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El huerto del francés: de la realidad a la ficción

El huerto del Francés es uno de los films más valorados de Paul Naschy y también, paradójicamente uno de los más difíciles de ver y disfrutar en condiciones.

Poco antes del fallecimiento del actor, pudieron recuperarse varios de sus títulos más emblemáticos en formato DVD de mano de Vellavisión, ediciones que contaron con introducción del propio actor/director. En aquella serie se pudieron ver dignamente varios de los films más buscados y queridos por el propio Naschy, como El caminante (1979) o La bestia y la espada mágica (1983) pero no fue posible conseguir El aullido del diablo (1987) o el que vamos a tratar.

Con una historia perfectamente representada y ambientada que parte de un caso extraído de la crónica negra que, como en la mayoría de ocasiones  no logra superar la ficción,  El huerto del francés es  una película deudora de una época. Con el dictador recién enterrado, el país entró en un momento de desasosiego y esperanza ante unos tiempos en los cuales se comenzaban a reconquistar ciertas libertades, que hicieron posible el poder mostrar los violentos hechos acaecidos en Peñaflor con toda su crudeza, además de con un generoso número de desnudos femeninos, señales todas ellas de esos cambios.

La película, una de sus obras más redondas según Naschy y  una de las 100 imprescindibles del fantástico español para Ángel Sala, surge “porque siempre había tenido curiosidad por saber cual era el significado de la frase: ‘Te voy a llevar al huerto’ ” (1)

Veamos que sucedió en ese huerto, un viaje para el que contaremos con dos colaboraciones de lujo: la de Ángel Gómez Rivero y la de Sergio Molina.

LOS CRÍMENES DEL HUERTO DEL FRANCÉS

La investigación nace a resultas de la  desaparición de Miguel Rejano en noviembre de 1904, momento en el que su primo Juan Mohedano a petición de la esposa del desaparecido investiga sobre su paradero, lo que le lleva a Sevilla, donde contacta con Laureano Rodríguez, un ex policía que se meterá de lleno en la investigación y que será vital para el esclarecimiento de los hechos.

En la fonda donde se hospedó Rejano, informan a Mohedano de que la primera noche este recibió la visita de José Muñoz Lopera, vecino de Peñaflor, con el que se ausentó, marchando definitivamente y pagando la cuenta al día siguiente, acompañado de un tal Borrego.

La investigación le lleva a Peñaflor, un pueblo cercano a Sevilla donde habla con José Muñoz Lopera, que le dice que estuvo en contacto con Rejano con la intención de venderle una ruleta.

Todo le parece sospechoso al primo del desaparecido. Poco después, el ex policía Laureano Rodríguez le comunica que ha localizado a José Borrego, la última persona con la que se vio a su primo. Borrego es, como Rejano, un jugador con el que estaba al tanto de una importante partida que se celebraría pronto y en la que estaba también implicado Lopera, que era el que se dedicaba a organizar partidas clandestinas. Cuando las organiza en Peñaflor, las hace en el Huerto del Francés, un lugar alejado del pueblo.

En vista de que las investigaciones, puestas en manos del Gobernador Civil marchaban lentas, el ex policía Rodríguez decide publicar en un periódico dos cartas dando datos sobre los hechos, lo que despierta la expectación y hace que el juez de Lora ordene interrogar a José Muñoz Lopera y a Juan Andrés Aldije Monmejá “el Francés” de 54 años, propietario del huerto y natural de Egen (Gascuña). Ambos quedan en libertad tras declarar.

Un hecho fortuito hace avanzar la investigación cuando la esposa de Rejano recibe dos anónimos en los que se le ofrece información a cambio de 50 duros. Al poco recibe la visita de una persona a la que no puede identificar que le informa de que su marido está enterrado en el huerto del francés en Peñaflor. Parece ser que esta persona era Borrego, que al no permitírsele participar en la timba, queda en el exterior y escucha como es asesinado Rejano. Incluso puede escucharle decir lastimeramente “¡Ay, mare de mi arma!”

Para cuando se intenta localizar a Aldije este ya ha desaparecido. Por lo que Mohedano, junto a un guardia Civil inician una sencilla investigación en el huerto consistente en hundir varillas de hierro en la tierra y olerlas para detectar algún hedor sospechoso, investigación que el 14 de diciembre da sus frutos al desenterrar una primera calavera, que es seguida  de otros cinco cadáveres, uno de ellos el de Rejano.

El juez inmediatamente dicta auto de prisión contra José López Lopera y busca y captura contra Juan Andrés Aldije, entre otros encausados que luego se demostraría que no tenían nada que ver en el asunto, como la segunda esposa de Aldije, Elvira Meléndez, su hijo mayor o el hermano de Lopera.

El desaparecido Aldije, suspende la fuga que tenía planeada a Brasil al leer en la prensa que su esposa y su hijo estan detenidos,  por lo que vuelve a Peñaflor y se entrega.

En confesión se puede averiguar que los crímenes se cometieron entre 1898 y 1904, además del método empleado para asesinar a sus víctimas: Lopera encontraba a jugadores dispuestos a desplumar al francés, que se hacía pasar por rico, en partidas clandestinas a celebrar en la casa de Peñaflor. Una vez allí, aprovechando la noche y caminando en fila india por un estrecho camino de acceso a la finca en la que siempre ocupaba el último lugar Aldije, este decía la contraseña “cuidado  con la cañería”, que además de conseguir distraer a la víctima, servía para avisar a su cómplice de que era el momento en el que propinaría un contundente golpe en la cabeza al desdichado con una tubería a la que denominaba ”el muñeco”, rematándolo a continuación con un martillo y robando las pertenencias del  incauto, tras lo que enterraban su cadáver en el huerto.  Naturalmente, ambos detenidos se acusaron mutuamente de ser los autores materiales de los crímenes.

A pesar de que Lopera iniciase una huelga de hambre y Aldije culpara de todo a su compinche, eso no evitó que fueran condenados a 6 penas de muerte, una por víctima, subiendo al patíbulo el 31 de octubre de 1906 a la 7 de la mañana en el patio de la cárcel del Pópulo de Sevilla.  Separados los dos patíbulos con una cortina negra, ambos reos pidieron perdón en público por sus crímenes. Pero también  ambos tuvieron mala suerte con sus verdugos: el de la Audiencia de Sevilla, José Caballero Quintana y el de la de  Madrid, Áureo Fernández Carrasco que acudió para asistirle.  Fueron los dos verdugos bastante chapuceros con el manejo del garrote vil. El primero en ser ajusticiado fue Lopera, a las ocho y doce por el verdugo de Sevilla, falleciendo entre  terribles convulsiones por la deficiencia del aparato, seguido por “el Francés”, que al notar el corbatín en su cuello le dijo al verdugo de la audiencia de Madrid: “Aprieta sin miedo”. Pero  ante la nefasta faena del ejecutor, que estaba ensayando un nuevo corbatín para agarrotar al reo, añadió “¿No te dije que apretaras fuerte?

Áureo Fernández realizó con esta una de sus últimas faenas, ya que falleció tres años después.

EL HUERTO DEL FRANCÉS DE JACINTO MOLINA

Cartel argentino del film.

La película, segunda dirigida por el realizador tras Inquisición (1976), está escrita por Jacinto Molina y Antonio Fos, un sólido guionista y colaborador de, entre otros, Eloy de la Iglesia en los guiones de varios de sus primeros films como Cuadrilátero (1970), El techo de cristal (1971), La semana del asesino (1973) o Una gota de sangre para morir amando (1973), además de otros grandes títulos del fantaterror como Una vela para el diablo (Eugenio Martín, 1973), Joven de buena familia sospechosa de asesinato (Alfonso Brecia, 1972), La orgía nocturna de los vampiros (León Klimovsky, 1974) o  de nuevo junto a Paul Naschy, Latidos de pánico (1983).

Rodada en Algete (Madrid), además de en escenarios reales en Peñaflor y Sevilla, cuenta con un reparto que mezcla jóvenes actrices de la época, como María José Cantudo, Ágata Lys, Silvia Tortosa y Julia Saly junto a  reputados veteranos como José Calvo, José Nieto o Carlos Casaravilla.

Aunque el film no es del todo fiel al caso, ya que se toma las lógicas licencias dramáticas, la cinta está perfectamente ambientada ya que, no en vano Jacinto Molina investigó en el lugar de los hechos aprovechando escenarios naturales para dar más credibilidad a lo narrado. Algo que curiosamente no fue tarea fácil para el director, ya que buscando donde se encontraba el huerto original se encontró con que “cuando yo preguntaba a los lugareños sobre el siniestro lugar nadie sabía nada. Nunca había existido tal sitio en Peñaflor. Notaba que el huerto era totalmente tabú” (2)

Gracias a la colaboración del párroco del lugar pudo tener acceso  a documentación valiosa y acceso al huerto, del que quedaban únicamente las tapias. Así, “gracias al cura pude rodar la fachada del domicilio auténtico de Juan Andrés Aldije, aparte de las verdaderas tapias del huerto, la iglesia donde contrajeron matrimonio el terrible asesino en serie y la guapa Elvira – interpretada por Julia Saly – y, decorándolo, un mesón que perteneció a Muñoz Lopera“. (2)

También pudo rodar en el lugar real donde se ajustició a los culpables en Sevilla, convertido en un establo que tuvo que ser limpiado.

Todo ello rodado con una oscura fotografía en interiores que añade suciedad y sordidez. “Es una especie de cuadro de Julio Romero de Torres  ensangrentado, que reconstruye satisfactoriamente la época (principios de siglo XX). El clímax es perfecto y posee una profunda carga social que refleja aquella torva España negra, la Andalucía profunda”. (3)

Interiores sucios y oscuros como los tipos humanos que nos muestra el director en ese hábitat, en oposición con la luminosidad del cielo andaluz, de sus campos y del personaje interpretado por Julia Saly. Un contraste presente en el mismo rostro del asesino, que su director ensombrece súbitamente en algunos planos para mostrar su siniestra doble vida. Su lado oscuro.

En opinión de Ángel Sala, este Naschy en estado de gracia “conseguía un triplete difícil de superar, pues El huerto del francés  es posiblemente el mejor guión firmado por Molina (con una impecable descripción dela España profunda y primitiva de principios del siglo pasado, con sus cuotas de superstición, pobreza, dejadez moral, represión sexual y odios comunales), su mejor interpretación y, a la postre, su mejor película como realizador, con una sobriedad escalofriante y una narración poderosa, sin efectismos y coherente con el ambiente y la veracidad de la historia” (4)

El papel del protagonista, Juan Andrés Aldije apodado el  Francés, se lo reserva el mismo Naschy en la que es una de sus mejores interpretaciones, “Un serial-killer patrio con sabor a tortilla de patatas acompañado por el rasgueo  de las guitarras, pero más espeluznante  que cualquier american-psicho. (…) la interpretación de Naschy hiela la sangre de los espectadores” (3), mientras que José Calvo hará de su cómplice, José Muñoz Lopera.

Como estrellas femeninas, el film cuenta con dos muy populares actrices de los setenta: María José Cantudo y Agata Lys.

María José, que se hizo muy popular por protagonizar el primer desnudo frontal en el cine español con La trastienda (Jorge Grau, 1976), tiene una prolongada carrera a sus espaldas, siendo una de las pocas actrices que ha sobrevivido a la etapa del destape manteniendo su popularidad.

Nacida en (Andújar) Jaén en un año inconcreto (pero en los años cincuenta), comienza su carrera como modelo publicitaria y de fotonovela, pasando pronto a televisión y dando el salto al cine, carrera que precisamente inicia con El espanto surge de la tumba (Carlos Aured, 1973), con Paul Naschy de protagonista. Su siguiente film también entra en el género fantástico, Autopsia (Juan Logar, 1973). Volvió a coincidir con Naschy en Secuestro (León Klimovsky) e intervino en la comedia de terror sexy Las alegres vampiras de Vögel (1975, Julio Pérez Tabernero) junto a Ágata Lys.  Tras una prolongada carrera cinematográfica en la que no consigue avanzar, decide centrarse en la revista y el teatro, donde obtiene mayor reconocimiento.

Su papel en El huerto del Francés es el de una pobre ingenua embarazada por Aldije que descubrirá toda la trama de los asesinatos mientras está convaleciente tras un sórdido aborto clandestino al que es obligada por él.

La vallisoletana Ágata Lys (Margarita García Sansegundo) es una bestia de la pantalla. Buque insignia del destape patrio intervino en un gran número de películas en las que mostró generosamente su rotunda anatomía, como es el caso de El huerto del francés, donde hará de dura prostituta amante de Aldije. Desperdiciada su carrera en el cine en películas donde el reclamo era precisamente su físico, decide centrarse en el teatro y abandonar su teñido rubio, que tanta popularidad le había dado, cortándose ella misma la larga melena. Con una voz muy personal, Ágata ha participado en pocas películas de terror. Intervino como protagonista en Las alegres vampiras de Vögel (Pérez Tabernero), y junto a Paul Naschy en El transexual (José Jara,  1977) en el valiente papel de la protagonista. Después demostró su casta con buenos papeles en Los santos inocentes (Mario Camús, 1984) y Familia (Fernando León de Aranoa, 1996).

Pero parece ser que la relación entre las dos divas no fue muy buena, tal y como cuenta Paul Naschy: “se llevaban a matar, con peleas y celos, y me amargaron el rodaje, sobre todola Cantudo. En una de sus trifulcas, arrojó un plato a la Lys que, sin embargo, hirió al maquillador Ángel Luis de Diego. Otro día no se le ocurrió mejor idea que desgarrar el vestuario de la otra. (…) El asunto se enconó cuando ambas debían rodar una verdadera pelea. Las advertí que si se producía algún hecho que pusiera en peligro el rodaje iban a tener la pelea conmigo. Recuerdo que el marido de María José Cantudo, Manolo Otero, que presenciaba el rodaje, me decía al oído: ¡Déjalas que se zurren bien! Te quedará una escena cojonuda”. A pesar de los problemas, el director reconoce que  “Tanto la Lys como la Cantudo rayaron a gran altura” (1)

En el elenco también destaca la barcelonesa Silvia Tortosa, otra de esas actrices veteranas cuya carrera y reconocimiento gozan de buena salud. Ha realizado mucha televisión y bastante cine, teniendo en su filmografía una de las perlas del Fantaterror español: Pánico en el Transiberiano (Eugenio Martín 1972), donde comparte reparto con Christopher Lee, Peter Cushing y Telly Savalas. También, dentro del género fantástico intervino en Las garras de Lorelei (Amando de Ossorio, 1974) y  El enigma del Yate (Carlos Aured, 1983), además de en reputadas series de televisión como Historias para no dormir (Episodio Freddy, 1982) o La huella del crimen (El caso de Carmen Broto, Pedro Costa, 1991). En El huerto del francés hace un papel contenido y dulce que contrasta con el personaje duro interpretado por Ágata Lys.

La cuarta actriz a destacar es Julia Saly, bailaora conocida como La Pocha que unió su carrera a la de Paul Naschy en muchos títulos como Muerte de un quinqui (León Klimovsky, 1975), Inquisición (Jacinto Molina, 1976), Comando Txikia (José Luis Madrid, 1976 ), Último deseo (León Klimovsky, 1976), además de en Madrid al desnudo (1979), Los Cántabros (1980), El carnaval de las bestias (1980), Latidos de pánico (1983), El último kamikaze (1984), Mi amigo el vagabundo (1984) y Operación Mantis (1985), realizando la que será mejor actuación como Condesa Báthory en El retorno del hombre lobo (1981), todos ellos dirigidos por Jacinto Molina. Fue productora ejecutiva de Dálmata Films y Acónito Films.  También con él interpretó varias series de televisión producidas en Japón y prácticamente toda su filmografía se puede engrosar en el fantaterror, ya que también figura en dos títulos de Amando de Ossorio: La noche de las gaviotas (1975) y  La endemoniada (1975).

En El huerto del Francés interpreta a la segunda esposa del protagonista, una santa en contraste con las prostitutas y amantes que tiene el personaje interpretado por Naschy.

El reparto está repleto de reputados actores que enriquecen el film, muchos de ellos secundarios con prolongadas carreras, entre ellos: Carlos Casaravilla, que ya había compartido reparto con Naschy en dos ocasiones antes, en La marca del hombre lobo (López Eguiluz, 1968) y El francotirador (Carlos Puerto, 1978), siendo este el último trabajo de su vida. José Nieto, un histórico de la cinematografía española que comenzó su carrera en la época del cine mudo, pasando a rodar películas hispanas para los estudios de Hollywood en los años treinta y manteniendo una estable y prolongada carrera en el cine español hasta su fallecimiento en 1982, habiendo actuado en otro título de Naschy, La marca del hombre lobo (López Eguiluz, 1968), además de en La perversa caricia de Satán (Jordi Gigó, 1976). Manuel Pereiro además de formar parte del reparto de El extraño amor de los vampiros (León Klimovsky, 1974) o Escalofrío (Carlos Puerto, 1978) y ser habitual de Juan Piquer Simón, se convirtió a raíz de este film en una presencia frecuente en los repartos de  Naschy como demuestra su intervención en Madrid al desnudo (1979), El caminante (1979), Los Cántabros (1980), El carnaval de las bestias (1980) y  El retorno del hombre lobo (1981). Víctor Iregua, también coincidió con Naschy en dos films de José Luis MadridJack el destripador de Londres (1971) y  Los crímenes de Petiot (1973), además de intervenir en Mil gritos tiene la noche (Juan Piquer Simón, 1982) .Luis Ciges en el papel de verdugo es el encargado de agarrotar a los dos criminales. Mucho antes de convertirse en ese entrañable actor que popularizaron primero José Luis Cuerda y más tarde Fesser, era un esforzado secundario que  había colaborado con Naschy en otros films, como en El espanto surge de la tumba (Carlos Aured, 1974) (donde rebanaba el cuello de, precisamente, María José Cantudo), La rebelión de las muertas (León Klimovsky, 1973), Los ojos azules de la muñeca rota (Carlos Aured, 1974), Los Cántabros (Jacinto Molina, 1980), El carnaval de las bestias (Jacinto Molina,1980), y otros memorables films fantásticos como La saga de los Drácula (León Klimovsky, 1973), La noche de las gaviotas (Amando de Ossorio, 1975), ¿Quién puede matar a un niño? (Ibañez Serrador, 1976) o Arrebato (Iván Zulueta, 1980). Antonio Ramís, actor también de prolongada carrera,  ha compartido reparto con Naschy en films como Jack el destripador de Londres (José Luis Madrid, 1971), El jorobado de la morgue (Javier Aguirre, 1973) y  Muerte de un quinqui (León Klimovsky, 1975). Antonio Orengo intervino, entre otros títulos, en La marca del hombre lobo (López Eguiluz, 1968), La noche del terror ciego (Amando de Ossorio, 1972) y El mariscal del infierno (León Klimovsky, 1974). Alfonso Castizo tiene varias coincidencias en su filmografía con Naschy: Jack el destripador de Londres (José Luis Madrid, 1971), Comando Txikia (José Luis Madrid, 1976), El caminante (Jacinto Molina, 1979) y Operación Mantis (Jacinto Molina, 1985).

Además de Yolanda Ríos, con la que Naschy volvió a contar en Madrid al desnudo (Jacinto Molina, 1979).

El huerto del francés se estrena en diciembre de 1977, produciéndose un error tipográfico en la cartelería del film, ya que su nombre no figura en el reparto como actor (sí como director) lo que obliga a colocar unas etiquetas adhesivas sobre las lobby cards,  además de rehacer los carteles (arriba pueden verse los dos modelos). Por si esto fuera poco, cuando se lanza la edición en video de la película, el encargado de realizar la carátula consulta una revista de la época, Nuevo Film Sex, en la que se narraba el argumento novelizado de este y de otro film, El vicio y la virtud, por lo que mezcla los nombre del reparto de ambos films señalando a Teresa Gimpera y Juan Ribó como protagonistas y, lo que es peor, cambiando el director y dando la autoría de El  huerto del Francés a Francisco Lara Polop, realizador de El vicio y la virtud. Todo un despropósito que puede verse en la imagen de arriba, mientras que la revista en cuestión podemos verla también en las dos ilustraciones incluídas. De momento, y si nadie lo evita, este film espera su turno para ser editado de forma

EN TORNO AL HUERTO DEL FRANCÉS  Por Ángel Gómez Rivero

            A menudo me habló mi amigo de esta película suya tan extraña, tan atípica en su filmografía y, no obstante, tan personal y tan sentida. Porque el argumento se sustenta en una historia que lo intrigó desde tiempo atrás; un relato basado en un caso real acontecido un siglo atrás en Peñaflor, pueblo sevillano a medio camino entre Sevilla y Córdoba, en el que un posadero, de nombre Juan Andrés Aldije y apodado El Francés, ayudado por un socio, asesinó sin piedad alguna a los pobres viajeros y jugadores que accedían al mesón, con el único móvil de robarles. Paul, al que siempre le fascinó y estremeció la entereza y frialdad de algunos asesinos a la hora de afrontar su suerte final, vio en este sórdido relato la materia prima para elaborar uno de los papeles más difíciles de su carrera, el del asesino en serie. Rodado in situ, Paul es responsable del guión, de la puesta en escena y del papel principal, y lega aquí una descriptiva minuciosa del universo particular de este asesino en serie tan estremecedor, alejado de los estereotipos excedidos del cine estadounidense de la época. Ajustándose, por lo demás, a la realidad histórica de una etapa oscura e incierta. Es en el desenlace donde más se ilustra la sangre fría del personaje ante su propia ejecución, ofreciendo un cierre de película tan potente como conmovedor.

            El huerto del francés es un filme de lo más inspirado en la filmografía de Paul. Nos lega un ambiente sórdido de principios del siglo XX, de la España negra y profunda, de los asesinatos de pueblo, en los que se mezclan las pasiones carnales con los intereses económicos. Es una fábula de corte real y rural donde la guitarra española llora el dolor de los crímenes en tablaos flamencos que ocultan la espantosa y cruda verdad, y en la que la insensibilidad del asesino —excelente Paul, en uno de sus más completos y complejos papeles, en este caso no fantástico— deviene en un final que enlaza con las primeras imágenes, al desarrollarse la trama mediante un perfecto y descomunal flashback. Un desenlace con el garrote vil como estrella invitada, que siega la túrbida vida de un asesino olvidado por todos y disimulada su negra existencia, tal vez por misericordia o tal vez por miedo, en los acordes de una vieja y perdida conseja andaluza.

            Sólo por el inmenso interés que Paul mostró siempre por desenterrar esta película del olvido, sueño con la divulgación de la misma en formato digital. Sería una hermosa manera de volver a rendir a su autor el tributo que merece. Porque su sombra sigue siendo alargada y su recuerdo ineludible.

            Jamás te olvidamos Viejo Lobo.

Y UN COLOFÓN DE ORO: SERGIO MOLINA SOBRE EL HUERTO DEL FRANCÉS

Queriendo contar con un comentario sobre el film de una de las personas más cercanas al cineasta, pedimos una pequeña colaboración al hijo del realizador, Sergio Molina, que sirve como broche de oro, o de lujo más bien, para este artículo.

“Hablar de “El huerto del francés” me produce un sentimiento contradictorio y me explico. Mi padre la tenía considerada como una de sus mejores películas y la poca gente que la ha podido ver en buenas condiciones así lo piensa. Para mi es una abigarrada historia de un asesino despiadado y sin escrúpulos que elimina a sus víctimas valiéndose de bajos instintos mezclando prostitución y juego en una espiral cuasi diabólica donde Juan Andrés Aldije juega el papel de un Mefistófeles de hoz y algarroba. Es una película dura, fría y sin concesiones. Yo la vi hace ya bastantes años en un pase que Tve realizó a altas horas de la madrugada, y quedé impresionado. Todos los actores están soberbios, aunque destaco a Pepe Calvo que borda el papel de Muñoz Lopera, una especie de trasunto del Igor del Dr. Frankenstein que ayuda a su “jefe” en sus tropelías, aunque en este caso un arrepentimiento silencioso se refleja en su mirada y en sus acciones. Recuerdo la secuencia de la ejecución con el contraste entre la frialdad más absoluta del asesino y el derrumbe emocional de su ayudante. La película es un flashback tremendo y oscuro que me dejó noqueado durante bastante tiempo. Digo que el sentimiento es contradictorio porque es una pena que esta película no se pueda ver en buenas condiciones, me consta que en la filmoteca existe una copia que reluce como el primer día, pero al existir un problema con los derechos parece ser que dormirá el sueño de los justos. Para mi padre era una gran frustración no poder ver editada esta película y aunque lo intentamos, no conseguimos que estuviera presente en las ediciones que salieron en 2009, una semana antes de que nos dejara. Lo que espero es que el interés de los aficionados y la labor de gente como Proyecto Naschy y otros muchos blogs y páginas web permita que estas películas, que también son patrimonio del cine español, puedan verse de forma digna ya que al fin y al cabo es parte de un legado y de una aportación que como dijo Paul hace un tiempo “puede que haya sido pequeña, pero ahí está” Un saludo, Sergio Molina”.

Un soberbio trabajo de ambientación y fidelidad: compárese esta imagen con la real reproducida más arriba.

(1) Flash-Back nº 3, 1994.

(2) Paul Naschy en  Memorias de un hombre lobo (Paul Naschy, Alberto Santos Editor, 1997)

(3) Profanando el sueño de los muertos, Ángel Sala, Scifiworld 2010.

(4) Adolfo Camilo y Luis Vigil en Memorias de un hombre lobo (Paul Naschy, Alberto Santos Editor, 1997)

Categorías:Paul Naschy
  1. 31 marzo 2012 en 4:42

    Yo la vi en una proyeccion de la Filmoteca de Madrid (año 94, creo recordar) con esa copia impoluta que menciona Sergio, con la presencia de Paul, Leon Klimovski y Carlos Aured. Impresionante pelicula nacional que debe reivindicarse y estar disponible para el disfrute de los espectadores, como bien dice… La considero la mejor de las que he visto de Jacinto Molina, pero no creo haber llegado a ver la mitad de su filmografia. Saludos.

    • 1 abril 2012 en 12:27

      ¡Que suerte haberla podido disfrutar en buenas condiciones! Yo de momento me he tenido que conformar (y aún gracias) con una VHS que no se ve del todo bien pero… como soy de general optimista, pienso que tarde o temprano será editada. ¡¡Saludos Ramiro y hasta pronto!!

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