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JÖRG BUTTGEREIT’S NEKROMANTIK

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SORDIDEZ, PODREDUMBRE, TONOS OCRES, CASQUERÍA, SUCIEDAD Y AMOR. INTENSO AMOR MÁS ALLÁ DE LA MUERTE Y DEL TIEMPO

 El 29 de enero de 1988 se estrenaba en el cine Sputnik de la por entonces Alemania del Este  una bomba de relojería cuyos ecos siguen resonando hoy en día, 27 años después. Nekromantik llegó para escandalizar y no solo lo consiguió holgadamente con  el espectador medio,  sino también con el aficionado al cine, incluido al del cine de terror más extremo, cuya mente y estómago estaban lejos de estar preparados para la propuesta del joven Jörg Buttgereit.

 ALEMANIA SE DESPEREZA

Tuvieron que pasar unos años para que en  España nos enteráramos de la existencia de este loco teutón  y de sus películas y fue, naturalmente, mediante los fanzines. Debemos situarnos a comienzos de los noventa con  un Jörg Buttgereitt que ha dirigido un buen puñado de cortos y dos largometrajes más: la muy interesante e infravalorada Der Todesking (1990) y la segunda parte de Nekromantik en 1992, que mejora y amplia lo propuesto en la primera. Tanto el fanzine valenciano 2000 Maníacos como Zineshock (realizado por el futuro cineasta Jaume Balagueró),  Annabel Lee y otros, se hicieron  cargo de presentarnos a los artífices de lo que se dio en llamar ultra-gore alemán,  efímero fenómeno underground que englobaba, además de al pionero Buttgereit, a  Christoph Slingensief (The German Chainshaw Massacre, 1990), Andreas Schnaas (Violent Shit, 1989 y Zombi 90- Extreme pestilence) y  Olaf  Ittenbach (Black Past, 1988 y The Burning Moon, 1992). Un movimiento que algunos vieron como un brote verde en ese desierto que desde los pioneros mudos representa Alemania para el cine fantástico y de terror.

Ya desde el principio Jörg Buttgereit prefiere no alinearse con todos esos directores a  pesar de tener en común con ellos la juventud, el origen y la crudeza de sus imágenes. Se considera, y con razón, ajeno a ese movimiento y  diferente a todos ellos, cuyas obras considera aburridas. Y es que en general lo que ofrecen es puro exceso visual cercano al amateurismo desprovisto del supuesto compromiso intelectual y la carga de profundidad que contienen las obras de Buttgereit, con la muerte siempre como protagonista y nexo de unión.

Flyer de la inauguración de la tienda Gorgon.

Flyer de la inauguración de la tienda Gorgon.

Pero teníamos que conformarnos con leer sobre todo ello, ya que en esos años de VHS y con Internet todavía como utopía, no había en España ninguna forma de hacerse con ese cine raro. Una situación que pronto cambiará. Primero mediante catálogos en los que los propios coleccionistas venden e intercambian copias de sus películas. Y más tarde con el nacimiento de las primeras tiendas especializadas.  En mayo de 1995 abre sus puertas en Barcelona Gorgon Video, tienda que apostará por acercar a los fanáticos del género películas de importación, títulos descatalogados o difíciles de localizar, así como merchandising y publicaciones. Un sueño para nuestras almas y una pesadilla para el bolsillo. La inauguración coincide con el lanzamiento de las dos películas de la saga  necrófila de Jörg Buttgereit de la mano de Strong Video, subsello de Manga Video. Unas ediciones de lujo que salen al precio de 2995 pesetas y que gozan de unas ventas lo suficientemente interesantes como para animar a Manga a lanzar poco después otros largometrajes del director, como  Der Todesking y Schramm. También se comercializan unas camisetas para la ocasión y el evento se torna en inolvidable al contar con la presencia del propio director y de la actriz protagonista de la segunda entrega, la atractiva Monika M., que rubricarán con su firma todo lo que los fans les pongan por delante. Por fin con ambos títulos en nuestro poder y  la sensación de poseer un material prohibido, pudimos juzgar la epopeya necrófila con conocimiento de causa.

Monika M. y Jörg Buttgereit en Gorgon (Barcelona, 1995)

Monika M. y Jörg Buttgereit en Gorgon (Barcelona, 1995)

Y la espera valió la pena.

PERO… ¿DE DONDE DIABLOS SALE JÖRG BUTTGEREIT?: SUS PRIMEROS PINITOS

Nacido en  Berlín en 1963, compra a los 14 años su primera cámara súper-8 y rueda todo lo que se le pone por delante, incluido su padre (Mein Papi, 1982). Cuando se desatan sus hormonas se acerca a la escena punk y New Wave berlinesa y rueda sobre ella algunos cortos que proyecta donde puede. En estos primeros trabajos demuestra también su afición por el cómic y el cine, especialmente de terror, con pequeñas piezas como Captain Berlin – Retter der Welt (1982), un corto en el que el mismo Buttgereit encarna a un súper héroe casero ataviado con un mono amarillo como el de Bruce Lee en The Game of Death, máscara de Spiderman y capa con el 302307_112179642230890_154544619_nescudo de la ciudad que le da nombre, uniforme con el que se enfrenta contra unos villanos reclutados entre sus colegas punks.  O Horror Heaven (1984), una película de episodios dedicada a Boris Karloff en la que el director ejerce de presentador y que reúne pequeños sketches con los que homenajea a sus monstruos favoritos, como la momia, Frankenstein e incluso Gamorra, un sosias de Godzilla que rueda en stop motion. Pero es con Hot Love (1985), un mediometraje sobre un tipo que al abandonarlo su novia se suicida, retornando para vengarse como zombie, con la que el director comienza a hacerse un nombre. La tosca pero más cuidada factura de Hot Love, primer rodaje que aborda en 16 milímetros, es todo un antecedente de su siguiente trabajo, el largo Nekromantik, y en él podemos reconocer a su protagonista común, Daktari Lorenz, que también se encarga de parte de la música junto al refinado John Boy Walton, que jugará también un papel importante en las dos entregas necrófilas. Tras visionar Hot Love Manfred O. Jelinski, un cineasta y productor, se interesa por Buttgereit accediendo a poner dinero y medios para su próximo proyecto, tras el que unirán sus carreras hasta la actualidad. También Hot Love será la primera obra de Buttgereit en recibir ataques de  autoproclamados guardianes de la moral, en este caso de las feministas, que acusarán la obra de misógina, causando su prohibición en algunos lugares.

Eso solo era el principio.

NEKROMANTIK

“El sexo y la muerte son las raíces de todo. Quiero que la gente, al ver mi película, se sienta fascinada por la muerte, que la acepte.”[1]

$(KGrHqYOKpkFJsyPK904BSb()CmP3!~~60_57El primer largometraje de Jörg Buttgereit narra las desventuras de Robert Schmadtke (Daktari Lorenz), un joven que  trabaja en una empresa que se encarga de retirar los cadáveres y despojos resultantes de accidentes. De vez en cuando, y siempre que sus compañeros no se percatan, Rob se lleva a casa algunos restos que conserva en formol, una afición compartida con su novia Betty (Beatrice Manowski). Un día consigue todo  un cadáver en avanzado estado de putrefacción con el que la pareja mantendrá un romántico menage à trois. Pero todo se desbaratará para el inestable Rob cuando Betty, que mantiene una creciente relación con el difunto, huya con él. El abandono de ambos desatará el progresivo enloquecimiento de Rob, que inconsolable e incapaz de satisfacerse tras bañarse con las vísceras de un gato que ha matado, o copular con el cadáver de una prostituta que asesina, decidirá cometer un suicidio ritual con el que alcanzará su último orgasmo.

Si bien en otras ocasiones se había tratado el tema de la necrofilia (tal y como podemos ver en estas páginas) nunca hasta Nekromantik nos fue mostrada de forma tan explícita,  pero a las vez tan extrañamente romántica. Un romanticismo que el director extiende también hacia el suicidio, “La idea de que alguien disfrute de su propia muerte –con el suicidio como algo positivo, incluso un final feliz- fue muy tentadora para nosotros”.[2]

En la sordidez y el feísmo de sus imágenes tiene, y mucho, que ver su rodaje casi amateur realizado en 16 milímetros, que confiere una factura documental al film: “Trabajamos con una fotografía granulosa (tampoco teníamos dinero para utilizar 35 mm), y todos los actores eran amigos, no profesionales. Conseguimos que la gente no supiera  muy bien si estaba viendo un documental o una película de ficción”[3]. La actuación del protagonista, Daktari Lorenz, contribuye a dar verosimilitud al conjunto con una interpretación efectiva y nada histriónica, ajustada al tono del relato.

Beatrice Manowski en compañía.

Beatrice Manowski en compañía.

Este realismo descarnado lo alterna Buttgereit con escenas oníricas y surrealistas que apoyadas con su excelente banda sonora aportan un aspecto artístico al filme que lo aleja definitivamente de los parámetros del gore más festivo, aproximándolo a una especie de arte y ensayo europeo que resultará molesto para ciertos sectores de aficionados al cine de terror. Pero no hay que pensar en Buttgereit como un pedante elitista, ya que como veremos más adelante se permitirá también parodiar el cine de arte y ensayo en un segmento de Nekromantik 2.

Lo más sorprendente es que todo esto está realizado artesanalmente por sus entusiastas artífices. Todos ellos rabiosamente jóvenes e inexpertos que trabajaron tenazmente sin cobrar. Los efectivos efectos especiales los elaboran Daktari, Jörg y Franz Rodenkirchen, co-guionista y actor también en el film, siendo el mayor gasto de la producción el cuerpo, construido por Daktari y  Jörg que salió por unos 100 euros.

El director y el tercer protagonista de Nekromantik.

El director y el tercer protagonista de Nekromantik.

Otro de los factores importantes que contribuye a hacer de Nekromantik un film inolvidable es la banda sonora, compuesta por el propio Daktari Lorenz y  Hermann Kopp, en la parte más electrónica y John Boy Walton en la vertiente más melódica, dando como resultado una magnífica banda sonora que ha sido editada y reeditada en diversos formatos.

Una vez finalizada, la película se estrena en el cine  Sputnik de Berlín ante 500 espectadores. Al existir una única copia, esta va circulando de un cine a otro, pasando por Munich, Hamburgo y otras ciudades y recalando en un festival en Inglaterra que propicia su posterior pase en diferentes festivales de Estados Unidos.

El director, que ahora cuenta con la infraestructura y el apoyo de Manfred O. Jelinski, edita la cinta en formato VHS y la comercializa mediante un catálogo de venta por correo que pronto se amplía con diverso y atractivo merchandising: camisetas y pósters con la icónica imagen del cartel, realizado por Andreas Marschall utilizando como modelo a Susa Kohlstendt, presente también en la película como la rubia víctima de un psicho killer enmascarado (interpretado por Franz Rodenkirchen). Otro de los artículos que se pone a la venta y que tendrá gran éxito, tal y como hemos comentado, será la banda sonora.

Para el crítico y escritor Jesús Palacios, Necromantik resulta “Vomitiva, grotesca, pero hipnótica en su capacidad de mostrar con insistencia  y detalle el último tabú, quizá, de las pantallas: la necrofilia, pero no en sentido metafórico ni suavizado por momificaciones, reencarnaciones o embalsamamientos, sino en carne muerta y putrefacta, en primer plano y que casi hiede en la pantalla.”[4]. Y es que “Más que rendir culto a la fantasía, (Buttgereit) adora el hiperrealismo como lo podría adorar John Waters[5]

El lento ritmo del film, sin duda añade valor al resultado, tal y como indican Mike Hostench y Jesús Martí: “Precisamente este ritmo cansino es el que provoca la sensación de asfixia en el espectador. Las secuencias parece que se alarguen hasta la saciedad y dotan a las imágenes de un poder demoledor.”[6]

Para Manuel Valencia y Eduardo Guillot: (…) “todas estas aberraciones son servidas sin recurrir al mal gusto –y eso es lo peor-; al contrario, Buttgereit se cobija en el arte y ensayo, empleando el ralentí, los planos difuminados, el delicado acompañamiento pianístico, una opresiva fotografía ocre, evitando los diálogos y tomándose todo el tiempo del mundo para describir una escena, por insignificante que ésta parezca”.[7]

Buttgereit junto a Dario Argento.

Buttgereit junto a Dario Argento.

Aunque naturalmente también hubo voces discordantes con el resultado final: (…)”No se puede hablar de Nekro como una buena película, ni siquiera podemos referirnos a ella como un trabajo correcto. (…) una clara intención de escandalizar en todo momento impide a Jörg Buttgereit ser más preciso en sus encuadres y adecuarse a lo narrado. Se exageran las aficiones enfermizas de los protagonistas hasta lo risible[8].

Como vemos, la obra de Jörg Buttgereit le convierte en un cineasta de culto querido y odiado a partes iguales. Sus películas no dejan indiferente. Y es que ver Nekromantik en los noventa significa ver algo rabiosamente nuevo, rompedor, independiente, joven y perturbador. Un secreto compartido que podía perdurar en el tiempo tanto como sus imágenes y su música en nosotros. Así que no podemos más que coincidir con la profética sentencia que escribió el, por entonces en ciernes, cineasta Jaume Balagueró al clasificarla (…) “una pieza de culto indiscutible y una de las obras más obscenas y transgresoras de los últimos tiempos[9]. Características que ocasionaron que la película fuera prohibida en varios países, entre ellos Inglaterra, donde los videos eran interceptados en la aduana, lo que obligó a Buttgereit a buscarse un contacto en ese país al que le envió un master para que, desde el interior de Inglaterra, copiara y enviara el film a los clientes que de allí lo solicitaran, limitándose el director a enviar la carátula.

Tras Nekromantik, Buttgereit rueda Der Todesking (1990), una propuesta tanto o más arriesgada que su predecesora, pero incomprendida: “Es una película muy poco comercial, tal vez sea arte y ensayo. En cierta manera creo que es más ofensiva que Nekromantik, pero no quiero animar a la gente al suicidio, igual que no quiero que la gente se folle un cadáver  después de ver Nekro. Ese no es el mensaje, simplemente es una película sobre la muerte[10].

Hermann+Kopp+Daktari+Lorenz+John+Boy+Walton+The+An+Der+Todesking+1990El film muestra siete formas de suicidarse, con un cadáver en descomposición como nexo de unión  entre las diferentes historias. Milagrosamente esta película si que pudo exhibirse en Inglaterra con la clasificación de no apta para menores de 18 años aunque, eso sí, con cuatro segundos censurados[11].

A continuación el director decide retomar Nekromantik rodando una secuela directa, pero enfocada desde otra óptica: “Nekro 2 es totalmente diferente, mucho más sentimental. Y está contada desde el punto de vista de una mujer”.[12]

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En un cementerio una joven roba el cadáver del necrófilo Rob. Monika (Monika M.), atraída por todo lo que representa a la muerte, mima e intimida con el cuerpo pero no puede evitar que también le repugne. Un día en un cine conoce a Mark (Mark Reeder), doblador de películas porno con el que inicia un romance, decidiendo poco después deshacerse del cuerpo de su amante inerte despedazándolo en la bañera. Pero conserva dos partes de Rob: su cabeza y su sexo.

Mark nota que su novia es extraña y Monika no es feliz con las muestras de vitalidad de su amante, así que tras meditar en la playa decide quedarse con lo mejor de ambos y mientras hace el amor con Mark lo decapita, cambiando su cabeza por la de su podrido  amante Rob mientras el cuerpo de Mark tiene un último orgasmo. Tiempo después Monika averigua que está embarazada.

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Nekromantik 2 se rueda entre septiembre y octubre de 1990 y puede presumir de tener  un mejor acabado que la primera parte. La historia también está mejor construida y refleja mejor la intensa y enfermiza historia de amor que los guionistas, de nuevo Jörg y Franz, nos proponen. La forma de narrarla sigue enmarcando esta película en una especie de arte y ensayo brutal, violento, sincero y visceral.

Aunque no resulta obvio, el director incluye en sus películas pequeñas pinceladas de humor, sobre todo en esta segunda parte, como la parodia de My Dinner with Andre (Louis Malle, 1981), film en el que dos amigos hablan durante casi dos horas mientras comen. La caricatura de este film de Malle es la que va a ver Mark al cine donde conocerá a Monika, su ángel de la muerte.

Los actores también serán un punto importante para dar credibilidad a tan inverosímil trama, especialmente la actriz que interpreta a la protagonista Monika. Para encontrarla pusieron un anuncio en prensa llegando a realizar una cuarentena de pruebas, consistente en improvisar una escena de amor con el cadáver. Directo al hueso. Pero ninguna actriz les gustó lo suficiente. Afortunadamente la suerte quiso que esa misma noche Franz Rodenkirchen fuera al cine a ver una película de Lucio Fulci y se quedara embelesado con una de las espectadoras. Tras la película se acercó a ella y le preguntó si le interesaría participar en la película. Casualmente la muchacha había visto Der Todesking y aceptó. Se trataba de una bella novata que se bautizaría como Monika M.

Monika M. y uno de sus amantes en Nekromantik 2

Monika M. y uno de sus amantes en Nekromantik 2

Mark Reeder, que interpreta al amante ‘vivo’, ya había intervenido en Der Todesking. Posiblemente Buttgereit vio en Reeder todo el patetismo que le abocará a perder la partida ante el tercer vértice del triángulo amoroso, su competidor muerto, que no es otro que Rob, el personaje interpretado por Daktari Lorenz en la primera película y que aquí está presente en forma de hediondo cadáver[13]. En cuanto a la protagonista de la primera entrega, Beatrice Manowski[14],  tiene una pequeña aparición en el cementerio, contrariada por haber llegado tarde para robar el cadáver de Rob, ya que se le ha adelantado Monika.

El ambiente de rodaje, como puede verse en el making of, fue de lo más distendido, aunque le ocasionó una úlcera al director. “Monika y Mark se llevaban bien, lo que no podía decirse de Daktari y Beatrice. Casi todos se enamoraron de Monika durante el rodaje. Y este sentimiento puede notarse en los fotogramas. Era muy importante para mí que el público estuviera de parte de Monika, incluso aunque cometiera esos actos terribles”.[15]

La historia reincide en un punto en común con la primera entrega: “Nekro 1 y 2 son películas sobre la superación dolorosa de un trauma o de un conflicto. En la primera, Rob acaba con su soledad necrofílica apuñalando su propio cuerpo y eyaculando sangre en una suerte de purificación  erótica y mortal. (…) En la segunda, Monika sustituye la cabeza de su amante vivo por la de su amor muerto, en un acto último de curación de su sufrimiento. Más allá del usgo o el disgusto que tales imágenes pudieran ocasionar, constituyen momentos de una intensidad asombrosa, emoción pura. Al margen de las apariencias, esta es una verdadera –y muy particular- historia de amor[16].

Jörg y Monika

Jörg y Monika

Los efectos especiales están mucho más elaborados, contando con un especialista en la materia, Sammy Balkas, lo que no impide que al igual que sucede en la primera parte se muestre una repugnante e innecesaria evisceración, en este caso de una foca,  que se intenta justificar otorgándole una explicación psicológica.

También la música juega un importante papel en la película, y en esta ocasión además de John Boy Walton y Hermann Kopp, colabora la propia Monika M., que canta con su seductora voz Squellette Delicieux, canción que en forma de  sorprendente y surrealista  video clip irrumpe inesperadamente en el metraje.

Con el film terminado comienza su exhibición en Alemania, pero el 19 de junio de 1991, a los cinco minutos de iniciarse el pase de Nekromantik 2, la sala de cine  Werksstattkino de Munich es asaltada por la policía, que confisca la copia y todo el material de propaganda relacionado con la película por orden del fiscal de Munich Herbert Freund:  “Acababa de llegar de Paris donde estaba negociando con Kara Films, una pequeña compañía  que quería distribuir el primer Nekromantik en Francia, y cuando vuelvo a Berlín me encuentro con la cruda verdad de que una copia de Nekro 2 había sido secuestrada por la ley en Munich. Después de doce fabulosos días de exhibición, estos tipos irrumpieron en la cabina de proyección y se apoderaron del film. La decepcionada audiencia tuvo que ver Blood Feast en su lugar. ¡Pobres almas![17]

El fiscal acusa al film de “propagar la violencia y carecer de valor artístico”. Una acusación de la que el director se defenderá: “No creo que haya mucha violencia en ninguna de mis películas. Hay más violencia en cualquier film de terror comercial, mostrada de forma que resulte divertida, haciendo reír a la gente. Nekromantik es sobre todo una historia de amor, romántica, y si hay violencia es porque, aunque no sea buena, esta violencia existe”[18]. Pero la acción del fiscal no finaliza ahí, ya que también ordena -sin juicio ni condena de por medio- la destrucción de los negativos y de cualquier material relacionado con la producción.

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Afortunadamente la localización de esos originales va a resultar infructuosa, ya que  Buttgereit y Jelinski reparten entre varios amigos todo el material para evitar que sea confiscado. Pero eso no impide que Nekromantik  2 esté prohibida en Alemania y que sea ilegal proyectarla, promocionarla, vender la película e incluso camisetas sobre ella.

Buttgereit no se amedrenta y compaginando su trabajo como proyeccionista en el cine Xenon, que conservaba desde 1985, promociona sus películas en otros países, de modo que su díptico necrófilo también desembarca en España.

Si bien uno de los primeros pases de Nekromantik es en Barcelona dentro del Ciclo de Cine Oscuro y Brutal que se celebra en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias de la Información[19], el primer gran festival interesado en proyectar Nekromantik en pantalla grande es la  Mostra de Valencia, pero durante un pase previo vomita la esposa de uno de los organizadores, ocasionando que se suprima del programa y cediendo así la primicia al III Festival de Cine de Terror de San Sebastián (1992), donde cuentan con la presencia del director: “Hice mi primera conferencia de prensa real. Con un traductor y doce  importantes miembros de la prensa[20]. Los dos pases organizados agotan las entradas y la película es vista por cerca de 1200 personas.

Pero allá donde va se encuentra con incidentes y anécdotas: en Oslo (Noruega) donde acude con Nekromantik y Der Todesking, la policía irrumpe en una sala donde hay congregados 700 espectadores interrumpiendo la proyección alegando que la necrofilia está prohibida en Noruega. Y de nuevo en España, en esta ocasión durante el Festival de Cine de Gijón, donde el director acude con sus dos Nekromantik, una mujer se angustia tanto que salta de su asiento y abandona la sala. Buttgereit se ofrece a ayudar y en el vestíbulo, reconociéndole como el director del film, la espectadora le  espeta “Tú ¿Cómo has podido hacerme esto a mí?”

Incidentes que con carácter de anécdota no hacen más que incrementar la fama de los filmes y de su director, que en 1995 desembarca también en el Festival de Sitges.

El director con Ray Harryhausen en el festival de Sitges.

El director con Ray Harryhausen en el festival de Sitges.

En julio de 1993, un año después del ‘incidente’ de Munich con Nekromantik 2 prohibida en Alemania y ante la imposibilidad de encontrar el negativo, la justicia ofrece a Buttgereit y Jelinski retirar los cargos (que podrían dar como resultado una buena multa, así como pena de cárcel) a cambio de que no proyecten nunca más su película, medida a la que no solo se niegan, sino que desafían abiertamente al proyectar su película en suelo alemán, concretamente en Leipzig, aunque eso sí, sin ningún tipo de promoción.

Finalmente el juicio se desarrolla durante medio año y lo ganan los cineastas en febrero de 1994, siendo por fin Jelinski y Buttgereit libres de exhibir y distribuir Nekromantik 2. Para el feliz desenlace resulta fundamental la intervención en el juicio del Dr. Nut Hickethier, que aporta un informe en el que escribe que la película no es solo sobre necrofilia, sino también una metáfora del declive de la Alemania del este  y los efectos de la caída del muro de Berlín. Como resultado warnerde ese informe “el jurado llegó a la conclusión de que el arte justificaba la violencia[21]

Pero otro encontronazo con la ley les esperaba a la vuelta de la esquina, cuando en 1996 Warner Bros les acusa de plagiar su histórico logotipo, así que se verán obligados a retirar todas las cintas de video y el material con el susodicho impreso, ante la posible denuncia de la major. Realmente el que un gigante como Warner se hubiera percatado de la existencia del  pequeño sello Jelinski / Buttgereit era, indudablemente, un buen síntoma de la trascendencia que estaban tomando las obras del director, a costa de la bonita úlcera que Jörg Buttgereit conserva como recuerdo de aquellos años.

El sello japonés New Select edita en video Nekromantik, pero de una forma un tanto truculenta: junta ambas partes, corta escenas y pixela todos los genitales.

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En 1993 el director filma Schramm, su radical y provocativa visión de un asesino en serie cuyo rodaje, al estar todavía por entonces el director inmerso en  problemas legales, tuvo que iniciar parapetado tras el kafkiano seudónimo de Josef K. Tras este largometraje la carrera cinematográfica de Buttgereit se ralentiza. Realiza video clips  para los grupos Shock Therapy y Fleischmann y trabajando de supervisor de efectos especiales en El condón asesino (Das captainKondom des grauens, 1996, Martin Walz) donde también tiene un pequeño papel su compinche Daktari Lorenz. Pero el cine da paso a libros, teatro y cómics en los que ha resucitado a su Captain Berlin  y reinterpretado, siempre con su particular punto de vista, a Ed Gein, John Merrick y otros personajes. Todo ello manteniéndose ferozmente libre e independiente, algo que ya tenía claro desde sus inicios: “Prefiero hacer las cosas a mi manera que ganar dinero. He recibido ofertas de productoras, pero tengo miedo de que cuando acepte su dinero me digan lo que tengo que hacer”[22]

Afortunadamente, justo cuando escribo estas lineas, Jörg Buttgereit está rodando de nuevo cine de terror, concretamente el segmento Final Girl para el largometraje German Angst, que comparte junto a Andreas Marschall y Michal Kosakowski, una noticia que sus seguidores esperábamos desde hacía tiempo. Y  para hablar tanto de nuevos como viejos proyectos nos pusimos en contacto con él para mantener una distendida conversación que en breve tendrán en está, su página amiga.

LECTURAS RECOMENDADAS
SEX MURDER ART. THE FILMS OF JÖRG BUTTGEREIT David Kerekes Headpress 1994. Segunda edición ampliada y revisada 1998.
NEKROMANTIK Ed. Jörg Buttgereit. Ed. Martin Schmitz 2007 en el que hay 6 artículos que analizan el cine y la época del director ilustrado con fotografías del propio Buttgereit.

[1] Buttgereit en Palacios, J. Goremanía 2. Alberto Santos Editor. Madrid, 1999. Pág. 128

[2]   Jörg Buttgereit en Kerekes, D. Sex Murder Art. The films of Jörg Buttgereit. Headpress, Inglaterra, 1994. Segunda edición ampliada y revisada (1998). Pág. 37

[3]  Íbidem. Pág. 127.

[4]   Palacios, J. Goremanía. Alberto Santos Editor, Madrid, 1995. Pág. 173.

[5]  Sánchez, S. en libro XXVIII Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges, 1995.

[6]   Hostench, M. y Martí, J. Pantalla de Sangre. Editorial Midons, Col. Serie B Nº 8, Valencia, 1996. Pág. 100-101.

[7]   Valencia, M. y Guillot, E. Sangre, sudor y vísceras. Historia del cine gore. Ed. La Máscara, Valencia, 1996. Pág. 195.

[8]   Lardín, R. Annabel Lee 4. Sabadell (Barcelona), diciembre 1993. Pág. 11.

[9]   Balagueró, J. Zineshock 2. Barcelona, otoño de 1991. Pág. 15.

[10]  Jörg Buttgereit en Lardín, R. Las diez caras del miedo. Editorial Midons, Serie B Nº 11, Valencia, 1996. Pág. 57.

[11]   Los que muestran una dolorosa castración.

[12]   Jörg Buttgereit en Valencia, M. ‘La poesía de la podredumbre’. 2000 Maníacos Nº 12. Valencia, marzo de 1993. Pág. 82.

[13]  Aunque como puede verse en el documental Corpse Fucking Art (1987), que reúne en video los making of de Nekromantik, Der Todesking y Nekromantik 2, el molde del cuerpo se tomó de otro modelo y no del actor.

[14] Es interesante y curioso constatar que de todos los participantes en la saga Nekromantik, esta actriz ha sido la que ha mantenido una carrera más prolongada en cine y, sobre todo, televisión.

[15] Jörg Buttgereit en Kerekes, D. opus cit. Pág.  81

[16] Lardín, R. Opus cit. Pág. 10

[17] Jörg Buttgereit en Kerekes, D. opus cit. Pág.  78

[18] Jörg Buttgereit en Palacios, J. Goremanía 2. Alberto Santos Editor. Madrid, 1999. Pág. 126.

[19] Organizado por el fanzine Zineshock, el pase contó con posterior coloquio con la participación de Román Gubern, además de Manuel Valencia y Manuel Romo (2000 Maníacos) y Albert Lessan y Jaume Balagueró, organizadores e integrantes de Zineshock.

[20] Jörg Buttgereit en Kerekes, D. opus cit. Pág. 96

[21] Íbidem, Pág.  61

[22] Jörg Buttgereit en Palacios, J. Goremanía 2. Alberto Santos Editor. Madrid, 1999. Pág. 128

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