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FIRE!!: mucho cine y diversidad en la 21 edición de este festival

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FIRE!! 2016: Liberté, égalité, diversité

Bajo este lema de innegable raigambre revolucionaria se celebró en Barcelona la edición numero 21 de este festival que del 30 de junio al 10 de julio ofreció cintas interesantes en varios espacios, siendo su principal pantalla la del Institut Francés de Barcelona, que proyectó la mayoría de los  15 largometrajes de ficción, 7 documentales y 30 cortometrajes en riguroso estreno en España, que componían la muestra. Se ofrecieron películas e historias de todo pelaje y calidad, pero siempre con los lemas del festival como bandera.

FIRE2016-imagen-graficaFIRE!! 2016: PELÍCULAS DESTACADAS

Aunque nos fue imposible por coincidencia con otro festival asistir a todos los pases que se ofrecieron y visionar todos los títulos, pudimos ver un buen número de ellos, resultando un balance muy positivo en cuanto a selección, calidad de los mismos y presencia de un participativo público, más numeroso, curiosamente, durante las sesiones que pudimos ver los días laborables. Participaron películas de Chile, Lituania, Japón, Suecia, Kenia, México, Estados Unidos, Austria, Filipinas y España, que ofrecieron un amplio espectro de temáticas y formas de ver el cine. Demos pues un itinerario por los títulos que pudimos ver, deteniéndonos en los que llamaron más nuestra atención.

La producción francesa Un amor de verano (La Belle Saison, 2015) de Catherine Corsini, inauguró con todos los honores este festival con la presencia de su directora. Como las producciones de temática lésbica tienen menos presencia, ya no solo en el Fire!!, sino en la cinematografía mundial en general, es remarcable Un amor de verano por su innegable calidad y por tratarse de uno de los pocos títulos exhibidos durante Fire!! que tiene carrera comercial en nuestras salas.

Un amor de verano es una película con mujeres, en torno al movimiento feminista, con una historia de amor entre dos mujeres. Estamos en los años 70, el movimiento feminista está en alza, los nuevos aires traídos por el mayo francés han hecho salir a la calle las reivindicaciones por los derechos humanos, es el momento de la revolución sexual y la liberación de la mujer, pero hay mucho camino por recorrer, la normalización de los anticonceptivos es todavía algo por conquistar, igual que la despenalización del aborto o la igualdad salarial. Catherine Corsini, la directora, ha querido traernos un retrato solar, fresco, de esas mujeres luchadoras poniéndolas en su contexto, pero a la vez atemporalizándolas pues el camino todavía no ha sido recorrido plenamente. Una escena es decisiva para captar el tono que la autora ha querido darle a su relato, la reunión de mujeres en el anfiteatro de La Sorbona: “Me apetecía mucho rodar esa escena, reunir a todas las mujeres, verlas hablar, discutir. Claro que gritaban, porque para una mujer que nunca ha hablado no es fácil tomar la palabra y hacerse oír. Más aún, rehusaban que alguien dirigiera los debates y pusiera orden. Pero la energía que desprende el grupo es bella, alegre e iconoclasta. También debemos recordar que su actitud militante era muy arriesgada. A menudo acababan en comisaría“. Vivacidad juvenil  y mucho desenfado para hablar de una lucha que todavía reviste gravedad, es la forma que emplea la directora para hacernos tomar conciencia de un movimiento que sigue siendo el nuestro.

Al retrato social se le teje el relato íntimo. Se trataba de mostrar las contradicciones: cómo era posible comprometerse políticamente, hacer prueba de valor hacia los demás y tener dificultades en defender “su propia causa” en la vida privada. Ahí es donde entra en juego la historia de amor entre Delphine, hija de campesinos, que va a París para huir del yugo familiar y conseguir emanciparse económicamente, y Carole, la mujer parisina del momento, que vive con un activista de izquierdas y defiende activamente los principios del feminismo.

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La suya será una historia de descubrimiento, cada una le abre a la otra nuevas perspectivas de sí mismas, descubren sus sentimientos, su sexualidad y sus propios cuerpos. “Jugar con la desnudez casi formaba parte de la lógica y de la escritura de esos años. De pronto, era normal mostrar la desnudez, el vello en las axilas (…) En cierto modo, Cécile me llevó hacia la idea con su encarnación de Carole. Me encantaba su look con la melena rubia loca. Luego decidimos que no usaría sujetador, y empezó a dibujarse el personaje de una parisina liberada que se siente cómoda con su cuerpo, que se pasea desnuda por el piso. Cécile me dio una libertad que me parece muy bella y que encajaba a la perfección con el personaje de Carole, una chica valiente, sin tabúes (…)  al contrario de Delphine, que no se siente cómoda con su cuerpo, quizá porque aún no asume su homosexualidad”. Polos opuestos destinados a encontrarse y complementarse, a abrirse un mundo y a marcarse sus trayectorias para siempre.

Un amor de verano es la primera película de Catherine Corsini en la que trata abiertamente la homosexualidad, un tema necesario porque, aunque la gente se esconde mucho menos, sigue siendo doloroso para algunos vivir y pregonar su homosexualidad. La cinta de Corsini, en su frescura, nos hace tomar conciencia de lo que supone vivir una sexualidad fuera de los roles tradicionales, las dificultades con las que todavía se tiene que luchar (a veces la propia censura de los implicados, como en el caso de Delphine). Sin corsés ni clichés, totalmente cercana y verosímil, la historia de estas dos mujeres tiene mucho de nuevo comienzo, así la veía su autora y así nos lo transmite.

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Una película que habla de mujeres que no están contra los hombres (los papeles masculinos no son en absoluto planos) sino que están por ellas, que están buscando su protagonismo y reivindicando su propia voz. Dos actrices en estado de gracia nos conducen por la complejidad de sus personajes, de la época que les tocó vivir, de lo difícil que era (y aún es) vivir su amor en ciertos círculos (magistral ahí haber localizado parte de la historia en un medio rural) y nos transmiten su energía, sus ganas de luchar y sobre todo de vivir según sus propios valores. Absolutamente vigente y necesaria.

That’s not Us (USA, 2015) de William C. Sullivan muestra la relación de tres parejas de amigos (una heterosexual, otra gay y otra lésbica) durante un fin de semana. Una exploración de los sentimientos íntimos de cada una de ellas rodado con una cámara inquieta, nerviosa, que nos muestra cercanos y naturales a los jóvenes protagonistas, sin artificios. De un modo cercano al documental la cinta nos mostrará momentos divertidos y las dudas, tensiones e inseguridades por las cuales atraviesan las tres parejas.  Firmada en tan solo ocho días y con mucho de improvisación MV5BMTkxNzY3ZjgtNzUyNi00MGI5LWEyYTQtNjIzNjA3YWNjMzM4XkEyXkFqcGdeQXVyMjIzODgzMjQ@._V1_SY1000_SX700_AL_que añade frescura a la propuesta. Algo más experimental en su forma de narrar, Like you Mean It (USA, 2015), dirigida por su también guionista y protagonista Philipp Karner, retrata la crisis de madurez de su protagonista y la desintegración de su relación de pareja. Una película un tanto irregular que no acaba de comunicarnos las emociones que pretende. Mucho más interesante fue la argentina Mariposa, todo un what if? que nos desarrolla en paralelo los dos posibles destinos de una misma historia, exponiendo como simples decisiones azarosas puede llevar a muy distintas resoluciones. Con sutiles gotas de humor, veremos que muchas circunstancias son inmutables como si en nuestro existir además del azar actuase la predestinación. Así, el deseo y el amor entre los protagonistas será el mismo, aunque en una de las realidades se hayan criado juntos como hermanos. El simple aleteo de una mariposa puede conducir a la tragedia o al final feliz.  Un filme muy bien narrado por el experimentado Marco Berger  que se hizo con el premio Sebastiane Latino en el festival de San Sebastián y en la que destaca la gran interpretación de la pareja protagonista, Ailín Salas y Javier de Pietro, quienes construyen su doble destino con solvencia y convicción.

Those People (USA, 2015), película escrita y dirigida por Joey Kuhn y con la que debuta en el largo  no es más que un melodrama carente de interés, de esos que pueden protagonizar la sobremesa de un comatoso domingo, sin llegar siquiera a la dignidad de muchos productos televisivos menores. Con una relación adictiva y el Upper East Side de Manhattan como telón de fondo, la acción se desarrolla en un ambiente de pintorescos petimetres por los que es difícil sentir simpatía.

MV5BNjU1ODYyMjU1MF5BMl5BanBnXkFtZTgwMDU0NzA3MzE@._V1_El documentalista Randall Wright, que ya se había adentrado en el universo de David Hockney en 2002, ofrece con su documental Hockney (UK, 2014), un tratamiento en profundidad de la vida y obra del pintor inglés. Ha contado con el beneplácito del artista, que ha dejado al director entrar en su archivo de fotografías y filmaciones, que sin duda enriquecen este exhaustivo análisis de su obra y su biografía. Los archivos del pintor se suman al profuso material de archivo proveniente de entrevistas televisivas y realizadas por Wright a amigos, familia y colaboradores. El documental  se aleja  de ser la mera sucesión de bustos parlantes en la que otros, por falta de derechos o material, terminan cayendo. Dinámico, bien montado, nada aburrido, interesa incluso a los que no conozcan la obra y figura del protagonista, quien además de dejarse entrevistar, demuestra que todavía hoy, a sus 77 años, sigue pintando y, sobre todo, investigando y experimentando con las nuevas tecnologías. Viviendo el color intensamente, podría ser el lema resumen de la vida y obra de Hockney, y el documental sabe transmitírnoslo muy bien.

Enmarcada dentro del cine fantástico está la muy interesante producción sueca Girls Lost (Pojkarna, Alexandra-Therese Keining), que si bien no llega a ser una creación redonda   (pierde en su segunda parte el pulso del relato, hasta entonces impecable) resulta saludable por su ingenioso argumento. Girls Lost es una fantasía lisérgica sobre la vivencia de la diferencia durante la siempre difícil adolescencia. Posiblemente (y sería de desear por su interés) podrá verse en nuestras pantallas de la mano de Surtsey Films. Con un punto de partida casi de película de terror, cuenta la historia de tres adolescentes lesbianas, Kim (Tuva Jagell), Bella (Wilma Holmén) y Momo (Louise Nyvall), que sufren bullying en su escuela y que, por medio de la sabia de una extraña planta, cambian, cual  Jekyll y Hyde, de sexo. Una historia con bastante de fábula en la que no todas las muchachas saludarán el cambio de rol de igual forma. De la diversión y la liberación que ello representa,  pasarán a tomar partido incluso por el mal (como el propio Hyde) convirtiéndose en toda una adicción que incrementará la confusión, en especial, de Kim.

Por su osadía y singularidad, terminamos este repaso con la ya estrenada en circuito comercial Theo & Hugo, París 5:59  (Théo et Hugo dans le même bateau, Francia, 2016).

París, la ciudad con más epítetos del mundo, puede no enamorarnos a primera vista, pero a poco que deambulemos por sus calles y nos dejemos llevar por su especial atmósfera, acabará calándonos como lluvia fina para quedarse impregnada en nuestra piel. París nunca se acaba y siempre termina haciendo suyos a los que la viven. Olivier Ducastel y Jacques Martineau en Theo & Hugo, París 5:59  (Théo et Hugo dans le même bateau, Francia, 2016), nos retrata como si fuera un personaje más ese París que, aunque sea el que no sale en las guías turísticas, lo envuelve todo como un regazo, una ciudad anónima que cobija la independencia de sus habitantes. Todo es posible en París.

Sobre esas calles filmadas con angular para darles aún más grandiosidad, se despliega el viaje de Theo y Hugo. Un viaje que va desde el final de la noche celiniano al amanecer, desde las tinieblas de un cuarto oscuro a la luminosidad de un nuevo día. Rodado en tiempo real, su trayecto es un camino de peregrinación y descubrimiento. Ducastel y Martineau nos muestran las criaturas de la noche de la mano de los dos jóvenes mediante leves pinceladas de retrato social, por sus fotogramas transitan el personal de urgencias nocturnas, el turno menos codiciado al que son relegadas fundamentalmente las mujeres, inmigrantes que cumplen horarios inhumanos como peaje para su endeble integración, trabajadores que no pueden retirarse por la parquedad de su cotización… Y en medio de todo ello Theo y Hugo van theo_et_hugo_dans_le_meme_bateau-267551339-largedescubriendo sus sentimientos, van trenzando sus destinos a partir de un fogonazo de pasión e imprudencia. Estamos ante una historia de amor revertida, tiene su inicio en el descubrimiento del cuerpo y concluye cuando se conocen las mentes, una historia atípica que va desde la práctica del sexo a la comunión de las almas.

Con cierto aire de Higiene Film, esta película ganadora del Premio del Público Teddy Award en la pasada Berlinale recuerda a aquellas cintas exploitation americanas que, aprovechando el mensaje (ya fuera para prevenir enfermedades de transmisión sexual, como embarazos no deseados o evitar caer bajo la influencia de las drogas), se permitían mostrar lo que estaba ‘prohibido’ en las pantallas aprovechando, de paso, para mostrar imágenes nada habituales en las pantallas comerciales. La sombra del sida es alargada y los directores orquestan un relato casi didáctico que parte del temor de haber contagiado y haberse contagiado para exponer los protocolos a seguir después de una práctica de riesgo. Pero no es este rasgo el que la identifica y la hace especial, lo que la particulariza es el pulso que los cineastas tienden al público en su acto inicial.

El arranque del filme es de impacto (curiosamente el antro donde se conocen los protagonistas recibe ese nombre, Impacto). La cinta se abre con una secuencia inicial de veinte minutos en la que se nos muestra de forma bastante explícita qué ocurre en el cuarto oscuro de un local de contactos. Una auténtica marea de cuerpos desnudos entregados a la práctica sexual orgiástica y desenfrenada entre hombres, que puede atacar al pudor de los más pacatos e incluso de más de un liberal bienpensante. Una secuencia sin diálogos, además, que nos obliga a mirar lo que quizás no quisiéramos ver. No hay romanticismo en ese entorno, sólo procacidad que se agota en sí misma, y ahí es donde se pone en marcha el barómetro para detectar el grado de tolerancia real de la audiencia.

Ducastel sabe dónde poner la cámara para no perder detalle de ese punto de partida sin mostrar más que lo justo. Episodio sin texto, el cineasta hace hablar a la cámara y la iluminación para hacer creíble lo que parece imposible.  Bastan unos pocos planos para construir a esos dos personajes condenados a encontrarse, el tímido neófito que está viviendo su primera experiencia y el asiduo desinhibido con su frescura casi insultante. Polos opuestos llamados a abigarrarse por la ley de la atracción entre contrarios. Y el director obrará la magia de la luz para capturar brillantemente el punto exacto del flechazo: un foco de luz cegadoramente blanca les aísla del rojo tenebroso del cuarto oscuro, rodeados por todos están perfectamente solos el uno con el otro. El suyo será un amor inoculado a primer contacto carnal, esa es la propuesta trasgresora que rompe voluntariamente con toda lógica. El amor es una fuerza que no entiende de verosimilitudes ni las necesita para existir y ser contado.

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Theo&Hugo, París 5:59 es todo un ejercicio de provocación desarrollado desde la insolencia y la desvergüenza, que es tanto como decir que supone un soplo de frescura y originalidad en el trillado camino de las películas románticas. Una provocación, un saltarse los límites desde la festividad, que tanta falta le hace a nuestro cine occidental, cada vez más timorato y encorsetado por la corrección política. Ducastel, desde la ligereza, se aproxima a cineastas como Fassbinder, Pasolini, Waters, o nuestro Eloy de la Iglesia, todos ellos homosexuales, todos ellos rompedores con la moral dominante. Se diría que la discriminación, la represión (sí, todavía), da alas a la rebeldía y concita la voluntad de abrir nuevos caminos a la libertad de expresión. La salud del arte sale fortalecida por el trabajo de estos francotiradores que, cada uno en su estilo, han sumado su obra a la lucha por hacer visible una forma de entender la sexualidad que todavía demasiados quisieran ver censurada.

No sólo de largomentrajes vive el cine. En Fire!! también hubo una buena muestra de cortometrajes que se presentaron como complemento a los largos. Danza en Feeling a Little Blue (D. Cuní y R. Rodríguez, España, 2016) y Wind (Adam Kalderón, Israel, 2015). O pequeñas viñetas cotidianas, entre las que destacó Partners (Joey Ally, USA, 2015), siete minutos  sobre la relación entre dos chicas repletos de humor y cotidianidad que fue financiado por crowdfunding y escrito e interpretado por sus protagonistas, Jen Tullock y Anna Pearl Hutt protagonistas, por cierto, de la serie Disengaged (2015-16) en la que también encarnan a una pareja lesbiana.

PALMARÉS Y CONCLUSIÓN

Los premios honoríficos de la dirección del festival FIRE!! 2016 han ido a las siguiente películas:

– Mejor largometraje: La Belle Saison

– Mejor documental: Suited

– Mención Especial: Flores de Mazapán

Los premios del público FIRE!! 2016 han sido:

– Mejor largometraje: Stories of Our Lives, de Jim Cuchu

– Mejor documental: Hockney, de Randall Wright

Inmejorable ambiente y una importante participación de público, hizo del Fire!! un más que correcto festival.  Una interesante selección de títulos que, además de las proyectadas en el Instituto Francés (su sede principal) además de en el Zumzeig Cinema y, las propuestas venidas de Asia,  en los Cines Girona (en colaboración del Fire!! con Casa Asia)se completaron con proyecciones en salas de Terrassa, La Garriga y Sabadell .

No faltaron actividades paralelas como exposiciones (una fotográfica en el mismo Institut Francés), mesas redondas, espectáculos y  fiestas. Todo lo que hace del Fire!! un festival asentado (que no apalancado). Un certamen que merecería más presencia de  medios generalistas, ya que de lo que se trata es de cine, sobre todo de cine.

 

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