Archivo
Palmarés y crónica de clausura del Festival Nocturna Madrid 2019

|
|
||
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Las lecturas de Serendipia: ‘Viviendo del cuento’

VIVIENDO DEL CUENTO
Juanjo Sáez
Astiberri, 2019. Rústica con solapas. 18 x 21.5. Color. 176 páginas.
He de admitir que este libro lo adquirí a ciegas. No solo no sabía quien era Juanjo Sáez, sino que tampoco conocía su obra. O eso pensaba, pues lo cierto es que me he llevado una grata sorpresa, y no solo al reconocer entre sus hojas algunos flyers que en el pasado me había encontrado en el camino, sino porque habla de un tema que viví, en cierto modo, y de gente que conocí. Y me ha sorprendido muy gratamente. Sobre todo porque se mete con la vacuidad que había tras todo ello y les saca los colores. Me explico.
El barcelonés Juanjo Sáez vivió una época previa a las redes sociales que ya anunciaban lo que se nos venía encima: infinidad de gente presumiendo de lo que no es, explicando lo fenomenales que son desde publicaciones de diseño y tendencias. Aquellos periódicos gratuitos que florecieron como los champiñones y desde los que muchos músicos mediocres, artistas que solo ellos sabían que lo eran, diseñadores de moda y creadores de tendencia asaltaron los cielos. Páginas en las que los colaboradores no cobraban, pero en las que, eso sí, había cuchilladas por publicar. Eso sin olvidar la famosa ‘cultura de club’. Todo eso lo conoció el que todo esto les cuenta en el ocaso de su juventud, a finales de los noventa, cuando ya el salir de noche dejó de ser divertido para convertirse en poco menos que una pesadilla. Por los bares de Barcelona me topé en muchas ocasiones con octavillas (entonces se llamaban así) y publicidad de lugares como el Nitsa, el Astin, el Apolo, algunas dibujadas por Juanjo Sáez, como he podido comprobar ahora. Lugares a los que me llevaron amigos químicamente incansables y desde los que aburrido/asqueado/ciego preparé mi lenta, pero obligada, retirada.
Tuve amigos que iban al Sonar. Ese lugar al que todavía hay que ir, aunque sea a hacerse la foto. Un festival que presume de progresivo, aunque programe a Los Chunguitos. Un festival que he oído que también programa sesiones infantiles. Todo ello, por entonces, pues volvemos a los noventa, con el Britpop y el niñopop de fondo, a base de flequillos, delgadez, palidez, Adidas y chicas vestidas como alumnas de un colegio de monjas de los sesenta. Mucho dinero y mucha pose. El nacimiento del ‘postureo’. Con grupos y amigos que conocía de la escena mod de la que yo estaba saliendo y ellos también, aunque reciclándose en editores de revista de tendencias, como Yolanda -ABarna- Muelas o los Sidonie, sin ir más lejos. Y todo eso, toda esa salsa, todo aquel ambiente y todo aquel postureo antes del postureo, Juanjo Sáez lo retrata de manera milimétrica, con sus dibujos sencillos, pero personales, y un léxico sencillo, el suyo, el mío. Su libro es biográfico y sincero y por eso se siente. Se vive. Y en él nos cuenta cómo, partiendo de los fanzines (eso que ahora se llama autoedición) unos remansos de libertad a pequeña escala en la que uno hacía lo que le daba la gana sin grandes pretensiones más allá de pasarlo bien, fue escalando, a veces sin pretenderlo, introduciéndose en exposiciones y revistas hasta terminar convirtiendo su pasión en su profesión. Y todo ello en un libro publicado cuando ya aquella época ha pasado, recuperando tiras de prensa que publicó en diversos medios y, mucho más allá de la simple recopilación, convirtiendo este libro en una reflexión sobre una época, una profesión y, en
general, la vida y la familia.
Pero también es un libro que anticipa el infierno en la tierra que representan las redes sociales, en las que todos escriben sobre todo, en las que todo el mundo es bello y tiene una vida tan interesante que tiene que retransmitirla en directo. Compartir continuamente. Una arena en la que todos saben de todo, están a la última y opinan de todo. Resumiendo, vaticina la vida moderna (o postmoderna, como quieran). Y lo hace con mucho humor, ironía y mala leche, pero también inocencia, porqué no, y a pesar de todo, madurez.
Publicado originalmente por Ramdom House en 2004, Astiberri reedita Viviendo del cuento con un nuevo prólogo de 12 páginas del autor.

VAMOS DE ESTRENO (o no): Viernes 25 de octubre de 2019


EL SILENCIO DE LA CIUDAD BLANCA (Daniel Calparsoro, 2019)
España. Guion: Roger Danès, Alfred Pérez Fargas (Novela: Eva García Sáenz de Urturi) Música: Fernando Velázquez Fotografía: Josu Inchaustegui Productora: Atresmedia Cine / Rodar y Rodar Género: Thriller
Reparto: Belén Rueda, Javier Rey, Aura Garrido, Manolo Solo, Àlex Brendemühl, Kandido Uranga, Sergio Donado, Àlex Monner, Itziar Ituño, Pedro Casablanc, Richard Sahagún, Ramón Barea
El silencio de la ciudad blanca es un thriller de misterio basado en el best seller de Eva García Sáenz de Urturi que ha sido rodada en escenarios naturales de la ciudad de Vitoria y diversas localizaciones de la provincia de Álava. Bellos lugares de los cuales el director ha sabido sacar partido. Lástima que más allá del acierto en la ubicación, este thriller vaya desinchándose conforme avanza su metraje, pues acciones y situaciones que posiblemente funcionan óptimamente en la novela, pinchan en la adaptación llegando a ser, en algún momento, ridículas. Todo lo cual se lamenta, pues el material, bien tratado, podría haber dado para un buen filme, con ese argumento que mezcla crímenes rituales y elementos histórico de la ciudad ese asesino en serie de praxis metódica, venganza y conflictos familiares. Ítems que se mezclan en la trama con unos policías de pasado trágico y alguna escaramuza amorosa. Como vemos, elementos más que suficientes como para abrir el interés del espectador, pero que, en manos de los guionistas, se van embrollando hasta convertir la historia en una maraña casi ininteligible.
Serendipia’s Sitges Film Festival 2019: Tercera cápsula

SÁBADO 5 DE OCTUBRE (Fotos: Serendipia)

Sábado. Tercer día y primero fuerte del festival, pues a la afluencia de público hay que sumar la ya tradicional Zombie Walk (de la que procuramos estar alejados) y que Serendipia tiene una agenda de cinco películas seguidas. Así que comencemos:
Ventajas de viajar en tren (Aritz Moreno, 2019) ya la había visto parte de la crítica en San Sebastián, así que llegaba a Sitges seguida de buenos augurios. Y ciertamente no defraudó. Protagonizada por un amplio ramillete de rostros conocidos, comandados por Pilar Bravo y Ernesto Alterio y secundados por los omnipresentes Belén Cuesta y Luis Tosar, esta comedia surrealista y muy loca, que puede hacernos pensar en Relatos salvajes (Damián Szifron, 2014) al tener una estructura episódica (aunque aquí con un nexo común que hilvana la cinta convirtiéndola en un todo), está cargada de un humor negro y disparatado que se apoya en situaciones extrañas. Algunas de ellas con la pornografía infantil, la coprofagia, la zoofilia y las películas snuff como motivos principales. Y no es broma. Todo un fresco sobre los extravagantes modos de la insania contado con buen pulso y mejor ritmo. Con un magnífico y sucio diseño de producción de Mikel Serrano (ganador del Goya el año pasado por Andia), y que aquí nos recuerda los apocalípticos decorados de Arrizabalaga y Biaffra para Álex de la Iglesia, la cinta de Aritz Moreno, que adapta una exitosa novela de Antonio Orejudo, representa todo un soplo de aire fresco para la cinematografía española y un sonado debut en el largometraje que participó en la Sección Oficial a competición.
Les dejamos, por gentileza del Sitges Film Festival, con la rueda de prensa que ofreció el equipo del film español:
A continuación deberíamos haber podido ver nuestra primera opción y acudir al pase de prensa de Vivarium (Lorcan Finnegan, 2019), otra de las cintas de la Seccion Oficial protagonizada por la adorable Imogen Poots pero, por el
tema de la extraña gestión de la organización del festival con los pases de prensa que les detallamos en el artículo anterior, tuvimos que tirar de Noves Visions e ir a la sala pequeña a ver Carmilla (Emily Harris, 2019), cinta basada en la conocida historia gótica de vampirismo y lesbianismo de Sheridan Le Fanu ubicada en la época victoriana, con sus estrictas tradiciones y su moral puritana. La película retratará el paso a la edad adulta y, claro, el despertar al sexo de la joven Lara (Hannah Rae), que se confirmará con la irrupción de Carmilla (Devrim Lingnau). De ritmo pausado y bastante fiel al relato original, la historia sabe jugar en tono ambiguo con el supuesto vampirismo. Todo podría ser fruto de la mente sucia de la institutriz. Harris sabe emular en su cinta ese tono mórbido que adornaba la excelente The Innocents de Jack Clayton. Más que correcta, destaca su delicada fotografía en la que la naturaleza muestra esa sensualidad que pintaron en ella los prerrafaelitas. Posiblemente Serendipia salió ganando con la posibilidad de poder ver esta interesante película, que probablemente permanecerá inédita en nuestras pantallas mientras que Vivarium, cuyos derechos ya han sido adquiridos por A Contracorriente, será estrenada en los próximos meses. En otro orden de cosas, el que esta cinta, cercana en su narración a los modos clásicos, formara parte de la sección Noves Visions, permanecerá entre los muchos misterios del comité de selección.
Excepcionalmente Serendipia pudo disfrutar de una pequeña pausa durante la cual se dejó caer por la carpa Fnac para, más o menos, ver las presentaciones de dos libros tras los que están algunos amigos nuestros: La casa de los horrores de Tobe Hooper, coordinado por Carlos Díaz Maroto y José Luis Salvador Estébenez editado por Vial of
Delicatessens y Cuando las carátulas tenían sentimientos, libro que recopila carátulas de video de cintas de género fantástico y de terror españolas e italianas. Un trabajo editado por Javier Perea, el entrañable capo de Imagen Death, quien lo presentó con la colaboración de Diego López.
Tras este espejismo de calma, este leve oasis de tranquilidad, volvemos a las colas y a los cines. Y precisamente para ver una de las películas que más ilusión hacía a Serendipia. No solo por la temática, sino también por la
amistad que nos une con uno de sus responsables, Paco Limón. Nos hacía especial ilusión porque hemos sido un poco testigos de la evolución del proyecto, así que no podíamos perdernos la puesta de largo de Sesión Salvaje (Paco Limón y Julio Cesar Sánchez, 2019) EL DOCUMENTAL sobre cine de género español de los años setenta y ochenta que, partiendo del Spaghetti Western repasará la época dorada del Fantaterror, deteniéndose en la comedia de Ozores y el cine Quinqui. Llevando al espectador de Paul Naschy a Piquer Simón, deteniéndose significativamente en el reivindicativo y reivindicable, Eloy de la Iglesia y finalizando el trayecto con la llegada de la Ley Miró. Todo pespuntado con maestría, gracias, sobre todo, a su excepcional montaje que evita convertir la cinta en un simple ensartado de documentos. Aquí los entrevistados parecen hablar entre sí, no es una simple sucesión de entrevistas, el montador logra remitir al espectador la sensación de diálogo, un diálogo que se da entre los participantes, pero incluso entre las declaraciones y la imágenes que las ilustran. Así, los diálogos de las películas reseñadas logran abrir y cerrar los capítulos de este trabajo como si fueran secuencias lógicas que se desprendieran de ellas mismas. Todo ello hace que este documental sea una experiencia feliz y amena para el espectador, sin olvidar su labor didáctica que logra despertar el interés incluso de aquella parte del público que, probablemente, desconocía el tema en la profundidad con la que aquí se aborda. No es un mero ejercicio de nostalgia. Sesión Salvaje es una obra de amor por el cine, todo el cine, pero especialmente ese cine de nuestra infancia que nos esforzamos en recuperar cada vez que cerramos las luces y vemos en nuestra pantalla una de aquellas películas realizadas por artesanos como León Klimovsky, Carlos Aured o Amando de Ossorio. Cine de género, de consumo, carne de sesión doble. Serie-B en muchos casos por formar parte de ese programa doble como la película que acompañaba a ‘la americana’, pero que en muchos casos permanecían en nuestra joven memoria mucho más que la cinta supuestamente principal. Y todo de la mano de varios de sus protagonistas, como los directores Eugenio Martin, Jordi Grau, Javier Aguirre y Mariano Ozores; los actores Fernando Esteso, Lone Fleming, Loreta Tovar, Simón Andreu, Antonio Mayans, Esperanza Roy o Álvaro de Luna, entre muchos

El productor Enrique López Lavigne y los directores Paco Limón y Julio Cesar Sánchez
otros, que rememoran aquellos tiempos, junto a la opinión de jóvenes directores actuales, que crecieron con aquellas películas y que las sitúan en su justo lugar más allá de la nostalgia, como Paco Cabezas, Álex de la Iglesia, Miguel Ángel Vivas y, sobre todo, Nacho Vigalondo, que comparte con Serendipia su opinión sobre la desaparición de esas películas más allá de, simplemente, echar la culpar a Pilar Miró y su ley. También Vigalondo describe, mejor que nadie, la falsa nostalgia actual con respecto a aquellas películas, que cabe situar en su época como productos de consumo rápido, sin que ello resulte peyorativo. Categoría que alguna de estas películas trascendió situándose como obras maestras del cine español.
El documental, modélico y emocionante, llamado a ser de referencia, gracias también a haber podido contar con los medios suficientes para acceder a los archivos de imágenes necesarios, evita

Paco Limón y Julio Cesar Sánchez paralizados por el flash
ser una sucesión de bustos parlantes, por lo que, repetimos, resultará ameno para el neófito o el interesado casual sobre el tema. Sesión salvaje se cierra abriendo, a su vez, un interesante discurso sobre el consumo actual de audiovisual y la facilidad de poder disfrutar de tanto cine con un simple click. Pero ese es tema, quizás, para otro documental.
Con gran satisfacción, pero también disgusto, tuvimos que abandonar la sala al terminar la cinta, perdiéndonos la sesión de questions and answers que hubo con los directores con posterioridad al pase. Pero tocaba volver a hacer cola. Tocaba volver al cine.
Little Monsters (Abe Forsythe, 2019) hace referencia a los niños que protagonizan esta nueva vuelta de tuerca al tema de los zombies, en una película en la que también tendremos como protagonistas a un inmaduro treintañero (Alexander England), que todavía aspira a ser una estrella del rock y al que acaba de dejar la novia por no querer tener descendencia; y una pizpireta profesora, que junto a un nutrido grupo de niños verán como un día de excursión al parque, con sus canciones y diversiones, se convertirá en un festival de sangre y vísceras. Un divertimento poco inspirado que se diría indicado para toda la familia a pesar de que el presupuesto no ahorra ni un dolar en tripas. La protagonista, una empoderada Lupita Nyong’o, está todo lo encantadora que puede estar, pero el resultado no deja de ser bastante liviano y casi fuera de lugar en un festival como Sitges, al menos en su Sección Oficial. Es la cinta de zombies que podrán ver con gusto todos aquellos a quienes, en verdad, nunca les han interesado. Eso sí, hay que reconocérselo, el Auditori estaba lleno hasta la bandera y los espectadores (ese público de fin de semana) saludaron con risas todo el metraje.
Mucha más suerte, y un inmejorable colofón para esta jornada, tuvimos con la producción chino hongkonesa Chen mo de zheng ren (Bodies at Rest, 2019) dirigida por un Renny Harlin que parece haber cogido gusto a rodar en China, pues con está ya son tres las producciones que ha rodado allí. La
historia se desarrolla en uno de los lugares más sugestivos en el que puede rodarse una película: una morgue. Allí y durante la noche de Navidad, tres enmascarados entraran para recuperar, a cualquier coste, una bala incriminatoria que permanece todavía en un cadáver. Un forense y su ayudante no se lo pondrán nada fácil ¿el resultado?: un magnífico thriller de acción, un mecanismo de relojería que milimetra las secuencias engarzándolas en un ritmo vertiginoso. Todo entra en el momento justo y el interés no decae si quiera cuando se cruzan los elementos más sentimentales. Diversión máxima en una cinta ideal para disfrutar durante las próximas fiestas (o quizás al fresco en un cine de verano), protagonizada por unos explosivos Nick Cheung y Zi Yang. Y es que, de un tiempo a esta parte, el cine oriental está resultando ser el que más alegrías y garantías ofrece a Serendipia, si más no, al menos en lo que hace referencia al entretenimiento, y esta película, que se ofreció dentro de la sección Órbita, es un claro ejemplo de ello. Fue el bonito fin de un sábado lleno de contrastes en las más de doce horas que pasamos en la sala oscura.
No queríamos despedir esta crónica sin una pequeña desiderata. Si bien antes teníamos ciertas reticencias respecto al cine asiático, ahora vivimos con él un auténtico idilio. Esperamos que con la marcha de Mike Hostench, subdirector y máximo valedor del cine oriental en el Festival de Sitges, no desaparezcan las películas locas y los thriller tensos de acción provenientes del continente amarillo.
Serendipia’s Sitges Film Festival 2019: Segunda cápsula
VIERNES 4 DE OCTUBRE (Fotos: Serendipia)

Un nuevo día y cuatro títulos más esperan a Serendipia. Pero antes de de continuar permitan que les contemos algo que, aunque puede que les resulta ciertamente extraño de entender, sucede habitualmente en este festival y en especial y con mayor grado durante esta edición. Hablamos de…
EL MISTERIO DE LOS PASES DE PRENSA SIN ACCESO PARA PRENSA
Les explicamos: la prensa acreditada tiene derecho, tras abonar la cantidad estipulada, a pedir los pases que estime necesario dentro de unos límites que marca la categoría de la acreditación. Los pases reservados para prensa pero abiertos al público, matinales, no deberían plantear ningún problema a la hora de reservar las entradas pero… hubo problemas. Y más que en otras ocasiones. Prensa tiene que solicitar todos los pases que desee un día concreto, así que, quien más quien menos, está atento al comienzo del plazo para que no se terminen las entradas, pues son limitadas. Pero resulta que a los diez minutos de comenzar el plazo muchos vimos como varios de estos pases de prensa se habían agotado. En el caso de Serendipia nos quedamos sin siete de estos pases, teniendo que optar, en estos casos y siempre que coincidiera más o menos el horario, a pedir entradas de otras salas (la mayoría en el Tramontana al ser la más cercana de l’Auditori) y de títulos pertenecientes a otras secciones como Novas Visions. Cierto es que luego dice la organización que ‘se liberan’ entradas -por no haberse vendido- y así sucedió que hubo entradas para algunas de estas cintas, así como sesiones con poco público y prensa sin entradas… pero el planing es el planing y Serendipia es un ente organizado, así que nos quedamos con los pases que conseguimos durante el plazo de solicitudes inicial, haciendo honor a nuestro apodo, aceptamos las serendipias que el azar ponía ante nosotros, seguros de que a veces lo inesperado es el mejor tesoro. Hay que añadir que de aquellas cintas que nos parecían de visión obligada en nuestra selección inicial y no obtuvimos pase, compramos la entrada. ¡Somos así de flamencos!
Eso si, esperamos que estos desbarajustes vayan solventándose en futuras ediciones.
Comenzamos el día con un título del que teníamos tan pésimas referencias que no pudo más que gustarnos. Paradise Hills (2018) es una parábola feminista muy bien orquestada (ya les hablaremos más adelante de Judy & Punch, ya), con guión de nuestro admirado Nacho Vigalondo que se desarrolla en una isla llamada Paradise, donde se encuentra un centro de rehabilitación, spa, resort comandado por La Duquesa (Milla Jovovich). Allí las ovejas descarriadas de las clases privilegiadas son reeducadas y convertidas en bellas y serviciales princesas. La insultantemente joven Alice Waddington (27 años), firma este debut en el largo tras su exitoso Disco Inferno (2015) que, dejando aparte que para Serendipia toda película en la que salga la Jovovich es digna de visionado, nos pareció un cuento de hadas bien resuelto y delicioso en su delirio de colores pastel. Y más allá de eso consigue intrigar y sorprender con ese universo de princesa Disney mezclado con El prisionero (1967-68) una serie que muchos de ustedes no han visto y que demuestra que lejos de descubrir la sopa de ajo, las series interesantes y barrocas ya existían en la infancia de Serendipia.
Les dejamos con la rueda de prensa posterior al pase:
La cinta, que realmente nos dejó buen sabor de boca, fue seguida por otra de Sección Oficial Fantastic Competition, The Lodge (2019) de los austríacos Severin Fiala y Veronika Franz, viejos conocidos por el público del festival gracias a Goodnight Mommy (2014) y que firman aquí otro nuevo e impactante relato de relaciones materno-filiales protagonizado por dos niños
que tendrán que vivir la tragedia de quedar huérfanos de madre y tener que habituarse a convivir con su joven e inquietante madrastra. El frío del exterior de la casa competirá con la gélida frialdad de los niños hacia ella, pero nada preparará al espectador para la extraña situación que sucederá al amanecer. La película mejora conforme vuelve a nuestra memoria. Y es que los austríacos se manejan a las mil maravillas en estos relatos que mezclan infancia y terror, en The Lodge administran con inteligencia la intriga sabiendo mantener en el aire todas las hipótesis del espectador sobre la trama, incluida la sobrenatural, y consiguiendo así que el final nos resulte coherente a la par que inesperado, como corresponde a los buenos relatos. Un buen filme, atmosférico con arranque impactante y que nos va helando el corazón según avanza la gélida tormenta exterior e interna a los personajes. Una producción Hammer que los directores, por cierto tía y sobrino, confiesan haber rodado de forma cronológica y en localizaciones reales. Es posible que les resulte familiar el rostro de la actriz que abre la cinta interpretando a la madre de los pequeños. Si, es Alicia Silverstone. Y si, el tiempo es inclemente.
Con la siguiente sesión llegó el primer cambio, pues deseábamos ver Ready or Not (Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett, 2019) también de la sección Oficial pero, al agotarse por lo que les hemos contado en el recuadro de arriba, tuvimos que tirar de Noves Visions. Y pensamos que en esta ocasión salimos ganando, pues Bor Mi Vanh Chark (The Long Walk, Mattie Do, 2019) demostró ser, además de una de las más estrambóticas coproducciones que conocemos (Laos, España, Malasia), una película atípica que combina historias de fantasmas, futuros distópicos y paradojas temporales. Mattie Do, nacida en Laos y criada en Estados Unidos, nos ofrece una mirada personal sobre la irreversibilidad (o no) del destino a través de la historia de un anciano (Yannawoutthi Chanthalungsy) a quien se le atribuye la capacidad de hablar con los espíritus en paralelo con la de un niño (Por Silatsa) que presencia un accidente y acompaña a la joven herida en su muerte. Pronto descubriremos que ambos son el mismo personaje en dos líneas temporales distintas que el anciano puede atravesar gracias a la presencia del espíritu de la joven accidentada (Noutnapha Soydara) que le acompaña como una sombra al no haber recibido sepultura. Asistiremos a los intentos del anciano de intervenir en su propio pasado interactuando con el niño que fue, quiere, sobre todo, impedir la dolorosa muerte de su madre, un ensayo que resulta infructuoso, porque, aunque se llegan a modificar circunstancias fundamentales, lo inevitable sucede y descubrimos que, en verdad, el personaje está condenado a vivir continuamente en bucle su ciclo. Do combina de forma inimitable la ciencia ficción con el budismo rural mientras nos retrata los contrastes entre la pobreza del campo y los adelantos de la ciudad (que no llegamos a ver pero se insinúan sus altos edificios en el lejano horizonte), para ello desplaza el relato a un futuro de tiempo indefinido que no ha erradicado la pobreza pese a los avances tecnológicos. La cinta resultó ser una delicia merecedora (en nuestra humilde opinión)de haber participado en Sección Oficial y nos preparó el cuerpo perfectamente para nuestra última ración cinematográfica de la jornada, el nuevo desmán del japonés Sion Sono, The Forest of Love (2019) otra producción original Netflix.
La cinta de Sono fue incluida también en la sección Noves Visions, ese cajón de sastre que parece amparar, además de nuevas formas de ver el fantástico, y propuestas marcianas, algunas piezas que parecen no haber tenido espacio en la Sección Oficial aunque su calidad las haría merecedoras de figurar en ella. Dejarse llevar por los títulos de esta sección puede representar todo un bálsamo contra el cine más mainstream. Así, el último Sono no nos defraudó, pues, sobre la falsilla de los crímenes de un asesino serial inspirada en hechos reales, el inclasificable director ofrece sus constantes y sus salidas inesperadas, con escenas de comedia, pero también con sangre, colegialas y feliz transgresión. Nos deja un personaje icónico, Jo Murata (Kippei Shîna), un hombre despiadado que usa su carisma para manipular a la gente, sobre todo a las mujeres que parecen contraer una auténtica adicción a su figura dejándose arrastrar a dolorosos juegos sadomasoquistas, una constante del japonés, relatados aquí en clave de comedia salvaje plagada de sabroso gore. Es también cine dentro del cine, uno de sus ejes centrales es el rodaje de unos jóvenes aspirantes que tomarán, precisamente, a Murata como personaje, conforme avanza el metraje veremos cómo Murata acaba haciéndose con el control absoluto de la película que ruedan, mientras que la que protagonizan va convirtiéndose, también, en una loca cinta de fugas hacia adelante en el que van dejando atrás varios cadáveres que descuartizan con todo lujo de detralles. No le faltan dosis de crítica contra la hierática sociedad japonesa de la que se burla convirtiendo a una familia burguesa, de altos miramientos, en una pandilla de punks enloquecidos seguidores de, cómo no, Murata. Pero sobre todo denuncia la imposibilidad del amor romántico a través de la imposible adaptación de Romeo y Julieta por las jóvenes protagonistas en su adolescencia, un ítem que marca el desarrollo de sus personajes y da lugar a algunas de las escenas más impactantes del filme (como ese suicidio colectivo desde la terraza del instituto). En suma,151 minutos de locura que nos acompañaron mientras terminaba una jornada más de cinefagia en Sitges.
‘La maldición’ (The Grudge) – Primer cartel ya disponible

Ya está disponible el cartel teaser de La maldición (The Grudge), la nueva y terrorífica película producida por Sam Raimi (‘No Respires’, ‘Poltergeist’, ‘Posesión Infernal’), dirigida por Nicolas Pesce (‘Piercing’, ‘The Eyes of my mother‘) y protagonizada por Andrea Riseborough (‘Birdman’, ‘Oblivion’, ‘Animales nocturnos‘), Demián Bichir (‘La Monja’, ‘Los Odiosos Ocho‘), John Cho (‘Searching…’, ‘Star Trek‘), Betty Gilpin (‘Una historia real’, ‘Glow’) con Lin Shaye (‘Insidious’, ‘The Black Room‘) y Jacki Weaver (‘A Ciegas’, ‘El lado bueno de las cosas‘).
Basada en la saga de terror japonesa ‘Ju-On: The Grudge‘ de Takashi Shimizu, la perversa nueva visión de La maldición (The Grudge) llegará a las salas de cine el próximo 3 de enero de 2020.

Nocturna Madrid inauguró anoche su VII edición con la presencia de reconocidos directores y actores
|
|
|
|
Serendipia’s Sitges Film Festival 2019: Primera cápsula

La pasada edición del festival de Sitges fue sencillamente grande en invitados y títulos, tanto que consiguió eclipsar la edición número 50, que tan especial se las prometía. Pero también resultó ser agotadora, tanto que nos propusimos que esta fuera más sosegada. Alejados de los saraos, el falso glamour y las alfombras rojas que pueden ver en los diferentes making of diarios que incluímos al final de cada artículo, no quisimos ni perseguir autógrafos para no ser tratados como unos roba peras a nuestros más de cincuenta años. Y tan solo pedimos una entrevista, que no pudo ser por ausencia del invitado, así que ¿se ha dormido Serendipia en su décima edición como prensa acreditada? ¡Ni mucho menos! Nos hemos metido entre pecho y espalda la friolera de 44 películas, lo cual no nos ha dejado mucho tiempo para otras cosas, la verdad. Y todo para narrarles nuestro festival particular compuesto por una extensa muestra del mejor cine seleccionado por el equipo del festival de entre lo más granado proveniente de todos los continentes. Así que apriétense los cinturones que salimos:
JUEVES 3 DE OCTUBRE (Fotos: Serendipia)

Con la despensa llena y sin internet, pues somos enemigos de estar pendientes del smarthphone y se había producido una avería en la wifi de nuestro piso habitual, que por cierto no se solventaría durante todo el certamen (cosas que pasan) dejándonos incomunicados, Serendipia comienza su maratón particular de diez días de películas con la cinta que el festival había escogido para la Inauguración, In the Tall Grass, producción Netflix basada
en un cuento de Stephen King y Joe Hill (hijo del escritor), dirigido por Vincenzo Natali. A priori una interesante propuesta que se estrenaría, en su canal, al siguiente día. A imagen y semejanza de la inauguración oficial, que tendría lugar en una gala nocturna, durante este primera pase, reservado a prensa y público, se ofreció también el cortometraje Reality, como si se tratara de una nueva Historia para no dormir. Dirigido por Alejandro Ibáñez, hijo de Chicho. Reality es una pieza bienintencionada y bien realizada, pero no demasiado inspirada y con un final bochornoso que pretende denunciar el sufrimiento de los niños en los conflictos bélicos, algo que su padre hizo de manera mucho más sutil y efectiva tan solo con los títulos de crédito de ¿Quién puede matar a un niño? (1976). El corto de veinte minutos está protagonizada por Lydia Bosch y Dani Rovira, este último todo un error de casting, pues aunque recita diálogos serios, cada vez que aparece en la pantalla, es recibido por el público con risas cómplices. Secuelas de ser caricato. En todo caso estaremos pendientes de Urubú, debut de Ibáñez en el largometraje.
Mucho más interesante resultó el filme de Natali, que sitúa su acción, al igual que en su mítico debut, Cube (1997), en un único y asfixiante escenario, aunque ahora con el contraste de situarlo un prado de hierba inusitadamente alta, por tanto exterior y con gran parte de su acción a plena luz del día, lugar en el que, una vez se entra, no parece haber salida. Y todo eso es lo que atrajo especialmente al director, «la ambigüedad del campo, que pudiera ser hermoso y terrorífico al mismo tiempo», dando como resultado una historia que en otras manos no hubiera dado para mucho más que un cortometraje o, por poner símiles históricos, un episodio de The Twilight Zone. Natali ha querido acercar el relato original al terror cósmico de H. P. Lovecraft, pues para él, «el desconocimiento del universo y nuestra presencia microscópica es sin duda un motor para buena parte de mis películas y el centro temático de Lovecraft«. Entre sus intérpretes destaca Patrick Wilson, que junto a Natali fueron invitados del festival. Para un comentario más pormenorizado os dejamos este enlace.
Y sin tiempo para acudir a la rueda de prensa que Vincenzo Natali ofreció, y que gracias al propio festival podemos disfrutar a posteriori en el video que adjuntamos arriba, Serendipia vuelve a la oscuridad del cine para ver
Bloodline (Henry Jacobson, 2018) otra vuelta de tuerca al tema del Serial killer que se inicia de manera modélica, con unos ecos de giallo que darán entrada a la historia de un psicólogo infantil que, a punto de ser padre de familia, descarga su ira sobre los padres maltratadores que denuncian en su consulta los alumnos del colegio donde trabaja. Algo que sin duda Dexter Morgan aprobaría. Con esta cinta, incluida en la Sección Oficial del festival, Jacobson debuta en el largometraje. Una película que va de más a menos en la que la curva de interés desciende a medida que va volviéndose más y más predecible, todos esperamos ya la conclusión de que «la familia que asesina unida permanece unida», así que llegamos al desenlace sin ápice de emoción.
Y seguimos: Serendipia no espera mucho de Rob Zombie más allá de una simpática serie-B de esas que hace tan bien. Y es que, por mucho que se esfuercen sus seguidores en tacharlo de genio, para nosotros no es otra cosa que un director de películas simpáticas de terror de serie-B. Y eso es lo que es Three From Hell, cinta que se ofreció fuera de competición: más de lo mismo que el filme del que es secuela, Los renegados del diablo (The Devil’s Rejects, 2005) aunque, eso si, se echa de menos más metraje del Capitán Spaulding, al que Rob Zombie ejecuta al comenzar la cinta por estar Sid Haig muy enfermo ya por entonces ¿El resto?: cámara lenta para ofrecer cierto dramatismo y épica; diálogos supuéstamente trasgresores a base de muchos ‘Fucks‘ y ‘Motherfuckers‘; metraje de diferentes texturas; suciedad, mucha suciedad; una Sheri Moon de lo más loco, casi paródica; y el retrato de un México de opereta, que roza la ofensa, con sus habitantes viviendo en un eterno Día de los muertos y con villanos luciendo máscaras de luchador. Claro. Y como no muere nadie, es posible que Rob Zombie se anime con otra secuela más. ¡Que el cielo nos pille confesados!
La cuarta sesión del día nos puso frente a uno de los títulos más interesantes de esta edición: Zombi Child (Bertrand Bonello, 2019), producción francesa que devuelve a la pantalla la magia de la que Val Lewton y Jacques
Tourneur dotaron a los zombies, dándoles cierto halo poético muy alejado del comecerebros que tantas veces ofrece el moderno cine de terror y humor. Bertrand Bonello, cineasta y compositor, narra dos historias en paralelo alejadas en 50 años. Una se desarrolla en Haití en 1962, donde Narcisse, un joven a punto de contraer matrimonio, es convertido en zombie y vendido como esclavo. Y la otra en un internado femenino en el que conviven varias alumnas bien diferentes, una de ellas de procedencia haitiana. Dos historias aparentemente con escasa relación, pero que terminarán convergiendo. Con escenas de innegable belleza, como las que muestran al solitario zombie vagando por lugares en ruinas y cementerios desolados. Pero es más que belleza plástica lo que nos trae Zombi Child, la contraposición de las historias sirve a efectos de reflexión sobre el colonialismo, vista desde los dos ángulos: el de la metrópoli que se loa a sí misma como exportadora de las luces de la razón alrededor del mundo, tal como se muestra en los planes de enseñanza que siguen las jóvenes, y el otro, el punto de vista del colonizado que demuestra que el sueño de la razón produce monstruos. Y no es el zombi el monstruo, precisamente, este no es más que la víctima de la explotación en manos de los favorecidos por la colonización. La tesis de fondo no es inédita, pero lo que le da relevancia es la forma escogida para servirla, una película inteligente que juega con diferentes registros visuales y que entrelaza e interpola recursos narrativos diversos. Buen ritmo, buenas interpretaciones, y buen planteamiento formal. En suma, un buen filme, que se ofreció dentro de la sección Noves Visions, y un buen comienzo para la recién nacida distribuidora Flamingo Films, creada por nuestros amigos del Americana Film Fest.
Esto fue todo lo que nos ofreció este primer día de festival. Cine y más cine. Película tras película. Ignorando photocalls (que cada vez ubican más lejos) y sin sentir la presencia de actores y directores invitados, que eran los que protagonizaban la prensa escrita y los informativos televisimos. Nosotros estuvimos en otro festival paralelo. Un festival de cine. Nuestro festival de cine.
Sitges 2019: In the tall Grass, inaugurando en el laberinto
El Festival de Sitges inauguraba su 52 edición con una producción Netflix, plataforma online que cada vez parece más vinculada al futuro del audiovisual, con la consecuente discusión sobre si sus producciones deben o no considerarse cine, controversia que tuvo su punto álgido con Roma de Alfonso Cuarón. No corresponde al espacio de este artículo desarrollar en profundidad este, sin duda fundamental, debate, pero era oportuno mencionarlo porque se diría a priori que esta nueva forma de consumo marcará nuevos modos narrativos y, sin embargo, las producciones de la plataforma siguen adscritas a la gramática clásica del cine, hasta el punto de que, en verdad, algunas de ellas (como la mencionada Roma) no podrán ser apreciadas en su justo valor si no se disfrutan en la gran pantalla. Este es también el caso de In the tall Grass. Vincenzo Natali, nos trae una obra concebida cinematográficamente, por el uso de los espacios, la puesta en escena y, sobre todo, por su lenguaje fílmico. No voy a juzgar si era la mejor opción para inaugurar el principal certamen de fantástico y terror, pero lo que está claro es que se nos brindó la mejor ocasión de poder disfrutar con propiedad el último trabajo del canadiense.
Guion adaptado. Natali parte, como materia prima, de un relato escrito a medias entre Stephen King y su hijo (Joe Hill), “cuando leí esta historia pensé que era la cosa más perturbadora que había leído. Y quería hacerlo” confiesa, pero lo cierto es que el atmosférico y asfixiante relato de King-Hill gana en manos del Natali guionista, puesto que extrae la esencia del original y la refuerza con giros propios de la narrativa de Borges, uno de cuyos títulos, El jardín de senderos que se bifurcan, se cita de forma expresa en el filme. Y es así como In the tall Grass se convierte en lo que es: una nueva revisión del lugar común del Laberinto, algo que el autor de Cube domina a la perfección desde ese su debut en 1997.
Una excusa argumental sencilla. Es la historia de dos hermanos que huyen a San Diego para afrontar el embarazo de la joven. Cuando Becky (Laysla De Oliveira) y Cal (Avery Whitted) oyen el llanto de un niño (magnífico Will Buie Jr en el papel del relevante Tobin) pidiendo ayuda, ambos se adentrarán en un gran campo de hierba alta en Kansas, donde quedarán atrapados por una fuerza siniestra que rápidamente les desorienta y les separa. La hierba alta es un lugar de extrañamiento ya en la narración original, pero a esa condición Natali le suma una paradoja temporal. No se trata, sin embargo, de viajes en el tiempo, lo que ocurre es que los personajes quedan atrapados en un laberinto que despliega sus caminos, no en el espacio como es habitual, sino en el tiempo. Es decir, aunque los veamos deambular por ese prado de altura considerablemente inusual, ellos, en realidad, están circulando en el tiempo, por eso en los recovecos que transcurren se encuentran con ellos mismos en circunstancias cambiantes y a la vez ineludibles. Esta es la materia que Natali extrae del borgiano jardín de senderos que se bifurcan, una parábola (casi una adivinanza) en la que el tema es el tiempo.

Los senderos que se bifurcan no son lo único que nos remite a Borges. El laberinto temporal encierra en su centro (que está en el centro del centro de Ámerica) una roca negra que contiene todo el conocimiento. Fácil es representárnosla como la antimateria de El Aleph, ese “punto que contiene todos los puntos del universo», porque aquí el que entra contacto con la roca obtiene la visión de todos los desenlaces y con ese saber se convierte en señor de todos los destinos y se alimentará de todos aquellos que queden atrapados por la trampa de la alta hierba. El punto omnisciente se convierte en la cinta de Natali en manifestación del terror abstracto, el mismo que admira el canadiense en la obra de Lovecraft, del horror que se desprende de la posibilidad (o no) de contemplar la eternidad. De ahí que lo podamos ver como el reverso de El Aleph porque de su epifanía no se desprende una experiencia extática sino el más profundo horror existencial.
Todo laberinto esconde su Minotauro. En In the tall Grass ese papel lo representa Ross Humboldt, padre del niño que se convierte en señuelo para la pareja protagonista, solventemente interpretado por Patrick Wilson, una presencia habitual en el género desde que James Wan le hiciera protagonizar Insidious en 2010. Ross hace las veces de guía y carcelero de esa especie de infierno que es el laberinto de hierba alta. Se granjea la simpatía de los hermanos, pero, en verdad, lo hace para obligarles a someterse a ese destino que él, como iluminado por la roca que es, conoce y administra. Es el monstruo que custodia el orden enfermizo del horror. Y Wilson en su interpretación nos hace recordar (salvando las distancias necesarias) a aquel otro “ogro” que compusiera Robert Mitchum para La Noche del cazador. Es el guardián que mantiene cerrado el bucle de la repetición, el que vigila que todo quede cerrado por el círculo.

Romper el círculo requiere el sacrificio del héroe. Una de las grandes diferencias entre el relato original y el de Natali es el lugar de la esperanza. Mientras en el texto de King-Hill nada de lo que entra sale, Natali rompe el pesimismo permitiendo que haya lugar para la salvación de la inocencia. Salvación que sólo puede darse desde la asunción de responsabilidades, el laberinto se manifiesta también como encrucijada moral, de hecho uno de los valores que lleva adscritos desde el mito fundacional minoico. Si en su centro se guarda todo el conocimiento sobre lo que ha de ser, el peso determinista de la fatalidad puede romperse mediante un acto de generosidad extrema en el que se llegue a poner el futuro de los demás por encima del propio. El sacrificio, como resolución del enigma, abre el laberinto y permite la mutación, esa fuente eterna de vida.
Natali se maneja bien con la trama y con la dosificación de la intriga que permite el buen ritmo del filme, en una entrevista en Fotogramas explicaba su truco: “Hago storyboards de todo, literalmente lo dibujo todo. Es solo mi método, pero, para bien o para mal, está todo cuidadosamente planeado y hay un aspecto musical en diseñar los planos y como funcionarán con el ritmo de la escena. Así es como lidio con ello”. Su amor por el dibujo se siente en su puesta en escena, el canadiense logra transmitirnos la asfixiante opresión del laberinto gracias a sus composiciones geométricas, dentro de un plano, pero también en la suma de ellos que supone una escena. Sus juegos de cámara son estrictamente cinematográficos y narran más todavía que los propios diálogos que se ponen en boca de los personajes. In the tall Grass, con una acogida desigual por parte del público, es una de esas cintas que nos ganan enteros cuando las repensamos. Sin duda un buen inicio para el Festival.
Cartel y primeras noticias sobre la nueva edición de FantaElx
![]()
El Festival Internacional de Cine Fantástico de Elche – FANTAELX, que se celebrará del jueves 14 al sábado 16 de noviembre, presenta el cartel de su séptima edición. El ilustrador y cineasta Joan Martín Giménez se ha encargado del diseño basándose en la mítica película dirigida por Ridley Scott, que este año cumple los 40 años desde su estreno.
En conmemoración, el festival contará con la proyección de la película Alien: El Octavo Pasajero (1979). El clásico de la Fox, donde la actriz Sigourney Weaver interpreta a la piloto y suboficial Ellen Ripley, se considera una de las obras cinematográficas más importantes de la ciencia-ficción y del terror, y se podrá volver a disfrutar en pantalla grande en el marco del festival. La proyección del largometraje será el jueves 14 de noviembre en la sala B de los Cines Odeón a las 20:30h, siendo de acceso gratuito hasta completar aforo.
El resto de actividades, también de acceso gratuito, tendrán lugar en el Centro de Congresos «Ciutat d’Elx». Las mañanas del jueves 14 y viernes 15 de noviembre se celebrará el Congreso Internacional de Género Fantástico, Audiovisuales y Nuevas Tecnologías, actividad enmarcada dentro del festival. El objetivo del congreso, que este año celebra su segunda edición, es la difusión de estudios de investigación dentro de las diferentes líneas temáticas del Género Fantástico, abarcando todas sus posibles variantes y plataformas, y cuya línea protagonista de este año será la ciencia-ficción en el contexto cosmológico. Para ello, se contará con la participación de conferenciantes de carácter internacional y nacional, procedentes de países como Bélgica o Francia. El congreso está dirigido por Mario-Paul Martínez (profesor del Departamento de Arte de la UMH y director del Grupo de Investigación Massiva) y por Fran Mateu (director del festival), contando con la colaboración de la Universidad Miguel Hernández de Elche y del Vicerrectorado de Cultura y Extensión Universitaria.
Durante las tardes del vienes 15 y sábado 16 de noviembre llegará el turno de las proyecciones de cortometrajes, donde se podrán ver reconocidos trabajos de ciencia-ficción, terror y fantasía, varios de ellos proyectados por primera vez en la ciudad. El sábado 16, tras finalizar la segunda sesión, se dará paso a la Clausura, en la que se entregarán los premios al mejor cortometraje alicantino, que accederá directamente al festival Navidades Sangrientas -Weekend Horror Awards de Alicante; al mejor cortometraje nacional, con acceso al Festival de Cortometrajes de Terror y Fantástico 1000 Gritos de Buenos Aires (Argentina); y al mejor cortometraje internacional, el cual accederá al Festival Internacional de Cine de Terror de Valparaíso, en Chile. El Jurado de la presente edición está constituido por los cineastas Paco Soto y Silvia Conesa, así como los anteriormente citados Joan Martín Giménez y Mario-Paul Martínez.
La séptima edición del festival está organizada por la Asociación Unicornio Negro, el Departamento de Arte de la UMH, y el Grupo de Investigación Massiva, y cuenta con el apoyo de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Elche, junto a organismos como Visit Elche, el Centro de Congresos «Ciutat d’Elx», la Universidad Miguel Hernández de Elche, el Vicerrectorado de Cultura y Extensión Universitaria, los Cines Odeón, el Centro Comercial l’Aljub, o la tienda de merchandising cinematográfico Cinema Paradiso.
Con la celebración de esta nueva edición, de acceso gratuito a todas sus actividades hasta completar aforo, y sin necesidad de inscripción previa, Elche volverá a ser un punto de encuentro para los amantes del género fantástico.
Próximamente, se anunciará la totalidad de la programación y horarios del
festival en http://www.festivalcinefantaelx.com/programa/
El Festival de Sitges anuncia las fechas de la próxima edición y hace balance
El certamen hace un balance muy positivo de su 52ª edición, celebrada entre el 3 y el 13 de octubre
Sitges 2019 despidió hace una semana una edición que ha mantenido las buenas cifras de los años anteriores y que confirma el excelente estado actual del cine fantástico. La organización ya empieza a ponerse manos a la obra de cara a la próxima edición, que se llevará a cabo del 8 al 18 de octubre de 2020.
Las 66.278 entradas vendidas suponen el tercer mejor registro en la historia del Festival, situando la recaudación final del Festival en 707.502 euros. En el ranking de films más demandados por el público se han situado finalmente The Lighthouse, Noche de bodas (Ready oro Not), The Lodge, Color Out of Space o la ganadora El hoyo.
Sitges 2019 ha programado cerca de 300 largometrajes y cortometrajes; más de veinte actividades destinadas a la industria, y ha contado con más de 300 invitados llegados de todos los puntos del planeta.
La directora general de la Fundación Sitges – Festival Internacional de Cinema de Catalunya, Mònica Garcia Massagué, valora muy positivamente estas cifras: “El balance final demuestra el amor por el cine fantástico que nos muestra año tras año el público de Sitges, que ha respondido con entusiasmo a una programación original. Por su parte, la industria cinematográfica ha reiterado también su cita anual con Sitges, haciendo honor a su reputación de excepcional espacio para networking y descubrimiento de nuevos talentos”.
El thriller «Bajocero», con Javier Gutiérrez y Karra Elejalde se estrenará el 4 de septiembre de 2020

Javier Gutiérrez, Karra Elejalde, Luis Callejo, Patrick Criado, Andrés Gertrúdix, Isak Férriz, Miquel Gelabert, Florin Opritescu y Edgar Vittorino protagonizan este thriller a contrarreloj.
El 4 de septiembre, Bajocero estrenará el thriller de acción dirigido por Lluís Quílez y protagonizado por Javier Gutiérrez. Producido por Pedro Uriol para Morena Films y Josep Amorós para Amorós Producciones, la película cuenta con la participación de Netflix, Televisión Española, ICAA, ICEC y Film Factory.
Lluís Quílez cuenta con una extensa y prestigiosa carrera como cortometrajista con la que ha conseguido más de 170 premios entre los que destacan el Mèlies de Plata, nominaciones a los Gaudí y los Goya y una doble preselección a los Oscar (por los cortometrajes ‘Avatar’ y ‘Graffiti’).
SINOPSIS
Invierno. Noche cerrada. Bajo cero. En una carretera despoblada, un furgón de traslado de presos es brutalmente asaltado. Martín (Javier Gutiérrez), el policía que lo conduce, consigue sobrevivir y atrincherarse dentro del cubículo. En el interior, los presos buscan la manera de acabar con él y escapar. En el exterior, alguien acecha. Quiere a uno de los reclusos y no parará hasta que se lo entreguen.
Filmin estrenará ‘El auge de Jordan Peterson’, un documental sobre el azote de la corrección política adorado por la extrema derecha

Todo empezó en 2016 con un vídeo en Youtube que rápidamente se hizo viral. El psicólogo y profesor universitario Jordan Peterson confesaba a cámara su
negativa a referirse a las personas transgénero con el artículo neutro, tal y como estas reclaman. Era su respuesta al proyecto de Ley C-16 del gobierno canadiense, que añadía «la identidad y expresión de género» como motivos de discriminación en la Ley de Derechos Humanos de Canadá.
El éxito del vídeo (uno de los muchos que actualmente integran su canal de Youtube, con 2,3 millones de suscriptores) hizo aumentar como la espuma la popularidad de este docente de la Universidad de Toronto, que pronto se erigió en el mayor defensor de la libertad de expresión por encima de la protección a colectivos históricamente discriminados, y en el mayor crítico de lo que él denomina «pensamiento de la izquierda radical». Idolatrado en 4chan y otros foros similares, su contundente posicionamiento le ha convertido en uno de los intelectuales más populares del pensamiento neoliberal y neoconservador.
Filmin estrena en España el próximo viernes 25 de octubre el documental «El auge de Jordan Peterson», un acercamiento a la vida, el pensamiento y las contradicciones de esta controvertida figura, desde su advenimiento público en 2016 hasta la actualidad. El film introduce interesantes debates sobre los límites de la libertad de expresión y los corsés que nos imponen las ideologías, y supone un excelente fresco sobre los flujos de pensamiento en la era de Internet.
El auge de Jordan Peterson (The Rise of Jordan Peterson, Patricia Marcoccia, Canadá, 2019) Duración: 112 minutos. Guión: Patricia Marcoccia y Paul Kemp.















Excepcionalmente Serendipia pudo disfrutar de una pequeña pausa durante la cual se dejó caer por la carpa Fnac para, más o menos, ver las presentaciones de dos libros tras los que están algunos amigos nuestros:
Delicatessens



Homura Kawamoto es guionista de manga. En 2013 los premios Gangan JOKER al mejor artista novel de manga le otorgaron el premio Estímulo al mejor guion. En 2014 comenzó la serialización de Kakegurui, jugadores dementes. Se convirtió en un manga de éxito que sería adaptado a anime, cine y serie entre otros medios. Actualmente sigue trabajando en sus secuelas: Kakegurui Twin, Kakegurui Midari, Kakegurui (kari). También trabaja en otras obras no relacionadas con Kakegurui, jugadores dementes. Además, aprobó el examen estatal para el cuerpo de Justicia.
los premios Square Enix de manga. En el mismo año comenzó la serialización de Kakegurui Twin con Gekkan Gangan JOKER. Hasta el momento, en Japón se han publicado ocho volúmenes. Se prevé que el volumen 9 salga a la venta en diciembre de 2019. La belleza de sus dibujos está ganando reconocimiento tanto dentro como fuera de Japón.
Últimos comentarios