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El viajante, la venganza produce monstruos

De la tramoya a la escena y de la escena a la vida, la cámara de Asghar Farhadi circula con elegancia ese espacio real pero (sobre todo) metafórico. Mientras representan Muerte de un viajante y tras enfrentar una experiencia traumática el matrimonio de Emad (Shahab Hosseini) y Rana (Taraneh Alidoosti) hace aguas. La elección de la pieza de Arthur Miller no es azarosa, como el propio director confiesa: “Leí ‘Muerte de un viajante’ siendo estudiante. Me marcó profundamente, quizá por sus reflexiones sobre las relaciones humanas. Es una obra teatral muy rica, que ofrece lecturas múltiples. La dimensión más importante me parece la crítica social de un periodo histórico en el que la rápida transformación de la América urbana destruyó a una clase social. Toda una categoría de personas que no supieron adaptarse a la inesperada modernización fueron literalmente aplastadas. En ese sentido, la obra guarda muchos paralelismos con la situación actual en mi país. Las cosas cambian a la velocidad del rayo y no queda más remedio que adaptarse o morir. La crítica social que forma el núcleo de la obra sigue siendo válida en Irán. Otra dimensión de la obra es la complejidad de las relaciones sociales en el seno de la familia, sobre todo en la pareja formada por el viajante y Linda, su mujer. En la obra hay una fuerte atracción emocional, y eso hace que además de conmovedora, también obligue al público a reflexionar sobre temas muy sutiles. En cuanto decidí que los personajes de la película estarían en una compañía teatral y que prepararían una obra, pensé que el drama de Miller era muy interesante porque me permitía establecer un paralelismo con la vida personal de la pareja en el centro de la historia. En el escenario, Emad y Rana hacen los papeles del viajante y de su mujer. En la vida real, sin saberlo, se encontrarán con el viajante y su familia, y deberán decidir su destino“. En esta respuesta Farhadi condensa todo el sentido de su último y multipremiado filme. Y es que una vez más el cineasta iraní atropella la comodidad de una joven pareja de clase media para enfrentarse a una situación dramática, hundiéndonos de lleno en la complejidad humana.

El viejo Irán se hunde, como la vivienda que se ve obligada a abandonar la joven pareja en el inicio del filme, y hay que encarar esta situación y sus consecuencias. En su nueva residencia Rana es asaltada en su intimidad por un cliente de la antigua inquilina (de cuya “profesión” no fueron advertidos), episodio que hará tambalear su cómoda existencia de clase media. Un choque de trenes que da cuenta de la complejidad de un mundo en el que la realidad de sus mujeres define los recovecos más disfuncionales de la sociedad iraní. Así, El viajante puede ser leída en forma de retrato social (un retrato crítico además), pero a la vez funciona como fábula moral. La agresión a Rana será vista como una afrenta al honor familiar, mancha que sólo podrá expurgarse tomando cumplida venganza.

El cine siempre ha sido una ventana privilegiada desde la que asomarse a otros mundos y culturas. A través del séptimo arte recibimos noticia de los rasgos particulares que las definen, pero, más allá de ello, lo que alcanzamos a descubrir es la universalidad de los sentimientos y aflicciones. El viajante cumple totalmente con esta premisa. La situación de la mujer es más opresiva en Irán (en ningún momento vemos el cabello de las actrices, por citar un ejemplo llamativo), pero no dejamos de comprender sus reticencias a denunciar lo sucedido ante el temor de ser criminalizada en vez de apoyada. También podemos sentirnos en la piel de Emad, lesionado en su amor propio y sediento de reparación de su honor mancillado, mucho más obsesionado que la propia Rana, que en verdad se irá sintiendo acosada por la incapacidad de su esposo para recuperar la normalidad. Pero, sobre todo, es universal la enseñanza de la película: la persecución y consumación de la venganza nos convierte en monstruos. La venganza no repara nada, lejos de ello nos sume en la inmundicia y nos degrada ante nosotros y ante los demás. Impagable el plano final en el que comprendemos que todos los puentes entre marido y mujer se han hundido irreversiblemente.

Como de costumbre, Asghar Farhadi propone una película humanista, sencilla y poderosa, en la que el drama familiar se sirve bajo fórmula de thriller, con un guion implacable en el que cada pieza encaja sin que el espectador se dé cuenta, sin que los personajes midan las consecuencias en su existencia.

La carrera del doblemente oscarizado, cuya formación fue en dirección escénica y teatro, se ha desarrollado de forma inmejorable. Con siete largometrajes en su filmografía, Farhadi se ha convertido en un importante referente del cine iraní contemporáneo. Tras realizar exitosos y reconocidos títulos como A propósito de Elly y Nader y Simin, una separación (con la que obtuvo el Oscar en 2012), también ha cultivado su proyección internacional, lo que le llevó a rodar en Francia El pasado, y actualmente a desarrollar posiblemente su próximo proyecto en España.

Asghar Farhadi fue representado en la última gala de los Oscars por Anousheh Ansari,  una ingeniera conocida por ser la primera mujer turista espacial, y Firouz Naderi, un reputado científico que trabajó para la NASA, ambos iraníes-estadounidenses. A pesar de no haber asistido a la ceremonia -en respuesta a las  restrictivas políticas migratorias que Estados Unidos ha aplicado recientemente, Asghar Farhadi ha manifestado sus sentimientos de agradecimiento a través del discurso que Anousheh Ansari leyó en su nombre: “Es un gran honor recibir este valioso premio por segunda vez. Me gustaría agradecer a los miembros de la academia” (…) “Siento no estar con vosotros esta noche. Mi ausencia se debe al respeto hacia la gente de mi país y de otros 6 países que han sido humillados por la inhumana ley que prohíbe la entrada de inmigrantes a Estados Unidos”(…) “Dividir el mundo entre las categorías de ‘nosotros’ y ‘nuestros enemigos’ crea miedo y una lamentable justificación para la agresión y la guerra” (…) “Los cineastas pueden emplear sus cámaras para captar cualidades humanas comunes y romper estereotipos sobre sus nacionalidades y religiones, crear empatía entre ´nosotros’ y ´otros’, una empatía que necesitamos hoy más que nunca”.

 

2016: Premios Oscar: mejor película de habla no inglesa
2016: Globos de Oro: Nominada a mejor película de habla no inglesa
2016: Festival de Cannes: Mejor actor (Shahab Hosseini) y mejor guión
2016: National Board of Review (NBR): Mejor película de habla no inglesa
2016: Critics Choice Awards: Nominada a mejor película de habla no inglesa
2016: Festival Internacional de Valladolid – Seminci: Sección oficial
2016: Satellite Awards: Mejor película de habla no inglesa

 

Categorías:VAMOS DE ESTRENO
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