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El cine en zapatillas: Trópico de cáncer (Al tropico del cancro, Giampaolo Lomi, Edoardo Mulargia, 1972)

Con semejante calor nada se antoja más apetecible que servirse una bebida helada y plantarse (aire acondicionado/ventilador mediante) ante la pantalla para ver cualquiera de los dos veraniegos lanzamientos que Regia Films ha editado dentro de su prolífica e imprescindible ‘Colección Cinema Giallo’: Trópico de cáncer (Al tropico del cancro, Giampaolo Lomi y Edoardo Mulargia, 1972) y Pesadilla en la playa (La spiaggia del terrore, Umberto Lenzi, 1988) cuyo comentario pueden leer aquí. Dos cintas bien diferentes pero con puntos en común: despiporre, caradura, diversión y muchos ingredientes más que harán las delicias del cinéfago más exigente. Vamos con la primera:

TRÓPICO DE CÁNCER (Al tropico del cancroGiampaolo Lomi y Edoardo Mulargia -como Edward G. Muller-, 1972) Editada en DVD por Regia Films (Colección Cinema Giallo)

Italia. Duración: 90 min. Guion: Giampaolo Lomi, Edoardo Mulargia, Anthony Steffen Música: Piero Umiliani Fotografía: Marcello Masciocchi Productora: 14 Luglio Cinematografica / Plata Cinematografica Género: Thriller

Formato Pantalla: 2,35:1 (16/9) Anamorphic Widescreen Audio: Castellano, Italiano – Subtítulos en Castellano

Reparto: Anthony Steffen, Anita Strindberg, Gabriele Tinti, Umberto Raho, Stelio Candelli,Kathryn Witt, Alfio Nicolosi

Sinopsis: Fred (Gabriele Tinti) y Grace (Anita Strindberg) son un matrimonio occidental que llega a Haití para unas supuestas vacaciones, pero en realidad el motivo del viaje es adquirir la fórmula de una nueva droga de estimulación sexual creada por el Doctor Williams (Anthony Steffen), antiguo amigo de Fred que reside en Puerto Príncipe desde hace años. Grace desconoce por completo el motivo real del viaje, y Fred no dejará de provocar situaciones sospechosas en su búsqueda oculta del potente afrodisíaco, provocando la atracción de Grace por un habitante local. Lo que Fred desconoce es que hay muchos más interesados en adquirir la fórmula de su antiguo amigo, y no dudarán en pasar por encima de quien haga falta para lograr su objetivo dejando un rastro de macabras muertes a lo largo de la paradisíaca isla…

Para alcanzar a entender la trama, recogida en la anterior sinopsis, hace falta que haya transcurrido gran parte de la película ya que, quien sabe si por guión, montaje o dirección, Trópico de cáncer resulta un embrollo ininteligible, un puñado de escenas que parecen no tener conexión unas con otras colocadas a lo loco pero que en conjunto hacen del visionado de esta película una experiencia fascinante. Y también divertida. Para intentar desentrañar este embrollo comencemos por los directores:

Giampaolo Lomi tan solo dirigió una película en solitario en 1975 (I baroni), pero formó parte del equipo de dos impactantes documentales como son Hombres salvajes, bestias salvajes (Ultime grida dalla savana, Climati y Morra) y sobre todo Adiós tío Tom (Addio  zio Tom, 1971), el infame documental de los tunantes Jacopetti y Prosperi en el que ejerció de ayudante de dirección y que posiblemente le habilitó para rodar las bellas escenas captadas en Haití. No en vano se especifica al finalizar la cinta que, ‘las secuencias documentales son estrictamente auténticas en cada detalle‘.

Por su parte Edoardo Mulargia tiene un currículum mucho más extenso, sobre todo dentro del cine de género. Ya en su segundo trabajo, ¿Por qué seguir matando? (Perché uccidi ancora, 1965), un spaguetti western dirigido a medias con José Antonio de la Loma (¡!) decide firmar con el seudónimo Edward G. Muller, que también utilizará en Trópico de cáncer. Es en aquella película, rodada en régimen de coproducción con interiores filmados en Esplugas de Llobregat (Barcelona) y exteriores en Fraga (Huesca), donde coincide por primera vez con Anthony Steffen, protagonista de Trópico de cáncer y responsable, junto a los dos directores, de perpetrar el guión. Con Steffen el director rodará otros spaguetti western y las dos últimas películas de su carrera en 1980, El infierno de las mujeres (Femmine infernali)  y Orinoco, paraíso del sexo (Orinoco: Prigioniere del sesso), ambas también coproducidas con España con prácticamente el mismo equipo y protagonizadas, además de por Steffen, por esa cuasi leyenda del cine de (trans)género que fue Ajita Wilson.

Ambientada en Haití, donde presumimos que los tres bribones pasaron unas felices vacaciones, Trópico de cáncer podría haber estado firmada por ese otro trotamundos que fue Joe D’Amato, por la fotografía, por estar rodada en un lugar exótico e incluso por figurar en su reparto un actor que será habitual en sus películas, Gabriele Tinti, algunas de las cuales protagonizó la que sería esposa del actor, Laura (Emanuelle negra) Gemser.

El interés femenino del reparto viene de la mano de Anita Strindberg, actriz sueca afincada en Italia cuyo nombre artístico anterior, Anita Edberg, resultó demasiado obvio incluso para el cine italiano, en el cual desembarcó formando parte del reparto de varios filmes remarcables, entre ellos La cola del escorpión (La coda dello scorpione, Sergio Martino, 1971), Una lagartija con piel de mujer (Una lucertola con la pelle di dona, Lucio Fulci, 1971) ¿Quién la ha visto morir? (Chi l’ha vista morire?, Aldo Lado, 1972) y  Atormentada (L’uomo senza memoria, Duccio Tessari, 1974), todas ellas editadas por Regia dentro de esta misma colección. 

Con estos mimbres y el permiso de las autoridades de Haití para rodar donde les plazca disponiendo de todos los extras sin remunerar que deseen, se consigue que Trópico de cáncer tenga una factura impecable. Suntuosos palacios, multitudinarias ceremonias vudú con sacrificio de animales… todo bellamente rodado con una magnífica fotografía que la calidad de la copia que nos ofrece Regia no hace más que resaltar. Y si a todo esto añadimos unas gotas de sexo y las enguantadas manos de un misterioso asesino que nos dejará asistir a sus obras por medio de la cámara subjetiva, nos da como resultado este giallo un tanto atípico en el cual escena tras escena, pasamos del desconcierto a la perplejidad. Con personajes que la noche antes estaban plácidamente compartiendo mesa y mantel, y en el siguiente plano protagonizan una persecución por las calles de Haití; cadáveres que aparecen sin sangre, algo cuyo motivo todavía está por explicar; escenas sin conexión aparente en una disparatada trama que parece no saber a donde quiere llevarnos o cómo; y de propina la extraña fascinación que un joven nativo despierta en la protagonista y cuya razón, de peso, se desvelará durante el extraño y alucinógeno sueño que tendrá al ser drogada por no sabemos quien. La película culminará con un final extremo y desaforado que convertirá su visionado en una experiencia inolvidable.

Como siempre, recomendamos ver las películas en versión original y aquí más encarecidamente aún si cabe, ya que en el doblaje se ha añadido una música que pervierte la magnífica banda sonora del prolífico Piero Umiliani.

 

 

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