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VAMOS DE ESTRENO (O NO), Viernes 20-02-2015: El francotirador

20 febrero 2015 Deja un comentario

EL FRANCOTIRADOR (American Sniper, Clint Eastwood, 2014) *****

Duración: 134 min. País: USA. Guion: Jason Dean Hall; basado en el libro de Chris Kyle. Producción: Bradley Cooper, Clint Eastwood, Andrew Lazar, Robert Lorenz y Peter Morgan. Fotografía: Tom Stern. Montaje: Gary D. Roach. Warner Bros. Género: Bélico.

Reparto: Bradley Cooper, Sienna Miller, Jake McDorman, Luke Grimes, Navid Negahban, Keir O’Donnell.

El_francotirador-943269662-largeSinopsis: El marine del grupo de operaciones especiales de la Marina de Estados Unidos, Chris Kyle, es enviado a Irak con una sola misión: proteger a sus compañeros de ejército. Tirador de precisión milimétrica, salva incontables vidas en el campo de batalla y, a medida que se extienden sus valientes hazañas, se gana el apodo de “Leyenda”. Su reputación también crece detrás de las líneas enemigas, de manera que ponen precio a su cabeza y se convierte en objetivo prioritario de los insurgentes. A la vez se está enfrentando a otra batalla en casa: ser un buen marido y padre desde el otro lado del mundo.

El francotirador está basada en la novela homónima American Sniper: The Autobiography of the Most Lethal Sniper in U.S. Military History escrita por su propio protagonista, Chris Kyle, considerado el francotirador más letal de Estados Unidos que llegó a causar la muerte de hasta 255 insurgentes iraquíes. Eastwood moldea este material convirtiéndolo en una solvente película bélica, su puesta en escena del combate (siempre desde el absoluto dominio de la sintaxis clásica) es intachable. Sabe manejar la acción y la intriga de manera que nos tiene en tensión durante todo su prolongado metraje, a la vez que compone un personaje central digno de figurar en la galería del padre de  Walt Kowalski (Gran Torino, 2008), el Crhis Kyle de Eastwood es otra máscara más del héroe americano que nos ha ido dibujando nuestro director en toda su producción: defensor de los valores tradicionales de la democracia americana, un conservador dispuesto a intervenir si algo ataca contra esos pilares, usando una analogía expresada en esta película, un perro pastor que nunca atacará si no es en defensa de su propio rebaño. Todo perfectamente ajustado a la convención del género y a las claves del autor, sin embargo, El francotirador deja tras su visionado un rastro de decepción. Y es que ya no estamos dispuestos a creer que los buenos son los “nuestros” ni que la guerra pueda llegar a ser justa. Por eso, incluso habernos dejado seducir por su ritmo nos acaba resultando un placer culpable.

En esta ocasión, el autor del díptico Banderas de nuestros padres (Flags of Our Fathers, 2006) y Cartas desde Iwo Jima (Letters from Iwo Jima, 2006), no ha sabido o no ha querido (elijan lo que más les convenza) hacer la película que podía haber hecho. El espectador avezado ya sabe que no nos vamos a encontrar con una lectura antibelicista como la de Erich Maria Remarque (Sin novedad en el frente, 1930; Tiempo de amar, tiempo de morir, 1957), pero tampoco nos esperábamos una cinta más en sintonía con películas protagonizadas por Stallone y  Chuck Norris (y sus clones) que con las suyas propias.francotiradorY es que en El francotirador hay mimbres que la alejan de esos ejercicios pirotécnicos de gloria a la acción, pero quedan deslavazados y sin trenzar. Ahí están los interludios en los que el protagonista regresa a casa y le descubrimos temeroso de salir al exterior, con problemas de salud de los que no quiere oír, haciendo una auténtica negación (en términos psiquiátricos) del problema. No falta la carta del soldado caído llena de desesperanza y de repudia, o el regreso a casa de su propio hermano traumatizado por lo que ha vivido, pero son sólo momentos que no se desarrollan suficientemente (no volvemos a saber nada del hermano, por ejemplo). Eastwood nos muestra que el héroe más bien es víctima de un trastorno obsesivo compulsivo que le lleva a querer volver una y otra vez al combate, pero no profundiza, no le saca a ello el suficiente rédito narrativo, porque él mismo parece obsesionado en filmar esmeradamente la gesta épica una y otra vez.

El francotirador podía haber sido al cine bélico el equivalente a lo que Sin perdón es al western, todo un canto crepuscular, pero para ello tendría que habernos contado la historia que nos sugiere pero que a la vez nos escatima. Crhis Kyle no murió en el campo de batalla, le asesinó en Estados Unidos uno de los veteranos a los que él trataba de ayudar; y no podemos evitar sentir que ese es el verdadero relato que merecía ser contado, que ahí está la clave de la historia y de lo que puede ser dicho sobre la guerra (sobre todas en general y la de Irak en particular). Y no tenemos nada en contra de la sutileza de la insinuación, ni creemos que haya que masticarlo todo al espectador, pero es que en esta ocasión lo insinuado queda ahogado por una melodía principal estentórea. En El francotirador hay un problema de acentos, la tilde debiera haber sido puesta sobre el subtexto más crítico, pero no es así, de modo que el mensaje que nos habría gustado oír se pierde en la atonía. Es un problema de armonía, en esta ocasión Eastwood no ha calibrado como él sabe la relación entre la tónica y la dominante, todo un fallo en un músico de su condición.

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