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15 Festival Nits de Cinema Oriental del Vic: Sección Oficial

Serendipia se desplaza a Vic para disfrutar de una de sus citas cinéfagas favoritas, las Nits de Cinema Oriental, que de nuevo han ofrecido a su variopinto público una magnífica selección de largometrajes, además de otras propuestas lúdicas. Y todo ello en una ineludible cita que año tras año va sumando adeptos, y que de nuevo ha sumergido al público asistente en unas cinematografías que parecen resultar demasiado exóticas para el espectador medio. O para las distribuidoras españolas. 

Demos pues un vistazo a lo que dieron de sí estas seis Nits comenzando por su…

SECCIÓN OFICIAL

Al igual que el pasado año, las Nits de Cinema Oriental han otorgado  tres categorías de premio: premio del jurado, premio de la crítica y el habitual premio del público.

Las cintas que han tenido acceso a los diferentes premios del festival han sido, como es norma habitual en las Nits, de todo género y provenientes de diversos países orientales. Si anteriormente se dedicaba cada certamen a un país que ejercía como anfitrión, a partir de ahora se hará de manera, más o menos, temática, estando dedicada esta edición de las Nits al deporte, algo que para bien de Serendipia, NADA aficionada a estos asuntos, resultó ser algo poco más que anecdótico, siendo el fútbol el tema principal de tan solo tres películas.

El número de cintas a competición ha subido con respecto al pasado año. Si entonces la Sección Oficial constó de un total de dieciséis largometrajes, en esta decimoquinta el número ha pasado a ser diecinueve, procedentes de China, Hong-Kong, Taiwan, Japón, India, Camboya y Tailandia, siendo la gran ausente, por causas ajenas a la organización, Corea del Sur.

De China llegaron las dos favoritas de Serendipia: The Looming Storm (Bao xue jiang zhi, Dong Yue, 2018) y The Wrath of Silence (Bao lie wu sheng, Xin Yukun, 2017). Dos tensos thrillers. The Looming Storm, nuestra cinta ganadora, supone el debut en la dirección del prometedor Dong Yue. Esta cinta regaló algunos de los planos más bellos que pudieron verse en esta edición, esos cenitales que nos hacen caer junto con la lluvia sobre los personajes, esos encuadres cargados de sentido que en todo momento nos hacen experimentar los estados anímicos que les conmueven, una cuidadísima fotografía que nos golpea y nos impide permanecer impasibles ante lo que estamos viendo. La acción se inicia en 1997 en una pequeña ciudad del sudoeste de China en el que está teniendo lugar una serie de crímenes con idénticas características, lo que provoca que el vigilante de una fábrica, detective aficionado, se obsesione por detener al asesino. Bajo una lluvia densa y continua, que enrarece la atmósfera y borra las posibles huellas que pudieran quedar en las diferentes escenas del crimen, esta tormenta saturará de grises tanto la pantalla como las vidas de los protagonistas. Pero esa lluvia es también una desolada metáfora sobre la realidad China, el aguacero tiñe la historia con una fuerte crítica hacia el pasado régimen y con una desesperanzada mirada hacia el presente. Dong Yue no nos trae, sin embargo, un relato localista, teniendo continuamente a China en el punto de mira, el cineasta aborda temas universales como son el peso de la culpa en nuestras acciones, la corrupción política que permea todas las capas sociales, la frustración por los sueños incumplidos o el devastador sentimiento que nos inunda al reconocernos insignificantes ante el implacable paso de la historia. La película se cerrará bajo la nieve que caerá, once años después,  sobre el protagonista y la nueva China, una China que, al igual que el protagonista, permanecerá inmóvil sin ir a ninguna parte. Y es que 2008 fue el año en que el gigante asiático se vestía con sus mejores galas para limpiar su imagen internacional celebrando los Juegos de la XXIX Olimpiada pero también el año en que las peores nevadas de su historia asolaron el país pocos meses antes, Dong Yue, con su primera película, nos deja claro que él no está del lado de la historia oficial sino de su contrario, la denuncia del lado oscuro de China que la versión exportable oculta. Una película redonda y desoladora a partes iguales.

Por su parte The Wrath of Silence expone, con técnica narrativa de western, la búsqueda de un hijo desaparecido por parte de su incansable padre, mudo por haber perdido la lengua seccionándosela en una pelea, el protagonista es todo un héroe de acción capaz de enfrentarse a brazo partido con toda la mafia. Ambientada en las montañas del norte de China, este thriller rural, plagado de pobreza y suciedad, nos mostrará la corrupción que subyace en una empresa de explotación minera cuyo jefe es todo un hallazgo para la ficción, un decadente villano tan real como terrorífico. Con un guión algo confuso en su inicio, la acción se desarrollará en varios niveles que terminarán convergiendo en las desoladas montañas donde se esconde un sórdido secreto.

China también aportó, en coproducción con Hong-Kong, algunos títulos más a la sección oficial, como las cintas de animación e imagen real Meow (Miao xing ren2018) y Monster Hunt 2 (Zhuo yao ji 2, Raman Hui 2018). La primera, dirigida por el prolífico y heterogéneo Benny Chan, del que en la edición de las Nits de 2014 pudimos ver The White Storm (Sau duk, 2013), es una cinta infantil con prodigiosos efectos especiales que está protagonizada por un pedazo de gato bigotón proveniente del espacio exterior. Mientras que Monster Hunt 2 es, naturalmente, la secuela del filme de idéntico nombre que pudo verse en Vic en el año 2016 y que como aquella tiene unos efectos digitales  impecables realizados por los mismos estudios que dieron vida a Schreck y a toda su parentela. En resumen: magia, luchas espectaculares, humor, el pequeño Wuba, un Tony Leung que aporta un personaje canalla pero de buen corazón y sendos homenajes a ET y King-Kong ¿Qué más se puedepedir?

Profusión de efectos especiales también en Soccer Killer (Jeff Lau y Corey Yuen, 2017), un batiburrillo con bastante de Shaolin Soccer (2001) de Stephen Chow (no en vano Jeff Lau dirigió varias películas del actor y director), pero que tras un prometedor comienzo, (¡Los héroes Marvel desafiando a China!) se irá desinflando. Para enfrentarse a ese grupo China deberá reclutar a los mejores maestros de las escuelas de Kung-Fu y con ellos jugar un brutal partido de Cuju, deporte precursor del fútbol. Diálogos interminables, escenas supuestamente cómicas y ridículas intrigas palaciegas irán desluciendo el interés, que no se recuperará ni con la esperada batalla final entre super-héroes (aquí villanos) y maestros de Kung-Fu. Colorista y, si se le quiere rebuscar un sentido, con un simbólico enfrentamiento entre occidente y el tradicionalismo Chino (o algo así), pero poco más de interés. Entre los contendientes podemos distinguir a unos muy reconocibles sosias de Lobezno, Spiderman, Hulk, Capitán América, Antorcha Humana, Cíclope, Tormenta y… ¡Drácula! ¿Que no se lo creen? Denle un vistazo a este video:

Más historias cargadas de humor y fantasía de la China milenaria con The Golden Monk (Billy Chung y Wong Jing, 2017) y, finalmente en lo que respecta a China y también en coproducción, en esta ocasión con Alemania, se ofreció, de nuevo con el deporte como protagonista, el documental Ironhead (Eisenkopf, Tian Dong, 2017) sobre como el maestro Shi Yanlu, inculca a sus jugadores de fútbol enseñanzas de Kung-fu en el entrenamiento para hacer de ellos jugadores de élite.

De Hong-Kong pudimos ver When Sun Meets Moon, segunda película dirigida por el actor y guionista Benny Lau, una historia de amor protagonizada por adolescentes que vivirán un romance al que no podrá vencer ni la distancia ni el tiempo y una película con la que gran parte de los encallecidos Nitòmans dijeron, todavía con los ojos enrojecidos por las lágrimas, haberse dormido. Una historia para púberes, que se deja ver por los adultos, y que nos hace evocar el candor de las historietas de Purita CamposColour of the Game (Hei bai mi gong, Kam Ka Wai) muestra las luchas entre diferentes clanes mafiosos de Hong-Kong. Con revoltosos nuevos cachorros que se rebelan contra el orden antiguo; policías infiltrados que cambiarán de bando; honor, acero y muchas balas; y una única, pero excepcional, pelea cuerpo a cuerpo. Épica. Visto el resultado saber que Kam Ka Wai acaba de finalizar una película con Donnie Yen de protagonista no puede más que entusiasmarnos.

La contribución japonesa a esta edición de las Nits ha sido, como es habitual, de lo más surtida. Dos comedias como Reon (Renpei Tsukamoto, 2018) y Tremble All you Want (Katte ni furueteroAkiko Ohku, 2017); un Tokusatsu para público infantil y juvenil, Heroes Unite (Heroes Unite: kessoku! Yatsurugi × Tryoh × Ninja Reppū, Eiji Kamikura, 2018); el policíaco de acción Stained (Patrick Kong) y, en coproducción con Australia, Top Knot Detective (Aaron McCann y Dominic Pearce, 2017).

Renpei Tsukamoto,  inició su carrera con alguna cinta de terror como El pozo (Chakushin ari 2, 2005), tras lo que pasó a desarrollar la mayor parte de su carrera en televisión. Retorna de nuevo al cine con Reon, una comedia de corte fantástico en la que una apocada secretaria (Ji-young Kang) y su rijoso jefe (Naoto Takenaka) intercambiarán accidentalmente sus cuerpos, dando pie a los consabidos equívocos, la mayoría, claro, de carácter sexual, sobre todo porque el jefe, con el cuerpo de la joven, se sentirá atraído por un atento compañero de trabajo… Con algunos saludables detalles políticamente incorrectos la película, divertida y dinámica, se beneficia de la magnífica labor interpretativa de sus protagonistas, que mediante su expresión corporal sabrán convencernos de que el uno está en el cuerpo del otro. Notable y gamberra.

Tremble All you Want, cinta basada en un bestseller de la escritora Risa Wataya y que obtuvo el premio del público en el Tokyo Film Festival fue, sin duda, uno de los perros verdes del festival, pues a la historia le cuesta arrancar, al menos hasta que el espectador no entra en el surrealista lenguaje y en el enfoque que utiliza el director para contarnos esta historia sobre las vacilaciones amorosas de su joven protagonista, que duda entre el ideal romántico representado por un antiguo camarada del colegio y una relación sensata con un compañero de trabajo. O lo que es lo mismo, entre dejar atrás la infancia o adentrarse en la madurez. Quizás hubiera encajado mejor Reon que la cinta de Ohku ante el público de la Bassa, pues buena parte desertó quizás porque un auditorio al aire libre no permite la concentración necesaria para apreciar los distintos niveles narrativos de esta cinta.

Raro es el año en el que las Nits no ofrecen una muestra del Tokusatsu más canalla, pues como es bien sabido este subgénero está entre las debilidades de uno de los programadores del festival. Y Heroes Unite va directa al grano. No engaña a nadie. Es un Tokusatsu de bajo presupuesto dirigido por Eiji Kamikura, un realizador que se ha especializado en películas de acción, la mayoría de ellas en linea con la que pudimos ver en Vic, o protagonizadas por colegialas o Wonder Lady, émulo oriental de Wonder Woman. Pero esta proyección, matinal y con gran afluencia de público infantil fue especial porque contó con parte del equipo del filme: la estrella infantil de 9 años Kasumi Tsuji, que en la película interpreta el papel de Mini-Kisara, acompañada de Ayaka Tsuji, su hermana en la vida real y una de las Kung Fu Girls más importantes del cine japonés, que empezó a interpretar papeles de acción a los 9 años y actualmente, con 24, ya ha actuado en más de 80 películas y series y que en Heroes Unite encarna a Kisara. También visitó el festival Shin Iizawa, productor de Heroes Unite y uno de los productores independientes más prolíficos de Japón, con más de 5.000 filmes a sus espaldas. El Festival Nits aprovechó su presencia para otorgarle el Premio a la trayectoria.

A las actrices, caracterizadas como sus personajes en la película, se les unió Yatsurugi, otro de los personajes, que sorprendieron a grandes y pequeños recibiendo en las puertas del cine al público asistente, al que conquistaron con su simpatía.

Con la sala a rebosar, esta sencilla aventura con demonios, armaduras de colores, espadas, héroes y artes marciales, a pesar de los mamporros, propaga un mensaje de respeto al prójimo y a los beneficios de trabajar en equipo. La película cuenta con unos efectos (escasamente) especiales y el concurso de un auténtico campeón de kickboxing, al que se reconoce por su falta de expresividad. Un entretenimiento eminentemente infantil que disfrutó todo el público y que dejó exhausta a la platea por los aplausos y gritos con los que eran jaleados los diferentes personajes, algo que sorprendió gratamente a los invitados, acostumbrados a la respuesta, mucho más contenida, del público japonés. Como diría Ferran Monegal, inofensiva como la gaseosa, pero uno de los éxitos de las Nits y plataforma de futuros Nitòmans.

Kisara, Mini-Kisara y Yatsurugi a las puertas del Vigatà recibiendo a la concurrencia observados, muy de cerca, por el productor Shin Iizawa (Foto: Serendipia)

Stained comprime, en dos largometrajes, los cinco episodios de una mini-serie de la cadena Fox Networks Asia. Al ser una primera entrega deja algunas de las tramas sin cerrar, pero como nos chivó el director del festival, en la próxima edición de las Nits el público tendrá ocasión de ver la segunda y última entrega de este thriller, que cuenta con la participación de la carismática estrella Kara Wai y del también veterano Anthony Wong, que tendrá más protagonismo en la segunda parte de esta historia y al que aquí vemos de refilón.

La participación de Japón en la Sección Oficial se cierra con Top Knock Detective, un magnífico falso documental coproducido con Australia. Este mockumentary sobre una serie de televisión de culto en Australia, que nunca existió, sobre un torpe y bizarro samurai ronin detective que resuelve entuertos mediante su ‘razonamiento deductivo’, está muy bien rodado y cuenta con los elementos habituales en todo documental, dando textura de viejos VHS a los cortes pertenecientes a la serie, así como fotos ‘de archivo’ e imágenes de supuestas entrevistas televisivas, todo ello junto a testimonios actuales de los otros protagonistas de la serie. Todo tan bien hecho y con tanto humor que uno desearía que esta serie y su impresentable protagonista hubieran existido realmente, pues el resultado es tan convincente como el que ofrece, por ejemplo, el documental también australiano The Search of Weng Weng, tanto que incluso el film de Andew Leavolt resulta, en muchos momentos, más delirante y surreal que este Top Knock Detective. Juzguen, sino, por el trailer:

De Taiwan llegó A Foley Artist (Wang Wan-Jo, 2017), un documental sobre el sonido en las películas realizado en torno al profesional de los efectos sonoros Hu Ding-Yi, que practica una tan poco valorada como imprescindible disciplina para convertir el cine en magia. Con este veterano artista del sonido, el documental retratará el auge y caída del cine en Taiwan bajo la implacable competencia del cine de Hong-Kong y China. La película, que fue presentada en Vic por su productor, Aether Lee, resulta muy interesante y deja el regusto amargo de reflejar otro arte que, al igual que el de los efectos especiales mecánicos o con látex, está condenado a desaparecer ante el avance de los recursos digitales.

Camboya, en coproducción con Australia, participó en las Nits con otro documental, The Cambodian Space Project: Not Easy Rock’n’Roll (Marc Eberle, 2015), un sorprendente experimento cuyo rodaje se prolonga durante cuatro años y que retrata la creación de un grupo musical de Revival compuesto por un turista australiano y una ex-prostituta camboyana siguiendo el progreso de este pintoresco grupo desde su formación hasta su pequeño, pero significativo, éxito, que le llevó a realizar giras en Europa. Pero todavía más sorprendente resulta enterarse, por medio de este documental, de la trascendencia que tuvo la eclosión del Rock & Roll en los años cincuenta y sesenta  en lugares tan exóticos y a priori tan poco receptivos como podría parecer Camboya. Pero así fue gracias al rey Sihanouk, considerado el último Rey/Dios de Camboya, que abrió el país hacia los ritmos modernos occidentales y también hacia el cine, llegando a dirigir varias películas en las que no faltaban los números musicales de Pen Ran, la intérprete de moda. Tras ser derrocado por un golpe de estado auspiciado por los Estados Unidos y obligado a exiliarse, el rey apoyó a los Jemeres Rojos, que en 1975  tomaron el poder terminando con todo rastro de cultura en Camboya y devolviendo al trono al ahora rey-marioneta, que se olvidó de todo el Rock & Roll y de todo el cine, que  el nuevo régimen totalitario consideraba decadente. El nuevo presidente, Pol Pot abogaba por la vuelta de la sociedad a lo agrícola y la ruralización del país. Y por callar a quien no estuviera de acuerdo. Entre 1975 y 1979 el régimen de los Jemeres Rojos asesinó a más de un millón y medio de camboyanos. Los muertos sumaron una tercera parte de la población total del país y entre los más buscados se encontraban los artistas y músicos, de tal modo que nueve de cada diez artistas fueron ejecutados, entre ellos Pen Ran, la reina del Rock & Roll camboyano, que poseía un toque totalmente autóctono propio de la cultura del país.

Si este fuera el tema del documental ya resultaría de por sí apasionante, pero el auténtico leitmotiv del mismo es presentarnos la evolución de un grupo de Revival de aquel sonido de los sesenta, The Cambodian Space Project, liderado por el músico australiano Julien Poulson, que se encuentra con una joven prostituta, Shre Thy, en un karaoke (de ahí que se les llame despectivamente karaoke girls). La joven fascina al músico porque canta -y muy bien- un buen montón de canciones de Pen Ran que le enseñó su madre. El músico formará un grupo cuya  evolución iremos viviendo, así como la relación de la pareja,  su crecimiento como banda y como persona, sus giras, que les llevarán a otros lugares de Asia y también Europa y… la decadencia del grupo tras cuatro años y medio de vida.  Una experiencia de la que el público será testigo privilegiado, pues mientras se grababa el documental no se sabía como iban a evolucionar los acontecimientos ni la trayectoria que iba a continuar el grupo. Sin duda un magnífico documental, de los que alimentan y culturizan, en especial para aquellos interesados en la historia y en la música de los sesenta, que fue merecedoramente obsequiado con la mención especial del jurado.

La producción tailandesa Bad Genius (Nattawut Poonpiriya, 2017) es una simpática comedia estudiantil que esconde, tras su inocente imagen libre, eso sí, de los habituales amoríos del subgénero, un tenso e ingenioso thriller en el que unos estudiantes becados idearán un sistema para que sus compañeros copien sus exámenes previo pago. Accesible para el público occidental, divertida y muy bien interpretada, este El Golpe (The Sting, George Roy Hill, 1973) estudiantil contiene también una importante crítica social, hacia las clases privilegiadas, representadas por los estudiantes de familias acomodadas, en beneficio de las más humildes, representada asimismo por los hijos de trabajadores, estudiantes que dependen de las becas para acceder a los estudios superiores. Los jóvenes haraganes se querrán aprovechar del esfuerzo y sacrificio de los menos favorecidos económicamente pagando sus servicios con lo que les sobra: cara dura y dinero. Con esto corromperán a nuestra protagonista, hasta que caiga en cuenta del error que supone todo ello, dejando la puerta abierta a la esperanza con su -vana- muestra de integridad final. Todo ello en una estupenda película cuyos derechos ya han sido adquiridos por una Major norteamericana para rodar un remake.

Y finalizamos la sección oficial sin olvidarnos de la India que participó en las Nits con dos películas bien diferentes: Sniff!!! (Amole Gupte, 2017) una fábula sobre la sociedad india disfrazada de filme de superhéroes protagonizada por Sunny, un niño de ocho años que siempre tiene la nariz atascada y que, a raíz de un accidente, desarrolla una poderosa capacidad de oler y el catártico y muy esperado trallazo habitual de baile, música, acción, violencia, belleza, músculos y fantásticos escenarios -144 minutos dan para mucho- con Baaghi 2 (Ahmed Khan, 2018), película interpretada -es un decir- por el mazas Tiger Shorff, al igual que Munna Michael (Sabir Khan, 2017) ofrecida el pasado año y Baaghi (Sabir Khan, 2016) el anterior, todas en primicia internacional por las Nits de Cinema Oriental de Vic. Y Baaghi 2 ofreció al público justo lo que se esperaba de ella: hostias como panes, pectorales desmesurados y excesivos, danzas exóticas, argumento minúsculo y un inesperado giro de guión que convierte a Tiger en un nuevo Johnny Rambo. Todo ello en la gran fiesta cinematográfica de las Nits cuyo encanto, para Serendipia, radica en verlas en público, en comunidad, con su jolgorio (aunque sobren los comentaristas sin gracia, que insisten e insisten…) y en pequeñas dosis: una o dos veces al año como máximo, para no perder la frescura. Por cierto, a destacar uno de los personaje secundarios: el comisario LSD, que está pidiendo a gritos -roguemos a Vishnu- un spin-off para él solo.

En la próxima entrada analizaremos otros aspectos del festival: retrospectiva, cine canalla con Tetsudon y monjas de grandes ubres y otras delicatessens que nos dejaron las Nits de Cinema Oriental de Vic. Permanezcan en sintonía…

 

 

 

 

 

 

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