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Las lecturas de Serendipia: ‘Viviendo del cuento’

25 octubre 2019 Deja un comentario

VIVIENDO DEL CUENTO

Juanjo Sáez

Astiberri, 2019. Rústica con solapas. 18 x 21.5. Color. 176 páginas.

He de admitir que este libro lo adquirí a ciegas. No solo no sabía quien era Juanjo Sáez, sino que tampoco conocía su obra. O eso pensaba, pues lo cierto es que me he llevado una grata sorpresa, y no solo al reconocer entre sus hojas algunos flyers que en el pasado me había encontrado en el camino, sino porque habla de un tema que viví, en cierto modo, y de gente que conocí. Y me ha sorprendido muy gratamente. Sobre todo porque se mete con la vacuidad que había tras todo ello y les saca los colores. Me explico.

El barcelonés Juanjo Sáez vivió una época previa a las redes sociales que ya anunciaban lo que se nos venía encima: infinidad de gente presumiendo de lo que no es, explicando lo fenomenales que son desde publicaciones de diseño y tendencias. Aquellos periódicos gratuitos que florecieron como los champiñones y desde los que muchos músicos mediocres, artistas que solo ellos sabían que lo eran, diseñadores de moda y creadores de tendencia asaltaron los cielos. Páginas en las que los colaboradores no cobraban, pero  en las que, eso sí, había cuchilladas por publicar. Eso sin olvidar la famosa ‘cultura de club’. Todo eso lo conoció el que todo esto les cuenta en el ocaso de su juventud, a finales de los noventa, cuando ya el salir de noche dejó de ser divertido para convertirse en poco menos que una pesadilla. Por los bares de Barcelona me topé en muchas ocasiones con octavillas (entonces se llamaban así)  y publicidad de lugares como el Nitsa, el Astin, el Apolo, algunas dibujadas por Juanjo Sáez, como he podido comprobar ahora. Lugares a los que me llevaron amigos químicamente incansables y desde los que aburrido/asqueado/ciego preparé mi lenta, pero obligada, retirada.

Tuve amigos que iban al Sonar. Ese lugar al que todavía hay que ir, aunque sea a hacerse la foto. Un festival que presume de progresivo, aunque programe a Los Chunguitos. Un festival que he oído que también programa sesiones infantiles. Todo ello, por entonces, pues volvemos a los noventa, con el Britpop y el niñopop de fondo, a base de flequillos, delgadez, palidez, Adidas y chicas vestidas como alumnas de un colegio de monjas de los sesenta. Mucho dinero y mucha pose. El nacimiento del ‘postureo’. Con grupos y amigos que conocía de la escena mod de la que yo estaba saliendo y ellos también, aunque reciclándose en editores de revista de tendencias,  como Yolanda -ABarna- Muelas o los Sidonie, sin ir más lejos. Y todo eso, toda esa salsa, todo aquel ambiente y todo aquel postureo antes del postureo, Juanjo Sáez lo retrata de manera milimétrica, con sus dibujos sencillos, pero personales, y un léxico sencillo, el suyo, el mío. Su libro es biográfico y sincero y por eso se siente. Se vive. Y en él nos cuenta cómo, partiendo de los fanzines (eso que ahora se llama autoedición) unos remansos de libertad a pequeña escala en la que uno hacía lo que le daba la gana sin grandes pretensiones más allá de pasarlo bien, fue escalando, a veces sin pretenderlo, introduciéndose en exposiciones y revistas hasta terminar convirtiendo su pasión en su profesión. Y todo ello en un libro publicado cuando ya aquella época ha pasado, recuperando tiras de prensa que publicó en diversos medios y, mucho más allá de la simple recopilación, convirtiendo este libro en una reflexión sobre una época, una profesión y, en Imagen relacionadageneral, la vida y la familia.

Pero también es un libro que anticipa el infierno en la tierra que representan las redes sociales, en las que todos escriben sobre todo, en las que todo el mundo es bello y tiene una vida tan interesante que tiene que retransmitirla en directo. Compartir continuamente. Una arena en la que todos saben de todo, están a la última y opinan de todo. Resumiendo, vaticina la vida moderna (o postmoderna, como quieran). Y lo hace con mucho humor, ironía y mala leche, pero también inocencia, porqué no, y a pesar de todo, madurez.

Publicado originalmente por Ramdom House  en 2004, Astiberri reedita Viviendo del cuento con un nuevo prólogo de 12 páginas del autor. 

VAMOS DE ESTRENO (o no): Viernes 25 de octubre de 2019

25 octubre 2019 Deja un comentario

EL SILENCIO DE LA CIUDAD BLANCA (Daniel Calparsoro, 2019)

España. Guion: Roger Danès, Alfred Pérez Fargas (Novela: Eva García Sáenz de Urturi) Música: Fernando Velázquez Fotografía: Josu Inchaustegui Productora: Atresmedia Cine / Rodar y Rodar Género: Thriller

Reparto: Belén Rueda, Javier Rey, Aura Garrido, Manolo Solo, Àlex Brendemühl, Kandido Uranga, Sergio Donado, Àlex Monner, Itziar Ituño, Pedro Casablanc, Richard Sahagún, Ramón Barea

Sinopsis: Vitoria, 2019. Los cadáveres de un chico y una chica de veinte años aparecen desnudos en la cripta de la Catedral Vieja. Unai López de Ayala, un inspector experto en perfiles criminales, debe cazar al asesino ritual que lleva aterrorizando a la ciudad desde hace dos décadas. La sucesión imparable de crímenes y una investigación policial contaminada por las redes sociales llevarán al límite a Unai, enfrentándolo a un asesino camaleónico y despiadado que podría estar más cerca de lo que creía.
El silencio de la ciudad blanca es un thriller de misterio basado en el best seller de Eva García Sáenz de Urturi que ha sido rodada en escenarios naturales de la ciudad de Vitoria y diversas localizaciones de la provincia de Álava. Bellos lugares de los cuales el director ha sabido sacar partido. Lástima que más allá del acierto en la ubicación, este thriller vaya desinchándose conforme avanza su metraje, pues acciones y situaciones que posiblemente funcionan óptimamente en la novela, pinchan en la adaptación llegando a ser, en algún momento, ridículas. Todo lo cual se lamenta, pues el material, bien tratado, podría haber dado para un buen filme, con ese argumento que mezcla crímenes rituales y elementos histórico de la ciudad ese asesino en serie de praxis metódica, venganza y conflictos familiares.  Ítems que se mezclan en la trama con unos policías de pasado trágico y alguna escaramuza amorosa. Como vemos, elementos más que suficientes como para abrir el interés del espectador, pero que, en manos de los guionistas, se van embrollando hasta convertir la historia en una maraña casi ininteligible.
Por otra parte llegan a resultar molestos algunos detalles: como que todos los personajes acaben estando, inexplicablemente, conectados entre sí; que a pesar de entrenar y hacer running a diario, se les escapen -o casi- todos los fugitivos en las persecuciones; alguna prescindible escena sexual; y bastantes diálogos introducidos con calzador. Así que extraña que tras el filme se encuentre un director tan familiarizado con este tipo de intrigas como es Daniel Calparsoro (Cien años de perdón, El aviso) que tantas cintas válidas ha dejado. Pero no solo eso, también los actores protagonistas se ven fuera de sitio, cuando no incómodos. Posiblemente el semblante severo que luce Aura Garrido durante todo el metraje se deba a lo desaprovechada que está en esta película, totalmente en manos de Javier Rey (protagonista de ‘Velvet’ y ‘Fariña’, serie por la que ha recibido diversos premios de interpretación, entre ellos el premio Feroz, el Fotogramas de Plata y el premio Iris)  y Belén Rueda, especializada en este tipo de producciones que están secundados por un excelente plantel de actores, como Manolo Solo, Alex Brendemühl, Sergio Dorado y Ramón Barea, entre otros, que dignifican el, para nosotros, fallido producto.

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