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VAMOS DE ESTRENO (o no) * Viernes 15 de julio *

THEO & HUGO, PARÍS 5:59 (Théo et Hugo dans le même bateau, Olivier Ducastel y Jacques Martineau, 2016) 

Francia. Duración: 97 min. Guión: Olivier Ducastel, Jacques Martineau Música: Gaël Blondet, Pierre Desprats, Kuntur, Karelle Kuntur, Victor Praud Fotografía: Manuel Marmier Productora: Ecce Films / Epicentre Films Género: Drama

Reparto: Geoffrey Couët, François Nambot, Georges Daaboul, Mario Fanfani, Elodie Adler, Bastien Gabriel, Claire Deschamps, Miguel Ferreira, Arthur Dumas, Jeffry Kaplow, Éric Dehak, Marief Guittier, Patrick Joseph

Sinopsis: En un club de sexo, los cuerpos de Theo y Hugo se encuentran y se mezclan en un apasionado abrazo. Más allá de la furia del deseo y la emoción de ese primer momento, los dos jóvenes, sobrios ya en las calles vacías de vida del París nocturno, se enfrentan a su amor en ciernes.

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París, la ciudad con más epítetos del mundo, puede no enamorarnos a primera vista, pero a poco que deambulemos por sus calles y nos dejemos llevar por su especial atmósfera, acabará calándonos como lluvia fina para quedarse impregnada en nuestra piel. París nunca se acaba y siempre termina haciendo suyos a los que la viven. Olivier Ducastel nos retrata como si fuera un personaje más ese París que, aunque sea el que no sale en las guías turísticas, lo envuelve todo como un regazo, una ciudad anónima que cobija la independencia de sus habitantes. Todo es posible en París.

Sobre esas calles filmadas con angular para darles aún más grandiosidad, se despliega el viaje de Theo y Hugo. Un viaje que va desde el final de la noche celiniano al amanecer, desde las tinieblas de un cuarto oscuro a la luminosidad de un nuevo día. Rodado en tiempo real, su trayecto es un camino de peregrinación y descubrimiento. Ducastel nos muestra las criaturas de la noche de la mano de los dos jóvenes mediante leves pinceladas de retrato social, por sus fotogramas transitan el personal de urgencias nocturnas, el turno menos codiciado al que son relegadas fundamentalmente las mujeres, inmigrantes que cumplen horarios inhumanos como peaje para su endeble integración, trabajadores que no pueden retirarse por la parquedad de su cotización… Y en medio de todo ello Theo y Hugo van descubriendo sus sentimientos, van trenzando sus destinos a partir de un fogonazo de pasión e imprudencia. Estamos ante una historia de amor revertida, tiene su inicio en el descubrimiento del cuerpo y concluye cuando se conocen las mentes, una historia atípica que va desde la práctica del sexo a la comunión de las almas.

Con cierto aire de Higiene Film, esta película ganadora del Premio del Público Teddy Award en la pasada Berlinale recuerda a aquellas cintas exploitation americanas que, aprovechando el mensaje (ya fuera para prevenir enfermedades de transmisión sexual, como para prevenir embarazos no deseados o evitar caer bajo la influencia de las drogas), se permitían mostrar lo que estaba ‘prohibido’ en las pantallas. La sombra del sida es alargada y Ducastel orquesta un relato casi didáctico que parte del temor de haber contagiado y haberse contagiado para exponer los protocolos a seguir después de una práctica de riesgo. Pero no es este rasgo el que la identifica y la hace especial, lo que la particulariza es el pulso que el cineasta tiende al público en su acto inicial.

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El arranque del filme es de impacto (curiosamente el antro donde se conocen los protagonistas recibe ese nombre, Impacto). La cinta se abre con una secuencia inicial de veinte minutos en la que se nos muestra de forma bastante explícita qué ocurre en el cuarto oscuro de un local de contactos. Una auténtica marea de cuerpos desnudos entregados a la práctica sexual orgiástica y desenfrenada entre hombres, que puede atacar al pudor de los más pacatos e incluso de más de un liberal bienpensante. Una secuencia sin diálogos, además, que nos obliga a mirar lo que quizás no quisiéramos ver. No hay romanticismo en ese entorno, sólo procacidad que se agota en sí misma, y ahí es donde se pone en marcha el barómetro para detectar el grado de tolerancia real de la audiencia.

Ducastel sabe dónde poner la cámara para no perder detalle de ese punto de partida sin mostrar más que lo justo. Episodio sin texto, el cineasta hace hablar a la cámara y la iluminación para hacer creíble lo que parece imposible.  Bastan unos pocos planos para construir a esos dos personajes condenados a encontrarse, el tímido neófito que está viviendo su primera experiencia y el asiduo desinhibido con su frescura casi insultante. Polos opuestos llamados a abigarrarse por la ley de la atracción entre contrarios. Y el director obrará la magia de la luz para capturar brillantemente el punto exacto del flechazo: un foco de luz cegadoramente blanca les aísla del rojo tenebroso del cuarto oscuro, rodeados por todos están perfectamente solos el uno con el otro. El suyo será un amor inoculado a primer contacto carnal, esa es la propuesta trasgresora que rompe voluntariamente con toda lógica. El amor es una fuerza que no entiende de verosimilitudes ni las necesita para existir y ser contado.

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Theo&Hugo, París 5:59” es todo un ejercicio de provocación desarrollado desde la insolencia y la desvergüenza, que es tanto como decir que supone un soplo de frescura y originalidad en el trillado camino de las películas románticas. Una provocación, un saltarse los límites desde la festividad, que tanta falta le hace a nuestro cine occidental, cada vez más timorato y encorsetado por la corrección política. Ducastel, desde la ligereza, se aproxima a cineastas como Fassbinder, Pasolini, Waters, o nuestro Eloy de la Iglesia, todos ellos homosexuales, todos ellos rompedores con la moral dominante. Se diría que la discriminación, la represión (sí, todavía), da alas a la rebeldía y concita la voluntad de abrir nuevos caminos a la libertad de expresión. La salud del arte sale fortalecida por el trabajo de estos francotiradores que, cada uno en su estilo, han sumado su obra a la lucha por hacer visible una forma de entender la sexualidad que todavía demasiados quisieran ver censurada.

 

INFIERNO AZUL (The Shallows, Jaume Collet-Serra, 2016)

USA. Duración: 87 min. Guión: Anthony Jaswinski Música: Marco Beltrami Fotografía: Flavio Martínez Labiano Productora: Columbia Pictures / Ombra Films / Weimaraner Republic Pictures Género: Thriller

Reparto: Blake Lively, Óscar Jaenada, Brett Cullen, Sedona Legge

Sinopsis: Nancy (Blake Lively) es una joven que trata de superar la pérdida de su madre. Un día está haciendo surf en una playa solitaria cuando se queda atrapada en un islote a apenas unos metros de la costa y, aunque está a solo 100 metros de la salvación, para alcanzarla tendrá que tirar de todos sus recursos y su voluntad, pues un enorme tiburón blanco se interpone entre ella y la costa.

nt_16_Infierno-Azul-interior1Con un reducido reparto y un único escenario, Collet-Serra consigue una magnífica y refrescante cinta ideal para este caluroso verano. No vamos a caer en, tan odiosas como imposibles, comparaciones, Infierno azul es una muy digna cinta de género, emocionante de principio a fin y con la que se pasa mal, como debe ser. Nos gusta el trabajo de este director barcelonés especializado en películas de género. Nos parecen trepidantes y realizadas de forma muy competente. Tan solo hace falta ver las magníficas imágenes subacuáticas o las evoluciones de los protagonistas sobre sus tablas de surf en tan bello entorno, para ver que el director ha sabido sacar todo el partido posible. Con un presupuesto de 16 millones de dólares que se recuperaron durante la primera semana de estreno, Infierno azul, que se rodó en su mayor parte en localizaciones de Australia, transmite perfectamente la inquietud y la soledad de su joven protagonista, interpretada por Blake Lively, una bella sirena cuya iniciativa y valentía resultan decisivas en su enfrentamiento con el escualo y que surfea de infarto, además. Supervivencia con algunas gotas de humor en el que sin duda podría ser uno de los más saludables estrenos de este verano, una cinta en la que lo único que chirría es ese epílogo, posiblemente una concesión estipulada en contrato. Por cierto la música que suena al principio es de Albert Pla, si. Y la gaviota, que tiene un papel importante en la trama, figura en el reparto con el nombre de Sully ‘Steven‘ Seagall.

Finalmente, si, ese personaje que se parece a Óscar Jaenada, ES Óscar Jaenada.

 

 

 

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