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BLADE RUNNER 2049

Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve, 2017)

USA Duración: 152 min. Guion: Hampton Fancher, Michael Green Música: Jóhann Jóhannsson, Hans Zimmer, Benjamin Wallfisch Fotografía: Roger Deakins Productora: Warner Bros. Pictures / Scott Free Productions / Thunderbird Films / Alcon Entertainment Género: Ciencia ficción

Reparto: Ryan Gosling, Harrison Ford, Ana de Armas, Jared Leto, Sylvia Hoeks,Robin Wright, Mackenzie Davis, Carla Juri, Lennie James, Dave Bautista, Barkhad Abdi, David Dastmalchian, Hiam Abbass, Edward James Olmos

Sinopsis: Treinta años después de los eventos del primer film, un nuevo blade runner, K (Ryan Gosling) descubre un secreto largamente oculto que podría acabar con el caos que impera en la sociedad. El descubrimiento de K le lleva a iniciar una búsqueda de Rick Deckard (Harrison Ford), un blade runner al que se le perdió la pista hace 30 años.

Blade Runner 2049 tiene ante sí un reto nada envidiable. Naturalmente no el de hacer olvidar o superar a Blade Runner (Ridley Scott, 1982), pero sí el de ofrecer una historia y una película digna, que añada mitología a la cinta de Scott sin empañar el recuerdo de su tan innovadora película.

Y es que Blade Runner fue (y continúa siendo) una de las películas más influyentes de la historia del cine. Su filosofía y su estética cyberpunk ha transcendido formando parte del legado cultural del pasado siglo. Es una obra perfecta, a pesar de que su creador quisiera posteriormente retocar la del estreno. Perfecta y abierta a interrogantes, cuestiones e interpretaciones, como es natural y debe de ser en toda obra de arte. Así que  estarán con nosotros en que  realizar una secuela es un reto. Recientemente hemos podido ver la gran estafa que se ha realizado con Star Wars, que ha iniciado una nueva y ¿última? trilogía contentando a los fans más acérrimos a base de ignorar el sentido común ¿cómo? repitiendo la fórmula inicial aunque cambiando, más o menos, algunos elementos pero narrando, hasta en los últimos detalles, la misma historia que se contó en 1977. Un revolucionario fraude que ha parecido satisfacer a la mayor parte de los seguidores de la serie.  Así que, en estos tiempos en los cuales se apuesta por el rédito inmediato, estaba cantado que en algún momento le tocaría a Blade Runner. Y ese momento ha llegado.

“Para mí, Blade Runner 2049 es una carta de amor a Blade Runner” confiesa Denis Villeneuve. El canadiense reconoce así su respeto por la obra de 1982 y su voluntad de poner su filme bajo la estela de aquel. Y es que el clásico de Scott repasaba una serie de preocupaciones sociales que han ido en aumento: el deterioro urbano, el cambio climático, la ingeniería genética, la sobrepoblación, la división social, los estratos económicos… Cuando estamos alcanzando ya el futuro que enunciaba la original (la acción se situaba en 2019) su discurso está más vigente que nunca, pero, si ello es así, no es sólo por su virtud anticipadora sino también por su enraizamiento en uno de los grandes motivos culturales de Occidente, la transgresión prometeica, la voluntad de traspasar las limitaciones humanas hasta elevarse a una condición casi divina. Expresa el anhelo de crear vida desde la nada. Así, la figura del replicante es una nueva máscara del nuevo Prometeo encadenado shelleyniano, un ser creado por el hombre a su semejanza y del que los humanos adjuran cuando su potencial les convierte en amenaza, una criatura que enfrentará a su creador por haberle dado forma y, a la vez, haberle condenado a ser visto como un monstruo. El replicante, como Frankenstein, nos enfrenta a la pregunta sobre qué es lo que nos hace humanos. Blade Runner no era simplemente una distopía a través de la que advertir de los males sociales presentes, era (y es) un cautivador drama sobre la humanidad.

“¿Qué define a un ser humano?” Esa es la pregunta que se plantea el director Denis Villeneuve. El mundo de Blade Runner 2049 es una extensión de Blade Runner, en las dos películas hay humanos y replicantes, y, aunque estos se parecen mucho entre sí, son considerados distintos, ya que unos han nacido y otros han sido creados artificialmente. La diferencia innata entre ellos es que alguien que nace se considera que tiene alma. Pero, ¿cuál es la naturaleza del alma? Y, ¿es eso algo exclusivamente humano? En la cinta de Villeneuve encontramos las preguntas fundamentales del universo que inauguró Scott y las respuestas vuelven a apuntar que la raíz de lo humano se localiza en la capacidad de sentir y expresar emociones. Y, más allá aún, la posibilidad de ponerse en la piel de otros hasta el punto de aceptar sacrificarnos por el bien de los demás. Esa es la conclusión de la búsqueda de K, el nuevo Blade runner protagonista, su investigación sobre sus propios orígenes, sobre la posibilidad de que él haya sido un ser nacido y no un ente artificial, acaba conduciendo a la única respuesta posible, lo humano se juega en el campo de la posibilidad de ser héroe más allá de cuál haya sido nuestro origen. Toda vivencia está condenada a perderse como lágrimas en la lluvia, pero la aventura humana se trasciende a sí misma en el ADN de la memoria de las generaciones venideras por las que nos hemos esforzado, por las que hemos llegado a sacrificarnos.

La peripecia argumental no es lo más destacable de la cinta de Villeneuve, una trama en la que se combina el thriller de acción con la ciencia ficción y que se desarrolla con buen ritmo, sin bajadas de interés, pero con una cierta precipitación en el tercer acto donde las revelaciones se suceden mediante el desarrollo de subtramas que no habían sido significativamente expuestas en el curso de la acción. Donde sí brilla la dirección del canadiense es en el meticuloso cuidado con el que mima todos los aspectos técnicos de la puesta en escena. Es ahí donde logra emparentarse con la cinta de Scott expandiendo su universo, todo el esfuerzo del director y su equipo está puesto al servicio de dar encarnación a ese futuro que supone esta cinta con referencia a su antecesora.

Se trataba de impulsar la película original a su futuro más probable, en Blade Runner la naturaleza estaba colapsando, así que 30 años después la tierra había de tener unas condiciones climáticas mucho más severas, y eso se refleja en todo, desde la arquitectura a los vehículos o la ropa. Para lograr esto, Villeneuve formó equipo con el director de fotografía Roger Deakins, el diseñador de producción Dennis Gassner y la diseñadora de vestuario Renée April. Podría decirse que la mayor impronta visual de la primera Blade Runner fue su atmósfera oscura, húmeda y opresiva, la premisa de Villeneuve es que esas condiciones no habrían cambiado a mejor en treinta años, así su propuesta visual pasa por diseños lumínicos y patrones complejos que introducen los efectos de la nieve y el barro en la fotografía. Por su parte, el diseñador de producción Dennis Gassner recuerda como “la primera cosa que le pregunté a Denis fue que, si tuviera que definir el diseño con una palabra, ¿cuál sería? Y Denis dijo, ‘Brutal. Quiero que la arquitectura sea brutal’.” En Blade Runner 2049 todo está diseñado alrededor de la supervivencia, desde la tecnología a la arquitectura, así los edificios fueron diseñados para resistir el clima, hasta el punto de que muchos de ellos parecen refugios subterráneos; el resultado es un escenario más pulcro en sus líneas, más geométrico, pero, a la vez y paradójicamente, más sucio. El entorno en el que se desenvuelven los personajes es aún más hostil que en la original, un entorno en el que la naturaleza como la conocemos ya no está presente, en su lugar nos encontramos con el imperio de lo sintético y artificial, estas condiciones marcaron el trabajo de Renée April. “Es un entorno duro. Llueve y a veces nieva. Ese fue nuestro punto de partida. Para los materiales, trabajé mucho con piel sintética y plástico, con el que nunca había trabajado. No podía usar cuero ni lana ni ningún material orgánico, ya que no existirían más, así que todo era sintético y creado por el hombre. También usamos tallas grandes por el frío” explica April. La suma de estos factores técnicos, junto con la utilización de decorados físicos (apenas se usa el croma durante su largo metraje) y la inspirada banda sonora de Hans Zimmer, dan pie al alumbramiento de un filme con entidad propia llamado a convertirse en uno de los blockbusters más poderosos del año.

Denis Villeneuve ha sabido darle la vuelta a lo que era, básicamente, un encargo de una major para convertirlo en una película personal que elude todos los defectos de otras secuelas para convertirse en una cinta que puede respirar con autonomía respecto a su antecesora. Su filme demuestra que no está reñido construir un producto comercial con la capacidad de elaborar una cinta de autor. Blade Runner 2049 es una de esas películas donde la suma de las mejores partes sí da una enorme obra cinematográfica. Un buen bocado de distopía con un universo propio enormemente disfrutable a pesar de su largo metraje y su tempo pausado. No será de culto, pero sí merecerá ocupar un buen lugar en la historia de cine de ciencia ficción.

 

Categorías:VAMOS DE ESTRENO
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