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El cine en zapatillas: ‘El gato negro’ ¿Un Fulci menor?

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De nuevo Regia Films y de nuevo el mejor cine de terror italiano. O casi, ya que si bien El gato negro (Gatto Nero, 1981), de Lucio Fulci no goza del prestigio que disfrutan otras cintas del director como El más alláAquella casa al lado del cementerio,  quizás por carecer del gore descarnado de aquellas, no desmerece en cuanto a atmósfera de sus otras contribuciones al fantástico. Merece la pena redescubrirla. Y más si es en óptimas condiciones de imagen y audio como sucede con la edición que Regia Films ha puesto a la venta.

EL GATO NEGRO (Gatto nero, Lucio Fulci, 1981)

Italia. Duración: 88 min. Guión: Lucio Fulci, Biagio Proietti (Historia: Edgar Allan Poe) Música: Pino Donaggio Fotografía: Sergio Salvati Productora: Italian International Film / Selenia Cinematografica

Reparto: Dagmar Lassander, David Warbeck, Mimsy Farmer, Patrick Magee, Al Cliver, Bruno Corazzari, Geoffrey Copleston, Daniela Doria, Lucio Fulci

Sinopsis: La fotógrafa norteamericana Jill Trevers (Mimsy Farmer) realiza un reportaje sobre unas antiguas ruinas de un pueblo de la campiña inglesa cuando una serie de accidentes comienzan a sucederse provocando varias víctimas mortales. Ante las extrañas circunstancias que rodean a todos estos accidentes, la policía local hará venir al pueblo al inspector Gorley (David Warbeck) de Scotland Yard. La investigación pasará por un extraño personaje que vive en el pueblo llamado Robert Miles (Patrick Magee), psíquico e investigador de lo paranormal, quien resulta tener como mascota a un gato negro que, según sospecha Jill, guarda alguna relación con todos los fatales accidentes…

Formato Pantalla: 2,35:1 (16/9) Anamorphic Widescreen

Audio: Castellano, Italiano, Inglés – Subtítulos en Castellano (Doble subtitulado castellano,específico para audio italiano y audio inglés)

gato_negro_frontal_webCon El gato negro Lucio Fulci nos ofrece su producción más ‘british’, a pesar de que el rodaje se realizó a caballo entre Italia e Inglaterra. Quizás esta atmósfera sea responsable de que se trate de un ejercicio más comedido en cuanto a sangre y vísceras se refiere, ya que no conviene olvidar que Fulci la rodó durante su etapa más virulenta, tras Miedo en la ciudad de los muertos vivientes y antes de  El más allá, su obra maestra, Aquella casa al lado del cementerio El destripador de Nueva York, grandes favoritas entre los admiradores del director italiano que sin lugar a dudas han pasado al panteón del  gore más descarnado. Pero El gato negro, vista detenidamente, tiene  elementos en común con aquellas grandes favoritas, como un confuso guión, atmósfera envolvente  y escenas carentes de sentido pero altamente efectivas. Características que conocen de sobra los admiradores del personal director romano.

Gatos, cementerios y fenómenos extraños protagonizarán esta cinta lejanamente inspirada en el universo de Edgar Allan Poe (como El más allá lo hacía con el de Lovecraft) y como es de prever no tendrá mucho que ver lo que se narra en la cinta de Fulci con la obra del genial escritor de Boston, más allá del minino del título y una referencia en su conclusión. Algo, por otra parte, bastante habitual en las adaptaciones que se han realizado de las obras de Poe ya desde los tiempos de la Universal. El espectador familiarizado con la obra de Lucio Fulci ya debe saber que el director romano pondrá al límite su credulidad, así que no debería sorprenderse ante ciertas escenas protagonizadas por el muy bien amaestrado gato del título, al que veremos abriendo baldas, hipnotizando,  provocando incendios o robando llaves. Tampoco podemos olvidar la inesperada y cómica escena del cachiporrazo. Puro delirio. Puro Fulci. No valen medianías: o lo amas o lo odias.

blckctAtmosférica, bien fotografiada, inquietante. Podría pasar como un filme menor de Hammer o Amicus, con influencia del Giallo e infinidad de primeros planos de  ojos, del gato y del histriónico Patrick Magee, actor británico eminentemente teatral que interpreta  un papel al parecer ofrecido inicialmente a Peter Cushing y Donald Pleasence.  Para el resto de personajes, Lucio Fulci recurre a algunos actores sobradamente conocidos para el amante del cine de género italiano, como  David Warbeck, con el que volverá a contar Fulci  para El más allá; el egipcio Al Cliver, que participó en infinidad de cintas de género, entre ellas varias con el director romano como Nueva York bajo el terror de los zombis (1972) y también El más allá; Dagmar Lassander, que de nuevo se pondría a las órdenes de Fulci en Aquella casa al lado del cementerio; y por supuesto, la protagonista, Mimsy Farmer, actriz norteamericana que tras hacer televisión y rodar títulos como Riot on Sunset Street (Arthur Dreifuss, 1967) o  Devil’s Angels (Daniel Haller, 1967), se trasladó a Europa, donde desarrolló el resto de su carrera.  No nos olvidamos de Daniela Doria, que tras participar en unas pocas cintas eróticas se topó con Fulci, que le reservó las mejores delicatessens en sus filmes: en Miedo en la ciudad de los muertos vivientes vomita sus tripas mientras llora sangre; y en Aquella casa al lado del cementerio la acuchillan en la cabeza. Pero es en El destripador de Nueva York en la que se lleva la peor parte recibiendo doloros -hasta para el espectador- cortes en todo el cuerpo. No es de extrañar que ese mismo año y tras interpretar un pequeño papel en La camionera está como un tren (I camionistiFlavio Mogherini) decidiera poner fin a su carrera. Al menos en esta cinta, Lucio Fulci no le tiene reservado, a tono con el resto, una muerte tan violenta.  

Daniela Doria, la eterna víctima de Lucio Fulci descompuesta en El gato negro.

Daniela Doria, la eterna víctima de Lucio Fulci descompuesta en El gato negro.

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Rodando el cameo que finalmente se perdió

Buenas localizaciones, buena dirección, y una partitura de Pino Donaggio que bebe indisimuladamente en el Bernard Herrmann de Psicosis (Psycho, 1960) de Alfred Hitchcock. Como también y del propio Hitchcock, Fulci toma inspiración en algunos pasajes, como el del ataque de los murciélagos, similar al de los pájaros en The Birds (1963); o ese momento en el que la protagonista utiliza el flash de su cámara para cegar al  gato y evitar que le ataque, recurso también utilizado por James Stewart ante Raymond Burr en La ventana indiscreta (Rear Window, 1954).  Asimismo Fulci compartía con el mago del suspense su afición por hacer pequeñas apariciones en sus películas, pero no le busquen en El gato negro, y no porque no se pensara y se rodara, sino porque se quedó en la sala de montaje.

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