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Sitges 2014: entre nuestras favoritas, Musarañas y The Voices

Deponer el gusto y buscar la objetividad debiera ser la premisa de todo crítico. Y no sólo a la hora de escribir, esa debiera ser ya la actitud en la hora de ponerse a visionar el filme. Porque los gustos son como los culos, cada uno tiene uno; son personales e intransferibles, así que de poco le va a servir al espectador saber si le ha agradado o no al comentarista. Se trataría de analizar no de emitir juicios de valor. Sin embargo, es bastante difícil olvidar el yo a la hora de entablar diálogo con el objeto y más aún de no acudir al bagaje propio para interpretar lo visto. Toda lectura acaba por ser personal porque el objeto no dice lo mismo para todos los receptores, así que hay que rebajar el presupuesto y aspirar a alcanzar únicamente el mayor grado de intersubjetividad posible en nuestras conclusiones.

musarañas cartelEsta petición de principio podría haber precedido a cualquier comentario tecleado por nuestras manos, si lo hago expreso aquí es porque en esta ocasión traigo dos películas que figurarán siempre en nuestro listado de preferidas. Nos gustaron y por eso hubiéramos querido que figuraran en el palmarés. Para nosotros tanto Musarañas como The Voices hubieran merecido más. Y no pretendo la objetividad aquí, me conformo con dar razón de mi gusto y que algún otro pueda coincidir con él. Dicho esto, procedo.

Las musarañas viven más tiempo en cautividad que en libertad, son asustadizas y poco dadas a vivir en comunidad. Con ellas son comparadas por Carlos (Hugo Silva) Montse (Macarena Gómez) y su hermana «la niña» (Nadia de Santiago), porque las dos hermanas también viven como escondiéndose, sobre todo Montse que sufre agorafobia. La niña acaba de cumplir 18 años y Montse empieza a temer que se marche del nido dejándola todavía más aislada junto a sus fantasmas, ya que su única conexión con el mundo es su hermana pequeña. Estamos en la España de los cincuenta, una España que no acaba de despegar de su posguerra ni de recuperarse de sus traumas de guerra. Ambas hermanas son fruto de su época, la mayor es un reflejo del oscurantismo, de esa España que se ha encerrado sobre sí misma y de paso trata de clausurar a los demás, la niña quiere volar, refleja la incipiente voluntad de recuperación de un pueblo que ha sufrido mucho, pero todavía está demasiado atada al pasado. En su presentación, Musarañas parece llevarnos al drama social de la España profunda, nos hace que la emparentemos con la excelente Una vela para el diablo de Eugenio Martín. Pero la cinta avanza y habremos de cambiar de referente.  Todo cambia cuando entra en escena su vecino Carlos. Carlos es un hombre todavía joven, despreocupado y poco responsable, parece estar huyendo (aunque no sabemos hasta más tarde de qué) cuando cae por las escaleras. La única puerta a la que puede llamar es a la de las hermanas y Montse habrá de hacer un esfuerzo para conseguir entrarle y darle cobijo. La presencia masculina en esa casa va a resultar todo un catalizador que hará aflorar la verdad oculta que no pasa del dintel de la puerta. El comportamiento de Montse cada vez va a ser más enfermizo y la situación va volviéndose cada vez más esperpéntica. Si comparábamos Musarañas con la película de Eugenio Martín al principio, conforme avanza la trama la reconocemos deudora del universo del Fernán Gómez de El extraño Viaje o de Siete mil días juntos. Referencias que se pueden poner en contacto pero que no agotan la ópera prima de Juanfer AndrésEsteban Roel. En su tercer acto la película se distancia de sus precedentes y nos regala un festín de hemoglobina con ritmo envidiable que arropa todo un impacto final.

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En Musarañas se dan la mano el costumbrismo, el esperpento y el humor negro para traernos un soplo de aire fresco y una mirada nueva sobre temáticas que no lo son tanto, pero que a la luz del filme cobran nuevas dimensiones. Escasas son las localizaciones de la acción: la calle vista desde la ventana (desde la mirada de Montse), el rellano, límite del territorio de la mayor de las hermanas, y el piso del que no va a salir Montse, (otro espacio es el piso del vecino, que sale en una sola escena). Un espacio limitado e interior que fuerza la pericia de los directores para construir los encuadres más certeros y los fuera de campo más efectivos. Si la labor de los directores es meritoria, magistral es la interpretación de Macarena Gómez. La actriz demuestra su capacidad para el drama sin renunciar a la vis cómica a la que debe su popularidad televisiva; combinando ambos registros construye un personaje con alma, lleno de matices que despierta ternura incluso cuando se hunde en la espiral de desquiciamiento que conduce al turbulento y sangriento final. La Montse de Macarena es un ser a la vez fuerte y desvalido, con una sensualidad reprimida y un pasado que no deja de torturarla, la actriz le comunica al personaje un perfil psicológico complejo que será el motor de toda la trama, sabe convertirse en el epicentro de la acción sin caer en ningún momento en el hsitrionismo. Posiblemente sea su mejor papel y su mejor interpretación.

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En el apartado actoral, Macarena está bien acompañada por Hugo Silva y Nadia de Santiago, pero nuevamente es Luis Tosar el que llena con su presencia la pantalla en las contadas ocasiones que entra en acción. Luis Tosar interpreta al padre «desaparecido» de Montse al que ésta, sin embargo, ve como aparición (alucinación, si se prefiere); funciona en ella como voz de la conciencia (semejante al caso de la serie Dexter), una conciencia que la reprende y casi ridiculiza en sus intentos por cambiar su situación. Es este personaje el que introduce muchas de las notas cómicas del filme. Pese a lo opresivo de la situación que se plantea, Juanfer Andrés y Esteban Roel saben dar a la cinta un clima ágil y distendido, la película se hizo con el fervor del público que se deshizo en aplausos tras la proyección vespertina. Al final no obtuvo ningún premio, pero seguramente va a ser de las más recordadas. Esperamos que el público general (el de Sitges no deja de ser el target más específico al que va dedicada) la acoja con el mismo entusiasmo y llegue a ser el éxito de taquilla que deseamos para esta producción de Álex de la Iglesia.

Recordaré siempre la frase de un amigo al salir del pase de Musarañas que afirmaba que había que darle un premio ya sin esperar el resto del festival. Con la misma sensación de que había que galardonar la película recién vista, salimos del Retiro tras ver The Voices. La última cinta de Marjane Satrapi (que no procede de un cómic de la autora) nos arrebató por su habilidad a la hora de mezclar diversos ingredientes narrativos (fantasía, comedia, drama y hasta musical) y conseguir un filme redondo (o casi) en el que el retrato de un psychokiller no conduce al terror sino a un universo fantástico donde hasta las mascotas hablan.

Voices cartelRyan Reynolds es Jerry Hickfang, mozo de almacén en una empresa de recambios sanitarios. Es un chico especial, siempre de buen humor y con un halo de ingenuidad extrema, casi demasiado extrema. Vive solo en compañía de sus mascotas, un perro, Bosco, y un gato, Mr. Whiskers, y está enamorado de Fiona (Gemma Arterton), que trabaja en el departamento de contabilidad. Todo parece dispuesto para que se nos cuente una historia romántica en la que el chico ha de conquistar a la chica que de entrada tiene reparos hacia él. Pero no, Satrapi (que debutó adaptando su cómic en Persépolis) nos tiene preparada toda una caja de sorpresas. Y no por el giro que toman los acontecimientos cuando de forma accidental Jerry acaba con la vida de Fiona, giro que hará que lo que parecía una comedia romántica pase a entrar en el slasher, porque hasta ahí tampoco habría habido novedad. Lo que hace especial The Voices es el tono narrativo que va a elegir la iraní para desarrollar la trama. De entrada las mascotas de Jerry hablan, jugando a ser su particular demonio que le impele a profundizar en el mal (el minino) y su ángel portavoz de la conciencia (el perro); y no serán las únicas voces, también las asesinadas tienen mucho que decir a la hora de aprobar o afear la conducta del joven. Lo que podía haber sido una historia de psychokillers al uso, se convierte en un jolgorio fantástico y colorido.

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El color tiene valor narrativo en la película de Satrapi, es un medio para sumergirnos en el desdoblamiento esquizofrénico del protagonista. La realidad es que el entorno de Jerry es gris, además de su trastorno psicótico, padece todo un síndrome de Diógenes que le lleva a vivir rodeado de mugre y descomposición, nada mantiene equilibrio en su verdadero mundo (lo descubrimos a través de terceras miradas). En verdad, el estado psicótico libra al protagonista de ver lo sórdido de su situación. La iraní ofrece un retrato empático del psicópata para hacernos ver el drama de la locura, su retrato bizarro es más efectivo para ello que el habitual tono dramático. Maestra en el arte de la viñeta, usa la paleta cromática para hacernos entrar en la visión deformada del enfermo sin emitir juicios de valor sancionadores.

En The Voices la autora de Persépolis (que por primera vez parte de un guión ajeno) juega a reinterpretar claves del género demostrando su capacidad para entonar una voz personal y propia. Si el asesino múltiple nos ha llegado siempre desde el prisma del terror, Satrapi lo desplaza al fantástico, añadiéndole gotas de comedia gamberra, desde un humor que no es negro sino multicolor, y no dudando en acercarlo al musical, muy meritorias y desternillantes son las coreografías que abren y cierran la cinta (y no son los únicos números musicales que contiene). Supone todo un cambio de registro respecto a Pollo con ciruelas la última película suya que hemos podido ver en España, pero no abandona, sin embargo, el aura mágica que ha impregnado muchas de sus historias. A conseguir esa magia contribuye grandemente el trabajo actoral de Ryan Reynolds, el actor está sobresaliente tanto en la composición del amable e ingenuo piscópata, como en el trabajo con la voz, él es quien dobla tanto al bonachón Bosco (la voz de la conciencia) como al quisquilloso Mr. Whiskers (la pulsión asesina).

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Por su originalidad, por su alucinado bizarrismo y su personal retrato de la locura, The Voices se contará siempre entre nuestras películas favoritas, aunque seamos conscientes de que es un plato que no se va a adaptar a todos los paladares. Aquí somos amantes de los productos inclasificables y siempre estamos dispuestos a romper una lanza por ellos.

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