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Diario de Serendipia en Sitges: Año de la pandemia. Segunda cápsula

Se inicia un largo puente que podría animar las magras taquillas del festival. La sala Tramuntana amanece con dos espectadores en su primera sesión, pero va animándose conforme avanza el día culminando con el pase de la última trastada de Juan Cavestany, Un efecto óptico. Uno no puede evitar cierta sensación desazón ante la situación. Afortunadamente, entre que las butacas están numeradas otorgando, por tanto, asiento asegurado al público donde ha escogido, y que los acreditados tienen su propia zona delimitada, ya no hay carreras para coger los mejores asientos de las salas. En todo caso Serendipia se dispone a meterse entre pecho y espalda su segunda ración de cine en Sitges, con películas que irán desde la Sección Oficial; pasando por el Anime;  y terminando con dos Noves Visions tras haberse quedado sin tickets de prensa para ver la esperadísima Mandíbules, último chiste de Quentin Dupieux, un director que incrementa en cada edición su número de seguidores.

Mientras tanto, sesión tras sesión el operario que se encarga de desinfectar las salas, realiza puntualmente su trabajo de manera tan eficaz como rápida, cumpliendo así el protocolo anunciado y señalado por el festival.

La segunda jornada la iniciamos con La vampira de Barcelona, uno de los casos más populares de la crónica negra catalana que, afortunadamente, su director ha sabido abordar tal y como (no) sucedió, desterrando el sensacionalismo que tanto en su época como ahora ha teñido páginas y más páginas de falsedades, inundando de sangre y vísceras una historia que enmascara la pobreza y la necesidad que pasaban las clases más humildes de Barcelona.

En la película de Lluís Danés veremos que las falsas noticias conspiranoicas, que tanto nos encontramos actualmente en las redes sociales, han existido siempre, repitiéndose y perpetuándose hasta la saciedad: niñas que son asesinadas para satisfacer los vicios y miserias de los poderosos, ¿les suena? Pues ya era una teoría que corría a pie de calle a principios del siglo XX, alimentada por una prensa ávida de titulares. Una historia/leyenda, por otra parte, demasiado preciosa como para que la realidad la ignorara cubriéndola con su gris tonalidad, así que Danés ha escogido quedarse con lo mejor de ambos mundos, con un blanco y negro de aire expresionista para retratar el sucio y gris barrio barcelonés del Raval en fuerte contraste con el colorido y la luminosidad de los lupanares de lujo en los que se mueve la élite de la ciudad. Drogas, prostitución y el Raval, elementos que han permanecido unidos íntimamente durante todo el siglo XX. Danés también ha optado por narrar su historia mediante escenarios minimalistas, que llevan al espectador al Sjöström de La carreta fantasma (Körkarlen, 1921) o al  Robison de Sombras (Schatten, 1923), sin olvidar la feria de fenómenos de Caligari y el Tim Burton más fantasmal. Un remarcable diseño de producción al que se suma la sobresaliente interpretación del elenco femenino, compuesto por Bruna Cusí, Nora Navas y Núria Prims.

Tras semejante inicio, llega la hora del anime con Hello World (Tomohiko Itô, 2019), una producción japonesa de carácter fantástico en el que su protagonista, el joven y apocado Naomi, recibirá la visita de su yo del futuro, que además de desvelarle que su realidad no es más que una simulación virtual del pasado, querrá evitar un hecho traumático antes de que se produzca. Todo en un anime que, como tal, contiene algunos momentos complejos que dificultarán al espectador menos avezado seguir la evolución del relato. En realidad, estamos ante una historia romántica, pues su marco de ciencia ficción, que pone sobre la palestra paradojas como si sería posible o no modificar el pasado para cambiar el presente o como  de qué manera podemos estar seguros de que nuestro mundo es real, está al servicio de la idea de que es el amor la verdadera fuerza que nos mueve y hace posible que nuestra voluntad se imponga sobre las directrices del destino. Destaca el colorido y la fantasía de la que hace gala la producción. Lamentablemente la asistencia de público fue bastante baja, asistiendo tan solo 55 almas a la sesión de un género que tiene un amplio número de seguidores.

Serendipia cerró el día con dos títulos pertenecientes a la sección Noves Visions. Primero Minor Premise, escrito y dirigido por Eric Schultz, que tuvo como antecedente el teaser/cortometraje Premise (2020), del mismo autor, narra el arriesgado experimento del Dr. Kochard, que, superando al Dr. Jekyll, consigue dividir su propia conciencia en diez estadios que se alternan sucesivamente en el tiempo y que pugnan por ser la identidad dominante. Todo empieza con la hipótesis de que nuestra conducta emocional es directamente proporcional a la posibilidad de manipular nuestros recuerdos. Someter nuestra memoria al control del intelecto facultaría la capacidad de eliminar las aristas de nuestra personalidad hasta lograr una versión mejorada de nosotros mismos. Pero la incidencia del recuerdo sobre el yo viene determinada por su vinculación al sentimiento, por tanto la premisa menor de esta especie de silogismo no es otra que la que afirma que es necesario aislar cada uno de nuestros rasgos afectivos para autodominarnos. Kochard se usará a sí mismo como cobaya del experimento crucial que habría de validar la hipótesis, pero algo sale mal y se desintegra su yo que queda desgajado en múltiples identidades que van desde el intelecto a la ira, pasando por el miedo y la ansiedad. Su vida dependerá de conseguir revertir los efectos y reintegrar su conciencia, es vital que la personalidad predeterminada vuelva a tomar las riendas de su identidad, empresa que chocará con los intereses particulares del fragmento más alejado y que no es más que su reverso desinhibido, el Hyde que todo Jekill lleva dentro. A partir de ahí la cinta se convierte en un thriller psicológico totalmente atípico que cuida la veracidad científico/filosófico en su ejecución. Una producción de pequeño formato que se desarrolla en escenarios claustrofóbicos y que cuenta con pocos personajes, de entre los que destaca el propio Dr. Kochard, interpretado por Sathya Sridharan.

Si nuestra mente estaba a punto de reventar tras los futuros alternativos de Hello World y la fragmentación múltiple de la conciencia en Minor Premise, no nos lo pondría más fácil Un efecto óptico, la última marcianada de ese inclasificable director que es Juan Cavestany, y que fue la propuesta más exitosa en cuanto a público que hubo en la sala Tramuntana durante esa segunda jornada de festival. Maestro del absurdo y el extrañamiento, Cavestany lleva a sus protagonistas, Carmen Machi y Pepón Nieto a un viaje a Nueva York, ciudad que, sospechosamente, es pastada a Burgos.  La ciudad como espacio de despersonalización es siempre el escenario de las fábulas del director. Pero no terminarán ahí los hechos extraños y el adentramiento de la pareja protagonista (y del público) en el reino de lo raro, pues Cavestany es especialista en convertir lo cotidiano en tragicómico. Una película desarrollada con repeticiones y elipsis, que nos lleva a la ironía brechtiana. Con astracanadas que recuerdan al maestro José Luis Cuerda, el director distorsiona la realidad ofertando más de una visión al espectador. Pero permítannos que no desvelemos mucho más de un film que, precisamente en el efecto sorpresa, esconde sus grandes bazas, con lo inesperado como aliado perfecto.

Cine extraño, ingenioso y que tiene en común con Minor Premise la escasez de personajes y escenarios, así como un final abierto a la interpretación por parte del espectador. Podríamos preguntarnos qué hace una comedia postmoderna en un festival de género, pero tenemos la respuesta. Más allá de la presencia de lo sobrenatural, hay un humor muy autóctono que debe considerarse fantástico por el propio dibujo surreal y absurdo de las situaciones cómicas. Humorismo que hunde sus raíces el la otra generación del 27 (con Jardiel a la cabeza) de la que, sin duda, Cavestany es su heredero más directo ahora que José Luis Cuerda nos ha abandonado. El esperpento es una de las mayores aportaciones que el ingenio español ha dado al mundo de la narrativa, ya sea ésta literaria o cinematográfica.

Y esto es cuanto dio de sí esta jornada. Mañana será otro día que para Serendipia estará especialmente marcado por el reencuentro con el más esperado Juanma Bajo Ulloa.

Pero eso será mañana.

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