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‘Pétalos de acero’, Steampunk en la Barcelona de 1888

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PÉTALOS DE ACERO

Ya está en venta Pétalos de acero, de José Antonio Bonilla, la tercera obra publicada por Editorial Hermenaute y la primera de su sello Icarus, dedicado a la ciencia ficción. Pétalos de acero es una novela de aventuras steampunk con guiños al folletín popular y a la literatura policíaca de Maurice Leblanc que transcurre durante diez días de junio de 1888, recién inaugurada la Exposición Universal de Barcelona. La novela ofrece un retrato de una época apasionante para la Ciudad Condal, en la que acababa de desprenderse de sus murallas y vive los primeros frutos de la industrialización, justo a las puertas del Modernismo. En este escenario sitúa una historia de conspiraciones y aventuras aderezado con artilugios mecánicos y autómatas.

EL AUTOR

José Antonio Bonilla Hontoria (Sabadell, 1969) es licenciado en Biología y en Bioquímica por la Universidad Autónoma de Barcelona. Trabaja en la actualidad como Gestor de Asuntos Académicos en dicha universidad y dedica gran parte de su tiempo a su principal afición, la narrativa de género, con una amplia solvencia literaria en el ámbito de la ciencia ficción. Ha sido redactor de la revista SOM-HI! entre los años 1996 y 2005.
petalos_aceroEntre los galardones recibidos destacan la distinción de finalista en el XXI Premio Domingo Santos de Ciencia Ficción a finales del año 2012 o los accésit del Premio UPC de Ciencia Ficción en las ediciones de 1994, 1995 y 1997, alguna de cuyas obras se han publicado en la colección Nova de Ediciones B. José Antonio es autor de la novela La Inconquistable (2015), finalista del XXI Premio Domingo Santos de Ciencia Ficción.

SINOPSIS

Exposición Universal de Barcelona, 1888. Isaac Peral, diseñador de un modelo de submarino revolucionario, acaba de sufrir un atentado en el Gran Hotel Internacional. El jefe de seguridad del pabellón de Estados Unidos y un par de relojeros catalanes desplazados desde París se verán envueltos en una trama de robos, asesinatos y extraños autómatas, además de la inquietante presencia de un carruaje negro que guarda un terrible misterio. Tras estos sucesos se esconde una conspiración que busca la destrucción de los cimientos de la Vieja Europa. La Ciudad Condal es el fantástico tablero de juego de esta novela de aventuras steampunk.

GABINETE DE CURIOSIDADES

La Gran Exposición Universal de 1888 cambió para siempre la fisonomía de la Ciudad Condal con obras arquitectónicas como el Arco de triunfo, el monumento a Colón (para cuya construcción se instaló un andamio de dimensiones nunca vistas), el efímero y gigantesco Gran Hotel Internacional construido por Lluís Domènech i Montaner, el Café-Restaurante de Els tres dragons que más tarde albergó el Museo de Ciencias Naturales. Un invernáculo, obra de Josep Amargós o la Fuente Mágica. El evento atrajo a dos millones de visitantes ávidos de atracciones nunca vistas, inventos y lo último en tecnología.

Globo cautivo. Permitía volar a una altitud considerable, en una gran barquilla con seguridad, siempre unido a tierra por medio de una gruesa soga. Desde este artefacto se tomaron las primeras fotografías aéreas de la ciudad. El viaje costaba 5 pesetas.

Montaña Rusa. Esta entonces primitiva atracción tuvo un éxito enorme entre los asistentes. La que se instaló para la ocasión en el parque de la Ciudadela fue la primera en albergar un café al aire libre.

Primer fotomatón. Juan Cantó presentó en la Gran Exposición por primera vez una máquina de fotografía automática precedente al fotomatón. Hasta 1929, y tras diversas patentes, no se abriría el primer estudio Photomaton y se instalarían los primeros aparatos Fotodin.

Primitivos autómatas. En el recinto de la exposición se pudieron ver por vez primera varios bebés parlantes de Rabery-Delphien, así como algunos caballos mecánicos, velocípedos de Pierre Dutheil y unos cuantos juguetes automáticos de Luis Lambert.

Linternas mágicas. Otra atracción que cautivó la atención del visitante de la Gran Exposición fue la fantástica colección de linternas mágicas de Edouard Virgile Lapierre.

En la Exposición se erigieron pabellones como el de Audouard y compañía, el American Soda Water o el de Aguas Azoradas y se especuló con construir una gran torre de metal que la falta de presupuesto nunca hizo posible: la Torre Condal. Proyectada por el arquitecto catalán Pere Falqués, hubiera constituido un monumento de piedra, ladrillo y hierro de 200 metros de altura. Su ubicación inicial era la plaza de Tetuán.

Sin embargo, si usted es lo suficientemente observador podrá localizar la distópica construcción en algún punto de la cubierta de Pétalos de acero.

Todos los detalles de la historia (excepto la aventura
y los personajes, claro) son reales y extraídos de los
anales de la época, de la Vanguardia y de la revista
La Exposición. Sólo me permití una licencia respecto
al globo cautivo que aparece en ella, pero si hubo luna
llena, es que la hubo, si llovió intensamente, así fue.
Por eso siempre he dicho que se trata de una novela
histórica camuflada como folletín steampunk.

Características: Colección Icarus ISBN: 978-84-944902-1-7 Encuadernación: Rústica con solapas 546 páginas PVP. 19,90 euros

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