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Serendipia’s Sitges Film Festival 2018: Segunda cápsula

VIERNES 5 DE OCTUBRE                                                     (Fotos: Serendipia)

Con los ecos de Suspiria y Climax todavía resonando en nuestra mente, Serendipia se mete de nuevo en harina de buena mañana con La sombra de la ley, el nuevo filme de Dani de la Torre tras la estupenda El desconocido  que formaba parte de la sección Órbita del festival. En esta ocasión el director ofreció una producción de más enjundia en cuanto a presupuesto, que se desarrolla en la conflictiva Barcelona de los años veinte, en la que convivían los conflictos laborales con la irrupción del pistolerismo protagonizado por los partidos anarquistas, en contraste con los aires golpistas provenientes de un ejército cada vez más revuelto y con ganas de hacer olvidar el desastre de Annual. La ciudad está magníficamente retratada, con esa Sagrada Familia en construcción y con los burgueses dándose la gran vida en la Barcelona nocturna del Eden Concert. En este escenario se mueven los protagonistas, un grupo de policías corruptos a los que se une, proveniente de Madrid, ‘el vasco’, personaje que encarna Luis Tosar que desprende cierto aroma al Rick de Casablanca, un ser desengañado y cínico que ha perdido la sonrisa y parece haber perdido también los ideales. A él se suman unos memorables personajes, con mención especial para ‘el tísico’ de Ernesto Alterio y una Adriana Torrebejano que como Lola, la vedette del Eden Concert, se come en protagonismo a la propia Michelle Jenner, todo ello en un clima de  corrupción, drogas, prostitución y conflictos sociales en este creíble y solvente thriller dirigido con buen pulso que podría tener su peso en la próxima ceremonia de los Goya. Cinta de corte clásico, por su temática, pero sobre todo por la formas narrativas que adopta (en las que no faltan citas a títulos consagrados del género), se resiente, tal vez, de exceso de celo. Se diría que el director ha querido dejarlo todo bien atado, sin fisuras, y utilizar todos los recursos estilísticos que adornan al género, con lo cual cae en ocasiones en el manierismo, como si quisiera desaparecer como autor en aras de realizar un ejercicio impecable. Echamos en falta la frescura de su primer largo, más imperfecto, pero más personal, con más alma. La belleza preciosista de La sombra de la ley se antoja excesiva, con esa cámara que no deja de moverse en elegantes travellings y no cesa de alumbrar encuadres matemáticos, un trabajo maximalista que ahoga al espectador que pide algo más que un buen argumento y una buena actuación. Lo peor de este celo por dar a luz una puesta en escena perfecta, es que acaba resultando de manual, lastrando la originalidad que hubiésemos querido encontrar. Tal como le ocurre a este ser doble que es Serendipia, algunos quedarán satisfechos con sus virtudes, otros, sin negárselas, hubiésemos querido menos pulcritud y más riesgo, un producto menos convencional y con más personalidad. Hubiese querido que me gustará más, pero ello no obsta para considerar que es un producto altamente recomendable y merecedor de todo el apoyo que pueda dársele.

Tras este convincente comienzo de jornada, sin pausa, Serendipia vuelve a Sección Oficial con Apostle, película dirigida por Gareth Evans, responsable de la trepidante The Raid (2011), con la que el director nos ofrece un registro totalmente diferente. La cinta, ambientada a principios del siglo XX, nos narra las vicisitudes de Thomas (Dan Stevens), que se infiltra en una secta para rescatar a su hermana. Con una intriga bien construida, contiene elementos sobrenaturales y escenas brutales que no consiguen, a pesar de todo, alumbrar un filme redondo. Quizás porque la parte sobrenatural se vuelve demasiado explícita, perdiendo capacidad de sugerencia, casi dividiendo la cinta en dos. En su primera incursión en el terror, Evans cae en el error de quererlo abarcar todo, no le basta con construir un relato eficaz sobre el mundo de las sectas destructivas, busca un punto de vista más ambicioso, quiere que nos planteemos el sentido de la fe, pero se nos antoja que para  hilarlo ha incurrido en una escritura de trazo grueso, como si dudara de la capacidad de deducción del espectador, en la que todo ha de tener correlato visual, cosa que hace que la efectividad se sacrifique en manos del efectismo. Deja planos y escenas memorables, pero no logra que el conjunto brille por igual. Un filme fallido pese a ser interesante.

Más sección oficial con Elizabeth Harvest (Sebastian Gutierrez), una cinta que con estética e imaginería de fábula futurista, nos introduce en una variación de la leyenda de Barba azul, haciendo hincapié en la atracción que ejerce lo prohibido en nuestro subconsciente. También tiene puntos en común con la creación de Mary Shelley, cuyo bicentenario también se  homenajeó en el certamen, con una criatura que se revelará contra su creador. Lamentablemente el exceso de metraje lastra el resultado. Y es que, no renunciar a ninguno de los giros que sugiere el guión, hace que la intriga se dilate y se desluzca a partes iguales. Interesante es que nuestro barba azul/mad doctor se vea las caras con un personaje femenino sólido que evoluciona a lo largo del relato, pero falta definición del resto de personajes y sobra enredo en la trama. Sus imperfecciones hacen que al final el conjunto resulte tedioso. Toda una lástima.

Pero poco duró el tedio, pues a continuación llegó una de las sensaciones de Sitges 2018, The Night Comes for Us, una cinta indonesia repleta de luchas espectaculares y acción a destajo en la que predomina el sonido de los huesos al romperse. Pura adrenalina y diversión, este ejercicio de ultraviolencia no da respiro al espectador y está dirigido por Timo Tjahjanto, realizador que compartió metraje con Gareth Evans en la colectiva VHS 2 (2013). Otra coincidencia con el director de The Raid es la aparición de sus actores protagonistas, Iko Uwais y Joe Taslim. Con apenas excusa argumental, nada más que la tópica redención del protagonista por mor de la revelación del valor de la vida encarnada en la pequeña superviviente de una masacre ejecutada por él mismo, este thriller indonesio es un auténtico festín para los amantes de la acción de infarto repleta de momentos políticamente incorrectos como lo es que hasta la niña tenga su minuto de violencia. Como artífice, decimos, no como víctima. Una cinta desmesurada que no da respiro. Puro cine de evasión.

Mientras tanto llegaban las estrellas al festival. Fugazmente vimos a Nicolas Cage, que hizo una entrada de lo más humano: salió corriendo del coche buscando un lavabo. Más cerca pudimos estar de Ron Perlman y Pam Grier, estrellas a las que la organización se encargó celosamente de proteger para que nadie pudiera acercarse a ellos. Así que guardamos nuestras carátulas de Hellboy y Scream Blacula Scream y seguimos a lo nuestro.

Categorías:Festival de Sitges
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