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Prende una nueva edición del Fire!! cargada de buen cine

(Foto: Serendipia)

De nuevo Proyecto Naschy en Fire!!! un festival de cine, en muchos casos, invisible. Ya no únicamente por las opciones sexuales LGBT que trata ; o porque muchos de sus títulos no se estrenan en nuestras pantallas; sino también porque pocos o nulos son los medios de comunicación acreditados o que se hagan eco de este festival fuera de los propios medios LGBT. Aunque al parecer algo está cambiando en este aspecto. De ser prácticamente unos de los pocos (por no decir los únicos) heterosexuales que se acercan a este festival para informar sobre las cintas que se proyectan, este año hemos podido encontrarnos con algún compañero más, lo cual hablando de la edición número 22 ya resultaba alarmante. Y no porque pensemos que haya que sumarse al evento en aras del buenrollismo y de la ley de lo políticamente correcto, sino porque, a fin de cuentas, estamos hablando de un festival de cine que se celebra en nuestra ciudad desde hace más de 20 años, con un equipo que trabaja impecablemente para organizar y seleccionar un lote de cintas muy variadas, independientes, de diversos géneros, y cuyo trabajo no parece estar tan reconocido como el  otros festivales, que parecen tener más querencia entre los elementos contraculturales de turno. Y preferimos no barajar los motivos.

UN PASEO POR EL FIRE!!

Esta edición del Fire!!, que de nuevo ha tenido como sede L’Institut Francès, ha ofrecido al público asistente un buen número de propuestas de lo más variado: 16 largometrajes, 8 documentales y 28 cortometrajes. Diversas visiones de esas otras sexualidades provenientes de lugares tan dispares como Estados Unidos, Brasil o Mongolia. De entre todas ellas podemos resumir esta selección, que mostramos sin orden ni concierto:

I Am Michael (Justin Kelly, 2015), nos cuenta la increíble historia de Michael Glatze, un reconocido activista gay juvenil interpretado por James Franco que dejó de “ser” homosexual para hacerse pastor cristiano. Un viaje por los laberintos mentales de este antiguo activista hipocondríaco en su intento de encajar la fe religiosa con su identidad sexual que terminará viajando a un extremo radicalmente opuesto. Y una nueva ocasión de comprobar que James Franco es uno de los más interesantes actores de su generación, que igual se transforma en el Duendecillo Verde como en el también demencial protagonista de Spring Breakers. Comprometido con el cine más independiente, no dudó en dirigir Interior. Leather Bar, una fantasía en forma de mediometraje sobre el rodaje de A la caza (Cruising, William Friedkin, 1979). Informado por su amigo Gus Van Sant de la historia de Michael Glatze, que había leído en una revista, no dudo en ser uno de los productores de esta cinta, previo acuerdo monetario de 75.000 dólares con Glatze. El resultado es una interesante cinta en la que también interviene Zachary (Mr. Spock) Quinto y realiza un minúscula aparición Daryl Hannah. Aunque correctamente narrada, el arco de transformación del protagonista resulta, de tan minucioso, bastante lento, casi tedioso, estirando la situación más de lo recomendable. Con todo, es interesante este retrato de una desesperada búsqueda de voz propia que acaba, paradójicamente, en la negación de sí mismo. Justin Kelly ha vuelto a la temática homosexual con su segundo largometraje, King Cobra (2016), en el que también interviene y produce James Franco.

Que una película ingeniosa, divertida e inteligente como Pushing Dead (Tom E. Brown, 2016) se estrene en España un año después de producirse y que sea dentro de un festival con una temática muy concreta, resulta un tanto vergonzoso. Y es que a pesar de que no sea un producto totalmente redondo, algo que achacar (y disculpar) a su condición de tardía opera prima, Pushing Dead es una muy saludable comedia que trata temas tan graves como son  el VIH con una magnífica naturalidad, sin permitir que la presencia de la enfermedad la convierta en la protagonista absoluta de esta cinta que, sobre todo, habla de la soledad, el amor y de esa familia adquirida (y libremente elegida) que conforma nuestra existencia. Diálogos ágiles e ingeniosos, buenas interpretaciones, personajes sólidos y empáticos. ¿Una comedia sobre el sida? en parte, pero mucho más, que no es poco. Una comedia sobre esa inhumana burocracia que es capaz de condenar a muerte al individuo por no poder pagar los medicamentos o los tratamientos médicos. Y también, de rebote, una magnífica crónica urbana que entre sus secundarios cuenta con rostros tan familiares como los de Danny Glober o Khandi Alexander, junto a otros que lo son menos pero que realizan un trabajo sumamente eficaz como  Robin Weigert y James Roday, sus protagonistas.

Amnistía Internacional colaboró con el festival recomendando y presentando uno de los títulos, el muy interesante, y original en su forma, documental La sociologue et l’ourson (Mathias Théry, Étienne Chaillou, Francia, 2016) que narra los nueve meses previos a la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo en Francia. Durante esos nueve meses de gestación legislativa, la reputada socióloga Irène Théry explica lo que está en juego en un delicioso diálogo con su hijo Mathias (uno de los directores de la cinta), que graba estas reflexiones sobre la historia del matrimonio y lo absurdo de los argumentos en contra del proyecto. Mathias y su cómplice, Étienne Chaillou, articulan estos testimonios mediante muñecos, juguetes y cartulinas de colores, mezclándolo todo con imágenes reales y obteniendo un resultado sorprendente y divertido, que también ironiza sobre algunas reacciones, como las ofrecidas por los sectores más conservadores, un espectáculo lamentable de entre los que destacan los de la excómica Frigide Barjot con sus declaraciones incendiarias, que tan solo buscaban la propia notoriedad. Magnífica propuesta, original y muy ilustrativa, justa merecedora del premio a mejor documental de la muestra.

Marco Berger escribe y dirige con Martín Farina Taekwondo, cinta argentina que tiene, como pueden suponer, de todo menos artes marciales y una de las propuestas que obtuvo mayor afluencia de público junto a Tom de Finlandia (Tom of Finland, Dome Karukoski, 2017). Taekwondo es un juego inocente, pero con unas gotas de malicia. Ya no por lo que cuenta, sino por la forma de hacerlo. Berger, de todos modos, ya nos había demostrado en la edición anterior del Fire!! con Mariposa, que es aficionado a jugar con sus personajes y con el público.

En esta ocasión Berger y Farina nos encierran en una bonita casa de campo cercana a Buenos Aires, junto a un grupo de amigos, muchos de los cuales se conocen desde la infancia, que, lejos de sus trabajos, estudios y mujeres, dedican unos días a bañarse en la pileta, fumar porros, beber y hacer el vago mientras hablan de lo humano, de lo divino y de coger minas. Se trata de una reunión habitual de esta pandilla de amigotes, pero esta vez uno de ellos, Fernando, ha traído a Germán, un amigo de su clase de taekwondo, del que pronto sabremos que se siente atraído por su anfitrión.La historia se nos ha narrado muchas veces, pero la cámara (nuestro ojo) tiene la particularidad de detenerse, e incluso deleitarse, en los cuerpos semidesnudos de los muchachos, en sus pechos, en sus genitales, obligando al espectador a compartir la visión homoerótica del protagonista, que es también la de los directores, sobre esos cuerpos jóvenes (hermosamente fotografiados). Ese es el juego: contagiarnos la mirada de un homosexual sobre el cuerpo masculino hasta hacerla nuestra, sea cual sea nuestra orientación sexual.  Se nos antoja que es un excelente mecanismo para detectar la homofobia, o al menos para desconfiar de los que se escandalicen ante esa forma de retratar los cuerpos masculinos.

Rodada la desnudez masculina con toda naturalidad, nos habla, pues, de la homosexualidad a través  de la tensión sexual latente entre Fernando y Germán, una tensión que determina toda la intriga del filme y que se sostiene hasta el plano final. La resolución de la misma es una magnífica catarsis y, como tal, fue celebrada sonoramente por el público en sus dos proyecciones dentro de la muestra.

About Ray, también conocida como 3 Generations, cinta dirigida por la londinense Gaby Dellal, será una de las pocas propuestas ofrecidas en esta edición del Fire!! que tendrá estreno en España (como Tres generaciones) de la mano de DeaPlaneta.

Cinta mainstream,  trata el tema de un adolescente transgénero de quince años (interpretado por Elle Fanning) que, pese a las dudas de su madre Maggie (Naomi Watts) y su abuela lesbiana (Susan Sarandon) decide someterse a una operación de reasignación de sexo. Con ciertos toques de comedia añadidos (casi todos protagonizados por la pareja lesbiana), la cosa no finalizará ahí, y la cinta continuará cargando quizás demasiado las tintas en este tiovivo ascendente de problemas que, como suele suceder, terminará teniendo un final feliz.

¿Demasiado feliz el final? Pues más bien sí. Pero, si no como gran película, que no lo es, 3 Generations al  menos servirá para acercar el tema de la transexualidad a todo tipo de público y demostrar algo que ya sabemos desde que la vimos en Súper-8 (J. J. Abrams, 2011): que Elle Fanning puede ser más que esa magnífica diosa de la belleza que fue en la inmediatamente posterior The Neon Demon (Nicolas Winding Refn, 2016). Y porqué nos encanta Naomi Watts. Lo de que Susan Sarandon es grande no hace falta recalcarlo. Viene por defecto. Eso sí, nos corroe un tanto el misterio de por qué se programó una sola vez y a una hora tan poco afortunada (domingo 22.30 horas), algo que pasa automáticamente a formar parte de los numerosos misterios insondables del maravilloso y hermético mundo de los festivales de cine.

Jonathan fue, en nuestra opinión, una de las mejores (si no la mejor) cintas ofrecidas durante esta edición de Fire!! Con una temática innegablemente dura, pues narra, hasta la agonía, los últimos días de uno de sus protagonistas. No se detiene ni mucho menos ahí, ni hace de este trance el punto central de la historia, aunque sí uno de los principales motores de su guión. La película nos cuenta el día a día de Jonathan (Jannis Niewöhner), un joven de 23 años que pasa su vida cuidando de su padre Burghardt (André Hennicke), aquejado de un cáncer terminal, y haciéndose cargo de la granja familiar. Vive con ellos su tía Martha (Barbara Auer), hermana de Burghardt, con el que no se habla desde hace años. Un día a día monótono del que Jonathan escapa diseñando en su buhardilla lámparas y diversos objetos de arte. Anka (Julia Koschitz), una cuidadora, que llegará para ayudar al joven en los últimos días de su padre, pondrá amor y alegría en su vida, además de descubrirle sus virtudes artísticas. Un día llegará Ron (Thomas Sarbacher), un amigo de Burghardt del pasado, un extraño, un intruso que abrirá la caja de Pandora donde se escondía, enquistado, el secreto de la familia que no permitía la comunicación entre padre e hijo.

Jonathan cuenta con unos interpretes innegablemente carismáticos, especialmente el joven Jannis Niewöhner, un James Dean teutón que a pesar de su juventud cuenta con mucho oficio, consiguiendo fácilmente que el espectador empatice con su personaje. Nos conmoverá en su desesperada búsqueda del amor, del reconocimiento de su padre y de la verdad de por qué y cómo murió su madre, un tema tabú en esa casa. El padre del muchacho, que interpreta un convincente André Hennicke, es un tipo brusco, aparentemente falto de sentimientos hacia su joven hijo, pero, como descubriremos,  lo que realmente hay entre ellos es una bomba de puro amor, de sacrificio del uno por el otro, en esta historia magníficamente narrada. Tanto, que convierte escenas que podrían resultar extremadamente sórdidas (ese encuentro amoroso entre Burghardt y Ron casi en puertas de la muerte) en momentos de infinita belleza, de estremecedora humanidad.

Esta magnífica cinta, con la que debuta en el largometraje el joven director polaco Piotr J. Lewandowski, también escritor y guionista, no debería permanecer ‘aislada’ en festivales pues es de largo merecedora de ser estrenada en salas y de ser vista por espectadores con un mínimo de sensibilidad cinematográfica. Una muestra de que el cine es mucho más que un entretenimiento y que todavía tiene mucho que decir. Tan dura como bella.  

Mucho más convencional fue la comedia italiana Io e lei (Maria Sole Tognazzi, 2015), retrato de la relación entre dos mujeres maduras tan diferentes como son Federica (Margherita Bui), exitosa arquitecta, y Marina (Sabrina Ferilli), ex-actriz. La tímida e introvertida Federica estuvo en el pasado casada con un hombre con el que tiene un hijo en común; mientras que Marina ha sido siempre una lesbiana orgullosa y vitalista. Tognazzi, que ya dirigió en su anterior trabajo, Viajo sola (Viaggio sola, 2013), a Margherita Bui, nos muestra la madurez de una relación lésbica, sin provocación ni transgresión, dando valor y belleza a la naturalidad y normalidad con que se cuenta una historia de amor sencilla entre dos seres humanos.

Tom de Finlandia es un correctísimo biopic sobre el influyente artista Touko Laaksonen, que fue conocido como Tom de Finlandia, todo un icono de la cultura gay y más concretamente de la estética Leather. La historia parte desde su experiencia desgarradora y heroica en la Segunda Guerra Mundial, donde descubre su homosexualidad y un submundo de lugares de encuentro clandestinos entre hombres. Pero tras la guerra tendrá que lidiar otra lucha en su propio país, pues en Finlandia la homosexualidad fue considerada delito desde 1894 hasta 1971. Así que Touko se refugia en su arte, liberador y centrado en dibujos eróticos de hombres musculosos y desinhibidos. Con el tiempo sus imágenes acabarán publicándose en Los Ángeles, a donde será invitado por unos admiradores y donde descubrirá hasta que punto ha influido en la creación de toda una estética basada en sus dibujos de modelos musculosos, cubiertos con cuero, uniformes… una parafernalia que lo llevarán al éxito comercial en los años setenta y ochenta, enturbiados después con la eclosión del sida. Dome Karukoski lleva a la gran pantalla la vida y obra de este artista contando con gran sensibilidad, un buen diseño de producción, unos competentes intérpretes y sobre todo un magnífico guión que no cae en lo folklórico ni en lo más fácil, mostrando los colores apagados y los grises del Helsinki de los cincuenta y sesenta en contraste con la California multicolor de los setenta y ochenta donde se desarrolla la segunda parte de la cinta.  Una historia de rebeldía y reivindicación magníficamente retratada que se alzó con el premio del público.

Y de un buen biopic a un excelente documental: Chavela (Catherine Gund, Daresha Kyi, USA/México/España, 2017). Un completo recorrido por la vida y obra de esta innovadora y universal cantante que rompió esquemas con su imagen y forma de cantar y que tuvo que ganarse el respeto de sus compañeros de escenario y de barra -un submundo muy masculino y misógino- siendo la más macha de todos, cantando mejor y bebiendo más. La protagonista y sus amigos y compañeras hablarán de su condición de lesbiana, un secreto a voces desde el escenario que debía mantener con discreción fuera de él; de su encuentro deslumbrante con Frida Kahlo; de sus muchas amantes y sus aventuras. Su caída en desgracia por su alcoholismo severo y su vuelta a los escenarios, primero en un México que volvería a descubrirla y más tarde ,y a lo grande gracias al apoyo de Pedro Almodóvar, en los escenarios de los teatros de España y Francia, donde vivió los últimos mejores momentos de su vida. Un magnífico documental repleto de imágenes de archivo inéditas que nos muestran a una Chavela Vargas vital, divertida, sentimental. Enorme.

Heartstone (Hjartasteinn, Guðmundur Arnar Guðmundsson, 2016), vuelve a conducirnos  por el despertar sexual en la adolescencia, el descubrimiento del amor y de la muerte, en esta ocasión con idílicos escenarios islandeses como marco, cuyos atardeceres contribuyen a elevar el tono melancólico del relato. Un pequeño pueblo en el que todos se conocen y en el que se sabe todo de todos, será el escenario en el que crecerán Christian (Blær Hinriksson) y Thor (Baldur Einarsson), con los que viviremos pequeñas tragedias y alegrías: peleas con chicos mayores, habladurías y chismes, además de los primeros juegos en los que tímidamente aparecerá el sexo. Un verano en el que con el primer beso se iniciará un despertar sexual con el que tanto Thor como Christian perderán para siempre esa inocencia que nunca volverán a recuperar.  La cinta cuenta con unos actores infantiles realmente fantásticos y con una gran sensibilidad por parte de su director, que con este, su primer largometraje (que también ha guionizado) demuestra un firme pulso narrativo y visual.

Heartstone  nos habla del rechazo al diferente que provoca la no aceptación de uno mismo y el miedo a ser señalado y menospreciado, un miedo que puede conducir incluso al deseo de estar muerto. Un verano de iniciación y crecimiento que se alzó con el premio de la crítica.

Un nuevo documental y una nueva reivindicación. En The Death and Life of Marsha P. Johnson su director, David France, nos introducirá en una investigación posterior (y en paralelo con reivindicaciones actuales) sobre la extraña muerte de la activista trans Marsha P. Johnson, Drag Queen de leyenda, veterana de Stonewall y cofundadora del movimiento para los derechos trans que fue encontrada muerta en el río Hudson hace 25 años. Un caso que fue archivado como suicidio. Entraremos en la historia de la lucha por los derechos de los homosexuales, en la cual los trans fueron relegados a un segundo plan a pesar de la labor de activistas como Sylvia Riviera o la propia Marsha, críticos, como eran, con un movimiento que se estaba convirtiendo en una fiesta para la clase media blanca y en el que se movía un dinero que no revertía en ayudas para los sectores más indefensos.

Imágenes de archivo junto a entrevistas servirán a esta investigación que (como era de esperar) no resolverá mucho, pero que dejará claro que, la muy insatisfactoria resolución en falso del caso cuando este aconteció, pudieron tener papeles relevantes la mafia en connivencia con la desganada labor de la policía. Un interesante documental (ficcionado en parte) que, aunque quizás termina yendo a la deriva y acusando un cierto desorden expositivo, resulta valioso para conocer más sobre esta lucha y sus olvidados héroes.

Finalmente, en este repaso no nos olvidamos de algunos de los cortometrajes que pudimos ver, de entre los que destacamos Una noche (En Aften, Soren Green, Dinamarca, 2016), un sensible retrato de la homosexualidad no asumida o pospuesta. Nueve minutos muy bien aprovechados repletos de languidez y sutileza. El retrato de los problemas para salir del armario en ciertos ámbitos y comunidades, una temática que protagoniza el cortometraje australiano Clan (2014) de Larissa Behrendt, que de forma imaginativa (y presentado por el propio protagonista de la historia) nos narrará como James Saunders, un joven aborigen australiano, se unió al equipo de Rugby de los Convicts, compuesto exclusivamente por gays, con los que ganó tres Copas Bingham convirtiéndose, de paso, en un modelo para los jóvenes aborígenes gays de su país. My Gay Sister (Lia Hietala, Suecia, 2017) retrata escenas de normalidad entre parejas homosexuales, en esta ocasión desde el punto de vista de una niña, la hermana pequeña de una de las chicas que componen la pareja. no faltó la animación con el breve Et ta prostate, ça va? (Jeanne Paturlem y Cécile Rousset, 2016), o de temática trans como el español Siempre fui Álex (2016) de Sancho Ortiz de Lejarazu y Roberto Ruiz Céspedes, que nos habla del descubrimiento de la identidad sexual en la infancia de forma muy interesante. Y, finalmente, el español Grávido (Alejandro Durán, 2016) que tiene buenas ideas, pero empañadas por la posible bisoñez  de su director y por la posible urgencia de Durán, porteño afincado en Barcelona,  de mostrar una realidad vivida durante un rodaje en Alemania.

CONCLUSIONES FINALES Y PALMARÉS

PALMARÉS 22 EDICIÓN DEL FIRE!!

Premios del público:

Mejor largometraje: Tom of Finland (Dome Karukoski)

Mejor documental: Chavela (Catherine Gund y Daresha Kyi)

Premios del equipo del Festival:

Mejor largometraje: Heartstone (Guðmundur Arnar Guðmundsson)

Mejor documental: La sociologue et l’ourson (Mathias Théry y Étienne Chaillou)

Mejor cortometraje: My Gay Sister (Lia Hietala)

Descontando algunos pequeños problemas en la organización de los tiempos, lo que retrasó 45minutos el comienzo de una de las sesiones, el buen ambiente ha primado durante toda esta edición del Fire!!, que ha contado, además, con mayor afluencia de público y de más crítica generalista.

La selección de títulos se nos antoja más interesante y ajustada que la del pasado año, combinando películas independientes junto a títulos mainstream, algunos de los cuales se estrenarán en nuestras pantallas durante las próximas semanas.

El tiempo no dio para mucho más que cine y más cine, así que algunos coloquios y presentaciones debieron suprimirse o acortarse. Inconvenientes o ventajas de un festival que tiene muchas propuestas que ofrecer y que, como otros, diversificará, posiblemente, en el futuro su oferta de actividades paralelas ampliándola (además de a  fiestas y muestras fotográficas, como la que se ofreció en el mismo Institut Francés de Frédéric Noy, que ya comprende) a charlas con los directores de algunas de las cintas o presentaciones de publicaciones y libros que pueden estar relacionados con la temática del festival.

Keep the Fire Burning!

 

 

 

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