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Los viajeros del tiempo: Theremin, mutantes, androides y playmates

Los viajeros del tiempo es una película deudora de la ciencia ficción pulp de los años treinta. Con una argumento de lo más ingenioso, Ib Melchior, director y guionista del filme, supo mezclar paradojas temporales bien elaboradas, con ciencia ficción apocalíptica y el resultado, aún siendo una serie b futurista de las muchas que se rodaron durante los años de la Guerra Fría, no deja de estar un tanto por encima gracias a sus trabajados efectos especiales y al uso del color, que le añade una fuerza visual y dramática muy interesante. La acción de Los viajeros del tiempo arranca el 11 de julio de 1964 desde un laboratorio en el que tres científicos: el Dr. Erik Von Steiner (Preston Foster) y sus ayudantes Steve (Philip Carey) y Carol (Merry Anders) están probando una máquina del tiempo que han creado. Enfocada en un punto del campus de la universidad desde la que trabajan, pueden ver los avances de su invento en una gran pantalla. Con ellos también se encuentra Danny, un técnico en computadores (Steve Franken). En un momento del experimento se produce un accidente, los circuitos se sobrecargan y el tiempo se acelera deteniéndose 107 años en el futuro. Un futuro apocalíptico, pues en la pantalla solo puede verse un desierto aparentemente desabitado. También se percatarán de que la pantalla se ha convertido en una puerta, “una grieta en el espacio tiempo por la que puede pasar la materia” por la cual no tardarán en colarse los cuatro protagonistas para darse un paseo por ese devastado paisaje, saliéndoles a su encuentro unos deformes mutantes con aviesas intenciones. Huyendo de ellos se introducirán en una cueva, en la que serán rescatados por los últimos descendientes de los hombres “normales” y sus androides. Allí se adentrarán en un microcosmos habitado por súper científicos que

¡Androides antropomórficos!

pondrán al profesor y equipo al día de lo sucedido. Les explican que siguen en la Tierra, concretamente en el año 2017 y que el mundo se ha extinguido “por la locura del hombre”, a excepción de esos cien científicos, que están construyendo una nave con la que partir hacia un nuevo planeta habitable, Alfa Centauro 4, en un viaje de varias generaciones de duración que realizarán en animación suspendida, mientras los androides se hacen cargo de los pormenores de la travesía. La partida va a ser inminente, así que les proponen ayudarles a reconstruir su ventana del tiempo para que retornen al pasado. Pero aquí se produce la primera paradoja temporal, pues en vista del desastre acontecido, está claro que nadie llegó del futuro para avisar a la Humanidad del peligro que se avecinaba. No pueden volver, así que les proponen unirse a ellos en el viaje a Alfa Centauro, pero la nave no tiene suficiente capacidad, así que construirán una nueva puerta. El tiempo se echa encima, la nave va a partir y la puerta temporal está casi a punto cuando son invadidos por los mutantes, que sabotean el despegue de la nave, destruyéndola, mientras que nuestros protagonistas consiguen activar la puerta y entrar en ella junto a algunos habitantes de aquel mundo.

Aparecen en el campus, pero cuando van al laboratorio se ven a sí mismos antes del incidente. Dándose cuenta de que el tiempo allí es mucho más lento, tanto que casi parecen inmóviles, mientras que ellos se mueven tan rápidos que un minuto equivale a un año. Por lo que de seguir así, pronto morirán de viejos y desaparecerán. El  tiempo, que prosigue inexorablemente,  parece haberles tendido una trampa, repitiendo  los acontecimientos hasta llegar al accidente que inició todo, y mientras la máquina del tiempo avanza hacia 2017, ellos deciden  entrar aleatoriamente en la pantalla, antes de que se detenga. Y veremos que han tomado una buena decisión, pues lo que se nos muestra es lo más parecido a un paraíso. Por su parte, tras detenerse la

Los placeres de Alfa Centauro 4

máquina en 2017 todo volverá a comenzar, repitiéndose todo lo que  hemos visto una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez…

En esta ingeniosa fantasía, técnicamente muy bien resuelta, tanto las maquetas como las transparencias siguen funcionando lo suficiente como para haberla convertido en una joyita camp de ciencia ficción en la que resulta fundamental el uso del color. Junto a estos efectos ópticos, algunos personajes realizan trucos de magia, que ofrecen un resultado de lo más marciano a esta fantasía, que contiene algunos momentos impagables, como la interpretación de Reena (Delores Wells) con el Lumicor, una especie de instrumento musical mezcla de órgano y theremin, o  la visita a la sección de montaje y fabricación de androides, cuya  música no ayuda a que la tomemos muy en serio. Y es que en Los viajeros del tiempo el humor no falta, monopolizado casi en su totalidad por el personaje de Danny, interpretado por Steve Franken al que muchos recordarán  como aquel inolvidable camarero que progresivamente va emborrachándose en El guateque (The Party, 1968), la magnífica comedia de Blake Edwards. Este personaje, el más mundano de cuantos habitan la película de Melchior, no tarda en calibrar las posibilidades de confraternizar carnalmente con las habitantes de ese mundo futuro, obteniendo un gran éxito con Reena, una muy turgente humana interpretada por Delores Wells, popular por haber protagonizado el desplegable central del Playboy de junio de 1960, además de haber

Delores Wells Playmate junio 1960 nos espera en el futuro.

participado en algunas de las fantasías surfistas protagonizadas por Frankie Avalon y Annette Funicello. También destaca el veterano Preston Foster como Von Steiner, así como la participación como extra (con frase) de Forrest J Ackerman, padre de todos los coleccionistas de memorabilia de cine fantástico y gran especialista en literatura de ciencia ficción. Por su parte los mutantes, algunos de los cuales miran despreocupadamente riendo a la cámara, estaban encarnados por jugadores de baloncesto, concretamente de Los Angeles Lakers.

Esta fantasía lamentablemente no ayudó a levantar la carrera de Ib Melchior como realizador, que tan solo dirigió un título más, The Angry Red Planet. Nacido y educado en Dinamarca, Melchior se dio tempranamente cuenta de que lo que le tiraba era el faranduleo, así que se unió a una compañía teatral británica para recorrer mundo. Tras la Segunda Guerra Mundial, que pasó en el Servicio de Inteligencia de Estados Unidos, se introdujo en televisión y más tarde en el cine,

ejerciendo especialmente de guionista del género que más le agradaba: la ciencia ficción, colaborando en los guiones de Reptilicus (Sidney W. Pink, 1961), Journey to the Seven Planet (Sidney W. Pink, 1962) y  Robinson Crusoe on Mars (Byron Haskin, 1964). También se encargó de los textos de la versiones americanas de El rey de los monstruos (Gojira no gyakushû, Motoyoshi Oda, 1955) bautizada allí como The Volcano Monsters y Terror en el espacio (Mario Bava, 1965), allí Planet of the Vampires. Además de diversos trabajos televisivos en series como The Outer Limits o Men Into Space, escribió

Ib Melchier (1917-2015)

The Race, historia en la que se basó La carrera de la muerte del año 2000 (Death Race 2000, Paul Bartel, 1975) y su remake de 2008. Pero a pesar de que sus guiones para  Robinson Crusoe on Mars (Byron Haskin, 1964) y The Time Travellers inspiraron claramente los de las series televisivas de Irwin Allen Perdidos en el espacio (Lost in Space, 1965) y El túnel del tiempo (The Time Tunnel, 1966-67), respectivamente,sin ser en ningún momento acreditado, Melchior prefirió no litigar para no tener que enfrentarse al poderoso productor televisivo y poder seguir trabajando en Hollywood sin problemas. Mucho más tarde y quizás reconociendo su deuda con él, Prelude Pictures le contrató como consultor en su película Perdidos en el espacio (Lost in Space, 1998, Stephen Hopkins), pero Melchior nunca recibió el pago estipulado de beneficios y aunque en esta ocasión si pleiteó, la Corte Suprema se negó siquiera a revisar el caso.

Afortunadamente hubo quien si pareció reconocer sus méritos: en 1976 la Academy of Science Fiction and Horror Films le concedió un Saturn Award como Mejor Escritor por el conjunto de su carrera.

(Artículo publicado previamente en Klowns Horror Fanzine Nº 6 Especial viajes en el tiempo, 2017)

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