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Sitges 2010: los otros fantásticos, Una Vela para el Diablo&Manicomio

La finalidad de un festival es, fundamentalmente, dar a conocer los últimos trabajos que nos ha ofrecido el cine.  Pero no es menos importante el papel de las retrospectivas.  En Sitges la retrospectiva nos da la posibilidad de disfrutar de clásicos del género, pero también nos ofrece otras cintas que amplían los límites de lo fantástico en la línea que expresa Ángel Sala en su libro () presentado en el transcurso del Festival.  En la sección Los otros fantásticos se presentaron Cría Cuervos (1975, Carlos Saura), El Bosque del Lobo (1970, Pedro Ólea), La Cabina (1972, Antonio Mercero), Una Vela para el Diablo (1973, Eugenio Martín) y Manicomio (1954, Fernando Fernán Gómez/ Lues Mª Delagado). De las dos últimas es de las que os queremos hablar porque formaron parte de nuestra selección personal (uno querría verlas todas, pero ¡¡¡ hay tantas !!! y los días siguen empeñados en tener 24 horas).

Una Vela para el Diablo se presentó en programa doble con el excelente documental Los Perversos Rostros de Víctor Israël coinciendo con la entrega del Premio Nosferatu a Eugenio Martín, su director. Rodada en Grazalema, pueblo prototípico de lo que fue la España rural de los 60s, nos cuenta la historia de dos hermanas solteronas y puritanas que dirigen una posada donde se hospedan jóvenes turistas. Obsesionadas por defender a toda costa la decencia y guiadas por un turbio fanatismo deciden eliminar lo que consideran “indecente”. La mayor de las dos hermanas, la más demente y desequilibrada, asesina a una chica inglesa que toma el sol en top less. Su muerte se convierte para ella en una señal divina. La película es una auténtico testimonio de la España más recalcitrante y más fanática, practicante de la doble moral. “Santiago y cierra España” podría ser el grito de guerra de esas dos hermanas magistralmente interpretadas por Aurora Bautista (su personaje nos recuerda mucho a aquel que interpretaba en La Tía Tula de Picazo) y Esperanza Roy. Si tomamos a ambos personajes como símbolos, podemos decir que Aurora Bautista representa el brazo ejecutivo de esa España pacata con sus modos inquisitoriales (de hecho Eugenio Martín se inspiró en una de esas prácticas que el vio en vivo y en directo), ella es la que cree ver una señal divina de su misión en la tierra tras el primer asesinato por accidente.  En cambio, la hermana menor que nos construye Esperanza Roy simbolizaría a aquellos que, sin comulgar con la misma visión, eran cómplices por su silencio, temerosos de las represalias, incapaces de denunciar los excesos. Martín nos muestra los peligros de ese catolicismo mal entendido que seguía siendo todavía la bandera de España en el tardofranquismo, se comprende pues que tuviera problemas con la censura. Los cortes afectaron al resultado final, cambiaban el orden narrativo, cosa que impidió la carrera internacional del film: varias distribuidoras habían adquirido los derechos de reproducción y al ver el montaje final rescindieron los contratos. Afortunadamente disponemos de una copia restaurada, de excelente calidad que fue la que se exhibió en Sitges, nos lo cuentan en La Abadía de Berciano:

hace escasas fechas se ha podido recuperar un montaje más aproximado al originalmente concebido por Eugenio Martín. Dicho montaje ha sido posible gracias a la colaboración de la Filmoteca Española, en cuyo archivo se halló el negativo amputado en su día por la Censura, y el festival granadino de cine clásico Retroback, que en su primera edición, y con ocasión de la retrospectiva dedicada a la carrera del director ceutí, se hizo cargo de los gastos de la nueva copia en celuloide, cuyo estreno se produjo el domingo 25 de enero de 2009 durante el desarrollo de dicho festival, en una proyección que contó con una presentación a cargo del propio Martín.

El propio Eugenio Martín presentó su película, afirmaba que se sentía orgulloso de ella a pesar de que ahora la veía un poco tosca.  A Serendipia no le pareció tosca en absoluto. Al contrario, su factura nos parece impecable, como nos lo resulta igualmente su saber combinar la crónica negra y el fantástico. Este último asoma tanto en la crudeza de los asesinatos, como en la atmósfera de fantastique que envuelve el desenlace de la cinta, e igualmente por el regusto a medias gore, a medias esperpéntico, del modo de librarse de los cadáveres. Es en suma una película más que interesante, cuyo estilo narrativo no ha envejecido en absoluto y que inaugura una línea dentro del fantástico no suficientemente transitada en este país.

Foto de rodaje subida a la red por David García (Monsterworld)

El esperpento podía haber sido una vía natural para el desarrollo de un fantaterror de cuño propiamente español. Esa deformación grotesca de la realidad, elevada a arte por la pluma

de Valle-Inclán, introduce el absurdo y este es, como mínimo, primo hermano de lo fantástico. El esperpento se mueve a medio camino entre lo cómico y el disparate, esto es, logra la comicidad mediante el decir fuera de la razón y el recurso a una estética sistemáticamente deformada. Lo esperpéntico es a la realidad como a cada uno es su imagen reflejada en un espejo cóncavo, es esa distorsión de lo real lo que lo hermana al fantástico. Un claro ejemplo de qué nos habría traído la utilización de esa vía nos lo ofrece Manicomio la primera película dirigida por Fernando Fernán Gómez en colaboración con Luis María Delgado.

Manicomio es una de las películas más buscadas por los aficionados, no existió copia en VHS ni menos la hay en DVD, de modo que quien esto escribe se siente afortunado de haberla podido ver en la pantalla del añejo Cine Prado. Había ganas de dar con ella desde que abrimos este blog, de modo que estar en esa sala fue ver cumplido un sueño. Y valió la pena madrugar (bueno sí, la sesión era a las 10,30 pero la noche había sido muuuuuuuy larga). A través de unos decorados que parecían salidos de la mano de Dalí, y que habían sido diseñados para la película Aeropuerto que iba a ser dirigida por Delgado y nunca se terminó, entramos en un mundo donde se engarzan varios relatos que abordan el tema de la demencia: La mona de imitación de Ramón Gómez de la Serna; Una equivocación de Alexandr Ivanovich Kuprin; La idea (referido en otros sitios como El médico loco) de Leonid Andreyev; y El sistema del doctor Brea y el profesor pluma de Edgar Allan Poe (el único que hemos encontrado on line).  El cuento de Poe, modificado e introduciendo personajes, es el que sirve de base al argumento: Carlos (Fernando Fernán Gómez) va a visitar a su novia Juana al sanatorio en el que trabaja y que se caracteriza por haber implantado el sistema de benignidad, caracterizado por la inhibición de cualquier método represor con los enfermos quienes gozan de la libertad de pasear a sus anchas por el sanatorio y sus jardines. Mientras espera a su novia, Carlos conoce a sus excéntricos, cada uno de los cuales le explicará una anécdota que le haga reflexionar sobre la locura. Cuando por fin vea a su novia, Carlos comprenderá que lo que ha visto es un mundo al revés.

Manicomio es una rara avis, alejada del cine comercial de la España de los 50, supone un intento de hacer cine vanguardista, de alumbrar un neorrealismo mezclado con el tono del teatro de Jarciel Poncela. Clasificada habitualmente como comedia, su humor no está construido mediante gags sino que entronca con la tradición del sainete para llevar a la pantalla el espíritu de Gómez de la Serna (y si no es que él mismo hizo un cameo, hay un figurante que lo recuerda poderosamente), cuya lectura recomendaba siempre Fernando Fernán Gómez. Así, aunque el hilo que sostiene la trama esté tomado del relato de Poe, es el de Gómez de la Serna el que le da tono a la película, el que proyecta el espíritu de incongruencia que impregna todo el film. Aunque visto a día de hoy el film tenga un regusto añejo (esas interpretaciones más próximas a la impostación teatral que al realismo cinematográfico), posee elementos de rabiosa modernidad como lo es la interpelación directa al espectador en la presentación del personaje de Carlos. Esa presentación nos lo muestra como una persona agitada y excéntrica sobre quien se nos instala la duda sobre si está cuerdo o loco. Toda la película gira en torno a los límites que separan la locura de la cordura, hay incluso un elogio a esta última desde la cabecera del film, esa cita de Shakaspeare que reclama una brizna de locura que nos haga escapar de la necedad. Y preguntarse por los límites de la locura lleva a la película a contrastar otras parejas contrapuestas: realidad/ficción, vigilia/sueño, realismo/fantasía. Esos decorados surrealistas, de los que penden infinidad de cuadros abstractos mal colgados, dan a Manicomio una apariencia onírica que nos desplaza hacia la fantasía; como Alicia, traspasamos el espejo y nos sumergimos en un espacio donde la lógica se suspende, ahí es donde la película nos recuerda el universo de José Luis Cuerda en Amanece que no es poco (1988) que igual que esta merece entrar en la categoría de los otros fantásticos. Del mismo modo que el film de Cuerda disgustó a la crítica, lo hizo Manicomio, el propio Fernán Gómez lo explicaba:

estaba claro que una de las razones, no la única, de su fracaso era lo que a nosotros -a mí, al colaborador en el guión y al codirector LuisMaría Delgado- más nos gustaba: su raíz literaria, su exceso de literatura.El público estaba de espaldas a un cine intelectualizado y tampoco lacrítica se mostraba habitualmente a favor de un estilo que conceptuabapoco cinematográfico, defecto que solía atribuir al cine francés.
Pese a la tenacidad con la que Fernán Gómez buscó la financiación necesaria y la colaboración del diario Informaciones que facilitó un preestreno, concretamente durante el festival artístico promovido por el diario  en beneficio de los damnificados por los temporales de Holanda en el Palacio de la Música que constó de un programa concebido como gran espectáculo (presentado por el inefable Boby Deglané), la película no llegó al público. En cambio desató las iras de la censura que leyó la película en clave política, vieron en della una historia que mostraba que la España de 1952 estaba en manos de unos locos, Franco y los fieles al Régimen y que, encima, concluía señalando que, en tal situación, un manicomio resultaba  el lugar idóneo para establecerse. Según los censores la película nos estaría diciendo que habría más cordura en un manicomio regido por locos que en la España dirigida por Franco.
La interpretación de la censura es disparatada, y no precisamente en el sentido de Gómez de la Serna, por ver intención política donde sólo había intención artística. Como decíamos Manicomio conecta con el Esperpento que alcanza su momento más delirante en la cena con la que es agasajado Carlos en el Manicomio. Un festín alrededor del cual se congregan los ilustres comensales, de veinticinco a treinta (entre los que descubrimos a Camilo José Cela) dispuestos a comer conejo al gato (platillo que Carlos, declina, claro) mientras cuentan historias de locos: el que se creía tetera de fabricación inglesa y se cuidaba de limpiarse todas las mañanas con una gamuza; el asno que no quería comer más que cardos y daba coces (indica cómo); el que se cree un queso y se pasea con un cuchillo en la mano invitando a sus amigos a cortar, para saborearlo, un pedazo de su muslo; el que se figuraba ser una botella de champaña y hablaba siempre con un pau… pau… y un pschi… i… i…; la vieja que se creía convertida en gallo… Ese espectáculo moverá a Carlos a huir de ahí, sobre todo, cuando se da cuenta que los que creía doctores son en verdad enfermos. Carlos, de vuelta al mundo normal, decide hacer caso a su familia y contraer ese matrimonio del que siempre había huido.  Pero no es tan bonito, la película concluye con un giro circular que devuelve a Carlos al inicio: todos los que le rodean son locos. ¿O acaso lo es él y con él nosotros?
Loca o no, a Serendipia le encantaría que películas como las comentadas se exhibieran en programa doble porque esa sesión permitiría descubrir que en España hubo una tradición en la sombra que bien merece ser conocida y continuada. Desde este blog amante del cine procuraremos investigarla y difundirla.
  1. Filo
    13 marzo 2012 en 2:17

    Hay un pequeño gran error en tu reseña de “Manicomio”. La película está dirigida por Luis María Delgado en colaboración con Fernando Fernán Gómez, no al revés. Era la tercera película de Delgado y en declaraciones posteriores Fernán Gómez reconoció que aprendió a dirigir cine gracias a Delgado. El matiz es importante.

    • 13 marzo 2012 en 3:26

      Pues no recuerdo ya como lo escribí, pero lo que quería decir es lo que tú dices. Lamento que se entienda lo contrario. Si tienes más información sobre el film, o la filmografía de Delgado, te agradecería que lo compartieras. Hace tiempo que tenemos en mente la idea de hacer un estudio a fondo.

  2. 30 octubre 2010 en 2:00

    Gran película Una vela para el Diablo, gran director Eugenio Martin finalmente homenajeado como se merece. Desde hace unos años Sitges realiza esta encomiable labor de reivindicar el cine fantástico en los margenes del género o de la comercialización. Clave fue la “Spanish Fantastic Picture Show” del 1996 donde se daban a conocer obras de Pedro Olea o Ivan Zulueta…para indignación de la vieja guardia sitgetana (impagable fue la carta de protesta publicada por Jacinto Molina en el Diario del Festival).
    Me das mucho envidia por haber visto Manicomio.

  3. 29 octubre 2010 en 4:33

    Fue una auténtica lástima, David. Gracias por ampliar la información. Fue genial conocerte en Sitges.

  4. 28 octubre 2010 en 10:47

    Magnifica reseña, una lastima que aquel día no pude ver esta versión restaurada por Retroback, la entrega del Nosferatu a Eugenio me imperaba mucho mas. Lo cierto es que nunca veremos la primera version del montaje realizado por Eugenio tal y como se describió en el guion original que todavía conserva.Tubo un primer pase en Cannes con un montaje original de unos 15 minutos mas que el que ahora conocemos, el éxito fue abrumador y se habrio un mercado al extranjero con el interés de compra por parte varios distribuidores. El problema residía en que aquella copia no paso la censura previa Española y al regresar a España esta le dio un palo importante al metraje. Claro esta, a los distribuidores ya no les intereso la copia “mutilada” y se desinteresaron. Aun con todo tubo una buenísima aceptación de publico. La copia restaurada incluye apenas 4 minutos intrascendentes para la trama, estos son planos mas largos. El resto del metraje se perdió en montaje victima de la tijera de la censura y las llamas. Una autentica lastima.

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