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La herencia Valdemar se acerca y los medios se hacen eco “descubriendo” a Paul Naschy

Parece que los medios generalistas comienzan a percibir lo que sus fans siempre hemos reivindicado. Bienvenidos sean, siempre apuntándose a la última y aunque hayamos tenido que poner ante vuestras narices lo que desde fanzines, blogs y páginas web clama al cielo (o al infierno) desde ya hace taaaaantos años. De momento reproducimos una entrevista con Paul Naschy publicada en La Razón y un artículo de opinión, además de el poster definitivo de La Herencia Valdemar, por  gentileza este último de Scifiworld.

Paul Naschy, en «La herencia Valdemar», una cinta que llega a los cines el 22 de enero Paul Naschy: «Mi cine me ha dado la razón»

Paul Naschy, en «La herencia Valdemar», una cinta que llega a los cines el 22 de enero

 Director, actor y productor

Paul Naschy: «Mi cine me ha dado la razón»

El maestro del terror vuelve a las salas como actor en una superproducción española inspirada en los relatos de Lovecraft, «La herencia Valdemar». «Aún me quedan muchas gargantas por morder», dice a sus 75 años 28 Noviembre 09 – Miguel Ayanz – Madrid

  •  Cae la noche. La vieja mansión, en lo alto de la colina, oculta secretos. Las nubes descubren una luna redonda y brillante que presagia maldiciones. Algo crepita, algo sale de una tumba… Podría contarles la historia de «La herencia Valdemar», el último grito del cine de terror patrio, inspirado en el universo de H. P. Lovecraft y rodado con 13 millones de euros por el debutante José Luis Alemán. Explicar que no ha tenido subvención pública alguna ni miedo a meterse en una ambiciosa aventura a lo Peter Jackson: ha rodado del tirón el filme y su continuación. O que cuenta además con un reparto de miedo: Silvia Abascal, Óscar Jaenada, Laia Marull, Eusebio Poncela… Pero el arranque de este artículo pretende ser un humilde homenaje a otro de los protagonistas del filme, Paul Naschy, un nombre que lo es todo en el género y que no necesita presentación. El «Lon Chaney» español, director, actor y productor de culto, «un cineasta de raza» en sus propias palabras, recibió a LA RAZÓN entusiasmado con esta cinta, la número 130 de su carrera. A sus 75 años, vive un gran momento de reconocimiento, pero la salud no lo acompaña. Aun así, y pese a los consejos de quienes le quieren, se empeña en acceder a esta entrevista. Lo hace consciente de que es un hombre «popular, que no populachero». Y de que «la profesión implica todo esto. Yo soy un profesional».
    -Lovecraft y Paul Naschy. Dos maestros del terror. ¿Era necesaria esta reunión?
    -Hombre, es evidente. Y estar en una película que ha costado una barbaridad y que la hace un señor solo, sin subvenciones, que expone su capital… Eso ya merece un respeto. Además hago un papel que a la gente le va a sorprender: se llama Gervás, es un mayordomo fiel,que se da cuenta de la amenaza, aunque su amo no es consciente de lo que ocurre. Lucha, se desespera y trata de proteger a la familia.
    –Es una película de corte clásico, casi romántico. No es el tipo de terror que se ve últimamente…
    –No, aquí no hay gore. Su mejor baza, para quien sepa verlo, es su romaticismo. Una cinta hermosa.
    –¿Habría que romper con la oleada del otro tipo de terror?
    –Sí, con el visceral y sin ningún sentido. Era necesario volver a las fuentes primigenias de las que yo bebí y con las que hice una obra, sin vanidades, muy importante y que ha trascendido al mundo entero. Volver a los clásicos, a un ambiente que se ha perdido. Este chico tenía una historia y yo estoy orgulloso de que las dos películas estén en mi filmografía. Estoy viviendo un «revival» impresionante. La juventud se ha revuelto y ha dicho: este señor lo hacía de puta madre. Me han puesto una calle en Estepona, y en Toledo me han homenajeado con una escultura de dos toneladas.
    –Además, es gente joven la que le reivindica ahora…
    –Sí. Y van a salir ocho películas mías de las antiguas, son una belleza, vistas ahora. El lanzamiento, en alta definición, está supercuidado.
    –¿Ha envejecido bien su obra?
    –Estupendamente. No lo digo por vanidad, es una realidad que está ahí: llevo 43 años de profesión, algunas cintas de aquellos años ya se pierden en el tiempo. Y En EE UU no paran de sacarlas. También en Europa. Y en España, que era una asignatura pendiente, se está reivindicando hasta extremos que yo, honradamente no esperaba.
    –¿Hacer películas de ese género en España es llorar?
    –Francamente, sí. Pero a la vez, si yo hubiera sido un actor, un cineasta al uso, no habría estado donde estoy de ninguna manera. El cine fantástico me ha permitido traspasar todas las fronteras y ser hoy imprescindible para el género.
    –Además, ha seguido trabajando: ha formado parte del resurgir del cine de terror en España…
    –Sí, y a veces ha sido cine muy malo el que se ha hecho. Por eso, que mis películas tengan esta vigencia es por algo.
    –¿Qué vicios aquejan al cine de terror? ¿Por qué abundan las malas cintas?
    –Hay algo que todos estos autores han olvidado: los argumentos. Hay que contar bien la historia y tener ideas originales. Eso no abunda. Yo me he mantenido fiel a mis principios. Creí siempre que había que hacer cine exportable. Busqué, y bien que me ha ido, los mercados internacionales.
    –¿Le gusta que le llamen «director de culto» o «maestro»?
    –A quién no. Hay reconocimientos en EE UU, en Alemania. Acaba de publicarse mi biografía en Japón… Pero donde más seguidores tengo es en EE UU.
    –¿Ha tenido que jugarse a menudo su dinero y tirar para adelante haciéndolo todo?
    –Sí claro. Mi cine, creo yo, me ha dado la razón. Ahora, todas estas ediciones y libro indican que tu vida está plena. He logrado satisfacción, y eso tan importante para una persona como es estar ahí. Tuve una época en la que me dieron por todos los lados. Se portaron muy mal conmigo. Y ahora están muy calladitos. Una mala opinión sobre mí y les saltan siete a la yugular. Están pasando cosas que justifican mi vida. Me doy cuenta, de corazón, de que he triunfado. Lo he pasado muy mal, he tenido muchos enemigos. Y es curioso porque son enemistades más personales que con el cineasta. Pero la vida, como las monedas, da muchas vueltas. Además hay otra cosa: voy a ser abuelo.
    –Enhorabuena, ¿será su primer nieto o nieta?
    –Sí, mi hijo me va a dar una nieta que llamará Paula. Lo ha hecho como homenaje a Paul Naschy.
    –Ha sido Paul toda la vida. ¿Dónde queda Jacinto Molina? ¿Alguien le sigue llamando así?
    –Sí, en la familia. Me gusta porque, de alguna manera soy dos.
    –¿Hay diferencias entre ambos?
    –(Después de pensar mucho la respuesta). Sí, las hay. El hecho de que un nombre tenga esa trascendencia… A veces, cuando recibo cartas del extranjero, fotos, autógrafos que me piden… Hasta ahora no le daba importancia. Ahora ya sí. Me doy cuenta de la cantidad de personas que se han alimentado de mi cine, que tiene una cosa primordial: es divertido, entretiene.
    –¿Echa de menos eso en el cine de terror actual?
    –Sobre todo, ha perdido romanticismo, ese que tenían las películas de Universal, con los gradísimos monstruos, Boris Karloff, Lon Chaney, Christopher Lee, que ha hecho el prólogo, muy cariñoso, del libro sobre mí. Me preguntaron quién quería que escribiese y lo tuve claro. Él y yo somos los dos que quedamos. Es un señor, un caballero, le quiero mucho, de hecho teníamos un proyecto juntos: una película para cerrar las dos filmografías.
    –¿Qué rodaje recuerda con cariño, en cuál se lo pasó mejor?
    –Hombre, queda en general la satisfacción de que lo estás haciendo tú. Cuando ha salido este nuevo lanzamiento de DVD, tan perfecto, he visto que ni yo mismo fui consciente de lo que estaba haciendo. El otro día vi «Inquisición» con mi hijo y me decía: «Pero Papá, qué pedazo de película, hoy en día no se podría hacer». Yo mismo estaba deslumbrado. Da muchas satisfacciones pensar que todo eso lo has hecho tú. Sobre todo cuando has estado tan solo en tu país.
    –¿Le ha temido más a los vampiros o a los productores?
    –Ja ja ja… A los productores. Los otros sólo existen en la ficción, y ellos están ahí. No sé cómo, he logrado una obra importante sin tener ni una sola subvención.
    –Una máxima de los productores de Hollywood es «nunca pongas dinero de tu bolsillo». ¿Es una forma cínica de ver el negocio?
    –Sí, quizás, pero es una realidad. Yo lo he puesto. Me he arriesgado. No en todas, claro. Y ha salido bien. En un momento como éste no hago más que recibir satisfacciones.
    Y «La herencia Valdemar» seguramente le proporcionará algunas más. Nos despedimos y le deseo lo mejor. Con una sonrisa lobuna, me regala un colofón para la entrevista: «Aún me quedan muchas gargantas que morder».

 La huella del hombre lobo
Cuenta el actor que a Waldemar Daninsky, el hombre lobo que interpretó hasta en nueve películas, «le debo todo. Es evidente que sin Waldemar no sería Paul Naschy. Waldemar ya es una leyenda, tiene un peso específico tremendo para los aficionados». Recuerda el actor que hay incluso una novela gráfica, con dibujos de Trujillo, «que se está vendiendo muchísimo». Y vuelve al hombre lobo: «Está claro que entre los grandes mitos del cine fantástico está Waldemar Daninsky».

http://www.larazon.es/noticia/paul-naschy-mi-cine-me-ha-dado-la-razon#

Jorge BERLANGA

Jorgeberlanga-noticia

El Lon Chaney español

28 Noviembre 09
  •  Mientras en España Paul Naschy era considerado un actor y director de subgéneros, en EE UU era toda una celebridad, al que entregaban premios, dedicaban artículos y hasta tesis doctorales. Claro que la crítica de la época, preocupada por el mensaje, el análisis estructuralista y otras profundas sandeces, no tenía tiempo para apreciar las películas de terror hechas con cuatro duros y sin subvención, que sin embargo contaban con un público fiel («La noche de Walpurgis» fue un éxito de taquilla cercano al de «El vecino del quinto»).
    ¡Aquellas deliciosas tardes en salas de sesión continua, donde disfrutábamos con don Jacinto Molina haciendo de vampiro, de licántropo, de momia o de jorobado! Tuvo que ser la modernidad de los años 80 y 90, con su afición hacia la cultura popular marginal quien reivindicara a Naschy como cineasta de culto, un maestro de los horrores, el Lon Chaney español, con su afición para caracterizarse en todo tipo de personajes. Un tipo que se lo guisaba todo solo. Escribía, dirigía, actuaba, se maquillaba y se batía el cobre para distribuir sus películas tanto aquí como en el extranjero. Un monstruo total. Aunque con los sofisticados medios actuales pudieran parecernos sus máscaras un tanto cutres, su hirsuta encarnación de Waldemar Daninsky, el hombre lobo protagonista de varios de sus títulos, es ya un icono de la Historia de nuestro cine y una referencia en la imaginería freak de las últimas décadas. Con una filmografía larga como la eternidad de un vampiro, Molina resucitó de sus cenizas de mano de jóvenes fans, volviendo al terror con películas como «School Killer» o «Rojo sangre», y disfrutando de un prestigio vencedor de negros presagios continua su carrera, que nunca llegó a abandonar, mientras esperamos el estremecimiento de su último trabajo. Con el mordisco de Naschy.
  • http://www.larazon.es/noticia/el-lon-chaney-espanol

 

Categorías:Paul Naschy
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