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Serendipia’s Sitges Film Festival 2019: Sexta cápsula

8 noviembre 2019 Deja un comentario

MARTES 8 DE OCTUBRE                                                     (Fotos: Serendipia)

Retomamos el festival donde lo dejamos con un nuevo día y cinco propuestas a estrenar: dos de Oficial Fantàstic Competició (Synchronic y The Antenna); dos Noves Visions (Harpoon y Patrick); y una Anima’t (sección que este año, por cierto, no tuvo su habitual postal promocional) con White Snake.

Synchronic es una ingeniosa historia dirigida por Juntin Benson y Aaron Moorhead, dos viejos conocidos del festival, pues dos de sus películas, Spring (2014) y El infinito (The Endless, 2017) fueron seleccionadas en su momento. La cinta narra como, mediante una droga de diseño, una ayahuasca sintética de venta legal, puede llegar a abrirse una puerta al pasado. Todo mediante teorías cuánticas que podría explicarles, pero que no entenderían con su limitado intelecto. El resultado es un tan competente como mainstream thriller de ciencia-ficción repleto de psicodélicos viajes en el tiempo. Una propuesta que funciona como excelente cinta de aventuras, cruzada con el policíaco, con personajes que mueven nuestra empatía, y un punto de partida suficientemente creíble como para que nos sea fácil suspender la incredulidad. Apta para todos los públicos, de tan entretenida se nos hace incluso extraño que no haya tenido un estreno ‘normal’ en nuestro país. Pero ¿qué es normal en nuestro país? ¿qué es normal en el mundo?

Báishé: Yuánqi (White Snake, Amp Wong y Ji Zhao, 2019), es otra de las películas de animación que pudieron verse en el Tramuntana, además de en su habitual ubicación del Retiro. Esa cercanía a l’Auditori facilitó que Serendipia pudiera tomar sus habituales dosis de animación, en este caso 3-D, de manera más cómoda. La cinta de Amp Wong y Ji Zhao es una propuesta muy imaginativa y con una estupenda animación al servicio del relato. Argumentalmente nos trae la historia de Blanca, una mujer que ha perdido la memoria y recibe la ayuda de Sean, un cazador de serpientes, junto al que intentará conocer su identidad. Por el camino, tendrán que superar diversos obstáculos, a la vez que el afecto va creciendo entre ellos. Justo cuando están a punto de descubrir quién es Blanca, se produce el desastre. Adaptación de la Leyenda de la serpiente blanca, mezcla la mitología local, la rica iconografía de la China milenaria, con una poderosa historia de amor dando lugar a un todo fabuloso de impecable factura técnica. Un dibujo por ordenador preciosista, con elaborados y coloridos fondos, es una cinta capaz de hacer las delicias de los aficionados al género tanto como al público general. Fantasía a raudales impregnando sus bellas imágenes en las que se equilibran perfectamente la acción vertiginosa y la apasionada historia de amor de sus protagonistas. Una delicia.

Los mejores platos del día vinieron de la mano de Noves Visions. En la producción canadiense Harpoon (Rob Grant, 2019) vemos como un idílico fin de semana en un yate entre dos amigos y la novia de uno de ellos se convertirá en un infierno cuando los celos hagan acto de presencia. Y los celos y los ataques de ira irreprimibles son una mala combinación, sobre todo si se tiene un arpón a mano. Una trama sencilla en la que se pone al límite a sus tres personajes bien caracterizados, con giros de guión bien introducidos y un perfecto desenlace, hacen de la cinta de Rob Grant una resultona comedia negra de fácil ingesta y ligera digestión.

Tras este ligero y satisfactorio entremés, le llegaba el turno a De Patrick (Tim Mielants, 2019) una de las cintas que más expectación había generado en los corrillos previos al festival. Y es que su  bizarro argumento hacía despertar la curiosidad de muchos. ¿Qué cabía esperar de la historia de Patrick, su no tan joven protagonista que todavía vive con sus padres en el camping nudista que gestionan y que, cuando su padre muere, se encuentra de repente a cargo de él, aunque tenga otras cosas en su cabeza, como el haber perdido su martillo favorito? Serendipia no podía más que caer rendida y darle cabida en su selección ya que  le encantan las películas marcianas y cuando detecta una, procura que no se le escape. No hubo decepción. Detengámonos un poco más.

La cinta del belga Tim Mielants venía avalada por su participación en la sección oficial del International Film Festival Karlovy Vary (uno de esos festivales que uno querría visitar antes de entrevistarse con la Parca) donde tuvo buena acogida, la suficiente como para hacerla apetitosa a los ojos de cualquier programador. Aunque sea el de un festival dedicado al fantástico. Y aunque tenga que plantearse después cómo justificar su inclusión en el género. Con De Patrick estamos, pues, de nuevo a vueltas con los límites del fantástico, porque de entrada no hay elemento mágico alguno (sobrenatural o no), no es un thriller, ni siquiera se puede englobar dentro de la comedia negra. Los más estrictos, ante esto, concluirán que no es género. Pero ¿qué pasa si ampliamos el espectro? De Patrick es comedia (aunque tenga pinceladas de drama), un tipo de comedia muy concreta, la que pivota sobre el humor de lo absurdo, se aleja del realismo, se acerca al dibujo surreal de personajes y situaciones, y ese dibujo sí es susceptible de ser visto como una connotación de lo fantástico ¿O acaso el esperpento no es un subgénero del fantástico? Dejamos la pregunta al aire, sugerimos el debate, sin mediar en el mismo, porque lo cierto es que, como sea, es una suerte que los festivales se hagan eco de este tipo de productos que tiene más difícil su llegada a los cines comerciales de no ser así. De Patrick fue una de las mejores cintas de esta edición, hubo bastante unanimidad sobre ello, porque bajo su estrafalario envoltorio se esconde una interesante reflexión sobre qué nos hace ser nosotros mismos, cómo afrontar las pérdidas, cómo alcanzar la madurez, cómo situarnos dentro de la comunidad y asumir nuestras responsabilidades. Una reflexión que viene facilitada por la caracterización de su personaje protagonista, al que podríamos aproximar al Míster Chance de Hal Ashby. Un tipo estrambótico, casi un pelín retrasado, pero cuya actitud es susceptible de ser tomada por los otros personajes como un envidiable sentido del verdadero valor de la existencia. Un personaje que es un auténtico caramelo para cualquier actor y que aquí encarna un inmenso Kevin Janssens, que hizo doblete como protagonista también de The Room, totalmente irreconocible. Una interpretación memorable para una película destinada a permanecer en nuestro recuerdo.

Si el debut en cine de Mielants (procedente de la televisión) fue celebrado con unanimidad, no corrió la misma suerte la ópera prima de Orçun Behram. Bina (The antenna, 2019) nos sitúa en un futuro distópico que recuerda mucho el paisaje de la Europa del Este antes de la caída del muro y que, a buen seguro, se pretende también como una crítica al régimen de Erdogan. Como si fuera la 13 rue del pércebe en tonos grises, Behram nos trae a través de la vida de un bloque de pisos la enésima revisión del Gran Hermano. El gobierno lo dispone todo para hacer llegar a la audiencia un nuevo canal de partes y noticias que prometen la mejora de la emisiones, para ello es necesario instalar nuevas antenas a fin de que se reciba la señal. Y ese es el punto de partida, la acción nos sitúa ante el día en que se instala la nueva antena en una comunidad vecinal. Todo empieza mal, pues el instalador perderá la vida al precipitarse al vacío. A partir de ahí iremos siguiendo la peripecia de un crisol de vecinos del bloque que hacen sus vidas ajenos a la extraña sustancia que se filtra desde la azotea a todas las tripas del edificio. Una presencia casi demoníaca que penetrará incluso el cuerpo de los personajes. El conserje será el protagonista a través del cual llegaremos a descubrir los efectos de esas nuevas emisiones que, obvio, lo que pretenden es adocenar a los espectadores haciendo domesticables las masas. La crítica social a la manipulación de los medios por los entes gubernamentales como un modo de controlar y someter a la población es evidente. Demasiado evidente. Algunos críticos nos hablan de guiños al surrealismo de David Lynch, de continuación de la nueva carne de David Cronemberg, incluso de inspiraciones en Dario Argento, y, sí, claro, esas son sus fuentes, otra cosa es que haya logrado ensamblarlas en un producto sólido con entidad propia. The antenna está plagada de imágenes sugerentes, especialmente aquella que reproduce su póster promocional, pero no pasan de la buena intención, porque la trama se entretiene en demasiados entresijos y las vidas de los personajes no se resuelven bien, el mensaje se vuelve demasiado obvio, y el desenlace excesivamente previsible. Dos horas de duración son demasiadas en manos del director novel que parece inconsciente de que, a veces, menos es más. La idea es buena, las imágenes inquietantes, pero no el ritmo ni el manejo de la curva de interés. Una auténtica lástima y una de las pocas decepciones de Serendipia en esta edición.

Categorías:Festival de Sitges

Las lecturas de Serendipia: ‘¡Anda! la merienda… Vol. II’

8 noviembre 2019 Deja un comentario

¡ANDÁ!, LA MERIENDA… VOL. II

Más deliciosas colecciones de nuestra niñez

Vicente Pizarro

Diábolo Ediciones, 2019. Tapa dura, 17 x 24 Color. 

En ¡Andá!, la merienda Vicente Pizarro abría la caja de los truenos de nuestra memoria más arcaica mostrándonos viejas colecciones de cromos que pudimos completar a base de dejarnos la salud, adquiriendo de paso unas eternas lorzas que nos acomplejarían durante el resto de nuestra adolescencia y más allá. Y todo gracias a los productos Bimbo, Cropán y Panrico, entre otros. Y es que los niños de los sesenta, setenta y ochenta adquirimos el hábito del coleccionismo, del que todavía sufrimos diversas secuelas, gracias a estas colecciones y las de quiosco. Pero, ¡ay!, las que venían en la bollería y pastelería industrial tenían un nosequé, que las hacía mágicas, especiales para aquellos tiempos de carencias: superhéroes; discos diminutos que sonaban narrando las grandes hazañas de los guerreros del pasado; adivinanzas; figuras; brutos mecánicos troquelados… fantasía desatada.

Tiempo después el mismo autor trajo a nuestra memoria los cromos y las colecciones que venían en aquella pesadilla de nuestras madres (y alegría de dentistas) que era la goma de mascar con el libro ¿Quieres un chicle? Una amenaza menor para sus vástagos si la comparamos con la de las drogas, el sexo y el alcohol, claro. Pero eso sería después.

Ahora, Vicente Pizarro retorna y devuelve al lector al universo de los productos alimenticios de nuestra infancia y sus objetos promocionales con ¡Andá! la merienda II en el que enumera y analiza las promociones incluidas en productos como quesitos, pipas, mermeladas, chocolates solubles, cremas de cacao y snacks, volviendo así a nuestra perjudicada memoria aquellos minerales que daba Cola-Cao en sus tapas; los Pitufos troquelados (y acolchados) de Matutano; o los adhesivos pasotas de Bollycao. Además de descubrirnos colecciones más oscuras,  como las que se ofrecían en las bolsas de pipas o por los productos Ortiz, y reservando sus últimas páginas para ofrecer algunas imágenes de colecciones y productos que quedaron sin reseñar en la primera entrega.

En resumen, todo un milagro, un maravilloso viaje en el tiempo, cuidado hasta el detalle, que destila un gran amor del autor por el objeto del libro y que más allá del dichoso factor nostálgico y del deleite para los sentidos que supone, ofrece un impagable estudio sobre el impacto de la televisión y el cine sobre los niños de la época, la marcha y la competencia en el mercado entre las diferentes marcas, así como el nacimiento del merchandising en España. Así que ¡Andá, la merienda… II funciona a varios niveles, de ahí que sea un interesante libro que merezca ocupar un espacio en nuestra Biblioteca de Serendipia junto a los dos anteriores.

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