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Archive for the ‘Sitges Film Festival’ Category

El film coreano ‘Han Gong-Ju’ inaugurará la sección Nuevas Visiones del Festival de Sitges

La presentación de la nueva edición del SITGES – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya por parte de su director Ángel Sala ha traído el anuncio que Han Gong-ju, ópera prima del director Lee Su-jin y protagonizada por Chun Woo-hee (“Sunny”, “Mother”), será la película inaugural de la Sección Competitiva New Visions.

Considerada por muchos como la mejor película del año producida en Corea del Sur, su paso por festivales no deja lugar a dudas del carácter excepcional que ésta posee: Premio del Público en Busan, Premio del Jurado en Rotterdam, Gran Premio del Jurado en Marraquech, y recientemente en Deauville se alzó con el Gran Premio del Jurado, el Premio de la Crítica y el Premio del Público a la Mejor Película. Ópera prima de Lee Su-jin, y primer papel protagonista de la joven actriz Chun Woo-hee, Han Gong-ju ha supuesto una auténtica revelación dentro de la industria cinematográfica de Corea del Sur, tanto por la extraordinaria calidad de las actuaciones de sus protagonistas, como por la gran sensibilidad demostrada por un director novel en un tema tan delicado como el que trata.

SINOPSIS:

Han Gong-ju (Chun Woo-hee) es una joven estudiante obligada a abandonar su escuela tras un misterioso incidente del que todo el mundo la señala como culpable. Con sus padres ilocalizables, es llevada a un pequeño pueblo donde se queda a vivir con la madre de uno de sus profesores. Poco a poco irá acostumbrándose a su nueva vida y haciendo nuevos amigos, entre ellos Eun-hee, una divertida compañera de clase que la empujará a unirse a su grupo de música. Pero el pasado que Han Gong-ju ha dejado atrás pronto vuelve para atormentarla.

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Sitges 2014 será un sueño

París nunca se acaba, concluía Hemingway, del mismo modo Sitges tampoco se agota. Y si París era una fiesta, este Sitges será un sueño. Lo onírico es el leitmotiv de esta edición. El reconocimiento del inconsciente y el poder de los sueños marcó el siglo pasado (aquel en el que nací), Sitges se propone recuperar esa preeminencia desde un punto de vista innovador. Y así queda reflejado en el cartel que se descubría esta mañana. En él el perfil de la iglesia de Sitges (conocida como La punta) que se ha convertido en icono del certamen aparece en profundidad de campo como emergiendo de las brumas, mientras un niño en primer plano sostiene un ramillete de globos, pero globos oculares, mirado de cerca por su perro. Se trata de un cartel abierto a la interpretación de quien lo contempla que quiere reflejar, precisamente, la atmósfera surreal de los sueños.

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Ante la disolución de las fronteras entre el mundo real y el virtual (los quince minutos de gloria de Warhol se miden hoy en los ciento cuarenta caracteres de Twiter), el festival se dedicará a explorar las múltiples opciones que el cine fantástico ofrece en este campo (justo en un año en el que se cumpl el quince aniversario  desde que Kubrick adaptara el Relato soñado de Arthur Schnitzler en su película testamento Eyes wide shut). Es demasiado pronto para que se desvelen títulos, pero no para anunciar la película inaugural. La inauguración recae este año en uno de los títulos más esperados por el aficionado, la última entrega de la saga ideada por Jaume Balagueró y Paco Plaza, esta vez con la única dirección del primero. Se trata, evidentemente de Rec 4, apocalipsis, de la que su director confiesa que no habrá concesión al humor sino que retoma el espíritu original de oscuridad y terror. En palabras de Balagueró se trata de una película terroríficamente entretenida.

Como viene siendo habitual el Festival apuesta por la reivindicación del terror patrio (entiéndase catalán), pero también lo hace por los nuevos talentos. Sitges 2014 estará muy pendiente del trabajo de los jóvenes detrás (y delante) de las cámaras, en consonancia con el décimo aniversario del Jurado Carnet Jove. Sitges acogerá el ESCAC Week, un programa de actividades i proyecciones en el que participan centenares de alumnos de la escuela, los cuales como acreditados podrán vivir desde dentro esta cita artística y profesional. Y la SGAE en el apartado Nova Autoria recogerá los cortometrajes de alumnos de escuelas de cine catalanas a partir de una preselección efectuada por las propias escuelas.

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Sitges está volcada, pues, a lo emergente, por eso dentro del certamen ocupará un espacio destacado el nuevo cine latinoamericano incorporando una sección transversal en la que ha cooperado Blood Window, sello cinematográfico creado para difundir ese cine.

Los motores de Sitges 2014 se ponen en marcha desde ahora, habrá una intensa actividad de información y también algunas premieres antes de que volvamos a hacer carrerillas por la la blanca Subur ( esas dichosas colas). Y nosotros estaremos aquí para contároslo.

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Sitges 2014: Phonetastic estrena Web

Phonetastic Sitges Mobile Film Festival estrenó el miércoles 15 de enero, página web, desde la que se presentará y difundirá esta nueva plataforma integrada en el Sitges – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya. Phonetastic nació durante la pasada edición del Festival de Sitges como un espacio propio, que selecciona y premia los mejores cortos de género rodados con un teléfono móvil o una tableta y responde a una de las voluntades del Festival de adaptarse e integrar los sistemas emergentes de producción cinematográfica y audiovisual.

La nueva web de Phonetastic se convierte en la carta de presentación de esta nueva plataforma, impulsada por el Festival de Sitges, Mobile World Capital Barcelona y la agencia Sr. Watson. La web actúa como un elemento de difusión para posicionar a  Phonetastic –que tiene como slogan El cine en tu mano–  como referente internacional de la producción cinematográfica mediante dispositivos móviles, así como noticias, aplicaciones y los últimos gadgets. También será una red social donde los espectadores podrán votar los cortometrajes seleccionados, comentarlos, y compartir las experiencias en cine y movilidad. La segunda convocatoria de Phonetastic Sitges Mobile Film Festival se celebrará en la siguiente edición del Festival de Sitges, el próximo mes de octubre. En esta segunda edición, Phonetastic entregará dos premios: Mejor cortometraje a competición, que escogerá un jurado internacional, y el Premio Phonetastic del Público, que será para el corto más votado por los seguidores del certamen. En el estreno de 2013, Phonetastic proyectó 25 cortos. The other side, de Conrad Mess, fue el corto ganador. La nueva plataforma, que permite realizar y producir a bajo coste, constituye una oportunidad para nuevos talentos. De hecho, la sección oficial Fantàstic del Festival incluyó en su lista oficial una película rodada íntegramente a través de un IPhone: Hooked Up, del catalán Pablo Larcuen. Sitges, Phonetastic y los Oscar ® Phonetastic 2014 se beneficiará de la importante decisión de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas ® de Hollywood al declarar el Sitges – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya como un “Festival cualificado” para presentar los cortometrajes ganadores de las secciones Fantàstic y Anima’t a la candidatura de los Oscar ®. Cada año, según criterio del comité de selección del Festival de Sitges, algunos de los cortometrajes a competición en Phonetastic podrán entrar también a competición en la Sección Oficial Fantàstic y la Sección Anima’t (siempre que sean cortometrajes de animación). La nueva web de Phonetastic Sitges Mobile Film Festival presenta este vídeo, donde Elijah Wood, Eli Roth, Takashi Miike, Park Chan-Wook, Álex de la Iglesia, Jaume Balagueró y Charles Dance, entre otros, dan la bienvenida a la nueva plataforma en inglés, catalán, castellano, japonés y coreano www.phonetasticfestival.com

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Imagen de The Other Side, corto ganador del Phonetastic 2013

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Sitges 2013: Faraday o como ser moderno y no morir en el intento

12 noviembre 2013 Deja un comentario

POSTER FARADAYSi te emocionaste cuando Marco encontró a su madre, necesitas un plan, nos recuerda Bankia desde su divertidamente agresiva campaña publicitaria. Bien, pues si además eres de los que todavía cree que cualquier bollo  pequeño, hecho y presentado en molde de papel rizado, es una magdalena, has perdido el tren de lo moderno. Para estar al día hay que tener muy claras las diferencias entre magdalenas, muffins y cupcakes, y, por supuesto, ser fan de estos últimos. Siguiendo con los condicionales, si no has probado un cupcake, no entenderás la broma que es Faraday, la última película de Norberto Ramos del Val, apta especialmente para modernos que se ríen de sí mismos.

Faraday nos cuenta la historia de un telequinésico (Javier Bódalo) que desde niño ha estado interesado por el más allá, pero que está perdiendo la fe en lo paranormal. Mientras Pati (Diana Gómez), su novia, a la que conoció vía redes sociales, aspira a ser una estrella de internet con su videoblog dedicado a las recetas de cupcakes. Ambos se irán a vivir juntos cuando Joana (), auténtica triunfadora en la red de redes, les pasa un contacto para alquilar un piso céntrico y extrañamente barato. Pronto descubren que ese precio asequible se debe a que el piso está habitado por el fantasma de Sonia, una pokera que murió junto a su hermano en la vivienda. Todo este dislate tiene como fondo el Madrid más hipster. Un argumento que hace prever la combinación de ironía y absurdo que efectivamente definen la cinta.

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Definida por sus artífices como comedia paranormal, tiene mucho más de comedia generacional puesto que mediante la sátira quiere hacerse eco de la superficialidad del mundo contemporáneo que está más allá de la postmodernidad. Con formato de falso documental, Faraday explora las características más populares de nuestro tiempo, al menos las de una generación, desde la omnipresencia de las redes sociales, el peso de Internet, hasta la telerealidad y la parodia de los medios de comunicación. El filme se camufla de parodia-homenaje del cine de terror para llevarnos hasta la crítica satírica del mundo hiperconectado que vivimos con el trasfondo de la ironía sobre lo hipster, esa tendencia que ha sido definida como el último movimiento urbano del siglo XXI. Un reflejo todo ello de la gran crisis que vivimos, rodado en tiempos y condiciones de crisis.

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El problema de Faraday es que quizás queda encerrada en las bromas privadas de quienes más coinciden con aquello que retrata y sobre lo que ironiza. Si no eres un moderno, probablemente te perderás más de la mitad de las referencias, incluso cuando vienen bajo la forma de cameos (más de treinta según fuentes), se diría que es un ejercicio de crítica endogámico. Hipsters riéndose de ellos mismos, en una actitud que les hace aún más puros, porque llevarse a sí mismos la contraria es lo que más les permite tener esas señas de identidad. En suma, burlarse de lo hipster es ser todavía más hipster.

Con todo y sus peros Faraday se deja ver como una demostración de que es posible hacer cine fuera de los circuitos más convencionales y que esa apuesta por el bajo presupuesto (odíamos la etiqueta low cost) puede ser el mejor medio para alumbrar obras personales e intransferibles.

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Serendipia en Sitges 2013: La ira de Dios

5 noviembre 2013 Deja un comentario

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Si, amigos, parece que la justicia divina se ha cebado en la Blanca Subur en vista de ciertos accidentes y sinsabores que se han vivido durante el Festival de Sitges. Quizás el que esta accidentada edición estuviera dedicada al maligno, con irreverentes spots promocionales que hacían referencia al culto al diablo, ha desatado la ira de Dios. Incluso damos fe que durante esos días nos cruzamos repetidamente con el  mismísimo hijo del creador paseando de incógnito por las calles de Sitges tras protagonizar el pasado año Fist of Jesus, donde repartía leña y bendiciones a partes iguales.

En esta edición del festival tanto público, como prensa y organización  hemos sido víctimas de la ira del creador, que ha desatado varias plagas: cortes durante la proyección de películas (una incluso con final inconcluso) que ocasionó silbidos y reproches por parte del público ante incidencias técnicas inesperadas de la que la organización  no era responsable…   ; falta de gafas 3-D durante un pase;  crujir de dientes ante la escasez de tickets para prensa; quejas y mal ambiente entre esa misma prensa, que además de en tickets,  también sufrió recortes en la tradicional bolsa y el libro del festival, ya que solo tuvieron derecho a una unidad por medio, independientemente de las personas acreditadas por el mismo…

Sin duda ha sido una de las ediciones más accidentadas de los últimos años y todos tendremos que tomar nota de ello para no volver a despertar la cólera divina.

Pero de todo esto ya hablaremos al final. Comencemos por…

Entre los carteles... ¡La trilogía del cerdo!

Entre los carteles… ¡La trilogía del cerdo!

LA PROGRAMACIÓN: CORRECTA, LISA, SIN SOBRESALTOS.  

Esa es la sensación que le quedó a Serendipia tras meterse casi cuarenta películas entre pecho y espalda. Una opinión personal de películas sobre las que vamos a dar cuatro pinceladas. Notarán los menos avezados con el tema de Internet que algunos títulos están en azul, eso, amigos, es porque clikando sobre ellos tendrán acceso a críticas más desarrolladas que este breve inventario que vamos a ofrecerles en este artículo. ¿Todo claro? ¿Preparados?: Pues bienvenidos a…

LAS AVENTURAS DE SERENDIPIA EN SITGES 2013: LAS PELÍCULAS

Más que interesante nos resultó el suspense transmitido por Grand Piano, película que inauguraba el festival y con la que  Elijah Wood  repitió estancia y correrías en Sitges para evitar el acoso de los fans. Eugenio Mira, su director, había presentado en 2010 otra película inaugural en Sitges, Agnosia.  En Green Inferno cambiaron papeles Ely Roth y el chileno Nicolás López. Si el año pasado también estuvieron ambos presentes en el festival con Aftershock, dirigida por el segundo y producida e interpretada por Roth, en esta ocasión le tocó dirigir al americano y producir al chileno The Green Inferno, revisitación del viejo subgénero transalpino de caníbales, aunque bastante más comedido que los filmes emblemáticos en los que se inspira. Entretenida y a ratos divertida, tiene esas características introducciones tan prolongadas a las que Ely Roth nos tiene acostumbrados. Nos pareció una gran idea hacer doblete con otra producción selvática que programaron a continuación, The Jungle (Andrew Traucky) ¡Gran error! ya que lo que nos encontramos fue un tedioso found footage sobre la búsqueda de un tigre totalmente carente de imaginación, soporífero y que los únicos aplausos que despertó fue al finalizar,  por el propio hecho de haber terminado, poniendo fin así a nuestro martirio. Ahora que lo pienso, debería haber incluido este título entre las plagas con las que El Creador nos castigó durante el festival.

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Mindscape, película con la que debuta en la dirección el madrileño Jorge Dorado,  resultó una película interesante, entretenida y correcta, que contó con las intervención de dos interesante actores: por un lado el veterano y curtido Mark Strong, como el hombre que puede entrar en los recuerdos de los demás. Y por otro la joven e impresionante, Taissa Farmiga, como adolescente problemática de la que el personaje interpretado por Strong deberá determinar si es víctima de un trauma o una peligrosa sociópata. El curioso apellido de Taissa igual les suena por su hermana Vera, también actriz, bastante más veterana y protagonista de Expediente Warren (The Conjuring) celebérrimo film del último santo barón del fantástico, James Wan. A Taissa la descubrimos en esa serie que tanto nos gusta, American Horror Story y en Midscape demuestra que tiene madera mindscape-2para ofrecernos grandes cosas en el futuro.

Muy interesante y terrorífica (por fin), nos resultó la segunda entrega de los zombis tercermundistas de los hermanos Ford: The Dead. India  en la que retoman a los zombies a lo Fulci que ya retrataran en su primera película, que también se presentó en Sitges, ambientada en África. Es una correcta (otra vez ese adjetivo), sangrienta, emocionante y colorista cinta, algo artesanal, con final algo desigual y un rodaje accidentado, tal y como comentó uno de los realizadores, ya que fueron atacados por los habitantes del pueblo donde filmaban. Gajes del oficio.

Machete Kills (Robert Rodríguez) daba más de lo que se esperaba. Si  uno  podía predecir  algo muy loco, se encontró con algo excesivo. Un chiste tan alargado que llegó a aburrir con un final  sencillamente delirante. No sé el tipo de setas con las que el amigo Rodríguez condimentará sus comidas, pero en vista de los resultados obtenidos, no me extrañaría que fueran alucinógenas. Eso sí, la chiquillería disfrutó de lo lindo. Nosotros la primera hora y gracias en gran parte al contundente reparto femenino.

We Are What We Are (Jim Mickle) es el remake americano de la producción mexicana Somos lo que hay,  de Jorge Michel Grau, que ya se estrenó en este festival en 2010. Aunque lo de remake es un pour parler, ya que partiendo de ciertas semejanzas argumentales, el director ha realizado una película totalmente diferente, acercándola más al gusto americano y dotándola de una personalidad más acorde con ese público. Aún así no está nada mal el camino por el que su director lleva la historia, que culmina en final grand guignol. Correcta (y vuelve ese adjetivo a relucir…) no nos hace olvidar la original, que recordamos con más agrado por su terrible verismo. Destacable la interpretación de las dos jóvenes actrices: Julia Garner y Ambyr Childers, como sensibles hijas del titánico patriarca del clan que les obliga, por ignorancia y tradición, a devorar carne humana una vez al año para no heredar una enfermedad que, paradójicamente… bueno, ya si eso la ven.

The Demon’s Roock daba algo de grima. Pero demostró ser una película artesanal, si, pero con cierto encanto. Una ópera prima en la que su director, guionista y actor principal, James Sizemore, una especie de hippy aficionado a la criptología, el doom metal y el veganismo mezcla demonios, hechiceros, zombies (estos no se pierden una), brujas y mucho gore,  dando como resultado resultones efectos especiales a base de látex en los que la infografía queda totalmente desechada. Pero The Demon’s Roock  también ofrece actuaciones despreciables y un argumento pillado por los pelos en el que el exceso campa a sus anchas. Aún así la cosa tiene su encanto, repito. Es contundente y sincera. Simpaticona, la verdad.

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Gente en sitios de Juan Cavestany es una propuesta arriesgada para enmarcar en un festival como Sitges, pero fue muy apoyada con lleno total en el Prado, donde se proyectó. Tras Dispongo de Barcos, film presente en la edición del festival de 2010, Cavestany nos ofrece una película de sketchs protagonizados por los más populares actores del último cine español en un despliegue de humor absurdo y muy especial que conectó con el público. Sin duda es la película de la que nadie hablará mal para que no le llamen tonto, ignorante o rancio. Pero de la que, sin duda, podría hablarse mal si se deseara ¿Por qué no? No puede ser que una propuesta tan radical guste a todo el mundo. ¿O si? Ustedes mismos. A nosotros en general nos  hizo gracia, pese a ciertos momentos que, en nuestra opinión, estaban un tanto fuera de sitio.

The Congress (Ari Folman) resultó ser una de las películas más interesantes para el que esto escribe. Mezcla de imagen real y alucinógena animación, presenta una parábola futurista basada en una novela de Stanislaw Lem que, quizás no esté tan lejos como se pudiera pensar, retratando un futuro en el que todos vivimos una falsa realidad creada por nosotros mismos gracias a la química. Nos conquistó a pesar de que la proyección estuvo marcada por cortes, tras los cuales tardaba en volver a reanudarse la película. Vista a trompicones nos cortó un poco pero… aún así mantuvo la magia. Lamentablemente estos cortes continuaron con la siguiente película, Open Grave, un remarcable (y sí), correcto, film estadounidense de intriga y misterio dirigido por el madrileño Gonzalo López-Gallego que se cortó diez minutos antes de finalizar sin ofrecernos el final. Y la cosa estaba emocionante, la verdad, así que digamos que el personal salió desencantado del cine. La organización ofreció al público la devolución del dinero y a la prensa la posibilidad de volver a verla en el otro pase programado o visionar esos últimos minutos a las 10 de la mañana del siguiente día en la sala Tramontana pero… nos pilló asistiendo a otro proyección así que… ya veremos el final. Afortunadamente la  opera prima de E. L. Katz Cheap Thrills, comedia negrísima sobre lo que somos capaces de hacer por dinero, arregló el día. Otra de las comedias remarcables que se pudieron disfrutar durante el festival fue The World’s End (Edgar Wright), nueva obra del director de Zombies Party (2004) en la que reúne a parte de su  reparto. Una comedia etílica que dice mucho más de lo que parece hablándonos de eterna juventud y ofreciendo un mensaje esperanzador que muchos sabemos: son los demás los que han cambiado, nosotros seguimos  siendo los mismos, para bien o para mal, y mucho me  temo que así seguirá siendo. De hecho, tanto han cambiado los demás que los guionistas del film, el director y el protagonista Simon Pegg, los transforman en replicas robóticas del espacio exterior ¿Delirante? no es lo que más en esta loca y recomendable comedia.

La magia de The Congress

La magia de The Congress

Gallows Hill, una producción estadounidense rodada en Bogotá y dirigida por el catalán Víctor García, que ya nos ofreció esa olvidable secuela del universo cenobita que se llamó Hellraiser: Revelations, resultó ser una película terrorífica a lo Evil Dead pero sin chispa.  No sé, igual no teníamos el día.  Pero no nos pasó igual con Big Bad Wolves, (Aharon Keshales y Navot Papushado) cinta que demostró que se puede ser irreverente y poner humor, aunque sea negrísimo, en temas intocables, como en este caso un pedófilo asesino. La exótica película israelí sorprendió a propios y extraños por sus trompicones narrativos: cuando uno ya ha entrado en ‘modo comedia’ y se dispone a disfrutar de ello, de pronto uno de los protagonistas coge una sierra y brutalmente con parsimonia comienza a aserrar el cuello del supuesto pederasta de una forma tan verista que definitivamente no invita definitivamente a la carcajada. Ciertamente descoloca, pero el resultado es bastante gratificante y así se lo pareció al jurado, ya que obtuvo el premio del festival a la mejor dirección. Por cierto, ambos directores participaron con anterioridad en el Festival de Sitges con su primer largo, Rabies (Kalevet, 2010).

Tras Only Lovers Left Alive, una de vampiros New Age de Jim Jarmush (creo que con el nombre del director ya les digo todo), nos preparamos para pasar la tarde con Alejandro Jodorowsky, ya que se pasaba Jodorowsky’s Dune, un documental de Frank Pavich sobre el Dune que el director, escritor y en general vividor tenía previsto rodar y La danza de la realidad, su última película como director. El documental gustó a todo el mundo. Y es que el proyecto Dune que proponía Jodorowsky era tan atractivo que uno no puede más que fabular en qué habría terminado.  Jodorowsky, un perfecto narrador que embelesa con su labia, nos sumerge en su Dune secundado por los demás compañeros de viaje, que comprendía a, entre otros, Giger, Moebius, Dalí, Orson Welles y Dan O’Bannon. Tras el documental, que se alzó con un merecido premio del público, vino La danza de la realidad, delirio surrealista supuestamente biográfico que  terminó con la poca cordura que nos quedaba tras una larga jornada cinefagas.

Jodorowsky ofreció una breve introducción a su película. La obra habló por él.

Jodorowsky ofreció una breve introducción a su película. La obra habló por él.

Retornados (The Returnet, Manuel Carballo) es una inteligente película de zombies (bueno, de infectados) pero de la que decir solo esto es decir muy poco. Resulta muy interesante esta parábola (sí, otra vez) sobre cierta enfermedad que tuvo muy mala prensa y que en principio se decía que solo afectaba a homosexuales y drogadictos, cosa que pareció aliviar (y alegrar) a ciertos sectores que todavía pululan por nuestra sociedad. Al final todos estamos expuestos, como también lo estamos a ser un retornado. El director rueda esta película para Filmax, productora con la que hizo sus primeros pinitos realizando diversas tareas en filmes de la casa como Dagon, la secta del mar (2001, Stuart Gordon), Beyond Re-Animator (2003, Brian Yuzna) y Romasanta (2004, Paco Plaza). Tras lo que realizó algunas películas más, entre ellas la anterior a Retornados, La posesión en Emma Evans (2010) . Y la película nos pareció interesante, oigan. En mi opinión mejor que la que vinos a continuación, la esperada Insidius 2 de James Wan, secuela directa de la anterior que me pareció un auténtico  tostón con un argumento demasiado dependiente de la primera entrega. Excesiva (otro de los adjetivos recurrentes de esta crónica) y rimbombante. Me resultó mucho más simpática, redonda, inquietante e ingeniosa Expediente Warren (The Conjuring, 2013). En fin, el director ha expresado su intención de dejar el género de terror, algunos lo lamentarán. Pero bueno, igual les consolará saber que está rodando Fast & Furious 7… Y seguimos flojeando y degenerando con All Cheerleaders Die, historia que sus directores, Lucky Mckee y Chris Sivertson  ya rodaron en video en 2001 y que ahora vuelven a retomar con más medios. Me gustaría ver esa primera versión, porque esta siento decir que, no es que no sea gamberra y desmadrada pero… no. No nos convenció en absoluto. Esperábamos algo más del director de la magnífica May (2002) y  de la resultona The Woman (2011).

Afortunadamente esa misma jornada nos adentramos en el experimento Interior, Leather Bar, que nos parece ciertamente interesante. No sé bien como definir esta película que pretende mostrar el rodaje de la recreación de unas supuestas imágenes censuradas del film A la caza original_664688(Cruising, 1980) de William Friedkin. Los directores Travis Mathews y James Franco nos ofrecen un juego durante el cual  el actor que recrea a Al Pacino (Val Lauren) parece terminar molesto ante las escenas de sexo explícito gay de las que es testigo (que no participante). Franco habla con él sobre la poca tolerancia que hay en mostrar sexo explícito, concretamente homosexual, en el cine convencional. Habla de libertad y está hablando al público, ya que el actor con el que habla no deja de ser un sosia del espectador, del público heterosexual concretamente, al que parece ir dirigida la cinta y el mensaje que quiere narrar. Una película que en algún momento busca la provocación y la reacción y que, dependiendo del público que haya en la sala, puede conseguirla. Un juego ingenioso aunque Franco Y Mathews  nos engañen: Val Lauren actúa y hace su papel a la perfección y  esas supuestas imágenes no  existieron y lo que se rueda es una excusa para dejarnos el mensaje. De hecho alguna de las imágenes, concretamente la tercera con el actor que interpreta a Al Pacino bailando dentro del club, sale íntegra en la cinta de Friedkin. También Mathews y Franco nos engañan, o parecen vivir en otra galaxia si piensan que el  sexo explícito heterosexual  está permitido en el cine comercial. Baste recordar recientes (y no tan recientes) escándalos como el que se produjo con Fóllame (Baise-moi, 2000, Virginie Despentes y Coralie). Que se muestren más las relaciones heterosexuales en el cine convencional que las homosexuales  es una cosa totalmente cierta, pero que se muestren tan explícitas como nos las muestran los directores en algunas escenas de Interior, Leather Bar, es otra cosa.

Una propuesta muy interesante y  un lleno total en la sala.

Haciendo cola en el entrañable Prado

Haciendo cola en el entrañable Prado

Battle of the Damned, coproducción entre Estados Unidos y Singapur prometía mucho: Dolph Lundgren+zombies+robots, pero… es poco menos que una película de acción futurista rodada en una chatarrería con unos infectados que deambulan más perdidos que el público y unos robots que hacen poco más que lucir animación. ¿Disfrutable? Pues puede que sí, pero con alto nivel de alcohol en sangre y en compañía de elementos en idéntico estado, a ser posible con cierto ingenio en sus comentarios. Por cierto, su director, Christopher Hatton, parece tener cierta querencia por el tema de los robots, ya que en 2011 rodó  Robotropolis . Ahí queda eso.

Hatchet III se hace simpática por la desvergüenza con la que su director, BJ McDonell, mezcla humor, terror gore, el slasher de los ochenta y rednecks. Repleta de topicazos y guiños al espectador curtido, con presencia de la clásica motosierra (y otras herramientas de corte portátiles) y monstruo sobrenatural, deforme y prácticamente inmortal enfundado en un peto tejano, la película para nada pretende ser original, pero resulta simpática, y todo un detalle, cuenta en su reparto con la presencia de Carolyne Williams,  protagonista y prácticamente lo mejor de La matanza de Texas 2 (The Texas Chainshaw Massacre 2, 1986 Tobe Hooper) y el bueno de Sid Haig, que tan buenos momentos nos ha ofrecido en películas de Rob Zombie. Ambientada en los pantanos de Lousiana, Hatchett III agradará a los fanáticos de los slashers de los ochenta, ya que tiene ese aire, a lo que contribuyen también sus efectos especiales, todos a base de látex y maquillaje con cero efectos digitales. No en vano la frase promocional de la primera entrega, rodada en 2006 por Adam Green, era «Old school american horror» , toda una declaración de principios. Ya esta primera contó con actores invitados muy familiares para el fan, como Robert Englund (ya saben, Freddy) y Tony Todd (Candyman). Este último repitió en la segunda parte, que dirigió también Green en 2010,  a la que se sumó Lloyd Kaufman (Troma), para acabar de confirmar el tono de la franquicia. Para esta tercera entrega, que comienza justo donde termina la anterior, Green ha pasado la dirección a BJ McDonell, que debuta con esta película tras más de una década como cámara en muchos films, la mayoría de ellos de  terror, entre los que figuran las dos primeras entregas de Hatchet.

Una simpáatica pareja de zombies pescados en el Brigadoom durante la zombie walk, que este año no estuvo pasada por agua, como la anterior.

Una simpáatica pareja de zombies pescados en el Brigadoon durante la zombie walk, que este año no estuvo pasada por agua, como la anterior.

Sobre The Sacrament, película de clausura del festival, ya pueden leer aquí nuestras consideraciones, así como también el de otras cintas proyectadas durante el festival como  Byzantium, un drama vampírico de Neil Jordan que nos gustó bastante con Saorise Ronnan haciendo el papel al que nos tiene acostumbrados desde la magistral Lovely Bones (Peter Jackson); Magic, Magic (Sebastián Silva), con una magnífica Juno Temple, a la que igual, bueno, seguro que recuerdan por Killer Joe (William Friedkin) película sorpresa en la edición del festival de 2010 y actriz ganadora a la mejor interpretación femenina en Sitges 2013; Passion del gran clásico Brian de Palma con la que demuestra que  todavía está en muy buena forma; Kiss of the Damned  de Xan Cassavetes, otra película, al igual que Bizantium, o la de Jim Jarmush,  a base de vampiros «civilizados»; la por muchos esperada Only God Forgives, la última incursión conjunta del director  Nicolas Winding Refn  y el actor Ryan Gosling tras Driver en un film radicalmente diferente pero igualmente cautivador, algo que pueden comprobar en la pantalla de su cine habitual, pues es una de las pocas afortunadas que va a conocer estreno en salas; Frankenstein’s Army (Richard Raaphoorst) podría haber sido más interesante de lo que al final acaba siendo ya que, si bien la idea nos parece fenomenal, así como los diseños de las criaturas… ese found footage (¡Oh no!) y la alarmante pobreza de medios evitan que sea un producto redondo. Igual habrá que darle una nueva oportunidad ya que ¡quiero que me guste!; Europa Report,  del chileno Sebastían Cordero, juega también la baza del found footage, pero de forma precisa y correcta, lo suficiente para no aburrir, también gracias a su sorprendente final que, naturalmente, no vamos a desvelarles; tediosa (sin llegar a los niveles de The Jungle), nos resultó VHS 2, pero como cuenta con un buen número de defensores, también nos aventuramos a verla; The Rambler resultó ser una propuesta arriesgada y experimental que nos llevó de cabeza a Lynch aunque… uf!

Takeshi Miike, protagonista del homenaje del festival, no paró de arriba abajo repartiendo autógrafos, fotografiándose con quien lo deseó y presentado todas sus películas.

Takeshi Miike, protagonista del homenaje del festival, no paró de arriba abajo repartiendo autógrafos, fotografiándose con quien lo deseó y presentado todas sus películas.

La nota oriental la tuvimos con Lesson of the Evil (Akuno Kyoten) la última producción del homenajeado Takashi Miike. Una auténtica ensalada de tiros en un instituto que lamentablemente tarda en arrancar. La extraña Rigor Mortis (Geung Si, Juno Mak), una de esas películas que uno no sabe si le ha gustado o no. En principio no pero… hay ciertas imágenes que a uno le cuesta sacarse de la cabeza. Y el  thriller de Johnnie To Drug War (Dhu zhan), que nos resultó un tanto aburrido, desangelado y gélido. Tanto que unánimemente  desistimos de llegar al final. Lástima, ya que nos esperábamos algo más…

Los dos documentales que pudimos ver, el ya nombrado Jodorowsky’s Dune y Milius tuvieron un gran nivel. Este segundo, dedicado al director de Conan, The Barbarian (1982), resultaba interesante, emocionante y divertido. Después de verlo uno desea volver a repasar su filmografía y que se recupere cuanto antes, para que vuelva a dirigir una nueva película con la que disfrutar del buen hacer de este peculiar personaje.

Las retrospectivas lamentablemente han sido pasto de la crisis, y aparte de varios títulos de Miike que se han pasado en pantalla grande para reconocimiento del director homenajeado, unicamente ha habido dos películas clásicas: El desierto de los tártaros (1976, Valerio Zurlini) , que está pormenorizadamente analizada aquí) y El mago de Oz (1939), la maravillosa película de Victor Fleming que se proyectó en 3-D. Lo del relieve personalmente nos daba cierto miedo, pero en

Uno de los, a pesar de las apariencias, animados puestos de venta.

Uno de los, a pesar de las apariencias, animados puestos de venta.

vista del resultado se puede decir que no desvirtúa nada el clásico. Tampoco lo mejora, ya que es imposible, pero bueno, se puede ver e incluso disfrutar en ese sistema, como así lo hizo todo el público asistente, muchos de ellos niños acompañados por sus padres que, hay que decir, se portaron muy bien y no hicieron demasiado ruido, al igual que los niños. Sin lugar a dudas es la

película con la que personalmente más disfruté durante el festival.

Pero echamos mucho de menos un clásico que aunque se ha proyectado en un espacio alternativo nuevo «a la fresca», lamentamos que no se proyectara en condiciones. Hablamos, naturalmente, de  la película que esta edición del festival ha homenajeado y leif motiv de Sitges 2013: La semilla del diablo (Rosemary’s Baby, 1968 Roman Polansky), cuyo pase en pantalla grande en L’Auditori dábamos por hecho.

Bueno, en todo caso la película sorpresa también resultó ser una retrospectiva. Y aunque hubo ciertos rumores de que sería Carrie, la nueva versión dirigida por Kimberly Peirce e interpretada por nuestra querida Chloe Grace Moretz, finalmente fue El retorno del Jedi (Star Wars: Episode VI – Return of the Jedi- 1983, Richard Marquand). Deberían haber visto lo entusiasmado que salíó el personal del cine. El bueno de nuestro amigo Gallardo no cabía en sí de gozo.

Por cierto, les dejamos un enlace en el que ver detalladamente el Palmarés del Festival de Sitges 2013: http://sitgesfilmfestival.com/cas/noticies/?id=1003192

Bien, y ahora tras repasar la programación que pudimos disfrutar, pasemos a otras cuestiones que se pudieron vivir durante el festival y que se pueden resumir en:

1 – PROBLEMILLAS TÉCNICOS O  «¡OH, NO! ¡LA PELÍCULA SE HA VUELTO A CORTAR!»

Ya les hemos hablado sobre los problemas que hubo en algunos pases, concretamente en las tres primeras proyecciones del miércoles 16 en L’Auditori,  motivados por los servidores (¿o se creían que las productoras enviaban las películas en celuloide o en DVD?) Ahora todo se hace en streaming (o sea, un enlace para poder verla online, para que nos entendamos) y  la sección oficial se ha realizado casi al 100% en este sistema y el fallo en dos servidores (ya es mala suerte) motivó esos fallos técnicos por los que hubo quien pidió dimisiones o silbó al subdirector del festival cuando salió a dar explicaciones desde la pantalla de l’Auditori. Tampoco pensamos que se trate de pedir cabezas por un imprevisto que, por cierto también se produjo en una ocasión el año anterior, pero que estamos seguro no se producirá en futuras ediciones, ya que seguro que la organización pasó un mal rato teniendo que dar explicaciones, ya no solo al público y a la prensa, sino también a los directores afectados, principalmente  Gonzalo López-Gallego (Open Grave) e Israel Adrián Caetano (Mala). Al primero porque no se pudieron proyectar los últimos minutos de su película y se tuvieron que recuperar al día siguiente en un pase especial para prensa en la Sala Tramontana del Melià; y el segundo porque directamente, producto de los retrasos que los cortes ocasionaron en las dos películas anteriores (The Congress y Open Grave), saltó de programación, quedando únicamente la posibilidad de verla ese mismo miércoles , o mejor dicho, el jueves, a partir de las dos y media de la madrugada. Después de este día todo se solucionó, pero nos quedamos con el miedo en el cuerpo y cada vez que se producía un fundido en negro más largo de lo normal nuestros corazones comenzaban a acelerarse.

Otras incidencias no las vivimos pero fueron bastante comentadas: la falta de gafas 3D durante el pase de Space Pirate: Captain Harlock (Shinji Aramaki) también en L’Auditori, que se intentó paliar ofreciendo entradas para el pase de Patrick (Mark Hartley) a los que quedaron fuera. También el director Ely Roth protagonizó una simpática anécdota cuando llegó tarde, muy tarde a  la gala de presentación de su Green Inferno, motivando que la posterior maratón zombi se programara bastante más tarde de lo normal. Al día siguiente continuaba habiendo zombis por Sitges tras la zombie walk: los asistentes a esa maratón. Por cierto, ¿por qué se pasó Wolf Creek 2 (Greg McLean) únicamente en una maratón de madrugada? confieso que no la hemos visto y no sabemos que tal será, pero la primera nos pareció magistral y apetecía mucho ver esta secuela dirigida por el artífice de la original.

2 – ¿TÚ ERES A O B? O «NO PUEDE SER, EN EL PRIMER SEGUNDO YA NO HAY PASES»

Hubo polémica ante las nuevas categorías que dividieron a la prensa en A y B. La prensa A comprendía generalmente a medios más profesionales que los incluidos en la categoría B, compuesta por blogs, páginas web, fanzines…  Quien estaba en la B tenía que sacar más tickets,  ya que se le exigían para entrar en más sesiones que en otros años, mientras que el A, podía entrar en más sesiones sin tener que sacar ticket.  Paradójicamente estos tickets se terminaban a una velocidad imposible. Así que nos tememos que los recortes también han afectado a  los pases permitidos a prensa (B) y aunque el sistema inaugurado el pasado año para solicitar tickets para acceder a pases que no sean de prensa ha funcionado francamente bien, evitándose aquellas molestas colas, la verdad es que los tickets puestos a disposición de la prensa B han sido bastantes pocos, y en algunos casos sospechamos que ninguno (o uno) dada la velocidad con la que se agotaron. Cuestión de un minuto (o menos) .Y todo ello pagando ambas categorías el mismo importe, que se ha incrementado respecto al año anterior pasando a ser  40 euros.

Así que algunos nos tuvimos que conformar y no ver alguna película: Patrick (Mark Hartley)  fue imposible. Y mientras la otra parte de Serendipia veía The Zero Theorem,  yo disfrutaba de un especial Chiquito de la Calzada que pusieron en TV2. En otra ocasión mientras mi compañera veía Haunter, la última propuesta de Vincent Natali, yo gozaba con un Cine de Barrio muy especial al contar con el cantante de Formula V como invitado, con el que repasamos los grandes éxitos del grupo, previamente al  largometraje Abuelo made in Spain (1969, Pedro Lazaga) con el inefable Paco Martínez Soria. Suerte que cuando mi compañera salió del cine, me rescató y pude disfrutar de una cena con los amigos en el Melià y felicitar al amiguete Conrad Mess, premiado en la primera edición de Phonetastic por su corto The Other Side. Phonestatic es una nueva categoría dentro del  festival de Sitges en el que compiten cortos realizados con teléfono móvil. En la imagen pueden ver a personas muy poco recomendables rodeando al director poco antes de que le intentaran arrebatar el galardón.

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PERO BUENO,  NO SOLO DE PELÍCULAS SE PUEDE (NI SE DEBE) VIVIR EN SITGES

Y es que no  piensen que la media de películas vistas por Serendipia al completo ha bajado demasiado en comparación con otras ediciones. La media ha sido similar y el no poder asistir a ciertas proyecciones nos hizo hacer otras actividades, también gozosas,  como estar en presentaciones de libros (nosotros incluso presentamos el nuestro dedicado a Chicho Ibáñez

Simón Andreu en Brigadoon, atendiendo a sus fans

Simón Andreu en Brigadoon, atendiendo a sus fans

Serrador), acudir a ruedas de prensa o visitar en más ocasiones Brigadoon, donde pudimos coincidir con Simón Andreu, flamante premio Nosferatu de este año; entrevistar largamente a Antonio Mayans; saludar y dar dos besos a la flamante Carmen Serret;  estar con los amigos de Exhumed Movies, que presentaron su voluminoso quinto número y ver Symptoms (1974), la rara película del recientemente desaparecido José Ramón Larraz.

Antonio Mayans nos ofreció una interesante charla.

Antonio Mayans nos ofreció una interesante charla.

Aunque la asistencia de «famosos» no ha sido tan numerosa como en otras ocasiones, haberlos los hubo, así que tanto los caza-autógrafos que montan sus puestos de guardia en el hall del Melià, como  los ocasionales, tuvimos algún momento de gloria fetichista. En mi caso en concreto no se escaparon, entre otros ni Jodorowsky, ni Miike, ni Germán Monzó (si, si Germán Monzó) ni Simón Andreu.

Otra actividad que nos resultó maravillosamente relajante fue asistir en directo a Cine Basura, programa que en Canal Plus realizan Paco Fox y José Viruete, dos locos maravillosos que comentaron Secta siniestra (1982), rarísima película de ¿terror? de Steve McCoy… ¿Qué no les suena? Igual les suena más su numbre real, Ignacio F. Iquino. En cuanto a Secta siniestra, no sé si será la peor película que hemos visto en nuestra vida pero, sin duda, estará entre las cinco más lamentables. La grabación del programa en directo desde la Sala Tramontana del hotel Melià fue sencillamente descacharrante gracias a los comentarios de ambos y del público, que se lo pasó genial. Desde aquí rogamos que el próximo año se repita, experiencia que, si nada lo impide,  volveremos a vivir y que les recomendamos encarecidamente.

Fox y Viruete animaron la velada con su descacharrante Cine Basura.

Fox y Viruete animaron la velada con su descacharrante Cine Basura.

EN DEFINITIVA 

Ha habido que madrugar cada día para intentar tener un ticket que resultaba, en muchos casos, imposible de conseguir; mi trasero ha terminado severamente perjudicado por estar tantas horas sentado en cines; el agotamiento a veces resultó increíble; he realizado muchas carreras para coger un buen sitio (soy poco amigo de hacerme el encontradizo y colarme); hemos visto un buen montón de películas;  lo hemos pasado bien y a veces (pocas) me he sentido triste, sobre todo mientras sabía que estaban dando la de Terry Gilliam y yo no podía verla. Pero sobre todo lo hemos pasado bien. Muy bien. Y todo ello a  pesar de los abusivos precios del chiringuito/bar de la zona d’Auditori (había que decirlo). Lo hemos pasado lo mejor posible y espero que el próximo año haya más, porque lo que es nosotros, queremos más. Y nos resulta un privilegio pasar estos días de cine acompañados de tantos amigos: virtuales que conocemos por fin; viejos amigos que solo vemos  en contadas ocasiones (incluso mi más antiguo amigo de la infancia); los habituales; los nuevos e incluso algunos voluntarios y personal de la organización que han demostrado paciencia y amabilidad. Y todo ello en Sitges.

Todos sabéis quienes sois y espero que nos volvamos a ven en Sitges 2014, porque sin vosotros no sería lo mismo.

(Todas las fotografías: SERENDIPIA) Coge la que quieras pero, si lo haces, se agradecería indicar que las hemos hecho nosotros.

7 ESCENARIO

Categorías: Sitges Film Festival

Sitges 2013: la comedia negra dentro del festival

31 octubre 2013 Deja un comentario

Si una impresión es generalizada, es la de que en las últimas ediciones han escaseado las muestras de género estricto. Así ha sido también en la presente. Ello debe de obedecer, en parte a, las nuevas lecturas y revisiones que amplían las fronteras de lo fantástico, claro ejemplo de lo cual lo teníamos en el ensayo de Ángel Sala, Profanando el sueño de los muertos. No queremos abrir aquí un debate, sólo constatar el hecho. Lo cierto es que lo que sí ha abundado es la presencia de filmes pertenecientes a géneros concomitantes, como puede ser el thriller, a veces casi policíaco, y la comedia negra. Dentro de esta última se adscriben dos de las películas más celebradas, Cheap Thrills y Big Bad Wolves.

Hemos dicho comedia negra, pero Big Bad Wolves no lo es puramente, en el caso de la cinta hebrea nos encontramos con un thriller dramático, salpicado de grandes dosis de humor negro. Mezcolanza que no todo el mundo acogió bien, sobre todo porque en el fondo nos encontrábamos ante un caso de pederastia y no todos aceptan que se frivolice sobre un tema que tanto nos sensibiliza. Nos enfrentamos a una serie de brutales asesinatos que ponen en rumbo de colisión la vida de tres hombres: el padre de la última víctima, sediento de venganza; un justiciero detective de policía que opera en los límites de la ley; y el principal sospechoso de los homicidios, un estudiante de religión arrestado y luego liberado debido a una negligencia policial (argumento extraído de Filmaffinity). Próxima en su argumento a Prisoners, se separa de la película de Denis Villeneuve por su tratamiento: si la primera hacía hincapié en el drama para explorar los límites morales de la venganza, Big Bad Wolves se apoya en la sátira para ponernos igualmente ante el mismo dilema moral, una forma más cáustica de encararnos a la dialéctica entre la ley racional y la justicia.

Considerada por Tarantino como la mejor película del 2013, se alzaba en Sitges con el premio a la mejor dirección para Aharon Keshales y Navot Papushado, viejos conocidos de los aficionados por su ópera prima,  Rabies,  también vista en una anterior edición (año 2010). La película arranca con una secuencia prólogo de tintes casi oníricos en la que de forma elegante se nos explica la desaparición de una niña, tras ella asistimos a un radical cambio de tono: nos trasladamos a los sótanos de una escuela donde tiene lugar el violento interrogatorio a un supuesto sospechoso practicado al margen de las ordenanzas, una violencia tiznada de comicidad en alguno de sus momentos. Así desde el arranque nos encontramos con lo que será el tono de todo el filme, esos tres hilos que se van trenzando: la violencia, el humor negro y la elegante estilización cuando se nos presenta a las pequeñas víctimas.

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Aunque su carácter híbrido no haya sido disfrutado por todos, hay que reconocerle a los israelitas que han sabido huir con acierto de la corrección política para abordar temas a la par universales y de rabiosa actualidad (la pedofilia, la tortura, los límites racionales de la ley y la justicia…), a la vez que ironizar con problemas más circunscritos a la cuestión israelita como el papel del ejército o la convivencia con los palestinos. De modo que no puede decirse que Big Bad Wolves no cumpla con la dimensión crítica del cine: con su acidez y mordacidad nos golpea bien hondo, porque nos incomoda ante nosotros mismos y nos hace reflexionar sobre nuestros propios principios; y en ello es más efectiva que otras cintas más de tesis como la ya mencionada Prisoners (que es también una notable película, por supuesto). En definitiva, un filme que busca removernos y lo consigue, que nos pone sonrisas en los labios pero para sacudirnos las entrañas.

Igualmente conmocionadora resultó ser Cheap Thrills, está sí claramente comedia, pero con tintes tan negros que al final más que una sonrisa nos deja una mueca de consternación.  Porque E.L. Katz en su debut ha querido abordar una de las más punzantes aristas de nuestra actualidad, el arrinconamiento contra las cuerdas de la clase media engullida por las voraces fauces de un capitalismo que juega con ellas a placer como un niño lo hace con un bibelot.

Cheap Thrills nos cuenta la peripecia de Craig (Pat Healy), trabajador y padre de familia que acaba de perder su trabajo y está a punto de perder su casa por no poder afrontar la hipoteca (¿les suena de algo el panorama?). Cuando se encuentre en el pub con un antiguo compañero de estudios (Ethan Embry), más looser que él mismo, llamarán la atención de una pareja formada por una atractiva y fría rubia (Sara Paxton) y un excéntrico hombre maduro (David Koechner) con cierto aire de mafioso. Los cuatro iniciarán un largo viaje hasta el fin de la noche en el que los dos amigos serán usados para el perverso juego que la pareja ha ideado para combatir el tedio en el aniversario de la joven. El singular acaudalado les irá proponiendo apuestas cada vez más delirantes y vejatorias hasta que la diversión de unos se convierta en la humillación y la degradación de los otros.

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Una comedia punzante que va escalando poco a poco en la violencia, tan poco a poco que no sabemos en qué momento se ha convertido en un festín de sangre y horror. También es gradual la pérdida de dignidad de los dos amigos, al principio es sólo un juego de pesadas cheap cartelbromas, al final lo que estará en juego (valga la redundancia) es su propia persona. La premisa parece simple, ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar por dinero? pero conforme avance la trama la pregunta se convierte en otra más descarnada: ¿cuál es nuestro precio?Mediante la broma, se nos está cuestionando por cuánto estamos dispuestos a vendernos, y qué estamos dispuestos a perder por el camino. Lo que empieza como divertimento, acaba como auténtico descenso a los infiernos en el que lo peor es casi la futilidad de esos Mefistófeles que son la adinerada pareja. No actúan como lo hacen llevados por la perfidia, ni menos por el deseo de averiguar los límites del mal al modo de Sade, más bien parece que su comportamiento obedece a su saciedad, tienen todo lo material a su alcance, así que la extorsión al pobre  es un mero divertimento, afanan la manipulación por la manipulación.

No es difícil ver tras la cortina del humor negro una metáfora de nuestro hoy. La crisis que padecemos todos (aunque unos más que otros) nos hace empatizar con la figura de los jugadores-perdedores y el último plano nos resulta aterrador porque en él vemos nuestra humillación como clase y la derrota de los valores en los que habíamos creído.

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Categorías: Sitges Film Festival

Sitges 2013: el renacer del vampiro, Jim Jarmusch&Neil Jordan

30 octubre 2013 Deja un comentario

Cada época genera sus propios monstruos y en la nuestra el que se lleva la palma es el zombie, un revivido que cada vez más toma la forma de infectado. Sin duda, esto es así porque la figura del zombie recoge los miedos de nuestra sociedad capitalista  presente en la que los temores nos llegan provocados por la propia masificación del mundo que nos convierte en individuos devorados por lo anónimo. Así el zombie es un monstruo colectivo sin un rostro definido que siembra su mal indiscriminadamente y sin conciencia.

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El zombie es nuestro monstruo moderno, pero lo cierto es que empieza a fatigarnos su omnipresencia en cine y literatura, así que se ha visto como un alivio que en esta edición del Festival de Sitges haya regresado a la pantalla una figura más clásica como es la del vampiro. MUNCH-IL-VAMPIRO-1893Un mito que ahora aparece remozado como no podía ser de otro modo después de que ya en la década de los noventa Neil Jordan lo retratara con una nueva visión en su Entrevista con el vampiro. El no muerto que se alimenta de sangre ya no es una alimaña como  el Nosferatu de Murnau, ni siquiera una fiera rebosante de sexualidad como el que compuso Christopher Lee, no, ahora el vampiro está más cerca del Drácula de Bela Lugosi, todo un dandy, pero todavía más delicuescente. Como ya comentábamos a raíz de Kiss of de Damned, nos enfrentamos ahora con vampiros civilizados cuya moralidad es superior a la humana, así no es el vampiro la lacra sino los propios humanos y su degeneración.

En esta nueva interpretación del mito se inscribe sobre todo la última película de Jim Jarmusch, Only lovers left alive, pero también las vampiras de Neil Jordan en Byzantium.

En Byzantium la dulce voz de Saorise Ronnan (Lovely Bones) nos acompaña en off para adentrarnos en la delicuescencia de un relato sobre la necesidad de compartir nuestra historia para librarnos de la opresión de los secretos que no nos dejan mostrarnos como somos. Una narración mórbida y decadente sobre vampiros que necesitan amar y ser amados. Saorise es Eleanor, una eterna adolescente que convive con una eternamente joven Clara (Gemma Arterton), su madre, cada una mantiene una distinta relación con su condición vampírica: para Clara supone la fuerza de la vida eterna y se aferra a su existencia sin vacilar en vender su cuerpo para mantener a ambas y en cometer violentos crímenes para salvarse; para Eleanor supone el peso de vagar eternamente escondiendo su identidad, reniega de la violencia y se alimenta sólo de la sangre de enfermos terminales como si fuera un ángel de la dulce muerte. Huyendo de la escena de un crimen violento recalan en un ciudad vacacional costera (un lánguido Brighton) que conoció mejores épocas, allí Eleanor conocerá a Frank (Caleb Landry Jones), un adolescente enfermo de leucemia que va a cambiar el rumbo de sus vidas.

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La historia de ambas mujeres es contada mediante acertados flashbacks en dos épocas distintas, el presente y el momento pasado en el que accedieron a su condición de vampiro. De gran poderío visual gracias a la fotografía de Sean Bobbitt, la película de Jordan se nos presenta como una reflexión sobre el instinto de supervivencia, la identidad y la necesidad de amar y ser amados. Todo ello enmarcado además dentro de una consideración sobre la condición femenina desde la modernidad hasta nuestros días: subyugadas y perseguidas en un mundo de hombres, ellas encuentran al final el modo de afirmarse y liberarse de su maldición.

Con un tono intimista y reflexivo, Bizantium se degusta como un plato delicado de aroma agridulce, entre la melancolía y la esperanza. A destacar, junto a la interpretación de sus protagonistas, la belleza de esa cascada sanguínea que llena la pantalla en cada conversión y todo el trabajo de fotografía y cromatismo. En lo negativo, si hay que ponerle algún pero, estaría su final un tanto precipitado y demasiado rosa para un cuento cuya tonalidad se pinta con la amplia gama de los fríos grises y azules.

Con un tono todavía más crepuscular nos llega la incursión de Jim Jarmusch en el género vampírico. Un filme totalmente nocturno que nos cuenta la historia de Adam y Eve (nombres fundacionales donde los haya) dos vampiros amantes que deciden reencontrarse (él está en Detroit, ella en Tánger) para afrontar la enorme depresión que le produce a Adam la decadencia de nuestro tiempo. Only lovers left alive es una película hipnótica que nos regala algo más de dos horas de disertaciones existenciales sobre nuestra condición en el mundo.

Adam (Tom Hiddleston) y Eve (elegantísima Tilda Swinton) , igual que los inmortales de Borges habían sido todos y cada uno de los hombres, llevan deambulando durante siglos, han conocido todas las épocas y han aquilatado toda la cultura de aquellas que fueron más doradas que la presente. Son pedantes, en el buen sentido del término, porque han atesorado  el acervo cultural de siglos, ahora viven aislados de un mundo que ya no entiende la delicadeza, contaminado por enfermedades más morales que corporales, y en la que los hombres actúan masificados como auténticos zombies. La humanidad está podrida y a la pareja protagonista no le queda otra que refugiarse en su propio mundo cerrado y marginal, donde se entregan a la música, la literatura, la ciencia y el arte en general.

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Adam y Eve son vampiros refinados, degustan la sangre no contaminada (cada vez más difícil de encontrar) en vasos de cristal de Murano, rojo elemento que consiguen en bancos de sangre porque la que corre por la venas es cada vez más insalubre y porque ellos ya no son alimañas, las alimañas son los humanos. Frente a ellos contrasta la figura de Ava (Mia Wasikowska), hermana de Eve, quien (como ocurría en Kiss of de damned) todavía se alimenta asaltando humanos y pone en peligro a los protagonistas. Este personaje al que podríamos, clasificar de inadaptado dentro de los inadaptados, sirve al relato como motor de la acción, pues por su causa la pareja tendrá que darse a la fuga. Una fuga que les llevará al límite donde acabaremos descubriendo que sólo el amor nos permite dignificarnos y vivir.

Categorías: Sitges Film Festival

Sitges 2013: Reposiciones de lujo, El desierto de los tártaros

28 octubre 2013 Deja un comentario

Algunos echamos de menos la sección retrospectiva del festival, la primera que fue sacrificada por la crisis, por eso no nos perdemos las pocas ocasiones que se nos brindan para volver a degustar a los clásicos. Este año se ha podido revisitar alguno de los títulos célebres de Miike, El mago de Oz de Victor Fleming (remozado en 3D) y El desierto de los tártaros en el aniversario de la sección Seven Chances.

el-desierto-de-los-tartaros-9788420669861Corría todavía la década de los ochenta cuando conocí la obra de Dino Buzzati, desde entonces El desierto de los tártaros ha sido uno de mis libros de cabecera y no he dudado en recomendarlo y compartirlo. Inspirado por su vivencia en la redacción del Corriere della Sera , Buzzati desarrollo una prosa caracterizada por la exposición de realidades laberínticas parejas a aquellas otras de Franz Kafka. En su novela de 1940 nos enfrenta mediante la metáfora (casi alegoría) a nuestra condición humana escindida de la naturaleza con la que el diálogo es imposible. Giovanni Drogo, el protagonista, es una máscara del antihéroe propio del Siglo XX, siempre abocado al límite imposible de alcanzar y conocer. La fortaleza Bastiani es toda una representación de nuestra ubicación en el mundo burocratizado de la modernidad (y de la postmodernidad porque no han cambiado demasiado las cosas), sus pasillos inacabables emulan a los enrevesados vericuetos por los que se enreda, más que circula, la información, laberinto que hace invisible el centro y deja nuestra acción sin sentido. De la mano de Buzzati  nos adentramos en un paisaje propio de la paleta de De Chirico y comprendemos que somos seres fronterizos condenados a la orfandad respecto al núcleo y a pasar nuestra vida sin encontrar la dirección de nuestra espera. No habrá acontecimiento revelador del sentido de nuestra existencia, o, en el mejor de los casos, si se llega a dar será demasiado tarde para nosotros.

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La novela de Buzzati, por sus características y su trasfondo, es una de esas piezas que se nos antojan difíciles de adaptar al lenguaje audiovisual, porque más que acción hay espera, vida suspendida y tedio ante el absurdo, pero Valerio Zurlini salva esas dificultades con éxito y logra recoger esa atmósfera de absurdo existencial sin que su filme resulte carente de tensión dramática.

Valerio Zurlini perteneció a esa generación de directores italianos que siguió al neorrealismo y que dio nombres como Antonioni o Pasolini. Menos conocido que sus compañeros, Zurlini fue un indagador del drama individual y un analista de los sentimientos, su cine está cargado de sensibilidad y es un nombre a reivindicar. Con su adaptación de El desierto de los tártaros entró con letras mayúsculas en la historia del cine. Para la película homónima de la novela, contó con lo mejor del elenco europeo, tanto en el terreno técnico como en el artístico, y consiguió una de esas piezas sublimes a las que seguimos dándoles vueltas mucho después de haberlas visionado.

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Incomprendida por el público en su estreno, El desierto de los tártaros es considerada hoy como la mejor pieza de Zurlini. Se trata de un trabajo casi pictórico en el que apenas hay movimientos de cámara y en el que cada encuadre es todo un texto visual. Planos pausados y preciosistas (a destacar el excelente trabajo de  Luciano Tovoli en la dirección de fotografía) que transmiten el espíritu de la novela, esa sensación de sinsentido y de tensa espera de una acción capaz de justificar nuestra existencia se logra en la película gracias al tempo pausado que le imprime la puesta en escena. También el cromatismo (que se pudo gozar en Sitges en su plenitud gracias a la reciente restauración a 4K) contribuye a recrear la atmósfera del relato, tonos nítidos y luminosos en los que se destaca aún más el absurdo de la inactividad. Y la música de Ennio Morricone agudiza aún más la melancolía de la situación.

jacques-perrin-guarda-dalla-finestraSi acendrada es la puesta en escena, El desierto de los tártaros es también un filme que reposa en las matizadas actuaciones de sus intérpretes. Zurlini contó con grandes figuras de la escena europea para su trabajo, así nos encontramos con Jacques Perrin en el papel de Giovanni Drogo que nos compone un protagonista sólido a través del que se expresa el extrañamiento humano ante un mundo abocado al límite y para el que la acción llegará demasiado tarde como antihéroe que es. Junto a él destaca Max von Sydow en el papel del capitán Hortiz, Paco Rabal encarnando al sargento Tronk, Fernando Rey interpretando al Coronel Nathanson (el único que ha entrado en combate y ha quedado paralizado, todo un símbolo de la imposibilidad de seguir actuando en el presente) y Vittorio Gassman como el oficial al mando de la Fortaleza Bastiani, elegante aristócrata que sabe llevar su pertenencia al pasado y su jovial resignación ante un presente que ya no le contiene . Todos ellos bordan unos papeles que tienen más de símbolo que de individuo, a los que saben darle el dramatismo y perfil psicológico justo.

El desierto de los tártaros es en suma una película elegante y melancólica que se disfruta como la experiencia artística que es. Todo un ejercicio de reflexión y goce estético.

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Sitges 2013: Universos particulares, Terry Gilliam&Jodorowsky

25 octubre 2013 Deja un comentario

Aunque en tiempos de recortes se ha reducido el número de invitados, no ha faltado la presencia de celebridades. Así se tuvo ocasión de ver a Takashi Miike (a quien se le dedicaba una retrospectiva) y a otros dos grandes monstruos de la dirección como fueron Terry Gilliam y Alejandro Jodorowsky, presentando las dos últimas obras con las que nos han obsequiado: The zero theorem y La danza de la realidad, respectivamente.

Terry GilliamAl primero le debimos una de las presentaciones más divertidas del festival en la que Gilliam elogió la cercanía del certamen (no es necesario vestir de gala) y habló sobre su filme. Para el director esta película rodada en 35 milímetros lo contiene todo desde la preocupación técnica porque sea accesible a todos los formatos de pantalla, hasta la reflexión de fondo sobre el sentido o sinsentido de una exsitencia como la nuestra en un universo que podría acabar condensándose en un big crunch. Gilliam, pues, regresa a sus orígenes para alumbrar una obra abigarrada y barroca en la que la ciencia ficción es una excusa para construir una parábola hiperbólica de nuestro presente.

En la película, que debutó en la sección oficial de la Mostra de Venecia, nos encontramos con Oohen Leth (Cristoph Waltz bordando su interpretación) un excéntrico genio de los ordenadores que vive en un mundo corporativo controlado por una oscura figura llamada «Dirección». Recluido en el interior de una capilla en ruinas, Oohen trabaja en la solución a un extraño teorema, un proyecto que podría descubrir la verdad sobre su alma y el significado de la existencia (o la falta del mismo) de una vez por todas. De concepción kafkiana, The zero theorem nos asoma a un futuro en el que todo está saturado de información casi imposible de asimilar, con ello Gilliam expresa su percepción de nuestro presente como un mundo amorfo que avanza en tantas direcciones que es casi imposible predecir qué nos espera como porvenir.

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Con extravagancia y humor, Gilliam nos adentra en las paradojas de la comunicación que se producen en un entorno hiperconectado como el nuestro  en el que es difícil gozar de la propia soledad y en el que las interacciones con el otro quedan relegadas a la distancia de lo virtual por ser el único espacio sobre el que podemos ejercer dominio. Y en medio de todo ello se mantiene, al menos para el protagonista, la interrogación sobre la misión que se espera de nosotros si es que hay algo parecido a un destino universal, a una finalidad teleológica tanto de la naturaleza como del hombre. Mientras, Oohen Leth es contratado para confirmar el teorema zero el cual establece que todo va a perecer en el repliegue de la materia sobre sí misma, conclusión que anularía esa posibilidad de haber sido llamados a un sentido. El final enigmático, y hasta cierto punto abierto, nos deja instalados en el reino de la duda, quizás porque es el único escenario al que puede acceder el conocimiento humano sin embarrancarse en falacias y Gillian no ha querido aliviarnos con un happy end (pese a haberlo rodado por exigencia de los productores), para no caer en la insinceridad ni generar falsas esperanzas.

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The Zero Theorem es, pues, una distopía humorística (quizás no tan redonda como Brazil o El rey pescador) en la que su director vuelve a compartir con nosotros la imaginería de su universo particular, como tal no deja encorsetarse en ninguna categoría estándar y por ello puede ser amada o detestada, pero no pasar desapercibida. Gilliam a sus 72 años sigue siendo un cineasta de referencia difícil de encasillar y capaz de lanzarnos propuestas que nos hacen gozar estética y metafísicamente.

Como Gilliam, también Alejandro Jodorowsky sigue siendo un cineasta inclasificable y, 23 años después de haberse alejado de la dirección, vuelve con fuerza en La danza de la realidad: un relato autobiográfico en el que el franco-chileno bucea en su infancia armado de onirismo y poesía surreal. Este auténtico polímates en algo más de dos horas nos invita a acompañarle en un viaje mágico a sus raíces, viaje en el que se combina el retrato de su entorno familiar y el de un país sacudido por la inestabilidad política y el flirteo con el nazismo.

La danza cartelSu natal Tocopilla se convierte en La danza de la realidad en un paisaje mágico y mítico (en la línea del Macondo de Cien años de soledad), poblado de iconos y personajes grotescos y simbólicos a partes iguales. Todo ello retratado con una paleta cromática llena de colores vivos que aumentan nuestra percepción del espacio metafórico envolvente de esta ficción narrativa. Con su relato catártico Jodorowsky inicia una sanación de sí mismo y así su yo presente irrumpe en la escena para alentar e insuflar esperanza al niño sensible y distinto que él mismo fue. Su infancia peculiar se convierte en una infancia de ensueño que le permite al autor deshacerse de las represiones familiares en un auténtico ejercicio de psicogenealogía, o lo que es lo mismo la curación mediante el recuerdo.

La película fue un riesgo continuo, testifica el propio director, por sus propuestas visuales y narrativas (por ejemplo, la madre se expresa durante todo el metraje cantando), pero lejos de quedarse en un producto incomprendido ha venido rodeada por la aceptación del público y el éxito comercial (al menos en su Francia de adopción en la que la película lleva más de siete semanas exhibiéndose en 50 salas). Aunque es personal e intransferible, la cinta nos atrapa en su magia y nos mece en su exploración de la memoria. Como el Amarcord de Fellini, esta danza por lo biográfico y particular se extiende hasta nosotros espectadores que llegamos a sentir que compartimos el espíritu de sus vivencias.

Extraña y extravagante, La danza de la realidad nos cautivó hasta tal punto que para quien escribe está incluida en su top ten de la edición. Así, los grandes genios esperados (Gilliam y Jodorowsky) no nos decepcionaron, al contrario, nos brindaron algunos de los mejores y más provocadores momentos de cine de este festival.

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Sitges 2013: inauguración y clausura, Grand Piano&The Sacrament

23 octubre 2013 Deja un comentario

logo_sitgesCon un palmarés muy repartido se ha cerrado la 46 edición del Festival de Sitges, llega la hora de los balances y los resúmenes. La presente ha sido una edición en la que han abundado las películas correctas pero han faltado aquellas que destacasen con brillo propio (aunque hay que señalar que la ganadora, Borgman, era la que más circulaba como favorita en los mentideros), tampoco han abundado los filmes propiamente fantásticos viéndose más títulos pertenecientes a géneros más o menos concomitantes, tendencia que se apreciaba ya en las películas que han marcado la apertura y el cierre, Grand Piano de Eugenio Mira y The Sacrament de Ti West. La primera un thriller de corte hitchcockiano y la última un falso documental centrado en las sectas destructivas.

Sitges 2013, como viene siendo la tónica de las últimas ediciones, iniciaba su singladura con una producción catalana de reparto y factura internacional. El tercer largo de Eugenio Mira, bajo la producción de Rodrigo Cortés (cuya impronta se nota en el filme), es un impecable ejercicio de estilo puesto al servicio de una historia en la que destaca su premisa de arranque, auténtica traba que obliga al director a agudizar su ingenio para que no decaiga el ritmo y la intriga de un relato de escasos personajes y espacios fílmicos. El punto de partida nos pone ante un pianista (un acertado Elijah Wood) que retorna a los escenarios después de haber cometido un error imperdonable en su último concierto cinco años antes. El suspense lo pone una nota en su partitura que le amenaza de muerte si falla una sola nota, premisa que fuerza a Mira a desarrollar casi en tiempo real un argumento que le circunscribe prácticamente al escenario de la sala de conciertos como único espacio narrativo y a mantener en pantalla durante más de tres cuartos del metraje al solista interpretando al piano. Si el filme se salda con notables resultados es gracias al manejo de la cámara y la puesta en escena que se basta por si misma para generar el clima de intriga.

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El carácter de filigrana de Grand Piano se manifiesta ya en los títulos de crédito acompañados por la música de Víctor Reyes (el compositor que ha trabajado en todas las películas de Rodrigo Cortés) que abren la cinta recordándonos los trabajos de Saul Bass. La vocación hitchcockiana, pues, está presente ya desde el encabezamiento. Y se mantendrá durante todo el metraje puesto que se trata de un filme en el que el trabajo de dirección y montaje es lo más remarcable: el tempo de este recital para cámara y piano viene marcado por una planificación milimétrica que no escatima recursos (complejos planos secuencia ente bambalinas; con grúa, sobrevolando las cabezas de los espectadores; planos cenitales; elegantes panorámicas, etc.). Una planificación que es quizás incluso demasiado perfecta, pues tras este ejercicio de estilo podría camuflarse una falta de nervio y fondo. Para quien esto escribe, que siempre se ha confesado fan de los prodigios formales virtuosos, Grand Piano fue uno de sus títulos favoritos del festival, bastante por encima de los filmes que sirvieron de inauguración en las últimas cinco ediciones.

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Si el festival se inauguraba con buen sabor de boca también terminaba con un filme más que correcto: The Sacrament de Ti West. Inspirada en el caso real del colectivo de Guyana, la película producida por Eli Roth, nos adentra en el mundo de las sectas destructivas mediante el recurso del Found Footage o falso documental. La trama nos cuenta la historia de unos periodistas de la revista Vice que realizan un reportaje sobre una comunidad que vive aislada, en la que se encuentra viviendo la hermana de uno de ellos.

the-sacrament1Ti West hace gala de saber dominar la estrategia expresiva que ha decidido utilizar para narrarnos The Sacrament, así durante más de dos tercios del filme nos vemos sumergidos en un documental narrado en primera persona por los reporteros. El director sabe dosificar la historia presentada a modo de la extrañeza y el descubrimiento de los protagonistas. La película se desarrolla con buen pulso y cierta intriga porque el punto de vista elegido nos permite identificarnos como espectadores de la misma trama, nada se adelanta de antemano sino que asistimos al rodaje en primera persona como si nosotros mismos estuviéramos en la piel de los reporteros. Así sutilmente Ti West nos conduce por la inquietud que produce ir descubriendo que no todo es limpio en la comuna dirigida por un enigmático personaje que es llamado Padre por todos los integrantes, mientras algunos de los entrevistados se expresan como extasiados por su nuevo plan de vida en el seno de la comunidad, otros se irán acercando a los reporteros para expresar sus temores: como en toda secta es fácil sumarse a  ella pero la salida es casi imposible.

The sacrement 2Hasta ahí nada más adecuado que la cámara en mano para actuar como testigo y testimonio, y ningún pero puede ponerse al uso que de ella hace Ti West. Sin embargo, en el tercer acto, el recurso resulta más forzado y prácticamente tenemos la impresión de contemplar un relato en tercera persona rodado con cámara objetiva, por la precisión de los encuadres que no hacen pensar que quien filma esté implicado en lo filmado. Ese es el único reproche que puede hacerse a una película que no deja de ser correcta pese a ello. A pesar de que en el último acto el recurso resulte forzado e incluso tramposo no deja de transmitirnos la tensión que sienten los protagonistas y el horror del destino final de los miembros de la comuna.

The Sacrament no resultó ser tampoco una película excepcional, más bien fue un cierre mediano para una edición que se ha definido, como ya decíamos, por la proyección de productos notables que no excelentes. Nos dejó con buen sabor de boca pero con la sensación de que no habíamos degustado tampoco un plato memorable.

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Sitges 2013: The rambler, tras los pasos de Lynch

17 octubre 2013 Deja un comentario

Dermor Mulroney (Stoker) es el errabundo, the rambler, una especie de judío errante en busca de hogar. Hogar que estaría representado por el reencuentro con su hermano en Oregón. Ahora bien, cuando llega a su destino, después de haber padecido unas cuantas exóticas peripecias en las carreteras de la América profunda, se da cuenta de que para él no puede haber más hogar que el propio deambular errático que le ha llevado hasta allí. Lo importante es el camino aunque conduzca a la nada, parece decirnos  Calvin Reeder en esta su segunda obra, The rambler, película que mezcla varios géneros, es una roadmovie que tiene toques de western y salpicaduras de gore, todo ello mezclado en la coctelera de la alargada sombra de David Lynch.

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Si algún calificativo se ajusta a The rambler, es el de extraña, y quizás sea por eso que fue incluida en Noves Visions, sección que podría llamarse también «rarezas a tutiplén» pues parece que en ella sólo puedan figurar las obras más extravagantes como si lo no convencional fuera un valor en sí. Cierto es que es de la experimentación pueden salir propuestas que abran nuevos caminos a la expresión cinematográfica, al margen de que hayan sido inaugurados en un filme irregular, pero de ello no se debe deducir que si una obra es experimental ya merece por ello sólo reconocimiento. The rambler sería uno de esos casos, Calvin Reeder parece buscar recursos expresivos novedosos y consigue aciertos, pero su película no termina de cocinarse bien y acaba pareciendo poco viaje para tantas alforjas.

the rambler pósterEfectivamente, su inicio es intrigante, no tanto por lo que narra sino por cómo lo hace. Nos sorprende el ingenio que construye para agilizar las elipsis, no sólo procede por jumcuts sino que en algunos de esos saltos son tratados de modo que simulan interferencias algunas de las cuales parecen incluso contener imágenes subliminales. Más tarde vendrán los ralentís y las transparencias para crear una atmósfera más que onírica surrealista (no en vano fueron ellos quienes usaron de esos recursos por primera vez). Y junto a la excentricidad del montaje y la planificación está el absurdo de personajes y situaciones. Mientras el errabundo se entrega a su viaje iniciático va tropezándose con personajes grotescos, un seudocientífico que viaja con una máquina capaz de grabar los sueños y un par de momias, un boxeador con un garfio, un asilo de ancianos en el que los habitantes se borran directamente en la pantalla… Este entramado visual y narrativo compone un retrato fantasmagórico y aberrante de la América profunda, que nos hace remontarnos a la estela de David Lynch. Un planteamiento interesante pues. El problema es que extravagancia es también sinónimo de disparate y en él acaba desembocando el filme.

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Si la primera mitad puede cautivarnos por su estética, pasados cincuenta minutos empieza a resultarnos cargante y artificiosa. Se diría que hay un punto en el que Calvin Reeder pierde las riendas de su película y abandona a los espectadores en una confusión que no parece conducir a puerto alguno. Se pierde el referente de qué es «real» en la ficción y qué onírico, se rompe la lógica incluso de lo inverosímil y el relato hace aguas. La sombra de Lynch acaba siendo un auténtico lastre porque el universo de The rambler no acaba de cuajarse con entidad propia.

En suma, estamos una vez más ante una equivocación, ante un engaño, ante una promesa rota. La película circulará por festivales sólo porque todavía hoy, a cien años del despertar de las vanguardias, se toma la experimentación como valor en sí, cuando debiera ya contemplarse sólo como lo que muchas veces es, una forma de ensayar que puede conducir a lo innovador pero también a lo vacuo.

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Sitges 2013: V/H/S 2, el found Footage se resiste a morir

17 octubre 2013 Deja un comentario

Si tuviésemos que definir las emociones que nos provoca el Found Footage, uno de los calificativos sería sin duda: ¡¡tremenda pereza!! Porque eso es lo que sentimos a la hora de abordar este artículo sobre la secuela de la obra colectiva V/H/S 2, cuya primera entrega pudo ser vista durante la edición de 2012 del Festival de Sitges. Y en vista de qu parece que hay a quien no le genera el mismo cansancio y la misma desidia que a nosotros, mucho nos tememos que a esta secuela le seguirán más hasta convertirla en una saga que promete ser tan nefasta como la de Paranormal Activity.

vhs2-posterArmémonos de valor y entremos en materia. La impresión general que nos deja esta película de episodios es de que la pureza del Found Footage original se está perdiendo. Sólo el segmento Alien Abduction Slumber Party de Jason Eisener la respeta, en los demás el montaje resulta obvio, los cambios de punta de vista están mal justificados desde la lógica de este género y en ningún caso se reproduce la textura de VHS que pretende el título colectivo. Por lo demás, como suele ocurrir en las películas de episodios, el desnivel entre unos y otros resulta patente, aunque, en verdad, para quien esto escribe no hay ninguno que tenga un interés remarcable.

Como ya ocurría en la primera, en esta V/H/S 2, la peor historia resuelta ser  Tape 49 de Simón Barrett , precisamente la que sirve de  nexo para aglutinar el conjunto. En ella nos encontramos con dos detectives privados que están investigando la desaparición de un estudiante pertrechados con cámaras con las que  filmar hasta los detalles más nimios (el verismo ante todo, ¡ja!). En  la casa del joven descubrirán un complejo de cámaras, reproductores de vídeo y cintas. Esa será la pobre excusa para ir insertando el resto de relatos, cuyo denominador común pretende ser la filmación de vivencias escabrosas que por arte de birlibirloque han llegado a manos del desaparecido (quien se diría está interesado en ir hasta más allá del snuff ). Tape 49 no posee entidad propia ni casi se diría que lo pretende, su resolución y su interés son paupérrimos y consigue ser más insuficiente que la Tape 46 de Adam Wingard de la primera entrega.

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El resto de relatos, pues, se irán superponiendo conforme vayan siendo insertadas sus cintas por parte de los investigadores. El primer relato, vhs 2 clinicalClinical Trials de Adam Wingard , nos cuenta la peripecia de un individuo al que se le ha implantado una cámara como prótesis en un ojo tras un accidente. Se trata pues de un ejercicio de cámara subjetiva que ya tuvo su precedente en La dama del lago (Lady in the Lake, 1947 Robert Montgomery). El verismo está logrado en lo que respecta al punto de enfoque, pero llama la atención lo firme de los movimientos del sujeto incluso en los momentos de mayor sobresalto (los barridos casi están ausentes). A destacar que los modernos de hoy son más pusilánimes que los modernos de antaño, porque Adam Wingard no se atreverá  a ofrecernos el plano del ojo seccionado a diferencia de lo que hicieran Dalí y Buñuel en El perro andaluz en el lejano 1929. Lo innovador no lo es tanto.

Y es que, aunque para algunos el conjunto hace gala de violencia, está no es mostrada con la valentía que parecería adecuada a una supuesta cámara verista. Así, en el segundo segmento, vhs-2-a-ride-in-the-park2A Ride In The Park de Eduardo Sánchez y Gregg Hale, los actos más escabrosos suceden fuera de campo. En este caso nos encontramos ante la enésima película de zombies, zombies campestres en esta ocasión, cuya plaga se extiende entre los excursionistas de un parque nacional. Sobre ella hay que anotar, que además de esconderse en el fuera de campo, es la que peor justifica la presencia de la cámara y los cambios de punto de vista a lo largo de su (excesiva) duración.

Zombies acabarán apareciendo también en la historia de Timo Tjahjanto y Gareth Evans, Safe Haven, lo que muestra la escasa imaginación de la que algunos hacen gala, porque el tema, (la grabación de la vida secreta de una secta) podía haber tenido otro desenlace más original. Nos encontramos, pues con un nuevo ejemplo de falso documental, con el toque asiático que le imprime Tjahjanto, que se atreve con el terrorífico tema de los suicidios colectivos de las sectas. Es el mejor de la colección, pero con todo, podría habérsele sacado más partido.

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Y todo termina (por fin) con Alien Abduction Slumber Party de Jason Eisener, la única narración que respeta la lógica original del Found Footage.  Un grupo de amigos decide grabar bromas pesadas que se gastan entre ellos mismos. Al final una invasión alienígena se incorporara a las gracietas girando la tortilla hacia el “sálvese quien pueda”. Fiel a las características del género, es la más gamberra de las historias. Pero no es tampoco un ejercicio destacable ni mucho menos original, se le agradece, eso sí, que en esta ocasión sean extraterrestres y no zombies, aunque en honor a la verdad su estética nos recuerda a… ¡los zombies de Fulci!

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En suma, en nuestra opinión, V/H/S 2 es una película apta exclusivamente para los fanáticos del recurso, cuyo balance hace que la primera entrega resulte mucho más brillante y equilibrada. Nos tememos que este concepto se convierta en saga y que en cada nueva entrega el interés vaya decreciendo. No recomendamos su visionado, pueden limitarse a ver su trailer que es mucho mejor que la cinta completa.

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Sitges 2013: Europa report, más ciencia que ficción

16 octubre 2013 Deja un comentario

Justin Chang en Variety resume lo más destacable de la cinta que nos ocupa con estas palabras: «Dos elementos populares en el cine de género actual, la ciencia ficción de bajo presupuesto y el thriller de metraje encontrado, se combinan para dar un efecto razonablemente plausible e impresionantemente controlado de Europa Report«- El ecuatoriano Sebastián Cordero se adentra por primera vez en el género fantástico de la mano de una película que se esfuerza en imprimir al relato tintes de crónica realista. Nos enfrentamos a un equipo de astronautas de diferentes naciones que participan en la que es la misión tripulada que más lejos ha de llegar en cuanto a distancia respecto a la tierra. En concreto su objetivo es aterrizar en una de las lunas de Júpiter, Europa, de la que hay indicios que hacen probable la existencia de vida en ella (hay agua bajo el hielo y procesos de calor). Pronto empezarán los problemas pues un fallo en el sistema de comunicaciones les deja sin contacto con tierra, pese a ello los tripulantes deciden seguir adelante con su cometido: es demasiado importante lo que pueden descubrir en el satélite de Júpiter como para abortar la misión.

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Europa Report juega, pues, al realismo dentro de la ficción, más que en los efectos su tejido fantástico viene de la ambientación, esa recreación del interior de la nave que tanto nos recuerda las imágenes que se reciben de las bases espaciales, igual que lo hacen los trajes y escafandras de los astronautas. Todo ello le ha valido comentarios que la consideran la más científica de las películas de ciencia ficción, y es que parte de una razón plausible dentro de la ciencia actual  y sobre ella construye la ficción. Y la ficción no es tampoco artificiosa porque Cordero, acostumbrado a rodar dramas humanos, le ha sabido dar ese toque a su primera película de género. No crea superhéroes, ni les enfrenta a invasiones o amenazas extraordinarias, lo que nos expone es un heroísmo más humano, el de saber entregar la propia existencia en pro de extender los límites del conocimiento que habrá de ser útil a la humanidad. El reducido elenco de la cinta, con Sharlto Copley como mayor reclamo, es efectivo en su interpretación de esos científicos que se reclaman herederos de la tradición que pesa sobre sus espaldas desde Galileo a nuestros días, se saben enanos que caminan sobre hombros de gigantes, nos transmiten esa voluntad de sacrificio en aras de un ideal que nos supera como individuos. «Comparado con la amplitud del conocimiento por conocer, ¿qué importancia tiene tu vida?» es el eslogan que se nos quedará grabado como mensaje.

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Fiel a su voluntad de verismo se decanta por el found footage como recurso narrativo. Todo está filmado desde el punto de vista de las propias cámaras del equipo, de modo que vemos lo que los propios astronautas graban. El recurso permite a la película crear atmósfera y ajustarse a su bajo presupuesto, no se nos regala la vista con escenarios fantásticos pero a cambio obtenemos una paradójica sensación de inmediatez (paradójica en el sentido de que en ningún momento podemos ignorar que son imágenes grabadas, pero nos queda la impresión de estar asistiendo al presente de los personajes). No hay más concesiones que las justas a la espectacularidad, de hecho sólo hay una licencia al final de la cinta (que no vamos a revelar para que permanezca como sorpresa), y la película hubiera funcionado igual de no haber estado, quizás incluso sin esa licencia el relato habría resultado aún más trágico, pero con todo ese mínimo giro no chirría dentro del conjunto. Fiel a sí misma y a sus planteamientos tanto estéticos como ontológicos, a Europa Report puede ponérsele un único pero: por su modestia y su fidelidad al realismo resulta a veces lenta y cercana al aburrimiento, pero su esfuerzo por la coherencia la rescata y la convierte en un título que recordar.

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Sitges 2013: Only god forgives, un desafío al espectador

15 octubre 2013 Deja un comentario

only-god-forgives-poster-3Plano cenital de un cuadrilátero, niños peleando en un combate de boxeo thailandés, rojo, pasillos interminables, la impasibilidad del rostro de Ryan Gosling, jóvenes (casi niñas) prostituyéndose, planos de composición milimétricamente geométrica, una violación en elipsis, un policía hacedor de justicia como un dios vengativo…  Ya el prólogo de Only god forgives deja claro que en esta ocasión Nicolas Winding Refn no se lo va a poner fácil al espectador. El danés nos enfrenta a una historia de venganza para la que ha elegido una puesta en escena estilizada hasta rayar lo críptico que le ha valido más de un bufido de la crítica (y el abucheo en Cannes, según leemos). Es una de esas películas que echan un pulso al espectador, a sus sentidos y a su inteligencia, no sólo para poder entender las imbrincaciones de su historia sino también las elecciones formales para contarla.

Ryan Gosling es Julian, hijo menor de Crystal (Kristin Scott Thomas), que ha huido a Thailandia prófugo de EE.UU. para encargarse del negocio de estupefacientes bajo la tapadera de un club de boxeo. Su hermano mayor es asesinado (¿ajusticiado?) tras haber violado y matado brutalmente a una prostituta adolescente. Crystal llegará a Thailandia sedienta de venganza, decepcionada por la actitud de Julian. Al otro lado como némesis encontramos a Chang (Vithaya Pansringarm) policía retirado (como revela su atuendo, según afirma Refn), auténtica figura arquetípica que se erige como símbolo de una justicia que está por encima del bien y del mal.

Esa trama de venganza que podría ser el argumento de una película de kárate de los setenta, en manos de Refn deviene un relato mitológico sobre el pecado, la culpa (del protagonista, pero también de un Occidente que convierte a Oriente en su tercermundista esclavo sexual), la relación edípica, la impotencia emocional, la autodestrucción y la redención a través del castigo que no del perdón, porque sólo los dioses podrían perdonarnos. Todo ello enmarcado con grandes dosis de violencia y de momentos visuales de profunda carga simbólica, a destacar la pelea entre Chang y Julian (auténtica paliza del primero al segundo) rodada con planos generales que permiten ver toda la fisicidad del combate.

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Old god forgives no es una película fácil y ha dividido tanto al público como a la crítica, para algunos sólo puede odiarse visceralmente o amarse incondicionalmente. Para quien esto escribe, sin embargo, se emplaza en una «tercera vía», no la ubicaríamos entre las películas que pueden agradar o no, porque no le habla a las emociones sino que es un jeroglífico dirigido al ingenio. Insana e hipnótica a partes iguales se quedará adherida a nuestra reflexión hasta mucho después de su visionado.

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Sitges 2013: Kiss of the damned, vampiros civilizados

15 octubre 2013 Deja un comentario

Kiss of the damned supone el debut en el largometraje de ficción de Xan Cassavetes, de ilustre y cinematográfico apellido. De ella (de la película) se dice que  rinde homenaje a Jean Rollin y al fantástico más chic, quizás por tratarse de una cinta estilizada sobre vampiros (vampiras de hecho) que aspiran a una vida  que les permita salir de las sombras. Una existencia civilizada que les dé la preeminencia que merecen sobre la mortal especie humana alejándoles de la animalidad.

kiss-of-the-damnedTodo en la película de Cassavetes busca la elegancia, desde los espacios en los que se desarrolla la acción hasta la puesta en escena, esos planos casi fijos que procuran una atmósfera de ensoñación. La trama nos presenta a Djuna una bella vampira que trata de resistirse al encanto de Paulo, de profesión guionista, ante el que finalmente sucumbe. Más tarde, cuando la hermana díscola de Mimi llega inesperadamente, peligrarán tanto su historia de amor como la comunidad vampira, la cual se verá amenazada por la extinción. De modo que se trata de una cinta que pretende reflexionar sobre cómo lo oscuro pone a prueba el raciocinio, la voluntad de corrección. La animalidad acecha siempre como una espada de Damocles capaz de anular todo atisbo de civilización.

Kiss of the Damned no es una cinta despreciable, pero no ha sido muy bien acogida por la crítica que ha llegado a considerarla como otro tratamiento inmaduro de la temática vampírica próxima a la adolescente saga Crepúsculo. Comparación que le viene dada por la elección de unos vampiros que podrían desfilar como modelos. Sin embargo, consideramos que, aunque no profundice, sí quiere traernos un retrato innovador, el de unos vampiros cotidianos que tratan de superar sus insuficiencias, aquello que les condena a la marginalidad. Lejos de la alimaña que supone Nosferatu, los no-muertos de Cassavetes quieren rodearse de sofistificación y delicuescencia para mostrarse como seres superiores  dignos del lugar protagonista que les ha arrebatado la mortal especie humana. Aspiran a ser políticamente correctos como se dice literalmente en un momento del filme.

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En definitiva, Kiss of the damned no gustará a todos porque es una película irregular, con muchos aciertos visuales, pero también envuelta de una pátina de pretenciosidad y superficialidad que le hacen perder valores. Apta para ser vista como interludio delicado que permite descansar de esas otras películas cargadas de hemoglobina.

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