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VAMOS DE ESTRENO (o no) * Viernes 24 y 31 de julio *
LÍO EN BROADWAY (She’s Funny that Way, Peter Bogdanovich, 2014) *****
USA. Duración: 93 min. Guión: Peter Bogdanovich, Louise Stratten Música: Ed Shearmur Fotografía: Yaron Orbach Productora: Lailaps Pictures Género: Comedia.
Reparto: Owen Wilson, Imogen Poots, Jennifer Aniston, Will Forte, Cybill Shepherd, Rhys Ifans, Lucy Punch, Eugene Levy, Tatum O’Neal, George Morfogen, Debi Mazar, Jake Hoffman, Joanna Lumley.
Sinopsis: Arnold (Owen Wilson) tiene una vida perfecta: está felizmente casado, tiene dos hijos y un magnífico trabajo como director teatral en Broadway. También es aficionado a las prostitutas y todo cambiará cuando contrate los servicios de Izzy (Imogen Poots), una joven y prometedora actriz que alterna su discreta carrera artística con servicios nocturnos de compañía. El flechazo es tan profundo que Arnold decide ayudarla económicamente para que se centre en el mundo de la interpretación. El plan se torna en pesadilla cuando Izzy consigue un papel en la obra que dirige Arnold, en la que también participa su mujer.
El veterano director Peter Bogdanovich vuelve al cine tras trece años sin estrenar un filme en salas con esta comedia a lo Lubitsch (al que homenajea directamente, como veremos al final). Un vodevil repleto de líos, equívocos y embrollos que también recuerda un poco a Woody Allen, psiquiatra incluido. Destacan los actores, en especial Owen Wilson como cínico redentor de prostitutas, Jennifer Aniston como psicoterapeuta y la joven protagonista, Imogen Poots. En el filme también hay lugar para guiños cinéfilos, muchos, e incluso el director cuenta con algunos de los protagonistas de sus antiguos filmes, que realizan pequeños papeles como Sybill Shepherd y Tatum O’Neal, además de otros veteranos como Colleen Camp, que ejerce también de productora asociada del film. Posiblemente no es de lo mejor del director, ya que tiene un aire poderosamente camp, pero su oficio puede dar sopas con honda a más de cuatro.
PIXELS (USA, Chris Columbus, 2015) *****
Duración: 106 min. Guión: Tim Herlihy, Tim Dowling, Adam Sandler (Cortometraje: Patrick Jean) Música: Henry Jackman Fotografía: Amir Mokri Productora: Columbia Pictures / Happy Madison Productions / Plus One Rentals Género: Comedia de Ciencia Ficción.
Reparto: Adam Sandler, Michelle Monaghan, Peter Dinklage, Josh Gad, Sean Bean, Ashley Benson, Kevin James, Jane Krakowsli, Brian Cox.
Sinopsis: Pixels cuenta como unos extraterrestres malinterpretan las imágenes de las máquinas recreativas que se envían en una sonda al espacio en 1982 como una declaración de guerra, y deciden atacar la tierra, empleando dichos juegos y las imágenes contenidas en la sonda como modelos para el asalto. El presidente de EEUU, Will Cooper (Kevin James), recurre entonces a su gran amigo de la infancia y campeón de las maquinitas de los años 80, Sam Brenner (Adam Sandler), para encabezar un equipo de perdedores, expertos jugadores en su época (Dinklage y Gad), cuya misión será derrotar a los extraterrestres y salvar al planeta.
Llámenme simplón, no sería la primera vez, pero la verdad es que, quizás porque me temía lo peor tras escuchar algunas voces, me ha sorprendido positivamente Pixels. No estamos ante una cinta memorable, no, pero sí frente a un refrescante filme que tira de la nostalgia de los años ochenta y que hará pasarlo bien especialmente al target de público que ronda (y supera) la cuarentena. Basado en un estupendo corto de Patrick Jean, Pixels es la más descacharrante invasión alienígena desde Mars Attacks! (Tim Burton, 1996). Un filme en el que, siguiendo la estela de Big Bang Theory, los frikis (nerds en el original) serán los protagonistas de la acción. Gustará también por contar con el pequeño gran actor Peter Dinklage, que demuestra sus dotes para la comedia.
Divertida y tonta, este placer culpable es el perfecto pasatiempo veraniego en el que quizás lo que más desentone sea ese personajillo trompetero naranja, incluido sin duda para satisfacer a los más pequeños.
UNA DAMA EN PARÍS (Une Estonienne à Paris, Ilmar Raag, 2012) *****
Francia. Duración: 94 min. Guión: Ilmar Raag, Agnès Feuvre, Lise Macheboeuf Música: Dez Mona Fotografía: Laurent Brunet Productora: Coproducción Francia-Estonia-Bélgica; TS Productions / La Parti Productions / uFilm / Amrion Género: Comedia dramática.
Reparto: Jeanne Moreau, Corentin Lobet, Laine Mägi, Ita Ever, Fabrice Colson, Patrick Pineau, Piret Kalda, Helene Vannari, Ago Anderson.
Sinopsis: Esta es la historia de Frida (Jeanne Moreau), una anciana señora estonia que emigró a Francia hace muchos años y que ahora se encuentra sola y va a ser cuidad por una inmigrante de su país de origen llamada Anne (Laine Mägi).
Frida rechazará en un principio a Anne, sin embargo, este conflicto hará que ambas se conozcan mejor a sí mismas y construyan una hermosa amistad.
Una dama en París es una cinta deliciosa que uno lamenta que casi se estrene de tapadillo. El calor humano que destila se debe a la interpretación de dos grandes damas: la legendaria Jeanne Moreau, que realiza toda una lección de actuación y la poco conocida Laine Mägi, que casi ninguna crítica destaca y que construye un personaje dulce y duro a la vez que brilla a la altura de su coprotagonista de forma contenida y emocionante. No todo han de ser cintas con efectos espectaculares, también hay sitio para la sensibilidad (que no sensiblería), la poesía y la sencillez de esta historia que estas dos actrices realizan de manera magistral. Un lujo.
TED 2 (Seth MacFarlane, 2015) *****
USA. Duración: 115 min. Guión: Seth MacFarlane, Alec Sulkin, Wellesley Wild Música: Walter Murphy Fotografía: Michael Barrett Productora: Universal Pictures / Media Rights Capital Género: Comedia fantástica.
Reparto: Mark Wahlberg, Seth MacFarlane, Amanda Seyfriend, Liam Neeson, Morgan Freeeman, Patrick Warburton, Dennis Haysberg.
Sinopsis: Ted, el oso de peluche y su esposa Tami-Lynn quieren tener un bebé. Pero Ted tendrá que demostrar ante un tribunal de justicia que es una persona.
Seth MacFarlane regresa como guionista y director de TED 2, secuela de la exitosa comedia, y Mark Wahlberg vuelve a encarnar el papel del inmaduro John Bennett. Entre los nuevos miembros del reparto se encuentran Morgan Freeman, como defensor de los derechos civiles, y Amanda Seyfried, interpretando a una peculiar abogada, interés romántico del protagonista humano.
Menos salvaje que la primera entrega, Ted 2 no deja de tener los suficientes chistes políticamente incorrectos, sal gorda, cameos sorprendentes y humor como para pasar un rato sumamente entretenido con esta gamberrada en la que Mark Wahlberg demuestra su versatilidad haciéndote creer que su mejor amigo es un oso de peluche. Como en Pixels, se apela al espíritu freak e incluso iremos con Ted a la Comic-Con de New York, una de las mecas del frikismo. Dos horas que se pasan volando con algún que otro gag de carcajada. Otro divertimento intrascendente e ideal para combatir la canícula.
LA HORCA (The Gallows, Travis Cluff y Chris Lofing, 2015) *****
USA. Duración: 81 min. Guión: Travis Cluff, Chris Lofing Música: Zach Lemmon Fotografía: Edd Lukas Productora: Blumhouse Productions / New Line Cinema / Management 360 / Tremendum Pictures Género: Terror.
Reparto: Cassidy Gifford, Pfeifer Brown, Ryan Shoos, Reese Mishler, Alexis Schneider, Donna Robinson, Price T. Morgan, Mackie Burt.
Sinopsis: Veinte años después de un accidente en el que falleció el protagonista de una obra de teatro de instituto, unos pocos estudiantes de este centro situado en un pequeño pueblo deciden resucitar la fallida producción teatral con la intención de rendir un homenaje en el aniversario de la tragedia…
Hace tiempo que me digo a mí mismo que no voy a volver a ver ningún filme adscrito a la moda found footage, técnica de rodaje que ya hace tiempo que me aburre soberanamente. Pero encontrarme con algunas sorpresas como La cueva (Alfredo Montero, 2014), hace que no siempre sea fiel a mi (débil) intención. Esta es la pequeña esperanza que me movió a darle una oportunidad a La horca, film encuadrado en este estilo que no solo no aporta nada nuevo, sino que añade al pobrísimo argumento (más bien excusa argumental) que nos plantea, uno de los elementos más molestos del slasher: el grupo de jóvenes cretinos, que en perfecto castellano, pues la película ha sido doblada perdiendo así la poca credibilidad que podría tener, deambulan de una lado a otro abriendo y cerrando puertas de su desierto instituto, pegándose sustos y filmándolo todo.
De verdad que prometo no volver a ver una película found footage… hasta la próxima vez.
VAMOS DE ESTRENO (o no) * Viernes 17 de julio *
DEL REVÉS (INSIDE OUT) (Peter Docter y Ronaldo del Carmen, 2015) *****
USA. Duración:94 min. Guión: Michael Arndt (Historia: Pete Docter) Música: Michael Giacchino Productora: Pixar Animation Studios / Walt Disney Pictures Género: Animación.
Sinopsis: Hacerse mayor puede ser un camino lleno de obstáculos. También para Riley, que debe dejar su vida en el
Medio Oeste cuando su padre consigue un nuevo trabajo en San Francisco. Como todos nosotros, Riley es guiada por sus emociones: Alegría, Miedo, Ira, Asco y Tristeza. Las emociones viven en Cuarteles Generales, el centro de control dentro de la cabeza de Riley, desde donde la ayudan y aconsejan a lo largo de su día a día. Riley y sus emociones intentan adaptarse a su nueva vida en San Francisco, pero el caos se instala en los Cuarteles Generales. Aunque Alegría, la emoción principal y más importante de Riley, intenta mantener una actitud positiva, las emociones chocan a la hora de decidir cómo actuar en una nueva ciudad, un nuevo hogar y una nueva escuela
ETERNAL (Selfless, Tarsem Sing, 2015) *****
USA. Duración: 116 min. Guión: David Pastor, Àlex Pastor Música: Dudu Aram, Antonio Pinto Fotografía: Brendan Galvin Productora: Focus Features / Endgame Entertainment / FilmDistrict / Ram Bergman Productions Género: Ciencia Ficción.
Reparto: Ryan Reynolds, Ben Kingsley, Matthew Goode, Natalie Martines, Victor Garber, Derek Luke, Michelle Dockery, Teri Wyble, Sandra Ellis Lafferty.
Sinopsis: A un poderoso millonario, enfermo de cáncer (Ben Kingsley), le ofrecen la posibilidad de someterse a un procedimiento médico radical para transferir su conciencia al cuerpo de un hombre más joven (Ryan Reynolds). Al principio la operación va bien y el hombre disfruta de su renovada juventud, pero todo se complica cuando empieza a descubrir los detalles en torno a la procedencia de su nuevo cuerpo.
Con un prometedor comienzo, elegante e intrigante, Eternal posee un impecable punto de partida que, lamentablemente se desinfla conforme avanza la trama, a pesar de los esfuerzos que ponen sus principales interpretes,
entre ellos un Ben Kingsley que llena la pantalla y al que echaremos de menos durante el resto del metraje, puesto que ese segmento inicial interpretado por él es lo mejor de la película; un correcto Ryan Reynolds; y finalmente el magnífico Matthew Goode, actor que parece estar especializándose en papeles de villano frío y cínico. Los españoles Álex y David Pastor (Infectados, Los últimos días) firman el guión de la película, que llamó la atención del director Tarsem Singh tras aparecer en la prestigiosa «Lista Negra de los mejores guiones de cine no producidos» que se elabora cada año con los guiones mejor valorados por productores y ejecutivos de estudios americanos. En esta lista han figurado películas como El discurso del Rey, La red social, Los juegos del hambre, El francotirador y Django Desencadenado entre muchas otras. Ambientada en Nueva Orleans, y mostrando todos los tópicos turísticos que puedan imaginarse, este guión de los hermanos Pastor estoy seguro que podría haber tenido un tratamiento más satisfactorio al partir de una premisa muy perturbadora, por las lecturas paralelas que puede tener y que no han sido explotadas, optándose por derivar el filme hacia el thriller y el melodrama. Una oportunidad perdida
AMY (Asif Kapadia, 2015) *****
UK. Duración: 127 min. Música: Gabriel Ferreira, Dudu Aram Productora: Playmaker Films / Universal Music Género: Documental.
Sinopsis: Documental sobre la famosa cantante Amy Winehouse, que cuenta con imágenes inéditas de archivo y entrevistas con la malograda estrella, que murió en julio del 2011 a los 27 años de edad.
Amy es un fiel, sentido y respetuoso retrato de los últimos años en la fugaz carrera de la prodigiosa cantante Amy Winehouse. El director realiza la cinta montando imágenes provenientes de diferentes fuentes, con sus consiguientes calidades y texturas: declaraciones de televisión, entrevistas, filmaciones íntimas recogidas con móvil e imágenes de conciertos y de paparazzis, entre las que priman las digitales y que sirven para mostrarnos las 1000 texturas de un mismo ser, un ser sensible en busca de amor, de alguien que controle su vida, sus excesos. Que la cuide, la ame y no permita que, como finalmente ocurrió, tire la toalla. Sorprende, pero se comprende, que la vida de alguien tan joven esté tan provista de imágenes. Los móviles han pasado a ser elementos cotidianos que permiten guardar momentos a tiempo real. Confidencias que han sobrevivido al tiempo y que ayudan a que nos adentremos en la compleja joven que tenía el alma adulta y la voz negra.
No es necesario un narrador para este documental, el enorme puzzle de imágenes y voces impecablemente montadas que componen Amy, nos relatan las vicisitudes de su vida: De sus principios como diva del jazz al éxito multitudinario como reina de Soul; de sus depresiones adolescentes combatidas gracias a su amor por la música; de su huida del hogar materno; de su bulimia no tratada; de su nuevo hogar en Candem y sus nuevos ambientes; de la presión de la industria, que reclama más y más grabaciones; de su destructiva relación con su novio Blake, cuya primera ruptura le ofrecerá inspiración para su obra maestra, Back to Black, que la llevará a lo más alto de la fama y de allí a la locura, al terror, al fin. De la admiración al ridículo mediático con el secreto a voces de que su muerte era tan solo cuestión de tiempo. Una muerte anunciada. De los parásitos que surgen en el seno de su propia familia, responsables en gran parte de su caída. De su primera sobredosis causada por un cóctel de cocaína, heroína, crack y alcohol y sus primeros escenarios en falso; las giras anuladas que culminan con su espantada en Serbia. Un derrumbe que será la antesala de su fin.
Pero también hay momentos buenos y dulces, muchos. Su dúo con su admirado Tony Bennet; sus actuaciones en locales pequeños; el cariño de sus amigos de siempre y el amor, amor desesperado hasta la muerte. Una colección de imágenes que pese a la admiración del director hacia la biografiada, no permite que se ahorre ni oculten sus peores momentos. Frágil. Genial. Portentosa. Amy Winehouse ya es leyenda y esta película la retrata fielmente durante dos horas que pasan tan fugaces como la vida de la última gran diva del Soul.
VAMOS DE ESTRENO (o no) * Viernes 10 de julio *
LA MIRADA DEL SILENCIO (The Look of Silence, Joshua Oppenheimer, 2014)*****
Dinamarca / Finlandia / Indonesia / Francia / UK. Duranción: 99 min. Guión: Joshua Oppenheimer. Música: Seri Banang, Mana Tahan. Fotografía: Lars Skree. Productora: Final Cut for Real. Género: Documental
Tras el golpe de estado militar de 1965, el general Suharto ocupó el poder en Indonesia con el beneplácito de Estados Unidos y su política de erradicación del comunismo. A continuación llegó el genocidio: miles de comunistas, reales o presuntos, fueron asesinados por los escuadrones de la muerte. Los habitantes de pequeñas poblaciones tuvieron que aprender a convivir con sus asesinos y hubo un acuerdo tácito de olvidar. The Act of Killing (2012) Joshua Oppenheimer permitía que los propios asesinos se jactaran y se pusieran en evidencia relatando los detalles de sus tropelías, sintiéndose héroes al recordar y representar sus crímenes, ofreciendo un sobrecogedor retrato de la maldad humana sin ningún tipo de concesión hacia el espectador, testigo mudo de toda esa crueldad. Precisamente mientras se rodaba esa película, en la que se pone nombre a una de las víctimas, Ramli, su familia descubrió cómo fue asesinado su hijo. El hermano más joven de la víctima, Adi, decide romper el silencio y el miedo con el que viven los supervivientes, enfrentándose así a a los responsables del asesinato de su hermano – algo inimaginable en un país donde los asesinos permanecen en el poder.En el título de este nuevo documental, La mirada del silencio, se encuentran los dos factores fundamentales del mismo: La mirada acusadora de una víctima, que hace las veces de entrevistador, a los verdugos de su hermano. En un cara a cara silencioso, sin palabras. Sin apartar la vista. Regalando momentos incómodos para el verdugo, que desea marchar, mirar hacia otro lado, desaparecer, amenazando incluso, antes que enfrentarse a esa mirada limpia y digna que quiere romper con el silencio con el que se ha intentado enterrar el pasado. Ni víctimas ni verdugos parecen querer recordar. Ahora viven en una democracia, y si quieren que no se repitan los hechos del pasado, hay que enterrar y olvidar ese pasado. A pesar de que muchos de los responsables de esas matanzas continúan en el poder.
Si The Act of Killing nos rebelaba como seres humanos, esta mirada del silencio nos consuela en parte al permitir que, por medio de Adi, las víctimas puedan enfrentarse a sus verdugos. Mirarles cara a cara. Pero La mirada del silencio es mucho más, es un testimonio sobre la vida y la muerte. La justicia y la falta de ella. Y sobre el ser humano y la falta de humanidad. Sobre nuestra ceguera en este mundo en el que cualquier noticia entierra la anterior en segundos. La sobreinformación que paradójicamente produce silencio y ceguera.
Un documental sobrecogedor e imprescindible.
(En este enlace pueden leer un interesante y revelador artículo escrito por el propio director Joshua Oppenheimer sobre porqué decidió rodar estos documentales, como lo consiguió y las consecuencias de hacerlos hecho. Vean y escuchen)
TERMINATOR GÉNESIS (Terminator Genisys, Alan Taylor, 2015)*****
USA. Duración: 126 min. Guión: Laeta Kalogridis, Patrick Lussier Música: Christophe Beck Fotografía: Kramer Morgenthau Productora: Paramount Pictures / Annapurna Pictures / Skydance Productions Género: Ciencia Ficción.
Reparto: Emilia Clarke, Arnold Schwarzenegger, Jason Clarke, Jai Courtney, J. K. Simmons, Dayo Okeniyi, Lee Byiung-Hun. Matt Smith.
Sinopsis: Año 2032. La guerra del futuro se está librando y un grupo de rebeldes humanos tiene el sistema de inteligencia artificial Skynet contra las cuerdas. John Connor (Jason Clarke) es el líder de la resistencia, y Kyle Reese (Jai Courtney) es su fiel soldado, criado en las ruinas de una postapocalíptica California. Para salvaguardar el futuro, Connor envía a Reese a 1984 para salvar a su madre, Sarah (Emilia Clarke) de un Terminator programado para matarla con el fin de que no llegue a dar a luz a John. Pero lo que Reese encuentra en el otro lado no es como él esperaba…
Dejando aparte el interesante punto de arranque, (SPOILER) con ese Terminator de los ochenta y el T-1000, dos sorprendentes guiños a las anteriores entregas de la serie (a falta de la Terminatrix de la tercera)(FIN DEL SPOILER) el film se torna casi soporífero. Invadiendo en todo momento la sensación de que lo que acontece en la pantalla ya lo hemos visto antes. Incluido el final. El Terminator ‘bueno’ de Schwarzenegger se ha vuelto la sombra de la amenaza que era en anteriores filmes, cargando tintas los guionistas en su intención de hacerlo entrañable. El ‘abualeitor’ ya está un poco chocho y se le nota, llegando a sentir algo parecido al instinto paternal. Y es que solo las múltiples explosiones, efectos especiales de última generación, efectivos pero poco sorprendentes, y la acción a raudales evitan que entremos en fase REM. Es posible que la historia no de más de sí; o que hubiera necesitado un guión más elaborado y sorprendente. No lo sé. Pero no cautiva esta entrega de Terminator que si bien parece cerrar anteriores ciclos, también amenaza con iniciar uno nuevo ya con Terminator/Schwazenegger actualizado con la tecnología T-1000.
Eso sí, si de algo puede presumir este filme es de ser pudoroso hasta ofender. Quizás habría que explicar a los guardianes de la moral norteamericana que, si quieren que la película sea clasificada para todos los públicos, bien está que a pesar de toooooda la violencia latente, no haya muertes. Vale. Pero no creemos, la verdad, que sea necesario tanto cuidado para no mostrar la más mínima parte de la epidermis de los actores. De acuerdo, mucho se ha abusado del desnudo por ‘exigencias del guión’ en el pasado, pero lo que se hace para evitarlo en Terminator Génesis, sobrepasa el ridículo más absoluto. En pleno siglo XXI a nadie puede ofender un pudoroso desnudo.
LOVE & MERCY (Bill Pohlad, 2014) *****
USA. Duración: 121 min. Guión: Oren Moverman, Michael A. Lerner Música: Atticus Ross Fotografía: Robert D. Yeoman Productora: John Wells Productions / River Road Entertainment Género: Drama biográfico.
Reparto: Paul Dano, John Cusack, Elizabeth Banks, Paul Giamatti, Jake Abel, Joanna Going, Kenny Wormald, Dee Wallace, Erin Darke, Max Scheneider, Nikki Wright, Claudia Graf, Paige Diaz.
Sinopsis: Biopic sobre el músico y compositor Brian Wilson, fundador de los Beach Boys, sobre su influencia en la música, y sus problemas nerviosos que propiciaron su relación con el controvertido terapeuta Dr. Eugene Landy.
Lejos de ser un aburrido y gris biopic al uso, Love & Mercy resulta ser un acertado retrato de la enfermedad mental narrada (y oida) desde dentro de la cabeza del propio músico
. Y dirigido de forma muy agil por su director, que por lo pronto renuncia a la cronología y apuesta por hacer avanzar la historia yendo de los sesenta a los noventa y viceversa utilizando dos actores para realizar el mismo papel: Paul Dano como el joven líder de los Beach Boys obsesionado con reproducir los sonidos que oye en su cabeza; y John Cusack, que encarna al maduro músico totalmente roto y manipulado por su terapeuta, papel que interpreta impecablemente el siempre eficaz Paul Giamatti. Dos escenarios y dos épocas que el director también filma de diferente forma, la de los sesenta, más excitante, de una forma casi documental, como queriéndonos hacer formar parte de la historia. Y la de los noventa mucho más convencional, casi hasta la exasperación. Somos testigos del ascenso de los Beach Boys y del nacimiento de Pet Sounds, la respuesta de Wilson al Sgt. Peppers y uno de los álbumes clave de la historia de la música del siglo XX; y del descenso a los infiernos de Brian Wilson; así como de la frustrada creación de Smile, disco iniciado en los años sesenta y finalizado en 2004. Y todo está tan bien relatado que uno recupera la fe en los buenos biopics. Y por ende, en el buen cine.
EL MUNDO SIGUE (Fernando Fernán Gómez, 1963) *****
España. Duración: 115 min. Guión: Fernando Fernán Gómez (Novela: Juan Antonio Zunzunegui) Música: Daniel J. White Fotografía: Emilio Foriscot (B&W) Productora: Ada Films Género: Drama.
Reparto: Lina Canalejas, Fernando Fernán Gómez, Gemma Cuervo, Milagros Leal, Francisco Pierrá, Agustín González, José Morales, José Calvo, Fernando Guillén, María Luisa Ponte, Pilar Bardem.
Esta es una de esas película que sin duda incomodaron al Régimen. Estrenada dos años después de realizarse y casi de tapadillo, esta agria historia sobre dos hermanas, que obsesionadas cada una a su manera por la riqueza, se profesan mutuamente un profundo odio, muestra una España alejada de los parámetros felices que a toda costa
se nos quería mostrar. Prostitución, aborto, violencia, pobreza, desigualdades sociales… vidas viles en las que el único valor es el del dinero, que Fernán Gómez retrata en un blanco y negro repleto de grises y una banda sonora conformada por los sonidos de la calle, de los vecinos, de los transistores. Pero también del jazz de Daniel J. White, amiguete de saraos nocturnos del propio Fernán Gómez y de Jesús Franco (de quien también fue músico de cabecera) en el interminable Madrid nocturno de los cincuenta. A pesar de estar rodada en 1963, El mundo sigue mantiene la estética de los años cincuenta, y resulta ser un film tan bien fotografiado y repleto de detalles, que sus imágenes narran más de como fue esa época gris que cualquier documental. Entre sus protagonistas destacan las dos hermanas, una Lina Canalejas en estado de gracia y una bella y eficaz Gemma Cuervo. También realiza una interpretación genuina Milagros Leal como la abnegada madre de ambas jóvenes. Asímismo el Faustino que encarna Fernando Fernán-Gómez es una brillante composición de marido machista, jugador empedernido (hoy lo llamaríamos ludópata) y canalla. Tan brillante como está en la interpretación, Fernán Gómez, lo está también detrás de las cámaras. Como director se permite innovar a la hora de narrar en imágenes: con encuadres rabiosamente modernos, planos fijos bien sostenidos por los actores, brillantes flash-backs que se introducen sin solución de continuidad dentro de la trama, como el magistral momento en el que, mientras Luisita sube las escaleras, se van intercalando planos de ella de niña subiendo (su infancia inocente) y su escalada en su presente en el que se ha convertido en una mantenida que acude al hogar paterno intentando ser perdonada y aceptada (cosa que conseguirá por sus generosos regalos). Puede decirse que, como director, se avanza a su época. El único pero que podría ponerse a esta obra es su fidelidad al texto literario que la inspira, consecuencia de lo cual hay ocasiones en que el registro lingüístico de los diálogos es poco coloquial.
El mundo sigue se ha querido incluir formando parte en una especie de trilogía del director junto a La vida por delante (1958) y La vida alrededor (1959), pero no debería ser así, ya que las dos primeras son comedias y comparten personajes, mientras que El mundo sigue es una historia trágica totalmente ajena a las otras dos.
Joshua Oppenheimer habla sobre La mirada del silencio (The Look of Silence)
Puede hablarse y mucho sobre este magnífico documental, pero este texto, escrito por el propio director e incluido en el dossier de prensa del filme, nos parece un documento fundamental para entender y valorar en su totalidad la obra de Oppenheimer, por lo que hemos decidido incluirlo íntegro.
Mientras que en The Act of Killing buscaba exponer las consecuencias de construir nuestra realidad cotidiana sobre una base de terror y mentiras, La mirada del silencio explora la vida de los supervivientes que viven en esa realidad. Sin lugar a dudas, hacer una película sobre los supervivientes de un genocidio es adentrarse en un campo minado de clichés que, en su mayoría, nos presentan a un protagonista heroico, si no santo, con el que podemos identificarnos, ofreciéndonos así el falso consuelo de que, en la catástrofe moral de la atrocidad, distamos mucho de parecernos a los asesinos.
Sin embargo, mostrar una imagen santificada de los protagonistas con el fin de convencernos de nuestra bondad es usarlos para engañarnos y un insulto a la experiencia de los supervivientes, sin contar con que no ayuda en absoluto a entender lo que significa sobrevivir a la atrocidad, llevar una vida hecha añicos por la violencia en masa y vivir silenciado por el terror. Así pues, para surcar este campo minado de clichés, hemos tenido que explorar el silencio en sí.
El resultado, La mirada del silencio, es, espero, un poema sobre el silencio que nace del terror y de la necesidad de acabar con él, pero también sobre el trauma que implica romperlo. Puede que sea un homenaje al silencio, un recordatorio de que, a pesar de que intentemos seguir adelante, mirar hacia otro lado y pensar en otras cosas, nada reparará por completo lo que ya se ha roto, igual que nada resucitará a los que ya han muerto. La mirada del silencio es una invitación a detenernos, a pensar en las vidas que han sido destruidas y a esforzarnos por escuchar el silencio que viene después.
LA MIRADA DEL SILENCIO. HISTORIA DE LA PRODUCCIÓN
La primera vez que visité Indonesia fue en 2001. Fui a ayudar a los trabajadores de las plantaciones de palma de aceite a hacer una película que documentara y pusiera en valor
su lucha por organizar un sindicato tras la caída de la dictadura de Suharto —apoyada por Estados Unidos— durante la cual, las uniones sindicalistas eran ilegales. En aquel entonces, en las remotas aldeas agrícolas de Sumatra septentrional, a duras penas se notaba que ya habían pasado tres años desde el fin de la dictadura militar.
Las condiciones en las que vivía este pueblo eran deplorables. Las mujeres que trabajaban en las plantaciones se veían obligadas a rociar herbicida sin ropa de seguridad. Así, el spray les entraba en los pulmones y llegaba a su torrente sanguíneo, destruyéndoles el tejido hepático. Como consecuencia, las mujeres enfermaban, y muchas morían antes de llegar a los cincuenta años. Si se quejaban de estas condiciones, la empresa, dirigida por belgas, contrataba matones paramilitares para amenazarlas e incluso agredirlas físicamente.
El miedo era el mayor obstáculo en su camino para organizar un sindicato, y era la razón por la que la empresa belga podía envenenar a sus empleados y salir impune. Pero pronto comprendí la raíz de dicho temor: los trabajadores de la plantación habían tenido un gran sindicato hasta 1965, año en el que sus padres y abuelos fueron acusados de simpatizar con el comunismo por pertenecer a éste. Fueron enviados a campos de concentración, explotados como esclavos y, finalmente, asesinados por el ejército y los escuadrones de la muerte.
En 2001, los asesinos no solo gozaban de impunidad total sino que, junto a sus protegidos, seguían dominando todos los estratos del gobierno, desde la aldea de la plantación hasta el Parlamento. Los supervivientes vivían bajo el temor de que una nueva masacre pudiera desatarse en cualquier momento.
Una vez terminada la película (The Globalisation Tapes, 2002), los supervivientes nos pidieron que volviéramos lo más pronto posible para hacer una nueva cinta sobre la raíz de su miedo, es decir, sobre lo que se siente al vivir rodeado y gobernado por los hombres que asesinaron a sus seres queridos.
Volvimos casi de inmediato, a principios de 2003, y comenzamos a investigar uno de los asesinatos de 1965 del que los trabajadores de la plantación hablaban muy a menudo. La víctima se llamaba Ramli, y su nombre se usaba casi como un sinónimo de los asesinatos en general.
Pronto entendí lo que hacía que ese asesinato en particular se mencionara con tanta frecuencia: hubo testigos. No había forma de negarlo. A diferencia de los cientos de miles de víctimas que desaparecieron en mitad de la noche de los campos de concentración, la muerte de Ramli había sido pública. Y no solo hubo testigos de sus últimos momentos, sino que los asesinos abandonaron su cuerpo en medio de la plantación de palma de aceite, a menos de tres kilómetros de la casa de sus padres. Años después, furtivamente, la familia pudo erigir una tumba en su nombre, aunque solo podían visitarla a escondidas.
Tanto supervivientes como ciudadanos indonesios en general hablaban de «Ramli». Supongo que porque su muerte fue la triste evidencia de lo que sucedió con las demás víctimas y con toda una nación. Ramli fue la prueba de que los asesinatos, por muy tabú que fueran, habían ocurrido. Su muerte confirmó a los aldeanos todos los horrores que el régimen militar les había obligado a fingir que nunca habían ocurrido pero que, sin embargo, había amenazado con desatar de nuevo. Hablar de «Ramli» y de su asesinato era ese pellizco necesario para volver a la realidad, era un recordatorio de la verdad, una conmemoración del pasado y una advertencia para el futuro. Para los supervivientes y otras personas de la plantación, recordar a «Ramli» era reconocer la raíz de su miedo y, por consiguiente, el primer paso para superarlo.
Cuando regresé a principios de 2003, fue inevitable que se hablase a menudo del caso de Ramli. Los trabajadores de la plantación no tardaron en buscar a la familia del chico, y fue así como conocí a Rohani, la distinguida madre de Ramli, a Rukun, su anciano padre, aunque bromista, y a sus hermanos, incluyendo a Adi, el menor, oculista de profesión y nacido después de los asesinatos.
Rohani buscó en Adi un sustituto de Ramli. Lo tuvo para superar su pérdida y poder seguir viviendo, y Adi ha vivido con esa carga toda su vida. Como los hijos de supervivientes a lo largo de toda Indonesia, Adi creció en una familia tildada oficialmente de «políticamente sucia», empobrecida por décadas de extorsión por parte de los oficiales de las fuerzas armadas locales y traumatizada por el genocidio.
Adi, al haber nacido después de los asesinatos, no tenía miedo de hacerse escuchar y exigir respuestas. Me atrevería a decir que mi proceso de rodaje le ayudó a entender lo que había sufrido su familia, el rodaje se convirtió en un medio para expresar y superar un terrorismo que todo su entorno se había negado a reconocer por miedo.
Adi y yo nos hicimos amigos inmediatamente, y juntos comenzamos a contactar con otras familias de supervivientes de la región. Se reunían y contaban sus historias mientras nosotros grabábamos. Para muchos de ellos, ésta era la primera vez que hablaban públicamente de lo que había pasado. En una ocasión, una superviviente llegó a casa de los padres de Ramli temblando de miedo, aterrorizada pensando que si la policía descubría lo que estábamos haciendo, la arrestarían y la obligarían a trabajar como esclava, como habían hecho durante los años de dictadura. Aun así, asistió a la reunión decidida a dar su testimonio. Cada vez que pasaba una moto o un coche, parábamos de grabar y escondíamos todo el equipo que pudiéramos. Debido a las décadas de apartheid económico, los supervivientes apenas podían permitirse una bicicleta, por lo que el sonido de un motor significaba la visita de un desconocido.
El ejército, que tiene bases en todas las aldeas de Indonesia, no tardó en enterarse de lo que estábamos haciendo y amenazó a los supervivientes, incluyendo a los hermanos de Adi, para que no participaran en el rodaje. Los supervivientes me rogaron: «Antes de que te rindas y vuelvas a casa, intenta grabar a los culpables. Quizá te cuenten cómo mataron a nuestros familiares». No sabía si era seguro acercarme a los asesinos, pero al hacerlo descubrí que la mayoría presumía de sus acciones. No dudaron en relatarme —a menudo con una sonrisa en los labios y delante de sus familias, de sus nietos incluso— los macabros detalles de los asesinatos. Viendo este contraste entre los supervivientes forzados a guardar silencio y los asesinos jactándose con historias mucho más incriminatorias que cualquier relato de los supervivientes, sentí que había aterrizado en Alemania cuarenta años después del Holocausto solo para encontrar que los nazis seguían en el poder.
Cuando les mostré estos testimonios a los supervivientes que quisieron verlos, incluyendo a los demás hermanos de Adi y Ramli, todos me dijeron algo parecido a: «Tienes algo valiosísimo entre manos. Sigue grabando a los culpables, pues cualquiera que vea esto, se verá obligado a reconocer lo podrido que está el corazón del régimen que estos asesinos han construido». A partir de ese momento, sentí que la comunidad de supervivientes y derechos humanos me había confiado una tarea que para ellos era imposible de realizar sin poner sus vidas en riesgo: grabar a los asesinos. Todos mostraron mucho entusiasmo al invitarme a los lugares donde habían cometido los crímenes y caían en demostraciones espontáneas sobre cómo los habían llevado a cabo. Al terminar, se quejaban de que no se les había ocurrido llevar un machete de atrezo o a algún amigo que interpretara el papel de la víctima. Un día, a principios del proyecto, conocí al líder del escuadrón de la muerte de la plantación en la que habíamos grabado The Globalisation Tapes. Él y otro verdugo me invitaron a visitar un claro a las orillas del «Río de la Serpiente» en el que habían ayudado a asesinar a 10.500 personas. De repente, me di cuenta de que me estaba contando cómo había matado a Ramli. Me había topado con uno de sus asesinos.

TORONTO, ON – SEPTEMBER 11: Director Joshua Oppenheimer and subject Adi Rukun of «The Look of Silence» pose for a portrait during the 2014 Toronto International Film Festival on September 11, 2014 in Toronto, Ontario. (Photo by Maarten de Boer/Getty Images)
Hablé con Adi sobre este encuentro, y tanto él como otros miembros de la familia me pidieron ver la grabación. Fue así como conocieron los detalles de la muerte de Ramli.
Durante dos años, desde 2003 hasta 2005 y desde el campo hasta la ciudad, grabé a cada uno de los asesinos que pude encontrar en Sumatra septentrional, visitando a cada escuadrón de la muerte hasta poder acceder a los superiores en la línea de mando. Anwar Congo, quien se convertiría en el personaje principal de The Act of Killing, fue el cuadragésimo primer asesino al que filmé.
Dediqué los cinco años siguientes a la grabación de The Act of Killing y, a medida que avanzaba el proceso, Adi me pedía ver el material filmado. Veía todo lo que le podía enseñar en el tiempo que podía sacar para él. Estaba anonadado.
Al ser grabados, los autores de genocidios de tal magnitud suelen negar las atrocidades que han cometido o disculparse por ellas, pues cuando los cineastas los contactan, ya han sido expulsados del poder y sus acciones han sido condenadas y expiadas. En este caso, los homicidas a los que estaba filmando habían salido victoriosos, habían construido un régimen terrorista basado en la celebración de un genocidio y seguían estando al mando. Nunca tuvieron que admitir sus errores, y es por esto que The Act of Killing no es un documental sobre un genocidio ocurrido hace 50 años, sino el desenmascaramiento de un régimen actual fundado en el terror. Tampoco es una narrativa histórica, es una película sobre la historia misma, sobre las mentiras que los vencedores cuentan para justificar sus acciones y sobre los efectos de dichas mentiras; sobre un pasado traumático sin resolver que sigue atormentando al presente.
Desde el principio de mi travesía, supe que había otra película que debía realizar con igual urgencia, una sobre el presente también. En The Act of Killing reinan las víctimas ahora ausentes, los muertos. Prácticamente cada uno de los pasajes tristes termina abruptamente con una página de silencio y angustia, con un paisaje vacío y a menudo en ruinas habitado por una única y solitaria figura. El tiempo se detiene. Hay una ruptura en el punto de vista de la película, un cambio abrupto al silencio, una conmemoración de las víctimas y de las vidas destruidas sin justificación. Sabía que haría otra película en la que entráramos a esos espacios lúgubres para sentir desde lo profundo de nuestro ser lo que sienten los supervivientes obligados a vivir ahí y a construir sus vidas bajo la mirada vigilante de quienes asesinaron a sus seres queridos y aún siguen en el poder. Esa película es La mirada del silencio.
Además del material grabado entre 2003 y 2005 que Adi pudo ver, grabamos La mirada del silencio en 2012, después de editar The Act of Killing pero antes de estrenarla, tras lo cual sabía que ya no podría volver a estar a salvo en Indonesia. Trabajé muy de cerca con Adi y sus padres, quienes, junto a mi equipo indonesio anónimo, se habían convertido en una nueva parte de mi familia.
Adi pasó años estudiando las grabaciones de los genocidas. Las veía con una mezcla de conmoción, tristeza e indignación; quería entenderlas. Mientras tanto, sus hijos estaban en el colegio aprendiendo que todo lo que les había pasado —la esclavitud, las torturas, los asesinatos, las décadas de apartheid político— era culpa de ellos mismos, doctrina que buscaba instigar un sentimiento de culpa en los hijos de los supervivientes. Adi quedó sumamente afectado e indignado por la arrogancia de los oficiales, el trauma y miedo causado a sus padres y el lavado de cerebro al que estaban expuestos sus hijos. En vez de proponerme continuar desde donde lo habíamos dejado en 2003, reuniendo supervivientes para que nos contaran su experiencia, Adi decidió que quería conocer a los hombres implicados en el asesinato de su hermano. Tenía la esperanza de que, al presentárseles como el hermano de la víctima, se vieran obligados a reconocer sus crímenes.
En Indonesia, que una víctima confronte a un criminal es algo inconcebible, como puede apreciarse en The Act of Killing. Se trataba de un proyecto sin precedentes: hacer una película en la que víctimas confrontaran a asesinos mientras estos seguían al mando. Los enfrentamientos eran peligrosos; cuando nos reuníamos con los peces más gordos, iba solo con Adi y mi equipo danés: el cámara Lars Skree y el productor Signe Byrge Sørensen. Adi venía sin identificación. Borrábamos todos los números de nuestros teléfonos móviles y llevábamos un segundo coche al que pudiéramos cambiarnos minutos después de habernos ido, para así huir más fácilmente en caso de que los oficiales enviaran a la policía o a sus matones a seguirnos. Pero ninguno de los enfrentamientos acabó violentamente, en gran medida gracias a la paciencia y la empatía de Adi y al hecho de que los homicidas no sabían muy bien cómo reaccionar, dado que ya me habían conocido unos años atrás.
Aun así, los encuentros fueron tensos. Una y otra vez, Adi verbalizaba lo que nunca se había dicho, permitiendo al público sentir lo que es sobrevivir a un genocidio y percibir las sombras de un silencio opresivo nacido del miedo.
IMPACTO DE THE ACT OF KILLING
The Act of Killing tuvo el impacto que los supervivientes esperaban cuando me animaron a grabar a los autores del genocidio. Ha sido proyectada miles de veces en Indonesia y está disponible en línea gratuitamente para todos los habitantes del país, lo que ha ayudado a catalizar una transformación en la forma en que Indonesia entiende su pasado. Ahora, tanto los medios como el público pueden, por primera vez y sin temor, investigar el genocidio como lo que fue, un genocidio, y hablar de los vínculos entre la catástrofe moral que representaron las masacres y la catástrofe moral que es el régimen actual constituido y aún presidido por los asesinos.
En octubre de 2012, la revista más importante de Indonesia, Tempo Magazine, publicó una edición especial doble dedicada a The Act of Killing que incluía 75 páginas de las prepotentes declaraciones de los genocidas entrevistados en toda Indonesia. El editor de la revista recopiló estos testimonios para demostrar que la película pudo haber sido realizada en cualquier parte de Indonesia, que hay miles de estos temidos criminales gozando de impunidad en todo el país y que los problemas de corrupción y gansterismo son sistémicos. Esta edición especial significó el fin de los 47 años de silencio sobre el genocidio en los principales medios de comunicación.
La Comisión Nacional de Derechos Humanos de Indonesia emitió sus declaraciones sobre el documental: «Si queremos transformar Indonesia en el país democrático que dice ser, los ciudadanos deben reconocer el terrorismo y la represión sobre los que ha sido construida nuestra historia contemporánea. Ninguna película u obra artística al respecto ha logrado eso de manera tan efectiva como The Act of Killing. Es de visionado obligatorio para todos nosotros».
Durante mucho tiempo, el gobierno indonesio ignoró The Act of Killing con la esperanza de que desapareciera. Cuando el documental fue nominado a un premio de la Academia, el portavoz del presidente indonesio reconoció que el genocidio de 1965 había sido un crimen contra la humanidad y que Indonesia necesitaba un período de reconciliación, pero a su propio ritmo. Si bien esto no significó que aceptase el documental, sí fue un avance significativo, pues representó un cambio radical por parte del gobierno que, hasta ese entonces, aseguraba que los asesinatos habían sido gloriosos y heroicos.
Hay una escena en The Act of Killing en la que acuso a uno de los asesinos de haber cometido crímenes de guerra, y él responde denunciando la hipocresía de Occidente, recordando que Estados Unidos masacró a los nativos americanos. De hecho, y más concretamente, los Estados Unidos y el Reino Unido ayudaron a maquinar el genocidio indonesio y, durante décadas, apoyaron de muy buena gana la dictadura militar que ascendió al poder tras la masacre.
Cuando The Act of Killing recibió un premio BAFTA, usé mi discurso de aceptación para recalcar que ni el Reino Unido ni los Estados Unidos de América podrán tener una relación ética con Indonesia –ni con muchos otros países del hemisferio Sur- hasta que reconozcamos los crímenes del pasado y el papel que jugamos al apoyar, participar en y, en última instancia, ignorar dichos crímenes.
Un documental no puede cambiar el panorama político de un país. No obstante, como el niño en El traje nuevo del Emperador, puede propiciar un espacio en el que la gente dispuesta a reaccionar pueda tratar los problemas más desgarradores e importantes de la nación por primera vez y sin temor.
Es justamente ahí, en ese espacio, donde entra en juego La mirada del silencio.
SITUACIÓN POLÍTICA ACTUAL DE INDONESIA
En julio de 2014 se eligió, por primera vez en Indonesia, a un presidente sin orígenes elitistas, que no es un oligarca enriquecido a través de la corrupción y el saqueo de los recursos del Estado ni un general del ejército llegado al poder a través de una dictadura militar.
El presidente electo Joko Widodo, comúnmente conocido como «Jokowi», ha demostrado una preocupación real por la difícil situación en la que se encuentran los indonesios y no ha tenido pelos en la lengua para denunciar la necesidad de reconocer las violaciones de los derechos humanos perpetradas por las fuerzas militares. Sin embargo, entre sus partidarios se encuentran generales del ejército rodeados de asesinos y sus compinches, incluyendo a los generales ya retirados Hendropiyono y Wiranto, ambos responsables de unas de las peores masacres en la historia de la dictadura militar del Nuevo Orden. Como si fuera poco, Jokowi eligió como compañero de tándem a Jusuf Kalla, el vicepresidente, quien aparece en The Act of Killing en un mitin paramilitar diciendo que, básicamente, se necesitan matones para apalear al pueblo y conseguir resultados.
No obstante, también es cierto que el contrincante de Jokowi, Prabowo Subianto, oligarca y antiguo jefe de las tan criticadas fuerzas especiales del país, fue la encarnación del lado más oscuro de la política indonesia. Prabowo es tristemente célebre por haber urdido la desaparición, tortura y ejecución de estudiantes activistas en 1998, las masacres de etnias chinas en 1998 y las matanzas de Timor Oriental.
Durante la campaña electoral, su equipo de campaña amenazó con arrestar a los periodistas críticos, avivó las llamas del extremismo religioso y declaró que Indonesia no estaba lista para una democracia electoral. Su derrota, aunque por un margen mínimo, fue un gran alivio para los supervivientes de abuso de los derechos humanos, minorías étnicas y religiosas y cualquiera implicado en la lucha por la democracia legítima de Indonesia.
Los pulquérrimos antecedentes de Joko Widodo como gobernador de Yakarta y el rechazo al antiguo régimen mostrado por el electorado son, al fin, motivo de esperanza para Indonesia.
CONTEXTO HISTÓRICO:
Masacres de 1965 – 1966 en Indonesia
Editado a partir de los comentarios sobre las masacres, sus consecuencias e implicaciones, del historiador John Roosa (Profesor de Historia de la Universidad de Columbia Británica; autor de Pretext for Mass Murder: The September 30th Movement and Suharto’s Coup D’Etat in Indonesia (Pretexto para el asesinato masivo: el Movimiento del 30 de septiembre y el golpe de estado de Suharto en Indonesia).
Comentarios iniciales y finales adicionales escritos por Joshua Oppenheimer.
En 1965, el gobierno de Indonesia fue derrocado por las fuerzas armadas. Sukarno, el primer presidente de Indonesia, fundador del Movimiento de Países no Alineados y líder de la revolución nacional contra el colonialismo holandés, fue destituido y remplazado por el general de derechas Suharto. El Partido Comunista Indonesio (PKI), que siempre había tenido un papel fundamental en la lucha contra el colonialismo holandés y que había apoyado firmemente al presidente Sukarno —a pesar de no ser comunista— fue prohibido de inmediato.
La víspera del golpe, el PKI era el partido comunista más grande del mundo fuera de un país comunista. Estaba oficialmente comprometido a llegar al poder a través de elecciones y entre sus aliados se encontraban todos los sindicatos y cooperativas para campesinos sin tierras de Indonesia. Sus principales temas de campaña incluían una reforma agraria y la nacionalización de las empresas mineras, petroleras y forestales extranjeras. Con esto, buscaban emplear los vastos recursos naturales de la nación en beneficio del pueblo indonesio que, tras 300 años de explotación colonial, vivía, en su mayoría, en la pobreza extrema.
Tras el golpe militar de 1965, cualquiera que se opusiera a la nueva dictadura militar podía ser acusado de ser comunista. Esto incluía a sindicalistas, campesinos sin tierras, intelectuales y etnias chinas, así como a cualquiera que hubiera luchado por la redistribución de la riqueza tras el fin del colonialismo. En menos de un año, y con la ayuda directa de gobiernos occidentales, más de un millón de estos «comunistas» fueron asesinados. En Estados Unidos, la masacre fue celebrada como una «gran victoria sobre el comunismo» y recibida, ampliamente, como una buena noticia. La revista Time reseñó: «La mejor noticia sobre Asia que Occidente ha recibido en años», mientras que en el New York Times se leyó el titular: «Un rayo de esperanza para Asia» y se aprovechó para felicitar al gobierno por su buena labor escondiendo su participación en los asesinatos. (Cabe acotar que la inculpación de las etnias chinas, que habían llegado a Indonesia en los siglos XVIII y XIX, fue fomentada por el servicio de inteligencia estadounidense, que buscaba crear divisiones entre el nuevo régimen indonesio y la República Popular China. Asimismo, la masacre de los miembros aldeanos del PKI y sus sindicatos y cooperativas también fue incitada por Estados Unidos, quien temía que sin una «política de tierra quemada», el nuevo régimen indonesio pudiera llegar a acoger, en algún momento, la base del PKI).
En muchas regiones de Indonesia, el ejército reclutó civiles para que cometieran los asesinatos. Se les organizó en grupos paramilitares y se les garantizó un entrenamiento básico (con un importante respaldo militar). En la provincia de Sumatra Septentrional, como en otras provincias, los paramilitares fueron reclutados, en su mayoría, de pandillas de gánsteres o “preman”. Desde las masacres, el gobierno indonesio ha celebrado «el exterminio de los comunistas» como una lucha patriótica, y ha ensalzado a paramilitares y matones al estatus de héroes, premiándolos con poder y privilegios.
Desde entonces, estos hombres y sus protegidos han ocupado posiciones clave en el poder que han usado para oprimir y perseguir a sus opositores. El pretexto usado para el genocidio de 1965 – 1966 fue el asesinato de seis generales del ejército la noche del 1 de octubre de 1965.
1 de octubre de 1965: El movimiento 30 de septiembre (Gerakan 30 September o G30S), conformado por subalternos descontentos de las Fuerzas Armadas de Indonesia, asesinó a seis generales del ejército en un golpe de estado frustrado y abandonó sus cuerpos en un pozo al sur de la ciudad. Al mismo tiempo, las tropas del Movimiento se apoderaron de la emisora de radio nacional para anunciar su intención de proteger al presidente Sukarno de los generales de derecha del ejército que atentaban con tomar el poder. El Movimiento 30 de septiembre fue derrotado incluso antes de que la mayoría de los indonesios supiera de su existencia. El teniente general Suharto, experimentado comandante del ejército, sobrevivió al atentado y no tardó en contraatacar y sacar de Yakarta a las tropas del Movimiento en un solo día.
Suharto acusó al Partido Comunista de Indonesia (PKI) de haber organizado el Movimiento y, posteriormente, orquestado el exterminio de simpatizantes del partido. El ejército de Suharto acorraló a más de un millón y medio de personas, acusándolas de estar involucradas con el Movimiento. En uno de los peores baños de sangre del siglo XX, cientos de miles de individuos fueron masacrados por el ejército y sus grupos paramilitares asociados, principalmente en Java Central, Java del Este, Bali y Sumatra Septentrional entre finales de 1965 y mediados de 1966. Suharto aprovechó este clima de emergencia nacional para usurpar, progresivamente, la autoridad del presidente Sukarno y para marzo de 1966 ya se había instaurado como presidente de facto y se había atribuido el poder de nombrar y despedir ministros.
Las masacres fueron totalmente desproporcionadas con su causa aparente. El Movimiento fue una conspiración a baja escala organizada por unas pocas personas y, en total, dejó un saldo de 12 muertos. Suharto exageró su magnitud hasta darle la forma de una conspiración continua y a nivel nacional para cometer asesinatos en masa. Todos los millones de personas asociados al PKI, incluyendo a campesinos analfabetos de aldeas remotas, fueron tachados de asesinos y de responsables colectivos del Movimiento.
Ni el gobierno indonesio ni los oficiales militares, hasta el fin del régimen de Suharto en 1998, dudaron en invocar al fantasma del PKI como respuesta ante cualquier disturbio o señal de discrepancia. La frase clave en cada argumento del régimen era: «El peligro latente del comunismo». La erradicación incompleta del PKI fue, en el sentido estricto de la palabra, la razón de ser del régimen de Suharto. El instrumento jurídico original bajo el que el régimen gobernó Indonesia más de 30 años fue la orden presidencial de Sukarno del 3 de octubre de 1965, en la que autorizaba a Suharto a «restaurar el orden». Se trataba de una orden de emergencia. Pero para Suharto, la emergencia nunca acabó.
En su intento de construir una ideología que legitimara su dictadura, Suharto se presentó como el salvador de la nación por haber derrotado al Movimiento. Su régimen usó todos los medios y métodos de propaganda estatal a su alcance para grabar el evento en las mentes de los habitantes: libros de texto, monumentos, nombres de calles, películas, museos, rituales conmemorativos y fiestas nacionales. El régimen de Suharto justificó su existencia ubicando al Movimiento en el centro de su narrativa histórica y promoviendo la imagen del PKI como la de un mal inefable. Con Suharto, el anticomunismo se convirtió en la religión de estado, con sus propios lugares sacros, rituales y fechas.
Es impresionante lo mal que ha sido entendida la violencia anti-PKI, teniendo en cuenta la escala de su magnitud. Sin lugar a dudas, el hecho de que los autores de las masacres fueran tanto militares como civiles, ha empañado las responsabilidades. No obstante, por lo poco que se conoce, es evidente que el ejército tuvo la mayor parte de la responsabilidad y que los asesinatos fueron un ejemplo de violencia planeada y burocrática, no espontánea y popular. A través del estricto control de los medios y a base de inventar historias falsas sobre el Movimiento, el grupo de oficiales de Suharto manipuló a los civiles y les inculcó la sensación de que el PKI estaba sediento de sangre. De no haber existido esta deliberada provocación por parte de los militares, el pueblo no habría creído que el PKI era una amenaza mortal, pues este se había mantenido en términos de paz tras los actos del 30 de septiembre. A partir de principios de octubre de 1965, el ejército trabajó sin cesar para despertar el odio del pueblo en contra del PKI, y el gobierno de Estados Unidos incitó activamente a la milicia indonesia a perseguir a cada comunista de a pie. Incitó a los grupos de civiles paramilitares a actuar, les garantizó impunidad y les brindó apoyo logístico.
En contra de la creencia popular, fueron muy pocos los casos de violencia desatados por los aldeanos. Por lo general, el ejército de Suharto prefería las desapariciones misteriosas a las ejecuciones públicas. El ejército y sus grupos paramilitares solían cometer sus masacres a larga escala en secreto: sacaban a los prisioneros de sus cárceles por la noche, los llevaban a lugares alejados, los ejecutaban y luego enterraban sus cuerpos en fosas comunes sin ninguna identificación o los echaban a los ríos.
La tragedia de la historia moderna de Indonesia yace no solo en las masacres organizadas por el ejército en 1965 – 1966, sino también en la ascensión al poder de los asesinos, de las personas que percibían las matanzas y la guerra psicológica como formas normales y legítimas de gobierno. El mismo régimen que se legitimó a sí mismo señalando la fosa común del pozo y jurando: «Nunca más», dejó un sinfín de fosas comunes a lo largo de todo el país, desde Aceh en el extremo oeste hasta Papúa en el extremo este. La ocupación de Timor Oriental desde 1975 a 1999 también dejó decenas, si no centenas, de miles de muertos, muchos enterrados anónimamente. Cada fosa común en el archipiélago es una señal del ejercicio de poder arbitrario y no declarado vivido en el país.
La obsesión con un hecho relativamente insignificante (el Movimiento) y el tachón de un acontecimiento de la historia mundial (las masacres de 1965 – 1966) han eliminado el sentimiento de empatía por las víctimas y por los familiares de los hombres y mujeres desaparecidos. Mientras un monumento señala el pozo en el que las tropas del Movimiento abandonaron los cuerpos de los seis generales del ejército el 1 de octubre de 1965, no hay nada que señale las fosas comunes en las que yacen los cientos de miles de personas asesinadas en nombre de la erradicación del Movimiento.
Concentrarse en quién mató a los generales el 30 de septiembre de 1965 ha funcionado como un fetiche para desviar la atención del asesinato de más de un millón de supuestos comunistas en los meses siguientes. El régimen de Suharto produjo un sinfín de propaganda sobre los despiadados comunistas implicados en el asesinato de los generales, e incluso actualmente la gran mayoría de los debates sobre el genocidio se concentran en eso. Y esto es cierto también en la mayoría de las fuentes en inglés.
En mi opinión, participar en un debate sobre quién mató a los generales sería grotesco, es por eso que no lo incluyo en The Act of Killing. El genocidio de Ruanda se desató cuando el presidente de Ruanda Juvénal Habyarimana (un hutu) murió tras un atentado a su avión mientras este se aproximaba a Kigali. Concentrarse en quién derribó el avión (¿habrán sido los extremistas tutsi? ¿O quizá los extremistas hutu buscando agitar al pueblo?) en vez de en el asesinato de 800.000 tutsis y hutus a lo largo de los siguientes 100 días sería inadmisible.
Asimismo, saber quién incendió el Reichstag es irrelevante para entender el Holocausto. Preguntarse si los oficiales descontentos involucrados en el asesinato de los seis generales contaron o no con el apoyo del líder del PKI es plantearse una pregunta completamente errónea, pues juega el papel pernicioso de desviar la atención de un genocidio de relevancia mundial. Imagínense si, en Ruanda, la pregunta más importante sobre los acontecimientos de 1994 fuera «¿Quién derribó el avión presidencial?». Eso solo sería concebible si los asesinos siguieran en el poder.
JOSHUA OPPENHEIMER
Nacido en 1974, en EEUU, Joshua Oppenheimer reside en Copenhague, Dinamarca, donde es socio de la compañía productora Final Cut for Real. Durante más de una década, Oppenheimer ha trabajado con grupos paramilitares, escuadrones de la muerte y sus víctimas para explorar los vínculos entre la violencia política y el imaginario colectivo. Graduado de Harvard y Central Saint Martins, su primer largometraje fue The Act of Killing (2012). Entre sus obras anteriores se encuentran The Globalisation Tapes (2002, producida con Christine Cynn), The Entire History of the Louisiana Purchase (1998), These Places We’ve Learned to Call Home (1996) y otros cortometrajes.
Oppenheimer es el director artístico del Centro Internacional del Documental y Cine de Autor de la Universidad de Westminster.
Filmografía
–The Act of Killing (159 minutos, 117 minutos, 95 minutos – ganadora de 72 premios internacionales incluyendo el Premio del Cine Europeo 2013, el Premio BAFTA 2014, el Asia Pacific Screen Award 2013, el Premio del Público de la Berlinale (Sección Panorama) 2013 y el Guardian Film Award 2014 por Mejor Película; nominada a los Premios de la Academia 2014 como Mejor Documental; estrenada en cines en 30 países; proyectada en innumerables festivales de cine incluyendo el Festival de Cine de Telluride, el Festival de Cine Internacional de Toronto, el Festival New Directors/New Films y el Festival de Cine Internacional de Berlín.
–The Globalisation Tapes (documental, producido con Christine Cynn, 2002).
–The Entire History of the Louisiana Purchase (50 minutos, 1997; Hugo de Oro, Chicago, 1998; Festival de Cine de Telluride, 1997).
–These Places We’ve Learned to Call Home (cortometraje, 1997; Aguja de Oro, San Francisco, 1997).
La mirada del silencio. Premios
2014 Festival de Venecia – Premio del Jurado
2014 Festival de Venecia – Premio de la Crítica (FIPRESCI) – Mejor Película
2014 Festival de Venecia – Premio de la Crítica Europea (FEDEORA) – Mejor Película
Europea y Mediterránea
2014 Festival de Venecia – Mejor Película – Premio Crítica Online (Mouse d’Oro)
2014 Festival de Venecia – Human Rights Nights Award
2015 Premio de la Academia Danesa – Mejor Documental (Robert Prize)
2015 Premio de la Asociación de Críticos Daneses – Mejor Documental (Bodil Prize)
2015 Festival Internacional de Berlín – Peace Film Prize
2014 Festival Internacional de Busan – Mejor Documental (Cinephile Prize)
2015 SXSW Film Festival – Premio del Público – Mejor Película – Festival Favorites –
2015 Festival Internacional de Goteburgo – Mejor Documental – Dragon Award
2015 Festival d’Angers – Premio del Público – Mejor Película –
2014 CPH:DOX Gran Premio (DOX Award)
2014 Premio Consejo Danés de las Artes
2015 True/False Film Festival – True Life Fund Recipient
2015 Festival de Cinéma Valenciennes – Grand Prix du Jury –
2015 Festival de Cinéma Valenciennes – Premio de la Crítica
2015 Festival de Cinéma Valenciennes Prix Étudiants
2015 Festival Internacional de Sofía – Mejor Documental
2015 Prague One World Film Festival – Mejor Película
2014 Festival de Cine de Denver – Mejor Documental
2015 Tromsø Festival Internacional – Premio Don Quixote
2015 Victoria Film Festival – Mejor Documental
VAMOS DE ESTRENO (o no) * Viernes 3 de julio *
APRENDIENDO A CONDUCIR (Learning to drive, Isabel Coixet, 2014) *****
Reparto: Ben Kingsley, Patricia Clarkson, Grace Gummer, Sarita Choudhury, Jake Weber, Samantha Bee, Daniela Lavender, Matt Salinger, Michael Mantell.
Sinopsis: Wendy (Patricia Clarkson) es crítica literaria y está en proceso de separación. Decide sacarse el carnet de conducir y recibe clases de Darwan (Ben Kingsley), un hombre de origen indio que se gana la vida como taxista e instructor en una autoescuela. Mientras conducen por las calles de Nueva York, se alejan de sus problemas cotidianos y surge entre ellos una amistad especial.
La fascinación por la cultura hindú es algo que ya se arrastra en occidente desde que Krishnamurti conquistó a los aburridos habitantes de Hollywood en los años treinta. O desde que los Beatles
volaron a Rishikesh a pasar unos días junto al Maharishi. En ambos casos lo que buscaba el desorientado occidental era la espiritualidad de la cultura india, algo que sigue fascinando y ha dado pié a toda una leyenda que sigue conquistando a progres y señoras maduras. Aprendiendo a conducir tiene algunas gotas de ello, pero no crean que abusa. Está presente, naturalmente, la fascinación por la cultura del otro, del vecino desconocido, exótico, que convive en tu ciudad y que te despacha el alcohol en el badulaque o te lleva en su taxi. Pero también nos habla de los problemas de la inmigración. Y de detener la vida, bajarse y pararse un poco a observar el paisaje. De superar el miedo y adaptarse a los cambios, que no por inesperados y traumáticos, tienen que ser negativos. Pero sobre todo, Aprendiendo a conducir es una deliciosa comedia, agridulce a veces, pero inteligente y bien construida que no sería igual de agradable si no contara con el talento de sus dos protagonistas, Sir Ben Kingsley y Patricia Clarkson, pareja de actores que ya habían trabajado anteriormente con Isabel Coixet en Elegy (2008).
Aprendiendo a conducir tuvo su premiere mundial en el pasado Festival de Toronto, donde se convirtió en la segunda película más valorada para el Premio del Público. Una segunda posición muy meritoria al competir con más de 200 películas y quedar sólo por detrás de The Imitation Game (Morten Tyldum, 2014). En nuestro país se presentó el pasado mes de abril en la Sección Oficial del Festival de Málaga, donde Isabel Coixet recibió el Premio Retrospectiva.
LOS MINIONS (The Minions, Kyle Balda y Pierre Coffin, 2015) *****
USA. Duración: 91 min. Guión: Brian Lynch. Música: Heitor Pereira Productora: Illumination Entertainment. Género: Comedia de animación.
Sinopsis: La historia de LOS MINIONS se remonta al principio de los tiempos. Los Minions empezaron siendo organismos amarillos unicelulares que evolucionaron a través del tiempo, poniéndose siempre
al servicio de los amos más despreciables. Ante su incapacidad para mantener a esos amos – desde el T. Rex a Napoleón –, los Minions acaban encontrándose solos y caen en una profunda depresión. Sin embargo, uno de ellos, llamado Kevin, tiene un plan. Acompañado por el rebelde adolescente Stuart y el adorable Bob, decide lanzarse al mundo en busca de un nuevo amo malévolo a quien sus colegas puedan seguir. El trío emprende un emocionante viaje para conseguir una jefa a quien servir, la terrible Scarlet Overkill. Pasarán de la helada Antártida, a la ciudad de Nueva York en los años sesenta, para acabar en el Londres de la misma época, donde deberán enfrentarse al mayor reto hasta la fecha: salvar a la raza Minion de la aniquilación.
A veces sucede que los personajes secundarios o de apoyo pasan a ser los destacados o los que se hacen con el favor del público. Nos gustan clásicos como Blancanieves, claro, pero los personajes que hacen inolvidable el filme son los enanitos. Y eso mismo sucede con Los Minions, seres amarillos irresistiblemente simpáticos que se dieron a conocer en Gru, mi villano favorito (Despicable Me, Pierre Coffin y Chris Renaud, 2010) y continuaron haciendo diabluras en su secuela. Ahora tienen toda una película para mostrarse y lejos de defraudar, se superan ofreciendo una deliciosa y divertida película, refrescante como pocas y sin trasfondos sentimentales ni lecciones morales: pura diversión y descerebre que gustará tanto a niños como mayores, ya que contiene algunos chistes que el público más adulto seguro sabrá apreciar. La ambientación de la mayor parte del filme, un Swiging London de postal, añade estilo y divertimento, así como una banda sonora a base de hits no por trillados, menos bienvenidos ¡Bien por Los Minions, que consiguen arrancar una sonrisa ya desde el primer fotograma!
ASESINOS INOCENTES (Gonzalo Bendala, 2015)
Sinopsis: Francisco Garralda (Maxi Iglesias) es un irresponsable universitario con graves problemas económicos. Necesita licenciarse a toda costa y Sebastián Espinosa (Miguel Ángel Solá), su profesor de psicología, le ofrecerá el aprobado si a cambio su alumno accede a hacerle un último trabajo de graduación: asesinarle.Asesinos Inocentes es una producción de Áralan Films, formada por Marta Velasco y Gonzalo Bendala, responsables de Els nens salvatges, título que recibió la ‘Biznaga de Oro’ a la Mejor Película y los premios al Mejor Guion, a la Mejor Actriz de Reparto y al Mejor Actor de Reparto en el Festival de Málaga en 2012.
LO QUE HACEMOS EN LAS SOMBRAS (What we do in the Shadows, Jemaine Clement y Taika Waititi, 2014) *****
Nueva Zelanda/USA. Duración: 86 min. Guión: Taika Cohen (AKA Taika Waititi), Jemaine Clement Música: Plan 9 Fotografía: Richard Bluck, DJ Stipsen Productora: Unison Films / Defender Films / Funny or Die / New Zealand Film Commission Género: Comedia terrorífica.
Reparto: Jemaine Clement, Taika Cohen (AKA Taika Waititi), Jonathan Brugh, Cori Gonzales-Macuer, Stu Rutherford, Ben Fransham, Rhys Darby, Jackie van Beek, Elena Stejko, Jason Hoyte.
Sinopsis: Viago, Deacon, Vladislav y Peter son vampiros, cada uno proveniente de distinta época, que comparten casa en Nueva Zelanda y nos cuentan sus vicisitudes en este falso documental.
What we do in the Shadows fue reconocida como una propuesta brillante y muy divertida durante el último festival de Sitges, alzándose con el premio del público. Con estructura de documental, el film nos narra el vivir cada día de cuatro vampiros muy distintos entre sí: del anciano Nosferatu Petyr (Ben Fransham) hasta el dandy Viago, interpretado por el propio Taika Waititi. Muy eficaz y bien documentada, la película brinda una propuesta similar a la que ofreciera la belga Vampires (2010, Vincent Lanno), aunque mucho más divertida. Muy ingeniosa, gustará al más documentado de los vampirólogos por sus divertidos guiños a las diversas interpretaciones cinematográficas del mito.
PROFANACIÓN, LOS CASOS DEL DEPARTAMENTO Q (Fasandræberne, Mikkel Norgaard, 2014) *****
Dinamarca. Duración: 119 min. Guión: Nikolaj Arcel, Rasmus Heisterberg (Novela: Jussi Adler-Olsen) Música: Patrik Andrén, Uno Helmersson, Johan Söderqvist Fotografía: Eric Kress Productora: Zentropa Entertainments / Film i Väst Género: Thriller.
Reparto: Fares Fares, Nikolaj Lie Kaas, Danica Curcic, Pilou Asbaek, David Dencik, Sarah-Sofie Boussnina, Johanne Louise Schmidt.
Sinopsis: El detective Carl Mørck y a socio Assad, del Departmento Q de la Policía de Copenhague, especializada en casos especiales, investigan el brutal asesinato de dos jóvenes gemelos en una casa de verano. Un caso que fue cerrado con la confesión de un personaje marginal del pueblo, a pesar de que la policía sospechaba de un grupo de estudiantes de clase alta.
El escritor Jussi Adler-Olsen ha conocido el éxito internacional con las novelas dedicadas al Departamento Q, historias policíacas cuya popularidad se vio incrementada con la adaptación al cine de la primera de ellas, La mujer que arañaba las paredes, que como Misericordia, Los casos del departamento Q (Kvinden i buret) fue dirigida por Mikkel Nørgaard, siendo la película más vista en Dinamarca en 2013. Ahora le ha llegado el turno a la segunda novela de una serie que de momento consta de seis, Los chicos que cayeron en la trampa, que llega a nuestras pantallas como Profanación, los casos del departamento Q, dirigida también por Mikkel Nørgaard y protagonizada, al igual que la primera, por Nikolaj Lie Kaas y Fares Fares. El resultados es una cinta atmosférica que ya desde su inicio engancha. Elegantemente rodada y narrada, no hay lugar para el humor a pesar de contener ciertas dosis de buddy movie. Solemne y violenta, no teman verla si se han perdido la primera, ya que las referencias a ella son más bien escasas y en todo caso no afectan al disfrute de este segundo caso del departamento Q. Por cierto, me agradaría equivocarme, pero al que esto escribe le cuesta bien poco imaginar un remake absurdo del film danés pero con caras conocidas Made in Hollywood, al igual que hicieran con aquella trilogía policíaca de Stieg Larsson. Tiempo al tiempo…
Un verano con Rossellini y los Estudios Ealing en Cines Verdi (Madrid y Barcelona) … y a precios de ‘día del espectador’
En exclusiva en Cines Verdi, 16 clásicos de la Historia del Cine restaurados en alta definición 2K (V.O.S.E) ¡al precio del Día del Espectador –4,50 €–! Y además en la sala más espaciosa y con más glamour del Verdi. Vaya programas dobles nos vamos a marcar…
Ciclo Roberto Rossellini Centenario del nacimiento de Ingrid Bergman
Estreno 3 de julio
Roberto Rossellini es uno de los grandes maestros del cine italiano y el padre del neorrealismo, cuya influencia ha sido reconocida por cineastas como Martin Scorsese. Podremos ver la fundacional Roma, ciudad abierta (Roma città aperta, 1945) y tres paradigmáticos films que protagonizó junto a la que fue su esposa durante varios años, Ingrid Bergman, con la cual vivió una de las historias de amor más polémicas del mundo del cine: Stromboli, tierra de Dios (Stromboli, 1950), Ya no creo en el amor (Non credo più all’amore [La paura], 1954) y Te querré siempre (Viaggio in Italia, 1954). Nuestro particular homenaje a la mítica actriz con motivo del centenario de su nacimiento.
El ciclo se completa con Camarada (Paisà, 1946), El amor (L’amore, 1948), Alemania, año cero (Germania, anno zero, 1948), La macchina ammazzacattivi (1952) y el documental India, matri bhumi (1959).
…& Ciclo So British: Lo mejor de la productora Ealing
Estreno 17 de julio
La productora Ealing representa la quintaesencia del cine británico, donde se gestaron algunas de las comedias satíricas más brillantes y para la que trabajaron dos talentos que contribuyeron notablemente a su fama: el director Alexander Mackendrick y el actor Sir Alec Guinness. Ofrecemos siete películas de este prestigioso estudio: las obras maestras de Mackendrick Whisky a gogó (Whisky Galore!, 1949), El hombre vestido de blanco (The Man in the White Suit, 1951) y El quinteto de la muerte (The Ladykillers, 1955), las dos últimas protagonizadas por un memorable Guinness; a las que se suman las soberbias interpretaciones en Ocho sentencias de muerte (Kind Hearts and Coronets, Robert Hamer; 1949) y Oro en barras (The Lavender Hill Mob, Charles Crichton; 1951). Cierran el programa las deliciosas Pasaporte a Pimlico (Passport to Pimlico, Henry Cornelius; 1949) y Los apuros de un pequeño tren (The Titfield Thunderbolt, Charles Crichton; 1953).
VAMOS DE ESTRENO (o no) *Viernes 26 de junio*
UNA SEGUNDA MADRE (Que Horas Ela Volta?, Anna Muylaert, 2015) *****
Brasil. Duración: 110 min. Guión: Anna Muylaert Música: Fabio Trummer, Vitor Araujo Fotografía: Bárbara Alvarez Productora: Africa Filmes / Globo Filmes / Gullane Filmes Género: Drama familiar.
Reparto: Regina Casé, Camila Márdila, Karine Teles, Lourenço Mutarelli, Michel Joelsas, Helena Albergaria, Antonio Abujamra.
En casa de unos acomodados señores parece reinar la armonía. La sirvienta Val (una maravillosa Regina Casé) cuida como si de su hijo se tratara al vástago de sus señores. Su vida está dedicada a esa familia, que la corresponde con amabilidad. Pero cuando se presenta su hija Jessica (Camila Márdila) la estabilidad de la casa y de la propia Val se tambalea. Jessica, que hace 13 años que no vive con su madre, representa un nuevo futuro: independiente y brillante estudiante, supera en ambiciones las que la sociedad parece tener reservadas a los de su clase, así que pronto descubrirá como los señores de la casa intentarán ponerla en el que piensan es su lugar. Incluso el marido de la señora cree tener derecho de pernada. Un reverso esperanzador del, por otra parte maravilloso, clásico Imitación a la vida (Imitation of Life, John M. Sthal, 1934). Cine social con corazón pero sin caer en sentimentalismo.
SAN ANDRÉS (San Andreas,Brad Peyton, 2015) *****
USA. Duración: 114 min. Guión: Carlton Cuse (Historia: Andre Fabrizio, Jeremy Passmore). Música: Andrew Lockington Fotografía: Steve Yedlin Productora: Warner Bros. / Village Roadshow Pictures / New Line Cinema Género: Catástrofes
Reparto: Dwayne ‘The Rock’ Johnson, Alexandra Daddario, Carla Gugino, Paul Giamatti, Hugo Johnstone-Burt, Art Parkinson, Ioan Gruffudd, Will Yun Lee, Todd Williams.
Sinopsis: Después de que la traicionera falla de San Andrés ceda y desencadene con ello un terremoto de magnitud de más de 9 en California, un piloto de helicóptero de búsqueda y rescate (Dwayne Johnson) y su exmujer (Carla Gugino) deciden ir juntos de Los Ángeles a San Francisco para salvar a Blake (Alexandra Daddario), su única hija . Sin embargo, este engañoso viaje hacia el norte es sólo el principio, y cuando creen que lo peor ya ha pasado…en realidad sólo acaba de empezar.
Uno no puede entender la pataleta con la que la crítica americana ha recibido este filme. Críticas que posiblemente reproduzcan los profesionales españoles. Y no se comprende porque en todo momento uno está al corriente de lo que va a ver, y con creces recibe lo que puede esperarse de San Andrés: espectáculo,
increíbles efectos especiales, emoción, y claro, también personajes más bien escasos de personalidad que representan asi una excusa argumental para que el espectador se interese algo por ellos y descanse entre temblor y temblor. Y todo nos lo ofrece el director perfectamente orquestado (se permite incluso un plano secuencia de lo más complicado que posiblemente pase desapercibido) ofreciendo todos los tópicos posibles: héroe excombatiente de Afganistán; niño listo y algo repelente; chica guapa e inteligente y unas gotas finales de patriotismo esperanzador (allí) y ridículo (aquí) ante un desastre de enormes dimensiones en el que parece que tan solo hay que lamentar pérdidas materiales. Estados Unidos parece ya lo suficientemente recuperado del traumático 11-S como para exorcizar sus miedos a base de héroes como Los Vengadores o ‘The Rock’, al que por cierto Brad Peyton ya había dirigido en Viaje al centro de la Tierra 2: La isla misteriosa (Journey 2: The Mysterious Island, 2012). Entre las actrices destaca Carla Gugino, de larguísima carrera en la pantalla y a la que los más enfermos recuerdarán como la morbosa Sally Júpiter en Watchmen (Zack Snyder, 2009); y Alexandra Daddario cuyos ojos, entre otros destacados encantos, no han podido olvidar los espectadores de la serie True Detective, y que era de largo lo mejor de La matanza de Texas 3-D (Texas Chainsaw 3D, John Luessenhop, 2013). Finalmente se agradece, y mucho, la presencia de Paul Giamatti, que aunque tiene un papel bastante anodino, compensa con su presencia las carencias de ‘The Rock’.
Con todo San Andrés nos parece un entretenimiento para toda la familia que no resulta tedioso y que cumple con creces su cometido. Y eso no es poco.
VAMOS DE ESTRENO (o no) *Viernes 19 de junio*
WHITE GOD (DIOS BLANCO) (Feher Isten, Kornél Mundruczó, 2014)
Hungría. Duración: 119 min. Guión: Kornél Mundruczó, Viktória Petrányi, Kata Wéber Música: Asher Goldschmidt Fotografía: Marcell Rév Productora: Coproducción Hungría-Alemania-Suecia Género: Drama fantástico.
Reparto: Zsófia Psotta, Sándor Zsótér, Lili Horvárth, Szabolcs Thróczy, Lili Monori, Gergely Bánki, Tamás Polgár, Károly Ascher, Erika Bodnár.
Sinopsis: Una nueva ley da preferencia a los perros de raza e impone un tributo considerable por las razas cruzadas. Rápidamente, los refugios caninos se llenan con perros abandonados. Lili, de 13 años, lucha por proteger a su perro, Hagen, pero su padre lo suelta en la calle. Hagen y su ama se buscan por todos los medios, hasta que un día Lili baja los brazos. Por su parte, Hagen lucha por sobrevivir y rápidamente se da cuenta de que no todo el mundo es el mejor amigo del perro. Se une a un grupo de perros errantes, es capturado y enviado a la perrera. Entonces, los perros aprovechan para escapar y hacer una revolución contra los seres humanos. Su venganza será despiadada. La única que podría terminar con la guerra entre el hombre y el perro sería Lili.
Uno de los filmes marcianos de la temporada con varias lecturas dependiendo del espectador, o de las ganas de pararse a pensar que tenga. Pasa por película para todo la familia hasta que se convierte en una cinta apocalíptica con un guión que la hermana -y no es broma- a La rebelión de los simios (Conquest of the Planet of the Apes, J. Lee Thompson, 1972) con homenaje a Los pájaros (The Birds, 1963) de Alfred Hitchcock incluido. Deliciosa a momentos, Kornél Munduczó demuestra, desde luego, que sabe dirigir difíciles escenas de multitudes (¡274 perros!), así como a los absolutos protagonistas del film, la niña Lili (Zsófia Psotta) y el perro Hagen/Max (Luke/Body), dos actores de primera que debutan aquí. La nerviosa cámara de Munduczó nos lleva por una Hungría post-industrial en la que nunca luce el sol. Gris y casi futurista, aunque se desarrolle en un futuro miserable en el que más que vivir, se sobrevive. El resultado es una cinta valiente con múltiples lecturas, como ya he mencionado, pero que también funciona como cuento y road movie canina. De verdad sorprende, que no es poco. Finalmente, para los amigos de valorar una película por sus logros en festivales, señalar que obtuvo el premio Un Certain Regard en Cannes 2014.
AHORA O NUNCA (María Ripoll, 2015)
España. Duranción: 97 min. Guión: Jorge Lara, Francisco Roncal Fotografía: Pau Esteve Birba Productora: Atresmedia Cine / Canal+ España / AXN Género: Comedia.
Reparto: Dani Rovira, María Valverde, Clara Lago, Alicia Rubio, Marcel Borrás, Jordi Sánchez, Víctor Sevilla, Yolanda Ramos, Gracia Olayo, Melody, Carlos Cuevas, Joaquín Núñez, Anna Gras.
Sinopsis: Eva y Alex son una pareja que, tras años de noviazgo, decide casarse en el lugar en el que se enamoraron, un pequeño pueblecito de la campiña inglesa, pero todo parece estar en contra de que se celebre esa unión.
El año pasado María Ripoll nos presentó el encantador film Rastres de sándal, una cinta sencilla pero efectiva que no hacía presagiar que su siguiente propuesta fuera algo como Ahora o nunca, un esfuerzo de canibalizar el éxito de cierta película con apellidos y vascos en su título. Y es que su directora cuenta con los ingredientes, dispone incluso de los dos protagonistas de aquella, pero ni por esas. La historia no engancha y se apoya demasiado en eternos gags basados exclusivamente en la innegable gracia de algunos actores, que aquí naufragan. Y no es que el resultado sea desagradable, pero resulta ineficaz y lo que es peor, no provoca risa. Posiblemente su atractivo reparto lleve público al cine con ganas de pasarlo bien, pero aunque gustará, no convencerá.
VAMOS DE ESTRENO (o no) * Viernes 12 de junio*
HABLAR (Joaquin Oristrell, 2015) *****
España. Duración: 79 min. Guión: Joaquín Oristrell. Música: Alejandro Pelayo. Fotografía: Teo Delgado. Productora: Canal+ España / Sabre Producciones / Aquí y Allí Films. Género: Comedia / Drama.
Reparto: Goya Toledo, Marta Etura, Miguel Ángel Muñoz, María Botto, Antonio de la Torre, Raúl Arévalo, Juan Diego Botto, Sergio Peris-Mencheta, Álex García, Petra Martínez, Secun de la Rosa, Melanie Olivares, Nur Al Levi, Estefanía de los Santos, Carmen Balagué, Mercedes Sampietro, Astrid Jones, Dafnis Balduz, Juan Margallo.
79 minutos y medio kilómetro de recorrido en el madrileño barrio de Lavapiés en el que, durante una calurosa noche de agosto de 2014, 20 personajes en plena crisis económica, política y existencial hablan, discuten, ríen, lloran, amenazan, susurran, gritan, roban, se citan, se enfadan, se abrazan, cantan, proponiendo al espectador una reflexión sobre el inmenso poder de la palabra en un viaje entre el teatro y el cine.
A pesar de que Hablar es un experimento que utiliza un recurso cinematográfico muy marcado (el plano único de continuidad) tiene mucho más peso el texto que la imagen en el filme, ofreciendo un resultado cercano al teatro, no en vano el filme concluye en uno. Sus personajes, un reparto coral del joven cine español, ofrecen diversas historias que irán del drama a la comedia, sin desechar una crítica social que bordea el panfletismo. Todo ello con un aceptable nivel general, entre el que destaca, por aquello de la memoria sentimental, la estupenda coplilla ‘El cheque’ de Pepe da Rosa que recrea acertadamente Antonio de la Torre.
LOS INSÓLITOS PECES GATO (Claudia Sainte-Luce, 2013) *****
México / Francia. Duración: 89 min. Guión: Claudia Sainte-Luce. Música: Madame Recamier, Lino Nava. Fotografía: Agnès Godard. Productora: Cine CANÍBAL / Jaqueca Films / CONACULTA / Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad / IMCINE. Género: Comedia dramática.
Reparto: Ximena Ayala, Lisa Owen, Sonia Franco, Wendy Guillén, Andrea Baeza.
Sinopsis: Claudia (Ximena Ayala), una joven callada y meditabunda que trabaja en un supermercado como promotora de salchichas, termina en la sala de urgencias de un hospital público, con un severo caso de apendicitis. Es ahí donde conoce a Martha (Lisa Owen), una mujer que se encuentra hospitalizada en la cama de al lado. Martha, quien vive acompañada por sus hijos, poco a poco se gana la confianza de Claudia. El curioso equilibrio de esta familia logra que Claudia establezca una relación de amistad con Martha, lazo que poco a poco se va estrechando.
El cine mexicano parece gozar de buena salud. A directores como Guillermo del Toro, Alonso Cuarón o Alejandro Gómez Iñarritu, se les están uniendo unos jóvenes descarados pero cargados de pasión y talento. Si hace poco les hablamos del estrenó en nuestras pantallas de Güeros (2014) de Alonso Ruizpalacio, ahora es el turno de una directora novel, que nos ofrece esta película inspirada en el caso real de una mujer que sabiendo próxima su muerte, consigue rodearse de todos los que hacen soportable sus últimos días y le dan un sólido sentido a su existencia. Muy bien narrada por una directora que mima los detalles consiguiendo hablar a los sentidos (ese plano detalle inicial de los copos de avena que la protagonista separa para unas hormigas, que en el plano siguiente aplasta) y rodando con tempo pausado en contraste con momentos como el de la comida, que posee el ritmo frenético de una impecable escena de acción . Sainte-Luce cuida el arco de transformación de sus personajes, y a pesar de hablar sobre el fatalismo de la muerte, no cae en tópicos sensibleros. Sin duda una buena opera prima reconocida en diversos festivales como los de Toronto, San Francisco y Mar del Plata.
LEJOS DEL MUNDANAL RUIDO (Far from the Madding Crowd, UK, Thomas Vinterberg, 2015) *****
Duración: 119 min. Guión: David Nicholls (Novela: Thomas Hardy) Música: Craig Armstrong Fotografía: Charlotte Bruus Christensen Productora: Coproducción GB-USA; BBC Films / DNA Films / Fox Searchlight Pictures. Género: Drama romántico.
Reparto: Carey Mulligan, Matthias Schoenaerts, Michael Sheen, Tom Sturridge, Juno Temple, Jessica Barden, Hilton McRae, Richard Dixon, Bradley Hall.
Sinopsis: La independiente, bella y testaruda Bathsheba Everdene (Carey Mulligan) sabe lo difícil que es para una mujer definir sus sentimientos en un lenguaje creado principalmente por el hombre para expresar los suyos. De carácter fuerte e independiente esta joven, propietaria de la mayor granja de su localidad, está en situación de elegir entre los tres pretendientes que la rondan, Gabriel Oak (Schoenaerts), un ganadero dedicado a la cría de ovejas; Frank Troy (Sturridge), un apuesto y temerario sargento; y William Boldwood (Sheen), un maduro y próspero soltero.
Basada en la clásica novela de Thomas Hardy que ya fue adaptada para el cine en 1967 por John Schlesinger, la versión de Vinterberg está lejos de desentonar. Tras dejar claro ya en los títulos de crédito que nos encontramos ante una historia de amor, nos llevará a parajes naturales de extraordinaria belleza en los que las naturalezas terminarán desatándose. Con exquisita ambientación de época, el director nos ofrece planos casi pictóricos por los que la independiente heroína del filme evolucionará y madurará en esta historia de amor nada cursi y de magnífica digestión que cuenta con la garantía del director danés, que ya nos ofreció la magnífica La caza (Jagten, 2012), y una protagonista que nos cautivó desde que la vimos en Drive (Nicolas Winding Refn, 2011) y Shame (Steve McQueen, 2011), la pizpireta Carey Mulligan.
Jurassic World (Colin Trevorrow, 2015)
USA. Duración: 117 min. Guión: Colin Trevorrow, Rick Jaffa, Amanda Silver, Mark Protosevich (Personajes: Michael Crichton)Música: Michael Giacchino Fotografía: John Schwartzman Productora: Amblin Entertainment / Universal Pictures Género: Fantasía.
Reparto: Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, Omar Sy, Jake Johnson, Vincent D’Onofrio, Judy Greer, Ty Simpkins, BD Wong, Nick Robinson, Irrfan Khan.
Sinopsis: Veintidós años después de lo ocurrido en Jurassic Park, la isla Nublar ha sido transformada en un parque temático, Jurassic Wold, con versiones «domesticadas» de algunos de los dinosaurios más conocidos. Cuando todo parece ir a la perfección y ser el negocio del siglo, un nuevo dinosaurio de especie todavía desconocida y que es mucho más inteligente de lo que se pensaba, comienza a causar estragos entre los habitantes del Parque.
Del porqué sobre la fascinación de los niños por los dinosaurios es algo que nunca terminé de entender. Yo he sido testigo de al menos un caso: el de Bermudez, un niño de mi clase que se sabía el nombre de todas las especies y coleccionaba unos pequeños muñecos de chicles Dunkin que ahora valen una fortuna. Más tarde supe que esta fascinación por los grandes saurios no era nada extraña y que ese amigo no era otra cosa que un moderno, ya que en países del primer mundo como Estados Unidos esto era algo muy común desde siempre, testificado por tempranos filmes como The Lost World (Harry O. Hoyt y Willis O’Brien, 1925) y King Kong (Merian C. Cooper y Ernst C. Schoedsack, 1933) o películas contemporáneas como Cuando los dinosaurios dominaban la tierra (When Dinosaurs Ruled the Earth, Val Guest, 1970) o Hace un millón de años (One Million Years D.C., Don Chaffey, 1966), que los niños de mi generación pudimos ver en los cines y de las que me impresionaron más las formas y los minúsculos modelitos de las cavernícolas que los dinosaurios.
En todo caso y por muy encantadora que resultara la animación stop-motion, todo cambió cuando llegó a las pantallas Jurassic Park (1993), producto de la mente de otro niño fascinando por los dinosaurios, Steven Spielberg, y cima de la animación digital que marcó un antes y un después: la escena en la que aparecen los primeros saurios animados con la majestuosa música de John Williams de fondo, permanece grabada aún hoy en la mente de los espectadores. Desde entonces los efectos infográficos han invadido todo aspecto cotidiano de la vida y han conseguido que los grandes estudios aborden los personajes de Marvel Cómics sin hacer el ridículo.
Pero alguna espina se le quedaría clavada a Spielberg cuando ha decidido retornar al mundo jurásico, aunque lo haya hecho arriesgando lo mínimo, ya que Jurassic World es una aventura para toda la familia rodada al estilo de las originales, con mucha acción, menos terror y ligeras dosis de humor. Un humor que funciona, con el que el film se ríe un poco de sí mismo y de ciertos arquetipos, convirtiéndose así en una atracción impecable y eficaz que no se anda demasiado por las ramas. El director Colin Trevorrow, que tenía tan solo 17 años cuando se estrenó Jurassic Park, ha entendido perfectamente lo que se le ha demandado y así lo ha rodado: una rápida presentación de los personajes con características muy marcadas, conflictos internos y carencias afectivas; escenario y… ¡acción! Mucha acción. Pero no se trata de volver a las especies ya conocidas. Como dice uno de los personajes, los dinosaurios hace 20 años que ya no impresionan a nadie, hacen falta más dientes, y esos dientes se consiguen creando nuevas especies híbridas mediante la manipulación genética. El resultado es simple pero emocionante, con escenas en las que uno se sorprende a sí mismo disfrutándolas con la boca abierta y lo suficientemente retro como para conquistar a los espectadores que saben qué es lo que van a ver y, que si bien no se sentirán tan conmocionados ante el Indominus Rex como los que asistieron en 1933 al estreno de King Kong en el Grauman Theatre, al menos no se sentirán defraudados, ni los más pequeños ni los que lo fueron en los noventa y observan con lupa estas revisiones de los personajes de su infancia.
Finalmente y como pueden suponer, la película deja la puerta abierta, y bien abierta, para una secuela.
VAMOS DE ESTRENO (o no) *Viernes 29 de mayo de 2015*
NUESTRO ÚLTIMO VERANO EN ESCOCIA (What We Did on Our Holiday, Andy Hamilton y Guy Jenkin, 2014) *****
UK. Duración: 95 min. Guión: Andy Hamilton, Guy Jenkin. Música: Alex Heffes. Fotografía: Martin Hawkins. Comedia.
Sinopsis: Doug (David Tennant) y Abi (Rosamund Pike) están en proceso de divorcio, pero deciden ocultarlo cuando van a visitar, junto a sus tres excéntricos hijos, al padre de Doug, Gordie (Billy Connoly), enfermo terminal de cáncer y residente en un pueblo de las Highlands escocesas. Allí participarán en una gran reunión familiar que cambiará sustancialmente la forma de entender la vida de todos ellos.
Si algún filme merece el calificativo de delicioso, ese es Nuestro último verano en Escocia, una comedia ágil y sobre todo realmente graciosa, pero sin necesidad de caer en la estridencia ni en la sal gruesa. Tiene las medidas exactas de ternura, mensaje, drama y humor pero sin empalagos ni momentos lacrimógenos. Y todo ello con tres niños en su reparto y una significativa muerte. No puede hablarse de que el filme represente un viaje iniciático de uno de los niños (Emilia Jones) ni de su relación con su abuelo (Billy Connolly), ya que ese no es el tema de la cinta, pero sí uno de los puntales en los cuales se edifica uno de los guiones más redondos e inteligentes que hemos visto en lo que va de año. A lo que se suma un grupo de actores realmente impecables, como David Tennant, familiar para el espectador por ser el adusto protagonista de la serie Broadchurch; mientras que Rosamund Pike es la Perdida del filme de David Fincher (Gone Girl, 2014). Por su parte la joven Emilia Jones realiza un magnífico trabajo tras haberla conocido por la serie Utopia.
Y ya puestos a resaltar las muchas virtudes de este filme, decirles que también cuenta con maravillosas localizaciones en las Highlands escocesas. Nuestro último verano es Escocia es de ese tipo de cine para detenerse, tomarse un respiro y disfrutar, como un buen té.
SON OF A GUN (Julius Avery, 2014) *****
Australia. Duración: 108 min. Guión: Julius Avery. Música: Elliott Wheeler. Fotografía: Nigel Bluck. Productora: Bridle Path Films / WBMC / Media House Capital / Southern Light Films / Altitude Film Entertainment. Género: Thriller.
Reparto: Ewan McGregor, Brenton Thwaites, Alicia Vikander, Matt Nable, Damon Herriman, Nash Edgerton, Jacek Koman, Tom Budge, Eddie Baroo, David Partridge.
Sinopsis: Encerrado por un delito menor, el joven JR (Brenton Thwaites) aprende rápidamente las dureza de la vida en prisión, y que para sobrevivir dentro hay que buscar protección. Pronto se encontrará bajo la mirada del criminal más famoso de Australia, Brendan Lynch (Ewan McGregor), pero ese amparo tiene un precio. Lynch y su equipo tienen planes para su joven protegido: tras salir JR en libertad, deberá ayudar a Lynch con su plan de fuga.
Son of a Gun se inicia como eficaz drama carcelario, con todos los tópicos que se les ocurran, para pasar a film de atracadores bastante emocionante que no duda en mostrarnos por medio algún drama de interés humano e incluso una historia de amor en el infierno. Buen promedio para un director que se estrena en el largo con este thriller que también ha escrito. Los actores están correctos e incluso muy bien, como es el caso de Ewan McGregor y el joven Brenton Thwaites. Y si la bonita actriz sueca Alicia Vikander les causa una sensación de déjà vu, quizás sea porque su rostro es el que da vida al androide Ava en Ex Machina (2015) de Alex Garland. Un film australiano correctamente orquestado e interpretado.
IT FOLLOWS (David Robert Mitchell, 2014) *****
USA. Duración: 100 min. Guión: David Robert Mitchell. Música: Disasterpeace. Fotografía: Michael Gioulakis. Productora: Northern Lights Films / Animal Kingdom / Two Flints. Género: Terror.
Reparto: Maika Monroe, Keir Gilchrist, Daniel Zovatto, Jake Weary, Olivia Luccardi, Lili Sepe, Linda Boston, Caitlin Burt, Heather Fairbanks, Aldante Foster, Ruby Harris.
Sinopsis: Para Jay (Maika Monroe), de 19 años, el otoño debería consistir en ir a la escuela, salir con chicos y pasar fines de semana en el lago. Sin embargo, tras un encuentro sexual, empieza a tener visiones horribles; no consigue librarse de la sensación de que alguien o algo la persigue. A medida que la amenaza crece, Jay y sus amigos deben escapar de alguna manera del terror que les sigue los pasos.
(Ver crónica completa aquí)
UNA PALOMA SE POSÓ EN UNA RAMA A REFLEXIONAR SOBRE LA EXISTENCIA (En duva satt på en gren och funderade på tillvaron, Roy Andersoon, 2014)
Duración: 101 min. Guión: Roy Andersson. Fotografía: István Borbás, Gergely Pálos. Productora: Roy Andersson Filmproduktion AB / Nordisk Film- & TV-Fond. Género: Comedia.
Reparto: Holger Andersson, Nils Westblom, Charlotta Larsson, Viktor Gyllenberg, Lotti Törnros, Jonas Gerholm, Ola Stensson, Oscar Salomonsson, Roger Olsen Likvern
UNA PALOMA SE POSÓ EN UNA RAMA A REFLEXIONAR SOBRE LA EXISTENCIA es la última parte de la “Trilogía Viva” de la que forma parte Canciones del 2º piso (2000) y Vosotros los vivos (2007), y que está consagrada a la desesperación del ser humano. Esta trilogía fue iniciada por el maestro sueco del humor sarcástico Roy Andersson hace 15 años. El Festival de cine de Venecia le otorgó el máximo galardón a esta última entrega, premiando así cuatro años de intenso trabajo dedicados en exclusividad a hacer esta película. Y para contarla Andersson recurre a viñetas habitadas por patéticos personajes pálidos, maquillados de blanco, con un semblante que les asemeja a cadáveres. Unas viñetas en las que la cámara se queda extática y con las que ha buscado la belleza, sombría, pero belleza a fin de cuentas inspirándose en la pintura de artistas como Otto Dix, Georg Scholz, Ilja Repin y Brueghel el Viejo.
Personajes ridículos, feos, que nunca sonríen. Momentos absurdos, relatos banales a ritmo de vals que hilvanan existencias tristes pero que en su patetismo transmiten humor. Un humor que retrotrae a los momentos más absurdos de los primeros Monty Phyton, de tal forma que uno espera (y casi desea) que en cualquier momento un enorme pié entre en escena pisándolo todo, tal y como sucedía en los primeros sketches del grupo británico. Y todo ello desarrollado en paisajes desolados en los que el sol brilla por su ausencia y que contribuyen al clima de derrota que transmite Andersson, director que creemos agradaría a Sergio Caballero.
Hay que celebrar pues la presencia de una película marciana en cartelera, ideal para el espectador que se aburre y aburre a todos quejándose de lo fatuo del cine que se estrena en nuestras pantallas.
VAMOS DE ESTRENO (o no) *Viernes 22 de mayo de 2015*
LAZOS DE SANGRE (Blood Ties, Guillaume Canet, 2013) *****
Francia/ Estados Unidos. Duración: 127 min. Guión: Guillaume Canet, James Gray (Historia: Jacques Maillot). Fotografía: Christophe Offenstein.
Reparto: Clive Owen, Billy Crudup, Marion Cotillard, Zoe Saldana, Mila Kunis, James Caan, Matthias Schoenaerts, Noah Emmerich, Lili Taylor.
Sinopsis: Chris Pierzynski (Clide Owen) sale de prisión tras cumplir una condena de varios años. Su hermano pequeño Frank (Billy Crudup), agente de policía, lo espera con reticencia a la salida de la cárcel. Chris y Frank siempre han tenido sus más y sus menos, pero sin embargo, sus lazos de sangre los unen y, por ello, Frank da una oportunidad a su hermano ayudándole a integrarse en la sociedad. Pero pronto su pasado llamará de nuevo a su puerta y Chris volverá a tomar la senda del crimen, algo que Frank no está dispuesto a permitir.
Lazos de sangre es un remake a la americana del largometraje francés Liens de sang (2008) de Jacques Maillot. La operación, a falta de ver el original, ha sido un éxito, o al menos la historia encaja perfectamente en el New York de los años setenta. Unos setenta muy bien recreados, no tan solo en vestuario y ambientación, sino también por la propia fotografía del filme, sombría, que nos retrotrae a películas de aquella época. No en vano algunas críticas han descrito esta cinta como una historia que podría haber rodado Scorsese o Sidney Lumet en los años 70. Con todo el filme resulta lento en algún momento y peca de exceso de metraje, pero mantiene el suficiente interés como para pasar un buen rato con él. El que su argumento no resulte nada original y que la forma de narrarlo sea lineal, conforma un valor añadido a Lazos de sangre. Es atractiva por su sencillez. Digerible, digestiva y bien narrada (aunque en algún momento el espectador tenga la sensación de haberse perdido algo).
En su magnífico reparto destacan, además de los dos protagonistas, Clive Owen y Billy Crudup, la atareada Mila Kunis, Lili Taylor y el veterano James Caan.
- Premios
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2013: Festival de Cannes: Sección oficial fuera de concurso (Un Certain Regard)2013: Festival de Toronto (TIFF): Nominada al Premio del Público (Mejor película)
CAZA AL ASESINO (The Gunman, Pierre Morel, 2015) *****
Javier Bardem y Idris Elba encabezan junto a Sean Penn este reparto de lujo, que cuenta también con Ray Winstone, Mark Rylance y Jasmine Trinca, entre otros. El filme está dirigido por Pierre Morel, responsable de la exitosa saga de acción Venganza, y producida por Silver Pictures, artífices de películas de acción tan icónicas como Matrix, Arma Letal y el reciente éxito Non-Stop de Jaume Collet Serra. Su guión adapta la novela francesa La Position du Tireur Couche de Jean-Patrick Manchette, un auténtico referente en la novela negra francesa, que el prestigioso historietista Jacques Tardi adaptó en su novela gráfica Cuerpo a Tierra.
52 MARTES (52 Tuesdays, Sophie Hyde, 2013) *****
Australia. Duración: 109 min. Guión: Matthew Cormack, Sophie Hyde. Música: Benjamin Speed. Fotografía: Bryan Mason. Productora: Closer Productions. Género: Drama.
Reparto: Tilda Cobham-Hervey, Del Herbert-Jane, Beau Travis Williams, Imogen Archer, Mario Spate, Sam Althuizen, Danica Moors.
Sinopsis: La madre de Billie, una chica de 16 años, va a someterse a una operación de cambio de sexo. Durante el tiempo que dure el proceso ésta le pide que sólo se vean los martes por la tarde.
Es inevitable ver el primer largo de ficción de Sophie Hyde bajo la estela de Boyhood (y ello aunque la australiana se estrenara un año antes), porque lo primero que nos llama la atención es la apuesta temporal de la cinta. Efectivamente, la película fue rodada durante los 52 martes consecutivos que le dan título. Un año de rodaje para retratar la evolución de la transformación de los personajes en tiempo casi real. Y en un esfuerzo por lograr el más difícil todavía, Hyde eligió trabajar con interpretes no profesionales a los que dirigió sin guión previo (sólo unas cuantas directrices). Todas estas decisiones formales la convierten en una película arriesgada y auténtica a partes iguales.
El riesgo en la forma se ve acompañado por la elección de una temática igualmente atrevida (cosa de la que carece Boyhood, por ejemplo): la transexualidad femenina, que agudiza la crisis de identidad que viven los personajes. Porque 52 martes es un relato de crecimiento, nos enfrenta una vez más a la crisis de la adolescencia en la que todos vemos quebrar el suelo sólido de la infancia sin que hayan llegado aún los puntos de anclaje de la edad adulta. Un adolescente se mueve en terreno de nadie en busca de su propio yo.
La búsqueda adolescente es un motivo recurrente en nuestro imaginario, la novedad que aporta Hyde es la de rodearlo con la redefinición
de la propia madre. Así, el conflicto es doble porque al despertar sexual de la joven se le suma la readaptación de la sexualidad de la madre, un choque de trenes que tira por tierra todos los umbrales de seguridad y pone las emociones al límite.
Ahí, en el terreno de las emociones es donde mejor funciona 52 martes y su elección formal, la cinta se convierte en un collage impresionista que se manifiesta como el mejor vehículo para la exposición del tema. Para construir el relato la directora juega con tres tipos de imágenes: de archivo, ilustrando lo que ocurrió en el mundo durante esas 52 semanas; las de las dos protagonistas que graban con sus cámaras sus experiencias, sentimientos y el avance de la transición; y las tradicionales de una película de ficción. La superposición de esos tres círculos (que tienen algo de concéntricos) construye la historia en todos sus planos, desde el más social al más íntimo, sin que nada se le escape. La película tiene mucho de testimonial, sin dejar en ningún momento de ser ficción, consigue vestirse con ropajes documentales, siendo, quizás, lo más relevante de esta producción la naturalidad y sinceridad del retrato de sus protagonistas y unos meritorios trabajos actorales en los que hay que destacar sobre todo el de la joven Tilda Cobham-Hervey (la única que ha seguido dedicándose a la interpretación).
Sin duda estamos ante un filme suficientemente interesante como para ser recomendable su visión.
POLTERGEIST (Gil Kenan, 2015) *****
USA. Duración: 93 min. Guión: David Lindsay-Abaire. Música: Marc Streitenfeld. Fotografía: Javier Aguirresarobe. Productora: Fox 2000 Pictures / Metro-Goldwyn-Mayer (MGM) / Ghost House Pictures. Género: Terror.
Reparto: Kennedi Clements, Sam Rockwell, Rosemarie DeWitt, Kyle Catlett, Jared Harris, Nicholas Braun, Jane Adams, Saxon Sharbino, Susan Hewyard.
Sinopsis: El legendario realizador Sam Raimi y el director Gil Kenan ponen al día el clásico relato de una familia cuya casa está habitada por fuerzas malignas. Descubrirán que está edificada encima de un antiguo cementerio. Cuando las aterradoras apariciones intensifican sus ataques y capturan a la hija más pequeña, la familia debe unirse para rescatarla antes de que desaparezca para siempre.
En estos tiempos de remakes dentro del cine fantástico, era cuestión de tiempo el que le llegara el turno a Poltergeits, a lo que no es ajeno el éxito obtenido por James Wan con su actualización de los viejos filmes de fantasmas y casas embrujadas. Y es que este nuevo Poltergeist, dirigido por Gil Kenan, realizador experimentando en cine fantástico, se mira más en Expediente Warren (The Conjuring, 2013) o Insidious (2010) que en el filme de Tobe Hooper (y Spielberg) de 1982. Aunque eso no significa que no recurra a las imágenes iconográficas del filme original, aunque, eso sí, con televisión de plasma y tecnología digital presente. El director no se anda por las ramas (bueno, en algunos momentos sí, como podrán ver) y va directo al hueso, entrando en una montaña rusa de sustos apoyados con eficaces efectos sonoros que harán saltar a más de un@ de la butaca. Casi no hay tiempo para la intriga ni para el desasosiego y en el tren de la bruja caben hasta los muñecos-payaso mal rollistas; secuencias protagonizadas por taladros que nos hacen añorar, una vez más, a Lucio Fulci; o un estrafalario y televisivo médium (Jared Harris) más cercano al profesor Cavan que a la entrañable Zelda Rubinstein que, por cierto, está interpretado por un actor que ya tuvo que vérselas con espíritus malignos en El estigma del mal (The Quiet One, John Pogue, 2014)
Pero no sean muy severos, olvídense del nombre del film, de que es un remake, no revisen el original ni busquen diferencias, semejanzas o carencias. Este Poltergeist funciona como película de sustos mainstream con la que pasar un buen/mal rato.
Por cierto, después de esto… ¿Volverán a abrirse las puertas de la vieja casa de Amitville?
LO MEJOR PARA ELLA (Black and White, Mike Binder, 2014) *****
Producto perfectamente diseñado para agradar al público mayoritario, como la música New Age o la Coca-Cola. Dosis de drama y de comedia con unas gotas de película de juicios… todo ello en un filme totalmente convencional, políticamente correcto y desarrollado, como va siendo habitual en este tipo de historias amables, en un ambiente acomodado. Ni siquiera las interpretaciones de sus protagonistas logran sacar a flote este filme, que cuesta creer que esté basado en hechos reales. Sobre todo en los momentos en los que emerge de nosotros una peligrosa y punzante vergüenza ajena.
VAMOS DE ESTRENO (o no) *Viernes 15 de mayo*
LA PROFESORA DE HISTORIA (Les Heritiers, Marie-Castille Mention-Schaar, 2014)*****
Francia. 105′. Guión: Marie-Castille Mention-Schaar. Fotografía: Myriam Vinocour. Productora: Loma Nasha Films. Género: Drama.
Reparto: Ariane Ascaride, Ahmed Dramé, Geneviève Mnich, Xavier Maly, Martin Cannavo, Noémie Merlant, Stéphane Bak.
Sinopsis: Anne Gueguen (Ariane Ascaride), es una profesora de Historia de instituto que además se preocupa por los problemas de sus alumnos. Este año, como siempre, Anne tiene un grupo difícil. Frustrada por su materialismo y falta de ambición, Anne desafía a sus alumnos a participar en un concurso nacional sobre lo que significa ser adolescente en un
campo de concentración nazi. Anne usa toda su energía y creatividad para captar la atención de sus alumnos y motivarlos. A medida que el plazo se acerca, los jóvenes comienzan a abrirse a los demás y a creer en sí mismos. Un proyecto que cambiará sus vidas.
Aunque la base argumental de este filme no resulta nada original, basta revisar Rebelión en las aulas (To Sir, with Love , James Clavell, 1967) o algunos de los filmes que proliferaron en los años cincuenta, con Semilla de maldad (Blackboard Jungle, Richard Brooks, 1955) en cabeza, que narraban el enfrentamiento entre los adolescentes rebeldes de los barrios marginales y el sistema educativo, caduco ante los cambios de hábitos y de vida de los jóvenes tras la 2ª Guerra Mundial, no por ello el filme que estamos comentando queda como simple reflejo de ellos, ya que a la rebeldía natural de los adolescentes, la directora ha añadido algunas muy actuales problemáticas que pueden encontrarse en los centros educativos franceses (y de todo el mundo), producto de la masiva emigración proveniente de las antiguas colonias. Así veremos cruzándose nerviosamente en la pantalla retazos de machismo o de violencia racista en unas clases en las que varias religiones deberán convivir en un frágil equilibrio. Pero como lo que se nos narra es un feliz historia real, podremos ver que es posible, con respeto y tolerancia hacia el prójimo, convivir con el otro e incluso trabajar por un bien común. Ariane Ascaride contagia simpatía y complicidad con su sabia mirada, tanto al espectador como a sus ficticios alumnos, interpretados por un competente grupo de jóvenes actores.
LA DEUDA (Oliver’s Deal, Barney Elliott, 2015) *****
USA / Perú / España. Duración: 99 min. Guión: Barney Elliott. Música: Jesús Díaz, Fletcher Ventura. Fotografía: Bjørn Ståle Bratberg. Productora: Atlantic Pictures / Viracocha Films / Arcadia Motion Pictures. Género: Thriller.
Reparto: Stephen Dorff, Alberto Ammann, Carlos Bardem, David Starthairn, Brooke Langton, Lucho Cáceres, Javier Valdez, Jesús Aranda, Nidia Bermejo, Paco Varela.
Sinopsis: Oliver Campbell (Stephen Dorff) un ambicioso hombre de negocios americano, junto a su viejo amigo peruano, Ricardo Cisneros (Alberto Ammann)
pretende cerrar el trato de su vida. Ambos planean explotar una antigua y olvidada deuda que el gobierno peruano tiene con sus ciudadanos. Mientras pasan los meses envueltos en sus duras negociaciones y debido al acuerdo que el gobierno prepara, el sistema de salud peruano se reduce drásticamente y María (Elsa Olivero) tratará de conseguir por sus propios medios la cirugía que su madre necesita. Implacables en la consecución de su objetivo, Oliver y Ricardo descubren Pampacancha, un pueblo de la sierra peruana que considera su tierra el bien más preciado. Allí topan con un severo patriarca de una familia de agricultores y con el terrateniente Caravedo (Carlos Bardem) que tiene sus propios planes. La conciencia empieza a pesar sobre Ricardo Cisneros, y también, a su manera, sobre Oliver Campbell.
La justicia poética, la redención, la especulación, la implacable corrupción, los recortes presupuestarios, el poder… todo tiene cabida y se entremezcla en este filme en el que todos los protagonistas tienen un punto de mezquindad, unos por avaricia y otros por agotamiento ante la adversidad. Cine social con abundante luz y brillantes colores en la sierra peruana y ambiente gris y frío en los suburbios de la ciudad. Contrastes que terminan cruzándose en un filme en el que quizás falla su resolución, con esa redención un tanto forzada.
LA
CAUTIVOS (The Captive, Atom Egoyan, 2014)
Canadá. Duración: 113 min. Guión: Atom Egoyan, David Fraser. Música: Mychael Danna. Fotografía: Paul Sarossy. Productora: E1 Entertainment / Ego Film Arts / The Film Farm. Género: Thriller.
Reparto: Ryan Reynolds, Scott Speedman, Mireille Enos, Rosario Dawson, Bruce Greenwood, Kevin Durand, Alexia Fast, Peyton Kennedy, Brendan Gall.
Sinopsis: Ocho años después de la desaparición de Cassandra, algunos indicios perturbadores parecen indicar que aún está viva. La policía y sus padres intentan esclarecer el misterio de su desaparición.
(Crónica completa en este enlace)
Cautivos, un thriller gélido y opaco
Atom Egoyan y su última película eran una cita esperada en la anterior edición del Festival de Cannes. La crítica, sin embargo, fue prácticamente unánime: todos se sintieron decepcionados casi defraudados. Sólo Robbie Collin, comentarista del Telegraph, mantuvo una nota disonante en ese acorde común, para él The captive es la mejor película del autor en tiempos y le otorgaba a este thriller de secuestros, sutilmente opaco y de una frialdad mordiente en sus palabras, una puntuación de cuatro estrellas sobre cinco. Y yo me siento más cercana al disidente Collin que al resto de comentaristas.
Cautivos (título con el que será estrenada en nuestro país) no se lo pone fácil al espectador, eso que la pederastia es uno de los temas candentes en nuestra sociedad, nos obliga a un ejercicio de concentración al que quizás ya no estemos acostumbrados. Egoyan opta por deconstruir el tiempo de la acción llevándonos a tres puntos temporales distintos que nunca desarrolla sucesivamente sino que son trabajados mediante unos flashbacks que no son precedidos por ningún indicador. Las diferentes líneas temporales conviven en una misma exposición, construyendo un puzzle que va a requerir de toda nuestra atención para ser descifrado. Y eso, que le fue duramente criticado, es lo que hace más atractiva la película para mí, enamorada como estoy de los ejercicios de estilo. Con este tratamiento narrativo Egoyan economiza medios expresivos, el deterioro de la pareja cuya hija ha sido secuestrada, por ejemplo, se expone por sí mismo, sin necesidad de presentarnos escenas y escenas de desencuentros, basta con una declaración de la esposa seis años después del secuestro (dos antes del desenlace que es el presente del relato) a la inspectora que instruye el caso. Porque sus palabras son duras y el director ya nos ha hecho aprehender el tiempo que dura esa agonía apuntalándolo tan solo en los episodios relevantes. Egoyan nos exige una mirada analítica, una mirada que discrimine rápido las líneas definitorias de la intriga, igual que uno de los policías es capaz de descubrir las características del modelo de un puzzle mirando apenas unas pocas piezas sueltas del mismo.
Hay quien ha querido ver en Cautivos un ejercicio de narcisismo y de autoparodia, personalmente lo que vemos es fidelidad a los que ya hace décadas quedaron fijados como sus rasgos de autoría. Tanto formales (esa intertextualización de otros discursos audiovisuales dentro del filme) como temáticos, el director vuelve a exponernos su obsesión por las menores desaparecidas y el quebranto de la infancia. Temáticamente, Cautivos forma contexto con Exótica, El dulce porvenir y, sobre todo, con El viaje de Felicia. Egoyan nos expone ante la mirada del monstruo, un lobo refinado, amante de la ópera, al que no podemos odiar como merece lo abyecto de su crimen, como si nosotros también estuviéramos afectados por el Síndrome de Estocolmo que parece sufrir la niña protagonista. Un monstruo sobre el que se proyecta la malvada Reina de la Noche mozartiana, en toda su maleficencia, sí, pero también en toda su belleza (esa célebre aria sonando reiteradamente). Así de incómodo es el planteamiento.
Y planeando sobre todo lo narrado está la gelidez. Los paisajes nevados de Canada, sus carreteras heladas, las tormentas de nieve… No hay un sólo instante de sol ni en los escenarios ni en las expresiones de Ryan Reynolds, figura del padre sufriente, sobre el que se ha dejado caer todo el peso de la culpabilidad. Reynolds se ajusta perfectamente a lo que la película le demanda y compone más que correctamente un retrato de hombre abrumado que, además de con el dolor por la pérdida, ha de lidiar con todas las sospechas que se le vuelcan. El resto del reparto cumple igualmente con su función dramática, destacando la rejuvenecida Alexia Fast como víctima convertida en cómplice.
Así es Cautivos, una cinta meticulosa e intencionadamente fría que no busca el favor del público ni de la crítica, porque es un ejercicio personal en la que el autor nos reta tanto como se reta a sí mismo.
‘A esmorga’, un reflejo de tiempos oscuros
Para el director de A esmorga, Ignacio Vilar, el cine es intentar llegar a la verdad. Y verdad es lo que refleja su película. Una verdad desagradable. Fea, gris, sin un final feliz con el que volver a casa.
Su conclusión nos deja el estómago encogido. En silencia. Sin palabras. Nos toca. Pero es una verdad necesaria, que grita que no todo en el cine es evasión. Que el cine también tiene que provocar. Y esa sensación es la que produce A esmorga, nueva adaptación del gran clásico de las letras gallegas.
Eduardo Blanco Amor escribió en 1959 y en su idioma gallego A esmorga desde su exilio en Argentina. En el libro describió su Galicia tal y como la tenía presente desde la distancia, ofreciendo un relato trágico que narra el autodestructivo viaje a ninguna parte de sus tres protagonistas: Cibrán el castizo, el Bocas y Milhomes que pasan 24 horas de esmorga[1] en los arrabales de la ciudad de Auria, trasunto literario de Ourense en el que los tres hombres se beberán la vida en un acto de rebeldía contra aquella sociedad que les tocó vivir y el puesto que se les ha reservado en ella. Una carrera en la que se llevarán todo por delante sin posibilidad de dar marcha atrás.
Esta, una de las novelas capitales de la cultura gallega que recientemente ha reeditado, completa y sin censura, Editorial Galaxia dentro de su sello Mar Maior, es ampliamente conocida en su lugar de origen. Lectura obligatoria de Bachillerato allí durante los años ochenta, es tan popular, que ha batido todos los récords de taquilla.
Y es que hay otros relatos ebrios, pero pocos retratan la locura del espirituoso y ese itinerario hacia el infierno como lo muestra el filme de Vilar. Mérito que hay que reconocer en su justa medida a sus magníficos protagonistas: Castizo (Miguel de Lira), el Bocas (Karra Alejalde) y Milhombres (Antonio Durán ‘Morris’), que saben introducirse en esa atmósfera líquida, densa como la lluvia que moja a los personajes por fuera como el aguardiente los abrasa por dentro.
A bote pronto uno recuerda otros descensos etílicos que nos ha ofrecido el cine, como Despertar en el infierno (Wake in Fright, Ted Kotcheff, 1971) o la alucinógena y atmosférica Dementia (John Parker, 1955), que para el que esto escribe retrata la soledad y la atmósfera de pesadilla en la que puede desembocar una intoxicación etílica o de barbitúricos. Historias que no buscan redimir a sus protagonistas como Días sin huella (The Lost Weekend, Billy Wilder, 1945) o Días de vino y rosas (Days of Wine and Roses, Blake Edwards, 1962).
A esmorga llega más lejos. La rebelión de sus protagonistas tiene más alcance que el que tiene una simple juerga. Se trata de toda una rebelión. Cierran puertas tras de sí con tanta facilidad como cierran bares y burdeles. Queman barcos, huyen del claustrofóbico ambiente que conforma esa Auria gris, fría y lluviosa, cuarto protagonista de un filme y representación de la sociedad española de la época a la que los protagonistas plantan cara. Reflejo de tiempos oscuros en el que no están ausentes otros temas como la conciencia de clase y la homosexualidad.
La obra de Campo Amor ha sido adaptada para teatro y televisión. Gonzalo Suárez rodó en 1977 Parranda, que inicialmente era un proyecto del orensano Eloy Lozano con guión del propio Blanco Amor, pero al pasar a manos de Gonzalo Suárez, reescribió el guión añadiendo unos cambios que no acabaron de agradar al escritor, que tras ver el filme, quedó con la esperanza de que algún día se hiciera una película sobre su obra en Galicia, con actores gallegos y en gallego, algo que ha sucedido por fin a los 35 años de la muerte del escritor. Localizada en Asturias, Parranda contó con José Sacristán, José Luis Gómez y Antonio Ferrandis, para los tres papeles protagonistas, además de todo un reparto de campanillas. De lo subversivo que puede ser el mensaje de esta historia, sobrevive la anécdota de que la película fuera en su día prohibida por la junta militar en Argentina. El filme «Tuvo una excelente acogida de la crítica, aunque luego su trayectoria comercial no fue muy buena, yo creo que porque se estrenó en plenas elecciones, las primeras, y en un cine de segunda categoría. Pero ha quedado como una película de la que todo el mundo habla con respeto. No se va a pedir, encima, que sea un éxito de público«[2].
La película de Ignacio Vilar es una mirada personal a la obra de Campo Amor con profundo respeto al espíritu de la novela y especial cuidado en la elección de los actores que interpretan a los tres protagonistas, ya que Vilar describe su filme como una película de personajes, y en la búsqueda de estos actores idóneos se embarcó durante tres meses. Tras encontrarlos se encerró –casi incomunicó- junto a ellos en una residencia de Orense que bautizaron como ‘El resplandor’ en la que durante doce horas diarias, crearon, vivieron y hablaron sobre sus personajes. Cuidando todos los detalles de la caracterización, incluido el lenguaje, con gallego de los años cincuenta que incluía palabras en desuso y transformando el lenguaje literario de la novela en cinematográfico, cambiando texto por miradas, gestos … examinando el interior de sus personajes y consiguiendo unas creaciones que guiaron totalmente la acción, ya que la cámara seguía a los actores y no al contrario consiguiendo, en palabras de Miguel de Lira, un tratamiento casi documental de la acción, a medio camino entre el nuevo y el viejo cine. La forma de hacer cine en Galicia. Honesta y brutal.
Para ‘Morris’, si la película fuera sobre borrachos resultaría muy aburrida. Pero ‘A esmorga’ no es una borrachera, es un estado de ánimo. La vida entera es una ‘esmorga’ con ese componente trágico. Una última explosión antes del fatalismo, como el aguardiente es la última explosión en la elaboración del vino.
Además de los tres protagonistas, los otros personajes del filme son el fatalismo latente, la lluvia constante, el frío, que cala también a los espectadores, y el idioma. Todo contribuye a dotar de autenticidad a una historia en la que tanto el frío, como la desnudez y el cansancio de sus protagonistas es real. Hasta el estercolero por el que escalan en una de sus últimas escenas esta compuesto por basura orgánica. Por eso, y para ser partícipes de toda esa autenticidad, aunque la película se estrena también en versión doblada por los mismos actores, háganse un favor y disfrútenla en su gallego original subtitulado.
[1] Algo que podría, más o menos, traducirse como parranda, bacanal, juerga.
[2] Torres, M.: «Gonzalo Suárez: ‘Aunque pueda parecer un exabrupto, ‘Parranda’ es una película equilibrada’ «. El País, 11 de diciembre de 1983.
VAMOS DE ESTRENO (O no) *Viernes 8 de mayo de 2015*
MINÚSCULOS: EL VALLE DE LAS HORMIGAS PERDIDAS (Minuscule: La vallée des foumis perdues, Thomas Szabo y Hélène Giraud, 2013) *****
Francia. Duración: 82 min. Guión: Thomas Szabo, Hélène Giraud. Música: Lavandier. Productora: Futurikon Films. Género: Comedia de animación.
Combinando animación e imagen real, Minúsculos: el valle de las hormigas perdidas nos relata la peripecia de una mariquita cuya curiosidad la aleja de su familia y acaba implicada en la guerra de dos comunidades de hormigas, que pugnan por hacerse con los restos de un pícnic abandonado (más concretamente por una caja de azucarillos). Con esta excusa argumental la película nos narra todo un poema épico a escala microscópica.
Si hace unas semanas llegaba a nuestras pantallas La oveja Shaun, ahora nos llega (con dos años de retraso) el trabajo de Thomas Szabo y Hélène Giraud, el cual también apuesta por darle todo el protagonismo a la imagen, a la que hay que sumar la banda sonora, por tratarse de una película muda (los insectos protagonistas se comunican mediante zumbidos). Otro paralelismo con la cinta de los Estudios Aardman, es que en ambos casos el largometraje proviene de una serie televisiva previa. Y hasta aquí las comparaciones, porque los recursos de animación de cada película son muy distintos entre sí, la británica es un prodigio de la claymation, mientras que Minúsculos: el valle de las hormigas perdidas combina la imagen real y la animación sobrepuesta sobre ese fondo real. Con esta opción narrativa Szabo y Giraud consiguen retratar el microcosmos de los insectos como si el relato estuviese contado a escala de los propios protagonistas.
Que los personajes sean insectos nos hace recordar producciones anteriores como son Bichos, una aventura en miniatura, de Pixar y AntZ de DreamWorks, pero la verdad es que son pocas las semejanzas que puedan compararlas. Minúsculos tiene ritmo y vida propios, y aunque se les asignen a los personajes algunos caracteres humanos es mucho menor la antropomorfización que en sus predecesoras. Esta circunstancia hace que nos encontremos ante una cinta menos infantil de lo que es habitual en el género y que no pueda recomendarse a los más pequeños (niños menores de seis años) porque se perderán en las elipsis y no empatizarán con los momentos de humor que perlan todo el metraje.
EL VIAJE MÁS LARGO (The Longest Ride, George Tillman Jr., 2015) *****
USA. Duración: 139 min. Guión: Craig Bolotin (Novela: Nicholas Sparks). Música: Mark Isham. Fotografía: David Tattersall. Productora: Fox 2000 Pictures / Temple Hill Entertainment. Género: Drama romántico.
Reparto: Scott Eastwood, Britt Robertson, Alan Alda, Oona Chaplin, Jack Huston, Melissa Benoist, Lolita Davidovich, Amber Chaney.
Sinopsis: Historia de amor entre Luke (Scott Eastwood), un antiguo campeón de rodeo y Sophia (Britt Robertson), una estudiante a punto de embarcarse en su sueño de trabajar en el mundo del arte en Nueva York. Según van poniendo a prueba su amor con sus diferentes ideales y visiones de la vida, Sophia y Luke establecen una conexión inesperada con Ira (Alan Alda), cuyas memorias de su amor vivido hace décadas con su maravillosa mujer (Oona Chaplin), inspirará profundamente a la joven pareja. Saltando generaciones e intercalando dos historias de amor, El viaje más largo explora los retos y las infinitas recompensas del amor duradero.
Dos historias de amor en una (aunque los 139 minutos dan para eso y mucho más), en un filme que no me resisto en definir, a pesar de poder herir sensibilidades y ser tachado de lo que no soy, como ‘para mujeres’. No en vano está basado en una novela de Nicholas Sparks, escritor de la exitosa El cuaderno de Noah y Lo mejor de mí, cuya adaptación cinematográfica se estrenó recientemente y comentamos aquí. Tenemos un irresistible y musculado galán ‘Old School‘. Un patán de delicados modales que representa el paradigma del príncipe azul por el que suspiran muchas féminas y que está materializado en el vástago de Clint Eastwood. Y debemos suspender la incredulidad. Cuando se estrenó la estupenda Superman (Richard Donner, 1978) en su cartel una frase promocional aseguraba que ‘Usted creerá que un hombre puede volar’, pues bien, si aceptan y entran en el juego que El viaje más largo les propone (y para hacerlo, desde luego tendrán que ser tan crédulos como si de la más inverosímil película de ciencia ficción se tratara) podrán pasar hasta un buen rato con todos los tópicos y lugares comunes de este tipo de historias y con las actuaciones de los veteranos Alan Alda y Lolita Davidovich, además de Oona Chaplin y Jack Huston (aquí con su cara completa tras Broardwalk Empire). Sin olvidar a los protagonistas, la agradabla Britt Robertson y Scott Eastwood, que ha decidido incluir el apellido paterno en su nombre artístico tras iniciar su carrera con el materno como Scott Reeves, nombre con el que intervino en sus primeros filmes, como Gran Torino (2008) y Banderas de nuestros padres (2006), dirigidos ambos por ya saben quien. Eso sí, no me quedaría tranquilo si no recomendara desde esta pequeña tarima que se me brinda el recomendar a los diabéticos precaución al visionar este filme, pues su exceso de melaza puede causarles estragos.
SWEET HOME (Rafa Martínez, 2015) *****
Duración: 80 min. Guión: Rafa Martínez, Teresa de Rosendo, Ángel Agudo. Música: Ginés Carrión Espí. Fotografía: Antonio J. García. Productora: Castelao Pictures / Filmax / Film Produkcja. Género: Terror
Reparto: Ingrid García Jonsson, Bruno Sevilla, Oriol Tarrida, Eduardo Lloveras, Miguel Ángel Alarcón, Luka Peros, Mariona Perrier, José María Blanco.
Sinopsis: Una pareja decide pasar una noche romántica en un piso de un edificio semiabandonado al que se cuelan porque ella trabaja como asesora de inmuebles para el Ayuntamiento y tiene las llaves. Durante la velada descubren que unos encapuchados han asesinado al único inquilino que quedaba en el edificio… y ellos se convierten en su nuevo objetivo.
(Artículo y crítica completa en este enlace)
A CAMBIO DE NADA (Daniel Guzmán, 2015) *****
España. Guión: Daniel Guzmán. Fotografía: Josu Inchaustegui. Productora: El Niño Producciones / La Competencia / La Mirada Oblicua / Ulula Films. Género: Drama.
- Reparto: Miguel Herrán, Antonio Bachiller, Luis Tosar, María Miguel, Antonia Guzmán, Felipe García Vélez, Patricia Santos, Miguel Rellán, Manolo Caro, Mario Llorente, Carlos Olalla, Sebastían Haro, Beatriz Argüello, Iris Alpáñez, Adelfa Calvo, Luis Zahera.
A cambio de nada, el primer largometraje de Daniel Guzmán como director, se ha convertido en el gran triunfador del Festival de Cine de Málaga. La película, que se ha hecho con la Biznaga de oro a la mejor película, la Biznaga de plata a
la mejor dirección, la Biznaga de plata al mejor actor de reparto (Antonio Bachiller) y la Biznaga de plata premio especial del jurado de la crítica, se estrena de la mano de Warner Bros.
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A cambio de nada cuenta la historia de Darío, un chico de dieciséis años que disfruta de la vida junto a Luismi, su vecino y amigo del alma. Mantienen una amistad incondicional, se conocen desde que tienen uso de razón y juntos han descubierto todo lo que saben de la vida. Darío sufre la separación de sus padres y se escapa de casa, huyendo de su infierno familiar. Comienza a trabajar en el taller de Caralimpia, un viejo delincuente con envoltura de triunfador, que le enseña el oficio y los beneficios de la vida… Darío conoce a Antonia, una anciana que recoge muebles abandonados con su motocarro y junto a ella descubre otra forma de ver la vida. Luismi, Caralimpia y Antonia se convierten en su nueva familia en un verano que les cambiará la vida…
El filme pretende retratar la vida de forma realista, aunque la línea tremenda que va tomando su trama termina deshinchándose hacia el final, dejando un rastro de esperanza en los personajes, pero de incredulidad en el espectador. Otros directores nos han mostrado la parte menos favorecida de la sociedad de forma más cruda y veraz. Sin ser exhaustivos y tan solo en España, este universo nos los mostró Carlos Saura en Los golfos (1960), Eloy de la Iglesia de forma más tremenda y pesimista en películas como Colegas (1982). Y más recientemente Fernando León de Aranoa en Barrio (1998) o Achero Mañas en El Bola (2000), pero siempre es importante retratar esta realidad menos brillante y luminosa, el drama cotidiano en el que sus protagonistas no trabajan en una oficina o son artistas o escritores con crisis de inspiración. A lo que hay que sumar la frescura que destila el filme, ópera prima del actor Javier Guzmán, que escribe y dirige este filme contando con un elenco de actores veteranos y experimentados como un perfecto Felipe García Vélez o el siempre eficaz Luis Tosar, que contrastan y complementan a los jóvenes protagonistas debutantes, Antonio Bachiller, Miguel Herrán, e incluso Antonia Guzmán, abuela del director, que realiza una entrañable actuación como Antonia, la anciana que acoge a Darío en su casa. Aunque con algún paso en falso en su guión, A cambio de nada podría ser una sorpresa para el público al igual que lo fue para el jurado del Festival de Málaga.
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A ESMORGA (Ignacio Vilar, 2014) *****
Galicia (España). Duración: 111 min. Guión: Carlos Asorey, Ignacio Vilar (Novela: Eduardo Blanco Amor). Música: Zeltia Montes. Fotografía: Diego Romero. Productora: Vía Láctea Filmes / Editorial Galaxia / TVG. Género: Drama. http://aesmorgafilme.com/es/
- Reparto: Karra alejalde, Miguel de Lira, Antonio Durán ‘Morris’, Ledicia Sola, Sabela Arán, Monti Castiñeiras, Mela Casal, Santi Prego, Alfonso Agra, Patxi Bisquert, Mónica García, Pepo Suevos, Elena Seijo, Covadonga Berdiñas, Yago López, Lois Soaxe.
Sinopsis: Crónica tensa e intensa de 24 horas en la vida de tres compañeros de juerga que van dejando un reguero de destrucción, de sexo equívoco y reprimido, y también cerrando puertas tras tirar las llaves, como si de manera deliberada buscarán la perdición.
(Artículo y crítica completa en este enlace)
LA CANCIÓN DEL MAR (Song of the Sea, Tomm Moore, 2014)*****
Irlanda/Dinamarca/Bélgica/Luxemburgo/Francia. Duración: 93 min. Guión: Will Collins. Música: Kila. Productora: CartoonSaloon / Big Farm / Digital Graphics. Género: Animación.
Sinopsis: Ben y Saoirse viven en un faro, en la parte más altqa de una pequeña isla, con su padre, que para protegerlos de los peligros del mar los envía a vivir con su abuela a la ciudad. Allí Ben descubre que su hermana pequeña es una Selkie, un hada del mar, una niña-foca que con su canción puede liberar a los seres mágicos del hechizo que les hizo la Bruja de los búhos.
En el mundo de la animación hay mucha vida más allá de Disney, vida que parte de otras tradiciones más minimalistas en cuanto a dibujo y que huye de la voluntad de realismo en los movimientos para llevarnos a un universo en el que prima la imaginación y la magia. Este es el caso de La canción del mar, segundo largo de Tomm Moore que viene a consagrarlo como uno de los nombres destacados dentro del género. Las imágenes de Moore consiguen un impacto visual hipnotizador que las convierte en el vehículo perfecto para adaptar al cine las viejas leyendas celtas y escandinavas, como lo son los relatos concernientes al pueblo de las Selkies, esas hadas que alternan su efigie humana con su apariencia de foca. De la mano de Moore nos sumergimos en el interior de un cuento ilustrado que va cobrando vida y movimiento conforme se desarrolla, estamos ante planos bidimensionales que cobran fuerza narrativa gracias al uso del color, los efectos de iluminación y el diseño de personajes y escenarios.
Como cuento que es, la trama de La canción del mar está asentada sobre las estructuras propias de los cuentos maravillosos tal como fueron catalogadas por Vladimir Propp en su Morfología del cuento. El estructuralista ruso enumeró hasta treinta y un puntos recurrentes en los relatos tradicionales, que no necesariamente se han de dar todos en todos los textos. Así, en La canción del mar, nos encontramos con el tópico del alejamiento del héroe, quien habrá de someterse a una prueba cuya superación será necesaria para obtener la ayuda mágica que resuelva el conflicto. Por su fidelidad a las formas clásicas, su mensaje será menos plano y más universal que el de otras cintas animadas más apegadas a los valores de nuestras coyunturas actuales.
Este segundo trabajo de Moore es una auténtica filigrana repleta de secuencias bellísimas, una de las mejores cintas que podrá verse en nuestras salas este año. Estamos ante un título imprescindible se sea aficionado o no a la animación.
- Premios:
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– Premios Oscar: Nominada a Mejor largometraje animación– Premios César: Nominada a Mejor film de animación– Festival de Gijón: Mejor largometraje de animación– Premios Annie: 7 nominaciones, incluyendo Mejor película– Satellite Awards: Mejor largometraje de animación
GÜEROS (Alonso Ruizpalacios, 2014)*****
México. Duración: 107 min. Guión: Alonso Ruizpalacios, Gibrán Portela. Música: Tomás Barreiro. Fotografía: Damián García (B&W)Productora: Catatonia Films / Conaculta / Difusion Cultural UNAM. Género: Comedia dramática.
Reparto: Tenoch Huerta, Leonardo Ortizgris, Sebastián Aguirre, Ilse Salas, Sophie Alexander-Katz.
Sinopsis: “Güeros” narra el encuentro entre Sombra y su hermano menor, Tomás, quien lo visita en la Ciudad de México tras algunos sucesos desafortunados en casa de su madre. La llegada del joven Tomás imprime energía a la monótona vida de Sombra y su amigo Santos, la cual parece estar en pausa tras la huelga de la UNAM. Juntos, deciden
emprender un viaje para encontrar a un legendario músico que escuchaban de niños, y cuyo paradero es desconocido desde mucho tiempo atrás. Esta búsqueda, atravesando las fronteras invisibles de la Ciudad de México, los llevará a descubrir que no pueden huir de sí mismos.
Güeros nos muestra el viaje iniciático de Sombra, con el que saldrá de su indolencia, de su huelga de la huelga, para adentrarse en el camino, encontrarse a sí mismo y descubrir sus objetivos. Crudamente rodado en bello blanco y negro. Bello porque está repleto, al igual que la historia misma del filme, de una rica gama de grises que resaltan el tenebrismo de los bloques y los barrios de extrarradio. Y crudo porque a ratos recuerda los experimentos narrativos y visuales de la Nouvelle Vague, del Cinema Novo Brasileiro y, ¿porqué no?, del Jodorowsky menos extremo, no vacilando en servirse del lenguaje del documental y del metacine.
Güeros materializa con buen ritmo las palabras que dijo Salvador Allende y que se recuerdan durante el filme, ‘Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica’. Amen.
– Festival Internacional de Cine de San Sebastián 2014: Mejor Película (Horizontes Latinos) y Premio de la Juventud
– Festival de Cine de Tribeca 2014: Mejor Fotografía y Mejor Nuevo Director
– Premios Ariel 2015: 12 Nominaciones incluyendo Mejor Película, Mejor Director, Mejor Guión, Mejor Actor, Mejor Actriz y Mejor Actor revelación.
– Mostra de Cinema Llatinoamericà de Catalunya 2015: Mejor Película
– Festival de Cine de Jerusalén 2014: Premio FIPRESCI
– AFI Fest (Los Ángeles) 2014: Premio del Público – Festival Internacional de Cine de Los Cabos 2014: Mejor Película – Festival Internacional de Cine de Bombay 2014: Gran Premio del Jurado – Festival de Cine de Morelia 2014: Mejor Opera Prima, Mejor Actor, Premio de la Crítica y Premio del Público.











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