Archivo

Archive for the ‘VAMOS DE ESTRENO’ Category

Hit Girl y Kick Ass vuelven a la acción en Kick Ass 2… y esta vez no vienen solos

2 septiembre 2013 Deja un comentario

kick-ass-2-posters

De abril de 2008 a marzo de 2010 se publicó una mini-serie de 8 números en Estados Unidos, Kick-Ass, que dejó boquiabierto a más de uno (entre los que me incluyo), pero también recibió los varapalos de turno por las altas dosis de violencia que contenían, protagonizados en su mayoría, para más inri, por Hit-Girl, una niña de 11 años. Pero a los que nos encantó nos dejó con ganas de más. Pero sin estropear lo leído, rogando que no bastardizaran el concepto y se convirtiera en una de esas series regulares  anodinas creadas para explotar el filón y en la que a los pocos números los creadores  pasan el testigo a otros autores con los que, irremediablemente, se aboca hacia el aburrimiento. Crucé los dedos para que no fuese así  y por suerte Kick-Ass ha visto publicadas dos secuelas en forma de mini serie manteniendo a sus creadores y llevando todo con mucha dignidad.

Pero hagamos un poquito de historia. El escocés Mark Millar, guionista en diversas series Marvel, llegó al corazón del lector con The Ultimates, serie que modernizó el concepto de Los Vengadores sin traicionar a los fans y recreando unos personajes cuyas caracterizaciones son las que han sido llevados al cine con tanto éxito. Millar y el dibujante Bryan Hitch fueron los responsables, entre otras cosas, de que ya desde el cómic  Nick Furia tuviera la apariencia de Samuel L. Jackson. Tras realizar guiones para los principales iconos Marvel, Spiderman y Lobezno, Mark Millar  la volvió a liar con otra serie limitada, Civil War, con cuyo dibujante, el excepcional Steve McNiven, realizó la mini serie El viejo Logan, entre otras.

John Romita Jr. y Mark Millar (que no se resistieron a salir también disfrazados en Kick Ass 2)

John Romita Jr. y Mark Millar 

Y si Mark Millar destacó y se dio a conocer con estas series, no pasó lo mismo con John Romita, Jr.  un viejo conocido del lector de cómics Marvel y portador de un apellido capital, ya que su padre es el creador de las imágenes definitivas de todos los personajes de Spiderman tras dejar su creador, Steve Ditko, la serie en el número 38,  Romita rediseñó los personajes con especial cuidado a los secundarios y en particular a las damas: Mary Jane y Gwen Stacy aún hoy se siguen dibujando como las diseñó Romita, así como el propio Peter Parker. En definitiva, Spiderman no tendría el aspecto que tiene si no hubiera tenido el placer de conocer a John Romita.

KickAss_03_SecondPrintingAsí que, con toda una vida mamando cómics y viendo a su viejo dibujando sin pausa, no es extraño que John Romita, Jr. escogiera el trabajo de su padre. Si bien al principio era un tanto mediocre en su labor, cuando decidió soltarse el pelo y dar personalidad a sus dibujos, especialmente durante su última y larga etapa con el personaje Spiderman, es cuando se convierte en uno de los dibujantes más importantes del cómic americano.

Y estos dos tipos son los que juntaron sus talentos para crear Kick-Ass, serie basada en el sueño adolescente del propio Millar de vestirse de super-héroe y hacer justicia que, aunque bebe del Peter ‘mequetrefe’ Parker de los sesenta, da la vuelta al tema y se llena de mala leche, violencia, mucha sangre, litros y litros… ¡cubatazos de sangre! y varios compañeros adorables entre los que destaca la sanguinaria y retaco Hit-Girl, personaje que, tanto en el cómic como en la pantalla se come al protagonista. La serie tuvo tanto éxito que se convirtió en una más que correcta película de la que, en su momento, ya les hablamos aquí. Film que, si bien se ahorraba algunos detalles realistas y sórdidos de la versión impresa, nos ofrecía toda la violencia con una tremenda Chloe Moretz, que nos robó el corazón a golpe de katana.

kick-ass2Millar y Romita Jr. tenían claro que la secuela, Kick Ass 2, tenía que estar a la altura de su predecesora. Y en diciembre de 2010 salió a la venta el primer número de la segunda mini serie, en esta ocasión de siete números que, si bien no resulta tan atractiva como la primera, si que da un continuidad digna a la serie, reincidiendo en esa violencia tan brutal que casi llega a la parodia y con un final de infarto que, por cierto, la película no ha respetado (así como la carga violenta que desde las páginas del cómic despliega el antagonista de Kick Ass, Motherfucker),  prefiriendo dejar un final abierto para una nueva entrega. De  agosto de 2012 a abril de 2013 se publicó un tercer y hasta el momento último acercamiento a los personajes con la mini serie Hit-Girl,  que se sitúa entre las dos series anteriores y de la que se han tomado varias situaciones para el guión de la película  Kick Ass 2, que es bastante fiel al argumento de la segunda serie, excepto, tal y como hemos indicado, en el final, en cambiar algún personaje y ciertos brochazos de sangre que se han ahorrado.

Y ahora, lejos de fetichismos, dejemos que la parte seria de Serendipia analice la película en sí…

Esta continuación de las aventuras del quijote de los cómics nos cuenta que la loca valentía de Kick-Ass (Aaron Taylor-Johnson) inspirara a toda una oleada de nuevos defensores del bien dirigidos por el implacable Coronel Barras y Estrellas (un, afortunadamente irreconocible, Jim Carrey). Nuestro héroe decide unirse a ellos. Pero cuando Bruma Roja (Christopher Mintz-Plasse), que regresa con el nombre de El Hijoputa, decide deshacerse de esta panda de superhéroes aficionados, solo Hit-Girl (Chloë Grace Moretz) podrá impedir que los aniquile… [argumento extraído de Filmaffinity]. Ya la misma sinopsis hace entrever algo que habremos de comentar: aunque se supone que estamos ante la saga del héroe del traje de neopreno verde, la que roba más metraje y centra más interés es Hit-Girl; y no es que no se agradezca esa usurpación de protagonismo pero ello conducirá a que la película resulte irregular.

Kick-Ass 2, con un par (Kick-Ass II, 2013, Jeff Wadlow) pinchaba en su estreno USA al alcanzar sólo el quinto puesto en la taquilla en su primer fin de semana en cartel. Aunque el arranque de la primera parte también fue modesto, con el boca oreja fue ascendiendo hasta alcanzar una recaudación final muy aceptable, sin embargo no creemos que vaya a ocurrir lo mismo con esta nueva entrega. La película del inexperto Wadlow cumple de forma suficiente (que no notable) con su función de entretenimiento, pero poco más. Igualmente su recepción por la crítica americana ha sido tibia (siendo las opiniones negativas las más vehementes), no ha llegado a convencer del todo a los profesionales. Y nos atrevemos a predecir que también dejará decepción en muchos sectores del público. No podemos por menos que hacernos eco de las palabras de Mark Adams (Screendaily): «En última instancia resulta más bien dispersa y desarticulada, tal vez simplemente porque carece de la gran originalidad y transparencia de la original«, y nos hacemos eco porque ese es el sentimiento que nos provocó.
hit_girl_kick_ass_2_movie-wide-651x406
Efectivamente, la primera entrega nos sorprendió y mereció nuestro entusiasmo por su punto de vista fresco y original sobre la literatura (y el cine) de superhéroes, con su tono modesto e independiente. En cambio, como reconoce la propia distribuidora (Universal), esta secuela es más popular y americana; cosa que aceptamos pero dándole a la valoración su acepción peyorativa. Sobre todo se echa en falta hondura en el retrato psicológico (y no es que esperáramos enfrentarnos a un drama de Dostoievsky) suficientemente perfilado en la película de Mathew Vaugh (su predecesora), y ello a pesar de que en palabras de su director en esta segunda entrega «Dave, Mindy y Chris no saben realmente quiénes son. En la primera película se crean un álter ego, Kick-Ass, Hit Girl y Bruma Roja, pero no por eso contestan a las preguntas que todos nos hacemos: ¿Quién soy? ¿Qué sitio ocupo en el mundo? ¿Qué voy a hacer con mi vida? Una cosa es intentar ser otra persona, un superhéroe, y otra es descubrir quién es uno de verdad. Me pareció interesante que se preguntaran quién está detrás de la máscara. Resumiendo, la película habla de la madurez”. Porque, sí, los protagonistas habrán de enfrentarse a la muerte del padre (nada metafórica en su caso), superar la adolescencia y encarar la vida adulta y sus consecuencias, pero todo está tratado de forma superficial como en una típica comedia para adolescentes, y queda únicamente salvado por las tablas de Chloe Moretz y las dosis de humor que hereda del cómic.
chloe-grace-moretz-in-kick-ass-2-movie-3
La joven Moretz, a la que pronto veremos con Julianne Moore en el papel protagonista del remake de Carrie, sobresale sobre el elenco como Hit-Girl siendo el centro de la mayoría de escenas de acción de Kick-Ass 2, con un par, orquestadas a la perfección por el coordinador de especialistas James O’Dee. Refiriéndose a las épicas batallas, el productor Tarquin Pack dice: “Las secuencias de lucha se basan aún más en la realidad que en la primera entrega. Entonces, y dado que Chloë solo tenía 11 años, las peleas se enfocaron con un cierto toque de fantasía, sobre todo tratándose de una niña matando a adultos. Debía ser otra realidad, ya que emocionalmente era una noción absurda porque era una cría. Pero ahora, Chloë ha crecido, es mayor, y la acción puede ser más realista«. Y aunque ello sigue siendo atractivo, la película se resiente, pues las partes en las que ella no está presente no tienen la misma intensidad, suponen una decaída en el interés y el ritmo (ello a pesar de que tanto Aaron Taylor-Johnson en el papel de Kick Ass y Christopher Mintz-Plasse en el de El Hijoputa resuelvan correctamente su interpretación). Chloe-Hit Girl, se lo come todo y así resulta desaprovechada la interpretación de Jim Carrey y su personaje, la del resto de miembros del bien, y la del ejército de villanos (con la única excepción de Madre Rusia (Olga Kurkulina) aunque también podría haber dado más juego); y el resultado es el de una película desequilibrada que no logra ningún brillo.
Kick Ass 2, con un par, es una de tantas medianías, lejos queda la sorpresa de la primera. Hay que reconocerle, eso sí, un desenlace vibrante y el brillo de las coreografías de Hit- Girl. Divertirá, algunos quedarán suficientemente satisfechos, pero también recibirá su buena dosis de decepción.

Pacific Rim & Elysium, un tandem para el verano

Para los que nos quedamos en la city, agosto es como un largo y aciago domingo, un gloomy sunday como aquel que dio título a una vieja canción de suicidas. Si algo puede salir mal, si algo puede complicarse en una ciudad en la que no está de turno ni el sereno, saldrá mal como en las peores pesadillas de Murphy. Sudor, calles desiertas llenas sólo de tiendas cerradas y, lo peor, de bares cerrados. Un paisaje apocalíptico en el que las hordas de turistas descamisetados actúan como una auténtica plaga bíblica. Calor, vacío y sensación de que somos los únicos desamparados de la mano de Dios que no tenemos playa o piscina que echarnos a la espalda entre siesta y cerveza fresca.

Agosto es un secarral en el que todo parece quedarse entre paréntesis hasta que la nueva vida se ponga en marcha con la vuelta al cole en El Corte Inglés. Pero todo desierto tiene su oasis y los cines, pese a sus precios, siguen siéndolo para muchos. O como mínimo son su doble perverso, el espejismo, porque ya se sabe que cine y verano es una suma que da como total blockbuster. Las salas oscuras en verano son cómplices como nunca del placer culpable y es que, ya se sabe, blockbuster es depauperado entretenimiento para la masa, producto industrial que no arte, insulto para la inteligencia incluso para según quien, pero, ay, ay, a veces alguno está tan bien facturado que es difícil resistirse a su canto y, por apelar a lo más básico, acaban por gustar incluso a quienes no quisieran. Ese es el caso de Pacific Rim (2013, Guillermo del Toro) y de Elysium (2013, Neill Blomkamp), dos películas destinadas a aliviarnos los calores y a deshacernos los malos humores si sabemos entrar en su juego, películas que cosecharán críticas furibundas y parabienes a partes iguales, porque son lo que son, productos de perfecto alicatado programados para hacernos evadir.

«No éramos los más deportistas ni los mejores de la clase, sólo teníamos la virtud de ser óptimos en el combate» así se describe en off el protagonista de Pacific Rim en el apretado prólogo de la cinta, y parece toda una declaración de intenciones de del Toro sobre el filme. El mexicano se plantea su película homenaje al cine de los Kaiju eiga como un colosal combate contra los sentidos del espectador, se trata de pegarnos a la butaca y dejarnos anonadados tal como nos quedábamos en nuestra infancia al ver aquel cine de bestias gigantes. Por eso esta vez es imprescindible que vayamos a verla al cine con la mayor pantalla y el mejor 3D posible, porque sino nos habremos quedado sin apreciar sus mejores mimbres y elementos (si hay que sacrificar la V.O., creánnos, ¡sacrifíquenla!). Pacific Rim es espectáculo, espectáculo visual, el placer que pretende depararnos es el de ver cómo gigantes, robots, personajes y objetos, dinamitan continuamente la cuarta pared, ahí es donde está su poesía y su razón de ser.

Se trata de encasquetarnos las gafas y dejarnos arrollar, porque si lo hacemos la cinta nos irá revelando sus pequeños secretos. La acción nos cuenta que la tierra padece una invasión alienígena surgida de una brecha en el fondo del océano a través de la que salen monstruos (Kaijus) cada vez más espectaculares, invasión que es combatida por poderosos engendros mecánicos (llamémoslos robots o mechas según el grado de especialización que deseemos darle a nuestras palabras) pilotados por dos tripulantes conectados neuronalmente (Jaegers, palabra alemana que significa cazador, pero que habrá sido elegida por su proximidad fonética a eiga en un guiño al espectador avisado). Cuando la amenaza de los Kaijus parezca superar las fuerzas de los Jaegers de última generación digital, se habrá de poner toda la esperanza en un antiguo Jaeger analógico (y nuclear) pilotado por Raleigh Becket (Charlie Hunnam) vieja gloria que se había retirado y la neófita Mako Mori (Rinko Kikuchi) brillante alumna que aún no ha entrado en combate. La trama tiene todos los tópicos propios del género y del Toro no va a hacer nada por evitar que sean superficiales personajes y situaciones, así habrá quien diga que en temas como el honor, la lucha, el compromiso con la patria, el respeto a la autoridad o la importancia del desacato, el méxicano adopta un punto de vista ramplón e incluso patriotero. No, no es en los trazos gruesos de la trama donde cabe buscar el mensaje, se diría que para del Toro eso no es más que una excusa superflua para abordar lo que verdaderamente le interesa: los propios Kaijus y Jaegers; esto es, la propia imagenería que va a  desplegar virtuosísticamente a lo largo de las más de dos horas de metraje. Pacific Rim es un homenaje al mundo del anime, mejor aún, del anime que empezó a exportarse desde Japón en los años 70 y que llenó las pequeñas pantallas de muchos hogares haciendo las delicias de quienes eran niños, como el propio del Toro, por entonces, a todo el subgénero de los mechas (seamos precisos aquí) con Mazinger Z a la cabeza. Y siendo un homenaje a ese género lo es, por tanto, a la infancia, o mejor aún, a la necesidad de conservar la visión infantil en esta época de tanto adelanto técnico y tanta crisis de valores; así, quedándonos en la superficie es como mejor conectamos con el verdadero quid, y como aflora el del Toro autor desde el mejor del Toro artesano.

Sin tomarse en serio a sí misma, Pacific Rim resulta un ejercicio de épica pop que comunica diversión y entretenimiento festivo. En el otro extremo del ring (pero sin ser su opuesta) se alza Elysium como un  intento de tejer una ciencia ficción comprometida, pero igualmente mainstream, pop y popular.

El sudafricano Neill Blomkamp se daba a conocer en 2009 con su ópera prima Distrito 9, película que con un modesto presupuesto abordaba el lamentable tema del apartheid en clave de ciencia ficción. Se perfilaba, pues, como un autor capaz de conjugar reflexión y evasión. En esa misma línea le vemos avanzar cuatro años más tarde con Elysium, una distopía que acierta a plantear algunos de los temas candentes de nuestra realidad actual. Estamos en el siglo XXII, la tierra se ha convertido en un planeta contaminado, superpoblado y enfermo; las clases pudientes lo han abandonado para instalarse en la base espacial Elysium, construida por la empresa Armadyne, allí gozan de una vida paradisíaca en grandes mansiones rodeadas de verdes espacios y a la que no afecta ni la enfermedad gracias a los avances tecnológicos. Max (un Matt Damon fornido como un toro bravo) es un huérfano acostumbrado a buscarse la vida desde niño que trabaja como obrero para las instalaciones de la compañía en la tierra y que, como todos, desearía poder emigrar a la base. Cuando sufra un accidente radioactivo en la fábrica, Max se verá inmiscuido en una peligrosa misión de la que acabará dependiendo el destino de la humanidad. En su aventura es perseguido por Kruger (Sharlto Copley componiendo un interesante villano), un mercenario que trabaja a las órdenes de Rhodes (Jodie Foster) la ministra de defensa de Elysium, que prepara un golpe de estado que va a endurecer aún más las diferencias y la persecución de los ilegales que acuden a Elysium en busca, sobre todo, de los tratamientos que  la sanidad terrestre no cubre. La enfermera Frey (Alice Braga), cierra la trama introduciendo el elemento romántico.

Son varios los temas actuales sobre los que reflexiona Blomkamp en esta su segunda película (en la que ha contado con un amplio presupuesto), de entrada asistimos a la polarización de la sociedad en prácticamente dos clases, claro reflejo de la crisis que atraviesa el mundo desarrollado y que está acabando con las clases medias. Basta con extrapolarlo al máximo y tendremos la situación que predice la cinta, porque la brecha que separa a las clases conduce ya a existencias paralelas en las que los pudientes casi parecen vivir en otro mundo. Es también un reflejo de la pérdida de derechos sociales, ahí estamos todos sufriendo los recortes que afectan a áreas tan básicas como la sanidad. Y, por supuesto, plasma las diferencias entre el primer y el tercer mundo que conducen al problema de la inmigración ilegal (esas naves que son como pateras). Ahora bien, que nadie espere un análisis profundo, de todo ello se exponen sólo las líneas básicas sin expandirse en las múltiples aristas de estos problemas, amén de que la resolución del filme es harto simplista. Hay compromiso por parte de Blomkamp, pero como ya decíamos, es un compromiso mainstream que nos da una distopía popular (y populista, si se quiere) que sólo será suficiente para complacer al público más mayoritario.

Y es que de eso se trata, porque como el propio director ha manifestado, de lo que se trata es de hacer género, diferente, porque el mundo está cambiando, pero haciendo prevalecer siempre al entretenimiento por encima de todo. En ese apartado, el de la acción y la evasión, la película brilla con luz propia: hay explosiones, combates, evasiones, naves que aterrizan forzosamente arramblando con todo lo que se ponga por delante… Todo un lujo pirotécnico con efectos FX realistas como ya no se ven y que, junto con la ambientación futurista de Syd Mead (sí, el ambientador de Blade Runner) para la estación espacial, son lo mejor que presenta la obra de Blomkamp. Matt Damon prueba de nuevo que es un todo terreno, para esta película ha tenido que machacarse horas y horas en el gimnasio para conseguir ese cuerpo musculado y rotundo, y resulta convincente en su interpretación del personaje mesiánico que viene a liberar a los más pobres, exoesqueleto incluido. Algo más de hora y media de acción continúa que fue recibida con aplausos en el pase de prensa de Barcelona.

Tanto Pacific Rim como Elysium vienen como anillo al dedo para sofocar los calores caniculares, son dos películas estivales que nos traen aire fresco y que bien valen que les dediquemos nuestro tiempo porque con ellas el tedio se suspende junto a la incredulidad, y eso lo agradecerá siempre nuestro cuerpo y hasta nuestra mente.

Expediente Warren, The Conjuring: revisitando las casas encantadas

Movimientos de cámara que nos acercan al personaje, movimientos de cámara que nos muestran aquello que se presiente, movimientos de cámara que acompañan al personaje en sus propios movimientos…  Movimientos de cámara que se bastan por sí mismos para crear la intriga. El padre de Saw construye en The Conjuring (Expediente Warren en español) un relato con buen pulso que nos lleva a atravesar todos los estadios de una invasión paranormal en una casa encantada, desde su inicio (ruidos, puertas que se abren o se cierran, luces que se apagan, todo el rosario de poltergeist) hasta la posesión demoníaca, pasando por el miedo y la debilidad que sienten quienes los viven en primera persona. Nada que no hayamos visto antes, pero eso no importa, al fin y al cabo las historias que componen los humanos son casi siempre las mismas, lo que les da valor no es tanto el qué nos cuentan sino el cómo. Y ahí, en los modos de narrar, James Wan aprueba con nota.

Ed y Lorraine Warren han sido dos de los investigadores de fenómenos paranormales más célebres que han existido, en buena medida por haber intervenido en los sucesos de Amityville especialmente conocidos por los amantes del terror. The Conjuring es la adaptación de otro de los casos en el que los parapsicólogos intervinieron: las aterradoras vivencias de la familia Perron en su granja de Rhode Island. Como reza su argumento:  «Ed y Lorraine Warren, investigadores de renombre en el mundo de los fenómenos paranormales, son llamados por una familia aterrorizada por una presencia oscura en una granja aislada. Obligados a enfrentarse a una poderosa entidad demoníaca, los Warren se encontraron atrapados en el caso más terrorífico de sus vidas… (FILMAFFINITY)». Un matrimonio y cinco niñas de diferentes edades que darán mucho juego para la creación de alarmas que no siempre acaban en susto (cosa que es de agradecer) en una historia en la que se combinan los tópicos de las películas sobre casas encantadas y las de posesiones demoníacas, exorcismo incluido coincidiendo con el clímax del filme.

Hechos reales que acontecieron en 1971, la película cuenta con una cuidad ambientación y está perlada de esmeradas interpretaciones. Especial mención merecen Vera Farmiga (los aficionados al fantástico la recordarán por su intervención en Código Fuente) en el papel de Lorraine Warren, y Lily Taylor interpretando a esa madre que adora a su familia y que va a tener que enfrentar al mal dentro de sí. Conjuring James WanPero el auténtico protagonista es el propio James Wan que demuestra que es uno de los grandes nombres en el cine de terror actual. Wan maneja con precisión el ritmo (la acción es un crescendo continuo), la composición de personajes (logra retratarnos su psicología interna) y, sobre todo, la puesta en escena midiendo bien qué muestra y qué sugiere. En este sentido, aunque la cinta no olvida  los sobresaltos (no podían dejar de estar en un filme de casas encantadas) no cae en el exceso y sabe jugar la baza de la sugerencia, esos planos con aire en un lado que no siempre se llenan con la presencia de la aparición y que nos intriga aún más cuando es así dejando a nuestra imaginación completar el resto. En una historia de fantasmas es fácil caer en la tentación de mostrar las apariciones con lujo de detalles y derroche de efectos especiales (cayendo así muchas veces en lo grotesco), James Wan sabe controlar ese impulso y jugar con la insinuación, dejando las visiones para los momentos exactos; es así como logra agarrar al espectador que ve cómo no disminuye su interés a lo largo del metraje. Y es así también como consigue comunicarnos el crisol de sensaciones que podría llegar a despertar un lugar verdaderamente encantado. Alguna risa nerviosa en el pase de prensa hace evidenciar que la cinta alcanza su objetivo, transmite miedo. Y nos hace reflexionar sobre el mismo.

El miedo es nuestra reacción ante la inminencia de un peligro, actúa como alerta que estimula nuestra prudencia y nos hace buscar soluciones que nos eviten salir malparados. Somos hijos del miedo porque los temerosos sobreviven más que los temerarios, sin embargo, el miedo es también un arma de doble filo porque si se perpetúa en nosotros nos vuelve débiles, vulnerables. Paradoja. Entonces, al debilitarnos, si hubiera un ente portador del mal, sería fácil hacernos presas. ¿Contesta The Conjuring sobre la existencia de una fuerza maligna? Dejaremos que el espectador lo descubra.

Stoker, enigmático thriller familiar

India es una joven adolescente reservada que contiene dentro de sí un profundo apasionamiento al que sólo ha accedido su padre que a la vez es su mejor amigo. Desafortunadamente en su dieciocho aniversario su padre fallecerá en un accidente automovilístico. La muerte de su padre coincidirá con la irrupción en su vida de su tío Charlie del que hasta entonces no había tenido noticia. La conducta de su tío es extravagante y pronto se producirá la tensión entre su madre y él, pero también India se irá sintiendo atraída por él y en esta relación acabará descubriendo su pasión más allá de donde la había experimentado con su padre en su afición común, la caza.  Cuando se revelen las intenciones de tío Charlie en el último acto de la cinta, India y nosotros con ella descubriremos que les une un mismo impulso hacia una caza que ya no tendrá por presa a animales. Este es a grandes rasgos el argumento de Stoker, la primera película americana de Chan-wook Park, filme que tiene su mejor baza en la puesta en escena pues se trata de una película en la que son los recursos visuales los que van trenzando la historia entroncando así con lo que ocurría con el mago del suspense, Stoker como la mayoría de las películas de Hitchcock se construye en su puesta en escena más allá de lo que pueda aportarle el guión de Wentworth Miller (aunque dicho guión figuró en la blacklist como uno de esos grandes guiones que merecían ser llevados a la pantalla).

El director de la trilogía de la venganza no esconde sus débitos con el director inglés, no es siquiera casual (o en todo caso se trata de una casualidad afortunada) que el extravagante tío se llame Charlie, ese es el nombre de Joseph Cotten en La Sombra de una Duda, con la que Stoker guarda claros paralelismos. Salvo que la película del coreano es aún más perversa y en la revelación de las proximidades entre tío y sobrina no va a ganar, precisamente, el bien. Todo lo contrario es un viaje hacia el fin de la inocencia como reza su propio subtítulo. Sin embargo, al público más avezado no va a ser este giro de guión el que le va a cautivar sino que lo que va a subyugarle son los elaboradísimos movimientos de cámara de Park que consiguen por sí mismos sumergirnos en una atmósfera enigmática e inquietante. Y junto a ellos el trabajo de la fotografía, de su habitual colaborador Chung-honn Chung, perfectamente estudiada para conseguir con variaciones en la iluminación transmitir los estados de ánimo de los personajes. Este propósito era todo un reto si tenemos en cuenta que la película se desarrolla la mayor parte del tiempo dentro del escenario que representa la mansión de los Stoker, el propio Chung lo relata así: “La mayor parte de la historia tiene lugar en la mansión Stoker”, apunta. “Normalmente, construimos un escenario para poder acomodar la casa a las cámaras y a la iluminación. Debido a que la casa Stoker es real, me preocupaba que los ángulos y la iluminación quedaran muy repetitivos. Pero como el espacio era tan limitado, me di cuenta de que podía comprender mejor sus características. Al igual que los actores se ven diferente dependiendo del ángulo de la cámara, yo descubrí que la casa podía parecer triste o llena de esperanza dependiendo de la perspectiva”.

Stoker_R16-24

Esta casi unicidad de escenarios junto con el tratamiento atemporal del tiempo de la acción son dos características destacables del filme que contribuyen a hacerla única en su especie.  La mansión de los Stoker tiene un amplio protagonismo dentro de la historia, ayuda a construir la impresión de encierro en sus circunstancias que viven los personajes, a la par que sirve para pincelar la psicología de los mismos (el contraste entre la habitación de la madre, abigarrada y sinuosa, frente la simetría luminosa de la habitación de India, por ejemplo) e igualmente sirve  como reflejo de las tensiones que pesan sobre sus relaciones, Park veía a Evie (la madre) e India como una reina y una princesa de un cuento de hadas atrapadas en un gran castillo. Por otro lado, aunque la cinta esté ambientada en el presente y en EE. UU, el tratamiento que se le da al tiempo hace que la película cobre esa atemporalidad propia de las fábulas, así Stoker se representa como un cuento perverso y  cruel.

Stoker es un dechado de recursos visuales y técnicos, pero no se puede olvidar el trabajo de sus interpretes. En el papel de India nos encontramos con Mia Wasikowska, joven actriz australiana a la que los espectadores recordarán por su papel en la Alicia de Tim Burton y su trabajo en Jane Eyre de Cary Fukanaga, pese a su juventud es una actriz concienzuda capaz de expresar todas las emociones que el personaje requiere. La actriz asegura que le encantó el proyecto. “El guión de la película es excelente; el director Park y el equipo de creación son brillantes. Es la primera vez que veo una historia como esta. La dinámica entre los personajes esconde un gran misterio. India es una joven muy complicada. Está completamente desconectada del mundo sin su padre. Es una forastera por naturaleza, cerrada al resto del mundo. Aunque todavía es una jovencita, se está convirtiendo en una mujer con sueños y fantasías, pero unos sueños de naturaleza diferente al resto”, afirma la joven.

STK-8172.NEF

Sobre otra australiana recae el rol de Evie, la ya veterana Nicole Kidman. La escalofriante elegancia de Stoker y sus complejas relaciones hicieron que resultara una proposición irresistible para la actriz. “No hay nada corriente en la película”, comenta Kidman. “Tiene una cadencia inusual en el diálogo. El ritmo no es el típico. Me encantó el guión porque cuando lo estaba leyendo, no sabía nunca lo que iba a ocurrir a continuación». La desesperada y necesitada Evie era un personaje que Kidman no había desempeñado nunca. “La película empieza con el funeral de su marido”, apunta. “Queda patente que la relación madre-hija ya está llena de resentimiento y rabia. Cuando la conocemos, se encuentra en un estado inerte, y Charlie se ocupa de llenar el vacío».

El enigmático hombre que se vuelve el centro del conflicto familiar es representado por Matthew Goode, un fichaje británico, conocido por la aclamada película de Tom Ford Un Hombre Soltero, que protagoniza junto al ganador del Oscar Colin Firth, y por Watchmen, en la que hace de Ozymandias, un superhéroe semi-dios griego. “Matthew es muy gracioso”, afirma Wasikowska. “Nuestra relación fuera de las cámaras era completamente opuesta a la que era delante de ellas. Puede llegar a ser muy payaso, por lo que fue un desafío mantenerse centrado cuando trabajaba con él«.

El tío Charlie está envuelto en un halo de misterio durante toda la película. Sus intenciones permanecen ocultas hasta casi el final. «La audiencia nunca sabe seguro lo que está pasando por su cabeza”, asegura Park. “Quería muchísimo a su hermano, y ese amor se trasladó luego a su hija India. Alegóricamente, vi al tío Charlie como Juan el Bautista. Es la figura de un mentor que aparece para completar a India. Matthew coincidía con la imagen que tenía en la cabeza –la inocencia, el humor, la travesura–. Tiene la chispa traviesa y la elegante delicadeza de alguien que no haría daño ni a una mosca. Esas son las cualidades perfectas del tío Charlie«.

La película de Park mezcla lo primitivo y lo poético para hablarnos de individuos que viven las emociones intensamente hasta llegar a su intersección con la violencia. Y lo relata en clave de enigma, crea una atmósfera embriagante que nos atrapa como a esa araña que vemos subir por las piernas de India en un plano que se repite varias veces. Bocado exótico que nos deja su regusto siniestro y atractivo mucho después de abandonar la sala. Película para ser vista y archivada en un lugar privilegiado de nuestra memoria.

Categorías: CINE CLUB, VAMOS DE ESTRENO

Evil Dead 2013: más sangre y menos humor

Cuando los amiguetes Sam Raimi, Bruce Campbell y Robert Tapert, tras rodar varios cortos, se emperraron en sacar adelante su Book of the Dead (previamente  convertido en 1978 en un corto de 30 minutos, Within the Woods,  que sirvió como muestra para conseguir financiación) seguro que no sabían hasta donde podría llegar su alocada aventura. De una forma u otra Book of the Dead se convirtió en 1982 en Posesión infernal (Evil Dead), una película rodada en 16 mm. que mezclaba en principio un cóctel nada original: adolescentes, posesiones demoníacas, sangre y mucho speed. Pero no era así, ya que contaba con un añadido que la hacía (y hace) más atractiva: grandes dosis de comedia hasta el punto de transformar a su protagonista, Bruce Campbell en un personaje de dibujos animados. Y todo ello, no hay que olvidarlo, sin dejar de ser un atmosférico y terrorífico film.

Posesión infernal triunfó en los video-clubs de medio mundo y posibilitó que Raimi pasara a la primera división de su profesión. Esa bienvenida incluyó que rodara una secuela de su film, naciendo Evil Dead 2 (Terroríficamente muertos, 1987) que no  resultó ser finalmente una secuela sino un remake con todas las de la ley, aunque más loco si cabe, con más medios y mejores resultados en los maquillajes y efectos especiales (cosa en la que tuvieron mucho que ver la santa trinidad Berger, Kurtzman y Nicotero). Ese primer remake daría pie a (ahora sí) una secuela, El ejército de las tinieblas (Army of Darkness, 1993).

No acaba ahí la historia, en mayo del 2012 se iniciaba el rodaje de un nuevo remake, el que este viernes llega a nuestras pantallas. Esta vez Raimi no está al frente de la dirección, el equipo inicial (Raimi, Tapert y Campbell) ha preferido ocuparse únicamente de la producción y dar la alternativa al joven debutante Fede Álvarez, del que ya os hablamos en este blog. El propio Fede Álvarez, junto a Rodo Sayagues (colaborador suyo desde los tiempos de Ataque de Pánico, corto con el que se dieron a conocer) se ha ocupado de adaptar el guión, así que nos ofrece una relectura personal de la obra de Raimi. Rodada en Nueva Zelanda, algo habitual en Raimi, el reparto de esta nueva Posesión Infernal está compuesto por eficientes actores jóvenes: Jane Levy (Mia), Shiloh Fernández (David), Lou Taylor Pucci (Eric), Jessica Lucas (Olivia) actriz ya conocida para los productores por Drag me to hell (2009) y Elizabeth Blackmore (Natalie). Protagonismo tienen también los 25.000 litros de sangre artificial que han sido necesarios para el filme, muuuuuucha hemoglobina, pues, es la que nos ofrece esta nueva versión.

Esta Posesión Infernal de 2013 no es una mera repetición sino toda una reinterpretación del tópico de la cabaña en el bosque parodiado en la de 1981 (en puridad más que un remake es un reboot). Sin renunciar a los elementos fundamentales (la cabaña, el libro de los muertos o Necronomicón) Álvarez ha pretendido dotar a los personajes de una mayor profundidad psicológica, ya no son unos jóvenes cuasiadolescentes que van al bosque en busca de experiencias etílicofestivas sino un grupo de amigos que se han reunido para ayudar a Mia, la protagonista, a desengancharse de la droga (en el extremo opuesto, pues). Hay también drama familiar, el hermano de Mia es uno de los integrantes del grupo, cosa que supone un reencuentro entre ambos después de que él la hubiese dejado pasar sola el trance de la muerte de la madre en un centro psiquiátrico. No hay que esperar un análisis exhaustivo de los recovecos de las relaciones, sólo un esbozo que sirve al fin de explicar el porqué de sus conductas cuando se haga manifiesta la presencia (así, por ejemplo, la primera en tener evidencias de la fuerza que les acosa será Mia y los demás creerán que son causadas por su síndrome de abstinencia). Ocurre que este mayor naturalismo de los personajes no se ha dado sin eliminar esa comicidad cartoonesca que tenía la original y que, en nuestra modesta opinión es lo que la hacía especial. En la película de Ávarez no hay apenas lugar para el humor, todo está tratado con seriedad, y a nosotros se nos antoja que eso supone una pérdida del remake frente a la original. Podemos decir que, al tratar de darle alma a los personajes, es la película la que se ha quedado huérfana de ella. Esto no significa que a nuestro juicio sea una mala película, simplemente opinamos  que el remake no consigue superar al original.

Así pues, aún sin tener el carisma que identificaba a la saga Evil Dead, la Posesión Infernal de Álvarez cautivará a los aficionados al género. A los conocedores de las de Raimi porque está repleta de guiños a elementos del  guión que las caracterizaban. Ahí están esos bellos travellings subjetivos desde el punto de vista de la presencia atravesando al bosque; la violación en el bosque y por el bosque; la amputación de la mano; y, cómo no, la motosierra. Pero creemos que sobre todo gustará a los más jóvenes que quizás ni siquiera hayan conocido sus precedentes, por su factura, su ritmo trepidante por momentos y esos miles de litros de sangre y gore bien entendido. Tanto los iniciados como los neófitos agradecerán que no se haya abusado de la imagen digital, al contrario Álvarez se ha inclinado por conseguir los efectos con la cámara siempre que le ha sido posible y dejar a los de maquillaje hacer el resto. Y mención de honor merecen estos últimos junto a la banda sonora del español Roque Baños. En suma, puede decirse que Fede Álvarez no defrauda las esperanzas depositadas en él.

La pregunta del millón sería responder a si era necesario este remake (o reboot) tratándose como se trata de una película de correcta ejecución. Para quien esto escribe no se trata de una revisión que aporte ingredientes relevantes al original, como sí podía darse en el Maniac de, ni sirve para darle mayor actualidad (después de todo la original sigue igual de vigente que en su presente), de modo que no podemos considerarlo como necesario. Ahora bien, la buena factura del filme evita que se le pueda tildar de prescindible y, sobre todo, muestra las dotes de su joven director, más elogiable él que su propia ópera prima. Deseamos ver pronto a Fede Álvarez al frente de una obra personal que no se deba ya a ningún trabajo previo.

Fede Álvarez en el rodaje de Posesión Infernal

Fede Álvarez en el rodaje de Posesión Infernal

Serie B: Richard Vogue vuelve cargado de sangre, acción, sexo y comedia

525385_330800160315823_1309110451_n

SOBRE RICHARD VOGUE

untitledSerie B es una sana gamberrada que lo único que pretende es hacer pasar un buen rato al espectador, algo nada fácil no se crean, y que se agradece en estos a veces pretenciosos tiempos. Excesiva, sexy y sangrienta, uno adivina que su director y guionista, el nunca suficientemente ponderado Ricard Reguant,  se lo pasó bomba imaginándola y dirigiéndola.

Y es que Serie B representa el retorno a la pantalla como director de Richard Vogue, alter ego de Ricard Reguant. Un niño grande de sonrisa contagiosa y conversación inagotable repleta de anécdotas. Es una de esas personas que uno escogería para tomarse unas cañas en esos cuestionarios que alguna vez hacen los periódicos y en los que indefectiblemente salen escogidos tipos tan interesantes como futbolistas, modelos o competidores de Formula-1.

Polifacético hombre-orquesta de extensa carrera en musicales, obras de teatro y trabajos para televisión, Reguant se inicia en el cine como meritorio de Iquino, dura escuela donde las haya,  con el que hace de casi todo hasta que se decide a dirigir, naciendo en ese momento Richard Vogue, pseudómino con el se adentra en el cine erótico clasificado “S”: «Yo venia del mundo de la interpretación en teatro y en televisión, y como seguía trabajando en los escenarios prefería no mezclar cosas… sobretodo si pensamos que hacer películas “S” estaba muy mal visto para la profesión intelectual del momento, aunque gracias a estas películas durante años se mantuvo la industria en España y estos intelectuales podían rodar sus películas, más minoritarias».

Richard Vogue dirige algunos  títulos como Sueca bisexual necesita semental (1982) o No me toques el pito que me irrito (1983), comedias sexys y alocadas como indican sus nombres, dentro de  «un género cinematográfico que tuvo su momento como los spaghetti-western, los pseudo-Bonds o las de terror». De rápido rodaje, poco presupuesto y alta rentabilidad, no en vano «Sueca bisexual necesita semental fue la película más vista el año que se estrenó».

Ricard  es un veterano que ha llegado a trabajar en más de 60 producciones desempeñando diversas tareas como ayudante, guionista o director.

Pero Serie B no es solamente un film erotico (aunque tiene sus gotas), es una mezcla de terror, película de acción con venganza y sobre todo comedia, aunque de forma soterrada y casi irónica. Reguant ya había tocado el género de terror, habiendo dirigido al mismo Paul Naschy para un capítulo de la serie televisiva Desenlace (2001, Ricard Reguant y Tito Álvarez), pero Antena 3 la emitió incompleta y a altas horas de la madrugada, una de esas decisiones contradictorias que, lamentablemente, son tan habituales.

COMO NACE SERIE B

FINAL“Un día un amigo mío me invito a su casa en los Pirineos. Era una autentica mansión, enorme, fantástica. Pasamos la noche de cháchara, divirtiéndonos imaginando cosas que podían ocurrir en aquel sitio. La casa estaba en medio de la nada a kilómetros del primer pueblo. Solitaria. Así que se me ocurrió una historia que podría ocurrir allí. Mi amigo, entusiasmado con lo que le contaba, me sugirió de hacer un filme. Yo le dije que aquel tipo de historias pertenecían a las llamadas películas de SERIE B, o lo que es lo mismo, películas de bajo presupuesto, de género (terror, ciencia ficción, westerns…), que servían de relleno a los grandes estrenos, naturalmente en la época en la que los cines hacían dobles sesiones.

En algunas ocasiones los filmes de SERIE B, eran mas interesantes y divertidos que los que se suponían eran los estrenos buenos, de clase A.

Con el tiempo estas peliculitas de SERIE B, se fueron convirtiendo en objeto de culto, y grandes directores actuales les hacían un sentido homenaje, como Quentin Tarantino por ejemplo. Claro que sus películas tenían presupuestos de Clase A. Muchos directores famosos se iniciaron en aquellas películas pequeñas de poca producción (casi siempre con la marca de ROGER CORMAN, el rey de las Series B): James Cameron, Martin Scorsese, Jonathan Demne e incluso Steven Spielberg. Pero estamos hablando de EEUU donde una película de poco presupuesto equivalía a dos nuestras de Gran Presupuesto. Luego aparecieron artistas que intentaron crear una industria de SERIE B en nuestro país. Paul Naschy, Jesús Franco son las cabezas más visibles de aquel intento… Pero los intelectuales, que todo lo fastidian, vinieron a aguar la fiesta y decidieron que el cine tenía que ser serio… Y lentamente estas pequeñas joyas (quizás no era buenas películas pero cumplían su doble cometido: distraer y mantener la industria), fueron desapareciendo de las pantallas y se convirtieron en piezas rebuscadísimas en los estantes de los vídeo-clubs de todo el mundo.

12

Animado por mi amigo recogí el reto y escribí el guión. Lo pasé a dos compañeros de profesión Jesús Liedo y Toni Badimon. Estos se animaron y nos vimos con mi amigo, que estaba dispuesto a convertirse en productor.

Hemos tirado adelante el proyecto y después de pensar en muchos títulos nos hemos quedado con el más lógico: SERIE B. Ya que el film es sobre todo un homenaje a aquellas películas sencillas, hechas con más pasión que dinero y con más imaginación que medios, que tanto nos sorprendieron y divirtieron en sus días. Si conseguimos algo parecido estaremos más que satisfechos.

Mi «alter ego» RICHARD VOGUE reclama ser el artífice de este «retorno» a las andadas. Y, naturalmente ante un «autor» que parió títulos como «NO ME TOQUES EL PITO QUE ME IRRITO» o «SUECA BISEXUAL NECESITA SEMENTAL», no podía negarme”.

Serie B es la primera película producida por  Olwyn films, productora fundada en 2011 por Jesús Liedo y Ricard Reguant y el film, con un presupuesto estimado de 1,6 millones de euros, es la primera producción de la compañía, que nace con vocación de producir películas españolas de género con proyección internacional.

LOS ACTORES

zarzoEn Serie B destaca sin duda el protagonista, Manuel Zarzo, todo un veterano de 85 años que debuta en 1951 y en cincuenta años de profesión llega a participar en más de 145 títulos de todo género (spaghetti western, comedia…), además de en televisión. Es un rostro familiar para el cinéfilo que sin duda da cachet al film. Aunque se barajaron otros nombre para el papel, como Omar Sharif y Helmut Berger, finalmente Reguant vio más acertado contar con su amigo Zarzo, que realmente borda el papel de Willie Molina (¿homenaje a Jacinto Molina?).

Roger Pera es un consolidado actor todoterreno que tanto hemos podido disfrutar en comedia como en otro tipo de registros, como es el caso de Serie B, donde interpreta a un bastardo de gatillo fácil.

Pero también juegan un papel (y muy interesante), las actrices del film: Sonia Monroy (sí, esa Sonia Monroy que les viene a la cabeza), hace el tipo de papel que les gustará ver: lo pasa muy, muy mal. Sangra mucho durante el film y… nos muestra sus poderosos encantos. Al igual que las demás intérpretes, la bella Marta Simonet y Cata Munar, actrices ambas de extensa formación.

Sin olvidar ¿Cómo hacerlo? a Nuria de Córdoba, que borda su enigmático papel con nutritivo final sorpresa…

martaTambién intervienen Jaume Fuster y Eva Losada.

El nuevo milenio nos traido de vuelta a Richard Vogue y ¿era necesario? Pensamos que sí tras ver Serie B y agradecer un poco de locura, despiporre, sexo, sangre y sobre todo entretenimiento bien realizado. Tanto que a veces uno tiene la tentación de pensar la película está hecha en serio… pero nada más lejos de la realidad, ya que lo que Reguant (o debo decir Vogue)  propone es una película excesiva y con toques surrealista con la que pasar un rato loco.  Y pensamos que lo consigue.

Bajo presupuesto, mucha imaginación, sangre (sin abusar de casquería), sexo (sin llegar a ser explícito) y un único escenario: Serie B

Proyectada en la última edición de la Semana de cine fantástico y de terror de San Sebastián con éxito por parte del público (no tanto de crítica, ya que parece no todos supieron ver el juego que pretende el film), llega el 19 de abril a las pantallas así que, si quieren ver como hacen callar a Sonia Monroy (además de hacerle pasar por otras lindezas no menos dolorosas), les recomendamos que entren en el juego de Serie B.

SINOPSIS

Willie Molina (Manuel Zarzo) es un actor ya retirado que ha pasado parte de su vida en Hollywood interpretando películas de SERIE B. Su mayor hobbie es la caza, y mientras esta en el monte dispara sin querer contra unas chicas que estaban caminando entre los arbustos, Lidia y Mabel (Sonia Monroy y Marta Simonet), hiriendo a una de ellas. La herida es superficial, pero Willie las invita a pasar el día en su finca. Al llegar a la mansión, las chicas descubren que están ante un hombre muy rico. En realidad, las jóvenes ejercen de gancho en la carretera a hombres ingenuos a los que desvalijan valiéndose de sus encantos. Su protector, Robín (Roger Pera), llega a la casa junto a Katy (Cata Munar), una nueva chica. Acorralan al viejo actor amordazándole y golpeándole. Las cosas se ponen feas para el hombre. Aunque mientras los demás se distraen curioseando por la casa, Willie consigue liberarse… y entonces empieza una cacería llena de sorpresas en donde no se llega a saber hasta el final quien es más malvado de todos ellos.

Más información en: www.seriebfilm.es y http://www.facebook.com/SerieBfilm

Y más detalles sobre la carrera de Ricard Reguant (y por ende Richard Vogue) en la entrevista que publicamos en este mismo blog.

7 psicópatas: la (de)construcción de un guión

14 febrero 2013 Deja un comentario

Si quieren disfrutar plenamente de la película, dejen de leer en este punto. Y no porque vayamos a hacerle una crítica negativa, todo lo contrario, pero es que 7 psicópatas (Martin McDonagh) es de esas películas que se gozan todavía más cuando acudimos a verlas como tábula rasa, desde la virginidad que da no tener datos previos.

¿Qué decir del argumento? Si acudimos a Google, además de encontrar la habitual proliferación de resúmenes idénticos, y de sospechar que algunos han escrito sin haber visto el filme, descubriremos que pretender resumir la trama es harto difícil. Nos encontramos por un lado con Marty (Colin Farrell), un guionista que no acaba de encontrar la inspiración para escribir un guión titulado, precisamente, 7 psicópatas. Por otro lado, está Billy (Sam Rockwell) su mejor amigo, actor en paro que se gana la vida secuestrando perros junto a su socio Hans (Christopher Walken).  Billy está empeñado en ayudarle a toda costa a terminar ese guión. Todo va a complicarse cuando secuestren a Bonny, el perro de un mafioso sin escrúpulos que idolatra a su mascota (Woody Harrelson). Pero este bosquejo no le hace plena justicia porque lo que distingue al argumento de 7 psicópatas es cómo se va construyendo mientras se va desarrollando el guión de Marty, en un ejercicio de metareferencialidad que es casi un enlace de Möebius.

El arranque del último trabajo de Martin McDonagh (Perdidos en Brujas) se ampara bajo la estela de Tarantino, ya saben esos largos y exóticos diálogos entre matones (salvo que esta vez no es una hamburguesa sino la muerte por penetración en el globo ocular) que culmina en un acto de violencia extrema y pulp. Desde su inicio, pues, declara su intención de adentrarnos en el mundo de la comedia de acción con un humor radicalmente negro, propio de la raíz irlandesa del director. Delirio será la palabra que se instalará en nuestra mente porque hay mucho de ello en este ejercicio de cine dentro del cine que se va a caracterizar por los constantes giros de guión expuestos desde la ironía en su sentido propio, esa actitud de distanciamiento de la obra que nos permite mostrar su anverso y su reverso.  En ella tienen cabida los gangsters enamorados de sus mascotas; los psicópatas que crían conejos blancos y se pasean con uno bajo el brazo; el actor metido a dar carne real al asesino-personaje para que el guionista encuentre material para su trabajo en la prensa; los anuncios por palabras; los efectos del peyote; los polacos, tan blancos, que son cuáqueros y se casan con negras; la inquietud por el más allá; las prostitutas que leen a Chomsky; y la necesidad de los sueños. Y lo vamos viendo surgir desde el guión que se escribe en la película, que bien podría ser el guión de la propia película.

Prostitutas que leen a Chomsky es la broma con la que se denuncia el escaso papel que tienen las mujeres en el cine de acción, en muchas de ellas son meros elementos decorativos en apariciones fugaces y sin peso en el desarrollo del filme. Así 7 psicópatas se burla de sí misma a la vez que es crítica con todo un género, a la vez que denuncia deficiencias de una sociedad como la nuestra, menos igualitaria de lo que desearía, a la vez que se cuestiona la razón de escribir historias, a la vez que va más allá y se plantea (nos hace plantearnos) qué sentido nos espera a nosotros mismos en nuestras vidas, la gran pregunta por el sentido a secas, si se quiere. Caja china o muñeca rusa, la película juega a muchos niveles, pero si funciona es porque parece no tomarse en serio a sí misma, es un juego de ingenio que puede decaer en algún momento pero que se rehace en su apelación continúa al absurdo, en su juego con el dentro y el afuera de la historia.

La película funciona también gracias al acertado trabajo de todo su elenco. Colin Farrell, que repite con el director, construye con efectividad su personaje, ese alcoholizado escritor que persigue una idea y se enreda vitalmente en ella.  «De cuando en cuando, las palabras le van a la perfección a un actor. Es el caso de este guión.Te ofrece un remojo, un puntapié en las nalgas y un paseo inolvidable. Entonces, sin ninguna duda, no puedes rechazarlo», se entusiasma el intérprete irlandés. El mismo entusiasmo por los diálogos de McDonagh muestra Cristopher Walken:  «Usted sabe, que los actores adoran los diálogos cincelados, y Martin escribe diálogos formidables»; por su parte Walken encarna el más tierno de los personajes, paradójicamente tierno dado que descubriremos que él es uno de los siete psicópatas,  «Es solo un tipo que roba perros y que los devuelve a cambio de una recompensa», explica sobriamente el actor. Representante de la fe y sus dudas, la interpretación del veterano actor es posiblemente la más matizada. Encarnando a Billy nos encontramos con Sam Rockwell (a quien recordarán por su papel protagonista en Moon de Duncan Jones) muy convincente en su rol, esa réplica del guionista que nos recuerda al Chazz Palmintieri de Balas sobre Broadway (Bullets Over Broadway, 1994, Woody Allen). Cerrando el reparto de actores principales tenemos a Woody Harrelson dando cuerpo al mafioso adorador de su perro Bonny, a él debemos algunos de los episodios más hilarantes del filme.

Seven

Pero, obviamente, si 7 psicópatas resulta ser la película que es, es por la impronta indeleble que imprime en ella Martin McDonagh. McDonagh inició su carrera en el teatro especializándose en comedias negrísimas en las que ya se encuentra presente su universo abigarrado. Su salto al cine no pudo haber sido dado con mejor pie, su primera incursión fue el cortometraje Six Shooter y con él obtuvo el Óscar de 2005 en esa categoría, (puede verse completo en este enlace). Su debut en el terreno del largo vino con Escondidos en Brujas (In Bruges, )que quienes la hayan visto la recordarán también por su barroquismo (visual y formal) y su humor delirante (marciano, en coloquial), características que se encuentran presentes en esta su última obra hasta el momento. 7 psicópatas resulta difícil de calificar, es comedia, pero también película de acción, cine dentro del cine y hasta cierto punto es incluso fantástica (no en vano pudo verse en el último Sitges); habrá quienes resuelvan optar por resumirlo incluyéndola dentro de esa categoría difusa cine de autor.

Cine de autor, curiosamente Serendipia (que no había leído nada sobre la película y no sabía qué iba a ver) discutía entre sí sobre qué significa justo eso, cine de autor, y lo  primero que asoció a tal denominación fue la de todo tipo de filmes extravagantes y plúmbeos (sobre todo cuando se dice así, en francés, auteur). Se podría considerar que denominamos así a toda producción que se presente como ajena a cualquier género (y de hecho en ese sentido se oye aplicar el término), pero eso sería una memez porque, ¿ acaso Ford, Hitchcock, o Wilder (por mencionar sólo algunos) no imprimían inconfundibles rasgos de autoría en sus películas por mucho que la práctica totalidad pusiera adscribirse a algún género (y en su pureza, además)? Digamos que sólo aceptamos pulpo como animal de compañía si por cine de autor se entiende aquellas obras que con sólo empezar a verlas ya sabemos quién está tras su dirección aunque lo desconociéramos antes de entrar. Si es así, sí, aceptamos que 7 psicópatas es también cine de autor.

Categorizaciones al margen, de lo que no nos cabe duda es de que quienes vean esta cinta la recordarán (algunos para odiarla) porque es un producto que se aparta de la media, tiene vida propia, ése alma que es tan difícil que posean las películas. Quien esto escribe intuye que 7 psicópatas estará entre sus diez películas favoritas vistas en este  año que acaba en 13. Y si no, al tiempo.

Categorías: CINE CLUB, VAMOS DE ESTRENO

Mamá: nueva vuelta de tuerca

«Cuando despertó, el dinosaurio aún estaba ahí». El relato de Monterroso incluido en Obras Completas y otros cuentos, es el más breve que se haya escrito nunca. Puede parecer que se trata de una boutade, pero la mínima obra del guatemalteco resume toda la teoría del cuento. El cuento como género literario se distingue por ser un nudo narrativo en el que transcurre una acción de la que se intuye un antes y un después, en Monterroso tenemos un tiempo que alude a un pretérito en el que un sujeto tuvo su pasado, un momento presente en el que transcurre una acción y un futuro suspendido (¿Por qué estaba allí el dinosaurio? ¿Qué pasará después cuando se mantiene su presencia?). La misma lógica del cuento es la que rige en el cortometraje como género cinematográfico. Andrés Muschietti conocía bien esa lógica de la brevedad cuando en 2008 dirigió su corto Mamá, una de las piezas más breves que ha dado la historia del terror que en su concisión ofrece un relato sugestivo y aterrador de gran factura técnica:
Si el cuento es proporcional al cortometraje, un largometraje lo es a la novela. En la estructura de una novela (más allá de que dinamite o no la secuencia temporal) se ha de dar un inicio que introduce el conflicto que se expone en toda su amplitud en el nudo y concluye en el desenlace (se juegue o no al final abierto). Muschetti, de la mano de Guillermo del Toro, ha sabido adaptar su pieza breve a la lógica del largometraje, arropando a esas dos hermanas que huyen entre susurros con una trama que explica su miedo y que muestra el final de su historia. Y su adaptación a un nuevo metraje la ha resuelto con éxito, un éxito que explica su afortunada recepción por la taquilla en EE.UU.
Mamá, el largo, es un relato sobre las dimensiones del pánico y, como antes hizo Henry James, presenta una nueva vuelta de tuerca al tomar como protagonistas a dos niñas. Victoria y Lilly son secuestradas por su padre homicida en una oleada de terror colectivo, cuando el padre muere por causas extrañas las dos niñas quedan abandonadas en una cabaña perdida en el bosque, estarán allí durante cinco años cuando las rescaten se descubrirá que han sobrevivido gracias a su imaginación. Son encontradas gracias a la contumacia de su tío paterno que acabará adoptándolas gracias a un programa psiquiátrico destinado a estudiar fenómenos como los de niños salvajes. En ese marco se presenta la extraña comparecencia que las lleva a huir. Así el argumento del corto se convierte en motivo del largo.
Guionizada y dirigida por el propio Muschetti en colaboración con su hermana, la película queda amparada por la larga sombra de Guillermo del Toro quien como productor vuelve a apostar por un joven talento. Igual que en la ópera prima de J. A. Bayona (El orfanato, 2007) la presencia de del Toro se hace notar en el tono oscuro de una fotografía creadora de atmósferas como antes lo había hecho como director (en concreto evocábamos a Mimic, 1997). Porque Mamá es una película de ambiente, la opresión de esa fotografía pende sobre toda la cinta y dota de una profundidad dramática una historia que en el fondo juega con las convenciones decimonónicas del género.
El tono de relectura de lo gótico asoma desde los títulos de créditos que se suceden al prólogo (y cuánto nos gusta que se cuide de los créditos iniciales tan olvidados hoy en día) dibujos infantiles que cubren mohosas paredes como si fueran pinturas rupestres, o cómo la inocencia puede dar pavor. Y la música de Fernando Velázquez pone el resto, compone una banda sonora que juega a dos niveles que se entrecruzan: los temas breves que buscan la impresión del espectador cuando la imagen introduce el sobresalto; y los otros más desarrollados que acompañan esa atmósfera que hemos descrito, que no se ocupan de generar impresiones emocionales inmediatas sino de recrear espacios y ambientes también terroríficos, destinados a engrandecer y multiplicar el poder del peligro que amenaza a los personajes.
Todo el arranque se aparece como un cuento tradicional, con el bosque, el lago y la cabaña escondida, como figuras narrativas. Después volvemos al plano real, la recuperación de las niñas, salvajes ya después de su largo extravío, con la extraña fuerza que las acompaña y que el psiquiatra explica como fruto de su imaginación mezclada con el afán de supervivencia. Instaladas a medio camino entre la sociedad y el aislamiento, el comportamiento de las niñas introduce la inquietud, sobre todo para Annabel (una soberbia Jessica Chanstain), la compañera del tío paterno, a la que esta maternidad le viene impuesta contra su instinto. Sólo la mayor, Victoria, ha conservado el lenguaje, la pequeña, Lilly (que sólo tenía un año cuando desapareció) está prácticamente tomada por la ferocidad de la naturaleza, pronto se verá que la dialéctica entre socialización y bestialidad generan distintas reacciones ante lo que sobrepasa los límites de lo empírico, que es casi tanto como los límites de la cordura.
El filme, pues, revisa los cimientos de la enajenación, pero será para llevarlos a la conexión con lo fantástico. Tal vez nuestra razón lúcida no cubre todo el espectro de lo existente. Así, lo que en principio se diagnóstica como personalidad disociada es sustituido por la convicción de que el monstruo es real; siguiendo esa evolución de planteamientos, se nos irá desvelando la imagen de la presencia aterradora. Nuevamente la música de Velázquez se convierte en pauta con la que leer la profundidad de esas emociones, con un tema principal a la par bello y siniestro con el que logra explicar lo que de otra manera sería difícilmente explicable: las razones de la bestia. Si somos naturaleza, parece decirnos, seremos pulsión y nos dejaremos llevar por los instintos más básicos sin vacilar en causar dolor si es necesario para nuestras apetencias. En cambio, si nos quedamos del lado de la palabra conseguiremos reconducir los sentimientos hacia la positividad (ese lado bueno de las cosas que es motivo central en la película de David O. Russell). Contrastan de ese modo las dos madres, Annabel la mujer que no desea hijos, que no tiene la marca del instinto, frente a la mujer aparecida que sigue buscando alguien a quien llevar a su regazo aunque sea llevándoselo al reino de la muerte. La segunda es una máscara de la maternidad más asilvestrada, más salvaje, que no repara en nada, en cambio la primera es fuente de domesticación y apaciguamiento. El final salomónico parece decirnos que ambos rostros de la figura materna tienen razón de ser, mientras la música nos permite empatizar con el monstruo en su melancolía.
Terror protagonizado por niños, es inevitable pensar en Clayton y su adaptación del relato de James, como inevitable es tener la sensación de que The innocents (1961) puso el listón tan alto que ninguna otra película podrá estar a la altura. Sin embargo, esta ópera prima tiene buen pulso. Mamá es un filme con un ritmo creciente que nos lleva de la mano manteniendo nuestro interés hasta el clímax final al que no le sobrevendrá ningún epílogo. Tal vez la excelencia del corto no está en esta adaptación al largo, pero la cámara de Muschetti sigue siendo igual de inteligente jugando con las presencias y las ausencias, los travellings imprescindibles y los planos secuencia como pilares de su ritmo pausado y firme a la vez. Buen cine de terror que no se aparta de los cánones de los relatos de fantasmas,  lo que nos ofrece Mamá es una película eficaz sobre todo en su atmósfera de inocencia, melancolía e instinto. Esa misma atmósfera que nos acompañará al salir del cine junto al buen sabor de boca.

 

Hitchcock 2013: el alma de un director

«Mi principal satisfacción es que la película ha impresionado al público, y eso es lo que pretendía. En Psycho, el argumento me importa poco, los personaje me importan poco; lo que me importa es que la unión de los trozos de la película, la fotografía, la banda sonora y todo lo que es puramente técnico consiguen hacer gritar al público. Creo que es una gran satisfacción para nosotros utilizar el arte cinematográfico para crear una emoción de masa. Y, con Psycho, lo hemos conseguido. No es un mensaje lo que ha intrigado al público. No es una gran interpretación lo que lo conmueve. No era una novela muy apreciada la que lo cautiva. Lo que emociona al público es la película pura». Alfred Hitchcock

Como cine en estado puro calificábamos Psicosis cuando celebró su cincuentenario, coincidiendo, pues, con lo que el propio director afirmó  sobre ella. Más allá de juzgar si es su mejor película (quedarse con una sola es casi un delito en una filmografía como la del londinense) puede afirmarse que es la que más trascendencia tiene para la historia del cine en general (por esa autoconciencia de la importancia de las partes técnicas para crear emociones) y para el de terror en particular. Esta película cambió la dirección del género hacia parámetros más realistas y oscuros en un momento en el que el cine fantástico americano se  había inundado de invasores del espacio y monstruos gigantes. Supone el nacimiento del thriller tal como lo conocemos hoy. De gran importancia para el séptimo arte, no lo es menos dentro de la obra de Hitchcock: tras Con la muerte en los talones, film anterior en el que se repasaba lo que se entendía (y todavía hoy se entiende) como el cine de Hitchcock, el director se embarcó en un proyecto más personal y oscuro. Sin héroes ni, según como se vea, villanos. Ya no había tramas internacionales ni asuntos de espionaje ni glamour. Por no  haber no había ni technicolor. Sir Alfred hizo un alto en su estilo, el mago del suspense, abandonaba en Psicosis su clave principal (que el público sepa más que los personajes) para adentrarse en el terror, cosa para la cual necesitaba prescindir de la complicidad del público. En esta ocasión se nos engañaba como espectadores desde el mismo principio con pistas falsas que nos llevaban a un final inesperado. Nada era como esperábamos. Y para proteger ese juego, esa sorpresa final, se puso en los cines y prensa la advertencia de que nadie podría entrar en los salas donde se proyectara una vez comenzada la película, aunque fuera la mismísima Reina de Inglaterra (dedicamos en su día todo un artículo a esa campaña publicitaria).  A la vez que se rogaba que no se contara su final a nadie.

Si tal es la importancia de Psicosis no es de extrañar que sea su rodaje el punto de partida del biopic facturado por Sacha Gervasi.  Tal como Spielberg se centra en la aprobación de la decimotercera enmienda para su biografía de Lincoln, también en Hitchcock (2013) un episodio especialmente nuclear es tomado como motivo central para desplegar a su alrededor las claves de toda una vida y un personaje. Sin llegar a la excelencia de la última cinta de Spielberg, Sacha Gervasi nos ofrece un filme correcto que se disfruta más cuánto más familiar no es la figura del biografiado.

La historia dirigida por Gervasi se basa  en el libro Alfred Hitchcock and the making of Psycho, escrito por Stephen Rebello, que relata detalladamente todos los vaivenes de la montaña rusa que fue la realización del emblemático filme. Pero que nadie espere un «Así se hizo…» al uso o el biopic le va a decepcionar. En verdad Psicosis y su entorno no es más que una excusa para desvelar el carácter del genio. Hitchcock_PósterUna excusa argumental bien tratada, eso sí: viendo la película de Gervasi nos hacemos una idea de cómo funcionaba la industria del cine en el Hollywood del fin de los cincuenta con la política de estudios al borde de su declive pero aferrándose todavía a su poder, de hecho para realizar Psicosis Hitchcok tuvo que autofinanciarla porque la Paramount no quiso hacerse cargo de esa empresa demasiado temeraria para sus intereses (aunque si accedió a distribuirla). Conocemos también el funcionamiento del Código Hays, las directrices que imprimía y la perspicacia de los directores para violarlo respetándolo; Hitchcock, con su ironía británica, era especialmente hábil en burlar a los censores. Y, por supuesto, está perfectamente recreado el ambiente del rodaje, así como el destacado de las principales secuencias del filme dentro del filme, ahí está Marion Crane huyendo en su coche, los nervios por cumplir las indicaciones del inglés sobre la secuencia del asesinato del detective Arbogast y, cómo no, todo lo relacionado con la escena de la ducha (70 planos y siete días de rodaje para unos cuantos segundos).

Los más informados descubrirán inexactitudes, no se señala la importancia de Saul Bass, por ejemplo, pero se trata de licencias «poéticas» para centrar más los intereses de la historia. A Gervasi le interesa dar pinceladas sobre las obsesiones de Sir Alfred: la culpa, las madres dominantes y castradoras, las rubias inalcanzables y el cine como ejercicio de voyeurismo en el que se descargan y se diluyen nuestros impulsos más violentos. Se retrata su dilección por los recovecos más perversos de la mente humana recurriendo a la presencia onírica de Ed Gein, rizando así el rizo de lo metacinematográfico. Pero sobre todo lo que le interesa al director del biopic es el lado más humano del genio. Nos muestra su yo más vulnerable, sus vacilaciones llevadas, eso sí, elegantemente bajo una capa de flema e ironía y, sobre todo, descubrimos esa presencia fundamental que fue, para su vida y su obra, su esposa Alma Reville.

gallery_normal_05

En verdad, este biópic, esconde en su interior una comedia romántica, pues su punto central es la historia de amor entre el director y su esposa, y, aunque el sujeto biografiado sea él, casi podría decirse que la protagonista es ella. Un protagonismo en segundo plano el de Helen Mirren en el film, como lo fue el de Alma Reville en la vida. Alma era una prometedora y joven montadora de cine, además de una gran amante del séptimo arte, que se casó con Hitchcock en 1926 y durante los siguientes 54 años fue su esposa, confidente y silenciosa colaboradora. A no ser que fuera importante, ella nunca iba al set donde rodaba su marido, pero jugó un papel esencial a lo largo de toda su carrera como montadora y asesora de guion, y probablemente era la opinión que Hitchcock más tenía en cuenta en cada uno de sus filmes. La película la retrata como una mujer de carácter capaz siempre de estar a la altura y de confiar en su esposo quizás incluso más de lo que confía él en sí mismo. Sexagenaria ya, sigue conservando su atractivo, más por sus virtudes que por su belleza física, en la obra de Gervasi se insinúa que, llegado el punto decisivo para la carrera de su esposo que supuso embarcarse en el rodaje de Psicosis, Alma vivió un momento de duda y rebeldía y quiso probar sus alas al margen de él (incluido un elegante galanteo con un escritor, de cuya veracidad no tenemos noticia), cosa que habría agudizado las inseguridades de Hitch (como se hacía llamar familiarmente). Hitchcock, la película, no pasa de ser una amable producción hollywoodiense y resuelve el conflicto con el reconocimiento de la importancia que cada uno tenía para el otro y la aceptación de Alma de ser la fuerza en la sombra. La película no destaca en cuanto a lo que a profundización psicológica se refiere, pero al menos hay que reconocerle que nos deja con ganas de saber más de esa mujer que acompañó al maestro durante más de cincuenta años.

Lo que si destaca en Hitchcock es el trabajo de casting. Hopkins da el perfil panzudo del director gracias a su perfecta y sobria interpretación. Preguntado por  su relación personal con el universo Hitchcock respondía «Siempre me ha fascinado Hitchcock. (…)Mi primer trabajo a nivel profesional fue en el teatro en 1960, en la ciudad de Manchester, y recuerdo que solía ir al cine y que en las salas ponían PSICOSIS. Fui a ver la película un domingo por la noche, en octubre de ese año, y no creo que me haya asustado más en toda mi vida. Probablemente fue la mejor película que vi durante aquella época. LA VENTANA INDISCRETA y PSICOSIS son mis dos películas favoritas». Sin desmerecer el trabajo del actor británico hay que poner también en su lugar el importante trabajo de caracterización a cargo de los grandes especialistas Berger y Nicotero. Howard Berger trabajó muy duramente durante semanas para idear un proceso que no resultara demasiado gravoso para Hopkins, aunque señala que la disposición del actor era plena. “Tony estaba dispuesto a dejarse hacer prácticamente cualquier cosa, pero a todos nos satisfizo mucho lograr un proceso de caracterización cuya aplicación solo llevaba finalmente 90 minutos”.

Scarlett Johansson consigue recrear a la atractiva Janet Leigh, sus expresiones, encanto y gestos.  Al investigar sobre su papel, Johansson dice que se dio cuenta de que Janet Leigh gallery_normal_14tenía una relación muy singular con el director, una relación que rompió los moldes de Hitchcock. “Ella era diferente porque estaba casada con Tony Curtis y tenía tres hijos, por tanto, no se ajustaba mucho a esa categoría de rubia inalcanzable. De hecho, no estaba disponible porque era esposa y madre, pero también era una chica divertida y sexy, así como una confidente con la que Hitchcock pudo tener algo muy parecido a una amistad”, observa Johansson. “En la película, la relación profesional entre ambos brinda la oportunidad de ver el lado más pícaro de Hitchcock, su lado más travieso e infantil” Para preparar la producción, Johansson pasó un tiempo con la hija de Janet LeighJamie Lee Curtis, que le dio una perspectiva más amplia de su progenitora. “Jamie fue tan encantadora conmigo y me ayudó tanto que claramente se notaba que era un hija orgullosa”, recuerda Johansson. “Jamie me envió unas preciosas fotos de familia y me habló extraordinariamente bien de su madre, como lo hace todo el mundo dentro de la industria. Por todo lo que he oído y leído sobre ella, Janet era una mujer modesta, con los pies en la tierra y, antes que nada, una madre maravillosa, lo cual creo que me aportó mucha información”.

gallery_normal_09A la altura están otros compañeros de rodaje como Jessica Biel  en el papel de Vera Miles, James D’Arcy dando vida a un convincente Anthony Perkins y una irreconocible Toni Collette como la también fundamental secretaria del director, Peggy Robertson. Sacha Gervasi quería, además, rendir tributo a Bernard Herrmann, interpretado por el actor Paul Schackman, un auténtico sosias del compositor. Pero en el apartado musical no quería una mera imitación, quería también que el filme tuviera su propia y distintiva sensibilidad en ese terreno; que fuera tan ocurrente, enigmática y sorprendentemente romántica como la historia de Hitch y Alma. Para ello, Gervasi recurrió a Danny Elfman,

compositor nominado al Oscar en cuatro ocasiones, conocido sobre todo por su trabajo en una ecléctica e inolvidable serie de películas, sobresaliendo siempre en sus colaboraciones con Tim Burton. La fuerte química entre Hopkins y Mirren se convirtió en el punto de partida del trabajo de Elfman, lo que le alejó bastante del más obvio terreno de la nostalgia o el simple homenaje a la música del cine hitchcockiano. El compositor no dudó en absoluto de que lo último que quería hacer era intentar repetir como un loro la perfecta banda sonora compuesta por Herrmann. “Sacha y yo hablamos mucho al principio sobre esa idea de no intentar nunca repetir lo que ya hizo Herrmann, ni siquiera que sonara parecido”, manifiesta Elfman.

Para el final hemos dejado el trabajo de Helen Mirren, una de las pocas actrices que ha ganado los 4 premios principales dentro del cine comercial por una sola película, The Queen (Óscar, BAFTA, Globo de Oro y Premio del Sindicato de Actores) y que nuevamente opta a la estatuilla por su interpretación de Alma Reville. “Su naturalidad al interpretar a este personaje es realmente extraordinaria”, señala Gervasi. “Es increíblemente mordaz, pero también muy sincera. El toque Mirren es efectivamente mágico, y no es posible explicar exactamente en qué consiste ni puede entenderlo un simple mortal como yo”. Para interpretar a Alma, Mirren dispuso de muy pocas referencias; quedan pocas imágenes suyas que describan su particular gestualidad. Pero Mirren encontró intuitivamente una manera metiéndose directamente en la piel del personaje. Para la actriz la clave estaba en el sentido del humor, Alma habría coincidido con su marido en ese modo negro y mordaz de entenderlo, y en nuestra opinión, la actriz ha sabido hacer traspasar la inmensa ternura que suele velarse en ese tipo de sarcasmo. Dicho con sus propias palabras: «yo creo que Alma y Hitch conformaban, a su modo –divertido y poco sofisticado–, una especie de gran sociedad de Romeo y Julieta. Fueron increíbles compañeros de vida, y yo creo que nos podrían enseñar algo a todos sobre cómo lograr el éxito en el matrimonio». Helen Mirren es lo mejor de la función, gracias a ella se consigue el objetivo de la película y nos sentimos atraídos a investigar a esas «cuatro» personas a las que Hitchcock dedicó el único premio recibido como homenaje a toda su carrera: “Les ruego que me permitan mencionar el nombre de sólo cuatro personas, que me han brindado su más profundo afecto, compresión y aliento, además de su permanente colaboración. El primer nombre corresponde a una montadora, el segundo a una guionista, el tercero a la madre de mi hija Pat [Patricia Hitchcock] y el cuarto es el de una cocinera tan extraordinaria que es capaz de hacer milagros en la cocina. Y el nombre de todas ellas es Alma Reville”

alfred-hitchcock-wife-alma-reville-1956

Categorías: CINE CLUB, VAMOS DE ESTRENO

Las favoritas de Serendipia 2012

11 enero 2013 1 comentario

Pues ahora que ya ha pasado la fiebre de las fiestas navideñas, se han cerrado las listas de propósitos y se han acabado los recuentos de lo más del 2012, nosotros nos descolgamos con nuestra propia lista. No hay mejor criterio (en nuestra opinión) para confeccionar un listado que dejarse llevar por el recuerdo y destacar aquello que ha dejado huella en nuestra memoria, porque así es como les llegará a las generaciones venideras: los hitos de la historia los forja la memoria colectiva. No hemos hecho distinción sobre si han sido estrenadas o no en nuestras salas, se trata sólo del humilde resumen de lo que más nos ha agradado entre lo mucho visto en este pasado año. Ahí va:

1 – LA INVENCIÓN DE HUGO (Martin Scorsese)

Porque es puro cine e ilusión. Una película con mayúsculas que todos los que amamos el cine sentimos en nuestro corazón. La vimos con la boca abierta. Además de tener un  3-D inteligente. al que se le extrajeron sus mejores posibilidades. Obra maestra indiscutible que fue acogida con grandes aplausos por la crítica presente en el pase de prensa en el que estuvimos. Nuestro juicio sobre ella lo podéis encontrar aquí.

2 – COSMÓPOLIS (David Cronenberg)

En esta nuestra era de la información hemos entrado en barrena hacia una crisis sistémica que ya define lo que va de siglo. Si una obra de arte lograra explicitarlo como imagen, como símbolo, esa sería la obra de arte que expresara el espíritu de nuestro tiempo (el zeitgeist) y eso es precisamente lo que ha conseguido Cronemberg en Cosmópolis de la mano de la novela de Don DeLillo. Podría decirse sin exagerar (o así nos lo parece) que la última cinta del canadiense es la primera que logra hablar del S. XXI.

3 – CHAINED (Jennifer Lynch)

La destacamos dentro de nuestro comentario al Sitges 2012 porque Lynch hija se revela como una cineasta con mucho talento y muchas cosas que contar. Mención especial del jurado en el Festival de la Blanca Subur, Chained supone una sumersión en lo más sórdido de un asesino serial desde el punto de vista de una de sus víctimas. Porque todavía se puede inquietar desde la pantalla aunque la realidad sea siempre peor que la ficción, no podía faltar en nuestra lista de favoritas. Una aproximación al mal puro desde parámetros realistas.  

4 – ARGO (Ben Affleck)

Más cine dentro del cine. Inteligente y emocionante. Se sabe que todo terminará bien pero, uno no puede menos que seguir pegado a la butaca hasta el último momento. Ben Affleck se revela como un director con muy buen pulso narrativo, le deseamos una larga trayectoria.

5 – CABIN IN THE WOODS (Drew Goddard)

Juego con el espectador de cine de género pero muy, muy inteligente. Mucho más que los distribuidores españoles, que no han llegado a adquirirla para su exhibición en salas. Una disfrutable cinta como pudo comprobarse durante su pase en el Festival de Sitges. Ha generado largos debates en foros y blogs por esa manipulación de las convenciones hasta convertirlas en un vehículo para la originalidad más absoluta.

6 – MANIAC (Franck Khalfoun)

A priori daba mucho miedo este posible sacrilegio del gran clásico de William Lustig, pero esta adaptación supera con nota lo que se podía esperar. Gore, mal rollo y un punto de vista que, no es la primera vez que se utiliza, pero que resulta muy valiente en estos tiempos. Nos quitamos el sombrero.

7 – HARA-KIRI (Takashi Miike)

En puridad se trata de una película del 2011, pero como se ha estrenado en salas comerciales justo en el año que acabamos de abandonar la incluimos en nuestro Top Ten. Miike nos sorprendía con esta cinta (remake del film de 1962) por su dominio de la narración clásica japonesa, si nos hubieran dicho que se trataba de una película de Kurosawa lo creeríamos. Cinta crepuscular, nos habla del ocaso de los samurais con una tonalidad trágica adecuada a ese canto de cisne. Por criticar algo, diríamos que el 3D era innecesario.

8 – COMPLIANCE (Craig Zobel)

Ya les hablamos de esta detenidamente. Nos gustó y nos perturbó. Una película realizada con escaso presupuesto pero con una inquietante premisa como punto de partida. Y lo peor es que todo es real. Hubo quien no se lo creyó. Nosotros sí.

9 – SHAME (Steve McQueen)

Más realidades. Estas más ocultas. Un fantástico actor haciendo un viaje a los infiernos de la obsesión. Merecidamente tuvo repercusión. Incómoda. Libre. No deja indiferente.

10 – ARRUGAS (Ignacio Ferreras)

Agraciada con el Goya a la mejor cinta de animación, Arrugas cómic y película, nos propone un viaje a la vejez, al drama de la pérdida del yo, pero lo hace con ternura y señalando que ese periplo que todos hemos de recorrer tiene más de agridulce que de trágico. Y es mucho más que un sondeo del retiro al que estamos abocados, es una historia sobre la amistad, sobre el amor que podemos profesarnos unos a otros, y sobre cómo éste puede ser el amable compañero que dulcifique nuestro tránsito. Tuvimos ocasión de comentarlo en este mismo blog.

Y MENCION PARA ANTIVIRAL (Brandon Cronenberg), CHRONICLE (Josh Trank)  Y THE DARK KNIGHT RISES (Christopher Nolan).

Ya que no queríamos cerrar este artículo sin incluir una mención a estas tres películas que también merecían figurar en nuestro particular palmarés, si no hubiésemos decidido acotarlo a diez por aquello de la magia de los números redondos.

Categorías: VAMOS DE ESTRENO

Sitges 2012: el fin de una era, Cosmópolis

6 noviembre 2012 Deja un comentario

Quien tiene la información, tiene el control, ese fue uno de los descubrimientos más importantes de la matemática del siglo XX, ahora en plena era de la información es más cierto que nunca. Pero también es un valor sutil que va de la mano de la entropía. La Entropía puede ser considerada como una medida de la incertidumbre y de la información necesarias para, en cualquier proceso, poder acotar, reducir o eliminar esa incertidumbre. Los mensajes menos probables son los que más información aportan, y eso es lo que anhelamos, pero en ellos va el riesgo del desorden de la incomprensión y el colapso, esto es del desorden, del descontrol. Y ahí mismo estamos ahora en nuestra época de crisis sistémica. Si una obra de arte lograra explicitarlo como imagen, como símbolo, esa sería la obra de arte que expresara el espíritu de nuestro tiempo (el zeitgeist) y eso es precisamente lo que ha conseguido Cronemberg en Cosmópolis de la mano de la novela de Don DeLillo. Podría decirse sin exagerar (o así nos lo parece) que la última cinta del canadiense es la primera que logra hablar del S. XXI.

Si en Holy Motors el representar humano viajaba en una metafórica limusina, en Cosmópolis es el capitalismo que boquea (prometiendo llevársenos a todos por delante) el que viaja en ese vehículo aislante. Los mercados, esos entes intangibles que dirigen a nuestros estados y a nuestra propia existencia, toman carne en la figura de Eric Packer (Robert Pattinson), el chico de oro de las altas finanzas que en el día que toma su decisión profesional más drástica siente la necesidad de recorrer la ciudad para cortarse el pelo, un acto aparentemente trivial que se convertirá en un trágico descenso a los infiernos en los que habrá de encontrar su némesis. Durante ese día (en la novela abril del 2000 y sin fecha precisa en la película) Nueva York se colapsa por la visita del presidente de los EE.UU. y Packer irá teniendo encuentros dentro de su receptáculo. El colapso del tráfico corre parejo a su propio colapso, y al colapso del mercado de divisas por su ataque al yuan (China, ese peligro). Un viaje en el que el protagonista se va despojando de todo lo que le describe y llega así a su acto final en el que se encuentra con su antagonista Benno Levin (un siempre excelente Paul Giamatti).
Lo que más atrajo a Cronemberg de la novela de DeLillo fueron sus diálogos, tanto es así que para preparar el guión copió todos los diálogos sin variar nada. El resultado es una película preñada de concepto que nos invita a analizar el presente desde nuestro raciocinio. Esa densidad de los diálogos supuso un reto especialmente para la banda sonora encargada al habitual mñusico del director, Howard Shore, Las dificultades para el escore las expresó el mismo Cronemberg en una entrevista: : «Howard Shore fue una de las primeras personas a las que le envié el guión. Tenía dos características. Primero, incluía música, con canciones del rapper Brutha Fez o Erik Satie. Además tenía mucho diálogo, algo que es un desafío para la banda sonora, sobre todo cuando los diálogos son sutiles, no puedes poner trompetas por encima. Necesitábamos música que fuera discreta pero a la vez capaz de establecer un cierto tono. Howard trabajó con la banda canadiense, Metric, su cantante Emily Haines usa su voz como instrumento, de una manera sutil que encaja perfectamente con nuestras necesidades«
También supuso un desafío para Pattinson que está presente en todas las escenas (el único plano en que no aparece en pantalla es un travelling subjetivo desde su punto de vista), Cronemberg le tuvo en mente para el papel desde el principio: «Su trabajo en Twilight , aunque por supuesto cae dentro del estereotipo. También vi Little Ashes y Remeber me y me convencí de que podía ser Eric Packer. Es un papel duro, aparece en cada toma, y creo que nunca había hecho una película con un actor que literalmente no abandona la pantall en ningún momento. La elección de un actor es cuestión de intuición, no hay reglas ni instrucciones para ello«. Nosotros creemos que el éxito de Pattinson es su contención interpretativa, su rostro se nos representa impasible, casi impenetrable, el más adecuado para un personaje que busca la creación de significados que ya han desaparecido para él. Y es que esa donación de sentido sólo podría venir de un sentimiento apasionado, pero para él ya no hay camino hacia ello porque la vida ya le resulta demasiado contemporánea como para comprenderla y el amor ya no está a su alcance, a lo largo de su viaje por el colapso se irá distanciando de su esposa y el sexo se convertirá en un acto de consumo rápido. Sólo le queda acumular riqueza, pero toda riqueza se ha convertido en elemental y el dinero ha perdido su sentido narrativo porque, convertido en señor del tiempo, ha sacado el presente para construir un futuro imposible.

En cada nuevo encuentro su matrimonio fracasa un poco más

Packer se apea de su limusina-escudo en el lugar de su origen, vuelve al origen para concluir, para encontrarse con su reverso: Benno Levin, el hombre que habita el cementerio del presente, el hombre apeado del sistema al que sólo le queda la desesperación. Es la ira sorda del ahora para la que el capital no tiene oídos. Packer y Levin se encuentran tangencialmente en el punto en que los análisis fracasan, donde se agotan las armonías cruzadas entre los datos y la naturaleza: la asimetría que se escapa al cálculo echando por tierra todo el imperio de la comprensión racional. Y la acción violenta debiera obedecer a una causa, basarse en una verdad, ser un acto de conciencia atraído por la presión social, pero en el tsunami informativo que nos envuelve nos aboca al nihilismo político, a la anomía absoluta. El acto solitario de Levin quedará absorbido por la misma deriva del capital, no hay posibilidad de heroicidad salvadora alguna.

Sitges 2012: la reina del palmarés, Holy Motors

18 octubre 2012 Deja un comentario

Un año más el Festival de Sitges ha tocado a su fin. Atrás quedan las carreras para llegar a las colas en buen lugar, las risas, las cervezas, los comentarios y horas y horas de buen cine. Y como cada año la culminación ha venido con el anuncio del palmarés que este año ha tenido una novia indiscutible, la francesa Holy Motors que se alzaba con cuatro de los principales galardones: Méliès de Plata; Premio de la crítica; Mejor director para Leos Carax y mejor película. Amada y odiada por la crítica tras su paso por Cannes, en Sitges se convirtió en la película del festival, con permiso de The cabin in the wood (2012, Drew Goddard) que no concurría a la sección oficial. No es una película fácil, y aunque está llena de fantasía, no es una película de género, que haya resultado ser la ganadora indiscutible habla bien de la salud del fandom como colectivo que no se deja encasillar por sus gustos y que muestra ser apto para ejercicios de cinefilia de los que algunos le creen incapaz.

Jurado de la sección oficial en esta 45 edición (Foto: Serendipia)

Leos Carax no dirigía un largo desde 1999, llevaba trece años casi apartado del cine, y  ya antes se había tomado una pausa considerable entre Les amants du Pont Neuf (1991) y Pola X (1999) (concretamente ocho años), sigue siendo a sus más de cincuenta años el mismo enfant terrible que fue en sus inicios. Carax ha despertado desde siempre amores y odios irreconciliables, en 1999 se decía: «A Carax no se le puede ne-gar -pese a su inclinación al manierismo y el jugueteo audiovisual- talento, pero tampoco hay que escatimarle la petulancia, con frecuencia algo idiota, de los que se sienten genios incomprendidos, con el añadido de que en el arte la verdadera genialidad tiende casi siempre a la humildad como sombra inseparable y perturbadora» (fuente El País), duras palabras, sin duda. Para otros en cambio el francés se convirtió en director de culto, por lo breve y extravagante de su carrera, y ese aura impregna su última película, todo un ejercicio descarnado de reflexión sobre la vida y el cine que transpira pesimismo y voluntad a partes iguales.

A Holy motors se la califica de película de culto inmediato, se la podría tildar igualmente de obra personalísima no apta para todos los públicos, pero a nosotros todos esos calificativos se nos antojan huecos. Esos epítetos suelen esconder el extravío del crítico ante una obra difícil de juzgar, ante una obra como esta que dinamita todas las estructuras clásicas de la narración; no hay inicio ni desenlace sino que la película se mantiene en un prolongado nudo que deja sin resolver el conflicto, porque el conflicto es la vida misma y nuestra posición en el mundo. Durante las casi dos horas de proyección acompañamos a Óscar (Denis Lavant) en su viaje en limusina, conducida por la fiel Celine (Edith Scob), durante el que cumplirá con varias citas en las que adoptará diferentes personalidades, desde magnate de la banca a barriobajero asesino, pasando por padre de clase media, citas pues que funcionan casi como episodios separados engarzados por la línea común de ese viaje por la representación. Al espectador virgen, aquel que llega sin referencias sobre el film, le causará extrañeza porque, aunque nunca nada es real en la ficción al contemplarla nos esforzamos por crear la línea de la verdad en el relato, línea que normalmente es ocupada por la trama principal, jugamos a trazarle un perfil único al protagonista, a buscarle una lógica al relato incluyendo, si es necesario, episodios ficticios que se discernirían de la trama «real». Pero en Holy Motors no se da esa realidad de la ficción, como en un texto de Pirandello, la única tierra firme es la representación dentro de la representación, y su sentido no tiene excusa argumental. Así el filme se convierte en metáfora de la propia vida en la que todos vivimos sin guión.

Desde un sentir nihilista, Carax nos enfrenta en su última obra a la vida como representación. «Unos mueren y otros siguen viviendo» se nos dice en un momento del film, verdad perogrullesca que, sin embargo, pocos serán quienes la perciban en toda su crudeza. Para captar la tragedia que esconde esa afirmación tan simple es necesario haber demolido todos los filtros con los que nos enfrentamos al día a día, vivir desnudos ante la conciencia cárnica de la muerte, hay que haber percibido la fuga constante del tiempo como un fluir continuo e inapelable hacia la agonía del individuo y la continuidad de la existencia que no se compromete con ningún sujeto. Estamos aquí como actores de un guión no escrito, nuestro actuar es un representar sin cámaras ni público. Lo humano viaja sin repetición, no hay retorno a ninguna Ítaca, igual que Óscar en su limusina se desplaza de una actuación a otra sin solución de continuidad. Y en medio de esta fuga, los hombres modernos ya no quieren ver la verdad, ya no se comprometen con la acción, banales como el signo de los tiempos prefieren desprenderse de su responsabilidad con los motores de la historia, así lo concluye Carax en el epílogo dejándonos con un regusto amargo cuando se encienden de nuevo las luces de la platea.

Y no puede haber reflexión sobre la vida sino la hay también sobre el arte. Holy Motors es también un ejercicio de metacine. Ahí están las citas a Franju y a Renè Clair, pero ahí está sobre todo la pregunta por el sentido de seguir haciendo cine. Carax, a través del actor como alter ego, se manifiesta cansado ante un arte que ha perdido su poética, arrastrado hacia lo digital que lo vuelve todo más simple y superficial. Pero, con todo, no quiere tirar la toalla porque sigue importando crear belleza. Ahora bien, la belleza de la obra se completa en el espectador que la contempla, ¿podrá mantenerse en una sociedad en la que la mirada cada vez está menos educada? Con su arrolladora fuerza visual Holy Motors nos deja con la pregunta como problema.

Holy Motors funciona pues a varios niveles, como canto, como reflexión, como interrogante, pero lo que nos acompañará siempre de ella es su poderío visual, porque no deja resolverse en el plano conceptual. Lo que más cuenta es el anonadamiento estético en el que nos sume y esa sensación de dulce tristeza que era comentario general a la salida del cine. Podrá decidirse que es un tipo de cine que no nos interesa, e incluso abandonar la proyección, pero nadie podrá negarle nunca su carácter de sinfonía de imágenes inquietantes. Difícil de catalogar, nos atrapará o nos provocará rechazo, pero a nadie le va a dejar indiferente este ejercicio cinético y el reto actoral que presupone. Para gozarla u odiarla, no admite término medio.

Abbott y Costello contra los fantasmas vuelve a la pantalla

Coincidiendo con el centenario de Universal Pictures, Sherlock Films y Cines Verdi reponen en Alta Definición (2K) para el próximo 24 de agosto  la entrañable comedia de terror, Abbot y Costello contra los fantasmas (Bud Abbott & Lou Costello Meet Frankenstein, 1948) de Charles Barton, protagonizada por el mítico dúo cómico que da nombre al título, así como por Lon Chaney Jr., Bela Lugosi y Glenn Strange.

Noticia que me llena de una íntima  alegría ya que este film fue para mí una bomba de relojería. Les cuento:

Durante toda mi niñez fui alimentando con tebeos que mi progenitor compraba y luego me pasaba. No, yo no recuerdo haber leído cuentos, ni demasiados Pulgarcitos o TBO. No. Mi padre, en cuanto terminaba su Vampus, Dossier Negro, Rufus o Vampirella se lo daba al niño, que los devoraba y coleccionaba con fruición y cariño. Tambien mi padre me hablaba de unos actores de los que no podía ver películas porque ya no las daban en el cine, como Bela Lugosi, Boris Karloff o Lon Chaney. Veía sus fotos en artículos en esos mismos comics y deseaba ver esos grandes clásicos pero… nada. No olviden de que les hablo de mucho antes de la eclosión del video doméstico. Así que cuando reestrenaron en 1975  Abbott y Costello contra los fantasmas y pasó por el cine de mi barrio, no perdí la oportunidad de verla. Y volverla a ver. Y otra vez… incluso pedí el cartel al dueño de la sala y aún lo conservo. En el cartel no veía a esos humoristas (o caricatos, como decía mi padre) que desconocía: veía a Frankenstein, Drácula y el hombre lobo y sobre todo los nombres de Bela Lugosi y Lon Chaney.

Tampoco es sorprendente que este film esté marcado a fuego en la memoria de los denominados «Monster Kids» americanos. Toda una generación que creció durante los cincuenta y principios de los sesenta con los pases de los clásicos del horror en la naciente televisión.  Y claro, con la aparición de la revista Famous Monsters, que desató toda una locura de merchandising monstruoso, haciendo nacer aficiones por este cine en los sanos niños americanos que no siempre fueron bien vistas por unos progenitores que, al encontrar estas publicaciones en poder de sus vástagos sufrian sofocos mayores que los que pasarían si lo que hubiesen hallado en el cuarto de su hijo fuera una revista danesa. Así que si bien estos padres eran reacios a que sus hijos vieran los films de terror puro y duro, no lo eran tanto si se trataba de este pequeño-gran clásico de la comedia. ¡Que equivocados estaban! No había nada que hacer ya que este film funciona en ambos niveles: como film terrorífico y como comedia. Y estos «Monster Kids» al igual que el que esto escribe, quedamos marcados para siempre bajo el influjo de los monstruos de la Universal.

EL ÚLTIMO CLÁSICO DE LOS MONSTRUOS UNIVERSAL

Sinopsis: Los cuerpos del Conde Drácula (Bela Lugosi) y del monstruo de Frankenstein (Glenn Strange) viajan a los Estados Unidos desde Londres para ser exhibidos en el Museo del Terror. Chick y Wilbur (Abbott y Costello) son los desastrosos transportistas encargados de llevarlos hasta allí. Pero esa noche, las temibles criaturas vuelven a la vida: El Conde Drácula huye junto al Monstruo de Frankenstein para buscarle un nuevo cerebro. Para poder atraparlos, Chick y Wilbur contarán con la ayuda de Larry Talbot (Lon Chaney Jr.) un misterioso personaje del que les conviene mantenerse alejados las noches de luna llena… Una delirante aventura sembrada de caos, terror y risas.

Bud Abbott y Lou Costello fueron el dúo cómico más famoso de los años 40 y 50, triunfando en el teatro, la radio y la TV. Juntos protagonizaron más de treinta películas, casi todas bajo la producción de Universal. En ABBOTT Y COSTELLO CONTRA LOS FANTASMAS, considerada la mejor película de la pareja, protagonizan una entrañable aventura fantástica acompañados de los míticos monstruos del estudio, interpretados por tres de sus grandes estrellas: Bela Lugosi (Drácula), Lon Chaney Jr. (El hombre lobo) y Glenn Strange, el actor que más veces interpretó al Monstruo de Frankenstein junto a Boris Karloff. Juntos, con esta película, culminan una etapa en la que dominaron las taquillas durante más de una década. Más tarde, y visto el éxito de esta combinación de humor-terror, el dúo cómico no dudó en repetir el cóctel con otros film de menor calado como, entre otros, los siguiente títulos dirigidos por Charles Lamont: Abbott and Costello meet the Invisible Man (1951), Abbott and Costello Meet Dr. Jekyll and Mr. Hyde (1953) o Abbott and Costello Meet the Mummy (1955). Películas que, por otra parte, siguen teniendo valor para el aficionado al fantástico.

Para cuando se rodó esta película,  los pobres Frankenstein, Dracula y el hombre lobo, la santísima trinidad de los monstruos Universal (a la que también se le añade actualmente el hombre invisible, el fantasma de la ópera, la novia de Frankenstein y la criatura de la laguna negra), estaban a punto de ser desbancados por monstruos gigantes, atómicos  y sobre todo, por los alienígenas venidos de otros mundos. Así que le tocó a esta comedia cerrar el ciclo clásico de la Universal, ciclo que se inició, si nos ceñimos a los tres más reconocibles, en 1931 con el Drácula de Tod Browning. Que fue seguido por Frankenstein (1931, James Whale) y ya en los años cuarenta El hombre lobo (The Wolf Man, George Waggner). Las criaturas dieron para algunas secuelas (que fueron menguando en ideas y presupuesto)  y su encanto se terminó de explotar  combinando los personajes entre sí en unos films que, si bien son la cota más baja de la serie, tienen un encanto incontestablemente naif.

Ya no quedaba mucho por hacer con los atormentados monstruos. El siguiente proyecto, en linea con los anteriores cócteles de monstruos se pensaba titular El cerebro de Frankenstein, pero convirtiéndolo en una comedia protagonizada por los cómicos que estaban salvando de la bancarrota a Universal (al igual que lo hicieran antes las películas de horror). Abbot y Costello harían blanco de sus humoradas a aquellos monstruos  que tanto miedo hicieron pasar a los espectadores dos décadas antes. Pero el resultado no fue tal. Vista ahora no desmitifica a nuestros queridos monstruos, muy al contrario, los ensalza e incluso les ofrece un digno canto de cisne.

Si, de acuerdo que la criatura del Dr. Frankenstein es poco menos que un bruto muy alejado de aquel humanizado ser que nos ofrecieron  Whale/Karloff en la obra maestra La novia de Frankenstein, pero uno no puede menos que compadecerse de él en vista de los planes que tiene el maléfico doctor/vampiro interpretado por Lugosi: poner en su cabeza «abre fácil» el cerebro de Lou Costello (¡!). Si bien no se pudo contar con Karloff para incorporar a la criatura, si pudo tomar parte Glenn Strange, áctor que ya lo había interpretado en los dos últimos cócteles de monstruos Universal (House of Frankenstein y House of Dracula). Por su parte Bela Lugosi retoma en el cine el personaje de Drácula por segunda y última vez  con la dignidad que le caracterizó. Para él está interpretando una película seria, y como tal actúa haciendo, además del papel vampírico, el de científico (aquí si) tan rematadamente loco como para querer hacer semejante trastada al buen monstruo de Frankenstein.  Por su parte Lon Chaney Jr. repite su caracterización de atormentado Larry Talbot, que lo único que quiere es curarse de la maldición licantrópica y cuyas transformaciones dan pié a algunos de los momentos más cómicos del film.
La propaganda del film especificaba «Hasta los monstruos mueren de risa» y en estas tomas falsas puede verse que es cierto:

Muchos años después de haberla visto de niño compré el DVD y quise, no sin cierto reparo, volver a verla. Y me llevé la gratísima sorpresa de disfrutar con la película igual o más que entonces. Es un film que siempre me agrada ver, así que no desaprovecharé la oportunidad que nos ofrece Sherlock films de poder disfrutar de nuevo en pantalla grande de este, si, gran clásico. Se puede opinar que quizás  no es el más indicado para celebrar el centenario de Universal y que algunos de sus gags pueden estar un tanto trasnochados pero, en estos tiempos que corren un poco de alegría se agradece, así que no se puede más que aplaudir esta iniciativa.

“Ya no se hacen películas como ésta. Los momentos de terror dan miedo de verdad y las escenas de comedia son realmente divertidas. Una de mis favoritas desde los cinco años” Quentin Tarantino –

En los CINES VERDI de MADRID y BARCELONA, podrá verse en los siguientes horarios y en las siguientes versiones:
  • 16:15 h. y 18:15 h. (VERSIÓN DOBLADA CON EL DOBLAJE DE LA ÉPOCA)
  • 20:15 h. y 22:15 h. (V.O.S.E.)

Por cierto, el cartel que se ha escogido para esta nueva reposición reproduce aquel que, con nueve años de edad, pedí en el cine y que conservo con tanto cariño.

Hablando de carteles. Aquí tenemos el de su estreno en España (1950):

El de su reestreno en 1965:

Y el de la reposición de 1975:

Pollo con ciruelas, con Irán en el corazón

Aunque nada pueda hacer volver la hora/del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores/no debemos afligirnos, pues encontraremos/fuerza en el recuerdo. Estas palabras de Wordsworth inspiraban la película de Elia Kazan de 1961 Esplendor en la hierba (Splendor in the grass) y un detalle de la escena final ilustra perfectamente el sentido de los versos: Wilma Dean Loomis (Natalie Wood) se reencuentra con su primer amor, Bud Stamper (Warren Beaty), él es ahora un modesto granjero, padre de un hijo, que está casado con Angelina (Zohra Lampert) una joven de clase humilde; Wilma Dean lleva un precioso vestido blanco con pamela a juego, Angelina viste con ropas sencillas, poco favorecedoras y algo desaliñadas, cuando se han despedido ambas mujeres hacen el mismo gesto, pinzan sus vestidos con el pulgar y el índice, una porque(Angelina) se siente poca cosa ante la otra, mientras que en Wilma Dean el gesto traduce su sensación de inutilidad ¡tantas alforjas para tan poco viaje!  Ese pequeño detalle resume el sentimiento romántico: el ideal permanecerá siempre inalcanzable en la memoria, mientras la vida cotidiana, pese a su poco encanto, nos envolverá de confort. Esa misma melancolía es la que inspira la última película de Marjane Satrapi, Pollo con ciruelas (Poulet aux prunes, 2012).

La iraní afincada en Francia, autora de Persépolis (2007), vuelve a la dirección para adaptar otra de sus novelas gráficas, un relato que comienza en noviembre de 1958, pero viaja atrás y adelante en el tiempo; cuenta la historia de Nasser Ali Khan, un músico de tar, un laúd iraní (que en la película es sustituido por un violín), que decide dejarse morir después de que su mujer le rompa su instrumento de trabajo en una riña conyugal. Sólo al final de la obra conoceremos los verdaderos motivos de la decisión de Nasser. Tras ver la película una de las primeras cosas que nos llama la atención es el título, ¿por qué Pollo con ciruelas? Explicarlo implica revelar datos importantes de la trama, pero esta, como en otras ocasiones, es una crítica con spoilers. Nasser Ali es uno de esos seres que renuncian a la vida para consagrarse al arte después de haber perdido a su gran amor Irán. Con todo no renuncia al matrimonio y hasta es padre de dos hijos, su vida conyugal parece gris y anodina, pero Faringuisse, su esposa, esconde un secreto: ha estado enamorada desde niña del gran músico y toda su vida se consagró a esperarle; bajo su carácter agrio, siempre disgustada por lo poco que colabora  Nasser Ali en lo doméstico, se esconde un corazón apasionado que sólo consigue expresarse y ser reconocido cuando cocina su plato favorito, ese pollo con ciruelas que da título tanto a la novela como a la película. Pollo con ciruelas simboliza, pues, la vida que se enfrenta al arte, esa esfera tan prosaica, pero tan confortable, que depara pequeñas satisfacciones que nos permiten resistir los días, es el mundo de lo cotidiano, tan alejado de las esencias que atrapa el arte en su belleza, pero tan necesario para subsistir en armonía con el entorno. Faringuisse es la esposa, pero es a la vez la otra, la que Nasser Ali ignora porque ha renunciado a la vida aún antes de decidir morir, renuncia desde el momento en que es alejado de Irán, su amor-pasión, y condenado a disfrutar sólo de los sones de su violín, Nasser Ali se entregará al arte y quedará castrado para lo diario. Esa es la eterna dialéctica arte-vida (tópico tan querido por Thomas Mann) de la que Satrapi nos da un exquisito tratamiento melancólico-fatalista, de regusto agridulce como ese platillo que combina lo dulce y lo salado.

Exquisito es también el tratamiento del tiempo de narración.  Después de acompañar a Nasser Ali en la infructuosa búsqueda de un nuevo violín, nos quedamos con él durante los ocho días en que tarda la muerte en presentarse una vez Nasser Ali la ha invocado, la película se secuencia en ocho episodios en los que Satrapi construye el tiempo deconstruyéndolo en flashbacks y flashforwards. El tiempo de la narración son esos ocho días, pero los continuos saltos hacia adelante y hacia atrás nos permiten conocer toda la vida del músico desde su infancia y, aún más, adelantarnos en el futuro para conocer la de sus propios hijos.  El tiempo está ordenado de tal forma que ambas mujeres, ambos polos de la dialéctica, ocupan un lugar destacado, justo a mitad de la secuencia de días que anteceden a la muerte sabemos del pollo con ciruelas, pero sólo en el clímax del último episodio conocemos su significado y sabemos de la existencia e importancia de Irán, la joven a la que amó y perdió. Contado así, el relato de la vida de Nasser Alí se asemeja a los cuentos persas y su estructura de narraciones dentro de la narración propia de los contadores de cuentos, no falta incluso un clásico de la literatura irania, el mismo que versionó Cocteau en  El gesto de la muerte,  puesto en boca de Azrael (el ángel de la muerte) y referido en forma de episodio de animación pura. Y añadimos el calificativo ‘pura’ porque, aunque  es de imagen real, la película de Satrapi tiene la fantasía, la inventiva y la libertad de una película de animación, incluso no son pocas las veces en las que los fondos se convierten en dibujo y conforme avanza el metraje se van tomando mayores libertades con el realismo. Podría decirse que Pollo con Ciruelas estilísticamente es el reverso de Persépolis, si en su ópera prima el último plano dejaba entrar la imagen real, ahora la imagen real se estiliza hasta convertirse en pictórica; aquella era una película de animación con la intensidad, la profundidad y la emoción de un film con actores mientras que su nueva obra es una cinta con actores que rompe con las clausulas del realismo hasta el punto de que los planos se convierten en viñetas.

Fiel a la novela gráfica que la precede, pues, Pollo con ciruelas es una fábula sobre el sentido de la vida impregnada del fatalismo de los rubayats de Omar Khayyam, de los cuales se cita incluso uno:

Tomo por testigo a mis dos orejas, nadie nunca pudo decirme / por qué me hicieron venir y por qué hacen que me vaya.

Marjane Satrapi confiesa que la muerte la obsesiona y quiso convertirla en libro, contar una historia nihilista sobre la vacuidad que nos espera tras ella. Y nihilismo rezuma Pollo con Ciruelas, pero ese nihilismo persa que llevó al citado Khayyam a componer versos anacreónticos, esas composiciones líricas que cantan a los placeres de la vida, el vino y el amor. Porque ni todas nuestras lágrimas juntas podrían cambiar un sólo punto en los dictados de ese destino que nos condena a la desaparición, vale la pena disfrutar de cada instante, entregarnos a la pasión o, en su defecto, de su sublimación en el arte, siempre con la conciencia clara de que estamos de paso y cada momento es único. Es un estado agridulce del alma que nos llena de tibia voluptuosidad melancólica.

Dirán algunos que es una película muy francesa y no les faltará razón, Francia es el país de acogida de Satrapi, pero más allá de ello es irania hasta la médula y es que la autora, igual que Nasser Alí tendrá siempre a Irán en su corazón. Allí había alguien, allí no había nadie, así empiezan los cuentos persas.

Prometheus, el enigma de lo humano

29 julio 2012 3 comentarios

Aquí me afianzo

y formo hombres

según mi idea.

A ese linaje semejante a mí

para que sufra y llore,

goce y se alegre

y te desprecie ¡Como yo!

Perfectamente podrían ser estas palabras de Goethe las que salieran de la boca de esta criatura con la que se inicia la última película de Ridley Scott. El inglés arranca su film con un prólogo de impacto, una secuencia que bien podría quedar inscrita en las antologías de las mejores escenas de ciencia ficción con aquella otra que nos regaló el mismo autor en Blade Runner. Y no sería vano, porque ese prólogo es toda una declaración de intenciones que nos pone sobre aviso de que estamos nuevamente ante el mismo tema que ha arrancado los más bellos fotogramas de Scott: Blade Runner se aparecía en su momento como una nueva tematización del mito de Prometeo, el cual es sin duda el más angular de Occidente en torno a la pregunta sobre el sentido de la existencia humana. Ahora la inquietud de Scott se evidencia ya desde el título, la nave protagonista lleva por nombre Prometheus (dando nombre a la película) y no es en absoluto por azar. En ella un grupo de científicos y exploradores emprende un viaje espacial a un remoto planeta, una rara estrella recién descubierta, donde los límites físicos y mentales de la tripulación serán puestos a prueba. El motivo de la misión es que los humanos creen que allá podrán encontrar la respuesta a las preguntas más profundas y al mayor de los misterios: el origen de la vida en la Tierra. Pero lo más importante no es la respuesta que encuentran, al fin y al cabo eso es el resorte de la trama y la trama es un auténtico Mac Guffin, sino todos aquellos interrogantes que quedan inconclusos.

Prometeo, hijo de Japeto y la oceánide Climene (más un héroe que un dios), es para la mitología clásica el forjador de hombres: aquel que para proteger a los humanos comete el sacrilegio de robar el fuego del taller que comparten Hefesto y Athenea. Y recibe por ello el castigo de Zeus: ser atado a una roca en el Hades y que un águila devore continuamente su hígado. El castigo se hace extensible a los hombres, frutos del sacrilegio, a quienes se les envía a Pandora con la caja en la que se contienen todos los males, incluida la esperanza que es la única que quedará dentro después de que la caja sea abierta por la curiosidad humana (a veces tan malsana). Del mito nos interesa, sobre todo, su intención la cual a nosotros ya no nos puede llegar de otro modo que bajo la lectura que de los materiales griegos hicieron los románticos (con el poema de Goethe que hemos citado a la cabeza, pero sobre todo con la recreación de Mary Shelley en Frankenstein): mediante la efigie de Prometeo (Frankenstein) y su leyenda, los occidentales nos contamos nuestra condición.  Esto es, nos representamos a nosotros y a nuestra existencia como fruto del desafío, nos vemos hijos del intento de asaltar el trono de la creación y desde ahí dominar la vida y la muerte. En la última película de Scott son muchas las máscaras bajo las que se manifiesta esta figura mítica. Y su conclusión, como siempre, arroja a las ciegas esperanzas  de las que ya habló Esquilo. Veámoslo por partes.

En Prometheus, como antes en Blade Runner, tenemos una corporación capaz de crear vida inteligente, Weyland Industries (auténtica protagonista de la campaña viral del film), a ella pertenece la nave, y creación suya es también uno de sus habitantes: el androide David, principal «instrumento» para el resto de sus tripulantes, interpretado por el dúctil Michael Fassbender.  Probablemente es el personaje más interesante de la cinta, nos atrevemos incluso a decir que en David, Scott, traspone a un sosias de Roy Batty, el más perfecto Nexus 6 de Blade Runner. En boca del androide es puesta la pregunta fundamental: ¿Por qué nos han creado? Y la sombra de la más desoladora respuesta posible: probablemente porque existía la posibilidad de hacerlo, sin mayor motivación alguna. En David se centra, pues, la gran incógnita de lo humano; aunque él no sea más que una réplica resume las mejores virtudes de los humanos, llegando hasta la perfección de poder tomar decisiones, le vemos disfrutar del cine, del cuidado de las plantas, de todas las actividades superiores de los hombres e, incluso, ser capaz de ponerse en el lugar del otro. Y la curiosidad que tanto ha hecho avanzar a la especie y que, a la vez, tantos peligros le ha arrojado, está presente en él, como versión mejorada de lo humano que es. El androide tiene su antagonista en Meredith Vickers, la responsable del Prometheus ante la corporación, interpretada por Charlize Theron, de quién se descubrirá que en verdad es la hija de Peter Weyland, fundador y lider de Weyland Corp. Podría decirse que Vickers encarna la negatividad, casi un principio del mal, como si fuera el gémelo perverso de David. Nos encontramos así con uno de los tópicos más queridos por el director, el de los límites entre lo tecnológico y lo humano o, lo que es lo mismo, como los hombres pueden ser aventajados por sus propias creaciones. En verdad, podría decirse que David y Vickers son las criaturas de ese renovado Víctor Frankenstein que es Peter Weyland, una encarna las virtudes humanas de su creador, la otra sus defectos, esto es, se ha alcanzado la paradoja de que la máquina sea más humana (en su sentido de humanitaria) que el propio hombre. O, lo que es lo mismo, la doble dimensión del monstruo de Frankenstein se explicita en esta dualidad de «hermanos», dándose la paradoja de que Weyland se reconoce más en el androide que en su propia hija.

No hemos acabado con los elementos prometeicos de la película. Entre los dos antagonistas tendríamos un tercer personaje, la doctora Elizabeht Shaw (Noomi Rapace), que es un auténtico símbolo de la ciencia dentro del film. A ella se debe la expedición puesto que ella fue quien descubrió en unos yacimientos la constelación a la que veneraron las antiguas civilizaciones como origen de los creadores de la raza humana. Shaw es un ejemplo de cómo fe y razón pueden darse la mano dentro de una misma persona y, por tanto, de como ambas actitudes son cruciales para nuestra especie. Recela de la figura de David mientras que, a su vez, Vickers la ve como rival en el liderazgo del equipo; sobre ella recae la responsabilidad de poner a  salvo la supervivencia de nuestra especie (ella que curiosamente es estéril). Ella misma será una superviviente y, aunque el camino que ha recorrido gracias a la ciencia podría haberla abocado al escepticismo, seguirá abierta a la esperanza. Esa que quedó encerrada en la caja de Pandora.

Con escepticismo ha sido recibida Prometheus por parte de la crítica, al menos de una porción de esta. La opinión se ha dividido, algunos la saludan como una nueva obra maestra de la ciencia ficción, mientras otros la consideran totalmente fallida. Las razones por las que nos ha resultado grata esta película ya han quedado expuestas, pero es que si ese trasfondo filosófico no nos interesa (o nos pasa desapercibido), consideramos que igualmente funciona a la perfección como pieza de entretenimiento. Con alguna decaída, el ritmo es vigoroso y se secuencian bien las escenas de acción para mantener el interés a lo largo de su metraje (algo excesivo, como casi siempre en el cine actual). Probablemente algunas críticas negativas son debidas a las expectativas que despertaba el hecho de presentarse como precuela de Alien. El lector ya habrá descubierto a estas alturas que Prometheus se mueve de forma perfectamente autónoma a Alien, y esto es algo que no ocurría, por ejemplo, en la precuela de La Cosa estrenada el pasado año. Pero es que, más allá de ello, de Alien no toma sino unos cuantos elementos prestados que dan pie a otros pocos guiños a esta, por tanto, lo correcto es considerarla como un nuevo cuento que aumenta el imaginario de la saga como ocurre en el universo extendido de Star Wars. Si hay que buscarle un precedente a Prometheus nosotros, como se ha visto, nos decantamos por Blade Runner, por su mayor proximidad temática y por su tono. Pero más allá de los referentes la película tiene savia propia y merece por si mismo un notable puesto entre las dirigidas por Scott.