad de hacer amigos, todo un acierto de guión expresarlo con la máquina de escribir como vehículo de comunicación, ¿cómo se os ocurrió? ¿Qué queríais expresar?

En efecto, cuando cuentas las cosas en forma de cuento te puedes permitir usar metáforas más o menos elaboradas. Hoy en día los medios de comunicación son infinitos, desde los móviles, a las tablets, chats, ordenadores, etc. ¿Cómo aunarlos todos en un sólo objeto simbólico y atractivo? Fue respondiendo a esta pregunta como se nos ocurrió la idea de la máquina de escribir “vintage”.

Es inevitable pesar en Jeunet y Caro al verla, pero no nos recuerda a Amelie (por mucho que se haya dicho) sino a Delicatessen y concretamente a al modo en el que allí se trataba la historia de amor, ¿qué piensas al respecto? ¿Qué influencias os han inspirado?

Tienes toda la razón. Jamás pensamos en Amelie durante el desarrollo de esta película (a mí personalmente no me entusiasma, la verdad), aunque luego todo el mundo la compara. Y sí, es cierto que Delicatessen es una película que nos fascina y aunque la usamos de referencia sobre todo en el tratamiento fotográfico, es inevitable que el tono burlesco con el que está contada esa historia (también muy oscura, por cierto) nos contagiase.

OrtuñoOtra de las preguntas inevitables, ¿por qué en inglés?

Una cosa que vimos durante el desarrollo de la historia es que queríamos que fuese universal, que no se ubicase en ningún lugar ni tiempo concretos. Por ello los personajes no tienen nombres, ni prácticamente nada lo tiene, ni siquiera la comida. Eso es también fruto de la influencia de los cuentos clásicos, donde los personajes no tienen nombres propios, sino que son “la abuela”, “el lobo”, “el sastrecillo valiente”, de manera que se convierten en símbolos universales de cualidades concretas o de ideas. Eso es lo que pretendíamos con esta historia. Lo mismo con la temporalidad, los cuentos clásicos no empiezan “el 14 de octubre de 1985…” sino con un sencillo “érase una vez”. Y claro, si la cuentas en castellano inmediatamente la estás ubicando, por eso elegimos el idioma más universal que hay. Y es que, nos guste o no, el inglés es el latín de nuestro tiempo.

The Extraordinary Tale es un filme notable, más siendo una ópera prima. Testimonia un elaborado proceso de composición, ¿cómo fue ese proceso? ¿cómo pudisteis rodarla en tan sólo dos semanas?

Aunque el rodaje duró solo dos semanas, nosotros llevábamos un año previo preparándola, detalle a detalle, plano a plano. Con los actores estuvimos ensayando casi tres meses, escena por escena, incluso hicimos que Aïda hiciese un listado de cada acción que llevaba a cabo su personaje, hasta la más mínima. Todo debía estar muy medido y estudiado para después poder rodar de cada plano una o dos tomas únicamente. De hecho, ya desde la escritura de guión se tuvo en cuenta la limitación de tiempo y presupuesto. Así pudimos llevarla a cabo en ese tiempo récord.

En vuestra obra está muy bien trabada la historia y la forma de rodarla, ¿cómo decidisteis expresar la evolución del relato a través del tratamiento del color? ¿y el paso de la cámara anclada a la cámara al hombro? ¿Qué emociones queríais provocar?

La película narra la evolución de una relación de pareja. Y en el cine creemos importante que todo lo que se transmite debe ser expresado a través del lenguaje cinematográfico. Así, si la relación va “de la luz a la oscuridad” eso debía ser expresado  través de todos los recursos posibles. Desde el uso del color, que evoluciona –como la relación- desde lo cálido a lo frío, al uso de la luz, que va de lo luminoso a lo oscuro. Así, si ves un fotograma cualquiera de la película casi puedes adivinar en qué momento se encuentra la relación entre los personajes. Igualmente, a medida que el personaje principal va perdiendo sus “puntos de apoyo” y está cada vez más inestable y desequilibrado, ¿qué hacemos con la cámara? Justo eso, cuanto más desequilibrada está ella, más lo está la cámara, de manera que cuando la relación está bien, estabilizada, la cámara se mueve siempre sobre maquinaria anclada y los movimientos de cámara son suaves. Y cuando pierde el control, usamos más “cámara al hombro” inestable y errática.

Ortuño 3

Se ha hablado del esperpento, pero a mí vuestra película me irradia mucha ternura, ¿cómo habéis conseguido ese equilibrio entre lo grotesco y lo tierno?

Eso debe decidirlo el espectador. Nosotros hemos trabajado muy duro, ensayado mucho con los actores para buscar ese tono que es tan difícil; afortunadamente contamos con actores fabulosos que lo dieron todo y se dejaron la piel ensayando y trabajando intensamente, tanto Ken como Aïda así como Mari Paz y Jane. Pero, como digo, es ahora el espectador el que debe decidir si hemos conseguido ese equilibrio o no.

Sin duda, el personaje mejor desarrollado es el de la chica (así sin nombre) ¿cómo lo fuisteis construyendo? ¿Qué queríais expresar con su vestirse con varias capas de ropa? ¿Por qué las tablas de multiplicar?

La historia es la de ella, todo está focalizado en ella y todo lo vemos a través de sus ojos (y su mente). De hecho, el espectador no ve ni sabe nada que ella no sepa. Por eso el rostro de él no lo mostramos hasta que ella lo ve por primera vez, por ejemplo. Fue complicado dar con la actriz adecuada para retratar a un personaje que, aunque tuviese esas rarezas, pudiese producir empatía en el espectador. Afortunadamente, tras ver cientos (literalmente) de pruebas, apareció Aïda Ballmann, que creímos perfecta para el personaje por su mezcla de candidez y oscuridad. El personaje tiene muchas características, como su ingenuidad o su miedo al contacto con otras personas (por eso no quiere saber nada de los “extraños”), eso está simbolizado con las “capas” que ella viste, como si fuera una cebolla (cuando su vida se descompone, de hecho, la vemos literalmente descomponiendo una cebolla). Estas capas la protegen y la separan de ese mundo exterior que tanto miedo le da. La tabla de multiplicar es su refugio, es el cuento que le contaba su madre y gracias a lo cual podía “descansar” de su “exceso de amor” y recurre a ella cuando quiere sentirse a salvo. Aunque no siempre le funcionará, como vemos en la película.

Aïda rodaje

A vueltas con el personaje femenino, ¿fue difícil el casting? ¿Cuántas pruebas hubo y qué os decidió por Aïda? ¿Cómo fue el trabajo con ella?

Fue complicadísimo. Abrimos el casting al mundo entero, y Laura, directora de casting de la película, tuvo que ver cientos de pruebas de actrices de todo el mundo. Pero no encontrábamos lo que buscábamos. Cuando estábamos a punto de tirar la toalla, e incluso se barajó suspender el rodaje, nos llegó el vídeo Aïda Ballmann. Pero era sólo un vídeo, subido a Youtube, con su nombre y una dirección de email. Por su acento pensábamos que tendríamos que traerla de Alemania o de Austria, y empezamos a echar cuentas de si podríamos permitírnoslo, ya que queríamos ensayar durante al menos dos meses. Pero como era la única actriz que se ajustaba a lo que queríamos y estábamos casi desesperados, decidimos hacer el esfuerzo y traerla de donde hiciera falta. Cuál sería nuestra sorpresa cuando finalmente contactamos con ella y descubrimos que justo en aquel momento estaba viviendo en nuestra misma ciudad. Estaba destinada a ser la protagonista de la película, sin duda.

Ese aspecto general de cartoon, caricaturesco, ¿es una forma de suavizar uno de los dos finales sugeridos?

Entre otras cosas. El tono que buscábamos era una mezcla de esperpento y de cuento tradicional. Y, como decía al principio, el objetivo principal era envolver de realismo mágico un relato que, de haber sido realista, hubiese podido ser insoportable de ver.

¿Ha sido difícil verla estrenada en España? ¿en cuántas salas se ha proyectado? ¿cómo ha respondido el público?

Cuando haces una película independiente sin ayudas ni subvenciones cada paso es una odisea. Por suerte, la película ha ido funcionando bien allí donde ha ido, lo cual ha ido allanando el camino de distribución de la película. Las críticas fueron muy positivas, y que grandes medios como el Hollywood Reporter la recomendaran hizo que distribuidoras de todo el mundo se interesaran en ella. Ortuño 4Así, conseguimos distribución en países como EEUU o Colombia, y eso ayudó a que en España pudiese llegar a los cines, y a partir de octubre a plataformas digitales como Filmin. Además, el año que viene se podrá ver en algunas televisiones. Por ahora está en pocas salas, pero lo bueno es que en las dos semanas que lleva en cartel en lugar de ir reduciéndose el número de copias (que suele ser lo habitual) se han ido aumentando ya que el público está respondiendo bien.

Vosotros mismos sois responsables del guion, la dirección y la producción, ¿cómo os decidisteis a hacerlo todo vosotros solos?  ¿Cuáles son los proyectos de futuro de Acheron Films?

Nosotros habitualmente trabajamos en proyectos de encargo o de otras productoras. Creamos Acheron Films precisamente por la necesidad que teníamos de contar nuestras propias historias, a nuestra manera, como esta película. En estos momentos estamos trabajando en el desarrollo de una serie que rodaremos en Canarias y que probablemente llevaremos a cabo con el mismo equipo de The Extraordinary Tale. Será muy diferente a la película, pues el género será el thriller de acción, pero sí será también una historia muy personal y contada a nuestra manera.

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Categorías: VAMOS DE ESTRENO

Cameo edita ‘The Extraordinary Tale’, una de las sorpresas de 2014

98a82fd7-f934-4d49-9890-d88489e97bd1Encargarse de un blog de cine te abre las puertas a ver muchas películas, tantas que es difícil juzgarlas en sí mismas, porque, no nos engañemos, la mayoría no son obras maestras ni su absoluto contrario, malas hasta decir basta. Al final llegas a la conclusión de que, en verdad, sólo existen dos categorías: las que prefieres olvidar y las que deseas grabar en tu memoria salvándolas del marasmo de las medianías. Y, sin duda, sólo sobre las segundas apetece escribir. De modo que si estáis leyendo estas líneas es porque he querido que The Extraordinary Tale no se pierda en el mar del olvido, he querido grabarla en el recuerdo mediante la palabra escrita. La ópera prima de José F. Ortuño y Laura Alvea merece que le dedique este espacio.

Nacida como tentativa de catarsis personal, The Extraordinary Tale supone todo un ejercicio de estilo en el que destaca su arriesgada (y a la vez meditada) apuesta estética. Nos encontramos con dos únicos protagonistas (y apenas otros dos figurantes, más el bebé) cuya historia se dejaría resumir en el clásico “chico conoce a chica”, si no fuera por la extravagancia de los personajes y de la construcción narrativa de su peripecia. Tratamiento de los personajes que nos puede recordar a Wes Anderson cuya obra, sin  embargo, no era conocida por los directores antes de producir su película (vistos a posteriori sus filmes, admiten que la referencia es comprensible). También nos viene a la memoria el imaginario de Jeunet y Caro, pero no el de Amelie, como tanto se ha escrito, sino el de Delicatessen (más concretamente al modo que tenía esta de retratar la historia de amor), cuyo director de fotografía, Darius Khondji, sí fue tomado en cuenta por los realizadores sevillanos. Por su colorido y su tono burlesco se aproxima a los primeros trabajos de Javier Fesser, mientras que por su planteamiento temático su antecedente es Cabeza Borradora (y confesaban los autores que habían obligado a los actores a ver esa ópera prima de David Lynch para tomar el pulso de su historia). Y hasta aquí el listado de influencias buscadas (o no) por la película, sirven para situar su marco referencial, pero no la agotan, porque si algo define a The Extraordinary Tale es su carácter de obra personalísima.

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El ‘Tale’ que figura en el título no es un sustantivo elegido al azar, todo lo contrario, esta película pretende (y logra) desarrollarse al modo de los cuentos tradicionales con su atemporalidad y su no ubicación. Por ello los protagonistas no tienen nombre y hay un único decorado (construido en plató) sin ningún plano exterior. También hay que entender su elección del inglés, el latín del mundo contemporáneo, como idioma, en su versión original, en función de esta voluntad de construir una fábula. La exageración es su baza, para hablar del problema de las relaciones, las dificultades para alcanzar la felicidad y, sobre todo, el sentido de la paternidad, fuerza la situación esquemática hasta el esperpento (esa invención tan española). Así, nos enfrentamos a una joven solitaria que para hacer amigos escribe cartas mecanografiadas (todo un acierto de guión esa máquina de escribir que es una auténtica reliquia), unas cartas que nunca obtienen respuesta hasta que otro joven solitario como ella se decide a abrir el buzón (no lo había hecho antes porque no creía que nadie quisiera ponerse en contacto con él). Se conocen, se enamoran y… ella queda embarazada sin haberlo pretendido. El niño será un cuerpo extraño en esa morada y en esa relación. La existencia misma del bebé es la que convierte el idilio en distanciamiento y discordia. Este arco de transformación nos viene contado ya por la paleta de la fotografía y los movimientos de la cámara. Pasamos de la cámara anclada de los inicios del romance, a la cámara al hombro de los momentos de enfriamiento, con el correspondiente viaje de la placidez al desasosiego tanto en lo narrado como en la forma de hacerlo. Esa evolución de la ilusión a la frialdad, viene marcada igualmente por el color: en su arranque dominan los tonos cálidos y una iluminación casi cegadora, luego,  poco a poco van entrando los colores fríos y se va retirando la luz hasta llegar a un fundido en negro, fundido que marcará la elipsis argumental que introduce su final abierto e inquietante (y que no voy a contar porque debéis verlo).

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Capítulo propio merece la representación de Aïda Ballmann en el papel de la chica. Canaria de padres alemanes, la actriz vuelca su experiencia de acróbata e interprete teatral en la composición de su personaje al que dota de un aura de ingenuidad y ternura aún siendo como es un esperpento, una deformación de la realidad que paradójicamente Aïda logra hacernosla sentir como auténtica. Con pocas líneas de diálogo, el trabajo recae en la expresión corporal y facial, acercándose así la interpretación al arte de la mímica, arte que ha de dominarse bien si no quiere caerse en lo ridículo, cosa que no ocurre en esta cinta. Es virtud de la actriz conseguir que el personaje goce de un sinfín de matices, como lo es también que nos enternezca esa muchacha entusiasta, tremendamente tímida y poco avezada en las relaciones con los demás, que se refugia en las tablas de multiplicar (the time table) cuando una situación se le desborda. Aïda Ballmann es la artífice que hace posible que acompañemos al personaje en su conflicto y que nos llegue la reflexión sobre el problema de la paternidad al que está enfocada temáticamente la película.

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José F. Ortuño y Laura Alvea, además de compañeros de trabajo, son pareja y, como a muchos nos ha ocurrido, pasados los treinta y… todos en su entorno, familia, amigos, conocidos, les asaltaban con la pregunta sobre a qué esperaban para tener hijos. Esa cantinela demuestra que, muchas veces, se accede a la paternidad en un acto irreflexivo marcado por el calendario social (y también biológico).  A nuestra pareja de autores le pareció que era necesario hacer recapacitar sobre ello y pensaron que la mejor manera de hacerlo era llevando a cabo lo que mejor se les da: contar una historia. The Extraordinary Tale está pensada como una reflexión sobre el hecho de tener hijos alegremente sin pensar en las consecuencias y, sobre todo, sin calibrar nuestra capacitación para emprender una aventura tan relevante. Y medita sobre ello en tono de comedia del absurdo que por momentos llega a tener toques de humor negro. De paso, muchos otros temas vinculados a éste quedan igualmente reflejados: el peso de la soledad, la complejidad de las relaciones humanas, la falta de formación emocional, el difícil acceso a la felicidad. Todo ello sin perder nunca su ágil tono caricaturesco, no hay nada como el humor para abordar los temas más serios.

The Extraordinary Tale es una película atípica, quizás no del agrado de todos los paladares, pero que deleitará a quienes gusten de la singularidad narrativa. Intrépida y divertida, extravagante y cautivadora, pero sobre todo, sobre todo, inmensamente tierna. Una delicia que nos descubre el talento de José F. Ortuño y Laura Alvea y que Cameo edita con la calidad a la que nos tiene acostumbrados.

El DVD tiene unos interesantes extras que recorren todo el espectro del rodaje. De forma breve pero completa con imágenes del casting, ensayos, efectos visuales, rodaje y un pequeño making of. Puede disfrutarse tanto doblada, como en la más recomendable versión original. También cuenta el DVD con audiocomentario, en inglés y castellano, de los directores, además de tráiler y fichas. Material inédito y curiosidades que permitirán profundizar en una de las películas españolas más interesantes y premiadas. A  lo que desde Proyecto Naschy también contribuiremos entrevistando a uno de los directores, José F. Ortuño y a su estrella, Aïda Ballmann. Permanezcan atentos a sus pantallas.

 

Timbuktu, otros rostros de la yihad

Ellos también son Charlie. El brutal atentado contra el semanario satírico Charlie Hebdo conmocionó a todo occidente, no era sólo por las víctimas sino por lo que representaban. Se estaba atentando contra todo el sistema de derechos y valores de nuestra civilización. Pero hay otros muertos, otras masacres, que no llegan a alcanzar ni las últimas páginas de nuestro periódicos. Abderrahmane Sissako se hacía eco de uno de ellos:

El 29 de julio de 2012, en Aguelhok, una pequeña ciudad al norte de Mali, ocupada en gran parte por unos hombres que habían venido de otra parte de África, tuvo lugar un crimen atroz, sin que los medios de comunicación apenas se hicieran eco de lo ocurrido. Una pareja de unos treinta años, con dos hijos, fue lapidada hasta morir.

Su único delito había sido vivir juntos sin estar casados. El vídeo de su muerte, debidamente colgado en Internet por los criminales, es horrible. La mujer muere con la primera pedrada. El hombre deja escapar un grito seco seguido del silencio más absoluto. Poco después se les saca de la arena para enterrarlos un poco más lejos.

Aguelhok no es Damasco ni Teherán. Nadie habla de todo esto. Sé que lo que acabo de escribir es horroroso, pero no intento promocionar la película con esta noticia. De igual modo, no puedo ignorar la noticia, y dado que ocurrió, solo puedo hacerla pública con la esperanza de que ningún niño deba ver morir a sus padres porque los dos se amaban.

TIMBUKTU-cartelconCESAR-A4_(media)Ante el dolor y la impotencia, sólo cabe como reacción la sutil denuncia expuesta en el arte. Sissako nos abre una ventana sobre ese mundo ignorado mediante su buen hacer cinematográfico. Timbuktu nos descubre otro rostro del Yihadismo, el que no se expresa con la espectacularidad de la acción terrorista (que tiene siempre un punto de excepcionalidad), nos habla de su faz ordinaria, de aquella que mina todo lo cotidiano porque se destila en la imposición del fanatismo sobre una población arrinconada contra las cuerdas día tras día. Es otro tipo de terror, el que somete entremetiendose en la rutina. Es una violencia que no cesa ni da respiro, que se inflige hasta en lo más nimio: prohibido escuchar música, fumar, jugar al fútbol e incluso reír y cantar.

Timbuktu no es cine social al uso porque va más allá de lo testimonial, la película de Sissako penetra en el alma de lo que retrata y se filtra en la nuestra propia. Tampoco hay intriga o acción, aunque refleja una guerra (¿o acaso el sojuzgamiento de todo un pueblo por un sector fanático no es una batalla continua?) no es cine bélico. Timbuktu es cine emocional porque eso es lo que nos trae: las emociones que invaden a los humanos de a pie que padecen la intromisión. Tiene mucho de poema, no por hacer poética de lo sórdido (aunque tenga momentos de ello como ese partido de fútbol jugado sin balón), sino porque llega a nuestra conciencia después de atravesar nuestra sensibilidad.

Magníficamente rodada, de gran belleza formal, es una pieza conmovedora y sorprendente. Su mirada sobrepasa con creces la sonora actualidad de la que nace la película, convirtiéndose en una mirada que abraza a la comunidad humana. Sin histrionismo, sin rasgarse las vestiduras, expone sin complacencias una realidad indignante que lo es tanto porque genera indignación como porque arrebata la dignidad de quienes la padecen. Si algo hay que destacar de Sissako es su sutilidad, le bastan fugaces momentos para capturar y mostrar todos los hilos del problema. La rebeldía del artista se expresa en imágenes bellas y crudas por partes iguales (esa lapidación rodada en un sólo plano).

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Timbuktu no es un filme oportunista sino oportuno, porque da resonancia a voces de las que no tenemos noticia. Desentraña el alma de una cultura y demuestra que el problema no es el ataque a los valores occidentales, que esa no es la Guerra Santa, no es el enfrentamiento de unas creencias religiosas contra la laicidad, va mucho más allá porque los primeros en sufrir la vejación son los propios creyentes. Y es que ningún fanatismo debe de ser visto como expresión de una fe, más bien al contrario, lo que subyace es una malinterpretación de un credo. La liza no es razón frente a religión, sino barbarie frente a civilización (la siga el adjetivo que sea).

Y una cosa mueve a admiración especialmente, el canto a la rebeldía de toda una comunidad creyente. Los protagonistas desacatan a los represores desde el propio ejercicio de su fe, con su sentido de la fatalidad se niegan a someterse al capricho del invasor. Saben que serán castigados, pero actúan según les dicta la conciencia porque esa es la voluntad divina. No vacilan, no titubean, simplemente viven acordes a ellos mismos.

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Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia): ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?

Birdman cartelGonzález Iñárritu maneja todos los ingredientes del filme a la perfección. Esta frase lapidaria es la que me ha venido a la boca nada más terminar la proyección. Tal vez suene hueca, casi engolada, pero lo cierto es que ese es el sentimiento que me ha alcanzado con Birdman: que nada en ella es prescindible, que supone un ejercicio magistral en la puesta en escena, que el guión tiene entidad, que los actores dan lo mejor de sí mismos… En suma, que Iñárritu sigue siendo uno de los directores más sabios de la actualidad y la suya una película que, siendo objetivo, nadie podrá decir que no es buena. Quizás el grado de empatía que sienta cada espectador con el filme hará que se la eleve o no a la categoría de obra maestra, en esto es posible que no alcance unanimidad, pero lo que nadie podrá cuestionar es que estamos ante una de las mejores cintas que han sido alumbradas en este 2014 que pronto va a abandonarnos.

«La fama es el sucedáneo barato del prestigio». Riggan (Michael Keaton) debe su popularidad a las películas de superhéroes en las que ha interpretado el papel de Birdman, blockbusters dirigidos al público mayoritario y menos exigente. Pero está cansado de ese éxito. Lo que le interesa ahora es que se le pueda recordar como artista, que se le reconozcan sus méritos como actor. Para ello adapta a Carver para el teatro, en una pieza que el mismo dirige y protagoniza. No lo va a tener fácil, nuestro mundo está plagado de etiquetas y prejuicios, y no se le va a permitir fácilmente que tome al asalto Broadway, a él, que no es más que una estrella menor de Hollywood.

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En Birdman nos enfrentamos a la dicotomía obra de arte/producto en serie, que vendrían a estar representados por Broadway y Hollywood respectivamente. Debate sobre qué es cultura y refinamiento y qué no merece esa distinción porque no es más que un objeto de consumo (de un consumo de usar y tirar, además). Al cine, como espectáculo popular, se le contrapone el teatro como coto privado de la elegancia y el buen hacer. Iñárritu aborda, además, esta polémica desde el humor, desde un humor que tiene bastante de agrio y que nos permite penetrar mejor en la dialéctica planteada (las cosas serias hay que decirlas con una sonrisa en los labios). Más allá, es también una película sobre las apariencias y la necesidad del reconocimiento; y así nos maneja por el delante y el detrás de la obra, no sólo el detrás que suponen las bambalinas (que también) sino sobre todo el detrás que se esconde bajo la máscara de la interpretación, esto es, la vida y el sentido que la mueve. Porque Birdman es, en verdad,  una película sobre la importancia del amor.

Birdman 1De qué hablamos cuando hablamos de amor es el relato llevado al escenario en la ficción dentro de la ficción. Sobre esa falsilla se mueven los personajes, mediante las palabras de Carver expresan sus aspiraciones y sus carencias. Y a su vez el autor (Iñárritu en la realidad, Riggan para la ficción) persigue una definición de qué es el amor para decirnos (ya desde la cita en los créditos iniciales) que sabernos amados será lo único que nos compensará nuestra absurda existencia.

Birdman nos deja escenas de antología (Michael Keaton obligado a andar por la calle en paños menores, como ejemplo), personajes dignos de ser almacenados en nuestra galería personal a través de los tiempos, diálogos inteligentes pronunciados en situaciones que no lo son menos y momentos interpretativos de una intensidad vehemente. Y todo ello sin caer en lo discursivo, la cámara de Iñárritu está ahí, siguiendo a los personajes desde muy cerca por esmerados travellings (y ya dijo Godard que son una decisión moral) que desembocan en vibrantes planos secuencia. La cámara de Iñárritu se mueve sobre su narración al modo en que lo hace el narrador semiomnisciente que tan bien dominó Carver.  El méxicano nos trae un ejercicio de puro cine que llega a buscar incluso su adscripción en lo fantástico (el séptimo arte es fantasía por encima de todo) y así el realismo se convierte en magia con milagro final incluido. Imprescindible.

Las imágenes perdidas. La otra mirada: sobre el cine y la vida

20 diciembre 2014 Deja un comentario

El sello Cameo ha publicado Las imágenes perdidas. La otra mirada, un film que oscila entre el documental y la ficción y que supone una lúcida reflexión sobre el cine, la  vida y la muerte, además de ser la última película de Paul Naschy. En el filme, el cineasta Juan Pinzás realiza un viaje físico e iniciático en busca de unas imágenes perdidas que había rodado en los años ochenta. El viaje le conduce desde Madrid hasta Galicia y en la búsqueda de esas imágenes se encuentra con diversos personajes que le ayudan en su propósito, como  Paul Naschy o el polifacético Javier Gurruchaga, en cuyos universos personales ahonda el film. Finalmente hallará en Vigo, su ciudad natal, de la que realiza un singular retrato, una vieja película en formato de Súper-8 mm con las imágenes deseadas. La catarsis se produce con el visionado del antiguo film que resulta ser un homenaje al cine y supone el final del viaje introspectivo del cineasta.

01b3fa48-5db3-4d5b-9fb8-e700b6cd4269Ciertamente pueden calificarse de  opuestas  las trayectorias y la forma de entender el cine existente entre el vigués Juan Pinzás y el madrileño Paul Naschy. Si Juan Pinzás ha realizado un cine experimental, con tres de sus películas adscritas al movimiento Dogma. La trayectoria de Paul Naschy ha basculado principalmente en cine de género, popular y consumido por un público mayoritario. Pero contra todo pronóstico,  lejos de haberse producido un choque de trenes, el entendimiento y la admiración ha sido mutua entre ambos cineastas ya desde que Pinzás contara con el veterano Naschy para Cuando el mundo se acabe te seguiré amando, un film dirigido por la esposa de Pinzás, Pilar Sueiro, en 1998 para la productora de ambos, Atlántico Films. Tan satisfactoria será la experiencia que dos años después volverá a tenerlo como actor en su largometraje Érase otra vez, primera película Dogma española.

En 2009 y lejos ya del Dogma, Pinzás ha dirigido Las imágenes perdidas. La otra mirada, una lúcida reflexión sobre la vida utilizando el cine como vehículo y como hecho vital en la que Pinzás, con la excusa de recuperar una vieja película rodada en los años ochenta, visitará los escenarios de otros de sus filmes y mantendrá largas conversaciones con dos grandes cinéfilos: Javier Gurruchaga y Paul Naschy. Unas conversaciones que nos mostrarán las pasiones compartidas por el cine. Un viaje por la vida y la muerte en el que el hecho cinematográfico será el gran protagonista y también medio para poder entenderlo. Mostrando atardeceres o las escenas captadas en procesiones, lonjas y puertos, el director nos transmitirá sus estados de ánimo. Su forma de ver la vida. Su mirada cinematográfica.

Paul Naschy bromeando con un Javier Gurruchaga con máscara de lobo

Paul Naschy bromeando con un Javier Gurruchaga con máscara de lobo

Naschy se nos muestra relajado, cercano, cordial y alejado de discursos preparados,  protagonizando los momentos más deliciosos del filme, emocionantes a veces, con el actor mostrando ya en su rostro las marcas de la grave enfermedad que estaba atravesando.

Fetiches, objetos mágicos y sobre todo imágenes. Unas imágenes que, afortunadamente no se perderán y que quedarán como testigo de que el amor al cine puede unir unas, a priori, dispares naturalezas y formas de entender el arte. Todo ello en una película que, como no podía ser de otra forma, el director ha querido dedicar a su amigo fallecido.

Las imágenes perdidas. La otra mirada (2010)
Ficha (artística): Paul Naschy, Javier Gurruchaga, Juan Pinzás, Pilar Sueiro, Enrique Armesto
Guión: Juan Pinzas
Edita: Cameo
Idiomas (VO): Castellano
Sonido:V.O. Castellano 5.1
Subtítulos: Inglés
Extras:Tráiler, escenas elimindas de Paul Naschy y Javier, Gurruchaga, escenas extendidas, ficha artística, ficha técnica
Zona:Multizona
Formato (pantalla):Panorámica 16/9
Formato (imagen):1.85:1
Duración:111
Duración (extras):12
Gurruchaga, Pinzás y Naschy rodeados de fetiches y literatura en la casa museo del cantante.

Gurruchaga, Pinzás y Naschy rodeados de fetiches y literatura en la casa museo del cantante.

Nunca es demasiado tarde

5 diciembre 2014 Deja un comentario

nunca-es-demasiado-tardeApenas unos pocos minutos le bastan a Uberto Pasolini para presentarnos personaje y situación. No le hacen falta ni las palabras, las imágenes hablan por sí mismas. Nunca es demasiado tarde nos presenta a John May, empleado de la funeraria pública, encargado de hallar a los parientes más cercanos de esas personas que mueren sin recursos a las que se entierra gracias a los servicios municipales. May es concienzudo en su trabajo, no se limita a la mera rutina sino que le vuelca mucho afecto a su labor (guarda un album con todas las fotos de los difuntos ), tal vez porque, siendo él también un solitario sin familia cercana, se ve reflejado en aquellos a los que ha de asistir (ese plano de May espejeándose en la ventana de uno de los fallecidos). Es tal su esmero que, paradójicamente, es despedido (es tiempo de recortes). Acepta su despido pero pide que le dejen encargarse de su último cometido: buscar la familia de Billy Stokes. A partir de ahí acompañamos a May en su minuciosa búsqueda.

Nunca es demasiado tarde es una película de silencios que retratan la soledad (la del personaje y la otra más general) de una forma inmensamente tierna. La forma de rodar las rutinas diarias del protagonista es la que nos habla. Todo un recorrido visual por la vida de ese funcionario que vive rodeado por la muerte, pero que no expresa tristeza sino un humanísimo ponerse en la piel del otro. Still life, su título original, significa naturaleza muerta, y ese es el lienzo que compone Pasolini: una naturaleza muerta que no genera desazón, sin embargo. Al contrario con Nunca es demasiado tarde sentimos que toda vida está llena de sentido, por humilde que sea la labor que se desempeñe. John May es un Bartleby que no ha entrado en el hastío sino que ha encontrado su misión en hacer su trabajo a conciencia. Despide con honores a todos esos pobres diablos que han fenecido en la más absoluta soledad, él, con sus pesquisas sobre ellos, aunque no consiga contactar con familiares o antiguas amistades, se basta para dignificarlos.

Nunca es demasiado tarde 1

Si elogiable es la dirección del productor de Full Monty, meritorio igualmente es el trabajo de sus actores con Eddie Marsan a la cabeza. Marsan da carnalidad al personaje, con su actuación ponderada nos asoma a las interioridades de John May, le da hondura psicológica y nos lo hace sentir real. John May y su circunstancia nos conmueve pero, contra lo que pudiera parecer, nos lleva al optimismo incluso antes de ver su reconfortante último plano. Apreciamos toda la melancolía del personaje y la situación, la melancolía es el sentimiento que nos embarga cuando intuimos una finalidad que no nos es posible alcanzar, pero el segundo trabajo como director de Pasolini nos lleva un poco más allá. Justo hasta el punto donde se resuelve el duelo, donde se suspende el sentimiento atrabiliario, y este es sustituido por la certeza de que ningún esfuerzo es baldío.

Nunca es demasiado tarde es una película conmovedora en la acepción de enternecedora. A ello contribuyen también las delicadas notas con las que la música de Rachel Portman acompaña la acción. Sus noventa y dos escasos minutos tienden un pulso a nuestras emociones y salimos del cine arropados por la sensación de que está vida vale la pena de ser vivida.

En un patio de París, dormir más todavía

No saber nada, no enseñar nada, no querer nada, no sentir nada, dormir, dormir más todavía, tal es hoy mi único deseo. Charles Baudelaire, prólogo a Las flores del mal.

en_un_patio_de_paris-cartel-5657Antoine Le Garrec (Gustave Kervern) es insomne, lleva mucho tiempo durmiendo muy poco, e incluso cuando duerme sueña que no puede dormir. El spleen, angustia vital, melancolía sin causa, se ha adueñado de él y un buen día abandona el escenario (es un cantante de medio pelo) sin rumbo definido. Como Baudelaire sólo ansía dormir, como él deambula por la ciudad, vaga por las calles, cual flâneur, sin objetivo ni expectativas, abierto a lo que la casualidad depare. Es casualidad que en la oficina de empleo le ofrezcan una vacante de portero, como lo es que quien tenga que aceptarle en el puesto sean Mathilde (Catherine Deneuve) y Serge (Féodor Atkine), una pareja de recién jubilados que se enfrentan a su nueva realidad de desocupados con distinta actitud. Es Mathilde quien lo escoge porque le inspira calma, a ella, que se ha sumergido en la vorágine de una ONG enfocada a resolver el calentamiento global y no tiene respiro. Cuando la evolución de una grieta haga que Mathilde tema que el edificio entero se derrumbe, nace la amistad entre ellos. Una amistad entre seres que amenazan ruina más que el viejo edificio en el que interactúan. Estos son los personajes que destacan en el mosaico de En un patio de París. 

En un patio de París es una comedia agridulce que poco a poco va deslizándose hacia el drama, sin negarnos un tenue halo de esperanza en su final. Pierre Salvadori, su director, vuelve a conducirnos a esa mirada que se entretiene en los márgenes, con esos personajes inadaptados que, sin embargo, intentan sobrevivirse con todas sus fuerzas, tratan de salir de su condición a pesar de sus deficiencias. Y todo ello retratado con mucho humor y mucha ternura. Una producción de modesto presupuesto, pero muy rica en matices que nos cuenta una historia de perdedores que, sin embargo, no están totalmente perdidos. No todos ellos al menos.

Manguera.-Dans-la-cour

Por ese patio de escalera pululan toda una serie de personajes bizarros (en su sentido francés que poco a poco ha ido desplazando el significado castellano):  un ex futbolista drogadicto que roba bicicletas y las almacena en el patio común, un vecino con un trastorno compulsivo que no puede lidiar con el desorden, un inmigrante, captado por una secta, y su perro que ocupan el taller de los bajos… Dentro de un imaginario que está a medio camino entre Happiness (1998, Todd Solondz) y La maladie de Sachs (1999, Michel Deville), todos ellos comparten la misma soledad y la misma necesidad de atención. Antoine es el catalizador, no está ya para sí mismo pero sí para ellos, él se diluye poco a poco en su cotidianidad pero el resto, especialmente Mathilde, seguirán adelante más reconfortados pues el tamiz de Antoine les ha servido para recuperar convicciones igual que esas macetas que se consumían han pasado a ser jardín por obra y gracia del portero.

en un patio

Dans la cour, el título original, hace más justicia a la película que su trasvase al castellano, que concreta con su genitivo el lugar de la acción quizás para indicar al seguidor de tendencias y modas que se encuentra, si, de nuevo ante un film francés. Ese patio vecinal no se ubica espacialmente por mucho que esté afincado en la capital gala. Esa comunidad es universal igual que lo es esa grieta que obsesiona a Mathilde. El edificio que aglomera a los personajes (prácticamente el único escenario del filme) es un microcosmos transportable por analogía a todo mundo humano contemporáneo. El edificio, como nuestra civilización, ha envejecido y, aunque no amenace ruina, ha empezado a agrietarse igual que se resquebraja nuestra confianza en el mundo occidental, con la fuga de valores y derechos que está arrojando su crisis. Los miembros de esa comunidad están fuera de lugar, como desubicado está el hombre de hoy ante un orden burocrático del que no se acaba de vislumbrar el centro. Todos podemos sentirnos exhaustos como Antoine («sólo quiero limpiar, dormir y no pensar»), pero Salvadori no nos deja ahí, no trata de engañarnos pero nos muestra una salida. Pues, del mismo modo que nos identificamos con el protagonista, todos podemos todavía ser Mathilde y embarcarnos en un nuevo proyecto que nos haga vivir. Una pequeña esperanza queda aún. Eso sí, la esperanza es lo único que quedó encerrado en la caja de los males que nos trajo Pandora.

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Mil veces buenas noches, el poder de la imagen

A raíz del último conflicto palestino israelí, la página de inicio en Facebook se ha llenado de fotos de niños muertos, mutilados, víctimas de los ataques. Sin duda se trata de un gesto de solidaridad autocomplaciente, inútil por definición, y que contribuye más bien a la desensibilización por saturación de nuestras neuronas. Están los que comparten esas imágenes y frente a ellos los que se indignan por esa violación de la intimidad con fotos morbosas, ambas posturas igual de cómodas acometidas desde la paz que nos confiere saber que no dejaremos de tener la barriga llena. Apenas un gesto perezoso con el que calmar nuestra conciencia.

milvecesbuenasnochesLa gran pregunta es si esas imágenes pueden ir más allá, si sirven para algo más que para alimentar moralinas pequeñoburguesas, si consiguen incomodar a los agentes sociales que tienen la capacidad de interceder de facto en los conflictos. Sólo soy capaz de alzarme de hombros ante ese interrogante, desde el escepticismo contraído por saberme yo impotente. Lo que sí tengo claro es que no hay que matar al mensajero: esas fotografías, tomadas desde el riesgo de muerte de los reporteros, tienen al menos el valor de la denuncia. Levantan testimonio de la ignominia y siembran la esperanza de que algún día la humanidad esté dispuesta a aprender de sus errores. Más allá del uso frívolo que podamos darles, las fotografías de guerra son necesarias. Mil veces buenas noches es un viaje a esa toma de conciencia de la necesidad de la foto denuncia, nos lleva a esa conclusión de forma honesta, sin hacer un panegírico de los reporteros gráficos (¡hay tantas películas que juegan esa baza!), al contrario, nos los muestra en sus dilemas menos heroicos, menos generosos, los retrata como impetuosos adictos a su vocación a la que lo sacrifican todo, más por instinto que por reflexión.

Juliette Binoche es Rebecca, una reportera entregada a su profesión, que también es esposa de un biólogo marino y madre de dos hijas, una ya adolescente. Tras un grave accidente en Afganistán, habrá de plantearse el difícil equilibrio entre su vida y su trabajo. Acabará descubriendo que le es imposible abandonar al segundo, porque ese trabajo es su propia esencia. Mil veces buenas noches es un drama doméstico que refleja el egoísmo del fotógrafo de guerra, a la vez que su valor y su perseverancia. No estamos ante un héroe sino ante una fuerza de la naturaleza cuyo instinto la lleva a estar siempre al pie del conflicto, no por ganar galardones sino porque no puede hacer otra cosa que ponerse al servicio de los más desprotegidos aún a costa de abandonar a los suyos. Erik Poppe, su director, y Binoche nos sitúan ante un personaje lleno de aristas, movido por la urgencia y la necesidad de intervenir ante la barbarie; confiesa a su hija mayor que escogió ese trabajo porque sentía ira visceral contra las lacras de la humanidad y ese sentimiento no lo puede enjugar la cotidianidad familiar, precisamente porque en sus hijas ve la esperanza de futuro que ella quiere transportar a los desfavorecidos. La actriz se muestra virtuosa en su interpretación de las contradicciones de Rebecca, ella sola se basta para que la película funcione.

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Llena de pequeños detalles, con un buen desarrollo del arco de transformación de los personajes, hay que destacar también el trabajo de John Christian Rosenlund al frente de la fotografía. Un uso de la luz y el encuadre que nos lleva a centrarnos en el poder de la mirada, ideal para hacernos sentir en la piel de la fotógrafa. Mil veces buenas noches es un recital de imágenes que nos habla, precisamente, del poder e importancia de las mismas. Un acertado equilibrio entre el retrato y lo retratado, bellamente filmado e interpretado.

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En algún lugar sin ley, revisando el amor fou

En-un-lugar-sin-ley_cartel_peliNo sólo de fantástico vive el hombre, sobre todo no vive Serendipia. Y no es porque pretenda sumarse a ninguna tendencia actual (parece que ahora se lleva lo ecléctico), no, es que este ente es un auténtico amante del cine más allá de los corsés de género. Así que es justo que alguna vez se dé cabida en estas páginas a piezas que no se pueden adscribir fácilmente a ninguna categoría establecida. Eso es justo lo que ocurre con En algún lugar sin ley (Ain’t Them Bodies Saints).

Ganadora del premio a la mejor fotografía en Sundance, el tercer filme de David Lowery está llamado a convertirse en una de las grandes películas indie del año. Lowery, partiende de un corto suyo, nos narra la historia de dos fugitivos, Bob (Casey Affleck) y Ruth (Rooney Mara). Enamorados y despreocupadamente felices, sobreviven gracias a los delitos que cometen, ajenos a los peligros de vivir al margen de la ley. Un día Ruth, accidentalmente, hiere a uno de los policías que los están persiguiendo. Bob asume la culpa y es arrestado. Cuatro años después, incapaz de soportar por mas tiempo la separación de su mujer y de su hija, a la que no ha llegado a conocer, Bob escapa de prisión con un único objetivo: recuperarlas.

Aunque la acción se sitúa en la década de los setenta, Lowery sabe dotar a la historia con la aureola arquetípica de los mitos y leyendas. En algún lugar sin ley rezuma una dulce tristeza sobre la que brilla el retrato de un amor tejido con las ciegas (y dulces) esperanzas de unos personajes que se saben sin salida. La misma planificación nos indica esa imposibilidad de conseguir el objetivo de crear un hogar, con esos planos cortos rodados contra un fondo siempre próximo ( y los personajes en el primer plano del encuadre) que nos deja la sensación de no tener escapatoria. Si hubiera que elegir un sólo adjetivo para describirla este sería ‘envolvente’, porque la narración se desarrolla más con la atmósfera que con la acción. Asentada sobre elipsis, la cámara no tiene prisa por abandonar planos y escenas, ese tempo pausado es el que nos deja con el corazón en un puño y nos sumerge con delicadeza en el fondo de los sentimientos de los personajes que no se exponen con estridencia sino con la sutil pincelada de la insinuación (ese no poder parar de mirarse a los ojos mientras son arrestados, esas cartas leídas en off mientras en pantalla se muestra el texto escribiéndose sin enseñar al personaje ).

En algún lugar sin ley toma el tópico del amor fou para darle una vuelta de tuerca. El filme de Lowery parte como premisa del interrogante sobre cómo seguiría la historia si los dos amantes (y forajidos) no murieran al final sino que sobrevivieran a su peripecia e incluso llegarán a tener cargas familiares. Para responder a esa pregunta Lowery deconstruye los géneros (el negro, el drama romántico, incluso unas briznas de western) mezclándolos hasta darle una voz propia a su película. Toda la cinta se asienta en la espera del reencuentro de los amantes, deseado y temido a la vez por parte de ella (ya no está sola, tiene la responsabilidad de cuidar de la hija de ambos). La trama se desarrolla dentro de ese arco tensado imposible de disparar: aunque hayan sobrevivido, su amor sigue estando condenado a no poder realizarse. La fatalidad sigue persiguiéndoles, el mundo que habitamos no está preparado para tanta intensidad sobre todo cuando sobre ella pesa una culpa a expiar. Bob no podrá ver sus sueños cumplidos y Ruth, aunque le haya esperado cual si fuera una Penélope puesta al día, habrá de resignarse y sacrificarlo en aras de la sensatez y la responsabilidad. Nadie escapa a su destino.

La hermandad, buenas intenciones, escasos resultados

No se le puede negar a La Hermandad su carácter voluntarioso. El valenciano Julio Martí Zahonero ha sabido cuidar en esta su ópera prima la ambientación, con tintes góticos pero sin muchos de sus tópicos, no cae en la acumulación de sustos sino que se esfuerza por transmitir una atmósfera enrarecida y misteriosa. Su voluntad de huir del susto fácil se hace notar también en la banda sonora (probablemente lo mejor de la cinta) para la que tenía claro que no debía tratar de anticipar las situaciones de mayor terror con golpes de efecto musicales, pretendía más bien que hubiera una melodía que diera razón de la obra en su conjunto, que cautivara al espectador y le condujera por la historia como si se deslizara. Afortunadamente el también valenciano Arnau Bataller ha sabido comprender las demandas del director y ha compuesto una partitura que satisface las expectativas; hay que añadir que se contó con la Orquesta de Liceo para la grabación, sin duda todo un lujo.

Un argumento cuya sinopsis lo hace parecer inquietante: En la fría y silenciosa oscuridad de un apartado monasterio del norte de Italia, La Hermandad, monjes benedictinos que siguen al pie de la letra unas estrictas normas de pobreza y obediencia, curan las heridas de Sara, una afamada escritora de novelas de terror que acaba de sufrir un grave accidente. Sara deberá guardar cama en el monasterio, donde la electricidad o el teléfono carecen de sentido. Su curiosidad de escritora no tarda en despertar con ciertos detalles que llaman su atención. Extrañas manchas en el techo, llantos infantiles en la noche, una vieja fotografía, un escalofriante libro sobre la Hermandad, sus inquietantes costumbres… Algo se mueve entre los muros del monasterior. Un oscuro secreto se encierra en su interior y ahora está a punto de salir a la luz… Y la recomendación de su director: Si me preguntas por las razones por las cuales un espectador debería ir a ver La Hermandad te diría que son numerosas. En primer lugar, se van a encontrar con una historia muy emotiva, llena de sorpresas hasta el minuto final. La Hermandad es visualmente un regalo para todos los sentidos. Descubrir cada uno de los rincones, aposentos y corredores de esta lúgubre abadía repleta de pasadizos y senderos ocultos, es una sensación tan inquietante como lo es para el personaje protagonista. La recreación de todas las estancias ha sido un trabajo excepcional. En el apartado de las intenciones la película funciona muy bien, pero, ¡ay! Los resultados ya son otro cantar.

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Pese a los empeños por lograr una revisitación del terror de corte clásico, la película hace aguas en su guión. Ni los monjes resultan sospechosos o enigmáticos ni está claro por qué ya desde el primer día en el que la protagonista empieza su recuperación, por muy escritora que sea, se pone a investigar. Tampoco se nos hace comprender porque permanecieron en el convento haciéndose pasar por monjes si al final va a resultar que ellos fueron las víctimas. El esmerado diseño de producción no puede ocultar que Lydia Bosch actúe como quien no sabe realmente dónde está metida, y no nos referimos al convento sino a la trama. Su actuación es mecánica y forzada, lo que revela que el debutante no domina aún la técnica de la dirección de actores. El resultado es una cinta bienintencionada pero inefectiva. Huye del susto y del gore, pero tampoco la intriga hace aparición y eso en una película de estas condiciones es un problema muy grave.

Es muy fácil sentarse ante el ordenador y echar por tierra el trabajo de muchos meses, por eso hemos querido empezar este comentario con los pros del filme de Julio Martí. Es su primer largo y aunque sea fallido esos aciertos que hemos referido nos permiten decir que esperamos que no se desaliente y vuelva a intentarlo. Después de todo no son pocas las veces en las que aprendemos más de nuestros errores que de nuestros logros.

Cuento de invierno, los milagros del amor

15 febrero 2014 Deja un comentario

El guionista Akiva Goldsman (Una mente maravillosa) debuta en la dirección cinematográfica con una incursión en el Fantastique, esa concepción de lo fantástico que tan buenos filmes nos trajo en la década de los cuarenta (El fantasma y la Señora Muir, Jenny, para citar alguno). Cuento de invierno, ya desde el título, no engaña a nadie y quizás eso sea  su mayor defecto. Pero vayamos por partes.

Bajo el apelativo de Fantastique entendemos aquel conjunto de obras que tratan la temática fantástica mezclada con otros géneros (el melodrama romántico en la mayoría de casos) y con una visión y resolución amable. Se comprendería bajo esa categoría películas que algunos no incluirían por derecho propio dentro del fantástico, pero que sin duda, visto el género con mirada amplia, giran en torno a él. Esta especie de subgénero proliferó sobre todo en la década de los cuarenta del pasado siglo debido al peso de la Segunda Guerra Mundial que dejó tras de sí buen número de bajas: se hacía necesaria una visión amable de la muerte y lo sobrenatural que sirviera como evasión y consuelo. Puede rastrearse abundantemente hasta la década de los sesenta, sin que ello signifique que desapareciera por completo después. Han habido incursiones posteriores como lo fue en su momento Ghost (1990, Jerry Zucker), o ahora mismo este Cuento de invierno que nos ocupa.

Cuento de invierno nos trae la historia de Peter Lake (Colin Farrell), un ladrón irlandés, perseguido por su antiguo protector, un extraño personaje interpretado por Russell Crowe que vendría a ser una especie de diablo que lo busca para que no se aparte de los senderos del mal. Peter Lake quiere abandonar ese tipo de vida y cuando en su último robo conozca a Beverly Penn (Jessica Brown Findlay), logrará cumplir ese objetivo e incluso encontrar un amor que le hará vencer las fronteras de la muerte. Al menos no morirá hasta que él mismo realice ese milagro que todos llevamos de origen. La historia se desarrolla en el siglo XIX y en nuestra actualidad. Pretende ser un amable cuento sobrenatural cargado de buenas intenciones. Es fundamentalmente un melodrama romántico, pero viene envuelto con el ropaje de lo fantástico, con personajes sobrenaturales (ese caballo blanco, por ejemplo, que ayuda al protagonista a alcanzar con éxito su empresa, y que en verdad es la encarnación de un ángel), amores que vencen a la muerte, desplazamientos en el tiempo, y la eterna lucha entre el bien y el mal personificados en ángeles y demonios.  Todos estos mimbres debieran dar como resultado un filme de deliciosa fragancia extravagante, pero no es así.

¿Cuál es el problema de Cuento de Invierno? Su exceso. La ópera prima de  Akiva Goldsman nos fuerza a la suspensión de la incredulidad casi desde el minuto cero, no hay el menor atisbo de hacernos dudar sobre la sobrenaturalidad de situaciones y personajes. No juega a hacernos desarrollar la intriga, muestra sus cartas a la primera de turno y así no nos hace cómplices de la trama, no nos permite jugar al suspense y el desvelamiento. Todo está expuesto desde el principio, no hay descubrimiento, y eso le resta interés. De cuidada dirección artística, casi podría decirse que el lujo de efectos no contribuye al interés del espectador por la doble lectura. Su atmósfera resulta plana y si bien no engaña, tampoco nos hace partícipes del juego; sólo nos cabe dar asentimiento a lo que nos expone. E igualmente es plano su supuesto mensaje de fondo, nos dice a bocajarro que la vida humana goza de trascendencia y ante ello, o bien suspendemos la incredulidad así sin más y porque sí, o no podremos entrar en la narración.

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No es, con todo, una cinta aborrecible, es buena su factura técnica (la comentada dirección artística, la correcta banda sonora de Hans Zimmer, sus efectos visuales… ) y su factura artística, con unas interpretaciones correctas (aunque no memorables) y una puesta en escena que no cae en la estridencia. Esa buena factura permite que se la consuma como un buen producto desechable: aunque no vaya a conservarse en nuestra memoria, nos deja pasar un  rato suficientemente agradable. En suma, no es un plato para gourmets, pero puede ingerirse si no le exigimos demasiado.

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