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VAMOS DE ESTRENO (o no) * Viernes 30 de Noviembre de 2018 *

ENTRE DOS AGUAS (Isaki Lacuesta, 2018)

España. Duración: 136 min. Guion: Isa Campo, Isaki Lacuesta, Fran Araújo Música: Raül Refree, Kiko Veneno Fotografía: Diego Dussuel Productora: La Termita Films / B-Team Pictures / All Go Movies / Mallerich Films Paco Poch / Bord Cadre Films / Studio Indie Productions Género: Documental
Reparto: Israel Gómez Romero, Francisco José Gómez Romero,Rocío Rendón, Yolanda Carmona, Lorrein Galea, Manuel González del Tanago
Sinopsis: Isra y Cheíto son dos hermanos gitanos. Isra está encarcelado por narcotráfico y Cheíto enrolado en la Marina. Cuando Isra sale de la cárcel y Cheíto termina una larga misión que le ha llevado a Somalia y las Seychelles, ambos regresan a la Isla de San Fernando. El reencuentro de los hermanos renovará el recuerdo de la muerte violenta de su padre cuando eran niños. Han pasado doce años desde ‘La Leyenda del Tiempo’, la primera película de Isaki con los hermanos Isra y Cheíto. Ahora Isra tiene 26 años y regresa a la Isla de San Fernando para intentar recuperar a su mujer y a sus tres hijas.

En 1994 Ricardo Franco llevaba de nuevo al cine a la familia Panero, Después de tantos años, todo un retrato amargo de la deriva de los hijos del llamado “Poeta de Franco” casi cuatro lustros después de que Jaime Chavarri los llevara por primera vez a la pantalla en El desencanto, un díptico que funde lo sórdido y lo poético y que se inscribe con letras de oro en la lista de obras indispensables del cine español. En esta línea se instala Isaki Lacuesta al dar a luz a otro díptico esencial para la historia del documental ficcionado, doce años después de La leyenda del tiempo retoma las vidas de sus protagonistas para dar cuenta de sus azares, sus elecciones y sus distintas maneras de enfrentar la muerte violenta del padre, en una segunda parte que parece tomar su nombre del título que hizo mundialmente famoso a Paco de Lucía, Entre dos aguas.
La cámara sigue de cerca a los personajes, como si quisiera ver por sus ojos, nos muestra en planos cortos su piel tatuada, todo un mapa en el que se registran sus vidas, se entretiene en detalles, a veces casi minucias, en un afán por ser fiel a la realidad desde la dramatización, unos cuantos flashbacks certeros bastan para situar el recorrido de sus actos, y todo ello completa un ejercicio en el que lo real da pauta a lo ficticio y la ficción explica la realidad. Ese afán por trenzar los dos pies en los que se asienta la cinta es el que explica (y excusa) su dilatado metraje, 135 minutos de representación en la que los recursos expresivos se pretenden invisibles para mostrar intacta la experiencia de sus personajes.
Dos hermanos, dos formas de enfrentar la muerte del padre, dos caminos para superar el trauma. Contra todo pronóstico es Cheíto el que, a pesar de ser intelectualmente algo disminuido, ha sabido madurar y sacar adelante a su familia, el que se ha marcado objetivos y sueños que se esfuerza por cumplir, enrolado como cabo de cocina en el buque Castilla de la Armada, aspira a tener un día su propia panadería. Isra, en cambio, ha terminado desplazado, en una espiral de cárcel, paro, drogas y, sobre todo, falta de autoestima causada por su propia inmadurez. Dos vidas que sentimos desarrollarse a lo largo de la duración del filme, como si la propia película fuera el vehículo de su catarsis, especialmente emotiva es la escena en la que los dos hermanos lloran evocando al padre, a su muerte violenta tal como cada uno la vivió, un llanto purificador a través del que Cheíto ejerce de hermano mayor que quiere ayudar al menor a salir del pozo en el que él mismo se ha enterrado.
Siendo un retrato individual, Entre dos aguas tiene mucho de crónica social. La película nos muestra una realidad que se vive en la España actual, ahí, en las orillas de la sociedad, más allá de los guetos y los extrarradios. Pobreza extrema y chabolismo, no es necesario ir al tercer mundo para ver escenas de este tipo, con lugares miserables habitados por individuos que viven al margen, con el delito siempre sobrevolando en sus existencias. Entre dos aguas, con sus modos líricos, con sus perfiles intimistas, es también cine denuncia sin necesidad de ser ácida. Lacuesta cierra su obra con puntos suspensivos, con un instante feliz que tal vez… Y ahí, en la suspensión de la esperanza, cerramos también este comentario.
Premios
2018: Festival de San Sebastián: Concha de Oro – mejor película
2018: Festival de Mar del Plata: Mejor película y actor (Gómez Romero)

VIUDAS (Widows, Steve McQueen, 2018)

UK. Duración: 128 min. Guion: Gillian Flynn, Steve McQueen (Personajes: Lynda La Plante) Música: Hans Zimmer Fotografía: Sean Bobbitt Productora: 20th Century Fox / New Regency Pictures / See-Saw Films / Film 4. Distribuida por 20th Century Fox Género: Thriller

Reparto: Viola Davis, Michelle Rodriguez, Elizabeth Debicki, Cynthia Erivo, Colin Farrell,Brian Tyree Henry, Daniel Kaluuya, Jacki Weaver, Carrie Coon, Robert Duvall,Liam Neeson, Jon Bernthal, André Holland, Garret Dillahunt, Kevin J. O’Connor,Lukas Haas, Manuel García-Rulfo

Sinopsis: Adaptación cinematográfica de ‘Las viudas’ (‘Widows’), miniserie británica de 1983, aquí ambientada en Chicago en la actualidad, sobre cuatro mujeres con nada en común excepto una deuda heredada por las actividades criminales de sus difuntos maridos. Verónica (Viola Davis), Alice (Elizabeth Debicki), Linda (Michelle Rodriguez) y Belle (Cynthia Erivo), deciden tomar las riendas de su destino y conspiran para forjarse un futuro con sus propias reglas. Con guion de Gillian Flynn (‘Perdida’).

La cuarta cinta de Steve McQueen es puro cine ya desde su inicio, esa magistral introducción pre-títulos. Y es que si bien nos convenció más en Shame (2011) que con 12 años de esclavitud (12 Years a Slave, 2013), con Viudas el director se confirma como uno de los más prometedores e interesantes de los últimos años. Sabe captar el interés del espectador sin explicarle todo como si fuera poco menos que tonto, jugando de igual a igual con el público, algo que se agradece, en esta historia de corrupción e intrigas entre criminales y políticos, sanguijuelas que, sin importar color o religión, no se detendrán ante nada ni nadie y se aliarán, si es necesario, con el diablo para asegurarse su ascenso a Concejal del Distrito. Ambos contendientes demostrarán ser igual de repugnantes y ruines. Ambos tendrán sus negros motivos para aspirar al poder.

Pero, sobre todo, lo que tiene Viudas es un total protagonismo femenino y un claro mensaje feminista, eso sí, sin proclamas ni pancartas. Todos los personajes masculinos son egoístas y negativos. Así, al morir las parejas de las tres mujeres protagonistas,  descubrirán que no tenían nada, no poseían nada y todo era un espejismo. Una negra, una hispana, una mujer maltratada y una madre soltera luchadora se aliarán para hacer cambiar su destino, el que los hombres les han marcado. Saliendo más fuertes. Reforzadas. Poderosas. Dueñas de sí mismas.

Una buena historia, magníficamente narrada y a la que se suma un reparto en estado de gracia y una impecable y creativa fotografía, con encuadres y composiciones perfectas. Todo ello en una película que, seguro, sonará en la noche de los Oscar. Al tiempo.

QUINQUI STARS (Juan Vicente Córdoba, 2018)

España. Duración: 126 min. Guion: Juan Vicente Córdoba, María Reyes Arias Música: Ramsés Gallego, Bea Pelea, Blondie, Ira Rap Fotografía: David Andrés Productora: Dexiderius Producciones / Promarfi Futuro 2010 / Galoproduction Género: Drama

Reparto: Ramsés Gallego, Mery Cuesta, Blondie, Ira Rap, Daniel Guzmán,Enrique San Francisco, José Sacristán, Rosario Flores, Paco Catalá, Agnès Varda, Bea Pelea

Sinopsis: Película en la frontera entre el documental creativo y la ficción, que comienza en los años de las transformaciones ocurridas entre los años 70 y 80 en las barriadas periféricas de Madrid y Barcelona, que afectaron a muchos jóvenes y les abocaron hacia la delincuencia. Todo ese proceso de cambios sociales, políticos, económicos y urbanísticos en los barrios obreros y el modo de vida de los jóvenes de la periferia son un documento histórico que nos ayuda a trazar un imaginario de lo que ocurrió entonces y lo que somos ahora. Un fenómeno cinematográfico, el de la delincuencia juvenil, que vivió su momento de apogeo con películas como ‘Navajeros’ y ‘Colegas’, de Eloy de la Iglesia; ‘Perros callejeros’, de José Antonio de la Loma; y ‘Deprisa, deprisa’, de Carlos Saura.

Juan Vicente Córdoba es un director que ha demostrado estar interesado en el fenómeno de la juventud de extrarradio de los ochenta y en aquellos quinquis que, casi niños, saltaron a la fama convirtiéndose, a su vez, en héroes de otros quinquis que nunca salieron del barrio, sino es para ingresar en prisión o camino del cementerio, lugar donde también terminaron la mayor parte de aquellas estrellas del cine dirigido por José Antonio de la Loma, Carlos Saura y Eloy de la Iglesia.

Decíamos que el director había tocado esta temática ya en alguna de sus películas anteriores, como es el caso de Aunque tú no te lo creas (2000), y en algún que otro cortometraje, así que se nos antoja un tanto extraño que se muestre tan superficial en la manera de tratarlo en Quinqui Stars, centrándose en cuatro películas cuando el, llamémosle subgénero, ha dado mucho más de sí. Pero tampoco se trata de una película o un documental o lo que diablos sea que se centre en analizar aquel cine, Quinqui Stars abre muchos melones: el del feminismo; el de las estrellas femeninas del trap; el de la transición; el del paro y la emigración de los jóvenes… un melonar de temáticas y tonos que al final parecen escaparse de las manos del realizador, que en principio, si hacemos caso a la claqueta, quería hacer un proyecto más centrado en el apartado musical, Música para pegar tirones, y que ante la falta de colaboración de un reputado director de cine, decide encarrilar el proyecto hacia derroteros más amplios, por lo que termina tocando muchas teclas, y todo de manera superficial desaprovechando, por ejemplo, el dar más voz a las Trap Queens, mujeres que cantan en grupo o como solistas letras muy reivindicativas y feministas, algo que, de haberlo desarrollado, hubiera resultado muy interesante. Una lástima.

Y es una lástima porque el punto de partida resulta interesante. Con esos bloques de extrarradio. Tan parecidos los bloques. Tan semejantes los barrios. Y esa concomitancia entre los años setenta y primeros ochenta con la eclosión del quinqui, con su propia banda sonora a golpe de rumba,  y los sonidos de los barrios actuales, con jóvenes desencantados, sin objetivos, fruto de una sociedad que se los niega, a ritmo de rap y trap. Se van intercalando entrevistas a actores de aquel cine de los ochenta (Bernard Seray, Quique San Francisco, José Sacristán…), el enfoque resulta atractivo y original, más allá de simples bustos parlantes, incluyendo un poco de ficción, protagonizada en su mayor parte por un cantante, El Coleta, que hace las veces de director de la película. Pero al final todo se va diluyendo y se aboga por elevar a los altares a aquellos quinquis de las películas, extraídos de los barrios y, una vez usados, devueltos a ellos. Criminales que terminaron sus días devorados por las drogas. Y se mezcla todo. Y no es lo mismo el cine de Eloy de la Iglesia que el de José Antonio de la Loma o el de Carlos Saura. No puede meterse todo en el mismo saco y ponerle una etiqueta, muy a la moda, como es la de cine quinqui. Lo de Saura fue una incursión en la temática, la más brillante de todo el subgénero, realizada por un director que ya en su ópera prima, Los golfos (1960), había bajado a los extrarradios. Las de Eloy de la Iglesia mezclan lo comercial con mensaje político y social, sin moralina, golpeando en la cara del sistema. En cuanto a de la Loma ya estamos hablando de pura y dura explotación. Cine de acción. De género.

Pero dejemos de divagar, que para divagaciones, Quinqui Stars se basta sola, valiéndose de tal cantidad de metraje que llega al punto de cansar. Y es lástima, insistimos, porque abrir un puente entre aquella situación y la actual y la juventud de ambas épocas hubiera podido dar un resultado más que interesante, de haber profundizado en ello. O en algo, que todavía estamos intentando averiguar sobre qué, concretamente, quería hablarnos el director.

 

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