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VAMOS DE ESTRENO (o no) * Viernes 6 de enero de 2017 *
SILENCIO (Silence, Martin Scorsese, 2016)
México/Taiwan/USA. Duración: 159 min. Guión: Jay Cocks, Martin Scorsese (Novela: Shusaku Endo) Música: Kim Allen Kluge, Kathryn Kluge. Fotografía: Rodrigo Prieto Productora: Cappa Defina Productions / Cecchi Gori Pictures / Fábrica de Cine / SharpSword Films / Sikelia Productions / Verdi Productions / Waypoint Entertainment Género: Drama
Reparto: Andrew Garfield, Adam Driver, Liam Neeson, Ciarán Hinds, Tadanobu Asano,Shin’ya Tsukamoto, Ryô Kase, Sabu (AKA Hiroyuki Tanaka), Nana Komatsu,Yôsuke Kubozuka, Yoshi Oida, Issei Ogata, Ten Miyazawa
Sinopsis: Segunda mitad del siglo XVII. Dos jesuitas portugueses viajan a Japón en busca de un misionero que, tras ser perseguido y torturado, ha renunciado a su fe. Ellos mismos vivirán el suplicio y la violencia con que los japoneses reciben a los cristianos.
(Leer reseña completa aquí)
DE-MENTES CRIMINALES (Masterminds, Jared Hess, 2016)
USA. Duración: 94 min. Guión: Chris Bowman, Hubbel Palmer, Emily Spivey Música: Geoff Zanelli Fotografía: Erik Wilson Productora: Relativity Media / Broadway Video / Michaels-Goldwyn Género: Comedia
Reparto: Zach Galifianakis, OwenWilson, Kristen Wiig, Jason Sudeikis, Devin Ratray, Ken Marino, Mary Elizabeth Ellis, Jon Daly, Kate McKinnon, Rhoda Griffis, Kevin J. O’Connor, Leslie Jones, Daniel Zacapa, Jill Jane Clements
Sinopsis: La cinta se centra en David (Zach Galifianakis), un hombre atrapado en una monótona vida que conduce un vehículo blindado transportando millones de dólares. Sólo tiene un atisbo de emoción: trabajar con su coqueta compañera Kelly Campbell (Kristen Wiig), quien pronto trastocará todos sus planes. Junto a un grupo de delincuentes de medio pelo liderados por Steve Chambers (OwenWilson), planearán el robo de 17 millones de dólares. Con un equipo de inexpertos, los rastros que irán dejando serán más que evidentes por lo que sólo habrá una cosa más difícil que organizar el robo: escapar con el botín.
A pesar de los prejuicios que pueda despertar, De-mentes criminales es una comedia digna que consigue entretener y divertir con algunos buenos gags y sin caer demasiado en la zafiedad. Bien interpretada, sus protagonistas consiguen que empaticemos con sus personajes. Desde el inocente David que interpreta Zach Galifianakis al que recordarán como el elemento más descontrolado de la serie Resacón en las Vegas; hasta Owen Wilson encarnando un papel que iba a interpretar Jim Carrey, con lo cual salimos ganando; o las actrices Kristen Wiig, Kate McKinnon y Leslie Jones, tres de las cuatro cazafantasmas de nuevo cuño. Aunque parezca mentira y puedan pensar que es otro de los gags de la película, esta está basada en un hecho real, el robo de 17 millones acaecido en 1997 en Charlotte, North Carolina.
DESIERTO (Jonás Cuarón, 2015)
México/Francia. Duración: 94 Guión: Jonás Cuarón, Mateo García Música: Woodkid Fotografía: Damian Garcia Productora: Esperanto Kino / Itaca Films / CG Cinéma Género: Thriller
Reparto: Gael García Bernal, Jeffrey Dean Morgan, Alondra Hidalgo, Diego Cataño, Marco Pérez
Sinopsis: Moisés (Gael García Bernal), junto con otros indocumentados, está cruzando a pie un estrecho camino de la frontera entre México y Estados Unidos, buscando tener nuevas oportunidades del otro lado y reencontrarse con sus seres queridos. Este grupo es descubierto por Sam (Jeffrey Dean Morgan) un «vigilante» demente que junto a su perro entrenado disfruta eliminando a los inmigrantes. Ante la inclemencia del desierto, Moisés y Sam se enrolan en una persecución en la que sólo el más fuerte sobrevivirá.
Las aficiones de Sam, personaje que interpreta Jeffrey Dean Morgan en este emocionante thriller fronterizo, nos retrotraen hasta el mismísimo Conde Zaroff, que ya en 1932 mostraba orgulloso entre su colección de trofeos la cabeza de varios humanos: su presa favorita. Eso sucedía en El malvado Zaroff (The Most Dangerous Game, Irving Pitchel y Ernst B. Schoedsack) y si bien Zaroff, interpretado magníficamente por el ingles Leslie Banks, lo hacía como deporte, no es este el caso de Sam, que lo hace para proteger a su país de una supuesta invasión de espaldas mojadas. Como vemos algo bastante en consonancia con la política de inmigración de la nueva administración Trump. Entre ellos estos mexicanos ilegales, está el solicitado Gael García Bernal, al que últimamente hemos visto en varias cintas, entre ellas Salt & Fire de Herzog y Neruda de Pablo Larraín y que actualmente se encuentra rodando Z, una nueva versión de las aventuras de El Zorro, también con Jonás Cuarón como director.
Rescatada de entre la programación del último Festival de Sitges, esta correcta cinta logra transmitir el calor, el ahogo y la soledad de tan amplia extensión de terreno, donde es fácil ser presa del cazador. Y aunque pierde fuelle hacia el final, cuenta con la ventaja de tener la duración justa para no caer en el tedio.
Silencio, viaje al fin de la fe
“Los chinos han sido educados en el odio y
tienen la bomba atómica” dice el personaje de Max von Sydow en Los comulgantes de Bergman, poco antes de suicidarse. Los comulgantes una de las piezas más profundas (si no la más) del director sueco, aquella que más nos lleva a experimentar la tragedia del silencio de Dios y el valor de la duda y de la fe. Silencio de Scorsese no es una película apta para quienes no hayan sentido nunca una inquietud religiosa aunque sea mínima (sea para afirmarla o para negarla o, sobre todo, para albergar duda). Haberla sentido tampoco es garantía de que vayamos a interiorizar y hacer nuestro el relato, pero lo entenderemos en Scorsese, sabremos la relevancia que para él tiene lo narrado, de hecho tanta, que el celo con el que nos cuenta el calvario de los cristianos en el Japón del Siglo XVII no deja respirar su tragedia. No es una película fácil, más bien nos pone a prueba, como el Dios que veneran pone a prueba la fe de sus creyentes, desde su dilatada duración (más de dos hora y media), hasta esa mencionada falta de aire, pasando por la densidad de su concepto narrado sin tregua. Las torturas de la pantalla se hacen extensivas al espectador casi físicamente y en nuestro interior rogamos que nos deje al menos un espacio, aunque sea breve, para la catarsis.
Dedicada a los cristianos japoneses, Silencio lleva a la pantalla la novela homónima de Shūsaku Endō inspirada en la persecución de dos jesuitas portugueses en la época de los Kakure Kirishitan («cristianos ocultos»). Jesuitas, misioneros, persecución de los cristianos, hasta ahí la lectura de la sinopsis nos trae a la mente La misión, pero nada tiene que ver esta con la épica mainstream de Roland Joffé, que nadie vaya a verla esperando ese espectáculo. Si hay que buscarle filiaciones, su espíritu tiene mucho del David Lean de El puente sobre el río Kwai, ese tratar de vencer al enemigo minando su sistema de valores. Y tiene más todavía de El corazón de las tinieblas de Conrad (convertida en película metafísica por Coppola), ese viaje hasta el límite para encontrar el sentido del sinsentido, la búsqueda del Coronel Kurtz que aquí toma la forma de Padre Ferreira (poderosamente interpretado por Liam Neeson), el misionero legendario representante de los valores del cristianismo y del que se sospecha que ha apostatado su fe. Más allá de las comparaciones con y las reminiscencias de otros, Silencio debe ser enmarcada dentro de la propia producción de Scorsese, una producción en la que el elemento religioso no es un motivo menor. Y ello más allá de esa supuesta trilogía que cierra la película que nos ocupa junto a La última tentación de Cristo y Kundun, porque ¿qué es si no un thriller teológico El cabo del miedo? ¿De qué salvación se nos habla si no es de la cristiana en Al límite? Y podríamos seguir enumerando hasta no dejarnos apenas ninguna de sus películas alejada totalmente de este prisma. La diferencia que marca Silencio es que aquí estamos ya ante una obra de vejez y, como tal, su magisterio en la puesta en escena luce con esplendor (su poderío visual merecería un estudio propio y a fondo) y su reflexión está dotada de esa solidez compacta a la que llegan sólo aquellos que se han mantenido fieles a sí mismos pero sin escatimarse las aporías a las que su sistema de pensamiento les ha llevado.
Sí, en Silencio nos encontramos con un Scorsese que ha problematizado sus creencias y ha destilado de ellas la esencia. Se diría que él mismo (y no sólo sus personajes) ha descendido iniciáticamente al pozo de la soledad más punzante para un creyente: la de sentirse abocado a la Ausencia Suprema. Así, en mayúsculas, porque sería la de ese Dios que no sólo es omnipotente, sino que es puro amor. Privados de Él, ningún martirio tiene sentido, porque supondría revivir su pasión sin sentir que nos espera recompensa (y son numerosos los momentos en que la peripecia del protagonista escenifica a escala los últimos días de Cristo, especialmente sangrante es la réplica de la oración en el Huerto de Getsemaní). Y ahí, en el momento de mayor duda, es donde se acomete la mayor imitación, para liberar a su Iglesia no queda otra salida que renegar tres veces antes de que cante el gallo. Silencio es un viaje hasta el final de la fe, un viaje del que sólo Dios (acaso) sabe si llega a puerto alguno.
Silencio, para ser vista en programa doble con Los comulgantes y después suicidarse o rezar, si es que son alternativos.
VAMOS DE ESTRENO (o no) * Viernes 30 de diciembre de 2016 *
VUELTA A CASA DE MI MADRE (Retour chez ma mère, Eric Lavaine, 2016)
Francia Duración: 97 min. Guión: Héctor Cabello Reyes, Eric Lavaine Fotografía: François Hernandez Productora: Pathé / Same Player / Scope Pictures / TF1 Films Production Género: Comedia
Reparto: Josiane Balasko, Alexandra Lamy, Mathilde Seigner, Alexandra Campanacci,Jérôme Commandeur, Nathan Dellemme, Pascal Demolon, Philippe Lefebvre,Cécile Rebboah
Sinopsis: A sus 40 años, Stephanie se ve obligada a regresar a casa de su madre y es recibida con los brazos abiertos por ella. Ambas tienen que tener una gran paciencia para llevar esta nueva vida juntas.
Si no nos convenció nada la anterior cinta de Lavaine, Barbacoa de amigos, tampoco nos ha convencido esta, a pesar de que en su país de origen se haya mantenido durante tres semanas consecutivas en el número 1 del box office. Con guión del propio director, esta película pretende mostrar de una forma divertida una dura realidad: cada año más de 400.000 franceses, después de un divorcio o problemas económicos, se ven obligados a regresar a casa de sus padres. Lo que en principio podría dar para una buena comedia, agridulce, claro, pero con muchos momentos a los que sacar partido, se convierte en un puñado de chistes manidos. Y es que ya desde su propio inicio, en el cual se pretende que nos pongamos en el pellejo de la protagonista, arruinada, pero que conduce un lujoso descapotable, sabemos que algo no va a ir bien. De nuevo nos sumergimos en una comedia que se desarrolla en ambientes privilegiados, alejados de la auténtica problemática que produce el paro y la crisis, argumento al que se le intentará sacar jugo a base de un humor primario, básico, con el que arropar la premisa de que siempre, en los peores momentos, nos queda la familia.
Agradable y con algún buen punto, aunque en conjunto no demasiado divertida, lo mejor, bajo nuestro punto de vista, es la vitalidad y vis cómica de su protagonista veterana, Josiane Balasko, todo un torbellino.
PASSENGERS (Morten Tyldum, 2016)
USA. Duración: 116 min. Guión: Jon Spaihts Música: Thomas Newman Fotografía: Rodrigo Prieto Productora: Columbia Pictures / Lstar Capital / Village Roadshow Pictures / Original Film / Company Films / Start Motion Pictures Género: Ciencia ficción
Reparto: Jennifer Lawrence, Chris Pratt, Michael Sheen, Laurence Fishburne, Inder Kumar,Jamie Soricelli, Vince Foster, Julee Cerda, Robert Larriviere, Barbara Jones
Sinopsis: Una nave espacial que viaja a un planeta lejano transportando miles de personas tiene una avería en una de sus cámaras de sueño. Como resultado, un pasajero, Jim (Chris Pratt), se despiertan 90 años antes del final del viaje.
Passengers se inicia como otra nueva muestra de esa ciencia-ficción minimalista con la que reflejar la soledad que atenaza(rá) al ser humano y que ya se ha servido de la fantasía para mostrarla: desde Naves misteriosas (Silent Running, Douglas Trumbull) en 1972; a recientes ejemplos como Gravity (Alfonso Cuarón, 2013), Moon (Duncan Jones, 2009) o The Martian (Ridley Scott, 2015). En este caso tenemos una nave que transporta a 5000 habitantes y 258 miembros de la tripulación en estado de hibernación hacia un nuevo planeta granja ante los problemas de superpoblación que amenazan la supervivencia en la Tierra. Pero sucede un pequeño accidente que, entre otros problemas, causa que una de las cámaras de hibernación se active despertando a su huésped 90 años antes de la llegada de la nave al nuevo planeta. El personaje que interpreta Chris Pratt deberá enfrentarse a ese hecho e interactuar con máquinas (más o menos como cuando llamamos a un teléfono de ayuda o cita previa) sin presencia humana al otro lado.
La encrucijada moral que nos plantea el filme es la de la licitud, o no, de condenar al otro a nuestras mismas circunstancias, con objeto de paliar esa soledad absoluta que nos habría de acompañar el resto de nuestros días. Un muy interesante punto de partida argumental que pierde un tanto el interés cuando se transforma, radicalmente, en un drama amoroso con el concurso de Jennifer Lawrence.
FRANTZ (François Ozon, 2016)
Francia/Alemania Duración: 113 min. Música: Philippe Rombi Fotografía: Pascal Marti Productora: Mandarin Films / X-Filme Creative Pool Género: Drama
Reparto: Pierre Niney, Paula Beer, Cyrielle Clair, Johann von Bülow, Marie Gruber, Ernst Stötzner, Anton von Lucke
Sinopsis: En una pequeña ciudad alemana después de la I Guerra Mundial, Anna (Paula Beer) va cada día al cementerio a lamentar la pérdida de su novio Frantz (Anton von Lucke), que murió en una trinchera en Francia. Un día se encuentra con Adrien (Pierre Niney), un joven francés que ha ido a depositar flores en la tumba de Frantz y cuya presencia en un país que acaba de perder la guerra enciende pasiones encontradas.
El largometraje es una coproducción franco-alemana, con guion de François Ozon en colaboración con el escritor Philippe Piazzo basado libremente en el filme del realizador alemán Ernst Lubitsch Remordimiento (Broken Lullaby, 1932). En verdad ambas películas (la de Lubitsch y la de Ozon) adaptan al cine la novela, primero, y pieza teatral, después, L’Homme que j’ai tué escrita en 1925 por Maurice Rostand (sí, el hijo mayor del autor de Cyrano de Bergerac). Una obra testimonial de la Europa de entreguerras que, rememorando los daños de La Gran Guerra, se apunta a la corriente pacifista que se consolidó, precisamente, en torno a la primera contienda mundial.
La Primera Guerra Mundial fue el primer conflicto bélico moderno, con armas de un potencial destructivo desconocido hasta entonces, que permitían dar muerte sin necesidad de recurrir al enfrentamiento cuerpo a cuerpo y resultaban capaces de matar masivamente. Esta circunstancia fue determinante para acabar con las reglas de caballerosidad que habían imperado en las batallas del Antiguo Régimen, lo moderno daba pruebas de ser más eficaz y también más sucio. Supuso el fin de los privilegios de la aristocracia y el triunfo de la burguesía con sus nuevos valores, con los bienes que ello supuso, pero también con los males colaterales correspondientes. Un mundo convulso que supo glosar perfectamente Jean Renoir en La gran ilusión.
La cinta de Ozon no está a la altura de ese gran clásico, pero sabe resumir bien el conflicto de valores de aquella época, a la vez que es capaz de alzarse por encima de ello y alcanzar lo que esos valores tienen de universal. Evocadora, melancólica, Frantz nos trae una reflexión sobre la identidad y las afinidades, sobre los patriotismos, opio para el pueblo, su aparente solidez y absolutismo, es en su nombre que los hombres son llamados a la guerra, y su real endeblez, la naturaleza humana nos hace iguales más allá de donde las fronteras lo indican. Magistral que Ozon lo haya ilustrado con escenas simétricas en los dos bandos haciéndonos recordar el antológico final de Senderos de Gloria. La misma guerra que inspiró a Freud su ensayo Más allá del principio de placer, le sirve a Ozon para afirmar la vida sobre las raíces del suicidio (ese cuadro de Manet que cobra color en el final), porque tenemos razones para querer marcharnos y tenemos la posibilidad de hacerlo a nuestro arbitrio, pero siempre será importante seguir viviendo por el amor a otros. Más aún, siempre será necesario vivir para conservar la ilusión de aquellos a los que queremos. La mentira puede ser más bella que la verdad.
La película, filmada en Alemania y Francia, cuenta con un elenco de actores de ambos países y un rodaje que combina el francés y el alemán, así como el color y el blanco y negro. Protagonizada por Pierre Niney (El hombre perfecto) y Paula Beer (El valle oscuro), el reparto cuenta también con los veteranos actores alemanes Ernst Stötzner, Marie Gruber, Johann von Bülow y la francesa Cyrielle Clair.
En la formidable y prolífica carrera de François Ozon cabe destacar su participación en los grandes festivales europeos donde ha logrado entre otros los premios Teddy del Festival de Berlín (Gotas de agua sobre piedras calientes), premio al mejor guion europeo otorgado por la Academia de cine Europeo (En la casa), Concha de Oro del Festival de San Sebastián (En la Casa) y el premio TVE- Otra Mirada del festival donostiarra (Joven y bonita). Por su parte la actriz protagonista ha obtenido por su actuación en Frantz el premio Marcello Mastroianni a Mejor Actriz Emergente en Venecia.
VAMOS DE ESTRENO (o no) * Viernes 23 de diciembre *
¡CANTA! (Sing! Garth Jennings y Christophe Lourdet, 2016)
USA. Duración: 108 min. Guión: Garth Jennings Música: Joby Talbot Productora: Illumination Entertainment Género: Comedia de animación
Sinopsis: Buster Moon (Matthew Mc Conaughey en V.O.) es un elegante koala que dirige un teatro que ha conocido tiempos mejores. Buster es un optimista nato, lo que está muy bien si no fuera un poco sinvergüenza. Ama su teatro con pasión y es capaz de cualquier cosa para salvarlo. Sabe que el sueño de su vida está a punto de desaparecer y solo tiene una oportunidad: organizar el concurso de canto más grande del mundo.
Después de pasar varias etapas, quedan cinco finalistas: Mike (Seth MacFarlane en V.O.), un ratón cuya voz es tan suave como la forma en la que engaña a todos; Meena (Tori Kelly en V.O.), una tímida elefanta adolescente que padece de un grave caso de miedo escénico; Rosita (Reese Witherspoon en V.O.), la exhausta y sobrecargada madre de 25 cerditos; Johnny (Taron Egerton en V.O.), un joven gorila mafioso que intenta cortar con su familia de delincuentes, y Ash (Scarlett Johanson en V.O.), una puercoespín punk-rock que quiere deshacerse de su arrogante novio y cantar en solitario. Los cinco llegan al teatro de Buster convencidos de que es su oportunidad para cambiar radicalmente de vida.
Con una banda sonora que juega mucho con los clásicos, veremos como animales de toda catadura y extracción social luchan para hacerse un sitio en el mundo de la canción y recibir un abultado premio en metálico como premio. Vamos, como cierto concurso televisivo, pero con la particularidad de que los protagonistas de ¡Canta! son más humanos, simpáticos y creíbles que sus contrapartidas catódicas. Con una magnífica animación y muy buen humor, se vuelven a resaltar valores positivos como la colaboración, la amistad y la recompensa del esfuerzo, que nunca está de más recordar. Su versión original cuenta con las voces de Matthew McConaughey, Reese Witherspoon y Scarlett Johansson cuyas voces han sido dobladas para la versión en castellano, pero afortunadamente, no las canciones. En el doblaje al español de la película, han participado Concha Velasco como Nana, Paco León como la Señorita Crawley, Santi Millán como Mike y Andrea Compton como Ash.
Illumination ha cautivado al público del mundo entero con los grandes éxitos Gru – Mi villano favorito; Lorax: En busca de la trúfula perdida;Gru 2 – Mi villano favorito, Mascotas y Los Minions, la segunda película de animación más taquillera de la historia.
LAS INOCENTES (Les innocentes (Agnus Dei), Anne Fontaine, 2016)
Francia/Polonia. Duración: 100 min. Guión: Sabrina B. Karine, Pascal Bonitzer, Anne Fontaine, Alice Vial Música: Grégoire Hetzel Fotografía: Caroline Champetier Género: Drama
Reparto: Joanna Kulig, Lou de Laâge, Agata Buzek, Agata Kulesza, Anna Próchniak, Vincent Macaigne, Katarzyna Dabrowska
Sinopsis: Agosto de 1945. Un monasterio cerca de Varsovia (Polonia) alberga un oscuro secreto. Mathilde Beaulieu (Lou de Laâge) es una joven médico enviada por la Cruz Roja con el fin de garantizar la repatriación de los prisioneros franceses heridos en la frontera entre Alemania y Polonia. Pero la sorpresa llega cuando descubre que una gran parte de las hermanas de un convento están embarazadas por haber sido violadas por soldados del Ejército Rojo. Aunque Mathilde es inexperta, deberá aprender a sacar adelante esta inusual situación y ayudar a las hermanas.
Cintas como Las inocentes son las que hacen que uno recupere la fe en el séptimo arte como vehículo para contar historias más allá del puro entretenimiento, que también es bienvenido, como no, pero el cine necesita también de este tipo de películas y de historias. Pictórica y preciosista, este drama bélico (o post-bélico) basado en hechos reales, nos cuenta una dura historia, muy dura, que vuelve a atestiguar que la brutalidad de la guerra se ensaña siempre con los más indefensos. Pero, a pesar de todo, es una historia que insufla optimismo. Su mensaje es positivo y no entra en mojigaterias beatas, nos muestra a las religiosas como seres humanos que deben enfrentarse a un papel para el que no estaban llamadas.
Película protagonizada y dirigida por mujeres, su directora, Anne Fontaine, que ya nos ofreció este mismo año otra cinta muy diferente y tan grata como esta, Primavera en Normandia (Gemma Bovery, 2014), ha sabido rodearse de un magnífico reparto, entre el que sobresale muy especialmente la francesa Lou de Laâge, como la joven e independiente doctora que descubrirá y atenderá a las religiosas cuestionando, de paso, su carencia de fe. La actriz está secundada por un elenco formado por intérpretes polacas que también realizan un gran trabajo, en especial Agata Buzek, como la hermana responsable de llevar a la doctora al convento, abriendo así ese hermético mundo, y Agata Zulesza como la Madre Abadesa, que tendrá un papel de peso en este sobresaliente drama.
Otro punto a destacar es el magnífico póster que han escogido para promocionar el filme. Tan bello como enigmático, pensamos que es capaz de atraer y despertar, por sí solo, la curiosidad del espectador y llevarlo a entrar en el cine. Y lo mejor es que quien se deje llevar, y lo haga, difícilmente saldrá defraudado.
VAMOS DE ESTRENO (o no) * Viernes 16 de diciembre de 2016 *
EL FARO DE LAS ORCAS (Gerardo Olivares, 2016)
España/Argentina. Duración: 109 min. Guión: Gerardo Olivares, Lucia Puenzo y Sallue Sehk (Novela: Roberto Bubas) Música: Pascal Gaigne Productora: Historias Cinematograficas Cinemania / Wanda Visión S.A. Género: Drama
Reparto: Maribel Verdú, Joaquín Furriel, Joaquín Rapalini Olivella, Ana Celentano, Osvaldo Santoro, Federico Barga, Ciro Miro, Alan Juan Pablo Moya, Zoe Hochbaum, Juan Antonio Sánchez
Sinopsis: Lola (Maribel Verdú) viaja con su hijo autista, Tristán (Quinchu Rapalini), para encontrarse con Beto (Joaquín Furriel), un guardafauna que tiene una relación muy especial con las orcas salvajes en la Patagonia Argentina. La determinación de Lola de luchar por su hijo, la peculiar personalidad de Tristán y su relación con la naturaleza harán que la vida de todos ellos cambie para siempre.
Gerardo Olivares vuelve a abordar una película en la que ficción y naturaleza se unen para contarnos esta emotiva historia basada en hechos reales que, según su director «tiene por eje la búsqueda de los valores esenciales de la vida y su encuentro con los valores de la naturaleza. La imponente belleza de las orcas, la fuerza de la naturaleza, lo inhóspito del paisaje, la soledad, la simpleza, crean la atmósfera propicia para el inicio de una maravillosa historia de amor».
Pero ni la belleza de los paisajes ni la voluntad puesta por sus actores realizan el milagro de hacer una película interesante. El resultado es una sucesión de postales con una historia alargada hasta el infinito plagada de clichés y diálogos redundantes.
INFILTRADO (The Infiltrator, Brad Furman, 2016)
USA/UK Duración: 127 min. Guión: Ellen Brown Furman (Novela: Robert Mazur) Música: Chris Hajian Fotografía: Joshua Reis Productora: Broad Green Pictures / Good Films Género: Thriller
Reparto: Bryan Cranston, John Leguizamo, Diane Kruger, Amy Ryan, Joseph Gilgun,Benjamin Bratt, Juliet Aubrey, Rubén Ochandiano, Simón Andreu, Saïd Taghmaoui,Elena Anaya, Jason Isaacs, Olympia Dukakis, Niall Hayes, Yul Vazquez
Sinopsis: Basada en una historia real ocurrida en los años 80, narra cómo un policía estadounidense se infiltra en una banda de narcos colombianos. Para lograr ese objetivo, Robert Mazur (Bryan Cranston) se infiltrará junto Kathy Ertz (Diane Kruger), quien fingirá ser su futura esposa y Emir Abreu (John Leguizamo), un policía con métodos poco tradicionales para codearse con la cúpula de la organización criminal y ser parte de la mayor operación encubierta antidroga de la historia.
Podría esperarse más de esta historia que sin lugar a dudas da para una interesante película, pero nada acaba de cuajar. Tenemos a Bryan Cranston de nuevo envuelto en una trama en la que la droga tiene el protagonismo, aunque esta vez ejerce del lado de la ley, como el infiltrado del título, con Miami como principal coladero de la cocaína hacia el norte. Tenemos también a John Leguizamo que quizás sea el que destaca más por su convincente interpretación. Por tener, tenemos hasta la intervención por sorpresa de gran Simón Andreu y de otros actores españoles como Rubén Ochandiano e incluso a Elena Anaya. Pero nada. La trama resulta enrevesada y liosa en algunos momentos y, cuando por fin se coge el hilo, el interés ha decaído fatalmente.
ÉTERNITÉ (Tran Anh Hung, 2016)
Francia. Duración: 115 min. Guión: Tran Anh Hung (Novela: Alice Ferney) Fotografía: Ping Bin Lee Productora: Artémis / Nord-Ouest Productions / Samsa Film Género: Drama romántico
Reparto: Mélanie Laurent, Audrey Tautou, Bérénice Bejo, Jérémie Renier, Pierre Deladonchamps, Félix Bossuet, Quentin Demon, Travis Kerschen, Dorian Salkin,Romàn Malempré, Maxime Rennaux
Sinopsis: Cuando Valentine (Audrey Tautou) se casa a los 20 años con Jules (Arieh Worthalter) estamos a finales del siglo XIX. A finales del siglo siguiente, una joven parisina, la bisnieta de Valentine corre en un puente y acaba en brazos del hombre que ama. Entre estas dos épocas, hombres y mujeres se encuentran, se aman, se abrazan, mostrando así los destinos románticos de más de una generación.
Una oda a la maternidad, protagonista e hilo conductor entre las diferentes historias que nos cuenta Tran Anh Hulng. Pero oda también a la muerte, sino como telón, si como punto y aparte de todas ellas. Pocas preocupaciones más reflejan las vidas de los protagonistas, seres hedonistas cuyas indolentes vidas están repletas de belleza. Emparejamientos, embarazos, muertes… por los siglos de los siglos. Cumplir la labor reproductiva se muestra como el objetivo más importante en la vida de estos acomodados seres, de tal modo que incluso el hijo hace saber a su madre su intención de casarse formulándole una pregunta: «¿Te apetece ser abuela?.» Y todo narrado, textualmente contado, pues escucharemos durante casi la totalidad de la cinta una voz en off que nos guiará y pondrá al corriente de los pensamientos de los protagonistas. Delicada, sensible, detallista en su diseño de producción, visualmente cuidada hasta el mimo, sus exquisitas imágenes están continuamente regadas con una selección de piezas clásicas.
Interpretada por unos actores y actrices bellas, todo es bello en esta blanca narración que también tiene parte terrible pues nos recuerda que, a fin de cuentas, somos bestias y nuestra labor y función en esta vida es (o debería ser) reproducirnos y dejar lugar a las nuevas generaciones, eternizar la especie y morirnos, en un ciclo eterno.
OPERACIÓN ANTHROPOID (Anthropoid, Sean Ellis, 2016)
R. Checa/UK/Francia Duración: 120 min. Guión: Sean Ellis, Anthony Frewin Música: Robin Foster Fotografía: Sean Ellis Productora: LD Entertainment / 22h22 / Lucky Man Films Género Bélico.
Reparto: Jamie Dornan, Cillian Murphy, Charlotte Le Bon, Toby Jones, Harry Lloyd, Bill Milner, Sam Keeley, Mish Boyko, Sean Mahon, Anna Geislerová, Martin Hofmann,Jan Budar, Alena Mihulová, Václav Neuzil, Ondrej Malý
Sinopsis: Thriller político que narra el atentado contra el líder nazi Reinhart Heidrich, General de las SS. Basada en la historia de la Operación Antropoide, la misión de la Segunda Guerra Mundial para asesinar a Heydrich, tercero en la línea de mando y artífice intelectual de la Solución Final.
Sean Ellis, que nos ofreció en 2006 la muy interesante Cashback, incurre con esta producción bélica en el exceso de metraje, en una fotografía fea, oscura y con más grano que el rostro de un adolescente; y una cámara inquieta, casi nerviosa, para rodar esta historia basada en hechos reales que, si bien tiene cierto interés, por lo poco tratado que ha sido el tema, cae por la forma en la cual ha sido llevado al cine. Entre otras cosas por no respetar el juego de los idiomas cuando se trata de una cinta tan detallista. Ni la bien recreada Checoslovaquia ocupada por los alemanes ni la intervención de actores como el ascendente Cillian Murphy o la encarnación en la pantalla del mismísimo Christian Grey (Jamie Dornan), salvan esta aburrida y previsible producción.
LA COMUNA (Kollektivet, Thomas Vinterberg, 2016)
DINAMARCA/SUECIA/HOLANDA Duración: 107 min. Guión: Tobias Lindholm, Thomas Vinterberg Música: Fons Merkies Fotografía: Jesper Tøffner Productora: Zentropa Entertainments Género: Drama
Reparto: Ulrich Thomsen, Trine Dyrholm, Martha Sofie Wallstrøm Hansen, Helene Reingaard Neumann, Lars Ranthe, Fares Fares, Julie Agnete Vang, Lise Koefoed,Adam Fischer, Magnus Millang, Oliver Methling Søndergaard, Rasmus Lind Rubin,Sebastian Grønnegaard Milbrat
- Sinopsis: Dinamarca, años 70. Un matrimonio decide convertir su casa en una comuna. La pareja descubrirá así las peculiaridades de la vida colectiva.
- Premios: Premios del Cine Europeo: Nominada a mejor actriz (Trine Dyrholm)
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Festival de Berlín: Sección oficial largometrajes a concurso
VAMOS DE ESTRENO (o no) * Viernes 9 de diciembre de 2016 *
PATERSON (Jim Jarmush, 2016)
Francia/Alemania/USA Duración: 113 min. Guión: Jim Jarmusch Fotografía: Frederick Elmes Productora: Amazon Studios / Animal Kingdom / K5 Film Género: Drama
Reparto: Adam Driver, Golshifteh Farahani, Kara Hayward, Sterling Jerins, Luis Da Silva Jr.,Frank Harts, William Jackson Harper, Jorge Vega, Trevor Parham, Masatoshi Nagase, Owen Asztalos, Jaden Michael, Chasten Harmon, Brian McCarthy
Sinopsis: Una semana en la vida de un conductor de autobús y poeta aficionado llamado Paterson (Adam Driver), que vive en Paterson, New Jersey.
Como me dijo un taxista, llegamos a este mundo con la película ya empezada y nos vamos de él antes de que ésta termine. Así son nuestras vidas, un fluir de días finito en el que, si seleccionamos sólo un segmento, se diluyen el principio y el final. Así es Paterson, un relato episódico que compone una serie entendida en su acepción musical: una sucesión de sonidos (en este caso imágenes) establecida de antemano y constante. Porque Paterson es eso, un recorte de siete jornadas en el vivir cada día de su personaje central, con sus repeticiones rutinarias, en el que estamos tentados de decir que no pasa apenas nada. Pero sí pasa, y mucho. Pasa la vida tal como la experimentamos (en nuestro Occidente) la mayoría, sin estridencias, sin grandes infortunios ni grandes venturas, un simple acontecer monótono. Confortablemente monótono. Luego están las menudencias que salpican aquí y allá poniéndole la sal a los aconteceres, detalles muchas veces fortuitos que sientan las diferencias haciendo a cada día singular aunque casi no reparemos en ellos si nuestra mirada no es atenta. Y todo, todo, está en Paterson, un canto a lo intrascendente lleno de lirismo.
Paterson, el personaje (Adam Driver), es un humilde conductor de autobús, un autobús de línea regular en la pequeña Paterson, la ciudad. Un perfecto Juan Nadie que aprovecha todas las ocasiones posibles para escribir en su cuaderno secreto, poemas de verso libre (compuestos en verdad por el poeta Ron Padgett) que nadie, ni su esposa, Laura (como la amada de Petrarca), ha leído nunca. Laura (Golshifteh Farahani), fanática absoluta del negro, del blanco y de sus múltiples combinaciones, es un auténtico torrente creativo, siempre cambiando la decoración, siempre haciendo experimentos culinarios, siempre renovando sus sueños y sus aspiraciones. Con ellos, que aún no han tenido hijos, vive Marvin, un bulldog inglés que jugará un rol fundamental en la trama y que contribuye a pautar la rutina de la pareja. Paterson, la película, es una cinta de personajes, descritos sin subrayados de guion, interpretados sin histrionismo, dirigidos modélicamente. Paterson, la película, es también un filme de detalles, de sentimientos plasmados en imágenes, para lo cual se ha de dar la complicidad entre actores y director. Verdaderas definiciones del amor que pueden expresarse con un simple plano detalle de un cupcake montado antes del primer plano de una mirada que traduce la sonriente paciencia con la que se acepta el juego a dos. Un cupcake que no será ingerido.
Paterson, el poemario, formalmente consiste en un montaje de escenas y de imágenes, con pocos verbos que las vinculen explícitamente. Paterson, el personaje, se confiesa admirador de William Carlos Williams, el poeta cronista de Paterson, la ciudad. Paterson, la película, funciona a su vez como los poemas del modernista, los que va escribiendo el protagonista, que se insertan en la pantalla, los que son compuestos antes por las imágenes que inspirarán las palabras. Todo el filme es una oda a la cotidianeidad. Jarmush nos concita a aceptarnos y gozarnos en nuestro fluir, tan mágico como anodino. Y si los contratiempos nos alcanzan, bastará con volver de nuevo al primer verso. Y empezar que es seguir. Y seguir que es siempre empezar.
SOLO EL FIN DEL MUNDO (Juste la fin du monde, Xavier Dolan, 2016)
Francia/Canadá Duración: 95 min. Guión: Xavier Dolan (Obra: Jean-Luc Lagarce) Música: Gabriel Yared Fotografía: André Turpin Productora: Sons of Manual / MK2 / Telefilm Canada Género: Drama
Reparto: Léa Seydoux, Nathalie Baye, Gaspard Ulliel, Vincent Cassel, Marion Cotillard,Antoine Desrochers, Sasha Samar
Sinopsis: Tras doce años de ausencia, un joven escritor regresa a su pueblo natal para anunciar a su familia que pronto morirá. Vive entonces un reencuentro con su entorno familiar, una reunión en la que las muestras de cariño son sempiternas discusiones, y la manifestación de rencores que no queremos dejar salir, aunque delaten nuestros temores y nuestra soledad.
En estos momentos en que se avecinan reuniones familiares, Solo el fin del mundo parece una cinta más que indicada para animarnos a afrontarlas. Sean como sean nuestros compromisos no pensamos que lleguen a ser tan traumáticos como los que refleja Dolan en su película.
Si tuviéramos que definirla con una sola palabra, la calificaríamos, sin duda, de opresiva. Adaptación de la obra de teatro homónima de Jean-Luc Lagarce, nos trae un plantel de personajes atormentados como aquellos que pueblan los dramas de Tennessee Williams, miembros de una familia fracturada y embebidos de un rencor que parece tener su origen en la propia admiración hacía el hijo/hermano triunfador que ha roto los lazos con su huida del hogar, que les ha abandonado condenándolos a tener que construirse en torno a esa ausencia. Tan admirado como odiado, Louis (ese hijo pródigo) ejerce de observador. Vuelve para no volver. Y todos parecen saberlo. Todos se abrirán ante él. Como en una despedida. Recordando buenos y malos momentos. Unos dolorosos y otros agradables. Louis capturará las texturas, los sabores y los recuerdos del que sabe que no volverá. Un reencuentro/desencuentro que, más que a la catarsis, conduce a un desgarro paradójicamente liberador.
Dolan nos hace partícipes, casi víctimas, de ese agobio que planea sobre toda la situación con el uso extremo de los planos cortos. La cámara sólo abre en cuatro ocasiones a plano americano, menos escasos son los planos medios, pero incluso estos nos dejan sin aire pues casi siempre son tomados en escorzo, la cinta es, fundamentalmente, un inarmónico despliegue de primeros planos y planos detalle que nos impiden despegarnos de la acción. Estamos sumergidos en la trama, sin posibilidad alguna de distanciamiento, desorientados y apabullados por los tensos (e intensos) diálogos cruzados. Somos uno más de los miembros de esa familia disfuncional, sin poder simpatizar con ninguno, igual que ellos mismos entre sí. Estamos y nos sentimos incómodos, Dolan consigue que seamos uno más dentro de esa insufrible reunión. Las palabras con las que la crítica ha vapuleado esta película sólo nos confirman que el canadiense ha acertado con este recurso desmesurado. Todo lo que le achacan demuestra que la intención se ha saldado con éxito, porque ya se trataba de eso, de “actualizar el melodrama familiar, pero a costa de nuestros nervios” (Cinemanía), de salir “agotado, con la sensación de que llevo toda una vida acompañado de familia tan histérica. Me da igual su pasado, su presente y su futuro” (Carlos Boyero). Dolan nos lleva a la extenuación y así es como sentimos lo que sienten los personajes, no es que empaticemos, es que hemos vivido su misma experiencia.
Solo el fin del mundo es también una película cargada de buenas interpretaciones. Excesivas e histriónicas, a veces, pero ajustadas siempre a ese contexto doloroso en el que se desarrollan los personajes. Dolan vuelve a hablar de la familia. Y de esta hay bastante que decir: desde el cretino y violento hermano del protagonista, Antoine (interpretado por un fantástico Vincent Cassel que se diría que improvisa sus pérdidas de control); a su maltratada esposa Catherine (magnífica en su sensibilidad Marion Cotillard); pasando por Suzanne, la hermana pequeña (Léa Seydoux), muy recordada por La vida de Adèle); y terminando con la madre, que interpreta Nathalie Baye. Paradójicamente, el que menos sobresale es el protagonista, Louis (Gaspard Ulliel) y es que la única actitud posible para él es la de encerrarse en su propia coraza para morir en paz. No habrá más contacto, ya está todo dicho, el dolor ha tocado fondo sin que se pueda enjugar. Es el fin, el suyo propio, el de su familia, el del mundo.
VAMOS DE ESTRENO (o no) * Viernes 2 de diciembre de 2016 *
ALOYS (Tobias Nölle, 2016)
Suiza/Francia Duración: 91 min. Guión: Tobias Nölle Fotografía: Simon Guy Fässler Productora: Hugofilm Productions Género: Drama
Reparto: Georg Friedrich, Tilde von Overbeck, Kamil Krejcí, Yufei Li, Koi Lee, Sebastian Krähenbühl, Karl Friedrich, Peter Zumstein, Agnes Lampkin, Rahel Hubacher
Sinopsis: Aloys Adorn es un detective privado taciturno, un lobo solitario cuyo trabajo consiste en filmar a otras personas, observándolas en secreto y permaneciendo invisible. Un día se emborracha y se duerme en un autobús y, al despertarse, descubre que su cámara y sus cintas han sido robadas. La misteriosa mujer que le llama poco después parece tener algo que ver con ello.
La ópera prima del suizo Tobias Nölle que recibió el Premio Fipresci a la Mejor Película de la sección Panorama del Festival de Berlín es una película de autor no apta para todos los públicos. Una gélida, extraña y perturbadora parábola sobre la soledad que ha sido coproducida entre Suiza y Francia y está protagonizada por Georg Friedrich y Tilde von Overbeck.
Tobias Nölle (Zurich, 1976) estudió cine en la Escuela de Artes Visuales de Nueva York. Su corto Rene (2008) fue seleccionado para participar en numerosos festivales de todo el mundo y con él ganó el Golden Leopard al mejor corto suizo en el Festival de Cine Locarno. También es uno de los diez directores que han participado en Wonderland, un proyecto colectivo también premiado en el Festival de Cine de Locarno. Aloys es su primera película en solitario, escrita, dirigida y editada por él mismo; una interesante carta de presentación que muestra a un joven director con inquietudes capaz de hacer frente a retos complejos abordando personajes y psicologías nada convencionales.
LA DONCELLA (Ah-ga-ssi (The Handmaiden) Park Chan-wook, 2016)
Corea del Sur Duración: 145 min. Guión: Park Chan-wook, Jung Seo-kyung (Novela: Sarah Waters) Música: Cho Young-wuk Fotografía: Chung Chung-hoon Productora: Moho Film / Yong Film Género: Drama
Reparto: Ha Jung-woo, Kim Min-hee, Jo Jin-woong, Kim Tae-ri, Moon So-ri, Kim Hae-suk
Sinopsis: Corea, década de 1930, durante la colonización japonesa. Una joven (Sookee) es contratada como mucama de una rica mujer japonesa (Hideko), que vive recluida en una gran mansión bajo la influencia de un tirano. Sookee guarda un secreto y con la ayuda de un estafador que se hace pasar por un conde japonés, planea algo para Hideko.
Ofrecida durante el último Festival de Sitges inexplicablemente formando parte de la sección Oficial Competición, La doncella (Ah-ga-ssi) de Park Chan-wook es un perverso cuento de hadas cargado de sutil erotismo. Con un exquisito diseño de producción, nos cuenta una historia de amor vista desde tres puntos de vista, mediante los cuales el director jugará con el espectador, llevándolo de un lugar a otro, pero sin salir nunca de una perfecta estructura que contendrá intriga, terror, comedia y, sobre todo, cine con mayúsculas. La cinta, que adapta la novela Fingersmith de Sarah Waters, nos cuenta el arco de transformación por el que atravesará su protagonista Sookee (Kim Tae-Ri), carterista profesional que acepta un maquiavélico encargo: convertirse en la criada de Lady Hideko (Kim Min-hee), y colaborar para robarle la herencia. Sin embargo, el plan se verá alterado cuando las dos jóvenes comienzan a sentirse atraídas la una por la otra. La doncella traslada la acción a los años treinta, a la Corea ocupada por los japoneses, para erigirse en un filme de tintes góticos con la exuberancia visual de Park Chan-wook, repleta de belleza cromática y emoción a flor de piel. Todo un orgasmo cinéfilo que, sin lugar a dudas, formará parte destacada en los listados de las mejores películas de 2016.
VAMOS DE ESTRENO (o no) * Viernes 18 de noviembre *
LA LLEGADA (Arrival, Denis Villeneuve, 2016)
USA Duración: 116 min. Guión: Eric Heisserer (Relato: Ted Chiang) Música: Jóhann Jóhannsson Fotografía: Bradford Young Productora: Paramount / FilmNation / Lava Bear Films / 21 Laps Entertainment Género: Ciencia ficción
Reparto: Amy Adams, Jeremy Renner, Forest Whitaker, Michael Stuhlbarg, Mark O’Brien,Tzi Ma, Nathaly Thibault, Pat Kiely, Joe Cobden, Julian Casey, Larry Day, Russell Yuen, Abigail Pniowsky, Philippe Hartmann, Andrew Shaver
Sinopsis: Cuando naves extraterrestres comienzan a llegar a la Tierra, los altos mandos militares contratan a una experta lingüista (Amy Adams) para intentar averiguar si los alienígenas vienen en son de paz o suponen una amenaza. Conforme la mujer aprende a comunicarse con los extraterrestres, comienza también a experimentar flashbacks extremadamente realistas que llegarán a ser la clave que dará significado a la verdadera razón y gran misterio de esta visita extraterrestre… Adaptación del relato corto «The Story of Your Life» del escritor Ted Chiang, ganador de los reconocidos premios de ciencia ficción Hugo y Nebula.
“Nadie es serio a los 17 años cuando hay tilos en el paseo”, escribió Rimbaud. El adolescente está abierto a la sensualidad, ante su ingenuidad todo parece circundado de emoción, sus ojos lo aspiran todo y su corazón se arroba ante la inmensidad por descubrir. El adolescente se busca a sí mismo investigando el mundo, definirse es en parte buscar las claves del todo, es por eso que a los 17 toda idea que nos llega, que nos toca, arraiga y construye auténticas autopistas por las que circularán siempre más nuestros modos de pensar la vida. De interpretarla. De sentirla.
¿Por qué hablo de esto? Porque quiero retrotraerme, no a mis 17 sino a mis 18 años, para tratar de explicar por qué me emociona tanto Arrival. A esa edad llegaba yo por primera vez a la universidad, con sed de conocimiento, con hambre de aprehender todas las esencias, las intelectuales y las vitales, esto es, las existenciales. Maleable como el estaño, una afirmación que no dejó de repetir el Dr Valverde, mi profesor de Historia de la Filosofía, se me quedó grabada a fuego: el pensamiento es lenguaje. No podemos pensar sin usar significantes y significados, la naturaleza de la palabra nos condiciona. Condiciona nuestra manera de interpretarnos y, más allá aún, condiciona nuestra manera de entender el mundo y la vida. Para mí aquello fue todo un descubrimiento y siempre más he perseguido la comprensión de las estructuras del lenguaje para iluminarme sobre cuál es el sentido de que esté aquí (en esta existencia condenada a muerte) y ahora, en un horizonte de tiempo limitado que, sin embargo, me permite esbozar (casi rozar) la idea de eternidad.
Si, como yo, ustedes son de aquellos a los que el pensamiento abstracto les hace vibrar, entonces deben detener su lectura de inmediato si aún no han disfrutado de la última obra de Denis Villeneuve, porque todo lo que yo escriba y ustedes lean a partir de aquí es susceptible de ser considerado spoiler (me temo que, a los que no amen las abstracciones, les he perdido hace ya muchas líneas). Hecha la advertencia, continúo mi exposición con la compañía de quienes quieran adentrarse en mi escritura, que es en verdad mi lectura (estaría bien que por una vez, y aunque no haya de servir de antecedente, quienes la compartan o la rebatan, dejen aquí su comentario).
Amy Adams es la Dra. Louise Banks, excepcional filóloga, reputada, especialmente, por sus dotes de traductora. Para Banks el lenguaje es el pegamento que nos aglutina, el vehículo del afecto y la comprensión, pero también puede ser el arma que nos ponga en pie de guerra cuando caemos en malentendidos lingüístico-culturales. Herramienta privilegiada de comunicación cuando es bien usado, cuando se generan equívocos, en cambio, puede ser fuente de conflictos encarnizados. Como traductora sabe bien que hay que hilar muy fino en la asignación de significados a la lengua traducida, si se hace bien esa labor, estamos facilitando la comunicación entre dos sistemas de pensamiento distintos, que es tanto como decir que estamos tendiendo un puente entre dos culturas. El término ‘Arma’ designa a los dispositivos usados para atacar o defenderse, los instrumentos para matar; pero también puede hacer meramente referencia a un inofensivo medio para conseguir algo, una simple herramienta de trabajo. Dirimir en qué sentido lo está usando el interlocutor puede evitar una guerra o, al contrario, provocarla. Así de trascendente es su trabajo cuando el ejército estadounidense la reclama para hacer de intérprete de los extraños seres cuyas naves han descendido (como monolitos, sí) sobre distintos puntos de la tierra. De ella puede depender la paz mundial.
No está sola en ese trabajo, la acompaña en su labor el Dr. en física Ian Donnelly, bien encarnado por Jeremy Renner. Humanidades y ciencia colaborando juntas para un mismo objetivo. Las dos culturas, como las denominó C. P. Snow, apoyándose y acabando así con el inconveniente que veía el propio Snow en su ruptura, para él la falta de interdisciplinariedad es uno de los principales escollos para la resolución de los problemas mundiales. No es, pues, casual que la adaptación del relato de Ted Chiang, Historia de tu vida, les haya dado esa formación a sus dos personajes centrales: sólo desde la cooperación de las dos ramas principales del saber humano podrá alumbrarse un horizonte de cero conflictos.
Pero, ¿qué es lo que puede llegar a tener en común la filología y la física? La búsqueda de pautas de regularidad a partir del único lenguaje universal: las matemáticas. Física y lingüística, además, se ocupan del estudio de uno de los objetos que más nos gustaría controlar: el tiempo. Y Arrival, que nos habla de la conciliación universal de las culturas, es también una película sobre paradojas temporales (no siendo, además, gratuito, que lo sea).
La naturaleza del tiempo es una cuestión abierta en física, de una parte tenemos una experiencia directa de que recordamos el pasado y no el futuro, a esto lo llamamos “la flecha del tiempo”, así, si lo miramos desde la física newtoniana, el tiempo es absoluto, todos los observadores miden el paso del tiempo de la misma forma y verifican que su ritmo es el mismo para todos ellos. Pero todo cambia desde la perspectiva del paradigma cuántico. En dicha teoría el tiempo no es igual que el resto de parámetros observables. De hecho, se sabe que no podemos definir relojes cuánticos perfectos. No podemos definir un reloj basado en un sistema cuántico que nos dé un paso del tiempo usual, ¡siempre hay probabilidad de que el reloj funcione hacia atrás en el tiempo!
¿Qué ocurre con el tiempo teorizado por la lingüística? Es una categoría del verbo que nos permite establecer el antes y el después de un acto de habla. Podemos considerarlo como una línea doblemente orientada (hacia atrás, el antes, hacia delante, el después) respecto a un origen que no es absoluto sino variable. El tiempo verbal, que puede formularse como vector, nos permite imaginar temporalidades relativas desde las que se haga posible viajar en el tiempo hacia el pasado y hacia el futuro. Es el tiempo del lenguaje el que nos permite pensar el tiempo de la física, puesto que es la base de nuestras estructuras conceptuales.
Desde ambas disciplinas se pueden enunciar paradojas temporales. Si Nolan, en Interestelar, partía de la física teórica para adentrarse en el terreno de la posibilidad de cambiar el futuro, Villeneuve hace lo mismo apoyándose en el universo que permite concebir mentalmente la lingüística. Si son las estructuras del lenguaje las que nos hacen posible conceptualizar el tiempo, determinando además nuestra percepción del mismo, bien podemos plantearnos la posibilidad de que existan lenguas con estructuras verbales que permitan otra percepción del tiempo en la que se difuminen las nociones de principio y final. Si esto fuera así, podríamos recordar el futuro e incidir en él.
En Arrival la llegada de las naves, las reacciones humanas ante ello, la operación militar para determinar la naturaleza del contacto, la distinta actitud ante ello de las potencias y países afectados, no son más que el macguffin de la historia (como lo es la intriga sobre el uranio en Encadenados, por poner un ejemplo). Un macguffin muy bien llevado, tanto que podemos disfrutar del filme quedándonos sólo con ello. Villeneuve dosifica con maestría la intriga en una obra que destaca también por su imagenería visual, con los justos efectos especiales. Suficientes para dar espectacularidad, pero no tan excesivos que velen el tono intimista del enfoque. Porque el punto de vista desde el que seguimos la historia es el de la Dra. Banks, una protagonista casi absoluta, que no es una heroína de acción sino la mejor cabeza pensante implicada en la trama (cosa que nos vuelve a hacer repetir algo que hemos venido considerando: la mayor relevancia de los papeles femeninos en el cine reciente). Arrival nos mantiene en vilo hasta su plano final, inquietos y expectantes por cuál vaya a ser el desenlace.
El final podrá parecer insuficiente a algunos espectadores. Por eso les recomiendo que no asistan al visionado esperando un final épico y efectista como lo tenían Encuentros en la tercera fase o Contact, (películas ambas que tienen concomitancias con esta cinta). Yo les digo que, aunque carezca de esa fastuosidad en su estructura superficial, eso queda compensado con la profundidad de su conclusión en la estructura profunda. Porque el mensaje último que contiene la cinta es que vivimos limitados por una temporalidad de la que sabemos muy poco, pero que eso no importa a la hora de afirmar la vida. Nuestro reloj biológico nos hace caducos, pero desde nuestra efemiridad somos capaces de enunciar la eternidad. Gracias al lenguaje podemos proyectarnos en el tiempo y reconocer que es bien poco lo que sabemos sobre finitudes o infinitudes. Pero lo importante es que siendo, como somos, capaces de nombrar la muerte futura, ello no nos es óbice para obstinarnos en vivir. Y decir con Zaratustra/Nietzsche: “¿Era esto la vida? ¡Sea otra vez!”
VAMOS DE ESTRENO (o no) * Viernes 11 de noviembre de 2016 *
LAS FURIAS (Miguel del Arco, 2016)
España Duración: 125 min.Guión: Miguel del Arco Fotografía: Raquel Fernández Nuñez Productora: Aquí y Allí Films / Kamikaze Producciones S.L. / Televisión Española (TVE) Género: Drama
Reparto: José Sacristán, Mercedes Sampietro, Bárbara Lennie, Carmen Machi, Emma Suárez, Alberto San Juan, Elisabet Gelabert, Raúl Prieto, Gonzalo de Castro, Pere Arquillué
Sinopsis: Marga (Mercedes Sampietro), una mujer de casi setenta años, anuncia a sus tres hijos que quiere vender la casa de verano familiar para luego emprender un largo y misterioso viaje. Los invita a pasarse por allí lo antes posible para elegir muebles, enseres o recuerdos que quieran conservar antes de que la venta se lleve a cabo. Héctor (Gonzalo de Castro), el hermano mayor, propone aprovechar el mismo fin de semana en el que deshagan la casa entre todos para celebrar en familia su boda con la mujer con la que lleva más de quince años viviendo, y de la que todos esperaban que se separara (Emma Suárez). La familia vivirá un fin de semana dividido entre: qué ha pasado, qué te pasa, no me puedo creer que esto esté pasando, eso nunca debió pasar y ha pasado lo que tenía que pasar… una típica reunión familiar.
Las Furias, que abrió la Semana Internacional de Cine de Valladolid, es la primera película dirigida y escrita por el prestigioso dramaturgo Miguel del Arco (como actor, podemos recordarle por su inquietante Sr. Reciful en Rojo Sangre (2004) de Christian Molina), es un filme que peca de falta de contención. Todo resulta excesivo. Desde el reparto de campanillas hasta ese clímax que no es una catarsis, es, lo han adivinado, un exceso. Resulta loable el intento de retratar lo que hay detrás de una familia, sus delitos y faltas, sus pecados y sus zonas oscuras. Sus rencores y sus furias. Algo que ya Chávarri, con la ayuda inestimable de la familia Panero/Blanc, nos legó en forma de la imprescindible El desencanto (1976), o mucho más tarde Fernando León de Aranoa en su , para muchos, mejor película, Familia (1996). Y no es que esté nunca de más recordar y mostrar las hipocresías que hacen que, cuando algunas familias se reúnan, surjan las las chispas ocultas durante el resto del año. Pero así, no.
El tratamiento de los personajes no ayuda a que simpaticemos con ninguno de ellos. Los actores, sobradamente preparados, campan a sus anchas llegando, en algún caso, a la más flagrante sobreactuación. Tampoco ayuda que la relación entre ciertos personajes resulte claramente inverosímil (o cuanto menos esté mal perfilada). Pero todo comienza a importar de poco a nada conforme la acción avanza hacia ese culmen en el que, si bien la abuela no fuma, al menos se ha sacado una amante joven y el hijo de turno anuncia que tiene una enfermedad incurable, mientras el pobre Pepe Sacristán deambula a trompicones interpretando a un enfermo de Alzheimer y varios personajes intentan, sin éxito, suicidarse.
El planteamiento de Del Arco es ambicioso, pero visto el resultado, hay que decir que es demasiado ambicioso. Ha querido dar a su obra una pátina de universalidad, de esa universalidad que gozan las tragedias de Shakespeare, la misma que respiran los mitos, pero su impericia como director de cine la deja reducida a la pretenciosidad. De nada sirve aludir a las Furias, esas fuerzas primigenias de la venganza del crimen contra la familia, si luego el diseño de personajes es pobre y la construcción de la trama resulta vaga y mal fundamentada. El resultado es una obra ampulosa y deslavazada en la que todo acaba siendo forzado y gratuito. Toda una lástima.
JACK REACHER: NUNCA VUELVAS ATRÁS (Jack Reacher 2: Never Go Back, Edward Zwick, 2016)
China/USA. Duración: 118 min. Guión: Richard Wenk, Marshall Herskovitz, Edward Zwick (Novela: Lee Child) Música: Henry Jackman Fotografía: Oliver Wood Productora: Paramount Pictures / Skydance Productions / TC Productions Género: Acción.
Reparto: Tom Cruise, Cobie Smulders, Danika Yarosh, Aldis Hodge, Sue-Lynn Ansari, Teri Wyble, Holt McCallany, Robert Knepper, Tilton Lipoma, Madalyn Horcher, Michael PapajohnPatrick Heusinger
Sinopsis: Jack Reacher (Tom Cruise), ex policía militar, regresa de nuevo al cuartel general de su antigua unidad para reunirse con la comandante Susan Turner (Cobie Smulders) pero ésta ha sido arrestada por traición y encarcelada. Reacher, sabiendo que es inocente, le ayudará a escapar de la cárcel para finalmente destapar la verdad detrás de una gran conspiración del gobierno que incluye el asesinato de soldados.
Basada en la obra de Lee Child, Jack Reacher: Nunca vuelvas atrás, que supone su décimo octava novela de la serie de bestsellers sobre el personaje que ha vendido más de 100 millones de libros en todo el mundo, esta cinta es una secuela de Jack Reacher (2012) que ha dirigido Edward Zwick («El último samurái», «Diamantes de sangre»). y ha sido producida por el propio Cruise. Esta nueva entrega de las entretenidísimas aventuras del ex-comandante Reacher añade, por si este no tuviera ya bastantes problemas, una cierta tensión sexual encarnada por la comandante Turner, a la que debera proteger de los que la intentan quitar de enmedio, y la posible paternidad de una adolescente, cuyo pescuezo también tendrá que vigilar. Pero da igual, Reacher puede con todo lo que le pongan por delante. Y más teniendo en cuenta que la comandante Turner es una temeraria mujer de acción. No en vano la actriz, Cobie Smulders, no ha utilizado doble para sus escenas de acción tras un duro e intensivo entrenamiento de ocho semanas.
Con un inicio que nos introduce directamente en la trama, sin dar respiro ni pausa al espectador, se nos ofrecerá una historia que mezclará espionaje con conspiraciones gubernamentales, humor y mucha acción, siempre con los malos pisando los talones de los protagonistas que, afortunadamente, tienen buen fondo. Con un climax ambientado en Nueva Orleans en plena celebración de Halloween (y allí si que lo viven de verdad), la cinta es un buen espectáculo de acción que, sin llegar al nivel de su predecesora, resulta más que ideal para una buena tarde de cine y palomitas.
DESPUÉS DE LA TORMENTA (Umi yori mo mada fukakuaka, Hirokazu Koreeda, 2016)
Japón. Duración: 117 min. Guión: Hirokazu Koreeda (AKA Hirokazu Kore-eda) Música: Hanaregumi Fotografía: Yutaka Yamazaki Productora: Aoi Promotion Género: Drama
Reparto: Hiroshi Abe, Lily Franky, Isao Hashizume, Sôsuke Ikematsu, Kirin Kiki, Satomi Kobayashi, Yôko Maki, Taiyô Yoshizawa
Sinopsis: A pesar de haber empezado una prometedora carrera de escritor, Ryota va de desilusión en desilusión. Se ha divorciado de Kyoko y gasta todo el dinero que gana como detective privado apostando en las carreras, por lo que finalmente no puede pagar la pensión alimentaria de su hijo de 11 años, Shingo. Ahora Ryota intenta ganarse nuevamente la confianza de sus seres queridos.
Un drama impecablemente interpretado, con ingeniosos diálogos y unas gotas de humor que recaen, en su mayor parte, en el personaje interpretado por la veterana Kirin Kiki, actriz que nos conquistó por su papel en Una pastelería en Tokio (An, Naomi Kawase, 2015), y que también participó en Nuestra hermana pequeña (Umimachi Diary, 2015), anterior película de Koreeda y otras cuatro de sus cintas. También Hiroshi Abe (Kiseki/Milagro) y Yôko Maki (De tal padre tal hijo), repiten con el director japonés. Como vemos este tipo de historias intimistas provenientes de Japón se están abriendo hueco en las carteleras españolas tras su paso por los diferentes festivales.
Después de la tormenta, cuyo título en japonés, Umi yori mo mada Fukaku, significa «Aún más profundo que el océano» (letra que hace referencia a una famosa canción japonesa de Teresa Teng), tuvo su estreno mundial en la última edición del Festival de Cannes, en la sección Un certain regard. Después de su paso por la Sección Perlas del Festival de San Sebastián, la película ha sido recientemente premiada con el Espejo de Plata, máximo galardón del festival noruego Films From the South, celebrado en Oslo en octubre de 2016.
Después de la tormenta quizás no sea la mejor película de su director, su historia deriva de un personaje a otro y, hasta que no se centra, no parece ir hacia ningún lugar concreto. Aunque quizás ahí estribe su encanto: el ser tan solo una visita furtiva a la vida de sus protagonistas. Sin grandes cambios para su existencia. Un día cualquiera. Pero que, a través de las vivencias del protagonista, nos conduce a una importante reflexión sobre el crecimiento personal (hacerse mayor no es sinónimo de madurar); la paternidad responsable; la necesidad de modelos y de aprobación; y, sobre todo, de cómo la pérdida es, tantas veces, el motor que nos hace descubrir el valor de lo que teníamos.
Los toques de humor que caracterizan al director japonés y el sabio contenido de la película, permiten que finalmente sea un profundo mensaje optimista el que trasciende dentro de un paisaje melancólico.
VAMOS DE ESTRENO (o no) * Viernes 4 de noviembre de 2016 *
SULLY (Clint Eastwood, 2016)
USA. Duración:96 min. Guión: Todd Komarnicki (Libro: Chelsey Sullenberg, Jeffrey Zaslow) Fotografía: Tom Stern Productora: Warner Bros. Pictures / Village Roadshow / Malpaso / Flashlight Films Género: Drama
Reparto: Tom Hanks, Aaron Eckhart, Laura Linney, Anna Gunn, Autumn Reeser, Sam Huntington, Jerry Ferrara, Jeff Kober, Chris Bauer, Holt McCallany, Carla Shinall,Lynn Marocola, Max Adler, Valerie Mahaffey, Ashley Austin Morris
Sinopsis: El 15 de enero de 2009, el mundo fue testigo de “El milagro del Hudson” cuando el Capitán “Sully” Sullenberger hizo amerizar su avión averiado sobre las gélidas aguas del río Hudson, salvando la vida de las 155 personas a bordo. Sin embargo, mientras Sully era aclamado por el público y por los medios por su hazaña nunca vista en habilidades de aviación, se desarrolló una investigación que amenazaba con destruir su reputación y su carrera.
Sin lugar a dudas el cine de Clint Eastwood no es innovador (ni menos aún experimental) en sus formas. Ni falta que hace. El californiano es el mejor heredero de la narrativa clásica de los padres del cine y en Sully vuelve a demostrarlo. Con Sully el director vuelve a ofrecernos un biopic, género en el que es experto, pero, como siempre, nos da mucho más que una simple biografía. Porque con su última película podemos decir que se adentra en las aguas del cine de catástrofes aéreas, aquel género que tan buenos/malos momentos nos hizo pasar en la década de los setenta. Se adentra en él pero para superarlo y llevarlo más lejos hasta abordar una de las constantes de su cine: el papel del héroe en la sociedad retratado desde todos sus ángulos, desde su experiencia más íntima (mostrando sus vacilaciones interiores) hasta su repercusión en las distintas capas sociales. Desde ese contraste de cómo se ve a sí mismo y cómo le ve el resto, Eastwood reflexiona sobre la incidencia de esos personajes (que en ocasiones, como en esta Sully, son llevados a la heroicidad por las circunstancias más fortuitas) en la esfera de lo colectivo. Sus héroes no son monolíticos ni están tocados por poderes superiores, son humanos, muy humanos, por eso dudan ellos y despiertan dudas en otros (dudas, las de esos otros, que en ocasiones obedecen a sus propios intereses más o menos mezquinos). El de Eastwood es un héroe para tiempos de crisis, como aquellos de Capra que tan bien encarnara Gary Cooper en Juan Nadie o El secreto de vivir, su hazaña, que tiene tanto de ocasional como de solitaria, acaba sirviendo como modelo sobre el que proyectar la esperanza colectiva.
Aunque no innove en las formas, el cineasta imprime en ellas su sello particular ofreciéndonos un auténtico ejercicio de autoría. Sully, como veíamos, es un biopic, más una película de catástrofes aéreas y a ello hay que sumar también un thriller judicial; un poderoso cóctel multigénero que, aun respetando las claves de cada uno de los géneros mixturados, resulta atípico en su composición y resolución. Así, la acción empieza allá donde terminaban las cintas canónicas de desastres: en el día después del accidente, el momento de las pesadillas y el de enfrentar si se ha tomado la decisión correcta, la hora de determinar si su acto ha sido una intervención proverbial o una imprudencia temeraria que milagrosamente no se ha cobrado ninguna vida. Lo otro, los momentos previos al embarque, la presentación de personajes implicados, el accidente en sí y la milagrosa salvación de todo el pasaje y la tripulación por la pericia y el arrojo del capitán, que era lo que ocupaba la totalidad de aquellos filmes, no llega hasta bien entrada la película como introducción al tercer acto (digno de mencionar es que toda esa secuencia no está subrayada por ninguna música dejando que se oigan los sonidos de la confusión).
Episodio nuclear para Chesley Burnett «Sully» Sullenberger, la película nos resumirá su vida girando sobre ese día y los que le siguieron de inmediato, al modo de otros biopics recientes como Selma (Ava DuVernay) sobre Martin Luther King o el Lincoln de Spielberg. Un relato biográfico ajeno a las estridencias y las glorificaciones desmedidas, cosa a la que contribuye la excelente y contenida interpretación de Tom Hanks. Acompañaremos a Sully en sus pesadillas, las que le asaltan en sueños, las que le persiguen ante la comisión de investigación del accidente en la que la compañía y las aseguradoras tratan de demostrar que, aun habiendo salvado a todo el pasaje, la suya fue una decisión imprudente puesto que habrían habido otras opciones en las que no se habría perdido el avión. Ahí es donde la película funciona como thriller judicial, vertiente que alcanza su culmen en el tercer acto que conduce al desenlace.
Sully es un tres en uno desarrollado en poco más de hora y media (como el buen cine de antes) que mantiene en vilo al espectador hasta su último plano, así de bien tratada está la intriga en el filme. Si Eastwood consigue tanto en tan poco, es por su pericia narrativa que llena de información cada encuadre, y por su buen hacer con los recursos del lenguaje cinematográfico. El cineasta demuestra cómo hacer acopio de flashbacks no es obligatoriamente sinónimo de pesadez, reiteración o falta de agilidad. Todos entran elegantemente en el momento preciso y cada uno, retrocediendo en el tiempo, hace avanzar la trama con buen pulso hacia adelante. Tal vez no sea una obra maestra, pero, como siempre, Eastwood nos lega toda una lección de buen cine.
VAMOS DE ESTRENO (o no) * Viernes 28 de octubre *
TROLLS (Mike Mitchell y Walt Dohrn, 2016)
USA. Duración:93 min Guión: Erica Rivinoja Música: Christophe Beck Fotografía: Yong Duk Jhun Productora: DreamWorks Animation / 20th Century Fox Género: Animación infantil
Sinopsis: Conocidos por sus pelos de colores, locos y mágicos, los Trolls son las criaturas más felices y alegres que irrumpen en el mundo de la canción. Pero su mundo de arco iris y cupcakes cambiará para siempre cuando su líder Poppy (Anna Kendrick) debe embarcarse en una misión de rescate que la llevará muy lejos del único mundo que siempre ha conocido.
De la mano de Mike Mitchell y Walt Dohrn (directores de la cuarta entrega de Shreck) nos llega Trolls: una inocente (casi ingenua) comedia musical que reflexiona sobre la felicidad, su búsqueda y su condición de fuerza interior; es en cada uno de nosotros donde se halla y la amistad es el camino para encontrarla y compartirla. Trolls utiliza la música para sostener la narrativa de la película; la banda sonora de la película está producida por Justin Timberlake, que trabaja también como productor ejecutivo de música, y cuenta con canciones del propio Timberlake, Gwen Stefani, Anna Kendrick y Ariana Grande, así como varios clásicos de la época de los 60, 70 y 80 versionados por miembros del reparto. Un score que hará las delicias de los más pequeños y también de los mayores.
Los Trolls son criaturas radiantes que pasan el día cantando, bailando, abrazándose y comiendo cupcakes. El suyo es un mundo de colorido exultante que lo inunda todo desde sus pequeños cuerpos y largos penachos, hasta su entorno siempre luminoso. Es fácil imaginar que sus figuras inundarán las tiendas de juguetes pues ya en la pantalla vemos desfilar toda una serie de personajes y objetos que están pidiendo a gritos convertirse en merchandising. La película expone un mundo único inspirado en fibras, materiales de terciopelo, pelaje, purpurina y colores brillantes. Los espectadores se verán envueltos en este universo táctil y atractivo que los productores llaman «inmersión peluda«. Toda una experiencia sensorial.
Frente a los pequeños héroes están los Bergens y su mundo grisáceo, unos villanos que sólo son felices cuando tienen un Troll en el estómago, carecen de armonía y alegría y sólo pueden encontrar la felicidad a través de medios visibles más dañinos. No tienen mucho control sobre su felicidad y es menos satisfactoria cuando la consiguen. Si los Trolls representan el optimismo extremo, sus antagonistas son la imagen viva del pesimismo más acérrimo. La peripecia que viven en la película unos y otros hará que la balanza se equilibre y reine la sensatez y la armonía para todos ellos. Uno de los detonantes de esta confluencia será la historia de Bridget, la criada de palacio que está secretamente enamorada del rey. Es todo un acierto del filme retratar esta subtrama interpolando la conocida historia de la Cenicienta. Bridget es la Bergen más dulce y bondadosa de toda Ciudad Bergen; de hecho, puede que sea la única Bergen bondadosa. Ayudada por los Trolls revelará su amor y se producirá la catarsis en la que todos los personajes se hermanan.
Trolls es un canto a la alegría voluntariamente ingenuo, el objetivo de sus directores es distanciarse del discurso dominante siempre propenso al desencanto y la ironía y regalarnos un final feliz que nos devuelva las ganas de soñar.
MAGGIE’S PLAN (Rebecca Miller, 2015)
USA Duración: 92 min. Guión: Rebecca Miller Música: Michael Rohatyn Fotografía: Sam Levy Productora: Round Films / Specialty Films Género: Comedia dramática
Reparto: Greta Gerwig, Julianne Moore, Ethan Hawke, Travis Fimmel, Bill Hader, Maya Rudolph, Alex Morf, Jackson Frazer, Mina Sundwall, Leetopher Scott, Tommy Buck, Monte Greene
Sinopsis: Maggie, profesora y mujer decidida, está preparada para ser madre. Sus amantes no le duran más de seis meses, pero tiene un donante ideal. Con la muestra en la mano, se le declara un compañero casado…
Supuesta comedia sobre la maternidad protagonizada por unos personajes claramente inspirados en los de Woody Allen que tiene varios logros en su haber (o en su contra). El principal es que no tiene ninguna gracia, pero este no es el mayor de sus defectos, ya que el grado de cretinez de la práctica totalidad de sus protagonistas es tal, que uno no puede más que desear que sean engullidos por el Katrina. O que sean objeto de las atenciones de cualquier sosia de El hijo de Sam. O que celebren todos una reunión en un lugar que que sea objetivo de un sangriento atentado de Estado Islámico. Tan solo dos de sus personajes (el de la hija mayor y el del amigo de la protagonista) dan señales de vida inteligente, pero no la suficiente para salvar esta historia de lacras con pies que a pesar de tener mucho tiempo libre no dejan de parecer atareados, ya sea montando un mueble o doblando ropa mientras hablan, hablan y hablan. Todo resulta desagradable en esta película y su argumento, que puede resumirse en dos lineas, tampoco ayuda. Y ya es lástima, pues Rebecca Miller, guionista y directora de este engendro, tuvo un magnífico debut con la extraña y magnética Angela (1995), y cuenta la película, además, con la presencia de la siempre competente Julianne Moore y de un Ethan Hawke que hacen lo posible por dar entidad a este producto que riega su banda sonora con antiguas canciones Blue Beat.
YO, DANIEL BLAKE (I, Daniel Blake, Ken Loach, 2016)
UK/Francia/Bélgica Duración: 100 min. Guión: Paul Laverty Música: George Fenton Fotografía: Robbie Ryan Productora: BBC / BFI / Sixteen Films Género: Drama
Reparto: Hayley Squires, Natalie Ann Jamieson, Dave Johns, Micky McGregor, Colin Coombs, Bryn Jones, Mick Laffey, Dylan McKiernan, John Sumner, Briana Shann,Rob Kirtley
Sinopsis: Por primera vez en su vida, víctima de problemas cardiacos, Daniel Blake (Dave Johns), carpintero inglés de 59 años, se ve obligado a acudir a las ayudas sociales. Sin embargo, a pesar de que el médico le ha prohibido trabajar, la administración le obliga a buscar un empleo si no desea recibir una sanción. En el transcurso de sus citas al “job center”, Daniel se cruza con Rachel (Hayley Squires), una madre soltera de dos niños que tuvo que aceptar un alojamiento a 450 km de su ciudad para evitar que la envíen a un hogar de acogida. Prisioneros de la maraña de aberraciones administrativas actuales de Gran Bretaña, Daniel y Rachel intentarán ayudarse mutuamente.
Yo, Daniel Blake es la decimotercera cinta de Ken Loach que participa en el Festival de Cannes. Supuso para el director su segunda palma de Oro a la mejor película, un galardón que no fue bien recibido por la crítica, más inclinada hacia la última cinta de Paul Verhoeven, Elle. Aún así la película fue aplaudida durante 15 minutos por los asistentes a la premiere y es que, opiniones aparte, Loach es un cineasta con un universo propio y bien definido en su filmografía, que ofrece de nuevo su visión de lo que le gusta contar en el cine: el retrato de los más desfavorecidos de la sociedad, de los perdedores de esta y de todas las guerras. Esa carne de cañón buena, tan solo, a la hora de ofrecer su sangre para defender a la sociedad que luego le da la espalda. Yo, Daniel Blake incide en ese cine social que en esta tribuna consideramos tan necesario, como la francesa La ley del mercado (La loi du marché, 2015) de Stéphane Brizé. Un cine social que contrasta con laureados monumentos a la indecencia como es La juventud (La Giovinezza, 2015) de Sorrentino. Cine proletario que no demoniza a la clase obrera ni la señala como causante paleta y apestosa de todos los males que acosan a nuestra sociedad y en el que tiene un papel destacado esa burocracia absurda que, con sus más y sus menos, resulta igual de inútil en todos los países: se aletarga cuando se trata de pagar y se acelera cuando tiene que cobrar o desalojar. La cinta muestra la solidaridad que nacerá entre los débiles, única forma de sobrevivir en ese pozo de pirañas que supone el enemigo, representado por bancos y oficinas gubernamentales, con su deshumanizado funcionariado.
La película de Loach no cae en exceso en el dramatismo pese a lo que narra, y ello es en parte al gancho y carisma del personaje principal, encarnado por Dave Johns, un actor eminentemente televisivo especializado en el campo de la comedia y la improvisación, motivo de la vis cómica que trasmite su personaje y que tan buen resultado le ofrece. La película fue rodada de forma cronológica, de manera que la protagonista femenina, que también ofrece una actuación magnífica (tanto como pesimista), desconocía como concluiría la película o lo que le esperaba a su personaje, lo que dio una expresión de inquietud a la actriz acorde con la situación personal de su personaje.
VAMOS DE ESTRENO (o no) * Viernes 21 de octubre de 2016 *
EL CONTABLE (The Accountant, Gavin O’Connor, 2016)
USA Duración: 128 min. Guión: Bill Dubuque Música: Mark Isham Fotografía: Seamus McGarvey Productora: WB / Electric City Entertainment / Zero Gravity Management Género: Thriller
Reparto: Ben Affleck, Anna Kendrick, J.K. Simmons, Jon Bernthal, John Lithgow, Jeffrey Tambor, Cynthia Addai-Robinson, Fernando Chien, Seth Lee, Michael Beasley,David Anthony Buglione, Jason MacDonald, Ron Prather, Alex Collins, Johnny Giacalone, Nick Arapoglou
Sinopsis: Christian Wolff (Ben Affleck) es un contable y genio matemático, un hombre extremadamente tranquilo, obsesivo con el orden y con mucha más afinidad con los números que con las personas, que lleva una doble vida como asesino despiadado.
Segundo estreno en nuestras pantallas en lo que va de año de este director del que ya pudimos ver el western La venganza de Jane. El contable nos ofrece un Ben Affleck más frío aún que su Batman encarnando al personaje que da título a la cinta, afectado de autismo y toda una máquina de matar, casi, sin sentimientos en esta intriga un tanto liosa y a ratos disparatada que consigue colar nuestra atención en su acción, así que cumple con creces su cometido de resultar entretenida. Entre sus secundarios destacan los eficaces J. K. Simmons, John Lithgow y el pugilístico Jon Bernthal, que ofrecen consistencia a la cinta.
VAMOS DE ESTRENO (o no) * Viernes 7 de octubre de 2016 *
LA FIESTA DE LAS SALCHICHAS (Sausage Party, Greg Tiernan y Conrad Vernon, 2016)
USA. Duración: 89 min. Guión: Evan Goldberg, Kyle Hunter, Seth Rogen, Ariel Shaffir Música: Christopher Lennertz, Alan Menken Productora: Annapurna Pictures / Nitrogen Studios Canada / Point Grey Pictures Género: Comedia de animación
Narra las aventuras de unos productos de un supermercado, cuya espera y esperanza es formar parte de los escogidos por los dioses (clientes) para ir con ellos hacia el paraíso que se encuentra más allá de las puertas del establecimiento. Pero una salchicha descubrirá que ese más allá no significará otra cosa que su destrucción deglutidos en manos de esos dioses. El itinerario que recorrerán un lote de productos formado por un bagel, un falafel, un bollo, un taco y una salchicha para volver a su estante del supermercado, tras fugarse de un carro de la compra, les hará atravesar pasillos como el chino o el de ilegales, a base de productos mexicanos, hasta dar con los imperecederos, que abrirán los ojos de nuestros protagonistas sobre ese inexistente más allá, mientras son perseguidos por una vengativa ducha vaginal. Y todo ello regado con canciones (pocas, no teman) de Alan (Little Shop of Horrors) Menken.
Seré breve. Uno es poco dado a dar consejos, pero me siento obligado tras ver La fiesta de las salchicas a recomendarles encarecidamente a que francamente, no se la pierdan. No hay muchas ocasiones como para pasarlo tan bien, ya no en un cine, sino en la vida. Por cierto, es una película para adultos (o niños muy espabilados)
UN MONSTRUO VIENE A VERME (J. A. Bayona, 2016)
USA/España Duración: 108 min. Guión: Patrick Ness (Novela: Patrick Ness) Música: Fernando Velázquez Fotografía: Oscar Faura Productora: Apaches Entertainment / Telecinco Cinema / Participant Media / RiverRoad Entertainment / Lionsgate Género: Drama fantástico
Reparto: Sigourney Weaver, Felicity Jones, Lewis MacDougall, Liam Neeson, Toby Kebbell,Geraldine Chaplin, James Melville, Garry Marriott, Joe Curtis, Kai Arnthal, Max Gabbay
Sinopsis: Tras la separación de sus padres, Connor (Lewis MacDougall), un chico de 12 años, tendrá que ocuparse de llevar las riendas de la casa, pues su madre (Felicity Jones) tiene un cáncer. Así las cosas, el niño intentará superar sus miedos y fobias con la ayuda de un monstruo (Liam Neeson), pero sus fantasías tendrán que enfrentarse con la realidad, incluida su fría y calculadora abuela (Sigourney Weaver).
Con este nuevo trabajo J.A. Bayona cierra su trilogía sobre las relaciones maternofiliales, que inició con El orfanato (2007) y continuó con Lo imposible (2012), superando de lejos ambos trabajos y demostrando que es un director que trabaja con el corazón dirigiendo su cine, al igual que su director favorito y modelo, Steven Spielberg, hacia el público y no a la crítica, que se mostrará, sin duda, más tibia que la taquilla.
Técnicamente impecable, la escasa banda sonora de Fernando Velázquez entra en el momento justo, de puntillas, sin acentuar los momentos dramáticos. Sin sobresalir, pero resultando del todo eficaz. Compositor de cabecera de Bayona, pues ha compuesto la totalidad de las partituras de su filmografía, también es habitual en las producciones de Guillermo del Toro.
El pequeño protagonista, Lewis MacDougall, con tan solo un título más en su haber, realiza una contenida actuación que tiene en la mirada su principal recurso. Interpretación que es respaldada por la dulce Felicity Jones, como la madre de Conor, una actriz que ya destacó como lo mejor de La teoría del todo (The Theory of Everything, James Mars, 2014); y Toby Kebbell, en el papel del padre, al que pudimos ver recientemente como Mesala en la nueva versión de Ben-Hur. A este ramillete de actores británicos, pues la acción se desarrolla en Inglaterra, se les ha sumado una magnífica (raro sería lo contrario) Sigourney Weaver. Sin olvidar la penetrante presencia, como la voz del monstruo, de Liam Neeson
J. A. Bayona nos muestra en su película el origen del tantas veces incomprendido amor de los niños por los monstruos de ficción, adoración que depositan en ellos en contraste a los monstruos reales, cotidianos, ya sean acosadores de patio de recreo; amenazas de guerra nuclear; o en forma de cáncer. Tiene Un monstruo viene a verme, tanto el cuento en el que se basa como la cinta que lo adapta, mucho de fórmula terapéutica. El pequeño Conor, magistralmente interpretado por MacDougall, deberá madurar a pasos de gigante, tan grandes como el monstruo que lo visita, y enfrentarse a dilemas como la culpa o la desaparición del ser que más ama. Bayona mezcla en su película tres enseñanzas del monstruo en forma de historias que tomarán forma animada y que demostrarán al pequeño que las cosas no son siempre lo que parecen y que no siempre hay buenos y malos. Lecciones de vida en este relato de crecimiento que, repetimos, merece, y estamos seguros que obtendrá, una buena respuesta por parte del público, pues toca fibras que todos hemos o habremos de pasar varias veces durante nuestra existencia.
VAMOS DE ESTRENO (o no) * Viernes 30 de septiembre de 2016 *
EL HOGAR DE MISS PEREGRINE PARA NIÑOS PECULIARES (Miss Peregrine’s Home for Peculiar Children, Tim Burton, 2016)
USA Duración: 127 min. Guión: Jane Goldman (Novela: Ransom Riggs) Música: Matthew Margeson, Mike Higham Fotografía: Bruno Delbonnel Productora: Chernin Entertainment / Tim Burton Productions Género: Fantastico
Reparto: Eva Green, Asa Butterfield, Samuel L. Jackson, Judi Dench, Ella Purnell, Allison Janney, Rupert Everett, Terence Stamp, Kim Dickens, Chris O’Dowd, Finlay MacMillan, Cameron Greco, O-Lan Jones, Justin Davies, Bomber Hurley-Smith,George Vricos, Andrew Fibkins, Bryson Powers, Jack Fibkins
Sinopsis: Cuando Jake encuentra unas pistas que conducen a un misterio de realidades y épocas alternativas, descubre un refugio secreto conocido como el hogar de Miss Peregrine para niños peculiares. A medida que Jake empieza a conocer detalles sobre los residentes y sus habilidades inusuales, se da cuenta de que la seguridad es una ilusión y que el peligro acecha en forma de poderosos y ocultos enemigos. Jake debe descubrir lo que es real, en quién puede confiar y quién es él en realidad.
Ransom Riggs escribió Miss Peregrine’s Home for Peculiar Children fascinado por las fotografías antiguas, de familias totalmente ordinarias, que coleccionaba. De hecho, su idea era realizar con ellas un libro ilustrado, pero tras la intervención de un editor, las fotografías se usaron para crear una narración sobre un muchacho que sigue pistas de las viejas fotografías de su abuelo que lo sumergen en una aventura que lo lleva a un gran orfanato abandonado en una isla de Gales.
Esta obra, publicada en 2011, ha resultado ser un material ideal para Tim Burton, que ha adaptado la obra a su universo visual consiguiendo una muy valiosa película que hará, en parte, callar a los que proclaman que este creador está acabado. Burton, uno de los directores a los que más se les exige, película tras película, demuestra que sabe crear sensaciones con sus imágenes. Daguerrotipos inquietantes guardados bajo la cama, darán pié a que el protagonista, y nosotros mismos, entremos en esta dimensión habitada por mutantes decimonónicos y horribles monstruos invisibles, habitantes de este cuento de aventuras que posee el inconfundible sello del creador de Eduardo Manostijeras, cuyo universo es homenajeado en una escena al igual que Ray Harryhausen, otro de los héroes de tantas infancias, incluida la del director.
El brumoso Gales se adapta a la perfección al universo gótico de Burton en esta aventura iniciática (¿cual no lo es?) en la que habrá bucles espacio temporales, viajes en el tiempo y en la que, afortunadamente, el director prescindirá del humor chusco que ensombreció, valga la redundancia, Sombras Tenebrosas (Dark Shadows, 2012). La búsqueda de la eterna juventud, el paso de la adolescencia a la madurez, la pérdida de la inocencia, serán argumentos que nos encontraremos en esta cinta, que tiene un magnífico e imaginativo diseño de producción con aires steampunk y un clímax ideal ubicado el tren de la bruja de un parque de atracciones de colores chillones en contraste con los grises galeses y el perverso alimento de los villanos, no en vano llamados espíritus huecos.
Tim Burton nunca marchó, insistimos, pero si piensan que ha perdido garra, esta sin duda es la cinta con la que debería recuperar la confianza de los escépticos.
SING STREET (John Carney, 2016)
Irlanda/UK/USA. Duración: 105 min. Guión: John Carney Fotografía: Yaron Orbach Productora: The Weinstein Company / Cosmo Films / Distressed Films / FilmWave Género: Drama musical
Reparto: Ferdia Walsh-Peelo, Lucy Boynton, Jack Reynor, Aidan Gillen, Maria Doyle Kennedy, Don Wycherley, Kelly Thornton, Kyle Bradley, Lydia McGuinness, Mark McKenna, Pádraig J. Dunne, Ian Kenny
Sinopsis: Cuenta la historia de Connor, un chico de 15 años que crece en el Dublín de los años 80, y que tiene la intención de huir de su complicado hogar. Compone canciones para su recién formada banda como una forma de lucha, y juntos realizan peculiares vídeos musicales.
Dicen que la niñez y la adolescencia son las mejores épocas de nuestra vida. Algo de cierto debe haber, si echamos cuenta de los falsos recuerdos a los que muchos recurren, pero también mucho de drama. Abusones, desamor y mucha tensión, mucho por suceder y también mucho que, de no hacerlo en su momento pasará, pudiendo repercutir, sin que lo sepamos, en toda nuestra vida de preguntarse ¿Qué habría pasado si…?.
La historia de que nos narra Sing Street , frecuentemente comparada con The Commitments (Alan Parker, 1991), resulta más compleja de lo que parece y responde principalmente a una cuestión: ¿Aprovechaste bien esa irrepetible época de tu vida antes de convertirte, irremediablemente, en un adulto? Nos conmina a aprovechar y vivir el momento. A no perder el barco, pues posiblemente tan solo parará una vez en nuestro puerto. Y todo sin miedo y mirando siempre hacia adelante. Y nos parece un mensaje muy positivo, sobre todo si está respaldado por muy buenas canciones, inspiradas en la época en la que se sitúa la acción, los años ochenta, y por buenos actores, muchos de ellos debutantes, que recitan con gran naturalidad sus divertidas líneas. Porque Sing Street tiene mucha comedia que alivia, junto a la música, el punzante dolor del primera amor que vive su joven protagonista.
El director irlandés, John Carney, de nuevo aborda una historia en la que la música es protagonista, tras Once (Una vez, 2006), cinta que recibió unánimemente buenas críticas, así como varios premios, especialmente por sus canciones, tan cuidadas como lo han sido las que podemos escuchar en Sing Street. No en vano Carney es músico y ha compuesto parte de las canciones de sus películas.
Una cinta magnífica. Me atrevo a decir que el Wiplash de este año. No cae en sensiblerías. Resulta vital y directa.
JUEGOS DE FAMILIA (Belén Macías, 2016)
España/Alemania Duración: 9o min. Guión: Juanjo Moscardó Rius Música: Juan Pablo Compaired Fotografía: Gabo Guerra Productora: Gaia Audiovisuals S.L. / Loto Films Género: Comedia dramática
Reparto: Juanjo Puigcorbé, Marta Belenguer, Vicky Peña, Enrique Arce, Antonio Valero, Sergio Caballero, Juli Mira, Ximo Solano, Mireia Pérez
Sinopsis: Carmen entra en crisis cuando siente que su marido Andrés ya no la quiere. Éste trabaja amargado en la empresa de juguetes de su suegro, y aguanta como puede a su jubilación. Tras una gran discusión, Carmen decide irse de casa y Andrés descubrirá atónito que su mujer tiene un amante, Raúl, su peluquero de toda la vida. En vez de revelar su descubrimiento, Andrés decide seguir a Raúl, y empieza a conocerlo para sonsacarle información y utilizarla en su beneficio para reconquistar a Carmen.
Juegos de familia, el tercer largometraje de su directora, Belén Macías tiene mucho de comedia francesa. Su elegancia y buen gusto, así como solventes actuaciones. Su argumento se desenvuelve, al igual que muchas de ellas, en un entorno opulento, aunque se introduce un elemento de crisis que no suele estar presente en las comedias galas. En todo caso también nos retrotrae a aquella comedia catalana de los noventa, sobre todo porque muchas de ellas estaban protagonizadas, al igual que esta, por Juanjo Puigcorbé, que realiza un papel muy similar a los que han caracterizado su ya longeva carrera cinematográfica.
Es una comedia agradable, sin malicia, que saca partido a sus actores, todos muy correctos destacando, además de Puigcorbé, la siempre eficaz Vicky Peña, secundados por Antonio Valero y Sergio Caballero, entre otros.
Nacida en Tarragona, Belén Macías es una de las directoras con más proyección del cine español. Por su primer largometraje, El patio de mi cárcel (2008) producido por El Deseo S.A., fue nominada al Premio Goya a la Mejor Dirección Novel. Marsella (2014), su segunda película, cuenta con dos nominaciones a los mismos Premios para sus actrices principales, María León y Goya Toledo.







«Tras 25 años sin comunismo, la gente de mi generación esperaba un mayor progreso», declaraba a Europa Press Cristian Mungiu. Mungiu, que formó parte de la llamada nueva ola del cine rumano, volvió a conquistar a Cannes el pasado mayo y se alzó con el premio (ex aequo) a mejor director con su cinta más reciente, 








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