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VAMOS DE ESTRENO (o no) * Viernes 9 de diciembre de 2016 *

PATERSON (Jim Jarmush, 2016)

Francia/Alemania/USA Duración: 113 min. Guión: Jim Jarmusch Fotografía: Frederick Elmes  Productora: Amazon Studios / Animal Kingdom / K5 Film Género: Drama

Reparto: Adam Driver, Golshifteh Farahani, Kara Hayward, Sterling Jerins, Luis Da Silva Jr.,Frank Harts, William Jackson Harper, Jorge Vega, Trevor Parham, Masatoshi Nagase, Owen Asztalos, Jaden Michael, Chasten Harmon, Brian McCarthy

Sinopsis: Una semana en la vida de un conductor de autobús y poeta aficionado llamado Paterson (Adam Driver), que vive en Paterson, New Jersey.

paterson-cartelComo me dijo un taxista, llegamos a este mundo con la película ya empezada y nos vamos de él antes de que ésta termine. Así son nuestras vidas, un fluir de días finito en el que, si seleccionamos sólo un segmento, se diluyen el principio y el final. Así es Paterson, un relato episódico que compone una serie entendida en su acepción musical: una sucesión de sonidos (en este caso imágenes) establecida de antemano y constante. Porque Paterson es eso, un recorte de siete jornadas en el vivir cada día de su personaje central, con sus repeticiones rutinarias, en el que estamos tentados de decir que no pasa apenas nada. Pero sí pasa, y mucho. Pasa la vida tal como la experimentamos (en nuestro Occidente) la mayoría, sin estridencias, sin grandes infortunios ni grandes venturas, un simple acontecer monótono. Confortablemente monótono. Luego están las menudencias que salpican aquí y allá poniéndole la sal a los aconteceres, detalles muchas veces fortuitos que sientan las diferencias haciendo a cada día singular aunque casi no reparemos en ellos si nuestra mirada no es atenta. Y todo, todo, está en Paterson, un canto a lo intrascendente lleno de lirismo.

Paterson, el personaje (Adam Driver), es un humilde conductor de autobús, un autobús de línea regular en la pequeña Paterson, la ciudad. Un perfecto Juan Nadie que aprovecha todas las ocasiones posibles para escribir en su cuaderno secreto, poemas de verso libre (compuestos en verdad por el poeta Ron Padgett)  que nadie, ni su esposa, Laura (como la amada de Petrarca), ha leído nunca. Laura  (Golshifteh Farahani), fanática absoluta del negro, del blanco y de sus múltiples combinaciones, es un auténtico torrente creativo, siempre cambiando la decoración, siempre haciendo experimentos culinarios, siempre renovando sus sueños y sus aspiraciones. Con ellos, que aún no han tenido hijos, vive Marvin, un bulldog inglés que jugará un rol fundamental en la trama y que contribuye a pautar la rutina de la pareja. Paterson, la película, es una cinta de personajes, descritos sin subrayados de guion, interpretados sin histrionismo, dirigidos modélicamente. Paterson, la película, es también un filme de detalles, de sentimientos plasmados en imágenes, para lo cual se ha de dar la complicidad entre actores y director. Verdaderas definiciones del amor que pueden expresarse con un simple plano detalle de un cupcake montado antes del primer plano de una mirada que traduce la sonriente paciencia con la que se acepta el juego a dos. Un cupcake que no será ingerido.

Paterson, el poemario, formalmente consiste en un montaje de escenas y de imágenes, con pocos verbos que las vinculen explícitamente. Paterson, el personaje, se confiesa admirador de William Carlos Williams, el poeta cronista de Paterson, la ciudad. Paterson, la película, funciona a su vez como los poemas del modernista, los que va escribiendo el protagonista, que se insertan en la pantalla, los que son compuestos antes por las imágenes que inspirarán las palabras. Todo el filme es una oda a la cotidianeidad. Jarmush nos concita a aceptarnos y gozarnos en nuestro fluir, tan mágico como anodino. Y si los contratiempos nos alcanzan, bastará con volver de nuevo al primer verso. Y empezar que es seguir. Y seguir que es siempre empezar.

SOLO EL FIN DEL MUNDO (Juste la fin du monde, Xavier Dolan, 2016)

Francia/Canadá Duración: 95 min. Guión: Xavier Dolan (Obra: Jean-Luc Lagarce) Música: Gabriel Yared Fotografía: André Turpin Productora: Sons of Manual / MK2 / Telefilm Canada Género: Drama

Reparto: Léa Seydoux, Nathalie Baye, Gaspard Ulliel, Vincent Cassel, Marion Cotillard,Antoine Desrochers, Sasha Samar

Sinopsis: Tras doce años de ausencia, un joven escritor regresa a su pueblo natal para anunciar a su familia que pronto morirá. Vive entonces un reencuentro con su entorno familiar, una reunión en la que las muestras de cariño son sempiternas discusiones, y la manifestación de rencores que no queremos dejar salir, aunque delaten nuestros temores y nuestra soledad.

dolan-cartelEn estos momentos en que se avecinan reuniones familiares, Solo el fin del mundo parece una cinta más que indicada para animarnos a afrontarlas. Sean como sean nuestros compromisos no pensamos que lleguen a ser tan traumáticos como los que refleja Dolan en su película.

Si tuviéramos que definirla con una sola palabra, la calificaríamos, sin duda, de opresiva. Adaptación de la obra de teatro homónima de Jean-Luc Lagarce, nos trae un plantel de personajes atormentados como aquellos que pueblan los dramas de Tennessee Williams, miembros de una familia fracturada y embebidos de un rencor que parece tener su origen en la propia admiración hacía el hijo/hermano triunfador que ha roto los lazos con su huida del hogar, que les ha abandonado condenándolos a tener que construirse en torno a esa ausencia. Tan admirado como odiado, Louis (ese hijo pródigo) ejerce de observador. Vuelve para no volver. Y todos parecen saberlo. Todos se abrirán ante él. Como en una despedida. Recordando buenos y malos momentos. Unos dolorosos y otros agradables. Louis capturará las texturas, los sabores y los recuerdos del que sabe que no volverá. Un reencuentro/desencuentro que, más que a la catarsis, conduce a un desgarro paradójicamente liberador.

Dolan nos hace partícipes, casi víctimas, de ese agobio que planea sobre toda la situación con el uso extremo de los planos cortos. La cámara sólo abre en cuatro ocasiones a plano americano, menos escasos son los planos medios, pero incluso estos nos dejan sin aire pues casi siempre son tomados en escorzo, la cinta es, fundamentalmente, un inarmónico despliegue de primeros planos y planos detalle que nos impiden despegarnos de la acción. Estamos sumergidos en la trama, sin posibilidad alguna de distanciamiento, desorientados y apabullados por los tensos (e intensos) diálogos cruzados. Somos uno más de los miembros de esa familia disfuncional, sin poder simpatizar con ninguno, igual que ellos mismos entre sí. Estamos y nos sentimos incómodos, Dolan consigue que seamos uno más dentro de esa insufrible reunión. Las palabras con las que la crítica ha vapuleado esta película sólo nos confirman que el canadiense ha acertado con este recurso desmesurado. Todo lo que le achacan demuestra que la intención se ha saldado con éxito, porque ya se trataba de eso, de “actualizar el melodrama familiar, pero a costa de nuestros nervios” (Cinemanía), de salir “agotado, con la sensación de que llevo toda una vida acompañado de familia tan histérica. Me da igual su pasado, su presente y su futuro” (Carlos Boyero). Dolan nos lleva a la extenuación y así es como sentimos lo que sienten los personajes, no es que empaticemos, es que hemos vivido su misma experiencia.

Solo el fin del mundo es también una película cargada de buenas interpretaciones. Excesivas e histriónicas, a veces, pero ajustadas siempre a ese contexto doloroso en el que se desarrollan los personajes. Dolan vuelve a hablar de la familia. Y de esta hay bastante que decir: desde el cretino y violento hermano del protagonista, Antoine (interpretado por un fantástico Vincent Cassel que se diría que improvisa sus pérdidas de control); a su maltratada esposa Catherine (magnífica en su sensibilidad Marion Cotillard); pasando por Suzanne, la hermana pequeña (Léa Seydoux), muy recordada por La vida de Adèle); y terminando con la madre, que interpreta Nathalie Baye. Paradójicamente, el que menos sobresale es el protagonista, Louis (Gaspard Ulliel) y es que la única actitud posible para él es la de encerrarse en su propia coraza para morir en paz. No habrá más contacto, ya está todo dicho, el dolor ha tocado fondo sin que se pueda enjugar. Es el fin, el suyo propio, el de su familia, el del mundo.

 

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