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Lo más esperado: Saw VI llega en octubre a las salas comerciales

Nuestro Diccionario de la Real Academia de la Lengua define la pornografía como:

pornografía.

(De  pornógrafo).

1. f. Carácter obsceno de obras literarias o artísticas.

2. f. Obra literaria o artística de este carácter.

3. f. Tratado acerca de la prostitución.

Y entiende por obsceno todo aquello que resulte ofensivo para el pudor, que en este contexto es sinónimo de honestidad.  La pornografía sería pues aquello que hace mella en el honor, lo deshonroso.

Las siguientes imágenes fueron consideradas deshonrosas, un atentado contra el pudor, por la autoridades chinas:

Deseo, Peligro (Lust, Caution, 2007, Ang Lee) sólo pudo exhibirse en China mutilada y occidente vio en ello una muestra de represión, un atentado contra la libertad de expresión que se considera derecho inalienable de la humanidad.

Así, Milos Forman en 1996 dirigía su personal alegato en el biopic El Escándolo de Larry Flynt (The People vs. Larry Flynt, Milos Forman). En la década de los años 70, la sociedad de Estados Unidos estaba inmersa en plena revolución sexual.  Larry Flynt fue un empresario que abrió varios establecimientos de striptease, para aumentar sus ingresos (los clubs no daban muchos beneficios)  se le ocurrió que podía promocionarlos creando el Boletín Hustler, que era una especie de panfleto con fotos de las chicas desnudas que trabajaban en su club y algo de texto, y repartirlo por diversos lugares de la ciudad. El Boletín Hustler comenzó a dar resultado y la clientela y éxito del club Hustler aumentaron notablemente, además  de la popularidad de Larry Flint en Cincinnati. Pronto convirtió el Boletín Hustler en una revista de venta en quioscos, revista que está considerada como la más explícita de su género todavía a día de hoy y se encuentra entre las más vendidas en EE.UU. Por otra parte Hustler tiene un gran contenido político en contra de los conservadores y moralistas estadounidenses, entre otros, además de incluir viñetas de caracter humorístico-sarcástico, consideradas muy obscenas,hay en ella una sección titulada Gilipollas del Mes (Asshole Of The Month), en la que a un personaje público se le otorga tal título.  Pese a los aires de libertad que se respiraron a partir de los 60, Larry Flynt tuvo que vérselas con la justicia durante casi una década, pleitos relacionados con las leyes de obscenidad que le supusieron varias estadas en la cárcel y la invalidez, esta última a causa de un atentado que sufrieron él y su abogado a la salida de uno de esos juicios. Finalmente ganó ante el Tribunal Supremo de Estados Unidos un complejo caso de difamación que le enfrentó con el famoso telepredicador James Falwell.  Milos Forman no esconde los aspectos más oscuros, sórdidos y vulgares  de su biografía, pero le eleva hasta la altura de ser paladín de la libertad de expresión, resumiéndose su argumento en las palabras que pone en boca del protagonista: Si la Primera Enmienda protege a la escoria como yo, entonces os protegerá también a todos vosotros.

Sociedad Occidental vs. Países Tercermundistas Represores, es lo que parece extraerse de los ejemplos que hemos expuesto hasta aquí, quedando mostrada la superioridad moral de la tolerancia de los primeros  frente a la férrea censura de los otros.  Sin embargo, no todo es tan diáfano.  En nuestro mundo desarrollado también existe la censura, salvo que se estiliza, se sublima mediante la articulación de todo un catálogo de clasificaciones que condicionarán la exhibición de una obra artística sobre todo cuando se trata de películas.  Nuestra España, esta España nuestra, entró en la galería del puritanismo absurdo cuando el Ministerio de Cultura condenó a Saw VI a las salas X (de las que sólo hay ocho, cuesta de creer el dato siendo este un país de todo tipo de pajilleros).

La saga Saw será de sobras conocida por los que sean asiduos a este blog, pero hagamos un pequeño resumen por si recala en este puerto algún pulpo despistado. Las películas de Saw narran las maquinaciones de Jigsaw, un enfermo terminal de cáncer con un riguroso plan moral y un peculiar talento para los juegos de supervivencia más truculentos, «jugados» por personas que él considera que han dejado de valorar y apreciar el regalo de la vida. Leigh Whannell, que escribió la historia original junto con el director James Wan y que ha escrito o coescrito los guiones de Saw, SawII y Saw III, dice: «El cáncer de Jigsaw le ha llevado a reflexionar mucho sobre lo que significa estar vivo y sobre lo cerca que estamos siempre de la muerte. Pero, para él, no basta con un simple carpe diem y un viaje a Europa. El concepto del valor de la vida se convierte en un trampolín para considerar otras elecciones morales, como el perdón frente al castigo. Jigsaw sigue indagando en estas cuestiones, que sirven al propósito de sus juegos. Sin embargo, por retorcidos que sean estos juegos, su intención es ayudar a la gente. Entre su vertiente filosófica y su enfermizo concepto del altruismo, quiero pensar que Jigsaw es de algún modo único en el universo del terror».  Saw, que es la más taquillera de las sagas conocidas hasta ahora, bajo su brillante manejo de las emociones más primarias (la confusión desesperada, la horrible sensación de impotencia y el pánico más absoluto), nos propone una reflexión moral sobre hasta dónde estaríamos dispuestos a atentar contra nuestros principios humanos con tal de salvar nuestros pellejos. Leigh Whannell, que escribió la historia original junto con el director James Wan y que ha escrito o coescrito los guiones de Saw, Saw II y Saw III, dice: «El cáncer de Jigsaw le ha llevado a reflexionar mucho sobre lo que significa estar vivo y sobre lo cerca que estamos siempre de la muerte. Pero, para él, no basta con un simple carpe diem y un viaje a Europa. El concepto del valor de la vida se convierte en un trampolín para considerar otras elecciones morales, como el perdón frente al castigo. Jigsaw sigue indagando en estas cuestiones, que sirven al propósito de sus juegos. Sin embargo, por retorcidos que sean estos juegos, su intención es ayudar a la gente. Entre su vertiente filosófica y su enfermizo concepto del altruismo, quiero pensar que Jigsaw es de algún modo único en el universo del terror». La coherencia temática y estilística de la saga SAW debe mucho al compromiso y la colaboración de un equipo central que incluye a sus creadores, James Wan y Leigh Whannell, el guionista y director Darren Lynn Bousman, que se unió al equipo en Saw II, los productores Oren Koules, Mark Burg y el difunto Gregg Hoffman, así como los productores ejecutivos Stacey Testro, Peter Block y Jason Constantine. El equipo creativo principal ha participado en la saga desde el principio, y a él pertenecen el director de fotografía David A. Armstrong, el director artístico David Hackl, el montador y actual director Kevin Greutert, y el compositor Charlie Clouser, antiguo componente de la banda de rock industrial Nine Inch Nails. Otro miembro importante del equipo de Saw es el actor Tobin Bell, que ha interpretado a Jigsaw en todas las películas. En un estudio sobre las películas de terror actuales, publicado el 7 de septiembre de 2007 en el periódico L.A. Weekly, el crítico de cine Luke Thomson escribió: «La interpretación de Tobin Bell en el papel de Jigsaw es un prodigio; es el mejor antihéroe del género desde que Anthony Hopkins interpretara por primera vez a Hannibal Lecter». En julio de 2009 se llegaba a la sexta entrega y con ella vino el escándalo.

Todo empezaba cuando nos enterábamos de la decisión de la Comisión del Ministerio de Cultura de clasificar “X” la película Saw VI, algo que no se daba desde hacía muchísimo tiempo (sólo Asesinos Natos de Oliver Stone estuvo a punto de ser censurada). A instancias especialmente de Ignasi Guardans que tiene a Sonrisas y lágrimas (The sound of music, 1965, Robert Wise) como una de sus películas favoritas.  Era la primera vez que se aplicaba, además, esta clasificación a una película de terror en la que no hay escenas de sexo explícito.  La película quedaba condenada a las salas X y la productora tomaba la decisión de no estrenarla.  Un  auténtico terremoto sacudió Internet y fueron muchísimos los que se movilizaron para poderla ver on line, la censura sólo había servido para fomentar aquello que el Ministerio de Cultura y la “amada” SGAE quieren evitar. Un año más tarde DeAplaneta se hacía con los derechos y ha conseguido estrenarla no sin antes haberla mutilado (hasta 1′ 20″, lo que supone bastantes planos) a la vez que anuncia su pronta distribución en DVD, sin cortes, claro.  Ello sumado al hecho de que DeAplaneta posee igualmente los derechos de distribución de Saw VII en 3D (que en principio ha de llegar a los cines españoles en diciembre, aunque corren noticias contradictorias) nos da motivos para sospechar que tras todo ello hay una campaña de marketing (que se la estamos ejecutando gratis, además) para obtener los máximos beneficios con una película que ha despertado más interés por motivos extra cinematográficos que por ella misma. Que se haya obtenido la clasificación Mayores de 18 años es una victoria, sí, pero una victoria pírrica.

Quien esto escribe, tras verla (en pase de prensa, ¿eh? no pirateada), todavía entiende menos que se le aplicara la clasificación X.  ¿Qué nos cuenta y qué nos muestra Saw VI? Como siempre esta nueva entrega resuelve enigmas del enrevesado puzzle que define su trama. El agente especial Straham está muerto, y el detective Hoffman es el sucesor de Jigsaw y su juego macabro. Sin embargo, cuando la Brigada de Investigación Criminal comienza a estrechar el cerco a Hoffman, lo forzarán a poner en marcha el juego complejo de Jigsaw… y por fin a entenderlo por completo. Bueno, por completo, por completo, no, que la película concluye de modo que se hace necesario ver el siguiente episodio si queremos ver cómo avanza todo esto. Y es que  Saw tiene más aire de serie televisiva que de saga cinematográfica, sin que haya que ver en esto una crítica negativa, al fin y al cabo, la HBO nos está dando mejores momentos que gran parte de la producción cinematográfica actual. Nos lo recuerda también su montaje, ágil, con planos cortos de breve duración, los cuales contribuyen a dotarla de un ritmo de vértigo que te mantiene pegado a la silla.  Saw VI es lo que se espera de ella: una cinta de intriga salpicada de sangre y violencia. La pregunta del millón es: ¿puede herir la sensibilidad de un adulto (y con 18 años ya se es suficientemente maduro para verla)? Y la respuesta es no.

No, no puede herirla y no puede hacerlo porque en Saw VI (y en el resto de la franquicia) la violencia es lúdica.  Trato de explicarme.  Saw persigue el espectáculo no la verosimilitud, nos pone ante un psychokiller peculiar, un ser que está tejiendo una venganza contra aquellos que no saben apreciar la vida y lo hace mediante un juego macabro en el que las pruebas a superar son ser capaz de causar un daño mayor del que te causes a ti mismo para sobrevivir y poco sufrimos por los personajes, no nos transmiten la impresión de que podríamos encontrárnoslos en la panadería o en la farmacia comprando pañales para un bebé.  Eso no ocurría tanto con Hostel (2006, Eli Roth), al menos la larga presentación nos hace desarrollar algún tipo de sentimiento hacia esos estudiantes en busca de sexo, drogas y alcohol.  Pero incluso en ese caso, en el de Hostel, las escenas son tan distintas a lo que podría parecer real que los que estamos avezados no nos removemos en nuestros asientos.  Muy distinto sería el caso de Carancho (2010) de Pablo Trapero interpretada por Ricardo Darín y Martina Gusmán; excelente y descarnada película argentina que no nos ahorra la suciedad de ese mundo de mercadeo de las aseguradoras sobre los más débiles, con una historia de amor límite entre un buscador, un carancho, y una doctora del servicio de urgencias que sobrelleva su trabajo gracias a las drogas. Todo ello enmarcado por los accidentes automovilísticos tan exageradamente abundantes en Argentina.  Nos ponemos en la piel del carancho (Ricardo Darín) y de la doctora (Martina Gusmán) y de todos los personajes secundarios, por eso, los golpes que reciben, los recibimos con ellos.  Si Trapero hubiese rodado una película extrema con esos mimbres, sí podríamos sentirnos heridos.  Porque, como descubrí contándola a un amigo, lo que ocurre ante nuestros ojos en Carancho es real (sic), dije real a pesar de las miles de horas de cine que han visto mis ojos, a pesar de que soy consciente de estar viendo una ficción.  Eso en Saw VI no ocurre en ningún momento.

¿Qué mal podría hacer Saw? Se la podría acusar de banalizar la muerte, el dolor y la violencia a fuerza de presentárnoslos como espectáculo.  Pero eso mismo pasa con los videojuegos y hasta con el Correcaminos si hilamos fino. Los jóvenes están acostumbrados a matar y morir jugando, eso puede llevarles a insensibilizarse ante las imágenes reales que nos asaltan (sin ser clasificadas X) en los telediarios, porque podrían no llegar a distinguir lo real de lo ficticio.  Cuando en vez de juntar letras en un blog, me ganaba la vida honradamente dando clases, me encontré con un alumno que disfrutaba con los accidentes que veía desde el balcón (vivía ante un semáforo que regulaba el cruce entre dos vías rápidas); aquella era sangre real, y bien real, que veía correr ante sus ojos, pero que, lejos de moverle a compasión, le provocaba el placer del morbo.  Aunque pudiera haber en esa actitud alguna influencia de los juegos, las películas de animación u otras como puede ser el caso de Saw, ello no sería motivo para prohibirlas.  En verdad, nuestra sociedad contemporánea recurre excesivamente a la prohibición, en nombre de la seguridad, estamos renunciando a la libertad y, lo que es peor, haciendo dejación de nuestra responsabilidad a un Estado cada vez más paternal y más coercitivo.  Más deshonrosa, más vejatoria para el individuo, nos parece la aceptación acrítica del Gran Hermano que dejar que las imágenes de Saw VI penetren en nuestras retinas.

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