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VAMOS DE ESTRENO * Viernes 25 de septiembre de 2026 *

25 septiembre 2026 Deja un comentario

LA BOLA NEGRA (Javier Ambrossi y Javier Calvo, 2026)

España/Francia. Duración: 155 min. Guion: Javier Ambrossi, Javier Calvo. Obra: Alberto Conejero. Idea: Federico García Lorca Música: Raül Refree Fotografía: Gris Jordana Compañías: Suma Content, Movistar Plus+, El Deseo, Le Pacte, Atresmedia Cine. Distribuidora: Elastica Films, Movistar Plus+ Género: Drama

Reparto: Guitarricadelafuente · Miguel Bernardeau · Carlos González · Penélope Cruz, Glenn Close

Sinopsis: Las vidas interconectadas de tres hombres en tres épocas distintas. Tres existencias íntimamente ligadas por la sexualidad y el deseo, el dolor y la herencia; y una de las últimas obras, inacabada, de Federico García Lorca.
Con Bola Negra, Javier Calvo y Javier Ambrossi firman su obra más madura y ambiciosa hasta la fecha. En ella, los directores muestran los más sangrientos efectos de la guerra civil española como pocas veces se han mostrado en nuestra cinematografía, despojándose de paños calientes para retratar la crudeza del conflicto. La estructura del film se sostiene sobre tres historias que se inician en 1932, 1937 y 2017, alguna de ellas inspiradas en hechos reales, incluida una obra de teatro que Federico García Lorca dejó inacabada y que sirve como poderoso motor conceptual. Con su habitual sensibilidad lírica, Los Javis convierten esta guerra entre hermanos en guerra entre amantes que se ven arrastrados por los acontecimientos, humanizando la tragedia desde la intimidad y el deseo reprimido.
Uno no puede dejar de recordar, por esa historia de amor que se desarrolla entre combatientes de ambos frentes, aquella antigua película, ‘Rojo y negro‘ (1942), que se estrenó mal y de tapadillo hasta desaparecer, enterrando de paso a su director, Carlos Arébalo. Por suerte, se trata de una película que ha sido recuperada recientemente, y su eco resuena con fuerza en este nuevo metraje. El nexo de unión poético es devastador: todos los protagonistas de las diferentes historias poseen una hipotética bola negra que les impide formar parte de la nueva sociedad que se avecina, quedando marcados por la exclusión.
Las tres historias, que los directores desarrollan en paralelo, terminarán entrelazadas hasta un final desbordante, quizás demasiado, que cierra todas las historias y da un ingenioso toque al presente, en el que el auge de los fascismos amenazan con el retroceso de las libertades alcanzadas. Todo ello se traduce en una obra sentida, que destierra, en parte, los habituales histrionismos durante la mayor parte del metraje, aunque termina desbordándose, prolongándose y perdiendo la medida en su conclusión, pero ofreciendo, a cambio, unos personajes muy bien perfilados que permanecen en la memoria del espectador mucho después de que se apaguen las luces de la sala. Destaca, asímismo, la colaboración de Glenn Close y, sobre todo, la de una estupenda Penélope Cruz.
Si quieren otra lectura, aquí la tienen.

 

La bola negra, la insignificancia como palanca

25 septiembre 2026 Deja un comentario

Toda inmensidad provoca arrobamiento. Nos embelesa una noche estrellada en un cielo infinitamente abierto. Nos enajena la barbarie de un genocidio, sea quien sea que lo cause. Todo lo que desborda nos enfrenta a nuestra nimiedad. Pero la insignificancia, lo que no significa, puede ser la que nos libre. La palanca no vence por tener fuerza propia, sino porque encuentra un punto de apoyo capaz de convertir una fuerza pequeña en desplazamiento. El poder de la palanca sale precisamente de que el fulcro sea mínimo. Y La bola negra es un homenaje a los que callaron, los que no se significaron, pero sostuvieron. Desplazaron

Quedarnos de brazos cruzados cuando todo viene mal dado puede parecer declinar responsabilidades. Ese fue el gesto del hombre de Hamburgo. Fuera el 14 de febrero de 1939 con Adolfo Hitler en el puerto para encabezar la botadura del acorazado Bismarck, el gran buque de guerra alemán, en la armadora de barcos Blohm & Voss, o fuera el 13 de junio de 1936, en los mismos astilleros, en la botadura de un humilde buque escuela, el velero Horst Wessel, la enardecida masa lo alabó brazo en alto. Queda la fotografía. Pero en la instantánea, casi oculta por el bosque de miembros alzados, una mirada adusta hacia el estrado corona unos brazos firmemente plegados. Un hombre insignificante. Desafiar no exige gestas, sino gestos.

El de Sebastián, el protagonista de la película de los Javis, más bien sería comparable a un alzarse de hombros. Resignación. Pero resignar viene de signum, sello, señal. El que se resigna, literalmente, se des-señala. Se quita la marca. Se desmarca y burla al contrario. Sebastián esquiva. Y las palabras hacen magia: al esquivar, rehúsa. Justo lo contrario de aceptar. Al ocultarse puede dar la vuelta al yugo desde su base. Su sumisión es también su subversión.

Un triángulo de líneas temporales articula la trama de La bola negra. Carlos, 1932; Sebastián, 1937; Alberto, 2017: tres hombres que viven su homosexualidad con reparo y tienen por vértice a Lorca, el señero. El insigne como referente de los que no se significan. El acallado soportando a los que callaron. Voz pasiva y voz activa de un mismo silencio. La película ficciona los huecos de la historia y les da voces. No los justifica, da razón de sus motivos. Y lo dice desde el exceso del melodrama. El color, el decorado, la música, el gesto (y el metraje) hinchados cargan con lo que la boca calló. Les devuelve la potestad de su ademán. La película responde por los que hubieron de guardar silencio forzoso. Les llamaron desviados y lo fueron: labraron el desvío que encauza la libertad de otros.

No cierra en falso, sin embargo. La bola negra se bastaba para excluir desde el anonimato. Por eso fue el título de la obra de Lorca inacabada y abiertamente homosexual. Por eso mismo es el que mantienen los Javis. Soplan malos tiempos para la lírica, hay que golpear aunque sea bajo. Un golpe bajo es el que llega por debajo, por donde no mirabas. Llamativo sin estridencia. Eso no es trampa, es puntería. La catarsis no es alivio sino reconocimiento, se purga porque se ve. Y nos devuelve la carne viva. La película no cierra, se entrega.

Tú nunca entenderás lo que te quiero

porque duermes en mí y estás dormido.

Yo te oculto llorando, perseguido

por una voz de penetrante acero.

Norma que agita igual carne y lucero

traspasa ya mi pecho dolorido

y las turbias palabras han mordido

las alas de tu espíritu severo.

Grupo de gente salta en los jardines

esperando tu cuerpo y mi agonía

en caballos de luz y verdes crines.

Pero sigue durmiendo, vida mía.

¡Oye mi sangre rota en los violines!

¡Mira que nos acechan todavía!

                                                                                   Sonetos del amor oscuro

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