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Enemy, de dobles y arañas

27 marzo 2014 8 comentarios

enemy-poster (1)Según leemos, Enemy fue uno de los títulos recurrentes en los corrillos de San Sebastián cuando se vio por primera vez en España. Es una de esas cintas propensas a sembrar el desconcierto y a ganarse amores u odios casi instantáneos. Sin ir más lejos, al salir del pase de prensa le hizo espetar a una de las cabezas pensantes de Serendipia, que  «Si cuando veo una película me pierdo o no la entiendo es que el director me la ha contado mal». Esta sin duda es una de esas películas de la que nadie hablará mal por miedo a hacer el ridículo dados los orígenes literarios y el prestigio del director. Tras el pase de prensa, en el lavabo, lugar en el que además de aliviar la vejiga se liberan los comentarios sobre lo recién visto, hubo el característico silencio perplejo que siempre hay cuando no se sabe que decir y se teme quedar como un burro si deja entrever que no se ha entendido el final o se ha perdido a medio metraje. El film llama al engaño. Tras un ingenioso argumento lineal de intriga, con ciertas pinceladas surrealistas, termina desembocando en un final que desde ya formará parte de mi léxico particular. Me explico: si existe el socorrido final «todo era un sueño», que no hace falta explicar; o el «Chaplin», en el que el personaje o personajes siguen con su vida hacia un destino incierto, al igual que Charlot marchando hacia un punto del camino, desde ahora también hay una palabra para definir esos finales en los que uno se queda perplejo: El final araña. Ustedes ya me entenderán.

Así que ya ven que lo que más ampollas levantó a esa parte de mi ser fue el final. Cosa que me evoca el diálogo inicial de Dios (una comedia) de Woody Allen (incluida en Sin Plumas), y van a permitirme que se lo transcriba:

Actor: Nada… sencillamente nada…

Autor: ¿Qué?

Actor: No tiene sentido. Es vacío.

Autor: El final.

Actor: Naturalmente. ¿Qué estamos discutiendo? Estamos discutiendo el final.

Autor: Siempre estamos discutiendo el final.

Actor: Porque es imposible.

Autor: Reconozco que es poco satisfactorio.

Actor: ¿¡Poco satisfactorio!? Ni siquiera resulta creíble. Cuando se escribe una obra el truco está en empezar por el final. Se busca un final sólido y bueno, y luego se escribe hacia atrás.

Autor: Ya intenté eso. Me salió una obra que no tenía principio.

Sólido y bueno, parece que es la premisa que debe cumplir, ¿pero en qué consiste eso? Echemos mano de la teoría de la narración según la cual el final de un relato debe ser sorprendente, pero a la vez debe guardar coherencia con todo lo narrado hasta allí. Buen final es aquel que nos hace replantearnos todo lo leído (lo visto, en el caso de un filme) y encontrarle un sentido nuevo. ¿No cumple con ello Villeneuve? En mi opinión (soy la otra cabeza) sí, salvo que debo reconocer que va más allá de la sorpresa: nos conduce directamente a la perplejidad, su sinónimo, pero ya saben que los sinónimos no son idénticos, introducen siempre un matiz. Y ese matiz hará que guste o que se la considere un acto especulativo para gafapastas (por cierto, mis gafas son de pasta y las de mi alter ego, no).

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Si Villeneuve leyera este blog, se sentiría satisfecho por la polémica suscitada, y es que confesaba en San Sebastián que sus películas favoritas «son las que me han dejado más preguntas que respuestas, como ‘2001. Una odisea en el espacio’: me gusta esa sensación, cómo se van abriendo puertas para ir descifrando el misterio, y eso he querido hacer yo«. Hay que reconocer que, en esta que según él mismo es su obra más personal, lo ha conseguido. Enemy, nos lleva al anonadamiento. Y es que «esta película hay que verla varias veces para entender su esencia, pero está todo en ella«, explicó rebuscando las palabras. Puede decirse, pues, que Enemy es un puzzle al que no le faltan piezas, pero en el que estaremos obligados a hacerlo y rehacerlo para vislumbrarlo y seguramente siempre nos quedará alguna zona muerta; pero eso es lo pretendido, que nos deje más interrogantes que respuestas.

Y después de hablar del final, cabe hablar sobre el principio. El origen de esta película hay que buscarlo en la lectura, por parte del canadiense, de la novela El hombre duplicado de José Saramago. «Sentía la necesidad visceral de hacer una película que quizá nadie más hubiera hecho, y lo que he hecho ha sido por un gran amor al cine; para mí, Enemy ha sido una ensoñación, mi secreto«. Se trata de una adaptación libre en la que el director ha volcado sus propias reflexiones, sobre todo la que atañe al poder del subconsciente, para Villeneuve el subconsciente es algo que tiene gran influencia en nuestras vidas y un impacto real en la sociedad. Si no somos conscientes de esa fuerza y de sus efectos colaterales, nunca sabremos quién toma en realidad las decisiones sobre nosotros mismos.

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Sin duda, el tema del doble es uno de los que mejor se presta para hablar de ello. Sobre todo tal como lo retrata el canadiense. La película está recorrida por tintes fantasmagóricos en lo que hace referencia al escenario, ese Toronto lleno de grises y de intrigantes edificios ultramodernos, clara metáfora del laberinto, de la tela de araña (sí, la araña tiene gran importancia en esta cinta) que nos pierden cuando queremos llegar al centro. Y también en lo que hace referencia a la exposición de la trama, la historia se va engranando con un cierto aire onírico, perdemos a veces los límites de la realidad. Todo ello le da un arrollador poder sensorial, en el que no tiene poca relevancia la actuación de Jake Gyllenhaal que borda su doble papel tanto como en su día lo hiciera Jeremy Irons en Ienemy chicanseparables. Y vieneenemy-2013-imagen-3 bien mencionar la película de Cronemberg, porque no es poco lo que guardan en común: ahí está el enigmático papel de la mujer (en este caso dos rubias frías como las hitchcockianas), a la vez fuente de deseo y de castración, y en ambos casos la pervivencia del otro exige la muerte del duplicado, aunque eso suponga la disolución de ambos. En ese último sentido se puede leer en la notas del director que encontrar a alguien igual a nosotros sería un fenómeno que debería provocar el mismo impacto en un ser humano que el que provoca un agujero negro en una galaxia: ni siquiera la luz puede escapar de esa concentración de masa, nuestro doble supondría la pérdida de nuestra energía, de la capacidad de discernir qué nos hace ser nosotros y no los demás, del poder de controlar las propias decisiones.

Los agujeros negros tienen una entropía gravitacional intrínseca.  Ello implica que la gravedad introduce un nivel adicional de impredictibilidad por sobre la incertidumbre cuántica. Parece, en función de la actual capacidad teórica, de observación y experimental, como si la naturaleza asumiera decisiones al azar o, en su defecto, alejadas de leyes precisas más generales. La metáfora con la que elige Villeneuve para explicar el mitema del doble, coincide pues con la frase de la novela que elige como destacado inicial, como preámbulo del prólogo que tanta relación guarda con ese enigmático final araña (y que nos hace evocar El relato soñado de Arthur Schnitzler): «El caos es un orden por descifrar». Bajo esa luz cabe interpretar toda la película, así que aunque se estructure como un filme de suspense, de intriga casi detectivesca, Enemy viene cargada de concepto. Tal se diría que el Darren Aronofsky de Pi ha adaptado El Doble de Dostoievsky (como se afirma, de hecho, en el blog de Filmin).

Así es Enemy para algunos una película pretenciosa, absurda y bobamente enigmática (Carlos Boyero dixit), para otros tubardora, genial y exquisita a nivel estético. Sólo debo decirles que la vean y juzguen ustedes mismos, después de todo es una película de la que se disfruta más cuanto más se discute sobre ella.

 

La hermandad, buenas intenciones, escasos resultados

No se le puede negar a La Hermandad su carácter voluntarioso. El valenciano Julio Martí Zahonero ha sabido cuidar en esta su ópera prima la ambientación, con tintes góticos pero sin muchos de sus tópicos, no cae en la acumulación de sustos sino que se esfuerza por transmitir una atmósfera enrarecida y misteriosa. Su voluntad de huir del susto fácil se hace notar también en la banda sonora (probablemente lo mejor de la cinta) para la que tenía claro que no debía tratar de anticipar las situaciones de mayor terror con golpes de efecto musicales, pretendía más bien que hubiera una melodía que diera razón de la obra en su conjunto, que cautivara al espectador y le condujera por la historia como si se deslizara. Afortunadamente el también valenciano Arnau Bataller ha sabido comprender las demandas del director y ha compuesto una partitura que satisface las expectativas; hay que añadir que se contó con la Orquesta de Liceo para la grabación, sin duda todo un lujo.

Un argumento cuya sinopsis lo hace parecer inquietante: En la fría y silenciosa oscuridad de un apartado monasterio del norte de Italia, La Hermandad, monjes benedictinos que siguen al pie de la letra unas estrictas normas de pobreza y obediencia, curan las heridas de Sara, una afamada escritora de novelas de terror que acaba de sufrir un grave accidente. Sara deberá guardar cama en el monasterio, donde la electricidad o el teléfono carecen de sentido. Su curiosidad de escritora no tarda en despertar con ciertos detalles que llaman su atención. Extrañas manchas en el techo, llantos infantiles en la noche, una vieja fotografía, un escalofriante libro sobre la Hermandad, sus inquietantes costumbres… Algo se mueve entre los muros del monasterior. Un oscuro secreto se encierra en su interior y ahora está a punto de salir a la luz… Y la recomendación de su director: Si me preguntas por las razones por las cuales un espectador debería ir a ver La Hermandad te diría que son numerosas. En primer lugar, se van a encontrar con una historia muy emotiva, llena de sorpresas hasta el minuto final. La Hermandad es visualmente un regalo para todos los sentidos. Descubrir cada uno de los rincones, aposentos y corredores de esta lúgubre abadía repleta de pasadizos y senderos ocultos, es una sensación tan inquietante como lo es para el personaje protagonista. La recreación de todas las estancias ha sido un trabajo excepcional. En el apartado de las intenciones la película funciona muy bien, pero, ¡ay! Los resultados ya son otro cantar.

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Pese a los empeños por lograr una revisitación del terror de corte clásico, la película hace aguas en su guión. Ni los monjes resultan sospechosos o enigmáticos ni está claro por qué ya desde el primer día en el que la protagonista empieza su recuperación, por muy escritora que sea, se pone a investigar. Tampoco se nos hace comprender porque permanecieron en el convento haciéndose pasar por monjes si al final va a resultar que ellos fueron las víctimas. El esmerado diseño de producción no puede ocultar que Lydia Bosch actúe como quien no sabe realmente dónde está metida, y no nos referimos al convento sino a la trama. Su actuación es mecánica y forzada, lo que revela que el debutante no domina aún la técnica de la dirección de actores. El resultado es una cinta bienintencionada pero inefectiva. Huye del susto y del gore, pero tampoco la intriga hace aparición y eso en una película de estas condiciones es un problema muy grave.

Es muy fácil sentarse ante el ordenador y echar por tierra el trabajo de muchos meses, por eso hemos querido empezar este comentario con los pros del filme de Julio Martí. Es su primer largo y aunque sea fallido esos aciertos que hemos referido nos permiten decir que esperamos que no se desaliente y vuelva a intentarlo. Después de todo no son pocas las veces en las que aprendemos más de nuestros errores que de nuestros logros.

Cuento de invierno, los milagros del amor

15 febrero 2014 Deja un comentario

El guionista Akiva Goldsman (Una mente maravillosa) debuta en la dirección cinematográfica con una incursión en el Fantastique, esa concepción de lo fantástico que tan buenos filmes nos trajo en la década de los cuarenta (El fantasma y la Señora Muir, Jenny, para citar alguno). Cuento de invierno, ya desde el título, no engaña a nadie y quizás eso sea  su mayor defecto. Pero vayamos por partes.

Bajo el apelativo de Fantastique entendemos aquel conjunto de obras que tratan la temática fantástica mezclada con otros géneros (el melodrama romántico en la mayoría de casos) y con una visión y resolución amable. Se comprendería bajo esa categoría películas que algunos no incluirían por derecho propio dentro del fantástico, pero que sin duda, visto el género con mirada amplia, giran en torno a él. Esta especie de subgénero proliferó sobre todo en la década de los cuarenta del pasado siglo debido al peso de la Segunda Guerra Mundial que dejó tras de sí buen número de bajas: se hacía necesaria una visión amable de la muerte y lo sobrenatural que sirviera como evasión y consuelo. Puede rastrearse abundantemente hasta la década de los sesenta, sin que ello signifique que desapareciera por completo después. Han habido incursiones posteriores como lo fue en su momento Ghost (1990, Jerry Zucker), o ahora mismo este Cuento de invierno que nos ocupa.

Cuento de invierno nos trae la historia de Peter Lake (Colin Farrell), un ladrón irlandés, perseguido por su antiguo protector, un extraño personaje interpretado por Russell Crowe que vendría a ser una especie de diablo que lo busca para que no se aparte de los senderos del mal. Peter Lake quiere abandonar ese tipo de vida y cuando en su último robo conozca a Beverly Penn (Jessica Brown Findlay), logrará cumplir ese objetivo e incluso encontrar un amor que le hará vencer las fronteras de la muerte. Al menos no morirá hasta que él mismo realice ese milagro que todos llevamos de origen. La historia se desarrolla en el siglo XIX y en nuestra actualidad. Pretende ser un amable cuento sobrenatural cargado de buenas intenciones. Es fundamentalmente un melodrama romántico, pero viene envuelto con el ropaje de lo fantástico, con personajes sobrenaturales (ese caballo blanco, por ejemplo, que ayuda al protagonista a alcanzar con éxito su empresa, y que en verdad es la encarnación de un ángel), amores que vencen a la muerte, desplazamientos en el tiempo, y la eterna lucha entre el bien y el mal personificados en ángeles y demonios.  Todos estos mimbres debieran dar como resultado un filme de deliciosa fragancia extravagante, pero no es así.

¿Cuál es el problema de Cuento de Invierno? Su exceso. La ópera prima de  Akiva Goldsman nos fuerza a la suspensión de la incredulidad casi desde el minuto cero, no hay el menor atisbo de hacernos dudar sobre la sobrenaturalidad de situaciones y personajes. No juega a hacernos desarrollar la intriga, muestra sus cartas a la primera de turno y así no nos hace cómplices de la trama, no nos permite jugar al suspense y el desvelamiento. Todo está expuesto desde el principio, no hay descubrimiento, y eso le resta interés. De cuidada dirección artística, casi podría decirse que el lujo de efectos no contribuye al interés del espectador por la doble lectura. Su atmósfera resulta plana y si bien no engaña, tampoco nos hace partícipes del juego; sólo nos cabe dar asentimiento a lo que nos expone. E igualmente es plano su supuesto mensaje de fondo, nos dice a bocajarro que la vida humana goza de trascendencia y ante ello, o bien suspendemos la incredulidad así sin más y porque sí, o no podremos entrar en la narración.

cuento

No es, con todo, una cinta aborrecible, es buena su factura técnica (la comentada dirección artística, la correcta banda sonora de Hans Zimmer, sus efectos visuales… ) y su factura artística, con unas interpretaciones correctas (aunque no memorables) y una puesta en escena que no cae en la estridencia. Esa buena factura permite que se la consuma como un buen producto desechable: aunque no vaya a conservarse en nuestra memoria, nos deja pasar un  rato suficientemente agradable. En suma, no es un plato para gourmets, pero puede ingerirse si no le exigimos demasiado.

Categorías: CINE CLUB, VAMOS DE ESTRENO

La lego película, todo es fabuloso

Yo pertenezco aún a la generación Exín Castillos, pero recuerdo las cajas de Lego que regalé a mi sobrino. Y recuerdo como jugaba con mi padre, como críos ambos, y mi sobrino afirmaba que de mayor sería inventor. Todo un canto a la imaginación, y mucho más, es La lego película.

LEGO_1SHT_MAIN_ONLINE_DOMEmmet, el protagonista, es una figura Lego absolutamente normal, sosias del hombre gris y adocenado que somos la mayoría en nuestra sociedad de masas. Fiel a las normas, sigue todos los consejos para encajar y a su alrededor la mayoría son cómo él y todos bailan al son de la canción de moda, tan cargada de ideología, auténtico himno al inmovilismo y a generar obreros que abracen jovialmente su adocenamiento como epsilons que acuden al trabajo en un mundo feliz. Todo va a cambiar cuando por azar sea confundido con el especial destinado a salvar el mundo de su destrucción, según rezaba una leyenda que se revelará inventada más tarde. En su aventura le acompañarán Supercool/Lucy, Batman, una gata rosa y blanca, un pirata con cuerpo de robot y Vitruvius, el mago que estaba detrás de la leyenda. Durante su hazaña descubrirá (y nos revelará a nosotros) el valor de la creatividad, pero también el de las normas y el trabajo en equipo cuando es bien entendido, un mensaje que encontrábamos ya en AntZ y que es común a la animación que no quiere perder al público adulto aún estando destinada a los más pequeños. Y habrá vuelta de tuerca cuando por fin encuentre al “señor de arriba”, un niño que ha osado jugar con la maqueta que ha construido su padre con piezas Lego. Lo que decíamos, todo un canto al poder de la imaginación y a la fe en nosotros mismos que nos hará ser especiales aunque no seamos más que un peón en el engranaje.

la_lego_pelicula-cartel-5252Pero es mucho más. La cinta está llena de guiños, desde la imaginería de Harryhausen a Star wars y la Tierra Media rodada en Nueva Zelanda por Peter Jackson, pasando por el Carpenter de Están vivos, la ciencia ficción ochentera y todo el universo DC (con Batman a la cabeza, como ya decíamos); todo un placer para quienes estén atentos a todas sus referencias. Hay también humor a raudales, la película no se toma en serio a sí misma (por eso es aún más efectiva) ni a los fans que se retratan en los personajes. Gustará a los más pequeños, pero sobre todo gustará a los adultos jóvenes (como mi sobrino) que recordarán su infancia creativa en la que jugaban a tejer historias con piezas de Lego y que se verán retratados en la figura del padre fetichista de la película que coincide con el que son ahora muchos de ellos.

Phil Lord y Christopher Miller (Infiltrados en claseLluvia de albóndigas) construyen un universo cúbico (hasta el humo y el agua lo son) creado en un 3D pensado, sobre todo, para provocar sensación de volumen. Como en Lluvia de albóndigas, nos sumergen en un mundo de colores intensos en el que la acción no cesa, perfecto sentido del ritmo que impide la caída en momentos anticlimáticos. Un guión lleno de momentos irónicos en toda lo polisemia del término, no sólo por lo paródico, sino también por el giro brechtiano del final (del que ya hemos desvelado incluso más de lo necesario). Con personajes que, siendo arquetípicos, no resultan planos, capítulo en el que no se ha descuidado el retrato de los villanos, siempre tan fundamentales o más que los héroes. En suma, en La lego película, todo es fabuloso como reza el tema central de su banda sonora. Una sana diversión recomendable para todos los públicos.

The grandmaster. Honor, amor y artes marciales

Hace años, en mis tiempos de universidad, un catedrático afirmaba que todo el cine es occidental porque los códigos de su sintaxis se habrían establecido según esa sensibilidad. No estuve de acuerdo entonces, ni lo sigo estando ahora, y añado ahora que ese profesor nunca había reflexionado bastante sobre el cine de Ozu, todo un símbolo de la tensión entre dos sensibilidades con esa cámara situada a la altura de un hombre sentado ante una mesa japonesa.

No, más allá de que el invento fuera alumbrado en occidente, sus recursos son permeables para captar el espíritu de distintas culturas. Hay un modo de hacer oriental, tan rico y plural como el de Occidente. Expertos habrá que lean esto y sepan describir sus directrices principales, yo lo traía a colación para poder expresar mi impotencia. No suelo tener problemas de comprensión y empatía con la mayoría de propuestas orientales, especialmente con las más clasicistas, pero sí los tengo con Wong Kar-Wai: sencillamente me exaspera.

Aunque yo no simpatice con el director de Shangai, tengo que reconocerle que tiene estilo propio. Sus rasgos de autoría son suficientes como para descubrir que estamos ante un filme suyo aunque no nos hubieran informado de ello antes de la proyección. El problema, mi problema, es que su estilo se construye en base a un esteticismo que se me antoja relamido y cansino. No es por la lentitud, eso no necesariamente lo veo siempre como defecto, no, es más bien por sus modos de imprimir esa ralentización (inventándome un palabro). Me carga esa profusión de planos detalle a los que no les veo pleno sentido narrativo, su repetición minimalista (y mira que no es una tendencia artística que me desagrade) pensada para forzar (más que generar) sensaciones, los encuadres más esteticistas que preciosistas, el uso de la cámara lenta, su cargar las tintas en la recreación de atmósferas melancólicas con recursos trillados como la lluvia o la nieve… Releo mi listado y reconozco que aisladamente no me parecen recursos deleznables, es la saturación, la suma de todo el conjunto macerado por la visión de Kar-Wai, lo que me irrita.

Y en The Grandmaster está todo eso y más. Porque en esta ocasión los saltos temporales y las elipsis no acaban de cuajar como en otras de sus cintas (pensamos en 2046), las costuras son demasiado visibles (lo que equivale casi a postizo) y así algunas de las subtramas (toda la historia de El Navaja) resultan forzadas y no ayudan a avanzar la narración. La medida del tempo no parece justificada según un plan trazado para darle un determinado ritmo, al contrario, resulta totalmente arbitrario que en algunas secuencias se eternice empalagosamente, mientras que para contar otros momentos de la biografía recurra directamente a los cuadros de texto para ventilárselos atropelladamente. El resultado es una narración confusa que hace perder al espectador en su laberinto. No cabía esperar una película de artes marciales al uso y no lo es, Kar-Wai la personaliza como hace siempre con sus películas, pero no siempre personalizar es sinónimo de calidad, yo le acuso, además, de haber usado la figura de Ip Man como excusa para endiñarnos nuevamente una historia de amores contrariados y fatales, que en mi opinión desvían la atención de lo que debiera haber sido su centro: la complejidad de lo marcial en la cultura oriental.

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Sería injusto, sin embargo, afirmar que no hay ninguna reflexión sobre la filosofía de las artes marciales en The Grandmaster. Está clara la conexión de las mismas con una forma de interpretar el honor y la búsqueda de unificar estilos como una forma de paliar las diferencias entre el norte y el sur. Ocurre que ese es un tema bastante hermético y no sé si la película logra hacerlo comprensible a quien no parta de algunos conocimientos previos. Las coreografías no abusan en demasía de efectos imposibles y saltos sobrehumanos (quizás sí en el combate entre Ip Man y la hija del antiguo maestro) y en general son bastante creíbles, aunque se echa de menos, a pesar de que la frase promocional hace referencia a que Ip Man fue maestro de Bruce Lee -de hecho el primero-, la presencia del Pequeño Dragón.

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Gravity, es necesario siempre intentar vivir

El subtítulo que le hemos dado a este comentario es la traducción del último verso de El cementerio marino de Paul Valery. El mismo verso que me sirve desde ni sé cuándo para dejar constancia de mis condolencias en cada funeral al que acudo. Es el resumen más conciso del optimismo trágico que me ayuda a levantarme cada mañana a esta existencia diseñada para llegar a la muerte como único destino infalible. Valery es mi excusa para armarme de valor y encarar día a día mi existencia nada ajena al pensamiento de la muerte. Si lo traigo aquí es porque siento que esa filosofía de vida es la misma que imprime Alfonso Cuarón a su última odisea cinematográfica, Gravity.

gravity pósterGravity, tras su éxito en el Festival de Venencia, ha sido comparada al Avatar de James Cameron y el 2001, una odisea del espacio de Kubrick. Durante un paseo espacial rutinario, dos astronautas sufren un grave accidente y quedan flotando en el espacio. Una es la doctora Ryan Stone (Sandra Bullock), una brillante ingeniera en su primera misión espacial en la Shuttle. Su acompañante es el veterano astronauta Matt Kowalsky (George Clooney). Durante el paseo algo sale mal y ocurre el desastre: el shuttle queda destrozado, dejando a Ryan y Matt completamente solos, momento a partir del cual intentarán por todos los medios volver a la Tierra (argumento extraído de Filmaffinity). La respiración de la doctora Stone se agita cuando se ve flotando sin rumbo en el espacio y con ello se nos anuda la angustia en el estómago como espectadores y no nos despegamos de nuestras butacas hasta que termina la proyección. Si se la puede emparejar con 2001 es porque como la película de Kubrick la de Cuarón es más que una película del espacio, es toda una metáfora del sentido de estar vivos como humanos. Todos sabemos que vamos a morir, todos estamos en la piel de la protagonista, todos sentimos su miedo y todos aprendemos con ella a aceptar la muerte y la vida a la misma vez. Porque tanto la una como la otra son experiencias límite y limítrofes. Gravity nos habla de renacer y de alzarnos heroicos sobre nuestros pies aunque bajo ellos sólo se extienda una superficie resbaladiza de transitoria belleza.

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La película de Cuarón funciona como metáfora, pero no es un filme discursivo ni retórico. Se trata de un guión en el que sólo queda lo esencial, esa fue la aportación de Jonás Cuarón a este trabajo con su padre:  “El experimento del guion era despojar todo de narrativa y crear un viaje visceral y emocional donde el espectador se convierte en otro personaje”. Para su director la película había de funcionar como thriller pero también como drama y ese difícil equilibrio está perfectamente logrado, asistimos a noventa minutos de tensión continúa, pero a la vez empatizamos con ese personaje cuya psicología va perfilándose sin subrayados y esa conexión emocional es la que nos lleva al trasfondo, a los temas profundos que hemos esbozado. Gravity funciona como un mecanismo de relojería perfectamente engranado. Y todo ello rodeado de un derroche visual de altos vuelos en el que la ingravidez espacial está filmada como si realmente el filme estuviera rodado en atmósfera cero.

La idea de Gravity fue concebida antes de que hubiera la tecnología suficiente como para grabarla, en verdad se ha tenido que ir inventando y desarrollando durante los cuatro años y medio que duró el proceso de concepción, rodaje y postproducción del filme. Sobre los Gravity-2013-Movie-Image-6aspectos tecnológicos declaró Alfonso Cuarón para La Vanguardia que: «Es una combinación de muchas cosas. Depende de qué tomas. Lo principal es una combinación de robótica, que son esos robots que están para construir autos, que aquí usamos para mover las luces y las cámaras, junto con unos robots especiales donde estaba Sandra y que la movían de una manera absolutamente milimétrica. Por otro lado utilizamos un cubo perfecto de 3×3 metros donde todas las paredes internas son luces LED. En ese cubo se presentaba lo que básicamente era el punto de vista de Sandra cuando flotaba en el espacio. Pero, como ella está girando, ese punto de vista se está moviendo y eso es lo que ilumina al personaje. El cubo tenía agujeros por donde la cámara podía ver al personaje. Era todo una combinación, pero tenía que estar todo perfectamente programado. Las luces, la cámara, el movimiento de los robots y toda la logística de Sandra. En esta película ella fue como una bailarina que tuvo que aprenderse cuarenta y cinco pasos para cada fragmento. Y lo que resultó impresionante de ella era que se los aprendía a la perfección para tenerlos muy claros, para después preocuparse únicamente por la parte emocional.«

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Cuarón destaca justamente el trabajo de Sandra Bullock porque la actriz salda con excelentes resultados el reto de sostener casi la totalidad del metraje. Bullock que en 2009 aceptó simpáticamente la concesión del razzie a la peor actriz a la vez que recibía el óscar por The Blind Side, compone para Gravity un trabajo modulado y preciso para encarnar a esa joven ingeniera que puede estar acometiendo el último día de su vida. Demuestra su excelente estado físico para llevar a término la acción trepidante del filme, además de belleza suficiente como para llevar a cabo un pseudo estreaptease que recuerda al de Jane Fonda en Barbarella, y la  sensibilidad necesaria para hacernos comprender el calado emocional del drama que está viviendo. El nombre de Bullock empieza a sonar ya como uno de los favoritos para la nominación a los Óscars por este papel. Por otra parte, su único compañero de reparto, George Clooney, le da convenientemente la réplica interpretando al veterano Kowalsky cuyo carácter vitalista y extrovertido tendrá un peso definitivo en uno de los momentos más decisivos del filme.

Gravity, apabullante en lo visual, emotiva en lo humano, con mimbres de tragedia griega, inscribe el nombre de Cuarón con letras de oro en el género. La mejor película del espacio para James Cameron, según declaraciones a Variety. Un filme ingrávido y sutil que nos encoraja para seguir intentando vivir.

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R.I.P.D. la policía del más allá

16 septiembre 2013 Deja un comentario

R.I.P.D. departamento de policía mortal viene anunciada con un jugoso argumento: Nick Walker (Ryan Reynolds) y Roy Pulsipher (Jeff Bridges) son dos policías especiales. Nick acaba de morir, pero es llamado para trabajar con Roy, un agente que murió hace cientos de años. Ambos formarán el Rest In Peace Department y se encargarán de perseguir a los demonios que habitan en el mundo de los vivos y de mandarlos al infierno. Se trata pues de una buddy movie con tintes sobrenaturales, que nos lleva al purgatorio de los policías que aún no están preparados para el juicio final. Y aunque no vaya a convertirse en película de culto no decepciona en sus planteamientos.

La película adapta un cómic de Dark Horse Comics escrito por Peter M. Lenkov (responsable también de los guiones de C.S.I) y es fiel al espíritu cartoonesco de la aventura gráfica. Típica historia de compañeros tiene como eje central de la trama la relación entre el recién muerto Nick Walker y el experto Roy Pulsipher y como tal nos irá mostrando el crecimiento del iniciado y la evolución del mentor. La posibilidad de crear un mundo muy intrincado entusiasmó a Neal H. Moritz: “A nivel conceptual, R.I.P.D. era una historia única acerca de un departamento de policía dedicado íntegramente a encontrar a los muertos que viven entre nosotros y llevarlos al otro lado para ser juzgados. Pero a otro nivel, está directamente relacionada con películas de compañeros como Límite: 48 horas o Arma letal. Hay una dinámica genial entre los dos actores. Decidimos hacer una película del tipo pareja de policías con mucha acción, asegurándonos de que hubiera mucho en juego y de que se convirtiera en una de las películas de este verano”.

Aunque se mantiene fiel al cómic que adapta, el filme aporta la creación de los villanos a los que se enfrentan los protagonistas. Se trata de los Diñados. Fue una idea de Robert Schwentke (director que recibió el encargo de llevar al cine la historia) y de los guionistas Phil Hay y Matt Manfredi, y gira en torno a una nueva amenaza para el género humano. Además de los demonios de la novela gráfica, los Diñados pueden pasar de un mundo a otro. Los guionistas y el director estaban seguros de que el concepto añadiría otro toque al apocalíptico enfrentamiento final.

Básicamente, se trata de almas destinadas al infierno que rehúsan andar hacia el vórtice de luz y pasar al otro lado. Los Diñados prefieren esconderse en el mundo de los vivos mientras puedan. “Queríamos que los Diñados, los malos de la historia, pareciesen humanos al principio antes de exponerlos”, explica Matt Manfredi. “Se nos ocurrió que si alguien muere y no quiere pasar al Más Allá, podríamos ayudar a la historia enseñando qué ocurre si alguien debe morir y no lo hace: el alma adopta curiosas manifestaciones”.

El director de producción Alec Hammond, y los diseñadores de criaturas Crash Mccreery  y Eddie Yang, así como la productora de efectos visuales Juliette Yager, se encargaron de diseñar las decenas de Diñados una vez que aparecen y revelan su auténtica naturaleza. Gracias a las oportunidades ilimitadas que ofrecen las imágenes digitales, pensaron en crear una multitud de criaturas malvadas, amenazantes y a menudo de aspecto humorístico. Solo era necesario respetar una sencilla regla: un Diñado aparecido debía recordar al ser humano que fue en la vida real. En otras palabras, debía ser una manifestación exagerada de su maldad anterior. Por ejemplo, si era un ladrón en la vida real, el monstruoso Diñado tendría unas manos enormes en cuanto se revelara su auténtica naturaleza. Y el tono cómico se refuerza por su alergia al comino que es el que les arrebata su camuflaje humano.

La imagenería visual que desarrolla R.I.P.D departamento mortal se redondea en su proyección 3D. Un 3D que sin ser de los más espectaculares (no se trata, pues, de un caso como el de Pacific Rim) es eficaz para rematar la puesta en escena muy hábil para transmitir el espíritu de aventura gráfica, el alma pop del relato. Se diría que pese a gozar de un buen presupuesto el equipo técnico, presidido por los productores, se han esforzado en darle a la cinta ese aire de serie B que se echa de menos en el cine actual. Otra de sus bazas es que la película no se toma en serio a sí misma y así se ingiere como un caramelo refrescante. En suma, estamos ante una película menor que no deja de sorprender y permite pasar un rato agradable.

Hit Girl y Kick Ass vuelven a la acción en Kick Ass 2… y esta vez no vienen solos

2 septiembre 2013 Deja un comentario

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De abril de 2008 a marzo de 2010 se publicó una mini-serie de 8 números en Estados Unidos, Kick-Ass, que dejó boquiabierto a más de uno (entre los que me incluyo), pero también recibió los varapalos de turno por las altas dosis de violencia que contenían, protagonizados en su mayoría, para más inri, por Hit-Girl, una niña de 11 años. Pero a los que nos encantó nos dejó con ganas de más. Pero sin estropear lo leído, rogando que no bastardizaran el concepto y se convirtiera en una de esas series regulares  anodinas creadas para explotar el filón y en la que a los pocos números los creadores  pasan el testigo a otros autores con los que, irremediablemente, se aboca hacia el aburrimiento. Crucé los dedos para que no fuese así  y por suerte Kick-Ass ha visto publicadas dos secuelas en forma de mini serie manteniendo a sus creadores y llevando todo con mucha dignidad.

Pero hagamos un poquito de historia. El escocés Mark Millar, guionista en diversas series Marvel, llegó al corazón del lector con The Ultimates, serie que modernizó el concepto de Los Vengadores sin traicionar a los fans y recreando unos personajes cuyas caracterizaciones son las que han sido llevados al cine con tanto éxito. Millar y el dibujante Bryan Hitch fueron los responsables, entre otras cosas, de que ya desde el cómic  Nick Furia tuviera la apariencia de Samuel L. Jackson. Tras realizar guiones para los principales iconos Marvel, Spiderman y Lobezno, Mark Millar  la volvió a liar con otra serie limitada, Civil War, con cuyo dibujante, el excepcional Steve McNiven, realizó la mini serie El viejo Logan, entre otras.

John Romita Jr. y Mark Millar (que no se resistieron a salir también disfrazados en Kick Ass 2)

John Romita Jr. y Mark Millar 

Y si Mark Millar destacó y se dio a conocer con estas series, no pasó lo mismo con John Romita, Jr.  un viejo conocido del lector de cómics Marvel y portador de un apellido capital, ya que su padre es el creador de las imágenes definitivas de todos los personajes de Spiderman tras dejar su creador, Steve Ditko, la serie en el número 38,  Romita rediseñó los personajes con especial cuidado a los secundarios y en particular a las damas: Mary Jane y Gwen Stacy aún hoy se siguen dibujando como las diseñó Romita, así como el propio Peter Parker. En definitiva, Spiderman no tendría el aspecto que tiene si no hubiera tenido el placer de conocer a John Romita.

KickAss_03_SecondPrintingAsí que, con toda una vida mamando cómics y viendo a su viejo dibujando sin pausa, no es extraño que John Romita, Jr. escogiera el trabajo de su padre. Si bien al principio era un tanto mediocre en su labor, cuando decidió soltarse el pelo y dar personalidad a sus dibujos, especialmente durante su última y larga etapa con el personaje Spiderman, es cuando se convierte en uno de los dibujantes más importantes del cómic americano.

Y estos dos tipos son los que juntaron sus talentos para crear Kick-Ass, serie basada en el sueño adolescente del propio Millar de vestirse de super-héroe y hacer justicia que, aunque bebe del Peter ‘mequetrefe’ Parker de los sesenta, da la vuelta al tema y se llena de mala leche, violencia, mucha sangre, litros y litros… ¡cubatazos de sangre! y varios compañeros adorables entre los que destaca la sanguinaria y retaco Hit-Girl, personaje que, tanto en el cómic como en la pantalla se come al protagonista. La serie tuvo tanto éxito que se convirtió en una más que correcta película de la que, en su momento, ya les hablamos aquí. Film que, si bien se ahorraba algunos detalles realistas y sórdidos de la versión impresa, nos ofrecía toda la violencia con una tremenda Chloe Moretz, que nos robó el corazón a golpe de katana.

kick-ass2Millar y Romita Jr. tenían claro que la secuela, Kick Ass 2, tenía que estar a la altura de su predecesora. Y en diciembre de 2010 salió a la venta el primer número de la segunda mini serie, en esta ocasión de siete números que, si bien no resulta tan atractiva como la primera, si que da un continuidad digna a la serie, reincidiendo en esa violencia tan brutal que casi llega a la parodia y con un final de infarto que, por cierto, la película no ha respetado (así como la carga violenta que desde las páginas del cómic despliega el antagonista de Kick Ass, Motherfucker),  prefiriendo dejar un final abierto para una nueva entrega. De  agosto de 2012 a abril de 2013 se publicó un tercer y hasta el momento último acercamiento a los personajes con la mini serie Hit-Girl,  que se sitúa entre las dos series anteriores y de la que se han tomado varias situaciones para el guión de la película  Kick Ass 2, que es bastante fiel al argumento de la segunda serie, excepto, tal y como hemos indicado, en el final, en cambiar algún personaje y ciertos brochazos de sangre que se han ahorrado.

Y ahora, lejos de fetichismos, dejemos que la parte seria de Serendipia analice la película en sí…

Esta continuación de las aventuras del quijote de los cómics nos cuenta que la loca valentía de Kick-Ass (Aaron Taylor-Johnson) inspirara a toda una oleada de nuevos defensores del bien dirigidos por el implacable Coronel Barras y Estrellas (un, afortunadamente irreconocible, Jim Carrey). Nuestro héroe decide unirse a ellos. Pero cuando Bruma Roja (Christopher Mintz-Plasse), que regresa con el nombre de El Hijoputa, decide deshacerse de esta panda de superhéroes aficionados, solo Hit-Girl (Chloë Grace Moretz) podrá impedir que los aniquile… [argumento extraído de Filmaffinity]. Ya la misma sinopsis hace entrever algo que habremos de comentar: aunque se supone que estamos ante la saga del héroe del traje de neopreno verde, la que roba más metraje y centra más interés es Hit-Girl; y no es que no se agradezca esa usurpación de protagonismo pero ello conducirá a que la película resulte irregular.

Kick-Ass 2, con un par (Kick-Ass II, 2013, Jeff Wadlow) pinchaba en su estreno USA al alcanzar sólo el quinto puesto en la taquilla en su primer fin de semana en cartel. Aunque el arranque de la primera parte también fue modesto, con el boca oreja fue ascendiendo hasta alcanzar una recaudación final muy aceptable, sin embargo no creemos que vaya a ocurrir lo mismo con esta nueva entrega. La película del inexperto Wadlow cumple de forma suficiente (que no notable) con su función de entretenimiento, pero poco más. Igualmente su recepción por la crítica americana ha sido tibia (siendo las opiniones negativas las más vehementes), no ha llegado a convencer del todo a los profesionales. Y nos atrevemos a predecir que también dejará decepción en muchos sectores del público. No podemos por menos que hacernos eco de las palabras de Mark Adams (Screendaily): «En última instancia resulta más bien dispersa y desarticulada, tal vez simplemente porque carece de la gran originalidad y transparencia de la original«, y nos hacemos eco porque ese es el sentimiento que nos provocó.
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Efectivamente, la primera entrega nos sorprendió y mereció nuestro entusiasmo por su punto de vista fresco y original sobre la literatura (y el cine) de superhéroes, con su tono modesto e independiente. En cambio, como reconoce la propia distribuidora (Universal), esta secuela es más popular y americana; cosa que aceptamos pero dándole a la valoración su acepción peyorativa. Sobre todo se echa en falta hondura en el retrato psicológico (y no es que esperáramos enfrentarnos a un drama de Dostoievsky) suficientemente perfilado en la película de Mathew Vaugh (su predecesora), y ello a pesar de que en palabras de su director en esta segunda entrega «Dave, Mindy y Chris no saben realmente quiénes son. En la primera película se crean un álter ego, Kick-Ass, Hit Girl y Bruma Roja, pero no por eso contestan a las preguntas que todos nos hacemos: ¿Quién soy? ¿Qué sitio ocupo en el mundo? ¿Qué voy a hacer con mi vida? Una cosa es intentar ser otra persona, un superhéroe, y otra es descubrir quién es uno de verdad. Me pareció interesante que se preguntaran quién está detrás de la máscara. Resumiendo, la película habla de la madurez”. Porque, sí, los protagonistas habrán de enfrentarse a la muerte del padre (nada metafórica en su caso), superar la adolescencia y encarar la vida adulta y sus consecuencias, pero todo está tratado de forma superficial como en una típica comedia para adolescentes, y queda únicamente salvado por las tablas de Chloe Moretz y las dosis de humor que hereda del cómic.
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La joven Moretz, a la que pronto veremos con Julianne Moore en el papel protagonista del remake de Carrie, sobresale sobre el elenco como Hit-Girl siendo el centro de la mayoría de escenas de acción de Kick-Ass 2, con un par, orquestadas a la perfección por el coordinador de especialistas James O’Dee. Refiriéndose a las épicas batallas, el productor Tarquin Pack dice: “Las secuencias de lucha se basan aún más en la realidad que en la primera entrega. Entonces, y dado que Chloë solo tenía 11 años, las peleas se enfocaron con un cierto toque de fantasía, sobre todo tratándose de una niña matando a adultos. Debía ser otra realidad, ya que emocionalmente era una noción absurda porque era una cría. Pero ahora, Chloë ha crecido, es mayor, y la acción puede ser más realista«. Y aunque ello sigue siendo atractivo, la película se resiente, pues las partes en las que ella no está presente no tienen la misma intensidad, suponen una decaída en el interés y el ritmo (ello a pesar de que tanto Aaron Taylor-Johnson en el papel de Kick Ass y Christopher Mintz-Plasse en el de El Hijoputa resuelvan correctamente su interpretación). Chloe-Hit Girl, se lo come todo y así resulta desaprovechada la interpretación de Jim Carrey y su personaje, la del resto de miembros del bien, y la del ejército de villanos (con la única excepción de Madre Rusia (Olga Kurkulina) aunque también podría haber dado más juego); y el resultado es el de una película desequilibrada que no logra ningún brillo.
Kick Ass 2, con un par, es una de tantas medianías, lejos queda la sorpresa de la primera. Hay que reconocerle, eso sí, un desenlace vibrante y el brillo de las coreografías de Hit- Girl. Divertirá, algunos quedarán suficientemente satisfechos, pero también recibirá su buena dosis de decepción.

Pacific Rim & Elysium, un tandem para el verano

Para los que nos quedamos en la city, agosto es como un largo y aciago domingo, un gloomy sunday como aquel que dio título a una vieja canción de suicidas. Si algo puede salir mal, si algo puede complicarse en una ciudad en la que no está de turno ni el sereno, saldrá mal como en las peores pesadillas de Murphy. Sudor, calles desiertas llenas sólo de tiendas cerradas y, lo peor, de bares cerrados. Un paisaje apocalíptico en el que las hordas de turistas descamisetados actúan como una auténtica plaga bíblica. Calor, vacío y sensación de que somos los únicos desamparados de la mano de Dios que no tenemos playa o piscina que echarnos a la espalda entre siesta y cerveza fresca.

Agosto es un secarral en el que todo parece quedarse entre paréntesis hasta que la nueva vida se ponga en marcha con la vuelta al cole en El Corte Inglés. Pero todo desierto tiene su oasis y los cines, pese a sus precios, siguen siéndolo para muchos. O como mínimo son su doble perverso, el espejismo, porque ya se sabe que cine y verano es una suma que da como total blockbuster. Las salas oscuras en verano son cómplices como nunca del placer culpable y es que, ya se sabe, blockbuster es depauperado entretenimiento para la masa, producto industrial que no arte, insulto para la inteligencia incluso para según quien, pero, ay, ay, a veces alguno está tan bien facturado que es difícil resistirse a su canto y, por apelar a lo más básico, acaban por gustar incluso a quienes no quisieran. Ese es el caso de Pacific Rim (2013, Guillermo del Toro) y de Elysium (2013, Neill Blomkamp), dos películas destinadas a aliviarnos los calores y a deshacernos los malos humores si sabemos entrar en su juego, películas que cosecharán críticas furibundas y parabienes a partes iguales, porque son lo que son, productos de perfecto alicatado programados para hacernos evadir.

«No éramos los más deportistas ni los mejores de la clase, sólo teníamos la virtud de ser óptimos en el combate» así se describe en off el protagonista de Pacific Rim en el apretado prólogo de la cinta, y parece toda una declaración de intenciones de del Toro sobre el filme. El mexicano se plantea su película homenaje al cine de los Kaiju eiga como un colosal combate contra los sentidos del espectador, se trata de pegarnos a la butaca y dejarnos anonadados tal como nos quedábamos en nuestra infancia al ver aquel cine de bestias gigantes. Por eso esta vez es imprescindible que vayamos a verla al cine con la mayor pantalla y el mejor 3D posible, porque sino nos habremos quedado sin apreciar sus mejores mimbres y elementos (si hay que sacrificar la V.O., creánnos, ¡sacrifíquenla!). Pacific Rim es espectáculo, espectáculo visual, el placer que pretende depararnos es el de ver cómo gigantes, robots, personajes y objetos, dinamitan continuamente la cuarta pared, ahí es donde está su poesía y su razón de ser.

Se trata de encasquetarnos las gafas y dejarnos arrollar, porque si lo hacemos la cinta nos irá revelando sus pequeños secretos. La acción nos cuenta que la tierra padece una invasión alienígena surgida de una brecha en el fondo del océano a través de la que salen monstruos (Kaijus) cada vez más espectaculares, invasión que es combatida por poderosos engendros mecánicos (llamémoslos robots o mechas según el grado de especialización que deseemos darle a nuestras palabras) pilotados por dos tripulantes conectados neuronalmente (Jaegers, palabra alemana que significa cazador, pero que habrá sido elegida por su proximidad fonética a eiga en un guiño al espectador avisado). Cuando la amenaza de los Kaijus parezca superar las fuerzas de los Jaegers de última generación digital, se habrá de poner toda la esperanza en un antiguo Jaeger analógico (y nuclear) pilotado por Raleigh Becket (Charlie Hunnam) vieja gloria que se había retirado y la neófita Mako Mori (Rinko Kikuchi) brillante alumna que aún no ha entrado en combate. La trama tiene todos los tópicos propios del género y del Toro no va a hacer nada por evitar que sean superficiales personajes y situaciones, así habrá quien diga que en temas como el honor, la lucha, el compromiso con la patria, el respeto a la autoridad o la importancia del desacato, el méxicano adopta un punto de vista ramplón e incluso patriotero. No, no es en los trazos gruesos de la trama donde cabe buscar el mensaje, se diría que para del Toro eso no es más que una excusa superflua para abordar lo que verdaderamente le interesa: los propios Kaijus y Jaegers; esto es, la propia imagenería que va a  desplegar virtuosísticamente a lo largo de las más de dos horas de metraje. Pacific Rim es un homenaje al mundo del anime, mejor aún, del anime que empezó a exportarse desde Japón en los años 70 y que llenó las pequeñas pantallas de muchos hogares haciendo las delicias de quienes eran niños, como el propio del Toro, por entonces, a todo el subgénero de los mechas (seamos precisos aquí) con Mazinger Z a la cabeza. Y siendo un homenaje a ese género lo es, por tanto, a la infancia, o mejor aún, a la necesidad de conservar la visión infantil en esta época de tanto adelanto técnico y tanta crisis de valores; así, quedándonos en la superficie es como mejor conectamos con el verdadero quid, y como aflora el del Toro autor desde el mejor del Toro artesano.

Sin tomarse en serio a sí misma, Pacific Rim resulta un ejercicio de épica pop que comunica diversión y entretenimiento festivo. En el otro extremo del ring (pero sin ser su opuesta) se alza Elysium como un  intento de tejer una ciencia ficción comprometida, pero igualmente mainstream, pop y popular.

El sudafricano Neill Blomkamp se daba a conocer en 2009 con su ópera prima Distrito 9, película que con un modesto presupuesto abordaba el lamentable tema del apartheid en clave de ciencia ficción. Se perfilaba, pues, como un autor capaz de conjugar reflexión y evasión. En esa misma línea le vemos avanzar cuatro años más tarde con Elysium, una distopía que acierta a plantear algunos de los temas candentes de nuestra realidad actual. Estamos en el siglo XXII, la tierra se ha convertido en un planeta contaminado, superpoblado y enfermo; las clases pudientes lo han abandonado para instalarse en la base espacial Elysium, construida por la empresa Armadyne, allí gozan de una vida paradisíaca en grandes mansiones rodeadas de verdes espacios y a la que no afecta ni la enfermedad gracias a los avances tecnológicos. Max (un Matt Damon fornido como un toro bravo) es un huérfano acostumbrado a buscarse la vida desde niño que trabaja como obrero para las instalaciones de la compañía en la tierra y que, como todos, desearía poder emigrar a la base. Cuando sufra un accidente radioactivo en la fábrica, Max se verá inmiscuido en una peligrosa misión de la que acabará dependiendo el destino de la humanidad. En su aventura es perseguido por Kruger (Sharlto Copley componiendo un interesante villano), un mercenario que trabaja a las órdenes de Rhodes (Jodie Foster) la ministra de defensa de Elysium, que prepara un golpe de estado que va a endurecer aún más las diferencias y la persecución de los ilegales que acuden a Elysium en busca, sobre todo, de los tratamientos que  la sanidad terrestre no cubre. La enfermera Frey (Alice Braga), cierra la trama introduciendo el elemento romántico.

Son varios los temas actuales sobre los que reflexiona Blomkamp en esta su segunda película (en la que ha contado con un amplio presupuesto), de entrada asistimos a la polarización de la sociedad en prácticamente dos clases, claro reflejo de la crisis que atraviesa el mundo desarrollado y que está acabando con las clases medias. Basta con extrapolarlo al máximo y tendremos la situación que predice la cinta, porque la brecha que separa a las clases conduce ya a existencias paralelas en las que los pudientes casi parecen vivir en otro mundo. Es también un reflejo de la pérdida de derechos sociales, ahí estamos todos sufriendo los recortes que afectan a áreas tan básicas como la sanidad. Y, por supuesto, plasma las diferencias entre el primer y el tercer mundo que conducen al problema de la inmigración ilegal (esas naves que son como pateras). Ahora bien, que nadie espere un análisis profundo, de todo ello se exponen sólo las líneas básicas sin expandirse en las múltiples aristas de estos problemas, amén de que la resolución del filme es harto simplista. Hay compromiso por parte de Blomkamp, pero como ya decíamos, es un compromiso mainstream que nos da una distopía popular (y populista, si se quiere) que sólo será suficiente para complacer al público más mayoritario.

Y es que de eso se trata, porque como el propio director ha manifestado, de lo que se trata es de hacer género, diferente, porque el mundo está cambiando, pero haciendo prevalecer siempre al entretenimiento por encima de todo. En ese apartado, el de la acción y la evasión, la película brilla con luz propia: hay explosiones, combates, evasiones, naves que aterrizan forzosamente arramblando con todo lo que se ponga por delante… Todo un lujo pirotécnico con efectos FX realistas como ya no se ven y que, junto con la ambientación futurista de Syd Mead (sí, el ambientador de Blade Runner) para la estación espacial, son lo mejor que presenta la obra de Blomkamp. Matt Damon prueba de nuevo que es un todo terreno, para esta película ha tenido que machacarse horas y horas en el gimnasio para conseguir ese cuerpo musculado y rotundo, y resulta convincente en su interpretación del personaje mesiánico que viene a liberar a los más pobres, exoesqueleto incluido. Algo más de hora y media de acción continúa que fue recibida con aplausos en el pase de prensa de Barcelona.

Tanto Pacific Rim como Elysium vienen como anillo al dedo para sofocar los calores caniculares, son dos películas estivales que nos traen aire fresco y que bien valen que les dediquemos nuestro tiempo porque con ellas el tedio se suspende junto a la incredulidad, y eso lo agradecerá siempre nuestro cuerpo y hasta nuestra mente.

Expediente Warren, The Conjuring: revisitando las casas encantadas

Movimientos de cámara que nos acercan al personaje, movimientos de cámara que nos muestran aquello que se presiente, movimientos de cámara que acompañan al personaje en sus propios movimientos…  Movimientos de cámara que se bastan por sí mismos para crear la intriga. El padre de Saw construye en The Conjuring (Expediente Warren en español) un relato con buen pulso que nos lleva a atravesar todos los estadios de una invasión paranormal en una casa encantada, desde su inicio (ruidos, puertas que se abren o se cierran, luces que se apagan, todo el rosario de poltergeist) hasta la posesión demoníaca, pasando por el miedo y la debilidad que sienten quienes los viven en primera persona. Nada que no hayamos visto antes, pero eso no importa, al fin y al cabo las historias que componen los humanos son casi siempre las mismas, lo que les da valor no es tanto el qué nos cuentan sino el cómo. Y ahí, en los modos de narrar, James Wan aprueba con nota.

Ed y Lorraine Warren han sido dos de los investigadores de fenómenos paranormales más célebres que han existido, en buena medida por haber intervenido en los sucesos de Amityville especialmente conocidos por los amantes del terror. The Conjuring es la adaptación de otro de los casos en el que los parapsicólogos intervinieron: las aterradoras vivencias de la familia Perron en su granja de Rhode Island. Como reza su argumento:  «Ed y Lorraine Warren, investigadores de renombre en el mundo de los fenómenos paranormales, son llamados por una familia aterrorizada por una presencia oscura en una granja aislada. Obligados a enfrentarse a una poderosa entidad demoníaca, los Warren se encontraron atrapados en el caso más terrorífico de sus vidas… (FILMAFFINITY)». Un matrimonio y cinco niñas de diferentes edades que darán mucho juego para la creación de alarmas que no siempre acaban en susto (cosa que es de agradecer) en una historia en la que se combinan los tópicos de las películas sobre casas encantadas y las de posesiones demoníacas, exorcismo incluido coincidiendo con el clímax del filme.

Hechos reales que acontecieron en 1971, la película cuenta con una cuidad ambientación y está perlada de esmeradas interpretaciones. Especial mención merecen Vera Farmiga (los aficionados al fantástico la recordarán por su intervención en Código Fuente) en el papel de Lorraine Warren, y Lily Taylor interpretando a esa madre que adora a su familia y que va a tener que enfrentar al mal dentro de sí. Conjuring James WanPero el auténtico protagonista es el propio James Wan que demuestra que es uno de los grandes nombres en el cine de terror actual. Wan maneja con precisión el ritmo (la acción es un crescendo continuo), la composición de personajes (logra retratarnos su psicología interna) y, sobre todo, la puesta en escena midiendo bien qué muestra y qué sugiere. En este sentido, aunque la cinta no olvida  los sobresaltos (no podían dejar de estar en un filme de casas encantadas) no cae en el exceso y sabe jugar la baza de la sugerencia, esos planos con aire en un lado que no siempre se llenan con la presencia de la aparición y que nos intriga aún más cuando es así dejando a nuestra imaginación completar el resto. En una historia de fantasmas es fácil caer en la tentación de mostrar las apariciones con lujo de detalles y derroche de efectos especiales (cayendo así muchas veces en lo grotesco), James Wan sabe controlar ese impulso y jugar con la insinuación, dejando las visiones para los momentos exactos; es así como logra agarrar al espectador que ve cómo no disminuye su interés a lo largo del metraje. Y es así también como consigue comunicarnos el crisol de sensaciones que podría llegar a despertar un lugar verdaderamente encantado. Alguna risa nerviosa en el pase de prensa hace evidenciar que la cinta alcanza su objetivo, transmite miedo. Y nos hace reflexionar sobre el mismo.

El miedo es nuestra reacción ante la inminencia de un peligro, actúa como alerta que estimula nuestra prudencia y nos hace buscar soluciones que nos eviten salir malparados. Somos hijos del miedo porque los temerosos sobreviven más que los temerarios, sin embargo, el miedo es también un arma de doble filo porque si se perpetúa en nosotros nos vuelve débiles, vulnerables. Paradoja. Entonces, al debilitarnos, si hubiera un ente portador del mal, sería fácil hacernos presas. ¿Contesta The Conjuring sobre la existencia de una fuerza maligna? Dejaremos que el espectador lo descubra.

Thanatomorphose: la descomposición como poema visual

Zumbaban las moscas sobre este vientre pútrido

del cual salían negros batallones

de larvas que manaban como un líquido espeso

por aquellos vivientes andrajos.

Charles Baudelaire

Si lo bello mana de la armonía de las formas y la proporción de la apariencia, lo sublime surge del desbordamiento y la penetración en la poesía de lo deforme. La ópera prima de Éric Falardeau es un ejemplo de cómo lo sórdido encierra una fuerza capaz de conmovernos estéticamente. La ópera prima del canadiense es sublime.

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La protagonista de Thanatomorphose es una joven escultora cuya vida está tocando fondo. Mantiene una relación sentimental que no la llena, su pareja parece interesarse en ella únicamente como objeto sexual, y está atravesando, además, una crisis creativa en parte porque no obtiene el reconocimiento que merece. Su vida se esta estancando y ella ya no tiene fuerzas para seguir luchando, está al borde de tirar la toalla y se abandona a la renuncia de la sensibilidad. El proceso de disolución de su espíritu va a somatizarse y progresivamente su cuerpo iniciará un proceso de descomposición. Un descenso a los infiernos que no arroja la esperanza redentora del conocimiento sino que la abandona en el más descarnado nihilismo.

Dividida en tres actos, Thanatomorphose se inicia como un drama intimista que retrata la vida vacía de la protagonista mostrándola en el espacio de su apartamento, un auténtico correlato de ella misma. Larga presentación que utiliza jumcuts y transparencias a modo de breves elipsis que no interrumpen su tempo pausado hasta la exasperación: se trata de hacernos empatizar con el personaje en su desesperación.  La primera mitad del primer acto busca sumergirnos en la mente de la joven escultora, en su decepción y su desánimo, quiere desasosegarnos y abocarnos al vacío de alguien que ya está muriendo en vida.Dead Kayden Rose Copyright B Lemire Lo siguiente es llevarnos al fenómeno de mutación y metamorfosis tanática de su cuerpo, desde los primeros moratones hasta la licuación de su carne, hasta hacernos apreciar una angustia existencial que va mucho más allá de la anécdota de su argumento. Y es que lo importante de la cinta del canadiense no reside en su trama, no reside tampoco en su trasfondo más superficial, aquel que nos habla de la deshumanización de las relaciones interpersonales y de la putrefacción de la sociedad contemporánea que nos cosifica. No, no es que el festín de sangre y fluidos se mantenga gracias al intento de hablarnos de nuestras circunstancias accidentales, la película brilla con luz propia porque no escatima recursos  visuales  para mostrarnos lo que sabemos pero negamos en nuestro quehacer diario: somos seres para la muerte y estamos condenados a la descomposición de todo nuestro yo. Es cuando se olvida de su excusa argumental que llega a la esencia. Cuando se abandona al regodeo estético en la corrupción de la carne y la propia imagen se derrite hasta la abstracción, es cuando Thanatomorphose entona sus más excelsas notas.

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Éric Falardeau y Kayden Rose en un momento del rodaje

Éric Falardeau se doctoró con una tesis que habla del sentido de los fluidos corporales en los géneros cinematográficos más extremos, el porno y el gore, puesto en relación con el sentimiento trágico de la vida de Shören Kierkegaard, y ya desde sus cortos ha buscado expresar sus conocimientos ahondando en el terreno de la sordidez. Contra lo que pudiera parecer, el director es un joven inquieto y vitalista que no esconde sus influencias sino que se manifiesta orgulloso de ellas y se muestra entusiasmado cuando el público las reconoce. El filme del canadiense parte de la estela del Polanski de Repulsión para llevarnos más allá hasta el ambiente malsano del mejor Cronenberg y del extremo Buttgereit. No es tanto la nueva carne lo que toma de Cronemberg sino la insania de Inseparables con esa proyección de la desintegración del personaje sobre el mismo espacio que habita. Y el Buttgereit al que se aproxima, más que al de Nekromantik, es al de Der Todesking (El Rey de la Muerte). Pero no hay que detenerse ahí, Falardeau se expresa a través de una fotografía feísta que recurre al desenfoque de la imagen hasta llevarla a alcanzar la abstracción, en una concepción de lo cinematográfico pareja a la del dadaísmo francés.

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Nada mejor que la abstracción para hacernos evidenciar el nihilismo, para hablar de la disgregación que nos espera como destino. Así, el cuerpo de la protagonista no sólo muestra su putrefacción gracias a los efectos de maquillaje (excelentes, por otra parte), más allá de ello se desdibuja en el mismo tratamiento del encuadre, en el trabajo de la fotografía. A Thanatomorphose se le puede dedicar uno de los mayores elogios que puede recibir un filme: tiene su baza principal en la explotación de todas las posibilidades de lo audiovisual. Sin apenas diálogos, todo se compone/descompone ante nuestros ojos en la propia imagen. Dejándonos fascinados ante imágenes duras y muy bien resueltas ofreciéndonos, sin llegar a la vulgaridad,  esfínteres desatados, explosiones de gusanos y olores que casi pueden percibirse desde la pantalla y que nos llevarán, irremediablemente, a un crescendo de moscas que culminará con la total licuación del cuerpo.

thanatonorphose 3Viaje hasta el fin de la noche, Thanatomorphose nos hace asistir a la desesculturización de la mujer que esculpe, cuya obra acaba suspendida en el non finito. Un non finito que, como los de Miguel Ángel, señala la lucha del artista por extraer vida de la materia inerte, pero aquí acaba en la imposibilidad, en la conciencia de que la única forma de escapar de una vida vacua es la muerte. Y la muerte es el fin. Pero ese es el periplo de la protagonista, la película de Falardeau nos salva de ese nihilismo extremo en su propio existir: el canadiense sí es capaz de crear. Y de crear una obra que nos lleva a experimentar al placer estético que, pese a todo, reside en lo más sórdido. El pesimismo se convierte así en vitalismo trágico, en el sentir que la desolación puede quedar suspendida en un futuro. Falardeau no nos deja sumidos en el más hondo escepticismo, al contrario, su obra parece decirnos que el arte es todavía capaz de redimirnos del sinsentido.

Entonces, oh belleza mía,

di a los gusanos que te comerán a besos,

¡que he guardado la forma y la esencia divina

De mis amores descompuestos!

Charles Baudelaire

Stoker, enigmático thriller familiar

India es una joven adolescente reservada que contiene dentro de sí un profundo apasionamiento al que sólo ha accedido su padre que a la vez es su mejor amigo. Desafortunadamente en su dieciocho aniversario su padre fallecerá en un accidente automovilístico. La muerte de su padre coincidirá con la irrupción en su vida de su tío Charlie del que hasta entonces no había tenido noticia. La conducta de su tío es extravagante y pronto se producirá la tensión entre su madre y él, pero también India se irá sintiendo atraída por él y en esta relación acabará descubriendo su pasión más allá de donde la había experimentado con su padre en su afición común, la caza.  Cuando se revelen las intenciones de tío Charlie en el último acto de la cinta, India y nosotros con ella descubriremos que les une un mismo impulso hacia una caza que ya no tendrá por presa a animales. Este es a grandes rasgos el argumento de Stoker, la primera película americana de Chan-wook Park, filme que tiene su mejor baza en la puesta en escena pues se trata de una película en la que son los recursos visuales los que van trenzando la historia entroncando así con lo que ocurría con el mago del suspense, Stoker como la mayoría de las películas de Hitchcock se construye en su puesta en escena más allá de lo que pueda aportarle el guión de Wentworth Miller (aunque dicho guión figuró en la blacklist como uno de esos grandes guiones que merecían ser llevados a la pantalla).

El director de la trilogía de la venganza no esconde sus débitos con el director inglés, no es siquiera casual (o en todo caso se trata de una casualidad afortunada) que el extravagante tío se llame Charlie, ese es el nombre de Joseph Cotten en La Sombra de una Duda, con la que Stoker guarda claros paralelismos. Salvo que la película del coreano es aún más perversa y en la revelación de las proximidades entre tío y sobrina no va a ganar, precisamente, el bien. Todo lo contrario es un viaje hacia el fin de la inocencia como reza su propio subtítulo. Sin embargo, al público más avezado no va a ser este giro de guión el que le va a cautivar sino que lo que va a subyugarle son los elaboradísimos movimientos de cámara de Park que consiguen por sí mismos sumergirnos en una atmósfera enigmática e inquietante. Y junto a ellos el trabajo de la fotografía, de su habitual colaborador Chung-honn Chung, perfectamente estudiada para conseguir con variaciones en la iluminación transmitir los estados de ánimo de los personajes. Este propósito era todo un reto si tenemos en cuenta que la película se desarrolla la mayor parte del tiempo dentro del escenario que representa la mansión de los Stoker, el propio Chung lo relata así: “La mayor parte de la historia tiene lugar en la mansión Stoker”, apunta. “Normalmente, construimos un escenario para poder acomodar la casa a las cámaras y a la iluminación. Debido a que la casa Stoker es real, me preocupaba que los ángulos y la iluminación quedaran muy repetitivos. Pero como el espacio era tan limitado, me di cuenta de que podía comprender mejor sus características. Al igual que los actores se ven diferente dependiendo del ángulo de la cámara, yo descubrí que la casa podía parecer triste o llena de esperanza dependiendo de la perspectiva”.

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Esta casi unicidad de escenarios junto con el tratamiento atemporal del tiempo de la acción son dos características destacables del filme que contribuyen a hacerla única en su especie.  La mansión de los Stoker tiene un amplio protagonismo dentro de la historia, ayuda a construir la impresión de encierro en sus circunstancias que viven los personajes, a la par que sirve para pincelar la psicología de los mismos (el contraste entre la habitación de la madre, abigarrada y sinuosa, frente la simetría luminosa de la habitación de India, por ejemplo) e igualmente sirve  como reflejo de las tensiones que pesan sobre sus relaciones, Park veía a Evie (la madre) e India como una reina y una princesa de un cuento de hadas atrapadas en un gran castillo. Por otro lado, aunque la cinta esté ambientada en el presente y en EE. UU, el tratamiento que se le da al tiempo hace que la película cobre esa atemporalidad propia de las fábulas, así Stoker se representa como un cuento perverso y  cruel.

Stoker es un dechado de recursos visuales y técnicos, pero no se puede olvidar el trabajo de sus interpretes. En el papel de India nos encontramos con Mia Wasikowska, joven actriz australiana a la que los espectadores recordarán por su papel en la Alicia de Tim Burton y su trabajo en Jane Eyre de Cary Fukanaga, pese a su juventud es una actriz concienzuda capaz de expresar todas las emociones que el personaje requiere. La actriz asegura que le encantó el proyecto. “El guión de la película es excelente; el director Park y el equipo de creación son brillantes. Es la primera vez que veo una historia como esta. La dinámica entre los personajes esconde un gran misterio. India es una joven muy complicada. Está completamente desconectada del mundo sin su padre. Es una forastera por naturaleza, cerrada al resto del mundo. Aunque todavía es una jovencita, se está convirtiendo en una mujer con sueños y fantasías, pero unos sueños de naturaleza diferente al resto”, afirma la joven.

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Sobre otra australiana recae el rol de Evie, la ya veterana Nicole Kidman. La escalofriante elegancia de Stoker y sus complejas relaciones hicieron que resultara una proposición irresistible para la actriz. “No hay nada corriente en la película”, comenta Kidman. “Tiene una cadencia inusual en el diálogo. El ritmo no es el típico. Me encantó el guión porque cuando lo estaba leyendo, no sabía nunca lo que iba a ocurrir a continuación». La desesperada y necesitada Evie era un personaje que Kidman no había desempeñado nunca. “La película empieza con el funeral de su marido”, apunta. “Queda patente que la relación madre-hija ya está llena de resentimiento y rabia. Cuando la conocemos, se encuentra en un estado inerte, y Charlie se ocupa de llenar el vacío».

El enigmático hombre que se vuelve el centro del conflicto familiar es representado por Matthew Goode, un fichaje británico, conocido por la aclamada película de Tom Ford Un Hombre Soltero, que protagoniza junto al ganador del Oscar Colin Firth, y por Watchmen, en la que hace de Ozymandias, un superhéroe semi-dios griego. “Matthew es muy gracioso”, afirma Wasikowska. “Nuestra relación fuera de las cámaras era completamente opuesta a la que era delante de ellas. Puede llegar a ser muy payaso, por lo que fue un desafío mantenerse centrado cuando trabajaba con él«.

El tío Charlie está envuelto en un halo de misterio durante toda la película. Sus intenciones permanecen ocultas hasta casi el final. «La audiencia nunca sabe seguro lo que está pasando por su cabeza”, asegura Park. “Quería muchísimo a su hermano, y ese amor se trasladó luego a su hija India. Alegóricamente, vi al tío Charlie como Juan el Bautista. Es la figura de un mentor que aparece para completar a India. Matthew coincidía con la imagen que tenía en la cabeza –la inocencia, el humor, la travesura–. Tiene la chispa traviesa y la elegante delicadeza de alguien que no haría daño ni a una mosca. Esas son las cualidades perfectas del tío Charlie«.

La película de Park mezcla lo primitivo y lo poético para hablarnos de individuos que viven las emociones intensamente hasta llegar a su intersección con la violencia. Y lo relata en clave de enigma, crea una atmósfera embriagante que nos atrapa como a esa araña que vemos subir por las piernas de India en un plano que se repite varias veces. Bocado exótico que nos deja su regusto siniestro y atractivo mucho después de abandonar la sala. Película para ser vista y archivada en un lugar privilegiado de nuestra memoria.

Categorías: CINE CLUB, VAMOS DE ESTRENO

Evil Dead 2013: más sangre y menos humor

Cuando los amiguetes Sam Raimi, Bruce Campbell y Robert Tapert, tras rodar varios cortos, se emperraron en sacar adelante su Book of the Dead (previamente  convertido en 1978 en un corto de 30 minutos, Within the Woods,  que sirvió como muestra para conseguir financiación) seguro que no sabían hasta donde podría llegar su alocada aventura. De una forma u otra Book of the Dead se convirtió en 1982 en Posesión infernal (Evil Dead), una película rodada en 16 mm. que mezclaba en principio un cóctel nada original: adolescentes, posesiones demoníacas, sangre y mucho speed. Pero no era así, ya que contaba con un añadido que la hacía (y hace) más atractiva: grandes dosis de comedia hasta el punto de transformar a su protagonista, Bruce Campbell en un personaje de dibujos animados. Y todo ello, no hay que olvidarlo, sin dejar de ser un atmosférico y terrorífico film.

Posesión infernal triunfó en los video-clubs de medio mundo y posibilitó que Raimi pasara a la primera división de su profesión. Esa bienvenida incluyó que rodara una secuela de su film, naciendo Evil Dead 2 (Terroríficamente muertos, 1987) que no  resultó ser finalmente una secuela sino un remake con todas las de la ley, aunque más loco si cabe, con más medios y mejores resultados en los maquillajes y efectos especiales (cosa en la que tuvieron mucho que ver la santa trinidad Berger, Kurtzman y Nicotero). Ese primer remake daría pie a (ahora sí) una secuela, El ejército de las tinieblas (Army of Darkness, 1993).

No acaba ahí la historia, en mayo del 2012 se iniciaba el rodaje de un nuevo remake, el que este viernes llega a nuestras pantallas. Esta vez Raimi no está al frente de la dirección, el equipo inicial (Raimi, Tapert y Campbell) ha preferido ocuparse únicamente de la producción y dar la alternativa al joven debutante Fede Álvarez, del que ya os hablamos en este blog. El propio Fede Álvarez, junto a Rodo Sayagues (colaborador suyo desde los tiempos de Ataque de Pánico, corto con el que se dieron a conocer) se ha ocupado de adaptar el guión, así que nos ofrece una relectura personal de la obra de Raimi. Rodada en Nueva Zelanda, algo habitual en Raimi, el reparto de esta nueva Posesión Infernal está compuesto por eficientes actores jóvenes: Jane Levy (Mia), Shiloh Fernández (David), Lou Taylor Pucci (Eric), Jessica Lucas (Olivia) actriz ya conocida para los productores por Drag me to hell (2009) y Elizabeth Blackmore (Natalie). Protagonismo tienen también los 25.000 litros de sangre artificial que han sido necesarios para el filme, muuuuuucha hemoglobina, pues, es la que nos ofrece esta nueva versión.

Esta Posesión Infernal de 2013 no es una mera repetición sino toda una reinterpretación del tópico de la cabaña en el bosque parodiado en la de 1981 (en puridad más que un remake es un reboot). Sin renunciar a los elementos fundamentales (la cabaña, el libro de los muertos o Necronomicón) Álvarez ha pretendido dotar a los personajes de una mayor profundidad psicológica, ya no son unos jóvenes cuasiadolescentes que van al bosque en busca de experiencias etílicofestivas sino un grupo de amigos que se han reunido para ayudar a Mia, la protagonista, a desengancharse de la droga (en el extremo opuesto, pues). Hay también drama familiar, el hermano de Mia es uno de los integrantes del grupo, cosa que supone un reencuentro entre ambos después de que él la hubiese dejado pasar sola el trance de la muerte de la madre en un centro psiquiátrico. No hay que esperar un análisis exhaustivo de los recovecos de las relaciones, sólo un esbozo que sirve al fin de explicar el porqué de sus conductas cuando se haga manifiesta la presencia (así, por ejemplo, la primera en tener evidencias de la fuerza que les acosa será Mia y los demás creerán que son causadas por su síndrome de abstinencia). Ocurre que este mayor naturalismo de los personajes no se ha dado sin eliminar esa comicidad cartoonesca que tenía la original y que, en nuestra modesta opinión es lo que la hacía especial. En la película de Ávarez no hay apenas lugar para el humor, todo está tratado con seriedad, y a nosotros se nos antoja que eso supone una pérdida del remake frente a la original. Podemos decir que, al tratar de darle alma a los personajes, es la película la que se ha quedado huérfana de ella. Esto no significa que a nuestro juicio sea una mala película, simplemente opinamos  que el remake no consigue superar al original.

Así pues, aún sin tener el carisma que identificaba a la saga Evil Dead, la Posesión Infernal de Álvarez cautivará a los aficionados al género. A los conocedores de las de Raimi porque está repleta de guiños a elementos del  guión que las caracterizaban. Ahí están esos bellos travellings subjetivos desde el punto de vista de la presencia atravesando al bosque; la violación en el bosque y por el bosque; la amputación de la mano; y, cómo no, la motosierra. Pero creemos que sobre todo gustará a los más jóvenes que quizás ni siquiera hayan conocido sus precedentes, por su factura, su ritmo trepidante por momentos y esos miles de litros de sangre y gore bien entendido. Tanto los iniciados como los neófitos agradecerán que no se haya abusado de la imagen digital, al contrario Álvarez se ha inclinado por conseguir los efectos con la cámara siempre que le ha sido posible y dejar a los de maquillaje hacer el resto. Y mención de honor merecen estos últimos junto a la banda sonora del español Roque Baños. En suma, puede decirse que Fede Álvarez no defrauda las esperanzas depositadas en él.

La pregunta del millón sería responder a si era necesario este remake (o reboot) tratándose como se trata de una película de correcta ejecución. Para quien esto escribe no se trata de una revisión que aporte ingredientes relevantes al original, como sí podía darse en el Maniac de, ni sirve para darle mayor actualidad (después de todo la original sigue igual de vigente que en su presente), de modo que no podemos considerarlo como necesario. Ahora bien, la buena factura del filme evita que se le pueda tildar de prescindible y, sobre todo, muestra las dotes de su joven director, más elogiable él que su propia ópera prima. Deseamos ver pronto a Fede Álvarez al frente de una obra personal que no se deba ya a ningún trabajo previo.

Fede Álvarez en el rodaje de Posesión Infernal

Fede Álvarez en el rodaje de Posesión Infernal

Serie B: Richard Vogue vuelve cargado de sangre, acción, sexo y comedia

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SOBRE RICHARD VOGUE

untitledSerie B es una sana gamberrada que lo único que pretende es hacer pasar un buen rato al espectador, algo nada fácil no se crean, y que se agradece en estos a veces pretenciosos tiempos. Excesiva, sexy y sangrienta, uno adivina que su director y guionista, el nunca suficientemente ponderado Ricard Reguant,  se lo pasó bomba imaginándola y dirigiéndola.

Y es que Serie B representa el retorno a la pantalla como director de Richard Vogue, alter ego de Ricard Reguant. Un niño grande de sonrisa contagiosa y conversación inagotable repleta de anécdotas. Es una de esas personas que uno escogería para tomarse unas cañas en esos cuestionarios que alguna vez hacen los periódicos y en los que indefectiblemente salen escogidos tipos tan interesantes como futbolistas, modelos o competidores de Formula-1.

Polifacético hombre-orquesta de extensa carrera en musicales, obras de teatro y trabajos para televisión, Reguant se inicia en el cine como meritorio de Iquino, dura escuela donde las haya,  con el que hace de casi todo hasta que se decide a dirigir, naciendo en ese momento Richard Vogue, pseudómino con el se adentra en el cine erótico clasificado “S”: «Yo venia del mundo de la interpretación en teatro y en televisión, y como seguía trabajando en los escenarios prefería no mezclar cosas… sobretodo si pensamos que hacer películas “S” estaba muy mal visto para la profesión intelectual del momento, aunque gracias a estas películas durante años se mantuvo la industria en España y estos intelectuales podían rodar sus películas, más minoritarias».

Richard Vogue dirige algunos  títulos como Sueca bisexual necesita semental (1982) o No me toques el pito que me irrito (1983), comedias sexys y alocadas como indican sus nombres, dentro de  «un género cinematográfico que tuvo su momento como los spaghetti-western, los pseudo-Bonds o las de terror». De rápido rodaje, poco presupuesto y alta rentabilidad, no en vano «Sueca bisexual necesita semental fue la película más vista el año que se estrenó».

Ricard  es un veterano que ha llegado a trabajar en más de 60 producciones desempeñando diversas tareas como ayudante, guionista o director.

Pero Serie B no es solamente un film erotico (aunque tiene sus gotas), es una mezcla de terror, película de acción con venganza y sobre todo comedia, aunque de forma soterrada y casi irónica. Reguant ya había tocado el género de terror, habiendo dirigido al mismo Paul Naschy para un capítulo de la serie televisiva Desenlace (2001, Ricard Reguant y Tito Álvarez), pero Antena 3 la emitió incompleta y a altas horas de la madrugada, una de esas decisiones contradictorias que, lamentablemente, son tan habituales.

COMO NACE SERIE B

FINAL“Un día un amigo mío me invito a su casa en los Pirineos. Era una autentica mansión, enorme, fantástica. Pasamos la noche de cháchara, divirtiéndonos imaginando cosas que podían ocurrir en aquel sitio. La casa estaba en medio de la nada a kilómetros del primer pueblo. Solitaria. Así que se me ocurrió una historia que podría ocurrir allí. Mi amigo, entusiasmado con lo que le contaba, me sugirió de hacer un filme. Yo le dije que aquel tipo de historias pertenecían a las llamadas películas de SERIE B, o lo que es lo mismo, películas de bajo presupuesto, de género (terror, ciencia ficción, westerns…), que servían de relleno a los grandes estrenos, naturalmente en la época en la que los cines hacían dobles sesiones.

En algunas ocasiones los filmes de SERIE B, eran mas interesantes y divertidos que los que se suponían eran los estrenos buenos, de clase A.

Con el tiempo estas peliculitas de SERIE B, se fueron convirtiendo en objeto de culto, y grandes directores actuales les hacían un sentido homenaje, como Quentin Tarantino por ejemplo. Claro que sus películas tenían presupuestos de Clase A. Muchos directores famosos se iniciaron en aquellas películas pequeñas de poca producción (casi siempre con la marca de ROGER CORMAN, el rey de las Series B): James Cameron, Martin Scorsese, Jonathan Demne e incluso Steven Spielberg. Pero estamos hablando de EEUU donde una película de poco presupuesto equivalía a dos nuestras de Gran Presupuesto. Luego aparecieron artistas que intentaron crear una industria de SERIE B en nuestro país. Paul Naschy, Jesús Franco son las cabezas más visibles de aquel intento… Pero los intelectuales, que todo lo fastidian, vinieron a aguar la fiesta y decidieron que el cine tenía que ser serio… Y lentamente estas pequeñas joyas (quizás no era buenas películas pero cumplían su doble cometido: distraer y mantener la industria), fueron desapareciendo de las pantallas y se convirtieron en piezas rebuscadísimas en los estantes de los vídeo-clubs de todo el mundo.

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Animado por mi amigo recogí el reto y escribí el guión. Lo pasé a dos compañeros de profesión Jesús Liedo y Toni Badimon. Estos se animaron y nos vimos con mi amigo, que estaba dispuesto a convertirse en productor.

Hemos tirado adelante el proyecto y después de pensar en muchos títulos nos hemos quedado con el más lógico: SERIE B. Ya que el film es sobre todo un homenaje a aquellas películas sencillas, hechas con más pasión que dinero y con más imaginación que medios, que tanto nos sorprendieron y divirtieron en sus días. Si conseguimos algo parecido estaremos más que satisfechos.

Mi «alter ego» RICHARD VOGUE reclama ser el artífice de este «retorno» a las andadas. Y, naturalmente ante un «autor» que parió títulos como «NO ME TOQUES EL PITO QUE ME IRRITO» o «SUECA BISEXUAL NECESITA SEMENTAL», no podía negarme”.

Serie B es la primera película producida por  Olwyn films, productora fundada en 2011 por Jesús Liedo y Ricard Reguant y el film, con un presupuesto estimado de 1,6 millones de euros, es la primera producción de la compañía, que nace con vocación de producir películas españolas de género con proyección internacional.

LOS ACTORES

zarzoEn Serie B destaca sin duda el protagonista, Manuel Zarzo, todo un veterano de 85 años que debuta en 1951 y en cincuenta años de profesión llega a participar en más de 145 títulos de todo género (spaghetti western, comedia…), además de en televisión. Es un rostro familiar para el cinéfilo que sin duda da cachet al film. Aunque se barajaron otros nombre para el papel, como Omar Sharif y Helmut Berger, finalmente Reguant vio más acertado contar con su amigo Zarzo, que realmente borda el papel de Willie Molina (¿homenaje a Jacinto Molina?).

Roger Pera es un consolidado actor todoterreno que tanto hemos podido disfrutar en comedia como en otro tipo de registros, como es el caso de Serie B, donde interpreta a un bastardo de gatillo fácil.

Pero también juegan un papel (y muy interesante), las actrices del film: Sonia Monroy (sí, esa Sonia Monroy que les viene a la cabeza), hace el tipo de papel que les gustará ver: lo pasa muy, muy mal. Sangra mucho durante el film y… nos muestra sus poderosos encantos. Al igual que las demás intérpretes, la bella Marta Simonet y Cata Munar, actrices ambas de extensa formación.

Sin olvidar ¿Cómo hacerlo? a Nuria de Córdoba, que borda su enigmático papel con nutritivo final sorpresa…

martaTambién intervienen Jaume Fuster y Eva Losada.

El nuevo milenio nos traido de vuelta a Richard Vogue y ¿era necesario? Pensamos que sí tras ver Serie B y agradecer un poco de locura, despiporre, sexo, sangre y sobre todo entretenimiento bien realizado. Tanto que a veces uno tiene la tentación de pensar la película está hecha en serio… pero nada más lejos de la realidad, ya que lo que Reguant (o debo decir Vogue)  propone es una película excesiva y con toques surrealista con la que pasar un rato loco.  Y pensamos que lo consigue.

Bajo presupuesto, mucha imaginación, sangre (sin abusar de casquería), sexo (sin llegar a ser explícito) y un único escenario: Serie B

Proyectada en la última edición de la Semana de cine fantástico y de terror de San Sebastián con éxito por parte del público (no tanto de crítica, ya que parece no todos supieron ver el juego que pretende el film), llega el 19 de abril a las pantallas así que, si quieren ver como hacen callar a Sonia Monroy (además de hacerle pasar por otras lindezas no menos dolorosas), les recomendamos que entren en el juego de Serie B.

SINOPSIS

Willie Molina (Manuel Zarzo) es un actor ya retirado que ha pasado parte de su vida en Hollywood interpretando películas de SERIE B. Su mayor hobbie es la caza, y mientras esta en el monte dispara sin querer contra unas chicas que estaban caminando entre los arbustos, Lidia y Mabel (Sonia Monroy y Marta Simonet), hiriendo a una de ellas. La herida es superficial, pero Willie las invita a pasar el día en su finca. Al llegar a la mansión, las chicas descubren que están ante un hombre muy rico. En realidad, las jóvenes ejercen de gancho en la carretera a hombres ingenuos a los que desvalijan valiéndose de sus encantos. Su protector, Robín (Roger Pera), llega a la casa junto a Katy (Cata Munar), una nueva chica. Acorralan al viejo actor amordazándole y golpeándole. Las cosas se ponen feas para el hombre. Aunque mientras los demás se distraen curioseando por la casa, Willie consigue liberarse… y entonces empieza una cacería llena de sorpresas en donde no se llega a saber hasta el final quien es más malvado de todos ellos.

Más información en: www.seriebfilm.es y http://www.facebook.com/SerieBfilm

Y más detalles sobre la carrera de Ricard Reguant (y por ende Richard Vogue) en la entrevista que publicamos en este mismo blog.

Hellboy, una reflexión sobre las esencias de lo humano

21 marzo 2013 1 comentario

HELLBOY (Guillermo del Toro, )

USA. Guión: Guillermo del Toro y Peter Briggs basados en las historias de Mike Mignola. Música: Marco Beltrami.

Reparto: Ron Perlman, John Hurt, Selma Blair, Rupert Evans, Karel Roden, Jeffrey Tambor, Doug Jones, Brian Steele, Ladislay Beran, Biddy Hobson, Corey Johnson, Kevin Trainor, Brian Caspe, James Babson.

Hace unos días Fernando Trueba era noticia, y no por su cine, sino por sus poco afortunadas opiniones sobre el mundo del cine de acción y de superhéroes. Trueba los califica de imbecilidad, que es tanto como calificarlos de producto para necios y alelados. Su comentario deja a las claras, no la debilidad de ese cine al que se refiere (ni la necedad de sus aficionados), sino de su propio desconocimiento de todo lo que supone el mundo de los superhéroes. Esa literatura es en verdad la transposición de los mitemas clásicos a la cultura pop y, igual que los mitos, sirven como vehículo metafórico de grandes temas atemporales. Vamos a ejemplificarlo con Hellboy llevado al cine por Guillermo del Toro en 2004.

Empecemos con el argumento: finales de la segunda Guerra mundial, las fuerzas ocultistas nazis (Sociedad Thule) llevan a cabo el experimento Ragnarök (fin del mundo nórdico), invocación del mal que lleva a cabo el mismísimo Rasputín. Fruto del experimento nace una pequeña criatura roja, con cuernos, cola y una mano de piedra , criatura que fue rescatada por los soldados aliados y educada por los estadounidenses. Ingresó posteriormente en la Unidad de Defensa e Investigación Paranormal (en inglés B.P.R.D.). Héroe solitario, Hellboy (la criatura), se tendrá que enfrentar a su propia naturaleza y decidir entre el bien y el mal.

En 1994 nacía Hellboy de la mano de Mike Mignola presentado en una secuencia de cómics mini-serie publicada por Dark Horse Comics. Un superhéroe solitario en cuya construcción se notan las influencias de diversas mitologías, desde la nórdica a la ideada por Lovecraft. Diez años más tarde Guillermo del Toro lo llevaba al cine, haciendo suya la imagenería del cómic. Del Toro recrea el universo de Hellboy con su propia visión de lo gótico y nos ofrece una película vibrante de bella factura en la que la tensión dramática va en aumento hasta el brillante duelo final con un monstruo infernal claramente inspirado en los relatos lovecraftianos.

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Si los episodios de enfrentamiento con los villanos  se secuencian adecuadamente y mantienen al espectador aferrado a su cubo de palomitas (cosa que no impide descubrir a Santiago Segura haciendo un cameo), no están menos perfilados los resortes más profundos de la trama. Hellboy nos recuerda a héroes como Harry Callahan, independientes e irónicos, quienes, sin embargo, bajo su corteza de hombres duros esconden una fuente inagotable de ternura. Hellboy está enamorado de su compañera del B.P.R.D. Liz Sherman, piroquinética con habilidad de explotar en fuego, aunque no encuentra la manera de hacérselo saber; y a la vez profesa un intenso afecto filial por el Profesor Bruttenholm , su “padre” adoptivo. Otros se quedarán con las secuencias en las que los efectos especiales se despliegan magistralmente, pero nosotros queremos destacar las dos escenas en las que se nos muestra el aspecto más humano de Hellboy. La primera una ronda nocturna en la que Hellboy espía a Liz desde la azotea de un edificio en compañía de un niño, tanto del Toro como Ron Perlman son capaces de mostrar el lado melancólico del héroe. Melancolía que llenará la pantalla de lluvia (¿cuántas veces la lluvia ha sido metáfora del llanto en el cine?) en la escena del entierro del “padre”, con un plano cenital sobre los paraguas abiertos que nos funde a la subjetividad de Hellboy siendo uno de los momentos más brillantes del film.

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Y es que antes de Nolan ya se había penetrado en los aspectos más profundos de los superhéroes de cómic. El Hellboy de del Toro ofrece al espectador una reflexión sobre las esencias de lo humano. Lo que nos define no es nuestra procedencia, ni las peculiaridades que pueden hacernos resultar extravagantes a ojos de los demás, nuestro ser más íntimo viene definido por nuestra capacidad de tomar decisiones: sea cuál sea nuestro origen siempre tenemos la opción de elegir entre el bien y el mal con todo el dramatismo que ello conlleva. Ese es el destino de y la enseñanza que nos deja Hellboy.