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Serendipia’s Sitges Film Festival 2019: Séptima cápsula

20 noviembre 2019 Deja un comentario

MIÉRCOLES 9 DE OCTUBRE                                                     (Fotos: Serendipia)

Un nuevo y luminoso día y una propuesta similar a la del día anterior: dos películas Oficial Fantàstic Competició (Yves y J’ai perdu mon corps); dos Noves Visions (Punto muerto y O Beautiful Night); y una Anima’t: Ningen Shikaku. Aunque esta última fue la alternativa a la que realmente deseábamos ver, Come to Daddy, uno de esos títulos en pase de prensa en los que se agotaron las plazas para prensa a los 10 minutos de ponerse a disposición de los acreditados (si, nosotros tampoco lo entendemos, como ya les explicamos en la segunda cápsula, pero es así).

Como sesión despertador nos inyectamos en vena el descabellado segundo largo de Benoît Forgeard un filme de atractivo argumento, juzguen si no. Jérem Roudet (William Lebghil), un rapero de escaso renombre, participa como usuario en un proyecto de introducción en el mercado de electrodomésticos inteligentes, concretamente se pondrá a su servicio un frigorífico llamado Yves. La función principal de esa inteligencia artificial había de ser el control y gestión de existencias, pero ese refrigerador cuyo diseño nos recuerda a Hal 9000, hará mucho más. Primero reconducirá su dieta, después reconducirá su vida entera. Yves rectificará sus horarios poniendo orden en su caótica vida. Yves reflotará sus hábitos sociales. Yves, al fin, se convertirá en crítico particular de su producción musical sugiriendo acertados cambios que convertirán a Jérem en cantante de éxito. Todo perfecto hasta ahí, pero la relación entre el joven y el electrodoméstico tomará un rumbo inesperado cuando ambos se enamoren de la misma mujer y esta prefiera al inteligente frigorífico. Yves es una comedia amablemente alocada desde la que Forgeard, mediante la hipérbole, pretende movernos a una reflexión crítica sobre nuestra progresiva dependencia de la tecnología. Y es eficaz, pero se deja llevar demasiado y el trazo de su humor acaba siendo más grueso de lo necesario, a la par que profundiza poco en el fondo que quiere señalar. Un filme simpático, pero irregular.

De la liviandad bizarra de Yves viajamos a la oscura y sesuda propuesta de Fuminori Kizaki, Human Lost, un anime que adapta la novela Ningen Shikkaku original de Osamu Dazai. Estamos ante un complejo relato distópico que juega con la crítica social en clave de parábola cyberpunk y los futuros alternativos. Una más que correcta animación 3D reproduce el Tokio de 2036 en el que la medicina ha conquistado la muerte, pero el mundo lejos de ser idílico se debate entre la restauración de la civilización o su destrucción. Casi dos horas de complicadas tramas y subtramas que exigen toda nuestra concentración (para acabar sintiendo que se te está escapando algo) es lo que supuso este plato más apto para paladares habituados que para curiosos que se acerquen por primera vez. Interesante pero críptica.

Todo lo que sabemos del director argentino Daniel de la Vega es gracias a nuestro amigo Ramiro García Bogliano, que nos recomendó su película Ataúd Blanco: El juego diabólico (2016), con argumento de Ramiro y Adrián García Bogliano y una magnífica cinta que hizo que se despertara nuestro interés por el argentino. Y más viendo algunos tráilers de sus otras obras, como Hermanos de sangre (2012), Necrofobia (2014) y este Punto muerto, que tuvimos ocasión de ver en el festival y que fue presentada por Magalí Nieva, una de las productoras de un film que también ha contado con la participación de los hermanos Onetti. Y es que ¿cómo no nos iba a interesar una historia en la que uno de sus protagonistas, escritor, responde al nombre de Luis Peñafiel? Pues más allá de este guiño a Narciso Ibáñez Serrador, Punto muerto es una competente intriga policial con amplias dosis de fantástico narrada en clave retro y en un delicioso blanco y negro que indaga sobre lo que ya hiciera Poe en su Doble asesinato de la Calle Morgue, no en vano otro de los personajes se llama Dupuin:  hallar la manera de huir de una habitación cerrada tras cometer un crimen ¿El resultado?: deberán ver Punto muerto y averiguarlo.

Magalí Nieva, productora de Punto muerto durante la presentación en Sitges

Noves visions es la sección en la que nos encontramos con O Beautiful Night (Xavier Böhm, 2019), no sabemos hasta qué punto esta producción alemana supone un planteamiento narrativo novedoso, pero lo que sí es claro es que estamos ante una película pequeña muy bien planteada y mejor resuelta, lo cual la convierte ya en una cinta para tener en cuenta cuando se repase las perlas de este año para el balance de lo mejor que ha dado el cine este 2019. Noche iniciática la que vivirá Juri (Noah Saavedra), un joven tanatofóbico que sufre frecuentes ataques de pánico, especialmente nocturnos, al recordarse mortal. En uno de sus arrebatos una oscura figura se presenta ante él: dice ser la encarnación de la Muerte (Marko Mandic). Ahí empezará un viaje faústico-mefistofélico por la noche berlinesa en la que conocerá a Nina (Vanessa Loibl), de la que se enamorará; pero, con el amanecer, uno de los dos debe morir. Una noche de neón y colores saturados en la que los tres personajes se perderán en una fuga continúa por las emociones más fuertes que puede dar la ciudad (incluyendo la ruleta rusa). Al amanecer llega la última hora, la hora de la verdad, en la que solo besando a la propia Muerte el amor podrá alzarse victorioso, romántico final para ese paseo por lo sórdido que nos hizo evocar aquel otro desaforado de La muerte en vacaciones de Mitchell Leisen. Muy buen sabor de boca.

La jornada no podía tener mejor broche que regalarnos una nueva sesión de animación, esta vez de Sección Oficial y mucho más acorde con nuestro gusto y sensibilidad. J’ai perdu mon corps, debut en el largo de Jérémy Clapin, es una poética reflexión sobre el dolor por la pérdida, de unos seres queridos, del propio bienestar de la infancia, del futuro que parecía tenderse, a la que se une una mirada sobre el problema de la inmigración contada en primera persona, certera y sin acritud, y todo ello en lo que no deja de ser una preciosa historia de amor y superación. Lo que hace especial a esta opera prima, sin embargo, más allá del alcance de su subtexto, es el modo de abordarlo, desde la clave argumental, una mano se escapa en busca del cuerpo al que estaba unida, hasta las decisiones visuales con las que irá trazando este viaje en pos de la propia memoria, de la reconstrucción del yo. El miembro errático vivirá numerosas aventuras por los azares de París (especial mención merece el episodio de las ratas) y en cada una de ellas habrá la excusa para desbrozar un recuerdo, sin que los flashbacks sean sucesivos (distingue en blanco y negro los más remotos), relevante en la vida en común con el cuerpo que busca. Es digno de destacar cómo (de bien) consigue Clapin mantener la intriga a través de estas dos acciones paralelas al no revelar anticipadamente ningún detalle sobre el momento en que la mano se vio separada de su dueño, no hasta que llega el instante preciso. Una cinta preciosa y preciosista con un guion impecable, firmado por el propio director y el autor de la novela que adapta, Guillaume Laurant (que será recordado sobre todo por el guion de Amelie), y un score delicioso compuesto por Dan Levy que hizo las delicias del público (y, sobre todo, del jurado). Una delicia producida por Netflix (y van…) que hubiera encantado a los surrealistas que adoraron a aquella Bestia de cinco dedos (The Beast with five fingers) que dirigiera Robert Florey en 1946.

Auténtico debut de lujo que se ha visto reconocido con el Gran Premio de la Semana de la crítica en el Festival de Cannes, además de los Premios Cristal a mejor película y el Premio del público en el Festival de Annecy.

Categorías:Sitges Film Festival

38 TerrorMolins: La mirada surrealista

20 noviembre 2019 Deja un comentario

 

Se celebró una nueva y exitosa edición de este festival, que quiso posar su mirada sobre las películas más extrañas y surrealistas, surgidas de lo más profundo de la mente de los directores David Lynch, Luis Buñuel, Peter Strickland, Guy Maddin y Alejandro Jorodowsky. Para ello ambas salas, la Peni, soberbia e histórica y La Gótica, un espacio más reducido pero no por ello menos interesante, acogieron entre sus añejas paredes horas y horas de buen cine fantástico y de terror. Ofreciendo dos magníficas ciclos retrospectivos con películas de estos y otros directores, novedades ya vistas en Sitges, y también apuestas arriesgadas, valientes, que pensamos que son las que distinguen este festival de otros. 

Demos un repaso somero a lo que Serendipia pudo vivir durante estos días de Terror en Molins                                                Fotos: Serendipia

SALA GÓTICA

El nuevo espacio del festival va consolidándose edición tras edición, y ganando asimismo en cuanto a presencia de público. Sus actividades, bien diferenciadas de las que se desarrollan en La Peni, lo están convirtiendo en un lugar a tener en cuenta pues ¿Dónde si no podría hacerse una sesión especial de cortometrajes de Juan Carlos Gallardo comentados por él mismo? Pues en La Gótica, donde también ha habido pases de peliculas realizados en colaboración con la Cutrecon de Madrid, las Nits de Cinema Oriental de Vic, la Semana de Terror de Donosti o Brigadoon de Sitges, entre otros. Pero la niña bonita de La Gotica ha sido el Ciclo Rarezas, en cuya presentación tuvimos el honor de participar y que contó con cinco perlas del cine marciano de la talla de Dementia/Daughter of Horror (John Parker, 1955), Martin (George A. Romero, 1975), Willard (Daniel Mann, 1971), The Baby (Ted Post, 1973) y The Wicker Man (Robin Hardy, 1973), cinco rosas bizarras que todavía hoy causan extrañeza, sorpresa y confusión. Finalmente, La Gótica también ofreció Latidos de pánico (Jacinto Molina, 1983), en sesión especial de homenaje a Paul Naschy que contó con la presencia de uno de sus hijos, Bruno Molina que más tarde recogió, durante la gala de clausura en La Peni, un premio honorífico dedicado a su padre.

RETROSPECTIVA

El festival ha seleccionado cinco obras de cinco directores representativos de

Peter Strickland respondiendo las preguntas de los espectadores

esa mirada surrealista que ha sido leitmotiv de esta edición de TerrorMolins. Una mirada que se ha prolongado en el libro que, editado por Hermenaute, ha contado con la participación de Javier Espada, Pattie Clapés-Saganyoles, Lluís Rueda, Tonio L. Alarcón y Albert Galera, que también lo ha coordinado. Una obra centrada en esos genios de la mirada y el inconsciente de los que pudimos disfrutar cinco piezas capitales: Un chien andalou (Luis Buñuel, 1929), que se ofreció durante la gala de inauguración con música en directo a cargo de Adrià Bofarull; Terciopelo azul (Blue Velvet, David Lynch, 1986), Santa Sangre (Alejandro Jodorowsky, 1989) que fue presentada por uno de los hijos de director y protagonista de la cinta, Axel Jordorowsky; Dracula: Pages from a Virgin’s Diary (Guy Maddin, 2002) y Berberian Sound Studio (Peter Strickland, 2012) , que contó con una sesión posterior de Q&A a cargo del propio Strickland, que se mostró muy cercano y amable.

SECCIÓN OFICIAL

Bruno Molina recoge el Premio Honorífico del festival dedicado a su padre, Paul Naschy, junto a Diego López (Brigadoon Sitges), Albert Galera (director del festival) y Xavi Paz (Alcalde de Molins)

La sección oficial, que comprendió once películas recuperaba, como es inevitable, algunas cintas ya exhibidas en el reciente Festival de Sitges, unas en Sección Oficial y otras de tapadillo en secciones menores. También, como es natural se presentaron cintas que, por diferentes motivos, el Festival de Sitges no ha podido o querido seleccionar, como es el caso de la excelente película que clausuró TerrorMolins. Pero tanto unas como otras conformaron una cuidada selección, que este año ha estado compuesta por Bliss (Joe Begos, 2019), In the Trap (Alessio Liguori, 2019), Dogs Don’t Wear Pants (J-P Valkeapää, 2019), The Divine Fury (Kim Joo-hwan, 2019), Come to Daddy (Ant Timpson, 2019), Tone-Deaf (Richard Bates, Jr., 2019), Gwen (William McGregor, 2018), Amigo (Óscar Martín, 2019), Sator (Jordan Graham, 2019), The Antenna (Orçun Behram, 2019) y Koko-Di-Koko-Da (Johannes Nyholm, 2018) que hemos escogido para comentar detenidamente:

Son pocas las ocasiones en las que podemos disfrutar de la cinematografía sueca, el común de los mortales solo la asociamos al capital Ingmar Bergman y al siempre interesante Lasse Hallström, pero hay mucho mundo más allá de ellos como pudimos comprobar con Fuerza mayor en 2014 de la mano de Ruben Östlund, unas vacaciones en la nieve en las que una situación límite saca a la luz los débiles lazos de una familia, de clase media y que ahora Johannes Nyholm nos la hace recordar al ponernos ante otra familia al borde de la descomposición por un episodio dramático. Porque Koko-di Koko-da habla de la difícil elaboración del duelo más hiriente, la muerte de un hijo, y lo hace en clave de género fantástico. El segundo largo de Nyholm nos confirma su habilidad de narrar el drama desde los mimbres de lo extraño, ahora de forma mucho más sólida, sin los problemas de ritmo que parte de la crítica le achacó en su debut. Koko-di Koko-da es un cuento de hadas distorsionado, perverso en ocasiones, que encierra a los protagonistas en un día de la marmota pesadillesco. Con saltos en el tiempo, acompañamos a Elin (Ylva Gallon) y Tobias (Leif Edlund) en sus vacaciones, primero en compañía de su hija, maquillados de conejitos para celebrar el cumpleaños de la niña, esta morirá con ocho años justo el día de su aniversario, tres años después el matrimonio volverá a veranear en un intento de revitalizar su relación sacudida por el duelo, y ahí es donde empieza su pesadilla. La pareja acampa en plena noche en el claro de un bosque, ese lugar que juega tantas veces el papel de espacio de terror en los relatos tradicionales, allí quedan atrapados en el tiempo y despertarán una y otra vez para ser asesinados por un extraño cortejo de psicópatas y su perro. Los tres asesinos parecen salidos de las páginas de algún cuento infantil, el ogro, la bruja y un extraño maestro de ceremonias que asemeja la versión terrorífica de un jefe de pista de circo. Como si fuera las variaciones de un tema en una composición musical, el episodio se repite con las modificaciones que introduce Tobias en lo que vive como sueño premonitorio, pero haga lo que haga la muerte les alcanza inevitablemente. Nyholm nos introduce en un universo surreal que podría haber salido de la mente de David Lynch, un terror de ensueño desplegado circularmente y del que sólo podrá salirse asumiendo responsablemente el dolor, dándole vía libre y compartiéndolo el uno con la otra. El consuelo pasa por darse apoyo entre ambos y así mirar cara a cara al monstruo de la muerte más dolorosa. Y con ellos nosotros también afrontamos nuestros propios duelos. El desconsolado llanto que les reúne en su abrazo final resulta catártico para todos y salimos de la sala más livianos de lo que entramos. Ese es el poder sanador de lo grotesco que, a veces, es más efectivo que el más fiel realismo para afrontar las situaciones más duras.

Y más películas. Cinco en la sección Being Different (A Good Woman is Hard to Find, Girl on the Third Floor, Scare Package, The Wretched y We Summond the Darkness); seis más en la maratón de 12 horas (Vivarium, Little Monsters y cuatro ya ofrecidas durante el festival) y tres fuera de competición, como las dos que conformaron la Sesión Movistar (The Dark y Extra Ordinary) y la película de clausura, que como nos impactó especialmente pensamos que merece la pena detenernos para hablar de ella:

Der goldene Handschuh (El monstruo de St. Pauli, Fatih Akin, 2019)

En lo sórdido, en su en sí, no hay ni épica ni lirismo y, sin embargo, el artista es capaz de moldearlo para engendrar belleza incluso si lo plasma con crudeza, sin adorno, sin disimularlo. El arte nos permite mirar los rostros más duros de lo real porque al recrearlos los somete a la apariencia, los vuelve manejables permitiendo que exorcicemos los miedos. Podemos sentir fruición ante lo más terrible cuando nos es servido con la máscara de lo sublime, esa desmesura mesurada, sin sentir remordimiento por ello, sin asemejarnos al monstruo, porque lo que despierta nuestro placer es, precisamente, el verlo doblegado por la mirada del artista que lo captura. Y esto es algo que se cumple con creces en el último trabajo de Fatih Akin, no es el crimen lo que nos fascina, sino el brillante ejercicio cinematográfico que ha compuesto a partir de él.

Hamburgo, 1970, interior-noche, desde un comedor cochambroso vemos un cuerpo inerte sobre la cama de la habitación adyacente, la cámara no se mueve mientras un hombre entra en campo, se echa sobre el cuerpo como una alimaña, está envolviendo el cadáver; salimos a la escalera por corte, el hombre arrastra el pesado bulto y nos sobrecoge el sonido de la cabeza golpeando los peldaños, hay que deshacerse del fardo de otro modo. Regresamos al departamento, desnuda a la muerta, se le acerca con un serrucho, parece no atreverse, se aleja, vuelve a acercarse, pero la cámara cambia el punto de vista y se coloca estratégicamente de modo que el dintel sitúa fuera de campo la cabeza de la mujer, del descuartizamiento solo vemos los efectos en forma de sangre, los rostros se nos ocultan, así que, sin perder efectividad, se nos ahorran de forma imperceptible los detalles más dolorosos. Así, ante hechos consumados, sin preámbulo que exponga motivaciones, con minuciosidad, pero sin sensacionalismo, con crudeza, pero sin pornografía, empieza El monstruo de St. Pauli. Un prólogo que es toda una declaración de intenciones y una presentación de lo que vamos a encontrarnos en el resto del filme en lo que a estilo se refiere: rudeza que roza la brutalidad sin alcanzarla, porque el fuera de campo va a ser recurso frecuente, porque en ningún momento veremos los rostros de víctima y/o verdugo en los asesinatos, y porque la distancia irónica respecto a lo narrado introducirá un sesgo que permitirá convivir en un mismo plano, en una misma situación, lo terrible y lo hilarante. Ni thriller, ni drama, ni comedia, una obra de sí inclasificable, aunque contenga un poco de cada cosa.

Jonas Dassler, irreconocible bajo el maquillaje protésico, es Fritz “Fiete” Honka, el solitario de la cara deformada que deambulaba por el barrio rojo de Hamburgo y que en la década de los 70 dio muerte y descuartizó a cuatro mujeres, cuatro almas perdidas en el Distrito de St. Pauli. Su interpretación no tiene nada que envidiarle al alabado trabajo de Joachim Phoenix para Joker. No es solo el maquillaje, es todo su cuerpo el que adapta y adopta el lenguaje no verbal de Honka y nos trae un retrato con sabor a derrota y alcohol. Dassler logra transmitirnos la intimidad del monstruo sin necesidad de verbalizar sus impresiones, sus motivos, sus convicciones; al actuar no dice, sino que muestra. Por sus gestos, sus expresiones, sus hábitos externos, sabemos de su interior, nos pone ante un individuo que siquiera sabe amar cuando se enamora, que anega su impotencia en ríos de aguardiente, que mata como una bestia herida por la humillación. Pero aún más allá, el actor sabe hacer creíble que en la fealdad física y moral del personaje anide también el sueño, encarnado en la imagen de una joven adolescente que se cruzará casualmente en su camino, la mujer de verdad, la que huele bien, la que él quisiera merecer. Un carácter, el de la adolescente, que es toda una licencia poética para dibujar el viaje del (anti)héroe al centro del infierno de los fracasados con un trazo todavía más fino, porque introduce el reverso del antro, porque su frescura agudiza más la fealdad de la maloliente ciénaga donde se entrecruzan el resto de personajes.

Der goldene Handschuch es su título original, un título que alude al otro gran protagonista del filme, el garito en el que se dan cita los asiduos del barrio rojo hamburgués. La película de Akin deviene coral cuando entramos en él y sentimos que queremos saber más de la fauna que lo puebla, desde ese oficial de las SS hasta la última de las trabajadoras del sexo, pasando (y, casi, sobre todo) por el dueño que atesora miles de historias de feligreses habituales y aves de paso. Quisiéramos detenernos aún más en los detalles, como esa costumbre de salpicar a los borrachos que quedan dormidos sobre la barra porque una vez uno de ellos murió en esa pose y no se descubrió hasta dos días después, porque cada nimiedad contiene un relato, y todas juntas nos pintan el claroscuro de los bajos fondos. La película se vuelve crónica en esos pasajes y nos trae a la mente las imágenes del celebrado documental de Lionel Rogosin, On the Bowery (1956), en ambos casos estamos ante el despliegue de una sordidez a raudales sobre la que no se pretende emitir una valoración moral, ni un reproche puritano, sino dar retrato testimonial de ella, sin falsos lirismos, pero respetando la dignidad a la que todo humano tiene derecho. Siendo un cubículo, Der goldene Handschuch, es también, y por ello mismo, refugio. Guarida de los derrotados que acuden a por alcohol y calor humano con los que colmar su sed y su soledad. Contrapunto del monstruo que la puebla.

En plenas fiestas navideñas, por la valentía de Vértigo, Fritz “Fiete” Honka llegará a nuestras salas ¿Se les ocurre mejor manera de contrarrestar las empalagosas sesiones familiares que acudiendo a su cita de casi dos horas con él en los cines? Sin duda es el mejor regalo de Santa Claus.

Uno de los mejores momentos en un festival lleno de vida, cine y muchas actividades paralelas. Que ha contado con buena respuesta por parte del público, así como un buen número de invitados, que han dado color a la cita pero sin servir como distracción de lo principal: ver y disfrutar buen cine y en la mejor compañía, todo lo cual convierte este festival en cita obligada para todo aquel que, como nosotros, vivimos el cine.

¡Nos vemos en TerrorMolins 2020!

PALMARÉS 

9º Concurso Oficial de Largometrajes

Mejor película: Dogs don’t wear pants
Mejor Director: Oscar Martin (Amigo)
Mejor Guión: Come to daddy
Mejor Actor: Javier Botet (Amigo)
Mejor Actriz: Krista Kosonen (Dogs don’t wear pants)
Mejores FXs i maquillage: The divine fury
Mejor BSO: Bliss
Premio del Público Sección Oficial: (pendiente)

18º Concurso de Cortometrajes

Mejor cortometraje: The third hand
Mejores FX cortos: Five course meal
Mejor Guión cortos: Lay them straight
Premio Víctor Israel a la mejor interpretación en cortos: Ferine
Mención especial del jurado: Het Juk
Premio «Manel Gibert» del público al mejor corto: Wild love
Mèliès d’Argent: Wild love

Sección «C Trencada» de cortometrajes:

Mejor cortometraje: Zombiosi, de Cris Gambin y Toni Pimel

Sección Being Different:

Premio del Público a la Mejor Película: (pendiente)

Premio Honorífico:

Premio Honorífico: Paul Naschy

Premios de la Crítica de Oro:

Premio de la Crítica de Oro al Mejor Largometraje en colaboración con Blogos de Oro: Sonrisas de Javier Chavanel por «su originalidad a la hora de retratar la falsedad de nuestra sociedad y las relaciones interpersonales, todo ello con un toque satírico»
Premio de la Crítica de Oro al Mejor Cortometraje en colaboración con Blogos de Oro: Bliss de Joe Begos por «ser una película que refleja el apoteosis del horror en estado puro. Un original descenso a los infiernos del arte»

5º Concurso de vídeos de 20 Segundos de Terror #20SegundosMovistar

Ganador: Fished, de Dani Seguí
Finalista: Diógenes, de Antonio Panteras
Finalista: Comida para mascotas, de Mariano López Toribio

13o Concurso de Microrelatos

Mejor Microrelato en lengua catalana: Substitució de Vicent G. Terol (Xàtiva, València)
Mejor Microrelato en lengua castellana: Fascinación, de Edweine Loureiro da Silva (Saitama, Japó)
Mención al Mejor Microrelato en lengua castellana: Visitante, de Melisa Ruth Pérez García (Almería)

Muestra de Cortometrajes para Institutos:

Mejor Corto: Baghead, de Alberto Corredor

Terror Kids:

Premio KAKALABUTAKA al Mejor Cortometraje infantil de 6 a 9 años:

Pool shark
Premio KAKALABUTAKA al Mejor Cortometraje infantil de 10 a 12 años:

Wild love

Categorías:Terror Molins

Novedades Trash-O-Rama: Noviembre 2019

20 noviembre 2019 Deja un comentario

La turronada y los mantecados aguardan a la vuelta de la esquina, pero antes de que lleguen Santa Claus, los pastorcillos y los tres monarcas del oriente, es momento de un nuevo lanzamiento, dos títulos de alto calibre para fans fatales del cine insólito oriental.

No puede ser más que una alegría total el lanzamiento de Historia de Ricky: las películas de animación, un DVD con las dos historias que se hicieron en anime del conocido manga y  Demon Hunter Nezha (Cazador de Demonios), versión en imagen real de la taquillera cinta animada Nezha, que ha batido récords que tardarán en ser superados.

DEMON HUNTER NEZHA (Luo Le, 2019)

Después de su estreno español en el Festival Cryptshow, llega ahora la versión definitiva en imagen real de Nezha, el cazador de demonios, un homenaje a las películas de Jet Li de los años 90, protagonizado por su discípulo Tse Miu (La Leyenda del Dragón Rojo) junto a Chin Siu-Ho (Mr. Vampire).
Acción al estilo Hong Kong y salvajes efectos especiales que dan vida a dragones, demonios y otras criaturas, en una batalla a muerte para liberar la tierra del mal. Premiere mundial en DVD.

Con Tse Miu, Chin Siu-Ho.

Audio en mandarín con subtítulos en castellano, 16:9

Contenidos adicionales: Nezha (versión animada), tráilers, galería, info, cartel original, ficha técnica.

HISTORIA DE RICKY: LAS PELÍCULAS DE ANIMACIÓN (Satoshi Dezaki, 1989)

Ya conoces la versión de Hong Kong del manga, ahora puedes disfrutar de la versión animada ultragore, sin censura, en dos películas que adaptan la historia del antihéroe más violento de la historia.
Este dvd contiene las películas El Muro del Infierno (que adapta la primera parte del manga, al igual que la versión en imagen real) y El Niño de la Destrucción.

Audio en Japonés con subtítulos en castellano, 4:3 original

Contenidos adicionales: Tráilers, info, cartel original, ficha técnica.

Pedidos e información: 

https://trashoramadvd.bigcartel.com/

Categorías:DVD / BLU-RAY
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