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Archive for the ‘CINE FANTÁSTICO Y DE TERROR’ Category

Pura fantasía: Los mundos perdidos de Willis O’Brien

PortadaWILLIS OBRIENbaja

Nos gusta, y mucho, el pequeño gran festival que se celebra en Castellón, Fantasti’CS, que va por su cuarta edición y de cuya historia y última edición les hablamos ya largo y tendido en este artículo, así que no nos repetiremos. Pero queremos destacar el especial cuidado que sus responsables ponen, además de en el cine, en la literatura de género fantástico, lo que les lleva también a editar un libro en cada edición que aúna esas dos disciplinas artísticas. Si en 2012 se homenajeó a un director autóctono con el libro Juan Piquer Simón, mago de la serie B, que acaba de agotar su segunda edición, en la edición de 2013 le tocó el turno a uno de los responsables de que muchos nos rindiéramos al fantástico con Los mundos perdidos de Willis O’Brien, una monumental obra dedicada al que fue uno de los pionero de los efectos especiales y responsable de hacer creíble  King Kong (Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, 1933) de cuyo estreno acaban de cumplirse 80 años.

95725b7c20cbbcaa8c9e1ac036fd44d3b9a6febWillis O´Brien nació en Oakland en 1886. En 1914 descubrirá las técnicas de la animación y realizará diversos cortometrajes para Edison. Más tarde trabajará en El mundo perdido (The Lost World, Harry O. Hoyt, 1925) cuyo guión será un antecedente de King Kong, film con el que logrará en 1933 fama internacional gracias al misterio de sus innovadores efectos especiales, que le convirtieron en un verdadero mago. Gran especialista en la animación stop-motion, O´Brien dio vida a toda clase de dinosaurios, gorilas gigantes y animales prehistóricos en la gran pantalla. Después de King Kong, su mayor éxito, O´Brien se debatió entre tragedias personales y una multitud de proyectos abortados. Aún con todos esos contratiempos, consiguió un merecido Oscar por su trabajo en El gran gorila (Mighty Joe Young, Ernest B. Schoedsack, 1949) y trabajó en la industria cinematográfica hasta su muerte en 1962.

En las amenas 210 páginas profusamente ilustradas de este libro, además de dar un paseo por la biografía del homenajeado, sus trabajos y proyectos no realizados,  viajaremos a mundo perdidos, veremos King Kong desde varios puntos de vista, sus secretos y curiosidades, así como las pifias. Leeremos las reacciones que ocasionó en la prensa de la época, revisaremos el mito de la bella y la bestia, tan presente en esta película, y recordaremos a Fay Wray, la bella por antonomasia. También habrá recuerdos personales y echaremos un vistazo a los hijos bastardos y las imitaciones, muchas veces risibles, de nuestro peludo amigo, sin olvidar la influencia en otros medios como el cómic. No faltará a la cita Ray Harryhausen, su alumno más aventajado, con entrevista inédita incluida, así como un revelador artículo sobre el stop-motion.

Un precioso y exhaustivo libro a todo color editado en formato A4 con prólogo de Miguel Fernando Ruiz de Villalobos en el que han colaborado un buen grupo de especialistas coordinados por Jorge Juan Adsuara: Javier G. Romero, Narcís Ribot, Rubén Higueras, José Luis Salvador, Jesús Parrado, Miguel Ángel Plana, Joaquín Vallet, José Ángel de Dios, Domingo Lizcano, Enrique Torres, Salvador Sainz, David García, Adrián Encinas, Javier Ludeña y el que desde aquí les cuenta todo esto, que está más que orgulloso de figurar en esas páginas junto a tan destacadas plumas.

El libro, que como los buenos vinos ha tenido una lenta maduración, ya está disponible por la muy ajustada suma de 18 euros+gastos de envío en la siguiente dirección: edicionesmuseofantastico@gmail.com, así como en la tienda Freaks de Barcelona y la librería Argot de Castellón.

INDICE DE LA OBRA:

Prólogo (Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos )

Presentación (Jorge Juan Adsuara )

I. Los mundos perdidos (Javier G. Romero )

II. El maravilloso mundo de Willis O’Brien (Narcís Ribot )

III. El mundo perdido (Rubén Higueras )

IV. King Kong (José Luis Salvador Estébenez )

V. El dios Kong y el mito de la manzana (Jesús Parrado )

VI. Volvamos a los árboles: de bellas y bestias (Miguel Ángel Plana )

VII. Cooper y Schoedsack (Joaquín Vallet )

VIII. Fay Wray (José Ángel de Dios )

IX. Larrinaga, Delgado (Domingo Lizcano )

X. Curiosidades de King Kong (Enrique Torres )

XI. La secuencia perdida de las arañas (Enrique Torres )

XII. Y King Kong llegó a España (Carlos Benítez )

XIII. El amigo Kong (Salvador Sáinz )

XIV. ¿Karloff, Lugosi, Lorre y… King Kong? (Carlos Benítez )

XV. Los muchos hijos bastardos de King Kong (David García )

XVI. Ray Harryhausen y la influencia de King Kong (David García )

XVII. Más mundos perdidos: Entrevista inédita a Ray Harryhausen (Miguel Ángel Plana )

XVIII. King Kong en los cómics (José Ángel de Dios )

XIX. El gran gorila (José Luis Salvador Estébenez )

XX. Willis H. O’Brien y las monster movies (Rubén Higueras )

XXI. Los proyectos inacabados del abuelo Willis (Adrián Encinas )

XXII. Historia del stop-motion (Javier Ludeña )

Filmografía (Jorge Juan Adsuara )

Bibliografía (Jorge Juan Adsuara )

Entre los proyectos no realizados un curioso y bizarro King Kong Vs. Frankenstein, del que se recogen diseños originales.

Entre los proyectos no realizados un curioso y bizarro King Kong Vs. Frankenstein, del que se recogen diseños originales.

 

La Aventura Audiovisual nos trae un doble estreno: Los huéspedes y Seguridad no garantizada

Visitaba hace poco el nuevo multicine que han abierto en la barcelonesa calle Balmes con enorme felicidad, ya que pese a que van cerrando cines históricos de la ciudad todavía hay quien arriesga y nada contracorriente. Y lo evoco porque queremos felicitar a otros nadadores que se han lanzado al mar proceloso de la crisis del cine llevando la contraria: queremos felicitar a un nuevo sello, La Aventura Audiovisual, que iniciaba su singladura a finales del pasado año y que tras presentar en pantalla grande títulos del género que más amamos como The Woman (2011, Lucky McKee) -¿Quién de los presentes en el festival de Sitges no cayó rendido ante su protagonista, Pollyanna McIntosh?-  o la extraña Upstream Colors (2013, Shane Carruth),  nos ofrece ahora dos nuevos estrenos: The Innkeepers (Los huéspedes) y Seguridad no garantizada. Dos películas que al igual que las ya mentadas pudieron disfrutarse en festivales, como el de Sitges. Pero La Aventura Audiovisual no se detiene ahí, ya que durante mayo tienen previsto estrenar la trepidante  Snowpiercer (2013, Joon-ho Bong) y el polémico, y para nosotros muy válido, remake de  Maniac (2012, Franck Khalfoun), entre otras films más de género que seguro darán más de una alegría al espectador. No pensamos perder de vista a este nuevo sello.   

innkeepers cartelThe Innkeepers (2011) del talentoso Ti West llegará a las pantallas el próximo 25 de abril. Previamente pudo verse en diferentes festivales, donde llegó arropada con el elogio de Eli Roth («Una de las películas de terror más entretenidas, inteligentes y terroríficas que he visto nunca”) y la propia fama de su director, que se había ganado al público con La casa del diablo (2009). Así que las expectativas eran altas y fácilmente se convirtió en una de las cintas más esperadas de la 44 edición del Festival de Sitges. Pero después de su proyección pasó a ser catalogada como la mayor decepción del festival, ante lo cual sólo cabe decir que a veces el fandom no es demasiado justo, porque no es en absoluto una producción despreciable.

Vayamos por partes y empecemos resumiendo su argumento: conocido por muchos como “el hotel encantado” y después de más de un siglo de servicio, el Yankee Pedlar Inn está a punto de cerrar sus puertas para siempre. Los últimos empleados –Claire (Sara Paxton) y Luke (Pat Healy)-  están decididos a reunir las pruebas que demuestran el terrorífico pasado del hotel, y deciden pasar las últimas noches en vela con cámaras y magnetófonos con el ánimo de registrar actividad paranormal. Cuando la fecha de cierre se aproxima, extraños huéspedes empiezan a alojarse a la vez que los dos jóvenes comienzan a experimentar sucesos alarmantes e insólitos…

A la luz de la sinopsis diríamos que nos encontramos ante una incursión al subgénero de las casas encantadas, pero eso no es exactamente así: The Innkeepers es fundamentalmente una comedia que acabará teniendo un giro hacia la historia de fantasmas. Algunos de sus detractores le echaron en cara al director la ausencia de elementos sobrenaturales durante más de dos tercios de la cinta, cosa que les llevaba a afirmar que carecía de ritmo y acción. Consideramos que quienes así hablaron no supieron entrar en la lógica del relato: el filme está más  interesado en retratar a sus personajes humanos, solitarios y un tanto excéntricos, que en dar a luz un nuevo producto convencional de casas encantadas. Quien esto escribe se sitúa en las antípodas de esas críticas, pues según nuestro parecer habría sido más redonda aún si no hubiese habido ningún tipo de aparición.

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Fue precisamente durante el rodaje de La casa del diablo cuando Ti West concibió la idea de filmar la película que nos ocupa. Todo el equipo estuvo alojado en el hotel The Yankee Pedlar Inn y durante su estancia West empezó a tener noticia de la fama de casa encantada que tenía el viejo hotel, viviendo incluso algunas experiencias típicos de los relatos de fantasmas: bombillas que explotan y se queman o una televisión que se enciende y apaga sola…“Había realmente un ambiente en general raro – como si alguien estuviera en la habitación conmigo». Ti West tuvo claro que ese hotel era una localización de lujo para un filme de género, tanto que, de haber recibido una negativa para filmar en él, The Inkeepers no existiría. Afortunadamente le fue concedida la localización y su película vio la luz.

Ti West es un autor querido por el Festival de Sitges. Si en 2011 se proyectaba The Innkeepers, en la última edición (2013) otra obra suya fue elegida como película de clausura: The Sacrament (2013), una cinta inspirada en los sucesos de Guyana, uno de los mayores suicidios colectivos que ha dado la historia. Y si para este falso documental Ti West eligió el recurso de la cámara en mano, el found footage, la puesta en escena de The Innkeepers está justo en el polo contrario: se define por una planificación clásica y unos largos y elegantes travellings que marcan una coreografía visual que se basta para crear la atmósfera del filme.

Y cuando hablamos de atmósfera no nos referimos a la acumulación de efectos asociados al terror gótico, muy al contrario, West no cae en ninguno de los tópicos ni construye la intriga apoyándose en continuos sustos. Del mismo modo no hay en la película el menor derroche de hemoglobina. Todo ello la convierte en una pieza única en la que no sería justo no mencionar la química que se desarrolla entre los dos protagonistas, que nos regalan una actuación convincente (especialmente Sara Paxton en el papel de Claire) y nos permiten empatizar con unos personajes que no dejan de tener un toque bizarro. Si bien el director ya conocía de unos años antes a  Pat Healy, que encarna al especialista de tecnología solitario, Luke, más tiempo le llevó encontrar a Claire, la entusiasta cazadora de fantasmas: “Mi mánager me llamó para decirme que un tal Ti West quería hablar conmigo y que leyera un guion”, cuenta Paxton. (…)»Me gustó el guión, me encantó la idea y que toda la película gire en torno a la cuestión de si hay fantasmas realmente. Lo que me atrajo de mi personaje es que ella era muy agradable”.

Bien dirigida, bien interpretada, con sentido del humor y alejada de los tópicos, consideramos que no mereció las descalificaciones de sus detractores. Esperamos que sea mejor comprendida en su estreno en salas.

SEGURIDAD NO GARANTIZADA preposterEn la misma dirección de The Innkeepers se desplaza Seguridad no garantizada (Safety Not Guaranteed, 2012) de Colin Trevorrow. Nuevamente nos enfrentamos a una comedia que acaba teniendo un giro hacia el fantástico. Sobre ella pudo leerse en Variety: «Una pequeña película con un gran corazón…’Safety Not Guaranteed’ es una excéntrica comedia teñida de ciencia-ficción sobre el amor como la última aventura arriesgada«. El sentimiento que este filme nos produjo es el de la satisfacción de haber descubierto una joyita donde no esperábamos encontrarla. Y es que, ¿Cómo no dar una oportunidad a un film con semejante punto de partida?: un estrambótico anuncio clasificado (el que pueden leer a su derecha) inspira a tres cínicos periodistas de Seattle a buscar la noticia que hay detrás. Así dan con el misterioso y excéntrico Kenneth, un agradable a la par que paranoico empleado de supermercado, que cree haber resuelto el enigma de los viajes en el tiempo y tiene la intención de partir pronto.  Juntos se embarcan en un hilarante e inesperadamente sincero viaje que revelará hasta dónde puede llevarnos un acto de fe. Bien, ya sabemos que en ocasiones hay argumentos que nos cautivan por su carácter delirante y luego acaban decepcionándonos, pero no es el caso del Seguridad no garantizada,  el debutante Trevorrow maneja perfectamente a sus cuatro bizarros personajes y los actores responden a lo exigido.

El resultado es una película solvente que acaba enseñándonos con su humor grotesco que los diferentes, los no adaptados, también pueden acabar aceptándose y viendo cumplidos sus sueños. Y todo ello sin caer en el sentimentalismo ni la lágrima fácil. Para su director «era una oportunidad para contar una historia de un viaje en el tiempo de una manera metafórica y al mismo tiempo literal» (…) «En realidad no es una película sobre la máquina del tiempo. Y sí, sólo ves una parte de ella muy brevemente en el medio, pero podría ser cualquier cosa. Todos queríamos mantener la tensión en la película evitándola y dejando que el espectador se preguntase si realmente cree que hay una máquina del tiempo«. Su vertiente de ciencia ficción, pues, está puesta al servicio de la metáfora del reconocimiento de uno mismo y la apertura a los demás. Después de todo cualquier viaje tiene algo de reencuentro con el pasado, con la herencia que otros han dejado. Al igual que es también un encuentro con el yo y sus expectativas. En este sentido todos los personajes del filme viajan y acaban reconociendo la importancia de la fe en uno mismo y en los demás como único camino para dar salida a nuestros deseos.

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De bajo presupuesto, Seguridad no garantizada, destila ingenio e ingenuidad a partes iguales. Demuestra así que los grandes resultados no necesariamente surgen de grandes inversiones. Su grandeza le viene de saber utilizar todos los recursos humanos y de guión, apostando por lo modesto pero efectivo. Así, al igual que en Los huéspedes, esta película se beneficia de una reparto joven pero competente, recayendo en ambas el peso de la historia en la heroína, en los dos casos jóvenes y astutas next door girls (Sara Paxton y Aubrey Plaza, respectivamente) que aportan un buen grado de frescura al filme, sin ser solo meras comparsas del héroe de turno o pura carnaza para solaz visual, despertando simpatía y ternura. También ambos films coinciden en  no basar su eficacia en la pirotecnia, sino en sus ingeniosos guiones, que mezclan comedia y fantasía alejándose de escenarios trillados y visitados en infinidad de ocasiones, funcionando ambas historias en diversos campos. Precisamente el guión de Seguridad no garantizada le ha proporcionado al film dos importantes premios en 2012 en el  Independent Spirit Awards y en Sundance.

La Aventura Audiovisual demuestra buen tino escogiendo sus títulos y desde aquí les deseamos la mejor de las suertes.

Las favoritias de Serendipia 2013

30 diciembre 2013 Deja un comentario

El año que acaba siempre quedará en mi memoria como aquel a partir del cual ya no podré decir que nunca me he roto un hueso. Ha sido un año bien surtido de médicos y hospitales, aunque todas esas visitas han acabado con final feliz. Eso prueba que por mal que vayan las cosas, antes de que la parca nos llame, siempre hay remansos de bondad. Y a la hora de los balances siempre cabe destacar lo positivo, aunque sólo sea como ejercicio para forzar el optimismo y arrinconar el miedo.

En cine, 2013 no ha alumbrado ningún título absolutamente incuestionable, pero sí ha dado filmes notables para todos los gustos, tanto para el cine en general como para el género en especial. La singladura personal de Serendipia se estrenaba con Amor de Haneke y todo apunta a que habrá terminado con Paranormal Activity: Los señalados, un viaje, pues, que va desde un polo a su contrario. Desde la obra que busca  permanecer en la historia hasta su filme opuesto, aquel pensado para el consumo rápido y el olvido. Desde el cuidado por el encuadre perfecto, llevado hasta el paroxismo del plano fijo de larga duración, a la cámara en mano temblorosa y en constante movimiento para adscribirse, una vez más, en el found footage. Así de eclécticos son sus gustos, así lo son también las tendencias del cine actual.

De invierno a invierno y tira porque me toca, ha llegado el momento de elegir las favoritas del año, no por ánimo de juzgar y sentar cátedra, sino más bien de hacer recuento y dejar constancia en la memoria escrita de aquello que pasó a formar parte de nuestra historia particular. Y, claro, el listado por coherencia con este blog-proyecto lo hemos confeccionado exclusivamente con las cintas de género que más huella nos dejaron.

De mayor a menor preferencia hemos elegido los siguientes diez títulos (diez el número mágico de los pitagóricos):

1,- Gravity, Alfonso Cuarón

2,- Siete psicópatas,  Martin McDonagh

3,- The Conjuring, James Wan

4,- The Congress, Ari Folman

5,- Jodorowsky’s Dune, Frank Pavich

6,- Stoker, Park Chan-wook

7,- You are the next, Adam Wingard

8,- Pacific rim, Guillermo del Toro

9,- The Dead 2: India, Howard J. Ford, Jonathan Ford

10,- Mamá, Andrés Muschietti

Y además queremos dar una mención especial a Tanatomorphose con cuyo director, Éric Falardeau tuvimos ocasión de conversar (y hasta bailar) durante su presentación en el Cryptshow. Esta es una lista que marcará coincidencias con otras, pero que también mantendrá discrepancias, especialmente por Mamá, pero a nosotros nos gusta que directores noveles tengan ocasión de llegar al gran público y consideramos que aunque sólo fuera por su segmento inicial debía de haber recibido mejor trato por la crítica.

En suma, ha sido un año en el que hemos disfrutado del cine en pantalla grande, esa gran fábrica de sueños e ilusiones que nos ayuda a encontrar sentido en nuestros días. Esperamos que así siga siendo en el 2014 que ya mismo empieza. Feliz año de cine para todos!!!!

Gravity, es necesario siempre intentar vivir

El subtítulo que le hemos dado a este comentario es la traducción del último verso de El cementerio marino de Paul Valery. El mismo verso que me sirve desde ni sé cuándo para dejar constancia de mis condolencias en cada funeral al que acudo. Es el resumen más conciso del optimismo trágico que me ayuda a levantarme cada mañana a esta existencia diseñada para llegar a la muerte como único destino infalible. Valery es mi excusa para armarme de valor y encarar día a día mi existencia nada ajena al pensamiento de la muerte. Si lo traigo aquí es porque siento que esa filosofía de vida es la misma que imprime Alfonso Cuarón a su última odisea cinematográfica, Gravity.

gravity pósterGravity, tras su éxito en el Festival de Venencia, ha sido comparada al Avatar de James Cameron y el 2001, una odisea del espacio de Kubrick. Durante un paseo espacial rutinario, dos astronautas sufren un grave accidente y quedan flotando en el espacio. Una es la doctora Ryan Stone (Sandra Bullock), una brillante ingeniera en su primera misión espacial en la Shuttle. Su acompañante es el veterano astronauta Matt Kowalsky (George Clooney). Durante el paseo algo sale mal y ocurre el desastre: el shuttle queda destrozado, dejando a Ryan y Matt completamente solos, momento a partir del cual intentarán por todos los medios volver a la Tierra (argumento extraído de Filmaffinity). La respiración de la doctora Stone se agita cuando se ve flotando sin rumbo en el espacio y con ello se nos anuda la angustia en el estómago como espectadores y no nos despegamos de nuestras butacas hasta que termina la proyección. Si se la puede emparejar con 2001 es porque como la película de Kubrick la de Cuarón es más que una película del espacio, es toda una metáfora del sentido de estar vivos como humanos. Todos sabemos que vamos a morir, todos estamos en la piel de la protagonista, todos sentimos su miedo y todos aprendemos con ella a aceptar la muerte y la vida a la misma vez. Porque tanto la una como la otra son experiencias límite y limítrofes. Gravity nos habla de renacer y de alzarnos heroicos sobre nuestros pies aunque bajo ellos sólo se extienda una superficie resbaladiza de transitoria belleza.

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La película de Cuarón funciona como metáfora, pero no es un filme discursivo ni retórico. Se trata de un guión en el que sólo queda lo esencial, esa fue la aportación de Jonás Cuarón a este trabajo con su padre:  “El experimento del guion era despojar todo de narrativa y crear un viaje visceral y emocional donde el espectador se convierte en otro personaje”. Para su director la película había de funcionar como thriller pero también como drama y ese difícil equilibrio está perfectamente logrado, asistimos a noventa minutos de tensión continúa, pero a la vez empatizamos con ese personaje cuya psicología va perfilándose sin subrayados y esa conexión emocional es la que nos lleva al trasfondo, a los temas profundos que hemos esbozado. Gravity funciona como un mecanismo de relojería perfectamente engranado. Y todo ello rodeado de un derroche visual de altos vuelos en el que la ingravidez espacial está filmada como si realmente el filme estuviera rodado en atmósfera cero.

La idea de Gravity fue concebida antes de que hubiera la tecnología suficiente como para grabarla, en verdad se ha tenido que ir inventando y desarrollando durante los cuatro años y medio que duró el proceso de concepción, rodaje y postproducción del filme. Sobre los Gravity-2013-Movie-Image-6aspectos tecnológicos declaró Alfonso Cuarón para La Vanguardia que: «Es una combinación de muchas cosas. Depende de qué tomas. Lo principal es una combinación de robótica, que son esos robots que están para construir autos, que aquí usamos para mover las luces y las cámaras, junto con unos robots especiales donde estaba Sandra y que la movían de una manera absolutamente milimétrica. Por otro lado utilizamos un cubo perfecto de 3×3 metros donde todas las paredes internas son luces LED. En ese cubo se presentaba lo que básicamente era el punto de vista de Sandra cuando flotaba en el espacio. Pero, como ella está girando, ese punto de vista se está moviendo y eso es lo que ilumina al personaje. El cubo tenía agujeros por donde la cámara podía ver al personaje. Era todo una combinación, pero tenía que estar todo perfectamente programado. Las luces, la cámara, el movimiento de los robots y toda la logística de Sandra. En esta película ella fue como una bailarina que tuvo que aprenderse cuarenta y cinco pasos para cada fragmento. Y lo que resultó impresionante de ella era que se los aprendía a la perfección para tenerlos muy claros, para después preocuparse únicamente por la parte emocional.«

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Cuarón destaca justamente el trabajo de Sandra Bullock porque la actriz salda con excelentes resultados el reto de sostener casi la totalidad del metraje. Bullock que en 2009 aceptó simpáticamente la concesión del razzie a la peor actriz a la vez que recibía el óscar por The Blind Side, compone para Gravity un trabajo modulado y preciso para encarnar a esa joven ingeniera que puede estar acometiendo el último día de su vida. Demuestra su excelente estado físico para llevar a término la acción trepidante del filme, además de belleza suficiente como para llevar a cabo un pseudo estreaptease que recuerda al de Jane Fonda en Barbarella, y la  sensibilidad necesaria para hacernos comprender el calado emocional del drama que está viviendo. El nombre de Bullock empieza a sonar ya como uno de los favoritos para la nominación a los Óscars por este papel. Por otra parte, su único compañero de reparto, George Clooney, le da convenientemente la réplica interpretando al veterano Kowalsky cuyo carácter vitalista y extrovertido tendrá un peso definitivo en uno de los momentos más decisivos del filme.

Gravity, apabullante en lo visual, emotiva en lo humano, con mimbres de tragedia griega, inscribe el nombre de Cuarón con letras de oro en el género. La mejor película del espacio para James Cameron, según declaraciones a Variety. Un filme ingrávido y sutil que nos encoraja para seguir intentando vivir.

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R.I.P.D. la policía del más allá

16 septiembre 2013 Deja un comentario

R.I.P.D. departamento de policía mortal viene anunciada con un jugoso argumento: Nick Walker (Ryan Reynolds) y Roy Pulsipher (Jeff Bridges) son dos policías especiales. Nick acaba de morir, pero es llamado para trabajar con Roy, un agente que murió hace cientos de años. Ambos formarán el Rest In Peace Department y se encargarán de perseguir a los demonios que habitan en el mundo de los vivos y de mandarlos al infierno. Se trata pues de una buddy movie con tintes sobrenaturales, que nos lleva al purgatorio de los policías que aún no están preparados para el juicio final. Y aunque no vaya a convertirse en película de culto no decepciona en sus planteamientos.

La película adapta un cómic de Dark Horse Comics escrito por Peter M. Lenkov (responsable también de los guiones de C.S.I) y es fiel al espíritu cartoonesco de la aventura gráfica. Típica historia de compañeros tiene como eje central de la trama la relación entre el recién muerto Nick Walker y el experto Roy Pulsipher y como tal nos irá mostrando el crecimiento del iniciado y la evolución del mentor. La posibilidad de crear un mundo muy intrincado entusiasmó a Neal H. Moritz: “A nivel conceptual, R.I.P.D. era una historia única acerca de un departamento de policía dedicado íntegramente a encontrar a los muertos que viven entre nosotros y llevarlos al otro lado para ser juzgados. Pero a otro nivel, está directamente relacionada con películas de compañeros como Límite: 48 horas o Arma letal. Hay una dinámica genial entre los dos actores. Decidimos hacer una película del tipo pareja de policías con mucha acción, asegurándonos de que hubiera mucho en juego y de que se convirtiera en una de las películas de este verano”.

Aunque se mantiene fiel al cómic que adapta, el filme aporta la creación de los villanos a los que se enfrentan los protagonistas. Se trata de los Diñados. Fue una idea de Robert Schwentke (director que recibió el encargo de llevar al cine la historia) y de los guionistas Phil Hay y Matt Manfredi, y gira en torno a una nueva amenaza para el género humano. Además de los demonios de la novela gráfica, los Diñados pueden pasar de un mundo a otro. Los guionistas y el director estaban seguros de que el concepto añadiría otro toque al apocalíptico enfrentamiento final.

Básicamente, se trata de almas destinadas al infierno que rehúsan andar hacia el vórtice de luz y pasar al otro lado. Los Diñados prefieren esconderse en el mundo de los vivos mientras puedan. “Queríamos que los Diñados, los malos de la historia, pareciesen humanos al principio antes de exponerlos”, explica Matt Manfredi. “Se nos ocurrió que si alguien muere y no quiere pasar al Más Allá, podríamos ayudar a la historia enseñando qué ocurre si alguien debe morir y no lo hace: el alma adopta curiosas manifestaciones”.

El director de producción Alec Hammond, y los diseñadores de criaturas Crash Mccreery  y Eddie Yang, así como la productora de efectos visuales Juliette Yager, se encargaron de diseñar las decenas de Diñados una vez que aparecen y revelan su auténtica naturaleza. Gracias a las oportunidades ilimitadas que ofrecen las imágenes digitales, pensaron en crear una multitud de criaturas malvadas, amenazantes y a menudo de aspecto humorístico. Solo era necesario respetar una sencilla regla: un Diñado aparecido debía recordar al ser humano que fue en la vida real. En otras palabras, debía ser una manifestación exagerada de su maldad anterior. Por ejemplo, si era un ladrón en la vida real, el monstruoso Diñado tendría unas manos enormes en cuanto se revelara su auténtica naturaleza. Y el tono cómico se refuerza por su alergia al comino que es el que les arrebata su camuflaje humano.

La imagenería visual que desarrolla R.I.P.D departamento mortal se redondea en su proyección 3D. Un 3D que sin ser de los más espectaculares (no se trata, pues, de un caso como el de Pacific Rim) es eficaz para rematar la puesta en escena muy hábil para transmitir el espíritu de aventura gráfica, el alma pop del relato. Se diría que pese a gozar de un buen presupuesto el equipo técnico, presidido por los productores, se han esforzado en darle a la cinta ese aire de serie B que se echa de menos en el cine actual. Otra de sus bazas es que la película no se toma en serio a sí misma y así se ingiere como un caramelo refrescante. En suma, estamos ante una película menor que no deja de sorprender y permite pasar un rato agradable.

Pacific Rim & Elysium, un tandem para el verano

Para los que nos quedamos en la city, agosto es como un largo y aciago domingo, un gloomy sunday como aquel que dio título a una vieja canción de suicidas. Si algo puede salir mal, si algo puede complicarse en una ciudad en la que no está de turno ni el sereno, saldrá mal como en las peores pesadillas de Murphy. Sudor, calles desiertas llenas sólo de tiendas cerradas y, lo peor, de bares cerrados. Un paisaje apocalíptico en el que las hordas de turistas descamisetados actúan como una auténtica plaga bíblica. Calor, vacío y sensación de que somos los únicos desamparados de la mano de Dios que no tenemos playa o piscina que echarnos a la espalda entre siesta y cerveza fresca.

Agosto es un secarral en el que todo parece quedarse entre paréntesis hasta que la nueva vida se ponga en marcha con la vuelta al cole en El Corte Inglés. Pero todo desierto tiene su oasis y los cines, pese a sus precios, siguen siéndolo para muchos. O como mínimo son su doble perverso, el espejismo, porque ya se sabe que cine y verano es una suma que da como total blockbuster. Las salas oscuras en verano son cómplices como nunca del placer culpable y es que, ya se sabe, blockbuster es depauperado entretenimiento para la masa, producto industrial que no arte, insulto para la inteligencia incluso para según quien, pero, ay, ay, a veces alguno está tan bien facturado que es difícil resistirse a su canto y, por apelar a lo más básico, acaban por gustar incluso a quienes no quisieran. Ese es el caso de Pacific Rim (2013, Guillermo del Toro) y de Elysium (2013, Neill Blomkamp), dos películas destinadas a aliviarnos los calores y a deshacernos los malos humores si sabemos entrar en su juego, películas que cosecharán críticas furibundas y parabienes a partes iguales, porque son lo que son, productos de perfecto alicatado programados para hacernos evadir.

«No éramos los más deportistas ni los mejores de la clase, sólo teníamos la virtud de ser óptimos en el combate» así se describe en off el protagonista de Pacific Rim en el apretado prólogo de la cinta, y parece toda una declaración de intenciones de del Toro sobre el filme. El mexicano se plantea su película homenaje al cine de los Kaiju eiga como un colosal combate contra los sentidos del espectador, se trata de pegarnos a la butaca y dejarnos anonadados tal como nos quedábamos en nuestra infancia al ver aquel cine de bestias gigantes. Por eso esta vez es imprescindible que vayamos a verla al cine con la mayor pantalla y el mejor 3D posible, porque sino nos habremos quedado sin apreciar sus mejores mimbres y elementos (si hay que sacrificar la V.O., creánnos, ¡sacrifíquenla!). Pacific Rim es espectáculo, espectáculo visual, el placer que pretende depararnos es el de ver cómo gigantes, robots, personajes y objetos, dinamitan continuamente la cuarta pared, ahí es donde está su poesía y su razón de ser.

Se trata de encasquetarnos las gafas y dejarnos arrollar, porque si lo hacemos la cinta nos irá revelando sus pequeños secretos. La acción nos cuenta que la tierra padece una invasión alienígena surgida de una brecha en el fondo del océano a través de la que salen monstruos (Kaijus) cada vez más espectaculares, invasión que es combatida por poderosos engendros mecánicos (llamémoslos robots o mechas según el grado de especialización que deseemos darle a nuestras palabras) pilotados por dos tripulantes conectados neuronalmente (Jaegers, palabra alemana que significa cazador, pero que habrá sido elegida por su proximidad fonética a eiga en un guiño al espectador avisado). Cuando la amenaza de los Kaijus parezca superar las fuerzas de los Jaegers de última generación digital, se habrá de poner toda la esperanza en un antiguo Jaeger analógico (y nuclear) pilotado por Raleigh Becket (Charlie Hunnam) vieja gloria que se había retirado y la neófita Mako Mori (Rinko Kikuchi) brillante alumna que aún no ha entrado en combate. La trama tiene todos los tópicos propios del género y del Toro no va a hacer nada por evitar que sean superficiales personajes y situaciones, así habrá quien diga que en temas como el honor, la lucha, el compromiso con la patria, el respeto a la autoridad o la importancia del desacato, el méxicano adopta un punto de vista ramplón e incluso patriotero. No, no es en los trazos gruesos de la trama donde cabe buscar el mensaje, se diría que para del Toro eso no es más que una excusa superflua para abordar lo que verdaderamente le interesa: los propios Kaijus y Jaegers; esto es, la propia imagenería que va a  desplegar virtuosísticamente a lo largo de las más de dos horas de metraje. Pacific Rim es un homenaje al mundo del anime, mejor aún, del anime que empezó a exportarse desde Japón en los años 70 y que llenó las pequeñas pantallas de muchos hogares haciendo las delicias de quienes eran niños, como el propio del Toro, por entonces, a todo el subgénero de los mechas (seamos precisos aquí) con Mazinger Z a la cabeza. Y siendo un homenaje a ese género lo es, por tanto, a la infancia, o mejor aún, a la necesidad de conservar la visión infantil en esta época de tanto adelanto técnico y tanta crisis de valores; así, quedándonos en la superficie es como mejor conectamos con el verdadero quid, y como aflora el del Toro autor desde el mejor del Toro artesano.

Sin tomarse en serio a sí misma, Pacific Rim resulta un ejercicio de épica pop que comunica diversión y entretenimiento festivo. En el otro extremo del ring (pero sin ser su opuesta) se alza Elysium como un  intento de tejer una ciencia ficción comprometida, pero igualmente mainstream, pop y popular.

El sudafricano Neill Blomkamp se daba a conocer en 2009 con su ópera prima Distrito 9, película que con un modesto presupuesto abordaba el lamentable tema del apartheid en clave de ciencia ficción. Se perfilaba, pues, como un autor capaz de conjugar reflexión y evasión. En esa misma línea le vemos avanzar cuatro años más tarde con Elysium, una distopía que acierta a plantear algunos de los temas candentes de nuestra realidad actual. Estamos en el siglo XXII, la tierra se ha convertido en un planeta contaminado, superpoblado y enfermo; las clases pudientes lo han abandonado para instalarse en la base espacial Elysium, construida por la empresa Armadyne, allí gozan de una vida paradisíaca en grandes mansiones rodeadas de verdes espacios y a la que no afecta ni la enfermedad gracias a los avances tecnológicos. Max (un Matt Damon fornido como un toro bravo) es un huérfano acostumbrado a buscarse la vida desde niño que trabaja como obrero para las instalaciones de la compañía en la tierra y que, como todos, desearía poder emigrar a la base. Cuando sufra un accidente radioactivo en la fábrica, Max se verá inmiscuido en una peligrosa misión de la que acabará dependiendo el destino de la humanidad. En su aventura es perseguido por Kruger (Sharlto Copley componiendo un interesante villano), un mercenario que trabaja a las órdenes de Rhodes (Jodie Foster) la ministra de defensa de Elysium, que prepara un golpe de estado que va a endurecer aún más las diferencias y la persecución de los ilegales que acuden a Elysium en busca, sobre todo, de los tratamientos que  la sanidad terrestre no cubre. La enfermera Frey (Alice Braga), cierra la trama introduciendo el elemento romántico.

Son varios los temas actuales sobre los que reflexiona Blomkamp en esta su segunda película (en la que ha contado con un amplio presupuesto), de entrada asistimos a la polarización de la sociedad en prácticamente dos clases, claro reflejo de la crisis que atraviesa el mundo desarrollado y que está acabando con las clases medias. Basta con extrapolarlo al máximo y tendremos la situación que predice la cinta, porque la brecha que separa a las clases conduce ya a existencias paralelas en las que los pudientes casi parecen vivir en otro mundo. Es también un reflejo de la pérdida de derechos sociales, ahí estamos todos sufriendo los recortes que afectan a áreas tan básicas como la sanidad. Y, por supuesto, plasma las diferencias entre el primer y el tercer mundo que conducen al problema de la inmigración ilegal (esas naves que son como pateras). Ahora bien, que nadie espere un análisis profundo, de todo ello se exponen sólo las líneas básicas sin expandirse en las múltiples aristas de estos problemas, amén de que la resolución del filme es harto simplista. Hay compromiso por parte de Blomkamp, pero como ya decíamos, es un compromiso mainstream que nos da una distopía popular (y populista, si se quiere) que sólo será suficiente para complacer al público más mayoritario.

Y es que de eso se trata, porque como el propio director ha manifestado, de lo que se trata es de hacer género, diferente, porque el mundo está cambiando, pero haciendo prevalecer siempre al entretenimiento por encima de todo. En ese apartado, el de la acción y la evasión, la película brilla con luz propia: hay explosiones, combates, evasiones, naves que aterrizan forzosamente arramblando con todo lo que se ponga por delante… Todo un lujo pirotécnico con efectos FX realistas como ya no se ven y que, junto con la ambientación futurista de Syd Mead (sí, el ambientador de Blade Runner) para la estación espacial, son lo mejor que presenta la obra de Blomkamp. Matt Damon prueba de nuevo que es un todo terreno, para esta película ha tenido que machacarse horas y horas en el gimnasio para conseguir ese cuerpo musculado y rotundo, y resulta convincente en su interpretación del personaje mesiánico que viene a liberar a los más pobres, exoesqueleto incluido. Algo más de hora y media de acción continúa que fue recibida con aplausos en el pase de prensa de Barcelona.

Tanto Pacific Rim como Elysium vienen como anillo al dedo para sofocar los calores caniculares, son dos películas estivales que nos traen aire fresco y que bien valen que les dediquemos nuestro tiempo porque con ellas el tedio se suspende junto a la incredulidad, y eso lo agradecerá siempre nuestro cuerpo y hasta nuestra mente.

Expediente Warren, The Conjuring: revisitando las casas encantadas

Movimientos de cámara que nos acercan al personaje, movimientos de cámara que nos muestran aquello que se presiente, movimientos de cámara que acompañan al personaje en sus propios movimientos…  Movimientos de cámara que se bastan por sí mismos para crear la intriga. El padre de Saw construye en The Conjuring (Expediente Warren en español) un relato con buen pulso que nos lleva a atravesar todos los estadios de una invasión paranormal en una casa encantada, desde su inicio (ruidos, puertas que se abren o se cierran, luces que se apagan, todo el rosario de poltergeist) hasta la posesión demoníaca, pasando por el miedo y la debilidad que sienten quienes los viven en primera persona. Nada que no hayamos visto antes, pero eso no importa, al fin y al cabo las historias que componen los humanos son casi siempre las mismas, lo que les da valor no es tanto el qué nos cuentan sino el cómo. Y ahí, en los modos de narrar, James Wan aprueba con nota.

Ed y Lorraine Warren han sido dos de los investigadores de fenómenos paranormales más célebres que han existido, en buena medida por haber intervenido en los sucesos de Amityville especialmente conocidos por los amantes del terror. The Conjuring es la adaptación de otro de los casos en el que los parapsicólogos intervinieron: las aterradoras vivencias de la familia Perron en su granja de Rhode Island. Como reza su argumento:  «Ed y Lorraine Warren, investigadores de renombre en el mundo de los fenómenos paranormales, son llamados por una familia aterrorizada por una presencia oscura en una granja aislada. Obligados a enfrentarse a una poderosa entidad demoníaca, los Warren se encontraron atrapados en el caso más terrorífico de sus vidas… (FILMAFFINITY)». Un matrimonio y cinco niñas de diferentes edades que darán mucho juego para la creación de alarmas que no siempre acaban en susto (cosa que es de agradecer) en una historia en la que se combinan los tópicos de las películas sobre casas encantadas y las de posesiones demoníacas, exorcismo incluido coincidiendo con el clímax del filme.

Hechos reales que acontecieron en 1971, la película cuenta con una cuidad ambientación y está perlada de esmeradas interpretaciones. Especial mención merecen Vera Farmiga (los aficionados al fantástico la recordarán por su intervención en Código Fuente) en el papel de Lorraine Warren, y Lily Taylor interpretando a esa madre que adora a su familia y que va a tener que enfrentar al mal dentro de sí. Conjuring James WanPero el auténtico protagonista es el propio James Wan que demuestra que es uno de los grandes nombres en el cine de terror actual. Wan maneja con precisión el ritmo (la acción es un crescendo continuo), la composición de personajes (logra retratarnos su psicología interna) y, sobre todo, la puesta en escena midiendo bien qué muestra y qué sugiere. En este sentido, aunque la cinta no olvida  los sobresaltos (no podían dejar de estar en un filme de casas encantadas) no cae en el exceso y sabe jugar la baza de la sugerencia, esos planos con aire en un lado que no siempre se llenan con la presencia de la aparición y que nos intriga aún más cuando es así dejando a nuestra imaginación completar el resto. En una historia de fantasmas es fácil caer en la tentación de mostrar las apariciones con lujo de detalles y derroche de efectos especiales (cayendo así muchas veces en lo grotesco), James Wan sabe controlar ese impulso y jugar con la insinuación, dejando las visiones para los momentos exactos; es así como logra agarrar al espectador que ve cómo no disminuye su interés a lo largo del metraje. Y es así también como consigue comunicarnos el crisol de sensaciones que podría llegar a despertar un lugar verdaderamente encantado. Alguna risa nerviosa en el pase de prensa hace evidenciar que la cinta alcanza su objetivo, transmite miedo. Y nos hace reflexionar sobre el mismo.

El miedo es nuestra reacción ante la inminencia de un peligro, actúa como alerta que estimula nuestra prudencia y nos hace buscar soluciones que nos eviten salir malparados. Somos hijos del miedo porque los temerosos sobreviven más que los temerarios, sin embargo, el miedo es también un arma de doble filo porque si se perpetúa en nosotros nos vuelve débiles, vulnerables. Paradoja. Entonces, al debilitarnos, si hubiera un ente portador del mal, sería fácil hacernos presas. ¿Contesta The Conjuring sobre la existencia de una fuerza maligna? Dejaremos que el espectador lo descubra.

Thanatomorphose: la descomposición como poema visual

Zumbaban las moscas sobre este vientre pútrido

del cual salían negros batallones

de larvas que manaban como un líquido espeso

por aquellos vivientes andrajos.

Charles Baudelaire

Si lo bello mana de la armonía de las formas y la proporción de la apariencia, lo sublime surge del desbordamiento y la penetración en la poesía de lo deforme. La ópera prima de Éric Falardeau es un ejemplo de cómo lo sórdido encierra una fuerza capaz de conmovernos estéticamente. La ópera prima del canadiense es sublime.

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La protagonista de Thanatomorphose es una joven escultora cuya vida está tocando fondo. Mantiene una relación sentimental que no la llena, su pareja parece interesarse en ella únicamente como objeto sexual, y está atravesando, además, una crisis creativa en parte porque no obtiene el reconocimiento que merece. Su vida se esta estancando y ella ya no tiene fuerzas para seguir luchando, está al borde de tirar la toalla y se abandona a la renuncia de la sensibilidad. El proceso de disolución de su espíritu va a somatizarse y progresivamente su cuerpo iniciará un proceso de descomposición. Un descenso a los infiernos que no arroja la esperanza redentora del conocimiento sino que la abandona en el más descarnado nihilismo.

Dividida en tres actos, Thanatomorphose se inicia como un drama intimista que retrata la vida vacía de la protagonista mostrándola en el espacio de su apartamento, un auténtico correlato de ella misma. Larga presentación que utiliza jumcuts y transparencias a modo de breves elipsis que no interrumpen su tempo pausado hasta la exasperación: se trata de hacernos empatizar con el personaje en su desesperación.  La primera mitad del primer acto busca sumergirnos en la mente de la joven escultora, en su decepción y su desánimo, quiere desasosegarnos y abocarnos al vacío de alguien que ya está muriendo en vida.Dead Kayden Rose Copyright B Lemire Lo siguiente es llevarnos al fenómeno de mutación y metamorfosis tanática de su cuerpo, desde los primeros moratones hasta la licuación de su carne, hasta hacernos apreciar una angustia existencial que va mucho más allá de la anécdota de su argumento. Y es que lo importante de la cinta del canadiense no reside en su trama, no reside tampoco en su trasfondo más superficial, aquel que nos habla de la deshumanización de las relaciones interpersonales y de la putrefacción de la sociedad contemporánea que nos cosifica. No, no es que el festín de sangre y fluidos se mantenga gracias al intento de hablarnos de nuestras circunstancias accidentales, la película brilla con luz propia porque no escatima recursos  visuales  para mostrarnos lo que sabemos pero negamos en nuestro quehacer diario: somos seres para la muerte y estamos condenados a la descomposición de todo nuestro yo. Es cuando se olvida de su excusa argumental que llega a la esencia. Cuando se abandona al regodeo estético en la corrupción de la carne y la propia imagen se derrite hasta la abstracción, es cuando Thanatomorphose entona sus más excelsas notas.

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Éric Falardeau y Kayden Rose en un momento del rodaje

Éric Falardeau se doctoró con una tesis que habla del sentido de los fluidos corporales en los géneros cinematográficos más extremos, el porno y el gore, puesto en relación con el sentimiento trágico de la vida de Shören Kierkegaard, y ya desde sus cortos ha buscado expresar sus conocimientos ahondando en el terreno de la sordidez. Contra lo que pudiera parecer, el director es un joven inquieto y vitalista que no esconde sus influencias sino que se manifiesta orgulloso de ellas y se muestra entusiasmado cuando el público las reconoce. El filme del canadiense parte de la estela del Polanski de Repulsión para llevarnos más allá hasta el ambiente malsano del mejor Cronenberg y del extremo Buttgereit. No es tanto la nueva carne lo que toma de Cronemberg sino la insania de Inseparables con esa proyección de la desintegración del personaje sobre el mismo espacio que habita. Y el Buttgereit al que se aproxima, más que al de Nekromantik, es al de Der Todesking (El Rey de la Muerte). Pero no hay que detenerse ahí, Falardeau se expresa a través de una fotografía feísta que recurre al desenfoque de la imagen hasta llevarla a alcanzar la abstracción, en una concepción de lo cinematográfico pareja a la del dadaísmo francés.

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Nada mejor que la abstracción para hacernos evidenciar el nihilismo, para hablar de la disgregación que nos espera como destino. Así, el cuerpo de la protagonista no sólo muestra su putrefacción gracias a los efectos de maquillaje (excelentes, por otra parte), más allá de ello se desdibuja en el mismo tratamiento del encuadre, en el trabajo de la fotografía. A Thanatomorphose se le puede dedicar uno de los mayores elogios que puede recibir un filme: tiene su baza principal en la explotación de todas las posibilidades de lo audiovisual. Sin apenas diálogos, todo se compone/descompone ante nuestros ojos en la propia imagen. Dejándonos fascinados ante imágenes duras y muy bien resueltas ofreciéndonos, sin llegar a la vulgaridad,  esfínteres desatados, explosiones de gusanos y olores que casi pueden percibirse desde la pantalla y que nos llevarán, irremediablemente, a un crescendo de moscas que culminará con la total licuación del cuerpo.

thanatonorphose 3Viaje hasta el fin de la noche, Thanatomorphose nos hace asistir a la desesculturización de la mujer que esculpe, cuya obra acaba suspendida en el non finito. Un non finito que, como los de Miguel Ángel, señala la lucha del artista por extraer vida de la materia inerte, pero aquí acaba en la imposibilidad, en la conciencia de que la única forma de escapar de una vida vacua es la muerte. Y la muerte es el fin. Pero ese es el periplo de la protagonista, la película de Falardeau nos salva de ese nihilismo extremo en su propio existir: el canadiense sí es capaz de crear. Y de crear una obra que nos lleva a experimentar al placer estético que, pese a todo, reside en lo más sórdido. El pesimismo se convierte así en vitalismo trágico, en el sentir que la desolación puede quedar suspendida en un futuro. Falardeau no nos deja sumidos en el más hondo escepticismo, al contrario, su obra parece decirnos que el arte es todavía capaz de redimirnos del sinsentido.

Entonces, oh belleza mía,

di a los gusanos que te comerán a besos,

¡que he guardado la forma y la esencia divina

De mis amores descompuestos!

Charles Baudelaire

El día que Ray Harryhausen me dedicó el poster de El viaje fantástico de Simbad

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Aunque ya había visto Hace un millón de años (One Million Years D.C., 1966 Don Chaffey), la que recuerdo como mi primera película de Ray Harryhausen fue El viaje fantástico de Simbad (The Golden Voyage of Simbad, 1973 Gordon Hessler) y ya digo bien, de Harryhausen, ya que aunque la hubiera dirigido otro, esta y resto de las películas en las que intervino Harryhausen,  son lo que son gracias al mago de los efectos especiales y a la paciencia, imprescindible para el stop-motion. El caso es que esta película se me quedó marcada cuando la vi por primera vez a los nueve años principalmente por dos cosas : por sus fantásticos monstruos gigantes y por Caroline Munro. Ustedes ya me entienden.

Sabía quien era Ray Harryhausen por Famosos «Monsters» del cine, pero ver el espectáculo en pantalla…era otra cosa. De hecho tanto me gustó la película, que ese día vi más de una vez ya que como ustedes recordarán en los cines de reestreno uno podía  quedarse a repetir, que no pude más que pedir al dueño del cine que cuando la retiraran de cartel me diera el póster. Y así fue y ese magnífico poster lo atesoro desde entonces.

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Luego vería muchas más películas de Harryhausen, ya fuera en cine: Simbad y el ojo del tigre (Sinbad and the Eye of the Tiger, 1977 Sam Wanamaker) y Furia de titanes (Clash of the Titans, 1981 Desmond Davis). Como en televisión: Jasón y los argonautas (Jason and the Argonauts, 1963, Don Chaffey), Simbad y la princesa (The 7th Voyage of Sinbad, 1958 Nathan Juran) además de todas las que, primero el video y después el DVD no han permitido recuperar y ver cuantas veces queramos.

Lo que no me podía imaginar es que tendría ocasión de conocer a Harryhausen y hablar brevemente con él.

Y es que el Salón del Cómic de 2008 fue memorable por dos poderosas razones: Pude conocer a Paul Naschy y a Ray Harryhausen. Tras estar con Paul fui corriendo, ya que el tiempo apretaba,  a donde firmaba Harryhausen y me puse a la cola. Y sí, allí estaba Ray. Repartiendo sonrisas y autógrafos. El hombre estaba bastante mayor, la verdad, pero estaba allí para nosotros y no pensaba dejarlo escapar. La cola tras de mi iba incrementándose y la hora en la que tenía previsto terminar se estaba acercando. Lo sorprendente fue cuando una chica de la organización puso un cartel en la espalda del que estaba delante mío  (¡puso un cartel en su espalda! ¿Pero esto que es?) con lo que quería indicar que hasta ahí atendería Harryhausen por terminarse el tiempo,  dejando un buen puñado de ilusiones por los sueños y la primera la mía… Pero aquí es donde vi un gesto de Ray que me emocionó y todavía pensando en ello me emociona: Ray Harryhausen dijo que atendería a todos y cada uno de los que estábamos en la cola. Y así fue.

Foto: Jorge Juan Adsuara.

Foto: Jorge Juan Adsuara.

Llego mi turno, saqué mi cartel de El viaje fantástico de Simbad  que hacía tantos años estaba conmigo, y le conté mi pequeña historia y desde cuando lo tenía. Me sonrió, me lo dedicó, nos dimos la mano y ahí tienen el resultado. Y dos fotos que están en un disco duro que no se pone en marcha (Por cierto, ¿alguien puede recomendarme que hacer para recuperar todas las imágenes que contiene?). Un momento mágico. Y yo  volviendo a casa con un cartel firmado por Harryhausen, un cómic y una foto dedicadas por Paul Naschy y fotos con ambos. No estuvo nada mal el día. Lo cierto es que con la muerte de Naschy y la reciente de Ray Harryhausen, estos dos encuentros son casi imposibles. Y de nuevo si, digo bien, casi. Ya que quedan todas las películas de ambos y la posibilidad que la tecnología nos ofrece de revisarlas cuando queramos.

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¿Qué más puede pedirse?

Por cierto, el  día siguió marchando bien pero… eso ya es otra historia…

Evil Dead 2013: más sangre y menos humor

Cuando los amiguetes Sam Raimi, Bruce Campbell y Robert Tapert, tras rodar varios cortos, se emperraron en sacar adelante su Book of the Dead (previamente  convertido en 1978 en un corto de 30 minutos, Within the Woods,  que sirvió como muestra para conseguir financiación) seguro que no sabían hasta donde podría llegar su alocada aventura. De una forma u otra Book of the Dead se convirtió en 1982 en Posesión infernal (Evil Dead), una película rodada en 16 mm. que mezclaba en principio un cóctel nada original: adolescentes, posesiones demoníacas, sangre y mucho speed. Pero no era así, ya que contaba con un añadido que la hacía (y hace) más atractiva: grandes dosis de comedia hasta el punto de transformar a su protagonista, Bruce Campbell en un personaje de dibujos animados. Y todo ello, no hay que olvidarlo, sin dejar de ser un atmosférico y terrorífico film.

Posesión infernal triunfó en los video-clubs de medio mundo y posibilitó que Raimi pasara a la primera división de su profesión. Esa bienvenida incluyó que rodara una secuela de su film, naciendo Evil Dead 2 (Terroríficamente muertos, 1987) que no  resultó ser finalmente una secuela sino un remake con todas las de la ley, aunque más loco si cabe, con más medios y mejores resultados en los maquillajes y efectos especiales (cosa en la que tuvieron mucho que ver la santa trinidad Berger, Kurtzman y Nicotero). Ese primer remake daría pie a (ahora sí) una secuela, El ejército de las tinieblas (Army of Darkness, 1993).

No acaba ahí la historia, en mayo del 2012 se iniciaba el rodaje de un nuevo remake, el que este viernes llega a nuestras pantallas. Esta vez Raimi no está al frente de la dirección, el equipo inicial (Raimi, Tapert y Campbell) ha preferido ocuparse únicamente de la producción y dar la alternativa al joven debutante Fede Álvarez, del que ya os hablamos en este blog. El propio Fede Álvarez, junto a Rodo Sayagues (colaborador suyo desde los tiempos de Ataque de Pánico, corto con el que se dieron a conocer) se ha ocupado de adaptar el guión, así que nos ofrece una relectura personal de la obra de Raimi. Rodada en Nueva Zelanda, algo habitual en Raimi, el reparto de esta nueva Posesión Infernal está compuesto por eficientes actores jóvenes: Jane Levy (Mia), Shiloh Fernández (David), Lou Taylor Pucci (Eric), Jessica Lucas (Olivia) actriz ya conocida para los productores por Drag me to hell (2009) y Elizabeth Blackmore (Natalie). Protagonismo tienen también los 25.000 litros de sangre artificial que han sido necesarios para el filme, muuuuuucha hemoglobina, pues, es la que nos ofrece esta nueva versión.

Esta Posesión Infernal de 2013 no es una mera repetición sino toda una reinterpretación del tópico de la cabaña en el bosque parodiado en la de 1981 (en puridad más que un remake es un reboot). Sin renunciar a los elementos fundamentales (la cabaña, el libro de los muertos o Necronomicón) Álvarez ha pretendido dotar a los personajes de una mayor profundidad psicológica, ya no son unos jóvenes cuasiadolescentes que van al bosque en busca de experiencias etílicofestivas sino un grupo de amigos que se han reunido para ayudar a Mia, la protagonista, a desengancharse de la droga (en el extremo opuesto, pues). Hay también drama familiar, el hermano de Mia es uno de los integrantes del grupo, cosa que supone un reencuentro entre ambos después de que él la hubiese dejado pasar sola el trance de la muerte de la madre en un centro psiquiátrico. No hay que esperar un análisis exhaustivo de los recovecos de las relaciones, sólo un esbozo que sirve al fin de explicar el porqué de sus conductas cuando se haga manifiesta la presencia (así, por ejemplo, la primera en tener evidencias de la fuerza que les acosa será Mia y los demás creerán que son causadas por su síndrome de abstinencia). Ocurre que este mayor naturalismo de los personajes no se ha dado sin eliminar esa comicidad cartoonesca que tenía la original y que, en nuestra modesta opinión es lo que la hacía especial. En la película de Ávarez no hay apenas lugar para el humor, todo está tratado con seriedad, y a nosotros se nos antoja que eso supone una pérdida del remake frente a la original. Podemos decir que, al tratar de darle alma a los personajes, es la película la que se ha quedado huérfana de ella. Esto no significa que a nuestro juicio sea una mala película, simplemente opinamos  que el remake no consigue superar al original.

Así pues, aún sin tener el carisma que identificaba a la saga Evil Dead, la Posesión Infernal de Álvarez cautivará a los aficionados al género. A los conocedores de las de Raimi porque está repleta de guiños a elementos del  guión que las caracterizaban. Ahí están esos bellos travellings subjetivos desde el punto de vista de la presencia atravesando al bosque; la violación en el bosque y por el bosque; la amputación de la mano; y, cómo no, la motosierra. Pero creemos que sobre todo gustará a los más jóvenes que quizás ni siquiera hayan conocido sus precedentes, por su factura, su ritmo trepidante por momentos y esos miles de litros de sangre y gore bien entendido. Tanto los iniciados como los neófitos agradecerán que no se haya abusado de la imagen digital, al contrario Álvarez se ha inclinado por conseguir los efectos con la cámara siempre que le ha sido posible y dejar a los de maquillaje hacer el resto. Y mención de honor merecen estos últimos junto a la banda sonora del español Roque Baños. En suma, puede decirse que Fede Álvarez no defrauda las esperanzas depositadas en él.

La pregunta del millón sería responder a si era necesario este remake (o reboot) tratándose como se trata de una película de correcta ejecución. Para quien esto escribe no se trata de una revisión que aporte ingredientes relevantes al original, como sí podía darse en el Maniac de, ni sirve para darle mayor actualidad (después de todo la original sigue igual de vigente que en su presente), de modo que no podemos considerarlo como necesario. Ahora bien, la buena factura del filme evita que se le pueda tildar de prescindible y, sobre todo, muestra las dotes de su joven director, más elogiable él que su propia ópera prima. Deseamos ver pronto a Fede Álvarez al frente de una obra personal que no se deba ya a ningún trabajo previo.

Fede Álvarez en el rodaje de Posesión Infernal

Fede Álvarez en el rodaje de Posesión Infernal

Hellboy, una reflexión sobre las esencias de lo humano

21 marzo 2013 1 comentario

HELLBOY (Guillermo del Toro, )

USA. Guión: Guillermo del Toro y Peter Briggs basados en las historias de Mike Mignola. Música: Marco Beltrami.

Reparto: Ron Perlman, John Hurt, Selma Blair, Rupert Evans, Karel Roden, Jeffrey Tambor, Doug Jones, Brian Steele, Ladislay Beran, Biddy Hobson, Corey Johnson, Kevin Trainor, Brian Caspe, James Babson.

Hace unos días Fernando Trueba era noticia, y no por su cine, sino por sus poco afortunadas opiniones sobre el mundo del cine de acción y de superhéroes. Trueba los califica de imbecilidad, que es tanto como calificarlos de producto para necios y alelados. Su comentario deja a las claras, no la debilidad de ese cine al que se refiere (ni la necedad de sus aficionados), sino de su propio desconocimiento de todo lo que supone el mundo de los superhéroes. Esa literatura es en verdad la transposición de los mitemas clásicos a la cultura pop y, igual que los mitos, sirven como vehículo metafórico de grandes temas atemporales. Vamos a ejemplificarlo con Hellboy llevado al cine por Guillermo del Toro en 2004.

Empecemos con el argumento: finales de la segunda Guerra mundial, las fuerzas ocultistas nazis (Sociedad Thule) llevan a cabo el experimento Ragnarök (fin del mundo nórdico), invocación del mal que lleva a cabo el mismísimo Rasputín. Fruto del experimento nace una pequeña criatura roja, con cuernos, cola y una mano de piedra , criatura que fue rescatada por los soldados aliados y educada por los estadounidenses. Ingresó posteriormente en la Unidad de Defensa e Investigación Paranormal (en inglés B.P.R.D.). Héroe solitario, Hellboy (la criatura), se tendrá que enfrentar a su propia naturaleza y decidir entre el bien y el mal.

En 1994 nacía Hellboy de la mano de Mike Mignola presentado en una secuencia de cómics mini-serie publicada por Dark Horse Comics. Un superhéroe solitario en cuya construcción se notan las influencias de diversas mitologías, desde la nórdica a la ideada por Lovecraft. Diez años más tarde Guillermo del Toro lo llevaba al cine, haciendo suya la imagenería del cómic. Del Toro recrea el universo de Hellboy con su propia visión de lo gótico y nos ofrece una película vibrante de bella factura en la que la tensión dramática va en aumento hasta el brillante duelo final con un monstruo infernal claramente inspirado en los relatos lovecraftianos.

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Si los episodios de enfrentamiento con los villanos  se secuencian adecuadamente y mantienen al espectador aferrado a su cubo de palomitas (cosa que no impide descubrir a Santiago Segura haciendo un cameo), no están menos perfilados los resortes más profundos de la trama. Hellboy nos recuerda a héroes como Harry Callahan, independientes e irónicos, quienes, sin embargo, bajo su corteza de hombres duros esconden una fuente inagotable de ternura. Hellboy está enamorado de su compañera del B.P.R.D. Liz Sherman, piroquinética con habilidad de explotar en fuego, aunque no encuentra la manera de hacérselo saber; y a la vez profesa un intenso afecto filial por el Profesor Bruttenholm , su “padre” adoptivo. Otros se quedarán con las secuencias en las que los efectos especiales se despliegan magistralmente, pero nosotros queremos destacar las dos escenas en las que se nos muestra el aspecto más humano de Hellboy. La primera una ronda nocturna en la que Hellboy espía a Liz desde la azotea de un edificio en compañía de un niño, tanto del Toro como Ron Perlman son capaces de mostrar el lado melancólico del héroe. Melancolía que llenará la pantalla de lluvia (¿cuántas veces la lluvia ha sido metáfora del llanto en el cine?) en la escena del entierro del “padre”, con un plano cenital sobre los paraguas abiertos que nos funde a la subjetividad de Hellboy siendo uno de los momentos más brillantes del film.

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Y es que antes de Nolan ya se había penetrado en los aspectos más profundos de los superhéroes de cómic. El Hellboy de del Toro ofrece al espectador una reflexión sobre las esencias de lo humano. Lo que nos define no es nuestra procedencia, ni las peculiaridades que pueden hacernos resultar extravagantes a ojos de los demás, nuestro ser más íntimo viene definido por nuestra capacidad de tomar decisiones: sea cuál sea nuestro origen siempre tenemos la opción de elegir entre el bien y el mal con todo el dramatismo que ello conlleva. Ese es el destino de y la enseñanza que nos deja Hellboy.

El Buque Maldito programa Último deseo de León Klimovsky en el Centro Garcilaso.

El Buque Maldito nos ofrece una rareza del cine fantástico español, Último deseo (1976) de León Klimovsky, que contará con la presencia de dos de sus protagonistas, Teresa Gimpera y Antonio Mayans.

Rodada justo antes de que Paul Naschy se pasara a la dirección y tras su prolongada estancia en Profilmes, es una de las pocas películas de ciencia ficción que se  han hecho por estos lares. Con el título de rodaje de Planeta ciego, que deja más claras las cosas, mezcla elementos de La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968 George A. Romero) y las  novelas El día de los trífidos, de John Wyndham y Soy Leyenda de Matheson . Todo un cóctel que nos ofrece una atípica película protagonizada por destacadas figuras del cine de la época.

Dirigida por León Klimovsky y con guión de Vicente Aranda, Joaquim Jordà y Gabriel Moreno Burgos, basado en una historia del último, cuenta entre sus protagonistas, además de Naschy con  Maria Perschy, Teresa Gimpera, Nadiuska (cuya imagen se adueño de la campaña promocional), Julia Saly, Alberto de Mendoza, Antonio Mayans y Ricardo Palacios, entre otros.

Todo ello el sábado 6 de abril a las 18 h. en el Centro Garcilaso (C/. Garcilaso, nº103, Barcelona)

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Mamá: nueva vuelta de tuerca

«Cuando despertó, el dinosaurio aún estaba ahí». El relato de Monterroso incluido en Obras Completas y otros cuentos, es el más breve que se haya escrito nunca. Puede parecer que se trata de una boutade, pero la mínima obra del guatemalteco resume toda la teoría del cuento. El cuento como género literario se distingue por ser un nudo narrativo en el que transcurre una acción de la que se intuye un antes y un después, en Monterroso tenemos un tiempo que alude a un pretérito en el que un sujeto tuvo su pasado, un momento presente en el que transcurre una acción y un futuro suspendido (¿Por qué estaba allí el dinosaurio? ¿Qué pasará después cuando se mantiene su presencia?). La misma lógica del cuento es la que rige en el cortometraje como género cinematográfico. Andrés Muschietti conocía bien esa lógica de la brevedad cuando en 2008 dirigió su corto Mamá, una de las piezas más breves que ha dado la historia del terror que en su concisión ofrece un relato sugestivo y aterrador de gran factura técnica:
Si el cuento es proporcional al cortometraje, un largometraje lo es a la novela. En la estructura de una novela (más allá de que dinamite o no la secuencia temporal) se ha de dar un inicio que introduce el conflicto que se expone en toda su amplitud en el nudo y concluye en el desenlace (se juegue o no al final abierto). Muschetti, de la mano de Guillermo del Toro, ha sabido adaptar su pieza breve a la lógica del largometraje, arropando a esas dos hermanas que huyen entre susurros con una trama que explica su miedo y que muestra el final de su historia. Y su adaptación a un nuevo metraje la ha resuelto con éxito, un éxito que explica su afortunada recepción por la taquilla en EE.UU.
Mamá, el largo, es un relato sobre las dimensiones del pánico y, como antes hizo Henry James, presenta una nueva vuelta de tuerca al tomar como protagonistas a dos niñas. Victoria y Lilly son secuestradas por su padre homicida en una oleada de terror colectivo, cuando el padre muere por causas extrañas las dos niñas quedan abandonadas en una cabaña perdida en el bosque, estarán allí durante cinco años cuando las rescaten se descubrirá que han sobrevivido gracias a su imaginación. Son encontradas gracias a la contumacia de su tío paterno que acabará adoptándolas gracias a un programa psiquiátrico destinado a estudiar fenómenos como los de niños salvajes. En ese marco se presenta la extraña comparecencia que las lleva a huir. Así el argumento del corto se convierte en motivo del largo.
Guionizada y dirigida por el propio Muschetti en colaboración con su hermana, la película queda amparada por la larga sombra de Guillermo del Toro quien como productor vuelve a apostar por un joven talento. Igual que en la ópera prima de J. A. Bayona (El orfanato, 2007) la presencia de del Toro se hace notar en el tono oscuro de una fotografía creadora de atmósferas como antes lo había hecho como director (en concreto evocábamos a Mimic, 1997). Porque Mamá es una película de ambiente, la opresión de esa fotografía pende sobre toda la cinta y dota de una profundidad dramática una historia que en el fondo juega con las convenciones decimonónicas del género.
El tono de relectura de lo gótico asoma desde los títulos de créditos que se suceden al prólogo (y cuánto nos gusta que se cuide de los créditos iniciales tan olvidados hoy en día) dibujos infantiles que cubren mohosas paredes como si fueran pinturas rupestres, o cómo la inocencia puede dar pavor. Y la música de Fernando Velázquez pone el resto, compone una banda sonora que juega a dos niveles que se entrecruzan: los temas breves que buscan la impresión del espectador cuando la imagen introduce el sobresalto; y los otros más desarrollados que acompañan esa atmósfera que hemos descrito, que no se ocupan de generar impresiones emocionales inmediatas sino de recrear espacios y ambientes también terroríficos, destinados a engrandecer y multiplicar el poder del peligro que amenaza a los personajes.
Todo el arranque se aparece como un cuento tradicional, con el bosque, el lago y la cabaña escondida, como figuras narrativas. Después volvemos al plano real, la recuperación de las niñas, salvajes ya después de su largo extravío, con la extraña fuerza que las acompaña y que el psiquiatra explica como fruto de su imaginación mezclada con el afán de supervivencia. Instaladas a medio camino entre la sociedad y el aislamiento, el comportamiento de las niñas introduce la inquietud, sobre todo para Annabel (una soberbia Jessica Chanstain), la compañera del tío paterno, a la que esta maternidad le viene impuesta contra su instinto. Sólo la mayor, Victoria, ha conservado el lenguaje, la pequeña, Lilly (que sólo tenía un año cuando desapareció) está prácticamente tomada por la ferocidad de la naturaleza, pronto se verá que la dialéctica entre socialización y bestialidad generan distintas reacciones ante lo que sobrepasa los límites de lo empírico, que es casi tanto como los límites de la cordura.
El filme, pues, revisa los cimientos de la enajenación, pero será para llevarlos a la conexión con lo fantástico. Tal vez nuestra razón lúcida no cubre todo el espectro de lo existente. Así, lo que en principio se diagnóstica como personalidad disociada es sustituido por la convicción de que el monstruo es real; siguiendo esa evolución de planteamientos, se nos irá desvelando la imagen de la presencia aterradora. Nuevamente la música de Velázquez se convierte en pauta con la que leer la profundidad de esas emociones, con un tema principal a la par bello y siniestro con el que logra explicar lo que de otra manera sería difícilmente explicable: las razones de la bestia. Si somos naturaleza, parece decirnos, seremos pulsión y nos dejaremos llevar por los instintos más básicos sin vacilar en causar dolor si es necesario para nuestras apetencias. En cambio, si nos quedamos del lado de la palabra conseguiremos reconducir los sentimientos hacia la positividad (ese lado bueno de las cosas que es motivo central en la película de David O. Russell). Contrastan de ese modo las dos madres, Annabel la mujer que no desea hijos, que no tiene la marca del instinto, frente a la mujer aparecida que sigue buscando alguien a quien llevar a su regazo aunque sea llevándoselo al reino de la muerte. La segunda es una máscara de la maternidad más asilvestrada, más salvaje, que no repara en nada, en cambio la primera es fuente de domesticación y apaciguamiento. El final salomónico parece decirnos que ambos rostros de la figura materna tienen razón de ser, mientras la música nos permite empatizar con el monstruo en su melancolía.
Terror protagonizado por niños, es inevitable pensar en Clayton y su adaptación del relato de James, como inevitable es tener la sensación de que The innocents (1961) puso el listón tan alto que ninguna otra película podrá estar a la altura. Sin embargo, esta ópera prima tiene buen pulso. Mamá es un filme con un ritmo creciente que nos lleva de la mano manteniendo nuestro interés hasta el clímax final al que no le sobrevendrá ningún epílogo. Tal vez la excelencia del corto no está en esta adaptación al largo, pero la cámara de Muschetti sigue siendo igual de inteligente jugando con las presencias y las ausencias, los travellings imprescindibles y los planos secuencia como pilares de su ritmo pausado y firme a la vez. Buen cine de terror que no se aparta de los cánones de los relatos de fantasmas,  lo que nos ofrece Mamá es una película eficaz sobre todo en su atmósfera de inocencia, melancolía e instinto. Esa misma atmósfera que nos acompañará al salir del cine junto al buen sabor de boca.

 

El retrato del que Bela Lugosi nunca se desprendió

29 diciembre 2012 Deja un comentario

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Géza Kende nació en Budapest, Hungría en 1889. Estudió en la Academia de Arte de Budapest y posteriormente en Italia y Francia. En 1932 se trasladó a Los Ángeles donde se instaló. Allí recibió el mismo año de su llegada un encargo de su famoso paisano Bela Lugosi: pintar su retrato.

Este monumental retrato, que el mismo actor llegó a firmar y dedicar con una ilegible inscripción en la parte trasera del óleo, formó parte siempre del equipaje de Lugosi en sus traslados. Siempre se mantuvo en su poder, ya fuera en el cenit de su fama como en los peores momentos, siendo testigo mudo del momento en el que retiraron el cadáver del actor de su última residencia.

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La pintura muestra a Lugosi en el momento de mayor gloria: elegante, pulcro y seguro de sí mismo. También es destacable el detalle de sus largos dedos, protagonistas fundamentales de sus interpretaciones más conocidas en films como Drácula o White Zombie.

Géza Kende realizó otros trabajos, como retratos de Paulette Goddard para el film La Bribona (Kitty, 1945 Mitchell Leisen) y de otras personalidades, así como numerosos desnudos. Pero sin duda el retrato de Lugosi es la pieza más cotizada que realizó nunca.

En 2004 Heritage Auctions subastó el cuadro, que pasó a formar parte de la colección de Kirk Hammett, guitarrista de Metallica y ferviente admirador del cine de terror.

Géza Kende murió en Hollywood en septiembre de 1952. Lugosi le sobrevivió cuatro años.

El retrato se mantiene en perfectas condiciones, con su marco original y en buenas manos.

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Dos interesantes lecturas: de la Universal a Profilmes

16 noviembre 2012 2 comentarios

MONSTRUOS ELÉCTRICOS (Lluis Rueda y Pau Roig 2012, Arkadín Ediciones)

Editado antes de forma digital  y presentado en ese formato durante el Festival de Sitges 2011, ahora tenemos ocasión de adquirir en papel y en todo su esplendor el magnífico libro Monstruos eléctricos, un análisis pormenorizado de la producción fantástica y terrorífica de los estudios Universal. Cierto es que se han publicado ya varias obras sobre el tema en nuestro país, alguna de gran categoría, pero la mayoria de ellas se han centrado más en los actores y el anecdotario. Monstruos eléctricos se decanta por el análisis de todos esos films y lo hace distribuyéndolos en varios apartados: El horror gótico (Jorobado de Notre Dame, Fantasma de la Ópera, El legado tenebroso, El hombre que ríe, Drácula y sus hijos, La momia y sus secuelas, El caserón de las sombras, Los crímenes de la calle Morgue, Satanás, El cuervo, hombres lobo, Night Monster y The Mad Ghoul). Ciencia ficción (Frankenstein y sus secuelas, El poder invisible, El hombre que fabricaba monstruos, El hombre invisible, La trilogía de la mujer simio, Flash Gordon y Phantom Creeps). Ideario pulp y cine criminal (La torre de Londres, Black Friday, Fantasma de la Ópera, Misterio en la Ópera, Cóctel de monstruos e Inner Sanctum). Y finalmente y como epílogo un repaso al universo fantástico de Jack Arnold. Todo ello profusamente ilustrado con una magnífica selección de fotos y carteles.

Los autores nos ofrecen su visión sobre todo ese legado, un punto de vista totalmente personal y valiente. Rebajando de cierta épica algunos filmes y revalorizando y desvelando valores de otros que siguen viéndose como secundarios a pesar de tener una calidad mucho más alta. Al estar escrito a dos manos, hay puntos en los que no hay total coincidencia de parecer, aunque en uno hay total unanimidad: su animadversión a la pareja cómica Abbott y Costello y a la película que interpretaron junto a la plantilla terrorífica de Universal, Contra los fantasmas. Profundizan también en algunos films poco tratados en otras obras, como los seriales o la saga Inner Sanctum. También es un acierto el incluir en este completo inventario los films de Jack Arnold y Cult of the Cobra. Todo ello en 344 apretadas páginas editadas por Arkadin Ediciones que pueden (y deben) conseguir aquí.

LA DÉCADA DE ORO DEL  CINE DE TERROR  ESPAÑOL. 1967-1976  (Javier Pulido 2012, T&B Editores)

Quizás este título no sea el más correcto para una obra en la que la gran protagonista es la productora barcelonesa Profilmes y su serie de títulos dedicados al cine de terror. Pero el autor no se queda ahí, ya que completa el libro ofreciéndonos un repaso a lo que ha dado de sí el cine fantástico español desde sus orígenes hasta llegar, precisamente a la era Profilmes. Es en ese momento en el que pasa a detallar la historia de la productora, así como a realizar un análisis de todos sus films terroríficos en el contexto que vivía el país. Algunos más acertados que otros, no deja de ser interesante el que el autor haya querido encontrar similitudes entre los argumentos y personajes de esas películas y la convulsa situación que vivía España en aquella época. Repleto de interesantes datos y cifras, el autor también ha tenido acceso a los guiones originales de algunos de estos títulos, así como a notas de censura y declaraciones de los principales implicados, tratando también otras producciones Profilmes no adscritas al terror, como las de género aventurero, documental y político.

Agradable de leer, se le disculpan ciertos mínimos errores posiblemente achacables al descuido, en una obra que pasa a ser otra interesante  pieza en la bibliografía dedicada al tan criticado y denostado Fantaterror español que pueden conseguir en su librería de cabecera o aquí.