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Diario de Serendipia en Sitges: Año de la pandemia. Quinta cápsula

Nuevo madrugón para un día de lo más completo compuesto por dos largometrajes de Sección Oficial, uno de ellos el que resultará ganador en las categorias de mejor película y director; continuando después con una película muy especial perteneciente a la sección Noves Visions que estamos deseando volver a ver, pues en sus fotogramas están depositadas la prosa y el alma de una de las mentes más preclaras y que más admiramos del estos últimos siglos; y finalmente retornamos al cine más popular, el de nuestra infancia, aquel al que íbamos con nuestros padres, el que ha marchado y que tan solo volverá en nuestros sueños o en la intimidad de nuestro hogar a modo de revival.

Serendipia comienza el -¡atención, alarma, ranciofact!- ecuador del festival con una muy interesante película de terror, Relic (2020), producción australiana que llega a Sitges tras ser presentada en el festival de Sundance y haber pasado por diferentes certámenes como el Bucheon Film Festival de Corea del Sur y el Fantasy FilmFest de Alemania. Dirigida y escrita por la cineasta novel Natalie Erika James con la colaboración en el guion de Christian White, este viaje a la locura se inicia con la inexplicable desaparición de la anciana Edna (Robyn Nevin), que causa que su hija Kay (Emily Mortimer) y su nieta Sam (Bella Heathcote) se apresuren a ir a la decadente casa de campo de la familia, donde encontrarán pistas de su progresiva demencia esparcidas por toda la casa. Pero lo más extraño comenzará a suceder cuando, de manera tan misteriosa como lo fue su desaparición, Edna regrese al hogar. Los sucesos que irán aconteciendo parecen tener una explicación natural, pero a través de las pistas que le dan sus sueños a Kay se nos introduce la duda: ¿puede ser, después de todo, que exista una causa paranormal para la locura de Edna? Parece una constante en el nuevo cine de terror australiano abordar problemas muy humanos como pudiera ser el dolor por la pérdida de un marido (es el caso del The Babadook de Jennifer Kent) o la dificultad de ser madre de un niño autista (nos referimos a Triangle dirigida en 2009 por Christopher Smith), para derivarnos hacia el terror sobrenatural en la resolución del conflicto. En su debut en el largo, Natalie Erika James se inscribe en esta forma de entender el género y nos ofrece toda una inquietante y cautivadora intriga, parábola sobre la vejez y la decadencia humana, que nos abismará en la explicación en clave fantástica de la demencia hereditaria y su consecuencia en las relaciones madre/hija, finalizando con una aterradora imagen del tópico de las tres edades de la mujer. Protagonizada impecablemente por tres reputadas actrices, en la cinta tienen un gran protagonismo el sonido y la propia mansión, que como un personaje más, parece respirar.

En vista del brillante resultado obtenido con Relic, habrá que seguir la pista de Natalie Erika James, que en estos momentos trabaja en un nuevo proyecto de Folk Horror japonés llamado Drum Wave. Como vemos, la cosa promete.

Por mucho que le moleste que le saquen el tema, Brandon Cronenberg es el alumno más aventajado de su padre. Y no solo por las temáticas que toca, sino porque también es un tipo brillante. Ya lo demostró en 2012 con Antiviral, con la que, por cierto, ganó el premio al mejor director revelación en Sitges, y ahora lo confirma con Possessor (2020). Cronenberg  vástago nos propone, en este su último trabajo, reflexionar sobre qué define nuestra identidad y qué ocurriría si pudiera ser controlada por terceros que nos llevarán a actuar en contra de nuestra voluntad. Como premisa argumental para esta reflexión nos presenta una trama en la que una corporación criminal ha desarrollado el método para invadir, con implantes cerebrales, las mentes ajenas con la personalidad de sicarios profesionales, quienes actuarían así con total impunidad y sin dejar rastro alguno.  Tasya Vos (Andrea Riseborough) es una de esas asesinas y un día, durante una misión rutinaria, algo sale mal. La agente Vos se ve atrapada dentro de la mente de uno de los sujetos que trata de controlar (Christopher Abbot), cuyo apetito por la violencia se acaba convirtiendo en su peor aliado, superando incluso el suyo propio. De nuevo tecnología y carne al servicio del horror, y las consecuencias que puedan tener sobre el sujeto humano la manipulación del yo. Todo, en un trabajo que, si bien no nos convenció tanto como su opera prima, si ha conseguido, como veremos, encumbrar de nuevo a su director en Sitges, confirmando su personalidad y su voz como propia más allá de los ecos y las esclavitudes de su ilustre apellido. Brandon es el Cronenberg de la generación milenial y tiene mucho que decir sobre nuestro mundo digitalizado que tan bien domina (¿o acaso es víctima de él?) esa generación.

Y mientras estamos sumidos en las sombras, en la sala Garbí del Auditori se presentan tres atractivos libros editados por nuestros amigos-hermanos de Editorial Hermenaute, sobre cuya presentación nos ha escrito unas líneas su propio responsable, Lluis Rueda:

Presentación de novedades Hermenaute: Sombras de Caligari, ¡A mordiscos! La increíble historia de Germán Robles, un vampiro español en México y La madre terrible en el cine de terror

Jesús Palacios y Lluís Rueda durante la presentación de ‘¡A mordiscos!’

El lunes 12 de octubre la Sala Garbí acogió nada menos que 3 presentaciones de la Editorial Hermenaute. El sello de Badalona especializado en ensayo de cine, entre otras materias, afronta por tercer año consecutivo la tarea de editar el libro oficial del festival, este año por partida doble.

Conducidas por Desireé de Fez, la primera presentación, que se inició a las 10:30, trajo a un viejo amigo de Sitges, el crítico, periodista e historiador de cine Jesús Palacios. Palacios presentaba uno de los libros oficiales del festival, ¡A mordiscos! La increíble historia de Germán Robles, un vampiro español en México, reedición ampliada de un libro de 2008 que fue publicado en el marco de la Semana Negra de Gijón. Acompañado del editor Lluís Rueda, Palacios desgranó parte de la biografía del actor Germán Robles, actor asturiano conocido por interpretar al conde Lavud, en los clásicos dirigidos por Fernando Méndez ‘El vampiro’ y ‘El ataúd del vampiro’. También se habló mucho sobre el cine gótico mexicano durante el periodo de esplendor de la productora ABSA y los Estudios Churubusco. Entre anécdotas y un repaso exahustivo a la materia, se pasó volando una mañana sorprendente por la cantidad de asistentes un lunes festivo a primera hora.

Presentando ‘Sombras de Caligari’: Lluís Rueda, Jordi Sánchez-Navarro, Ángel Sala, Violeta Kovacsics y Carlos Tabernero

A las 12:30 le llegó el turno a Sombras de Caligari. Cien años de cruces y diálogos con el primer gran clásico del fantástico, libro oficial de Sitges 2020 centrado en el ítem de este año, el caligarismo y el centenario del clásico ‘El gabinete del doctor Caligari’. De nuevo con Desireé de Fez conduciendo y los coordinadores del libro Ángel Sala (director artístico del festival) y Jordi Sánchez-Navarro, se abrió esta presentación, un apasionante viaje a la génesis de Caligari, su marco sociopolítico y los asuntos, la puesta en escena y los recursos narrativos de la película en el cine y la televisión posteriores. Los asistentes también participaron de este encuentro en el que no faltaron el resto de articulistas de la obra, Lluís Rueda, Alan Salvadó, Carlos Tabernero y Violeta Kovacsics. Jorge Gorostiza, fue la única ausencia ya que las circunstancias impidieron su desplazamiento desde Gran Canarias. Una gran presentación en tiempos ciertamente caligarianos.

Desireé de Fez y Javier Parra, autor de ‘La madre terrible en el cine de terror’

Ya por la tarde, a las 18:00, en la sala Garbí nos sorprendía la proyección de un video impactante con filmes como ‘Psicosis’, ‘El caso de Lucy Harby’, ‘Carrie’, ‘Babadook’ o ‘Hereditary’. La cosa claramente iba de “madres terribles” y es que Javier Parra, bien arropado por Desireé de Fez y Xavi Sánchez Pons, nos adentraba en una estimulante presentación en la que Carl Gustav Jung se daba la mano con la mitología y el cine de terror. La presentación del libro La madre terrible en el cine de terror, en que Javier Parra hacía su puesta de largo, resultó doblemente especial, ya que el libro apareció en pleno confinamiento y el autor no había podido hacer ninguna presentación presencial hasta la fecha. El encuentro fue divertido, apasionante y acabó en un carrusel de referencias que podrían conformar una jornada de cine de madres peligrosas perfecta para Halloween.

(Texto: Lluís Rueda. Fotos: Marta Torres)

Por su parte, Serendipia continuó con más y más películas. Y de Oficial Fantastic Competició pasamos a Noves visions con la producción independiente The Show (Mitch Jenkins, 2016), una inclasificable fantasía producto de la mente de su, también inclasificable autor, Alan Moore, que mezcla intriga con comedia en una acción detectivesca repleta de viajes oníricos, ingeniosos diálogos y pintorescos personajes, de entre los cuales destaca el secundario Frank Metterton, interpretado por el propio mago de Northampton. Todo ello con el telón de fondo de la convicción de nuestro autor de que la poesía es hermana de la brujería, pues la evocación poética es equivalente a la invocación nigromante, dos formas distintas de llegar al mismo objetivo: nombrar desde la palabra, a través de la imaginación y la memoria, las potencias que rigen nuestro desarrollo y nuestro destino como humanos.  Con The Show, Moore escribe por primera vez para el cine tras haber renegado, quizás injustamente, de todas y cada una de las adaptaciones que sobre sus comics se han realizado. El film es una prolongación de una serie de cortos dirigidos también por el fotógrafo Mitch Jenkins (Act of Faith, Jimmy’s End y His Heavy Heart y que se recopilaron en Show Pieces en el año 2014), escritos todos por Alan Moore y ambientados, al igual que The Show, en Northampton, ciudad británica natal del escritor. Una película que se mueve entre la comedia absurda y el thriller onírico que tan perfectamente sabe ofrecer David Lynch y que también nos hace recordar al Under the Silver Lake de David Robert Mitchell, en tanto ambas obras son un compendio de cultura popular sobre la que indagan para llevarnos a especular la existencia de directrices en lo humano que nos harían ser lo que somos. El Northampton de este Show de Moore es tan extraño y extravagante (o, si nos permiten la apropiación del término inglés, tan weird) como el Twin Peaks de la serie homónima de Lynch, escenarios en los que el mundo y el inframundo coexisten y donde lo real está hecho con el mismo tejido que los sueños ¿O acaso no hay diferencia entre esos extremos y es así que es posible que los muertos puedan seguir viviendo en los sueños como lo hacen en la cultura popular? Con ese interrogante nos deja el espectáculo de Moore.

El jovial Manuel de Blas dirigiéndose al público del Prado (Foto: Serendipia)

Y cerramos el día con otro viaje al pasado. Nueva visita al cine Prado ahora para ver un atípico spaguetti western que contó con la presentación de uno de sus protagonistas, Manuel de Blas, que ese mismo día había subido al escenario del Auditori para recibir el merecido Premio Nosferatu que otorga la sección Brigadoon del Festival. Marido durante 46 años de la mítica  actriz Patty Sheppard, Manuel de Blas ha sido también una cara visible del fantástico estatal desde la década de los sesenta, y permanece todavía en activo. Ha trabajado en más de 200 producciones para cine, televisión y teatro, transitando por todos los géneros (western, comedia, drama…), con el fantástico como puntal importante en su carrera con títulos como El coleccionista de cadáveres (Santos Alcocer, 1970), donde compartió reparto con Boris Karloff, Los monstruos del terror (Tulio Demicheli y Hugo Frengonese, 1970), La orgía nocturna de los vampiros (León Klimovsky, 1973) o El jorobado de la morgue (Javier Aguirre, 1973). Para coronar el homenaje a Manuel de Blas en Sitges 2020, se ofreció en el entrañable Prado una copia restaurada por Victory Films del atípico euro-western Manos torpes, rodado en 1969 y que cuenta con el sello de los revalorizados hermanos Romero Marchent, con el recientemente fallecido Rafael a la dirección y Joaquin colaborando en el guion con Santiago Moncada. Si bien se trata de un rutinario western, protagonizado por Peter (Peter Lee Lawrence), un joven pacifico que se opone a resolver los conflictos con las armas y que como pueden suponer terminará en ensalada de tiros, resulta atípico porque, para ejecutar la venganza de turno, su protagonista contará con el adiestramiento en el manejo de las armas de un anciano chino, adelantándose así este tipo de personaje a series como Kung-Fu (1972-75) u otros filmes que incluyeron personajes orientales tras el primer desembarco en occidente del cine de artes marciales de Hong-Kong en 1973.

Otra velada adorable con sabor a palomitas, pipas, altramuces y pan de higo desde el gallinero del cine Prado en una jornada perfecta y muy diferente al mundo de oropel y colorín que se ofrece en otros espacios del mismo festival tal y como muestra el magnífico making de Quim Crusellas y su equipo. Pero todo, todo es cine y todo, todo es Sitges y cada cual escoge el que prefiere vivir. Y este que les contamos es el nuestro.

 

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