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Sitges 2014, las ganadoras: I Origins y The Babadook

La 47 edición del Festival de Sitges que ha tocado a su fin deja tras de sí varios títulos memorables, no todos ellos reconocidos en el palmares. Entre las injustamente ignoradas por el jurado, a gusto de quien escribe, figuran Musarañas (Juanfer Andrés), con la notable interpretación de Macarena Gómez, e It Follow (David Robert Mitchell), la más terrorífica de las cintas visionadas. Olvido que resulta más lamentable si tenemos en cuenta que el palmares ha estado muy repartido gracias en buena medida a la profusión de menciones especiales. Del mismo modo que lamentamos estas ausencias, estamos en desacuerdo con la concesión del mayor galardón al segundo largometraje de Mike Cahill, una película que, sin carecer de interés, no pasa de ser una obra pensada para el disfrute del público más general y menos exigente.

I OriginsI Origins, la ganadora, ofrece una reflexión (de poco calado) sobre la dialéctica entre la fe y la razón. La complejidad del ojo humano es aducido por los creacionistas como muestra de diseño inteligente que probaría la existencia de Dios. Ian Gray (Michael Pitt), un estudiante de biología molecular, busca la prueba que demuestre que nuestro ojo es fruto de la evolución y no de un diseño predeterminado, se opone, por tanto, a los argumentos religiosos en nombre de la razón y la ciencia. Ian compatibiliza sus estudios con su afición a fotografiar ojos, esa afición le llevará a conocer a Sofi (Astrid Bergès-Frisbey) atraído por su iris multicolor, pronto entrará en debate con las creencias de la joven que defiende la existencia de un trasfondo espiritual en nuestras vidas. Pese a sus discrepancias, Ian y Sofi vivirán un intenso romance que acabará bruscamente con la trágica muerte de la joven, muerte que coincide con el descubrimiento del componente que demostraría las tesis evolutivas de Ian. Años más tarde su teoría será puesta a prueba tras el hallazgo de un nuevo dato: los ojos humanos no son exclusivos de cada individuo como había supuesto nuestro científico. El nuevo giro de su investigación le llevará a viajar a la India en busca de la persona cuyo iris coincide con el de Sofi y los datos encontrados serán suficientes como para establecer una duda razonable que hace tambalear su creencia. La cinta de Cahill, con tintes de ciencia ficción, expone, pues, una resolución de la dialéctica ciencia-religión que apuesta por la defensa de una espiritualidad edulcorada propia de la literatura new age.

I Origins se pretende relato de ciencia ficción con fondo metafísico, pero se pierde en los derroteros del drama romántico y la exaltación facilona de la emotividad del espectador. Pese a ello y a su desarrollo plano y nada arriesgado, la película funciona manteniendo el interés del público hasta el final, en buena medida por unas interpretaciones más que plausibles por parte de todo el elenco. Filme amable, bendecido por una parte de la crítica americana tras su paso por Sundance, no es más que un producto mainstream tan fácilmente ingerible como olvidable.

Insuficientes méritos, los de I Origins, como para alzarse con el premio a la mejor película, máxime cuando en esta edición se presentaban títulos mucho más redondos. Ese es el caso de The Babadook, que se ha tenido que conformar con el premio especial del jurado pese a que había sido celebrada con honores en las redes sociales. Y es que Jennifer Kent, su directora, sabe aprovechar los lugares comunes de los relatos de fantasmas imprimiéndoles un toque babadookoriginal y personal. Nos cuenta la historia de una joven viuda que perdió a su marido cuando la llevaba al hospital para dar a luz. Seis años después de esa trágica muerte,  Amelia (Essie Davis) continúa perdida intentando educar a Samuel (Noah Wiseman), su hijo de seis años, que vive aterrorizado por un monstruo que se le aparece en sueños y amenaza con matarlos. La situación se complica cuando aparece un extraño libro que parece escribirse mientras se lee (como en La historia interminable ellos parecen formar parte de la narración) y cuenta la historia del Babadook (una especie de hombre del saco). El niño ve en el Babadook la manifestación del monstruo de sus pesadillas y eso le hace caer en conductas violentas e impredecibles. Amelia, muy asustada por el comportamiento de su hijo, se ve forzada a medicarle. Pero cuando comienza a vislumbrar una presencia siniestra a su alrededor, Amelia poco a poco se da cuenta de que aquello sobre lo que Samuel la ha estado advirtiendo puede ser real…

wall_1024x768_01The Babadook es presentada por sus productores como un “thriller sobrenatural en la tradición de los clásicos horrores domésticos de Polanski, tales como La semilla del diablo, El quimérico inquilinoRepulsión”. Han creado, pues, unas grandes expectativas que la película supera con nota. Su puesta en escena es impecable, utilizando el fuera de campo como elemento de intriga y dosificando con buen tino los momentos más impactantes. Kent se adentra en la tradición más clásica del terror y alumbra un cuento sombrío sobre los miedos de la infancia, combinando elementos de la tradición de casas encantadas, aquí más bien del objeto maldito (ese libro de cuentos del que es imposible deshacerse), y las apariciones fantasmagóricas. En The Babadook el componente sobrenatural es usado para hablar de los traumas de la pérdida y la dificultad para superar los duelos. Es la sombra del padre muerto la que planea sobre la relación madre-hijo, la que está en la raíz de los miedos del niño y en el sentimiento de culpa de la madre. El monstruo funciona a modo de catalizador que permite resolver los complejos, proporciona una catarsis en la que se verán superados los fantasmas del pasado y permitirá librarse del peso que oscurece los lazos maternofiliales. Dominar al Babadook supone tanto como conjurar el dolor para poder desarrollarse con normalidad (bien jugado ese fuera de campo del final).

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La película australiana es un filme atmosférico que tiene una de sus mejores bazas en el magistral desarrollo del arco de transformación de los personajes y la perfecta interpretación de sus actores principales (el trabajo de Essie Davis se vio recompensado con el premio a mejor actriz ex aequo con Julianne Moore). Meritoria es también la labor de Jennifer Kent que se muestra capaz de darle la vuelta a los lugares comunes (algunos usados hasta la extenuación a lo largo de la historia del cine) y mostrarlos como novedosos, ello se da gracias a como sabe jugar sus cartas en un exquisito despliegue de las formas. El esmerado desarrollo de los personajes se ve arropado por un dominio total del ritmo narrativo (sorprendente en una debutante) y un acertadísimo sentido del montaje. A The Babadook no le falta nada, esperemos que sean ciertos los rumores de que tendrá estreno comercial en nuestras salas.

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