Archivo
El festival ‘Fantboi’ estrena una nueva sección: Otra mirada

seguro, disfrutará esa Otra Mirada que da nombre a la sección. En palabras de Hugo Cobo, director del festival: «Hemos querido añadir esta sección para dar una oportunidad especial a obras que raramente se estrenarán en plataformas y mucho menos en cines. Dar visibilidad a películas menos convencionales, pero que artísticamente son tan interesantes como valientes”.
sobre la ruptura de identidades, el mundo de la droga y el amor.El festival CutreCon estrena “Perezoso Amoroso”, la primera película del mundo sobre un oso perezoso asesino

Perezoso Amoroso (2023), la primera película del mundo sobre un oso perezoso homicida, se estrenará en España el próximo 2 de febrero a las 21:30 horas en el mk2 Cine Paz (C/ Fuencarral, 125) de Madrid, como parte de la programación de la decimotercera edición de CutreCon, el Festival Internacional de Cine Cutre.
Titulada originalmente como Slotherhouse -un juego de palabras difícil de traducir al castellano-, se trata de una comedia de terror de bajo presupuesto con “multitud de escenas absurdas y muertes cómicas”, según explica Carlos Palencia, director del festival. Y añade que “gracias a su desvergonzado sentido del humor, es una película idónea para disfrutar en grupo junto al entusiasta público de CutreCon”.
El filme, dirigido por Mathew Goodhue y distribuido en nuestro país por la empresa Cinetel Multimedia, narra la historia de Emily Young, una estudiante de último curso que quiere ser elegida presidenta de su hermandad. Para ello adopta a un simpático perezoso, pensando que puede convertirse en la nueva mascota y ayudarle a ganar, hasta que una serie de muertes implican al perezoso como principal sospechoso de los asesinatos.
EL PEOR CINE DE VAMPIROS
La decimotercera edición de CutreCon, el Festival Internacional de Cine Cutre de Madrid, que estará dedicada al peor cine de vampiros, se celebrará del 31 de enero al 4 de febrero de 2024 en tres sedes distribuidas por la ciudad, como son la Facultad de CC. de la Información de la Universidad Complutense (Av. Complutense, 3), el emblemático mk2 Cine Paz (C/ de Fuencarral, 125) y los multicines mk2 Palacio de Hielo (Centro Comercial Palacio de Hielo, C/ Silvano, 77).
“Los asistentes a CutreCon 13 serán testigos de insólitos y muy baratos filmes que les harán mondarse de la risa, gracias a su desvergüenza, falta de medios y humor, tanto voluntario como involuntario” en palabras de Palencia. En este sentido, señala que “habrá vampiros llegados de todos los rincones del planeta, desde el clásico occidental, con varios ejemplos españoles, pasando por la esperpéntica variante china del mito, que se desplaza dando saltitos, e incluso reinvenciones llegadas de la India, Japón o Cuba”.
ENTRADAS Y ABONOS DE CUTRECON 13 YA A LA VENTA
Las entradas individuales y los abonos para CutreCon 13, que se celebrará del 31 de enero al 4 de febrero en Facultad de CC. de la Información de la Universidad Complutense (Av. Complutense, 3), mk2 Cine Paz (C/ de Fuencarral, 125) y mk2 Palacio de Hielo (Centro Comercial Palacio de Hielo, C/ Silvano, 77), ya están a la venta en los enlaces habilitados en www.cutrecon.com.
Nace ‘PUFA – PUCELA FANTÁSTICA’, el Festival de Cine Fantástico y de Terror de Valladolid

Buenas noticias, nace el Festival de Cine Fantástico y de Terror de Valladolid (PUFA – Pucela Fantástica), impulsado y gestionado desde la Asociación «No es cine todo lo que reluce» cuya primera edición se celebrará en verano de este 2024 con los vallisoletanos Cines Broadway como sede central de su programa de actividades.
El PUFA-Pucela Fantástica se celebrará en verano de 2024 apostando por un cine de calidad que no esté reñido con la diversión y el entretenimiento, prestando especial atención a aquellas obras de carácter independiente que sean innovadoras y arriesguen en su acercamiento al fantástico. Sin embargo, las nuevas tendencias del género no impedirán que el festival también mire hacia el pasado porque ahí es donde encontraremos las claves para entender el cine que se hace hoy en día.
Con la filosofía de que el cine es mucho más que ver una película, PUFA – Pucela Fantástica quiere convertirse en un evento de referencia nacional e internacional para todos los amantes del fantástico y del terror, en un punto de encuentro entre cineastas y público para dialogar sobre la importancia del género dentro del cine. Coloquios, mesas redondas, clases magistrales y otras actividades paralelas serán los vehículos para abrir el debate y generar y alimentar las conversaciones que al margen de las proyecciones también alimentarán el espíritu de un festival que nace para un público que no se conforma con ser solo espectador, sino que busca también la participación.
SECCIONES PUFA – PUCELA FANTÁSTICA

Sección Oficial de Largometrajes
en esta primera edición, la sección dorsal del festival estará vertebrada por una selección del mejor cine nacional e internacional realizado en 2023 y 2024 que se encuentre adscrito al género fantástico y el terror, prestando especial atención a aquellas propuestas originales e innovadoras que ofrezcan nuevos caminos o acercamientos al género. Todas ellas serán propuestas inéditas comercialmente en España.
Sección Oficial de Cortometrajes
Una selección de los mejores cortos nacionales e internacionales realizados en 2023 y 2024 que nos descubrirán a los talentos emergentes que reinarán en el fantástico del futuro.
Clásicos y Proyecciones Especiales
También habrá espacio para otras proyecciones fuera de concurso que serán igualmente relevantes. PUFA – Pucela Fantástica adquiere el compromiso de recuperar películas de culto para entender mejor la manera en que ha evolucionado el cine de género y cómo los maestros del fantástico han influenciado a los autores del presente.
Premio de Honor
En cada edición de PUFA – Pucela Fantástica se reconocerá a una figura relevante del sector audiovisual que esté relacionada con el fantástico a través de un Premio Especial que será fallado por la dirección del festival atendiendo a los méritos, logros y papel de cada homenajeado para el crecimiento, desarrollo y revolución del género. Una figura que podrá compartir con el público su experiencia y conocimientos.
Actividades Paralelas
Además de las proyecciones cinematográficas, PUFA – Pucela Fantástica organizará en Valladolid muchas otras actividades alrededor del cine fantástico. El espíritu «vintage» del festival alumbrará un pequeño fancine en papel en formato de cuartilla que se repartirá entre los espectadores a la entrada del cine para que dispongan en sus manos de toda la información sobre la programación del Festival. También habrá desde mesas redondas, exposiciones, presentaciones de libros, conciertos, cursillos, clases magistrales y hasta eventos más inmersivos como pueden ser los juegos de supervivencia o los scape rooms que tan de moda están entre el público joven.
Jurado e Invitados
El jurado de PUFA – Pucela Fantástica estará integrado por figuras relevantes en la realización, la crítica y/o la promoción del cine fantástico y de terror en nuestro país. Asimismo, el festival contará con la presencia de invitados referencia dentro del género o cuya presencia fortalezca el vínculo entre las películas y los espectadores.
La Asociación Cultural “No es cine todo lo que reluce” fue constituida por David Pérez en el año 2012 para fomentar la cultura cinematográfica en Valladolid a través de eventos, coloquios y otras actividades enfocadas a divulgar su pasión por el séptimo arte. Entre sus logros destaca la gestión de una web especializada en crítica de cine, noticias de actualidad y cobertura de festivales que a día de hoy sigue siendo un medio de referencia, o la organización del que fue primer Festival de Cortos en HD en Valladolid que obtuvo un gran éxito de público y anticipaba el verdadero proyecto soñado por la Asociación: PUFA – Pucela Fantástica.
‘Sombra Madrid’, Festival de Cine Fantástico, se celebrará del 13 al 17 de marzo y confirma a Claudio Simonetti como primer invitado internacional

Algo se acerca a Madrid, un nuevo grito, una nueva amenaza, una nueva cita imprescindible para la comunidad de género: llega SOMBRA MADRID, Festival de Cine Fantástico que celebrará su primera edición los próximos 13 a 17 de marzo de 2024. La iniciativa nace de
Javier García, director de Sombra, Festival de Cine Fantástico de Murcia, certamen plenamente consolidado en la región: «a las puertas de nuestra decimotercera edición, creemos que es momento de tratar de recuperar un festival en Madrid». Y, para ello, ha encontrado la fórmula perfecta: simultanear ambas convocatorias. «Serán dos eventos independientes, pero interconectados compartiendo parte de la programación e invitados durante la segunda semana de marzo. Es una oportunidad perfecta para plantear un evento estable y perdurable en la capital, que tendrá su propia esencia y personalidad. Murcia y Madrid serán casas hermanas para los aficionados al género».
La gestión de Sombra Madrid correrá a cargo de los equipos de A.D.J. Proyectos Audiovisuales y la Asociación Pop Culture España, que centran su labor en la promoción de la cultura popular en la ciudad. «Más allá de ser un proyecto ilusionante, se trata de una necesidad cultural», en palabras de Juan Pérez y José Arce. «En Madrid existe una amplia comunidad de género, de la que nosotros mismos formamos parte, que demanda un espacio en el que disfrutar de su cine favorito y compartir experiencias». Esta primera convocatoria en la capital arrancará con la vista puesta en un crecimiento progresivo tanto en jornadas como en sedes, actividades y colaboraciones: «literalmente, la sombra se irá alargando progresivamente, siempre en compañía del público y los aficionados. Queremos crecer todos juntos».
Y la primera piedra marca un sólido cimiento: Claudio Simonetti visitará Madrid y Murcia al frente de su banda, Goblin, para ofrecer dos actuaciones en directo interpretando la banda sonora de Rojo Oscuro (Dario Argento, 1975) durante la proyección de la película. La doble cita tendrá lugar el viernes, 15 de marzo, en el Teatro Sanpol de Madrid, y el sábado, 16 de marzo, en el Teatro Circo de Murcia. Dos oportunidades únicas de disfrutar de una experiencia que sirve como ejemplo y carta de presentación de un formato de evento que nace con la ilusión de traer buenas noticias al mayor número de aficionados posible. Una gran fiesta compartida que tendrá como genial puerta de entrada, además, un doble cartel del ilustrador Daniel Acuña que verá la luz las próximas semanas.
![]()
‘B-Retina’ 2024 reunirá los cruces cinematográficos más extraños e imposibles

IT´S A MATCH!: Los cruces cinematográficos más extraños e imposibles protagonizarán la novena edición del festival B-RETINA, que se celebrará del 19 al 22 de septiembre en Cornellà de Llobregat
Los cruces cinematográficas más extraños e imposibles protagonizarán la novena edición de B-RETINA, el Festival de Cinema Sèrie B de Cornellà de Llobregat, que se celebrará del 19 al 22 de septiembre de 2024 en el Auditori Sant Ildefons (Plaça Carles Navales S/N), con una selección de títulos nacionales e internacionales que “entusiasmarán a los seguidores del cine de bajo presupuesto más irreverente y lúdico”, como señalan desde la organización.
¿Se imaginan a Billy el Niño luchando contra Drácula? ¿O a Son Goku contra Súper Mario? O incluso, por más inverosímil que parezca, ¿se podría traer a Bruce Lee de la muerte para unirse a Popeye El Marino y al Pequeño Saltamontes? Estos son solo algunos de los locos ejemplos que podrían sorprender a los asistentes al evento.
Y es que B-Retina explorará a fondo el concepto anglosajón de “crossover” en su vertiente más excéntrica y, para que se entienda la propuesta, los responsables citan algunos títulos de culto como Billy El Niño Contra Drácula (1966), Capitán América Y El Santo Contra Spiderman (1973), Sadako Vs Kayako (2016) o El Dragón Ataca (1977), donde un imitador de Bruce Lee lucha contra James Bond, Clint Eastwood y otros inesperados personajes. Son películas que no necesariamente formarán parte de la programación, pero que permiten hacerse una idea de lo que el público puede esperar.
Después del gran éxito conseguido en la octava edición, que registró cifras de asistencia récord llenando el aforo del Auditori Sant Ildefons, B-RETINA promete elevar la apuesta con una novena entrega que hará volar la imaginación de los espectadores a altitudes impensables. Para conseguirlo también contarán nuevamente con invitados de prestigio y todo tipo de actividades paralelas, entre las que volverá a destacar el Concurso Internacional de Cortometrajes.
“B-RETINA es un festival único en toda Cataluña que da visibilidad a películas pequeñas que no llegan a los cines ni a las plataformas tradicionales, pero que igualmente merecen el respeto y la admiración del público”, explican los organizadores. En este sentido, se enorgullecen de haber logrado convertirse en “una cita imprescindible para aquellos cinéfilos dispuestos a pasarlo en grande con experiencias cinematográficas totalmente fuera de lo común”.
Como miembro del TAC (Terror Arreu de Catalunya), B-RETINA participa también en la programación del Festival de Cinema de Sitges, el Festival de Cine Cardoterror y el FantBoi de Sant Boi de Llobregat. Cabe destacar que desde el año 2018, B-RETINA es miembro del Catalunya Film Festival y organiza distintas actividades durante el año relacionadas con el género, como la participación en la última edición del Saló del Cinema i de les Sèries.

Sosias de el ‘pequeño saltamontes’, Bruce Lee y Popeye…
Clausura y entrega de premios FANTAELX 2023

El Festival Internacional de Cine Fantástico de Elche – FANTAELX ha anunciado las obras premiadas de su undécima edición, cuya Clausura ha tenido lugar la tarde del sábado 25 de noviembre en el Auditorio del Centro de Congresos “Ciutat d’Elx”, contando con una marcada presencia de cineastas participantes y premiados, así como de personalidades procedentes del mundo de la cultura. En la presente edición, además de proyectarse películas como Parque Jurásico, unido al desarrollo de nuevas actividades como el Ciclo Raíces del Fantástico Valenciano, la Sección Transversal o la Formación Fantástica, se han exhibido un total de cincuenta obras que han competido en las diferentes categorías, muchas de ellas subtituladas al valenciano y con audiodescripción para personas con discapacidad auditiva. A la sección oficial también se le suma la gala y premio especial FANTAELX-L’ALJUB, donde parte del estudiantado de la Universidad Miguel Hernández estrenó sus cortometrajes de animación en los cines ABC del centro comercial, resultando ganador el trabajo Una Canción, de Inés Pérez, Jorge Torres, Alejandra Celdrán, Lucía Mompeán, Alexander Elizalde y Belén Hernández.
En cuanto al palmarés de la sección oficial, el cortometraje Nada de Nada, de Gaston Diego Haag, ha obtenido el premio al mejor cortometraje nacional, dándole acceso directo al Festival 1000 Gritos de Buenos Aires (Argentina). Por su parte, el director británico Sparky Tehnsuko ha ganado el premio al mejor cortometraje internacional con su obra Villain, que accederá al Skyline Benidorm Film Festival. Por otro lado, el premio al mejor cortometraje alicantino ha sido otorgado a Pequeño, de Meka Ribera y Álvaro G. Company, dándole acceso al festival Navidades Sangrientas – Weekend Horror Awards, de Alicante. Asimismo, también se han
premiado el Falso Tráiler Las espantosas aventuras de una rubia tonta y un valenciano de pueblo que se convierte en dinosaurio en un museo paleontológico 2, dirigido por Guillermo Rojo; y el cortometraje Co-Haunting, de Adrián Carande, Paula Sánchez y Pepe Rico, que ha recibido el galardón al mejor cortometraje “Social y Fantástico”, el cual será proyectado en el Festival de Cine Sant Joan d’Alacant. Además, este año también se ha otorgado una Mención Especial al cortometraje Fideuá, del cineasta oriolano Fran Gas. Como novedad, los premios en las diferentes categorías principales de los cortometrajes también han recibido diferentes dotaciones económicas.
El jurado internacional de la undécima edición del festival ha sido compuesto por la actriz y cineasta Silvia Conesa, también encargada de conducir la gala de Clausura; la artista visual Beatriz Galiano; la productora e investigadora Michelle Copmans; el cineasta y director del Festival 1000 Gritos Matías Sánchez; el guionista y director Joan Martín Giménez; y Mario-Paul Martínez Fabre, cineasta, profesor del Departamento de Arte de la Universidad Miguel Hernández de Elche, director del Grupo de Investigación Massiva y co-director del Congreso Internacional de Género Fantástico, Audiovisuales y Nuevas Tecnologías, actividad enmarcada dentro del festival, y que este año ha contado con la participación de más de 50 ponentes procedentes de países como La India, Francia o Rumanía, a los que se suman el investigador Jasper Vrancken, que acudió a Elche desde Bélgica para estrenar su nuevo trabajo, o Ainara Aberasturi, directora del Museo Paleontológico de Elche (MUPE).
La undécima edición del Festival, dirigido por Fran Mateu, ha sido organizada por la asociación “Unicornio Negro”, el Centro de Investigación en Artes (CIA) y el grupo de investigación Massiva, de la Universidad Miguel Hernández. Asimismo, también ha contado con el apoyo de diversos organismos y entidades, como el Instituto Valenciano de Cultura, la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Elche, Visit Elche, el Vicerrectorado de Cultura de la Universidad Miguel Hernández, el centro comercial L’Aljub, la tienda alicantina Cinema Paradiso, el I.E.S. Luis García Berlanga, el Lope de Vega International School, Santō Pub Elche, la Asociación Cineclub Catral, o la librería ilicitana Ali i Truc, donde se presentó el libro Territorios de la Alta Fantasía en el marco del festival. Con esta nueva edición, se ha vuelto a crear un punto de encuentro en la provincia de Alicante para los amantes de la cultura en general, y del género fantástico en particular
Diario de Serendipia en Sitges 2023: Décima cápsula

Con este artículo y el fotográfico, que ofrecemos conjuntamente, damos por cerrada esta edición del festival de Sitges, que a su vez cerramos, como es habitual y tanto nos gusta, en el Prado, viendo clásicos y películas antiguas. Lo mejor. Y si se trata de una canallada con la que el aforo se puede echar unas risas, pues mejor que mejor, por su sabor a catarsis. Pero también estuvimos en el Tramontana, donde su equipo nos trata tan bien, tan cómodos estamos y donde pudirmos ver la última de Brad Anderson, Blood; y finalmente, en el Prado revisamos el King Kong original de 1933 y el último descubrimiento relacionado con Santo, el enmascarado de plata, las escenas con desnudos de Los jinetes del terror, una inocente cinta de luchadores mexicanos y vaqueros que, con estos insertos se convertía en…Los leprosos y el sexo. Imposible pedir mejor fin de fiesta ¡Viva el Santo!

Mientras empezaba a ensayar el «lástima que terminó el festival de hoy«, Serendipia encaminaba sus pasos hacia la que había sido casi su segunda casa, la Sala Tramontana. La última visita. Y es que, nuevamente, y como venía siendo casi una constante en esta edición, también el último día se decantó por la alternativa menos mayoritaria. La mayoría se acomodó en el Auditori para celebrar un nuevo filme con Nicolas Cage, Dream Scenario (Kristoffer Borgli), al que le fue encomendada la labor de clausurar el certamen. Nada en contra, pero a Serendipia le apeteció más echarle un vistazo al último trabajo de Brad Anderson, viejo conocido del que había admirado El maquinista (2004), con producción española, pero al que ya empezó a seguir la pista desde la singular Sesión 9 (2001). Invitado al festival para recoger una Màquina del
Temps como reconocimiento a su carrera. Serendipia tuvo la ocasión de hacerse con su autógrafo (¿hemos dicho ya que la colección de Serendipia ha ganado 64 firmas más?), eterna alma de fan la nuestra, eso sí, siempre desde el respeto a la intimidad. ¿Qué menos que corresponder a su gentileza que viendo su último filme?
La carrera de Brad Anderson se ha fraguado más en televisión que en cine, pero ha ido dando alegrías a los amantes del séptimo arte con pequeñas incursiones de notable valor, como pueden ser Transsiberian (2008), La última llamada (2013) o Fractura (2019). En 2022 rodó la que nos llega ahora, Blood (que en todas partes es referida con el nombre del director como coletilla). Un bonito ejercicio de hibridación entre el drama familiar y el terror más… (¿creen que vamos a decir puro?): estricto. En la cinta, conoceremos a la enfermera y madre recientemente separada, Jess (magnífica Michelle Monaghan). Para seguir adelante y crear una buena vida para ella y sus criaturas, traslada a su hija, Tyler (Skylar Morgan Jones), y a su hijo pequeño, Owen (Finlay Wojtak-Hissong), a la granja de su familia. Es una casa antigua un poco alejada de todo, pero es la única opción que cuadra con su economía. El paisaje y el tono del arranque nos hace pensar que volvemos a estar ante una película de casas encantadas, pero no, es más original que eso. Es el tropo del vampirismo el que se va a ver transfigurado en manos de Anderson. Sigamos con el argumento. Poco después de mudarse a la granja, el perro de la familia (que el padre les había regalado a los niños) huye hacia el bosque. Los niños están angustiados y la madre está perdida. En las pelis de miedo los perretes lo tienen siempre crudo. El de Tyler y Owen regresa, pero muy trastornado. ¿Rabia? Sea lo que sea ataca a Owen, en una escena a la que Anderson le da un tratamiento realista y cruento. Tras ser mordido en el cuello, también el pequeño se infectará. Es trasladado al hospital en el que trabaja Jess, pero su estado es crítico, nada parecen hacer los cuidados de los que la propia madre se encarga. Languidece y languidece, hasta que despierta repentinamente y busca la bolsa de sangre al lado de su cama. Y sin pensárselo dos veces la ingiere como quien toma un biberón. Ésa es la cura. Owen necesita sangre y mucha. De hecho, si no recibe sangre, su comportamiento se volverá tan aterrador como el del perrete. El trabajo de Jess va a ser a partir de ahora alimentar con el rojo líquido al niño y no vacilará ante nada para hacerse con la sangre necesaria para su cachorro. No desvelemos más.
El lema «la sangre es vida» en Blood da lugar a una cinta atípica, que sólo ha gustado a medias a la crítica (58% en Rotten Tomatoes), demasiado sangrienta (jeje) para los amantes del drama, y
demasiada tragedia familiar para los gorekids. Sin embargo, somos de la opinión de que al armazón no se le notan demasiado las costuras. La figura de Jess, encarnada por una inspirada Michelle Monaghan, es la central, una insana madre coraje que hace las veces de metáfora desquiciada de la sobreprotección parental que viven las últimas generaciones. No podríamos decir (o sí) qué es más terrorífico, que un niño beba sangre humana, o que una madre esté dispuesta a todo con tal de protegerle. No falta tampoco la hipótesis sobrenatural que explica la afección, poco desarrollada, eso sí, pero a Serendipia ya le gusta que se deje intuir, lo prefiere a que se insista en describir a toda costa. No salimos alborozados, pero sí satisfechos.
Y decimos hasta el año que viene a la Sala Tramontana, para dirigirnos sin prisa, pero sin pausa, al Cine Prado, nuestra última parada. Dos películas, dos, nos atienden. La primera cita es con el gorila más emblemático del Festival, el King Kong original, que se proyectó en una copia restaurada exquisita. Lástima que algunos problemas técnicos hicieran deslucir la sesión. Por suerte, el entrañable Phil Tippett nos compensó.
Phil Tippett, mago de los modernos efectos especiales (pre-digitales), estuvo en Sitges para recibir un merecido Gran Premio Honorífico del Festival. Fundador de Tippet Studios, ha ganado dos Oscar a los efectos especiales por El retorno del Jedi (Return of the Jedi, Richard Marquand, 1982) y Parque Jurásico (Jurassic Park, Steven Spielberg, 1993) y ha sido
director de Mad God, la estupenda película que maravilló a Serendipia y a todos los que tuvieron la suerte de verla durante la edición de 2021. Campechano y carismático, Tippett se paseó por Sitges con total tranquilidad, hablando con todo el que se le acercaba, maravillando con su cercanía. Durante la rueda de prensa que dio, opinó sobre cuestiones que han revolucionado los efectos especiales, comentando que a pesar de que su mente, en sus propias palabras, «trabaja analógicamente», no solo no reniega de los efectos digitales, sino que le parecen sorprendentes y reconoce que todo se revolucionó a partir de Parque Jurásico, pues no se había visto nada parecido hasta entonces. También dio su opinión sobre la IA, que para él nadie puede rehusar y debe integrarse en el cine. De hecho, confesó estar muy emocionado respecto a lo que pueda realizar esta nueva tecnología en las películas.
Presencia constante durante los días de festival, al enterarse de que se iba a proyectar King Kong (Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, 1933) en la pantalla del entrañable cine Prado (cuya arquitectura y murales admiró), el creador de Jabba the Hut se ofreció a presentarla ante el
público, con el que se quedó a verla. En su charla inicial, Phil Tippett recordó lo que le impresionó la película cuando la vio por primera vez en 1956, en un pequeño televisor, cuando tenía seis años, en como «me cambió la vida«, al igual que antes que a él a Harryhausen y tantos otros mitos de los efectos especiales artesanales y aficionados al cine fantástico en general. Comentó que tuvo el honor de conocer a Marcel Delgado, estrecho colaborador de Willis O’Brian y que aquel todavía tenía en su poder los scrapbooks de El gran gorila (Mighty Joe Young, Ernest B. Schoedsack, 1949), que misteriosamente, tras su muerte, desaparecieron.
Pero ¿quienes son Willis O’Brian y Marcel Delgado? porque, si bien el nombre de Ray Harryhausen todavía resulta familiar para las últimas generaciones de aficionados, prensa y críticos cinematográficos especializados en cine fantástico de nuestro país, poco o nada es reconocido ni reivindicado el de Willis O’Brien y Marcel Delgado, padres de la animación stop-motion y los efectos especiales y mentores de Harryhausen y todos sus herederos. O’Brien y Delgado fueron los hombres que hicieron cobrar vida a King Kong. Y todo, absolutamente todo lo referente a efectos especiales, comenzó en 1933 con King Kong, a pesar de que 8 años antes
Marcel Delgado y el esqueleto del Sr. Kong
ambos hombres ya hubieran colaborado animando dinosaurios en una historia muy similar a la de Kong, El mundo perdido (The Lost World, Harry O. Hoyt, 1925). Delgado innovó la animación stop-motion en la que O’Brien era especialista, añadiendo a los modelos, hasta entonces de arcilla y plastilina, un armazón hecho de dural, una resistente aleación de aluminio que Delgado forraba con músculos de hule y goma y recubría después con una piel de látex, que daba a los modelos un aspecto más natural y realista. En algunas ocasiones colocaba también una vejiga inflable dentro de sus pechos, que creaba la sensación de que sus figuras respiraban, todo lo cual puede percibirse perfectamente en King Kong. Tanto en el enorme gorila, como en los diferentes dinosaurios. Willis O’Brian y Marcel Delgado formaron equipo y continuaron trabajando juntos en diversas películas, como El hijo de Kong (The Son of Kong, Ernest B. Schoedsack, 1933) o El gran gorila (Mighty Joe Young, Ernest B. Schoedsack, 1949). A pesar de todo, el trabajo de Delgado nunca recibió acreditación, permaneciendo a la sombra de O’Brien, posiblemente por cuestiones de corte racistas, pues Delgado cruzó junto a su familia la frontera a los 6 años al estallar la revolución mexicana. Aunque también es posible que fuera debido a lo poco que se respetaba entonces la labor de estos artistas y técnicos, pues el trabajo de Willis O’Brien tampoco fue acreditado en varias de las películas en las cuales trabajó.
Uno de los armazones que Delgado construyó para Kong ha sobrevivido, como mudo testigo de la historia del cine. La misma historia a la que no pasará, pero indudablemente nos hizo pasar un estupendo rato, Los leprosos y el sexo (René Cardona, 1970), película con la que cerramos, en gran gala particular y rodeado de amigos, la edición número 56 del festival.
En 1952 nació el cine de luchadores mejicano. Ese año se estrenó, también en España, La bestia magnífica (Chano Urueta), un drama que se desarrollaba en el ambiente de la lucha libre. Pero el honor de inaugurar el cine de luchadores enmascarados, tal y como lo entendemos, fue de El enmascarado de plata (1954) de René Cardona, que nada tiene que ver con nuestro chaparro héroe, pues estaba protagonizada por otro luchador profesional enmascarado, El médico asesino. Santo, tras cuya máscara de plata estaba, aunque era uno de los secretos mejor guardados, Rodolfo Guzmán Huerta, y que se dedicaba a la lucha desde 1942, se hizo muy popular, especialmente entre la chiquillería, por protagonizar historietas
en forma de fotonovelas semanales, que desde 1952 se comercializaron con el título Santo, El Enmascarado de Plata ¡Una aventura atómica!, de las que se vendieron miles de ejemplares. Pero lo que convirtió al luchador en referente mediático internacional fue el cine, donde debutó en 1961 (aunque otras fuentes datan 1958), con Santo contra el cerebro del mal de Joselito Rodríguez, una película realizada en régimen de coproducción entre México y Cuba que recientemente fue remasterizada por la compañía de Nicolas Winding Refn y proyectada, entre otros festivales, en el de Sitges. Desde esa primera y hasta 1982, el enmascarado de plata protagonizó 52 películas, en las cuales se enfrentó a distintos enemigos como hombres lobo, mujeres vampiro, el barón Brakola y el propio conde Drácula, extraterrestres, momias, brujas, la llorona, las mafias del vicio, la hija de Frankestein (sic) e incluso a los karatekas, dependiendo de la moda imperante en ese momento en el cine popular, compartiendo aventuras en diversas ocasiones con otros luchadores, como Mil Máscaras o Blue Demon, el más popular tras Santo. Dichas películas fueron un éxito de taquilla no solo en México, sino en gran parte de América Latina, Europa y algunos lugares tan distantes como Líbano o Turquía. Se trataba de películas de bajo presupuesto, amables y aptas para todos los públicos. En las cuales primaban los buenos sentimientos y la defensa del débil.
Había varias luchas pero siempre ganaba el bien frente a los malvados. Muchas de ellas contaban con un humorista que hacía de compañero del luchador, siendo de largo lo que peor ha envejecido de estos entrañables productos, que cuentan con muchos seguidores y coleccionistas. Una popularidad y tradición de la que supieron sacar partido los norteamericanos con el Pressing Catch de los años ochenta. Una imitación que ni de lejos posee el sabor de estos luchadores enmascarados mexicanos, lo cuales son, merecidamente, todo un icono cultural de su país.
Tantas fueron las aventuras y desventuras de Santo, el enmascarado de plata, que se rodaron escenas para versiones alternativas de algunas de sus películas. Escenas sexys, con desnudos femeninos, destinadas a la exportación. Algo que casi formaba parte de la leyenda, pero de lo que existía constancia por algunas imágenes en revistas y libros y que parecían corroborarlo. Serendipia tuvo noticia de El vampiro y el sexo por las fotos incluidas en el libro El vampiro en el cine, de David Pirie, que se publicó en España en 1977. Viviana García Besné, archivista y heredera de los derechos de las películas de Santo y otros luchadores, así como de aquel cine soft conocido como de ficheras (o sexycomedias), fue quien encontró el metraje «prohibido». Mientras entrevistaba a su tío-abuelo, el productor Guillermo Calderón para un documental que estaba realizando sobre películas perdidas, salió el tema de estas dobles versiones de las películas de Santo, algo que ella desconocía, concretamente sobre El vampiro y el sexo: “Me quedé con mucha curiosidad y empecé a hacer un poco de investigación en redes sociales y en periódicos para ver qué
información había sobre la película El vampiro y el sexo. Me encontré con mucha controversia y ya que yo tenía acceso a la bodega de la productora Permanencia Voluntaria, me puse a buscar y entonces descubrí que sí existía”.
Besné, para la que era importante que esta película pudiera verse, pues estamos hablando de historia viva del cine mexicano, recibió amenazas incluso de El hijo del Santo, que de pensar que ese material no existía, cuando apareció se decantó por oponerse a su exhibición, a pesar de no poseer los derechos sobre el mismo. Pero Viviana encontró más material. Como explica José Antonio Monterrosas Figueiras en la revista online Los Cínicos, de la que están tomadas las declaraciones de Viviana García Besné, todo comenzó cuando, nuevamente en la productora Permanencia Voluntaria, «entre miles de rollos de 35 milímetros, había una lata que decía las sugerentes palabras: “Jinetes sexy”. Al mirarla, sorprendida, descubrió que era una película que estaba perdida por años, Los leprosos y el sexo, la versión soft porn de Santo vs los jinetes del terror, el único western del Enmascarado

Un fotograma de Los leprosos y el sexo en el que no hay leprosos a la vista pero parece que habrá algo de sexo…
de Plata, filmado por René Cardona, estrenada en 1970″. Financiada su restauración mediante crowdfunding, por fin ese material pudo ser montado y estrenado en el festival de Rotterdam, desde donde ha pasado a otros, entre ellos el del Sitges, donde Serendipia tuvo el hondo privilegio de disfrutarla en una sesión que fue toda una fiesta, pues naturalmente se trata de un cine de otra época, con comportamientos bien diferentes a los actuales y con unas escenas sexys que mueven casi a la hilaridad. O que serían objeto de tijeras. Insertos algo más picantes que los que recordamos de El vampiro y el sexo, pero siempre dentro del más estricto Softcore. En todo caso, la hilaridad que acompañó algunos momentos de la proyección del film, estuvo teñida de cariño y respeto.
Los leprosos y el sexo se inicia cuando unos leprosos escapan del hospicio en el que están internados, sembrando el terror, pues además de tener un mal contagioso, se dedican a robar. Pero, todo y con eso no serán, ni mucho menos, los villanos de la función. Para que vuelva la tranquilidad a la pequeña ciudad se reclamará la presencia de Santo, el enmascarado de plata, justiciero que acudirá a lomos de su caballo para enfrentarse y derrotar a los viles bandidos, retornando la paz a la ciudad. Santo, además, anunciará a los enfermos que ya existe un fármaco que cura la lepra. Final feliz para los justos en una aventura ¡A colores!
Y final feliz también para una gran jornada, y para un festival de Sitges que Serendipia culminó compartiendo unas cervezas con amigos y compañeros en la terraza del mismo Prado. El 56 festival de Sitges había terminado. Vendrían otros certámenes, pero Serendipia había sobrevivido, y con nota, a otra edición del mejor festival de cine fantástico del mundo. Eso sí, durante el mismo nos llegó la noticia del fallecimiento del gran Carlos Pumares, al que sin duda todos echaremos de menos. También se han jubilado los entrañables encargados del Prado, lo que ha dado paso a la llegada de un marcial caballerete de gesto siempre adusto. En fin…en todo caso…
¡¡¡Nos veremos en Sitges 2024!!!
Y ahora, les dejamos con el…
PALMARES DE LA 55ª EDICIÓN SITGES FILM FESTIVAL
SECCIÓ OFICIAL FANTÀSTIC A COMPETICIÓ
Mejor película
Cuando acecha la maldad
Premio especial del Jurado
Ex-aequo:
Stopmotion (Por su exploración creativa del lado oscuro de la creatividad)
Vermin: la plaga (Vermines) (Por ser una película de monstruos poderosa y política)
Mejor dirección
Baloji por Omen
Mejor interpretación femenina
Kate Lyn Sheil por The Seeding
Menció especial per:
Zafreen Zairizai por Tiger Stripes (Por su talento emergente)
Mejor interpretación masculina
Karim Leklou por Vincent debe morir (Vincent Must Die)
Mejor guion
Colin y Cameron Cairnes por Late Night with the Devil
Mejores efectos especiales, visuales o de maquillaje
Frédéric Lainé, Jean-Christophe Spadaccini, Pascal Molina, Cyrille Bonjean-Jean, Bruno Sommier y Jean-Louis Autret por El reino animal (Animal Kingdom)
Mejor música
Markus Binder por Club Zero
Mejor fotografía
Martin Roux por La Morsure
Menciones Especiales
Moscas (Por su bonita visión del lado feo de Buenos Aires)
Riddle of Fire (Porque ha hecho al jurado muy feliz)
NOVES VISIONS
Mejor película
Moon Garden
Mejor dirección
David Kapac y Andrija Mardesic por The Uncle
Mejor corto Noves
The Old Young Crow
Menciones Especiales
Halfway Home
Humanist Vampire Seeks Consenting Suicidal Person (Por su guion)
Mimì – Prince of Darkness (Por su fotografia)
JURAT MÉLIÈS D’ARGENT
Premio Méliès d’Argent a la mejor película de género fantástico
La morsure
Premi0 Méliès d’Argent al mejor corto europeo de género fantástico
Cultes
ANIMA’T
Mejor largometraje de animación
Tony, Shelly i la llanterna màgica (Tony, Shelly and the Magic Light)
Mejor cortometraje de animación
Ghost of the Dark Path
ÒRBITA
Mejor pel·lícula
The Last Stop in Yuma County
BLOOD WINDOW
Premio Blood Window a la mejor película
Cuando acecha la maldad
JURADO DE LA CRÍTICA
La teoría universal
Premio Citizen Kane para el mejor director revelación
Stéphan Castang por Vincent debe morir
Mejor cortometraje
I’m Not a Robot
PREMIO BRIGADOON
Premio Brigadoon Paul Naschy al mejor corto
Ellos (Néstor López y Óscar Romero)
SGAE NOVA AUTORIA
Mejor dirección-realización
Mikel Garrido por Tenemos patria
Mejor guion
Karen Joaquín por O que me parta un rayo
Mejor música original
Márcio Echevarria por The Sun Thief
JURADO CARNET JOVE
millor pel·lícula
La morsure
Millor pel·lícula Sitges Documenta
Kim’s Video
PREMIOS DEL PÚBLICO
Gran Premio del Público a la mejor película
Robot Dreams
Premio del Público Panorama Fantàstic
El exorcismo de Eastfield
Premio del Público Focus Asia
Fuerza bruta: sin salida
Premio del Público Midnight X-treme
Os reviento
Y tras este último video, un enlace (aquí) a nuestro habitual álbum fotográfico.
Diario de Serendipia en Sitges 2023: octava cápsula

Con los entrañables Phil Tippett y Lamberto Bava ya merodeando por Sitges, Serendipia inicia una nueva jornada de festival, reduciendo, en esta ocasión, la ingesta de películas para coger impulso ante el largo fin de semana que se nos viene encima. Más Noves Visions en el Tramontana (Raging Grace, The Vourdalak) y nuestra última visita de este año a l’Auditori con Concrete Utopia, enmarcada en la sección Órbita y que agotó aforo con un lleno hasta la bandera.

Serendipia tiene algo con Filipinas. Quizás porque toda la filmografía filipina anterior a la II Guerra Mundial cayó bajo el fuego japonés y norteamericano y eso nos causa una gran congoja. Quizás por el cine de terror bizarro que allí se realizó en los años sesenta y setenta. Puede que
sea porque una de sus mayores estrellas haya sido el pequeño Weng Weng, nombre artístico de Ernesto de la Cruz. Quizás por la dictadura tan bizarra que sufrieron… vaya usted a saber, pero todo lo que tiene cierto sabor filipino, nos atrae. Si bien Raging Grace es una producción británica, su director y guionista, Paris Zarcilla, que debuta en el largo con esta cinta, es de origen británico-filipino. La historia que narra está protagonizada por Joy (Max Eigenmann) una emigrante indocumentada y madre soltera llegada, con su pequeña hija Grace (Jaeden Paige Boadilla), desde Filipinas a Inglaterra, donde se gana la vida como puede. Grace es un diablillo travieso, sus bromas pueden llegar a ser pesadas, pero manifiestan su inocencia y, en cierta forma, esa imaginación vivaracha alivia la carga de los días de Joy. La niña tiene que mantenerse escondida en el cubil que es su vivienda, agregando más tensión a Joy (en una ocasión tendrá que llevarla, escondida, a uno de sus trabajos proporcionando algunas de las situaciones más cómicas de la cinta). De modo que, cuando encuentra trabajo fijo con derecho a vivienda como cuidadora de Mr. Garrett (David Hayman), un anciano terminal que está en coma, Joy cree que sus problemas han finalizado. Pero lo cierto es que solo acaban de empezar. Pronto se percatará de que el anciano realmente está siendo sedado lentamente por su sobrina (Leanne Best). Así que la pregunta es ¿Por qué lo mantiene sedado? ¿Con qué fin? Cuando su sobrina se ausenta durante unos días, Joy logra reanimar al anciano con cuidados que ha aprendido en su tierra. Mr. Garrett está agradecido y atenderá con especial mimo a la niña. Una afabilidad que no extenderá a la madre, a la que trata con desdén, como si quisiera ponerla en su lugar: es una mera criada y debe estar a su servicio. El anciano había sido criado por una nani también filipina, habla con añoranza de ella, pero Joy descubre un día que las cartas a su familia se le habían secuestrado dejando a la nani en una situación de desamparo. Este descubrimiento será el punto de inflexión de la trama, un nuevo giro le descubre a Joy que quizás no ha sido buena idea ponerse de parte de Mr. Garrett, pues parece estar detrás de aquel sometimiento del que fue víctima su nani. La trama se complica y el horror cotidiano que había vivido la protagonista se tiñe de una opresión, un misterio que
desencadena, en el tercer acto de la cinta, un encadenado de situaciones que tiñen la película dándole naturaleza de terror.
Paris Zarcilla sale airoso en la realización de un filme que tiene más de sátira oscura que de terror, pero el hábil suspense que se mantiene durante todo el metraje permite que la hibridación no ofrezca fisuras. Eso sí, siendo un debut sólido, no deja de utilizar recursos convencionales, así que su ubicación en la sección más alternativa del festival no parece del todo ajustada. Más original que la media de las que son exhibidas en Panorama Fantástico, se diría que no se confió suficientemente en ella como para incluirla en la sección oficial. Película agradable de ver, efectiva en esa crítica de un colonialismo que aún sigue vigente tantos años después de que desaparecieran las colonías, comprendemos que el programador que la seleccionó quisiera traerla al festival, pero se debió apostar más fuerte.
Sí nos parece apropiada la inclusión en Noves visions de la siguiente película, que degustamos sin abandonar la Tramontana. Otra de las cintas que pocos se aventuraron a ver, y suponemos que no solo porque le colgaron el dudoso eslogan promocional de ser «arte y ensayo cercana al cine de Albert Serra«. La producción francesa Le Vourdalak, que como puede suponerse adapta el
relato de Alekséi Tolstói sobre vampirismo que tan bien llevara a la pantalla Mario Bava en 1963 en uno de los episodios que componen Las tres caras del miedo (I tre volti della paura) y que aquí, tal y como expresó su propio director, Adrien Beau, adapta de «una manera artesanal«. Y si, pero muy efectiva, añadimos, pues si bien el presupuesto se adivina escaso, con la mayor parte de la acción rodada en un bosque, la intriga y los personajes están bien modelados, desde el Marqués Jacques Antoine Saturnin d’Urfé, un petrimetre noble interpretado por Kacey Mottet Klein, que perdido por el bosque encontrará cobijo en un caserón arruinado habitado por una extraña familia; desde la exótica Sdenka (Ariane Labed); pasando por su aún más exótico hermano, Piotr (Vassili Schneider); y terminando con el patriarca de la familia, casi un cadáver, encarnado por una convincente marioneta tallada por el propio director. Para lograr el aspecto de fantasía de la vieja escuela, Beau renunció al rodaje en digital, hubiera dado a la imagen una apariencia demasiado precisa y los efectos logrados en la postproducción le hubiesen restado atmósfera, se utilizó una cámara de súper 16 y los efectos, como la propia marioneta, fueron físicos. Le Vourdalak es una cinta minimalista, a los aspectos técnicos señalados, se suma un elenco reducido, sólo siete actores a los que se pidió que llevaran a cabo una interpretación marcadamente teatral, que expresan más con sus movimientos, casi coreográficos, que con la declamación de las palabras. Y el minimalismo se traduce en un aura fantasmal, como si todos los personajes llevaran tiempo muertos, y la propia película vagara como un fantasma entre fantasmas. El director, pues, confeso amante de las transformaciones corporales, de las criaturas monstruosas, tenía muy claro qué es lo que intentaba trabajar dentro del género: nada interesado en los aspectos violentos ni en los sobresaltos típicos del terror más comercial, lo que le atrae es «explorar el lado oscuro del mundo, un poco como en los cuentos de hadas, a través de la brecha entre la crueldad y la ingenuidad» (declaraciones para Cineuropa). Todo este cóctel se adereza con unas gotas de sano humor que acaban de convertir Le Vourdalak en un petit plaisir.
Y como Serendipia pasó una hora y media deliciosa con esta producció ingeniosa y atmosférica que captura las dos almas del relato original (fue publicada en francés en vida de Tolstoi y en ruso de forma póstuma), les dejamos su trailer a modo de degustación.
Última película de la jornada, última sesión en l’Auditori de esta edición. Toca despedirse de la sala estrella. Y la verdad es que está más que bien hacerlo con una super producción a la altura de las condiciones de l’Auditori como es la surcoreana Concrete Utopia (콘크리트 유토피아, Tae-hwa Eom), adaptación de un célebre webtoon (cómic coreano serial), que fue la tercera película más taquillera del año en su país y seleccionada como candidata surcoreana a la mejor película internacional en los Óscar 2024. Como curiosidad, aún no estaba lista para el
estreno cuando se anunció el proyecto de otra película que, aunque está ambientada en una época muy posterior, comparte el mundo de Concrete Utopia. Es un hecho inusual en la industria cinematográfica surcoreana comenzar la producción de la segunda parte cuando la primera aún no se ha estrenado. Se concretó que sería el primer largometraje dirigido por el especialista en artes marciales Huh Myung-haeng, y que contaría con la presencia de Ma Dong-seok como protagonista. Un hecho insólito que aventura la calidad de la película que tenemos entre manos.
Y es que Concrete utopía es una epopeya de más de dos horas que confirma, definitivamente, que la especie humana merece la extinción. Veamos porqué. La película se inicia después de un fortísimo terremoto, con Seúl reducida a escombros. Todo en la ciudad se ha derrumbado excepto un edificio, los apartamentos Hwang Gung, que permanecen en pie. Cuando los supervivientes del exterior se enteran de esto, comienzan a reunirse allí, lo cual hace que los residentes originales del edificio empiecen a sentirse amenazados y decidan unirse para su supervivencia. Eligen a Young-tak (Lee Byung-hun) como delegado de los residentes y bajo su liderazgo se prohíbe estrictamente la entrada de personas externas. También se elabora un nuevo reglamento pero, en medio de las continuas amenazas a la supervivencia de los residentes, comienzan a surgir entre ellos conflictos inesperados.
Hostilidad en un mundo hostil, no hace falta ser muy listo para ver que el film coreano es una llamada a la solidaridad, o mejor dicho, a la falta de solidaridad existente entre los países. Entre las ciudades. Entre los vecinos. Pero hay más, pues destaca el tema de la gentrificación de los barrios populares, el clasismo y el totalitarismo, pues Young-tak termina siendo poco menos que
un dictadorzuelo al que todos siguen ciegamente. Vamos, como los que estos días se están reuniendo en Ferraz. Y, al igual que ocurre con los disturbios ante la sede del PSOE, con lo dramático de la situación, aun queda algún -puto- espacio para la comedia. Concrete Utopia no es cine de catástrofes al uso, aunque la acción se inicie tras un terremoto y se centre en ese único edificio que queda en pie y en las ruinas de los colindantes. Habla de un estado de guerra que nos resulta cotidiano. De una guerra entre los que no han perdido nada y los que lo han perdido todo. Entre los de dentro y los de fuera. O sea, lo de siempre. El pan nuestro de nuestras vidas. La radicalidad de la acusación y el fatalismo con el que se aborda la descripción de la naturaleza humana no nos deja sin esperanza, sin embargo. Porque Um Tae-hwa logra también hacernos comprender la presión social que lleva a la gente promedio, como nosotros, a abandonar todos los valores humanistas. También porque deja entrever que hay otros mundos, fuera de esta utopía segura, donde otra lógica es posible. Pero, sobre todo, porque sabe darle todo el protagonismo a la joven Myeong-hwa, la antagonista del líder carismático, una enfermera que se niega a abandonar la promesa que hizo de ayudar a los más vulnerables. Todavía se puede empezar de cero, parece decirnos la conclusión del filme.
Concrete utopia fue proyectada dentro de la sección Órbita que, no nos engañemos, bendita sea, por las películas que permite incluir en el festival sin complejo de culpa. No pertenecen, claramente, ni al género fantástico ni al terror, son en su mayoría thrillers de alto octanaje que se interseccionan en algún punto con la fantasía y el horror, por sus aspectos más visuales, por sus temáticas, por el tratamiento de la tensión, sin caer dentro del espectro global del género. Flotan en torno a él sin mimetizarlo plenamente. De ahí lo de órbita. Una sección que enriquece aún más el panorama de Sitges, sin duda.
Nos vamos de l’Auditori, toca recogerse. Decimos hasta mañana y les dejamos con unos dibujos animados gentileza del Quim Crusellas Team:
Diario de Serendipia en Sitges 2023: séptima cápsula

Serendipia se planta ya en la séptima jornada de festival. El cansancio comienza a hacer mella pero… ello no quita para que haya seleccionado cuatro películas más: tres de ellas de la sección Oficial Fantàstic Competició (Divinity, Vermin y El reino animal) y una en Noves Visions (Hundred of Beavers). Serendipia también estuvo tentado de acudir a ver un documental que pintaba francamente bien, Enter the Clones of Bruce Lee, pero dada la hora en la que se ofrecía, no nos hubiera permitido madrugar o soportar con dignidad las sesiones del siguiente día. Así que, con todo nuestro dolor, tuvimos que dejar el documental para mejor ocasión…

fotos: Serendipia
Y Serendipia escoge iniciar la jornada en la sala Tramontana con Divinity (Eddie Alcazar), una extraña película que tenía todos los ingredientes para pertenecer a la sección Noves Visions,
pero que inexplicablemente fue a parar a Oficial Fantàstic Competició. Y es toda una lástima, pues si bien en Noves Visions hubiera tenido posibilidades de rascar algo, en Oficial Fantàstic fue prácticamente ignorada. A esta circunstancia cabe añadir que esta sesión tuvo lugar mientras en l’Auditori se proyectaba la última de Takeshi Kitano y que los dos pases restantes del film se programaron a horas algo intempestivas, uno de ellos dentro de una maratón nocturna. Así fue poco -o nada- vista por prensa y público asistente. Rodada en blanco y negro y en 16mm, esta fábula futurista se desarrolla en una sociedad distópica en la que el prima el culto al cuerpo, a la belleza y juventud (bueno, aún mucho más que ahora). Divinity ve al científico Sterling Pierce (Scott Bakula) dedicar su vida a la búsqueda de la inmortalidad, creando lentamente los componentes básicos de un suero innovador llamado Divinity. Años más tarde, su hijo Jaxxon Pierce (Stephen Dorff) controla y fabrica la droga, dando como resultado un planeta hedonista que ha quedado 97% infértil, pero inmortal. La acción arranca con la llegada a la mansión del magnate de dos misteriosos hermanos (¿extraterrestes? ¿ángeles), que le inmovilizan con la ayuda de una seductora mujer llamada Nikita (Karrueche Tran). El suero de la eterna juventud no consigue, todavía, que el cerebro deje de deteriorarse y los semigemelos convierten al propio Pierce en conejillo de indias para hacerle probar las consecuencias de su invento. Producida por Steven Soderbergh, motivo, posiblemente, de que la cinta participara en la sección «grande», el extraño filme contiene escenas rodadas en stop-motion, que lejos de chirriar con el conjunto le añaden extrañeza y fascinación, consiguiendo que sus imágenes permanezcan en la retina del espectador una vez finalizada. Hay quien alegremente le pone el cartelito de «película de culto». No nos atreveríamos a tanto, pues pensamos que actualmente se eleva muy a la ligera a cualquier película a la calificación de cinta de culto u obra maestra («masterpiece» para los guais) sólo con que se salga un tanto de los cánones. Lo que sí es cierto es que, sin llegar a las cotas de radicalidad de Skinamarink (Kyle Edward Ball, 2023), ya saben, esa cinta que Variety considera mejor película de terror del año, pero que ha llegado directa a plataformas, Divinity, lo que se dice extraña, lo es un rato la jodía.
Si el año pasado el gran momento friki del festival se produjo durante la proyección del documental Ummo, la España alienígena por los incidentes que causó José Luis Jordán Moreno, el autoproclamado «hijo y coheredero de José Luis Jordán Peña, emisario del planeta Ummo en la Tierra», este año el show estuvo protagonizado por los protagonistas de Hundred
of Beavers (Mike Cheslik), una locura súper independiente, ingeniosa, divertida y, por desgracia, un tanto larga con la que culminan varios años de trabajo. Se trata de una epopeya que se desarrolla en el siglo XIX, en América del Norte y en pleno invierno, donde un vendedor de aguardiente de manzana arruinado querrá convertirse en el mayor cazador de pieles de castor para conquistar a la hija del comerciante local, que es quien se las compra. Para ello deberá cazar cientos de ellos, lo cual hará mediante locas trampas que, en muchos casos, se volverán contra sí mismo. Rodada en blanco y negro, utilizando técnicas del viejo slapstick mudo -no hay diálogos-, Hundred of Beavers es una de las óperas primas más salvajes de la temporada, un cartoon viviente de la Warner con gotas de Terry Gilliam cuyos 15.000 planos tardaron cuatro años en rodarse. Con sus casi dos horas de gags continuos, que hicieron las delicias del público del Tramontana, el film es tan consciente de su deuda con los dibujos animados de la Warner, y en concreto con los del Coyote y el Correcaminos, que incluso alguna de las trampas del cazador son marca Acme.
Pero, ¿por qué decimos que fue un momento friki? pues por el show que organizaron durante la presentación su director, Mike Cheslik, y su protagonista (y coguionista) Ryland Brickson Cole Tews. Tras tomar el director un tanto el pelo a la traductora, el actor saltó sobre un castor que apareció en el cine, reduciéndolo con una llave de lucha. Otro funny animal apareció, en este caso un perro, al que raudo venció otra vez, al igual que al tercero, un conejo que llegó a subir al escenario antes de caer a los pies del bizarro cazador de castores. Serendipia, al igual que el resto del público, no creía lo que estaba viviendo. Pero les garantizamos que sucedió. Cuando la película finalmente comenzó, quedó rápidamente demostrado que Hundred of Beavers es una divertida cinta a disfrutar en compañía, pues el Tramontana se convirtió en una auténtica fiesta.

Por cierto, si el año pasado tras el incidente Ummo vimos Les cinq diables (Léa Mysius), protagonizada por Adèle Exarchopoulos, en esta ocasión repetiríamos circunstancia: performance bizarra y actriz, pues la bella parisina también es una de las protagonistas de El reino animal, última cinta que veríamos durante esta jornada.
Pero antes… llegaron las arañas.
La francesa Vermin: la plaga (Vermines), con la que debuta en el largo Sébastien Vanicek, director criado en los suburbios parisinos donde sitúa la acción, fue una de las películas que, dentro del más estricto terror (no puro, recuerden), gustaron más a Serendipia, algo que casi parecía asemejarse a un placer culpable, pues si bien en los mentideros del festival todo el mundo estaba de acuerdo en lo bien que se lo había pasado con el film, nadie parecía tenerla en cuenta a la hora del palmarés. Y es una lástima y algo que Serendipia no llega a comprender. En TerrorMolins, por ejemplo, donde también fue programada, lo hizo dentro de una larga maratón. Todo y con ello, obtuvo en Sitges el Premio Especial del Jurado.
Vermin: la plaga es una muy digna producción de terror, enmarcada dentro del subgénero de invasiones de insectos. Una rebelión de la que, naturalmente, el culpable será el hombre. Kaleb (Théo Christine), es un joven que está a punto de cumplir 30 años y nunca ha estado más solo. Peleado con su hermana por un asunto de herencia, también ha cortado los lazos con su mejor amigo. Vive en un barrio parisino que está siendo devorado por la especulación, y su único consuelo es su gran pasión son los animales
exóticos, muchos de ellos especies protegidas que adquiere de manera ilegal. Un día llega a casa con una extraña y violenta araña proveniente del desierto, que se escapa y multiplica rápidamente, provocando una plaga en el bloque de pisos. Cuando el edificio es puesto en cuarentena, los vecinos se verán forzados a combatir a los arácnidos, que se vuelven más mortíferos conforme pasa el tiempo. ¡Y también más grandes!
Y Serendipia finaliza la jornada con El reino animal (Le règne animal, Thomas Cailley), otra producción francesa en la que los animales también tienen su protagonismo, pero digamos que de una forma más pacífica, menos molesta. Una pandemia causa mutaciones en la población, trasfiriendo características de diferentes animales a los afectados. Aunque no suponen una amenaza real, los mutantes son tratados con rechazo por buena parte de la sociedad. La película de Cailley nos enfrenta a una fábula que refleja la crispación pospandémica, enfrentarnos a la circunstancia extrema de vivir una situación límite no nos ha hecho mejores, casi todo lo contrario. En El reino animal se explora el lugar común del bosque como espacio de lo misterioso (cuando no de lo estremecedor) para alumbrar un fantástico, que la crítica de cine
Desirée de Fez adjetiva como luminoso, en el que lo real muy real se cruza con éxito con lo sobrenatural sin generar fisuras. Lo fantástico es utilizado como la herramienta útil que es para denunciar los males de una época. Cailley elige, además, el tono intimista para su relato y lejos de ofrecernos la descripción objetiva de cómo está desarrollándose la situación general, se centra en las vivencias subjetivas de una familia que se ha visto afectada en primera persona por la plaga. Elegir la perspectiva del caso particular apela a la empatía del espectador, haciendo al relato más efectivo para cumplir sus pretensiones.
El reino animal sigue a François Marindaze (Romain Duris) que hace todo lo posible por salvar a su esposa, aquejada por la misteriosa enfermedad. Mientras la sociedad parece abocada a un nuevo orden, François buscará un remedio a todo ello, sobre todo cuando Émile (Paul Kircher), su hijo de 16 años, comience a mutar y vea como todo se resquebraja a su alrededor. Juntos comprenderán que el remedio es dejar que suceda, que la especie evolucione. Que la vida siga. El mensaje nos cala gracias a nuestra identificación con los protagonistas (muy bien recreados por sus interpretes), al fin y al cabo lo que se nos plantea no es más que la estilización fantástica de problemas que todos podríamos haber enfrentado. Amén de que nos hace reflexionar sobre nuestro presente en el que la responsabilidad del hombre en el desastre ecológico, cada vez más evidente, hace cuestionarnos nuestra racionalidad. Nos hemos considerado centro del universo y ahora el orden desestabilizado que nos rodea nos lleva a replegarnos, a descubrir nuestras facetas más oscuras y a ensayar respuestas que devuelvan el equilibrio. Cailley entona un bello canto a la búsqueda de una nueva armonía que reponga los equilibrios y nos ponga en nuestro lugar.
Resulta cuanto menos inevitable recordar a H. G. Wells y La isla del Dr. Moreau, una novela publicada en 1896 y varias veces adaptada al cine en la que el buen doctor protagonista realizaba dolorosos cruces quirúrgicos entre especies animales y seres humanos, obteniendo unos
resultados que eran tratados como bestias salvajes carentes de humanidad. Pero también es lícito traer a colación a los X-Men originales, de Stan Lee y Jack Kirby, donde se trataba el tema del diferente y de los cambios hormonales de la adolescencia. Aquí los mutantes no tienen superpoderes, si acaso el de lograr contagiarnos su voluntad de posicionarse ante un mundo que parece preferir la violencia a la convivencia. El reino animal rezuma un humanismo tan sincero, casi ingenuo, que nos enternece y le perdonamos que caiga en algunos desajustes en el tono y que dilate en exceso su desenlace. Defectos que no empañan su condición de fábula cautivadora ambientada en impresionantes decorados naturales y con unos efectos especiales que tienen mucho de poético y que le valieron el premio del festival en esta categoría.
La última cinta del día nos pilló algo cansados, así que casi la hemos disfrutado más al remebrarla que al ingerirla. Así que nos recogemos, ya está bien por hoy, que al día siguiente quedaban todavía perlas por descubrir y un largo fin de semana que gestionar. Cerramos con el cuarto Making of de lo que acontece por Sitges, realizado por Quim Crusellas y su equipo. Unos estupendos cortometrajes en sí mismos, repletos de humor y buen hacer que miden el ambiente del festival.
Diario de Serendipia en Sitges 2023: Sexta cápsula

La jornada promete ser fuerte: 4 películas, 4. Y las cuatro pertenecientes a la sección Oficial Fantàstic Competició. Entre ellas la que ganaría el premio a la mejor película. Comenzando en l’Auditori con Pobres criaturas de Yorgos Lanthimos, fuera de competición y que esperábamos con auténtica expectación. También la extraña producción japonesa Best Wishes to All (みなに幸あれ) de Yûta Shimotsu. Y ya en nuestro segundo hogar, el Tramontana, Cuando acecha la maldad (Demián Rugna), que para nada nos esperábamos el impacto que iba a obtener. Y La espera, el retorno a casa de Francisco Javier Gutiérrez tras su aventura americana.

Fotos: Serendipia
No sabemos a qué hora se acuestan las gallinas, pero ha de ser lo suficientemente temprana como para estar prestas al alba cuando cante el gallo. Y Serendipia se acostó con las gallinas porque sabía que la luna aún reinaría en el firmamento cuando estuviese haciendo cola frente a l’Auditori. Necesitaba estar frescx (más que las rosas) para no perder detalle de la cinta que más
esperaba, Pobres criaturas, bastante más de dos horas que iban a requerir toda su atención. La estrategia funcionó y la experiencia fue tan fructífera como esperaba.
Pobres criaturas (Poor Things), la última barrabasada de Yorgos Lanthimos fue, de largo, la mejor película que se proyectó durante esta edición del festival, aunque se ofreciera fuera de competición. La flamante cinta se alzó con el León de Oro en el pasado Festival de Venecia, donde la película fue ovacionada con ocho minutos de aplausos. Y estamos seguros de que hubiera encantado a los surrealistas, que entrarían de buen grado en el laboratorio del Dr. Godwin Baxter (Willem Dafoe) y disfrutarían con sus bizarras criaturas y su más compleja creación: Bella (gran Emma Stone), resultado de sustituir el cerebro de una suicida por el de un nonato.
Bella, es un bebé que todo lo descubre y aprende con pasmosa velocidad, pero con el cuerpo de una mujer adulta, diciéndolo freudianamente, es puro ello, pura amalgama de pulsiones regidas exclusivamente por el Principio del placer (siguiendo con la jerga de Freud). Bella es una hermosa paradoja, una mente sin censura, anterior, no solo al superyo (conciencia moral), sino al mismo yo (sentido corporal-emocional del sí-mismo), en un cuerpo que está en su plena madurez. La inspira un hedonismo inocente como el de los recién nacidos, así va descubriendo el mundo, así también va descubriendo el propio cuerpo. Se palpa como se palpan los bebés y se autosatisface con todo lo que le da placer sin que ningún Principio de realidad (Freud de nuevo) la aliente a posponer sus deseos. Todos al nacer somos así, desvergonzados, nadie nos ha
descubierto el pudor, eso es algo que se nos irá inculcando de a poco desde las primeras cucharadas de papilla con cada estonosehace/estonosetoca, para que antes de la pubertad sepamos comportarnos. Bella, en cambio, luce espléndida como una fruta madura, pero con la estructura interna de un primer brote. Su mente, brillante y primitiva, la convierten en la imagen de una adulta no reprimida, espontánea y sin prejuicios, algo que, como cabía esperar, se pondrá de manifiesto, con todas sus consecuencias, cuando descubra la sexualidad.
Hasta el momento de ese despertar, Bella ha vivido en un mundo en blanco y negro encerrada entre los muros de la mansión/laboratorio de Godwin Baxter. Porque su creador/padre necesita unas condiciones ideales para seguir la evolución del experimento que es ella. No la aísla por celo represor sino en aras de alcanzar el mayor rigor científico en la observación de su mejor criatura. En su jaula de oro nada le falta, ni el contacto amoroso, pues el propio Goodwin alienta a su ayudante, el joven Max McCandles (Ramy Youssef) a que dé rienda suelta a su pasión platónica tomándola como prometida. Todo es ordenado y meticuloso hasta que Bella descubre la fruición sexual y con ella la pasión por conocer, lo que la lleva a descubrir el mundo junto al abogado de la familia, un libertino canallita interpretado por Mark Ruffalo. El mundo de la joven se llena de un color vivo en un viaje que va desde una Lisboa retrofuturista (con esos zepelines y ese monoraíl aéreo surcando los cielos) a los barrios bajos de Alejandría y los burdeles de París. Un recorrido quijotesco en el que a medida que Bella adquiere mayores conocimientos, empieza a entender el mundo en el que vive, aprende a comportarse de acuerdo con las normas de la sociedad y toma consciencia de sus derechos. Así, cuando Bella regresa, es un ser totalmente diferente, experimentado en todos los aspectos y dueña de sí misma. No como mujer liberada, nunca fue prisionera, sino como mujer consciente de su libertad.
Fácil es descubrir en Bella a un trasunto de Mary Shelley a la que su padre describía a sus quince años como una chica «singularmente valiente, un tanto impetuosa y de mente abierta. Sus ansias de conocimiento son enormes, y su perseverancia en todo lo que hace es casi invencible». El trasunto shelleyniano estaba ya en el material del que parte Lanthimos, la novela casi homónima del singular escocés Alasdair Gray, ¡Pobres criaturas!: episodios de la juventud del Dr. Archibald McCandless, funcionario de Salud Pública, algo que se aprecia ya en el nombre del personaje que interpreta Willem DaFoe, Godwin, como el apellido del anarquista padre de la Shelley, y Baxter, apellido del mentor escocés de la autora del Frankenstein (o moderno Prometeo encadenado), el botánico y filósofo radical, que habría terminado de formar el espíritu revolucionario de Mary. La novela, un buen ejemplo de literatura postmoderna, es un pastiche (en la acepción positiva del término) que teje entre sí los modos narrativos del clásico de Mary Shelley con los del Drácula de Bram Stoker, para ofrecer una pieza que en clave satírica se hace eco de las críticas sociales de ambas obras. Y Lanthymos profundiza, también con mucho de comedia, en la reflexión sobre si todo es válido para el desarrollo de la ciencia junto a otros de sus temas más queridos. La Pobres criaturas del griego es, ante todo, un canto al libre albedrío y la libertad de la mujer para decidir y seguir su propio camino. Pero eso se destaca sobre una crítica más ambiciosa que ahonda en el análisis de la complejidad de las dinámicas sociales, los estatus asumidos y el valor de la rebelión. Algo que no reflejaban las primeras y equívocas sinopsis que llegaban en las que se tildaba al personaje de Bella como una especie de criatura de Frankenstein ninfómana.

La mirada del griego hacia la especie humana se vuelve aquí menos inclemente y cruel, pues, aunque refleja los aspectos negativos de los desarrollos de la humanidad, también tienen cabida la exposición más amable de los perfiles positivos de la especie, deja asomar también la bondad, la empatía y la solidaridad. Y mientras se estiliza en sus contenidos temáticos se radicaliza en su barroquismo visual. Yendo un paso más allá de lo experimentado en La favorita (2018), nos regala una puesta en escena extrema en la que no sólo destaca la transición narrativa del blanco a negro al color, sino que asalta al espectador con imágenes deformadas por lentes de ojo de pez, con zooms violentos y con grandes escenarios construidos en estudio y digitalmente. Y no se trata de un ejercicio megalómano de un director encantado de conocerse, como sugerían algunas voces al terminar la proyección, sino que sus decisiones formales barrocas resultan perfectamente ajustadas al espíritu que quiere imprimir a su relato. Todo ese artificio e imaginación se ajustan perfectamente a lo que requiere la historia. Toda esa acumulación de elementos resulta coherente y plena de sentido. El espectador atento sabe comprender que la historia no podría haber fluido si se hubiese contado con la parquedad de recursos visuales. Las columnas salomónicas tuvieron razón de ser, por más que las sobrias columnas dóricas cumplían de igual modo su función de sostén.
Es la primera ocasión en la que el director griego ha trabajado con material ajeno, aunque tenía muy claro lo que quería y así se lo pidió a su guionista, Tony McNamara, nombrándole tres películas como referencia al tono que quería para la suya: Y la nave va (E la nave va, Federico Fellini, 1983), Belle de Jour (Luis Buñuel, 1967) y El jovencito Frankenstein (Young Frankenstein, Mel Brooks, 1974). Y en vista de los resultados puede decirse que se fabricó un híbrido perfecto.
Emma Stone repite con Lanthimos tras La favorita (The Favourite, 2018) y el cortometraje Vlihi (2022), como actriz, y en esta ocasión, como productora, demostrando tener muy buen ojo, pues el director sabe sacar de ella unas interpretaciones antológicas. La actriz ha tenido que a inventarse una nueva forma de andar, una nueva forma de hablar, una nueva forma de actuar. Porque se trataba de alumbrar a la nueva mujer con suficiente histrionismo y suficiente temple como para no caer en la caricatura. Stone asume riesgos que son poco transitados por las estrellas de Hollywood y que pasan también por entregarse sin remilgos a las escenas de sexo.
Lanthymos firma un excelente trabajo de género. ¿De cuál? De uno inclasificable que no se deja resumir en las etiquetas: ¿Es fantasía?, ¿Es humor?, ¿Es sátira? Es todo ello y mucho más. El griego diluye las fronteras en otra obra de rico mestizaje genérico.
Con la cinta de Lanthymos nos acercamos a la prometida reflexión sobre qué narices puede ser la pureza del terror, pero antes haremos otra escala para hablar de la opera prima de Yûta Shimotsu, que es el plato que degustó Serendipia en su antepenúltima sesión en el Auditori.
Shimotsu llegaba a la presentación de su opera prima ataviado con la camiseta del festival. Divertido nos contó que había tenido que comprar ropa de urgencia porque la aerolínea le había extraviado la maleta. Puro entusiasmo, el japonés, sin darse cuenta, hacía todo un spoiler de su largo, procedente de su corto homónimo que se alzó en 2022 con el gran premio de la Japan Horror Movie Competition de Kadokawa: confesó haberse inspirado en una leyenda nipona según la cual ser feliz depende directamente de la infelicidad de otros.
Best Wishes to All (みなに幸あれ) nos sumerge en una pesadilla doméstica. Una llena de extrañeza, que recuerda las atmósferas de Junji Ito, y en la que su joven protagonista (Kotone Furukawa), una estudiante de enfermería, descubrirá en una visita a casa de sus abuelos que las cosas no están bien. Que estos tienen un comportamiento extraño. Y que, además, suenan golpes provenientes del trastero. Ella parece ser la única de la familia que se percata de todo, pero pronto descubrirá, por las malas, que todo ello es producto de una peculiar tradición ancestral para alejar la infelicidad.
El arranque de Best Wishes to All nos hace recordar La visita (The Visit, 2015) de M. Night Shyamalan, con esos abuelos que incluso en los primeros compases resultan intrigantes. haciendo anticipar que algo va a torcerse hacia una esfera de perversidad. Pero pronto, cuando, por ejemplo, los ancianos empiezan a gruñir como los cerdos ante el cochinillo que van a comer, mientras sostienen que los cerdos están satisfechos de ser sacrificados para deleitar nuestros ágapes, y, sobre todo, cuando se arrastra hacia el comedor un personaje semidesnudo que tiene cosidos los párpados y los labios, la cinta de Shimotsu deriva hacia territorios más autóctonos del terror. Takashi Shimizu, uno de los fundadores del terror japonés moderno (y que ya produjo el corto que extiende esta opera prima), saluda a Yûta Shimotsu como nueva savia que va a renacer al J-horror, que parecía haberse aletargado en las últimas décadas.
Aunque aquí no exista la presencia de ningún yūrei, esos fantasmas femeninos que nos deleitaron en el The Ring (リング, 1998) de Hideo Nakata, sí nos movemos en el terreno de los cuentos y leyendas sobrenaturales que han distinguido al País del sol naciente, explotando a las mil maravillas un terror surreal y psicológico. Shimotsu dibuja una pesadilla poblada por monstruos muy humanos con una gran dosis de humor negrísimo, utilizando los efectos visuales y el sonido con moderación para crear una sensación de pavor y terror que se infiltra en nuestra conciencia. Logra un terror que es local y a la vez universal, porque no podemos dejar de mirar pasmados sus extravagantes viñetas de comedia oscura, divertidos a la par que un punto horrorizados. Reímos, pero a la vez se nos queda un gesto sombrío, sobre todo ante su plano final (Spoiler Alert) en el que tomamos conciencia de que nuestra protagonista ha acabado por aceptar la locura de dañar a otros para procurarnos bienestar.
¿Qué harías por la felicidad? Es la interrogación con la que se promocionan estos mejores deseos para todos. Sabemos al terminar que se está preguntando por los límites de lo ético. Esa es la clave conceptual de este cuento de horror en familia, una premisa temática que recuerda la crítica similar de Kiyoshi Kurosawa al consumismo contemporáneo y su correspondiente narcisismo en Creepy (クリーピー 偽りの隣人, 2016). Aún sin llegar a la altura del maestro más autoral del J-horror, el debut de Shimotsu resulta un excelente y atmosférico ejercicio de terror. ¿Puro? Llegamos ya a la gran disquisición, justo cuando cambiamos de sala y vemos la próxima película.
Serendipia vuelve a instalarse en el paraíso de la primera fila del Tramontana, le gusta comerse la pantalla y sólo aquí le es posible. Toca ver otro de los títulos que han despertado expectativas desde que fue anunciada su participación en la sección Oficial Fantàstic Competició: el segundo largo de Demián Rugna, Cuando acecha la maldad. En 2018 Serendipia había disfrutado con su prometedora opera prima, Aterrados, una visceral y efectiva película de terror sobrenatural con elementos de comedia. Y el arranque de Cuando acecha la maldad no podía ser más prometedor, parecíamos estar ante un weird western gaucho: Una hacienda, noche, los perros ladran, se oyen disparos; por la mañana los dos hermanos que guardan la finca inspeccionan el terreno, hallan un cadáver decapitado y todo los lleva a la casa de unos masoveros indígenas, allí descubren que el hijo mayor, Uriel, se ha convertido en una masa de carne hinchada y llena de fístulas: es un embichado. Serendipia se relame acariciando la idea de estar ante un enigmático mal ancestral de color autóctono. La producción argentina (con parte de capital norteamericano) envuelve su atmósfera malsana con toques de humor muy oscuro, ambas cosas van in crescendo hasta que el primer acto culmina con un festín de muertes bastante gore. Qué es lo que sea un embichado se desgrana, en este primer momento, dosificando la información paulatina y sosegadamente, manteniendo alta la intriga y haciendo cómplice al espectador de la reconstrucción de la lógica de esa particular mitología. Pero la cosa cambia: se abandona la apariencia de western rural, para introducirnos en una especie de road movie de huida de la maldad que acecha a los protagonistas. Lo peor es que se abandona también el desarrollo de la acción progresivo, y las claves de la trama avanzan a golpe de diálogo, puesto en boca de los nuevos personajes que van incorporándose. Nada molesta más a Serendipia que los subrayados discursivos, sobre todo cuando, a su juicio, el metraje de la cinta hubiera sido suficiente como para continuar acudiendo a los elementos puramente visuales para desarrollar la acción. Además, la naturaleza de los embichados no era todo lo original que habíamos esperado. La acción va derivando hacia unos derroteros más trillados, los embichados no son otra cosa que un cruce entre infectados y poseídos, que sí, es novedoso, pero no deja de ser la fusión de figuras ya establecidas con anterioridad en el género. Como sentencia Wilson Chapman, donde se nos prometía una pesadilla febril de alta temperatura, acabamos encontrando un resfriadillo tejido con los mimbres de un recital de sustos que son más espeluznantes y escandalosos que aterradores. Rugna malogra el potencial de lo que él mismo había planteado. O esa fue la impresión de Serendipia, al menos, porque, al salir, sus compañeros de platea celebraban exaltados lo visto ¡Por fin terror!

Cuando acecha la maldad convenció a casi todos, incluidos los miembros del jurado, que la coronarían mejor película del certamen. Como explicaron en el palmarés: «nos gusta el cine de terror, las películas de terror y creemos que a veces no tienen el reconocimiento que deberían tener y por eso hemos escogido esta película porque creemos que es la mejor de las películas que hemos visto». Incluso la organización se felicitaba pues «la película supone un éxito para Sitges Industry ya que fue un proyecto que empezó a gestarse en el contexto del Sitges Fanpitch«. Cuanto menos, curioso.
Ante tamaños festejos, la cabeza más secundaria del monstruo que esto escribe empezó a plantearse si acaso eso del terror no iba con ella y, entonces, no tenía derecho a acudir a un festival que está consagrado a ello. Y, a partir de ahí, de su pequeño trauma (diciéndolo un tanto hiperbólicamente), se enfrascó en toda una indagación sobre qué narices es eso del terror que tantos habían calificado de puro. Y ahora es cuando va a soltar la digresión prometida desde el día anterior.
Para el catedrático Sebastián Serrano, somos hijos del miedo. De un miedo con alto valor adaptativo que tiene por antónimo la temeridad. Los temerarios no le tienen tomado el pulso al peligro, por eso se arriesgan sin tino, juansinmiedos de la vida, se atreven con todo, su falta de juicio les expone y… no llegan a viejos. Los temerosos, en cambio, no corren riesgos innecesarios, actúan con prudencia y sobreviven dejando su herencia genética para la especie. Una perpetuación biológica de los miedicas que se refuerza con la educación. A sus vástagos les legan sus genes y los cuentos. Las leyendas y el folklore vestían los peligros naturales con el ropaje de entes dañinos y taimados, así, si no tienes vértigo, un barranco puede resultar hasta atractivo, pero si es la oscura morada de una legión de trolls (por poner), y eres niño, la cosa ya se pone más seria. Vino la Ilustración queriendo poner coto a las supersticiones en nombre del reinado de la recta Razón, pero la generación romántica que la sucedió volvió a elevar y dar valor a lo sobrenatural. Movimiento pendular de la historia en el que tuvo su peso descubrir que el sueño de la razón produce monstruos. Terror por antonomasia es el método expeditivo de represión revolucionaria (o contrarrevolucionaria) que instauraron Robespierre y su pandilla. No es de extrañar la reacción de la generación siguiente que empezó a poner en valor lo medieval y lo oscuro, siguieron la estela de Horace Walpole que en 1764 escribía El castillo de Otranto haciendo nacer la literatura de terror. Si el arte desconfiaba de la Razón, también la propia filosofía la ponía en cuestión: en el siglo XIX nacía la que se ha denominado Filosofía de la Sospecha, que tiene en Marx, Nietzsche y Freud sus
cabezas de cartel. Es el vienés el que va a adentrarse en la mente y sus traumas y, claro, pondrá sus miras sobre qué es y qué produce el terror, esa emoción que ahora sabemos que nace en una región del cerebro denominada amígdala, ubicada en el sistema límbico, que se encarga de regular las funciones de conservación del individuo. Aunque admira a Darwin, Freud da una explicación que no es biologista sino una lectura que podríamos denominar (un poco a bulto) metafísica. El padre del psicoanálisis se interesa por el terror desde bien temprano, pero es después de la Gran Guerra cuando dará su definición más elaborada, distinguiendo entre angustia, miedo y terror. Si el miedo es el temor a un peligro presente, conocido, y la angustia la señal de alarma de la mente, que lo anticipa sirviendo de entrenamiento, el terror está relacionado a un estado en que se encuentra el sujeto cuando se ve sorprendido por un peligro para el cual no estaba preparado. Según esta lógica, aterrarse es estar al borde del colapso, enfrentarnos a una adversidad, tan grande, que quedamos paralizados y, en el peor de los casos, condenados a repetir mentalmente el trauma que hemos vivido (algo que Freud observó entre los veteranos de la Gran Guerra). El miedo nos cualifica, el terror nos incapacita. Así las cosas, deberíamos concluir que los que ven cine de terror somos unos absolutos masocas. Pero es que la cosa no es tan simple. Si disfrutamos del género es porque mientras vemos estas producciones nuestro cuerpo está tensionado y libera cortisol, una hormona que está relacionada con el estrés, por eso, asustarse con una película mejora el estado de ánimo y ayuda a sentirse mejor. El miedo que vivimos en la sala oscura nos activa, nos despierta, hasta nos enardece. Definiéndolo coloquialmente: vivimos un “subidón” químico que nos provoca una euforia
momentánea. Sobre todo si el final es catártico. Se disfruta del terror que no paraliza, que es tanto como decir que no aterra, ergo no puede existir algo así como películas de terror puro. De haberlas nos lisiarían, nos dejarían traumatizados (en el sentido fuerte del término) de por vida. Casi muertos. Defender la pureza del género es defender algo que no lleva a parte alguna. Lo puro es lo que está libre y exento de toda mezcla de otra cosa. Lo que es fiel a una esencia imperturbable, impermeable a cualquier cambio. Pero el terror es también un reflejo de la sociedad, de los miedos de una época, por eso no puede ser invariable. Cada momento histórico vive sus propios espantos y los expresa bajo formas narrativas acordes. En definitiva, no es más puro, ni menos, el terror gótico de Walpole que eso que llaman horror elevado. Sólo son distintos rostros del miedo. Bienvenidas sean todas las manifestaciones del monstruo.
Aliviados tras la perorata, ya podemos continuar con el relato de la jornada que tuvo para Serendipia un bonito final de fiesta: La espera, otra cinta que usa los caminos del western rural, ahora ambientado en la Andalucía natal de su director, Francisco Javier Gutiérrez.
Gutiérrez en La espera incluye varios guiños a su recordada cinta de 2008, 3 Días, con la que debutó en el largometraje y que le supuso bastante reconocimiento en la época. Recupera a uno de sus protagonistas, Víctor Clavijo, que realiza nuevamente un trabajo excepcional. Al igual que el resto de su escogido reparto: Pedro Casablanc, Luis Callejo y Manuel Morón, entre otros. Clavijo encarna a Eladio, guarda de una finca que organiza partidas de caza y que acepta el soborno de uno de los señoritos, el secretario del hacendado, que sabedor de la necesidad que se pasa en el hogar del guarda, le tienta con un cuantioso soborno para que descuide la seguridad y reparta más lotes de caza en la montería. Semanas después su vida entera colapsa. Lo que parecía un vuelco favorable del destino se convertirá en un macabro descenso a los infiernos en el que Eladio sufrirá la trágica pérdida de su familia y verá puesta a prueba su cordura con algo mucho más oscuro.
Después de su poco afortunada aventura americana, Gutiérrez sintió la necesidad de volver a España, a Andalucía, su tierra, y rodar algo más íntimo, más personal, «España me devuelve a mis raíces, a mis recuerdos, así como a mi narrativa más personal. Trato de ahondar en las emociones, explorando una vez más la complejidad, oscuridad, belleza y fragilidad de la naturaleza humana. Todo ello disfrazado de un thriller de terror brutal, sin concesiones, descarnado, con alma de wéstern». Una vez en este blog hablamos de Los santos inocentes (Mario Camus, 1984) y decíamos de ella: «No es una película de terror, pero sí una película sobre el miedo, ¿o acaso no es terrorífico ese abuso de poder de los señoritos, su absoluto desprecio por las vidas ajenas? Los miedos cotidianos son más sórdidos que los fabulados, por eso tienen más
cuerpo y nos remueven más«. La espera entronca con el relato de Miguel Delibes, con la película de Camus, pues estos nos hablaban del monstruo, el que representan los hacendados, esos cazadores de hombres, y también los otros, esos que hacen honor a la etimología del término, los que son dignos de ser mostrados. Azarías es nuestro héroe, el inocente capaz de derramar sangre y conducirnos a la liberación de acabar con mano certera con el servilismo. Pero si Los santos inocentes dejaba margen a la catarsis, eso no ocurrirá en La espera. En el filme del andaluz las partidas de caza se convierten en algo directamente tenebroso y se encauza el drama rural hacia el sendero de lo siniestro, magia negra y sociedades secretas incluidas. El terror se irá cociendo asentado sobre la dilación, sobre la angustia de lo que no llega, pero sí se espera. Y se teme.
La película de Francisco Javier Gutiérrez tiene en la espera del título el centro mismo de su funcionamiento narrativo. Con un sol inmisericorde y un calor constante, que baña de sudor a los personajes, La espera es un trabajo sobre el dolor, la pérdida y el infierno de la culpa. Así como sobre la imbatibilidad del poder, hambriento de sacrificios con los que perpetuarse. Filme de puesta en escena brillante, no faltan las voces que catalogan este ejercicio de realismo, más que mágico, maléfico, de muestra de folk horror nacional.
Más allá de la etiquetas, la propuesta de Gutiérrez se manifestaba como una de las más sugestivas de esta edición. Incluida en la sección Oficial Fantàstic Competició, habría merecido mayor eco de sus bondades. El público que compartió la sala Tramontana disfrutó, además, de las palabras de presentación del propio director.
Cerrar con el filme de Gutiérrez fue un magnífico broche para un día casi perfecto, repleto de importantes títulos de autores ya consagrados, de debutantes y de otros prometedores que aún siguen en la liga de haber de darnos todavía mucho más.
Mientras tanto, en Sitges continuaban pasando cosas…
Palmarés y clausura 42 TerrorMolins 2023

El TerrorMolins ha anunciado el palmarés de su 42ª edición después de una gran noche de clausura donde se proyectó Mudbrick en première mundial y el mismo día que celebra los 50 años de la primera Maratón de Terror volviendo al formato original de 16 horas y con todas las entradas agotadas desde antes del inicio del festival. Lo ha hecho proclamando como gran triunfadora la película catalana que ya se ha convertido en uno de los fenómenos cinematográficos de la temporada. La mesita del comedor, de Caye Casas, film inaugural del festival, se ha alzado con el premio a la Mejor película de la Sección Oficial. El jurado, formado por Nerea Torrijos, Héctor García y Eulàlia Iglesias ha premiado también Cuando acecha la maldad, La espera, New Life, Vive dentro y Stopmotion. Entre las secciones paralelas de largometrajes, las principales premiadas han sido dos obras con dirección femenina: la malasia Tiger Stripes y la estadounidense The Wrath of Becky. El corto Écorchée ha ganado el principal premio de la Sección Oficial de cortometrajes.

Clausura con Mudbrick. Foto: Joan Gosa
El Festival de Cine de Terror de Molins de Rei llega así a su recta final después de nueve días de proyecciones y presencias destacadas, como las del mismo equipo de La mesita del comedor, con Caye Casas, Estefanía de los Santos y David Pareja, y los directores de títulos internacionales como la noruega Good Boy, con Viljar Bøe; la británica Hostile Dimensions, con Graham Hughes; o la serbia Mudbrick, que se estrenaba al festival con presencia de todo el equipo, incluidos el director Nikola Petrovic y el actor protagonista, Andrew Howard. También la cineasta Mar Targarona, premio honorífico, y unos 300 acreditados de industria y prensa, han pasado por el festival en su 42ª edición.
Las premiadas del TerrorMolins 2023
En Sección Oficial, además del premio a la Mejor película para La mesita del comedor, destacan también los premios a la coproducción catalana La espera, de F. Javier Gutiérrez, a la Mejor interpretación para Víctor Clavijo y Mejor música, y a la argentina Cuando acecha la maldad, de Demián Rugna, a la Mejor dirección. Las británicas New Life y Stopmotion han obtenido el premio al Mejor guion y a los Mejores efectos especiales y maquillaje, respectivamente, y la estadounidense Vive dentro a la Mejor fotografía.
De la sección Being Different destacan la gran ganadora, la malasia Tiger Stripes, de la directora debutante Amanda Nell Eu, y la australiana You’ll Never Find Me, doblemente premiada —Mejor interpretación y Mejor guion—, así como el reconocimiento al Mejor guion para Hostile Dimensions, de un Graham Hughes presente en el TerrorMolins. De la otra sección paralela, Bloody Madness, el principal premio ha sido para The Wrath of Becky, de Matt Angel y Suzanne Coote, mientras que Malum ha ganado los premios a la Mejor dirección y Mejores efectos especiales.
De la Sección Oficial de cortometrajes, el film ganador ha sido el francés Écorchée, de Joachim Hérissé. El film norteamericano Night Walks: Edith and The Empty ha ganado el reconocimiento al Mejor guion y el Premio Crítica de Oro, que otorga la asociación Blogos de Oro; y el australiano Gummy también ha sido doblemente galardonado, con el Premio Víctor Israel a la mejor interpretación y Mejores efectos especiales. El corto británico Measure, de Helen Simmons y Julia Cranney, ha ganado el Méliès d’Argent, y Stop Dead el Premio del Público Manel Gibert.
|
|
||||||||||
| |
|
|
|
|
|
Diario de Serendipia en Sitges 2023: Quinta cápsula

De nuevo en el Melià tras la enorme afluencia de público que representa el fin de semana, Serendipia inicia una nueva con dos sesiones en el Tramontana, ergo, Noves Visions y dos más en l’Auditori -desde la distancia- con dos pertenecientes a Oficial Fantàstic Competició.

Fotos: Serendipia
Mientras l’Auditori estaba repleto de almas para ver La sociedad de la nieve, última película de J. Bayona, con menú carnívoro ultracongelado, Serendipia escoge seguir el olor a podredumbre y sordidez que emana del Tramontana y ver The Funeral (Cenaze), que, por la sinopsis del propio festival, prometía una historia
de amor necrófilo entre un conductor de coche fúnebre y su pasajera. Junto al encanto de premisa, Serendipia se sintió atraid@ por tratarse de una producción turca, con todo lo que ello conlleva, y por estar dirigida por Orçun Behram, del que vimos, en este mismo festival, pero en 2019, su opera prima, The Antenna (Bina).
The Funeral se inicia cuando a Cemal (Ahmet Rifat Sungar), que como hemos indicado se gana la vida conduciendo un furgón fúnebre, le encomiendan transportar y ocultar durante un mes (y sin despertar sospechas, claro), el cadáver de una joven (Cansu Türedi) a petición de su familia. Extraño encargo al que Cemal no pone trabas, simplemente acepta el fajo de billetes que le ofrecen y emprende su misión. Pero una noche abre las puertas traseras del coche fúnebre y encuentra a la muerta emitiendo extraños gruñidos, retira el sudario y descubre a la joven aniñada respirando y sin pulso. La retornada a la vida, además de tener escasa conversación, despierta con unos apetitos muy peculiares, lo que obligará a su pretendiente a facilitarle la necesaria carne fresca. Primero la suya propia, después la del reguero de cadáveres que irán sembrando a su paso. Este Déjame entrar (Låt den rätte komma in, 2008, Tomas Alfredson) versión no-muerta se desarrolla en pasajes desolados, vertederos, ruinas y barrios bajos, inmejorables escenarios para una historia de amor desaforada. Un cuento gótico envuelto en una niebla opresiva permanente que podría haber salido de la pluma de algún autor romántico, amantes como eran de lo siniestro y de las pasiones extremas que desafían los límites de lo racional. Zeynep, la joven renacida, lleva consigo, además, el recuerdo de los horrores de su muerte, víctima de un siniestro ritual. Por ello, buscará venganza.
La cinta concluye en un tercer acto que brinda un festival de sangre en una secuencia de acción filmada de noche (que el director destacó que fue muy difícil para todo el equipo). Y cierra con la única escena luminosa: ambos protagonistas al frente del furgón, ya sin que Zeynep tenga que ocultarse, en lo que se adivina una huida hacia el futuro…¿feliz?
Breve pausa, vuelta a la Sala Tramontana y más bucles con The Uncle (Stric, David Kapac y Andrija Mardesic), una producción croata (con participación serbia) ambientada, aparentemente, en los años ochenta en Yugoslavia. Allí, una familia se prepara,
como cada año, para recibir a su querido tío que viene de Alemania, cargado de regalos, a pasar las fiestas navideñas al calor familiar. Nervios antes de la celebración, se rompe un plato de la vajilla buena, el hijo lleva el mismo jersey de la última vez… Nervios durante la celebración, el pavo estaba crudo, las galletitas de canela quemadas… «La Navidad es en realidad el mayor ataque subliminal al subconsciente, donde la forma se apodera de la sustancia» declaran David Kapac y Andrija Mardesic, que no parecen amar la celebración. Pero parece haber algo más detrás del comportamiento histriónico de la familia (cuyos miembros no tienen apellido, ni nombre), no hay naturalidad y todo resulta exagerado y extraño. Como si se tratara de una mala obra de teatro. La revelación nos llega la jornada siguiente, la familia se prepara, como cada año, para recibir a su querido tío que viene de Alemania, cargado de regalos, a pasar las fiestas navideñas al calor familiar. Y la siguiente cuando la familia se prepara, como cada año, para recibir a su querido tío que viene de Alemania, cargado de regalos, a pasar las fiestas navideñas al calor familiar. La representación se repite día tras día, siempre igual, las mismas frases, los mismos actos, pero siempre algo no está bien, despertando la ira del obsequioso tío. El ingenioso guion del que también son responsables Kapac y Mardesic, sabe jugar bien la baza de la repetición con variaciones para mantener el suspense, el humor impera, pero poco a poco se nos va torciendo el gesto, pues con cada cambio, el ambiente supuestamente festivo se vuelve cada vez más tenso y desequilibrado. También dudamos de la época en la que se están dando los hechos, porque según todo, desde el modelo del mercedes del tío, hasta la decoración de la casa y el vestuario de todos, deberíamos estar en los 80. Pero hay teléfonos móviles que suenan de improviso, alterando el guion. La verdad irá emergiendo de manera vacilante y poco sistemática, pero no nos impacientamos porque el ejercicio fílmico está perfectamente orquestado y nuestra atención está rendida. Vamos sabiendo de un secuestro, vemos a la coerción violenta convertirse en abuso psicológico, un abuso que cada vez raya más en la tortura mental. En cada etapa, la tensión aumenta constantemente, preparándonos para un clímax de derramamiento de sangre y catarsis que inevitablemente llegará.
El talento de los dos jóvenes croatas, que debutan en el largo con esta The uncle, fue premiado con el galardón a mejor director de la sección Noves Visions. Porque la suya es una manera particualr de entender el género, algo que ya se intuía en su mediometraje para televisión, Zagorski specijalitet (2012) que mezclaba pijos perdidos en el monte jugando al paintball, lugareños afables y…canibalismo. Claro que, la pregunta del millón es a qué género nos referimos exactamente, porque aquí hay una deriva desde la comedia a la tensión (tensión como la del título de aquella serie de la infancia de Serendipia), y de la intriga al desenlace violento. Si le buscamos paralelismos o influencias, tendríamos que referirnos al Michael Haneke de Funny games o al Yorgos Lanthimos de Canino, y seguimos moviéndonos en las marismas. No nos atreveríamos a decir que es terror puro, pero quizás es más aterrador que cintas que sí cabrían en esa pureza. Quizás Serendipia, la cabeza más secundaria de Serendipia, estaba a punto de descubrir que a lo mejor no le gusta el género. O sí. Continuaremos esta disquisición mañana, es decir en la sexta cápsula, pero no adelantemos acontecimientos. Vayámonos a cambiar de sala no sin antes destacar que en el rol de tío nos encontramos con ‘Miki’ Manojlovic, a quien los amantes de Emir Kusturica recordarán bien y cuya presencia en este filme fue todo un deseo cumplido para los jóvenes directores: «Cuando nuestros productores nos preguntaron a quién queríamos para el papel, dijimos: Miki Manojlović. Parecía una fantasía, pero los productores tenían su email y le enviaron el guion sin muchas expectativas. Respondió muy rápido, exaltado ante un guion escrito por dos jóvenes cineastas cuyas obras nunca había visto. ¡El resto es historia!«
Con un buen promedio de interesantes propuestas, Serendipia prosigue su itinerario cinéfago del lunes, ya en l’Auditori, con Brujería (Christopher Murray), una cinta coproducida entre Chile, México y Alemania que denuncia el déspota colonialismo de los europeos contra los nativos, mediante la recreación de unos hechos ocurridos en Chiloé a finales del siglo XIX: el juicio contra «La Mayoría» (sociedad huilliche) bajo el cargo de asociación ilícita. Cuando empieza la película de Christopher Murray (que es autor del guion, además, junto a Pablo Paredes), estamos en 1880 en isla de Chiloé, al sur de Chile, donde el colono alemán, Stefan (Sebastian Hülk), vive junto a su familia en una aldea criando ganado. Cuando sus ovejas mueren misteriosamente, reacciona de forma violenta contra el pastor y padre de la criada, Rosa (Valentina Véliz Caileo), enviando a los perros para que acaben con su vida. Todo lo cual sucede delante de Rosa, de 13 años, que a continuación es despedida. Rosa y su padre son indios huilliches y Rosa, además, es cristiana. En busca de justicia recurre al subdelegado, que no le hace ni caso («a los perros no se les mete en la cárcel«), después al sacerdote, que la emplaza a no buscar justicia divina sino humana, a la vez que le indica que vaya a hablar con Mateo (Daniel Antivilo), un huilliche anciano. Mateo está al frente de La Recta Provincia, una sociedad indígena, real, anterior a la independencia, pero será Aurora Quinchen, la machi (curandera) (Neddiel Muñoz Millalonco), la que le explicará su origen y sentido: el piloto español José Manuel de Moraleda se presentó como un poderoso hechicero y desafió el poder de la machi Chillpila, oriunda de Quetalco, en una competencia de magia. Ella lo derrotó dejando su barco en seco y él le obsequió un libro de magia, conocido como el Libro de arte, el Levisterio o Revisorio, con el que se instruyeron posteriormente algunos indígenas y crearon esta sociedad secreta. Y es ahí donde la historia de venganza de Rosa se transforma definitivamente en una de magia y hechicería, que se hace eco de la leyenda más que de la historia de los hechos a los que se remite. Murray nos mueve por una Chiloé más inventada que real para conseguir su objetivo de denuncia, lo que hace más rica su lectura y la engloba dentro del fantástico.
Su fuerte, el de la película, es la atmósfera, como señala Aaron Rodríguez, en El antepenúltimo mohicano, mediante «una fotografía húmeda y apagada, acuosa, de verdes musgosos, azules apagados y dominantes del gris«. Con esa tonalidad nos mueve por el paisaje, un paisaje que invita a la pausa, al uso del fuera de campo como mejor recurso para transmitir no sólo los hechos sino la sensación que de ellos se desprende. Murray baraja bien el tempo, porque sabe que la dilación es la que le va a permitir abordar el fondo de la cuestión. Ese debate interno de Rosa por reivindicar(se), que la enfrenta a dos realidades, su cristianismo de nacimiento, la religión colona, frente a las creencias huilliches que parecen vivir en su propio rostro, como le hizo ver el sacerdote. Siendo fantástica, Brujería es también un relato de crecimiento en el que está en juego, no sólo el paso a la madurez de una adolescente, sino la conservación de la propia raíz genética de un pueblo. Aquel al que Murray quiere dar la palabra. Él, que por su tez blanca y su cabello taheño, recuerda más al colono opresor que al indio que clama por su realidad y su tierra. Y es que Brujería va más allá de ser un mero reflejo de creencias y dialécticas anteriores, diciéndolo nuevamente con Aaron Rodríguez, «tiene mucho de los conflictos éticos a los que se asoma el espectador moderno, de sus dudas, de su necesidad de pertenecer a una comunidad que no se base únicamente en las líneas de explotación, pero al mismo tiempo, de la necesidad de cantar, de aprender, de mantener otra relación con la realidad y con la Historia». Murray usa la falsilla del fantástico como metáfora para hablar de temas socioculturales, que aún siendo locales, es capaz de hacérnoslos sentir cercanos. Ahí estamos, de nuevo, con los límites del género.
Hablada en español, mapuche y alemán y coproducida por Pablo Larraín, esta cinta, que algunos calificarían como otra pieza de Folk Horror, que parece englobar ahora todo lo que sucede fuera de las ciudades, y otros no dudarían en colocar dentro del Elevated Horror (categorías tan de moda que acabarán por englobarlo casi todo y no significar nada), esta pequeña(gran) película juega a la mixtura, por tanto, no es pura. ¿O acaso sí? ¿Qué será la pureza genérica? Ya saben mañana en la sexta cápsula. De momento ahora nos vamos de Brujería a Salem. Y todo sin movernos de l’Auditori.
Cualquiera diría que continuamos en tierras de brujas, pero no es así, el Salem que da título al film que Serendipia ve a continuación, y con el que cierra la jornada, no es el tristemente célebre proceso contra las «ocho perras brujas» de la población norteamericana. El salem al que se refiere el título es en realidad un saludo que significa paz. La acción de Salem se desarrolla en los suburbios de Marsella, donde una pareja de adolescentes pertenecientes a barrios/bandas -y etnias- rivales (Cigarras y Grillos), se enamoran: Djibril, negro, de origen comorano y musulmán; y Camilla, de sangre gitana y cristiana. Todo empeorará cuando ella quede embarazada y culminará con una muerte y la entrada de Djibril en prisión. Pasados los años, cuando por fin cumple su condena, en régimen psiquiátrico, Djibril cree poseer poderes de curación y que su hija, que al parecer los ha heredado, puede ser la clave para salvar al mundo del odio que bulle en los suburbios de su ciudad. Jean-Bernard Marlin dirige y firma el guion, el marsellés, crecido en uno de los barrios más pobres y conflictivos de la ciudad, el 13ème arrondissement, parece haberse especializado en filmes que dan voz a los marginados después de haber ganado el César a mejor opera prima con su película de 2018, Shéhérazade, otra historia de amor en los suburbios interpretada (como Salem) por actores no profesionales. Se podría decir que su segundo largo, el que nos ocupa, es un Romeo y Julieta suburbial en la línea del clásico de Robert Wise, West side story, pero va más allá de ser la adaptación «quinqui» (a la
marsellesa) de la tragedia de Shakespeare: Salem es una película ambiciosa y personal en la que se dan la mano el drama shakesperiano, sí, pero también el cine de bandas callejeras y la fantasía esotérica, que es la que le ha dado cabida en la Sección Oficial Fantástico Competición de esta edición del Festival de Sitges.
Y es que Djibril es, desde su adolescencia, un visionario, se figura y cree con facilidad cosas quiméricas, por ello cumple condena en el psiquiátrico y no en el penal. Como decíamos al principio, cree tener poderes de sanación y que estos además los habrá heredado su hija, Ali, por lo que ella será la profeta que llevará la paz (salem) a los dos barrios enfrentados en constante pugna territorial. ¿Lo cree o los posee realmente? Salem sabe jugar la doble baza, todo podría tener una explicación racional, o ser verdaderamente fruto de una verdad mística. El filme logra un casi perfecto equilibrio entre el relato naturalista y la ilusión onírica representada por esas cigarras doradas que, a la vez, persiguen y guían a Djibril. Un equilibrio que es logrado con la imagen, con el lenguaje cinematográfico. La cinta combina la cámara fija y efectos visuales de gran plasticidad. Como declaraba el propio Marlin en Cannes: «Por un lado, estamos cerca de los personajes respetando un cierto clasicismo y, por el otro, podemos ver aspectos visuales experimentales, como los sueños. Al igual que con la música original, el lema de las imágenes era ser una película alucinante». Salem tiene una ferocidad y una ambición que merecen llamar la atención por la película y su talentoso director.
Salem como la Brujería de Murray es una película liminar, un film frontera, tejido con el espíritu del mestizaje entre la denuncia social y el fantástico más surrealista. Estamos otra vez ante la discusión sobre los límites del género, también la película de Marlin es impura si es que existe algo así como la pureza del terror y lo fantástico. ¿No es género si el subtexto tiene casi tanto peso como el texto? ¿Es necesaria la ortodoxia, sea esta lo que sea, para estar en un festival como el de Sitges? ¿Es algo que puede espantar al público natural del certamen o es la mixtura la que lo hace todo más atractivo? Las respuestas, ya saben, tal vez las encontremos mañana en la sexta cápsula.
De momento, y como ya cuadra, les dejamos con el tercero de los cinco videos sobre los entresijos del festival, en el cual se visitan otros lugares y donde se desarrollan otras actividades de las que les contamos aquí.
Diario de Serendipia en Sitges 2023: Interludio en ‘El otro lado’

¡¡¡UN MOMENTO!!!
ANTES DE REPASAR MÁS PELÍCULAS,PERMITAN QUE NOS DETENGAMOS EN UNA SERIE. QUE NOS DETENGAMOS A COMPROBAR LO QUE HAY EN
EL OTRO LADO
Ya instalados en Sitges, pero con un día libre antes de comenzar nuestra particular ensalada de películas, Serendipia recibió, de mano de Movistar+, los enlaces de visionado que había solicitado de El otro lado, serie producida por la plataforma en colaboración con El Terrat y dirigida por Javier Ruiz Caldera y Alberto de Toro, que precisamente iba a presentarse durante esta edición del festival. Ocho episodios de veinte minutos que nos dispusimos a ojear y que no pudimos abandonar hasta su conclusión. Basada en una idea original de Berto Romero, El otro lado supone un avance en su carrera como actor, pues si bien la serie tiene mucho humor, este no viene dado especialmente por su personaje.
Pero no nos avancemos y veamos en qué es El otro lado, ¿una serie de terror? ¿una comedia? Pues todo eso y bastante más. En la serie Nacho Nieto (Berto Romero), periodista especializado en lo paranormal, pasa por su peor momento profesional y personal. Tiene dificultades para adaptarse a las nuevas tecnologías, para él una titánica tarea en la cual cuenta con la colaboración de un ayudante bastante inepto (Albert García). Y es que Nieto es un claro heredero de aquel periodismo, algo bizarro, todo hay que decirlo, que se cultivaba en espacios de radio y televisión como Más allá y publicaciones tipo Karma-7 y Mundos Desconocidos, durante los años setenta y ochenta.
Tras un intento fallido de suicidio, vuelve a la vida acompañado por el fantasma de su mentor, el doctor Estrada (Andreu Buenafuente), mítico comunicador del misterio, y una de las notas de humor de la serie, pues fallecido hace más de 20 años, su lenguaje y modo de comportarse resulta muy chocante para los parámetros del siglo XXI. En ese momento se cruza en la vida del periodista un virulento caso poltergeist en un piso del extrarradio de Barcelona, quizás el caso paranormal más importante de los últimos años. Nacho acude al piso de los fenómenos, donde viven Eva (María Botto) y Rubén (Hugo Morenilla), acompañado por el espíritu de su mentor y ayudado por Juana (Eva Ugarte), su mano derecha en su antiguo programa de radio. Mientras Nacho desenreda el misterio, se enfrentará a un oscuro secreto de su pasado. Un secreto que le relaciona directamente con Gorka Romero (Nacho Vigalondo), antiguo compañero de investigaciones, y que ahora se ha convertido en el referente del periodismo del misterio en España, un clarísimo y cómico sosias de Iker Jiménez.
En vista de este argumento, ¿puede considerarse El otro lado una serie de humor? Pues sí, lo cierto es que resulta muy cómica, sobre todo cuando intervienen los personajes interpretados por Andreu Buenafuente y Nacho Vigalondo, pero nos parece también una serie de terror. Y muy digna, con todo muy bien medido y equilibrado, como tuve ocasión de comentarle al mismo Buenafuente durante el festival. Algo que suponemos los responsables de El otro lado se habrán hartado de escuchar pero, es que se trata de algo muy meritorio por la dificultad que entraña. No predomina una cosa sobre la otra. El humor no pisa a la intriga y el terror.
Muchas han sido las propuestas de combinar humor y terror desde que en 1948 los estudios Universal mezclara a sus, hasta entonces, terroríficos monstruos con dos cómicos de vodevil, en Abbott y Costello contra los fantasmas (Bud Abbott and Lou Costello Meet Frankenstein, Chas T. Barton) y en la mayoría de ocasiones el resultado no ha pasado de ser eminentemente cómico, con el terror como complemento. En España muchas han sido las cintas que han intentado mezclar pavor y humor. Sin ser exhaustivos recordamos a los Hermanos Calatrava en Horror Story (Manuel Esteba, 1972); Joe Rígoli en El pobrecito Draculín (Juan Fortuny, 1977); Andrés Pajares en El liguero mágico (Mariano Ozores, ) o Martes y 13 en Aquí huele a muerto… (¡Pues yo no he sido!) (1991) y el gran Chiquito de la Calzada en Brácula. Condemor II (1997), perpetradas ambas por Álvaro Sáenz de Heredia. Por fortuna, El otro lado no tiene nada que ver con todo esto pues, repetimos, el equilibrio entre géneros funciona a la perfección, algo que se debe a que Berto Romero, responsable de la serie, es también un buen amante del cine de terror, algo que se deja entrever en los guiños que hace en la serie a dos terrores castizos (y bien diferentes) como son ¿Quién puede matar a un niño? (1976) de Chicho Ibáñez Serrador y Mil gritos tiene la noche (1982) de Juan Piquer Simón. Su cinefilia también queda bien latente en la serie Zombis (2009), así que no es extraño que se aventurara en ofrecer algo diferente: «Se juntaron dos elementos: por un lado, la voluntad de hacer algo nuevo y por otro poder, por fin, escribir algo de lo que a mí me gusta. Tenía muchas ganas de realizar un cambio de registro, de tratar temas que a mí me interesan más como espectador desde siempre, de toda la vida, de terror y de fantástico. No tanta comedia ni autoficción».
Para dirigir El otro lado se ha contado con Javier Ruiz Caldera, que ya dirigió a Berto Romero y Eva Ugarte en la magnífica serie Mira lo que has hecho (2018), también para El Terrat / Movistar+, y a Berto en 3 Bodas de más (2013). En esta ocasión Javier Ruiz Caldera ha optado por dirigir la serie a cuatro manos junto a Alberto de Toro, con el que ya dirigiera Malnazidos (2020), largometraje que tuvo muy mala suerte y que urge recuperar.
Berto Romero y Andreu Buenafuente han demostrado, sobre todo el primero, que pueden considerarse actores sin sonrojarse. Juntos participaron en la estupenda El pregón (Dani de la Orden, 2016), y Berto, por separado, ha realizado diversos papeles, la mayoría de comedia, pero tan variopintos como los que encarna en Algo muy gordo (Carlo Padial, 2017), Ocho apellidos catalanes (Emilio Martínez-Lázaro, 2015) o en el memorable cortometraje Hostiable (2015) de David Galán Galindo.
Así que no se llamen a engaño, si bien resulta inevitable comenzar a ver El otro lado con una sonrisa al ver aparecer en pantalla a Berto Romero, (viniendo de paso a la cabeza del espectador ciertos sketches televisivos en los que visitábamos ‘la nave del misterio)’, esa sonrisa desaparece pronto, pues también hay mucho terror sobrenatural, con una mezcla tan bien construida que tras el modélico primer episodio, no queda otra que seguir desentrañando los misterios que esperan en El otro lado. Aparecidos, poltergeist y sanadores se mezclarán con cosas más terrenales y mundanas hasta su conclusión, perfecta y, afortunadamente, abierta a una segunda temporada pues, en nuestro caso estamos dispuestos a volver a cruzar a El otro lado.
Al otro lado se estrena en doble episodio semanal el jueves 23 de noviembre en Movistar Plus+
Y AHORA, PROSEGUIMOS CON LA PROGRAMACIÓN HABITUAL DEL FESTIVAL EN NUESTRA CUARTA CÁPSULA



y un argumento en el que caben también chips neuronales y mucha sangre. Géiseres de sangre brotando de gargantas seccionadas. A Serendipia la sació, pero algunos se quedaron sedientos de más hemoglobina. Y de más violencia. Y de más personalidad. Y… Vamos que no faltaron voces que tildaron a esta cinta de mediocre. ¿Qué hay de ello? El propio director declaraba en la rueda de prensa que cuando se tiene un mayor presupuesto, se tiene que buscar más público y se reduce la violencia, pero que a sus 63 años se ha cansado del estilo ‘light’ y quiere «volver al punto de origen» más violento. Y eso es lo que parece estar tramando: su nuevo proyecto será «un remake de una obra muy explosiva, idóneo para Sitges«. Pese a los lamentos de unos y otros, tenemos que decir que 
joven protagonista, Sara Montpetit, que encarna a Sasha, la benjamina de una estirpe de chupasangres que no parece progresar adecuadamente, pues le están comenzando a salir los primeros colmillos y se niega a matar para obtener el néctar de la vida, conformándose con producto envasado. Acomplejada, cuando se cruza en su camino Paul (Félix-Antoine Bénard), que patética e infructuosamente intenta quitarse la vida, acordará con él chupar su sangre hasta la muerte y así ambos se beneficiarán, pues él dejará eficazmente este valle de lágrimas y ella conseguirá, por fin, iniciarse en la caza pero…
familiares, y autores influidos por su obra, en mayor o menor medida, como son Gaspar Noé y Guillermo del Toro. Todo ello ilustrado con fotos e imágenes provenientes de fondos privados y prensa, además de escenas de sus películas.
La aventura italiana de Serendipia continúo por la tarde de este día, uno de los pocos en los que pudo prescindir de la fiambrera y comer como como dios manda, sentadx en una mesa. Era el turno de un cambio de registro, no tocaba una película sino un encuentro organizado en la sección de industria del festival, al que seguimos desde la primera fila, por supuesto. Serendipia culminaba la jornada con una nueva cita con el padre de
Para el catedrático Sebastián Serrano, somos hijos del miedo. De un miedo con alto valor adaptativo que tiene por antónimo la temeridad. Los temerarios no le tienen tomado el pulso al peligro, por eso se arriesgan sin tino, juansinmiedos de la vida, se atreven con todo, su falta de juicio les expone y… no llegan a viejos. Los temerosos, en cambio, no corren riesgos innecesarios, actúan con prudencia y sobreviven dejando su herencia genética para la especie. Una perpetuación biológica de los miedicas que se refuerza con la educación. A sus vástagos les legan sus genes y los cuentos. Las leyendas y el folklore vestían los peligros naturales con el ropaje de entes dañinos y taimados, así, si no tienes vértigo, un barranco puede resultar hasta atractivo, pero si es la oscura morada de una legión de trolls (por poner), y eres niño, la cosa ya se pone más seria. Vino la Ilustración queriendo poner coto a las supersticiones en nombre del reinado de la recta Razón, pero la generación romántica que la sucedió volvió a elevar y dar valor a lo sobrenatural. Movimiento pendular de la historia en el que tuvo su peso descubrir que el sueño de la razón produce monstruos. Terror por antonomasia es el método expeditivo de represión revolucionaria (o contrarrevolucionaria) que instauraron Robespierre y su pandilla. No es de extrañar la reacción de la generación siguiente que empezó a poner en valor lo medieval y lo oscuro, siguieron la estela de Horace Walpole que en 1764 escribía
cabezas de cartel. Es el vienés el que va a adentrarse en la mente y sus traumas y, claro, pondrá sus miras sobre qué es y qué produce el terror, esa emoción que ahora sabemos que nace en una región del cerebro denominada amígdala, ubicada en el sistema límbico, que se encarga de regular las funciones de conservación del individuo. Aunque admira a Darwin, Freud da una explicación que no es biologista sino una lectura que podríamos denominar (un poco a bulto) metafísica. El padre del psicoanálisis se interesa por el terror desde bien temprano, pero es después de la Gran Guerra cuando dará su definición más elaborada, distinguiendo entre angustia, miedo y terror. Si el miedo es el temor a un peligro presente, conocido, y la angustia la señal de alarma de la mente, que lo anticipa sirviendo de entrenamiento, el terror está relacionado a un estado en que se encuentra el sujeto cuando se ve sorprendido por un peligro para el cual no estaba preparado. Según esta lógica, aterrarse es estar al borde del colapso, enfrentarnos a una adversidad, tan grande, que quedamos paralizados y, en el peor de los casos, condenados a repetir mentalmente el trauma que hemos vivido (algo que Freud observó entre los veteranos de la Gran Guerra). El miedo nos cualifica, el terror nos incapacita. Así las cosas, deberíamos concluir que los que ven cine de terror somos unos absolutos masocas. Pero es que la cosa no es tan simple. Si disfrutamos del género es porque mientras vemos estas producciones nuestro cuerpo está tensionado y libera cortisol, una hormona que está relacionada con el estrés, por eso, asustarse con una película mejora el estado de ánimo y ayuda a sentirse mejor. El miedo que vivimos en la sala oscura nos activa, nos despierta, hasta nos enardece. Definiéndolo coloquialmente: vivimos un “subidón” químico que nos provoca una euforia
momentánea. Sobre todo si el final es catártico. Se disfruta del terror que no paraliza, que es tanto como decir que no aterra, ergo no puede existir algo así como películas de terror puro. De haberlas nos lisiarían, nos dejarían traumatizados (en el sentido fuerte del término) de por vida. Casi muertos. Defender la pureza del género es defender algo que no lleva a parte alguna. Lo puro es lo que está libre y exento de toda mezcla de otra cosa. Lo que es fiel a una esencia imperturbable, impermeable a cualquier cambio. Pero el terror es también un reflejo de la sociedad, de los miedos de una época, por eso no puede ser invariable. Cada momento histórico vive sus propios espantos y los expresa bajo formas narrativas acordes. En definitiva, no es más puro, ni menos, el terror gótico de Walpole que eso que llaman horror elevado. Sólo son distintos rostros del miedo. Bienvenidas sean todas las manifestaciones del monstruo.




Comenzar la jornada con Pedro Olea está más que bien. Si es en el Prado y sin ningún tipo de restricción para ocupar la butaca que se deseé, mejor. Y si lo que se proyecta es una versión remasterizada (gentileza de Mondo Macabro) de una de sus más oscuras cintas, eso, ya no tiene precio.
Daniel (Toni Isbert), que busca trabajo e instalarse en Bilbao. Ya en la propia estación averigua la dirección de una pensión económica y conoce a un extraño individuo, con el que se topa en diversas ocasiones (José Orjas), que se ofrece a facilitarle un contacto para conseguir un empleo. Una vez en la dirección que le ha sido dada recibirá el encargo de localizar a Lucía Alfaro (Geraldine Chaplin), antigua integrante de la misteriosa organización que le ha contratado y que se hace llamar La casa sin fronteras. Absoluto fracaso en su momento, lo que le costó tener que cerrar su productora, Amboto Producciones Cinematográficas, pese al éxito obtenido con su anterior film, la película ha permanecido semioculta entre la producción del bilbaíno hasta que el sello norteamericano Mondo Macabro se ha animado a editarla remasterizada para su óptimo visionado, como pudo comprobar el público del Prado y el propio Olea, que no perdió la ocasión de ver su película restaurada.
protagonizada por una familia norteamericana, los Nordheim, que retorna a sus raíces tras heredar una casa en las montañas de Noruega. Los productores de
Hora de volver al Prado y al mejor cine clásico con
considerada bruja en el pueblo y sobre la que se cernirá la sospecha de ser la artífice de los infanticidios. Una escena de alta intensidad dramática, pavorosa por su crudeza y violencia, pues no en vano es una película de Lucio Fulci. Esa brutalidad que se respira desde el propio montaje, contrasta con la sensualidad de otras tomas y otras escenas, como aquella de desnudo y seducción a un menor protagonizada por Patrizia, el personaje que interpreta la Bouchet, escena que todavía hoy llama la atención y escandaliza, por lo cual es una pregunta recurrente en las entrevistas que le hacen al actriz el saber cómo se pudo rodar esa secuencia, así que Barbara Bouchet no esperó a que se la hiciera el público y explicó directamente que los planos en los que se ve a las dos figuras juntas, con el niño de espaldas, este era sustituido por un enano. Amable y diva, en el buen sentido del término, Barbara Bouchet se mostró cercana y accesible con sus fans y no dejó de recordar que se encuentra todavía en activo, como demuestra el gran número de películas y series en las que ha participado desde los años sesenta a este mismo año.
las simpatías de los espectadores en la edición de 2021 con su debut, 
mecanismo de relojería bien afinado y rebosa talento, incluso para sacar rédito significativo de la localización, ese río que se pone de relevancia en el título original (que podría traducirse como No dejes que el río fluya). El río no es solo el escenario sino la inspiración de la evolución de la trama. Símbolo del cambio continuo y, a la vez, de la permanencia constante (mismo cauce, distintas aguas) es toda una metáfora de la transformación personal como desarrollo de las propias características que nos definen. Sin ningún efecto especial, todo a base de un buen uso de cámara y cambios de plano para representar el salto en el pliegue, esta repetición con variaciones de un mismo tema es grácil y ligera. Divertida. También profundamente seria.
Últimos comentarios